jueves, 1 de julio de 2010

Novedades editoriales (comentadas)

Pablo E. Chacón (especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La cuestión social no ha desaparecido de la Argentina y para saberlo no hay más que consultar a las comunidades de base (algunas animadas por la iglesia, sin demasiado entusiasmo). Pero como el tema de los curas villeros no es nuevo, conviene recordar que uno de sus impulsores en estas tierras fue el asesinado padre Carlos Mugica, de quien la periodista María Sucarrat acaba de publicar su biografía, “El inocente. Vida, pasión y muerte de Carlos Mugica” (Grupo editorial Norma). Dice la autora en la contratapa que “nunca nadie sabrá si cuando Carlos Mugica vio los ojos de su asesino, aquella noche del 11 de mayo de 1974, entendió que estaba allí debido a su inocencia. El cura de los pobres, nacido en aristocrática cuna, fue creyente fervoroso y a la vez, crédulo compulsivo. Descubrió al peronismo proscripto en las barriadas populares, abrazó la insurgencia juvenil, fundó el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, fue confesor y amigo de los jóvenes Abal Medina, Ramus y Firmenich, entre tantos otros alumnos del Nacional Buenos Aires, cuando Montoneros no era ni siquiera el sueño de la organización armada que ajusticiaría a Aramburu y con la que terminaría enfrentado”.

Y como de fútbol también se trata estos días en Sudáfrica, “El legado de Mandela. 15 enseñanzas sobre la vida, el amor y el valor”, de Richard Stengel (Temas de Hoy), el periodista recuerda que se convirtió en la sombra del líder africano para ayudarlo a escribir su autobiografía. Stengel llegó a conocer los diferentes aspectos de este ser humano, y registró toda esa sabiduría en quince lecciones de vida: por qué debemos mantener cerca a los enemigos, por qué el coraje es algo más que la ausencia de miedo. Y entretejidas con esas lecciones, la infancia de Mandela como protegido de un rey tribal, sus años como luchador por la libertad, los veintisiete años de prisión que no lograron quebrarlo y su nuevo matrimonio a los ochenta abriles.

El devastador terremoto que en enero pasado destruyó a Haití no es excusa (al contrario) para recorrer su historia, su colonización y precarización. Y para entender, como lo hace el sociólogo Eduardo Gruner en “La oscuridad y las luces. Capitalismo, cultura y revolución” (Edhasa) por qué ese país resultó una pieza clave en el desarrollo del sistema social contemporáneo. Es imposible pensar la expansión del capitalismo sin analizar la esclavitud, una institución decisiva en su andadura, una red de compraventa de seres humanos que intensificó la relación entre tres continentes: Europa, América y África. Al amparo de esta explotación, creció la industria textil, la naviera, el comercio internacional de manufacturas. Es decir, vio la luz, entre violencia y riqueza, una protoglobalización. Pero mientras esta circulación de capital y trabajo se extendía, en 1791 estalla la primera revolución en América Latina (en 1804 declaran la Independencia). Además de ser la primera, fue también la revolución más original y radical, y acaso por esas razones, la más reprimida.

Con un prólogo de Eva Giberti, el especialista Luis G. Blanco publica “Prostitución infantil, tráfico de menores y turismo sexual. Ensayo sociojurídico acerca de la explotación comercial infantil” (Ad Hoc), donde el abogado pasa revista a la situación internacional -y local- del comercio sexual, el reclutamiento y el tráfico de niños para la prostitución infantil y el turismo sexual. Además, repasa la legislación vigente. Y la compara con la de otros países. La conclusión espontánea es que este negocio mueve millones de dólares y explica cantidad de desapariciones de personas, sobre todo de origen humilde.

Puede usted querer ahondar más en la obra del filósofo italiano Giorgio Agamben, y puede hacerlo entonces en “Signatura rerum. Sobre el método” (Adriana Hidalgo), tres estudios sobre el concepto de paradigma, la teoría de las signaturas y la relación entre historia y arqueología. Y si prefiere al francés Jean-Claude Milner, no dude en elegir “La arrogancia del presente. Miradas sobre una década, 1965-1975” (Manantial): “Hoy, el presente está humillado. No hace mucho, fue arrogante. Lo suficiente como para convocar a la Historia y a la Revolución, como si acabaran de nacer. Yo participé en esa arrogancia. Aún me sostengo sobre ella para interrogarme al respecto. Del izquierdismo, de mayo del 68, del maoísmo, ¿qué puedo decir hoy que esté a la altura de lo que sé?”.

Los versos de Jorge Aulicino que las Ediciones del Dock publican bajo el título de “Máquina de faro”, acaso puedan acercar alguna respuesta: La casa en aquella vuelta del camino,/ las paredes ahumadas aunque no había/hogar ni estufa a leña, y aquel/gorgoteo que escuchamos toda la noche/pese a que el depósito del baño,/cuya tapa yacía en el suelo polvoriento,/estaba seco y vacío, atravesado/por telarañas, y la bomba de agua/a motor estaba demasiado lejos/y el motor estaba oxidado (Nota: casas de verano).

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