jueves, 5 de agosto de 2010

Andrea Cote Botero

Jesús Dapena Botero (Desde Vigo, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La merienda

También acuérdate María
de las cuatro de la tarde
en nuestro puerto calcinado.
Nuestro puerto
que era más bien una hoguera encallada
o un yermo
o un relámpago.

Acuérdate del suelo encendido,
de nosotros rascando el lomo de la tierra
como para desenterrar el verde prado.

El solar en donde repartían la merienda,
nuestro plato rebosante de cebollas
que para nosotros salaba mi madre,
que para nosotros pescaba mi padre.

Pero a pesar de todo,
tú lo sabes,
habríamos querido convidar a Dios
para que presidiera nuestra mesa,
a Dios pero sin verbo
sin prodigio
y sólo para que tú supieras,
María,
que Dios está en todas partes
y también en tu plato de cebollas,
aunque te haga llorar.

Pero sobre todo, María,
acuérdate de mí y de la herida,
de antes de que pastaran mis manos
en el trigal de las cebollas
para hacer de nuestro pan
el hambre de todos nuestros días
y para que ahora,
que tú ya no te acuerdas
y que la mala semilla alimenta el trigal de lo
desaparecido
yo te descubra, María,
que no es tu culpa
ni es culpa de tu olvido,
que es este el tiempo
y este su quehacer.

Andrea es la autora del libro Puerto calcinado (2003), publicado por la Editorial de la Universidad Externado de Colombia en la colección Un libro por un centavo que circula con la revista El Malpensante.

Poemas de Puerto Calcinado han sido traducidos al inglés, italiano, macedonio, alemán, francés y árabe y han sido incluidos en varias antologías de poesía.

En palabras del poeta Juan Manuel Roca, en Puerto Calcinado sus poemas, atentos al transcurrir de un tiempo agreste, revelan un impulso por no escamotear ni la tragedia, ni el olvido, en los que se envuelve nuestro drama individual y colectivo. Es la suya una poesía reflexiva que busca la expresión de un paisaje calcinado en imágenes justas, en ritmos diversos».

Según lo señala la poetisa colombiana Piedad Bonnett: Andrea Cote es hoy por hoy una de las voces jóvenes más interesantes de nuestra poesía. La suya recrea, en un lenguaje ambiguo, pleno de significados, un mundo muy propio, de tendencia intimista, poblado de elementos recurrentes que señalan la urgencia de sus fantasmas, la necesidad de transformar la experiencia en palabra.

Su poesía evoca de manera penetrante y con un lenguaje intenso y hondo, la memoria de su tierra natal y temas como el amor, el erotismo, el lenguaje, la muerte, la extrañeza del vivir. Escribe además ensayos en torno a algunas artistas y poetas contemporáneas.

La escritura de la soledad es un ensayo, publicado en el 2004, acerca de la poetisa peruana, quien fuera guiada por el escritor mexicano Octavio Paz, figura determinante en su carrera, quien en París la conectaría con toda una serie de intelectuales latinoamericanos y españoles que residían en 1947 en Francia, donde, además, Blanca establecería vínculos con seres de la talla de Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Alberto Giacometti y Ferdinand Léger entre otros. Su obra fue considerada surrealistas y una de las más complejas de la poesía peruana del siglo XX. Su poemario Luz de día resultaría ser una obra difícil dada las condensaciones a las que recurre, como aquellas que se dan en la vida onírica; sin embargo, la dificultad y complejidad de la poesía de esta autora no hace que su escritura deje de ser cautivante, gracias a su lenguaje contundente en un entramado sutil. Cuenta con poemas en prosa, en los que viene a exponer su Ars Poética, en la que la escritora confronta la realidad y el quehacer literario, al sobrevivir de los ataques ocasionados por lo real que se entromete, pero a los que ella se resiste con una postura sólida, con un tono reflexivo, que le permiten afianzarse en esa interpenetración de lo imaginario y de lo fáctico. Pero hay allí, también poesías intensas, menos disgregadas, en un ámbito de pérdidas y violencia, en una especie de armonía dialéctica, que se da en el transcurso del tiempo; así la muerte se enfrenta con la vida del jardín repleta de luz en poemas como Plena primavera o en el que remite lo negro del verano, donde siempre está ella, a pesar de aquello que de la realidad le salga a su paso, para finalmente dedicarse a la contemplación de la naturaleza gracias a la activación de su yo poético, la indagación sobre sus orígenes y los recuerdos del pasado.

Ella asume un destino sin esperanza siempre en busca de un ideal que se contrapone con la realidad, al imaginar un trasmundo, más allá de la muerte, sin saber si es la falta de amor lo que enturbia su visión o si lo es la dureza de su mirada que le impide juzgar el tiempo como parte de una realidad que ella encara, de la misma manera que enfrenta el absurdo con una buena dosis de capacidad de desafío, una vez se libera de sus sueños y recuerdos, de una manera lucida, sin ambages. Una artista cuya obra poética está llena de metáforas, que van más allá de los seres que nombra ese emisor lírico y contemplativo, que se empeña en describir su mundo en el que ella se encuentra en una situación dada con lejanas perspectivas, lo que hace a esta poetisa alguien que se la juega en una reflexión profunda acerca de la condición humana, tanto desde una perspectiva estética como ontológica, en el contexto del microcosmos que habita, para darnos su propia visión del mundo.

La otra obra de Andrea Cote Botero es la biografía de la fotógrafa italiana Tina Modotti, publicada en el 2005, bajo el título de “Fotógrafa al desnudo”, quien emigrara en la adolescencia a los Estados Unidos de América, para ser acogida en el Hollywood del cine mudo, desde donde iría a México, para hacerse amiga allí de Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y Frida Kahlo, donde se haría miembro del Partido Comunista Mexicano, de tal suerte que de ahí en adelante se convertiría en una luchadora contra el autoritarismo, asumiría una posición crítica contra los abusos cometidos con Sacco y Vanzetti, hasta su expulsión de México, lo que determinaría su retorno a Europa para participar en el Socorro Rojo Internacional que la traerían a España, en los aciagos tiempos de la Guerra Civil, para volver a México a continuar con su activismo político.

La cantora estudió literatura en la Universidad de los Andes, en Santafé de Bogotá y su Puerto Calcinado fue su ópera prima. Y ha sido profesora en la Universidad Externado de Colombia.

Su fama es internacional y ha sido traducida a varios idiomas.

Huasipungo

Muchas veces arriban a la noche
enloquecidos por el opio de su sangre.
Otras, van insertándose como relámpagos
por una ráfaga de miedo
seguidos por una procesión de blancos
derramados en la arena.
Ahora serán ellos los esclavos
teñidos por su sangre
rasgándose la ropa
danzan gimiendo del lado de la hoguera
sus cabellos crepitantes
sus lenguas enroscadas entre llamas
la muerte ebria de venganza
reflejada desnuda en los puñales
una cabeza blanca entre los mares
partida a latigazos
ellos eyaculan sobre sus tumbas profanadas
regresan hasta sus lápidas abiertas
por una fiebre de cien años.


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