jueves, 26 de agosto de 2010

Con Buena Fe, todos nacimos ángeles

Daniela Saidman (Desde Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Es el futuro una suma de presentes. De gestos, sueños, roces y esperanzas. Amores, que van haciendo nacer el mañana. Por eso la poesía es palabra necesaria, un arma imprescindible y una canción desesperada. Son éstas las voces que vinieron a traernos la convicción de que todos nacimos ángeles, de que la buena fe es un tributo y una apuesta al tiempo que está por venir.

“Puede que el aire se acabe / y se arme una guerra para respirar. / Puede que el tiempo se agolpe / y un solo minuto pueda ser fatal. / Puede que tantas iglesias, / y que al final no haya Dios. / Y aunque puede que sí, / también puede que no”.
(Puede que sí, puede que no, fragmento)

Tiene Nuestra América todo el color, el sabor, la textura, el olor, de sus gentes y sus sueños, porque también sabe del transitar por la vida hecha de pequeñas historias, de jirones de banderas y de velas que se alzan a la conquista del mar. Y son precisamente, esas cotidianas derrotas, esas pequeñas victorias contra el tedio, contra la mediocridad y la rutina, que Buena Fe se convierte en voz de futuro y corazón que está pariendo la era, como canta Silvio.

Israel Rojas y Yoel Martínez dieron nacimiento a Buena Fe, en la Guantánamo que les dio la infancia, en 1999, y la canta que ha surgido con ellos, es una caricia y una promesa, joven compromiso por la palabra que sabe decir presente. Ellos interpretan el mundo que les ha tocado vivir, el que les toca transformar, el que deben edificar a pesar todo y a pesar de todos.

“Vuelvo a arremeter / sobre otra arista que quedó desafilada, / oxidada por el tiempo. / Debes saber, / quizás alguna de estas voces tenga el verso / que te reclama alma y cuerpo. / Anda boca, no te calles, / anda corazón palpita, / mientras quede aliento grita...”.
(Déjame entrar, fragmento)

Y el amor se hace mujer. Verso que estalla y rompe. Batir de alas y de vientos sobre la ciudad que los cobija. En ellos, en Buena Fe, se mezclan los sones y pasiones de la Cuba de Martí, del Che, de Camilo y de Haydeé... se funden en un mismo abrazo y los ritmos vuelan vientos y levan anclas para cantar y cantarnos todo lo que está por decir y todo lo que está por amar.

“Hubiera sido hermoso que lo dijeran / Las hojas sobre la acera / El viento tras las banderas / La puesta de sol / Mas la verdad no me dijeron nada / Decenas de baladas / Por radio y televisión / Tampoco me hablaron / La letra del año, / tu pelo castaño, / aquel tarot. / No hubo un indicio / de algún maleficio / sacando de quicio, a mi razón”.
(Era mi aire, fragmento)

La tierra es la estancia del alma, del imaginario de los días idos, del hoy y del futuro donde la vida se entreteje con las voces próximas y prójimas. El país es el instante de tregua donde vuelan ganas y adioses, donde los versos son el agua que inunda la mirada y germina la siembra.

“Y vas / De tu país a tu raíz / Nunca te irás del todo / Ni a los ruidos con silencios / Ni a otras tierras con más oro / Vas / De tu raíz a tu país / Una canción te lleva / De regreso a donde un beso / Simple y cierto te espera”.
(Cada país, fragmento)

La Habana se puebla de los fantasmas que con Buena Fe inaugura besos, versos y libertades. Aquí ellos y nosotros cantando a coro las cotidianidades de las breves sonrisas, los sonrojos de algún amanecer compartido y la esperanza que nos talla sobre el aire y la tierra.

“Los fantasmas de esta ciudad desnuda / Curtidas siempre añil también paganas / Se niegan a partir con sus promesas / Rotundamente heridas por pagadas / Deslizan con el viento hacia una esquina / El resto que les queda de sus almas / Y hurgando en las columnas carcomidas / Como indirectamente evitan / Que se caigan”.
(Fantasmas, fragmento)

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