viernes, 3 de septiembre de 2010

Adiós, Dios

Marcos Winocur (Desde México. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

I

Dios nos hizo a su imagen y semejanza, así está escrito ¿Fue un buen punto de partida? No, si estamos a lo que vino después. Por nuestra mala conducta, Dios nos castigó más de una vez. Con el diluvio universal cuando Noé, con una lluvia de fuego cuando Sodoma y Gomorra, sin olvidar la torre de Babel, cuando Dios hizo que las lenguas se confundieran, obligándonos a dejar la torre y poblar el planeta.

Finalmente, Dios se cansó. Ni la mano dura enseña al hombre y Dios partió, diciendo por lo bajo:

--- Le entregué la energía nuclear, miren lo que hizo, la bomba atómica; le entregué la materia animada, miren lo que hizo, la bomba biológica, el ántrax asesino. ¿Para eso doté al hombre de libre albedrío? ¿Para que eligiera las guerras, los campos de exterminio, Hiroshima? Siempre la destrucción, así sea de su propia obra… Y bien, que el hombre quede librado a su suerte, no merece que me ocupe más de él, no habrá juicio final ¿para qué? El hombre es su propia condena, genera de vez en cuando ridículos hitleres con manos libres para el genocidio…

Unos pocos fuimos a despedir al Altísimo, nos corrían las lágrimas, bajamos las cabezas como sintiendo sobre los hombros el peso de una confusa culpabilidad, los mariachis tocaban “Las golondrinas”. Fue bien triste, quedábamos huérfanos. Agitamos las manos:

---Adiós, Dios, adiós, Dios.

II

Fruto de la sabiduría popular, he aquí un dicho que exalta la prudencia: Más vale malo conocido que bueno por conocer. Y es “contradicho” por estos otros dos: Escoba nueva barre bien (me lo dijo una bruja joven) y El que no arriesga no gana (me lo dijo un jugador). Así que hay para todos los gustos. Viene en apoyo del primero, un cuarto dicho: Más vale pájaro en mano que cien volando. De modo que tenemos dos contra dos.

Para zanjar un partido tan disputado, propongo: Más vale bueno conocido que malo por conocer. Creo que así todos estaremos de acuerdo.

Ciertamente, los dichos, de boca en boca, son expresión de la sabiduría de los pueblos. Al que madruga, Dios lo ayuda. Pero eso no es suficiente. Entonces, la sabiduría de los pueblos fija límites en otro dicho: No por mucho madrugar se amanece más temprano. De modo que se puede tener la voluntad del mundo, pero si no se han creado mínimas condiciones favorables para la acción de que se trate, ni modo. Madrugas y madrugas y no pasa nada en tu proyecto, sea individual o colectivo. Otro dicho alude al resultado de una rivalidad o competencia. El que ríe último ríe mejor. De modo que te guardas unas cuantas galletas para el final que definirá las cosas… Está bien lo que bien termina. Y además, no pienses sólo en el final, también es importante el comienzo: el que pega primero, pega dos veces.

En fin, los dichos populares tienen una gran riqueza, hay para elegir. Y no digo más porque en boca cerrada no entran moscas.

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