viernes, 3 de septiembre de 2010

El aborto inducido

Rodolfo Bassarsky

Argenpress Cultural:

Acabo de leer el artículo de Susana Yappert en el que refiere la posición de la jueza Carmen Argibay sobre el aborto provocado. Me trajo a la memoria un corto artículo que escribí hace casi 30 años en Cutral Có, en medio de un contexto social muy distinto al actual.

Lo envío por si interesa como testimonio de que en aquel tiempo habían voces que con más o menos coraje se atrevían a cuestionar la rigidez de principios impuestos dogmáticamente por la iglesia católica y el pensamiento de los sectores más conservadores de la intelectualidad argentina. Expresar una opinión que se opusiera, era temerario. Este texto corto es una exposición básica reseñada de algunas ideas y su objetivo fue estimular un debate amplio sobre el problema.

Quiero aclarar que hoy -a la luz de 30 años de experiencia- diría algo parecido, con matices, aunque no exactamente lo mismo. De todas maneras lo escrito en 1982 coincide en lo esencial con la posición de la jueza: el aborto debe ser legalizado.

Un saludo cordial.

Rodolfo Bassarsky

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El aborto inducido

Dr. Rodolfo Bassarsky
Cutral-Có, 1982

I

El tema del aborto inducido o provocado debe ser abordado desde distintas disciplinas y con disímiles perspectivas para entenderlo en profundidad. Es un debate que la sociedad argentina rehuye. Creo que por las implicancias socio-económicas que tiene debemos trabajar para alentar y promover discusiones que sirvan para informar, enriquecer ideas y pensamientos y para buscar soluciones a los problemas que se suscitan antes, durante y después de que ocurre.
La religión, la moral, las ciencias sociales, la biología, la medicina, la psicología, la tecnología, etc., están involucrados en el estudio a fondo de la problemática que se crea en torno del aborto provocado.
A modo de acicate para contribuir a la polémica y al posible debate, expongo en forma muy breve una reseña de ideas y datos que desarrollados podrían constituir una tesis sobre algunos aspectos del tema.

II

. El aborto inducido cuya regulación reconoce diversos grados de restricción, está penalizado en sólo una cuarta parte del mundo. En las tres cuartas partes restantes está legalizado de manera más o menos permisiva.

. Una inmensa mayoría de pensadores de la más diversa extracción opina que el aborto inducido es una práctica agresiva, no deseable y que debiera evitarse.

. La práctica del aborto no se evita con su ilegalidad. Por el contrario parecería coincidir su penalización con un aumento relativo de su prevalencia.

. Este posible aumento de la tasa de abortos ilegales en los países con legislación restrictiva debe vincularse más bien con que generalmente en ellos son pobres las campañas de educación sobre la sexualidad y escasos los servicios de planificación familiar.

. Un porcentaje significativo de personas que recurren al aborto -legal o clandestino- profesan religiones que se oponen a su práctica.

. La legalización del aborto no supone de ninguna manera estimular ni aconsejar ni promover su práctica.

. El aborto clandestino es la causa de múltiples y graves consecuencias para la sociedad en su conjunto a la que afecta en su salud y en su economía.

. Legalizar el aborto significaría disminuir drásticamente muchas de sus consecuencias perniciosas.

. Ser partidarios de la legalización del aborto no significa ser partidarios del aborto. Esto no es una paradoja. Simplemente expresa la idea de que la legislación es una herramienta al servicio del bienestar social y no un fin en sí misma.

. La despenalización del aborto en nuestro país con una reglamentación cuidadosa que ponga límites razonables, junto con la promoción intensa de campañas oficiales y privadas de educación sexual y planificación familiar, nos liberaría del flagelo social que constituye el aborto clandestino y nos colocaría del lado de países desarrollados incluyendo algunos en donde prevalecen religiones que se oponen a su legalización.

III

Expuse lo esencial del pensamiento de un sector de la sociedad. Muchas personas que opinan de esta manera no se atreven a exponer sus ideas por el desprestigio moral al que están condenadas por quienes se oponen tenazmente a despenalizar el aborto en Argentina. Médicos que temen ser tildados de “aborteros”, políticos que temen enemistarse con la Iglesia y con ciertos sectores del pensamiento conservador, trabajadores sociales y de la educación que temen ser señalados o discriminados laboralmente, etc.

COLOFÓN: La práctica del aborto inducido supone siempre un grado variable de daño individual y una injuria social. La práctica del aborto inducido es difícilmente controlable y en todo caso inevitable. El aborto provocado clandestino es más pernicioso, costoso e inmoral que la práctica del aborto legal.

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