sábado, 11 de septiembre de 2010

El arte desde el rock. Reflexiones

Mario Castañeda (Desde Guatemala. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Sugerente invitación a dialogar la que se ha propuesto desde el entramado humano-cibernético de Argenpress Cultural. Pues bien, atendiendo al mismo, trataré de aproximarme a una interpretación bastante personal sobre el “Arte en el siglo XXI”. Para ello, me centraré en el rock como, en palabras de Walter Benjamin, una constelación que permita abrir algunos puntos de reflexión, pues, primero, no soy artista ni tengo estudios en arte, segundo, esta expresión humana, creo, permite avizorar rupturas pero también formas lineales de reproducir el orden y el sistema desde el arte.

Además, el título provocador encierra un universo de posibilidades de abordaje, sin embargo y sin tratar de negar la totalidad como marco referencial general, luce imperativo aproximarse a hechos y momentos concretos. Posibilidades emergentes del pasado que no está muerto sino vivo pero en una aparente congelación que le invisibiliza de la historia como proceso.

Por ello, más allá de las conmociones que en diferentes momentos han causado las distintas corrientes de rock en el mundo, cabe ponerle atención a varios aspectos. Primero, su característico alejamiento de las convenciones sociales en momentos precisos. Segundo, su energía como catalizadora de expresiones juveniles enmarcadas en construcciones constantes de identidades. Tercero, que no está exento del intento de absorción por la industria para suavizar o manipular comercialmente su contenido. Cuarto, la diversidad que le han inyectado las necesidades concretas de cada sociedad. Quinto, su diferenciación de otras expresiones artísticas, y, sexto, la posibilidad de expresar sus propias contradicciones en la forma mundo.

El primer punto nos remite a la frescura que trajo en sus primeros años de vida el rock´n´roll. Un baile más libre, salido de normas de acercamiento corporal, y, sobre todo, un estilo de música realizado por y para jóvenes, esto, sumado a los elementos culturales que se fusionaron en contradicción bajo el contexto histórico que implicó para Estados Unidos la segregación.

Por otro lado, las discursivas entablaron un nuevo referente comunicacional. Un lenguaje que permitía comprenderse más allá del abecedario. Formas y figuras que sustentaron a través de lo estético un nuevo entendimiento de las relaciones juveniles y de las relaciones entre generaciones.

En el segundo punto, verse reflejado a través del cine tuvo un impacto sorprendente. La recreación de personajes transgresores representados por jóvenes, como lo haría James Dean en Rebelde sin causa, sentaron precedentes del nuevo rol juvenil. Ver películas en el cine donde el baile tenía una función de concretar no solamente la alegría sino de vincular el espíritu en huída hacia una parte no identificada, como en Semilla de la maldad, cumplió su función motivadora para sentir lo que le pasaba al joven.

Hasta este punto podríamos hablar de que todo fue maravilloso en el rock y un tanto idealizado. Sin embargo, conforme han pasado las décadas, el rock y sus transformaciones nos han llevado por los vericuetos de las contradicciones propias del sistema capitalista. Por eso, el tercer elemento que importa en esta reflexión, su absorción por el mercado, si bien ha sido importante, no ha totalizado su objetivo de cooptar toda expresión de rock y sus derivados.

Precisamente, fue en esos años en que el rock´n´roll fue mediatizado por la industria disquera, sin ocultar el racismo contradictorio con los discursos de la “american way of life” estadounidense y de su expansión imperialista posterior a la Segunda Guerra Mundial bajo el supuesto de la democracia para el mundo. Artistas edulcorados cantando melodías delicadas para el auditorio y sus suaves oídos, mientras el origen de aquel estilo musical había emergido de los barrios de negros donde lo mundano era la principal inspiración.

Los adultos veían amenazado su poder, su control y el orden que la familia imponía para la niñez y la juventud. La industria debía salir al rescate y obtener ganancias. Sin embargo, el contexto político internacional sustentado en la dominación económica y la bipolaridad de la Guerra Fría, desnudó, para variar, desde la juventud, la hipocresía de la política y la resistencia desde el arte, particularmente desde el rock.

Basta recordar a Bob Dylan, a la generación beat y el gran impacto que causó en el mundo la onda hippie. El uso de drogas y el amor libre como alternativa ante las guerras como la de Vietnam pero también como resistencia a esa industria que quería callar cambios profundos a favor del mundo.

El paso del rock´n´roll a rock, es fundamental en esa definición de resistencia. En principio porque deja de ser dulce, colorido, manipulable y presentando frente a la televisión como recurso novedoso de transmisión ideológica y propagandística. Luego, porque el rock se endurece, precisamente, como una roca. Su solidez implica ir de frente, no andar por las ramas y posicionarse políticamente a la vez que va absorbiendo, contradictoriamente, insumos del capitalismo para definirse. Entre muchas otras, la tecnología musical de grabación, las definiciones estéticas que tendrían mucha relación con las motos, las chumpas de cuero, etc.

Esto nos conduce a relacionar el cuarto elemento. Es decir, las necesidades concretas de cada sociedad y su creación o apropiación del rock como forma de expresión social y resistencia.

En Guatemala, por ejemplo, esa ruptura con el rock edulcorado tuvo su auge por el año de 1965, época donde ya la represión después del derrocamiento del Coronel Jacobo Árbenz por la derecha retrógrada guatemalteca en complicidad con la CIA y otros actores latinoamericanos, había comenzado a ahondar sus raíces.

Pasó de canciones de amor a fumar marihuana, a vestirse con colores que transgredían el gris opaco de los valores familiares. Los repasos o fiestas de quince años comenzaron a incluir conjuntos de rock que anunciaban los desmanes sexuales y alcohólicos. Era un reto abierto frente a la policía y el ejército de decir “soy de pelo largo y camino fláccido” como rebeldía a el corte de pelo al estilo militar y la ropa bien planchada. Las mujeres usaban minifaldas y eran abusadas por la policía poniéndoles sellos en las piernas, después, claro, de ser ultrajadas física y psicológicamente. A los hombres se les rapaba la cabeza, especialmente en la época de Arana Osorio, entre 1970 y 1974.

Las letras de las canciones comenzaron a hablar de esa vida cotidiana, del desempleo, de la represión, de la búsqueda de paz y relación con el cosmos. Medios alternativos emergieron hasta llegar a copar, incluso, espacios en medios de circulación masiva.

Es decir, la relación internacional del rock como arte, como expresión humana, cobró la magnitud no pensada porque llegó a jóvenes que buscaban un mundo propio y no el construido por los demás.

Así, entre guerras y auge del capitalismo desarrollista, el rock fue construyendo no uno sino muchos sentidos de pertenencia. Su definición frente a otras expresiones artísticas fue más que puntual. Asumió la postura de dar la cara, incluso, hasta el punto de no ser visto como arte sino como una expresión de gente vaga, drogadicta, que no tiene nada que hacer, algo que hasta la fecha se sigue pensando en sociedades como las latinoamericanas.

Y ese es el quinto punto que nos encausa a sus contradicciones, es decir, el sexto punto propuesto.

Precisamente, parte de sus contradicciones van de la mano con el contexto mundial y el desarrollo histórico tecnológico. Cómo la industria ha intentado de manejar económicamente estas expresiones bajo el lema de algo diferente o nuevo, pero que no es analizado desde la lógica de la producción, creación, intención, circulación y consumo.

Y en ese punto es donde yo buscaría plantear, más que definir una posición, interrogantes que abran la discusión sobre qué representa el arte como expresión humana. Si bien no tiene la obligación de ser emisario de un ideal político, tampoco puede estar desvinculado de su momento histórico. Ello conlleva repensar el arte para qué, especialmente cuando la era neoliberal asume como todo acabado y lo nuevo se reduce a la posibilidad de consumir sin juicio crítico, más allá de lo necesario, de lo que los satisfactores pueden ser creados y no apropiados mecánicamente mediante un oferente de servicios que inunda la cabeza con marcas y “necesidades” que no lo son.

En ese sentido, el rock en general se enfrenta a disyuntivas de sobrevivencia pero también a resistir la embestida mediante sus temáticas líricas, formas de producción, circulación y consumo de su creación en el contexto determinado. Por ejemplo, la gente que hace rock en Irán debe luchar no solamente contra la incapacidad de acceder a tecnología, estudio de grabación y circulación de su música, sino contra el estamento religioso que no permite creaciones “diabólicas” de occidente. En Guatemala, el rock subterráneo, el metal, todavía no tiene ni siquiera un lugar dónde realizar conciertos propios de su estilo, pues todos son cerrados porque los propietarios no quieren que gente de negro que bebe y fuma dé un mal aspecto en la calle o porque se consideran satánicos.

O sea, el conservadurismo que podemos encontrar en oriente y occidente desde una lógica cultural, permite también, de manera contradictoria, que estas expresiones tengan elementos simbólicos y materiales concretos de resistencia. De expresar su arte en contradicción en la añoranza de llegar a vivir de ello pero también de tener un sentido de pertenencia colectivo diferenciado.

Finalmente, dejando inquietudes para la reflexión, me pregunto: ¿hacia dónde va la creación artística frente al bombardeo audiovisual (que le ha quitado peso a la lectura y el análisis) y sus mensajes sobre la relativización posmoderna del arte?

¿En qué medida el rock está siendo absorbido y naturalizado como una expresión más cosificada por el sistema?

¿Puede el rock y las otras expresiones segmentadas por el mercado pero también autoreferenciables y defendibles por los sujetos y sus contextos, plantear más allá de la denuncia, transformaciones importantes en lo social?

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