viernes, 3 de septiembre de 2010

La lectura como arma defensiva

Francisco Vélez Nieto (Desde España. Especial para Argenpress Cultural)

“Los gobiernos se agotan en una baja propaganda verbal”
Thomas Bernhard

Los cambios, políticos y sociales, logrados con la Transición española tras la muerte natural, arropada con santas bendiciones, del dictador “Francisco Franco Caudillo de España por la Gracia de Dios”, dentro de las muchas dificultades y amenazas, consiguió una temblorosa democracia tras cuarenta años de dictadura y nacionalcatolicismo. Pero con los años se ha venido produciendo un justificado desencanto en un importante sector de la sociedad española, que observa como una izquierda, despersonalizada y ambivalente, se aleja cada vez más de aquella esperada ilusión socialdemócrata.

Y si oteamos el horizonte, podemos, sin gran esfuerzo, observar como en la acera de enfrente, una derecha incapaz de tocar el piano democráticamente, empapada de tardofranquismo, continúa atada a su pasado, esclava de sus propias circunstancias. Con este panorama, crece la mediocridad, la ambigüedad y la cháchara. Las diferencias sociales se acentúan, por lo que el neoconservadurismo crece triunfalista y gozoso, disfrazado de populismo redentor “centrista”, con guarnición de nostalgia franquista y cínico clero.

La fiebre político-mediática cada vez más desenfrenada, en manos de una partitocracia, arracimada en el culto de los personalismos de incultura voluntaria, ofrece sin rubor una realidad desdibujada, “lluvia” pertinaz de sequía mental, tromba de vaguedades y charlatanería, exhibicionismo y espejismo cultural de supermercado, que va despojándonos del rico lenguaje que nos enseñaron nuestros mayores. Por lo que cada día quedan más lejanos los proyectos que realmente deberían ser abordados sin eufemismos por una política responsable. Incluida la cultura del libro la lectura y la palabra transparente.
Ante este descolorido y alarmante horizonte, cada persona que ame el libro, debe ser consciente que la fortuna de leer es un bien común. Por lo que es necesario echar un pulso en favor de la cultura escrita, intentar crear más lectores y lectoras conscientes por medios pacíficos, al objeto de mostrar la visión real de nuestra sociedad paras enjuiciar por propio análisis el estado de alienación en que vivimos sometidos. Asumiendo así el deber objetivo y comunitario en defensa de la cultura, la democracia, la ética y la estética.
El compromiso por el libro y la lectura siempre obedece a un proceso de lucha transparente y tolerante, que redunde en un aumento sólido de la capacidad de análisis crítico, ser y estar. Lograr la construcción de un arma protectora frente al insistente peligro de sumisión y consumismo teledirigido. El buen lector no debe vivir indiferente, de espaldas ante tan desmesurada manipulación del Gran Hermano que desorienta y se burla de una gran parte de nuestra sociedad. Aceptar este estado de degradación, nos puede convertir en cómplices de la deformación mental, del absurdo, pan, circo, masa adicta a un consumo especulativo. Nuevo modelo de dictadura con derecho a griterío, vulgaridad y verborrea.

Merece la pena, pues, este pulso como un deber ciudadano, cuyo esfuerzo individual y colectivo no es otro que salvar los valores sociales y culturares del asedio de enajenación que nos aprisiona. Intentemos combatirlo con persuasión, transparencia y estilo, nada de una “revolución” con banderas y gritos arcaicos al viento o plagado de chocante “modernidad” cada día más desfigurada, cansina y maloliente.
La cultura escrita es la mejor arma para enfrentarse al adocenamiento y la deformación mental. El insecticida contra ese virus con el que nos intentan asfixiar insistentemente los prebostes de los poderes mediáticos y sus acólitos distribuidores. Lograr lectores libres es defender las libertades y la capacidad de crítica propia que todo pueblo necesita para no dormitar en la oscura caverna de espaldas a las libertades.

Nunca debemos de olvidar, que toda dictadura, junto con las religiones (sean del palo que sean), ponen el punto de mira en los libros con una férrea censura. Eso cuando no los queman: Ya lo señaló el poeta judío-alemán Heinrich Heine (1797-1856) “Quien quema un libro también quema a un ser humano”.

Francisco Vélez Nieto es poeta y comentarista literario.

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