viernes, 3 de septiembre de 2010

México y yo

Edgar Borges (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Hace mucho tiempo le dije a mi madre que el mundo se había vuelto egoísta el día en que ante el primer asesinato ocurrido en la cuadra todos dimos la espalda y cerramos la puerta. Aquella fue la visión de un niño. Hoy, según la perspectiva que me ha permitido la travesía, sigo pensando que todos los grandes egoísmos tienen algo (o mucho) que ver con los pequeños egoísmos. Los Zetas, uno de los cárteles que se devoran a México, fusilan a 72 personas. El mundo sigue andando (¿hacia dónde?). Ya sé que ningún individuo puede detener a los criminales, pero, ¿tiene sentido horrorizarse de las consecuencias que ofenden el todo y no de las causas que desangran las partes? ¿Qué tanto cada quién, desde su vida cotidiana, forma parte de las pesadillas del planeta? ¿De qué tamaño será la alfombra donde se esconderán las miserias del siglo XXI?

Llevo días pensando en México. Incluso, una noche soñé que México era un vecino. Y ante la masacre todos los vecinos nos habíamos sublevado. No hay más mundo hasta que no salvemos a México, exigimos. Llevo días pensando que México es un inquilino que sobrevive en el mismo edificio donde a mi me alquilan los sueños. Y me pregunto, ¿qué tendrá que ver con la tragedia de México el político que en la televisión dicta clase pública de xenofobia?; ¿se sentirá ajeno a México el vecino que grita que los de América del sur somos sudacas y los del norte los dioses del olimpo postmoderno?; ¿existirá alguna relación entre la mafia que en México fusila personas y la mujer que la otra tarde en el parque amenazó a su niño con partirle la cara si no la obedecía?; ¿se creerán responsables de tanta grosería el político y el empresario que en reunión secreta imponen la ley de sobrevivencia? ¿Y el sacerdote que en tiempos de fe le pedía resignación a los miserables del mundo? ¿Qué vínculo silencioso existirá entre los muertos de México y las otras muchas verdades que yo me callo?

México, como el vecindario, hoy vale mucho menos que los automóviles (y todas las máquinas) que ocupan la Madre Tierra. México, como el niño de la curiosidad o el de la amenaza, hoy se pregunta, con la mirada contenida, si lo que está detrás de las mafias no será la violación que segundo a segundo se comete contra la palabra y la sensibilidad humanas.

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