viernes, 8 de octubre de 2010

Con motivo del día de la “Hispanidad”: Carta Abierta al Rey de Hespaña Tras la firma del Acuerdo de Asociación Unión Europea-Centroamérica

Andrés Cabanas

Su Majestad y Sólo Suya

No lo conozco personalmente, pero me informan que bajo su Apariencia Nobiliaria y Su Áureo Rostro oculta Usted una personalidad muy humana, común y corriente: practica deporte, fuma, padece enfermedades derivadas, representa intereses económicos españoles en Latinoamérica, disfruta de una plácida y holgada existencia valorada en ocho millones de euros al año, presupuesto de la Casa Real Hespañola. Es decir, lo que hace todo Monarca que se precie. Lo que yo misma haría si Monarca fuera. Probablemente su modestia le lleve a rechazar cualquier signo de ostentación al que tiene Real Derecho.

Tampoco conozco el Reyno de Hespaña, apenas en fotografías y el Canal Internacional de Televisión. Mas sin embargo coméntase que no aparenta ser Reyno: carece de Carrozas que circulen en Fastuosas Avenidas o Empedradas Calles.

Dicen que Usted consume azúcar y café e, imitando su sano ejemplo, las cafeterías del Reyno (allá les dicen bares) se llenan desde primera hora de la mañana de súbditos ruidosos, gritones, aparentemente satisfechos (o no visiblemente insatisfechos) de su situación, condición y posición. Cuando el café se acaba los súbditos susodichos continúan consumiendo otros productos menos agradables al paladar, como whisky, coñac, vino, mosto, sidra, pacharán, ron, calimocho, clara, vinito, champagne, orujo, cava, fino, sangría, brandy, cerveza, anís, tinto de verano, zurracapote, chinchón y un largo etcétera.

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Mas no quiero hablarle de esto. Quiero contarle de mi país, que –pienso- Su Realeza nunca ha visitado. Quiero explicarle de Goathemala, eterna y hoy recalentadamente primaveral, turbulenta e inestable, donde una no tiene tiempo para aburrirse: una inundación por acá, un calentamiento global por allá, un complot antidemócrata por este lado, un banco en quiebra por el otro, 16 asesinatos diarios, 700 mujeres cada año. Goathemala, donde las campañas electorales duran 24 meses y la vida –o la muerte- se cotiza a 300 quetzales si sós piloto de camioneta, o 50,000 (con regateo incluido) si sós comerciante, si empresario.

Hablo de Goathemala, Banana Republic Corporativa o para ser precisa, Caña Republic, porque la caña y el azúcar mueven en la actualidad la economía de este pedazo de tierra, quien sabe si el azúcar que Usted consume, por lo menos parte del combustible que proviene de la palma africana y la caña: lo que ustedes llaman biocombustibles y para nosotras es destrucción del equilibrio de la vida y priorización de la ganancia sobre la existencia. Es decir, muerte-combustibles.

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En fin, no pretendo aburrirle con detalles sin importancia, disculpe que me ponga nerviosa y me agarre la chachalaca. Regreso al tema que nos ocupa.

Mi país es muy diferente al suyo, Usted y su Regio Entendimiento no lo comprendería. Es un lugar de sobresaltos, terremotos, sequías prolongadas, crecidas intempestivas de ríos. Pero Goathemala es volcánica no solo en su conformación geográfica sino en su carácter, siempre al borde de la ebullición, exaltada, polarizada.

Mi país no tiene nada que ver con el Magnificente Reyno que Usted administra con Diestra Mano, donde incluso los Reyes son gente sencilla, dueños o copropietarios de empresas transnacionales, como podría serlo cualquier ciudadano. Y donde todo sucede tranquilamente, en paz y orden democrático, ¡¡¡qué envidia!!!

Tranquilamente las empresas españolas obtienen la mayoría de sus beneficios en el extranjero. Tranquilamente aplican cobros que en su lugar de origen no están permitidos, como el Impuesto fijo de distribución de la energía eléctrica de Unión Fenosa e Iberdrola. Tranquilamente pagan peores salarios a los extranjeros que a los hispanos, fervor patriótico que acostumbra por ejemplo el grupo Inditex. Nunca pierden la compostura y el traje/corbata, menos a esta hora de almuerzo, cuando los bares se llenan de súbditos ruidosos, gritones, aparentemente satisfechos (o no visiblemente insatisfechos) de su situación, condición y posición.
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Discúlpeme Su Eminente y Naturalísima Majestad, de nuevo me desvío del tema. Afortunadamente la comunicación no se dificulta porque compartimos un lenguaje que proviene de una historia común.

El lenguaje nos une, con apenas localismos, diferentes maneras de pronunciar, palabras que aquí significan una cosa y allá otra, a veces dan risa las equivocaciones pero es cuestión de acostumbrarnos. Por ejemplo cuando Ustedes dicen coche nosotras decimos carro. El coche de aquí es el cerdo allá y si no limpian el coche, su coche, les escriben en el limpiaparabrisas o simplemente parabrisas, “lava el coche, cerdo”. Ustedes lo entienden pero si me lo dijeran a mí, inmediatamente pensaría: “valga la redundancia”.

Aunque bien pensado: compartimos un lenguaje pero intercambiar, dialogar y hablar en el sentido de comunicarnos, no siempre lo logramos. Sucedió con la negociación del Acuerdo de Asociación, donde se dijeron muchas palabras, se escribieron la mayoría, pero en el fondo nada va a cambiar o todo va a ir a peor: nos venderán más de lo que compran, nos pagarán menos de lo que vale, nos dirán exactamente qué, cuándo, cuánto y cómo podemos vender y por tanto podemos producir (de nuevo los muerte-combustibles).

Eso sí, nos van a hacer creer que todo esto nos favorece, y la cooperación y bla bla bla, y el diálogo político y bla bla, que para eso sirve el lenguaje, para encandilarnos, con ese acento tan bonito que Ustedes tienen, aunque nunca le he escuchado pronunciar una palabra, Majestad.

Quiero hablar, Su Prístina Majestad, de neoimperialismo, autoritarismo, neodictaduras, represión, transferencia de riqueza. Quiero hablar de cómo nuestro empobrecimiento, nuestra violencia, nuestra deforestación, nuestro racismo, nuestro machismo, son funcionales a un modelo global de acumulación, a un modelo de consumo y a un modelo cómodo de vida, el de Ustedes: minoritario, individualizado y aislado, pero cómodo.

¿Será que solamente nosotras soñamos, queremos, anhelamos, deseamos, solicitamos, trabajamos, pedimos, exigimos, debatimos, pensamos, consensuamos? No nos aburrimos, aunque no triunfamos. ¿Se aburren ustedes? ¿Tenemos desafíos comunes? ¿Comparten nuestras quimeras más allá de Brasil o Hespaña en el Mundial de Futbol, el Real Madrid y el Barcelona, Julio Iglesias y Roberto Carlos, la poesía de Serrat, la música de García Lorca?

Tanto da, lo importante es que, oficialmente, la historia y el lenguaje nos vinculan y podemos comunicarnos con fluidez. Ya no digamos las canciones de Julio Iglesias, las películas en blanco y negro de Joselito, las paellas de la Mezquita, los churros de la Séptima Avenida esquina Novena, y las obras completas de Alejandro Casona.

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Su Majestad Imperial (no Imperialista) se me acaba el tiempo y ya no pude decirle lo importante que me habían encomendado. Antes de despedirme quiero darle las gracias por ayudarnos a reescribir la historia. Me cuentan que hace algunos años Ustedes lograron rebautizar la conquista de América como Encuentro entre dos Mundos. Me dicen que hoy nuestra independencia ya no es fruto de luchas y voluntades sociales, sino logro de las fuerzas progresistas de la metrópoli: ergo, concesión democrática.

Gracias su Divinificencia por aclararme que cuando hablamos de Extracción de Recursos en realidad no vemos la otra cara de Su Generosa Moneda, es decir la Generación de Desarrollo. Donde necesitamos y proclamamos el Buen Vivir y los Derechos de la Naturaleza, ustedes favorecen el Crecimiento, que sabemos es la única forma de que algún día los pobres abandonemos la Barbarie. Al reclamar relación de Socios, nos responden con que somos y, conformémonos, Población Beneficiaria. Cuando percibimos Explotación, estamos desconociendo el mérito de su Empresarial Audacia. Eso sí, nos lo dicen con su sonrisa encantadora y otra vez ese acento y la manera perfecta de pronunciar el castellano. ¡¡¡Ay!!! no como una.

Todavía tengo mucho que aprender. Por ejemplo, que ustedes deben disponer de su propia justicia y aplicarla donde quieran: la justicia universal, pero no la de la memoria histórica y persecución de delitos de lesa humanidad, sino la del comercio, aplicable en el CIADI, Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones, dependiente del Banco Mundial y con sede en Washington, un lugar donde no hay Reyes ni Reyno (tan sólo en apariencia). La Justicia Universal del Reyno de las Empresas permite por ejemplo que la transnacional Iberdrola demande al Estado de Guatemala por 700 millones de dólares, a raíz de una diferencia de entendimiento en el cálculo de la tarifa eléctrica.

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En fin, Su Majestad Marmórea, no lo abrumo más. Acá es media tarde, me imagino que en su Reyno, un Reyno normal donde nunca pasa nada, es casi de noche: los bares están llenos de súbditos ruidosos, gritones, aparentemente satisfechos (o no visiblemente insatisfechos) de su situación, condición y posición.

En mi país llueve o recién finalizó la lluvia, torrencial para variar. Me tengo que ir: la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres acaba de anunciar el paso de una nueva tormenta tropical, con consecuencias devastadoras. Dicen que ocurrió hace seis horas y dejó una estela de muerte y destrucción, por lo que en los próximos días se decretará una alerta roja institucional y se sugerirá a la población que tome precauciones para salvar su existencia (si quieren, porque en este sistema se respeta la libertad individual y no se obliga a nadie, ni siquiera a la opción de sobrevivir).

Su Blanca Majestad: ha sido un gusto comunicarme con usted y recibir respuestas tan sinceras a mis interrogantes directas.

Posdata

Se me olvidaba comentarle que en mi país no existe Rey, sino que deciden diez familias, quince ingenios, 20 partidos políticos, cuatro poderes paralelos, tres mega iglesias evangélicas y un programa de televisión a la hora diez, de la noche (disculpen si alguien se siente excluido). Debe de tener ciertas ventajas esto de que un Rey tome las decisiones por una.

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