jueves, 21 de octubre de 2010

Cruz del Norte, pueblito querido

Beatriz Paganini (Desde Santa Fe, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

- ¡Che!, abajen un poco la radio, me estoy quedando sorda, me estoy!

No la escuchan, tienen el gesto de transportados como si estuvieran en la cancha.

- Y bué, me voy pal fondo, total, el asado el Blá lo hace allá, a la final ¿de qué me quejo? Tengo dos hijos re-buenos y una hija flor de piba. A la final están en las casas y no fumando o vendiendo el paco que los mata.

Casi llegando a la puerta mosquera que separa la cocina del asador (el nombre pretencioso que le dio Blas, porque solamente es un tejido de alambre sobre dos soportes de ladrillos huecos en un piso de tierra), Luisa se vuelve y dice casi gritando:
- ¡Seba, en acabando el primer tiempo te tengo un mandado! ¿Sabé?

- Si mamá.

- Si mamá y no sabé lo que quiero- retruca Luisa.

- ¡Ché! ¿Se quieren callar? Ahí viene, ahí viene el gol!

Por unos segundos: silencio de radio y… ¡Gooooolllll, goooolllll!

Resignada Luisa se va al patio.

Se sienta a la sombra de la higuera y rememora cuando el Blas, el domingo pasado, le dijera, casi gritándole:

- ¡No Luisa! Dejate de joder. ¡El Seba no va a ir a Buenos Aires a esa marcha! Se burlan de todos los pobres, están demostrando que los compran. ¿Pero no te das cuenta? ¡Estoy podrido, estoy!

La tensión en el rostro de Blas se evidenciaba en las venas del cuello y, en el de Luisa por su palidez.

El silencio señoreaba amenazador, separándolos.

Luisa se corrió hacia la pileta pretextando lavar cualquier cosa y Blas se puso a cortar la leña con hachazos furiosos y tan consecutivos que parece una máquina.

Pero en realidad, Luisa ni siquiera abrió la canilla, quedó parada mirando sin ver, sólo pensando lo que le dijo, enojado, su marido: ¡Estoy podrido, estoy!

Apenada, abrió la puerta mosquera y entró a la cocina.

A los diez minutos volvió con el mate:

- Viejo ¿Queré unos mates de mientras hacé el fuego?

- Bueno - fué la respuesta lacónica.

Pero ella se le acercó conciliadora alcanzándole el mate y, a su vez diciéndole:

- Vos tenés razón Blas, pero yo lo pensaba por el otro lado ¿Sabé?

- ¿Qué otro lado? Por trescientos pesos y conocer Buenos Aires el muchacho queda marcado por el puntero que le hace el negocio sucio al intendente. Además, si va menos gente, no estarán tan seguros de seguir pisándonos porque somos pobres.

- Mirá viejo, no quiero peliar con vo. Endespués no duermo bien y me vienen las pesadiyas. Lo que pasa es como su amigo el Guille va me pareció que un viaje más o menos no era tan grave. ¿Viste? Pero si vos no querés, está bien, vos sos el padre ¡vamo aflojá! Vení, dame un beso y vamos los dos a decirle que su papá y su mamá prefieren que se quede en las casas y no se meta con punteros.

Luisa sonríe recordando el episodio. Por suerte, siempre o casi siempre están de acuerdo.

Llegó el sábado.

Hoy es un hermoso día de diciembre, como son casi todos los días en Cruz del Norte. Soleados, luminosos.

Luisa entra en el comedor de sus patrones llevando el postre.

El señor Máximo, a la vez que mira la pantalla del televisor, está diciendo:

- Por lo torpe e imprudente bien puede ser uno de los negritos de aquí
La señora Lucila, advierte la entrada de Luisa y dice:

- Viejo ¿Vas a comer postre? Luisa ¿Que traés en la bandeja?

Todos se dan cuenta, el patrón, la señora Lucila, la niña KarIna y Luisa:

Alguien hace una pregunta cualquiera para hacer notar la presencia del personal de servicio.

- Se creen que no me doy cuenta - piensa Luisa - semulan pero semulan mal.

- ¡Mirá, mirá! ¡Otra vez repiten la noticia!-interrumpe gritando Karina, la hija menor de los patrones.

En la pantalla se ve gente rodeando al periodista que, micrófono en mano explica:

- Aquí cayó el joven de aproximadamente dieciocho años que venía con la delegación del norte del país.

Ahora la cámara muestra el extremo de una farola, donde cuelga un estandarte de tela retorcido sobre sí mismo, dado que pende de un solo extremo, haciendo imposible la lectura de sus letras.

-Si ustedes se fijan - continúa diciendo el periodista - (la cámara muestra que se ha caído una parte de la farola que era de tres cuerpos) ha sido el peso del estandarte sumado al del muchacho, que se había trepado en el extremo, lo que originó la desgracia .En consecuencia debemos lamentar un fallecimiento.

- No amigo, corrige uno del público- el muchacho estaba junto al poste pero no arriba, lo que pasó es que el estandarte era muy pesado para ponerlo colgado de las luces se rompió, se cayó y le partió la cabeza al pobre.

Luisa se retira consternada.

- ¡Dios mío! ¡Menos mal que el Seba no viajó!

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.