viernes, 8 de octubre de 2010

El nobel, a un tipo

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS CULTURAL)

No extrañe que a este tipo le hayan otorgado el Nobel de Literatura. Lo mismo hubiera podido ser el de la Paz. ¿Por qué no? Éste se ha concedido a quien ha hecho todo lo posible por la guerra sucia… Recuérdese a Kissinger y el golpe de Estado contra Allende en Chile a cargo de Pinochet.

El Nobel lo concede una Academia que entiende la realidad de cualquier manera menos en clave progresista y colectivista. Es pues ordinariamente conservadora, y éste y los demás premios los entrega un rey que, como institución, la monárquica, es el colmo de la reacción.

Y si no, véase qué reza en el acta de concesión del premio: “el galardonado ha sido reconocido por su cartografía de las estructuras del poder y sus aceradas imágenes de la resistencia, la rebelión y la derrota del individuo”. Javier Cercas, de El País, termina la descripción del avatar diciendo que tiene la impresión de que premiando a este tipo (el calificativo lo pongo yo), la Academia sueca se premia a sí misma. Y así es. Pero no por la injusticia de no habérselo concedido antes, como él dice, sino porque el tipo forma parte estrechísima de la estructura del poder neoliberal mundial. Y no se atreva nadie a aducir que nada tiene qué ver la literatura con la política. Nada tiene que ver, cuando la literatura no es rubricada por separado, personalmente, por el literato, como ha hecho él, con los ataques más furibundos a todo lo que ama la izquierda del mundo.

En un ensayo de 1999 el tipo dice: “me considero liberal y conozco a muchas personas que lo son y a otras muchísimas más que no lo son. Pero, a lo largo de una trayectoria que comienza a ser larga, no he conocido todavía a un solo neoliberal”. Este tipo no ha conocido a ningún neoliberal, como yo no he conocido a nadie que me haya dicho: “soy un fascista”. Y el neoliberalismo es (parece mentira que a un literato no se le haya ocurrido esto) la apariencia que toma el poder omnímodo agrupado en uno resultado de la convergencia del económico, del militar, del político y del religioso en el siglo XXI, como el fascismo fue la culminación de lo mismo en el siglo XX.

Las ideas son inmortales, y más cuando están reforzadas por los poderes citados. Lo que pasa es que van adoptando distintas apariencias y diferentes denominaciones. Los ensayistas norteamericanos dan a luz al neoliberalismo, que no es otra cosa que fascismo maquillado, que a su vez no es más que el ejercicio del poder hasta sus límites. Las dos invasiones asiáticas a cargo de las legiones del imperio, y las medidas drásticas contraterroristas que va imponiendo poco a poco en Europa y en Estados Unidos ese poder, aseguran la vida regalada de las grandes, medianas y pequeñas fortunas. Esto es lo que defiende este espécimen recién galardonado.

"El proyecto de expansión del Socialismo del XXI, promovido por Chávez, es la mayor amenaza para libertad y la democracia en la historia de América Latina", es su perla principal ideológica. Él, como todos los prepotentes y bien situados, no tiene empacho en blasonar que defiende la libertad de “todos” sabiendo, como sabe, que la libertad de los millones y millones en el mundo que pasan hambre, no reciben asistencia médica, no tienen techo y viven sobre la punta de una espada es prácticamente nula. Él sabe que, para que puñados de individuos vivan en cada país en mansiones de oro y en medio del despilfarro, justo el individuo pintado en “aceradas imágenes de su resistencia, rebelión y derrota” es el individuo que sacrifica el neoliberalismo, antes fascismo, antes absolutismo, antes tenebrismo… por los que lucha este tipejo enfermizo que se ha hecho la ablación del hemisferio del cerebro que conecta con la colectividad; es decir, que, como tantos en el Olimpo de la riqueza, carece de conciencia social.

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