viernes, 8 de octubre de 2010

Emiliano

Beatriz Paganini (Desde Santa Fe, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El cabello le ralea en la frente. Es de un rubio ceniza porque ahora se le mezcla con las canas.

No ha perdido su tonada cordobesa a pesar de los años que está en Cruz del Norte como maestro y director interino de la escuela técnica Evita Corazón que fuera fundada justamente por Eva Perón seis meses antes de morir ella.

El cargo directivo está vacante desde que Carola Miguenz, la directora titular, desapareció en 1977.

Después pasaron y se jubilaron un director y una directora. Ambos se retiraron como interinos, es decir en un cargo vacante.

Ahora está Emiliano en el cargo, pero nunca llega la titularidad.

Es como si, en Cruz del Norte, la historia de la escuela se paró con la desaparición de su última directora titular.

Por lo menos no la cerraron, razona Emiliano, como se ha hecho en casi todo el país, abandonando a su suerte sin oficio ni beneficio a la muchachada que más lo necesita.

Un título con salida laboral, esa es la misión, hablando en fácil, de las escuela técnicas de todo el mundo.

Ahora pareciera que en el 2007 se está tratando de darle el lugar jerárquico que la enseñanza técnica merece.

Esperemos, Dios verá y Dios proveerá, como decía mi abuela. Es la frase simple y esperanzada que, irónicamente, Emiliado se dice, con una sonrisa, desde su posición agnóstica.

Don Bartolomé le contó una noche, en el kioscobar que cuando se la llevaron a Carola Miguenz, también detuvieron a cuatro peones de la estancia del turco Zapata.

Fue en 1976 y llegaron a envalentonarse tanto, que en un día del mes de julio de ese mismo año provocaron un apagón en el ingenio azucarero de San Martín y se llevaron más de cien obreros, algunos con familia incluida.

Todavía en el año 2009, está impune esa masacre.

Se dice que los enterraron de noche en Cruz Alta y que, hasta allí, llegaban los camiones de los milicos, entre las 22 a las 24hs.los infelices iban con las manos atadas y los ojos tapados.

En Cruz Alta, se recibía la orden y en esa fecha nadie salía a la calle en el horario estipulado.

Estado de sitio provisorio nocturno, decía el comisario con semejante término inventado.

Los camiones entraban en el cementerio.

La fosa ya estaba lista desde el día anterior. Ese trabajo lo hacía el empleado del cementerio, pero ahí terminaba su tarea.
El fusilamiento, que seguía a la noche, lo hacía el ejército.

Se sentían las ráfagas de metralla en el silencio tétrico.

Pasado un lapso, los que sabían “el secreto a voces”, cerraban los ojos , apretaban los labios y esperaban el eco inconfundible del tiro de gracia.

Al otro día, ni rastro, sólo tierra removida, parejita, ni siquiera un pequeño montículo.

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