viernes, 8 de octubre de 2010

A mi madre

Luis Viú

Por las mañanas
Mi madre se levantaba
Con gran premura;
Más temprano
Que el alba y el sol.
Sus pies,
Ligeros como saetas,
Volaban de la cama
A la tierra.
Sus labores empezaban.
Toda ella
Volaba con premura
A su sitio de labranza:
La cocina de la casa.
Como una abeja obrera
Sus manos iban y venían,
Una y otra vez,
Del universo del jabón
Untado en los platillos
Al universo transparente
Del agua en la canilla.
Pequeña obrera.
Grande obrera.
No devengabas sueldo,
Sólo el afecto de tus hijos;
Y es que así precisamente
Son las madres.
Madre:
Nunca tuviste reposo
En tu cuerpo y en tu alma.
Fuiste incansable
En tus labores de madre,
Madre.
Con tus manos laboriosas
Hiciste mis calzones
Y cosiste mis camisas.
Madre:
En tu corazón
Siempre albergabas
La inquietud de las cosas malas
Cuando tus hijos se encontraban
Ausentes,
Y sólo recobrabas la paz
Y el sosiego
Cuando todos regresábamos a ti.
Pero un día
En la madrugada
Dios te permitió dormir
El más grande de los sueños
Y por vez primera
Te vi ociosa
En tu lecho de descanso.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.