jueves, 21 de octubre de 2010

Poemas para no olvidar

Francisco Vélez Nieto (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Cuatro variaciones del libro inédito
A la puerta de la casa
Nos han robado tantas anheladas ilusiones,
tantos deseos, riesgos, utopías tronchadas,
aunque la idea no desfallece, si la creencia,
pues ya poco importa esta comedia
si tanto dolor tatuado yace en los costados.
.
Solo palpitamos intimidades selladas
improntas impresas en la memoria.
Permanecemos mudos, como lejanos abuelos
sentados a la puerta de la casa. Espectadores
incrédulos, contemplamos actuar la farsa
gesticulante, pordiosera, cínica y ahíta,
mendigando la caridad de voto sin castidad,
beatífico rezo, vergonzante avaricia
Por fortuna, son sólo unos días cada ciertos
inviernos y primaveras rotas dichas visitas
buscando avales para sus insaciables vientres.
Alivio, tan desabrido jolgorio termina pronto.
La plaza, solitaria y sucia queda en silencio
y las escobas, obedientes, inician su labor.
El color del hombre blanco
A la memoria de Darwin
“Uno es la máxima de Tucídides de que los fuertes hacen lo
Que quieren mientras que los débiles sufren como deben”
Noam Chomsky
El hombre blanco tiene un signo algo oscuro:
su dominio sobre los hombres de otros colores.
Los hombres negros parece que quieren
sacudirse la carga de los hombres blancos.
También los hombres amarillos levantan cabeza
y sudan por descabalgar a los blancos de sus espaldas.
Y todos los hombres de inferiores colores del mundo
sueñan con librarse de tan púdico y superior jinete.
Cuando todos ellos se vean libres y con cabalgaduras propias
en el Arco Iris. Continuarán los hombres devorándose
Mejor dicho: los grandes cabalgaran sobre los pequeños
que pingarán como esos monos de circo que divierten.
Desde mis cenizas en la crátera, serán mirados con pena,
mientras Darwin puede que sonría meciéndose su barba.
Paz en la guerra
Cuando la angustia ahoga en la soledad del alba
Y el mudo campanario contempla al ciprés que se mece
dueño de esa mansedumbre de siglos que lo elevan,
suelo meditar silencioso, mano a mano con mis adentros.
y apoyado en la confianza que nos une le pregunto:
¿Quién talló en rico mármol la palabra Paz?
¿Quién por envidia grabó debajo la de Guerra?
Paz en la Guerra. Guerra en la paz. Epigrafía del dolor
desgarro inmisericorde de todos los pueblos
Meditando por ese laberinto de interiores, sospecho,
que han podido ser idénticas manos, la misma gente,
pues si se observa, unos y otros juegan con dados marcados.
Se visten y desvisten como en cuentos de hadas para sordos
y algo se alarman cuando la sangre derramada al pisar salpica.
Conspiran, calculan, pactan y, sacan de la chistera una paloma.
Luego, hablan de Picasso, como si el luto no existiera
Oteando el foro
La lluvia de mentiras apenas humedece la masa,
rancio pan de cada día antes de entrar en el horno.
Vocifera, el gentío que reboza el foro, se expande;
mas nadie escucha a los prebostes, es jerga que no atrapa;
sea invierno o verano, otoño triste, susurrante primavera:
Todo es puro trajín, fiasco de larga y tortuosa mentira,
sainete vergonzante, cacofónicos sonidos sin pentagrama.
Mas de ese foro de inapariencia, pueden brotar escuadrones
tatuados, temblorosos poetas observando inquietos el bramido
de los bárbaros danzando entre las trepidantes hogueras.
Y los bardos, intentarán salvar algunas obras del Farenheit.
Una vez más todo puede ser un acto de ingenua libertad ficticia.
Me siento temeroso, exiliado sobre húmedos sueños temblorosos
como gotas de rocío en una hoja. Medito, más nada me calma.
Tengan cuidado, todos aquellos que posean saber y corazón.

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