jueves, 21 de octubre de 2010

Silvia's Blues y "los buenos muchachos"

Carlos Alberto Parodiz Márquez (Desde Lomas de Zamora, Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

En estas habitaciones el pensamiento corre el mismo peligro que correría un canario escapado, revoloteando cada vez más arriba, girando, aleteando en zonas de sombra y en grietas vírgenes del contacto de una mano humana. Lo pienso de ojos abiertos, entre otras ausencias, por las dos semanas de silencio, mejor dicho en blanco. Es que el escenario se mueve.

La tensión en el cuello no es menos aguda que la que ejercen sobre los sentidos, otros años superpuestos sobre el presente.

Siempre reina, en cualquier caso, una sensación arrulladora de inmediatez en estas habitaciones de la planta baja, pues el presente se "estaciona" en los niveles inferiores, como la bruma de un día joven, en huecos antiguos.

El cuarto de baño es largo y estrecho. Azulejos vidriados de color verde actúan sobre las paredes, desde el suelo hasta el hombro, como espejos sombreados que reflejan el contenido y mi ocupación. La bañera de porcelana es grande como un lago artificial. Me relajo y observo.

En el extremo opuesto del cuarto, a algunos pasos de pies descalzos, sobre el mosaico tibio ligeramente desigual, que provoca en las plantas la sensación de caminar sobre el panal de una especie olvidada hace tiempo de abeja gigante, hay un lavatorio antiguo, coronado de mármol y con un espejo de oro molido, arriba, jaboneras sencillas de loza blanca y un frasco, también blanco, sobre la losa, que huele leve.

Hay leones de cara y melena doradas y cada uno retiene en sus fauces de oro, un extremo del brazo que sostiene el rollo de papel amarillo ante, con austeridad de astilla. Producen el efecto de dos grandes gatos que enseñan los dientes al cumplir la sencilla tarea de mantener, siempre dispuestos, algo necesario para una felina.

¿Van a preguntarme que hago aquí? Mejor no. Salgamos a la historia.

José es un "remi", compañero de "Chaco Chico" a quien encontré después de salir. Otro hombre ocupado y preocupado. Cuando Yon no está, mi alcancía con ideas, desaparece por múltiples razones; la agito, pero el silencio suena ominoso. La cuestión es que me busca, como la abeja a la flor para rondarme con informes que, sabe, "Chaco" me cuenta, con su irresponsabilidad flamante, ¿total a quien le importa la verdad?

Esa mañana manejó m s lento que de costumbre. El hombre pensaba en como contarme su historia. Puse mi mejor cara de resignación.

-Silvia es directora de un Jardín de Infantes en Banfield.

Como toda docente que se precie, vive contando los días, para saber cuando cobran ella y sus maestras "jardineras", que no quitan el cuerpo al trabajo.

Ese mediodía de viernes, recogió los cheques de todas por el sueldo, naturalmente atrasado que esperaban, para pagar por lo menos, sus cuentas atrasadas; crónica de un país arrasado.

Iba confiada. El Banco Nación siempre fue seguro, en Lomas.

Además, "la peatonal" reúne mucha gente, por lo menos en el horario de una City de segunda, para ser benévolo. Claro que también hay gente de la otra.

En su cartera, a la salida, iban las esperanzas propias y ajenas, parafraseando a Atahualpa. Cuando bajó a Laprida algo, en realidad alguien, le regaló sombra sobre la cara.

Levantó la cabeza para tropezar con la mirada y todo el grandote desconocido, detrás. Casi como la canción de Patxi Andión.

El primer "derechazo" que recibió en la cara podría poner knock out a cualquiera, de hecho Lewis si lo hizo con Tyson, pero Silvia aguantó.

Al caer hacia atrás, se aferró a la esperanza de cuero, recuerdo de mejores tiempos. La sombra volvió a interponerse con la luz, simbolizando la oscuridad y otra trompada llegó para despertar dormidos entusiasmos; enseguida hubo patadas a gusto y placer, que precedieron al forcejeo por la cartera, único tema del engendro.

Silvia, todavía, resistió.

El hombre -¿vale dudar que lo sea?- vaciló cuando algunos detuvieron su camino. Aunque nadie intervino. Radiografía de una argentina indiferente, insolidaria.

Llegó el "compinche motorizado". Subió a una "Kawa" con el tripulante listo y tan listos se mostraron y se fueron, como quien les pudo advertir que Silvia llevaba dinero importante.

Maltrecha pero feliz, se derrumbó en un remís próximo; el conductor impávido, que presenció el ataque, permaneció en silencio. Ella indicó el camino y suspiró.

-¿Como puede ser que nadie se haya metido para intervenir?, en realidad se preguntó. El hombre sin inmutarse y en tono compasivo, a través del espejo retrovisor, casi monocorde, se explicó.

-Señora, nosotros vemos cada cosa, todos los días... –

Silvia cerró los ojos para que se deslizaran dos lágrimas leales-.

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Todo emite ecos armoniosos, de reconocimiento, cuando la fotografía de Yon, inserta en un marco bañado de plata, es levantada por primera vez de su sitio, sobre el tocador, donde ella (Georgina, su hermana) se sentaba para peinarse los rizos aparentes de sus cortos cabellos color sepia.

-¿Que sabés del vasco?

-Está llegando te encuentra en "la oficina", parece que es el arranque y "el agite" de ustedes- se quejó. La saludé efusivo y me fuí para la Plaza Grigera.

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La palabra se deja aprender y traducir, pero nunca aprehender y trasponer del todo. En eso pensaba cuando apareció Yon. Algo más bronceado. La sospecha de una "gira" insondable merodeó el encuentro.

-Vamos a comer a "Clo" y te cuento- dijo sin palmadas ni euforias.

Subimos al Alfa gris reluciente y la Plaza pasó a ser un retazo verde. Antes de estacionar en ese sitio que sobrevive y de mirar la línea del río, sentí la comezón de la rampa ascendente, donde te reciben y estacionan. La penumbra acogedora del lugar y los grandes ventanales hacen suponer idílicas realidades que, por supuesto, se desvanecen cuando se abandona el norte.

-Hoy haremos una comida de ayuno-, me anunció, olvidando mi condición famélica. Llegaron en patota el maitre, el somellier y la azafata, para recibir la orden y saludarlo con deferencias llegadas de otro universo.

-Abanico de sardinas; emparedados de espinaca; huevos fritos con anchoas y ensalada de apio con manzana. Y de postre frutas glace, todo humedecido por un Riesling helado de la Selva Negra-, ordenó; se me cayó la mandíbula, por varias razones.

La longitud del discurso. La elección del lugar. El menú y, por supuesto, la adrenalina que supone no saber quien paga. Me dispuse a escucharlo. El es el dueño de los contrastes.

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-Ha comenzado la ejecución del plan final de la desaparición del primer Estado Nacional de América del Sur: ARGENTINA- me anunció como Macaya al equipo de Corea.
-Esto se conoce desde el 29 de marzo del 2002. Los que lo cuentan no son recomendables, pero los datos de la realidad coinciden- siguió, mientras rociaba tostadas con salsa tártara, hábito que lo persigue en todos lados.

-Las reuniones de civiles y militares con funcionarios de la Embajada de los EE.UU. lo prueban-, añadió.

-Avanzan sobre los detalles del operativo tendiente a reemplazar al gobierno. Las FF.AA. Argentinas siguen en una anacrónica división entre nacionalistas y liberales. La táctica para dar el golpe final en la Argentina, es darle apariencia de ayuda humanitaria, para que no parezca un golpe de estado- se explicó a medida que me desorbitaba.

-Los grupos de civiles que están en el asunto mantienen fluido contacto con la embajada de los EE.UU. que apoya el golpe, participa de las propuestas y mantiene informado al Departamento de Estado-, tragué saliva.

¿Alguna hipótesis?

-Varias, te doy una: El FMI no asiste financieramente a este gobierno. Si lo acaba de hacer con Uruguay, Paraguay y Brasil, además de ofrecerle lo que quiera a Chile. "Argentina puede esperar". Con esto se provoca un nuevo colapso, el gobierno cae y el país entra en anarquía-, se explicó casi compasivo.

¿Y?- , mi pregunta es ociosa.

-Luego, en un operativo 'DE AYUDA HUMANITARIA' llegan los 'Cascos Azules', en cuyos cuadros habrá efectivos de las fuerzas armadas nuestras y se establece un gobierno de emergencia de las Naciones Unidas-.

-¿No parece peligroso para la región?- atiné a dudar.

-No. Desaparece el primer Estado Nación de América Latina. La Argentina es el plan piloto. Los demás países quedan a merced, por el efecto dominó. El gobierno a instalarse en Argentina reportará en apariencia a la ONU y en realidad al Departamento de Estado de los Estados Unidos, quién gobernará políticamente a la Argentina, manteniendo al tope de las decisiones económicas al FMI. Todo esto con la excusa de que los argentinos 'no han podido gobernarse a s¡ mismos'. Hay quienes se oponen completamente a que suceda de esta manera. Empezando por el mismo pueblo argentino y muchos oficiales en actividad o no. Pero, los militares que se oponen a que la Argentina deje de ser nación soberana, no pueden hacer nada, porque ya ni siquiera tienen armas ni municiones. No podrán oponerse militarmente a la ONU. Están indefensos. Hay otros planes alternativos, pero con este te alcanza- me declaró impávido. Sin admitir continuación.

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Alelado estaba, cuando sonó el despertador y regresé tembloroso de las brumas del sueño. No obstante me quedé pensando. Sobre todo en las coincidencias y las casualidades, después del "agite". Una gira nocturna con sobresaltos.

Somos, a veces, la obcecada formulación de las esencias, pensé; la cosa es situarlas en la existencia. La percepción, por ejemplo. ¿Será necesaria? ¿Después de la pesadilla?

Para encontrarme la vuelta, entonces, pondría en mi equipo (para un mundial "distinto") a: Marx, Nietzsche y Freud en el medio, adelante a Hegel, J. Wahl y Kirkegaard; Husserl de enlace y Heidegger al arco; total, si la cosa es descriptiva, porque me voy a privar: Descartes, Kant y San Agustín, en la línea de fondo -hay que saber cuidarse- ya que la fenomenología es laboriosa, como la obra de Balzac. Mientras lloramos por ti, Argentina.

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