jueves, 21 de octubre de 2010

Un reality show que les sale barato

Ricardo San Esteban

El capitalismo en toda su obscenidad, en Chile, hasta con los conflictos íntimos, como es el caso de un tal Johnny, su esposa y su amante. La jauría de los paparazzi internacionales detrás de cualquier boludez, pero ocultando el verdadero rostro del drama

Anton Hraste, ex director del Sernageomin (Servicio Nacional de Geología y Minería) de Atacama, dijo tajante: “no debe abrirse nunca más, el sector ya está bastante agrietado, una consultora altamente especializada certificó que era una explosión de roca y me convencí de que esta mina, que es muy antigua y con sectores abandonados, tenía una tecnología muy deficiente, que no daba ningún grado de seguridad”. Pero el estudio se reformuló bajo presiones y la mina volvió a operar. Los dueños actuales dicen ahora que la tragedia (el colapso de sus cinco niveles) no tiene relación con las fallas que gatillaron el cierre de la mina en 2007 y hacen un “mea culpa” por el tardío aviso a los familiares (demoraron ¡un día! en avisar a las familias de los 33 mineros atrapados).

Marcelo Kemeny y Alejandro Bohn son los dueños (40% y 60%, respectivamente) de la minera San Esteban, la firma responsable del yacimiento San José. La mina funcionaba irregularmente, no había completado las recomendaciones de conformidad técnica (sin salidas de escape posible), no tenían seguro contratado para los mineros… Pero las responsabilidades no se detienen ahí: Patricio Leiva, el funcionario del Servicio de Minería que firmó la autorización para la reapertura de la mina San José en 2008, dijo ante una comisión del Congreso que tomó la medida de esa manera porque confió en el criterio de sus superiores. “Tiene que cerrarse esa mina de una vez y hacerse una auditoría general en todas las minas de Chile”, reclama Ramón López, presidente de la Federación de Trabajadores de CIMM (empresa asociada al metal rojo de la administración estatal). Y añade: “a los empresarios no les importa la vida de los trabajadores. El abuso es tan mayúsculo, que los propietarios del sector no dudan en hacernos laborar en condiciones pésimas. Los que no mueren o no son mutilados, viven en altísimas situaciones de estrés.

Por eso exigimos a la justicia y al Gobierno que meta en la cárcel a Marcelo Kemeny y Alejandro Bohn, dueños de la mina. Y que renuncie la ministra del Trabajo (Camila Merino) porque ya sabemos que la Dirección de esa repartición tenía antecedentes de que el yacimiento estaba en tan malas condiciones que debía cerrarse. Y también existe una responsabilidad directa del ministro de Minería (Laurence Golborne) debido a que Sernageomin depende de él”.

Ante lo fantástico del caso (a comienzos de agosto, el Gobierno de Chile dio por muertos a los mineros), incluso la Iglesia Católica tuvo que salir al frente para desmentir el milagro. El obispo Gaspar Quintana –máxima autoridad eclesiástica de la Región de Atacama– desmintió en el diario La Tercera la posibilidad que ha estado en boca de toda la prensa chilena e internacional: “No ha sido un milagro y tampoco llevaré a cabo ninguna formalidad ante el Vaticano para que se le reconociera como tal, si me pongo exquisito, teológicamente hablando, esto no es un milagro, pues los requisitos son mucho más estrictos. Es un evangelio, una buena nueva, pero no un milagro, un miraculum”.

Con milagro o no, los mineros han sobrevivido, de momento, a los codiciosos de las minas. Y la palabra del Dios católico pone los puntos sobre las íes: “Debemos entender que no somos los tigres del Asia, tampoco los pumas. No puede ser que porque paguen más, la gente termine arriesgando su vida. Me he cuidado mucho de no decir cosas que no corresponden, pero claro que ha existido abuso por parte de los empresarios. Hay explotación y maltrato. Deben entender que el trabajo no es un saco de papas y que los mineros tampoco son unas bestias de carga”, añade el Obispo. Quien habla, dice, no es Gaspar Quintana, obispo. “Es la doctrina social de la Iglesia”, dice.

Chile: 373 mineros muertos en diez años

Un total de 31 mineros han muerto en Chile este año, en 28 accidentes laborales. No tuvieron canales de televisión en directo, no recibieron la visita del Presidente, ni siquiera donaciones de millonarios apenados. Los periódicos no hablaron de ellos. Y son ya 373 trabajadores de la mina muertos en su puesto laboral en los últimos diez años, según datos del Servicio General de Geología y Minería (Sernageomin). Chile, país minero, donde la muerte sigue acechando en la mina.

Los ocho mineros muertos sólo en enero (en la Región de Atacama, Antofagasta y Coquimbo, norte del país, donde se concentra la mayor parte de la industria minera) tampoco tienen nombre ni apellidos.

En la última década, en Chile, el año 2008 fue el más mortal, con 43 muertos, seguido de 2007 (40), de 2000 y 2001 (ambos con 36 muertos), y de 2009 (35).

Pero las malas noticias desde todas las minas del mundo llegan demasiado a menudo a los periódicos desde Colombia a Rusia, de China a Ucrania, pasando por Estados Unidos. Nadie se salva debido a las condiciones de extrema explotación y escasas garantías de trabajo en la extracción de carbón, oro, cobre, estaño, plata, zinc, plomo… y sangre minera.

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