viernes, 19 de noviembre de 2010

El cine europeo y la demografía global

Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El desarrollo económico de los países es susceptible de comparación a través de múltiples indicadores. El cine es uno de los instrumentos más acertados que ayuda a entender las diferencias o similitudes entre las manifestaciones multiculturales.

Esta afirmación viene a propósito de los festivales del cine europeo en América Latina. Recientemente se realizó en varias ciudades del Perú la vigésima segunda versión anual ofreciendo 48 largometrajes de diferentes estados miembros de la Unión Europea y de Suiza como invitado especial. Además tres documentales: Los pioneros del Oro Verde de Los Andes, el Altiplano y la Voz de los Andes, de los belgas Gerard Herren, Peters Brosens - Jesica Hope Woodworth y del francés Sthephane Pachot, respectivamente.
Para el cineasta suizo Oliver Paulus (Dornach, 1969), el Viejo continente sufre dificultades existenciales por su decreciente demografía, realidad que se traduce en la producción cinematográfica, en tanto en la adolescente América Latina, el drama principal es la violencia como amenaza de la supervivencia, en medio de una gran reserva de recursos naturales.

Paulus empezó su gira en el Cusco. En el mágico templo Coricancha - arquitectura que combina una base de origen incaico y un segundo piso con un museo colonial - ofreció al público la comedia “Cuando llegue mi hombre” (2003), una historia romántica de una trabajadora de limpieza y un guardia de seguridad de origen turco; y el drama “Nos volveremos a ver” (2006), que discurre en un asilo de ancianos, habla del amor y del miedo y trabaja con sus actores obteniendo grados de autenticidad y naturalidad sorprendentes. Otra película, también muy comentada fue Camino, del español Javier Ferrer, sobre el dogmático mensaje del Opus Dei.

“Lo que van a ver es bastante peculiar”, dice el director de “Nos volveremos a ver”. “Es una cinta que toma el plano documental y la ficción y lo fusiona. En el filme trabajan actores profesionales y personas que encontramos en el camino y que las ganamos para la película. Al final es difícil diferenciar quienes son los profesionales y quiénes no”. Recuerda que esta obra no tuvo palabra escrita, no tenía ningún guión, todas las escenas se iban dando a medida que se iba grabando, así llegaron al final.

Pregunta. A diferencia del fastuoso cine americano, ¿por qué el europeo prefiere enfocar más los temas humanos, al parecer, inclusive, con poca inversión?

Respuesta. En Europa, el tema de la vida es cada vez más largo, es más grande para la tercera generación. La gente vive más años, y las familias europeas no están preparadas para sobrevivir esta realidad. La gente se vuelve mayor y se queda sola. Es un tema muy importante y que al final no queda nada.

Es muy triste. La gente se siente tan interesante por lo ha vivido, es gente con tanta experiencia y con historias muy ricas, pero que al mismo tiempo ese discurrir es muy es doloroso. Es gente que tiene relatos muy elocuentes que de un momento a otro es apartada de la sociedad normal y depositada en un asilo… es muy penoso. En realidad la película no trata sobre esta gente mayor sino sobre la gente joven que gira alrededor de estas personas, que son también un espejo porque también están aislados, solos, y al final es lo mismo.

Pregunta. En cuanto al nuevo cine latinoamericano, también hay problemas algo similares, pero con una mayoría de población joven, cuya temática prefiere contenidos de violencia. El narcotráfico, la corrupción, los gobiernos autoritarios son los argumentos más frecuentes, tales como: Amores perros, Días Santiago, La Vendedora de Rosas, Piza Pirra Faso, entre otras producciones, según Jorge Zavaleta Balarezo en un estudio de la Universidad de Pittsburgh.

Respuesta. Con la misma respuesta a la primera pregunta se puede responder a esta segunda. Así como el cine europeo toca temas de la vida diaria de Europa, que son importantes, también la violencia de América Latina tiene que ver con ese reflejo de la sociedad. Y el cine latinoamericano toca, por lo general, esta violencia porque es un tema de la realidad.

El rubro por excelencia del cine suizo sigue siendo el documental, que suele seguir el espíritu de la época y el político. Los estudiosos del cine afirman que el cine suizo no existe como tal. La diferencia de estilos en las cuatro regiones lingüísticas de Suiza es muy grande y su diversidad temática muy amplia, lo hace imposible de hablar de un solo cine helvético.

Sin embargo, los especialistas distinguen por lo menos dos épocas: la primera que llega hasta los años 60 y la que le sigue el "nuevo cine suizo". Actualmente ya se habla de una tercera, que es consecuencia de la fundación de las primeras escuelas suizas de cine e introducción de los estudios de teoría cinematográfica en las universidades a inicios de los noventa. Además de la profesionalización de la creación cinematográfica, persiste un creciente reconocimiento estatal a comienzos del tercer milenio.

En los años 70, directores de la Suiza francófona, como Alain Tanner y Jean-Luc Godars, fueron los pioneros al concitar la atención de Occidente sobre la producción local.. Godard, hijo de una familia suiza asentada en París, pasó los primeros años de su infancia en territorio suizo, y con su retorno a Francia, pudo disfrutar de la larga tradición cinematográfica de la Grande Nation.

Sin embargo, otros directores de cine, como Rolf Lyssy, Daniel Schmid, Fredy Murer o Yves Yersin, tomaron como punto de partida para sus realizaciones la realidad local de la vida social, tema que se aprecia y está en una permanente evolución.

La mayoría de los estados europeos pertenecen al primer mundo. Una de las particularidades de este continente es la existencia de varios estados de poca extensión territorial, sin mayores recursos naturales y sin costas, y cuentan con un elevado nivel de vida, que comienza a tener series trastornos en las relaciones humanas, más aún con esta crisis financiera originada en la banca norteamericana.

La crítica situación demográfica, afecta a la mayor parte de sus habitantes que corresponde a una población adulta, con un envejecimiento progresivo y un marcado decrecimiento de la población juvenil. La fotografía actual es una pirámide poblacional invertida con escasa población juvenil y sobre todo infantil. En los últimos años, la caída de la natalidad en el antiguo bloque comunista se ha amortiguado, permitiendo una recuperación de unos índices de natalidad, más próximos a 1,5 hijos por mujer.

Durante las últimas tres décadas se ha registrado un aumento espectacular en los países desarrollados de las personas de sesenta o más años. Los primeros años del siglo XXI se observa un incremento muy rápido del número de personas longevas, de aquellas que tienen más de 80 años.

Otro rasgo característico es la elevada tasa de inmigración, destacando España, que en 1999 tuvo una población extranjera inferior a los 100.000 habitantes ha pasado a varios millones, convirtiéndose en el primer receptor europeo de inmigración.

Los problemas asociados al envejecimiento de la población se traducen en un menor crecimiento económico por los desequilibrios del sistema social y por un rasgo menor de innovación dentro de las sociedades envejecidas. El mantenimiento del sistema de pensiones, afecta la balanza de pagos cuando el número de pensionistas supera al de trabajadores.

Camino Y El Dogma

En Europa los católicos son mayoritarios en 23 países, los ortodoxos en 11, los protestantes en 9 y los musulmanes en 4 (Albania, Azerbaiyán, Bosnia-Herzegovina, Turquía). Existen minorías religiosas dentro de estos grandes conjuntos: Los judíos están presentes desde los tiempos del Imperio romano. El Islam en los Balcanes. Las religiones de extremo oriente: sintoísmo, budismo, hinduismo, confucionismo. El ateísmo es minoritario.

Desde esta perspectiva, el Opus Dei, registra un dinamismo que preocupa a católicos y a otras religiones, y por cierto a los directores de cine y al público de América Latina. Precisamente, Camino, última producción del español Javier Fesser sumerge al espectador en una historia basada en hechos reales. Narra la vida de una niña de una familia profundamente religiosa que lucha contra una terrible enfermedad. El drama discurre en una ferviente religiosa y basada en el mensaje conservador del Opus Dei.

Sin duda, este filme constituye una profunda mirada sobre el dogma, la manipulación de la fe, inclusive fabricando la aparición y gestación de modernos santos en El Vaticano. Los simpatizantes del Opus Dei, critican al director de Camino por su ateísmo, porque descubre los artificios concurrentes para buscar la canonización de la joven Camino, abusando de la religiosidad de un grupo familiar, llegando al extremo de destruir la hermosa ilusión del amor infantil, en contradicción con la fe en el dios de los cristianos.

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