viernes, 12 de noviembre de 2010

El huevo de la serpiente

Ricardo Luis Plaul (Desde Remedios de Escalada, Buenos Aires. Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

“El acto de resistencia no significa sólo negarse a aceptar el absurdo de la imagen del mundo que se nos ofrece, sino denunciarla. Y cuando el infierno es denunciado desde adentro, deja de ser infierno.”

John Berger

Recién después de treinta cuatro años parece estar develándose la real participación civil en el golpe de Estado y el Terrorismo de Estado desatado a partir de marzo de 1976. Algunos comunicadores sociales, a sueldo de los grupos de poder económico concentrado, intentan colonizar mentalmente a sus audiencias convenciéndolas de que es mejor “no revolver el pasado” y de que el intento de conservar la memoria histórica es tan sólo una estrategia gubernamental para desviar la atención de los temas “realmente importantes” como el hambre de los niños, que en realidad nunca les preocupó demasiado en el análisis de sus causas estructurales.

Sucede que los protagonistas socio-económicos-políticos de aquella infame dictadura, sus objetivos y las acciones para lograrlos son prácticamente los mismos de los que hoy asumen actitudes des-instituyentes, desde las corporaciones, desde los medios y desde el mismo Congreso Nacional. Claro es que hoy la situación geopolítica, mundial y regional, las personas que ocupan el Ejecutivo, los grupos y movimientos sociales y las interrelaciones y comunicaciones entre los mismos, son muy diferentes a los de aquella década.

Creo que es útil y saludable recordar algunos hechos que hoy los que se presentan como campeones de la democracia y la libertad de expresión se empeñan en ocultar en un manto de olvido, como si se pudiera construir ese venturoso futuro al que dicen aspirar haciendo borrón y cuenta nueva.

En el plano internacional, una de las características de la década del 70 fue la crisis de las políticas Keynesianas que habían prevalecido desde el fin de la segunda guerra mundial. La llegada al gobierno de EEUU y de Inglaterra (Reagan y Thatcher), el auge de la políticas monetaristas y neoclásicas provocan la liberalización de la actividad financiera haciendo desaparecer las restricciones e intervenciones estatales en los mercados locales e internacionales. Los Organismos Internacionales (FMI, BM), creados en 1944 en Bretton Woods para promover el buen funcionamiento del sistema, cambian su rol y se convirtieron en los promotores de la nueva ideología neoliberal.

La Argentina no permanece ajena a estos cambios y su sistema financiero es arrasado en 1977 por la dictadura militar que busca terminar con el modelo anterior de sustitución de importaciones e instalar un nuevo modelo de valorización financiera sobre la base de darles la posibilidad a los bancos de hacer todo lo que quieran excepto lo que se les prohíbe (que es mínimo). La Ley de Entidades Financieras (Ley 21.526) presentada por Martínez de Hoz en febrero de 1977 fue la herramienta central del nuevo modelo económico basado en la mínima intervención estatal y la apertura económica, que trajo como consecuencia una brutal destrucción de la industria argentina, en particular de las Pymes.

A partir de 1975 las fracciones más concentradas de la burguesía buscan construir un instrumento que les permita enfrentar al gobierno peronista aliado a la Confederación General Económica (CGE) y a la Confederación General del Trabajo (CGT). Así es como crean la Asamblea Permanente de Entidades Gremiales Empresarias (APEGE), que se plantea como objetivo la aniquilación de las fuerzas revolucionarias para imponer su plan económico.

¿Quiénes integraron la APEGE? Fíjense si reconocen a algunas de estas corporaciones golpistas (de ese entonces):

• Sociedad Rural Argentina (SRA)
• Confederaciones Rurales Argentinas(CRA)
• Cámara Argentina de la Construcción (CAMARCO)
• Cámara de Comercio Automotor
• Unión Comercial Argentina (UCA)

El origen formal de APEGE parece ser el fracaso del plan económico de Celestino Rodrigo (“el Rodrigazo”) que fue un plan de ajuste con devaluación, ajuste de salarios, aumento brutal de tarifas de transporte, servicios públicos alquileres, etc. El plan no pudo implementarse por la movilización de los trabajadores que desbordaron a la conducción de la CGT. Esto llevó a la burguesía al convencimiento de que la crisis de acumulación sólo se podía resolver previa derrota militar y disciplinamiento de la clase obrera y su vanguardia.

Los principios que agrupaban a APEGE eran, según sus dirigentes: “la libertad de asociación, la defensa de la iniciativa privada y la dignidad del ser humano”. Uno de los principales puntos de acuerdo era la oposición a la concertación obrero-industrial promovida desde el gobierno. Su programa estaba en contra del intervencionismo estatal, la burocratización, la corrupción y la subversión marxista. Proponían “el recorte del gasto público para frenar la inflación, la liberalización de precios y del comercio exterior, la eliminación de los factores que impedían aumentar la productividad tanto jurídicos como sindicales”. ¿Les resulta conocido?

El intento gubernamental de sancionar una nueva reforma impositiva a fines de 1975 fue la gota que rebalsó el vaso. Se denunció “el avance fiscalista” (¿no son palabras conocidas?) que agravaría “la desinversión que padecía la economía argentina” y se amenazó con un paro que se terminó concretando el 16/02/76. Centenares de asambleas en todo el país apoyaron el lock-out a pesar de la resistencia de la CGE que se vio desbordada por las cámaras empresariales. El paro del Comercio y de la industria en Buenos Aires superó el 95%. Lo mismo sucedió en Córdoba. En el agro la masividad del paro fue notoria, a pesar de que la Federación Agraria no avaló la medida, sus bases se sumaron a la misma. La completa pasividad de los trabajadores que no salieron a defender al gobierno enfrentando al paro golpista selló la suerte del mismo. La clase dominante apoyaría el golpe de Estado y se había obtenido la neutralidad complaciente de los explotados.

Los paros agrarios habían generado problemas de desabastecimiento y aumento en el precio de la carne (¿les suena conocido?). Este no fue el caso del paro del 16/02 pero su impacto político fue significativo.

Gran número de corporaciones empresariales fueron desafiliándose de la CGE e incorporándose a APEGE. Así es que la CGE termina emitiendo un documento crítico al gobierno y su política económica y disponiéndose a convocar a medidas de protesta. Declara el estado de emergencia nacional y solicitan: “reducción severa de los presupuestos nacional, provinciales y municipales, asegurar el orden y la tranquilidad física y jurídica y la modificación de la Ley de Contrato de Trabajo”.

El 20 de marzo Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) y CARBAP impulsan un paro de nueve días.

El 24 de marzo se ejecuta el golpe de Estado destinado a poner en marcha el plan económico dirigido por Martínez de Hoz y terminar con el protagonismo popular en la República Argentina.

“Los sectores dominantes pusieron en marcha, a través de la apertura externa, la desregulación económica y la represión directa, un proceso de disciplinamiento de los sectores populares tendientes a recomponer la tasa de ganancias del capital y a revertir una dinámica social y política que generaba constantes conflictos en su seno”

Política Económica y Sistema financiero, Banco Credicoop, Programa de fortalecimiento Institucional.2010.

La desindustrialización no fue una consecuencia indeseada de este modelo económico que se identifica con el período histórico de 1880-1930 de país agrícola-ganadero exportador, de estancieros enriquecidos y peones pobres. Su fórmula era la misma de la generación del 80 subordinando los intereses nacionales a los de quienes dominaban entonces el mercado mundial (Gran Bretaña y sus corporaciones). La necesidad de tierras fue ayer como hoy la justificación del genocidio de los pueblos originarios y de las montoneras gauchas del interior.

La deuda externa del Estado y sus empresas fue la consecuencia deseada de este plan para favorecer a la banca extranjera. En la totalidad de las operaciones de endeudamiento se renunció a la soberanía jurídica pactando la jurisdicción de tribunales extranjeros. El endeudamiento externo bruto pasó de 7.875 millones de dólares en 1975 a U$$ 35.671 millones en 1981. Por cada dólar que se incrementó la deuda externa hubo uno que se fugó al exterior. El esquema cambiario ideado por Martínez de Hoz permitió al sector privado obtener entre 3000 y 4000 millones de dólares sólo tomando deuda en el exterior colocándola en el mercado interno para luego sacar la plata del país. El negocio sería mayor ya que luego la deuda externa privada sería traspasada al Estado.

La apertura externa, el cortoplacismo financiero y las elevadas tasas de interés internas, condujeron a la desaparición de gran parte de la industria con la consiguiente invasión de productos importados, la contracción consecuente del empleo y el congelamiento salarial.

No sé si todos lo recuerdan, pero el patrón de acumulación implantado por la dictadura, profundizado durante la década de los ochenta y consolidado por las reformas de los noventa, concluyó en la peor crisis económica, social y política de nuestra historia (que algunos sectores de la derecha argentina y de la pseudo-centroizquierda que los apoyan, parecen dispuestos a re –editar).

“En el plano económico, la devaluación de la moneda en 2002 significó no sólo el fin de la convertibilidad, sino también el agotamiento del modelo basado en la especulación financiera, la desindustrialización y la concentración y desnacionalización de la economía” op. Cit.

MEMORIA:

Los sectores de la clase media que hoy hacen gala de un gorilismo visceral y desde su ignorancia repiten infundadamente slogans, frases hechas difundidas por los mismos medios que en su momento fueron cómplices y sostenedores de la dictadura, debería recordar las consecuencias que para ellos mismos tuvieron las políticas económicas que sostienen los grupos y corporaciones que defienden y contra las que salieron en su oportunidad a cacerolear cuando les tocaron el bolsillo.

El gobierno debería recordar cuando se reúne y subsidia a los grandes grupos empresarios y alienta a las transnacionales sojeras y mineras “porque dan trabajo y favorecen el desarrollo del país” que en cuanto pretende meter mano en una pequeña parte de sus ganancias y distribuirlas, en cuanto pretende hacer cumplir en la más mínima medida el pago de impuestos, estos grupos comienzan a conspirar en su contra para desequilibrarlo. Es lo que en su insaciable voracidad siempre han hecho.

El gobierno debería recordar que cada vez que el peronismo se apoyó o intentó construir poder con lo más corrupto y fascista de su militancia fracasó en su declarado discurso de lograr la justicia social para los sectores populares y niveles crecientes de independencia nacional.

La izquierda y la centro izquierda deberían recordar todas las veces que apoyó a los gobiernos de facto y favoreció los intereses de la oligarquía por enfrentar medidas (no hablo del proyecto) progresistas o directamente todo cuanto hace o intentaron hacer gobiernos justicialistas por considerar a-priori que todo, absolutamente todo cuanto proyecta un gobierno peronista es malo para los intereses populares y corrupto en términos absolutos. Cuando no participó activamente en su desestabilización proponiendo pactos cívico-militares.

Criticar al gobierno porque se considera que las medidas que toma o las leyes que propone no favorecen los intereses populares o que las leyes que veta pudieron haberlos favorecido no es ser funcional a la derecha cuando se presenta una alternativa viable.

Votar junto con la derecha los proyectos que ésta presenta o en contra de los que presenta el gobierno “porque no me convencen” algunos aspectos del anteproyecto presentado e impedir así su sanción, si es ser funcional a la derecha y a los intereses hegemónicos.

Cuando la soberbia del gobierno le impide acordar con la izquierda proyectos progresistas si no se votan tal cual se presentaron, el gobierno está siendo funcional a la derecha.

Cuando dirigentes de la izquierda ofrecen su voz y su pensamiento en programas financiados y conducidos desde la derecha para criticar al gobierno se es funcional a estos sectores reaccionarios.

No hacer todos los esfuerzos posibles por lograr la unificación del campo popular, aceptando la diversidad en la construcción de un Proyecto de país integrado a la Región y una estrategia para concretarlo, que ofrezca oportunidades de emancipación social, política y económica a las mayorías sociales, si es ser funcional a la derecha.

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