miércoles, 24 de noviembre de 2010

“Esos ignorantes que hacemos la guerra”

Juan Gaudenzi (Desde México. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Comentarios a la correspondencia entre Villa y Zapata, reunida y publicada por el documentalista Armando Ruiz.

Terminé de escribir estas líneas, en la ciudad de México, precisamente el 20 de noviembre del 2010. Ese día, exactamente cien años atrás, en diferente partes de este enorme país, pequeños grupos de demócratas, liberales, anarquistas, en su mayoría de la clase media, respondieron al llamado de Francisco Madero, un acaudalado empresario formado en Estados Unidos y Europa, para poner fin, por medio de las armas, a la dictadura de Porfirio Díaz, quien se perpetuó en el poder aproximadamente treinta años.

Lo que comenzó siendo un levantamiento de carácter esencialmente democrático burgués –Madero fue una especie de Kerensky latinoamericano– en poco tiempo se transformó en un movimiento popular y militar sin precedentes en la historia moderna. Anterior a la Revolución Rusa y superior, en el tiempo y el espacio a la Comuna de París, aunque de alguna manera haya compartido con ella su destino trágico.

Pero no todos los ecos históricos que vinieron amplificándose a lo largo de este año a medida que se acercaba el centenario del inicio de la Revolución correspondieron al choque frontal de las armas, las cargas de caballería y los gritos de agonía de más de un millón de muertos.

En medio de tanto estrépito, un tanto estéril en la medida en que la actual política oficial se encargó de opacar el extraordinario cristal a través del cual México y América Latina toda podrían haberse visto y comprendido mejor a sí mismos, se abrió un pequeño pero significativo espacio para la reconstrucción, a través de su correspondencia, de la cordial relación, casi fraterna, entre los dos protagonistas indiscutibles (aunque sí discutidos hasta nuestros días por la reacción) del fenómeno: Francisco Villa y Emiliano Zapata.
Una relación entre dos líderes guerreros, aliados de principio a fin, que impresiona por un nivel de delicadeza, respeto y admiraciones mutuas, fair play, sin precedentes en la guerra; poco frecuente en tiempos de paz.
Y no sólo para intercambiar elogios o relatos de sus respectivas campañas, sino también para analizar algunos de los aspectos mas complejos de la Revolución: la estrategia para consumarla; las amenazas que se cernían sobre ella; la cuestión agraria; la institucionalización del país; las relaciones externas.
Con una sinceridad apabullante; sin cartas ocultas bajo la mesa. Pero con una salvedad: tal vez para no desmoralizar a su principal aliado, mientras en marzo de 1915 Villa lo hizo partícipe de una serie de victorias logradas por su Ejército, un mes más tarde no reflejó –para no decir que minimizó– la magnitud de los reveses sufridos; derrotas que, finalmente, desviarían el proyecto estratégico del “Centauro del Norte” en una dirección insospechada: nada menos que hacia el enfrentamiento bélico contra los Estados Unidos de Norteamérica.
De todas maneras, si uno conoce la relación entre Churchill y Roosevelt, por ejemplo, después de leer la correspondencia Zapata-Villa llega a la conclusión de que la diplomacia entre los líderes anglo-sajones fue mucho menos transparente que la de los rústicos y feroces comandantes mestizos.
Pese a discurrir ésta en un contexto en el que las traiciones, la falta de principios y escrúpulos, estuvieron a la orden del día.

Una historia de traiciones

-Pascual Orozco, uno de los mas destacados jefes revolucionarios de la primera hora (a comienzos del siglo XX se interesó por las ideas anarquistas de los hermanos Flores Magón y en 1909 contrabandeó armas desde los Estados Unidos con destino al inminente levantamiento maderista contra Porfirio Díaz), después de una serie de sangrientas victorias militares que le valieron el grado de general, con Villa como uno de sus subalternos, terminó levantándose en armas contra Francisco Madero y apoyando a su asesino, el dictador Victoriano Huerta.

-Victoriano Huerta fue ministro de Guerra de Madero, pero cuando este pretendió recortar los privilegios de que gozaron las empresas estadounidenses –especialmente en los sectores ferroviario y petrolero– durante el porfiriato (no pagaban ningún tipo de impuestos), el embajador estadounidense Henry Lane Wilson se reunió con él y un grupo de golpistas para firmar el llamado “Pacto de la Embajada”. Su aplicación consistió en el derrocamiento de Madero y su asesinato, el de su hermano y el del vicepresidente Pino Suárez, (esta historia se reprodujo, casi calcada, 60 años después, en Chile). Justo es recordar que inmediatamente después de asumir el nuevo presidente de los Estados Unidos, Woodrow Wilson, destituyó a Lane.

-Venustiano Carranza, empresario, político y militar, Inició su carrera política en su estado natal, Coahuila, durante el régimen de Porfirio Díaz, pero contribuyó decisivamente al derrocamiento de Huerta, siendo nombrado Primer Jefe del Ejercito Constitucionalista. Como tal, organizó las tropas en tres grandes unidades: El Cuerpo de Ejército del Noroeste, comandado por el general Álvaro Obregón; El Cuerpo de Ejército del Noreste, comandado por Pablo González Garza y la División del Norte, comandada por Francisco Villa. Al poco tiempo ordenó a Obregón la captura de Villa, pero el primero terminó en manos del segundo. Villa ordenó el fusilamiento de Obregón pero –algo absolutamente inusual en él– cedió ante el pedido de clemencia de algunos moderados o reformistas, como un hermano de Madero. En las guerras revolucionarias este tipo de contemplaciones o indultos podían tener un costo muy alto: el destino de la Revolución Mexicana se jugó en batalla de Celaya, en 1915. Villa perdió esa y las sucesivas contiendas. El vencedor resultó ser Álvaro Obregón, “el indultado”, quien, presuntamente, fue el autor intelectual de la emboscada que termino con la vida del “Centauro del Norte”, el 20 de julio de 1923. Previamente, desde una Presidencia ilegítima, Carranza había ideado y supervisado la trampa que le tendieron a Zapata en la hacienda de Chinameca, donde lo asesinaron el 10 de abril de 1919.

-Álvaro Obregón, combatió y derroto a Villa por órdenes de Carranza y fue nombrado por éste ministro de Guerra y Marina. Pero en 1920, a raíz de la lucha por la sucesión presidencial, se opuso al candidato de Carranza, el ingeniero Ignacio Bonillas, y después de 15 días de haber escapado de la ciudad de México donde era buscado por la policía, anunció que abandonaba la campaña política para empuñar las armas en contra del gobierno de Carranza. Jaqueado en múltiples frentes, el mandatario decidió trasladar su gobierno a Veracruz, llevándose consigo todas las monedas, billetes y barras de oro y plata existentes en la Tesorería de la Nación. En su huída se internó en la Sierra Norte del Estado de Puebla donde fue asesinado en la madrugada del 21 de mayo de 1920, en el marco de la insurrección obregonista. Obregón, por su parte, fue asesinado el 17 de julio de 1928.

-Hasta una organización de izquierda como “La Casa del Obrero Mundial” fundada durante la presidencia de Madero, renegó de sus orígenes. Aliada con el carrancismo, formó los llamados “Batallones rojos”, grupos para-militares dispuestos a sumarse al combate contra la División del Norte y al Ejército Libertador del Sur.

-El propio Eulalio Gutiérrez, nombrado presidente interino de la República por la Convención de Aguascalientes, en 1914, en reconocimiento a su brillante trayectoria revolucionaria, terminó representando un ignominioso papel. Apoyado por Villa y Zapata, fue desconocido por Venustiano Carranza. Sin embargo, ante el ingreso a la ciudad de México de los Ejércitos de Norte y del Sur en vista del vacío de poder y la amenaza al proceso de institucionalización que ese desconocimiento representaba, declaró a ambos caudillos “traidores al espíritu revolucionario”, renunció a su cargo y se sumó a los verdaderos contrarrevolucionarios, los mismos que poco antes lo habían repudiado.

Y así podríamos continuar hasta la actualidad.

Anticuerpos revolucionarios

Con antecedentes como el de Pascual Orozco y Gutiérrez se entiende perfectamente la preocupación que la correspondencia refleja sobre las amenazas de intriga, engaño y traición, a las que estuvieron expuestos.

“…aunque como Ud. dice que nuestros enemigos intrigan, como en efecto sucede, para hacer fracasar a la causa justa y noble que se defiende. Eso no lo lograrán nunca, jamás, mientras haya un ser viviente en estas regiones de nuestro país, y esté Ud. seguro que nosotros los revolucionarios surianos no nos dejaremos engañar, pues la guerra de tres largos años nos ha dejado duras lecciones. Y lo mismo espero de Ud. que no se deje engañar de los traidores y falsos partidarios de la causa revolucionaria. Ya ve usted a Pascual Orozco hijo. Que después de distinguirse por su patriotismo y buenas intenciones a favor de la patria hasta llegar a ocupar un lugar preferente en la historia de nuestro país, volteó sus armas contra la patria e hizo causa común con los traidores de ella. Y ahí lo tiene usted maldecido por todos los que se creen con derecho de llevar el nombre de los mexicanos. ¿Y por qué?, por haberse dejado engañar de los falsos partidarios de la causa del pueblo.

Por eso mismo digo a usted y como usted me indica igualmente, que no debemos dejarnos engañar de nuestros enemigos. Tengamos cuidado de aquellos falsos idealistas que a la postre se convierten en furibundos personalistas. Tengamos cuidado de aquellas personalidades que con su careta de idealistas hacen la ruina de la patria. Ya ve usted y por experiencia, que las causas personalistas jamás han hecho la felicidad de la Nación, pues al contrario siempre fueron, son y serán las causas de las desgracias de la República.

Ahí está la historia si los tristes acontecimientos de tres largos años de guerra no fueron bastantes para demostrarlo. Por eso vuelvo a repetir a usted que debemos fijarnos bien en todos nuestros compañeros y falsos partidarios para no dejarnos sorprender, a fin de que la causa no sea traicionada y el pueblo burlado de sus esperanzas”. Zapata: 19 de enero de 1914, desde Campamento Revolucionario en Morelos; a Villa; Ciudad Juárez, Chihuahua.

“… En cuanto a trabajos que dice Ud. han estado haciendo enemigos para dividirnos y provocar fricciones entre el Sur y el Norte, ya tenía yo conocimiento de ellos, pero eso no debe de preocuparnos porque las fuerzas de Ud. y las mías se ha unido en fraternal abrazo y ellas tienen que volver al país la tranquilidad y la calma castigando a los políticos intrigantes que a ellos se opongan. Precisamente muchos hombres intrigantes y pérfidos han tratado de acercarse á mí para inculcarme desconfianzas y recelos respecto á Ud.; pero yo le aseguro con toda ingenuidad de mi corazón que nunca les he dado crédito, que castigare con mano dura á los que pretendan dividirnos, que conservare para Ud. los mismos sentimientos de amistad y cariño y que sigo siendo el mismo amigo que Ud. tuvo la oportunidad de conocer en México”. Villa: 27 de diciembre de 1914; único dato de origen; Cuerpo del Ejército del Norte; a Zapata, en Puebla o donde se encuentre”.

“Nosotros, los ignorantes que hacemos la guerra”

Las cartas o notas intercambiadas por el “Centauro del Norte” y el jefe del “Ejercito Libertador del Sur y Centro”, fueron reunidas a lo largo un exhaustivo trabajo de investigación por el documentalista mexicano Armando Ruiz en una obra titulada “Nosotros, los ignorantes que hacemos la guerra”.
El nombre corresponde a la cita textual de un párrafo contenido en una de las misivas.
¿Fue Villa o Zapata quien lo escribió o dictó a uno de sus secretarios?
Lo mismo da porque, pese a tratarse de personalidades muy diferentes, uno de los rasgos compartidos mas sobresalientes fue su convencimiento de que intelectualmente no estaban preparados para otra cosa que no fuese la guerra.
Hay en esto una buena dosis de mal entendida modestia, porque para librar una guerra revolucionaria como ellos lo hicieron hace falta bastante más que una educación académica. Pero, por sobre todo, lo subrayable (o censurable) es su absoluta falta de ambición de poder.

Estaban convencidos de que su papel estaba en el campo de batalla. Que de capitalizar sus victorias militares en el terreno de la política se encargaran otros “no ignorantes”: militares de carrera, intelectuales, pequeño-burgueses, profesionales o políticos a tiempo completo.

Prueba de ello es que cuando sus fuerzas ocuparon la capital del país y ellos se instalaron en la máxima sede del poder político –el Palacio Nacional– teniendo todo a su favor para dirigir desde allí el destino de la Revolución y de la República, se marcharon a los pocos días.

Tal vez esa fue su gran equivocación.

El Plan de Ayala

La correspondencia demuestra que la autovaloración de los caudillos era errónea. Zapata estuvo entre los primeros en reivindicar la Reforma Agraria, no solo en su estado natal, Morelos, sino en todo México. Villa, por su parte, aunque nunca recibió una educación formal, construyó su ideario revolucionario con las enseñanzas de personajes como el acaudalado terrateniente liberal Abraham González (en Chihuahua) y el General Gildardo Magaña Cerda, tal vez uno de los jefes zapatistas menos nombrados y más interesantes. Formado en Estados Unidos (como González), adhirió al anarcosindicalismo, primero, para incorporarse, después, al Ejercito Libertador del Sur. Se afirma que en 1912, estando preso en la penitenciaría del Distrito Federal, coincidió con Villa, a quien enseño a leer y escribir, inculcándole las ideas del agrarismo contenidas en el Plan de Ayala. Por otra parte, Villa, convertido ya en el “Centauro del Norte” nunca perdió de vista la importancia de las relaciones internacionales. Ya fuese para lidiar con el poderoso vecino de su principal zona de operaciones: los Estados Unidos de Norteamérica –por medio de la diplomacia o las armas–, como para analizar las relaciones de Japón y Alemania con sus enemigos.

Una de las preocupaciones centrales que se desprenden de las primeras cartas de Zapata – enfrentado a Madero por la falta de contenido agrario de su acción de gobierno - es la necesidad de que Villa defienda y luche “siempre por el exacto cumplimiento del Plan de Ayala”, proclama política de 1911 en la que el jefe sureño, además de desconocer al gobierno de Francisco Madero, llama a tomar las armas para recuperar las tierras expropiadas a los pequeños campesinos (“la tierra para quien la trabaja”).

El Plan de Ayala sostuvo que las tierras le fueron arrebatas al pueblo por caciques, hacendados y terratenientes y que, por lo tanto, debían ser devueltas a sus dueños originales. Para ello exhortó a estos a presentar sus títulos de propiedad –la mayoría de carácter comunal y originados en el virreinato–, los cuales habían sido declarados sin valor por las Leyes de Reforma, de Benito Juárez.

Con el ajusticiamiento de Madero (a quien Villa siempre apoyó y por quien sintió un especial afecto al punto de llorar sobre su tumba), a principios de 1913, desapareció el principal obstáculo para la unificación de las fuerzas del Sur y del Norte. Ambos caudillos repudiaron al usurpador del poder y asesino de Madero, Victoriano Huerta, y, por lo tanto, en carta del 31 de octubre de ese año Zapata nombra a Villa “Jefe de la Revolución” en el estado de Chihuahua y le anuncia el envío de una comisión para tratar, la unificación de sus fuerzas, la coordinación de operaciones y la adquisición de pertrechos de guerra.

Lo curioso de ese “nombramiento” es que se produjo antes de la formación oficial del Ejercito del Norte, en el ínterin del regreso de Villa a Chihuahua con una fuerza de apenas nueve hombres y sus primeras victorias militares (Casas Grandes y Ciudad Juárez) que, en poco tiempo, lo llevarían a alcanzar el cargo de gobernador provisional de ese Estado.

En enero de 1914 Zapata insiste en recordarle que “los ideales de la revolución del Sur y Centro han sido, son y seguirán siendo de “Tierra y Libertad”, que son las esperanzas y los anhelos del pueblo mexicano.”

Y el 21 de agosto de ese año, desde su cuartel de Yautepec, el comandante del Ejercito Libertador del Sur y Centro vuelve a escribirle al “Centauro del Norte” para manifestarle que”…siempre le he creído hombre patriota y honrado, que sabrá sostener la causa del pueblo bien definida en el Plan de Ayala, porque del cumplimiento de todas las cláusulas del expresado Plan de Ayala, depende la paz de la nación”.

Contra los usurpadores

De su correspondencia y accionar se desprende que ambos caudillos siempre tuvieron claro un principio político fundamental: las instituciones de la Republica, incluida la Presidencia, solo podían surgir de un proceso que debía comenzar con una junta de los principales jefes revolucionarios de los distintos estados, para que nombraran a un presidente interino. Este sería el encargado de convocar a elecciones para la formación de un nuevo Congreso de la Unión que, a su vez, llamaría a comicios para la integración de los demás poderes.

Ese procedimiento estaba contemplado expresamente en el artículo doce del Plan de Ayala. Cualquier otro mecanismo o subterfugio utilizado por militares o políticos espurios, oportunistas y personalistas, sería rechazada, como de hecho lo fue, por Zapata y Villa.

En el curso de una Revolución, el poder no podía provenir de otra cosa que no fuera de la boca de los fusiles victoriosos, representados “por los principales jefes revolucionarios de los distintos estados”.

Por eso, no dudaron un instante en desconocer y enfrentar al traidor Huerta:

“…para que con las fuerzas que ya existen lo mismo que con las que en lo sucesivo reúna y organice, active la campaña que se emprende contra los defensores del mal Gobierno ilegal de Huerta, hasta llegar a atacar a la Capital de la República en unión de las tropas insurgentes del Sur y Centro…”. Zapata: 23 de octubre de 1913; desde el “Campamento Revolucionario de Morelos”; a Villa, en “su campamento”.

En cuanto a Carranza, quien tras la derrota de Huerta había ingresado con el Ejercito Constitucionalista en la capital para tomar el poder:

“…pues tengo conocimiento de que el señor Carranza, pretende burlar los principios del referido Plan (de Ayala) al intentar sentarse en la silla presidencial, sin la votación de los jefes revolucionarios de la república, lo cual es muy peligroso porque por ese procedimiento la guerra seguirá hasta su fin, pues los revolucionarios que sostenemos el citado Plan, de ninguna manera permitiremos que sea burlado en lo más insignificante. Espero que en usted seguiré viendo al hombre patriota y honrado, que sabrá adherirse a nuestra bandera y defenderla con desinterés como hasta hoy viene luchando y esté usted seguro que de esa manera haremos la paz y prosperidad de la república, pues crea usted que la formación del gobierno provisional, es la base fundamental de la gran obra popular que mejorará la condición social de nuestro pueblo y le salvará de la terrible miseria que le envuelve hace tiempo. Así es que, mi buen amigo, espero que me ayudará a llevar a cabo la implantación de nuestro programa en bien del pueblo mexicano.

Sin otro asunto de momento, lo saludo y le deseo todo género de felicidades.

Soy de usted afmo. atto. amigo y seguro servidor”. Zapata; 21 de agosto de 1914; desde el “Cuartel general en Yautepec”; a Villa, en Torreón, Coahuila.

“Muy estimado general y buen amigo:

Confirmo mis cartas anteriores de fechas recientes y nuevamente manifiesto a usted que ha llegado el momento solemne de que el gobierno provisional de la república se establezca y ahora más que nunca debemos tomar empeño para que los ideales del pueblo mexicano, que están bien definidos en el Plan de Ayala, no sean burlados, pues que el gobierno provisional debe ser netamente revolucionario para garantía de la causas del pueblo que es el Plan de Ayala, pues nada más justo que el presidente provisional sea electo por votación directa de todos los jefes revolucionarios del país, tal y como lo dispone el artículo doce del Plan de Ayala, porque de no ser así esté usted seguro que la guerra continuará según dije a usted antes en otra correspondencia, si mal no recuerdo fue el día 19 de enero del presente año, lo mismo que por la carta que dirigí al señor general Lucio Blanco, de la cual adjunto copia, verá usted que los sostenedores del Plan de Ayala, estamos dispuestos a que la guerra siga hasta su fin si alguien
pretende pisotear los intereses del pueblo, burlando el programa revolucionario definido en el Plan de Ayala.

Yo confío en su patriotismo, pues siempre le he considerado buen patriota, que se preocupa por el bienestar del pueblo y nunca jamás por que una o dos personas se aprovechen y lucren a la sombra de la revolución.

Nuestro mutuo amigo el señor general Magaña, hablará a usted extensamente sobre los adelantos de esta gran revolución popular, que hace varios años estalló con un puñado de hombres y ahora cuenta con más de sesenta mil máuseres en manos de soldados patriotas, que están prontos a sacrificarse en aras de la bandera que defienden antes que permitir que sea burlada.

Sin otro particular de momento y deseando que usted se conserve bien, me repito su afmo. atto. amigo y seguro servidor”.Zapata; 25 de agosto de 1914; desde el “Cuartel General en Yautepec”; a Villa; en Chihuahua.

“Muy estimado compañero y fino amigo:

No pudiendo ya esta División del Norte que es a mi mando tolerar por más tiempo la conducta antipatriótica de Venustiano Carranza que tiende por todos conceptos a desunirnos, a sembrar la ruina en el país y a inspirar la desconfianza en el extranjero y viendo fundadamente que sus miras son personalistas y que para él la felicidad del país es un mito y le interesa poco o nada; todos mis generales y yo comprendiendo que es absolutamente indispensable y necesario salvar cuanto antes a nuestra patria del precipicio a que quiere lanzarla con sus inconsecuencias y caprichos el llamado Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, con esta fecha lo hemos desconocido como jefe de la nación, y desde luego nos aprestamos a hacerlo que entregue el poder a los verdaderos representantes del pueblo.

Como Venustiano Carranza es obstinado y en él no existe ni el más pequeño átomo de patriotismo, antes de abandonar el poder tendrá que luchar, por cuyo motivo ya me preparo para marchar inmediatamente a la capital de la República y si no se rinde atacarlo y darle el castigo que merece.

Usted cuyos sentimientos patrióticos y buenas intenciones en favor del pueblo son bien conocidos, habiéndolo demostrado con la actitud que ha asumido desde el año de 1910 en que ha luchado con constancia por el bienestar del pueblo mexicano, se servirá esta vez como en las anteriores poner sus servicios tan valiosos a la disposición de la causa del pueblo. Por consiguiente espero con todo fundamento que usted, inspirándose en el mismo sentimiento que yo, desconocerá también a Venustiano Carranza y equipará y preparará convenientemente sus fuerzas para que tan luego como yo me aproxime a la capital de la República, en combinación con mis fuerzas la ataquemos e implantemos las autoridades que han de preocuparse por el verdadero engrandecimiento de nuestra patria.

El portador de la presente, enviado de usted, a quien he tenido el gusto de recibir y atender con las consideraciones que se merece, dará a usted más detalles y explicaciones sobre el particular, no dándoselas yo en esta carta por el poco tiempo de que dispongo para ello, en virtud de tener que preparar inmediatamente y con toda urgencia nuestra marcha hacia el Sur a fin de que el movimiento tenga más éxito y el golpe sea más certero.

Esperando tener el gusto de estrechar pronto su mano me es grato ofrecerme como su afmo. compañero, amigo y S. S”. Villa: 22 de setiembre de 1914: desde Chihuahua, Chihuahua; a Zapata “Donde se encuentre”.

Finalmente, tras superar todo tipo de maniobras y trampas, ambos jefes lograron, mediante la superioridad de sus fuerzas y la firmeza de sus principios, imponerle a Carranza su objetivo de reunir a todos los jefes revolucionarios (zapatistas, villistas y carrancistas) en la “Soberana Convención Revolucionaria” de Aguascalientes, en la que Eulalio Gutiérrez fue electo como presidente interino de la República., en medio de la ovación de todos los presentes.

Carranza desconoció ese nombramiento.

“En vista de que el señor don Venustiano Carranza, y algunos otros jefes militares y gobernadores de la República, han desconocido las decisiones de la Gran Convención Militar Revolucionaria que tuvo lugar en esta población, y de manera expresa y terminante se ha declarado rebelde, desconociendo el nombramiento hecho por la asamblea en favor del general Eulalio Gutiérrez como Presidente provisional de la República, de acuerdo también con los delegados que usted mandó, y negándose a entregarle el poder el día de hoy, que expiró el plazo que le puso la Convención; ha llegado el momento que se rompan las hostilidades de manera decisiva y vigorosa en contra de aquel mal ciudadano, y mañana mismo empezaré mi avance rumbo a la capital de la República, cuya plaza espero tomar dentro de poco tiempo, pues cuento con suficientes elementos para ello.

Como según parece, el núcleo más poderoso de fuerzas enemigas se encontrará en el Estado de Puebla, le recomiendo que al recibo de la presente se sirva usted disponer que el mayor número posible de las fuerzas de su mando se sitúen entre México y Puebla, a fin de interceptar el paso de fuerzas que Carranza tratará de enviar a la capital de la República.

Confío en que pondrá usted toda su actividad y empeño en realizar este movimiento de tropas a la mayor brevedad posible, pues es muy importante su ayuda y cooperación para el mejor resultado de las operaciones militares que yo emprenderé sobre la capital.

Saludándolo con el afecto de siempre, y esperando tener el gusto de abrazarlo muy pronto, quedo de usted afmo. amigo, compañero y seguro servidor”. Villa; 10 de noviembre de 1914, desde Aguascalientes; a Zapata, en el Estado de Morelos.

Como, tras el desconocimiento de Gutiérrez, Carranza había ordenado la salida de todas sus fuerzas de la capital, para establecer un gobierno de facto en Veracruz, el camino para que los verdaderos revolucionarios tomaran el poder estaba expedito….

La ocupación de la capital

“Creo oportuno participarle, que no entraré a la Capital de la República con las fuerzas de mi mando, hasta que no tenga el gusto de hacerlo en compañía de usted; pues deseo que todo el mundo se dé cuenta de que estamos unidos fraternalmente y dispuestos a hacer toda clase de esfuerzos y sacrificios, por el bienestar y tranquilidad de nuestra patria por la que tanto hemos luchado, usted en las montañas del Sur y yo en las estepas del Norte.

Reitero a usted las seguridades de mi consideración y aprecio”. Villa; 1 de diciembre de 1914; desde el “Campamento de Tacuba, Distrito Federal”, a Zapata “donde se encuentre”.

En realidad, Zapata se le había adelantado. Prácticamente el mismo día de la salida de las tropas de Carranza, el Caudillo del Sur y sus hombres ingresaron sigilosamente en la capital y se apoderaron del Palacio Nacional.

Si este “corrido” (canción popular), anónimo, tiene algún apego a la verdad, el hecho ocurrió, mas o menos, así:

Voy a cantarles señores,
lo que ayer nos ocurrió,
que el general Emiliano
por San Lázaro llegó.
Llegó a la Escuela de Tiro
y luego se fue al hotel
que queda muy inmediato
y pasó la noche en él.
Dijo que muy poco tiempo
aquí va a permanecer,
pues se ausenta para Puebla
a cumplir con su deber.
Fue noviembre veintisiete
cuando esto se anunció,
y el veintiocho en la mañana
hasta Palacio llegó.
Todos los exfederales
con uniforme de gala
en correcta formación
lo esperaron a su entrada.
Las campanas repicaron,
las salvas se sucedieron
y las armas descargaron
las guardias que lo supieron.
El pueblo sin ser llamado,
muy luego se presentó
a darle la bienvenida
por su entereza y valor.

Viva Zapata, señores,
digan todos a una voz,
¡Viva Zapata! que a México
la paz nos viene a traer.
Los soldados de Zapata
son humildes y sinceros,
no son cual los carrancistas
orgullosos y altaneros.
Con traje de labradores
van por la ciudad pasando,
y sin causar mal a nadie
de honradez ejemplo dando.

Sin embargo, Zapata y sus hombres permanecieron poco tiempo en la ciudad y se retiraron a las afueras en espera de la llegada de Villa.
El histórico encuentro entre los máximos jefes revolucionarios se produjo en Xochimilco el 4 de diciembre de 1914 y dos días después, al frente de unos 50 mil hombres, hicieron su famoso ingreso en la capital y el Palacio Nacional.
La explicación de porque decidieron abandonarlos al cabo de unos días no puede deducirse de ninguna de las cartas, aunque las fechadas con posterioridad a ese hecho confirman la historia conocida:

Mientras Carranza preparaba su contraataque desde Veracruz, Obregón se desplazó hacia el Norte en una operación de “pinzas” para cercar al enemigo en el centro del país. Por lo tanto, los dos caudillos no pudieron concretar su propósito de unificar sus ejércitos y debieron volver al antiguo esquema; Zapata se dirigió a combatir a los carrancistas en Puebla con el objetivo estratégico de llegar a Veracruz, mientras Villa regresó al Norte con un doble propósito: consolidar su autoridad político-militar y combatir a Obregón.

Pero, mientras el primero consiguió “limpiar” de carrancista el estado de Puebla y no fue mas lejos por falta de armamento y municiones, el segundo sufrió las ya mencionadas derrotas y, persuadido de que el enemigo principal eran los Estados Unidos de Norteamérica, cuyo gobierno había reconocido a Carranza como presidente, facilitando sus operaciones bélicas a través de la frontera y abasteciéndolo de pertrechos bélicos, decidió enfrentar al vecino del Norte.
“Actualmente podemos felicitarnos de haber alcanzado una nueva victoria, pues con la toma de esta plaza que tuvo lugar ayer, ha quedado limpio de carrancistas el estado de Puebla. La ocupación de esta ciudad vino a ser el término de una serie de combates desarrollados durante los días 12, 13, 14, 15 y hoy al amanecer, habiéndose tomado las plazas de San Martín Texmelucan, Frailes, San Jerónimo y Cholula, y otras de menor importancia que no obstante su insignificancia como poblaciones, contenían crecido número de enemigos por sus condiciones estratégicas.

Cuando nos veamos tendré el gusto de referir a usted con detalle todas y cada una de las operaciones llevadas a cabo, las que dieron por resultado la ausencia del carrancismo. Espero tendrá usted la bondad de informarme del resultado de sus trabajos, en la creencia de que ya irán muy adelantados también”. Zapata; 16 de diciembre de 1914; desde Puebla; a Villa; en “su campamento”

“Como Ud. sabrá tenemos sitiado al enemigo carrancista tanto en la Ciudad de México como en Puebla y las fuerzas de mi mando, constantemente lo hostilizan haciéndole numerosas bajas; solamente a la escasez de parque se debe que no hayamos tomado la Ciudad de México, pues mis tropas están bastante bien dispuestas; en este concepto, he de merecer a Ud. se sirva mandarme la mayor cantidad que pueda, de parque mausser siete milímetros, treinta treinta y de cañón, pues estas municiones son indispensables para violentar la toma de las plazas de México y Puebla y continuar el ataque al Puerto de Vera-Cruz”. Zapata; 20 de febrero de 1915; desde Cuautla, Morelos: a Villa; en “su cuartel general”. (Villa nunca pudo satisfacer esa demanda).

“En estos días he estado sosteniendo rudos combates con la columna de Álvaro Obregón, que en número de diez y seis a diez y ocho mil hombres pretende avanzar hacia el Norte y creo que si fuerzas de usted atacan al enemigo por la retaguardia y avanzan rápidamente hasta Querétaro o sus cercanías, se obtendrá el éxito apetecido y el enemigo tendrá que fijar su atención en dos partes y dividir su columna. No dudo que, convencido usted de lo importante que es aniquilar a Obregón, me ayudará a derrotarlo y efectuará los movimientos que indico”. Villa; 17 de abril de 1915; desde Irapuato; a Zapata; “su Cuartel General, donde se encuentre”,

Contra los Estados Unidos

Ese ex bandolero y cuatrero “ignorante” –según su propia valoración– y “asesino implacable” –según sus enemigos de siempre– llamado José Doroteo Arango Arámbula, quien paso a la historia de México y el mundo como Francisco “Pancho” Villa, fue uno de los precursores del antiimperialismo latinoamericano.

Junto al cubano José Martí estuvo entre los primeros en comprender que una auténtica Independencia y una transformación revolucionaria en las relaciones de producción y condiciones de vida de las naciones y pueblos oprimidos de América Latina eran – y son – impensables sin un cambio en la correlación de fuerzas con los Estados Unidos de Norteamérica.

No es que haya teorizado al respecto. Su vida y sus luchas – probablemente contra su voluntad de hombre de acción – lo proyectaron a la categoría de un estadista capaz de analizar y valorar la importancia de las Relaciones Internacionales, especialmente con Washington, para la marcha y el destino de un proceso revolucionario tan próximo y tan dependiente, en términos económicos, políticos y militares, a la Nación llamada, según un supuesto “destino manifiesto” a reemplazar a España, primero, y a Gran Bretaña, después, en el dominio de todo el continente.

Como estadista y conciente de las debilidades y limitaciones del proceso revolucionario que dirige junto con Zapata, primero priorizó la vía político- diplomática:

“Pasando a otro asunto, debo manifestarle que de algunos días a esa parte, es muy sospechosa e inquietante la actitud del Gobierno de los Estados Unidos para nosotros. Por mucho tiempo nos han dejado más o menos tranquilos para que dilucidemos nuestras cuestiones y las decidamos como mejor nos plazca, pero últimamente, ya sea por la necesidad de garantizar los intereses y vidas de sus nacionales, por la presión que sobre el Gobierno americano ejerzan las potencias extranjeras, deseosos de que la paz se haga para poder beneficiar a sus nacionales o ya, más bien, para impresionar al pueblo americano en favor del partido democrático o para preparar la reelección de Wilson en los próximos comicios, lo cierto es que, aquella actitud prudente y mesurada se ha tornado en agresiva y violenta. Claro está que, por nuestra parte y como hombres de honor y de vergüenza, rechazaríamos la injuria con la injuria y jamás permitiremos que nuestro suelo fuera hollado; pero con temeridad y heroísmo no salvaríamos de los peligros que pudieran envolverla, a nuestra Patria. Necesitamos buen criterio, unidad, talento y no poco desinterés. En mi concepto y salvo la mejor opinión de usted, es indispensable trabajar eficazmente porque se unan de hecho, no solamente los elementos dispersos del Gobierno sino hasta nuestros propios Ejércitos.

Ustedes naturalmente, desearan conservar la zona que controlan, puesto que conocen perfectamente el terreno y pueden disponer de sus elementos naturales; pero aunque nosotros quisiéramos marchar a esa zona con el fin de unirnos con usted, tropezaríamos con graves inconvenientes fracasarían en absoluto nuestros esfuerzos, por las siguientes razones: Una vez internados en el centro de la República y dejando enemigos poderosos a la retaguardia, quedaríamos cortados de nuestra base de operaciones y aprovisionamiento; nos faltaría en absoluto la comunicación con los Estadios Unidos del Norte; perderíamos la región carbonífera y quedaríamos en la imposibilidad de mover nuestros trenes por falta de combustible, Serían insuficientes los recursos naturales de la región que ustedes dominan, para abastecer y aprovisionar convenientemente a todas las fuerzas de mi mando. Colocados en tan difíciles circunstancias, no nos podríamos pertrechare ni municionar nunca y acabaría nuestro Ejército por inanición. En dilema tan desagradable y tan crítico, no me queda otra cosa más, que proponerle: o bien que salga todo el Ejército suriano hacia el Norte a ponerse en contacto con las fuerzas de mi mando, o en último caso, si el Ejercito no quiere usted movilizarlo, darle facilidades a la Honorable Convención para que traslade su residencia a alguna de las ciudades más importantes que estamos dominando en esta zona; naturalmente, dándole las facilidades posibles y permitiendo que vengan los apreciables representantes de usted.

Esta maniobra tiene una trascendencia más alta y favorable que pueda usted imaginarse; pues una vez llevándolo a cabo, obtendríamos indudablemente el reconocimiento de nuestro Gobierno por el de los Estados Unidos, y esto significaría el triunfo completo y definitivo de nuestro partido.

En vista de todo lo manifestado, apelo a su patriotismo, talento y honradez de usted, para que autorice el traslado de la Honorable Convención, ordenando al mismo tiempo que, algunas de las fuerzas de usted escolten a tan respetable Cuerpo y se le faciliten los medios de transporte que usted pueda dispone”r. Villa; 12 de junio de 1915; desde Aguascalientes; a Zapata; “donde se encuentre”.

Después, como guerrero revolucionario, ante el fracaso de la primera vía, optó por la acción bélica, por desatinada o descabellada que pudiera parecer. ¿Cuántas veces en el curso de la historia, un golpe de mano, una operación “imposible”, una táctica novedosa o sorprendente, cambio el curso de los acontecimientos? ¿Cuántos hombres sobrevivieron en el desembarco del “Granma” para permitirle exclamar a Fidel Castro “¡Ya triunfamos!” ¿Ocho, nueve?

Por eso se lanzó sobre Columbus y después de burlar la “operación punitiva” comandada por Pershing, pensó en una guerra en mayor escala. Pasar a la ofensiva, porque el poder norteamericano –como lo haría hasta nuestros días en toda América Latina– estaba decidido a acabar con la Revolución.

“Supongo que ha de estar bien informado acerca de la situación general de nuestro país; pero si por cualquier circunstancia no estuviese al corriente de los acontecimientos que últimamente se han desarrollado en la parte Norte de la República, me voy a permitir hacérselos saber a continuación

Como anuncié a Ud., en varias cartas que tuve el gusto de dirigirle de Aguascalientes, Torreón y otros puntos, el nuevo plan de campaña que en aquella época decidimos desarrollar los Generales del Ejército del Norte, consistía en reconcentrar todas las fuerzas de mi mando al Estado de Chihuahua para invadir inmediatamente el de Sonora,
terminar allí la campaña que en contra del enemigo tenía iniciadas las fuerzas convencionistas que operan en dicha entidad y llevármelas juntamente con mi columna por Sinaloa, Tepic, Jalisco y Michoacán, hasta tener el placer de llegar a donde Ud. se encontrara. Naturalmente que este movimiento me ofrecía facilidades y ventajas en virtud de encontrarse el principal núcleo de carrancistas al mando de Obregón ente San Luis Potosí, Zacatecas, Saltillo y Monterrey, en donde había logrado dejado embotellado, por medio de intrépidos y atrevidos movimientos de mis tropas que destruyeron las vías de comunicación, impidiendo al enemigo todo movimiento rápido de avance y retroceso.

Desgraciadamente mis proyectos se vieron frustrados porque el enemigo contó con el apoyo indebido y descarado del Gobierno Americano. Excuso decir a Ud. las innumerables fatigas y penalidades que sufrieron mis fuerzas en una jornada de 25 días a través de la árida y abrupta Sierra Madre, trasportando 42 cañones de grueso calibre por lugares donde no hay caminos carreteros y hasta se dificulta el paso de los jinetes. Pero todas esas vicisitudes fueron vencidas por mis tropas con el estoicismo propio del soldado que lucha por convicciones, y encontrándonos a inmediaciones de Agua Prieta y en vísperas de atacarla llegó al enemigo por territorio Americano y en trenes, un refuerzo de cinco mil carrancistas que el gobierno de los Estados Unidos permitió pasar.

¿Puede registrarse mayor acto de ofensa para el pueblo mexicano y ataque a su Soberanía Nacional?

Por un rasgo excesivo de delicadeza y dignidad por parte mía y deseando evitar un conflicto armado con los Estadios Unidos, impedí a mis fuerzas que se lanzaran desde luego sobre territorio americano como querían hacerlo con toda justificación, para castigar a los que impunemente se burlaban de nuestros sacrificios sin más derecho que el de la fuerza.

A medida que continué mi avance hacia las plazas situadas a lo largo de la frontera en el estado de Sonora, los carrancistas se movilizaban en trenes por territorio americano con el objeto de atacarme y ocuparlas antes que yo. En Nogales, con un cinismo y descaro que avergüenza y hace estallar en cólera el decoro y dignidad de mi raza, los soldados americanos, al acercarse los carrancistas y aprovechándose de la confusión que reinaba en esos momentos, hicieron fuego sobre nuestras tropas.

Encontrándome ya frente a Hermosillo supe que el enemigo, contando con la ayuda de los americanos, pensaba movilizarme en trenes por Estados Unidos para toma Ciudad Juárez. Como al lograrlo me privaba de mi base de aprovisionamiento y me perjudicaba con ello enormemente, traté de impedirlo dirigiéndome violentamente al Estado de Chihuahua a través de la Sierra Madre.

Por muchos motivos no pude llegar a tiempo y mis presentimientos desgraciadamente se habían realizado, encontrándome Ciudad Juárez en poder del enemigo. Aunque contaba con fuerzas aguerridas y en buen número para emprender una enérgica embestida contra el enemigo y arrojarlo fuera del Estado que ha sabido se heroico cuantas y cada vez que lo reclama el bienestar del país, quise tratar ese asunto en Junta de Generales para estudiarlo detenidamente.

En dicha reunión, todos los Generales y Jefes del Ejército que es a mi mando, quedamos convencidos plenamente de que el enemigo común para México es actualmente Estados Unidos y de que la integridad e independencia de nuestro país está a punto d perderse si antes todos los mexicanos no nos unimos y con las armas en la mano impedimos que la Venta de la Patria sea un hecho. Porque ya ha de conocer Ud. los tratados que Carranza celebró con el Gobierno de Washington. En ellos se compromete a ceder a los Estados Unidos la Bahía Magdalena por el término de 99 años, así como los ferrocarriles del Istmo de Tehuantepec y Nacionales y las concesiones solicitadas en la zona petrolífera. Además, los Ministros de Hacienda, Gobernación y Relaciones Exteriores del Gobierno Mexicano deben ser nombrados a gusto de la Casa Blanca. A cambio, se les hará un préstamo a Carranza de quinientos millones de dólares que cubrirá con los impuestos que recauden en las aduanas terrestres y marítimas y con las fuentes de ingresos públicos, para lo cual deberán ser nombrados interventores por el Gobierno Americano.

Por lo anterior, verá Ud. que la Venta de la Patria es un hecho, y en tales circunstancias y por las razones expuestas anteriormente, decidimos no quemar un cartucho más con los mexicanos nuestros hermanos y prepararnos y organizarnos debidamente para atacar a los americanos en sus propias madrigueras y hacerles saber que México es tierra de libres y tumba de tronos, coronas y traidores.

Con el objeto de poner al pueblo al tanto de la situación y para organizar y reclutar el mayor número posible de gente con el fin indicado, he dividido mi Ejército en guerrillas y cada jefe recorrerá las distintas regiones del país que estime convenientes, mientras se cumple el término de seis meses, que es el señalado para reunirnos todos en Chihuahua con las fuerzas que se haya logrado reclutar y hacer el movimiento que habrá de acarrear la unión de todos los mexicanos.

Como usted es mexicano honrado y patriota, ejemplo y orgullo de nuestro pueblo y corre por sus venas sangre india como la nuestra, estoy seguro de que jamás permitirá que nuestro suelo sea vendido y también se aprestará a l defensa de la Patria.

Como el movimiento que nosotros tenemos que hacer a los Estados Unidos sólo se puede llevar a cabo por El Norte en vista de no tener barcos, le suplico me diga si está de acuerdo de ir personalmente a encontrarlo y juntos emprender la obra de reconstrucción y engrandecimiento de México, desafiando y castigando a nuestro eterno enemigo, al que siempre ha de estar fomentando los odios y provocando dificultades y rencillas ente nuestra raza”.Villa; 8 de enero de 1916; desde la Hacienda San Jerónimo, en Chihuahua; a Zapata, en “su campamento, donde se encuentre”.

En este texto solo se comentan y reproducen párrafos de algunas de las 27 cartas contenidas en el libro de Ruiz. Un análisis aparte ameritaría, por ejemplo, la negociación entre los dos caudillos para consensuar un candidato a la Presidencia interina; un verdadero modelo de cómo llegar a un acuerdo político desde posiciones divergentes, en aras de intereses superiores.

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