viernes, 12 de noviembre de 2010

John Le Carré: Un traidor como los nuestros

Francisco Vélez Nieto (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Traducción de Carlos Milla Soler. Editorial Plaza Janés

Todo es adentrarse en la lectura de “Un traidor como los nuestros” reciente novela de John Le Carré y se encuentra uno como más confirmado en los criterios en cuanto la situación real del mundo donde se intenta ir tirando. La novela, como toda obra de ficción magistralmente escrita, confirma y avisa, por si se anda distraído, y olvida la ciénaga en la que se ha convertido nuestra sociedad. Por lo que una vez más volvemos a repetir como la ficción supera la realidad, sin que el autor caiga en las soluciones fáciles del empecinamiento sectario con fe de carbonero.

Le Carré, sin ser izquierdista, como en todas sus novelas, parece asumir con claridad los consejos literarios de Engel (el compañero y protector de K Marx) aquellos tan olvidados por los revolucionarios de festivos y fines de semana. Y es que aquí toda la ficción se convierte a medida que se van devorando hojas en inquietud, interesada por el pan nuestro que nos venden cada día si se dispone de las monedas necesarias para su compra.

Todo se vende y se comercializa en esta aventura literaria de espionaje, donde el blanqueo continuo del oscuro y poderoso señor don dinero queda al descubierto, mientras las tramas con sus lances de las altas esferas en cuya trastienda se hallan los hilos del poder de quienes gobiernan, pregonan y nos sermonean manifestando todo lo mucho bueno que hacen por nosotros y por la patria con un populismo espeluznante.

Y viene al pelo esto de los revolucionarios sectarios de fin de semana y festivos, que bien alimentados y oliendo a universo (lo de universo es de César Vallejo enorme poeta), que en su lucha de clase ociosa en favor del proletariado condenan como quien espera el alba de la revolución a Vargas Llosa igualándolo a un maleante. De tal manera que tendríamos que poner en fila a todos los “maleantes” literarios al borde de esa fosa común: por ejemplo Lezama Lima, Proust, Camus, Tolstoi, Chejov y paro de contar para no quedarme sin espacio. Y todo, por esas razones, al parecer contundentes, de que Vargas Llosa ha ganado el Premio Nóbel por ser de derechas.

Pero volvamos a la ficción literaria pues pienso que Le carré, que no creo sea rojete los fines de semana, nos muestra un sentido crítico de nuestra sociedad bastante transparente:”El gobierno es una mierda, la mitad de los funcionarios han salido a comer. El Foreign no es más útil que un sueño húmedo, el país está en quiebra, y los banqueros se apropian de nuestro dinero y nos hacen un corte de mangas” Sumémosle todos los miles de millones de dólares o euros que se blanquea en la cotidianidad diaria, la corrupción en las altas esferas, esos los acuerdos sin fronteras y aduanas que se suelen producir entre los de arriba partiendo que de noche todos los gatos son pardos.

Y con este panorama escaparatil de puertas para afuera, Le Carré nos introduce con toda frialdad y crudeza en un mundo donde la corrupción puede trajinar cómodamente con la comunión diaria de aquellos que tienen el fingimiento a mano y la conciencia tranquila y garantizada bajo la batuta y las mitras de los poderes establecidos.

Con estos mimbres el escritor sin olvidar su fino humor británico, ofrece con cuidado estilo literario, un desfile de calculadas intrigas en ese mundo adulterado de las altas esferas que nos arrastra en procesión cada uno con su vela y su entierro. Siendo la única consolación que todos somos de casta de muertos, aunque siempre la vida material en la tierra y espiritual allá en el cielo, continuará sin eliminar las clases sociales ni atender a ese enorme escritor compatriota de Vargas Llosa bautizado con el nombre de César Vallejo un día que Dios estuvo enfermo.

Perry es el hombre, la mujer Gail. Joven pareja que junto a Dima el mafioso con corazón para cuestiones íntimas, forma el ejemplar trío que protagonizan esta inquietante y provocadora novela. Diría, una de las mejores del autor que fue espía en la Europa del frió con el muro de Berlín por medio. No deseo que moleste la repetición, pero es que se representa la tragedia y comedia de una obra magistralmente escrita, cuyo contenido confirma la calidad y valentía sin tapujos de este excelente narrador no ajeno a la realidad social y política donde chapaleteamos.

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