viernes, 19 de noviembre de 2010

A los cien años de la muerte de León Tolstoy, dos grandes maestros de la literatura rusa caminan juntos

Francisco Vélez Nieto (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

“Guerra y Paz”, de León Tolstoy
Traducción del ruso de Irene y Laura Andresco
Alianza Editorial. I tomo: 871 Páginas, II tomo: 897 páginas

“Vida y destino”, de Vasili Grossman
Traducción del ruso de Marta Rebón
Galaxia Gutenberg. 1.111 Páginas

Afortunados los amantes de la buena narrativa ante esta oferta de lectura donde se mezcla una narrativa embriagadora, exquisita, humana, comprometida y trágica con una realidad histórica que sobrepasa las fronteras. Semejanza sin igual entre dos siglos de historia de Europa. Un placer de lectura garantizada para quienes deseen abordar este par de grandes maestros de la literatura rusa. De dos momentos estelares de la humanidad en una misma geografía.

Dos elegidos entre los grandes de los grandes que ha dado el mundo: León Tolstoy (1828-1910) y su grandiosa Guerra y Paz y Vasili Grossman (1905-1964), con su Vida y destino. Dos siglos, XIX y XX que se unen, suceden y heredan para que se eleven como inmensos clásicos. Tolstoy ya consagrado en la Historia de la Literatura como el gran provocador y predicador en la mejor tradición literaria rusa. Grossman llamando a la puerta de los elegidos para de la mano de su maestro León tolstoy con el paso seguro, firme y comprometido elevarse a la categoría de los elegidos por su pasión creadora.

Vida y destino es una extensa y conmovedora novela que además impregnar por su contenido y calidad, consigue a la vez apasionar y conmover al lector desde un principio, elevándose por el contenido de la trama hasta el final. Si dentro de la buena crítica Vida y destino se viene comparando con Guerra y Paz de Tolstoy y El doctor Zhivago de Pasternak, nadie debe creer que se intenta inculcar una aventura fraudulenta, pues todo se debe a la solidez del contenido y su estructura.

La novela se asienta en la famosa batalla de Stalingrado, donde el ejército de Hitler y las tropas del pueblo soviético escribieron las páginas más sangrientas de la historia del siglo XX. Tanto, que tendríamos que volver a la invasión de Rusia por el ejército napoleónico y su tremenda derrota bajo el crudo invierno. Y aquí surge el paralelismo entre Vida y destino y Guerra y paz.

Toda historia sin las pequeñas cosas que forman un mundo es una historia a medias, incompleta y llena de desfiguraciones. Esta es la grandeza de tan larga y tensa narración en la línea de la más valiosa narrativa rusa. Aquí se siente y se palpita la vida sencilla de la gente, su compromiso y esperanza en la defensa de su patria y al mismo tiempo la lucha por la vida, sobrevivir con amor y un calor que se sitúa por encima del terror estalinista, de las miserias de un régimen despótico y el culto a la personalidad de manera desmedida, sin mesura ni piedad. Es una escritura de guerra, amor, vida y esperanza, rebosante de humanidad en todo momento. Algo tan ejemplar que emociona y estremece hasta la perturbación.

En ella se hace una crítica medida y demoledora sobre la violencia de los estados totalitarios y sus cabezas. Hitler y Stalín convertidos en “objeto de culto místico, de exaltación religiosa” La persecución y aniquilación de los judíos por ambas dictaduras, un antisemitismo que nunca puede ser un fin, sino un medio, “un criterio para medir contradicciones que no tienen salida”. Lo que adquiere en la narración una estremecedora y dolorosa tragedia no exenta de belleza. “Dime de qué acusas a un judío y te diré de qué eres culpable”.

No se sentirá cansado; cuando lea tan magistral narración, deseará llegar al final de esta saga de familia, que alcanza esa difícil altura a la que muy pocas obras de la literatura llegan con frecuencia. Posiblemente Grossman pensó poder cambiar el mundo con su obra. Algo imposible. Pero logró una obra maestra para la posteridad por su contenido envuelto en un hálito humano capaz de cambiar si no la vida, sí los criterios de quien se introduce en su lectura. Este es el fruto conseguido por tan excelente escritor. Poseedor del rico venero de la palabra justa y medida y humanamente esculpida con la sencillez de una tragedia a la vez maravillosa epopeya, por ese aliento que transpiran sus personajes concientes y responsables, por encima de todo. De estar escribiendo un capitulo inolvidable de la historia de un pueblo poseedor de un alma desbordante.

Aquí el fabuloso abrazo de dos obras maestras de la literatura, dos siglos donde se funden dos autores. Tolstoy ya un clásico en constante renovación, de generación tras generación. La actualidad permanente de la propia vitalidad de sus valores. Grossman, trascurriendo por su propia andadura, logra esa plenitud literaria que lo alza a la misma altura de su predecesor. Una aventura para la historia de la literatura.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.