viernes, 19 de noviembre de 2010

Mi día fuera del tiempo

Silvina Fardel (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Hoy es mi día fuera del tiempo 48, según los Mayas, tiempo de revisión. Como de costumbre, las ideas fluyen fugaces, mientras voy haciendo desde el despertar. Organizo las tareas de lo cotidiano, agregando en el camino las que habían quedado sin terminar, y tratando de retener las futuras que van naciendo. Para qué, no sé, al menos escribo las ideas, para luego evaluar sus con/sin razón.

Renacen las palabras, empiezo a escribir canciones de nuevo e intento darles forma con música; eso me energiza y armoniza.

El tiempo natural sigue su curso, y en el camino acomodo según la necesidad, aprendiendo (de la memoria), a resolver sin estrés las dificultades (inevitable condimento, mal que nos pese, del vivir); que ellas no logren ocultar lo importante, para mí, lo humano.

Llega la hora de apurar y materializar el almuerzo; enciendo la tele para escuchar las noticias, sabiendo la carga negativa que vendrá; las buenas casi que ni entran en ese espacio (¡el tiempo tiene que significar ganancias!)

Las malas son: resurgen epidemias de cólera en los países pobres, coletazos de terremotos (Hawaii, Nigeria y vaya a saber donde más ¡sobre llovido, mojado!).

Algo inusual me entusiasma..., y pongo mas atención; la municipalidad de Las Heras y otros organismos investigan e inician acciones contra uno de los intocables mendocinos que vive en el oeste, en el pedemonte de la ciudad, en una ostentosísima mansión cuyo avalúo fiscal es de ¡318 pesos!, y se le suman otras "anormalidades". Siempre me hizo reír lo grotesco, y se me desprende naturalmente, pero claro solo un minuto. Después viene la impotencia de saberse burlado, atropellado. Las leyes se implantan como y cuando quieren los poderosos, ¿no? Y para los perejiles, ¡lo duro! Me saco el sombrero ante los quijotes que luchan contra eso.

Atrás de eso y por último el gobierno llama a la población para congregarse pacíficamente por la memoria del "ya no más", incentivando los derechos humanos. Comparto la idea, ¡no hay que olvidar para poder crecer! El dolor me enseñó que debo procesar el pasado para transmutarlo en algo mejor.

Entonces clamaré para que entendamos que no hay que herir al otro; por la igualdad de oportunidades para todas las personas; para culturizar, y así preservar de tantas injusticias a las futuras generaciones; para acabar con la inmunidad y los privilegios, pediré por los derechos humanos humanizados.

Personas sabias dijeron que "no podemos pelear con otros más que con uno mismo"; y que "¡todos somos las ramas de un mismo árbol!"

El noticiero y mis divagues expiran su momento, y comparto el tranquilo almuerzo con mi hija; para luego, instantáneas mediantes, seguir con lo planeado. Un día como otros, un día simpático.

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