jueves, 2 de diciembre de 2010

Arguedas y la magia de la danza de las tijeras

Alfredo Herrera Flores (Desde Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Todo el Perú ha destacado, y aún está celebrando, que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y La Cultura (UNESCO) haya declarado a la "danza de las tijeras" y la "huaconada de Mito" como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. En su oportunidad todos los medios de comunicación, en mayor o menor medida, han hablado ya de las características de estas manifestaciones del folclor ancestral peruano y la importancia de estar en la privilegiada lista de la Unesco. Aún ahora, a casi un mes de haberse recibido la noticia, algunos espacios difunden con mayor vehemencia, haciendo entrevistas a danzantes, especialistas e investigadores, sobre las particularidades de las danzas.

Existe también una buena cantidad de bibliografía respecto a estas danzas, a su posible origen, las transformaciones y la simbiosis cultural que han sufrido a lo largo de los años, los mitos y leyendas que se han creado a su alrededor en los lugares donde se practican, al significado de las vestimentas de los danzantes, la influencia que ejercen en el comportamiento social de las comunidades. Autores nacionales y extranjeros han dedicado años para su investigación y varios libros para su interpretación y debate, los que hay que repasar una y otra vez para fortalecer nuestro bagaje cultural y reafirmar nuestra identidad, casi deshilachada por la influencia occidental, pero preservada, felizmente, tercamente por nuestra milenaria memoria.

Recordemos que durante la quinta reunión del Comité Intergubernamental para la Salvaguardia del Patrimonio Inmaterial, que se celebró en Nairobi bajo la presidencia del keniano Jacob Ole Miarom hace un mes, se hizo una lista de 47 “elementos”, o manifestaciones culturales, que se incorporaban a la lista representativa del Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, la que ha alcanzado a 213 “elementos”.

Asimismo, se ha elaborado una lista de cuatro manifestaciones que requieren de medidas urgentes de salvaguardia, entre las que se ha considerado a la imprenta china de caracteres amovibles de madera, antigua técnica de impresión de textos, precursora de a imprenta de Gutenberg y uno de los aportes culturales más importantes de la milenaria cultura china a la humanidad.

Entre las manifestaciones culturales consideradas ahora como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, se encuentran algunas danzas conocidas por nosotros, como El Flamenco, de España, o la danza Chau, de la India. La lista contiene una serie de manifestaciones culturales que, seguramente, nunca hemos escuchado y que se practican ancestralmente en países tan lejanos como Irán, Turquía, Mongolia, Indonesia o Armenia. En América Latina, solo tres países han logrado ser incluidos en la lista, Colombia con las músicas de marimba y cantos tradicionales del Pacífico Sur de ese país y el sistema normativo de los wayuus, aplicado por el pütchipü’üi (“palabrero”), México, con los parachicos en la fiesta tradicional de enero de Chiapa de Corzo, la pirekua que es un canto tradicional y la cocina tradicional mexicana, conocida como el paradigma de Michoacán, y por su puesto Perú con las ya mencionadas Huaconada de Mito y la danza de las tijeras.

La huaconada, danza que representa a los ancianos sabios y, por lo tanto, merecedores de respeto por parte de los miembros de la comunidad, es una forma ritual de asumir el poder y la autoridad en el pueblo, lo que efectivamente hacen al inicio del año durante tres días, lapso en el cual los danzantes, enmascarados y armados de un látigo, van castigando a latigazos a quienes se haya portado mal durante el año que termina. Una danza extraña, llena de color, tradición, sabiduría y cultura viva que, junto a muchas otras que suelen conocerse sólo en el ámbito de ciertas comunidades, nos hacen sentir especiales.

Como se ve, motivo suficiente para sentirnos orgullosos de nuestro patrimonio cultural. Pero tal vez quien más lo hubiera celebrado, aunque en silencio y con la humildad que lo caracterizó a lo largo de su vida, habría sido nuestro José María Arguedas. El autor de "La agonía del Rasu Ñity", precisamente personaje danzante de las tijeras, dedicó media vida a investigar la historia de esta danza, que se pierde en el tiempo, y su significado ritual y religioso, que se pierde a su vez entre mitos y leyendas. Él mismo la bautizó como "danza de las tijeras", por esas láminas de metal que hacen chocar los danzantes, vestidos con blusón, pectoral y mitra bordados con pedrerías, mientras el agudo sonido combinado del violín andino y el arpa marcan su paso acrobático y elástico.

Tal vez Arguedas, nuestro más importante escritor del siglo veinte, haya querido que muchas otras danzas sean reconocidas no solo por los organismos culturales internacionales, sino por los propios peruanos, tan llenos de prejuicios y actitudes racistas, tan sensibles a darnos zancadillas entre nosotros, tan susceptibles al triunfo de nuestro vecino.

Precisamente el éxito de esta empresa cultural se debe a que se han eliminado en el proceso los intereses personales o de grupos particulares. Se han unido varias asociaciones de danzantes de tijeras y músicos de Ayacucho, Apurímac y Huancavelica, tres de las regiones más pobres del país, con un fin común y han promovido esta nominación; después, los organismos gubernamentales y los estudiosos han hecho su parte.

La noticia de la Unesco se produce cerca a recordarse los cuarenta años de la muerte del escritor andahuaylino. Arguedas murió el 2 de diciembre de 1969, cinco días después de que se disparara un tiro en la cabeza en uno de los baños de la Universidad Agraria de La Molina, donde ejercía la jefatura del departamento de Sociología.

Un año antes había recibido el premio “Inca Garcilaso de la Vega” por su contribución a la artes y las letras del Perú a través de sus novelas, cuentos, investigaciones y, sobre todo, a través de su profunda mirada a la cultura viva del país, la que se manifestaba precisamente con esas danzas, canciones y ritos que se mantenían vivos en los rincones más alejados.

Durante su entierro, tal como él mismo lo había pedido tanto en sus escritos como en sus confesiones a sus más íntimos amigos, dos danzantes de tijera, los hermanos Gerardo y Zacarías Chiara, hicieron tintinear sus tijeras y danzaron, al ritmo del mágico y triste violín de don Máximo Damián, y el arpa de don Luciano Chiara, como separando con sus mágicos sonidos el delgado velo que separa la vida de la muerte y abriendo el camino para que el maestro continuara el transcurso de su existencia allá, en la inmortalidad.

Arguedas debe estar escuchando, tranquilo y satisfecho, junto a sus demonios personales, el sonido metálico y acompasado de las tijeras, y debe estar disfrutando con los Apus y los dioses esta música ritual y mágica, porque las manifestaciones culturales en nuestro país, en nuestros andes, desde el Titikaka hasta Cajamarca, es un diálogo directo y fraterno con los dioses.

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