jueves, 2 de diciembre de 2010

Crítica literaria: Andrés Sorel. “Las guerras de Artemisa”

Francisco Vélez Nieto (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

“En vano escudriñas todos los mapas buscando un lugar sagrado en el que eternamente florece el verde jardín de la libertad y bella virtud de la humanidad. La libertad no existe más que en el imperio de los sueños y lo bello solo florece en el canto”

Schiller


El lector se encuentra en esta apasionante y estremecedora narración con la más reciente novela de Andrés Sorel, autor de inquietante obra de denuncia, que llegó a este mundo durante la cruenta guerra civil de España. Sorel es escritor que inquieta dada su insobornable memoria junto a las ideas como alimento transparente en su escritura. Su larga obra, desafiante y abrumadora es variada y un tanto polémica. Ha publicado 50 libros y más de 1000 conferencias extendidas por ciudades de todo el mundo con transparente vehemencia.


En Las guerras de Artemisa, aborda por primera vez en la literatura española, "la reconcentración en la Guerra de Cuba, que ordenó el general Valeriano Weyler cuarenta años antes de la creación de los campos nazis".Macabra comparación de aquella España a final de siglo XIX en plena decadencia su reducido poderío colonial. Desde estos principios históricos la novela es una sucesiva serie secuencias sobrecogedoras de "sexo y violencia, paisajes físicos y humanos, historias íntimas y dramas colectivos con los que Sorel narra el acontecimiento que cambió nuestra historia". Y donde paralelamente se suceden pasiones amorosas, solidaridad y compromisos como en un sueño por la libertad.

La comparación con los campos de exterminios nazi es justa y acertada pero con una matización objetiva, según cuentan, en los campos de exterminios hitlerianos había más higiene y no se violaban a los niños antes de introducirlos en las cámaras de gas o el pegarle un tiro por estar molestando. Algo que pese a lo criminal y macabro, cuando ya está todo perdido, se puede incuso agradecer. Este no quiere decir que al general Weyler no le molestarán los piojos de la tropa.

Este tipo de historias no suelen darse mucho en la literatura contemporánea nacional, es muy difícil transmitir unos sentimientos humanos de esa dimensión que siempre han procurado ocultar. Sorel ha sabido plasmarlo con realismo eligiendo como narrador y protagonista una figura de la talla humana, social y política de Manuel Ciges Aparicio escritor y periodista, republicano, amigo y compañero de Azaña víctima del franquismo, pues fue fusilado por las hordas falangistas a principios del alzamiento nacional- catolicismo en 1936 siendo gobernador de Ávila.

Andrés Sorel señala que esta es su obra considerada más ambiciosa y creo que atina con su afirmación. Muchos han sido los años dedicados a tan conmovedora novela, donde “Ha querido hacer la antehistoria de la historia” Todo lo contrario de una novela histórica al uso siendo protagonista un carnicero de la historia de España y modelo de crueldad “patriótica” como fue el general Weyler. No es una leyenda, es narración real cuya lectura va sumergiendo al lector en un mudo donde la posible ficción se convierte en realidad subyugante. No es un Macondo, pero contiene toda esa enjundia en la que se mezcla historia y naturaleza, lo humano frente a la desaforada codicia y crueldad poseída de una fría y calculada brutalidad. Ensangrentada y luctuosa locura del poder hasta alcanzar cotas alucinantes de genocidio.

Inquietante apuesta literaria en la que el autor ha sabido con un cuidado lenguaje y estilo, elevarse por encima de una mera descripción de la tragedia. Al conseguir transmitir los hechos sin caer en la falsa denuncia de panfletario, un capítulo delirante de nuestra historia donde refleja el total declive del colonialismo de la “Madre Patria”, Con acontecimientos envueltos en una rica y palpitante exposición descriptiva y calidad literaria. Una calidad que se sitúa en la frontera existente entre el arte de saber contar y representar, sin caer en el torpe empeño por imperativo de ideas y denuncias de la política del mal. Es decir, no cayendo en un populismo social, todo lo contrario, representando el esfuerzo investigador como compromiso de un escritor, desde sus propias convicciones al margen del mercado consumista teledirigido y acomodaticio.

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