jueves, 2 de diciembre de 2010

Freud y el psicoanálisis con niños

Jesús María Dapena Botero (Desde Vigo, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)


Composición personal a partir de una caricatura registrada en: http://3.bp.blogspot.com/_lup7fJfTLuc/Sez1bQgXoOI/AAAAAAAAAH0/5kQ-f_9mmcM/s1600-h/unconscious-freud-v-jung.jpg

Freud, quien se resistía a instalara un dispositivo psicoanalítico para los niños, inició una casuística, siempre preguntándose por su eficacia, desde la perspectiva del investigador que era; era un hombre, quien nunca sostuvo su clínica sobre la base de meras especulaciones, ya que siempre recurrió a la constatación clínica de sus supuestos teórico, con una rigurosa evaluación de sus resultados; bien sabemos el interés que el padre del psicoanálisis tuvo de inscribir a éste en el contexto cultural de su tiempo y darle un estatuto científico, para sacarlo del terreno de la pura teorización, siempre poseído por una pasión K, de conocimiento, como la que señalara W. R. Bion, una pasión por aprender, la cual es bien propia del científico, según los señalamientos de Charles S. Peirce, el lógico y científico pragmático estadounidense. (1) (2)

Pero amén de esta cualidad, Freud era también un tipo imaginativo, otra de las cualidades de esas que, para Peirce, son necesarias para un espíritu científico.

Además, el padre del psicoanálisis siempre se propuso una delimitación de su objeto de estudio: el inconsciente, con toda la conciencia de que el camino de la ciencia es lento, tambaleante y exige de una labor continua, cosa que tenemos bien claro que se da en todo proceso psicoanalítico, tras una sucesión de acontecimientos, en el que se plantean hipótesis, que se refrendan o descalifican, un poco a la manera que lo sugiere ese enemigo del psicoanálisis que era Karl Popper, al confrontarlas con la observación clínica, en una permanente dialéctica, en la que se va de la teoría a la clínica y de esta a la teoría, sin acostar al paciente en el lecho de Procusto de una formulación teórica, en tanto y en cuanto, las hipótesis son meras construcciones auxiliares que están por probarse o desecharse, cuando no se corroboran en la realidad.

Una labor de esta naturaleza requiere de mucha paciencia, de la superación de dogmatismos y posturas narcisistas, para saber renunciar a ciertas convicciones, cuando la realidad se encarga de desmentírnoslas, para lo cual tenemos que seguir al mismo Freud, quien nos plantea que el psicoanálisis no es un Weltanschauung, una cosmovisión del mundo, que no es un pensamiento único, ni una doctrina inmodificable. (3)

Bien, sabemos que Herr Professor, como llamaban sus discípulos a Freud partiría de las neurosis de los adultos para luego dirigirse a los niños, para desentrañar el enigma de las neurosis infantiles in status nascendii.

Vemos pues como el padre del psicoanálisis se encuentra desde muy temprano, con los fenómenos psíquicos de la infancia, y ya en la Interpretación de los sueños encontramos un capítulo relacionado con la vida onírica de los niños, como se ocupa del juego de éstos y de la asociación de ideas de una niña de cuatro años. (4)(5)(5)

Para el Freud de la Traumdeutung, el sueño de los niños pequeños eran simples cumplimientos de deseos, por lo que carecerían por su evidencia y obviedad del interés que producía el análisis de los sueños de los adultos, en tanto, no planteaban enigmas atractivos, pero sí que servían para demostrar la hipótesis de que el sueño es el intento de una realización de deseos.

Además señalaba que tales sueños no sufrían deformación onírica alguna, ya que la censura no operaba de la misma manera que lo hacía en las personas mayores, aunque más adelante, en 1916, nos diría que dicha deformación se instala desde muy temprano y se registran sueños de niños entre los cinco y los ocho años, quienes presentan sueños tan complejos como los de los adultos. (7)

Sin embargo, a pesar de esos hallazgos, el hombre se resistía a hacer una aplicación a los niños pequeños, al no tener claro el límite de la escisión en ellos entre lo preconsciente y lo inconsciente y además desconfiaba de la capacidad intelectual para que los pequeños tuvieran la suficiente comprensión para hacer insight y aprovecharse de los beneficios clínicos del psicoanálisis.

Pero estos prejuicios los iría sorteando para pasar de la contraindicación casi absoluta a la formulación de ciertas condiciones de aplicación.

Así, Melanie Klein comenzará su Psicoanálisis de niños con la siguiente aseveración: Los comienzos del análisis de niños se remontan a más de dos décadas, cuando Freud mismo realizó el análisis de Juanito. Este primer análisis fue de gran importancia teórica desde dos puntos de vista. El éxito obtenido en el caso de un niño menor de cinco años mostró que el psicoanálisis podía ser aplicados a los niños pequeños, y, lo que es más importante aún, se pudo demostrar ampliamente, por medio del contacto directo con el niño, la existencia de aquellas tendencias instintivas infantiles que Freud había descubierto en el adulto. (8)

Sin lugar a dudas, el análisis de la zoofobia de un niño de cinco años, el pequeño Hans, abrió el camino del análisis con niños, al tratar el problema del chico como una verdadera neurosis y demostrar la eficacia del tratamiento, no sólo en el hecho de que el síntoma cesara por completo, sino en la aventura lograda de la aplicación del método psicoanalítico a un infante, con lo que Freud comprobaba, en la práctica, su teoría sobre la sexualidad infantil, los complejos de Edipo y de castración, de donde lo que se tenía en cuenta, para tales análisis, era la existencia de ese concepto fundamental del psicoanálisis que es la pulsión, como elemento primordial, en la génesis de las neurosis.

A partir del paradigmático caso de Juanito, otros seguidores de Freud, como Sándor Ferenczi aplicarían el método freudiano a otros casos como el de Arpád (9), o el del caso de una fobia a las abejas presentado por Abraham, o los trabajos realizados por esa pionera del análisis con infantes, Hermine von Hug-Hellmuth (10), a quien Freud le confiara la sección dedicada al psicoanálisis con niños en la revista Imago para dar cuenta de su técnica de la aplicación de la terapéutica freudiana a los infantes, mediante actividades lúdicas y dibujos, dentro del marco de una ortodoxia impecable, sin que sus colegas se percataran que aplicaba dicho método a su sobrino, al que hacía interpretaciones salvajes del siguiente tipo:

Cuando el chico le contara que había matado cinco avispas hincando su bastón en un nido, su tía le interpretaría de una forma estereotipada: [Ello] nos revela una buena parte de su curiosidad sexual y su sadismo, que se expresa en el acto de perforar el nido… y… revela el deseo que le suscita la madre mientras su espíritu se retuerce.

Este muchacho, quien era hijo natural de su hermana, cuando ésta murió fue puesto a cargo de una nodriza y había cambiado dieciocho veces de domicilio, además de haber tenido cuatro tutores distintos, lo que lo llevaría a sentir tal odio por su tía-analista que, en 1924, intentaría robarle dinero y para evitar el escándalo que su víctima iniciaba con su gritería, la estrangularía mientras y hundía la mordaza en su garganta, para después de salir de la cárcel, exigir a la Sociedad Psicoanalítica de Viena, una indemnización por haber sido un ratón de laboratorio para la aplicación del método psicoanalítico. (11)

Tal hecho hizo que algunos personajes de la talla de William Stern, Alfred Adler y Wilhelm Stekel, sin mirar las fallas técnicas que la pionera del psicoanálisis tuvieran levantaran su voz de protesta contra el análisis con niños en general para concluir que esta terapéutica no era adecuada para niños pequeños. (12)
Afortunadamente otros casos verificaban la inocuidad del psicoanálisis con niños en la producción de iatrogenia.

Para retomar el caso Juanito, el único análisis de niños en que el padre del psicoanálisis interviniera más directamente, es claro que las observaciones del pequeño las hacía más bien el padre del pequeño Max Graf, quien miraba cotidianamente las conductas del pequeño Herbert (el pequeño Hans). Lo que Freud sí hizo fue orientar el plan del tratamiento del chiquillo e incluso intervenir una vez, en forma directa con el muchachito pero quien, realmente, llevaba el caso era su discípulo Max, quien como padre podía aproximarse al infante, con un tierno interés además del científico. (13)

Así, Herbert Graf comentará a su padre y éste a Freud, sus teorías sexuales infantiles, con lo que demostraría que el embarazo y el nacimiento de un hermanito, no pasaba por la mente de un niño como un rayo de luz por un cristal, sin romperlo ni mancharlo, con lo cual confirmaba las teorías que Freud había ido exponiendo en su Traumdeutung y en Tres ensayos de teoría sexual, acerca de la sexualidad que se mueve en el triángulo edípico, las angustias de castración frente al padre, surgidas por fantasías parricidas, por temor a la retaliación de éste.

Así las cosas, Juanito deviene en caso paradigmático, para el análisis de lógica de la formación del síntoma, que va de la angustia generada por un conflicto a una solución de compromiso, a través de las defensas del niño contra la ansiedad, al operar como una suerte de bisagra, entre la angustia y la inhibición, para defenderse del peligro de la amenaza de castración.

Ahí, Freud cuestionaría las intenciones pedagógicas dentro del psicoanálisis, ya que él no pretendería hacer uso de la sugestión ni sobre el padre ni sobre el niño por interpósita persona.

Tampoco quería que se lo juzgara desde el punto de vista de que los enunciados de los niños eran arbitrarios e inciertos, ante lo cual argüiría que tal arbitrariedad no existe en el campo del psiquismo y que la incertidumbre podía darse por el gran poder de la fantasía infantil, aunque también las dudas en relación con ellas podían estar dadas por el efecto de los prejuicios del mundo adulto.

De hecho es conocido el dicho de que los borrachos y los niños son los que dicen más frecuentemente la verdad de su realidad psíquica, de tal modo que era preciso creerle al pequeño Hans.

Lo que sí quedaba claro era que en el síntoma se operaba una deformación, con el desplazamiento del temor al padre al temor al caballo, como mecanismo defensivo auxiliar de la represión de las representaciones generadoras de angustia, en el contexto del juego pulsional que se da en el marco del complejo de Edipo.

En lo que Freud sí insistirá es la necesidad de una asistencia al infante con una particular intensidad, con miras a establecer las conexiones que Max Graf logró descubrir en su hijo cuando, a través del diálogo analítico pudo ver que la fobia al caballo, tenía que ver con el juego de caballitos, en el que el padre, mediante un juego dramático de mimicry, servía de corcel a su pequeño vástago, lo cual conduciría a un cese completo del síntoma, en la medida en que el niño tomaría conciencia del conflicto, propiciador de la formación de compromiso sintomática, sin que el análisis tuviera efectos colaterales adversos para el pequeño, ya que el levantamiento de la represión no lo condujo al desenfreno pulsional sino que, por el contrario, puso en el niño un límite al sufrimiento, con una desaparición de la fobia, a la vez que sirviera de preparación para asimilar adecuadamente otras dificultades de la vida, como la ulterior separación conyugal de sus padres.

Este caso llevaría a posteriores desarrollos del análisis de las zoofobias infantiles, tanto como de los miedos y los terrores nocturnos, a partir de la comprensión del animal totémico como representante del padre muerto, descubrimiento que permitió el análisis de la fobia a los perros del doctor Wulff (14), el miedo a los gallos de Arpad y el de la fobia a las abejas de Abraham, a los que ya habíamos aludido.

La teorización de Tótem y Tabú permitiría asimilar el pensamiento infantil con el de los seres humanos primitivos. (15)

Lo que llama poderosamente la atención en el caso Arpád, es la identificación del niño con el objeto fobígeno, en la medida en que el niño entra en un mutismo para reproducir el canto del gallo mientras sus dibujos y sus intereses se centran en el mundo del gallinero, pues si Juanito se torna evitativo ante los caballos, representantes del padre, Arpád padece de una compulsión en relación con el objeto, hasta transgredir la prohibición de dañarlo, quien busca matar a estas aves.
A partir de Juanito, Freud hará uso de un método inductivo para de lo particular ir hacia lo general y constatar que tras de la ambivalencia hacia la figura paterna aparece el temor al padre, en el que se colocan aspectos odiosos, que devienen persecutorios, pero su papá, a diferencia del padre-lobo de Sergei Pankejeff, sólo intentará sacrificar la parte, el dedo, otro desplazamiento del pene de abajo a arriba, y no el todo como el lobo que se devora y anula al sujeto.

Y si Freud ve, en Juanito, una fobia, en Arpád verá lo que él llama una perversión del gallinero. (16)

Pero si en 1918, al publicar su trabajo sobre la neurosis infantil del Hombre de los Lobos, aún duda de la riqueza del contenido del análisis con niños, por el hecho de que el analista ha de insuflar y prestar al pequeño tantas palabras y pensamientos; en su prólogo a la obra de Aichhorn, La juventud descarriada, pese al impasse producido por el asesinato de Hermine von Hug-Hellmut, Freud empieza a reconocer la importancia del trabajo directo con los niños desde la perspectiva del psicoanálisis, así reconozca su poca experiencia directa con ellos, pero esta línea puede ser uno de esos caminos futuros para el desarrollo de la ciencia del inconsciente, aunque piensa todavía que se trataría de otra cosa que requeriría de ciertos cambios técnicos para acceder a ciertas estructuras y de una particular actitud del analista, en dichas situaciones terapéuticas, ya que el dispositivo puro, creado hasta ese momento no sería para nada aplicable. De hecho, no podríamos imaginarnos niños acostados en diván. (17)(18)
Lo que Freud sí le reconoce a Aichhorn es su capacidad empática con los niños, gracias a una genial capacidad intuitiva, para reconocer las necesidades de los pequeños.

Ahí, el padre del psicoanálisis se plantea que si el pedagogo ha aprendido del análisis a partir de su propia experiencia como analizante, se capacita para apoyar a los niños e incluso para analizarlos, sin que una estrechez de miras impida tal desarrollo, con lo cual vemos a un Freud siempre abierto a cuestionar sus prejuicios, a vencer dificultades, para trabajar con ellas mismas, aunque ello implique modificaciones técnicas, cosa que vemos aún más corroborada cuando defiende a Oscar Pfister en ¿Pueden los legos ejercer el análisis? (19)

Ahí, no duda en corroborar que el análisis con niños da muy buen resultado, en tanto y en cuanto, más que ser el niño un sujeto deficitario en lo intelectual, nos sorprende con sus capacidades, aún a los cuatro o los cinco años, dada su inquietud, su curiosidad y el desarrollo de la inteligencia que van obteniendo, así el período de latencia los inhiba, por efectos de la represión.

Ahora Freud sabía que Herbert Graf se había convertido en un joven sano y productivo, a pesar de haber sufrido grandes problemas en su infancia y que había pasado indemne por el período puberal.

Ahora con respecto al análisis con niños, pareciera que su visión es más clara y alcanza a ver en el desarrollo del análisis de niños todo un campo preventivo de las ulteriores enfermedades del adulto, tanto en el terreno de la neurosis como de las caracteropatías en proceso de constitución, aunque reconoce que es preciso una modificación de la técnica, ya que el niño es distinto al adulto, de donde el niño no será muy afín a la asociación libre que se sugiere a las personas mayores y se da el doble juego de que la transferencia coexiste con la presencia de los padres en el mundo familiar; entonces, no dudará en recomendar la inclusión de los padres en el proceso analítico, ya que muchas veces son los portadores de la resistencia, aunque advierte que es preciso que a esa versatilidad técnica, se asocie una rigurosidad conceptual, para abordar la clínica con niños. (20)

Desde el punto de vista de la técnica psicoanalítica, fue el mismo Freud, quien habló primero de la situación analítica para hablar del espacio en el que se desarrolla el proceso analítico.

Sin embargo, a partir de la extensión y el desarrollo del psicoanálisis con niños se han dado toda una serie de polémicas en torno a la constancia y variación del encuadre, en tanto y en cuanto, distintas estrategias se ponen en juego en la práctica clínica con los infantes, tanto en la instauración del setting, en los distintos momentos del tratamiento, de acuerdo con la edad y la psicopatología del (de la) pequeñ@, el papel que juega la familia en ella, la experiencia clínica del analista y los marcos teóricos de referncia. (21)(22)
Si leemos con atención el caso de Juanito, vemos que el encuadre que Freud establece es fundamentalmente con el padre, quien se constituiría en intérprete del niño, pero Herr Professor no tiene inconveniente en romperlo cuando juzga necesario entrevistarse directamente con el pequeño Hans e incluso analiza algunos de los dibujos del infante, como si el padre del psicoanálisis intuyera que en el análisis con niños rigen otras condiciones de encuadre, con modificaciones que transgreden los cánones de un encuadre ortodoxo, ya que tal vez el médico vienés vislumbraba que tanto la familia como Herbert Graf (Juanito) podían ser capaces de utilizar bien la situación analítica y hacer uso del analista.

Freud escucha la demanda del padre y la del niño a éste a través de sus síntomas y se dispone al acto analítico con ellos con una clara flexibilidad, en relación con los cánones estándares, para lograr dar continencia al padre y su vástago, a la par que permitía el desarrollo de todo un proceso psicoanalítico, pleno de buenas consecuencias para el pequeño.

Lo verdaderamente importante fue que Freud fue capaz de reconocer, en el pequeño Hans, un sujeto capaz de elaborar su conflictiva psíquica, de tal forma que con el desarrollo del caso se pudo ver el funcionamiento asociativo del infante, se pudo acceder a sus fantasías inconscientes, a las teorías sexuales infantiles, a la escena primaria, a las ansiedades de castración y la problemática edípica, para articular una pequeña historia, como una versión comunicada de las ansiedades del niño, de su dolor, de sus fantasías, de sus defensas.

Bien sabemos que la fantasía de enfermedad y la conciencia de ella eran claras en Juanito, quien era egodistónico con sus miedos, con sus fobias, a las que llamaba la tontería, por considerarlas absurdas de alguna manera y el pequeño establecería una clara transferencia con el profesor que ayudaba a su padre. Nada más ni nada menos que este señor:


Figura que debía resultar patriarcal para el pequeño Hans, hacia quien el chiquillo estaba bastante agradecido por su disposición de satisfacer su demanda de ser comprendido, ya que, de alguna manera, debía intuir que Freud se lanzaba a una nueva estrategia para ayudarle a que sus fobias cesaran por completo.

Vemos muy claro en la exposición del análisis de una fobia en un niño de cinco años, como la relación del médico vienés con su padre, le permitía al mismo papá, pensar en lo obvio, en la vida cotidiana, con un gran sentido de observación, ya que Max Graf, como progenitor, registraba las dificultades de su hijo, historizaba el drama del pequeño, siempre dispuesto y siempre sensible a aceptar la existencia de lo inconsciente, de la sexualidad infantil y del sufrimiento intrapsíquico de su vástago.

La comprensión que el padre de Juanito adquiría en su diálogo con Freud de estos aspectos de la vida del pequeño, de sus conflictos, generaba un movimiento de apertura, de cambio de posiciones, cosa que tal vez, no lograra Frau Graf, quien lamentablemente no fue atendida, a pesar de sus propias fantasías de mujer fálica, cuando le dice al niño que ella también tiene un hace-pipí.

Tal vez, ese haya sido uno de los errores de un Freud, quien apenas se abría a la aplicación de su teoría al tratamiento de un niño, ya que cómo no mediaba una evaluación completa de la situación familiar del pequeño, se desconocieron los límites de su madre y la historia de ella.

Aunque es claro que el padre del psicoanálisis tomó desde el principio en el caso, un rol activo, en el que sus intervenciones hacían parte de la observación y evaluación de la situación, siempre dispuesto de ir al encuentro de una dinámica abierta a lo insólito y a lo desconocido.

Notas:
1) Bion, W. R. Elementos de psicoanálisis. Paidós, Buenos Aires, 1966, p. 31.
2) Peirce, Ch. S. Escritos filosóficos, El Colegio de Michoacán, México 1997, pp. 47-76.
3) Freud, S. 35ª Conferencia: En torno de una cosmovisión en Obras Completas (t. XXII). Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1976, pp. 146-169.
4) Freud, S. La interpretación de los sueños en Obras Completas (t. IV). Amorrortu Editores, Buenos Aires, pp. 146-150.
5) Freud, S. El creador literario y fantasía en Obras Completas (t. IX). Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1976, pp. 123-136
6) Freud, S. Asociación de ideas de una niña de cuatro años en Obras Completas (t. XVIII). Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1976, pp. 261-262.
7) Freud, S. 8ª Conferencia. Sueños de niños". En Obras Completas. (t. XV) Amorrortu Editores, Buenos Aires. 1976, p. 115.
8) Klein, M.: El psicoanálisis de niños en Obras Completas. (t, 2), Paidós, 1990, Buenos Aires. 1990, p. 19.
9) Ferenczi, S. El pequeño Arpád. www.psi.uba.ar/academica/carrerasdegrado/.../659.../arpad.rtf
10) La vida y la obra de Hermine Hugh-Hellmuth pasó relativamente desapercibida para la historia del psicoanálisis con niños casi durante medio siglo, apenas mencionada de paso por Anna Freud, Melanie Klein y Helen Deutsch hasta que Colette Chiland tradujo su libro sobre técnica de análisis infantil y escribió un artículo sobre ella, a pesar de que su historia entronca con los comienzo del psicoanálisis de niños. Su primer trabajo psicoalítico fue El análisis de un sueño de un niño de cinco años y medio. En 1913, publicaría su obra más importante, una monografía titulada La vida mental del niño: Un estudio Psicoanalítico, cuyo objetivo era ilustrar las teorías freudianas de la sexualidad infantil, los complejos de Edipo y de castración, la masturbación y los sentimientos de culpa, el erotismo cutáneo y muscular, como formas primitivas de la sexualidad, a través de casos clínicos, a partir de observaciones hechas en niños, en las que usa bastante material acerca de su sobrino. También señalaría cómo la represión y las pulsiones están ligadas al progreso emocional e intelectual, en una línea desarrollista y la importancia del juego en la vida infantil, el cual utilizaba en sus tratamientos, según señala Elizabeth Young-Bruehl en su libro: Anna Freud, una biografía, el cual expuso en el Congreso Psicoanalítico de 1920, en el cual reportaba cómo hacía dichas sesiones lúdicas usualmente en las propias casas de los pequeños, aunque dicho método, vendrían a desarrollarlo propiamente Melanie Klein y Anna Freud. Sin embargo, La vida mental del niño: Un estudio Psicoanalítico más que ser un trabajo sobre la terapia a través del juego, es un conjunto de observaciones de juegos de los chicos, aunque Hug-Hellmuth desarrollaría, a partir de 1920, una teoría del psicoanálisis con niños sin mencionar sus métodos, a pesar de haber hablado de la terapia lúdica. [Geissmann-Chambon, C. y P, Geissmann. A history of child psichoanalysis. Routledge, London, 1998, pp. 33-60.
http://books.google.es/books?id=n8mTNz4oO4AC&pg=PA33&lpg=PA33&dq=Hermine+von+Hug-Hellmuth&source=bl&ots=DPJ3vODOc3&sig=CeL8uyRvHdiMN8eQxIPxmvm5bfs&hl=es&ei=kezmTIzrBYjQhAf_w420Dg&sa=X&oi=book_result&ct=result&resnum=16&ved=0CFkQ6AEwDw#v=onepage&q=Hermine%20von%20Hug-Hellmuth&f=false ]
11) Roudinesco, E. y M. Plon. Diccionario de Psicoanálisis. Paidós, Buenos Aires, 1998, pp. 493- 495.
12) Wikipedia. http://es.wikipedia.org/wiki/Hermine_von_Hug-Hellmuth
13) Freud, Sigmund: Análisis de la fobia de un niño de cinco años en Obras Completas (t. X) Amorrortu Editores, Buenos. Aires, 1991, pp. 1-118
14) Abraham, K: Psicoanálisis clínico. Buenos Aires. Hormé, Buenos Aires, 1980, p.128.
15) Freud, S. Tótem y tabú en Obras Completas (t. XIII). Amorrortu Editores, Buenos. Aires, 1991, pp. 1-164
16) Ídem., p. 134
17) Freud, S. De la historia de una neurosis infantil (El “Hombre de los Lobos” en Obras Completas (t. XVII). Amorrortu Editores, Buenos. Aires, 1991, p. 10.
18) Freud, S. Prólogo a Auguste Aichhorn, Verwahrloste Jugend en Obras Completas (t. XIX). Amorrortu Editores, Buenos. Aires, 1991, pp. 296-298
19) Freud, S. ¿Pueden los legos ejercer el análisis? Diálogos con un juez imparcial en Obras Completas (t. XX). Amorrortu Editores, Buenos. Aires, 1991, pp. 163-287.
20) Luján, L. Casuística y eficacia: dos pilares básicos en el viraje freudiano hacia la aplicación del método psicoanalítico en las neurosis de la infancia. Anuario de Investigaciones de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, 14, enero-diciembre del 2007.
21) Decobert, S. Note sur la notion de cadre, Journal de la psychanalyse de l’enfant 2: 33-41, 1986.
22) Ulriksen de Viñar, M. Construcción del encuadre en psicoanálisis de niños. http://www.apuruguay.org/revista_pdf/rup96/rup96-ulriksen.pdf

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