jueves, 9 de diciembre de 2010

Prohibida la ficción

Edgar Borges (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

De niño los libros me permitieron descubrir las otras posibilidades de una realidad. De Jorge Luis Borges aprendí que “la filosofía es una ficción, el mundo entero es una ficción, yo, sin duda, soy ficción”. Hoy, gracias a la literatura, no concibo el blanco y el negro como las únicas opciones del juego. La literatura, como la ciencia, sabe muy bien que el todo lo integran una serie de perspectivas. Sin embargo, desde que el hombre pisa al hombre, el poder no se lleva muy bien con la ficción. Al más fuerte le conviene imponer una versión exclusiva de la realidad. Y en el tiempo, como si de una trama invisible se tratara, se levanta una fórmula de vida llamada destino. George Orwell, en su novela 1984, dibujó el manejo de todas las individualidades a través de un Gran Hermano omnipresente. En el siglo XXI, cuando la tecnología regula la imaginación de las personas, el mundo avanza vertiginosamente hacia la uniformidad de las realidades. Por ejemplo, el periódico de la Santa Sede acusa a Umberto Eco de antisemita sólo porque un personaje de su nueva novela, El cementerio de Praga, lo es. Según el medio, autor y obra comparten la culpa, pues, “Cuando se evoca el mal, es necesario enfrentarlo al bien, para que sirva de contraste. La reconstrucción del mal sin condena, sin héroes positivos, adquiere una apariencia de vouyerismo amoral”. El mundo al revés, como diría un amigo. De héroes positivos y ridículos está saturada la literatura de mercado. La literatura, como todo arte, es un cosmos amoral. Moral, ética, sangre y contradicciones tienen los personajes que transitan los universos literarios. Cosa lógica, respondería mi abuela. Y Eco, desde su admirable puntería, afirma que “Mi intención era dar un puñetazo en el estómago de mis lectores”.

Mientras, en otro contexto que apunta al mismo centro en el que una realidad pretende devorar ficciones, Don DeLillo, ese otro gran subversivo de los absolutismos, advierte desde Nueva York que “Mis libros encajan difícilmente en el panorama literario de hoy en día. Una buena novela puede vender bien, como ha ocurrido con 'Liberty', de Jonathan Franzen. Pero hay un tipo de ficción para el consumo que es la que está marcando la pauta en las editoriales. Y hay también una tendencia a convertir al escritor en un showman”. Esto lo dijo Don DeLillo en el marco de la publicación de su nueva novela, Punto omega”. Umberto Eco, desde Italia, y Don DeLillo, desde Estados Unidos, lo saben: no corren buenos tiempos para las ficciones atrevidas, complejas, provocadoras. Una realidad, de talla única y diseño mediocre, está asfixiando la creatividad de las personas. Vida mediocre, mediocre literatura.

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