jueves, 9 de diciembre de 2010

¿Vehículos unipersonales o comida para el mundo?

María Luisa Etchart (Desde San José de Costa Rica. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Como era de esperar, nada se ha hecho a niveles gubernamentales en el mundo “occidental y cristiano” para prever e impedir aunque más no sea algunas de las gravísimas consecuencias que el planeta está sufriendo, y con él grandes mayorías desposeídas y silenciosas, de las que nadie osa hablar, por la actitud egoísta y depredadora de los que se auto-titulan “grandes potencias” y sus acólitos.

Los fenómenos climáticos, el deshielo de los polos, las vastas extensiones de tierra arrasada para plantar, con semillas genéticamente modificadas y plagadas de herbicidas, la nueva maravilla universal: soja para ser usada como combustible para los bípedos que se sienten poderosos y menos mortales cuando logran adquirir, aunque sea a créditos que escasamente pueden costear, algún vehículo (cuanto más grande mejor) y salen a los caminos que pagamos entre todos con cara de asesinos potenciales y despreciando con su actitud arrogante a los que se trasladan a pie o en transportes públicos.

Y ahora empiezan a quejarse, que va a faltar comida, que tal vez en pocos años ya no va a haber agua potable, que si se acaba el petróleo ya tenemos que tener un reemplazante, aunque sea a costa del hambre de millones. También los vacíos rostros de los que tienen la tarea de informar ponen cara de qué terrible ese terremoto, ese tsunami, esos tornados, como si no supieran que son la consecuencia de tanta ceguera, de tanta estupidez, como si no hubiera ya quedado demostrado que hace ya mucho que la ciencia y la técnica son prostitutas que trabajan no para mejorar la calidad de vida, sino para llenarla de objetos, medicamentos, artefactos y necesidades que no lo son, sólo con un único objetivo: GANANCIAS para unos pocos, sometimiento para los más.

Mientras escribo esto no puedo menos de imaginar tantos seres caminando por el desierto, cuidando cada gota de agua, tanto africano desnutrido contemplando lo que otrora fuera su tierra llena de riquezas teniendo que acudir a puestos de beneficencia para recibir un plato de comida o para ser suministrado algún medicamento que será probado en ellos para saber cuáles son sus efectos colaterales, antes de que las mamacitas blancas, en sus residencias de mal gusto pero llenas de objetos carísimos se los suministren a sus hijitos cada vez peor criados, cada vez más idiotizados, cada vez menos pensantes. También los imagino escarbando entre la verdadera invasión de chatarra proveniente de occidente con que los inundan para mantener “limpios de contaminación” sus países y confieso que siento surgir una indignación demasiado grande para ponerla en palabras.

Algunas de las medidas más acuciantes en países como los de Latino América deberían ser montar estructuras de transporte público eficiente y crear conciencia de que cada vez que Ud. se sube a su vehículo, que es además un arma mortal que puede terminar con vidas, incluyendo la suya, para darse el gusto de sentirse importante, está haciendo que muera gente inocente en Afganistán, o Irak para que UD. pueda “llenar su tanque”.

En cuanto a los alimentos, se ha permitido que las semillas nativas “desaparecieran”, como “desaparecieron” tantos jóvenes en la década del 70 y 80 por pretender alertar a sus hermanos sobre los efectos de este modelo infame y asesino.

Importar alimentos debe ser una opción a tomar sólo después de haber empleado todo el esfuerzo en producir con elementos y terreno propio lo necesario para que éstos se cultiven siguiendo las leyes de la naturaleza, que sabe bastante más que el hombre lo que es bueno para todos. Basta mirar un árbol, una semilla, para sentirse pequeño y bajar la cabeza con humildad. Un pájaro, una mariposa, una abeja, una lombriz de tierra (especies también en vías de extinción) guardan en su estructura y su accionar mucha más sabiduría que todos los “tecnólogos” y “empresarios” juntos.

Si los “terratenientes” (palabra fea si la hay, ya que la tierra se supone que es de todos los que la habitan) han sido cómplices de la devastación y prefieren sembrar soja por su bajo costo en mano de obra y entregar parte de sus beneficios a compañías que se han adueñado de las semillas, los gobiernos tienen derecho, en nombre de los pueblos que representan, de obligarlos a dar esa tierra en arriendo a quienes estén dispuestos a trabajarla para producir alimentos sanos, sin agroquímicos. Se crearían así verdaderos núcleos humanos que darían lo mejor de sí para vivir con dignidad, cualidad de que cada vez más se carece.

Estos dos puntos que he mencionado deberían estar en primer plano en las agendas de los gobernantes, que viven distrayendo a los ciudadanos con truquitos de magia y festejos porque les faltan las agallas y la inteligencia para dedicarse de lleno a lo que sí importa.

Se acaban de presentar varios miles de demandas judiciales en USA por parte de padres de niños autistas que adquirieron esa condición gracias a un producto con base de mercurio contenido en las innumerables vacunas con que fueron obligatoriamente inoculados sus niños en sus primeros años de vida. Los efectos de este producto fueron denunciados ya hace años -basta mirar la página de Robert Kennedy Jr. para comprobarlo- pero en silenciosa complicidad de profesionales de la salud, Ministerios de Salud, y demás autoridades, se siguió mandando vacunas con Thymerosal a países en desarrollo. Si yo, una humilde hormiguita lo vengo denunciando hace mucho tiempo, cómo es que las autoridades competentes nada han dicho?

Un médico del Hospital Francés de Buenos Aires denunció el año pasado la cantidad de casos de ataques cardíacos en jóvenes después de ingerir bebidas energizantes, seguidas por alcohol. ¿Algún gobierno hizo un estudio de esto?

Basta de silencio, de complicidad, de mirar encandilados a los “famosos”. Por favor, despertemos aunque más no sea por amor y responsabilidad hacia nuestros descendientes. Dediquemos aunque más no sea una hora de nuestro día a averiguar, a pensar, a tomar decisiones sobre lo que no debemos permitir que siga ocurriendo.

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