jueves, 2 de diciembre de 2010

Viajes prescindibles

María Luisa Etchart (Desde San José, Costa Rica. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Cada vez que un presidente o algún miembro auto-titulado “importante” emprende un viaje a tierras distantes con el supuesto intento de arreglar el mundo, utiliza aviones que contribuirán durante su recorrido a arrojar a la exhausta atmósfera toneladas de CO2.

De estos viajes jamás sale ninguna solución o propuesta coherente con los dramáticos problemas que el mundo está hoy enfrentando y sólo les sirve a los viajeros para lucir sonrisas, vestimenta y pronunciar huequísimos discursos y, en la mayoría de los casos, si alguien hubiera presentado algún proyecto que intentara paliar verdaderamente los incontables problemas que nos aquejan, seguramente uno o más de los viajeros interpondrá su poder de “veto”, con lo cual la costosa reunión perderá totalmente su razón de ser y nos mostrará una vez más que nuestro planeta está regido por unos pocos pero poderosísimos intereses y las mayorías “son de palo”.

El primer viaje de Obama como presidente fue a México, supuestamente para demostrar la buena voluntad del país protagonista en el consumo de drogas hacia el país que está siendo devastado por los grupos que se dedican a suministrárselas. Salvo por la creación de la famosa “gripe porcina” devenida luego en H1N1 y la venta masiva de vacunas que aparentemente ya estaban siendo preparadas para la ocasión, nada salió de ese viaje para liberar al pueblo mexicano del drama en que lo han sumido. Estados Unidos siguen con su hipócrita actitud de no asumir la mayor responsabilidad sobre el tema, y, como en los años de la famosa “Ley seca” , sólo nos hablan de los traficantes, pero siguen ignorando a los consumidores como fuente del problema.

La reunión de Copenhaguen fue otro fiasco total, como ahora la famosa reunión de G20 en Seúl, habiendose sólo ocasionado un confuso episodio violento por parte de las Coreas que el Imperio contribuyó a dividir en su momento y donde aún se mantienen cuantiosas tropas estadounidense “por las dudas, ¿vió?”, cosa que la atención bien documentada por los famosos “medios” se centró en ese entredicho y jamás nos enteramos de los resultados de la famosa reunión.

También tuvimos el entredicho entre Costa Rica y Nicaragua, al que se le prestó mucha cobertura, prolongadas reuniones de la OEA, viajecitos a ver el lugar, resoluciones, acusaciones casi ridículas de “nos arrojaron lodo en una superficie de 2.500 metros cuadrados (un cuarto de manzana) “ y se trató de magnificar el tema, mientras nadie habla ya de los 7.000 marines apostados en el puerto costarricense de Limón enviados para, supuestamente, ayudar a combatir el famoso narcotráfico.

La buena noticia es que, mientras esto seguía su ridículo curso, grupos ambientalistas de Costa Rica, incluídos estudiantes universitarios y activistas ecológicos, lograron que se anulara el decreto por el que se autorizaba a una compañía foránea a hacer minería de oro a cielo abierto. A esto seguirá seguramente apelaciones, pedido de indemnizaciones y todo el circo que siempre viene de la mano de las beneméritas corporaciones, apoyándose en el famoso Tratado de Libre Comercio, pero al menos se sentó un precedente de dignidad.

Para completar esta ronda, hemos tenido la suerte de poder presenciar por televisión (los que no fuimos lo suficientemente afortunados de verlo personalmente), el famosísimo desfile de Macy en Nueva York, con sus infantiles globos con personajes tan importantes en nuestras realidades como el Hombre Araña y otros super-héroes, y con Juanes emocionadísimo porque este año, por primera vez, un latino fue invitado a participar en forma activa. Todo esto mientras aún no queda claro cuál será el futuro de los inmigrantes latinos, ni del sistema de salud, etc. etc.

Si mal no recuerdo, el Día de Acción de Gracias fue iniciado por algunos Peregrinos para festejar la buena cosecha que lograron recoger en territorio americano, gracias a la cooperación e instrucciones de los indígenas nativos que algo sabían del tema, y que como todos los rituales fue tornándose en comerse un pavo, ver algunos desfiles y proceder a iniciar las famosas compras navideñas que, por supuesto, nada tienen que ver con el Jesús desgreñado que vociferaba en la puerta del templo tratando de azotar a los mercaderes, y que proclamó “bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados” y que, según se cuenta, pagó con su vida semejantes conceptos subversivos.

En cuanto al temido cambio climático, contaminación de océanos, tierras y fuentes de agua dulce por productos químicos, proliferación de medicamentos perjudiciales para la salud, invasión de envases descartables , sustitución de semillas naturales por “genéticamente modificadas” y todos esos avances científicos con que el sistema nos premia, es obvio que no lograrán ser combatidos y eliminados por los actuales gobiernos que no parecen tener como prioridad la conservación de los recursos naturales, y el justo reparto de lo que los humildes sin voz de este mundo producen, sino que se pierden en crear ministerios y secretarías donde se asilarán los eunucos a quienes el sistema comprará o silenciará, con la ayuda de los cómplices de turno.

De vez en cuando, se seguirán publicando “Memorias” de algún famoso como para distraernos un ratito más, junto con los nauseantes programas televisivos destinados a atrofiar cerebros y corazones, y las nuevas generaciones no llegarán a conocer jamás tantas voces que ha habido y hay en el mundo que los podrían ayudar a pensar y descubrir verdades cada vez más ocultas porque han sido cuidadosamente eliminadas de los “programas de estudio” .

Por favor, si usted ama a sus hijos, llévelos a una biblioteca y ayúdelos a descubrir tantos tesoros ocultos que podrían ayudarlos a torcer el camino por donde se los está guiando hacia un fin predecible. No sea cosa que se tengan que lamentar, como el otro día lo hizo un reconocido economista en USA, quien dijo que ya Marx había previsto estas crisis que el sistema capitalista traería al mundo, pero que él, como había estudiado en Harvard, jamás había leído a Marx y recién acababa de descubrirlo.

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