viernes, 8 de enero de 2010

El bueno, el malo y el feo (El al revés de las cosas)

Edgar Borges

A todos los feos transeúntes de la vida que segundo a segundo somos violentamente revisados en los aeropuertos de nuestro mundo.
El bueno
Dan Brown (el señor con la sonrisa de banquero que no da crédito) presenta su (instantáneamente) nuevo libro "El símbolo perdido". Otra vez el autor hace muy bien su papel de bueno en este mundo (al revés) donde los buenos son los más sospechosos de la historia.

Dan Brown es un autor feliz y ante todo es un mal mentiroso, hecho (lo de no saber contar mentiras) que le abre las puertas al sótano de los falsos escritores. Pero el señor es bueno (al estilo de Obama). Y vende. Y sonríe a cada segundo. Todo un ícono de estos tiempos de estupidización global (de niebla).
El malo
El escritor Mempo Giardinelli (Resistencia, Argentina 1947) ofrece una reedición de su obra "Luna caliente". Y, como digno representante de los malos (según las reglas del mercado), aprovecha, en España, la oportunidad para lanzar dardos en clave de palabras: "En lo que llevamos de siglo XXI me sorprende la inteligencia del sistema para que todo el mundo siga convencido de que esto es maravilloso y que a la gente no le importe no ser persona. A esta gran colonización mediática ustedes la llaman globalización y nosotros imperialismo, pero sin duda es el discurso más inteligente para la dominación del mundo que ha habido jamás".

El feo
Se trata de Francisco Cenamor (Leganés, España 1965), un poeta que descubrí gracias a internet. De otro modo, quizá, no hubiese sido posible el encuentro con su obra en medio del entramado mercantilista que nos obstaculiza la sensibilidad. En su blog http://franciscocenamor.blogspot.com/ el artista dice que "observo el mundo que me rodea, sobre todo a las personas, me empapo de su realidad, sus sentimientos, sus pasiones, sus sufrimientos, sus esperanzas y sus alegrías, los paso por el tamiz de la persona que soy yo mismo y los devuelvo convertidos en belleza. O al menos esa es la pretensión". Entre sus referentes poéticos cita a César Vallejo, San Juan de la Cruz, Mario Benedetti, Juan Gelman, José Agustín Goytisolo y Luis Luna, entre otros. En su poema "El fin de la historia" Francisco Cenamor canta que "ya no tiene sentido la normalidad/// ha llegado el momento de los disturbios espirituales.

En este tiempo, cuando pretenden imponernos el al revés de las cosas, habrá que profundizar en las sombras (las catacumbas del sistema) para abrirle espacio a la belleza.

* Sección (o clasificación) de aparición quincenal. Y seguimos buscando.

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Deja de mirar fijo a la zanahoria

María Luisa Etchart (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Por si no te has dado cuenta aún, con posterioridad a las década s del 60 y del 70, en que gran parte de la juventud en varios países comenzó a rebelarse contra el sistema imperante, con sus consecuentes desapariciones, muertes y persecución a sus ideales, el modelo capitalista acumulativo se puso como meta evitar que esto pudiera volver a producirse.

Para esto, fue creando un modelo que se encargaría de evitar que las generaciones que estaban en marcha ya y las que les siguieran tuvieran posibilidad alguna de convertirse en molestias para los “amos del mundo”.. Seguramente no fue un trabajo fácil pero, como ya habrán comprobado, el dinero todo lo puede comprar (menos la dignidad) y basándose en el conocimiento de la psicología humana primaria, comenzaron a aparecer zanahorias por todos lados, de distintos tamaños y aspectos (para el paladar de la dama y del caballero) , al tiempo que se desvanecía cualquier discusión que pudiera interumpir el modelo orwelliano que comenzó a expandirse.

Duele pensar que existieron tantos seres en lo que se conoce como “historia” que con sólo su mente y su coraje hicieron aportes notables para dar libertad al hombre, para ayudar a que la especie humana se auto-reconociera como lo que es: la especie más evolucionada y con mayor capacidad de expresión y de investigación de las que habitan esto que llamamos “Tierra”, que, vista desde la distancia suficiente, es sólo un puntito azul en un universo cuyos límites, si los tuviera, desconocemos.

Sin embargo, no hemos logrado aceptar nuestra finitud, nuestra pequeñez, y seguimos aceptando ser manipulados por seres evidentemente más rapaces, sedientos de poder, que pretenden, lamentablemente con éxito, dirigir nuestros pensamientos, nuestras vidas, entorpecer nuestro desarrollo introspectivo, permitirnos perder nuestros miedos para encarar lo que podría ser la elevación de la especie hacia formas más compasivas, más llenas de amor, más generosas, más proclives a “amarse los unos a los otros”, más anuentes a llevar vidas mucho más sencillas y gozosas de tanta maravilla natural, sin estar siempre especulando en cómo acumular, cómo ganar, cómo sentirnos seguros, cómo apoderarnos de tajadas más suculentas, cómo imponer nuestras estrechas miras, cómo crear autoridad sobre otros, con las consecuencias que no hace falta demasiado inteligencia para vislumbrar.

No hay una fecha exacta conocida sobre la aparición del hombre sobre este planeta, ignoramos cómo vivían realmente nuestros antepasados, pero sin embargo distintas civilizaciones, a veces simultáneas aunque no se conocieran entre sí, desarrollaron formas de dominio, explotación y temor, aduciendo “saber” cómo y por qué estamos aquí. No existe gran diferencia entre estas civilizaciones en cuanto a métodos: siempre bastó que alguno se erigiera en “autoridad”, se rodeara de seguidores dispuestos a matar en su nombre a los “infieles” (a cambio por supuesto de prebendas), se respaldara en “sacerdotes” que aseguraran tener el conocimiento directo de algún “Dios” con características totalmente humanas, castigador, vengativo, selectivo, que inexplicablemente necesitaba sentirse adorado, obedecido y lógicamente temido para dedicarse a repartir bendiciones sobre los que así lo hicieran.

Resulta incomprensible, luego de tanta investigación por parte de miles de silenciosos científicos que nos han ayudado a comprender nuestra pequeñez, nuestra soledad, nuestra imposibilidad de comprender el Gran Plan, si lo hubiere,. Ni qué hablar de pensadores, filósofos, escritores, músicos, pintores, cuyos nombres no quiero enumerar porque seguramente me olvidaría de demasiados, pero que a través de sus escritos, de los sonidos o imágenes que lograron crear, intentaron sin duda transmitir sus atisbos de la grandeza a que todos podríamos tener acceso si sólo nos libraramos del miedo y del absurdo de querer acumular (¿adónde pensamos transportar todo eso?)

El prejuicio, enraizado en nuestra vida, que todo lo tiñe de falacia, que nos maniata, que nos hace perder la espontaneidad tan necesaria para poder decir que “realmente vivimos” ha cobrado millones de vidas a través de los años y sólo cambia de forma pero no de fondo. Uno de los últimos y que más gracia me hace, es la de que es necesario borrar las “líneas de expresión” del rostro, rellenarlo de una toxina que impida que la cara muestre huellas de las emociones, alegrías y temores que su portador ha sentido a través de su vida, y considerar que eso es “estético”. Desde la pantalla del televisor nos miran ahora caras impersonales, idénticamente estúpidas, faltas de contenido, demasiado parecidas entre sí, con ojos también tratados para que se vean grandes y relucientes, incapaces de transmitir cualquier cosa que se parezca a un sentimiento. Me atrevo a sospechar que hasta el Papa ha caído en esa práctica, o, de lo contrario, jamás sintió nada en su vida.

Cómo se reiría Oscar Wilde de que se ha hecho realidad su inolvidable “Retrato de Dorian Gray”.

Y también están allí los rituales, repetidos hasta el hartazgo año tras año, carentes de contenido, transmitidos a los pequeños como “valores”. Que alguien me explique la relación entre un Jesús de Nazareth desgreñado, azotando a los mercaderes del templo, predicando sobre “los lirios del campo”, oponiéndose tanto al Imperio como a la acomodaticia posición de los sacerdotes y ese Santa Claus comerciante astuto, esos árbolitos patéticos llenos de luces de colores, que luego de ser cultivados, son cortados y arrojados a la basura tras los vacíos festejos de comidas y regalitos. Seguramente, sería hora de dejar de adorar una cruz, que fue nada más que el sistema usado por los romanos para librarse de personas no gratas y que hoy en día sería el equivalente de una silla eléctrica, o una horca, o una inyección letal, a ser aplicada a alguien en Guantánamo. ¿Hasta cuándo seguiremos comiendo pescado un viernes de cada año como si con eso borráramos las atrocidades que cometemos contra los animales durante los otros 364 días? En Israel en otra fecha seguirán golpeándose el pecho en el Muro de los Lamentos mientras planean cómo eliminar a los molestos palestinos que se niegan a admitir que ellos son el “único pueblo elegido por Jehová” y pretenden seguir adorando a Alá y su profeta, Mahoma.

Basta ya, por favor. Basta de escuchar atemorizados las últimas novedades de Wall Street, basta ya de temblar por las inversiones para tener una vejez abundante, mientras millones de habitantes de Africa, continente que fue arrasado por la codicia europea y utilizada por laboratorios criminales para probar medicamentos y vacunas, tratan de huir en barcazas hacia algún lugar donde no perecer de hambre y sed y son rechazados con violencia, con la consigna: “Prohibido devolvernos la visita que les hicimos antes”.

Algunos hechos que podrían realmente cambiar nuestras vidas y la de los pobres inocentes que vienen atrás serían:

Dejar de destruir los recursos naturales, dejar de producir chatarra plástica, dejar de contaminar el aire con ridículos vehículos que para transportar a un insignificante pigmeo humano debe emplear una masa mortífera de miles de kg. de peso y alimentada a petróleo cuya extracción está vaciando el interior de la tierra y que seguramente estará influyendo en su peso total, con consecuencias aún no previstas.

Retornar a las semillas naturales, que aseguraron el abastecimiento durante siglos, no a Monsanto.

Basta de comunicarse con los mal llamados “mensajes de texto”, cada vez más carentes de contenido y peor escritos. Caminar más y mirar a las personas a los ojos cuando se habla con ellas.

Volver a rescatar el placer de jugar, sin que deba ser algo competitivo. No resisto mas oír a los “comentaristas deportivos y jugadores” repetir hasta la saciedad que “hay que ganar”, por qué lo hicieron, por qué no pudieron, qué hacer al respecto para el proximo partido, cuántos millones de dólares vale cada bípedo capaz de patear una pelota, etc., etc. Aprendamos de cualquier mamífero y sus crías, que juegan con ellos y entre sí por el simple placer de hacerlo y como una forma de aprender a conocerse y fijar sus propios límites.

Negarse a ver tantas películas llenas de violencia, soberbia, falsos valores, mentiras y volver a leer a quienes tuvieron algo importante que decir.

Tratar de buscar el equilibrio interno y físico con ayuda de lo natural, volver a contemplar la naturaleza como si recién la descubriéramos, sentir la maravilla del árbol, eminentemente libre en la expresión que cada uno de ellos elige para crecer y brindar su belleza, protestar por los envases descartables con que se está llenando el planeta y que ya parecen ridículos a la hora de comparar su fortaleza, sus kilométricos textos impresos con su minúsculo contenido, lleno de preservantes y productos químicos .

Y ahora que , al famoso Año Nuevo (que alguien me explique cómo se sabe que la tierra comenzó a girar alrededor del sol en el equivalente de un 1ª de enero de un calendario también inventado que jamás hace hincapié en la continuidad inmutable del tiempo, ¿ en un pequeño lapso le seguilrán las famosas “Pascuas”, no volver a caer en los estúpidos rituales carntes de contenido.

Exigir a los países que fabrican armas que dejen de hacerlo. Seguramente es un “buen negocio”, como lo es incitar a los pleitos entre zonas vecinas para que crean que las necesitan para dirimir sus pleitos.

Dejar de ser idiotas útiles en las luchas del narcotráfico, mientras el país que más las consume y que es el destinatario final de ese vil comercio no asume que ese tráfico existe y persiste porque ellos las demandan para poder seguir viviendo sin tener que asumir su patética realidad.

Basta de mentiras. solo la verdad nos hara libres. y la verdad esta dentro de nuestros propios corazones.

Sí, somos mortales y nada sabemos del por qué pero al menos tratemos de vivir en dignidad, armonia y compasion. los reyes no existen como especie natural, tampoco los que se dicen interpretes de escrituras escritas por hombres como usted y como yo.

No sigamos aumentando el dolor y la injusticia con nuestras acciones. hay un niño, un perro, una abeja que necesitan de nuestro respeto y amor.

María Luisa Etchart es argentina residente en Costa Rica.

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Sobre crítica y arte digital




Margarita Schultz (Especial para
ARGENPRESS CULTURAL)

Algunos comentarios sobre textos de Alberto Mangel.

Doy inicio a estas reflexiones con un ciclo destinado a plantear la necesidad y simultánea dificultad de abordar las producciones digitales de intención artística desde la perspectiva de 'la
crítica de arte'.

Puede parecer insensato reunir esos dos mundos de por sí complejos vistos de manera separada. Sin embargo el propósito de estos textos, que iré instalando en "EN TORNO A LAS ARTES
", es mostrar que esta última -no final- etapa de la continua mutación del arte aun siendo elaborada en un soporte como el soporte digital presenta flancos y perfiles que la vinculan con los grandes problemas de la tradición artística.

Pero 'familiaridad' no significa 'identidad'. El arte de soporte digital presenta sus propios conceptos y por eso contiene sus propios conflictos.

Comenzaré, entonces, trazando algunas líneas relativas a la esfera de la crítica.

He separado tres fragmentos escritos por Alberto Mangel en su libro En el bosque del espejo. La selección tiene por finalidad mostrar cómo una misma idea puede presentarse en manifestaciones diversas. Diversas en apariencia.

El Mozart que se escucha en el Carnegie Hall no es el mismo que se oye a la puerta de un campo de concentración; son dos experiencias diferentes, dos entidades diferentes, como el Cielo y e
l Infierno. Y a cualquiera de ellas el viajero llega solo, cualesquiera sean las circunstancias del
viaje, no importa cuántos lo hayan precedido. (…)

Cada experiencia artística (musical o de otra especie) es única. Es única ante todo por dos motivos: porque el contexto o ambiente influye en el tipo y calidad de la experiencia, cada vez y genera cada vez experiencias distintas. Es única, además, porque cada individuo, cada persona de las que constituyen el público potencial histórico, es un individuo único en cuanto a su experiencia. Lo es con independencia de la historia que le antecede, aun de su propia historia personal, si quisiéramos llevar al extremo la afirmación de Mangel.

Lo mismo que los museos, nosotros, los espectadores, estamos hechos de historia y geografía, y de la historia y la geografía forman parte las etiquetas, aun si el significado cambia según las manos que las colocan. Digamos que la labor de despegarse de esas etiquetas no es solo difícil; es imposible. Digamos que historia y geografía no solo son las sustancias de que estamos hechos,
sino las sustancias de que están hechas las obras de arte. Digamos que las etiquetas son intentos de leer esa historia y esa geografía. (…)

¿Estamos hechos de historia y geografía porque somos de algún modo nuestra geografía y nuestra historia y a la vez somos únicos en cuanto a la historia y la 'geografía' de nuestras experiencias artísticas? Las obras de arte ¿están hechas de historia y geografía y a la vez
trascienden su geografía y su historia en la singularidad que encarnan y representan?

Voy hacia una obra de arte con mi bagaje histórico y geográfico, pero el bagaje que llevo no cesa de cambiar y casi todas las veces me permite ver en la obra algo más, algo nuevo. Por eso no confío en las etiquetas. Una obra de arte no contiene en sí misma juicio alguno.

El receptor de arte cambia en sí mismo todo el tiempo -como individuo situado en el tiempo-espacio que es- y la obra de arte se convierte en un calidoscopio de sí misma gracias a las renovadas miradas del espectador. Y por eso mismo no contiene en sí misma juicio alguno.

¿Cómo pueden ser esas arenas movedizas la base sobre la cual se edifique la crítica de arte?

La cuestión es qué se edifica y qué materiales lo componen. Es interesante al respecto la experiencia de los países sísmicos en cuanto a construir sobre pilares móviles, fundaciones de gran plasticidad susceptibles de moverse con el movimiento telúrico.

(Capítulo “La musa en el museo”, de En el bosque del espejo. 2001. Grupo Editorial Norma)

Afectividad del espacio y creación de espacios artísticos

El espacio físico que nos rodea posee cualidades diversas: en parte, propias, vale decir, objetivas, en parte nacidas de nuestra apreciación, del modo como lo vivimos. Esta habitación en que me encuentro posee medidas precisas, según el sistema decimal. También es un espacio de ‘mi hogar’. No es improbable que un montañés encuentre inabarcables los espacios abiertos, como los inmensos de las pampas de llanura, y, al contrario, que un habitante de esas llanuras interminables sienta que ‘le falta horizonte’ cuando se encuentra en zonas cordilleranas.

Esos sentimientos son experiencias vinculadas al modo como vivimos el espacio. Pueden trasladarse a nuestro modo de sentir el espacio arquitectónico, los ambientes construidos donde vivimos o nos movemos. Aspectos pasivos como el tamaño de un ambiente, el color de la pintura de una pared, el grado de luz (natural o artificial) de un interior ¿se transforman en agentes de
nuestros estados de ánimo? Por cierto que sí. Aun sin entrar en los planteos del legendario Feng Shui, una interesante prueba occidental de ello es que el diseño actual de hospitales toma en cuenta esos y otros factores como agentes directos para la prontitud de la curación de los pacientes internados allí.

Los valores afectivos del espacio influyen directamente en nuestra percepción. Percibimos selectivamente aspectos de lo que nos rodea, los cuales nos impresionan en la medida en que tenemos con ellos alguna afinidad, o, por el contrario, experimentamos algún rechazo. Por cierto, he marcado deliberadamente un contraste, del cual no siempre está consciente el sujeto perceptor.

Esta breve referencia quiere destacar, ante todo, que el espacio no es neutro para nosotros, aun cuando pocas veces lo notemos. Actualmente, por ejemplo, los ciudadanos de Santiago están
tomando conciencia del modo como los afecta la ciudad, la multitud, la saturación vehicular… El espacio ha dejado de ser amable en muchas zonas, se busca huir de ellas a sabiendas. Hay un éxodo por parte de quienes se atreven a cambiar de vida y emigran a otros espacios.

Sin embargo, frente a la habitual falta de conciencia respecto de esos valores afectivos del espacio, la tarea de la creación artística es destacarlos, elaborarlos, trabajar con ellos. Los pintores han valorizado tradicionalmente las distintas zonas o regiones de sus cuadros. Han creado vacíos, o secciones plenas de formas intensivas, han empleado el color para dirigir la atención hacia un punto y hacer sentir, por ejemplo la fuerza de la luminosidad o la presencia de una sombra.

En una entrevista a la artista española Elena Asíns, realizada por Celia Montolío para Revista LAPIZ, la creadora en el área de las artes visuales, relata el modo como una de sus obras fue acogida por el público. Elena Asíns hizo en 1995-1996, una instalación para ser exhibida en el Centro Cultural de la Villa. Se trataba de una habitación negra, plenamente negra de techo a piso, también lo eran las paredes. En el centro había una estructura tridimensional: dos formas como dos menhires y un espacio central al que se penetraba, con muy poca luz; en el interior había otra estructura, pero cerrada. ¿Cómo reaccionó el público?

Transmito un fragmento de la descripción dada por la artista: “Había gente que decía que no entraba porque le daba miedo, otra que le pedía a los conserjes una linterna, y hubo un caso de un señor que se arrodilló y se puso a rezar.” Hasta aquí la cita. Me pareció pertinente, porque aporta una muestra concreta de lo que he planteado hasta aquí. El relato de las experiencias personales podría haber continuado, porque cada visitante de la exposición y de la instalación seguramente se ha articulado de manera diversa con aquel espacio, con esa idea hecha forma y materia. Las reacciones de miedo o de devoción son ejemplos de ello.

Estas referencias tienen una meta: insistir en que percibir cosas, percibir ambientes representa, en verdad, un proceso donde el sujeto es activo y arrastra consigo su historia personal.

Quiero proponer, aún, como argumentos en esa dirección dos nociones que me parecen enlazadas. Se trata de las ideas conexas de “horror pleni” y “horror vacui”, expresiones que designan, respectivamente, el horror a lo lleno y el horror a lo vacío. Dichas experiencias, o sentimientos si se quiere, no han sido solamente vivencias subjetivas. En la historia del arte de occidente podemos encontrar manifestaciones concretas como efectos de esos sentimientos. Por ejemplo, podemos interpretar, en parte, los valores formativos del barroco histórico como expresión del “horror vacui”, como rechazo a lo vacío. Así, la profusión de formas integradas y secuenciales, la superposición de formas, aparece como un modo de llenar lo vacío, de ocupar un espacio que no es asimilable. Un espacio vacío que preocupa porque, tal vez, obliga a reparar en la propia subjetividad en lugar de distraerse en la objetividad de las cosas.

El “horror pleni”, el rechazo a lo lleno, encontró un cauce de manifestación en una reconocida escuela de diseño de comienzos de este siglo. Me refiero a la Escuela de Diseño Bauhaus, en sus sedes de Weimar y Berlín. Uno de los principios de la Bauhaus, fue la simplicidad, el funcionalismo, la pureza de las formas, el rechazo al ornamento. Los maestros de esta Escuela, entre los que se contaban Marcel Breuer, Johannes Itten, Adolf Loos, Wassily Kandinski, defendieron la propuesta de que las formas puras y los colores puros tenían en sí una belleza suficiente. Quien haya observado sus diseños, por ejemplo, los de lámparas, vajilla doméstica, sillones, viviendas, podrá asociar esas formas con un principio germinal, el de un rechazo por lo lleno y profuso.

¿Tiene sentido vincular esos rechazos, a lo lleno y lo vacío, con la expresividad del espacio? ¿Son acaso manifestaciones de la afectividad en la experiencia del espacio? Estas preguntas, a mi parecer, se responden afirmativamente.

Creo que aun desde la misma expresión lingüística empleada se transmite un matiz, un rasgo afectivo: “horror pleni”, “horror vacui”. Horror es descripción de una experiencia emocional, es un sentimiento, también una proyección de la intimidad hacia afuera, hacia los valores del espacio, es cualidad, principalmente. No importa cuál sea la opción estética, si el barroco o el funcionalismo bauhausiano, lo importante, es el reconocimiento de esos valores. La idea de que el artista es consciente de ellos y trabaja con esa conciencia y esa afectividad para exponerlos a la conciencia del público receptor.

Fuente imágenes:

Margarita Schultz es argentina residente en Chile.

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Monólogos exteriores

Gustavo E. Etkin (Desde Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

I

Me tenés podrido con eso de la muerte, vos. Cuando te da con esa ni laburar me dejás. Te juro, me dan ganas de tirar la pala por ahí y mandar todo a la mierda. Y dale con lo mismo, y dale con lo mismo, y dale con lo mismo: que para qué si no somos nada, que todo se termina, que todo se acaba, que el tiempo pasa, que los años, que mirálo a Fulano como se vino abajo en poco tiempo, que mirá a Mengano que le iba tan bien, que uno nunca sabe, que hoy estamos y mañana no... Pareces un velorio, un velorio! Podrido me tenés, ¡podrido! Ta que tipo semáforo, amargo... Para qué vivís entonces, ¿eh? ¿Para qué? Agarra un bufoso y chau, si total... ¿Para qué laburas entonces, eh? ¿Para qué morfas...?. ¿Y las minas...?, mirá, mirá esa, mirá que culito reventón, fresquita, linda, tiernita, va con sus florcitas... adiós virgencita, te chupo toda nena... eh?, mirá qué hermosura... bah, si te miro la jeta a vos y me amargo el día. Pero mirá, mirá qué día bárbaro: ni una nube, todo azul y un solcito de primavera... mirá los árboles, ¡¡¡¡¡¡qué cipreses!!!!!! El pasto, el olor de las plantas, el aire puro....y las flores por todos lados, mirá que lindas... decime un poco... no te pone contento la naturaleza? Y ahí estás, parado como una vela y yo haciendo el pozo... cada vez que te agarra esa mufa negra el único que labura soy yo....y el laburo, por ejemplo, está bien que es pesado, pero tiene sus rebusques, ¿eh? O me vas a decir que cualquiera que labura con la pala encuentra oro. Claro que no siempre... cuestión de suerte… pero un diente o un anillito cada tanto ligamos... Bueno, terminado. Pero apártate del borde o querés que el enterrado sea yo, ¡¡¡¡¡¡papanata!!!!!!!

II

Las caras de Mariette Lidis tienen la piel muy suave pero son todas iguales. Ya me asquean. El cuadro está embadurnado con engrudo: es wasca.

Un loco se pajeó frente al cuadro y después la repartió. Pronto va a ser la hora de buscar las nenas al colegio. Tengo ganas de verlas. Le dieron litio a ese PMD insoportable. Como si nada. Le dieron unas piñas en el estómago y volvió a vomitar. Mejor un cocktail hipnótico. Tengo que sacar los pajaritos al sol. Cantan mejor. Al 28 si sigue así lo voy a sacar del grupo y le voy a enchufar un electro. Este café está muy bueno. El brasileño es bárbaro, lástima que se está por acabar la lata. ¿Le habrán hecho la autopsia al 5?

Con los electros debe tener las meninges de cuero. Que hago: le regalo el avión a Jorgito o le compro el material para que se lo arme él? Anda enloquecido con los mecanos. Al 10 lo voy a dar de alta, pero no sé, ya es la tercera vez y después siempre lo traen. Esta vez le voy a dar una filípica para que no hinche las pelotas. Sobran enfermos y faltan camas. Parece que la psicóloga me da pelota, anda media inquieta. Debe necesitar pijoterapia. La nueva fórmula del tranquilizante ese parece que anda pero hay que seguirla probando. Al 4, al 9 y al 12 les salieron flemones en el lugar del pinchazo.

Uy!!!! Tengo que sacar las entradas para ésta noche. Los de admisión me enchufaron otro epiléptico, lo melonearon al oligo del cabo, pero se los voy a mandar de vuelta. Estamos a 20 y todavía no hice el trabajo de psicofármacos para las Jornadas. ¡¡¡¡¡El negro de la 5 está alborotando de nuevo!!!!! Le voy a hacer enchufar otra insulina. O litio, vamos a ver. Cuando empezarán con los loqueros regionales. Todo antimanicomial. Que se los banquen las familias. Esos cabecitas borrachos mejor que se queden en sus provincias. ¿Habrá pasado la noche el viejito gatoso de la 3? Los enfermeros se quejan y tienen razón, che. Creo que ayer me olvidé de firmar. Ahí está el visitador de Squibb. Un caballero. Ese tipo tendría que seguir estudiando, a esos muchachos hay que darles un impulso para que no se queden a mitad de camino. Zás, cayó Coquito Y a pecharme cigarrillos. Igual que el otro. Estos microcéfalos son simpáticos. Por las dudas le voy a recordar a la gorda de la morgue que también me lo reserve. Ya me ganaron de mano con el idiota del otro pabellón. Mirando bien, a la sala le hace falta una mano de pintura. Y con florcitas va a quedar alegre.

III

Sé que somos muy distintos. El medio en que vivimos y quizá nuestro sentido de la vida, todo, todo nos separa.

Sin embargo te quiero lo mismo. A pesar de las diferencias, a pesar del profundo, infinito abismo que nos separa, soy tu hijo y tocarte aunque sea un momento me calma, me alivia. Me da paz.

Es que yo sé, estoy seguro, que aunque parezcas tan lejana, transparente, fría, viviendo en tu mundo, yo sé, estoy seguro mamá, que mi presencia, tocarte, hace vibrar alguna fibra, algún circuito te comienza a temblar, que en lo más profundo todavía está - tiene que estar - el recuerdo de cuando los dos éramos uno.

Por eso no me importa mamá, mamita querida, yo sé que me querés mucho, estoy seguro, seguro, como te quiero yo a vos. Sé que sentís mi amor cuando te agarro, te levanto y te acerco a mi mejilla: te siento húmeda, vibrante, temblorosa. Y me doy cuenta, a pesar de tu silencio mamita querida, que lo que entonces cae por tus filamentos no es agua, son lágrimas.

No, no quiero lastimarte. Por eso te pongo nuevamente en el frasco, te devuelvo a tu mundo, te dejo flotando en tu líquido, tranquila. Sé que así no te daño, es un tiempo pequeño, un poquito nomás en que necesito sentirte junto a mí, saber que estás conmigo, tenerte, tenerte conmigo, mamita querida.

No mamá, no, no sientas que te quiero incomodar o lastimar al sacarte a veces del frasco. Quizá puedo parecerte egoísta, pero yo sé que te das cuenta que es porque te quiero y te necesito, mamita querida.

Yo sé que sabés que mantengo tu PH con amor, que te cambio el agua como corresponde, que cuido siempre la temperatura, que me desespero por conseguirte siempre el mejor plancton.

Yo sé, mamita, que nos queremos mucho, estoy seguro mamita querida, estoy seguro que me querés mucho porque las madres quieren mucho a sus hijos, porque hay cosas que nunca van a cambiar.

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Sobre “bereber” y “amazigh”

Víctor Ramírez (Desde Canarias. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

- 1 -

Principiamos la tertulia comentando esa otra tremenda mentira leída en prensa hace pocos días: lo de la creación y puesta en funcionamiento de un Plan para erradicar la pobreza extrema de nuestra ciudad antes del año 2004. "Esas personas planificadoras suelen ser de las que prioritariamente, casi exclusivamente, viven para aumentar su peculio personal. Suelen ser de las que, como todas las iglesias organizadas y algunas que otras personalidades parásitas nobiliarias, buscan y consiguen medrar y enriquecerse hipócritas con la ingente miseria popular negociando con ayudas sociales a los pobrecitos" intervino Miranda.

Cierto, muchacho: Esa pobreza extrema ciudadana aumentará inexorable. Y aumentará porque se dispara alarmantemente la demografía sin control y se estancan y desaparecen las actividades económicas fructíferas por mor de la paralizadora situación colonial. "Esa pobreza ya ha aumentado en los pocos días que van desde el anuncio del Plan hasta hoy" añadí. "Pues incluso la misma prensa proclamó que el nivel económico de Las Palmas se hunde a las posiciones más baja de todo el Estado borbónico".
Lo importante, para esas gentes esbirriles tan codiciosas e insolidarias, es mentir, es ocultar sus incapacidades e imposibilidades mientras continúan enriqueciéndose a costa y en contra del pueblerío indefenso e ignorantado y tan acobardado -continuó el viejo Armiche, quien se avergüenza de haber defendido dialécticamente alguna vez al actual director general del Servicio Canario de Salud, Román Rodríguez, el hermano de mi amigo Tomás, creyéndolo independentista y de izquierdas -es decir, del que trabaja para la mejoría y no la explotación de sus semejantes- cuando se ha comportado como todo lo contrario: como un a-provechado esbirro muy españolista y un exsindicalista demasiado parasitario subburgués.

*

Entonces, y aprovechando mi silencio, tomaría la palabra el viejo Armiche: Pero cambiemos de asunto, muchachos. En un libro biográfico sobre el afamado mexicano revolucionario Doroteo Arango, nombrado Pancho Villa, leí hace tiempo que John Reed -el escritor comunista norteamericano autor de México Insurgente y Los diez días que con-movieron el mundo- allá por 1913 ó 15 le habló de Socialismo.
Pancho Villa se aproximaba a los cuarenta años y, tras escuchar a Reed y entenderlo según su mentalidad, confesó humilde: “Juanito, pos yo creía que Socialismo era un objeto, un utensilio doméstico”. Igual que al gran revolucionario mexicano nos ha pasado y nos ocurre a muchos canarios con respecto a las palabras homónimas bereber -o beréber- y amazigh –o amazik. Mas el desconocimiento o error sobre algo no significa la inexistencia de ello.

*

("Me enteré anoche de que en idioma amazigh actual significa acantilado. ¿Podremos saber ya de dónde le procede el nombre a nuestra isla El Hierro, puro acantilado?", interrumpió al pronto Miranda.

"Por cierto: según anoté del libro Agual Guanche, de Francisco A. Ossorio Acevedo, la palabra Tenoya procede de Teno -risco- y Ya -partícula que significa Femenino.

Una mujer guanche se desriscó allí para no ser violada por una cuadrilla de invasores españoles lúbricos; y el lugar, deshabitado cuando ocurriera eso, quedó nombrado El Risco de la Mujer, es decir Teno Ya. Perdone la interrupción, señor Armiche").

*

Los muchísimos canarios que tenemos ascendientes nacidos en cualquiera de nuestras islas hasta las dos primeras décadas de este siglo -especialmente si éstos nacieron en las islas periféricas, las menos invadidas, o en los abruptos interiores de las islas centrales- podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que somos racialmente imazighen, o bereberes. Lo somos con seguridad aunque intelectual y moralmente -social y políticamente- estemos inmersos -puede decirse que ahogados- en la llamada y más o menos asumida Cultura Occidental, es decir imperial-católica-capitalista.
Lo somos aunque nos sintamos y comportemos de distinta manera a los imaziguen actuales del continente, bajo la más o menos asumida Cultura islámica éstos. Por admitirme yo beréber o amazigh -debido a los antepasados comunes con los imaziguen continentales- no voy a renegar de ni a maldecir estérilmente lo que ahora soy, muchachos.
Tampoco pienso caer en paralizantes esquizofrenias propias de acobardados que dan la espalda a su realidad (¿¡Cuántos compatriotas habrá, con estudios superiores y lectores empedernidos incluso, que nunca han leído completo un solo libro canario!?), ni mucho menos pretender volverme a lo que nunca podré ser: uno de mis ancestros trogloditas o maúros bestializados por la inclemente crueldad metropolitana ejercida casi siempre, o siempre, por esbirros paisanos.
"Los renombrados católicos san Agustín y su madre santa Mónica, por ejemplo, eran imaziguen -según leí hace tiempo. Y, que yo sepa, jamás odiaron o renegaron ellos de esa condición étnica. Fueron de los romanizados, frente a los bárbaros insumisos; pero no pusieron en duda su incontestable pertenencia étnica norteafricana, es decir amazigh" -dijo el apodado Pancho.
Esto no tiene más importancia, al menos para mí, que la de admitir con normalidad una verdad histórica que sacie las ansias de conocerte y comprender algo mejor la realidad circundante: en concreto tu procedencia, alguna de las raíces que te sostienen y estimulan. Así, conociendo, puedes no temer tanto al presente y encararte al futuro sin esterilizantes esquizofrenias ni acobardadoras huidas hacia las ignorantaciones impuestas por el poderío colonial español y asumidas sin rechistar incluso y principalmente por quienes estudian en Universidades -auténticas pudridoras de conciencias.

8-septiembre-1997

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Pese a la fortísima presión de otras culturas

El apodado Pancho, que tiene familia en el Valle de Jinámar, recordó que la Federación de Asociaciones de Vecinos Independientes de Telde había pedido a su Ayuntamiento que destinara el dinero municipal conseguido por el canon del Mercadillo de Jinámar a las familias necesitadas del Valle de Jinámar. Por lo oído, este mercadillo fue creado con este fin (¡siempre supliendo la dignificante justicia con la encanalladora y mal llamada caridad!).
Ignoro si se ha cumplido la solicitud de la Federación para paliar míseramente esa vil situación que acá se da casi exclusivamente entre imaziguen, pues son los imaziguen canarios quienes en mayoría -y como siempre desde la llamada conquista- soportan las miserias y desesperanzas. Lo que sí sé, porque lo leí hace algún tiempo, es que el Ayuntamiento reconocía que dentro de la población jinamarense existen 7.100 familias (sí: familias, casi todas con más de tres miembros) en situación de pobreza: 2.700 en pobreza severa, 4.400 en pobreza moderada (seguro que son más).
¡Y pensar que hay políticos profesionales -quienes acaban convirtiéndose en parásitos insaciables- proclamando que se acabará la pobreza en nuestra Patria, Patria cada vez más expoliada, cada vez más poblada y, por ende, miserabilizada. Perdone usted la interrupción, señor Armiche. Continúe.

*

(Mas quien tomó la palabra fue un contertulio ocasional, el amigo Brígido Marcial. "Imagino que sabrán ustedes que nuestro afamado queso de flor de Guía casi ha desaparecido de la isla y que se ha de producir en Extremadura, sí, en Extremadura.
Aquí hay muchos problemas para su elaboración y ningún apoyo financiero de la cicatera Administración. ¡Para que luego digan cínicamente que en diez años acabará nuestra pobreza!").

*

Así y todo tengo mis esperanzas enhiestas, muchachos, aunque sea viejo y seguramente no vea la total emancipación de nuestra Patria Canaria. Crece el número de compatriotas que, pese a tantas dificultades, adquieren consciencia, que comienzan a ver, aunque todavía borrosamente, con ojos canarios, con ojos imaziguen.
Pese a la fortísima presión de otras culturas que ha provocado el fin de muchas costumbres nuestras, inocentes costumbres que sólo dañaban al interés metropolitano de mantenernos desarraigados, aumentan los grupos folklóricos y los artesanos, auténticos heroicos resistentes a esa presión.

*

"Es que ahí está la clave, señor Armiche", interrumpió Miranda. "Lo que más teme el poder colonial es que el colonizado tome consciencia. Ésta se adquiere con el conocimiento de su realidad, y el conocimiento se combate con la ignorantación. De ahí proceden las tantas mentiras sobre nuestro pasado que hemos de tragar desde la cuna hasta la misma muerte".
Y de ahí arranca que en nuestra Universidad no se estudie África, perteneciendo nuestra Patria geográfica y étnicamente a ella. De ahí que ningún Organismo oficial de Cultura o académico aprovechase para participar en el pasado Congreso Amazigh.
"No participaron porque las instituciones oficiales en una colonia son instrumentos colonizadores, jamás libertarios. El dinero llamado público en una colonia pertenece al poderío metropolitano, y todo lo oficial se controla con ese dinero. La verdad acaba inculcándote ansias de libertad, la verdad en una colonia es un peligro para los colonizadores y sus esbirros. En una colonia, para los esbirros y colonizados sumisos, para los expoliadores, intentar descubrir y airear la verdad es jugar con fuego, es sembrar vientos".
Incluso se dice aquí, vilmente, que admitir la realidad de que somos imazighen es querer entregar nuestra Patria al monarca alauita marroquí, del rey español, es volvernos musulmanes -que tampoco son de peor índole que católicos o protestantes o budistas o.... Cuando les comienza a fallar la vil estrategia de la ignorantación, cuando se percatan de que podemos aprender y conscienciarnos, echan mano a nuestro sempiterno miedo al moro.

Independencia significa eso y nada más: liberarnos del yugo metropolitano para poder planificar dignamente nuestro futuro colectivo. No significa librarte de un yugo para caer en otro.
Y todos los pueblos tienen el deber de procurar autodeterminarse, autodirigirse. El derecho de autodeterminación existe sólo tras haber practicado el deber de conseguirlo. Los canarios tenemos el deber de ganarnos el derecho de autodeterminarnos.

*

("Las llantinas de los pescadores del Sur y de los campesinos moganeros y cumbreros, todas las llantinas de canarios llorones, proceden de que no nos atrevemos a exigirnos el deber de autodeterminarnos, proceden del cobarde consentimiento de que otros nos controlen y nos muevan como a muñecos esclavos.

Mientras sigamos dejando que sean los fuereños quienes determinen sobre nuestro destino, careceremos del derecho de que se nos respete").

*

Repito: Amazigh significa . A los imaziguen rebeldes –habitantes del norte africano- se les llamó bereberes, bárbaros, los insumisamente apartados de las civilizaciones griegas, romanas, árabes, francesas...
Llamar bereber al amazigh es como, salvando las distancias, llamar chichachero, gofión, conejero, a alguien que preferiría ser llamado tinerfeño, grancanario, lanzaroteño -y aunque este alguien admita ser llamado chicharrero, gofión o conejero.

Lectores entrevistan a Enrique Vila–Matas: “El personaje central de Dublinesca necesita volver a ver con entusiasmo el mundo”

Un grupo de lectores, agrupados en una sociedad virtual (son parte activa de una red social) llamada Leyendo a Enrique Vila-Matas, ha entrevistado al escritor español más importante del momento. Enrique Vila-Matas, referencia de las voces narrativas posteriores al boom latinoamericano, es poseedor de un estilo único que juega por igual con la ficción y la realidad. En esta interesante entrevista, el autor de Doctor Pasavento, revela algunas claves de su nueva novela (a ser publicada en marzo de 2010) Dublinesca.

Pregunta: Escribe en su libro "Exploradores del abismo": “Mis exploradores son optimistas y sus historias, por lo general, son las de personas corrientes que, al verse bordeando el precipicio fatal, adoptan la posición del expedicionario y sondean en el plausible horizonte, indagando qué puede haber fuera de aquí, o en el más allá de nuestros límites”. ¿De qué manera se protegen sus exploradores de las Sirenas o es que no alcanzan a escuchar su Canto?

Enrique Vila–Matas: He perdido el control sobre esos expedicionarios. Ya hace demasiado tiempo de todo, y para mí es también ya demasiado el tiempo que ha transcurrido desde que perdí la pista de mis exploradores. Las últimas noticias que tuve de ellos hablaban de que Orfeo les protegía noche y día.

Pregunta: Gracias a usted mucha gente conoce la figura de Robert Walser. ¿Cuál o cuáles serían a su juicio otros autores que merecerían ser rescatados de la invisibilidad a la que se han podido ver abocados por diversas circunstancias?

Enrique Vila–Matas: Teniendo en cuenta que la gente lee a Dan Brown, bastará que le dé la lista de libros que rondan mi mesita (mesita de día, porque de noche, en la cama, no leo) para que tenga la impresión de hallarse ante algunos autores no muy visibles y en cambio apasionantes: El Padre Muerto (Donald Barthelme), La cuestión de Bruno, El proyecto Lázaro (dos libros de Aleksandar Hemon), La voz a las tres de la madrugada (Charles Simic) El amigo del desierto (Pablo d´Ors), Noches insomnes (Elizabeth Hardwick) Contes rusos (Francesc Serés) .

Pregunta: ¿Tiene la clave para resolver el mensaje cifrado del relato de Bolaño? 3860 + 429777–469993? + 51179–588904 + 966 – 39146 + 498207856

Enrique Vila–Matas: Hay un cuento de Nabokov que terminaba con un acróstico que supuestamente resolvía el misterio del mundo. En el mensaje cifrado de Bolaño hay un juego parecido. Es como la cajita china de Belle de jour, de Buñuel, que contiene lo que cada espectador quiera imaginar que contiene.

Pregunta: ¿Podría usted desarrollar/profundizar sobre el concepto, a mi parecer, vanguardista, de "blog en web"?

Enrique Vila–Matas: Es otro juego, en este caso de palabras. En la intimidad lo llamo “blwebg”. Se trata de probar y ver si alguien en un futuro inmediato sigue la estela de la expresión blog en web. En ese caso, Elena (la realizadora del web) y yo nos habríamos inventado un término. En la vida real, la fundación del término blog en web es más prosaica. Surge de la idea de que mi web no sea un lugar muerto, es decir, un sitio de pura propaganda del autor: esos lugares que se visitan una vez y ya no se vuelve. El blog dentro de la web le da vida. En el último blog en web, “¿Ha llegado ya Emilie Dickinson?”, el espectador asistía –con una frecuencia más o más semanal- a la creación en vivo de un texto de ribetes vanguardistas. Ahora bien, el blog acabó en un callejón sin salida y se ha convertido en un “blog truncado”. No pasa nada. Seguirán otras experiencias. Recomiendo HALP, el anterior blog, está ya entero en la red: http://www.enriquevilamatas.com/

Pregunta: "Dietario voluble" lleva al límite el juego entre realidad e invención presente en toda su obra. Planteada como una recopilación de artículos de su diario personal, acaba convirtiéndose en un relato de ficción sobre su propia vida. ¿Es este planteamiento formal un pretexto para novelarse a sí mismo, o un nuevo recurso expresivo para seguir desarrollando la intertextualidad entre vida y literatura? ¿O tal vez ambas cosas?

Enrique Vila–Matas: Observará que en la página 36 de Dietario voluble hay una nota a pie de página que explica que lo que cuento en el dietario acerca de lo que me pasó en ese mes de mayo de 2006 –la descripción del colapso físico que me dejó a las puertas de la muerte: un hecho para mí, como usted comprenderá, muy serio, gravísimo- ya lo había contado, casi de forma idéntica, en una ficción, en el relato “Porque ella no lo pidió”, incluido en mi libro Exploradores del abismo. ¿Qué quiere decir esto? Que algo que me ocurre en mi vida real (aunque sea de una gravedad tal que me obligue a pensar que aquello es desgraciadamente un hecho real) puedo transformarlo en material para la ficción y viceversa. No veo tantas separaciones entre ficción y realidad. A fin de cuentas, la vida es un sueño. ¿O no? En mi artículo “La lluvia en Brighton” (El País-Cataluña, 29 noviembre 2009) ya hablo de la pregunta que parece desprenderse de la biografía de Kafka: ¿Puedo vivir mi vida de tal forma que cada una de las experiencias vividas se transformará en escritura, y puedo escribir de tal forma que toda mi escritura tendrá un impacto experiencial transformativo en cómo vivo? Si no fuera porque me moriré sería capaz de ficcionalizar hasta mi propia muerte.

Pregunta: En “Paris no se acaba nunca” escribe usted: “No creo que tarde en ausentarme de aquí. Me iré con mi conciencia, que siempre fue para mí una ironía en crecimiento que, a medida que se hacía fuerte y grande, tendía al mismo tiempo, paradójicamente, a desaparecer (…) Me iré de aquí para disolverme, disociarme, desintegrarme, dejar hecho trizas todo conato de personalidad o de conciencia, cualquier nostalgia de Paris. Después de todo, ironizar es ausentarse.” Pregunta: ¿Podría usted explicar la expresión: “ironizar es ausentarse”?

Enrique Vila–Matas: La ironía (al menos en literatura) es un complot contra la realidad. Al ironizar, nos liberamos de la realidad que nos acongoja y que quiere hacernos creer que es ella lo único que existe. Ironizamos y nos ausentamos de su reino malévolo.

Pregunta: Estimado Sr. Vila-Matas, es un placer siempre recorrer o descubrir a su lado paisajes olvidados o perdidos de la gran Literatura, muchos vamos siguiéndole poco a poco, tras sus pasos de gigante, pero ¿Hacia dónde vamos, cuál es el futuro de la Literatura, de la escritura? ¿Dónde están los nuevos horizontes, las nuevas voces y plumas, que abren grietas en la novela y cuento actual?

Enrique Vila–Matas: No tenemos nada que envidiar a épocas anteriores. A finales del siglo pasado, surgieron autores de gran calado, como Roberto Bolaño, Aleksandar Hemon, Sergio Chejfec, W.G. Sebald. Que vinieron a unirse a otros grandes, que ya estaban entre nosotros: Claudio Magris, Sergio Pitol, Tomas Pynchon, César Aira, Don DeLillo, Giorgio Agamben, J.M: Coetzee, Alice Munro, Peter Handke… Hay actualmente diversas propuestas narrativas que no cuentan con mucho público, pero sí con un buen número de lectores. Como dice Aira: “Nosotros preferimos tener lectores que público”

Pregunta: He leído lo siguiente: cuando uno lee, quiere escribir, pero el que escribe no es alguien que lee. El que quiere escribir porque lee es siempre un mal escritor. Usted, sin embargo, ha conseguido ser un gran escritor porque ha entendido que escribir podía ser su modo de seguir leyendo y para eso crea novelas que son la escritura de una lectura. ¿Qué cree usted?

Enrique Vila–Matas: Soy un lector que escribe. Parte del interés que he despertado en los lectores lo atribuyo –después de darle muchas vueltas a la recepción que ha tenido mi obra en los últimos años- a que le hago participar al lector de la misma búsqueda que yo hice en el momento de escribir el libro: búsqueda de información, textos y libros sobre un determinado tema y unos determinados autores. Dicho de otro modo, en lugar de dedicarme a leer a Robert Walser, por ejemplo, me puse a escribir sobre él para tener que leerlo. Lo mismo me ha sucedido en mi último libro, Dublinesca. Me he volcado sobre esa ciudad irlandesa y su literatura sin saber casi nada al principio sobre ella. He tenido que aprender mucho sobre Dublín para poder hablar con cierta solvencia sobre su cultura. Y ahora tengo la impresión de que el lector de Dublinesca vivirá conmigo esa reciente aventura mía como lector, y la vivirá tal como la he vivido yo: fascinado.

Pregunta: Usted ha escrito que cuando le preguntaron a Juan Rulfo por qué había dejado de escribir, éste esgrimió como excusa la muerte de su tío Celerino que había sido el que le contaba todas sus historias. ¿Ha tenido Usted en algún momento algún tío Celerino? En tal caso, ¿cuáles han sido sus tíos Celerinos, cara a la galería o para colmarse a si mismo?

Enrique Vila–Matas: Si algún día dejo de escribir, no buscaré excusas. He estado siempre sin tío Celerino y no voy a inventarme ahora uno para tratar de justificar mi deserción de la literatura.

Pregunta: ¿Por qué cree que determinados "escritores realistas" dicen falsamente que usted no es un narrador, sino un "metaliterato"?

Enrique Vila–Matas: Si todos esos mediocres supieran lo que pienso realmente de ellos, hablarían cien mil veces peor de mí.

Pregunta: ¿Qué papel juega Catherine Deneuve en la vida y en la obra, o en el duermevela en el que se entrecruzan ambas, de Enrique Vila-Matas?

Enrique Vila–Matas: En Dublinesca, mi próximo libro, se aclaran algunos de los puntos oscuros de mi relación con Deneuve. O, mejor dicho, se embrollan más las cosas. El hecho es que confundo (en Dublinesca al menos) a Deneuve con la propia literatura. Todo debió empezar en mi adolescencia, cuando vi “Los paraguas de Cherburgo”.

Pregunta: Entiendo que ha leído y conoce personalmente a escritores venezolanos como Ednodio Quintero y Victoria di Stefano. En alguna oportunidad ha reconocido el valor literario de sus obras. Me gustaría saber si ha tenido oportunidad de leer a otros escritores venezolanos actuales y qué opinión tiene -de tenerla- de sus trabajos.

Enrique Vila–Matas: Rafael Cadenas, Luis Moreno Villamediana, Antonio López Ortega, Ana Teresa Torres, Alberto Barrera Tyszka, José Balza, Norberto José Olivar, Lidia Salas, Daniel Centeno, Jacqueline Goldberg, Juan Carlos Méndez, Edgar Borges son algunos de los autores venezolanos que he leído con sumo interés. Era, por otra parte, un admirador del magnífico Eugenio Montejo. Gran poeta, sin duda. Tan grande como Cadenas, por supuesto. Y como Luis Enrique Belmonte, un joven genio. Ya desaparecidos, Oswaldo Trejo, Pedro Berroeta, Adriano González León, fueron escritores que traté y que en su momento me impresionaron literariamente, por diversos motivos.

Pregunta: Señor Vila-Matas, me gustaría conocer su relación con el escritor uruguayo Juan Carlos Onetti y qué le impactó cuando le oyó hablar en el Instituto Francés de Barcelona allá por el año 1981. ¿Sigue depositando su fe sólo en lo más rabiosamente subjetivo? ¿Sigue creyendo que en la burla está la cura de la literatosis, haciendo que esta enfermedad aparezca como lo que es en realidad: una batalla por los derechos de la ficción?

Enrique Vila–Matas: Es un grandísimo narrador que, de ser norteamericano, sería conocido hoy en todo el mundo. En 1981 oí hablar, por primera vez, de él. No le escuché en el Instituto Francés porque ese día andaba yo en asunto personal, rabiosamente subjetivo, que me interesaba más. En cuanto a los derechos de la ficción, no sé qué decirle. Tiene sus derechos, los mismos que la realidad. Pero la realidad y la ficción están separadas por una lábil frontera que también tiene sus derechos. Mi abogado vive en esa frontera.

Pregunta: Estimado, Sr. Vila-Matas. Nobleza obliga, y como librero no puede dejar de preguntarle ¿Qué sensaciones tiene respecto al e-book y los nuevos tiempos y campos que se abren en la venta, distribución, edición y creación de libros? ¿"Esto matará aquello", jugando con la mítica frase? ¿Hacia dónde cree que vamos, hacia el residuo del libro como pura antigualla, o los verdaderos viciosos seguiremos atados a la erótica del libro y sus formas?

Enrique Vila–Matas: El e-book se venderá mucho esta navidad. Pero como regalo. Los regalos de la Navidad de 2009 no pueden competir con la historia de los libros. Mi amigo Juan Villoro sostiene la tesis de que si lleváramos quinientos años de e-books y hubieran este año descubierto los libros, las ediciones impresas (tan cómodas y tan buen invento, por cierto), todo el mundo se precipitaría a regalar libros estas navidades. El libro aparecería como un descubrimiento impresionante… En cuanto al futuro, no sabemos, nadie sabe. Miro todo con optimismo. Creo que el mundo anda muy mal, pero que aún andará peor. Estamos viviendo en el fondo en una buena época, teniendo en cuenta lo que se avecina.

Pregunta: Podemos estar enfermos de literatura, querer inventar otra vida, tener nuestro propio tío Celerino... Hoy en día nos encontramos ante un fenómeno en auge: los escritores de las redes sociales y sus lectores. Se trata de escritores que no han publicado sus escritos y entonces los difunden a través de la red social -especialmente Facebook- para que las personas que conforman su lista de amigos los lean, interactúen, comenten. Por otra parte, quienes no escriben y se reconocen como lectores -me incluyo- publican textos de otros escritores con la finalidad de compartirlos. Sin embargo, a través de la selección que realizan de autores y textos, se dan a conocer, se cuentan a sí mismos, se muestran ante el público o el lector virtual. Cantidades de citas de autores como también de fragmentos de poemas, novelas, etc. reflejan los distintos estados de ánimo de las personas de la red. Tanto quienes se denominan escritores como los que se consideran lectores, desean ser leídos, y la mayoría de ellos podría declararse como enfermo de literatura al punto que más de uno utiliza como nombre de usuario el de un escritor famoso, y escondido bajo su nombre y su imagen opina sobre lo que lee y sobre diversos temas profundos o triviales. ¿Qué opinión le merece este nuevo fenómeno que toca de cerca a la literatura, a sus escritores y sus lectores?

Enrique Vila–Matas: Me parece sensacional internet, la biblioteca de Babel. Me paso horas ahí. Mi propia web (y esta misma entrevista) demuestra que me he volcado sobre estas nuevas redes sociales.

Pregunta: ¿Podría adelantarnos algo más de lo escuchado en los medios sobre su próxima novela Dublinesca?

Enrique Vila–Matas: Hay en el personaje central del libro, Samuel Riba, una pasión por lo extranjero. Está fatigado de la cultura española y de la francesa, de las que ha vivido siempre impregnado. Necesita respirar, buscar lo extranjero, huir de lo familiar. Para él, lo inglés es el inicio de la diferencia, de lo exótico. Y sabe que sólo lo ajeno a su mundo familiar, sólo lo extranjero, será capaz de atraerle en alguna dirección apasionante. Se da cuenta de que necesita aventurarse en geografías donde reine la extrañeza y también el misterio y la alegría que rodea lo nuevo: volver a ver con entusiasmo el mundo, como si lo estuviera contemplando por primera vez. En definitiva, se da cuenta de que le convendría lo que él acaba llamando “el salto inglés”: centrar sus intereses en la ciudad de Dublín sobre la que no sabe nada, pero sobre la que ha tenido un sueño muy emotivo, probablemente premonitorio. Quiere celebrar en Dublín un funeral por el fin de la literatura o, mejor dicho, por el fin de la era Gutenberg. No sabe qué hacer con su vida y de pronto comprende que lo apocalíptico le ofrece paradójicamente una idea de futuro. Conecta con unos amigos para celebrar un festivo funeral en Dublín. Es el libro más alegre (no optimista, pero muy alegre) que he escrito.

Pregunta: ¿Qué significa para usted, que con frecuencia habla en su obra de esta necesidad, “convertirse en literatura”?

Enrique Vila–Matas: No es que me interese la literatura, sino que soy literatura”, le dijo Kafka a su novia Felice Bauer. Es una sorprendente frase, ¿no? Inicialmente la idea de ser o de convertirse en literatura probablemente vino de ahí. En “El mal de Montano” la desarrollé a mi manera al crear un personaje quijotesco que cree que él es la literatura misma. Ya cuando escribía ese libro me pareció que creer algo así era una locura, y por eso le inventé rápidamente un acompañante al personaje, una especie de Sancho Panza, que tratara de hacerle entrar en razón. Hoy me siento alejado de todo esto, mis intereses son otros. Hoy hasta a Sancho Panza lo encuentro loco.

Pregunta: ¿Si tuviera que llevarse sólo libros de tres autores a una isla desierta, ¿cuáles elegiría en un abrir y cerrar de ojos?

Enrique Vila–Matas: Durante unos días, en circunstancias que algún día narraré, fui a parar a una isla desierta. Y no necesitaba libros, se lo juro. Otras cosas me eran mucho más esenciales. La falta de libros la suplía fácilmente imaginando/recordando historias. Con esas historias trataba de ahuyentar mi angustia. Hubo por suerte un final feliz. Y estoy refiriéndome con esto, por supuesto, a un final feliz a mi pequeña tragedia de la vida real. Aprendí mucho en esos días, y no lo aprendí de los libros. No conocía las verdaderas dimensiones y la potencia de la mente humana. Algunos que han estado en cautividad, sin nada, hablan también de esto.

Pregunta: Sus obras han sido traducidas a numerosos idiomas y supongo que habrá tenido la oportunidad de hablar con lectores de diversos países. ¿Ha notado diferencias a la hora de entender su obra con respecto a los diferentes lectores de los distintos países en los que se han publicado sus libros? ¿Cuál cree que han sido los lectores que mejor han sabido captar lo que usted quería transmitir?

Enrique Vila–Matas: No va por nacionalidades. Lo he contado muchas veces. Cuando publiqué Bartleby y compañía, las cartas (muchas) que me fueron llegando de unos lugares y de otros (20 países) tenían estructuras idénticas. En la primera parte de las cartas se dedicaban a decirme que quien me escribía era un bartleby (me contaban sus circunstancias personales). En la segunda parte de sus cartas, tal vez para disimular que hubieran hablado tanto de sí mismos y de su problema bartleby, me daban nombres de autores que podrían haber aparecido –como bartlebys- en mi libro. Llegué incluso a recibir una lista de escritores bartlebys coreanos (del Sur).

Pregunta: Cuando leo la obra 2666 de Roberto Bolaño tengo la impresión de estar leyendo a un escritor centroeuropeo tipo Sebald o Magris. ¿Qué opina usted sobre ello?

Enrique Vila–Matas: Aquí Bolaño se reiría, pero no sé lo que diría. Yo creo que era una mezcla de muchas culturas, había leído mucho. En Norteamérica gusta ahora Bolaño una barbaridad, porque en realidad escribe historias muy narrativas, que es lo que no hacen ya los grandes genios actuales de los Estados Unidos. Lo han adoptado como si fuera suyo. También aquí, al oír que lo han adoptado, Bolaño se reiría. Era un escritor de muchos lugares. Pero para mí, será siempre el escritor que conocí en Blanes. Un escritor de carne y hueso. Aunque hoy en día, me parece ya de orden casi fantástico, casi inverosímil, haberme peleado y reído tantas veces con él. En la calle del Loro. Hablábamos a fondo. Fue una época importante para mí. Bolaño me hizo reencontrarme con el espíritu con el que había yo debutado en la literatura.

Participaron en esta entrevista: Juan Salas Villanueva, Javier Avilés, Karlatone Olvera, Montxo Armendáriz, Rosa María Pérez Betancort, Adolfo López Chocarro, Luciano Poblete, Silvia Rodríguez Court, Santiago Gil, Valmore Muñoz Arteaga, Susana Borobio, Librería Zubieta-Troa Librerías, Alejandra Moglia, Gerardo C, Carmen Galván, Manolo de la Fe y Elisa Rodríguez Court.

Grupo Leyendo a Enrique Vila-Matas

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Música: desde el Caribe nicaragüense, el Palo de Mayo

ARGENPRESS CULTURAL

El Palo de Mayo es una danza de de ascendencia africana muy popular en las costas del Caribe de varias comunidades de la región RAAS (Región Autónoma del Atlántico Sur) en Nicaragua, así como en Belice y la Islas de la Bahía de Honduras. También es el nombre dado a lo largo del mes de mayo al festival que se celebra en esta región.

Tanto la fiesta como el baile con su música constituyen una colorida mezcla de la cultura europea y las tradiciones afro-caribeñas que se originaron en la nicaragüense ciudad de Bluefields, en el siglo XVII.

Coincidiendo con el comienzo de la época de lluvias en esta región del Caribe, se lleva a cabo una de las fiestas más tradicionales de la zona. Es la celebración en homenaje a la fertilidad, sinónimo de alegría sin igual. Es el júbilo de la población que sale a las calles a demostrar con danzas, música y color el agradecimiento por el agua y las fértiles tierras que dan los frutos que a lo largo de tantos siglos han sido parte del desarrollo de Nicaragua.

Existe en estas tierras una etnia llamada creole, cuyo dialecto es una mezcla del inglés y las lenguas africanas e indígenas; son ellos quienes desarrollan estos alegres festejos al son de esta singular música. Tales celebraciones se llevan a cabo durante todo el mes de Mayo y según la leyenda, existió en el pasado una larga época de sequia en las tierras donde los frutos no crecían y las mujeres no quedaban embarazadas, por lo cual los ancianos indígenas pidieron al pueblo que danzaran con alegría alrededor de un árbol estéril. Milagrosamente durante el mes de mayo comenzaron las lluvias a regar los terrenos áridos y las mujeres volvieron a estar encinta y desde ese momento nunca más se dejó de realizar esta fiesta, trasmitida por generaciones hasta nuestros días.

La música propiamente dicha tiene todo el ritmo de otras especies similares, todas de raíces africanas, sumamente rítmica y sensual, como la punta, el calypso o el reggae.

Presentamos aquí una breve selección de palos de mayo.




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Algo de humor


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