viernes, 22 de enero de 2010

Haití: La maldición blanca

Eduardo Galeano

El primer día de este año, la libertad cumplió dos siglos de vida en el mundo. Nadie se enteró, o casi nadie. Pocos días después, el país del cumpleaños, Haití, pasó a ocupar algún espacio en los medios de comunicación; pero no por el aniversario de la libertad universal, sino porque se desató allí un baño de sangre que acabó volteando al presidente Préval.

Haití fue el primer país donde se abolió la esclavitud. Sin embargo, las enciclopedias más difundidas y casi todos los textos de educación atribuyen a Inglaterra ese histórico honor.

Es verdad que un buen día cambió de opinión el imperio que había sido campeón mundial del tráfico negrero; pero la abolición británica ocurrió en 1807, tres años después de la revolución haitiana, y resultó tan poco convincente que en 1832 Inglaterra tuvo que volver a prohibir la esclavitud.

Nada tiene de nuevo el ninguneo de Haití. Desde hace dos siglos, sufre desprecio y castigo. Thomas Jefferson, prócer de la libertad y propietario de esclavos, advertía que de Haití provenía el mal ejemplo; y decía que había que “confinar la peste en esa isla”. Su país lo escuchó. Los Estados Unidos demoraron sesenta años en otorgar reconocimiento diplomático a la más libre de las naciones.

Mientras tanto, en Brasil, se llamaba haitianismo al desorden y a la violencia. Los dueños de los brazos negros se salvaron del haitianismo hasta 1888. Ese año, el Brasil abolió la esclavitud. Fue el último país en el mundo.

Haití ha vuelto a ser un país invisible, hasta la próxima carnicería. Mientras estuvo en las pantallas y en las páginas, a principios de este año, los medios trasmitieron confusión y violencia y confirmaron que los haitianos han nacido para hacer bien el mal y para hacer mal el bien.

Desde la revolución para acá, Haití sólo ha sido capaz de ofrecer tragedias. Era una colonia próspera y feliz y ahora es la nación más pobre del hemisferio occidental. Las revoluciones, concluyeron algunos especialistas, conducen al abismo. Y algunos dijeron, y otros sugirieron, que la tendencia haitiana al fratricidio proviene de la salvaje herencia que viene del África.

El mandato de los ancestros. La maldición negra, que empuja al crimen y al caos. De la maldición blanca, no se habló.

La Revolución Francesa había eliminado la esclavitud, pero Napoleón la había resucitado: –¿Cuál ha sido el régimen más próspero para las colonias? El anterior. Pues, que se restablezca–. Y, para reimplantar la esclavitud en Haití, envió más de cincuenta naves llenas de soldados. Los negros alzados vencieron a Francia y conquistaron la independencia nacional y la liberación de los esclavos. En 1804, heredaron una tierra arrasada por las devastadoras plantaciones de caña de azúcar y un país quemado por la guerra feroz. Y heredaron “la deuda francesa”. Francia cobró cara la humillación infligida a Napoleón Bonaparte.

A poco de nacer, Haití tuvo que comprometerse a pagar una indemnización gigantesca, por el daño que había hecho liberándose. Esa expiación del pecado de la libertad le costó 150 millones de francos oro. El nuevo país nació estrangulado por esa soga atada al pescuezo: una fortuna que actualmente equivaldría a 21,700 millones de dólares o a 44 presupuestos totales del Haití de nuestros días. Mucho más de un siglo llevó el pago de la deuda, que los intereses de usura iban multiplicando. En 1938 se cumplió, por fin, la redención final. Para entonces, ya Haití pertenecía a los bancos de los Estados Unidos.

A cambio de ese dineral, Francia reconoció oficialmente a la nueva nación. Ningún otro país la reconoció. Haití había nacido condenada a la soledad. Tampoco Simón Bolívar la reconoció, aunque le debía todo. Barcos, armas y soldados le había dado Haití en 1816, cuando Bolívar llegó a la isla, derrotado, y pidió amparo y ayuda. Todo le dio Haití, con la sola condición de que liberara a los esclavos, una idea que hasta entonces no se le había ocurrido. Después, el prócer triunfó en su guerra de independencia y expresó su gratitud enviando a Port-au-Prince una espada de regalo. De reconocimiento, ni hablar. En realidad, las colonias españolas que habían pasado a ser países independientes seguían teniendo esclavos, aunque algunas tuvieran, además, leyes que lo prohibían. Bolívar dictó la suya en 1821, pero la realidad no se dio por enterada. Treinta años después, en 1851, Colombia abolió la esclavitud; y Venezuela en 1854.

En 1915, los marines desembarcaron en Haití. Se quedaron diecinueve años. Lo primero que hicieron fue ocupar la aduana y la oficina de recaudación de impuestos. El ejército de ocupación retuvo el salario del presidente haitiano hasta que se resignó a firmar la liquidación del Banco de la Nación, que se convirtió en sucursal del Citibank de Nueva York.

El presidente y todos los demás negros tenían la entrada prohibida en los hoteles, restoranes y clubes exclusivos del poder extranjero. Los ocupantes no se atrevieron a restablecer la esclavitud, pero impusieron el trabajo forzado para las obras públicas. Y mataron mucho.

No fue fácil apagar los fuegos de la resistencia. El jefe guerrillero, Charlemagne Péralte, clavado en cruz contra una puerta, fue exhibido, para escarmiento, en la plaza pública. La misión civilizadora concluyó en 1934. Los ocupantes se retiraron dejando en su lugar una Guardia Nacional, fabricada por ellos, para exterminar cualquier posible asomo de democracia.

Lo mismo hicieron en Nicaragua y en la República Dominicana. Algún tiempo después, Duvalier fue el equivalente haitiano de Somoza y de Trujillo.

Y así, de dictadura en dictadura, de promesa en traición, se fueron sumando las desventuras y los años. Aristide, el cura rebelde, llegó a la presidencia en 1991. Duró pocos meses. El gobierno de los Estados Unidos ayudó a derribarlo, se lo llevó, lo sometió a tratamiento y una vez reciclado lo devolvió, en brazos de los marines, a la presidencia. Y otra vez ayudó a derribarlo, en este año 2004, y otra vez hubo matanza. Y otra vez volvieron los marines, que siempre regresan, como la gripe. Pero los expertos internacionales son mucho más devastadores que las tropas invasoras.

País sumiso a las órdenes del Banco Mundial y del Fondo Monetario, Haití había obedecido sus instrucciones sin chistar. Le pagaron negándole el pan y la sal. Le congelaron los créditos, a pesar de que había desmantelado el Estado y había liquidado todos los aranceles y subsidios que protegían la producción nacional. Los campesinos cultivadores de arroz, que eran la mayoría, se convirtieron en mendigos o balseros. Muchos han ido y siguen yendo a parar a las profundidades del mar Caribe, pero esos náufragos no son cubanos y raras veces aparecen en los diarios. Ahora Haití importa todo su arroz desde los Estados Unidos, donde los expertos internacionales, que son gente bastante distraída, se han olvidado de prohibir los aranceles y subsidios que protegen la producción nacional.

En la frontera donde termina la República Dominicana y empieza Haití, hay un gran cartel que advierte: El mal paso. Al otro lado, está el infierno negro. Sangre y hambre, miseria, pestes. En ese infierno tan temido, todos son escultores. Los haitianos tienen la costumbre de recoger latas y fierros viejos y con antigua maestría, recortando y martillando, sus manos crean maravillas que se ofrecen en los mercados populares. Haití es un país arrojado al basural, por eterno castigo de su dignidad. Allí yace, como si fuera chatarra. Espera las manos de su gente.

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El Rey y el niño - Haití

Urda Alice Klueger (Desde Blumenau, Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Traducción: Raúl Fitipaldi, de AMÉRICA LATINA PALABRA VIVA

(Para Didier Dominique y el pueblo de Haití)

(y para mi padre, Roland Klueger, que cumpliría 88 años hoy.)

Érase una vez un rey y un niño. Me pongo a pensar si hay alguna palabra que signifique, al mismo tiempo, agotamiento, terror, desesperación y desesperanza, todo esto sumando y elevado a la décima potencia, pero no encuentro tal palabra. Sólo que era justo así que estaba el niño: tenía dos años, se encogía con los ojos catatónicos en el vacío de una vereda enseguida del terremoto de Haití, y apareció en televisión. Eran tantos en desesperación alrededor de él, eran tantos… Eran tantos los muertos en torno a él, eran tantos… ¿Quién lograría prestar atención en aquel otro niño dentro de tanta desgracia, a no ser aquel ojo malicioso de una televisión, que agarró al niño y lo puso en mi regazo, sin que subiese qué hacer con él?

Érase una vez un rey y un niño. El rey era pura salud, garbo e hidalguía: vestido con trajes tribales, tenía en el cuerpo los mismos dibujos en blanco, negro y rojo que también estaban en el escudo de cuero que aseguraba en la mano izquierda, pues en la derecha aseguraba la lanza segura y certera que lo había tornado rey tamaña su pericia al cazar al león. Él era grande y tenía una gran espalda, pero mayor aún era su fama, pues no sólo al león enfrentaba: cuando su pueblo tenía hambre, él afrontaba hasta los grandes elefantes, y todos vivían felices en su reino, bien alimentados y saludables, y el rey era feliz también.

Convencido del poder de su felicidad y de su Lanza, el rey nunca entendió cómo le cayó encima aquella red que lo había despojado de su escudo, de su lanza, de su fuerza y de su libertad- como tantos otros de su tierra, tuvo que curvarse a la chivata del traficante, aceptar la gargantilla y las esposas de hierro, resistir a la larga caminada de la zigzagueante cadena hecha de gente y de hierros, vivir el envilecimiento del barco negrero.

La salud antigua le dio fuerzas para llegar vivo a aquella tierra de degradación, de esclavitud, y crueles hombres blancos de otra lengua, a fuerza de chicote, lo subyugaron y é tuvo que curvarse, sin lanza, sin pintura, sin escudo, y cultivar la caña que producía el azúcar, el ron y la riqueza de aquellos usurpadores de su libertad. Él nunca más fue feliz; nunca más supo de su pueblo y su pueblo nunca más supo de él, y sólo lo que había de bello era el mar de aquella tierra, todo verde, azul y transparente. Hubo, también, una mujer que reconoció en él a hidalguía manchada, y antes de morir prematuramente, el rey tuvo un hijo, negro y lindo como él, y que en verdad era un príncipe – pero fue un príncipe que nunca tuvo una lanza y que no conoció los dibujos y los colores tribales – al revés de leones, sólo hubo para él el látigo del torturador.

Otros príncipes fueron generados en la descendencia del rey, en aquella tierra que parecía incrustada en un mar de turmalinas, y todos tuvieron la vida miserable de esclavo, mientras sus señores tenían vidas cortesanas de poderosos.

Un día, ya no se podía soportar más. Ellos eran más de 500.000 negros, y los señores eran 32.000, seguros de que la fuerza del látigo mantendría aquella situación indefinidamente. ¡Y conquistaron la libertad!

Haití fue el primer país de la América dicha Latina a ser libre, a realizar la independencia, esto allá en 1804, antes de todos los demás. Es de imaginarse el frío que corrió en la espina de tantos otros colonizadores blanco: una república, y e negros? ¿Y si eso se transforma en moda? ¡Cuidado que de esclavos está lleno por esta América de mi Dios! ¿Qué hacer, ay, ay, ay?

En general, lo que se podía hacer eran independencias rápidas, hechas por blancos (y ellas sucedieron una después de la otra) y mucha matanza de negros, para evitar que la cosa trágica se repitiese y ensuciase el buen nombre de la dicha ¡civilización europea! Sé bien como fue esa matanza en Brasil: fue en la guerra de Paraguay, fue en la revolución Farroupilha… - no estoy enterada de cómo fue en los otros países, pero que la matanza fue grande, no hay duda. Y la “civilización” blanca casi pudo respirar, aliviada – sólo que había aquel pequeño país, aquel maldito pequeño país allá incrustado en el mar de amatista, el tal de Haití, que era un país de negros –y nunca que la tal “civilización” blanca podría dejar aquello allí para que floreciera de verdad – era demasiada afrenta.

Y en los dos últimos siglos Haití sufrió todo lo que es posible sufrir para que su cresta se quebrase: invasiones, dictaduras, golpes de Estado, la intromisión de los blancos yendo siempre hasta allá y intentando echar todo a perder, pero la valentía de aquel pueblo parecía indomable, y Haití, aún sin lograr florecer como debería, era exportador de café, de arroz, era el mayor productor de azúcar del mundo, era un país que tenía sus hijos bien alimentados a base de arroz, banana, los cerdos abundaban y producían platos deliciosos, acompañados de banana frita, manjar tan caribeño…

Fue ahora, ahorita, en tiempos de la violencia neoliberal, lo que nos lleva a 1980, que el complot de los blancos resolvió que ya no daba más, que era muy absurdo en plena América ver un país de negros sobreviviendo impunemente… Entonces fue programada la toma definitiva de Haití. Fue de aquellas cosas más malévolos que las mentes enfermas pueden programar en la búsqueda del lucro: de a poco, introdujeron las plagas necesarias en la isla incrustada en un mar de zafiro, y murieron todos los cerdos, y después todo el arroz, y después toda la banana, y después vino la plaga del café… Aquellos negros corajudos no sobrevivirían, ¡ah! ¡Eso no pasaría! Vivirían apenas para volver a la condición de esclavos, e igualito a los europeos, en 1885, que en el Tratado de Berlín, dividieron el mapa de África a base de regla, causando miles de desgracias que están sucediendo hasta hoy, los blancos del neoliberalismo agarraron el territorio de Haití y lo dividieron en 18 futuras zonas francas donde no habría ley, donde la Capital imperaría, y donde, las personas tan hambrientas que estaban horneando galletas de arcilla para poder tener algo en el estómago trabajarían, de nuevo, en régimen de esclavitud. Puede parecer que es una cosa distante, pero no es. El propio vicepresidente de Brasil, José Alencar, es alguien tan interesado en el asunto que hasta mandó a su hijo para allá a cuidar de sus futuros intereses imperialistas. Y el execrable apenas el otro día salió del hospital, después de algunas cirugías más, sonriendo para las cámaras de las televisoras y declarando que podría perder todo en la vida, menos el honor. ¿Qué honor puede tener un hombre así?

(No logro hurtarme de contar de qué forma el nefando honor del vicepresidente atacó directamente a mi familia, recientemente. En una sola tarde, una de las empresas de él, aquí en mi ciudad de Blumenau-Santa Catarina-Brasil, la Coteminas despidió a 600 empleados, como si nada. Tres primos míos, luchadores padres de familia, perdieron el empleo sin entender muy bien por qué – el por qué es fácil: en las nuevas fábricas que el “honrado” vicepresidente anda montando allá en las zonas francas de Haití, los nuevos empleados trabajarán por la décima parte del salario que mis primos ganaban – y el salario de mis primos ya no era gran cosa.)

Bien, entonces teníamos un Haití a la miseria, y entonces vino el terremoto. ¿Qué podría haber sucedido de mejor para el Capitalismo y el Imperialismo de Estados Unidos? Hasta el palacio presidencial de gobierno títere se cayó – de aquí para adelante es apenas tomar pose – ya no hay barreras. Al revés de ayuda humanitaria (que ellos no dieron ni a los flagelados del huracán Katrina, en su propio territorio) Estados Unidos está, descaradamente, delante de todo el mundo, haciendo una ocupación militar de Haití con su ejército, y todo parece tan bonito, con la Hilary yendo hasta allá para ver cómo están ayudando… ¡ayudando un cuerno! ¿Alguien vio alguna vez a Estados Unidos ayudando de verdad?

No dejo de loar tantos y tantos equipos de tantos y tantos países que están allí, realmente llevando ayuda humanitaria a aquel pueblo casi que en la nausea de la agonía – pero lo sinvergüenza de la Capital está allí, también, sonriendo de felicidad con su cara de calavera.

Y entonces el ojo de una televisión espía allá aquel niño de dos años arrasado por el agotamiento, por el terror y por la desesperación, encogido en un vacío de una vereda, y lo tira brutalmente en mi regazo – y cuando intento calmarlo arrimándolo a mi corazón, él me cuenta del rey, su antepasado – aquel niño molido por el Capital y por el terremoto es nada más nada menos que un príncipe, y su antepasado que fue rey y libre cazaba leones y elefantes y alimentaba a un pueblo – el niño sabía, la familia siempre fue repasando su secreto.

Cielos, cielos, ¿qué hicieron con las personas libres de África, que quisieron apenas continuar viviendo con dignidad en aquella isla de donde ya no podían salir? ¿Quién va a cuidar de aquel niño antes de que él retorne a la condición de esclavo de donde sus antepasados tanto intentaron salir?

Yo lloro, Haití, lloro por ti, y por tu niño, y por aquel rey. No sé hacer otra cosa además de llorar.

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La dictadura invisible

Edgar Borges (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Despierta. Estás en la realidad. ¿No te acuerdas? Pues bien, te lo repetimos: estás en la re-a-li-dad. Bien, ve a tu ordenador y realiza las labores del día. Nosotros te cuidamos la calle. Y la realidad.

Eh tú, ¿qué haces en la calle? Ven, ven acá, pasa por el escáner de seguridad. Bien, eres inocente por ahora. Puedes irte a casa, pero ten cuidado, tienes cara de sospechoso.

Hola, me llamo family y soy tu servidor más cercano. 1 la banca; 2 música; 3 prensa, revistas y libros; 4 cine, tv y vídeo; 5 juegos; 6 con 9 sexo; 7 viajes; 8 emergencia; 10 comida. 11 desempleo. Un trabajo online para cada perfil. Gánate la vida desde la comodidad del hogar (¡bonito!). Quien no quiere nada, nada tiene (¡pobrecito!). 12 agua potable, aire purificado, gas, electricidad, salud, deporte, chistes, educación, cultura, justicia y afines. El mundo sin salir de casa (¡qué lindo!).

Advertencia corporativa: Usa con más frecuencia la tecla 13, debes aprender inglés con urgencia. Falta muy poco para el apagón idiomático; si no sabes inglés quedarás desconectado.

Eh tú, ¿de nuevo vagabundeando por la calle? ¿Qué andas buscando? ¿Una librería? ¿Kafka? Ven acá, por favor, acerca la cabeza; necesito revisar tu memoria; no tengas miedo, este aparatito no causa daños colaterales. Uno, dos, tres y lista la prueba. Con razón buscas una librería con este clima y con tanto virus suelto que anda en la calle; tienes la memoria saturada de informaciones antiguas e innecesarias. Ya te incorporé una cita; sí, sí, tranquilo, busca el ordenador más cercano, aprieta primero 1, luego 8 y en la clínica del micro chips sabrán qué hacer con tu caso. Hay un micro chips para cada caso. Ve pronto, no tiene sentido tener la memoria llena de cosas huecas; además, por estos días la calle es un infierno entre el clima y los terroristas. Lo mejor es no salir nunca de casa. Nunca se sabe, por ahí se dice que de un momento a otro lanzarán un atentado climático. Yo no sé que es eso, pero debe ser feo, muy feo. No hay de qué, men, o man (o lo que sea, tipo); camina en paz pero no te inquietes, sonríe; nosotros te cuidamos la vida. La tierra está en buenas manos.

Yes, we can.

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Arte y ciencia: El valor de la colaboración

Margarita shultz (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Arte y Ciencia han estado vinculados, con diferente grado de compromiso, a lo largo de la historia de Occidente. Quiero proponer una distinción para ese compromiso según el tipo de vínculo generado entre ambos mundos, el del arte y el de la ciencia. Me refiero a que, en principio, se puede mencionar tres tipos de colaboración. Los he denominado: exógena, endógena y mimética. Trataré de describirlas brevemente. Entiendo por colaborac
ión Exógena aquella según la cual el arte pone de manifiesto a través de imágenes visuales (también en lenguaje literario) aspectos de la naturaleza estudiados por las ciencias. De hecho, una buena parte de la poesía contiene dedicaciones a la ciencia, y tratados científicos se
componían en verso, según el hábito.

El arte cumple aquí una función comunicacional, pero también de encantamiento para los receptores, y aporta a los cientistas una mirada distinta respecto de los fenómenos con los cuales trabajan cotidianamente. Esa colaboración, ¿puede tener influencias concretas en la ciencia, en el arte, en la sociedad? Podemos afirmar siguiendo una lógica interna, que la colaboración entre ciencia y arte influye recíprocamente en ambos campos de actividad, a los que se suma el contexto de la sociedad como un todo.

Porque a) el compromiso afectivo de un cientista con su objeto de estudio redunda en un compromiso con los procesos investigativos, en la medida en que trae el objeto de estudio al terreno de una fecunda pasión; b) Para los artistas, el compromiso con los fenómenos de la ciencia ha formado parte de una suerte de enlace cósmico con la realidad, asunto que se ha
hecho decisivo a partir del Renacimiento en Occidente, y continúa hasta hoy pese a algunas etapas de latencia; c) en el ámbito de la sociedad, el encantamiento con los procesos científicos debería redundar en la convicción, por parte de las fuerzas activas, en cuanto a la disponibilidad de fon
dos para investigación, más allá de aquellos fondos destinados a proyectos estratégicos, o de interés empresarial.

Por eso el segundo tipo de colaboración es la que he llamado: Colaboración Endógena. La encontramos cuando artistas y cientistas trabajan en conjunto en grupos específicamente inter-activos. Es un fenómeno que se desarrolla (no exclusivamente aun cuando de manera especial) a raíz del advenimiento de las Tecnologías de la Información y la Comunicación, TIC’s. Pero la historia pasada registra diversos ejemplos de inicios de la fotografía de registro, un paso anterior al arte fotográfico en sus relaciones con la ciencia. Por ejemplo el de la fotografía y sus relaciones con la ciencia, desde 1839, en sus tareas de documentación.

También, la primera recopilación sistemática, con una intención de clasificación científica: fue la realizada por la botánica Anna Atkins (2), entre 1843 y 1853, para su catálogo de "Algas
Británicas: Cianotipias", utilizando el mismo método de dibujos fotogénicos, pero en este caso sobre papel sensibilizado con sales de hierro, según el proceso llamado Cianotipia (Herschel 1840 (circa)).

La simbiosis entre Ciencia y Fotografía fue especialmente fructífera hacia finales del XIX. En ese momento, uno de los campos de investigación más importantes de la física era la determinación de la estructura atómica, y se encontró que tanto los rayos catódicos (electrones) como los rayos "positivos" (iones con carga) podían impresionar una placa fotográfica, lo que permitía su estudio. Uno de los aportes fructíferos de la fotografía a la
ciencia es que permite superar el tiempo de percepción humana: tanto en las velocidades más rápidas, como en las más lentas. Amplía entonces el horizonte de nuestra percepción de la realidad, permitiendo acercarse a dimensiones reales, empíricas, aun cuando no perceptibles en cuanto a la capacidad humana de percepción. Para el caso de las TIC’s (Tecnologías de la Información y la Comunicación) se habla de una creación conjunta. Fue también, fenómeno anterior, la decisiva presencia de la ciencia para el desarrollo del arte cinematográfico (desde 1890), con los aportes de un inventor científico: Thomas Alva Edison, a quien han llamado ‘padre de la electrónica’. Esta co-relación entre ciencia y arte, muy especialmente en el caso de las producciones digitales
, se basa en el principio de la ‘constructividad’ del mundo, antes que en el de la reproducción, aun interpretativa, de la realidad.

Un tercer tipo de colaboración podría denominarse Mimética. Se da cuando los artistas, en sus procesos creativos, adoptan criterios metodológicos que son característicos de los cientistas, como a) la experimentación, b) los procedimientos de ensayo y eliminación de error, c) la prueba en diferentes soportes como una analogía de la búsqueda de variables. Por su parte, los cientistas de vanguardia han puesto siempre en funcionamiento, entre otras, una de las cualidades que parece ser la más representativa de los artistas: la imaginación. Por cuanto la investigación científica de frontera es realmente creación de conocimiento respecto de la realidad. Imaginación y creación son anverso y reverso de la moneda, puede decirse.

Ahora quiero discutir una oposición mecánica y simplista, me refiero a la que suele instalarse para separar arte y ciencia. Y lo haré, a partir de la consideración de un fenómeno que comparten ambos mundos (arte y ciencia): me refiero a los procesos denominados con el término:
imaginación.

Tanto en ciencia como en arte el asunto creativo principal es introducir realidades imaginarias. El arte de todos los tiempos ha nacido y fue disfrutado como efecto de la producción de tales realidades imaginarias. No es imprescindible abundar en ejemplos, por otro lado realmente innumerables. Pero... desde personajes de cuadros a personajes de novelas, desde argumentos y paisajes cinematográficos construidos en un set de filmación hasta estructuras y organismos musicales y así sucesivamente, desde las criaturas edificadas por las metáforas hasta los argumentos y coreografías de la danza.

Todos ellos nacieron de la imaginación de uno o más autores.

Un prejuicio activo - aun cuando los prejuicios son formas pasivas del pensar - es que (como mencioné antes) arte y ciencia constituyen mundos opuestos, diferentes. En el rango de esta oposición simplificadora, la ciencia tendría los rasgos del trabajo organizado, sistemático, productor de resultados verificables, en tanto que el arte, estaría señalado mediante cualidades resumidas en las ideas de fantasía repentina o inspiración surgida desde un cielo superior, que toca como la gracia el espíritu de los genios.

Tal vez sea menos notorio y aceptado que los procesos de investigación científica son situaciones de creación y por lo mismo requieren el apoyo de la imaginación.

La historia de las ciencias contiene en su inventario cientos de descubrimientos científicos que implicaron un salto imaginativo, aun en sus dimensiones menores. En la investigación científica es común la postulación de fenómenos que son necesarios para explicar ciertos hechos, aun cuando con frecuencia aquellos no sean perceptibles con los aparatos de observación y medición del momento.
Ejemplos interesantes son el descubrimiento del planeta Neptuno, postulado por el astrónomo Le Verrier -en el s. XIX- a raíz de perturbaciones en la órbita de Urano, o la introducción de la idea de los neutrinos por parte del físico Pauli, quien postuló en 1931 esas partículas subatómicas por necesidades teóricas. Esas partículas (los neutrinos), no perceptibles aun con instrumentos, estarían atravesando el cosmos en todas direcciones... Estas y otras muchas fueron hipótesis en su momento y no podían ser verificadas observacionalmente.

El hallazgo científico, aun visto como resultado del ejercicio de la imaginación, no procede, sin embargo, de la fantasía repentina o la inspiración surgida desde un cielo superior, que, como la gracia, tocara el espíritu de los genios. Las hipótesis científicas, antes de ser verificadas, son proposiciones creativas, sí, pero en el contexto de una investigación sistemática. Tampoco se dan las cosas de ese modo estrictamente repentino en la creación artística. Los descubrimientos o hallazgos artísticos se brindan a quienes laboran en un tema, en una obsesión, en una inquietud…

En ambos territorios, ciencia y arte, los hallazgos necesitan de la existencia previa de un interés específico y de trabajo organizado. El problema común a ciencia y arte es más o menos éste: cómo dar forma a la intuición, como transformar la propuesta imaginaria en un resultado aceptable, dentro del cuerpo de conocimientos científicos vigente o en el dominio de lo artísticamente aceptado. Sin embargo…

La creatividad que subyace a las formulaciones del imaginario -en ciencias como en arte- no reduce su condición de aceptable a la armonía con la tradición. Las revoluciones científicas exigen un respaldo, al menos teórico, si no teórico y empírico a la vez. Pero aun las revoluciones artísticas, las que discuten un consenso asumido por la sociedad y representan un sacudón en los hábitos perceptivos, reclaman un momento histórico de aparición.

Es sabido que las transformaciones creativas han estado ligadas a rupturas, cambios de dirección, saltos imaginativos. Para ello son necesarias al menos dos condiciones. Una de ellas ha sido denominada por el científico chileno Francisco Varela con la hermosa expresión: libertad de abandono. Se refiere con ello a la capacidad de abandonar lo establecido.

La otra puede sintetizarse con otra deslumbrante frase, del filósofo Abraham Moles: ‘‘filosofía del ¿‘por qué no’?’’. Es la contraparte de la anterior, la que nos incita a aventurarnos por caminos desconocidos. A mi juicio, no hay imaginación que no esté instalada en esa conjunción explosiva.

Margarita shultz es argentina residente en Chile.

Las fotos han sido tomadas de:
http://www.commons.wikimedia.org
http://www.world-of-carnivores.com
http://galeria.infojardin.com
http://www.merce.org/thecompany_ontherocks.html
http://es.wikipedia.org/wiki/Ballet

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El fantasma de la guerra nuclear

Marcos Winocur (Desde México. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El comando estratégico de las fuerzas armadas rusas detectó una flotilla de misiles avanzando hacia su país. El coronel operativo, según las instrucciones, activó sin más la alarma uno, corriendo de inmediato a las oficinas del premier, a quien informó e hizo la pregunta: ¿Da usted la orden de disparar nuestra flotilla de misiles rumbo a los blancos en EU? Permítame, coronel: ¿Hay modo de destruir en vuelo éstos que vienen hacia nosotros o desviarlos de los blancos? Sólo a unos cuantos y se aprecia que son más de un centenar. Estas señales, las que denuncian la presencia de misiles enemigos ¿no podrían estar equivocadas, deberse a una falla en el sistema, una mala interpretación, o tratarse de falsas imágenes? No, señor, no en este caso, me lo acaba de informar el comandante de zona estratégica. Entonces ¿los misiles en vuelo causarán inevitablemente nuestra destrucción? Afirmativo, señor. ¿Cuántos podremos abatir con las defensas? Con suerte, la mitad, los que quedan son suficientes para arrasar a Rusia, señor. Se hace un silencio. Coronel, comuníqueme con el Ministro de la Defensa. No, espere... El premier deja de apoyarse con una mano sobre el escritorio, y da la vuelta.

LA DECISION

Han permanecido todo el tiempo de pie, dos personas decidiendo, o quizá sólo una, la suerte de la humanidad. El premier está ahora tras su escritorio, continúa de pie. ¿Y para qué quiere usted, coronel, sumar, a la nuestra, la destrucción de EU y tal vez volver inhabitable el planeta? ¿Qué repararíamos con ello? ¿Cuál sería nuestra ganancia? Perdone, señor: ¿Doy la orden de disparar nuestra flotilla de misiles nucleares? Negativo, coronel. Como usted ordene, señor. ¿Buscará usted ponerse a salvo? No, coronel, con el barco me hundiré. Tampoco voy a recurrir al teléfono rojo. No tiene caso. John me negará todo, intentando ganar tiempo. Ya qué: ni ellos podrían detener sus propios misiles. Se hace un silencio. ¿Cuánto falta, coronel? ¿Para qué, señor? ¿Cómo, para qué...? ¡Coronel...! Para que nos alcancen los misiles. El coronel consulta su reloj: alrededor de 28 minutos, señor. Ya no hay tiempo, tiempo para nada, para que el gobierno intente ponerse a salvo, la familia... nada.

Falta nos hace un arca de Noé... Otro silencio. No avisaré a nadie. Los angustiaría sin objeto, que mueran así, el verdugo ha levantado el hacha y ellos no lo saben, no saben donde les han colocado el cuello. Mejor así. Coronel, por favor, siéntese. Después de usted, señor. ¿Eh? No lo había advertido, los dos estamos de pie, pues... sentémonos. ¿Un whisky? Yo me tomaré uno... ¿o prefiere vodka del bueno, nada de falsificaciones? Gracias, señor, no bebo estando de servicio. Coronel, coronel, en unos minutos más habrá dejado el servicio. Pero ya no podrá beberse un whisky o un vodka. En fin,... Vuelve al escritorio, saca la botella, dos vasos -por las dudas se arrepienta-, bebe, los dos siguen de pie. Un silencio. ¿Tiene familia, coronel? Sí, señor. ¿Estaba pensando en ella? Afirmativo, señor. Otro silencio. ¿Sabe, coronel? yo creo en el eterno retorno. Todo volverá a suceder. Usted entrando con la noticia, nuestro diálogo, yo con el vaso de whisky en la mano... todo.

Esta impotencia... es lo que me desespera, repetir el último acto de Rusia, bueno, no el último, habrá sobrevivientes, pero ¿en qué condiciones? ¿Se acuerda de Nikita Jruschev? Dijo: “los vivos envidiarán la suerte de los muertos”. ¿Cuánto falta, coronel? No -atajándolo-, no me diga. Han sido capaces de hacernos esto... ¿por qué? Renunciamos al comunismo, renunciamos a toda hegemonía sobre otros territorios... se pasa a discutir la propuesta de eliminar las armas de destrucción masiva, las negociaciones están a punto... y viene esto. Señor, disculpe, ¿puedo aceptar su whisky? Desde luego, ya está servido. ¿Hielo? Negativo, señor, gracias. ¿Podemos brindar, coronel, o le parece impropio? ¿A la salud de quiénes? De nuestros sobrevivientes, sus hijos, sus nietos... bueno, a la salud, no. A la sabiduría que algún día les roce, al nunca más una jornada como la de hoy. Chin, chin, un silencio.

MÁS EXPLICACIONES

El premier se sienta. Le diré, coronel, cómo veo las cosas. Antes de que nos atacaran, la consigna era: devolver golpe por golpe. Y se proclamaba a los cuatro vientos, a ver si así se disuadían de golpearnos primero por miedo a la represalia. Como se dijo, EU tenía de rehén a la población rusa, y nosotros a la norteamericana. El equilibrio del terror, que conoció la guerra fría. Pero eso era antes de la agresión. Antes, se trataba de disuadir. Ahora se trata de otra cosa: salvar lo que se pueda de la humanidad. Paradójicamente, “el malo” no pagará las cuentas, saldrá ileso. La víctima queda paralizada, no puede defenderse. Para estos últimos minutos que nos quedan, la consigna es otra: preferible que sobreviva media humanidad a que sea borrada del mapa, sin contar el daño a la biosfera. No puedo contestar a la agresión nuclear, el criminal tiene asegurada la impunidad, es la lección final que da la especie humana: la impunidad al criminal. No me sumaré a ella, no entraré a ese juego.

Claro, el genocida arriesga, es cierto, que del otro lado -nosotros- haya una mente gemela y la agresión sea contestada. Pero yo no lo soy. No habrá respuesta. El silencio será mortaja. ¿Me permite una observación, señor? Adelante. Me suena a la dialéctica de los comunistas que corrimos en el 91. Lo sé. ¿Lo sé? Lo sé. Y también esto: poner la otra mejilla, también eso. Un silencio. Del otro lado del océano, coronel, hay familias como la suya y la mía. Puedo hacerlas un amasijo de cemento y sangre ¿para qué? ¿Por venganza? ¡Vamos...! Ellas están tan ausentes de la jugada como nuestras familias.

SE IMPONE EL TUTEO... HAY NOVEDADES. SE CANCELA EL TUTEO

Prosiguen el diálogo en una zona de soledad e impotencia donde las jerarquías se abaten, dos malos mensajeros: no llevarán la noticia a destino. Cómplices, se abren a la fraternidad: sin reparar en ello, comienzan a tutearse. ¿Tienes hijos...? Dos, mañana debía llevarlos a recorrer el Kremlin, se les ocurrió también visitar el mausoleo Lenin. ¿Estás separado? No, los niños querían esta vez una salida con su padre, el “siempre ocupado”. ¿Qué edades tienen? Cinco y ocho, pero... en EU ¿las familias son como las nuestras? Espera, los minutos corren, déjame preguntarte una tontería. ¿No hay ninguna posibilidad que todo esto sea un sueño, un mal sueño, una pesadilla, o bien una falsa alarma, las computadoras han enloquecido, no sé, algo...?

Suena el teléfono, los dos se miran absortos, el premier despaciosamente levanta el auricular. Señor -una voz tensa que no espera el saludar-, aquí el comandante de zona estratégica, la nube de misiles ha desaparecido de nuestros controles, como esfumada. ¿Ha pasado el peligro? Afirmativo, señor. ¡Alabado sea Dios! ¿Y a qué se debió...? El premier, el comandante al otro lado de la línea y el coronel, que lo ha comprendido todo, están a punto de llorar. Señor -el comandante se controla-, son formatos eléctricos, de morfología caprichosa, esta vez nos confundió el diseño de una flotilla de misiles... señor, una pregunta: ¿está el coronel operativo con usted? Sí, acaba de entrar. El coronel hace un gesto de sorpresa. Entonces, ¿sólo se dio la orden de alarma uno? Correcto, comandante. El coronel lleva a sus labios el tercer whisky. ¡Bendito sea Dios, que usted, Señor Presidente, así lo decidió! ¿y cómo supo...? Verá, comandante, bien: mañana, ya calmos, se lo platico y usted me informará sobre los motivos que tuvo para descartar la posibilidad de un formato eléctrico. Sí, señor. Se despiden, cuelgan.

Suena el teléfono rojo. ¿Iván? Es John. Discúlpame, iré al grano. ¿Por qué activaron el sistema de alarma uno? Ejercicio de rutina, John. Pero, no nos dieron aviso, Iván. Te ruego nos disculpes, se nos pasó, no volverá a suceder. ¿Todo normal, Iván? Todo normal, John. ¿Cómo está tu esposa, John? Ok, Iván. Me la saludas. Lo mismo a la tuya... me había olvidado, tú eres soltero, hombre libre. Bueno, saludos a tu galana de turno. Siempre me ha intrigado: ¿Cómo has hecho para hacerte elegir siendo soltero? Oye, hace tiempo que quería agradecerte los chistes que me mandaste por Internet, ése de la suegra está buenísimo. A ver si chateamos un poco uno de estos días. Claro que sí. Pero, dime, ¿no advirtieron como una...? ¿Una qué, John? No, nada, olvídalo. Naturalmente, levantarás la alarma uno. Cuelgo y lo ordeno, no temas, John. Nos vemos, Iván. Nos vemos, John. Cuelgan. Otro silencio. Coronel... Desaparece el tuteo. Sí, señor. Tal vez usted... Voy a recapitular lo sucedido entre las cuatro paredes en esta media hora, no ¿qué digo? en unos minutos, sólo en unos minutos. Entró usted y no acababa de dar la noticia cuando sonó el teléfono, era el comandante para comunicarme que el peligro había pasado. Eso fue todo. ¿Me entiende, coronel? Perfectamente, señor. Ah, y corra a levantar la alarma. Sí, señor.

EN LA CASA BLANCA

En la Casa Blanca, John, después de colgar, reflexiona. ¿De modo que supieron distinguir entre un formato eléctrico de flotilla y la flotilla misma? Debemos andarnos con cuidado, a estos “rusoskis” no les creo, pero nada. Y visualizaron el formato eléctrico en sus aparatos antes que nosotros, sino ¿a santo de qué la alarma uno sin avisarnos? Y yo, que quería buenamente advertirles sobre la falsa imagen... y que de una vez quitaran la alarma uno.

EPILOGO A MITAD DE CAMINO

Cien días después de estos sucesos, EU logró una innovación tecnológica que posibilitaba amplio margen de maniobra en situaciones críticas: un mecanismo adosado a cada misil, permitiendo su destrucción en vuelo desde base remota. Así las cosas, EU se las jugó. Dos oleadas de objetos voladores partieron un día hacia Rusia. Una de misiles nucleares y la otra de aviones transportando tropas de élite y armamento. De momento, iban juntas. Pero una de ellas deberá dejar la escena bastante antes de divisar el blanco. Si lo hace la flotilla de aviones, es porque Rusia va ser destruida. Si lo hace la flotilla de misiles, es porque va a llegarse a un acuerdo evitando el holocausto tras la rendición de Rusia, que aceptaba ser ocupada militarmente.

Y ése fue el planteo de John para Iván: se entregan o los borramos del mapa. Olvidas nuestra capacidad de respuesta, replicó Iván. No será usada, contestó John. ¿Cómo sabes? Aquí, junto a mí, está un cierto coronel; me pide te salude de su parte y te agradece los excelentes whiskys que tomó en tu oficina. Well, tú decides. Tercera opción no hay. Tu lógica de impedir a toda costa la destrucción de la humanidad, es sabia. Te será reconocida por las generaciones venideras. Yo, lo confieso, te admiro. Además, y esto no es poca cosa, estás mejor situado ahora que la otra vez cuando ustedes confundieron formato eléctrico con ataque muy real de misiles. Porque fue así ¿verdad, Iván? Me lo contó todo este amigo nuestro, el coronel, que tú seguramente calificarás de otra manera. Y esto, precisamente, gracias a él y a la innovación tecnológica que nos permite destruir los misiles en vuelo. Iván, no te queda mucho tiempo para decidir.

Ya lo he hecho, contestó Iván. Acabo de ordenar un ataque nuclear masivo contra EU. Ustedes, permíteme una expresión brutal, son ya cadáver. Yo no tengo medios de destruir la flotilla en vuelo, cada misil dará en el blanco, con vuestras defensas sin consolidar, sin escudo guerra de las galaxias operativo pues sigue siendo un proyecto, en el mejor de los casos, podrán parar uno de cada dos misiles, no te preocupes, cada blanco tiene asignados dos misiles de cabezas múltiples. Del otro lado de la línea, un silencio que bien puede calificarse como silencio de muerte. Finalmente, una pregunta de John: ¿Por qué lo hiciste, Iván? Para saber si mi sabia lógica, que tanto alabaste, la aplicarás ahora haciendo estallar tus misiles en vuelo -tú lo puedes, yo no-. ¿Admiras mi sabia lógica? Pues, aplícala. Las generaciones venideras te lo reconocerán, John. Ah! Tus soldados en vuelo hacia aquí serán recibidos en son de paz, no es necesario cambiar el rumbo de los aviones. ¡Tú decides, John! Te he pasado la pelota, a ver si eres hombre sabio.

Y colgó.

UNA FANTASIA CASI... Y LA REALIDAD

Lector: es una fantasía, no ocurrirá. No, al menos, por ese motivo. La gran novedad en los sistemas de seguridad para un ataque nuclear consiste en la respuesta automática. Sensores detectan los misiles en vuelo y en el acto transmiten la información a la computadora, la cual instantáneamente da la orden de respuesta nuclear proporcionada.

No quedan márgenes para que un premier humanitario detenga la respuesta; es automática, está en marcha antes que un coronel corra y entre a las oficinas del premier; para entonces, los misiles del agredido están en vuelo, se cruzarán las dos flotillas en el camino. Una película de hace unos cuarenta años, titulada “[...] cómo aprendí a amar la bomba”, plantea la cuestión. La URSS ha instalado bajo tierra el arma del “juicio final”, así llamada. Si ésta detecta una explosión nuclear en territorio soviético, estalla automáticamente y su potencia es tal que vuela el planeta... Y bien, un avión escapa a los controles, cargado de una bomba nuclear e instrucciones de arrojarla... no les cuento el final.

Así, la respuesta automática cierra el círculo. Y da continuidad, perfeccionándolo, al equilibrio del terror, propio de la guerra fría, no cancelado al término de ésta. La potencia que ataque por sorpresa ha firmado su sentencia de muerte. Pulsará no sólo los botones de lanzamiento de sus misiles, sino los del agredido, sin que la orden de respuesta automática pueda ser cancelada. Todo intento de desactivación la apresura, así está programada la supercomputadora.

Esto es más que suficiente para frenar los propósitos de liquidar al otro con un golpe sorpresa jugando a que probablemente no obtendría respuesta. La suerte está echada para la humanidad entera, nadie, en su sano juicio, pulsará los botones.

¿En su sano juicio? Claro, los mandos de un submarino nuclear o de una base de lanzamiento en tierra pueden enloquecer. No es fácil que ocurra, pero imposible tampoco es: el caso entra en lo que se ha dado en llamar “accidente humano”. O puede, como ocurrió en la fantasía aquí relatada, darse una confusión en los sensores, que perciban misiles donde no los hay. O una falla en la computadora, que se dispara sola. Todo eso es difícil que suceda, pero no imposible. Y estando en juego la suerte de la humanidad, toda precaución es poca. Nadie ataca a nadie, se cuida muy bien de hacerlo pero un accidente siempre puede ocurrir. Nunca se cerrará del todo la brecha de la fabilidad. Sin embargo, la solución es tan sencilla como negada por la desconfianza mutua: el desarme universal. ¿Lo garantizaría para siempre? Lo garantizará mientras dure, y esto es mucho y es cuanto podemos aspirar... Como decía Margaret Thatcher, “no se puede ‘desinventar’ el conocimiento.”

EL APOCALIPSIS VIAJA POR AIRE

Pero una nueva vía de peligros se abre, descrita con precisión por el diario español “El País” bajo la firma de John Carlin: “[...] los locos que teme Bush [individuos o los llamados estados canallas como Irak] seguramente carecen de capacidad para lanzar un misil de un continente a otro. Es más probable que consigan [fabricar, comprar o sustraer] una bomba atómica del tipo que los americanos emplearon en Hiroshima, unos cuarenta kilos de peso, la cual podría entrar a EU dentro de una maleta, en coche, en barco [...]” (11.02.01).

Sí, el apocalipsis viaja por el aire, y se llama accidente. Y también lo hace en valija, acompañando a un turista, a un hombre de negocios que importe maquinaria...

Este tipo de terrorismo está ahora en la mira. Informes encargados por el gobierno de EU, han ido llegando al escritorio del Presidente Bush. Coinciden en destacar que el país no se encuentra a la altura de las circunstancias en materia de defensa nacional. En los próximos veinticinco años -estima uno de los informes-, se verá completamente descartado lo que es el mito de la invulnerabilidad del territorio de EU. Es decir, se reconoce haber entrado en un difícil periodo de inseguridad.

Cobra fuerza la hipótesis del terrorismo donde una o dos personas se bastan para colocar en el blanco la bomba química o biológica, sin descartarse la nuclear. De ocurrir la catástrofe, la primera potencia mundial podría tomar represalias que decuplicaría la herida. Valga el ejemplo, responder a la destrucción de una ciudad americana con borrar del mapa a países (los tenidos por terroristas o cómplices). Y en este punto es difícil pronosticar la actitud del oso ruso... En una palabra ¿hasta dónde, hasta qué extremos la prudencia podrá ser reemplazada por la locura general?

No lo sabemos y no queremos saberlo.

CONCLUSIONES A LA MEDIDA

Pero algo ya ha ocurrido, hubo el 11 de septiembre de las Torres Gemelas y el Pentágono, seguidos de los bombardeos angloamericanos a Afganistán, tras los pasos del sospechado como autor intelectual de los atentados, Osama Bin Laden. EU resultó vulnerable en alto grado: varios terroristas pudieron aprovechar una academia de vuelo en el territorio de EU para entrenarse como pilotos, y en su espacio aéreo secuestrar cuatro aviones, usando a tres como poderosos misiles incendiarios. Todo eso, bajo la mirada vigilante de la CIA y el FBI, y mientras los informes sobre vulnerabilidad se apilaban sobre la mesa de trabajo del Presidente Bush.

¿Hasta dónde, hasta qué extremos la prudencia podrá ser reemplazada por la locura general?

No lo sabemos y no queremos saberlo.

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Doble moral estilo gringa

María Luisa Etchart (Desde Costa Rica. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

A partir de la década del 50 Estados Unidos descubrió que sus antiguos aliados durante la Segunda Guerra Mundial (Rusia y China) eran malos y peligrosos porque eran “comunistas”, término que de por sí sólo implicaba que debían ser combatidos, aislados y castigados.

Las incursiones a Corea y Vietnam para evitar que esos países, en su zona sur, se convirtieran en estados comunistas los tuvieron de feroces protagonistas, con el uso de elementos químicos, matanzas de civiles, y la propia abnegación de toda una generación de jóvenes que fueron enviados a esas distantes tierras a sufrir penurias y convertirse en víctimas y victimarios. Los movimientos civiles de protesta contra la guerra de Viet Nam fue el esfuerzo de una gran parte del pueblo estadounidense que se rebeló contra la guerra, optando por el famoso “love and peace” que aún recordamos.

La mal llamada Guerra Fría (no hay tal cosa, la guerra siempre es caliente y cuesta vidas y sangre) dejó en América Latina toda una experiencia de dolor, torturas y desaparecidos, mientras Estados Unidos apoyaba dictaduras militares a quienes entrenaba en Panamá para evitar, supuestamente, que el monstruo rojo avanzara. Cuba sufre desde entonces un bloqueo y se insiste en el castigo impuesto unilateralmente año tras año.

Dentro del mismo territorio estadounidense, el tristemente célebre senador Mc Carthy persiguió y deshonró públicamente a cualquier personalidad que fuera acusada de participar de reuniones o de ostentar un pensamiento socialista. El paradigma de ese accionar podría ser Charles Chaplin, quien debió exilarse en Suiza pero por supuesto no fue el único, sino sólo el más famoso.

Las masacres que se perpetraron en América Central, tan bien representadas en la película “Bajo Fuego” de Nick Nolte, deberían llamar a nuestra reflexión. Tras años de lucha encubierta se desató el “Iran Gate” donde quedó comprobado que nuevamente el Gran Hermano del Norte había estado desviando agentes, armas y medios para aplastar los movimientos liberadores que surgieron en varios países de la región.

Terminado el operativo masacre, le siguió el operativo “Fondo Monetario Internacional” en que nuevamente el continente se vio presionado, estafado y obligado a realizar las famosas privatizaciones de empresas y recursos nacionales, que terminaron por hundir aún más a las naciones en deudas espurias con la connivencia de gobiernos que eran estimulados con jugosos sobornos a sumarse a las delicias del neoliberalismo.

En los últimos años el eje de la lucha se desvió hacia Medio Oriente, que por casualidad se convirtió en el “nuevo eje del Mal”, coincidentemente con el hecho de tener abundante petróleo debajo de la tierra que pisan sus pobres habitantes. Este esfuerzo bélico distrajo gran parte de los recursos y la atención del Imperio, quedando América Latina un poco menos presionada y sorprendentemente esto hizo que surgieran movimientos socializantes que tratan de ganar protagonismo y llevar un poco de justicia social a sus castigados pueblos.

Con motivo del Tratado de Libre Comercio, en Costa Rica se produjo una polarización de varios sectores que crearon una corriente de pensamiento que aglutinó voluntades que encontraron algo que los unía y les daba razón para presentar lucha a las pretensiones insaciables del Imperio, y que bajo un corazoncito esperanzado se largó a las calles a gritar su “NO”.

Con ese motivo, tuve ocasión de ver cómo se los combatía desde los sectores del poder, cómo se asustaba a la gente con tremendismo, siendo partícipe de esa mala praxis no sólo el gobierno, sino los periódicos, las empresas multinacionales respecto a su personal, los canales de televisión eliminando un referente tan importante como el del programa “Diagnóstico” y de muchas otras formas, algunas sutiles, otras burdas.

También escuché a miembros de gobierno hablando de la “influencia comunista”, slogan que ha sido utilizado en América Latina como exorcismo durante tantos años. Una vez más, USA se ha negado a levantar el bloqueo a Cuba, se sigue haciendo el distraído cuando se trata de considerar seriamente su grado de responsabilidad en el cambio climático global y prosigue acusando a quienquiera ose pretender para su tierra una visión distinta a la por ellos proclamada como “única posible”, la de la copa que gotea sin explicar para nada quién se supone que debe llenar con su esfuerzo esa copa para que algún día empiece a largar unas miserables gotitas para rociar a los de abajo.

Hasta ahí el juego está claro, ya sabemos quién es quién y qué quiere cada uno. Lo que me resulta francamente incomprensible, por su doble discurso, es por qué no se la ataca a China que es el país de mayor población mundial que se ha erigido como una potencia bajo un régimen COMUNISTA. ¿Será porque son muchos y aparentemente están muy unidos,, será porque Estados Unidos tiene un enorme déficit en su balanza comercial con China, será porque aunque son comunistas, están muy lejos y para qué nos vamos a meter con ellos?

Después de haber sido sospechados de comunistas a los que estábamos por el NO, de haberse dicho que seguíamos instrucciones de Fidel, Chávez y Evo Morales, no les suena a ridículo e hipócrita que ahora nos lancemos a los brazos comunistas de China y nos alegremos de los regalitos que nos den? ¿No es raro que el gobierno estadounidense no se muestre molesto por el abrazo de Costa Rica y China, la muy roja?

Los invito a pensar, a reflexionar, a no dejarse engañar como lo vienen haciendo y, sobre todo, les invito a recordar que China es lo que es hoy por el esfuerzo de su pueblo, por su falta de consumismo, porque hubo un Mao Tse Tung.....

No dejen que los asusten con adjetivos descalificativos, no permitan que cada vez que quieren emitir una opinión diferente los tilden de “marxistas”, “Izquierdistas”, “radicales”, no acepten ningún rótulo, limítense a llamarse “humanos que pretenden vivir en armonía con el mundo” que no es poco.

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I Concurso Mundial de Ecopoesía

UNIVA

La Unión Mundial de Poetas por la Vida -UNIVA-, en su constante preocupación y aporte a la conservación ambiental del planeta, a partir de la fecha establece el PREMIO ANUAL DE ECOPOESIA, convocando al I Concurso Mundial de Ecopoesía 2010.
BASES
Pueden participar poetas de cualquier país del mundo.

El texto deberá estar escrito en idioma español internacional, sin uso de términos locales.
Cada poeta participante presentará un solo poema con una extensión entre 20 y 30 versos (líneas), de tal manera que posteriormente pueda ser difundido masivamente a través de un afiche, el mismo que será publicado mediante auspicios que gestionará UNIVA.

El poema debe ser inédito.

El poema no debe ser solamente un texto descriptivo de un paisaje o especie animal o vegetal, debe llevar al lector a una reflexión sobre la situación del planeta y motivar a una acción para su conservación.

El jurado calificador estará integrado por miembros del Consejo Directivo de UNIVA: Poeta Wilma Borchers (Chile), Presidenta Honoraria, Hugo Noblecilla (Perú) Presidente y Marco Cabrera (Perú) Vicepresidente.

Los poemas serán enviados vía correo electrónico a la siguiente dirección poetasuniva@gmail.com con el asunto CONCURSO MUNDIAL DE ECOPOESIA. En archivo adjunto de word en el cual debe figurar el poema y los datos del autor: Nombres y apellidos, país Y fecha de nacimiento, lugar de residencia y dirección, correo electrónico, N° de documento de identidad y fotografía en archivo JPG. No se utilizará seudónimo.

La fecha límite del cierre del concurso es el 30 de abril del presente año. Los resultados serán difundidos el 28 de mayo. La premiación será en el marco del II FESTIVAL MUNDIAL DE ECOPOESIA, que se realizará en la ciudad de Tumbes – Perú, del 5 al 8 de agosto del presente año. En caso que los ganadores no puedan estar presentes, se le remitirá su premio a su lugar de residencia.

Los ganadores de los tres primeros puestos se harán merecedores a un Diploma de Honor. El primer premio se hará acreedor al PREMIO UNIVA. No habrá premios económicos porque consideramos que el aporte de los poetas a la conservación ambiental no debe ser a cambio de un reconocimiento monetario.

El poema ganador será difundido a nivel nacional e internacional a través de un afiche tamaño A – 2, durante el año, hasta que resulte el ganador del II concurso.

UNIVA gestionará la publicación de un libro con los 100 poemas que considere mejores. Los poemas no seleccionados serán desechados.

Los autores ganadores y seleccionados ceden el derecho de publicar su poema seleccionado en el libro que edite UNIVA, sin fines de lucro, quedando sus derechos de todas maneras siempre bajo su posesión para las publicaciones que estime necesarias.

La participación en el concurso implica la total aceptación de estas bases.

No se mantendrá correspondencia vinculada al certamen. Se guardará absoluta reserva sobre la identidad de los concursantes.

La Comisión Organizadora y/o el Jurado se reservan el derecho de resolver cualquier punto no previsto en estas bases.

II FESTIVAL MUNDIAL DE ECOPOESIA

"Por la integración universal de los poetas en defensa de la vida"
IINFORMES:
http://poetasuniva.espacioblog.com/post/2010/01/03/ii-festival-mundial-ecopoesia-2010-tumbes-peru
TODO EL PLANETA LES AGRADECERA POR SU PARTICIPACION Y DIFUSION

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Las apacibles aventuras de un taxista primerizo en Caracas

Douglas Bolívar (Desde Caracas, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Luego de estar una hora dando vueltas por lugares que instintivamente suponía estratégicos, no había logrado que ningún transeúnte se interesara en mis novicios servicios, por lo que había comenzando a ser presa de cierto abatimiento, que me llevó a indagar en las eventuales causas de lo que se asomaba como un nuevo fracaso: no puse bien el aviso y el público no lo divisa, a lo mejor lo que me hace falta es un casco luminoso. ¿O será que de verdad todo oficio tiene su arte? Como yo no tengo oficio, no estaba al tanto de tener interiorizado ese apotegma.

Pero en el momento exacto en que estaba dando la última vuelta para batirme en retirada, un caballero en la esquina de Urapal supo regatear su cosa a dos colegas que estaban delante de mí y no les aceptó la propuesta. A mi turno, escuché su pregunta de que por cuánto lo llevaba a Caricuao: en fracciones de segundo debía resolver este enigma de un potencial cliente que tenía inmediatos antecedentes de pichirre, cosa que privó a la hora de responder su inquietud: 40 bolos.

Supongo que mis predecesores se pasaron de paisanos, porque apenas terminé de zanjar el monto este hombre se posicionó del puesto de copiloto con un sentido aliento alcohol y con un vaso de whisky en la mano, lo que creó la atmósfera para que en el trayecto nos soltáramos en amable conversa que tuvo como centro la victoria que esa misma noche lograron los tiburones a expensas de los leoncitos.

Con todo, mi primer cliente todavía no superaba el despecho que días antes le había producido el mamonazo que Jackson Melián le había soltado nada menos que al Kid Rodríguez, lo que agigantaba el barranco y lo connotaba de vergüenza. Aventajado como soy en los menesteres de echarle gasolina a las emociones de mis prójimos, más cuando los sentimientos llevan plomo en el ala, le hice un análisis riguroso sobre el por qué y cómo serían campeones los tiburones esta temporada. La robustez de mi disertación fue tal, que cuando se bajó frente a su edificio expelió el consabido saludo pueril de chocar los puños.

En fin, vengo de retorno consagrado como un taxista y reflexiono acerca de la necesidad de trazarme mi propio circuito. De modo que mentalmente acuerdo girar por Plaza Candelaria, conectar por Galerías Ávila y según como sea dirigirme hacia el terminal de Rodovías en Plaza Venezuela. Si hay beisbol, lógicamente que debo cruzar el Estadio Universitario, pero si todavía el juego está vivo termino de llegar a predios de La Bandera, donde casi siempre conseguí clientes. Sobre la marcha incorporé a la ruta una pasada por el centro comercial El Recreo, abundante de gente cargada de bolsas.

En una de esas, en Galerías Ávila, me sobrevino el primer gran conflicto en mi condición de operario del volante. Una familia encabezada por un mecánico me pregunta el precio de llevarlos a la principal de Sarría. Fijo mi condición de 30 bolivitas y si bien pegó el chillido, tampoco fue que pidió rebajas, así que entre refunfuños la mujer montó a los carajitos atrás y el caballero a mi lado, donde le llegaron los cuestionamientos de su señora: ¿te das cuenta? Te la pasas regalando tu trabajo, cobra lo que es.

En marcha, el amigo quiere quitarse de encima los ataques de su cuaima y empieza a discursearme sobre lo desangradores que son los taxistas del presupuesto familiar. El cuestionamiento toca mis más sacrosantos valores, pero como tampoco estaba para discursos, le alego que el precio de una carrera no lo define la distancia, sino las circunstancias (¡mírenme a mí!), y le explico que allí donde los tomé a ellos yo hubiera podido agarrar otro cliente que fuera más lejos para cobrarle más. Asienta el comentario sin dejar de quejarse, mientras me iba indicando por dónde coger, tutelaje que le reproché: no se preocupe, amigo, Sarría es mi pateadero. Como quiera que no me creyó, hube de sacarme de la manga la mención de Orestes, un pana mecánico del bloque 6 de los bloques de Simón Bolívar a quien siempre estoy aterrizándole de emergencia con mi perol. La mención obró el milagro no sólo de callar a esta familia, sino de opacar el regateo, porque a mi insistencia de justificar el costo del trabajito el mecánico cortó: no, tranquilo, yo no le voy a poner precio a tu trabajo. Además, yo conozco a Orestes, me lo saludas y cuando tengas un peo puedes venir a mi taller de latonería que está en esquina, déjame ahí. Y nos deseamos las buenas noches.

Pero mi debilucha conciencia se activó, porque ciertamente era un trayecto muy corto, y en verdad yo no calculé el monto por la distancia, de la que no tenía aproximación exacta, sino por la peligrosidad de la zona. A uno le mientan Sarría y piensa en esa calle que sube por la Andrés Bello y que desemboca por detrás del teleférico del Guaraira Repano, donde en mis tiempos de intrascendente reportero una vez estuve a tiro de cesar en vida por estar buscando inútiles crónicas de los bajos fondos. La memoria asustadiza y aburguesada, entonces, fue la responsable del asalto al compañero mecánico. Así se lo consigné a la conciencia y pude seguir chambeando con relativa tranquilidad y paz interior.

La traición de clase habría de pasarme una factura, porque apenas descargué a esta humilde familia volví a Galerías Ávila, donde una distraída señora que maniobraba en retroceso estuvo a punto de dañar mi carrocería. ¿Qué habría hecho entonces? Lógicamente que llevarle los daños al latonero que acababa de estafar.

Mis aventuras creo que arrancaron por ahí el 15 de diciembre, cuando el fulgor navideño hacía de las suyas. Difícilmente pasaba por El Recreo sin captar clientela. Una noche llevé a dos señoras a la cúspide de Puerta Caracas, donde ellas mismas me dijeron que por ahí tiraban los cuchillos con liguillas. Pero había más bien un frío delicioso y unas calles limpias y asfaltadas, anoté en mi cerebro en la sección de curiosidades.

En otra ocasión, por miserables 50 bolívares, llevé a un trío de damas totalmente ebrias que llevaban direcciones distintas. Una necesitaba llegar por los lados de La Bandera, y mientras hacíamos el recorrido, atrás una compañera tenía súbitos arrebatos de vómitos y era yo el que apretaba la barriga ligando que aguantara. Pudo hacerlo, y emprendimos la segunda ruta hasta el final de la principal de avenida Fuerza Armada. Iban riéndose de sus andanzas de esa noche, mientras que una tercera se concentraba metiéndole mano a su preferida, la que amenazaba con defecarse en el puesto trasero.

Frente al Sambil -parada que incorporé tardíamente al circuito, por novatada, porque ahí tampoco había caída-, una familia me sacó la mano con pretensiones de que la llevara a los bloques de Casalta. Ponte tú que fueran las once de la noche. No había terminado de pedirles 60 peniques cuando ya se estaban acomodando. Y aquello fue pura bilis antichavista de aquel miserable hombre. Su esposa guardaba prudente silencio mientras él- repleto de bolsas- maldecía todo cuanto mencionaba.

Al mismo punto regresé para captar a una mujer con sus dos hijas adolescentes que iban para los primeros edificios de El Valle, y le resultó tan pírrica mi tarifa de 30 bolívares, que hasta se permitió concederme una pequeña propina de cinco bolos. Se le agradece. Del Sambil también agarro a una señora tiendista que va para Los Flores de Catia. Se sorprende de que conozca la zona y que la llevé frente a su casa prácticamente sin pedirle orientación. El pago de su servicio acumuló 50 bolívares en mi alcancía.

Siempre estuve atento a los resultados de la pelota nacional y de lo que ocurriera en el Universitario. Una noche, luego de una victoria de los tiburones, cuando me había regresado a ver si conseguía algún repele, frente a la estación del metro Ciudad Universitaria un tipo de aspecto bonachón y sonrisa eterna me saca la mano. Va cerca, más o menos por la Roosevelt, pero ya no hay Metro y accede a los 30 que le pido. Lleva de la mano a su hijo, un chamín como de diez años, obviamente que intentando adoctrinarlo tramposamente para los escualos. Apenas se monta, me digo que yo lo conozco, pero de dónde, de dónde. La memoria inicia su intrépida búsqueda que se prolongó por varios días, hasta que al fin ella dio con el personaje: Xavier Saravia. Coño, tanto esfuerzo memorístico para que resultara siendo Xavier. Tampoco la vaina era para tanto.

Conforme se acercaron los días de máxima ebullición navideña, agregué a mis recorridos el centro comercial El Valle, de donde siempre obtuve uno que otro clientecito, y también el teleférico, donde por primera sentí un atraco en la nuca.

Venía ya de bajada por la principal de Maripérez cuando un chamo, de entre una muchedumbre como de diez personas que hablaban pajilla luego de bajar del Ávila, me detiene y me pregunta cuánto vale un golpe hasta El Cementerio. Mi planteamiento de 40 bolívares lo convence en medio instante, cosa que me pareció natural tratándose de tan altas horas de la noche, pero lo que sí me hizo gallinetear fue un segundo tipo se desprendió corriendo del grupo y se montó atrás. En ese momento me declaré atracado y sólo esperé que la cosa se oficializara.

Que entre ellos hablaran árabe me alivio un tanto, pero igual podía tratarse de un estratagema, porque por un lado yo no entiendo una papa de árabe y por otro los delincuentes de hoy en día son unos planificadores envidiables. Estuve vacilando entre dirigirme hacia un puesto policial y denunciar el inminente robo, pero el temor al desatino fue mayor. Pensé también en aproximarme a Plaza Venezuela y simular un caucho espichado e invitarlos a tomar otro carro, pero no me complacía mucho la idea de verme a mí mismo tan cagueta.

No ocurrió ninguna desgracia, pareciéndome más bien que ellos también iban asustados, cosa que deduzco por el alivio que parecieron respirar cuando descendieron frente a la casa que dijeron vivir.

A la zona F del 23 de Enero llevé asustado a dos camaradas gay. Ellos iban hablando de su materia hogareña, mientras yo trataba de averiguar si no se trataba de un camuflaje hamponil para despojar a taxistas del producto del sudor de sus frentes. Los dejo al lado del estadio Chato Candela y me dan las gracias, gesto que atribuyo a mi pírrica tarifa de 50 bolívares.

Otras veces el esfuerzo se proyectó a las madrugadas. En alguna ocasión, se montaron unos noviecitos que además de andar paloteados estaban como enguerrillados. Empieza una pelea de gatos y perros. Creo que ninguna llegaba a los 18 años, al menos ella parecía de 15, diagnóstico que hizo preguntarme si en esos locales de la juventud se permitía el ingreso de doncellas.

Vienen ahora gritándose, ella reclamándole que estaba bailándole muy estremecidamente con una fulana a la que sólo alcanzaba a tachar de puta. La adolescente se encolerizó totalmente cuando el don juancito le pidió que por favor dejara de referirse a fulana como puta. Entonces quiso darle unas pescozadas al tiempo que le gritaba maldito. Se confunden en un ajetreo de golpes y maldiciones y el pobrecito taxista impávido, entre decidir por decirles que se bajaran o impedir que la damisela sufriera daños, aun cuando prácticamente aquella era una pelea de pareja.

Por los lados de La Previsora, valiéndose que yo no violento la luz del semáforo en ninguna circunstancia, el galán abrió la puerta y se bajó y la dejó ahí hecha un desplante y sumergida en llanto incontrolable. Carraspeo para que se acuerde de mi presencia, y luego le pregunto si la termino de llevar a donde originalmente me había pedido: la alta Florida. En el camino le dedico mi sermón number one para damiselas en dificultades sentimentales.

Al llegar, se acuerda de que no tiene para pagarme, que si la puedo disculpar, que anote su número celular y eso.

O que si quería pasara y bebiéramos algo que además de no tener sueño, estaba sola en casa porque sus padres se habían ido a pasar la navidad en París y ella prefirió quedarse con el rolo e loco de su novio. Acepto atraído por la rareza de la anécdota. Guardo el cagajón en el espacioso garaje a cielo abierto y ahí nos sentamos en la mesita donde ella sirve unos tragos mientras prende un cigarro y me pregunta que si además de taxista soy otra cosa. Mientras le digo que padezco de la cojera de ser periodista, la miro en detalle, ya con otros ojos. Pero no, que va, rápidamente deshago mi pensamientos, no es mi ring.

Y así seguimos, hasta que la aurora sobreviene cubierta de hielo. Ella no paraba de tomar y me sorprendía que estuviera tan bien, porque ni apariencia de borracha circunspecta tenía. A esa triste hora se pone a preparar un enrollado de marihuana con semillas que tenía en una bolsita plástica en su chaqueta. No me alarmé, estaba delante de una chamita y sabía que debía impostar naturalidad, aunque a mis adentros me santiguaba: Padre nuestro, figúrate que la policía me hubiera detenido en el camino y hubiera descubierto a esta nena con hachís. Qué escándalo, quién me aguanta a mí en los titulares de mis amigos. Qué bochorno.

El momento cumbre para mi apaciguado espíritu se presentó cuando ella inhaló el rollo y me extendió el resto. Debía tomarle, porque imagínate que me pusiera a esa hora con la pacatería de no, gracias, yo no fumo. Pero agarrarlo implicaba absorberlo. Tampoco fue que ella se quedó mirándome retadoramente esperando que fumara.

Sobre la marcha decidí que lo llevaría a mis labios y fingiría que le eché un fumito. Así estuvimos en toma y dame, hasta que me cayó la locha de que debía seguir con mi teatro, porque ella ya estaba risa y risa preguntándome que si no me daba nota. Jajajaja. Saqué mi capacidad histriónica y acompañé sus carcajadas, pero ellas debían estar sujetadas de las mismas incoherencias a que ratos manifestaba ella, que había empezado a tratarme de guebón y a preguntarme que cómo hacíamos que colearnos en el concierto de Cranberries (¿?). Para mostrarse coherente con la incoherencia, yo le preguntaba mientras trataba de doblar el blanco del ojo: mami, tú has visto una iguana. Qué arrecho, te tengo que llevar para Valle de La Pascua. ¿Y un venado, mami, has visto un venado?

A las seis de la mañana se quedó dormida en el jardincito. Como el prototipo de telenovela, le dejé anotado mi número y me largué de esa extranísima atmósfera undergraund.

Llegado el 29 de diciembre, fecha en la que debía parar por compromisos familiares, ya había alcanzado mi meta de acumular 6 mil bolívares fuertes, lo que se corresponde al promedio diario de 200 bolívares, que malos no son pero que de igual manera no satisfacían la perspectiva de los 400 que me dijo un pana que se hacían, comentario que fue el germen de mi incursión como taxista producto de una casi trágica circunstancia.

En las postrimerías del año, dos panas fueron diagnosticados con tumores cerebrales. La providencia quiso que los detectaran a tiempo, porque en uno la cosa comenzó con la pérdida del centro de gravedad desde un oído, lo que lo regresó al hogar materno, donde no se anduvieron por las ramas y fueron a hacerle una tomografía que reveló el punto oscuro. Pero consiguió que merecidamente la revolución lo ayudara con los 70 mil bolívares que cobraron en la clínica, incluso con el tratamiento post operatorio.

Pero el segundo camarada no está tan curtido en las lides gubernamentales, con todo y que su familia labró una ayuda ministerial que permitió la operación, pero vinieron las de Caín con el costo de la radioterapia de rehabilitación.

Sus cuatro panas entonces acordamos reunir los 30 mil bolívares que se necesitaban y en distintos horarios emprendimos la recolección a punto de anecdóticas carreritas. Ambos están en vías de salvarse, por ahora, de la pelona y seguir jodiendo un rato más en esta espléndida segunda oportunidad que la vida les ha concedido. Fueron mis votos para seguirle rindiendo tributo a la amistad.

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