jueves, 28 de enero de 2010

Cinco cuentos cortos

Franz Kafka

UN MENSAJE IMPERIAL

El Emperador, tal va una parábola, os ha mandado, humilde sujeto, quien sois la insignificante sombra arrinconándose en la más recóndita distancia del sol imperial, un mensaje; el Emperador desde su lecho de muerte os ha mandado un mensaje para vos únicamente. Ha comandado al mensajero a arrodillarse junto a la cama, y ha susurrado el mensaje; ha puesto tanta importancia al mensaje, que ha ordenado al mensajero se lo repita en el oído. Luego, con un movimiento de cabeza, ha confirmado estar correcto. Sí, ante los congregados espectadores de su muerte -toda pared obstructora ha sido tumbada, y en las espaciosas y colosalmente altas escaleras están en un círculo los grandes príncipes del Imperio- ante todos ellos, él ha mandado su mensaje. El mensajero inmediatamente embarca su viaje; un poderoso, infatigable hombre; ahora empujando con su brazo diestro, ahora con el siniestro, taja un camino al través de la multitud; si encuentra resistencia, apunta a su pecho, donde el símbolo del sol repica de luz; al contrario de otro hombre cualquiera, su camino así se le facilita. Mas las multitudes son tan vastas; sus números no tienen fin. Si tan sólo pudiera alcanzar los amplios campos, cuán rápido él volaría, y pronto, sin duda alguna, escucharías el bienvenido martilleo de sus puños en tu puerta.

Pero, en vez, cómo vanamente gasta sus fuerzas; aún todavía traza su camino tras las cámaras del profundo interior del palacio; nunca llegará al final de ellas; y si lo lograra, nada se lograría en ello; él debe, tras aquello, luchar durante su camino hacia abajo por las escaleras; y si lo lograra, nada se lograría en ello; todavía tiene que cruzar las cortes; y tras las cortes, el segundo palacio externo; y una vez más, más escaleras y cortes; y de nuevo otro palacio; y así por miles de años; y por si al fin llegara a lanzarse afuera, tras la última puerta del último palacio -pero nunca, nunca podría llegar eso a suceder-, la capital imperial, centro del mundo, caería ante él, apretada a explotar con sus propios sedimentos. Nadie podría luchar y salir de ahí, ni siquiera con el mensaje de un hombre muerto. Mas os sentáis tras la ventana, al caer la noche, y os lo imagináis, en sueños.
EL ZOPILOTE

Un zopilote estaba mordisqueándome los pies. Ya había despedazado mis botas y calcetas, y ahora ya estaba mordiendo mis propios pies. Una y otra vez les daba un mordisco, luego me rondaba varias veces, sin cesar, para después volver a continuar con su trabajo. Un caballero, de repente, pasó, echó un vistazo, y luego me preguntó por qué sufría al zopilote.

"Estoy perdido", le dije. Cuando vino y comenzó a atacarme, yo por supuesto traté de hacer que se fuera, hasta traté de estrangularlo, pero estos animales son muy fuertes... estuvo a punto de echarse a mi cara, mas preferí sacrificar mis pies. Ahora están casi deshechos". "¡Vete tú a saber, dejándote torturar de esta manera!", me dijo el caballero. "Un tiro, y te echas al zopilote." "¿En serio?", dije. "¿Y usted me haría el favor?" "Con gusto," dijo el caballero, "sólo tengo que ir a casa e ir por mi pistola. ¿Se podría usted esperar otra media hora?" "Quién sabe", le dije, y me estuve por un momento, tieso de dolor. Entonces le dije: "Sin embargo, vaya a ver si puede... por favor". "Muy bien", dijo el caballero, "trataré de hacerlo lo más pronto que pueda". Durante la conversación, el zopilote había estado tranquilamente escuchando, girando su ojo lentamente entre mí y el caballero. Ahora me había dado cuenta que había estado entendiéndolo todo; alzó ala, se hizo hacia atrás, para agarrar vuelo, y luego, como un jabalinista, lanzó su pico por mi boca, muy dentro de mí. Cayendo hacia atrás, me alivió el sentirle ahogarse irretrocediblemente en mi sangre, la cual estaba llenando cada uno de mis huecos, inundando cada una de mis costas.
UNA PEQUEÑA FABULA

"Ay", dijo el ratón, "el mundo se está haciendo más chiquito cada día. Al principio era tan grande que yo tenía miedo, corría y corría, y me alegraba cuando al fin veía paredes a lo lejos a diestra y siniestra, pero estas largas paredes se han achicado tanto que ya estoy en la última cámara, y ahí en la esquina está la trampa a la cual yo debo caer".
"Solamente tienes que cambiar tu dirección", dijo el gato, y se lo comió.
LA PARTIDA

Ordené que trajeran mi caballo del establo. El sirviente no entendió mis órdenes. Así que fui al establo yo mismo, le puse silla a mi caballo, y lo monté. A la distancia escuché el sonido de una trompeta, y le pregunté al sirviente qué significaba. El no sabía nada, y escuchó nada. En el portal me detuvo y preguntó: "¿A dónde va el patrón?" "No lo sé", le dije, "simplemente fuera de aquí, simplemente fuera de aquí. Fuera de aquí, nada más, es la única manera en que puedo alcanzar mi meta". "¿Así que usted conoce su meta?", preguntó. "Sí", repliqué, "te lo acabo de decir. Fuera de aquí, esa es mi meta".
EL PASEO REPENTINO

Cuando por la noche uno parece haberse decidido terminantemente a quedarse en casa; se ha puesto una bata; después de la cena se ha sentado a la mesa iluminada, dispuesto a hacer aquel trabajo o a jugar aquel juego luego de terminado el cual habitualmente uno se va a dormir; cuando afuera el tiempo es tan malo que lo más natural es quedarse en casa; cuando uno ya ha pasado tan largo rato sentado tranquilo a la mesa que irse provocaría el asombro de todos; cuando ya la escalera está oscura y la puerta de calle trancada; y cuando entonces uno, a pesar de todo esto, presa de una repentina desazón, se cambia la bata; aparece en seguida vestido de calle; explica que tiene que salir, y además lo hace después de despedirse rápidamente; cuando uno cree haber dado a entender mayor o menor disgusto de acuerdo con la celeridad con que ha cerrado la casa dando un portazo; cuando en la calle uno se reencuentra, dueño de miembros que responden con una especial movilidad a esta libertad ya inesperada que uno les ha conseguido; cuando mediante esta sola decisión uno siente concentrada en sí toda la capacidad determinativa; cuando uno, otorgando al hecho una mayor importancia que la habitual, se da cuenta de que tiene más fuerza para provocar y soportar el más rápido cambio que necesidad de hacerlo, y cuando uno va así corriendo por las largas calles, entonces uno, por esa noche, se ha separado completamente de su familia, que se va escurriendo hacia la insustancialidad, mientras uno, completamente denso, negro de tan preciso, golpeándose los muslos por detrás, se yergue en su verdadera estatura.

Todo esto se intensifica aún más si a estas altas horas de la noche uno se dirige a casa de un amigo para saber cómo le va.

Franz Kafka: nacido en Praga, Checoslovaquia, en 1883, y fallecido en Austria en 1924. Escribió toda su obra en lengua alemana. Es considerado uno de los grandes literatos del siglo XX. Al morir pidió a su amigo y albacea literario, Max Brod, destruir toda su obra, cosa que éste no hizo, legando así al mundo una producción verdaderamente fascinante.

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El perro que enamoraba las hormigas

Carlos López Dzur (Desde Puerto Rico. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Dedicado a Adolfo Medina González (1867-1925), abogado, poeta y periodista pepiniano

«... los hormigas son chiquitas, pero tambián pican»
Adolfo Medina

1.

Esta historia la contaba Adolfo Medina González cuando buscaba memorias viejas para sus «Medinadas» y, a su saber, según dijo una vez para justificar sus artículos políticos en 'El Pobrecito Hablador', periódico mayagüezano, cierto personaje, anarcosindicalista de Barcelona, fue quien inspiró tal nombre.

El 'pobrecito hablador' es una gran ironía. Es una fábula muy llena de vida. Explica un perro, fiero en sus tiempos, que dejó de ser bravo. Retozaba con las hormigas. Y que, por amor, no les pasaba su lengua pegajosa por encima. Y sobre el pobrecito hablador quien mejor supo porque lo recogía de la calle, de sus borracheras y de sus desamparos, fue un pepiniano que se fue al exilio, Manuel Epifanio, y que no volvió más, «porque este pueblo es ingrato y no aprende y tiene sus propios noveleros, círculos de verdugos, y no oyen a los pobrecitos habladores que mucho ha sido lo que tienen que decirnos».

El conoció a Manuel Liciaga, cuando ya estaba muy viejito. El y su hermano Fermín, que se quedó en Pepino, eran quienes le hablaban sobre pobrecitos habladores, como aquel de Barcelona de su cuento y, así hay otros que escuchan a los perros apaleados, que alguna vez fueron criados sólo para la caza o para verdugos.

Ahora que escribe medinadas, a don Adolfo, el abogado, le viene el recuerdo del Dr. Liciaga. El sí oyó a los perros cuando eran bravos y vio los circos de los depredadores, cazadores urbanos de alguien a quien dar por medio muerto. Manuel Elpidio, ahora médico-cirujano en Barcelona, viene de una familia de buenos oidores. Unos como sus primos Corchado de Isabela, otros son como los Juarbe y Liciaga de Pepino. La política, no necesariamente como pelea de galgos, antecede a su nacimiento. Corre en la sangre ancestral de Martin Juarbe, alcalde isabelino, y fluye en la sangre de Manuel Corchado Juarbe. Este fue el gran héroe y modelo del Dr. Liciaga. Se lo instruyeron a él y a Fermín con este dicho: «Con España, hemos sido como hormiguitas mansas, siempre afanosas; pero cuídense los provocadores de lo mucho que pica un hormiguero».

En 1873, Manuel Corchado Juarbe fue Diputado a las Cortes Españolas. Y las cortes, casi siempre han sido un circo, máxime con la Constitución de 1876 que redactó Alonso Martínez. Esta es el ideario de Cánovas del Castillo. Ni a Manuel Corchado ni a su primo, el Dr. Liciaga Juarbe, le gustara ese embeleco. A un mismo tiempo, es como aceite y vinagre, posa como la más conservadora en su esencia y liberal en los raseros, recalcitrante y monárquica y engaña a moderados de centro. Entonces, no hay constitucionalismo ni del 1810 ni el 1869. Hay un vapor malo de agujero de leguleyerías del 1845.

Por otro lado, la ley electoral de junio de 1870 tiene entretenidos a los puertorriqueños. Se ha formado en Partido Liberal Reformista y ya algunos que tales dan se sienten reformistas verdaderos, no siéndolo; piden el autonomismo, como mansas hormigas ante el aliento de un perro. Los más, aquellos que no se involucraron en la Revolución de Lares, callan las ansias de abolicionismo. Una hormiga negra, peón o artesano, es para que aguante más que la lengua venenosa y rasposa de los galgos. «Que el sufragio universal, después de todo, no será para ellos. El esclavo a su faena, a su debido tiempo, sin mucho apresurarlo para que no haya represalias, las hormiguitas mansas, poco a poco, lucharán por ellos».

Aún no quedó claro, con la Constitución que mandó a zurcir Cánovas del Castillo, qué tipo de sufragio habrá, pero dos años después elaboraron una ley electoral que restituyó el sufragio censitario y se guardó el Sufragio Universal masculino. Cuando Manuel Corchado aceptó competir por un escaño en las cortes de diputados fue porque el rey Amadeo I, el pendejo, abdicó el 10 de febrero de 1873 y los madrileños se alborotaron como un hormiguero y tomaron los puntos principales de las calles. Apoyaron a los diputados republicanos. Sí. Las hormiguitas mostraron el poder proclamando la República.

Cuentan que en Pepino, lo ha escrito don Adolfo en sus Medinadas, el español Pascasio Moreno, aquel elocuente y poderoso liberal republicano, como David en gozo, el hijo de Salomón el Sabio, se sacó los zapatos, se quitó la chaqueta, la camisa, casi se quedó desnudo, al dejar sus calzones en la Plaza Alfonso XII, y se puso a bailar. Escribió que eso mismo le imitó el más grande de los pobrecitos habladores de este pueblo, Juan Tomás Cabán y Rosa, y bailaron por horas, sin importar que Diabolín, el poeta estuviera mirando, y dio tiempo a que llegara Venancio Esteves, Guillermo Serrano, Fermín Liciaga Juarbe, Basilio Arvelo, Cesáreo Méndez, Baldomero Roig Soto, los Maury recién llegados, en fin, los mejor de entre los pobrecitos habladores que, siempre testificaron que España fue como una perra malparida que no ha querido otra cosa en Puerto Rico que ignorancia, que no tengamos universidades ni escuelas para el pobre, sino luchas internas, políticas y de clase, reyes y capitanes generales que se impongan en su perdido imperio en Suramérica y, finalmente, en Cuba y el Caribe... Ni en la propia España, que las guerras carlistas han desangrado, ha querido a sus pobrecitos habladores... El modelo unitario y centralista sigue siendo el inspirado por Alfonso XII, para la supresión de los fueros vascos y la rivalidad permanente con una Mancomunidad catalana. O con un anarquismo creciente...

A pesar de que bailaron en la Plaza, ni la alegría de la primera ni segunda república entre esos hormigueros adventicios durará. Y la razón es la siguiente y Don Adolfo así lo explica: «Hubo una vez un hormiguero prohijado por Etanislao Figueras, Francisco Pi i Mergall, Nicolás Salmerón y Emilio Castelar, unos perros habladores en tribunas de la República Unitaria, o la Federal, que fue el mismo agujero; pero el pueblo era entonces como una gran jauría. No se consideraban parte de ese agujero de la minoría. La minoría de los pobrecitos habladores».

Y, cuando de España regresó Manuel Corchado Juarbe, se quedó en su casa del barrio Arenales Altos, en Isabela, y llamó al primo de Pepino a verle. «Manuel Elpidio, con tanta ilusión, yo vi la República; abogué por todo lo que hablamos, el fin de la esclavitud del negro, una universidad para la isla, el relevo de los tiranos que gobiernan y nos persiguen en este Puerto Rico, la anulación de la pena capital y el vil garrote... y no ha resultado nada. Han dicho que soy un hablador, un reformero, que no importa que yo haya sido electo diputado, si quienes me han tolerado cuando abro mi boca son hormigas débiles, frágiles como fue Figueras, apoyado por los unitarios; termitas de una colmena federal como Pi i Margall, muy bocón para ser hombre de estado, pero, con libros de intelectual que se los va comiendo la polilla... A las hormigas se las lleva el viento. Los hechos sobrepasan sus fuerzas... No hay unidad en España y las provincias o cantones se han ido levantando. Se han rebelado, sin concierto, contra el Estado. Cuando ocurrió en Alcoy, mi admirado Pi i Mergall, federalista, tomó las de Villadiego. Dimitió y quedó Salmerón y Cartagena en armas contra la República. El perro de una violencia amarga ha hecho que la pena de muerte, por la que tanto luchara, sea restablecida... Castelar, si tú lo vieras, Manuel Elpidio, descaradamente aliado con la Monarquía, sofocando a anarquistas, cantonalistas, carlistas majaderos y patriotas de Cuba... En Bardelona, me cerrabaron la revista «Las Antillas», que fundé con José Coll y Britapaja... el hormiguero allá es peor que el nuestro».

La dictadura comenzó con el General Serrano que ha disuelto las Cortes. El abogado Corchado ya no tiene foro ni trabajo. Desde Sagunto, en diciembre de 1874, el general Martínez Campos lo predijo: ya jugaron las hormigas con la lengua del perro. Ya es hora de que la restauración de los Borbones al hijo de Isabel II, ponga el orden y esté en el trono de España. Alfonso XII que sea el rey y Cánovas del Castillo, voz que lo represente. «Estamos pues, primo, donde comenzamos. El perro viene a morder y a pisar el hormiguero. Estoy triste, avergonzado, primo mío».

2.

Esta historia la contaba Adolfo Medina González cuando buscaba memorias viejas para sus Medinadas. El la conoce bien porque aunque Manuel Corchado y, su primo, el Dr. Manuel Elpidio Liciaga, se fueron a Barcelona y allá murieron, en Pepino estuvo Fermín Liciaga Juarbe y Estefanía, otra hermana, casada con Avelino Méndez Martínez. Se fueron porque los conservadores comenzaron a ganar cada elección, con la nueva Constitución del canovismo y la restauración monárquica. Toda una fiera corruptia, o circo de emperadores que ajotan a sus perros. Ganaron en 1876, 1879, 1881, 1884, 1886, 1891, 1893 y 1896. A los liberales, pobrecitos habladores, les evitaban que siquiera participaran de los procesos eleccionarios del caciquismo. Bastaba ser masón, espiritista y reformero, para que le vieran como hormigas vulnerables. Les metieran en presidios, les sospecharon anarquistas, ateos, comunistas, heterodoxos, quema-iglesias, come-vacas, manos negras, subversivos, hijos de la Gran Puta, antiespañoles, jacobinos, tarados, indeseables, gusanos. Y, por el contrario, a los perros caza-presas todo estaba permitido. El Capitán General de Madrid, sí, Pavía, se dio el lujo, como si fuese Emperador de los Circos Romanos, de penetrar a caballo en el hemiciclo de las Cortes seguido de fuerzas de la Guardia Civil.

Había dicho un cierto loco anarquista en Barcelona que a Castelar ese día le dieron hasta patadas en el culo y dimitió. O lo mataban.

Ahora a don Adolfo le viene al pelo el recuerdo de los Corchadoy los Juarbe. Ha buscado ejemplares amarillentos de revistas españolas, aquellas que él tanto leía, porque hablan de esos días, años que vieron bailar a los pobrecitos habladores en la Plaza del Pepino. Días que Fermín Liciaga Juarbe y su hermana Estefanía recuerdan con tristeza porque aquellos dos valientes, por no querer conformarse ante las burlas de tantos vascos y catalanes engreídos de los que había en el Pueblo, liaron bártulos y se fueron a Barcelona a reintentar meterse y ver claro desde el mismo ojo del huracán y es, cuando lamentan, que dejaran de verlos para siempre.

Al periodista de «El Pobrecito Hablador», gacetilla mayagüezana, lo que le importa no es recordar el descrédito que produjo en España aquel gesto heroico y suicida de los pobrecitos habladores, entre quienes Corchados y Juarbes eran unos. El no quiere hablar sobre la reina Isabel II, sus puterías y excentricidades, ni de su hijo que llegara a España en 1875, como todo un cachaco del Theresiarum y graduado de la Academia Militar de Sandhurst (Inglaterra), a patear hormigueros y pasar lengua rasposa sobre cada gusano.

Su labor será mucho más modesta, muy simple. Quiere recordar al viejo Manuel Elpidio, quien cuando médico en Pepino le curó la farfallota. El sí supo qué exactamente debe ser un médico, si es que va a curar las almas tanto como los cuerpos. El sí fue mentor de muchos estudiantes, corazón del Pepino en Barcelona, y tenía un alma de niño. Si bien decía que leía con interés las fábulas de Esopo y Samaniego, mucho más las fábulas vivientes, encarnadas en los pobrecitos habladores.

Mientras escribía su libro El médico en la casa del niño, Liciaga Juarbe conoció a un anarquista viejo de aquellos que Juan Antonio Hernández Arvizu, pepiniano de alcurnia, asesor de los Reyes, odiara y procesara en tribunales. Al anarquista le dieron una tunda torturante durante del Gobierno de Sagasta. Eran los días de La Mano Negra en Jerez de la Frontera, según reportajes escritos por Leopoldo Alas. Días en que un jerezano, estudiante de Leyes como fuera Manuel Corchado y el pobrecito apaleado, éste buscó refugio en Barcelona. Dicen que cruzó del Sur al Norte, a pie para que la Guardia Civil no lo rematara. De Jerez a Barcelona... Se fue donde nadie lo conociera, con los huesos blanditos y la sesera afectada. Se alimentó de mieles robadas a los panales, comía hojas y se entretenía con hormigas. Llegaron a decir que era disparatero porque, si bien le negaban el pan, lo emborrachaban para que hablara como un payaso de sus aventuras y de las cosas que dijo a Leopoldo el Clarín cuando lo entrevistara para el periódico «El Día» de Andalucía.

«Aquí comenzó todo», explicaría don Adolfo Medina. El fue recogido, ebrio de la calle. Lo escuchó, con atención, sutilmente curioso, el Dr. Manuel Elpidio Liciaga, cuando iba rumbo a un hospitalillo que creara para pobres. El loco estaba divirtiendo a los curiosos. La guardia civil se caracajeaba al oírlo. El anarquista loco estaba contando sus recuerdos. Contó la historia de un perro que enamoraba a las hormigas y, con el hocico y lengua afuera les ladraba con amor, sin atraparlas. Aquello era amor, no lamidas y dijo que fue el perro más bravo del Pueblo. Ni hormigas ni pulgas soportaba en la cola y él lo vio manso, con ojos más dulces que los de una enamorada. «Aquel perro», decía a quien llamaban el Pobrecito Hablador, el pordiosero de las fábulas chistosas, «estaba enamorado, dialogaba sus amores, hacía el amor con las míseras termitas».

Y se burlaban de él. Sabían ya que anduvo a pie por toda España haciendo cuentos tales desde los años de su golpiza por protestar la ejecución de quince campesinos en la Plaza del Mercado de Jerez de la Frontera. El recuerda la fecha: 14 de junio de 1884, es decir, el mismo año que Manuel Corchado, en esfuerzo por representar al Distrito de Aguadilla en las Cortes Española como diputado, recibió una gran patada y menosprecios de caciques. Entonces, decidió morirse. Lo mataron los corajes y la amargura. Había sido electo con los votos, del modo más legítimo, y le hicieron chanchullos. Le robaron el cargo. Le dijeron otra vez que era un valepoco, pila de mierda, y ni su primo, el Dr. Liciaga, su pañuelo de lágrimas, lo pudo consolar y murió Barcelona, testigo de sus ojos y su abrazo en despedida.

Aquí, en los días en que Cánovas del Castillo y Alfonso XII, esposo de la reina María Cristina, son uña y carne, en medio de la tristeza que le embargara por la muerte de Corchado, aquí en una plazoleta cerca de Las Ramblas, está el anarquista loco contando la historia de la hormiga que un animal, antes fiero y peligroso, seduce dulcemente.

Le hacen rueda. «Ha de ser muy pendejo ese perro que no busca una hembra y la ensarta por el culo. No ha de ser tan provocador como dice», dijo un guardia civil que pretendía una sagacidad que no tuvo al oír al fabulista. Y fue cuando el anarquista, ya molesto con sus impertinencias e interrupciones, le dijo: «Óigame... observo que usted no ha entendido nada. Ese perro del que hablo no es un perro. Es el poder del pueblo. Esa dulce mansedumbre que hoy tiene con el hormiguero no es la sandez ante una masa numerosa. El hormiguero es la comunidad organizada. Es la patria. Las hormigas son la clase obrera y la gente alrededor del perro, que lo ajota a que lama y con la lengua las aplaste, son la verdadera jauría. Usted es uno de esos noveleros. Así es que usted entiende la política, novelería de chusma. Así son sus Cortes, audiencias de noveleros, creadores de legislaciones agresoras, peticiones de un poder aplastante, dientes, lenguas, patas y azotes de rabo, contra el pobre... pero el perro devorador, odioso, de mi cuento ha quedado en el olvido. Esta es la nueva etapa y perspectiva del sentido de la historia. Estoy hablando para ustedes, hijos del Circo Romano, sobre un futuro. Les profetizo un nuevo Poder de amor solidario, no de la fuerza de un Estado represor y coercitivo. Ese perro bobo sabe más que usted. Más que todos ustedes, españoles de espadas y sables. Ese perro compadece. No ve al prójimo como simples gusanos, hormiguitas. El ve lo alternativo, los potenciales futuros, esperanzadores y sabe que el día que haya unidad en ese hormiguero, de criaturitas frágiles, la rebelión será mayor que en Jerez de la Frontera o en Alcoy donde se lucha por trabajo, libertad y autonomía».

«¡Usted es un pobrecito hablador!», le dijo el guardia, dándole la espalda, moviendo la cabeza con rechazo y marchándose.

«Los hormigas son débiles, pero en grupo pican», le gritó el loco.

Por su parte, el Dr. Liciaga no le perdió la pista. Escribió en una carta, desde Barcelona, a sus parentela en Pepino, antes que la muerte también a él le cerrara los ojos, el 27 de octubre de 1900, que había escuchado la fábula más maravillosa que alguna vez escuchara y que, pese a la muerte de Manuel Corchado, la sonrisa que le produjo el cuento no se le ha quitado. Confesó que cinco años después de la muerte de Corchado murió el fabulista y que espera al morir él, recordarlo. El donó el ataúd y el noble entierro del anarquista en 1890.

03-14-2004 / «El pueblo en sombras», libro en preparación

[«El Pobrecito hablador», periódico dirigido por Adolfo Medina, editado en Mayagüez (Puerto Rico) de 1900 a 1902, dedicado a la defensa de los trabajadores; más que anexionista. Medina González fue un socialista-anarco, adscrito inicialmente al Partido Republicano de Barbosa. En 1903 publicó una recopilación de artículos con el título «Medinadas». Fue biógrafo del poeta Luis Rodríguez Cabrero (Diabolín), ensayo publicado en 1923, dos años antes de morir en Aguadilla.]

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¿1984 o 2000 y tantos?

Edgar Borges (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Tengo un amigo que comparte todas mis opiniones menos una (eso ya es un amable inconveniente): él no cree que el sistema capitalista sea lo más parecido a la estructura descrita por el escritor británico George Orwell en su novela “1984”. Descabellada le parece mi idea de que el sistema capitalista avanza hacia la consolidación de una dictadura invisible de dimensión global. Mi amigo pretende aclararme que, según respetables autores, el término “dictadura invisible” sólo es atribuible a formas de gobierno personalistas y autoritarias. Eso suena simple, fácil y hasta bonito (¡qué lindo!), le digo a mi amigo; pero, ¿cómo podríamos definir a un sistema mundial que ha sistematizado todos los espacios de vida en la tierra bajo el manto invisible del progreso?

“1984”, la importante novela que Orwell escribió en 1948 y publicó un año más tarde, presenta conceptos que parecen sacados de nuestra siempre instantánea (y desechable) actualidad. El omnipresente Gran Hermano, el Ministerio del Amor, el Ministerio de la Paz, el Ministerio de la Abundancia, el Ministerio de la Verdad y la Policía del Pensamiento y de la neolengua (transformación del léxico con fines represivos: lo que no está en la lengua no puede ser pensando) son las claves de un entramado sofisticado de dominación mundial. Es cierto que en el tiempo, y sobre todo luego de la caída de la Unión Soviética, muchos analistas señalaban que “1984” era una crítica directa al comunismo. Esto (de nuevo con lo simple y lo bonito) podría resultar lógico si leemos la novela con los ojos del entretenimiento y abandonamos los de la interpretación. “1984” centra su trama en una sociedad futura dividida en dos grupos: los integrantes de un Partido Único, que son los idiotas al servicio del poder, y la gran masa de pobres que es dominada por la represión y el miedo como doctrinas de gobierno. Eso (permíteme decirte amigo mío), hasta la Guerra Fría podía ser atribuible a una hipotética sociedad comunista. Hoy, en los 2000 y tantos, cuando el único sistema de dominio planetario es el consumismo automatizado, sólo desde el chantaje o desde la ingenuidad se podría asegurar que el Partido Único, el Gran Hermano y la Policía del Pensamiento son las pruebas del crimen para denunciar el peligro de un supuesto comunismo totalitario.

Para nadie es un secreto que el mundo es dominado, en sus formas y en sus fondos, por la lógica capitalista. Y desde esa lógica se inventan enemigos sólo para distraer la atención de las mayorías. Mientras, se profundiza la sofisticación del entramado y se agudiza la estupidización del colectivo. En este momento de la historia (impositivamente circular) no haría falta mucha imaginación para suponer que el Partido Único lo representan las grandes corporaciones, el Gran Hermano las siempre nuevas tecnologías y la Policía del Pensamiento es la represión global (a través del miedo) contra la individualidad y la respuesta (o pregunta) crítica. El caso de los cuatro Ministerios (Amor, Paz, Abundancia y Verdad) es patéticamente actual. Sirven, en el marco del simplismo que nos invade, cada uno desde su ángulo, para administrar lo mucho y lo poco que conviene.

A más de uno (como le ocurre a mi amigo) estas afirmaciones le podrían parecer producto de un “delirio creativo”. Sin embargo, lamento informarles que cada vez avanzamos más aceleradamente hacia la instauración de una nueva realidad fabricada según la conveniencia de un pequeño grupo de poder. En el tiempo, por ese grupo pasarán sólo los elegidos que puedan garantizar la permanencia de semejante estructura. La ignorancia permitirá que las mayorías se crean poseedoras de una comodidad que en realidad es propiedad de unos pocos (los elegidos). Quien dude de tal hipótesis le invito a observar, con el detenimiento que nos impide la avasallante instauración de esta nueva realidad, la sociedad de la prisa que gira a nuestro alrededor. Bastaría hoy permitirse un lujo tan necesario como la contemplación para comprender que (como si de una mala película de ciencia ficción se tratara) cada segundo somos más máquinas y menos humanos.

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La imagen teatral en la propuesta de Constantin Stanislavski

Margarita Schultz (Desde Chile. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Constantin Stanislavski, vivió entre 1863 y 1937. Se caracterizó por proponer una reforma drástica sobre todo en lo atinente a la actuación teatral, hacia inicios del siglo XX. Su técnica de incorporación del personaje, por parte de actrices y actores se denominó ‘psicotecnia’.

Es notable la relación que se puede entablar entre su propuesta y la de Denise Diderot respecto del actor teatral, cuando el filósofo francés en el siglo XVIII hacía referencia a La paradoja del comediante. La relación va entre el autocontrol de la actuación y la anulación de la emoción propia, en Diderot, y la parte de racionalización de la actuación que propone Stanislavski, sin apuntar a la omisión de las propias emociones en el intérprete teatral y sin fabricar un clisé de gestos y tonos actorales hipertrofiados y vacíos.

En Stanislavski se trata de poner la emoción y la pasión en La construcción del personaje. Es éste el título del libro último de Stanislavski, de publicación póstuma.
Transcribo para ustedes un texto del dramaturgo ruso, tomado del libro que acabo de mencionar La construcción del personaje.

Destaca Stanislavski: Un actor debe trabajar toda su vida, cultivar su mente, desarrollar su talento sistemáticamente, ampliar su personalidad; nunca desesperar, ni olvidar este propósito fundamental: amar su arte con todas sus fuerzas y amarlo sin egoísmo. C.S.

Ese texto puede leerse en clave de cualquiera disciplina artística, con un sencillo reemplazo mental… también en clave de cualquiera actividad humana. Un actor, un escultor, un cineasta, pero también un investigador, un educador…

De otro modo que el planteado por Denise Diderot hay sin embargo un fenómeno afín a la paradoja, en la propuesta de Stanislavski. Se trata de la paradoja de ser y no ser al mismo tiempo. Ser el personaje y ser sí mismo para controlar el personaje, difícil situación en el caso del teatro, particularmente porque es el sujeto, el individuo, el propio actor como ser humano quien se transforma en materia prima del retrato.

No es casual este fenómeno en el amplio universo de lo artístico, y puede ser una de las varias puertas de acceso para intentar comprender el arte: el arte es la continua paradoja de ser y no ser al mismo tiempo.

Pensemos, como ejemplo sencillo de lo que acabo de anotar, en alguna de las imágenes de Salvador Dalí, donde en una superficie bidimensional restringida a centímetros de alto y ancho, el pigmento aplicado nos hace percibir y experimentar una inmensidad desierta donde se derriten relojes, que se abre hacia el fondo interminablemente.

O en la magistral creación del mimo Marcel Marceau, denominada ‘David y Goliat’, donde él recrea ambos personajes apareciendo y reapareciendo como uno y otro desde detrás de un pilar o tronco de árbol, hasta el punto que como espectadores llegamos a pensar que allí, en escena hay en verdad dos mimos y no ‘uno solo’.

Stanislavski insiste rigurosamente en las relaciones entre lo externo y lo interno. En una articulación creíble. Uno de sus conceptos es el de la verosimilitud. Pero, lo creíble, lo verosímil, en la teoría de este maestro director y actor, no consiste en exponer rasgos esquemáticos de un tipo humano, sino en el difícil negocio de hacer del tipo, del esquema, un individuo.

Se trata, para Stanislavski, de comprender y sentir un personaje para crearlo. Ello implica construir el personaje en términos físicos, además de psíquicos: usar el propio cuerpo, la propia voz, una manera de hablar, de andar, de moverse para transmitir su espíritu interno y vivo. La caracterización externa explica e ilustra, vale decir es ‘imagen’ y por tanto transmite a los espectadores la concepción interior de su papel.

El director y actor Constantin Stanislavski relata en su libro un atractivo experimento de creación del personaje desarrollado bajo la dirección de Tortsov, maestro y director, a su vez, del Teatro de Moscú.

¿En qué consistía dicho experimento? Los estudiantes de actuación debían ir a buscar libremente un vestuario en la bodega de elementos de vestuario del teatro. Y después construir un personaje con esa vestimenta. El vestuario del personaje es entendido como parte de la imagen teatral. Stanislavski formó parte del experimento que Tortsov denominó mascarada, y debía llevarse a cabo en forma secuencial a los tres días de haber seleccionado el vestuarios los diferentes alumnos del grupo. Cada uno de ellos debía crear un personaje a partir de una pieza de vestuario y presentarlo ante el maestro y sus compañeros de estudio de actuación.

Escribe Stanislavski, al respecto, refiriéndose a sí mismo ¿qué personalidad iba a adoptar cuando me pusiera la bata raída? … algo estuvo removiéndose en mi interior: yo no era yo, en el sentido de mi conciencia habitual de mí mismo. O, para ser más exacto, no estaba solo, sino acompañado de alguien a quien buscaba dentro de mí y no lograba encontrar.

Stanislavski había elegido una bata vieja y algo sucia. Sin ánimo peyorativo podemos decir que era ‘un trapo’. Hagamos un breve ejercicio de fantasía, lo podemos imaginar tirado en un rincón de la bodega, tal vez entreverado con otros vestuarios en el interior de un canasto. Entonces una mano lo escoge, lo levanta, era la mano de Stanislavski, el objeto todavía sigue siendo un trapo, una bata vieja y raída. En ese momento Stanislavski se pone la bata, y comienza a dibujarse, todavía de modo poco claro, brumoso, alguien en el interior de esa bata, ¿Quién?… como él dice y reitero: no estaba solo, sino acompañado de alguien a quien buscaba dentro de mí.

Después de la presentación de uno de los participantes-actores en el experimento de ‘mascarada’… Tortsov continuó sus comentarios de crítica y enseñanza:

-Lo que nos ofreció Ud. No fue una imagen, sino un malentendido. No se trataba de un hombre ni de un mono, sino de un deshollinador.

Continúa diciendo Stanislavski a propósito de aquellas enseñanzas:

Es posible reproducir en escena un personaje en términos generales, un comerciante, un soldado, un aristócrata, un campesino (…) no es difícil elaborar unos gestos determinados que saltan a la vista y unos tipos de conducta. Por ejemplo, un soldado profesional se mantiene en una postura rígida, anda a pasos de marcha en vez de hacerlo como una persona normal…Todos estos son clisé generalizados que, en teoría, representan a unos personajes. Se han tomado de la vida, existen en realidad. Pero no contienen la esencia de un personaje y no están individualizados.

Una y otra vez reacciona Stanislavski contra los estereotipos, contra los esquematismos. Porque su poética iba en la compleja dirección de unir arte y vida en la actuación teatral sin que ninguno de estos dos aspectos quedara menoscabado.

¿El personaje debe mostrarse como persona sin dejar de ser personaje?

¿La persona del actor debe mostrarse como personaje sin dejar de ser persona?

Noten Uds. estimados lectores que no salimos del clima paradójico. Stanislavski cita a Tommaso Salvini: Un actor vive, llora, ríe, en el escenario, pero al llorar y reír observa sus propias lágrimas y alegría. (recordemos frases similares escritas por Denis Diderot).

Esta doble existencia, este equilibrio entre la vida y la interpretación es lo que crea el arte.

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Los demonios de Haití

Jorge Majfud (Desde Estados Unidos. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Después del gran terremoto de Haití aparecieron varias teorías sobre sus causas. Según el cónsul de Haití en Brasil, George Samuel Antoine, la culpa había sido de la macumba y de la raza: “O africano em si tem maldição. Todo lugar que tem africano tá foda[jodido]”.

El influyente tele-evangelista Pat Robertson afirmó que la desgracia se debía a que el pueblo haitiano tenía un pacto con el diablo (“apact with the devil”). Un pacto secreto. Tal vez tan secreto que, a excepción de Pat Robertson, ni Dios se enteró. De lo contrario seguramente el amor infinito del Creador hubiese evitado que miles de niños inocentes muriesen por este complot cósmico. O lo sabía y lo permitió, no por debilidad sino por Su conocida política de no intervención.

Otra teoría muy difundida y acreditada por miles de editores, blogueros y presidentes como Hugo Chávez afirma que el terremoto que borró del mapa la capital del país y mató a más de cien mil personas fue causado por Estados Unidos para desestabilizar el régimen de Irán. Lo que de paso demuestra el poderío tecnológico de Estados Unidos, capaz de mover las placas tectónicas que sostienen mares y países enteros.

Aunque secular, la teoría tiene mucho de la tradición teológica según la cual Dios suele arrasar pueblos enteros para evitar que el verdulero de la esquina engañe a su mujer.

Otros presidentes y columnistas afirman que la ayuda norteamericana en realidad se trata de una invasión, para saquear las riquezas de Haití y para lograr una posición estratégica en el Caribe, cerca de Cuba. Otra prueba de que los servicios de inteligencia norteamericanos andan distraídos, ya que todos saben que Haití es el país más pobre del hemisferio y que más cerca de Cuba está Guantánamo, por lo cual es posible que pronto Estados Unidos invada Guantánamo también.

O habría que pensar si este tipo de teorías antinorteamericanas no son producto de alguna perversa agencia norteamericana. Porque no hay mejor forma de desacreditar cualquier crítica antiimperialista que las estupideces del género antiamericano.

A este ritmo, pronto llegará el día en que pocos creerán que Truman fue el presidente que ordenó arrojar dos bombas nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki. Acción que, gracias al sacrificio heroico de decenas de miles de niños inocentes, probablemente se haya evitado la muerte de decena de miles de niños inocentes.
* * *
Mientras cada grupo ideológico saca partido dialéctico del terremoto de Haití, miles de niños continúan agonizando y muriendo sin remedio.

Pero todas nuestras mejores palabras van a morir allí donde muere un niño.

Todos nuestros mejores pensamientos van a morir allí donde un niño deja de llorar por el hambre, el dolor y toda la injusticia que no entiende.

Todas nuestras mejores ideas y nuestros mejores discursos se convierten en un puñado de tierra estéril allí donde una madre pone flores en la pequeña tumba.

Por si acaso alguna de nuestras palabras de horror y de indignación evitase la muerte de un solo niño en el mundo, merecería vivir. Es decir, casi ninguna. O ninguna.

Por si acaso nuestras palabras acompañasen nuestros actos como la alegría acompaña la sonrisa de un niño, como la riqueza de un país acompaña el valor de su moneda, acaso sí nuestras palabras tendrían algún valor.

Así nuestras palabras serían algo más que cobardes símbolos, vacíos discursos, bonitas flores que van a perfumar la cama del indignado perezoso.

Y con todo, acaso las palabras todavía valen cuando mueven. Les damos valor y sentido cuando nos movemos por ellas.

Allí, las palabras que conmueven y no mueven no sirven.

Comencemos por dar algo. Para aquellos niños, un vaso de agua vale más que mil palabras.

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Plástica: Cundo Bermúdez

Jesús Dapena Botero (Desde España. Especial para Argenpress Cultural)


Mujer sentada por Cundo Bermúdez

Cundo Bermúdez se consideraba el último sobreviviente de la vanguardia cubana, de la época de oro de la pintura de la Antilla mayor pero murió a los noventa y cuatro años en Miami, era amante de la pintura, la música y el deporte, en el que se destacó como tenista; también le interesaba la historia y la cultura cubana; era un hombre genial. Disfrutaba en grande de la trova cubana. Era un hombre sencillo y amable. Nación en La Habana en 1914, cuando estallaba la Primera Guerra Mundial. A partir del 1927, se interesó por el arte moderno, en el que se destacó como maestro de la luz y el color. Su pintura se consideraba humorísticamente arcaica, vigorosa y original, por sus armonías de color metálico.


Hombre sentado 1941

Fue gran admirador de los muralistas mexicanos y fue amigo personal de Rufino Tamayo y se negaría a participar en la II Bienal Hispanoamericana, organizada por el gobierno de Franco y financiada por Batista, frente al cual, no tuvo inconveniente en comportarse como un verdadero conspirador pero con el gobierno de Fidel Castro se vio sometido, junto con otros artistas, a lo que consideró un aislamiento irracional pues se le negaron materiales de trabajo, no se lo invitaba a exposiciones nacional y casi tenía que pintar de una manera clandestina, por lo cual decidió abandonar a Cuba para irse a Puerto Rico.

Aquí vemos otras obras suyas, las cuales nos permiten ver la evolución del artista:

Barbería 1941



El balcón 1942


Los cuatro músicos 1942


Mujer peinando a su amante 1945


La cena 1958


Reposo 1991


Retrato de la bisabuela 1991


Mujer y mosaicos 2007


Geiser 2008


Flora, la recogedora de sueños 2008


En el momento de su muerte, en el 2008, su nombre se asociaba al de la Vanguardia cubana con Wilfredo Lam a la cabeza. Moría a los noventa y cuatro años, llevándose en su ojos la luz y la exuberancia de su Cuba natal.

Su pintura se había nutrido de cotidianidad, la que veía con cierta mirada ingenua, como pudimos registrarlo en las escenas de La barbería y El balcón, las cuales hacen parte de la colección permanente del Museo de Arte Moderno de Nueva York.

Había nacido en 1914, en el seno de una familia de clase media alta y, desde muy joven, entraría a la Academia de Bellas Artes de esa ciudad, por el estímulo de un pariente suyo, quien lo llevó a la Academia de San Alejandro, para que el jovencito aprendiera a pintar bien, aunque al alumno no le gustó ese sistema de enseñanza; por ello, en 1938, iría a México para estudiar dibujo, donde quedaría fascinado con el muralismo mexicano, que le otorgarían un sentido monumental a su obra, a la que vertió la luz cubana.

Su primera exposición fue en el Liceo de La Habana, en 1942, cuando aún se sentía muy influido por los pintores cubanos de la generación anterior. Del joven pintor habanero, el gran muralista David Alfaro Siqueiros diría que era un hombre audaz en el campo de las artes plásticas, ya que sabía representar la realidad de una manera sincronizada, casi de una manera milagrosa.

Además el hombre sería colaborador gráfico de la revista Orígenes de Lezama Lima.

Hacia la década de 1950, como podemos verlo en su Cena, el artista logra una mayor abstracción y su cuadro Trío de 1960 sería señalado como un hito en su obra pictórica:

Muchos críticos coinciden en señalar que con Cundo muere un ciclo de oro de la pintura cubana, al ser el último de aquellos jóvenes, quienes, por allá, por 1940. Consagraron su vida a un sólido movimiento innovador, lleno de calidad, originalidad e interesantes propuestas artísticas.



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Aparición de la Otra

Eduardo Pérsico (Desde Lanús, Buenos Aires. Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Aquel viernes la mujer cerró su estudio contable y viajaría a la costa sin manejar su auto. Ya saliendo de Buenos Aires en el último asiento de un ómnibus, a media tarde presintió el fin del verano. Ella andaba cerca de cumplir cincuenta años, temible divisoria entre mujeres, y aquello también rondaría la inevitable discusión que tendría con su marido en la casa de veraneo. Algo nada agradable.
Unos futbolistas en los asientos cercanos quizá le aturdirían el viaje pero el hombre a su lado, sobre el pasillo, le sonrió que los muchachos viajaban cerca y le ofreció acomodarle el bolso en el portaequipaje. ‘Sí, gracias’ dijo y no sospechó nada en la tibia demora sobre su mano. Por una hora larga fueron cambiando frases de ocasión: ella habló de su hija de veinte años y no mencionó estar casada con un político ‘siempre en campaña’, y el hombre, algo menor, reconoció ser un perpetuo viajante ‘por ahora en seguros’ y divorciado hacía mucho tiempo. El ómnibus iba a buen ritmo hacia cuando el día cae plomizo sobre el campo, y al descender el grupo futbolero y acallado el murmullo, los dos quedaron en el último asiento lejos y apartados del resto.
Al rato y tal vez no de improviso, el hombre le tomó una mano con decisión y le habló sonriendo ‘al fin solos’. Acaso ella fingió distraerse pero más bien nadie vería cuando él musitó ‘permiso’ al quitarle los anteojos. Ni apenas atinó al usual ‘¿qué hace?’ sin convicción al ablandar los labios al imprudente beso y como si obrara por reflejo, aflojó una mano hacia el pecho del hombre debajo la camisa. Se apartaron a mirarse en los ojos y ya retomaron el juego que les conmovería más allá de la boca, creciente impulso tras ocultos fervores que refrena la especie. ‘Nuestra pasión también somos nosotros’, le recordó esa otra mujer que contuviera ella.

- Carlos- pronunció él al separarse y rozar suave sus ojos con dos dedos.

- Daniela- pronunció por primera vez en tanto él ambulaba su mano infructuosa en destrabarle un cierre. Y de haber sabido eso, la otra, Daniela, hubiera vestido una falda liviana en lugar de ese incómodo pantalón vaquero, sonrió…
Bajaron en el primer pueblo y entraron a una hostería donde él solía dormir. Sin demasiado preámbulo, en la habitación Carlos se adelantó a moderar el agua para bañarse juntos y al quitarse íntegramente la ropa, ella se alegró que ‘la otra’ le dispusiera esa libertad. Y juntos derivaron a linderos con incitaciones que en sus sueños ella anhelaría traspasar. Sin apremios cada uno ahondaría la intimidad sin límite o precepto, hasta culminar en el primer temblor tan ajeno a misa y confesiones, y gloria de compartir aquel desborde entre desconocidos.

Desde empezar el viaje hubo horas en un tiempo sin medida relojera, y no por ser llamada diferente se sintió feliz. Ella o aquella imaginaria recién aparecida, amada con la intensidad que prometen los sueños, se convirtió en hembra plena con más gemidos que palabras en aquel regodeo de explorar socavones de su cuerpo. Y quizá tan sólo descubrieras eso, le diría Daniela…

Al anochecer pidieron algo de comer, coincidieron en dos copas ‘del mejor vino blanco frío’ y charlando con alguna ternura al paso, se durmieron. Tal vez abrazados por un rato. A la mañana el hombre prometió ver a un cliente y volver pronto, la besó al salir y le puso en la mano sus datos y teléfonos ‘por cualquier cosa’. Ella dobló la tarjeta sin leerla y al verlo irse la dejó por ahí. Después recompuso su maquillaje, acomodó sin apuro el bolso de mano y dejó la habitación.

- ¿A qué hora hay micro a Buenos Aires? –preguntó.

- En veinte minutos – le dijeron. Así que tuvo tiempo para un jugo de fruta y subir al ómnibus que llegó puntual.

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El Metabolismo entre el Universo y su medio (Parte I)

Ricardo San Esteban

Universos abiertos o cerrados, paralelos o alternos, y asimetrías del medio

El término griego pneuma, se refería tanto al aire como al espíritu, esa fuerza vital dada por los dioses. En efecto, eran sinónimos.

Para Homero, el aire constituía sustrato material y al mismo tiempo agente con poderes mágicos. Con esta última virtud produciría los cambios en las otras sustancias. Tal interpretación surge de Anaxímenes, quien siguiendo a Homero, tenía de aer una noción más profunda que la de simple aire atmosférico. Aire y espacio constituían sinónimos y en ocasiones, poseían la virtud de otorgar las cualidades propias de las cosas.

Se atribuye a Menedemo la idea de que existe inseparabilidad de las cualidades, las que son -por otro lado- diferentes a lo que constituye el sustrato material. Tales cualidades, como es conocido, son inteligibles a través de formas, cantidades, hechos, desenvolviéndose en un espacio que las admite, delimita, contiene.

Las cualidades, se sabe, constituyen un hecho de objetividad abstracta que se expresa a través de formas aprehensibles por el intelecto humano. Si para Menedemo tales cualidades eran inseparables de las formas, estaba claro que al mismo tiempo dichas cualidades constituían algo general, un abstracto universal.

En cierto sentido, podríamos pensarlas como infinito, variables, o movimiento a nivel medio. Como ya señaláramos, en este caso las formas serían las constantes, en tanto que las variables serían o pertenecerían al medio. Este medio tendría pluralidad, se caracterizaría por sus infinitos niveles y sería, además, individual y colectivo, lo mismo que el movimiento.

No es sobre la base de la espacialidad o la temporalidad como ha de probarse la existencia de un proceso, de un hecho real. La espacialidad y la temporalidad responden en general a los singulares y particulares; a las formas, en tanto que los universales carecen de espacialidad y su temporalidad es más relativa que en los singulares y particulares. Es preciso tener muy en cuenta que las mismas cualidades pueden expresarse en distintas formas, formas que obedecen a una visión media perteneciente al macromundo. Nosotros habíamos planteado que hay tres enfoques principales para analizar la realidad objetiva: del micromundo, del macro y del gigamundo.

Para Schelling, de la pugna entre lo Absoluto y las ideas surgía lo finito. Esta finitud sería una decisión del Cielo, debida al pecado original. Siempre hay que entender la parte racional que inevitablemente acompaña a todo mito, y en este caso el pecado se identificaba con la investigación, la duda, los procesos transformadores que el hombre podía desarrollar en la naturaleza o en la sociedad humana.

Se admite que la idea tradicional de infinito ha sido insuficiente o falaz, por lo que habría de pensarse como idea donde prevaleciese una interpenetración más honda entre universo y medio, e incluso la reversibilidad entre uno y otro, según los ángulos y niveles del enfoque respectivo. Las cualidades se expresarían en las formas que adquiriría la materia a nivel medio y en la cuantificación de las coordenadas, el tiempo relativo y la cantidad (por paquetes) de energía, a nivel macro y a nivel micro. No me refiero a cualidades otorgadas por un Absoluto, sino a las que se permiten mutuamente cualesquiera medio y sistema que coexisten.

Dirac propugnaba superar las incongruencias que se presentaban en la teoría física, por ejemplo en la electrodinámica de los electrones, incongruencias que estaban referidas al problema del infinito. Como todos los cálculos de orden superior de las teorías cuánticas de campo dan como resultado el logaritmo infinito (log._), Dirac insistía en reagrupar esas incongruencias en una renormalización no observable de la masa en reposo del electrón. Decía que la renormalización era lícita porque se trataba de un simple cambio que se podía aplicar a todo caso de partículas cargadas que se hallaban en interacción con el campo electromagnético. No obstante, él mismo reconocía que en la electromecánica cuántica igualmente sobrevivía una grave dificultad relacionada con la energía propia del fotón, y abogaba entonces por realizar más cambios en las ecuaciones iniciales, cambios de una índole más complicada que la renormalización.

Hubo toda una serie de discusiones al respecto, hasta que se llegó a la versión de las teorías unificadas de supercuerda, en las cuales la gravedad se hallaría también vinculada con fuerzas gauge. Respecto de algunas de estas teorías unificadoras que exaltaran F.J. Dyson y otros, no existe acuerdo acerca de un camino de unificación basado en unos pocos principios fundamentales. Es más: el desacuerdo es cada vez mayor, a partir de nuevas experiencias de campo e hipótesis: por ejemplo, Juan Maldacena y su teoría acerca del movimiento browniano.

¿Nuevamente el intento de ordenar al universo desde la razón, o como dicen algunos, la contribución de los físicos teóricos en la tarea de imponer orden en un universo aparentemente caótico?

La tendencia al desorden que se observa en la naturaleza contradice los esfuerzos humanos por ordenar y/o contemplar según principios gauge. Esto no es malo en sí mismo, o no es malo en cierto sentido, pues revela ese enfrentamiento prometeico que el hombre ha llevado a lo largo de su historia.

En general, ya había sido planteado por Schrödinger: el enfrentamiento entre el criterio ordenador de la razón y la entropía natural, e inclusive la contradicción del hombre socrático que, por un lado admite el desorden y la contradicción (de los elementos naturales y de los enunciados argumentativos) y por la otra, no renuncia a tratar de ordenarlos por la razón.

E inclusive va más allá, al relacionarlo con la transformación de lo inorgánico en orgánico y viceversa. Decía que cuando un sistema no viviente es aislado o colocado en un ambiente uniforme, sus movimientos se extinguen con mucha rapidez a consecuencia de las diversas formas de rozamiento. Diferencias de potencial eléctrico o químico se igualan, sustancias que tienden a formar un compuesto químico lo forman, la temperatura se empareja en todas partes por conducción. Y con esto, el sistema íntegro se transforma en un bloque de materia muerto, inerte. Es decir, se alcanza un estado permanente, en el cual no sucede ya ningún fenómeno observable. Suele llamarse a esto el estado de máxima entropía o equilibrio termodinámico, aun cuando desde una consideración teórica tal estado no siempre representa un equilibrio absoluto y tampoco constituye el verdadero máximo de la entropía. El equilibrio absoluto de la entropía, como Schödinger señalaba, es al mismo tiempo una conjetura y un absoluto difícilmente representable.

Según la ecuación de Boltzmann (-/entropía/=K log/1/D), la entropía -tomada con el signo negativo- es ella misma una medida de orden. Así, de acuerdo a la ubicación en la escala zoológica, los organismos vivos se diferencian por el tipo de metabolismo en relación con el medio. La ingesta de diversos compuestos orgánicos constituye un índice del tipo de interacción entre ellos y su realidad objetiva exterior y, mediante ésta, con los otros organismos pertenecientes al sistema.

El metabolismo constituye uno de los procesos por los cuales los organismos interaccionan con el medio, y el verbo griego metabellein significa cambiar o intercambiar. Cada proceso, evento, fenómeno, -continuaba Schrödinger- en una palabra todo aquello que sucede en la naturaleza, implica un aumento de la entropía de esa parte del mundo donde se verifica el hecho. Así un organismo viviente aumenta continuamente su entropía o, también puede decirse, produce entropía positiva y tiende así a acercarse al estado peligroso de entropía máxima, que es la muerte. El organismo puede mantenerse alejado de tal estado, es decir, en vida, sólo tomando de su ambiente entropía negativa (que es algo muy positivo). Aquello de lo que se nutre un organismo es la entropía negativa, y se puede decir que lo esencial en el metabolismo consiste en la manera en que el organismo logre liberarse de toda la entropía que debe producir en el curso de su vida.

La atracción de la entropía negativa por parte de los organismos vivientes se identifica con la lucha por la vida: ella instaura una modificación continua de las relaciones existentes entre los entes de un sistema hasta agotar sus propias potencialidades reactivas.

Quizá lo que Schrödinger no previó en toda su dimensión es el hecho por el que toda entropía máxima implica la muerte de algo viejo y la vida de una otra cosa nueva cuyos rasgos u elementos ya se perfilaban dentro de lo viejo. La muerte absoluta no existe y el fin de un universo o de una bacteria sólo significan el nacimiento de otro nuevo y más complejo. Vivimos en un sistema en donde cada cuerpo se alimenta de su entorno hasta que ese entorno logra cambiar el contenido y la esencia de ese cuerpo y lo transforma en otra cosa de sí.

Además de ello, habría que señalar que la parte esencial de todo este intercambio es abstracta, puesto que implica una selección, una decodificación de la información existente en los diversos elementos. Y esa información siempre radica en la conexión de los contrarios. Lo infinito se halla en esta interacción que excluye lo contingente y asimila lo necesario, en este proceso que va gestando lo nuevo dentro de lo viejo. Lo viejo deglute a lo nuevo pero lo paga muy caro, lo paga con la muerte.

Tal infinito -abstracto- no sería lineal, sino que avanzaría en forma espiralada, de lo simple a lo complejo, de la misma manera en que lo hace la flecha del tiempo y otros procesos. Parecería que consistiese en un infinito que se ensanchase para desembocar en múltiples infinitos de repeticiones y cambios, en diversos estratos ascendentes, superpuestos, intra e interconectados.

El metabolismo y los desequibrios físicos y sociales

El concepto de metabolismo, además, adquiere nuevas dimensiones. Es un funtor de implicación, un término medio entre el antecedente y el consecuente. En lógica se denomina funtor al nexo interno, funcional.

En el sistema social actual -el capitalismo- el metabolismo de éste, desequilibra irremediablemente al medio, por lo que la agudización de la entropía choca más que nunca contra el principio conservacionista. Pero no solamente eso: cualquier sistema (y cualquier elemento) para conservar su identidad tiene que afirmar su metabolismo, por lo que aparece en una lucha irreconciliable con la propia naturaleza. De ello podría también entenderse que la lucha entre lo finito y lo infinito es eterna y en constante elevación.

Micro y macromundo, medios interno y externo

Simplificando un poco las cosas -para una mayor comprensión- podemos identificar al micromundo con el medio interno y al marcomundo con el medio externo. Para el macromundo, o sea el medio externo, Einstein sostuvo que la energía es equivalente a la masa, por lo cual se pensó en el vacío energético como dueño de alguna fuerza de gravedad. Si la constante cosmológica fuese cuantiosa y negativa, supliría la atracción gravitacional de la materia. De tal forma -se dijo- el universo dejaría de expandirse y caería en el Big Crunch.
Contrario sensu, si la constante cosmológica resultara tan enorme como la anterior, pero positiva, generaría una antigravedad que repelería a la materia, haciéndola saltar en todas direcciones a tal velocidad que le resultaría imposible alguna vez volver a transformarse en las galaxias que nos coronan.

Estamos todavía aquí, pese a los desaguisados que el sistema en que existe el propio ser humano ha cometido y comete, de manera que ninguna de las dos hipótesis resultó verdadera. Ergo, la constante cosmológica -positiva o negativa- no es grande.

Hasta ahora, la medición realizada acerca de la expansión de las galaxias distantes indica exactamente cero, de modo que la teoría cuántica parece estar -en este caso- equivocada.

En otro aspecto, la relación de las fuerzas de interacción parece coincidir numéricamente con la edad del universo. La deducción principal que ha hecho Paul Dirac de esa coincidencia, es que por cuanto la edad del universo aumenta, la interacción de gravitación con el tiempo, disminuye. Los cálculos muestran que esta disminución es en la actualidad de cerca de una diezmillonésima parte del año. El envejecimiento del universo se relacionaría con la disminución de la constante de la gravitación. Tanto en su crecimiento como en su adultez y vejez, sin duda que el universo debió alimentarse de un medio que era y es devorado pero que en esa misma medida lo ha ido transformando.

Algunos físicos (como Hawking, etc) han adelantado la idea de que la constante cosmológica resultaría neutralizada por sus famosos agujeros de gusano.

No quisiera repetir aquel chiste que circulaba en los medios astronómicos, según el cual, los científicos inventaban -cada vez que aparecía una incógnita- un agujero negro. De todas maneras, los agujeros de gusano no serían como los negros, pues consistirían en invisibles rasgaduras submicroscópicas existentes en la estructura del espacio tiempo, estructuras que salen desde nuestro universo, uniéndolo a una red de otros universos.

¿Existiría, en tal caso, un metabolismo por el que uno de los universos deglutiera a los otros? ¿Sería el nuestro un apetecible alimento para los demás? ¿Serían los otros universos una especie de útero con su líquido amniótico vigente hasta el momento en que se produjo el big bang?

El principio de Heisenberg se aplica también a pares de variables, como la energía y el tiempo. Ya hemos visto que la precisión con la que se mide la energía de cualquier sistema, como puede serlo un fragmento del espacio, se halla limitada por la duración de la medición. A más corto tiempo, mayor imprecisión.

Cabe acotar, además, que la relación entre las incertidumbres de las coordenadas y la velocidad de una partícula no constituye la única expresión del principio de incertidumbre, pues relaciones similares se observan entre otras cantidades como por ejemplo entre el tiempo que lleva un suceso microscópico y la energía que gasta, etcétera.

Tal incertidumbre no podrá resolverse por los medios actualmente al alcance del hombre, ya que aparece como sistémica, o propia del sistema. Se trata de que, durante un intervalo corto, parece como que el sistema puede asumir cualquier clase de energía. Y es sabido que la energía sistémica sólo puede ser observada, en el momento preciso, en su naturaleza ondulatoria.

El vacío del espacio se halla invadido por fluctuaciones de los campos energéticos y por otros elementos que el hombre aún desconoce. En el caso de los campos energéticos, cuando estos son significativos parecen expresarse como partículas -fotones individuales o pares de partículas, un electrón y un quark y su antimateria gemela- que irrumpen y se aniquilan. Estas partículas serían las que poblarían el vacío, un vacío lleno por dichas partículas que, como su presencia es infinitesimalmente breve, resultan indetectables.

No obstante, son observables en masa a partir de sus efectos, pues producen una deformación del espacio. Dicha deformación aparecería como independiente de aquella propia de la materia corriente y por lo mismo, constituiría una constante cosmológica diferente a cero.
El valor de esta constante dependería de la frecuencia con la que apareciesen las partículas virtuales en una porción concreta del espacio, así como de la clase de partículas que saltasen.
Los quarks, lo mismo que los electrones virtuales, producen prácticamente igual efecto que los reales: la contracción espacial.
En cambio, los fotones virtuales -o cualquier partícula de fuerza- surten el efecto contrario. Producen una aparente expansión del espacio.
Las contribuciones que harían posible que la constante cosmológica quedase siempre en cero podrían actuar de la misma forma con que lo hacen en las partículas virtuales cuando saltan merced a las fluctuaciones cuánticas. Pero en esta ocasión dichas fluctuaciones no pertenecerían a los campos, sino al propio espacio.
Como se sabe, fue Stephen Hawking quien primeramente lanzó la idea del agujero de gusano cuántico, en 1988. La cosa partió de las cábalas matemáticas vinculadas con las ecuaciones de la cosmología cuántica, que intentaba aplicar el principio de incertidumbre a la gravedad y al universo como sistema.
Si la mecánica cuántica puede afirmar que las partículas virtuales saltan desde la nada de un vacío, -una aserción que en cierto sentido se parece a la interpretación homérica de aer, como veíamos más arriba- los cosmólogos cuánticos señalan que también puede existir la probabilidad de la irrupción de una pequeña proporción del espacio tiempo en la realidad física. Y bien: si esto es lo que se ha denominado agujero de gusano, se trata de una fluctuación en el campo témporo espacial, de la misma forma como lo haría una partícula virtual (que significa una fluctuación en el campo energético). En realidad, podría pensarse que los agujeros de gusano serían como especies de venas y arterias que retroalimentan al mundo desde los universos paralelos, en donde éstos conformarían el medio.

La limitación de los cosmólogos

La expansión del universo es una idea popularísima, pero con graves interrogantes. Por ejemplo, a la pregunta de hacia dónde se dirige o hacia dónde se expande, habría que contestar hacia ningún lado, sobre todo porque ignoramos si existe un centro del cual se aleja ¿Una expansión en relación a qué? ¿A nosotros?

La ley de Hubble (la expansión hacia el rojo o la velocidad es proporcional a la distancia) resulta muy buena pero solamente en nuestro ámbito y en relación a nosotros. La cosa se complica cuando esta ley comienza a exigir correcciones o reformulaciones, pero ello sucede a tal distancia que aun no sabemos bien cuales serían las reformulaciones o correcciones necesarias. Basarse solamente en el brillo de las estrellas o galaxias es una idea plana.

Por cierto, es la geometría del espacio quien nos trae problemas. Pero no es la única. Si el mismo espacio es curvo, pues entonces sus desviaciones respecto de la geometría euclídea se agudizarán sobre grandes distancias, por sobre un megaparsec (10 millones de años luz). Las desviaciones de la ley de Hubble respecto del simple desplazamiento hacia el rojo (constante x distancia) son notorias en los grandes trayectos.

Se dice que si todas las galaxias poseyesen el mismo brillo, sería sencillo determinar distancias, desplazamientos, incluso determinar si el mundo es abierto o cerrado, etcétera. Ello porque el brillo de una galaxia decrece en proporción inversa al cuadrado de su distancia, es decir, que una galaxia a una distancia doble posee solamente la cuarta parte de brillo.
Pero esta sencilla aserción se hace añicos frente a distintos modelos cosmológicos o al hecho evidente de que no todas las galaxias a igual distancia poseen el mismo brillo, y menos aplicable es en relación a los quasars, que son los de mayores desplazamientos hacia el rojo.

Se han hecho estudios para lograr patrones standard de luminosidad de las galaxias, hallándose con que la galaxia más brillante de un determinado cúmulo es una gran galaxia elíptica. En una zona del espacio hasta donde puede llegar la validez de la ley de Hubble, la gran galaxia elíptica más brillante perteneciente a cualquier cúmulo posee el mismo brillo que la gran galaxia elíptica de cualquier otro cúmulo. Parecería así que existiese algún patrón de brillo, y que cualquier cúmulo de tamaño más o menos standard poseerá alguna galaxia que llegue al brillo máximo.

De tal modo, utilizando las galaxias más brillantes de los cúmulos elípticos y expresando los brillos aparentes (es decir, la distancia) en relación al corrimiento al rojo, se habría podido determinar cuánto se desvía la gráfica resultante de la línea recta, y por lo tanto prever a qué ritmo se está frenando la expansión del Universo, y si el tal Universo es abierto o cerrado.

Esta metodología es demasiado buena para ser plenamente verdadera, teniendo en cuenta no sólo aspectos de las geometrías euclidiana y no euclidiana, sino también la curvatura del espacio a mayores distancias (más de diez megaparsecs) y al hecho de que estamos viendo galaxias que existieron hace decenas de millones de años luz, y que tal vez hayan cambiado o no existan más.

Los investigadores han descubierto algunos objetos en los que la luz de un quasar lejano se curva en torno a una galaxia, en el paralaje entre nosotros y el quasar, por efecto de la distorsión del espaciotiempo producido por la cercanía de dicha galaxia. El efecto propone una imagen doble o triple del quasar visto desde la tierra y, puesto que la luz que rodea a una galaxia por un lado tarda más tiempo en llegarnos que la que la rodea por el otro -una de las imágenes parpadea o cambia de brillo, o parpadea la otra- ello puede significar una demora de años y luego hacerlo exactamente de la misma forma en que lo hacía la imagen equivalente del quasar que nos ha llegado por el otro camino. Pero comparando cómo cambian ambas imágenes, y midiendo el retardo temporal, los cosmólogos pueden calcular cuánto tiempo tarda la luz en llegarnos desde el quasar y, en consecuencia, deducir su distancia independientemente de cualquier medida de desplazamiento hacia el rojo. De todas maneras, aún las formas de medición se pueden considerar rudimentarias y por lo tanto las controversias acerca de si el universo es abierto o cerrado no tienen fin. Sin embargo, todos los estudios de medición incluso los de radiogalaxias y quasars parecen indicar que la geometría escalar es euclídea, que la expansión del universo se está frenando realmente, y que la cantidad de materia existente debe hallarse bastante próxima a la cantidad necesaria para el cierre.

El investigador Michael Hawking (no confundir con Stephen), miembro del Observatorio Real de Edimburgo, ha podido observar millares de miniagujeros negros, que podrían ser receptáculos del noventa por ciento de la masa faltante en el Universo.

En efecto, se sabe que la masa computada existente en dicho universo (astros, satélites naturales, cometas y demás objetos) muestra una discrepancia con la masa necesaria para crear los movimientos observados. Los miniagujeros negros serían fenómenos suficientemente densos como para frenar la expansión estelar.

Stephen Hawking y otros ya plantearon que el universo podría ser finito, pero sin fronteras. La idea de la existencia de universos paralelos no es enteramente nueva, y algo de eso esbozó Ludwig Boltzmann, nacido en Viena en 1844.

La segunda ley de la termodinámica reconoce que la entropía va en aumento y que la flecha del tiempo apunta en una dirección única. Ello, naturalmente, no encaja con la primera ley de la termodinámica que legisla que todos los estados permitidos se hallan en constante recurrencia.

Boltzmann propuso el abandono del sentido común en la comprensión del flujo del tiempo en un Universo mucho más vasto que el que tenemos en mente.

Recordemos que Poincaré demostró que cualquier sistema dinámico cerrado debe repetirse a sí mismo indefinidamente, dado el tiempo necesario, pasando por cada posible nuevo estado. Si bien el consabido ejemplo era el de las cajas de gas, se podía extender a cualquier sistema incluido el Universo. En un Universo infinito, extendido indefinidamente en el espacio y en el tiempo, cualquier cosa que no se halle exceptuada por las leyes de la física debe suceder en algún sitio y en algún tiempo (o en un infinito número de sitios y de tiempos). Boltzmann señalaba que todo el universo observable puede representar una pequeña porción de un universo mucho mayor, una zona en la que una de esas rarísimas, pero inevitables, fluctuaciones equivalentes a las de todos los átomos de gas en una caja se reúnan en un extremo.

En realidad y trasladado a la actualidad, la opinión de Boltzmann consistía en aceptar que estamos viviendo en una burbuja de espacio donde se habría producido una pequeña desviación local del equilibrio y que contemporáneamente, ella estaría regresando al estado natural de largo plazo perteneciente al universo mayor. La flecha del tiempo en esa burbuja de baja entropía apuntaría desde el estado menos probable hacia el estado más probable, en dirección a la entropía creciente. No existiría así una flecha única, sino solamente una flecha local válida para la región en la que nos encontramos.

Ciertamente, y como comentan diversos autores, en la época de Boltzmann no existía el concepto flecha del tiempo, pero sin embargo -en el lenguaje disponible- él señaló que en cualquier parte dentro de la burbuja de baja entropía la flecha apuntaba en dirección al estado de alta entropía.

De acuerdo a este pensamiento, el Universo constituye un suceso insólito e improbable que ha acontecido dentro de un Universo mayor e infinito y la muerte térmica dentro del miniuniverso no implicaría un cambio unidireccional en todo el Universo desde un estado inicial definido hacia un estado final.

Como es sabido, esta afirmación contradice la de los cosmólogos actuales, pero el universo improbable de Boltzmann resultó precursor de las teorías acerca de los universos paralelos.

Hoy suele considerarse que la asimetría es una característica intrínseca de todo el Universo, y por ende, que la irreversibilidad es un fundamento (una vez definida la flecha del tiempo).

Pero si se acepta la tesis de Boltzmann actualizada, entonces puede caber la existencia de un medio compuesto por una materia organizada de otro modo pero asimilable, y que ese medio constituyese -entre otras cosas- una retroalimentación entre distintos universos. Una especie de papilla de la que se servirían esos universos sentados a la mesa de un impresionante festín.

Naturalmente que el viaje humano desde un universo a otro sería tan utópico como aquel viaje de un astronauta a través de un agujero negro. Pero en el caso de los agujeros de gusano la cuestión se complica más porque estos serían diminutos, menores que un capilar y aún que una partícula elemental.
Por cierto que desde el lado en que el agujero de gusano da con el medio no puede existir un lugar único y concreto en el espacio tiempo a la manera del que existe en nuestra organización de la materia. En todo caso, se podría hablar de una probabilidad específica de ubicación.
Tales agujeros de gusano sólo darían a otro espacio tiempo (al desembocar en un universo paralelo) atravesando ese medio al que nos referíamos.
La teoría de un universo (o de varios) paralelo al nuestro propone que tales otros universos se hallen también compuestos por materia y energía. El intercambio entre todos y cada uno de los universos paralelos podría realizarse de varias formas, a través de un medio compuesto de una materia organizada de otra manera, la que en su interacción con la materia y la energía de nuestro universo y de otros, pudiera intercambiarse. Ese vacío en el que saltan las partículas virtuales para convertirse en reales, no sería en realidad un vacío, o resultaría un vacío lleno por otro modo de organización material.
O bien el intercambio entre distintos universos paralelos se podría dar a través de agujeros de gusano que atravesaran una supuesta nada y llegaran desde un universo hasta el otro, intercambiando materia y energía. Se piensa que, en este último caso, la materia debería comprimirse o algo así, habida cuenta que los referidos agujeros de gusano poseerían un diámetro menor al del cabello de un ángel pequeño. Indudablemente, tal hipótesis ofrece dificultades, pero no resulta un imposible matemático. Cualquier físico observa comportamientos habituales en las partículas elementales que inducirían a pensar que podría caber una interacción de ese tipo, pero ningún agujero de gusano ha sido avistado ni se ha podido comprobar que ejerza influencia. Se dice que actúa como un destello, a una escala tan mínima que resulta inmedible.

Naturalmente, los agujeros de gusano podrían afectar las constantes universales. Por ejemplo, se puede medir -y se mide- la carga del electrón a base de cómo éste absorbe y emite fotones de luz de un campo eléctrico. Pues bien, si la materia y la energía existentes en otros universos paralelos estimulasen a los electrones para que absorbiesen y emitiesen fotones a mayor velocidad (hay que prevenir que no se sabe de qué manera lo harían) la carga medida del electrón se elevaría. Y de esa misma forma podrían modificarse otras constantes de la naturaleza.
Si estableciésemos valores respecto a dichas constantes, los agujeros de gusano podrían determinar la densidad energética del vacío, es decir, de la constante cosmológica.
El error de Einstein sería subsanado, pues los nombrados agujeros de gusano permitirían que el valor del vacío fuese cero. La descripción del vacío en términos cuánticos (admitiendo la existencia de varios universos en paralelo) con un vacío tipo colador con infinitos agujeros de gusano, resulta algo más creíble que la tesis de que toda esta miríada de universos paralelos poseería una constante cosmológica equivalente a cero, antes de admitir que lo sea positiva o negativa. Dicha constante cosmológica podría ser igual a cero, sólo de acuerdo a la teoría cuántica. Pero habría que prevenir un error que acompaña a ciertos científicos: el vacío es el vacío, independientemente de qué cosas lo llenen.
Es claro que los agujeros de gusano podrían resolver, asimismo, el segundo enigma de la constante cosmológica, es decir, que no solamente resulte incomprensible que equivalga a cero, sino que en estos instantes equivalga a cero.

Filolao -discípulo de Pitágoras- había dicho que el universo es único y comenzó a formarse desde un centro. Se piensa que todas las constantes de la naturaleza establecieron su valor a partir del Big Bang. Pero, la energía de las partículas virtuales -que resulta tan enorme frente a un universo ahora ya enfriado- debió haber sido pequeñísima en comparación con la inestabilidad originada por la materia y la energía en aquel natalicio del mundo. Parecería ser que estábamos ante una hiperinflación del universo.
Mas ¿y si no existió el Big Bang? La cuestión estriba en llegar a entender cómo se pudieron acomodar en un principio las cosas, para que algo que resultaba inmedible entonces, pudiera ahora medirse con tanta exactitud.
Illya Prigogine criticaba la postura de considerar al Big Bang como un mito fundante. Incluso -decía- hay que explicar a través de la física y de la química la posibilidad de aparición de las biomoléculas. Conjeturó la aparición del Big Bang no como un fenómeno de singularidad sino de inestabilidad del pre-universo. De la misma forma que la materia puede engendrar biomoléculas, que luego poseen un metabolismo, habría una etapa inestable del pre-universo, que daría nacimiento al Universo actual.
La posible existencia de los agujeros de gusano podría constituir una explicación, eliminaría la cuestión del arreglo previo. Efectivamente, cuando nuestro universo, pequeño y caliente, era un bebé, se podría pensar que la existencia de dichos agujeros de gusano se conectaran a universos anteriores (ya enfriados y más grandes).
Así resultaría factible que se hubiese podido medir la densidad de las partículas virtuales. Las conexiones con otros universos sobre la base de los agujeros antedichos podría haber permitido vislumbrar el futuro de nuestro universo conociendo la densidad de la partícula virtual.
Uno de los detractores de la idea de la existencia de los agujeros de gusano, W. Susskind, ha dicho que mientras en las matemáticas nada impide la aparición de agujeros de gusano, tal cosa no sucede en la realidad.
La aserción de Susskind y de otros científicos, es muy coherente. No aventuraría demasiado quien planteara que no existe una teoría ampliamente aceptada acerca de cómo la mecánica cuántica puede ser aplicable a la gravitación.
Lo concreto, como señaláramos más arriba, es que la contradicción en la teoría cuántica aparece en el momento en que pretendemos asimilar formalmente la materia, o sea, pensarla de igual manera que la forma que ella asume cuando se expresa en niveles -por así decirlo- habituales.
El determinismo que surge de lo cuántico podría ser consecuencia de nuestro intento de seguir particulando indefinidamente a la materia, seguir interpretando que existe un solo modo de organización de la misma. O que las medidas que manejamos para nuestro uso y costumbre sean válidas en todas las instancias siendo que, además, una medida de la cosa no es la cosa. Hay que entender que el fin último del Universo no puede ser otro que su propia existencia y que en ese caso todos sus comportamientos se hallan encaminados a ese fin.
Una aparente solución para el dilema del determinismo que surge de lo cuántico sería aquella que Hawking señalaba respecto a que espacio y tiempo juntos podrían conformar un espacio de cuatro dimensiones finito, sin singularidades ni fronteras, como la superficie de la tierra pero con más dimensiones. Esto podría explicar muchas de las características observadas en el Universo, tales como su uniformidad a gran escala y también las desviaciones de la homogeneidad a más pequeña escala, como en las galaxias, astros y seres humanos. Podría, asimismo, constituir una de las explicaciones del sentido de la flecha del tiempo.
Otra interpretación -no reñida completamente con ésta- sería la de la existencia de un medio adimensional compuesto por la materia en otro estado, en otro modo. Dicho medio, interactuante con el Universo, tendría la capacidad de transformarse, de formalizarse, cuando se apareciese en partículas reales. De esa manera, no existiría un Big Bang ubicado en el comienzo de los tiempos, sino un metabolismo o proceso continuo de transformación de lo virtual en real y viceversa. Como puede verse, no sólo los poetas nos alimentamos de virtualidades.

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