jueves, 4 de febrero de 2010

El celular de Hansel y Gretel

Hernán Casciari

Anoche le contaba a mi hijita Nina un cuento infantil muy famoso, el de Hansel y Gretel de los hermanos Grimm.

En el momento más tenebroso de la aventura, los niños descubren que unos pájaros se han comido las estratégicas bolitas de pan, un sistema muy simple que los hermanitos habían ideado para regresar a casa. Hansel y Gretel se descubren solos en el bosque, perdidos, y comienza a anochecer.

Mi hija me dice, justo en ese punto de clímax narrativo: 'No importa. Que lo llamen al papá por el celular'.

Yo entonces pensé, por primera vez, que mi hija no tiene una noción de la vida ajena a la telefonía inalámbrica. Y al mismo tiempo descubrí qué espantosa resultaría la literatura -toda ella, en general- si el teléfono móvil hubiera existido siempre, como cree mi hija de cuatro años.

Cuántos clásicos habrían perdido su nudo dramático, cuántas tramas hubieran muerto antes de nacer, y sobre todo qué fácil se habrían solucionado los intríngulis más célebres de las grandes historias de ficción.

Piense el lector, ahora mismo, en una historia clásica, en cualquiera que se le ocurra. Desde la Odisea hasta Pinocho, pasando por El viejo y el mar, Macbeth, El hombre de la esquina rosada o La familia de Pascual Duarte. No importa si el argumento es elevado o popular, no importa la época ni la geografía.

Piense el lector, ahora mismo, en una historia clásica que conozca al dedillo, con introducción, con nudo y con desenlace. ¿Ya está? Muy bien. Ahora ponga un celular en el bolsillo del protagonista. No un viejo aparato negro empotrado en una pared, sino un teléfono como los que existen hoy: con cobertura, con conexión a correo electrónico y chat, con saldo para enviar mensajes de texto y con la posibilidad de realizar llamadas internacionales cuatribanda.

¿Qué pasa con la historia elegida? ¿Funciona la trama como una seda, ahora que los personajes pueden llamarse desde cualquier sitio, ahora que tienen la opción de chatear, generar videoconferencias y enviarse mensajes de texto? ¿Verdad que no funciona para nada?

Nina, sin darse cuenta, me abrió anoche la puerta a una teoría espeluznante: la telefonía inalámbrica va a hacer añicos las viejas historias que narremos, las convertirá en anécdotas tecnológicas de calidad menor.

Con un teléfono en las manos, por ejemplo, Penélope ya no espera con incertidumbre a que el guerrero Ulises regrese del combate.
Con un móvil en la canasta, Caperucita alerta a la abuela a tiempo y la llegada del leñador no es necesaria.

Con telefonito, el Coronel sí tiene quién le escriba algún mensaje, aunque fuese spam.

Y Tom Sawyer no se pierde en el Mississippi, gracias al servicio de localización de personas de Telefónica.

Y el chanchito de la casa de madera le avisa a su hermano que el lobo está yendo para allí.

Y Gepetto recibe una alerta de la escuela, avisando que Pinocho no llegó por la mañana.

Un enorme porcentaje de las historias escritas (o cantadas, o representadas) en los veinte siglos que anteceden al actual, han tenido como principal fuente de conflicto la distancia, el desencuentro y la incomunicación. Han podido existir gracias a la ausencia de telefonía móvil.

Ninguna historia de amor, por ejemplo, habría sido trágica o complicada, si los amantes esquivos hubieran tenido un teléfono en el bolsillo de la camisa.

La historia romántica por excelencia (Romeo y Julieta, de Shakespeare) basa toda su tensión dramática final en una incomunicación fortuita: la amante finge un suicidio, el enamorado la cree muerta y se mata, y entonces ella, al despertar, se suicida de verdad. (Perdón por el espoiler).

Si Julieta hubiese tenido teléfono móvil, le habría escrito un mensajito de texto a Romeo en el capítulo seis:

M HGO LA MUERTA,
PERO NO TOY MUERTA.
NO T PRCUPES NI
HGAS IDIOTCS. BSO.

Y todo el grandísimo problemón dramático de los capítulos siguientes se habría evaporado. Las últimas cuarenta páginas de la obra no tendrían gollete, no se hubieran escrito nunca, si en la Verona del siglo catorce hubiera existido la promoción 'Banda ancha móvil' de Movistar.

Muchas obras importantes, además, habrían tenido que cambiar su nombre por otros más adecuados.

La tecnología, por ejemplo, habría desterrado por completo la soledad en Aracataca y entonces la novela de García Márquez se llamaría 'Cien años sin conexión': narraría las aventuras de una familia en donde todos tienen el mismo nick (buendia23, a.buendia,
aureliano_goodmornig) pero a nadie le funciona el Messenger.

La famosa novela de James M. Cain -'El cartero llama dos veces'- escrita en 1934 y llevada más tarde al cine, se llamaría 'El gmail me duplica los correos entrantes' y versaría sobre un marido cornudo que descubre (leyendo el historial de chat de su esposa) el romance de la joven adúltera con un forastero de malvivir.

Samuel Beckett habría tenido que cambiar el nombre de su famosa tragicomedia en dos actos por un título más acorde a los avances técnicos. Por ejemplo, 'Godot tiene el teléfono apagado o está fuera del área de cobertura', la historia de dos hombres que esperan, en un páramo, la llegada de un tercero que no aparece nunca o que se quedó sin saldo.

En la obra 'El jotapegé de Dorian Grey', Oscar Wilde contaría la historia de un joven que se mantiene siempre lozano y sin arrugas, en virtud a un pacto con Adobe Photoshop, mientras que en la carpeta Images de su teléfono una foto de su rostro se pixela sin remedio, paulatinamente, hasta perder definición.

La bruja del clásico Blancanieves no consultaría todas las noches al espejo sobre 'quién es la mujer más bella del mundo', porque el coste por llamada del oráculo sería de 1,90 la conexión y 0,60 el minuto; se contentaría con preguntarlo una o dos veces al mes. Y al final se cansaría.

También nosotros nos cansaríamos, nos aburriríamos, con estas historias de solución automática. Todas las intrigas, los secretos y los destiempos de la literatura (los grandes obstáculos que siempre generaron las grandes tramas) fracasarían en la era de la telefonía móvil y del wifi.

Todo ese maravilloso cine romántico en el que, al final, el muchacho corre como loco por la ciudad, a contra reloj, porque su amada está a punto de tomar un avión, se soluciona hoy con un SMS de cuatro líneas.

Ya no hay ese apuro cursi, ese remordimiento, aquella explicación que nunca llega; no hay que detener a los aviones ni cruzar los mares. No hay que dejar bolitas de pan en el bosque para recordar el camino de regreso a casa. La telefonía inalámbrica -vino a decirme anoche la Nina, sin querer- nos va a entorpecer las historias que contemos de ahora en adelante. Las hará más tristes, menos sosegadas, mucho más predecibles.

Y me pregunto, ¿no estará acaso ocurriendo lo mismo con la vida real, no estaremos privándonos de aventuras novelescas por culpa de la conexión permanente? ¿Alguno de nosotros, alguna vez, correrá desesperado al aeropuerto para decirle a la mujer que ama que no suba a ese avión, que la vida es aquí y ahora?

No. Le enviaremos un mensaje de texto lastimoso, un mensaje breve desde el sofá. Cuatro líneas con mayúsculas. Quizá le haremos una llamada perdida, y cruzaremos los dedos para que ella, la mujer amada, no tenga su telefonito en modo vibrador.

¿Para qué hacer el esfuerzo de vivir al borde de la aventura, si algo siempre nos va a interrumpir la incertidumbre? Una llamada a tiempo, un mensaje binario, una alarma.

Nuestro cielo ya está infectado de señales y secretos: cuidado que el duque está yendo allí para matarte, ojo que la manzana está envenenada, no vuelvo esta noche a casa porque he bebido, si le das un beso a la muchacha se despierta y te ama. Papá, ven a buscarnos que unos pájaros se han comido las migas de pan.

Nuestras tramas están perdiendo el brillo -las escritas, las vividas, incluso las imaginadas- ¿¿¿¿¿¿por qué?????? Porque nos hemos convertido en héroes perezosos...

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Poesía

Bertolt Brecht

Hay hombres que luchan un día y son buenos,
hay otros que luchan un año y son mejores,
hay quienes luchan muchos años y son muy buenos,
pero hay los que luchan toda la vida,
esos... son los imprescindibles.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Las paralelas no se tocan

Marcelo Colussi (Desde Guatemala. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El 25 de julio de 1970 en el Hospital Inglés de la ciudad de México nace Julián Adolfo Villafañe Arreaza, con parto normal. Su padre, don Maximiliano Villafañe Fuentes, y su madre, doña María de las Mercedes Arreaza Idígora, dueños de la hacienda ganadera La Retaguardia, de 16,000 hectáreas en el estado de Morelos, se mostraron muy complacidos con su primogénito luego de más de seis años de estar buscándolo. La mamá fue asistida por el gíneco-obstetra Dr. Raúl de la Cerna, graduado en Harvard y profesor de la UNAM, y en su sala privada del nosocomio –empapelada en color durazno tal como ella había solicitado– recibió 32 docenas de rosas, de su esposo, familiares y amigos. La visita más connotada que llegó a felicitar a la feliz pareja y al bebé fue Madame Cécile Badrouillard, esposa del Embajador de Francia en México. Julián Adolfo pesó 3.600 kgrs.

El 25 de julio de 1970 en una modesta casa en las afueras de Tecpatán, estado de Chiapas, nace Julián Cuahutémoc Chinchilla, con parto normal. Su padre, Tiburcio Cuahutémoc Sánchez, recolector de residuos en la municipalidad de la ciudad, y su madre, Dorotea Chinchilla Sandoval, ama de casa, decidieron ya no seguir teniendo más hijos, porque éste era el alumbramiento número doce y su precaria situación económica no permitía alimentar más bocas. El parto fue asistido por una de las comadronas de la localidad, a quienes muchos consideraban practicante de brujería. Julián pesó 3.600 kgrs.

Julián Adolfo se crió en el exclusivo sector de Las Lomas, en México D.F. Fue hijo único. El juguete que más estimó durante toda su infancia fue un muñeco plástico del perro Pluto comprado en el primero de los cuatro viajes que hiciera con su familia a Disneylandia. El mismo lo acompañó por años, y ninguna otra cosa que le regalaron en el curso de sus primeros años –un automóvil a batería, el tren eléctrico con vías que ocupaban toda una sala del segundo nivel de la mansión paterna con casi 40 metros cuadrados, el equipo de buceo– lo emocionó tanto. A los cuatro años comenzó a asistir al jardín de infantes del prestigioso Instituto Patria, en donde se graduaría de bachiller 14 años después. A los 9 años de edad se fracturó un brazo cayendo de su bicicleta.

Julián se crió, desde los 2 años de edad, en el barrio de Neza, en México D.F. Allí se trasladó con toda su familia porque sus padres decidieron probar suerte mudándose a la gran ciudad. Siempre estuvieron convencidos que, efectivamente, la situación les había mejorado; aunque las penurias de la vida cotidiana no terminaron. Claro que, comparativamente, estaban mejor ahí que en Chiapas. De todos modos, la precariedad fue el signo que acompañó toda su niñez y adolescencia. Asistió a una escuela pública del barrio, jugó mucho fútbol, robó muchas mandarinas en un terreno cercano a su casa junto a su grupo de chamacos; abandonó los estudios en el segundo año de la escuela secundaria, a los 14 años, cuando comenzó a trabajar como ayudante de panadería. A los 9 años de edad se fracturó un brazo cayendo de la bicicleta que le habían prestado y que no sabía conducir (nunca tuvo bicicleta propia).

Julián Adolfo tomó su primera comunión en la aristocrática iglesia de San Francisco de Loyola, en colonia Polanco, a los 8 años. La fiesta que siguió a la ceremonia religiosa fue espléndida y, según él, sólo comparable a la que, años después, le hicieran festejando el triunfo del Campeonato Nacional de Polo obtenido en Campo Marte, donde fue la estrella del equipo. Si bien asistía continuamente a fiestas, eso era algo que lo aburría bastante. De niño, lo que más le gustaba era mirar televisión, mucho más que las incontables actividades que sus padres le hicieron practicar. El país que más le agradó visitar, ya de adolescente, fue Rusia. Encontró fascinante tomar vodka sobre la nieve con un grupo de amigos en la Plaza Roja de Moscú fumando, a escondidas, sus primeros cigarros de marihuana. A los 17 años tuvo su primera relación sexual, en Acapulco. Nunca le gustó usar preservativo.

Julián tomó su primera comunión en una de las iglesias de su barrio, a los 8 años. La única vez que se atrevió a preguntar sobre el por qué de las verdades del catecismo a sus progenitores, tuvo por toda respuesta una furiosa paliza por parte de su padre, de la que nunca se olvidó. Toda su vida fue católico, aunque nunca entendió bien por qué debía serlo; sólo se limitaba a asistir a la iglesia cada tanto, algún casamiento, algún bautismo. Trabajar en el horno de la panadería le agradaba mucho, porque eso le daba la oportunidad de probar –a escondidas– las más sabrosas confituras que de otro modo nunca hubiera podido comprar. Pero con el incendio de la panificadora se vio obligado a cambiar de trabajo. Cuando cumplió los 18 años ya había pasado por varios oficios; además de panadero fue ayudante de albañil, vendedor ambulante y aprendiz de mecánico. La mecánica, finalmente, fue la actividad que desarrolló toda su vida. A los 17 años tuvo su primera relación sexual con una prostituta. Nunca le gustó usar preservativo.

Julián Adolfo estudió derecho en la UNAM. Luego, habiendo terminado su carrera con 23 años de edad y con las mejores calificaciones, en 1993 viajó a España a sacar un doctorado en Madrid. Tres años después regresó a México, ya decidido a casarse con quien venía manteniendo una platónica relación: María del Pilar Jiménez de Montalbán y Torres, hija de uno de los empresarios más encumbrados del país. La boda tuvo lugar en la misma iglesia de San Francisco de Loyola donde Julián Adolfo tomara la comunión. Fueron fastuosas tanto la ceremonia religiosa como la fiesta social, con alrededor de 300 invitados. Se calcularon en 200 las botellas de champagne que se descorcharon. La limusina con que llegaron y se fueron –blanca, reluciente– fue manejada por el mismo chofer que acompañó toda la vida al señorito Julián Adolfo hasta su casamiento: don Marcos, hombre de confianza de la familia. Julián Adolfo, por cábala, usó un calzoncillo color rojo para la noche de bodas.

Julián optó por meterse de lleno en la mecánica. Trabajó varios años en un taller en el barrio en que creciera: Neza, donde su patrón –don Ricardo–, quien se encariñó mucho con el joven aprendiz, le ayudó a conocer los detalles del oficio. A los 24 se independizó y comenzó a trabajar por cuenta propia. Como no disponía de instalaciones, atendía en la mera calle. Su dotación de herramientas era minúscula, pero mayúsculo era su talento para resolver los problemas de cada carro que le traían. A los 26 años se casó con una muchacha de su barrio con quien venía noviando desde hacía un tiempo, Elvira, una trabajadora veinteañera de una fábrica textil. Luego de la sencilla ceremonia religiosa algunos pocos familiares brindaron a la salud de los recién esposados. Unos tacos y tequila fue para todo lo que alcanzó. El baile, de todos modos, se prolongó hasta casi el amanecer. Julián, habiéndolo recibido como regalo picaresco de sus amigos del barrio, usó un calzoncillo color rojo para la noche de bodas.

Julián Adolfo, a los 28 años de edad, tuvo su primogénita –una bebita adorable a quien llamaron María Jimena–. Nació en el mismo Hospital Inglés que su padre. Fue a partir de ese nacimiento que decidió, junto con su esposa, el cambio de domicilio. Compró entonces un lujoso pent house de cuatro habitaciones en Las Lomas. Como curiosidad, la niña nació el mismo día de su cumpleaños: el 25 de julio.

Julián, quien estaba masticando la idea de embarcarse en un crédito hipotecario a partir de un amigo que le podía ayudar en las gestiones, tuvo que abandonar esos planes con motivo del embarazo de su esposa. Por tanto debió seguir alquilando la modesta habitación con baño compartido en la casa de vecindad del barrio que ocupaba desde que se casara, y resignarse a continuar aguantando los nauseabundos olores de la tenería cercana. Como curiosidad, su hija –Kleydis– nació el mismo día de su cumpleaños: el 25 de julio.

Julián Adolfo, si bien amaba mucho a su esposa con la que tenía una rica vida social –ella era arquitecta, pero no ejercía la profesión, y solían tener reuniones de alta sociedad varias veces a la semana–, tres años después del casamiento se había empezado a permitir algunas ocasionales relaciones extramaritales. Muy discreto, siempre a escondidas, una o dos veces al mes no le faltaba oportunidad para satisfacer sus más osadas fantasías sexuales. Cuando cumplió los 30 años se hizo un regalo especial comprando, mitad para él, mitad para su hija, que ese mismo día cumplía dos –ambos eran los propietarios, decía simpáticamente–un yate de cerca de un millón de dólares al que bautizó "Eleonora". Fue para esa época, cuando le aparecieron las primeras canas, que Julián Adolfo decidió comenzar a teñirse el cabello.

Julián quería mucho a su hija, por quien daba lo que no tenía; pero a su esposa, a quien veía engordar día a día, comenzó a maltratarla. El robo que sufriera y que lo dejara sin una sola herramienta en su improvisado taller lo puso particularmente irritable. Eso, el verse en un estado de retroceso económico –a sus 30 años debía volver a empezar casi de cero y sin ahorros– agravó la ya mala relación que venía manteniendo con su mujer. Primero tímidamente, luego en forma casi descarada, se permitió iniciar relaciones extramatrimoniales. Fue para esa época, cuando le aparecieron las primeras canas, que Julián decidió comenzar a teñirse el cabello.

Julián Adolfo, invitado por un grupo de amigos, asistió a un club nocturno recientemente inaugurado en la ciudad: "Valentyn's". Era el cabaret más caro –50 dólares la copa– donde se daba cita lo más granjeado del próspero empresariado capitalino. Por supuesto, asistían sólo varones. Ese 6 de marzo del 2001 aceptó ir ahí porque la propuesta le pareció muy oportuna.

Dado que estaba atravesando un muy mal momento económico, Julián recibió la oferta de un primo para cubrirlo un fin de semana en su puesto de lavacopas en el club nocturno "Valentyn's". No era mucha la paga, pero teniendo en cuenta su situación de precariedad, no le pareció mal la idea. Por tanto aceptó ir ahí ese 6 de marzo del 2001, porque la propuesta le pareció oportuna.

El lujo del local era despampanante, así como también lo eran las bailarinas. Las había de muchas nacionalidades, destacando exhuberantes rubias de Europa del Este. Julián Adolfo llegó a las 10 de la noche y quedó fascinado con el esplendor.

Julián comenzó su jornada a las 4 de la tarde. Nunca en su vida había visto tanta opulencia. Pensó si le sería posible tomarse un trago a escondidas, recordando con ello sus épocas de la panadería cuando hurtaba alguna confitura, pero no se atrevió a hacerlo. Quedó fascinado con el esplendor.

"¡Qué mujerotas!", exclamó acalorado Julián Adolfo cuando vio a dos de las bailarinas hacerse el amor locamente en el escenario como parte del show.

Julián, que nunca había asistido a un lugar como ese, estaba anonadado. "¡Qué mujerotas!", exclamó acalorado en un momento, escapándose un instante de la cocina para espiar el escenario y ver a las mismas dos bailarinas.

Era cerca de medianoche cuando llegó el operativo policial. Nadie sospechó de qué se trataba; en todo caso, a todos incomodó un poco una requisa, pero no pasó de ahí el descontento. Cuando quisieron reaccionar ya era demasiado tarde. Tanto el personal de seguridad del local como los guardaespaldas de los asistentes que esperaban en las afueras del club nocturno fueron sorprendidos; era totalmente creíble una visita de la policía. Lo que nadie podía imaginar fue que no se tratara de las fuerzas del orden realmente, sino que fuese una ajustada operación comando. Una vez dentro del cabaret, la docena de supuestos policías, armas en mano, procedió a desvalijar a todos los asistentes. Muchísimo efectivo, tarjetas de créditos, teléfonos celulares de última generación, relojes costosos, anillos de oro; el botín era considerable. Cuando parecía que ya se marchaban, los asaltantes decidieron jugar un rato con los asistentes. Juego macabro, por cierto. A alguno de ellos se le ocurrió hacer continuar el show, pero en vez de las bailarinas, quien debía actuar era el público. Fue así que hicieron subir al escenario al primero que se les ocurrió. Resultó ser Julián Adolfo. Y luego agregaron una segunda persona, elegida también al azar; en este caso, el escogido fue Julián.

Los hicieron desnudar, y dado que se trataba de un club porno, los obligaron a tener relaciones sexuales entre sí. Lograr erección para ambos –tanto para Julián Adolfo como para Julián– fue bastante difícil; verse apuntado con pistolas mientras recibían gritos de amenaza y eran observados por más de cien personas –fuera de las coristas, casi todos varones; algunos, incluso, amigos– no era nada motivador. De todos modos ambos terminaron penetrándose mutuamente, siguiendo las instrucciones de los delincuentes. Nadie del forzado público que presenció ese espectáculo osó decir una palabra mientras tenía lugar el acto.

Todo pasó en un instante. Una vez que se marcharon los asaltantes, en pocos minutos el lugar quedó vacío. Nadie quiso hacer la denuncia policial, y los dueños del negocio –en cierta forma obligados por los parroquianos– igualmente prefirieron el silencio. Era una mácula demasiado grande contar lo ocurrido, por lo que el consenso general fue que nada de eso había sucedido. De regreso a su casa con el grupo de amigos con que había salido esa noche Julián Adolfo, no se mencionó lo sucedido, en absoluto. Julián regresó a su casa en bus luego de estar más de una hora esperando en la parada, tiritando de frío, de vergüenza, de odio. A su primo jamás le contó nada de lo ocurrido esa noche.

Un año después de ese incidente, para renovar el seguro de vida a Julián Adolfo se le solicitaron exámenes de laboratorio. Cuando le dieron los resultados diciéndole que era seropositivo no lo podía creer. Por varios meses no se lo dijo a nadie. En un momento pensó en suicidarse, pero ver crecer a su adorada hijita lo conmovió y le quitó la idea. La solicitud de su esposa de buscar un segundo hijo fue siempre desechada con distintos argumentos. Le costó horrores poder juntar el valor suficiente para comunicarle que estaba mortalmente enfermo. Finalmente un día, con varias copas encima, se lo dijo.

Once meses después de aquella noche en el club nocturno, finalmente Julián consiguió un puesto fijo en el área de mantenimiento de un edificio de apartamentos. Como uno de los requisitos, debió pasar por un examen médico. Al hacérsele un laboratorio completo se le descubrió que era seropositivo. No podía creer la noticia recibida. Por casi un año guardó un silencio sepulcral sobre el asunto. Elvira, su esposa, venía insistiéndole hasta el cansancio para que buscaran un segundo hijo, pero Julián, arguyendo distintas excusas, siempre se negó, hasta que algún día le contó, medio alcoholizado, su grave dolencia.

El 19 de junio del 2006, luego de horribles padecimientos, Julián Adolfo murió. Sus restos descansan hoy en un lujoso panteón en un cementerio privado del que fuera accionista principal. María del Pilar, su esposa, vendió el yate porque le traía malos recuerdos.

El 19 de junio del 2006, tras más de un mes de internación en un hospital público, Julián falleció. Fue enterrado en un nicho del Cementerio Municipal. Su hija Kleydis, con ocho años de edad, ayuda a su madre a lavar ropa, y con eso ambas se sostienen magramente.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Norman Bethune, comunista, internacionalista, revolucionario: Una vida dedicada a la lucha contra el fascismo

Erasmo Magoulas (Desde Canadá. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Norman Bethune es una de las personalidades canadienses más atrayentes y significativas de la primera mitad del siglo pasado. A pesar de ello, su obra, su pensamiento y su entrega por la causa de los oprimidos, no le ha valido más que ser sistemáticamente silenciado y por lo tanto desconocido por la mayoría de sus conciudadanos.

Digo esto no por extrañeza sino para confirmar la lógica de los aparatos ideológicos del Estado burgués. Los historiadores orgánicos a la agenda del establishment y todo el andamiaje cultural y político que hace a la construcción de la historiografía canadiense nunca podrían destacar a Bethune como lo que fue, un humanista de la causa más justa, la causa del pueblo trabajador.

Bethune nació en 1890 en un pueblecito de la provincia de Ontario llamado Gravenhurst. Desde su temprana juventud sintió el llamado a compartir la rudeza de la vida de los trabajadores y es así que en 1911 abandona temporalmente sus estudios de medicina en Toronto y se alista como maestro-trabajador voluntario en las zonas de mayor explotación laboral, las áreas mineras y forestales del norte de Ontario. Su misión, enseñar el idioma Inglés a los trabajadores inmigrantes y a los canadienses analfabetas.

Despuntada la Primera Guerra Mundial y seguramente con una buena dosis de chauvinismo se enrola como enfermero de una ambulancia en el frente francés. Es herido de cierta gravedad y convalece por tres meses en Inglaterra, luego de lo cual retorna a Canadá donde se diploma de médico en 1916.

Se alista en la Royal Navy en 1917 y desarrolla su trabajo de cirujano con el grado de Teniente.

Con su flamante esposa Frances Penny y luego de un aventurero recorrido por Europa, se trasladan a Detroit, Estados Unidos, donde Bethune por su continuo trabajo médico en favor de los más humildes contrae la tuberculosis, enfermedad que esquilma a la clase trabajadora industrial en el neurálgico centro del capitalismo estadounidense.

Salva su vida gracias a su insistencia de aplicarse el tratamiento llamado neumotórax y se traslada a Montreal donde junto al Dr. Edward William Archibald se especializa en cirugía torácica y desarrolla y modifica más de una docena de instrumentos quirúrgicos, uno de los cuales sigue actualmente en uso, la Pinza Bethune.

A pesar de sus adelantos en el área de la cirugía torácica, Bethune se da cuenta de las limitaciones sociales de su práctica y centra su atención en los aspectos socio-económicos de lo que se conoce como enfermedad. Durante los años de la “Gran depresión” brinda atención gratuita a miles de pacientes sin recursos y a su vez reta a sus colegas y al establecimiento médico de Montreal, como al gobierno canadiense a realizar reformas radicales en el servicio de salud.

Es uno de los primeros en proponer la medicina socializada y funda el Grupo de de la Seguridad Sanitaria del Pueblo en Montreal.

En 1935 viaja a la Unión Soviética y se afilia al Partido Comunista de Canadá. El comienzo de la Guerra Civil Española afirma sus posiciones revolucionarias.

Bethune acepta la invitación del Comité de Ayuda para la España Democrática y dirige la Unidad Médica Canadiense en Madrid. Se une a la Brigada Internacionalista Canadiense Mackenzie-Papineau, compuesta por revolucionarios comunistas, socialistas y anarquistas de su país.

Una muerte frecuente en el campo de batalla era la causada por la pérdida de sangre. Bethune concibe la idea de administrar transfusiones de sangre en el mismo lugar de la contienda. Desarrolla la primera unidad móvil de transfusiones, la cual suplía elementos para sanar 500 heridas y medicinas y equipos para realizar 100 cirugías. Bethune también crea el servicio de recolección de sangre donada y su traslado al campo de batalla, lo que resultó en innumerables vidas salvadas. Lo que Bethune realizó en España con su unidad de medicina móvil fue lo que posteriormente se desarrolló como el Hospital Quirúrgico Móvil del Ejército o MASH (en sus siglas en inglés).

Bethune regresa a Canadá en 1937 con la intención de ofrecer una serie de conferencias sobre la lucha antifascista en España, realizar colectas de dinero para la causa republicana y alistar voluntarios.

En 1938 Bethune viaja a China, se une a las fuerzas comunistas lideradas por Mao Zedong en su lucha contra los invasores japoneses durante la Segunda Guerra Chino-Japonesa.

En China Bethune desarrolla una labor incansable en el mejoramiento de la operación quirúrgica de emergencia en el campo de batalla, establece un entrenamiento médico a doctores y enfermeras e impone un tratamiento igualitario para los combatientes chinos como japoneses.

Bethune muere el 12 de noviembre de 1939, a los 49 años de edad, a consecuencia de una grave infección en su sistema sanguíneo, producida por un corte en medio de una cirugía.

Bethune logró reconocimiento internacional cuando el líder chino Mao Zedong publicó su ensayo “En memoria de Norman Bethune”, el cual documentó los últimos meses del médico y revolucionario canadiense en China.

“Todos nosotros debemos aprender de su espíritu de absoluta determinación. Con ese espíritu todos podemos ayudarnos unos a otros. La habilidad de una persona puede ser mayor o menor, pero si él o ella tiene ese espíritu, él o ella es desde ya de una mente noble y pura, una persona de integridad moral y por encima de intereses vulgares, una persona de gran valor para el pueblo”, escribió Mao sobre Norman Bethune.

Bethune es uno de los pocos occidentales a los que se les ha honrado en China con monumentos y estatuas. Bethune está enterrado en el Cementerio de los Mártires Revolucionarios en Shijiazhuang, provincia de Hebei.

También en China Bethune es honrado en la Universidad de Ciencias Médicas Norman Bethune, en el Colegio de Medicina, en el Colegio de Medicina Militar, en el Colegio de Medicina Especializada y en el Hospital Internacional de Paz, todos los cuales llevan su nombre.

En Canadá, luego del reconocimiento chino, no se lo pudo ocultar por más tiempo. Su casa paterna en Gravenhurst se convirtió en museo y en Montreal fue construida una plaza pública con su nombre y una estatua en su honor, localizada en las cercanías de la transitada estación del Metro Guy-Concordia.

En España, la ciudad de Málaga inauguró en el 2006 el “Paseo de los Canadienses” en su memoria. Esta avenida que corre paralela a la playa y en dirección de Almería, paga tributo a la acción solidaria del Dr. Norman Bethune y sus colegas, quienes ayudaron a la población de Málaga bajo el bombardeo fascista, durante la Guerra Civil Española.

El último noviembre se cumplió el aniversario 70 de la desaparición física de Bethune, aunque su ejemplo, su obra internacionalista, su consistencia ideológica están lejos de languidecer. Hoy, más que nunca, Bethune vive en las Brigadas Médicas cubanas que se esparcen por el mundo con el ideal de la solidaridad internacional.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Música: Grupo “Arbolito”, canto popular de Argentina

ARGENPRESS CULTURAL

El grupo Arbolito nace en 1997 gracias a Ezequiel Jusid y Agustín Ronconi. Se caracteriza por su estilo que fusiona músicas folclóricas de la Argentina (huayno, saya, zamba, candombe, entre otros) con ritmos como el rock y reggae. La banda también destaca por su destreza multi-instrumental y por sus letras con fuerte contenido social.

Su nombre es elegido en honor al indio ranquel que -según cuenta el historiador Osvaldo Bayer en el texto "Arbolito, el vindicador" de su libro “Rebeldía y esperanza, que reivindica las lucha aborígenes del siglo XIX en el contexto de las primeras "Campañas al Desierto"- “degüella al Coronel Rauch en venganza por el genocidio cometido contra los indios de su tribu. En el período que gobernaba al país Bernardino Rivadavia (1826), éste manda a llamar al Oficial Prusiano Rauch para que se encargara de exterminar a los ranqueles en la Pampa. Considerados una amenaza, anarquistas y salvajes. Rauch y sus tropas se apropiaron de sus tierras y fusilaron vilmente a varios indios pampeanos.

El personaje histórico que parece corresponder al poético Arbolito de Bayer es Nicasio Maciel, que el autor describe como "un indio joven, apuesto, alto de pelo largo, al que metafóricamente llamaban Arbolito". Cuando se le veía destacado en el horizonte de la llanura pampeana este jefe ranquel de elevada talla, cuerpo muy delgado y abundante cabellera parecía un "arbolito".

En 1998 adopta su actual formación: Ezequiel Jusid (voz, guitarra acústica y guitarra eléctrica) y Agustín Ronconi (voz, flauta traversa, quena, charango, violín y guitarra) crean Arbolito. En 1998 se integran Diego Fariza (batería y bombo legüero), Andrés Fariña (bajo eléctrico y coros), Pedro Borgobello (clarinete, quena y coros) y Sebastián “Chino” Demestri (percusión y accesorios). A fines de ese año, editan su primer demo en casette, titulado “Folklore:

Su primer disco, “La mala reputación”, de edición independiente, sale en junio de 2000, e incluye la participación de Jorge Pinchevsky como violinista invitado.

En 2002 lanzan su segunda placa, “La arveja esperanza”, en el que combinan estilos como chacarera, reagge, huayno y candombe, sobre una base rockera.

Su tercer disco es “Mientras la chata nos lleve”. Fue grabado en vivo en el año 2005, y es un compilado de las mejores canciones de Arbolito. El título es un homenaje al vehículo que compraron en 1999 para realizar la primera gira de la banda. Incluye una versión del tema inédito de Víctor Jara llamado “Caminando” y la canción “Huayno del desocupado”, que está basada en un poema de Juan Gelman y el tema Arbolito, el vindicador recitado por Osvaldo Bayer.

En el 2007 llega “Cuando salga el sol” con la independencia de estilos y temáticas sociales de sus anteriores trabajos. La novedad aparece en un sonido mucho más sólido y profesional, que aporta el productor artístico Daniel Buira, del grupo La Chilinga. En catorce canciones, entre las que no faltan nuevos himnos festivos y con mensaje social, como en "Sobran", "La costumbre" y "Saya del yuyo", apuestan a la falta de solemnidad en letras como "Jipitur", y muestran un mensaje contundente en "La recuperada" y "Niña Mapuche". El disco reafirma el camino musical de la banda y tiene como invitados como Peteco Carabajal y Verónica Condomí.
_____________

Arbolito, el vindicador

Osvaldo Bayer

En el año 1826, el gobierno de Bernardino Rivadavia contrató al oficial prusiano Rauch, nada menos que para matar indios; su misión era limpiar la pampa bonaerense de los ranqueles, esos hermosos indios que poblaban estas zonas con absoluta libertad. Bien, este oficial prusiano comenzó la liquidación de estos indios, y se guardan sus partes militares que hablan de su profunda sabiduría. Por ejemplo, dice que los indios ranqueles no tienen salvación porque no tienen sentido de la propiedad, también señalaba que los indios ranqueles eran anarquistas, así tal cual. Bien, él se adelantaba, era un oficial prusiano muy valiente, se adelantaba a sus tropas 200 metros por lo menos blandiendo su espada y se encontró con la horma de su zapato, porque después de haber escrito un parte donde decía “hoy hemos ahorrado balas, degollamos a 27 ranqueles”, un indio joven, apuesto, alto de pelo largo, al que llamaban “Arbolito” lo estuvo esperando en una hondonada, y cuando pasó este coronel a toda velocidad en su corcel, se le fue detrás, le boleó el caballo, cayó el militar europeo, y el indio Arbolito cometió el sacrilegio de cortarle la cabeza. Así vengaba a tantos de sus compañeros de las pampas. La Ciudad de Buenos Aires recibió con toda pompa el cadáver del militar europeo muerto de esa manera. Señalan los historiadores que fueron las exequias más ricas de todo ese período argentino.

Arbolito se perdió en la inmensidad de las pampas, ya nadie lo recuerda. La ciudad donde ocurrieron los hechos se llama hoy Coronel Rauch, y muchas calles recuerdan al oficial prusiano, pero ninguna a ese héroe de las pampas… el querido Arbolito.




Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

El Metabolismo entre el Universo y su medio (Parte II - Final)

Ricardo San Esteban

Micromundo o medio interno

Indudablemente, cuando se habla de la estructura del micromundo debería diferenciársela de aquello que entendemos como el vacío y que algunos consideraban y aún consideran el Cielo.
La estructura del micromundo hasta donde nosotros podemos conocerla es compleja, de muchos niveles y regida por principios generales que actúan a todo nivel, y también por principios específicos, como el de la conservación de la carga bariónica y leptónica, que actúa en algunos niveles. Los principios de conservación ingresan como una necesidad interna en todos los estratos del micromundo y ordenan infinitos procesos que transcurren en millonésimas fracciones de segundo y en milmillonésimas partes de la materia y el espacio.
Si las partículas del micromundo -tal como se afirma en la teoría cuántica- tienen correlación con el vacío físico, conviene deslindar dicho vacío de lo que son los campos y las partículas que lo pueblan.
Vale decir, una cosa es el concepto de vacío, y otra el de las cosas que lo llenan, como ha sido señalado a lo largo de los siglos, inclusive identificando a aquel vacío con el Cielo o el Absoluto. Muy después se dijo que sólo el vacío matemático puede ostentar la categoría de absoluto.

¿Puede ser el Absoluto un “alimento” para los universos paralelos?

La idea de absoluto o Absoluto ha variado y varía de acuerdo a los enfoques que sobre él ha sustentado cada pensador, cada disciplina o cada escuela. El concepto de éter fue desterrado del cuadro físico, y surgió la alternativa de identificar al vacío con el vacío absoluto. Pero fue la mecánica cuántica la que modificó esta concepción.
La idea de que nada hay y nada sucede llegó a contradecirse con los principios básicos de la mecánica cuántica, que no admite el estado de reposo en el sentido pleno o absoluto.
Nosotros compartimos ese principio, pero siguiendo con el razonamiento acerca de la existencia del universo (o de los universos) y su medio, como modos de organización de la materia, y considerando que este medio puede constituir algo que no se identifique con la idea del vacío ya que dicha idea conlleva aspectos mecanicistas o metafísicos y, en última instancia, requiere de la existencia de tiempo y espacio propios de la conocida organización de la materia.
Anteriormente veíamos que la no linealidad que observamos en el universo opta entre varias soluciones posibles, para lo cual el sistema tiene necesariamente que rebasar ciertas dimensiones críticas. Como decíamos más arriba, el metabolismo de un elemento o cuerpo modifica su entorno hasta eliminarlo pero a su vez dicho entorno lo traansforma en otra cosa de sí, lo mata para suplantarlo pero ya con otra calidad.
Por cierto, previo a ello se debe dar un proceso en el cual dicho sistema puede considerarse acabado, pues adquiere un alto grado de autonomía respecto del medio circundante.
Para que esto ocurra -en ese tránsito del sistema dado hacia su homogeinización o identidad plena- se hace necesario que el medio sea inestable, pues tal parece ser la condición sine qua non para el surgimiento y desarrollo de un algo. Si el medio carece de elasticidad e inestabilidad relativa, entonces no hay estructura, el algo no puede ser.
Y no es dable pensar sola o únicamente en la inestabilidad de la materia o de la energía, medidas a través de paquetes. Ni tampoco en la inestabilidad del vacío común, sino en ella asociada de alguna manera a una inestabilidad con el medio. Pero en este caso resulta difícil de explicar la relación entre el Universo y su medio, y asimismo resulta sumamente difícil entender la interacción entre un entorno y un universo con tres o más dimensiones.

Nosotros ya habíamos hablado de un medio -real, material, no espiritual ni mágico- que se hallara organizado de otro modo, quizá de un modo tal que pudiese aparecer como no observable, al menos por ahora.

Se dice que en el vacío actúan necesariamente cuantos de poca duración -virtuales-. Conforme a la electrodinámica cuántica, el vacío sería un estado en el cual continuamente nacerían y se absorberían fotones virtuales, nacerían y se aniquilarían pares virtuales de electrón-positrón, etcétera.

Así pues, en tal vacío sólo serían iguales a cero los valores medios de las magnitudes físicas: tensiones en un campo, número de cargas eléctricas, como expresión de la actividad y necesidades de los principios de conservación. Por cierto, las magnitudes físicas fluctuarían alrededor de dichos valores medios.

Muchos físicos han pensado que este cuadro recuerda al flujo turbulento de un líquido examinado por un observador que se mueve junto al mismo. Nos lleva a un concepto de vacío físico como estado en el que las magnitudes físicas fluctúan, y es sólo en el promedio en donde no hay nada.

Pero resulta que la idea de vacío físico concuerda con la descripción de los medios materiales de la macrofísica, especialmente la descripción de los cuerpos sólidos, y aparece como una variedad especial de los mismos.

En realidad, aquí existe una confusión entre el continente y el contenido. No se puede pensar en el vacío simplemente como un sistema físico prolongado, que posea multitud de grados de libertad, lograda a través del desequilibrio de unas partículas irreales.

Existan o no las partículas virtuales, el vacío no puede ser identificado con ellas. Tampoco puede pensarse como cierto aquello que afirmaba Prigogine, en el sentido de que son las fuerzas de gravedad existentes en ese vacío quienes generan materia.

Cierto comportamiento que ocurre en el vacío físico debería ser propio de él y no prestado, analizando no solamente los distintos tipos de interacción fuerte a débil. Los mismos principios dinámicos y las propiedades de aislamiento o superconducción, que son válidos para los cuerpos físicos del macromundo, actúan de modo específico también en el vacío físico pero también interactúan con éste.
Por ello se debería pensar en un condicionamiento mutuo de las partículas y, a su vez, de éstas con el medio y con los principios de conservación y las propiedades del vacío. Para tal fin resultaría imprescindible la existencia de los agujeros de gusano como conductores “dentro•” del vacío físico constituyendo, sin duda, un estado en el que aparecen leyes dinámicas y probabilísticas, enlazando al mundo en todos sus niveles e, inclusive, en los diversos modos de organización de la materia.
La existencia de la simetría CPT y la alteración espontánea de la misma ha sido objeto de controversias. La invariabilidad de las leyes de la física durante la transición de las partículas a antipartículas, la invariancia de la carga, determinada por los principios de conservación, también. Se dijo que la sustitución de partículas por antipartículas denominada operación de carga C y la transformación de cierto proceso físico de una manera equivalente a la visión del mismo en un espejo, llamada reflexión especular C es de dudosa existencia. Además, que la permuta del estado inicial y final de las partículas, la operación de inversión del tiempo T dada como irrefutable, y la misma idea de invariancia de las respectivas transformaciones de la simetría sufrieron y siguen sufriendo rudos golpes. Ello ocurrió a partir de la comprobación de que la paridad de las partículas en el espacio se quebranta bajo la transformación beta, o sea, débil.
Bajo este reflejo especular, los procesos físicos transcurren de distinta manera a como lo harían en los iniciales, pues la invariancia P resultaría ser una simetría aproximada. Aproximado es también el carácter de la simetría C de partículas y antipartículas. Las probabilidades de desintegración de las partículas y antipartículas, al pasar a un estado final, deben diferir, con lo cual se concluye que esto asegura la supervivencia de las partículas sobre las antipartículas y que la materia predomine sobre la antimateria. Se piensa, así, que hasta nuestra propia existencia obedece a una pequeñísima alteración de la simetría entre partículas y antipartículas. El parto y posterior alimentación, en fin, lo que suele denominarse la creatividad, se relaciona con la destrucción de la simetría C y CP y la aparición de una nueva simetría más compleja.

Pero aún no se ha hablado del papel del medio como tal, y de este medio que indudablemente, no sólo se halla poblado de elementos inestables, sino que él mismo lo es, pero de otro modo.

En ese sentido, es dable pensar que los estados asimétricos que surgen en los sistemas físicos -pese a la simetría de las condiciones iniciales y a las interacciones elementales que son responsables de la marcha del proceso- tienen algo que ver con el comportamiento del medio que le otorga algún tipo de organización distinta a la del Universo en todos sus niveles.

En tal sentido, conviene pensar al vacío como un elemento distribuido entre y fuera del Universo de una manera homomorfa o de correspondencia no lineal.
El dilema que esto plantea no es nuevo. Parménides, Espinosa, etc. negaron la posibilidad de que el Ser (o la sustancia absoluta) se particularizara en lo negativo y finito. Leucipo, Demócrito, Epicuro y otros buscaron unificar el Ser de Parménides con la evidencia del mundo físico. En este sentido, los atomistas quisieron descubrir en toda su extensión el principal contenido de la idea de individuo, forma, en relación con la indivisibilidad, siendo esta última base esencial de la naturaleza. Recordemos que Heisenberg, al referirse a este problema, decía que cuando se lleva hasta sus últimas consecuencias lógicas la idea de la unidad de principio se llega al ser no sustancial, inmutable e infinito, el cual no puede explicar por sí mismo toda la diversidad infinita de cosas, independientemente de que consideremos material o no a este ser.

Unificación de la gravedad con las fuerzas electronucleares. Materia oscura y supercuerdas

Precisamente, los métodos científicos generales buscaron y buscan la explicación de la unidad del mundo a través de la unificación de las fuerzas fundamentales. Esos fueron quizá los desvelos y las aspiraciones más grandes de Faraday y de Einstein.

Desvelos y aspiraciones que se paralizaron a raíz de las infinitudes que muestra la teoría de la gravedad en cuanto se encaran con ella cálculos de orden superior, tal como constatara en su momento Paul Dirac.

Si bien pronto surgió la idea de la supergravedad y otras que disminuyeron la importancia de algunas de tales infinitudes, otras continuaron insolubles.

La conformación galáctica en modelos de universo que incluyen diversas ideas de materia oscura muestra filamentos y cadenas. En dicho modelado se prevén ecuaciones de puntos expresando galaxias ubicadas en una trama cúbica tridimensional uniforme.

A partir de allí se realiza lo que numéricamente constituye un ligero desplazamiento de estas galaxias abstractas, interaccionando desde sus posiciones de partida según la ley de gravedad y sincronizándose con la trama que simula la expansión del universo.

Las interacciones entre estas galaxias abstractas pueden ser alteradas introduciendo los efectos que produciría la presencia de la materia oscura templada, fría o caliente. Se obtiene así, a través de simuladores del movimiento galáctico un cálculo sobre la forma en que debería comportarse la materia en un universo dominado por WIMPs. Objetos con masas se habrían formado rápidamente en un lapso que va desde cien millones hasta un billón de veces la masa del sol, en un universo de CDM, y éste sería el lapso de masas en el que se hallan las galaxias observadas.

Se entiende que estas galaxias se han formado a partir de fluctuaciones de densidad local en el océano de WIMPs provocando hiatos gravitatorios que atrapan al material bariónico.

La teoría también establece que a medida en que los hiatos van llenándose de material bariónico se comienzan a formar estrellas, y que la interacción gravitatoria entre el material bariónico y la materia oscura de lo que ahora es un halo galáctico da lugar a una velocidad orbital de la galaxia en desarrollo, velocidad que es precisamente la misma a lo largo de todo su disco.

Se presume que la radiación cósmica de fondo es muy uniforme, con apenas desviaciones, y que dejó de interaccionar con la materia cien mil años después de ocurrido el inicio del actual sistema materia. De allí se concluye que los vacíos no pueden hallarse enteramente vacíos ya que diez o veinte mil millones de años es poquísimo tiempo como para limpiarlos y dar lugar a este universo tan inarmónico como parecería serlo. En efecto, la distribución de masa -como ya hemos señalado- no concuerda con la distribución de luz y las galaxias se han formado solamente donde las fluctuaciones de densidad alcanzaron su máxima.

La mayor parte de la materia, pues, ni brilla ni es visible. Constituye un vasto mar casi monótono, uniforme, que apenas si presenta de cuando en cuando mínimos islotes galácticos.

Las simulaciones en la computadora pueden acercarse o reproducir las características observadas en la distribución de galaxias brillantes, pero únicamente si la materia que las rodea es materia oscura fría y no caliente.

De todas maneras, aquí solamente se pueden considerar dos modelos de universo, abierto o cerrado.

El primero de ellos sería el de universo abierto, con õ=0.2 y en tal caso las galaxias constituirían un excelente indicador de masa. En el segundo, õ=1, el parámetro de Hubble poseería un valor de 50 km/s/Mpc y las galaxias deberían agruparse más fuertemente que la materia oscura.

Ultimamente se está imponiendo la idea de un universo cerrado, aun cuando persistan enormes regiones de incertidumbre.

Más recientemente, se ha planteado la teoría de las cuerdas cósmicas, al postularse que las entidades fundamentales de la física no resultan partículas semejantes a puntos, sino que consisten en cuerdas que realizan saltos de dimensiones finitas de la longitud de Planck.

Se ha dicho que tales cuerdas vibrarían tal como las de un violín y darían nacimiento a los conocidos espines de las versiones simétricas y supersimétricas.

La física modificaría su visión del micromundo al pensar que las entidades fundamentales ya no se manifestarían a la manera de Demócrito (partículas como pelotitas o en forma de puntos) sino que lo harían como minúsculas cuerdas. La matemática que se aplica en estos casos es la bidimensional de Riemann, la matemática de la superficie; el espacio tiempo cuadrimensional resultaría aquí un concepto secundario.

En realidad debe señalarse que se piensa a estas cuerdas como puntos matemáticos que no ocupan espacio aunque accionan en el rango de los campos de fuerza.

Esta teoría presenta inconvenientes muy grandes, pero -luego de los trabajos de Green y Schwarz en 1984- se pensó en un espacio tiempo decadimensional con una teoría de supercuerdas única.

En ella, la teoría de la gravedad de Einstein aparece como una subunidad especial. El espacio tiempo que surge de aquélla -decadimensional- resulta una compactificación a la manera de Kaluza-Klein de seis dimensiones espaciales que exigiría un aterrizaje a las cuatro dimensiones de un espacio tiempo realista. También se necesita descender desde la masa pláncktica de 1020 masas de protón a 102 masas de protón características de las partículas W y Z.

Infortunadamente, la unicidad de las diez dimensiones que hacía tan atractivas las teorías de las cuerdas no se sostiene cuando uno pasa a las cuatro dimensiones, pues resulta infinito el número de teorías que aparecen igualmente viables.

Este es uno de los estrangulamientos teóricos que enfrenta la idea de las cuerdas, a parte del dilema experimental básico de construir un collider con energía de Planck de diez años luz de largo.

Los investigadores se preguntaban sobre si las cuerdas pueden permitir construir la teoría del todo (Theory of Everything, TOE), al combinar las partículas fuertes conocidas, los quarks y los leptones, los mensajeros que conocemos y las partículas de Higgs más sus interacciones.

Si esto resultara, la teoría de las cuerdas representaría la culminación de los esfuerzos para unificar las fuerzas fundamentales de la naturaleza.

Sin embargo, el curso actual de las investigaciones parece indicar que no podrá ser, puesto que la teoría del todo y la de la infinitud se ven trabadas por la problematicidad de la realidad y de la verdad.

Además de las limitaciones que padece el homo sapiens -y que ya hemos descripto someramente- existen impedimentos lógicos y gnoselógicos para explicar la unidad del mundo a partir solamente de la física. Es conocido -aunque sólo en parte-, por ejemplo, el papel de la química y de la biología en torno a la conexión esencial existente en la naturaleza. y sobre todo, habría de tenerse en cuenta la posible teleología relacionada con el enfoque sistémico.

Por otra parte, se sabe que la unidad gnoseológica de los métodos científicos generales, su interrelación e interdependencia -tanto en el plano genético como en el de contenido- están determinadas internamente por los procesos de matematización y cibernetización del conocimiento científico contemporáneo.

Sin embargo, tampoco creemos que las matemáticas y la cibernética puedan -ellas solas- describir y menos explicar al mundo, del mismo modo que Espinosa pensaba deducir la naturaleza del universo a partir de axiomas evidentes de por sí.

No se puede ignorar, con todo, que el emparentamiento estrecho entre los medios matemático-deductivos (rigurosamente teóricos) y los experimental-descriptivos del conocimiento y de las disciplinas científicas de carácter semejante provocó un desarrollo de métodos matemáticos, de la lógica y de la cibernética, que se transformaron así en métodos científicos generales. La incertidumbre de la verdad surge con mucha fuerza y se asienta, por una parte, en las limitaciones del homo sapiens y por la otra, en el comportamiento de la propia realidad objetiva. Niels Bohr solía decir que lo opuesto de una verdad profunda también puede ser una verdad profunda, cosa que -con otras palabras- ya habían señalado Hegel y los antiguos dialécticos.

Pero el interrogante profundo se halla en descubrir la teleología o el fin último del Universo y, en ese sentido, pensar en la pugna que se desarrolla entre este Universo y su medio, en una confrontación metabólica formidable y de la cual ya sabemos que, a la larga, habrá un vencedor. Pero no por ello ocurrirá la muerte de todo lo existente, sino solamente un cambio cuyo resultado consistirá en el nacimiento de un mundo con otra organización más compleja o elevada.

Ver también:

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Ser

Rodrigo Salinas (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

¿Qué somos? ¿Quiénes somos? ¿Qué queremos ser? ¿Qué piensan qué somos?

Muchas preguntas para demasiadas respuestas confusas y difusas, a las cuales a veces se les da demasiada relevancia.

La forma de ser de alguien depende de muchas cosas, y estará definida y alterada por el lugar donde uno nace, donde vive y los resultados de las interacciones externas e interpersonales que uno tenga y busque tener. No podemos elegir donde nacemos, ni nuestra educación básica, pero si somos afortunados, podemos elegir donde vivimos, y lo que es mucho más importante, siempre podemos elegir la gente con la que nos rodeamos, podemos buscar lo que nos hace sentir bien, definir nuestros gustos y lo que nos potencia ser como queremos ser.

Nuestra propia existencia será una, otra será la que exteriormente definan las percepciones que tengan los demás sobre nosotros y esto dependerá de quién sea el que lo perciba. Sé que no soy lo que otros perciben. No soy esa apariencia. Tampoco soy lo que otros quieren que sea, porque no soy para complacer. No quiero traicionar a mi propio ser.

Sé que soy, y no quiero parecer; no quiero buscar alcanzar el ser de otros, sólo influenciar, activar y estimular mi verdadero ser. Quiero poner peldaños bajo mis pies para impulsar mi ser y no techos por sobre mi cabeza que, no sólo no dejarán elevarme más allá, sino que no me dejarán ver por encima de ellos.

Ser, no parecer. El primero potencia sin límites, el segundo adormece todo ser y provoca límites auto-impuestos que no dejan ser más allá.

Soy, sobre todo, lo que pienso; y también lo que escucho, lo que veo, lo que leo, lo que digo y lo que no digo; soy las discusiones que he tenido, con otros y conmigo mismo, sin importar si las he ganado o perdido; soy mis alegrías y mis decepciones; soy los buenos y los malos momentos, mis virtudes y defectos; soy lo que determina mi interacción con mi exterior, mi entorno, donde vivo, las personas que me rodean, las que elijo que me rodeen; porque soy lo que me rodea y con quien ando, soy mis amigos, soy la gente que he conocido y lo que he obtenido al conocerlas, tanto positivo como negativo.

Y no soy ni la mitad de lo que digo, y mucho menos lo que otros piensan que soy. Y no crean luego de leer esto que pueden saber quién soy, porque, si han intentado saberlo, han desviado el camino, ya que deberían haberse preocupado por saber quiénes son ustedes, o al menos saber qué quieren ser y si están haciendo algo para lograrlo.

Rodrigo Salinas es argentino residente en Madrid, España.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Cine: Tiempo de silencio (1986)

Jesús Dapena Botero (Desde Vigo, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Nacionalidad: Española
Género: Drama
Duración: 115 minutos
Dirección: Vicente Aranda
Intérpretes: Imanol Arias: Pedro
Victoria Abril: Dorita
Charo López: Charo
Francisco Rabal: El Muecas
Juan Echanove: Matías
Francisco Algora: Amador
Joaquín Hinojosa: Cartucho
Diana Peñalver: Florita
Queta Claver: doña Luisa
Producción: Francisco Lara
Guión: Vicente Aranda, Antonio Rabinad
Fotografía: Juan Amarrós
Música: Francisco Alonso
Distribución: Warner Española

El 20 de enero del presente año, fui invitado a la V Jornada de Clásicos de la Psiquiatría, que se presentó en el Colegio Oficial de Médicos de Vigo, organizada por el doctor Tiburcio Angosto.

Para empezar el homenaje a Luis Martín Santos, iniciamos con la versión cinematográfica de Vicente Aranda sobre la novela homónima del psiquiatra español, Tiempo de silencio.

Entonces saltamos al laboratorio donde trabajaba Pedro Martín en un estudio experimental de algún tipo de cáncer murino, pero las ratas todas morían, con lo cual se iba agotando la población de estos roedores, sin que hubiera posibilidades de volverlos a importar de Illinois, de los Estados Unidos de América, dados los pocos recursos económicos que había para la financiación de la investigación científica en la España de postguerra, aquella de la década de 1940, que es el tiempo de silencio, donde transcurre la narración del novelista, en una nación que, para entonces, más parecía un país africano que uno europeo, como bien lo señalara el protagonista.

Pero el investigador es invitado al cumpleaños de la hija de la casa donde él se alberga, cuya abuela está bastante interesada en pescarlo para su nieta, por ser médico y, por ende, supuestamente, un buen partido, así el hombre pareciera ser un ser bastante tímido, entregado de lleno a la investigación científica y nada más.

Su deseo de mantener las condiciones para realizar sus experimentos, lo obliga a ir, con su ayudante, a visitar al Muecas, un hombre del puro pueblo, a quien el asistente le ha regalado algunos ratoncillos, a una chabola, en un Madrid marginal, que más evoca los tugurios mexicanos de Los Olvidados de Buñuel o las favelas de Pixote, en fin, las villas-miseria, con toda su violencia, de los países latinoamericanos, de las naciones con un desarrollo distorsionado, más próximas al África o América Latina, que parecer pertenecer a un país del primer mundo, como si hiciese palpable la mentalidad de que Europa comienza detrás de los Pirineos. Allí conoce al Muecas y su familia, con la bella Florita, quien entre sus senos, acuna a los ratoncitos.

Pero de ahí, el científico va a divertirse a un café madrileño, donde habla con sus amigos de literatura, de Proust y de la necesidad de leer a los autores norteamericanos, mientras cantan canciones como la de Me llamarán, nos llamarán a todos del poeta social Blas de Otero, con sus palabras del pueblo, buscadas y elaboradas constantemente, para los camaradas irse después de putas al cabaret, en escenas bastante cómicas y, luego, al volver, Pedro a casa atreverse a vencer la timidez, bajo los efectos del alcohol, y meterse en la cama de Dorita, con el beneplácito cómplice de la abuela y la nieta, a donde van a buscarlo el Muecas, para pedirle el favor de que vaya a ayudarle, ante la complicación que ha tenido al intentar inducir un aborto en su propia hija, la Florita, al parecer embarazada con un producto incestuoso, un engendro de su propio padre. El ingenuo investigador acude sin dilaciones, con una bondad al estilo de la de la Viridiana de Buñuel, en escenas evocadoras de las pinturas negras de don Francisco de Goya, casi esperpénticas, en las que en la chabola, el científico pretende raspar el útero de la víctima, con la mala suerte de no poder salvarla de la muerte, una secuencia de un dramatismo sin par, de la nos dice el propio Vicente que ha hecho desmayar a más de una señora asistente a la proyección de la película y que a mí, a pesar de mi formación y prácticas médicas en quirófanos, me produjo una gran angustia, generadora de un deseo de huir y de escapar, pero sin dejar de mirar un minuto, al igual que lo hicieran que la secuencia de los gritos desgarradores de la madre de Florita, quien sentada a las puertas de la morgue, clama a los médicos legistas que no descuarticen el cuerpo de su hija, después de que fuera encontrado por la policía, la cual ha acudido a apresar al doctor Pedro Martín, como asesino y productor de abortos, en los tiempos del franquismo, para ser liberado tras las declaraciones de la propia madre de la muerta.

Pero si la justicia oficial obra declarando la libertad del sospechoso, hay otra la realizada por la propia mano, que es la del Cartucho, el novio de la Florita, quien no tiene empacho en asesinar a Dorita, la prometida del investigador, en plena feria, para cumplir con una implacable ley del Talión, de muerta por muerta, escena con la que finaliza la cinta.

Pero más allá de la biografía del psiquiatra, lo que me interesa es el análisis que realizara el novelista español Rafael Chirles (1), el autor de La buena letra, de la novela de Luis Martín Santos, cuyo estilo asemeja al del James Joyce del Ulises y los pasajes de Leopold Bloom y Stephen Dedalus, alter egos del autor, al igual que Pedro Martín podría serlos del propio autor de Tiempo de Silencio, en los que el irlandés usaría el monólogo interior, para dar cuenta de una conciencia interna, que fluye para expresar los pensamientos del personaje, a lo mejor sin mucha lógica racional, sino con el fluir libre, sin ataduras del proceso primario, del inconsciente, con la diferencia de que no se trata de acompañar a los dublineses por la capital de Irlanda, sino llevarnos de la mano por un Madrid devastado, en algunos sectores por la miseria y la pobreza de la postguerra, en contraste con otro Madrid sofisticado y así dar cuenta de la existencia de muchas Españas, de la España escindida en los tiempos del Generalísimo, pero además dese la óptica del humanismo existencialista que profesaba el psiquiatra español, comprometido con una actitud política rebelde y contestataria que lo conduciría varias veces por los caminos de la prisión.

Al parecer, Tiempo de silencio (1961) constituyó toda una innovación de la literatura española de entonces, cuya influencia reconoce el propio conferencista, Rafael Chirbes, al ocasionar un cambio en la novelística, con un gran éxito editorial, así se la criticara como una parodia provincial del Ulises de Joyce, sin la genialidad del escritor irlandés.

Alfonso Sastre le reprocharía a la novela una falta de sensibilidad literaria, pero, para Chirbes, resultaría una verdadera fiesta del lenguaje, al estilo de la que prodigara Alejo Carpentier con su novela histórica El siglo de las luces, publicada un año después de la novela de Luis Martín Santos.

Era quizás una literatura que se alejaba del relato propiamente realista, para convertirse en testimonio cargado de una gran suntuosidad lingüística, que restablecía lazos de unión con el Barroco español y el modernismo latinoamericano, el de Rubén Darío, el de José Asunción Silva, pero cargada con una problemática social, que no se marginaba ni se dejaba de lado, de tal manera, que pareciera ser que hoy en día, nadie duda en España de la ruptura que ocasionó Tiempo de silencio y producir un giro crucial en la narrativa hispánica.

A la novela de Martín Santos podría criticársele cierto melodramatismo pesimista o un nihilismo casi absoluto, pero lo cierto del caso es que transforma la novelística que venía produciéndose a partir de la postguerra española, al cambiar los referentes, de una manera diferente a la de Camilo José Cela, quien lo había hecho en línea de Zola, de Gorki, de la literatura soviética, de Hemingway, de Upton Sinclair, de Dos Passos y del neorrealismo italiano, de esos autores que los compinches del café madrileño decían que había que leer, sin hacer ninguna mención de Joyce.

En esta obra, Martín Santos toma como protagonista a todo un grupo humano en un momento de conflicto, que observa desde el vértice de un narrador-testigo de la vida social del país pero lo hace con una mayor complejidad literaria, en la que la forma es signo, a la manera que la usaran Proust, Mann y el propio Joyce, desde la perspectiva de un joven, partícipe de una nueva generación, que echaba un vistazo a Europa, con los ojos con los que los jóvenes españoles la oteaban a principios del siglo XX, en tiempos anteriores a la Guerra Civil.

Así entonces vemos a Pedro, el protagonista, ir por los barrios bajos, como quien desciende a los infiernos, a la manera de un Ulises urbano, pero que hace un manejo distinto del lenguaje español, para darle una brillante originalidad, como una sátira aterradora, con cierto estilo barroco, para lograr una buena parodia de un mundo cambiante, a la manera que lo hiciera William Faulkner, sin abandonar los referentes del equipaje de una sociología, una psicología y una filosofía marxistas, que llevaban al autor a hacer una exploración de las relaciones de la lengua con la realidad y generar una novela social culta, libre, sin complejos ni sacrificios textuales, para con la misión de cada novelista ofrecer un mundo nuevo.

Martín Santos no pretende hacer una novela realista al estilo de la que se produjo en la década anterior en España, ni hacer una crítica al individualismo burgués, sino hacer una historia social, que incluyera lo más singular del sujeto mismo; por eso, no trata simplemente de los desheredados, ya que lo que le interesa es tratar de descubrir y describir el mecanismo que lo mueve todo, en un mundo donde tú y yo tenemos una parte de responsabilidad, posición que trascendería a Goytisolo, como herencia de Martín Santos, quien con la melancolía de un Cervantes, con su suma de lenguajes y paisajes, y con algo del Fernando de Rojas de La Celestina, a pesar de los siglos de distancia el autor de Tiempo de silencio, en una España en la que comenzaban a llegar vientos de renovación, con una capa intelectual crítica del Poder de los ineptos, los que han hecho buena parte de la tragedia española de una España, que funcionaba un tanto como una especie de madre castradora, a la que también llegarían los buenos aires del Boom latinoamericano, con sus nuevas formas literarias, cargadas de la herencia de Rubén Darío y de ideas revolucionarias, al tenor de los tiempos más modernos.

Todo ello, da como resultado hacerle un funeral a formas agotadas del realismo social, en aras de la creación de un realismo dialéctico, a la manera de un analizante, el cual se transforma en la medida en que se escucha a sí mismo, un realismo que toma aspectos de Proust, de Musil y de Walter Benjamin, que marcarán la novelística subsiguiente salpicada de los colores y tonalidades de nuestros narradores latinoamericanos, lo que tendría su secuelas en una novelística de Juan Marsé, una literatura consciente de la tesis barthesiana de que el texto sólo es responsable de sí mismo, sin hacer concesiones a autores colaboracionistas del estilo de Céline o de Ciorán, y así lograr una escritura comprometida con la Historia.

Nota:
1) El valenciano Rafael Chirbes es considerado por la crítica actual uno de los mejores escritores españoles aún vivos, dada la coherencia brutal de su obra, con sus denuncias certeras, lúcidas y llenas de sabiduría, como bien lo señala Antonio Martínez Asensio en el blog Tiempo de silencio, un maestro de la literatura que nos reconcilia con la lectura, que viene resultando curativa y llena de ternura, como sucede con su novela La buena letra escrita en capítulos muy cortos, en los que reconstruye la historia de una familia, víctima de la Guerra Civil y de una postguerra, que sembraron de odio y miedo a España, en una lucha desesperada por la supervivencia, como la única forma de amor que se había dejado, para mantenerse vivos, en una denodada actuación de las egoístas pulsiones de autoconservación, como lo señalara la madre, narradora de dicha novela. http://blogs.antena3.com/tiempodesilencio/tags/crematorio

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.