jueves, 11 de febrero de 2010

Edward Hopper, los perfiles velados del desamparo


Jaime Bergamin Leighton (ENCONTRARTE - APORREA)

Hablar de Edward Hopper es, por decirlo pronto, sumergirse en la crónica de esa América que se apropió del nombre de todo un continente y junto a esa apropiación, inocua en sí, de un sistema económico y político que,
más con la fuerza que con la razón, terminó por imponerse en el mundo entero y que ahora
muestra sus fisuras en alas de una crisis que apenas puede contener y frente a la cual reacciona con la peligrosidad de una fiera herida.

Nacido en 1882 en Nyack, pequeña ciudad a orillas del río Hudson, en el seno de una familia c
ulta y burguesa, Hopper ingresa en 1900 en la New York School of Art donde coincidió con otros
futuros protagonistas del arte americano de principios de la década del 50: Rockwell Kent, Guy Pène du Bois, Eugene Speicher y, el más conocido, George Bellows. Sin embargo los contactos que resultarán fundamentales para su formación y para su desarrollo como pintor serán tres de los profesores de la escuela: Kenneth H. Miller, que le educó en el gusto por una pintura nítida y limpia, organizada en una composición espacial ordenada; William Merrit Chase, que le animó a estudiar y a copiar lo que veía en los museos y particularmente Robert Henri, artista rebeld
e q
ue decidió liberarse del peso de las normas académicas logrando una expresión muy personal que influyó profundamente en el trabajo del joven estudiante.

Tras conseguir su título, nuestro personaje comenzó su carrera trabajando como ilustrador.

Su autorretrato (1925-1927 app.), nos ofrece la imagen de un típico WASP americano, clase media, rasgos poco pronunciados que en su caso esconden un carácter retraído, camisa de punt
as levantadas combinando a duras penas con un traje negro mal cortado, corbata anodina y sombrero que no combina con nada, nos recuerdan la figura de un oficinista o un vendedor viajero, cuando no un gángster de poco rango, personajes característicos del cine de los años cincuenta.

En 1906 inicia un periplo por Europa que comienza en París, donde acusa la influencia de Degas, especialmente, con sus juegos de luces y sombras y, sobre todo, en la descripción de interiores que tan característico se volviera en el Hopper consagrado. En1907 sigue viaje a Londres, Berlín y Bruselas.

Pero es París y su movimiento pictórico (Rous-seau, Matise, Vlaminck estaban en plena pro
duc-ción), la ciudad que definitivamente lo marca como artista. Prueba de ello son sus cuadros de esa época, donde ya se anuncia esa soledad y un muy personal juego entre las luces y las sombras subrayando el desamparo de sus escasos perso-najes y que marcaría toda su obra. Ya en 1910, en momentos que en toda Europa se consolidaban el fauvismo, el cubismo y el arte abstracto, Hopper se detierne en Courbet (antes que su "Origen del mundo" se convirtiera en ícono
contemporáneo), Sisley, Manet, Pissarro, Monet, Daumier y el Toulouse-Lautrec que influyera en su momento a un pintor que al parecer dejó indiferente a un Hopper que sin duda debió conocer: Picasso.

Pero fue otro español, antiguo, rebelde y personal en su vida y sus estilos, Goya, quien asestara el toque final a un Hopper que ya sabía quién era y cuál sería su camino.

De regreso definitivo a los Estados Unidos, de donde ya no saldrá sino en cortas y esporádicas visitas a México y Europa, Hopper comienza a elaborar temas representando la vida cotidiana de su país, sobre todo imágenes urbanas de Nueva York y de los acantilados y playas de la ce
rcana Nueva Inglaterra.

El éxito conseguido con una exposición de acuarelas (1923, ya de 42 años) y otra de lienzos (1924), convierten a Hopper en referencia obligada de los realistas que pintaban escenas americanas. Aquí es necesario hacer un paréntesis para señalar que en ese 1923 contrae nupcias con Josephine V. Nivison, artista como él, un año menor, que colaboraba como ilustradora con los periódicos The New York Tribune and the Evening Post. No se encuentran datos de vida bohemia en el caso de Hopper, su matrimonio de 44 años de duración con Jo quien, según sus biógrafos, se opuso tenazmente a que tuviera modelos vivas para ejecutar sus desnudos, habla de una relación muy particular, algo mórbida, de una competencia sorda entre dos artistas, amor, sin duda y la
repetición de la figuras y los rasgos de su mujer en innumerables telas, especialmente desnudos.

Algunos lo llaman el pintor de la Gran Depresión, el crack de la primera gran crisis del capitalismo, que dejara en la calle a millones de trabajadores haciendo cola en a las ollas comunes repartidas por todo el territorio de la unión y una ola de suicidios. Pero no parece haber
significado ningún escarmiento para una población enajenada que tozudamente sigue apostando a un sistema que se devora a sí mismo. No nos parece que Hopper haya sido un gran crítico del sistema, como lo fuera Chaplin, por ejemplo, a través de algunos de sus más exitosos filmes, sino, simplemente, el “vocero visual” de una realidad cotidiana propia del american way of life.

Un buen ejemplo son sus oficinas, recepciones de hoteles y lugares públicos, incluyendo las
elegantes escenas captadas en los retiros de millonarios de Cape Cod. Es así que, como cronista de su tiempo, pintó innumerables paisajes y escenas al aire libre, aunque lo que le dio la celebridad son los espacios urbanos y lugares públicos, como bares, moteles, hoteles, estaciones, trenes, prácticamente vacíos para subrayar la soledad del personaje representado. Que conforman y anuncian un nuevo landscape, el de la ciudad metida en el paisaje, la vida de sus habitantes que pasan de la soledad física del ambiente rural a otra aun más implacable y desalentadora: la del individuo fragmentado y solitario en medio de la masa urbana.

Personajes solitarios con vidas problemáticas ahogan sus preocupaciones en esa barra de un típico snack bar, triste e impersonal cuyo título, "Halcones noctur-nos" grafica su patetismo. Hopper acentúa la soledad y el aislamiento en que se mueve el hombre contemporáneo especialmente en las grandes urbes (No por casualidad esta tela se ha convertido en uno de los íconos contemporáneos). La pareja pareciera descargar sus angustias con el camarero, psicólogo casual, amparo de bebedores y tan solitario como ellos. La bella pelirroja es la mujer de Hopper y todo hace suponer que él es su acompañante.

Trasnochadores muestra lo que imagino es una calle de noche; no es necesariamente algo en
especial solitario. He simplificado mucho la escena y agrandado el restaurante. Quizás de modo inconsciente he pintado la soledad de la gran ciudad. E.H.

"En la obra de Hopper se deja entrever una profunda soledad, las inclinaciones thanáticas que yacen debajo del optimismo americano; la decrepitud del capitalismo tardío, el pesimismo postmoderno ha decretado la muerte de toda tentación de cambio social, de la idea misma de progreso Hopper es un lúcido testigo de la gran Depresión, el primer pintor americano en retratarla".

Así, Edward Hopper es el primer pintor norteamericano en contraponer al regionalismo sentimentalista de los años '30 el realismo de calles vacías, de casas solitarias, de ciudades anónimas, de gasolineras abandonadas. De los perfiles velados por la melancolía y el clima, de la así llamada "American Scene", fría e impersonal, como si el lienzo fuera el registro agujereado por la descarga a quemarropa de dos gangsters al amanecer. A Vásquez Roca.

Pintor de ejecución lenta y pausada. En un primer momento se relacionó con la denominada American Scene, un grupo heterogéneo de artistas que compartían un mismo interés por los temas propios de América, pero pronto Hopper desarrolló su personal estilo pictórico.

Su carácter taciturno y sus formas austeras, tuvieron un fuerte reflejo en su obra, que se caracterizó por la simplificada representación de la realidad y por la perfecta captación de la soledad del hombre contemporáneo.

A través de su pintura nos acercamos a la América de la Gran Depresión, que para él simbolizaba la crisis de la vida moderna.

(…) fui allí en busca de los solitarios domingos pintados por Edward Hopper, en los que se oye respirar la despiadada melancolía de Nueva York. Tomás Eloy Martínez, febrero de 1992.

El universo femenino de Hopper

El universo femenino de Hopper, hecho de soledades tan diferentes a las exhibidas por Balthus, soledad, desolación, desamparo, propios de esa sociedad norteamericana que conoció la sofis-ticación de la tecnología sin haber consolidado otra cultura que la de la agresión y la conquista, sin haber pasado previamente por las etapas de asenta-miento y lento acomodo de las grandes civilizaciones, "óbices" superados a tranco largo por la abundancia y la esperanza de llevar a cabo el sueño americano, que no es otra cosa que el poder a través del dinero, desviado este último de su función original para convertirse en mera mercancía.

El pintor obsesionado por las mujeres perdidas en sí mismas, no renuncia a la representación de la vida como un espacio palpitante, lleno de promesas, supo adentrarse magistralmente en ese mágico pozo íntimo de nuestra soledad, que significativamente tiene nombre femenino.

"Summertime", una hermosa mañana de sol, domingo probablemente, delatada por la luz sobre
la fachada que ocupa casi toda la tela y las sombras proyectadas por columnas de estilo impreciso. La joven de aspecto típicamente wasp parece esperar, más que a alguien, algo. Mira a lo lejos intentando alargar esos instantes que inevitablemente se irán diluyendo a medida que declina el día y con él las esperanzas.

En "Mañana en Carolina del Sur" la escena se repite casi idéntica y esta vez es una contundente mujer de color la que llena de esperanza y un algo de frustración el dintel de una puerta abierta al vacío de un horizonte subrayando la masa compacta de la hierba, la arena de una playa apenas perceptible y un cielo turbio sugiriendo tormentas.

Pese a la contundencia pictórica de la escena y a pesar de la materialidad sólida, compacta de esos colores luminosos, pese a la ausencia con que nos atrapan esas figuras, conmoviéndonos y llenándonos de melancólicas interrogantes, la tela pareciera esconder algo más, mágico e inquietante, como sucede con las piazzas metafísicas de de Chírico, las fachadas ambiguas de Magritte, los espacios indescifrables de Matta.

Hopper trata de retratar rasgos inconscientes de la clase media americana, el entrelazarse de la naturaleza con la cultura tecnificada, la gran aspiración de un sueño americano repleto de religiosidad sin mística siguiendo la estrella del success en cielos virtuales, pragmatismo a ultranza con cara de chico bueno, que lleva a eso que Graham Greene llamara "el americano impasible" en medio del napalm vertido sobre Viet Nam, ahora superado por el fósforo de última generación.

Los críticos hablan de voyeurismo en la pinturas de Hopper, es decir morbo al estilo Balthus
(aunque este arrogantemente lo negara), sórdida desesperación, en el caso de Munch; mirada inadvertida por el objeto observado, en todo caso. Salvo en una acuarela (Reclining nude 1924 app.), que muestra el cuerpo de una joven sumergida en un descanso sin culpas y que, en nuestra opinión, se trata más bien, de una especie de divertimento con intención puramente estética. Quizás debería hablarse de la vulnerabilidad de esas almas, frágiles y aisladas, que, desnudas o luciendo vestidos casi transparentes, son solo piezas insertadas en los "paisajes" subrayando ese desamparo tan propio de la sociedad norteamericana. Luego, ya no es necesaria la presencia humana, desnuda o no. La soledad se vuelve absoluta en lo que se podría llamar sus ciudades sin gente.

El cine pintado de Edward Hopper

"Sin duda es Edward Hopper, norteamericano al fin, uno de los pintores que más han influido en el cine moderno, hasta el punto de que muchos de los encuadres, planos y secuencias de un sinnúmero de directores, desde los más consagrados a los principiantes o a los más inexpertos, han bebido de sus fantásticas imágenes de lugares despoblados, mujeres solitarias, luminosos faros en la costa, surtidores de gasolineras en carreteras no frecuentadas o puentes brumosos. Muchos de sus cuadros son verdaderas lecciones de encuadres perfectos, tomas arriesgadas o una plena composición de plano cinematográfico. ¿A alguien le suena esta casa?"

"Casa junto a las vías del tren" El horizonte conformado por la vía férrea, un cielo anodino de atardecer desmentido por las sombras proyectadas en la fachada. ¡Sí hemos visto esta casa!

El tratamiento cinematográfico de las escenas y el personal empleo de la luz son los principales elementos diferenciadores de su pintura.

Muchos cineastas han resultado influenciados en la concepción de sus planos por las obras de Hopper, por esas casas de madera, las capillas solitarias en medio de los campos de trigo, los surtidores de gasolina en carreteras que cruzan parajes desolados, sus habitaciones de hotel con personajes que aparecen en ellas como varados, abandonados por el destino en cualquier parte, que desvían la vista hacia la ventada mirando nada. Son estas habitaciones de hotel, solitarias, silenciosas, ocupadas por un nómada del que nada sabemos, ni de dónde viene, ni adónde va, si es que tiene algún lugar al que ir, del que sólo deducimos su terrible soledad, son las que han creado una decisiva influencia en la concepción de la escenografía de las habitaciones de hoteles y moteles en la cinematografía norteamericana.

Más allá de encuadres y tomas, esos personajes varados corresponden a un sistema de vida signado por un feroz individualismo a la búsqueda implacable del poder y el dindero que, sueño americano o no, siempre serán logro unos pocos. De ese sistema y esas soledades se nutre la clásica road movie, que, junto al musical, es la más estadounidense de las expresiones cinematográficas.

La lista de películas que beben en aguas "hopperianas" es muy extensa pero hay algunas en las que salta a la vista desde los primeros planos. Terciopelo azul, por ejemplo, con la que David Lynch volvió imágenes esa exploración implacable de las corrientes subterráneas del ser humano, ese lado oscuro que ha alimentado la novela gótica, anglosajona por derecho propio y ésta, a su vez, a lo más sombrío del cine, americano o no. La sombra de una duda (1943), la casa de Norman Bates en Psicosis (1960), de Alfred Hitchcock. O Ángeles sin brillo (1957), obra de Douglas Sirk, son algunas de las producciones donde sus directores han puesto en movimiento las escenas pintadas por él.

Hopper, pintor de la modernidad

Bajo la apariencia realista de sus obras, se descubre ese universo subterráneo que trasciende la mera experiencia, una especie de surrealismo sutil, delicado, que, en palabras de uno de sus críticos, no son reproducciones de lo visible sino formas de lo liberado. Obras que conducen a la ruptura de la realidad convirtiendo esas telas en verdaderas metáforas del silencio.

En lo que podríamos llamar “cuadros tardíos”, Hopper repite ese distanciamiento tan propio de toda su obra, la ausencia de salidas. Escenas casi claustrofóbicas a pesar del aire libre, relevante en sus representaciones de carreteras y ferrocarriles pero también, y sobre todo, en enigmáticos “paisajes” de espacios vacíos, paredes con apariencia de cielos y puertas que se abren arrojando al espectador directamente al un mar y un cielo uniformes e inquietantes, atenuados por la luz solar, o, aridéz y cielos magistralmente representados como un arcano más, en las representaciones de elegantes grupos mirando al vacío en el regocijo de un aislamiento que les permite ser ellos sin más cortapisas que un sol helado de invierno.

Decir Hopper significa minimalismo para una expresividad máxima. Soledades. Encuentros y desencuentros. La luz como carcelera de un clima, el ser humano enjaulado. Significa paisajes e interiores únicos e irrepetibles, erotismo contenido, crítica social que, por venir de un conservador ensimismado y otoñabundo, pero siempre wasp adquiere un especial significado y una fuerza subterránea que irá aflorando a medida que la sociedad que tan bien representara en sus cuadros, adquiera conciencia de sus errores. Decir Hopper es referirse al más grande y representativo pintor norteamericano.

Edward Hopper muere el 15 de mayo de 1967, a los 85 años, en su estudio neoyorquino, cerca de Washington Square. Su esposa Josephine lo sigue un año más tarde. Desde esta escena, intencionadamente llevada en este artículo al blanco y negro, la pareja saluda al lector con algo de ironía, mucho de nostalgia y la reverencia de un melancólico happy end.

Referencias:
- www.artchive.com/artchive/H/hopper.html
- Revista.escaner.cl/node/977
- www.culturewars.org.uk/2004-02/hopper.htm
- www.interesting.com/artist/Hopper
- http://www.heterogenesis.se/Ensayos/Vasquez/Vasquez2.htm

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Vida cotidiana y vida mediática

Edgar Borges (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

En el libro “Lo infraordinario” (Impedimenta), Georges Perec (Francia 1936-1982) escribe: “Quien nos habla, me da la impresión, es siempre el acontecimiento, lo insólito, lo extraordinario: en portada, grandes titulares. Los trenes sólo empiezan a existir cuando descarrilan y cuantos más muertos hay, más existen; los aviones solamente acceden a la existencia cuando los secuestran; el único destino de los coches es chocar los árboles: cincuenta y dos fines de semana al año, cincuenta y dos balances: ¡tantos muertos y tanto mejor para las noticias si las cifras no cesan de aumentar! Es necesario que tras cada acontecimiento haya un escándalo, una fisura, un peligro, como si la vida no debiera revelarse nada más que a través de lo espectacular, como si lo elocuente, lo significativo fuese siempre anormal: cataclismos naturales o calamidades históricas, conflictos sociales, escándalos políticos…”

La reflexión de Perec, que bajo el título “¿Acercamientos a qué?” representa la introducción del libro (traducido por Mercedes Cebrián), me reafirma la idea que me asalta (quebrando la realidad absolutista) cada vez que observo la calle y comparo vida cotidiana y vida mediática. Con el paso del tiempo la estructura mediática dominante (en cada momento histórico), a nivel informativo, ha ido creando una vida artificial que muy poco o nada tiene que ver con la vida anónima, sencilla, íntima, de las personas. Del periódico que ejercía de intermediario del poder en una determinada región, pasamos al voraz crecimiento de una industria televisiva que en las últimas décadas del siglo XX terminó de consolidar la realidad según el criterio del mercado de consumo mundial (bajo la dictadura del morbo y del miedo). Y hoy, siglo XXI, cuando las llamadas nuevas tecnologías (Internet como la Madre Red) le “regalan a cada quien una realidad satélite de la realidad colectiva impuesta, hemos asumido (al ciento por ciento) el guión de una falsa (y mediocre) instantaneidad. Cambiamos la memoria vivencial por la memoria mediática. Ya no hay educación ni cultura que valga; la pauta la dicta la industria de la estupidez. Hay un molde de realidad para cada grupo consumidor.

En casa el bombardeo de noticias (y la banalización del dolor) me hace temerle al mundo. De la puerta para fuera el infierno; dentro, seguramente, convivo con bestias disfrazadas de amigos. ¿Quién me arrancará hoy la cabeza? Un vez que salgo a la calle (con cuatro ojos y siete sentidos en alerta), mucho después de largas horas de contemplación, me preguntó: ¿dónde están los abominables asesinos? ¿Por dónde andarán las malas madres? ¿Dónde está tanto marido desalmado? ¿Dónde se escondieron los hijos monstruosos? ¿Dónde están todas las realidades específicas con las que la televisión pretende generalizar nuestras vidas? Georges Perec dice que “La prensa diaria habla de todo menos del día a día. La prensa me aburre, no me enseña nada; lo que cuenta no me concierne, no me interroga y ya no responde a las preguntas que formulo o que querría formular…lo que realmente ocurre, lo que vivimos, lo demás, todo lo demás, ¿dónde está? Lo que ocurre cada día y vuelve cada día, lo trivial, lo cotidiano, lo evidente, lo común, lo ordinario, lo infraordinario, el ruido de fondo, lo habitual, ¿cómo dar cuenta de ello, cómo interrogarlo, cómo descubrirlo?”

La interpretación ha quedado reducida a la nada; la individualidad, hoy como nunca antes, está siendo arrollada por la uniformidad de una cultura global engañosa (vacía, hueca). Son muchos los escritores que han asegurado que la vida es una mierda. Perec, en cambio, se maravilla con “Lo infraordinario”. Su observación de lo pequeño lo convierte en un notario de todo aquello (circunstancias, objetos, etc.) que ha dejado de asombrarnos. Quizá, después de todo, la mierda sea la realidad mediática que sepulta (y adormece) los pequeños detalles de nuestra particular existencia.

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Nelson Mandela, 46664 Pájaros de libertad

Cristina Castello

En el atardecer del 2 de febrero de 1990, pudo respirar de nuevo a corazón abierto, después de haber sufrido 27 años de cárcel, acusado de ser Inocente. Nelson Mandela comenzó por tratar de cambiar su aldea para poder cambiar el mundo (Gandhi dixit). Había empeñado su vida en la lucha contra el apartheid, que segregaba a la población negra de Sudáfrica y la obligaba a vivir de manera infrahumana. Por cierto que para aquel régimen discriminatorio esto fue suficiente para considerarlo un «terrorista».
La respuesta del gobierno sudafricano ―hambriento de injusticia y de la mano de la CIA yanqui― al intento ininterrumpido y heroico de terminar con la exclusión, fue una cifra. Una cifra atroz.
46664.
46664 fue el número de prisionero que selló a Mandela tras las rejas, primero en la mazmorra de Robben Island y luego en la de Pollsmoor.
Pero también fueron 46664 las palomas que surcaron el cielo hace veinte años, el día de la liberación del pájaro de la libertad, el 2 de febrero de 1990.
Mandela había abierto sus ojos a la vida el 18 de julio de 1918 en Umtata, Sudáfrica, hijo del jefe de la tribu de los Tembu, quien lo bautizó Rolihlahla. Después de la educación primaria en una escuela de misioneros británicos, hizo el bachillerato en artes y luego la carrera de abogado. A los 24 años se inició en la política, durante su tiempo estudiantil en Johannesburgo y se incorporó al Congreso Nacional Africano. (ANC). Desde allí, con otros jóvenes, se dio a la tarea de rescatar de la exclusión a millones de trabajadores casi esclavos, a campesinos de zonas rurales y a profesionales.
Portar sangre negra en las venas, era ―y es, aún― un estigma y una condena, para un mundo sin piedad. Pero nuestro hombre soñaba con la emancipación.
Mandela ama la música de Händel y de Tchaikovski y su vida inspiró a no pocos músicos, que convirtieron su itinerario de piel negra y albas interiores, en canción. Él ama la escritura, los libros y el cine: su propia historia fue llevada a la pantalla, en «Invictus», flamante filme de Clint Eastwood, protagonizado por Morgan Freeman y Matt Damon. Ama los atardeceres, amó a sus tres esposas, con la última de las cuales ― Graça Machel― se casó cuando tenía 80 años. «Quiero al ser humano. Es un símbolo, no un santo», dijo ella de su marido.
Sí. Mandela es un ícono de la paz y de la entereza para enfrentar la adversidad, y un emblema de la resistencia ante la menor posibilidad de renunciar a sus principios, aunque eso lo haya sumido en más y más años de prisión.

Pájaros del amor
«En prisión uno está frente a frente con el paso del tiempo. No hay nada más aterrador», había escrito Mandela en su celda, que es hoy un sitio de atracción turística. ¿El morbo no tiene límites, como parece tenerlos la memoria?
Después de los primeros años de prisión, nuestro hombre no era para los jóvenes, más que una referencia, un recuerdo vago, sólo una mención. La conciencia pública no guardaba con interés su nombre ni su lucha: era un candidato para el olvido. Pero estaba Winnie.
Winnie fue su segunda esposa, después de Evelyn ―su amor de juventud― con la cual estuvo casado en el período 1944-1950 y con quien tuvo cuatro hijos. A Winnie, una trabajadora social ―un huracán de pasión― la desposó en 1958 y la pareja tuvo dos bebés.
Inteligente, bella, infatigable, tomó la antorcha, a pesar del odio y las persecuciones de la policía. Fue varias veces arrestada, se convirtió en un símbolo de la resistencia y fue conocida entre la población negra, como Madre de la Nación. Fue tal su fuerza y tan potentes sus convicciones que, con el tiempo, surgió como una figura en sí misma, más allá de Mandela.
Se separaron en 1996. La pasionaria sudafricana se habría rodeado de un grupo violento, en resistencia por la cárcel de su amado, y por las masacres con que el Poder causaba millares de muertos; la cometida en Soweto, es un «ejemplo» del horror que el hombre puede causar al hombre.
El grupo de Winnie fue implicado en acusaciones de asesinato, secuestro y violación; y ella misma, en 1991fue juzgada por el supuesto asesinato de un escolar. No fue condenada. El hombre de los pájaros de libertad la acompañó en todo momento, pero luego ambos anunciaron el fin del matrimonio. Fue entonces Zinzi, una de las hijas el matrimonio, quien escoltó y representó muchas veces a su padre en el extranjero. Él había sido elegido presidente de su país en 1994, cargo que mantuvo hasta 1999.

Pájaro de la paz
«Siempre he atesorado el ideal de una sociedad libre y democrática, en la que las personas puedan vivir juntas en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal para el que he vivido. Es un ideal por el que espero vivir, y si es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir».
Con esta declaración de principios, Nelson Mandela cerró su alegato ante la justicia en 1961. Las supuestas «causas» de su detención y acusación de alta traición, había sido su resistencia frente al apartheid. Con aquellas palabras, desafiaba al Tribunal a condenarlo a la pena de muerte. El público lloraba en los palcos; las Naciones Unidas habían impuesto sanciones contra Sudáfrica y la resistencia contra la ignominia era cada vez mayor, pero el líder sostuvo en palabras la actitud de toda una vida, con la serenidad de la verdad, con esos valores que lo mantuvieron erguido, cuando todo zozobraba.
Y siguió ese camino. En 1985, cuando llevaba 25 años de cárcel, resultaba una molestia para el gobierno sudafricano, a causa de la presión internacional. Entonces, le ofreció la liberación, con ciertas condiciones. Entonces, Mandela ―a través de una carta que leyó su hija Zini― esgrimió de nuevo su esencia incorruptible. Rechazó dejar las rejas, hasta que toda la población negra alcanzara sus derechos.

Fue una conducta que le valió cinco años más de prisión. En 1988, en el estadio Wembley de Londres, miles más miles de personas celebraron su setenta cumpleaños, en un concierto que vieron millones de personas en todo el mundo. «Te saludamos Nelson Mandela. Y queremos verte a ti y a los otros prisioneros políticos en libertad», bramó la voz del cantante Harry Belafonte y su voz estremeció al Poder.
El día del vuelo de las 46664 palomas, cuando las calles recuperaron los pasos del hombre de piel azabache para transitar la libertad, él habló de reconciliación. ¿Reconciliación con el opresor? Mandela explicó la necesidad de evitar una masacre: «si no, la única sangre que correría sería la del hombre negro», sentenció.
Es curioso, el líder había dicho siempre que el enemigo era la supremacía blanca y, sin embargo, hasta el blanquísimo ex-presidente Pik W. Botha, uno de los responsables de sus 27 años de cárcel, pensó que su víctima era la única esperanza hacia una salida pacífica.
En 1948, el Partido Nacional había ganado las elecciones, donde sólo los blancos tenían permitido votar, y empezó a instalar el apartheid. Y casi hasta los finales del siglo XX, el Poder en Sudáfrica provino de ese partido y de la Iglesia Reformista Holandesa. En aquel año, entre otros códigos que deberían ser extraños a la naturaleza humana, se establecieron una serie de normas, como la Ley de Clasificación Racial, la Ley de Matrimonios mixtos, que prohibía las uniones entre personas de diferentes razas y la Ley de Áreas, que confinaba a los negros a vivir en zonas delimitadas.
Por cierto, estos horrores no existen ya, en la evidencia cotidiana, sino disfrazados de democracia; y hay otros horrores: siempre hay más. ¿Pudo Mandela cambiar su aldea, su África del Sud? ¿La idea de reconciliación fue una idea o es una realidad? Todo parece indicar que fue sólo un sueño.
Este hombre ejemplar dejó un surco; él es una huella y una antorcha, pero la historia enseña que tratar de negociar con el enemigo en el Poder, aunque sea con la más sana intención, sólo lleva al influencismo. A creer que, dentro de las filas del enemigo, se podrá influenciar, sin pensar que siempre es el enemigo quien decide sobre la vida de las personas. Hoy gobierna Jacob Zuma, negro y en representación de negros y mestizos. Pero, ¿gobierna para los excluidos, por la justicia y la igualdad, tan caros a Mandela?

¿Pájaros libres?
En 2004 Nelson Mandela se retiró de la vida pública. «No me llamen, yo los llamaré», dijo. De cualquier manera, continúa trabajando por la paz, como gran estadista y se dedica muy especialmente a combatir el SIDA, desde hace mucho; su hijo ― Makgatho― murió a causa de esa enfermedad en 2005, a los 54 años, y son más del 20% las personas que la padecen en las tierras sudafricanas.
Hoy, a pesar del sacrificio de 27 años de prisión de Mandiba― así lo llaman, con ese título honorario que daban los ancianos de su tribu― el dolor recorre los senderos de su país. La pobreza aumenta en progresión geométrica, según las cifras oficiales hay un 26% de desempleados, que en realidad es del 40%. La lucha contra el apartheid parecía ganada y, de hecho, el apartheid no existe en lo formal; y los adeptos al gobierno, y en particular el Partido Comunista, afirman que están dispuestos a «matar o morir» por Zuma.
En los hechos, la clase dirigente es la misma del capitalismo del apartheid. Un hombre de raza negra gobierna, sí. Pero sigue tutelando a una minoría. Más del 43% de la población vive con menos de 22 euros por mes; y ya desde 1994 las tierras están distribuidas con cifras que cuentan la verdadera historia: el 3,6 por ciento de ellas es para los negros; y más del 80% para los blancos.
Para mantener el sistema, estas políticas aseguran la perpetuación del capitalismo del apartheid. Dicho sin máscara: garantizan la súper explotación de la población negra y refuerzan los obstáculos para la constitución de una nación unida y soberana.
9855 días de `prisión, 27 años de 46669 pájaros sin libertad. Y ahora, ¿qué?
El carnaval del mundo engaña tanto....*

*Juan de Dios Peza

Cristina Castello es poeta y periodista, bilingüe (español-francés) y vive entre Buenos Aires y París.

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El fin de las élites (Parte I) (Un ensayo sobre el principio de la democracia en la sociedad posindustrial)

Jon E. Illescas Martínez (Jon Juanma) (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

“Nosotros y los nuestros, todos hermanos nacidos de una sola madre, no creemos que seamos esclavos ni amos los unos de otros, sino que la igualdad de nacimiento según naturaleza nos fuerza a buscar una igualdad política según ley, y a no ceder entre nosotros ante ninguna otra cosa sino ante la opinión de la virtud y la sensatez” Aspasia (siglo V a.n.e) 1

“La igualdad en la riqueza debe consistir en que ningún ciudadano sea tan opulento que pueda comprar a otro, ni ninguno tan pobre que se vea precisado a venderse” Jean-Jacques Rousseau ( 1712/1778) 3

“(Existe una) especie de filosofía que, convirtiendo el egoísmo en sistema, contempla la sociedad humana como una guerra abellacada, y considera el éxito como un criterio de la justicia, la probidad como un asunto de gusto o decoro, y el mundo todo como patrimonio de arteros bribones” Maximilien Robespierre (1758/1794) 2

“Si yo volviera a ser joven y tuviera que buscar un modo de vida, no trataría de ser hombre de ciencia, ni erudito, ni profesor. Preferiría más bien ser plomero o buhonero, con la esperanza de disfrutar de ese mínimo grado de independencia que aún puede existir en las circunstancias actuales” Albert Einstein (1879/1955) 4

“(El poder) es siempre relativo: el poder de un hombre es la debilidad de otro” Charles Wright Mills (1916/1962) 5

“No me importa cuanto hablen mis ministros con tal que hagan lo que digo” Margaret Thatcher (1925) 6

“Si en los Estados Unidos se está librando una guerra de clases, está claro que mi clase es la que está ganando” Warren Buffet (1930) 7

Despertar

Abrió los ojos y se miró al espejo. A pesar de llevar varios días sin dormir, esa noche repuso el sueño lo suficiente como para sentirse con ánimos para encontrarse con el público, su público. No era un día más, era EL día. Pero por algún extraño motivo, casi providencial, Marc se sentía seguro, nada nervioso. Al contrario, se hallaba sumido en una especie de tantra reflexivo que le llevaba a reconstruir el camino andado hasta la fecha. Desde que todo empezó como un proyecto hablando con unos amigos, compartiendo risas una tarde en una Casa Popular, hasta que se convirtió en una realidad material. Hoy era el estreno del filme.

Marc Sifré i Amin era un joven director de cine, de cine-documental para ser más exactos. Catalán de nacimiento, de padre marroquí y madre valenciana. El orden de los apellidos le fue cambiado siguiendo el pacto que tenían sus padres de echar a suerte cuál sería el segundo en orden, el que se perdería en los anales de la historia tras la siguiente generación. Quizás fue el azar, en ese momento nivelador, el que eligió por corrección histórica que fuera el apellido de la mujer el que se colocara delante. Los abuelos de Marc no lo entendieron nunca, quizás aún anclados en una educación excesivamente patriarcal. En cambio, su padre, Abid Amin, no pudo esconder el orgullo que sentía al haber dado un pequeño paso tan grande en la igualdad de género, junto a su mujer, compañera y gran amor de su vida.

El joven salió de casa, recién arreglado y aseado. Pese al día tan importante que era no vestía de un modo especial. Si acaso su camisa favorita azul, que si bien tenía el aspecto clásico de conciudadano “compañero”* poseía una cierta unicidad exclusiva, quizás por no ser de confección industrial. El cineasta, en particular, le tenía manía a esos pseudo-trajes que utilizaban ciertos académicos y altos técnicos. Le recordaban excesivamente los “traje y corbata” típicos de los capitalistas de principio de siglo XXI. Cada vez que veía un conciudadano de esa guisa, reflexionaba sobre lo mucho que quedaba por avanzar en la construcción del socialismo democrático. Sin embargo, recientemente, y en este mismo sentido, se alegraba mucho del Nuevo Plan Educativo aprobado por la Asamblea Popular Ciudadana que le parecía iba en la buena dirección. El nuevo plan profundizaba la responsabilidad democrática y social de los centros educativos. Le agradó, en particular, la noticia de dejar como opcional la presencia o no de uniformes a la votación del Consejo Popular de Docentes, Tutores y Discentes (CPDTD) y también permitir en manos del mismo organismo la elección de las alteraciones arquitectónicas del centro según el decurso de las necesidades de los usuarios y la ciudadanía adyacente a la escuela o instituto. Un paso adelante también era el nuevo sistema informatizado de datos instantáneo y vinculante mediante las votaciones de alumnos, tutores, docentes y vecinos. El nuevo sistema tenía un lenguaje informático “Astrad-Constructo” que era uno de los cuales todo alumno de primaria debía conocer para poder pasar de ciclo. De uso sencillo, permitía que todo usuario pudiera consultar cualquier documento oficial del centro al instante, a excepción de las notas de los compañeros, que podían estar abiertas o no a consulta, dependiendo del permiso del interesado. Este lenguaje también permitía modificar el propio sistema de gestión y muestra gráfica a iniciativa de cualquier alumno mediante votación mayoritaria de la comunidad educativa. A no ser que hubiera un motivo especial, las votaciones, que se consideraban el más alto compromiso conciudadano, se realizaban una vez cada quince días en Primaria (más limitadas) y un día a la semana en Secundaria. Los alumnos se trasladaban con el tutor a una sala de comunicaciones homologada y tenían el tiempo necesario para realizar todas las votaciones pendientes y recoger el material informativo para las futuras ya convocadas.

Mucho había cambiado desde el principio de la Revolución Socialista Democrática, (“la Revolución” a secas como todo el mundo la conocía). Los historiadores todavía no se ponían de acuerdo cuándo comenzó. Para algunos la Revolución comenzó cuando las élites pasaron a la ofensiva directa durante las llamadas Semanas Trágicas * . Para otros en cambio, el epicentro radicaba en el día del triunfo electoral de la Alianza; mientras que para otros (minoritarios), se situaba cuando la última inauguró su coalición electoral y dio pistoletazo de salida a su original método de difusión ciudadana.

La Alianza Socialista Anticapitalista, llamada por todos ASA o simplemente Alianza, fue una coalición electoral que mantuvo el poder durante los 18 primeros años revolucionarios. Consistía en una unión de sensibilidades que provenían de la izquierda clásica como marxistas, anarquistas, ecosocialistas, cristianos de base y un largo etcétera que normalmente habían estado fragmentados y/o peleados en diversos grupúsculos. Por primera vez se unieron bajo la bandera común del anticapitalismo y la democracia radicalmente de base y en control permanente de sus “líderes”. Consiguió aglutinar las luchas dispersas de las resistencias al modelo capitalista, hasta entonces fragmentadas, en muchas ocasiones sin ningún programa en positivo más allá de la débil resistencia a los permanentes ataques de las élites del Capital. 8 Fue creada doce años antes de lograr la mayoría que les llevaría al gobierno. Si bien ganó las elecciones legislativas tres años antes en voto popular, mediante un pacto entre los dos partidos mayoritarios (progresistas y conservadores nominalmente), fueron apartados de la presidencia. Tanto primero la monarquía, como después la República burguesa que la substituyó, como los poderes fácticos internos (Iglesia, élite estatal de capitalistas terratenientes, industriales y financieros) y externos (la CIA, diversos servicios secretos, mercenarios, la élite trasnacional y sus multinacionales, etc.) presionaron para impedir el nombramiento de la aliancista Alizia García como presidenta del gobierno. 9 Los principales medios de comunicación, en propiedad de las élites, hicieron la llamada Guerra de 4ª Generación intoxicando a la opinión pública 10 y se sucedieron una serie de disturbios por el país que fueron achacados a “militantes exaltados” de la ASA. Varios de los más importantes fueron injustamente encarcelados. Pero eso no hizo sino echar más leña a la locomotora que ya era la ASA, la cual más pronto que tarde estaba llamada a tomar el poder. Ante la represión, una gran parte de la ciudadanía pasó de la simpatía a la militancia aliancista y en las siguientes elecciones anticipadas, su triunfo fue demoledor consiguiendo 2/3 de la la antigua Asamblea (llamada por aquel entonces Congreso de los Diputados). Fue a partir de ese momento cuando los sucesos revolucionarios se sucedieron sin descanso. Esos difíciles pero apasionantes primeros años de la Revolución fueron bautizados como la “Explosión Ciudadana” llamada también por algunos sociólogos, de un modo más técnico, como “La Revolución contra las Élites”.

El mérito de la Alianza no sólo pasó por recoger y dar sentido a miles de luchas fragmentadas; 11 sino de vehicularlas de un modo radicalmente original, comprometido y democrático, alejado de viejas consignas que ya nadie entendía como la “Dictadura del Proletariado”. 12

Marc pensaba sobre todo esto mientras viajaba en el tranvía solar por las calles de la “Avinguda Diagonal”. Ciertamente eran imágenes que se le pasaban por la cabeza, vistas en diversas proyecciones, noticias de la época y numerosos materiales que había tenido que trabajar para el documental. Le daba lástima porque se vio obligado a desechar bastante metraje ya grabado o secuencias de archivo interesantísimas que había encontrado el equipo técnico, pero su idea original consistía en que no pasara de las dos horas de metraje y al final la película sumó casi tres.
A pesar de la larga duración, el documental tenía un ritmo magistral. Abarcaba desde los últimos años del capitalismo con la formación de la Alianza hasta llegar a la actualidad. Pero el grueso del metraje lo ocupaba el período más intenso de la Revolución. A veces suave, otras intrépidamente dinámico, por momentos profundamente reflexivo, siempre emocionante; dirigido por la mano de una joven promesa con talento a raudales como era Marc.
La película se llamaba “El fin de las élites”. Por una parte, se componía de imágenes de archivo totalmente reeditadas en un montaje muy personal e innovador. Por otra, se intercalaban entrevistas actuales con testigos vivos de aquellos años y otras históricas (con personalidades ya fallecidas). Toda la fuerza visual de la obra radiaba del magistral montaje realizado por Marc y uno de sus amigos, Pere Montero. Pere era la otra cara de la moneda del acabado de la obra. Realizador y montador de su edad, amigos desde la infancia en las calles del barcelonés barrio de Marina. Desde entonces Pere no sabía vivir sin Marc, y éste último aunque fingía no saberlo, tampoco sin Pere. La amistad se transformó en pareja artística de hecho. Se complementaban hasta el punto que hubiera sido imposible la realización del documental sin la presencia de uno de los dos profesionales.

La grabación de las entrevistas fue sin duda lo más satisfactorio del proceso, tanto para Marc como para el equipo artístico y técnico. Allí fue donde más aprendieron. El lugar donde sentían a la historia palpitar en carne y hueso, con el sentimiento único de individuos que la hicieron, con mayúsculas; frente a frente del joven equipo técnico que sería el encargado de hacer de mensajero para que las nuevas generaciones mantuviesen prendida la llama de la utopía. Utopía como lanza, utopía como escudo, en defensa ante riesgos objetivos que se hallaban latentes en su sociedad y en el mundo. Riesgos que ponían en peligro los logros comunitaristas conseguidos, toda la solidaridad tangible que impregnaba la sociedad donde vivía Marc. “Todo lo que anda puede ser desandado”, le recordaba siempre su abuelo.
Aun así, esos testigos privilegiados que pudieron entrevistar, fueron los primeros que hicieron una historia que, por primera vez, a pesar de todas las contradicciones y peligros que persistían en la sociedad, se hizo desde abajo y fue ganada por los de abajo. Frente a “los malos” de siempre, frente a las élites. Estaba siendo ganada día a día, por héroes anónimos, por la ciudadanía consciente, nunca más masa 13 sino ciudadanía activa y valedora de sus derechos. 14 O eso decía, al menos, la Constitución en su preámbulo.

“Politik”

De repente un brusco ruido volvió al joven realizador al mundo real. Eran los frenos del tranvía y la voz de la operadora diciendo “benvolguts conciutadans, aturada George Orwell”. Aquí era donde Pere le dijo debía bajar. Presto se dirigió a la salid,. Iba bien de tiempo pero prefería localizar la habitación del hotel en la que tendrían lugar las entrevistas y esperar él a los reporteros, hacerse con el entorno, familiarizarse con el “escenario” para sentirse más cómodo.

Entró por la puerta del hotel y accedió al hall. Preguntó al recepcionista que nada más verlo lo reconoció y le dio las llaves de la habitación. - La 115 Marc, ¡ánimo compañero y suerte!- le dijo el gigante barbudo de cabello largo con aspecto de bonachón. Desde que salió en las Noticias de la Confederació Catalana y le hicieron el reportaje en “Setmana Passada”(magazine muy popular en la principal cadena confederativa), Marc se había hecho muy conocido, sobre todo entre los jóvenes más participativos de la antigua ciudad condal. Al llegar a la habitación se sorprendió de su amplitud y se preguntó por qué no se habían realizado todavía las disposiciones necesarias para fragmentarla y tener dos estancias tal como exigía la “Ley de Reordenamiento Espacial” aprobada en referéndum hacía ya más de 15 años. Según la citada ley, cualquier espacio habitacional de los antiguos hoteles comerciales, debía ser reconfigurado una vez pasara de los 150 m2. y segmentado en la medida de lo posible en dos habitaciones o bien aprovechándolo de otra manera siempre que las condiciones técnicas de la estructura lo permitiesen. Mientras lo pensaba, sonó el teléfono. Era el recepcionista del hall diciéndole que ya había llegado su amigo Pere con la periodista de la revista “Politik”. Unos segundos después oyó al otro lado de la puerta que se abría el ascensor dando paso al inconfundible timbrillo de la voz de Pere hablando con la chica. Inmediatamente pensó que por la extraña excitación con la que le hablaba, sin duda la reportera sería joven y quizás hasta le habría gustado. Marc se la imaginó atractiva, pero el joven cineasta se equivocó. Al abrir la puerta y dejarlos entrar, Marc se quedó fascinado, jamás había visto nada igual. Y no porque fuese guapa, que sin duda lo era, sino por su forma de “existir”. Desde que entró por la puerta, el catalán se quedó allí observándola cómo recogía los cables, repasaba las notas, orientaba el foco de luz, hablaba por el comunicador. Se sentía como petrificado por el espectáculo que estaba presenciando. Le pareció que admirar a esa mujer haciendo cosas tan usuales nada tenía que envidiar al mejor ballet o sinfonía clásica. Estaba fascinado con la fémina y se preocupaba por si no conseguiría disimularlo durante la entrevista que en breve debían comenzar.
Hace mucho que no le pasaba nada igual, pero lo cierto es que tenía un nudo en la garganta. La fascinante chica iba con el cámara, un hombre llamado Heinz, sin duda de ascendencia germana por su pronunciación del inglés. Pero a diferencia del camarógrafo, a la chica de piel oscura y pelo ensortijado no se le notaba el mismo acento que al alemán, sino otro más próximo.
La atractiva periodista se acercó a Pere (espiada mal disimuladamente por la atenta mirada de Marc) y le dijo: -ya estamos preparados-. -¡La chica hablaba castellano!, sorpresa tras sorpresa-pensó Marc. Mientras la representante de la revista “Politik” tomaba asiento, Marc reflexionó para sus adentros lo que distaba ese ser humano de la llamada “mujer panestadounidense” del viejo libro del sociólogo Mills, que tanto le había influido para realizar su película, para entender el pasado. Aquella celebridad “con aspecto de mujer cara que se considera así mismo cara” 15. Martina era la antítesis de ese tipo y no precisamente porque no fuera guapísima, sin duda lo era. Pero aquella mujer no necesitaba poner precio a su belleza, porque sencillamente no lo tenía. No sólo era su físico sensual, la melodía de sus movimientos, la sinceridad de sus gestos o la profundidad de su mirada; esa conciudadana irradiaba belleza y naturalidad por cada poro de su piel. Todos los hombres presentes en la habitación lo percibían y pese a disimularlo, no podían sentirse ajenos a su irresistible atracción.

Pere le hizo una señal a Marc, éste se acomodó en el sillón, Heinz encendió la cámara y comenzó la entrevista...

Martina

Martina Mendoza Liebknecht, hija de padre colombiano emigrado a Stuttgart y madre alemana. Su abuelo fue un importante narcotraficante en Cali desde donde financiaba diversos grupos paramilitares contra las guerrillas izquierdistas de principios de siglo. Odiaba a los guerrilleros desde lo más profundo de su ser, los consideraba “cucarachas”, “enfermos mentales”, “asquerosos”, “una plaga de mediocres revoltosos” que “eran peor que animales salvajes”, “bestias a eliminar”. Aunque a veces, Luis Manuel, como se llamaba el viejo (también conocido como el Señorito de Blanco por su estúpida manía de ir a todos partes disfrazado de ese color), tuvo que ceder con los guerrilleros. En ocasiones, se vio obligado a pagarles un tributo “revolucionario” en las zonas que ellos controlaban. “Business is business”* pensaba para tranquilizarse. Luis Manuel Mendoza Samper odiaba a la guerrilla, pero Luisito odiaba a su padre. Luisito era el hijo único reconocido del narco y se atrevió a traicionar la confianza de su padre haciéndose revolucionario en Colombia, guerrillero en la selva. Fue el mayor dolor que pudo sentir el Señorito de Blanco, no porque lo amase profundamente; lo quería a su manera, pero más fuerte sentía el dolor de la deshonra y el ridículo que para él significaba delante de los otros narcos, que su propio hijo, sangre de su sangre, pasara a las filas del enemigo. Sabía cómo se reían de él a sus espaldas y no lo soportaba. Por eso mismo necesitaba acallar aquellas risas que resonaban incesantes en su paranoica cabeza de viejo rico que nunca debió mezclar los negocios con la vida, la cocaína con su cerebro. Para un hombre que lo podía comprar todo, la paz se le tornó un bien muy costoso al que finalmente halló su precio: la cabeza de Luisito. Este último por su parte, se hizo un alto comandante de la guerrilla en el Departamento del Valle de Cauca, con tan sólo 24 años. Tenía una inteligencia y capacidad de liderazgo fuera de lo común. Era muy querido por los camaradas, por su trato dicharachero y fiel. Escribía poesía en sus pocos ratos libres y era un orador excepcional. Consiguió evitar la muerte en varias ocasiones, enviada de la mano de mercenarios que se infiltraron en las filas insurgentes para llegar hasta él, la mayoría contratados por el Señorito de Blanco.
Así pasaron los días hasta que a principio de los años treinta, durante un enfrentamiento contra el Ejército Colombiano y sus “asesores” gringos, resultó herido. Su padre no tuvo nada que ver. Después de unos días en la selva, sus compañeros tuvieron que trasladarlo a un hospital de Stuttgart para evitar amputarle la pierna izquierda, porque en la selva no tenían medios adecuados y en ese hospital trabajaban dos ex-compañeros que dejaron las armas pero nunca perdieron el vínculo.
Allí fue donde Luisito conoció a la doctora Liebknecht, de nombre Angela. Inconformista galeno que militaba en el Partido Comunista, familia de un insigne revolucionario alemán de nombre Karl, líder junto a Rosa Luxemburg de la Revolución Espartaquista de 1919.

Al final Luisito se quedó con su pierna izquierda y encontró su mano derecha en el amor de Angela, que atraída por la pasión (y autenticidad) revolucionaria del colombiano, cayó en su red irremisiblemente. O quizás fue al revés.
l principio Luisito, con su conciencia “de machito” pretendía “darle candela a la doctora blanquita” y volver con sus compañeros a la selva. Pero lo cierto es que una vez volvió a Colombia, lo que no había conseguido el Ejército Colombiano, los paramilitares, ni los mercenarios de su padre, lo consiguió la Doctora Angela a más de 15.000 km de distancia y sin mover un dedo: sacarlo de las selva.
Luisito volvió a Alemania y se quedó allí con su amor mientras trabajaba en campañas de sensibilización en Europa por el proceso de paz en Colombia. Su padre nunca lo supo y murió a los pocos meses de un infarto. A los pocos años de llegar a Alemania, y a pesar de que jamás pudo ni presentirlo, Luisito tuvo un importante papel como destacado miembro de las comunas revolucionarias de Stuttgart, a las órdenes, por cierto, de su propia mujer en el papel de Coordinadora Revolucionaria de La Comuna de Friedlich dentro de un barrio de obreros inmigrantes. Una vez la Revolución se extendió por varios países europeos, Stuttgart fue de las primeras ciudades en que se establecieron Comunas Revolucionarias unificadas y en solidaridad internacionalista con la Alianza (que ya había tejido su referente europeo). Luisito nunca tuvo muy claro si la revolución le seguía a él o era él quien llamaba a las revoluciones.
Bastantes años después, cuando pasó la época más convulsa de la Revolución, Luisito y Angela, ya de mediana edad, decidieron tener a su único hijo: allí fue donde Martina entró en sus vidas. Antes no quisieron tener descendencia por miedo a las peligrosas situaciones que les tocaron vivir durante los procesos revolucionarios, como ciudadanos de vanguardia que eran, inmersos en todas las luchas: las asambleas de base, las expropiaciones a la élite, la Reforma Agraria, etc. No habrían tenido tiempo para el cuidado y la educación de una criatura, ni tenían por otra parte la certeza que la situación fuese más o menos estable. Cuando los años más duros pasaron y se fue consolidando el sistema democrático de las Confederaciones de la Órbita Socialista, decidieron tener un hijo, antes de que a Angela, con 48 años cumplidos, se le pasase la oportunidad.

La izquierda en el fondo del pantano

- Entonces, ¿por qué comenzar el filme en el 2009? ¿por qué tan lejos?- preguntó con la mirada firme en Marc, como queriéndole hipnotizar para que le fuera absolutamente sincero.
- La respuesta es sencilla.- dijo el chico con una seguridad que intentaba maquillar una calma que en realidad no tenía-. Fue el año en que se dieron las elecciones al Parlamento Europeo en la antigua Unión Europea, en las cuales la derecha ganó por mayoría y los movimientos de extrema derecha dieron un salto cualitativo de representación. La socialdemocracia se hundió, sus elementos más derechistas pasaron a engrosar las filas de los partidos liberales y los más apegados a los viejos valores socialdemócratas pasaron a partidos de izquierda muy críticos con las políticas neoliberales. Como por ejemplo fue el caso de Dier Lienke (La Izquierda) en Alemania, donde los socialdemócratas de izquierda se unieron a los ex-comunistas de la RDA. La izquierda alternativa, la izquierda que apostaba por un cambio de sistema tuvo que reflexionar. Ya eran demasiados fracasos, demasiado seguidos. Desde el final de la URSS, a pesar de ciertas oscilaciones, la izquierda anticapitalista, la izquierda marxista, había cosechado derrota tras derrota hasta llegar a un punto de derrotismo permanente. Hasta tal que algunos integrantes de estos partidos, en especial los más mayores, a base de perder una y otra vez, llegaron incluso a alegrarse cuando su partido no perdía demasiada representación. La utopía había muerto en sus corazones y a penas conservaban la dignidad de seguir siendo los “irreductibles galos” tras la conquista neoliberal. Ese mismo año, 2009, lo fue de inflexión y después de mucho investigar, de oír a los expertos y de “comerme” muchas horas de visionado de material de la época (incluso en DVD) llegué a esa conclusión. De algún modo quizás ese año se plantaron las semillas, todavía dispersas, de la Alianza.

- ¿Y por qué comenzar la cinta con el discurso de una política burguesa?

- ¿Perdón?...¿te refieres a...?

- Sí, sí, a la vicepresidenta del gobierno de entonces, del Reino, ¿cómo se llamaba?...

- De la Vega
- ¡Sí, exacto!, María Teresa Fernández de la Vega 16, vaya lo tenía por aquí apuntado...
- Sí, la razón fue que buscando material de la época me encontré con un vídeo en la que salían ella y el llamado Ministro de Interior de la época, un tal Rubalcaba. Estaban juntos dando los resultados de las elecciones tanto en España como en el conjunto de la UE. Me impresionaron muchísimo los datos de participación, ¡en torno al 45%!...¡eran demasiado poco incluso para esa época! Y la mujer figuraba estoicamente ante las cámaras afirmando que España estaba en la parte alta del sector de los países de la UE y que era una cifra “muy digna”. ¡Muy digna decía! Pero lo más dramático de todo era su gesto. No podía ocultar la decepción, también porque su partido, el PSOE, había sido superado en votos por otro partido de la época, el PP, que aglutinaba a la derecha más auténtica. Por tanto, ese contraste entre sus palabras y su gesto me impactaron tanto que casi desde el principio supe que mi película comenzaría con esas imágenes. Para resaltar la mediocridad patética de la mujer mintiendo a la ciudadanía, como metáfora de la mentirosa democracia capitalista, acerqué, partiendo del material original con un zoom óptico, la cámara a sus ojos, labios y manos, los cuales indicaban más cruelmente la mentira que intentaba “vender”, resaltada por el pixelado de la imagen, que no nos descubre la mentira (ya evidente), sino a la mentirosa.

Tengo entendido que en esas fechas se produjo uno de los primeros hundimientos de los años suaves de la Crisis Global, ¿por qué crees que a pesar de que millones de personas no tenían trabajo no focalizaban su rabia política mediante sufragio a favor de partidos que no defendiesen los intereses de las élites? ¿Qué crees que ocurría?

La incultura política era muy grande Martina, ni siquiera la mayoría sabía bien cuántos escaños tenía el Parlamento Europeo ni para qué servía exactamente, que competencias detentaba, etc... Cosas que ahora nos parecerían incomprensibles. Por otra parte, los ciudadanos más explotados, los trabajadores más precarios, inmigrantes sin derechos, etc.; digamos como decía Lenin “que no tenían tiempo para democracias”. 17 Así de sencillo. Y esto era algo que la izquierda no supo solucionar hasta la llegada de la Alianza. Personas que trabajaban 12 y 14 horas diarias no tenían fuerzas para pensar en política, sólo tenían fuerzas para comer y lanzarse a la cama nada más llegar a casa, porque estaban simplemente “muertas” de tanto trabajar. Era muy difícil dar formación política a estas personas, ¡era imposible materialmente! Además, para complicar las cosas, muchas veces estos trabajadores veían a los izquierdistas, no sin razón, como una mezcla de señoritos con mala conciencia, como si fueran unos iluminados que en su tiempo libre le daba por hacer de “predicadores” pero que, a diferencia de éstos, ni siquiera les daban ninguna ayuda material. La izquierda pese a estar supuestamente atravesada por una filosofía realista y materialista, se hallaba inmersa en una ensoñación idealista permanente y por mucho que criticaba el electoralismo de los partidos comunes, realmente cuando la sociedad sabía de ellos era... ¡en las mismas elecciones que tanto denostaban de boquilla! También hay que tener en cuenta la imbricación del poder político, con el financiero, el mediático y el territorial estaban a la orden del día 18, el sistema se hallaba sino totalmente controlado (por las pocas resistencias ciudadanas que existían), sí casi totalmente. En los tiempos en que el pan estaba aún garantizado y el circo mediático se encontraba en su apogeo, las élites podían dormir tranquilas.

Entiendo. Te quería preguntar también por una escena de la película, en donde a ritmo cada vez más frenético nos llevas por los diferentes recovecos de la ciudad capitalista mientras en el plano sonoro subes los efectos de sonido hasta que la música comercial de la época prácticamente deja de oírse ¿sabes a cuál me refiero?

Sí por supuesto, en la primera media hora...

Sí, esa misma. En ella creas una serie de metáforas visuales en la que precisamente pareces querer hacer notar la preeminencia de la élite en la ciudad como su auténtico feudo, del mismo modo que antes lo era el conjunto de territorios rurales de la nobleza durante el Antiguo Régimen.

Sin duda, yo no lo hubiera dicho mejor. La ciudad era su territorio original, representaba lo mismo que el campo significaba para el feudalismo. 19 Las élites lo controlaban todo, desde el precio del suelo, la propiedad, etc...Tenían una ligazón muy grande entre los poderes políticos, que supuestamente se encargaban de los planes urbanísticos en “beneficio de todos” pero que, en realidad, lo hacían en beneficio de unos actores muy concretos: las llamadas “élites urbanas”. Éstas controlaban el proceso prácticamente de principio a fin: desde su planificación en las oficinas de algún ayuntamiento o despacho de arquitectos de una constructora, hasta su venta a la ciudadanía (con los medios de su propiedad) y por supuesto, en medio del proceso, adquiriendo los contratos para la ejecución de las obras donde los trabajadores solían laborar en condiciones realmente precarias.

De hecho tengo entendido y también en tu filme me parece que haces mención, que hubo un tiempo, a principios de este siglo que termina, que en el Reino de España, la actual Confederación Ibérica poco más o menos, y en particular en la costa mediterránea; se especuló tanto con el precio de la vivienda que los capitalistas, tanto constructores como promotores, no encontraban compradores. Se daba la típica paradoja capitalista en que, mientras había personas que eran expulsadas de sus hogares por no poder pagar las hipotecas a la banca privada, permanecían varios millones de viviendas vacías, sin posibles compradores y sin uso.

Del todo cierto. He aquí la metáfora del sonido, del ruido, que poco a poco va incrementando su presencia y superponiéndose a la falsa música sintética representante del efímero sueño de consumo hipotecado. El ruido al final se hace ensordecedor y a partir de allí comenzamos a narrar la parte en que surge la Alianza... Lo que tú dices no era sino otra forma más de acumulación 20 que algunos autores bautizaron como “acumulación horizontal”. 21
Marc a medida que hablaba, notaba cómo se introducía en el tema, aunque seguía encandilado con la chica, consiguió centrar su discurso y darle una confianza a su voz que sabía perfectamente le daba una seguridad atractiva para el sexo complementario. No pensaba que con Martina fuera diferente, pero lo cierto es que no notaba ningún efecto en su gesto, más bien parecía del todo centrada en su trabajo y eso lo mantenía en una cierta incertidumbre...¿sería lesbiana?, ¿con pareja? , o quizás simplemente ¿no le interesaba en absoluto? Sin embargo, como profesional, la bella periodista con sus preguntas inteligentes, proporcionaba al joven cineasta mucho juego para explayarse en todo lo que le hubiera gustado que le preguntaran siempre. El análisis que estaba haciendo de su obra, alejado del de otros periodistas mucho menos lúcidos con los que había dialogado antes, era del todo adscrito a lo que pretendían comunicar con “El fin de las élites”. En su fuero interno, deseaba que la mayoría de los futuros espectadores pensaran del mismo modo que aquella mujer que lo fascinaba.

La Alianza

Marc, en el pasado número de “Politik”, hicimos un especial sobre la forma tremendamente original mediante la que un partido como la Alianza, en pocos años creció hasta tener más de ocho millones de militantes, de practicamente la nada, de cero. Nuestro especialista en Historia de los Movimientos Sociales, el profesor Hermann Camdessus, realizó un análisis del sorprendente método del “intracomunitarismo” que se generó a partir de una experiencia de un colectivo que la ASA tenía en la ciudad de Terrassa. En la película tenéis algunas entrevistas con activistas que vivieron ese proceso de jóvenes como militantes de esa ciudad, ¿cómo recordaban esos primeros momentos?

Pues con mucha emoción Martina. Fue muy emotivo poder escuchar de sus bocas aquella iniciativa maravillosa, que sin duda, y no es una opinión personal, hizo que la Alianza fuera percibida como otra cosa distinta al resto de partidos políticos de izquierda. Partidos izquierdistas de palabra y reformistas en los hechos (en especial cuando tocaban poder aunque fuese mínimo) , que eran tan habituales durante esa época. A su vez, el intracomunistarismo les sirvió para poder diferenciarse también del sectarismo de los partidos minoritarios de la izquierda extraparlamentaria, divididos en mil familias, cada uno acantonado en su “chiringuito”, con sus banderitas, enfrentados los unos con los otros por la estrategia adecuada para hacer la “revolución” cuando con esa estrategia suicida y fragmentaria no hacían sino alejarla y separarles del pueblo.

Sí, pero... ¿por qué crees que eso cambió?, ¿qué papel jugó el llamado intracomunitarismo que tantas influencias posteriores ha tenido en nuestra sociedad actual como reconocen numerosos expertos?

El intracomunitarismo, a pesar de su indudable originalidad, hundió sus raíces de uno u otro modo en las asociaciones de ayuda mutua que se venían dando en el movimiento obrero con mayor o menor intensidad desde el siglo XIX, e incluso antes, hasta pasar por el conocido ejemplo de Mayo del 68 del siglo XX.22 Como sabes, el intracomunitarismo consistía en que cada militante con trabajo e ingresos más holgados se hacía cargo de un compañero en aprietos económicos (posiblemente desempleado), con la seguridad de que si esa persona se viese afectada a su vez, rápidamente cambiarían los emparejamientos y sería asignado a un nueva pareja intracomunitaria que pudiera ayudarle. Debían garantizarles comida y hogar como mínimo. No es que la medida fuese la panacea, porque a veces los aliancistas que estaban trabajando no podían casi aportar a la pareja intracomunitaria en aprietos, porque su salario a duras penas les daba para subsistir a él y a su familia. Por ello se creó también un fondo de reserva que venía de las cuotas de cada militante (progresivas según la renta percibida) que ayudaba en estos casos y reorganizaba las parejas de compañeros. El intracomunitarismo creó sorprendentes sinergias producto de la responsabilidad directa y tangible que cada camarada tenía con otro ser humano, con cada compañero. La hermandad entre los militantes pasó de ser “de palabra” a “de hecho”. Siguiendo el pensamiento de Karl Marx, que afirmaba que el ser material condiciona al ser social y no al revés, los aliancistas se esforzaron por llevar a la práctica tales enseñanzas en la medida de sus posibilidades. El intracomunitarismo era una apuesta que se vio descabellada por radical en un principio, incluso dentro de la propia ASA. Pero cuando se comenzó a desarrollar espontáneamente en Terrassa y se observó el éxito e implicación que producían en la militancia y simpatizantes (que luego se hacían militantes buscando esa protección mútua), rápidamente otros colectivos y confederaciones aliancistas la pusieron en práctica, con resultados sorprendentes e inmediatos. En el fondo, era ser socialista desde la resistencia, no esperar la llegada al poder para tener socialismo, sino experimentarlo en cada parcela de elección que pudieran tener como seres humanos. Estaba claro que entre la militancia de la ASA había personas que vivían con más holgura que otras, que percibían diferente renta de su actividad laboral en la economía capitalista. El éxito del intracomunistarismo consistió en poner de una maldita vez en práctica la solidaridad que a los izquierdistas de salón siempre les había llenado la boca predicando mientras, en realidad, vivían plácidamente en sus hogares de clase media, donde nada faltaba. Esto era simplemente insultante, y era lo que hacía que mucha gente de clase trabajadora más desfavorecida se abstuviese e incluso votase a la derecha, a la que al menos, no veían como un grupo de cuenta-cuentos sino como individuos que hacían más o menos lo que predicaban (privatizaciones, agresivas políticas anti-inmigrantes, ayudas a las empresas, precarización de la mano de obra, individualismo rampante, etc.)

Entiendo Marc, sin duda el cambio fue muy drástico. Está claro que la confianza con la que muchos ciudadanos de las clases populares comenzaron a ver a los aliancistas hizo que cada vez se incrementaran en número y pasión reivindicativa. ¿Qué más medidas crees que ayudaron a crear y expandir esta fidelidad?

Creo que también fueron muy importantes todas las actividades de fidelización y autonomía que se englobaban en el concepto de la “Esfera Socialista”. La filosofía que daba sentido al mismo marco teórico de actuación era la máxima que los aliancistas tenían que ser todo lo autónomos que pudieran. Debían luchar por conquistar esa autonomía no al margen de la sociedad capitalista en la que todos, al fin y al cabo vivían, sino al margen de los centros de poder capitalista, de poder burgués, o sea, al margen de sus “ayudas” y “desinteresadas” subvenciones.

¿Te refieres a la negativa de acceder al poder político si no eran mayoría, si no eran hegemónicos?

Exacto. Y no sólo eso, también con el sindicato adyacente que crearon. Cansados del clásico reformismo sindical complaciente y mayoritario, 23 el nuevo sindicato aliancista se negó a recibir ninguna ayuda estatal y se autofinanciaba por completo, ayudado claro está por las actividades económicas de la Alianza. Aprendieron de las experiencias pasadas. Analizaron que los partidos que se autoproclamaban anticapitalistas o a favor de un sistema alternativo, una vez accedían al poder, mediante pactos post-electorales, casi siempre de la mano del partido “progresista” mayoritario, sus líderes tendían a templarse, a olvidar su verbo rojo y a hablar muy parecido a como lo hacían contra los que siempre habían luchado. Además en los casos más decentes, cuando llegaban, en minoría siempre, miembros de estos partidos alternativos a pactos electorales en ayuntamientos o comunidades autónomas (parecidas a nuestras actuales confederaciones) y realizaban una buena labor en favor de la ciudadanía, tampoco servía para nada. ¿Por qué? Debido a la hegemonía del partido mayoritario de la coalición en medios (amigos) y en campañas electorales financiadas por poderosos capitalistas, la ciudadanía solía premiar al alcalde del partido mayoritario, en lugar de al partido minoritario.

Por tanto decidieron no participar de esos gobiernos locales ni regionales, ¿no es así?

No exactamente, decidieron no hacerlo jamás que no tuvieran mayoría. En caso de tenerla, se consultaba con la militancia del colectivo y en caso de no salir con más de un 90% de apoyo de las bases no se suscribía ningún pacto de gobierno y los aliancistas quedaban en la oposición con la cabeza bien alta, dando voz a los sin voz, siendo el altavoz de la calle, la voz de los ciudadanos explotados. Sólo si se superaba el 90% y con mayoría simple, podían acceder al poder. Así ganaron mucha simpatía de parte de la población que ya no los percibía como un partido de charlatanes de izquierda, sino de personas que actuaban conforme a sus ideales, no advenedizos dispuestos a vender a su madre por la poltrona, si me permites la expresión...

Por supuesto - risas compartidas, cruce de miradas. Por primera vez Marc vio que llegaba a la persona que había detrás de la periodista y de tan sólo presentirlo, se estremeció con un sentimiento imbricado de pasión, emoción y nerviosismo adolescente.

Bien, ejem...cambiemos de tema...

No, disculpa Martina, si me permites me gustaría agregar algo al respecto...

Por supuesto, adelante...

Quería decirte que otro aspecto muy importante fue la gestión de fondos en un banco creado por ellos mismos en forma de cooperativa financiera, que además distribuía créditos para formas cooperativas aliancistas de consumo y venta. Estas cooperativas implantaron algunas reformas laborales que propugnaban en aquellos momentos la Alianza para la sociedad. Por ejemplo, estableció para sus trabajadores la jornada de 30 horas semanales sin posibilidades de hacer horas extras. 24 Además, los complementos para los cargos de responsabilidad eran aprobados por el conjunto de la asamblea de cooperativistas y nunca podían rebasar el 50% más del salario del trabajador menos cualificado. Otro punto importante fue impedir mediante los estatutos la contratación de personas no cooperativistas, de ese modo se evitaba la diferencia entre trabajadores de primera y de segunda, tan común en las cooperativas capitalistas existentes por aquel entonces.

Sí, se me olvidó preguntarte sobre ello. La ASA creó una red de comercios minoristas e incluso algunas veces llegaron a controlar la cadena productiva en ciertos sectores de la industria ligera y desde luego, cooperativas ganaderas y agrícolas de consumo que dirigían desde la siembra del fruto hasta su venta final al consumidor. ¿Qué papel desempeñó todo esto?

Un papel crucial para establecer simpatías con las clases populares, para conectar con ellas. Sin duda, algo aprendieron del modelo consejista yugoslavo de mediados del siglo XX. 25 Date cuenta que los precios de estos productos agrícolas eran inferiores, sobre todo para los miembros de la cooperativa. Pero dejaron que personas de fuera de la ASA compraran a un precio superior, pero aún así considerablemente más bajo que en los establecimientos minoristas privados, como los supermercados de la época. ¡Qué mejor manera para demostrar el robo capitalista y predicar con el ejemplo con algo tan directo como las frutas, las verduras o la leche! Esos no eran ya, locos izquierdistas con símbolos del pasado, sino personas con ideales de presente y de futuro que vivían lo más coherente que podían prestando servicio a la comunidad. La conexión fue inmediata, en particular en pueblos con una tradición solidaria no tan deteriorada por el neoliberalismo 26 como podían ser el pueblo de Catalunya o de Hego Euskal Herria. *

Notas:
1) Cita Aspasia. (Domènech, 2004:7)
2) Cita Robespierre. (Domènech, 2004:359)
3) Cita Rousseau. (Señor, 2006:151)
4) Cita Einstein. (Wrigh Mills, 2001:207)
5) Cita de Mills. (Wrigh Mills, 2001:212)
6) Cita Thatcher (Señor, 2006:449)
7) Cita de Buffet (Wolin, 2006:283)
8) Citando a Boaventura de Sousa Santos: “Podrían preguntarnos: si usted no sabe si un mundo mejor es posible, ¿qué es lo que nos autoriza a actuar legítimamente como si lo supiera? El trabajo de traducción es una empresa de imaginación epistemológica y democrática que apunta a construir nuevas concepciones plurales de la emancipación social, según el proyecto modernista. No hay garantía de que otro mundo sea posible, ni de que todos aquellos que no renunciaron a luchar por él lo conciban de la misma manera” (Bensaïd, 2006:18). A esto, Bensaïd le responde que: “El objetivo del trabajo de traducción es alimentar entre los movimientos y las organizaciones progresistas la voluntad de producir conjuntamente conocimientos y prácticas lo suficientemente fuertes y capaces de ofrecer alternativas creíbles para la globalización neoliberal, que no es ni más ni menos que un nuevo paso del capitalismo global para sujetar la riqueza inagotable del mundo en su lógica mercantil” (Bensaïd, 2006:18). Al margen de la última sentencia del francés sobre la inagotabilidad de la riqueza, que no comparto, al menos en términos estricto-cuantitativos, este ensayo de sociología prospectiva/utópica viene a ser un humilde grano de arena dentro de ese esfuerzo por aportar soluciones en el seno de los movimientos sociales que luchen por el cambio de sistema.
9) Los hermanos Fernández Liria y Luís Alegre se muestran meridianamente claros sobre este hecho: “Lo estremecedor es el hecho espeluznante de que, en todo el siglo XX, no podemos poner ni un solo ejemplo de una victoria electoral anticapitalista que no haya sido seguida de un golpe de Estado o de una interrupción violenta del orden democrático, ni un solo ejemlplo en el que se haya demostrado que los comunistas tenían, por tanto, derecho a ganar las elecciones. ¿Los comunistas? No, aquí ha ocurrido como los aranceles en el siglo XIX. Un 1 por 100 de anticapitalismo ha sido justificación suficiente para bombardear el Parlamento en nombre de la democracia. No estamos hablando de algunos casos excepcionales sino de lo que parece ser una ley incontrovertible de la democracia bajo condiciones capitalistas.” (Liria Fernández y Alegre, 2007:193-194) Segudamente los autores nos hacen un ilustrativo repaso histórico más o menos promenorizado de los siguientes casos de esta ley que englobaría la siguiente relación de experiencias “con algún porcentaje de anticapitalismo” lo suficientemente importante para que la élite no lo dejara existir o hiciera todo lo posible para que cayera: Alemania en 1933 con el golpe de Estado de Hitler una vez en el poder ilegalizando todos los partidos y las organizaciones obreras, España en 1936/39 con la Guerra Civil entre La II República y las tropas franquistas, Guatemala en 1944 con Arévalo que durante su mandato recibió 32 intentos de golpe de Estado, Italia en 1948 cuando los comunistas que pudieron ganar las elecciones fueron amenazados por una invasión norteamericana, Irán en 1953 ante un intento de nacionalización del petróleo, Guatemala en 1954 con Arbenz, República Dominicana en 1963 con Bosch, Indonesia en 1965 con el General Suharto ante la posibilidad de victoria comunista, Brasil en 1964 con Goulart, Chile en 1973 con Allende, Nicaragua desde 1979 a 1990 con los sandinistas enfrentados a la Contra, Bolivia en 1980 con la UDP (frente electoral comunista), Haití en 1990 y 2004 con Aristide, Rusia en 1993 ante el golpe de Estado de Yeltsin, Venezuela en 2002 con el golpe de Estado contra Chávez y el embargo actual continuado al pueblo cubano desde la toma del poder del Movimiento 26 de Julio en 1959, entre otras (Liria Fernández y Alegre, 2007:194-211).
10) Dice Chomsky: “En el sistema democrático, las ilusiones necesarias no se pueden imponer por la fuerza. Más bien, se han de instilar en la mente del público por medios más sutiles. Un estado totalitario puede estar satisfecho con niveles inferiores de lealtad hacia las verdades requeridas. Es suficiente que la gente obedezca; lo que piensen constituye una preocupación secundaria. Pero en un orden político democrático, siempre existe el peligro de que el pensamiento independiente se pueda traducir en la acción política, de manera que es importante eliminar la amenaza de raíz. No se puede silenciar el debate, y de hecho, en un sistema de propaganda que funcione adecuadamente, no debería silenciarse, puesto que si queda constreñido a unos límites adecuados tiene una naturaleza que sirve para reforzar el sistema. Lo que resulta esencial es establecer los límites con firmeza, La controversia puede imperar siempre que se adhiera a los presupuestos que definen el consenso de las élites, y lo que es más, debería fomentarse dentro de esos límites, colaborando así al establecimiento de estas doctrinas como la condición misma del pensamiento pensable y reforzando al mismo tiempo la creencia de que reina la libertad”. (Chomsky, 1992:64-65) (N.A: La negrita es mía).
11) Bensaïd afirma al respecto: “Contrariamente a lo que pretenden Michael Hardt y Toni Negri, los Estados nacionales no están en vías de disolución en un gran mercado homogéneo. La crisis ocasiona una re-distribución de jerarquía pudientes, una re-ocupación de territorios, una re-definición de las alianzas, donde la dominación imperialista permanece, y donde la conquista del poder político queda como una palanca esencial en la lucha social en sí misma. La cuestión puesta al relieve en Bolivia, en Venezuela y sus alrededores, de la soberanía energética y alimentaria, no pueden resolverse sólo a nivel de contra-poderes locales; igualmente las relaciones de fuerza para hacer frente a las instituciones del capital internacional (sobre la cuestión de la deuda particularmente) pasan por una centralización política y una coordinación continental de las luchas.” (Bensaïd, 2006:12)
12) Como pasa con los textos sagrados en las religiones, depende de cada corriente interpretativa (desde la Teología de la Liberación hasta el Opus Dei en el catolicismo) que enfatice una parte u otras de los mismos (la que le interese para sus objetivos). En principio, Marx y Engels en el “Manifiesto Comunista” (1848) indican que en la revolución socialista “el principal paso de la revolución obrera será la exaltación del proletariado en el poder, la conquista de la democracia” (Marx, 1999:67) o Engels en los principios del comunismo de 1847 indica que el proletariado “implantará ante todo, un Estado democrático, y, dentro de él, directa o indirectamente, la dominación política del proletariado”. La Dictadura del Proletariado queda sintetizada más claramente en la obra “El Estado y la Revolución” de Lenin (1917) donde afirma: “el desarrollo del comunismo pasa pasa a través de la dictadura del proletariado...” o “(la dictadura del proletariado) no puede conducir tan sólo a la simple ampliación de la democracia. A la par con la enorme ampliación del democratismo, que por vez primera se convierte en un democratismo para los pobres, en un democratismo para el pueblo, y no en un democratismo para los ricos, la dictadura del proletariado implica una serie de restricciones puestas a la libertad de los opresores, de los explotadores, de los capitalistas. Debemos reprimir a éstos, para liberar a la humanidad de la esclavitud asalariada, hay que vencer por la fuerza su resistencia, y es evidente que donde hay represión, donde hay violencia no hay libertad ni hay democracia” (Lenin, 2006:139/140) Pero lo mismo que habla de esto, propugna claramente la necesidad de implantar una democracia primitiva y directa, la revocabilidad de todos los cargos, pagar un máximo de sueldo al más alto funcionario de un obrero cualificado o la reducción de la jornada laboral (Ibídem, 83/84, 85 y 178 respectivamente). Aún así las cosas se fueron complicando irremisiblemente ante la imposibilidad de aplicar de arriba a abajo y de abajo a arriba el llamado “centralismo democrático” que propugnaban Lenin o Mao, que luego, cada vez más, se trasnformarías en burocratismo absolutista opresor, oxidado y rampante que quería hacer pasar por “Palabra de Dios” toda decisión del Buró Político del Partido. El “centralismo democrático” solía/suele funcionar mejor siempre de arriba a abajo (absolutismo, aristocracia, etc), que de abajo a arriba (democracia) mucho más relativo y dependiente de la menor o mayor autenticidad y/o corrupción de los dirigentes respecto al ideario esgrimido ante los dirigidos. La parte que citaba Lenin de reprimir a los opresores también es muy relativa como vimos con el experimento de la “Revolución Cultural Maoísta” que tuvo que ser frenada por Mao ante los excesos de los guardias rojos. ¿Quiénes son los enemigos? Los que diga en cada momento el Buró Político. La prohibición de las tendencias con Lenin, llevada al paroxismo con el estalinismo, sirvió para que muchas veces el enemigo fuera simplemente las cabezas visibles de la tendencia no mayoritaria dentro del Buró Político o los órganos de dirección de los partidos comunistas en el poder. Por tanto, se les debiera presentar urgente a los partidos comunistas que quieran seguir vivos, renovar los restos de centralismo democrático mal entendido junto a Dictadura del Proletariado entendida como Dictadura de SU Partido si quieren salir del óxido perenne en el que se hayan y ser una alternativa significativa y real al capitalismo genocida “realmente existente”. X. Actualmente, por ejemplo, la muy ortodoxa marxista-leninista en otra época, Marta Harnecker, ahora sí, con los tiempos que corren, se desmarca del concepto de “Dictadura del Proletariado”. Al calor de las experiencias de América Latina apuesta por un socialismo plenamente democrático desde la base (Harnecker, 2006:125/127) Y nosotros que nos alegramos que se “haya dado cuenta”. Es cierto, lo que comenta la autora, que en los tiempos de Marx se podía hablar de Dictadura y Democracia al mismo tiempo, no tenía el significado ominoso que actualmente tiene. “Dictadura del Proletariado” era simplemente como decir democracia de la mayoría, como diría Lenin de 9 de 10 partes de la población. Pero como Harnecker dice con razón, nadie cuando tiene sed pide un vaso de H2 O, sino un vaso de agua. Por tanto, decir “Dictadura del Proletariado” es simplemente inintiligible para la mayoría del pueblo al cual nos dirijmos o intiligible contrariamente. En este sentido los partidos comunistas clásicos harían bien por examinar también su obsoleta iconografía que asusta y los ancla en el pasado como coleccionistas de sellos antiguos o simplemente hombres de la era pre-digital, justo como quieren sus adversarios.
13) Como ya constató Wright Mills, la sociedad de masas es una sociedad metropolitana, en la cual la cultura rural se ha ido eliminando, en que los hombres sumamente individualizados, están indefensos cuando les visita algún problema estructural, simplemente no saben qué hacer porque nunca estuvieron preparados o pensaban que eso no les pasaría a ellos (desempleo de larga duración por ejemplo). Como afirma el norteamericano: “(El individuo de masas) sólo quiere participar cuando le corresponda de lo que existe a su alrededor, con las menores moelestias y el mayor goce posible”(Wrigh Mills, 2001:300)
14) Sobre la conciencia necesaria para mantener la sociedad socialista, que bien valdría en este ensayo prospectivo, las siguientes palabras de Rosa Luxemburg que afirmaba: “Las masas proletarias deben aprender y transformarse, de máquinas muertas que el capital utiliza en el proceso social de producción, en dirigentes pensantes, libres, actuantes, de esta misma producción social. Deben adquirir el sentimiento de su responsabilidad ciudadana respecto a la colectividad, única depositaria de toda la riqueza social. Deben mostrar celo en ausencia del látigo capitalista, disciplina sin obligación y orden sin dominación. El mayor idealismo en interés de la colectividad, el espíritu de iniciativa de un verdadero civismo, son para la sociedad comunista una base moral indispensable, como lo son para el capitalismo el embrutecimiento, el egoísmo y la corrupción.” (Luxemburg, 2006:115)
15) Sobre la celebridad panestadounidense: (Mills, 2001:83)
16) Declaraciones de De la Vega: http://www.lne.es/secciones/noticia.jsppRef=2009060700_43_765056__Espana-Vega-asegura-elecciones-europeas-eran-examen-Gobierno
17) Definición de la RAE de “democracia”: 1: Doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno. 2: Predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado. Personalmente entiendo “democracia” atendiendo a su etimología como “gobierno”(cracia) del “pueblo” (demos). En el capitalismo por las desiguales condiciones de disponibilidad temporal y recursos de cada ciudadano componente del pueblo, por la corrupción cada vez más generalizada y el predominio de los intereses de los más ricos sobre de la mayoría, podemos afirmar que no tenemos ninguna democracia o tenemos una de muy baja calidad. Escrito en 1917, el siguiente fragmento de Lenin de su obra “El Estado y la Revolución” no se ha repetido lo suficiente constatada su inapelable vigencia: “La libertad de la sociedad capitalista sigue siendo, y es siempre, poco más o menos, lo que era la libertad en las antiguas repúblicas de Grecia: libertad para los esclavistas. En virtud de las condiciones de la explotación capitalista, los esclavos asalariados modernos viven tan agobiados por la penuria y la miseria que “no están para democracias”, “no están para política”, y en el curso corriente y pacífico de los acontecimientos, la mayoría de la población queda al margen de toda participación en la vida político-social” (Lenin, 2006: 137/138) Como prueba de ello, Lenin pone de ejemplo el país que en su época, tenía a mayor número de trabajadores concienciados y políticamente activos (Alemania): “Pues bien, ¿a cuánto asciende esta parte de los esclavos asalariados políticamente conscientes y activos, con ser la más elevada de cuantas encontramos en la sociedad capitalista? ¡De 15 millones de obreros asalariados, el partido socialdemócrata cuenta con un millón de miembros! ¡De 15 millones de obreros, hay tres millones sindicalmente organizados!” (Ibid, 138) Esto es absolutamente cierto y quizás más que lo será si la Comisión Europea mantiene su intención de alargar la jornada laboral hasta las 65-89 hor.5" µhttp://www.publico.es/dinero/124730/veintisiete/logran/acuerdo/ampliar/jornada/laboral/ue?orden=VALORACION&asc=&aleatorio=0.ml" µhttp://www.elmundo.es/mundodinero/2008/12/17/economia/1229511849.html§, actualmente la iniciativa se encuentra en “proceso de reconciliación” entre el Parlamento y el Conseml" µhttp://www.rtve.es/noticias/20090522/rechazo-generalizado-ampliar-jornada-laboral-por-encima-las-horas-semanales/277546.shtml§ . Por otra parte muchos obreros actualmente laboran muy por encima de la actual jornada legal de 40 horas, en especial los inmigrantes que además tienen menos o ningún derecho laboral. Que los obreros autóctonos. Como ha sido el desgraciado caso de este boliviano que perdió un brazo trabajando en una panificadora valenciana, con jornadas de 12 horas sin ningún día de descanso a la semaml" µhttp://www.lasprovincias.es/valencia/20090612/valenciana/empresa-donde-joven-perdio-20090612.html§ Por tanto, como dice Lenin, ¿qué tiempos tienen estos semi-esclavos para pensar en política cuando además la “política común” le habla de un mundo y una realidad que no es la suya? ¿Por qué se va a interesar en la política de los ciudadanos griegos cuando ellos son esclavos? Por eso mismo, Paul Lafargue ya supo ver en esto una clave en la lucha del movimiento obrero y propuso en su libro “El derecho a la pereza” la jornada laboral a 3 horas al día como máximo, para solventar el empleo y las crisis de producción, sólo que él bajo una óptica socialista. El teórico peruano Carlos Tovar , propone desde hace años la lucha sindical y de todas las organizaciones obreras del mundo, no por las 35 horas, sino por las 4 horas de jornada laboral diarias, queda perfectamente teorizado y justificado en su libro “Manifiesto del siglo XXI” incluido en la bibliografía de este ensayo.
18) Para conocer mejor estas imbricaciones y en particular el funcionamiento de las mismas con la propiedad urbana del suelo consultar el capítulo 10 de la tesis de Maria Teresa Molares, en especial: (Molares Mora, 2005: 284). Para saber más acerca de la división de la élite norteamericana de mediados de los cincuenta, y sus conexiones, entre el directorio político, económico y militar, consultar: (Wrigh Mills, 2001:11/36)
19) “La burguesía somete al campo al imperio de la ciudad” (Marx y Engels, 1999:42)
20) Para consultar definiciones claras y concisas sobre los distintos tipos de acumulación (primitiva, extensiva, intensiva y progresiva) ver Bremond (1985:14)
21) Además de por la especulación y la acumulación horizontal, sobre todo de parte de entidades financieras: “...a comienzos del siglo XXI el territorio se ha desarticulado aún más por la influencia de dos actuaciones: la aparición de grandes urbanizaciones periféricas construidas sobre las grandes reservas de suelo realizadas por los constructores-promotores (Roch y Guerra, 1981) y, en las dos últimas décadas, por la construcción de grandes complejos comerciales y de ocio. La ciudad aparece dominada por el transporte individual privado y por las enormes necesidades de especiao que este modo de transporte genera.” (Molares Mora, 2005:276)
22) En mayo del 68 en Nantes, se produjo como en muchos otros lugares antes, esa solidaridad obrera de la que habla Marc, que debe ser la clave no sólo en tiempos de crisis o huelgas, aquí la reproducimos el siguiente texto de Ernest Mandel: “...para las familias de los huelguistas que se encuentran en las peores condiciones financieras, las organizaciones sindicales les distribuyen bonos de productos alimenticios. Estos bonos equivalen a una determinada cantidad de alimentos. Para cada niño de menos de tres años, un bono por 500 gramos de pan y un bono de un franco de productos alimenticios de consumo corriente. Los sindicatos de comerciantes a menudeo y de farmaceúticos, juntas los bonos que serán pagaderos en las cajas de la oficina de ayuda social. Se lanza un llamado a los comerciantes para que acepten los bonos emitidos, en solidaridad con las familias en huelga.” (Castells y Bermudo, 1979:661)
23) Respecto a la burocratización de los sindicatos y resto de organizaciones obreras dependientes en mayor o menor medida del Estado capitalista, Molares afirma: “...los intereses defendidos por estas organizaciones se indentifican sobre todo con los intereses de la propia organización más que con los de los militantes, los votantes y los trabajadores. La cultura de la imagen y la burocratización del Estado ha transformado las organizaciones de masas en aparatos que dedican una parte importante de su trabajo y de sus recursos como necesidad de reconocimiento y dignificación social.” (Molares Mora, 2005: 77) Quizás esta necesidad de reconocimiento por parte de sus “verdaderos clientes” les venga por el poco reconocimiento que inspiran en sus teóricos valedores/interesados (trabajadores afiliados o trabajadores sindicados). Para conservar el poder que estos supuestos representantes de los trabajadores adquieren a título personal: “...por la necesidad interna de conseguir o mantener poder lo que les lleva a idear constantemente estrategias y alianzas internas para su consecución o mantenimiento. Así las propuestas de transformación del sistema capitalista, la cosiguiente recuperación de los derechos de los trabajadores, conquistados por la lucha del Movimiento Obrero, y la solución de los problemas sociales, pasan a un segundo plano en el orden de los objetivos políticos y sindicales” (Ibid)
24) Para Tomás Moro, ya en 1515, seis horas era lo que debían trabajar al día los ciudadanos en la isla de Utopía:“Dividen el día y la noche en veinticuatro horas justas, dedicando y asignando sólo seis de estas horas al trabajo: antes del mediodía tras el cual van directamente a comer, y después de almorzar, cuando han descansado dos horas, trabajan tres horas más y después van a cenar. Sobre las ocho de la tarde (contando la una a partir de la primera hora después del mediodía) van a la cama: conceden ocho horas al sueño. Todo el tiempo libre demque disponen entre las horas de trabajo, sueño y comida, cada hombre es autorizado a distribuirlo como mejor guste.” (Moro, 1984:60)
25) En el libro “Marxismos” de Wright Mills se recogen importantes textos de la producción marxista entre sus diferentes escuelas, en cuanto a autogestión obrera es de gran interés el siguiente fragmento del teórico del socialismo yugoslavo Edward Kardel, que fue pronunciado en Oslo (Noruega) en 1954, y del cual reproduzco un extracto: “Nuestras empresas son dirigidas por los colectivos obreros, mediante los consejos obreros y mesas directivas...Las elecciones de estas mesas se efectúan por medio del voto secreto...Los consejos obreros eligen mesas directivas que ponen en práctica las decisiones tomadas por los consejos entre una sesión y otra, y llevan a cabo las tareas corrientes de la administración económica de la empresa (...)” (Wright Mills, 1970:390-391)
26) Al igual que el geógrafo norteamericano de orientación marxista, opino que es necesario la formación de una resistencia a la cultura hegemónica neoliberal, antes de poder construir una resistencia política coherente (Harvey, 2007:223). Primero viene el pensamiento y después la acción, de lo contrario nos exponemos innecesariamente a una inmensidad de posible accidentes. Como el tiempo apremia, por lo menos, los movimientos sociales además de hacer o de saber en qué están en contra, deberían tomarse en serio el debate y las propuestas teóricas culturales. De lo contrario seguiremos alejados de la población.

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