jueves, 25 de febrero de 2010

Argenpress Cultural y la crítica de arte

Marcelo Colussi (Desde Guatemala. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Cuenta la historia que alguna vez un grupo de visitantes recorría una afamada galería de arte acompañado de un connotado crítico. De pronto, en el medio de cuadros de atrevida estética, todo el grupo se detiene ante un enorme lienzo blanco en que sólo se veía un punto negro en su centro. Ante la obra, el crítico toma su más histriónico aspecto y, levantando la voz, dice: "vemos cómo aquí el autor quiere significar la infinitud del ser humano, a través de este minúsculo punto negro, ante lo inconmensurable del universo representado en todo este fondo sin color. Con hondo patetismo al par que con una técnica maravillosa, nos transmite la situación de desgarramiento existencial en que nos movemos, dejando ver cómo el microcosmos revela protocatalépticamente el macrocosmos, a través de un manejo sobrio de luces y sombras y con un posicionamiento filosófico profundo en bisectriz dicotómica". Los oyentes de tan sesuda explicación, en respetuoso silencio, asintieron todos con un ligero movimiento de cabeza, y uno de ellos -el que llevaba más cadenas de oro- pidió precio por la obra. Una vez firmado el cheque con el que se vendió esa "pieza única", cuenta también la historia que, ante el asombro de todos, el punto negro del cuadro… salió volando. Era una mosca.

Esta historia -quizá verídica, quizá no, eso no importa- me permite expresar algo que, para mí, reviste gran importancia: me gusta participar como colaborador en Argenpress Cultural porque, si bien esta es una revista cultural, está lejos, lejísimos, a años luz de distancia de situaciones como las arriba pintadas.

¿Quién dijo que una revista cultural debe ser esa caricatura de seriedad como la relatada en nuestra historia? Quién sabe quién lo dijo, pero es evidente que ese prejuicio decide sobre el perfil de muchos de los que se dedican a ese raro oficio de la crítica de arte. ¿Se será mejor y más profundo crítico de arte cuantas más palabras estrambóticas se empleen?

Como en Argenpress Cultural, que si bien es una publicación dedicada a la cultura y al arte, no se cae en ese tipo de estereotipos -risibles, para mi gusto-, por eso, por su frescura y su falta de acartonamiento, es que me gusta participar.

Y ya que estamos, yo que no soy un artista, y muchos menos un crítico, me permito dejar una pregunta: el arte, ¿necesita de los críticos de arte? ¿Para qué?

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No tan alto

Pablo Neruda

De cuando en cuando y a lo lejos
Hay que darse un baño de tumba.
Sin duda todo está muy bien
y todo está muy mal, sin duda.
Van y vienen los pasajeros,
crecen los niños y las calles,
por fin compramos la guitarra
que lloraba sola en la tienda.
Todo está bien, todo está mal.
Las copas se llenan y vuelven
naturalmente a estar vacías
y a veces en la madrugada,
se mueren misteriosamente.
Las copas y los que bebieron.
Hemos crecido tanto que ahora
no saludamos al vecino
y tantas mujeres nos aman
que no sabemos cómo hacerlo.
¡Qué ropas hermosas llevamos!
Y ¡qué importantes opiniones!
Conocí a un hombre amarillo
que se creía anaranjado
y a un negro vestido de rubio.
Se ven y se ven tantas cosas.
Vi festejados los ladrones
por caballeros impecables,
y esto se pasaba en inglés.
Y vi a los honrados, hambrientos,
buscando pan en la basura.
Yo sé que no me cree nadie.
Pero lo he visto con mis ojos.
Hay que darse un baño de tumba
y desde la tierra cerrada
mirar hacia arriba el orgullo.
Entonces se aprende a medir.
Se aprende a hablar, se aprende a ser.
Tal vez no seremos tan locos,
tal vez no seremos tan cuerdos.
Aprenderemos a morir.
A ser barro, a no tener ojos.
A ser apellido olvidado.
Hay unos poetas tan grandes
que no caben en una puerta
y unos negociantes veloces
que no recuerdan la pobreza.
Hay mujeres que no entrarán
por el ojo de una cebolla
y hay tantas cosas, tantas cosas,
y así son, y así no serán.
Si quieren no me crean nada.
Sólo quise enseñarles algo.
Yo soy profesor de la vida,
vago estudiante de la muerte
y si lo que sé no les sirve
no he dicho nada, sino todo.

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De fantasmas y estupideces

Edgar Borges (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Es mucho el empeño que se invierte en hacernos creer que el mundo atraviesa una etapa de libertades. La paz se maquilla tanto como la comodidad. Y más de uno vive convencido de que ni una ni otra cosa es maquillaje; según esa clase mental, el color "rosado desteñido" que se inventó el sistema capitalista es el color que caracteriza a los "buenos" de la mala película que nos vendieron. Y quizá hasta sea el simulacro de color que identifica su sangre. Bendita mentira que en otros tiempos se creyó el cuento de la sangre azul de la realeza. Del cuento mediocre se fabrican las mentiras sociales (y globales). En nombre del uniforme democrático internacional algunos intelectuales gastan cientos de palabras en fabricar fantasmas y generar estupideces. Una y otra vez se reitera el cuento de que la Unión Soviética fue el monstruo del siglo XX. Y con la ceja derecha, elegantemente levantada, se asegura que el terrorismo es el demonio del presente. Sería importante que estos intelectuales, metidos a sabios de la opinión de todos, nos explicaran la causa de la violencia. Tampoco estaría mal que les pudiéramos preguntar: ¿Nos están hablando del terrorismo que se disfraza de Estado democrático o del que, al margen de la legalidad, pierde la cabeza ante las trampas del poder y erradamente comienza a poner bombas? Hoy, para el sistema capitalista, más peligroso que poner bombas es poner ideas.

Hace falta coraje histórico para discutir las heridas sociales de la actualidad. Es más necesario levantar la voz (y las cejas) contra el genocidio que el estado de Israel comete contra el pueblo de Palestina que seguir contando los horrores del régimen nazi; es más honesto debatir sobre la dictadura global y "democrática" que hoy representa el poder instalado en Estados Unidos (adoctrinamiento cultural, tecnológico, financiero y militar) que intentar seguir metiendo miedo con el recuerdo de la Unión Soviética; difícil y dura fue la crisis que originó la recesión de 1929 (así como la que inventó la banca en 2009), pero mucho más dantesca es la sufren Haití, África y Afganistán entre el hambre y la fuerza militar imperialista de éste tiempo (hipócrita) presente.

Me parece más vitalmente contemporáneo denunciar (y resistirse) al imperio estadounidense que invisiblemente arrolla a la humanidad del siglo XXI que cuestionar (por ignorancia) la lucha revolucionaria (que por su dignidad) se impulsa en América Latina. Sólo desde la ingenuidad o desde el chantaje se podría hablar de ecología y de armamento nuclear si no se señala al principal destructor de lo primero y fabricante de lo segundo: Estados Unidos.

El problema (y el reto) de la sociedad global que transitamos no tiene nada que ver con dictaduras clásicas ni nazis fantasmas; el dilema, por el cual se hace necesaria la utilización (y reinvención) de miles de palabras y acciones, es la estupidización de la conciencia. No es cuento, nos están sometiendo a la forma de esclavitud más peligrosa que se haya conocido: la sofisticación de la ignorancia. Si no profundizamos el debate, pronto seremos individualidades críticas rodeadas de millones de masas (como ejércitos del poder) dispuestas a defender, con la violencia de un show de tv, el reino global de la mediocridad.

La memoria puede ser un mecanismo de liberación, pero también de adormecimiento. Darle a la palabra holocausto la exclusividad de un lugar y una fecha es permitir que en la niebla del presente se escondan muchos otros holocaustos. La idea no es negar las atrocidades del pasado; la idea es meter el dedo en las llagas de las atrocidades de hoy. Hasta el fondo, con la belleza interior apuntando hacia las sombras.

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El fin de las élites (Tercer y última Parte) (Un ensayo sobre el principio de la democracia en la sociedad posindustrial)

Jon E. Illescas Martínez (Jon Juanma) (Desde España. Especial para Argenpress Cultural)

Democracias con defectos de fábrica

¿Y las escuelas, no funcionaban un poco de contención de esa cultura pecuniaria, no enseñaban derechos humanos, sociales, políticos?

Muy poco, de un modo muy superficial. 63 Sí se enseñaban los Derechos Humanos de la extinta Organización de Naciones Unidas, los de 1948. También se fomentaba el trato no discriminatorio por razón de género o color de piel. Lo que ocurre que la prédica en la escuela era una y el mundo real era otro muy distinto. En el mundo real no triunfaba el que más estudiaba sino el más egoísta, el que miraba por su interés, el que se enriquecía, el que aplastaba a los demás poniendo por encima su interés personal respecto al colectivo. 64 Había una doble moral que atravesaba la sociedad al completo: la diferencia entre el liberalismo democrático de palabra y el feudalismo económico de los hechos. Pero a lo último que me preguntabas, sobre los derechos políticos, te diré que no se enseñaban absolutamente nada. La docencia de la cultura política brillaba por su ausencia y ese sustrato ayudó a que en algunos países triunfara el fascismo. No se conocían los procedimientos, ni la ley electoral, ni los escaños de las asambleas ni tan siquiera locales, ni regionales, ni estatales, nada, cero. En este sentido en mi película hago un homenaje a la gran tarea que llevaron a cabo los aliancistas, enseñando los derechos políticos a sus militantes, ¡y hablamos de derechos políticos burgueses! Sin duda si no hubiera sido por la ASA muchas de las actuales confederaciones estaríamos en la Órbita Social-Fascista, algunos incluso como países neo-esclavistas. La Alianza Socialista Anticapitalista con su estructura inclusiva, flexible pero radicalmente comprometida, consiguió labrar una hegemonía en las clases populares que les permitió llegado el momento dado, cambiar la estructura mayor: el enjambre superestructural capitalista. Por fin la izquierda aprendió que de nada servía ganar unas elecciones o llegar al poder si antes no se trabajaba desde la resistencia por cambiar las estructuras en positivo, ¡las estructuras de las mismas organizaciones! ¡Cuántas veces la izquierda llegó al poder como un mero partido político y desde allí el capitalismo con sus estructuras y sinergias les ganó una y otra vez la partida! 65

Hablando de esclavos, ¿y los inmigrantes en esas sociedades capitalistas ricas?

Bueno, como tú dices, hablando de esclavos...Pues salvando las distancias, eran lo que hoy son los esclavos en la Órbita Social-Fascista. Ciudadanos sin derechos, trabajadores más dóciles. 66 Tenían además parecida cosmovisión que los individuos autóctonos de las clases populares, si bien por necesidades materiales (necesidad de alquilar y convivir con más personas en una casa, red para encontrar trabajo a menudo controlado por gestores de sus países de origen, etc.) tenían un sentimiento de colectividad más importante. Pero consumían el mismo material cultural de masas que los trabajadores autóctonos.

Sí Marc, pero por ejemplo existían ONG que mostraban también que la solidaridad y la fraternidad no habían muerto en las sociedades neoliberales.

Sí, esto es cierto. Pero también lo es que muchas, no todas, servían a los intereses de la élite como colchón inofensivo de protestas. Su existencia ayudaba a fragmentar las reivindicaciones que perfectamente podrían haberse vehiculado en un corpus político inclusivo, 67 lo cual evidentemente hubiera sido mucho más peligroso para los intereses de la élite. En este sentido, de nuevo, fue un acierto el proceder de la ASA. Los aliancistas abrieron en pie de igualdad con el resto de corrientes políticas, la incorporación de ONG y asociaciones cívicas que compartieran los mínimos anticapitalistas que cohesionaban la Alianza. Además las ONG por sí solas, en un sistema como el capitalista con sus estructuras, no podrían haber eliminado jamás ninguna de las cosas contra las que supuestamente solían luchar (hambre, guerras, destrucción del medio ambiente, etc.) , aunque todo individuo de los países enriquecidos se hubiera afiliado como socio en una de ellas.

¿Y qué opinas sobre aquellos que decían a principio de siglo que la jerga de proletarios y burgueses enfrentados estaba obsoleta, que era más propia del siglo XIX?

Pues, ¿qué puedo opinar? Desde luego les resultaba mucho más provechoso para sus carreras el decir eso que lo contrario. Es cierto que dentro de esas dos grandes clases, habían muy variados estratos y esto Marx lo vio. Lamentablemente el manuscrito de “El Capital” precisamente acaba cuando Marx iba a establecer las gradaciones dentro de esas dos grandes clases. Pero esos autores, algunos autodenominados izquierdistas, que hablaban de un capitalismo sin capitalistas por el mero hecho, ya constatado por marxistas como Gramsci en el siglo XX, 68 de que cada vez fuese más frecuente que los directores de empresa, asalariados al fin y al cabo, fuesen los que gestionasen las propiedades de aquellos, me parece absurdo y terriblemente endeble teóricamente. Era como pretender decir que en una sociedad tan estratificada por las clases y el nivel de renta como la capitalista con su cultura pecuniaria no existiese por primera vez desde el Neolítico una clase dirigente, una élite. Esto era simplemente un contrasentido, una mascarada absurda, un constructo de “soplagaitas” que se la pasaban diciendo que la sociedad de masas era la sociedad de la “clase media” (sic), donde todos tenían derechos laborales y vacaciones pagadas, cuando desde el principio del neoliberalismo en el último tercio del XX la precarización de derechos laborales era una constante en los países del centro del sistema capitalista.

El estreno

Marc pasó la tarde contestando preguntas de los diversos medios que se acercaron al hotel para entrevistarle. Las conversaciones acabaron a las seis de la tarde. La proyección se realizaría a las diez de la noche. Así que pensó en salir de casa a las nueve y para las nueve y media ya estar en el Gran Cine Popular. Le había dicho a Pere que necesitaba descansar un poco y prefería estar solo hasta la proyección, donde se verían en el cine. Lo cierto es que Marc siempre se imaginó ese momento desde que se enteró que su película había sido votada como candidata para los Premios Garai. Se imaginó así mismo yendo de camino al cine en el tranvía solar, de noche, descubierto fugazmente tras las ventanas por las luces de su Barcelona querida. Le pareció muy romántico, tal como él era, sin duda le pegaba mucho.

La película “El fin de las élites” llevaba casi un año en proyecciones de cinemas de barrios, de Centros Populares y Escuelas de Comunicación. Gracias al sistema de votación en Red de la UCIS, había sido propuesta desde la ciudadania como candidata a los Premios Garai de las Artes Cinematográficas. Éste era el premio más importante que se otorgaba a cualquier producción cinematográfica en toda la Unión de Confederaciones Ibéricas Socialistas. El nombre del mismo era en honor al insigne Mikel Garai, director de cine, aliancista euskaldún que murió asesinado durante las Semanas Trágicas mientras se encontraba filmando una de las numerosas asambleas populares que se organizaban en la calle entre los ciudadanos para discutir las medidas a implementar, cuando de repente llegaron unos paramilitares en una especie de vehículo eléctrico de carga y acribillaron a balazos a varios líderes aliancistas, entre ellos el gran cineasta.

La película de Marc, Pere y los demás había sido nominada para varias categorías entre ellas la de Mejor Película y Mejor Director Novel. El sistema de votación era muy sencillo: la ceremonia y todas las películas estrenadas en el Gran Cine Popular serían vistas también por cualquier ciudadano que así lo deseara desde su sistema comunicacional de casa. Una vez proyectadas, un jurado electo popularmente entre miembros de la Academia haría su crítica escrita del filme (que ya la traían de sus visionados particulares) y en ese momento comenzarían las votaciones, tanto desde casa, como entre el público asistente al cine o a las Casas del Pueblo. Era el conjunto de la ciudadanía quién eligía a los ganadores, una vez escuchada la opinión de los expertos académicos. La gestión de los votos era casi inmediata y en menos de cinco minutos, los maestros de ceremonias tenían a los ganadores en sus pantallas personales. Dejaban unos quince minutos mientras la ciudadanía votaba y los presentadores desvelaban el nombre de los afortunados. Y esto sería lo que ocurriría hoy porque siempre, según mandaba la tradición, dejaban para el último día, el de la entrega de premios, la proyección de la película con el director más joven. Marc Sifré i Amin, con tan solo 30 años cumplidos encajaba en ese papel.

Y allí estaba el joven cineasta sentado en el tranvía, mirando a sus conciudadanos en las bellas calles de Barcelona, elegantemente vestida de noche.

En las confederaciones mediterráneas era frecuente salir a pasear después de cenar, con la familia. Marc miraba sus rostros fugaces, pese a que el tranvía iba despacio por las calles. Se les veía felices, descansados, alegres de poder compartir el tiempo con los suyos, en los parques públicos, en los bancos colectivos, caminando hacia alguna sala de conciertos, los niños siempre celebrando con su alboroto la alegría de estar con su familia y amigos. En la UCIS la jornada laboral era de 3 horas diarias, dependiendo de las profesiones, montables hasta un máximo de 6 horas por día. Normalmente la gente solía trabajar de 4 a 5 horas durante tres días a la semana y el resto los tenían para su libre albedrío. Normalmente cada conciudadano se solía especializar en diversas materias, aprendían idiomas, a tocar un instrumento musical, a pintar, al baile o la danza, a investigar libremente, al deporte, etc... Labores que antes de la Revolución sólo se podían permitir una exigua minoría de la población, a costa de la degradación de la mayoría. Ahora toda la cultura era pública y los recintos de uso colectivo estaban diseminados por todas las ciudades socialistas. Mirando a esos seres felices, recordaba una escena de “El fin de las élites” donde se veía a los ciudadanos del mundo pre-revolucionario caminar por las calles, abarrotadas de carteles luminosos, de publicidad capitalista por todas partes. Andaban como máquinas, sin mirarse los unos a los otros, evitándose en un mar de multitudes. Rostros esquivos, alienación ciudadana, masas...gente. Ahora en cambio ya no eran “masa”, ni siquiera “gente”, sino personas, ciudadanos, compañeros, camaradas, hermanos. Antes vivían para la élite. Ahora vivían para todos y precisamente por ello, por primera vez, vivían para ellos mismos.

Quedaban problemas sí, dentro de la Órbita Socialista. Y no digamos ya fuera, en ese mundo de barbarie gobernado por la Órbita Social-Fascista con sus infiernos neoesclavistas; pero aún así, con todos sus tropiezos, se iba por la dirección adecuada. Por primera vez algunos seres humanos vivían en comunidades que iban en la buena dirección, herederas de los mejores valores de la Ilustración. Perfectibles como eternamente perfectible sería el ser humano.

El joven director sentía que con su película estaba aportando su granito de arena a esa historia fascinante de la liberación del ser humano que tuvo una de sus primeras batallas en la Revolución Francesa, con todo lo que ella trajo de bueno, entre otras cosas un primer intento de acabar con la esclavitud. 69 Marc se veía así mismo como un revolucionario en una sociedad afín a sus ideas, pero con el deber de ser un vigilante, de no permitir la involución, que sabía que como todo, una vez superadas las concepciones teleológicas y deterministas de la Historia, podía acontecer. Del mismo modo que algunos países volvieron al fascismo y otros al peor esclavismo posible, ellos mantenían la esperanza colectiva y estaban llamados a liberar a esas tierras lejanas del yugo del capital, de la sociedad de clases, que se resistía a morir.

Llegó a la parada más cercana. El Gran Cine Popular estaba justo enfrente. Mientras se aproximaba a la puerta principal los periodistas se acercaban a hacerle preguntas, pero llevaba el tiempo justo así que contestó educadamente a todas las que pudieron hacerle, hasta que Marc con paso amplio sobrepasó la entrada. Se introdujo rápidamente y llegó a las butacas en donde vio a Pere y el equipo que lo estaban esperando un tanto impacientes. Le hacían señales para que se acercara a la zona reservada para los realizadores.

¡Siempre en el último momento!- le espetó Erica, la directora de fotografía.

De acuerdo, de acuerdo, sabéis que tenéis razón...esto...¿vale un “lo siento”?

Los jóvenes le miraron con cara de que no y ante el rostro de falsa culpa de Marc, el grupo comenzó a reír.

Se instalaron en sus asientos, Marc miró en las mesas reservadas para los periodistas y buscó a Martina con la mirada. -Mierda, ¿estará en Nantes?- pensó para si. Pere, a su lado, lo miraba de reojo y descubrió lo que su amigo se llevaba entre manos. Marc lo miró como buscando una respuesta una vez descubierto. -No, no la he visto- respondió Pere negando con la cabeza. A ver, pensó en mirar los cartelitos, aún quedaban asientos libres, a ver a ver... Repasó los nombres de los medios y ...¡bingo! “Politik”, allí no había nadie. ¡Joder, ojalá viniese, quizás no se hubiera ido después de todo y su compañero de trabajo estuviera cubriendo la versión de “Los Miserables” de su buena amiga Michelle Savary. Súbitamente se apagaron las luces y sonó por el altavoz, “queridos conciudadanos y compañeros, ahora vamos a presenciar la proyección del filme “El fin de las élites”, dirigido por Marc Sifré i Amin, producido por Pere Montero García, con la dirección fotográfica de Erica Moore y con la...

Marc ya no escuchaba las palabras, estaba preocupado porque no sabía si Martina estaría allí abajo en los reservados de los periodistas o por el contrario estaría presenciando el remake de Victor Hugo que había preparado Michelle. Con las luces apagadas no se veía nada desde su posición, tendría que esperar a que acabara la proyección y encendieran la luz de nuevo. ¡Mierda!, Jamás hubiera pensado que en esa situación, en el estreno popular de la votación oficial del proyecto de su vida, estaría con la mente totalmente obnubilada deseando que acabara la proyección y no para conocer los resultados precisamente...¡Qué vida más loca! Por eso mismo le encantaba...

Al finalizar la proyección un sonoro y prolongado aplauso se apoderó de la sala. Era ese tipo de ovaciones sinceras que se diferencian de las de cortesía, tanto por la duración como por la intensidad de la misma. Se sintió emocionado y feliz de estar con sus compañeros de trabajo. La luz se hizo, pero tenuemente, seguía sin poder distinguir si había alguien allí abajo, parecía que sí, pero quizás fuese otra periodista que hubiera ocupado el lugar de Martina. Desde allí no podía ver casi nada. Tenía un nudo fuerte en el estómago y no era por saber los resultados de las votaciones. Los maestros de ceremonia, Jordi Nin y Mònica Minh, salieron al escenario con el sobre de los resultados. Unos redobles de tambor se reprodujeron desde el equipo de sonido, y una música in crescendo abrazó la sala a medida que se hacía la luz...

Y el nombre de la obra ganadora del Premio Garai a la Mejor Película es...

Marc dejó de oir. Allí estaba ella. La luz descubrió sus formas y su rostro. Martina lo miraba fijamente desde los reservados. Sus miradas se cruzaron con fuego y se mantuvieron en una danza inmóvil de pasión contenida. A pesar de encontrarse a más de quince metros el uno del otro, nunca se había sentido tan cerca, ni siquiera cuando estuvieron frente a frente en el hotel. No quiso cerrar los ojos por miedo a que fuera un sueño y desapareciera de su vista. Pero no, era demasiado real, ella estaba allí y lo estaba mirando fijamente desde que se hizo la luz. Sólo existían ellos en esa sala abarrotada de público que aplaudía sin cesar.

Le aplaudían.

Ver también:

Notas:
62. Respecto al dinero como relación social y cada vez más omnipotente en el conjunto de las relaciones humanas en el capitalismo Marx ya afirmaba en el siglo XIX: “La dependencia mutua universal de los individuos indiferentes los unos para los otros constituye su conexión social. Esta conexión social es expresada en el valor de cambio, en el que su propia actividad o su propio producto deviene por primera vez para cada individuo una actividad o un producto per se; él tiene que producir un producto en general -el valor de cambio- o, lo que es lo mismo, dicho valor considerado aisladamente, individualizado en sí mismo, dinero. Por otra parte el poder de cada individuo ejerce sobre la actividad de los demás o sobre las riquezas sociales reside en él en cuanto propietario de valores de cambio, de dinero. Él lleva tanto su poder social como su conexión con la sociedad en su bolsillo.(...) El carácter social de la actividad, así como la forma social del producto y la participación del individuo en la producción, aparece así como algo extraño a los individuos, como algo objetivo; no como el comportamiento de ellos entre sí, sino como subordinación a relaciones que existen independientemente de ellos, y que proceden del encuentro entre individuos indiferentes los unos para los otros.” (Marx, 2002:166-167)
63. Además de formar a los estudiantes de la clase obrera con unos conocimientos laxos para ser futuros trabajadores, la escuela pública desde un punto de vista político no da ninguna formación más allá de la ideología nacionalista, que puede coincidir con el Estado o con la comunidad autónoma o con ambas a la vez. Un ejemplo de ello, quizás más acusado en su influjo nacionalista, lo tenemos en el análisis de la sociedad norteamericana (Wright Mills, 2001:297) El llamado “ciudadano de centro”, el ciudadano medio, el “moderado y razonable”, en la fase capitalista neoliberal con su cultura ideológica hegemónica tiene los siguientes valores morales según Harvey: el nacionalismo cultural (del Estado), la superioridad moral del cristianismo, los valores familiares en realación a cuestiones como el derecho a la vida (eufemismo anti-abortista) y el antagonismo ( o por lo menos la desconfianza permanente) respecto a los nuevos movimientos sociales, como el feminismo, los derechos de los homosexuales, el ecologismo, etc (Harvey, 2007:94)
64. En un sistema corrupto, sólo los más corruptos triunfan y los incorruptos si quieren ser coherentes, o trabajan en un trabajo insignificante en relación al sistema o se enfrentar irremisiblemente al poder. El siguiente discurso de Robespierre es bastante ilustrativo al respecto, es el último fragmento del último discurso que dió ante la Convención Nacional, pocas horas antes que lo asesinaran, todos los historiadores concuerdan en que debido a la sinceridad de sus palabras, no hizo sino adelantar su muerte, pero él ya lo sabía: “Estoy hecho para combatir el crimen, no para gobernarlo. Aún no ha llegado la hora en que los hombres honestos podrán servir impunemente a la patria. Los defensores de la libertad serán siempre proscritos mientras domine la horda de traidores” (Robespierre, 1992:202).
65. Sobre la importancia de las estructuras sociales a la hora de formar (o deformar que diría Rousseau) a los propios hombres: “...las instituciones particulares y los individuos humanos se relacionan con la estructura social en la que representan sus papeles. Aunque algunas veces los hombres moldean las instituciones, las instituciones siempre seleccionan y forman a los hombres. En cualquier época dada, podemos equilibrar el peso del carácter, la voluntad o la inteligencia de los individuos con la estrcutura institucional objetiva que les permite ejercitar sus facultades” (Wright Mills, 2001:97) En ese mismo sentido endogámico, Mills señala lo que él llama “la acumulación de ventajas” de cada generación de los muy ricos (Wright Mills, 2001:111).
66. A continuación reproducimos un estracto de un discurso que Robespierre pronunció ante la Asamblea Nacional el 24 de septiembre de 1791, en el cual defiendía los derechos políticos de los ciudadanos negros que los girondinos querían suprimir y dejar en tan sólo derechos civiles. El texto que reproducimos a continuación es perfectamente válido para las personas inmigrantes sin derechos políticos en nuestras sociedades europeas: “¿Y qué significan -sobre todo en las colonias- los derechos civiles que les dejemos sin los derechos políticos? ¿Qué es en las colonias, bajo la dominación de los blancos, un hombre privado de sus derechos de ciudadano activo? Es sólo un hombre que no puede deliberar de ninguna manera, que no puede influir, ni directa ni indirectamente sobre los intereses más profundos y más sagrados, de la sociedad de la que forma parte. Es un hombre gobernado por magistrados en cuya elección no puede participar de ninguna manera, por leyes, por reglamentos, por actos administrativos que pensan incesantemente sobre él, sin haber usado el derecho que pertenece a cada ciudadano de influir sobre las convenciones sociales, sobre lo que atañe a sus intereses particulares. Es un hombre degradado, cuya suerte está abandonada a los caprichos, a las pasiones, a los intereses de una clase superior.” (Robespierre, 1992:35/36)
67. Respecto a al sentido sociológico sistémico de las ONG, Fernando Díaz Orueta observa: “A esta visión neoliberal se le adapta como anillo al dedo la idea de dejar en manos de las ONG labores de apoyo a la gestión urbana, especialmente en áreas populares. Una vez que el estado no es responsable último de la gestión urbana, se piensa que ésta puede ser una buena solución. Lungo (1992), sin descalificar por completo este tipo de orientación, realiza dos objeciones fundamentales: a) Supone la puesta en marcha en el ámbito urbano de numerosas acciones aisladas, sin un plan que les de sentido, y b) se atomizan las reivindicaciones de los sectores urbanos populares.” (Díaz, 1997:11)
68. Por mucho que los “marxismofóbicos” más o menos enconados se esfuercen por propagar que el marxismo es maniqueo y sólo distingue entre capitalistas y trabajadores, lo cierto es que por ejemplo, Gramsci sí entendió perfectamente la creciente gestión de las empresas por personas ajenas a la propiedad del capital, esto es “no capitalistas”, no propietarios de la empresa en cuestión: “la fábrica ha dejado de estar gobernada por la persona del propietario, para serlo por el banco a través de una burocracia industrial que tiende a desinteresarse de la producción del mismo modo que el funcionario estatal se desinteresa de la administración pública.” (citado en Domènech, 2004:248)
69. Fue la Revolución Francesa la que por primera vez acabó con la esclavitud en las colonias, en concreto en su período revolucionario jacobino, en 1794 (Castells Oliván, 1997:207)

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MARX, Karl: “Antología”, Barcelona, Península, 2002 (1988). ISBN: 84-8307-522-9
MARX, Karl: El Capital (Los tres libros), Madrid, Akal, 2007 (1976 (1867 Libro I)) ISBN: 978-84-460-1222-1
MARX, Karl y ENGELS, Friedrich: Manifiesto comunista, Barcelona, Amelia Romero, 1999 (1996 (original: 1848)) ISBN: 84-8255-015-2
MOLARES MORA, María Teresa: La evolución de la propiedad rústica en Alicante entre 1950 y 1980. Una aproximación interdisciplinar. Alicante, Universidad de Alicante, 2005. ISBN: 84-690-3122-8
MORO, Tomás (Thomas): Utopía, Barcelona, Planeta, 1984 (1977 (1516)) ISBN: 84-320-3904-7
ROBESPIERRE, Maximilien: La Revolución Jacobina, Barcelona, Edicions 62, 1992 (1973). ISBN: 84-297-3482-1
ROIZ, Javier: Introducción a la ciencia política, Barcelona, Vicens Vives, 1980. ISBN: 84-316-1891-4
ROSENTAL, M.M y IUDIN, P.F: “Diccionario de Filosfía”, Madrid, Akal, 1978. ISBN: 84-7339-107-1
SEÑOR, Luís: Diccionario de citas, Madrid, Espasa, 2006. ISBN: 978-84-670-2374-9
SERALLONGA i URQUIDI, Joan: Els moviments socials, segle XIX (I), Barcelona, Universitat Autònoma de Barcelona, 2006. ISBN: 84-490-2424-2
TOVAR, Carlos: Manifiesto del Siglo XXI, Lima, Universidad Nacional Mayor de San Carlos, 2006. ISBN 997246328-1
VILAR, Pierre: “Pueblos, naciones y estados” Hondarribia, Hiru, 2002. ISBN: 84-89753-04-0
WOLIN, Sheldon S.: Democracia S.A, Madrid, Katz, 2008. ISBN: 978-84-96859-46-3
WRIGHT MILLS, C. : La élite del poder, México D.F, Fondo de Cultura Económica, 2001 (1957 (1956))
WRIGHT MILLS, C. : Los marxistas, México D.F, Era, 1970 (1964 (196)

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Cine: Pintar o hacer el amor (2005)

Jesús Dapena Botero (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

NACIONALIDAD: Francesa
GÉNERO: Comedia
DIRECTORES: Jean-Marie Larrieu / Arnaud Larrieu
DIRECTOR ARTÍSTICO: Brigitte Brassart
PRODUCCIÓN: Geraldine Michelotti /Philippe Martin
PROTAGONISTAS Sabine Azema como Madelaine, Daniel Auteuil como William, Amira Casar como Eva, Sergi López como Adán
GUIÓN: Jean-Marie Larrieu / Arnaud Larrieu
FOTOGRAFÍA: Cristophe Beaucarne
MONTAJE: Annete Dutertre
VESTUARIO: Laurences Struz
MÚSICA: Philippe Katerine
DISTRIBUIDORA: Golem Distribuidora
DURACIÓN: 98 minutos
COLOR: Color

Sin duda, el título de la película resulta bastante sugestivo; con él, los hermanos Larrieu parecieran invitarnos a un tranquilo y sensual esparcimiento con una historia simple, tal vez sólo con algunos enredos, los suficientes como para ubicarse en el género de la comedia, salpimentada, en esta ocasión, con la actuación de Daniel Auteuil, Sabine Azéma, la actriz, a quien bien hemos conocido a través del cine de Alain Resnais, el director que le diera un giro decisivo a su carrera, con quien se casaría en 1998 y Sergi López, quienes nos harán pasar de lo lindo en un delicioso divertimento, bien sazonado, a la europea.

Realmente la cinta resulta sencilla y enternecedora, sin mayores aspiraciones, como si los directores nos invitaron a no complicarnos la vida pero, eso sí, a sacar el mejor provecho de ella. Simplemente bastaría pintar y hacer el amor.

Asistimos entonces a una fresca historia en la que la pareja de William y Madelaine, un matrimonio bastante feliz, que lleva varios años de casados, ya en el momento de la prejubilación de él, como trabajador de un servicio de meteorología, se quedan solos porque su hija va a estudiar a Italia y ya, para hacer uso de la edad dorada, deciden pasear por las colinas cercanas de su ciudad, a donde ella lleva su caballete para pintar las puestas de sol, hasta que conocen a Adán, el alcalde del pueblo, un hombre culto pero ciego, quien les muestra una solariega casa en medio de la pradera, que la pareja compra de inmediato para ser aún más felices, con las visitas de Adán y su compañera Eva, quienes son sus vecinos cercanos, a los que los recién llegados ofrecen su casa cuando la de estos se incendia.

Después de treinta años de matrimonio, a pesar del síndrome del nido vacío, de una jubilación que se avecina y de un ocio constante, la pareja de William y Madelaine lleva una existencia tranquila, toman aperitivos con sus amigos, juegan al golf los domingos, lo cual pareciera ser una excepción en este pícaro mundo.

Además disfrutan del paisaje, de la casa, de la noche, del cuerpo, en una vida que recuerda la inocencia del dulce pájaro de la juventud, la cual viene a resultar subversiva y provocadora, a pesar de la levedad de sus actuaciones. Su vida es entonces bastante normal y el tiempo pasa con sus estaciones, entremezclado de recuerdos y novedades; a pesar de estar en el otoño de la vida es como si la primavera estuviera ahí, como en el poema de Porfirio Barba-Jacob, cuando en su Canción de la vida profunda modula:

Y hay días en que somos tan plácidos, tan plácidos... (¡niñez en el crepúsculo! ¡Lagunas de zafir!) que un verso, un trino, un monte, un pájaro que cruza, y hasta las propias penas nos hacen sonreír.

Ellos son una pareja idílica, sin miedos ni reproches.

Cuando a Daniel Auteuil se le propuso la lectura del guión, le resultó muy hermoso, dado el particular universo al que había sido invitado por unos directores que le resultaron muy distintos a la generalidad de los realizadores franceses.

Y aunque poco hablaron antes del rodaje en los Alpes y nunca abordaron el tema de la historia, para no perder el placer de los descubrimientos, que se darían a lo largo de la filmación y dar bien en el clavo con la actuación.

Auteuil no preparó nada; en cierto sentido, dejó mucho a la espontaneidad en el trabajo del guión, en el análisis de las situaciones y en la creación imaginativa del personaje, ya que para Auteuil lo más importante es la interpretación, sobretodo porque éste le caía muy bien, dado su coraje y su capacidad de reacción, con una buena dosificación de su mesurado espíritu de aventura, sin exponerse a riesgos innecesarios ni procurar llegar hasta el límite.

Lo que más le gustaba era que, a pesar de todo lo que pasa a esta pareja, ambos permanecen imperturbables, lo que venía a hacerlos indestructibles. Si el uno era acción, el otro era reposo, mientras iban viviendo sus propias metamorfosis.

Sabine Azema tuvo su reacción aún antes de leer el guión, interesada en la mezcla propuesta por los directores de hacer un filme que combinara el documental con la ficción y hacer el rodaje no en el plató sino en escenarios naturales, en medio de una naturaleza fuerte y violenta, a la que se articulaban dos seres alegres, felices y sensuales.

En el primer encuentro con los directores, ella estaba un poco nerviosa, lo que la puso un tanto logorreica, mientras ellos hablaron poco. La seducía que su personaje, Madeleine, fuera una mujer que atrapaba el tiempo que pasa con una sensualidad exquisita y un gran amor por la naturaleza, que hacían que cada día de la vida fuera un día muy especial; ella no se hundía en la cotidianidad como la mayoría de la gente, ni se dejaba apresar por las preocupaciones, sino que, por el contrario, se sentía siempre bien, con la alegría del animal sano, asunto del que muchas veces no somos conscientes de su valor.

La actriz fue construyendo a solas su personajes, empapada del paisaje y de los museos de la región; para ello le bastaba estar abierta a todo, de tal suerte que los directores podían pedirle lo que quisieran, siempre y cuando, ella no dejara de ser ella misma, de tal forma, que fue para ellos a la vez dócil y salvaje.

Sergi López se sintió feliz al leer el guión, dada su originalidad y su buen humor, además que le gustaba la posibilidad de interpretar a un ciego, cosa que le permitía recuperar la inocencia perdida pues bastaría cerrar los ojos e imaginar; las gafas oscuras le permitirían realzar su ambigüedad, su carga de sensualidad, para hacer un personaje más movido desde la interioridad, dirigido por hombres de una gran sensibilidad, llenos de dulzura y de ideas muy claras como los Larrieu, quienes dan a sus actores una gran libertad, cosa bastante excepcional en el mundo del cine.

Esa misma libertad fue la que fascinó a Amira Casar, a la vez que la película trataba de temas muy entrañables para ella, como la omnipresencia de la naturaleza, que la aproximaba a una especie de montaña mágica.

Para los directores a su vez era todo un privilegio poder contar con la presencia de Sergi López, un actor español, bastante acreditado en Francia, que maravilla al público con sus sutilezas, con el refinamiento de sus emociones, aún cuando los afectos se ponen en conflicto, para lograr un gran lirismo personal ante la cámara.

En esta cinta de los Larrieu, el personaje interpretado por López resultaba lleno de matices, al representar a un alcalde ciego, quien no hacía de la ceguera un drama ni una patología, sino que representaba a un ser audaz, desde el punto de vista del erotismo, quizás hasta llegar a la desfachatez y al goce más pleno, un personaje que le venía al actor como el anillo al dedo, quien contrastaba con un gigantesco Daniel Auteuil, actor viejo y sabio, maestro en una rigurosa economía gestual, que da gran consistencia emocional a sus personajes, hasta constituirse en uno de los más sólidos actores del cine europeo, siempre dispuesto a volver a empezar, a descubrir experiencias, a vivir el erotismo sin límites, tanto en el vínculo con su esposa como con el resto de los seres humanos. Mientras ésta sería representada por una Sabine Azema maravillosa, sincera, capaz de sutiles transiciones en el campo de lo emocional, una maestra diestra para la representación de aspectos tragicómicos de la vida, que sublima a través de su arte, con una tenue delicadeza y una gran inteligencia para unir lo cómico y lo trágico, lo perturbador y lo festivo, a la vez que Amira Casar demuestra su talento dialógico, en una cinta que resulta un festín de generosidad, posibilitadora de la ensoñación, sin demasiada locuacidad, sin filosofías baratas, sino a través de una acción ligera y leve, sin arrogancias, tan natural como el agua que fluye, en el contexto de una red de relaciones para nada peligrosas, en las que las almas se entrelazan con sus cuerpos, en medio del afecto y el amor plurales, donde los unos se buscan a los otros, para buscar eso esencial, invisible para los ojos, que es la comunicación humana, más allá de los criterios del Bien y del Mal, y así poder acceder a un deseo tierno, limpio y conmovedor, que abre las vías a terrenos profundos y espaciosos, en un permanente y continuo diálogo, sin estrecheces morales de ningún tipo, que posibilitan el paso a una ética del deseo en el amor compartido, en un lugar donde el infierno no son los otros.

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El peor de los pecados: la hipocresía

María Etchart (Desde Costa Rica. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Cuando uno se enfrenta a un peligro real, tangible, a una injusticia palmaria, quedan, como bien lo expresó Shakespeare en su memorable monólogo “Ser o No Ser” de Hamlet, dos opciones: la de soportar en la mente las ataduras y flechas del ultrajante destino, o armarse contra el mar de problemas y, oponiéndose a ellos, acabarlos.

En estos tiempos tan particularmente peligrosos y amenazantes que vivimos, se ha ido introduciendo (no por casualidad) un nuevo elemento con el que lidiar: la flagrante hipocresía, con que se cometen injusticias y se va envenenando la mente de las nuevas generaciones, cosa que se haga difícil poder perfilar y nombrar las afrentas y los verdaderos crímenes se vayan diluyendo, cambien de rótulo y terminen por desaparecer de la atención pública para ser reemplazados por otros temas que, incomprensiblemente, logran atraer la atención de los incautos.

Sólo para nombrar algunos, podemos citar las guerras petroleras (oh, perdón, sólo fueron iniciadas para libertar a un par de naciones de sus malos gobernantes), que cuestan en dinero fácilmente imprimible por el Imperio sumas que bastarían para acabar con la miseria de vastas regiones del mundo; el golpe de estado en Honduras, que, tras una reacción escandalizada de gran parte del mundo, terminó en un cambio de gobierno, algunos asesinatos alevosos y el silencio cómplice del pais que seguramente lo instigó.

Siguieron la entrega del Premio Nobel de la Paz al presidente del país más guerrero del mundo, el salvataje a bancos y corporaciones fraudulentas, la presunta ayuda humanitaria a Haití donde ya las empresas contratistas provenientes del norte están haciendo su agosto, el increíble repunte de Wall Street y del precio del petróleo, tras una fingida crisis, tan fingida como lo fue la presunta pandemia de gripe porcina, cuyo principal propósito fue el vender estúpidas vacunas inservibles a todos los países que cayeron en la trampa, o cuyos funcionarios también se vieron beneficiados en estos negociados.

La actitud unilateral y correcta de un policía haitiano impidió que unos angelicales pastores se llevaran niños de Haití , pero también esta investigación se fue diluyendo, no fuera cosa que quedara al descubierto la vergonzosa práctica que organizaciones similares vienen llevando a cabo en países empobrecidos de la región, como es el caso de Guatemala donde misteriosas operaciones se han venido llevando a cabo nada menos que desde el Marriott Hotel, sin que nadie se atreva a realizar una investigación tendiente a desenmascarar con qué fin se trafican estos pobres niños.

Imprevistamente, el Reino Unido comienza a explorar las aguas que circundan las Islas Malvinas en busca de petróleo, se enfría el pretendido acercamiento a Cuba, y se siguen elaborando ataques contra los gobiernos latinoamericanos que no están dispuestos a bajar la cabeza ante el imperio. Todo esto, por supuesto, matizado con temas sumamente importantes, como la infidelidad de Tiger Woods, tan vital para nuestras vidas, o el invento japonés de graduar el volumen de audio con un movimiento de los ojos, los nuevos modelos de televisores y de equipos de comunicación que hacen necesario tirar todo por la borda y comprar nuevos.

Ahora, súbitamente, ha vuelto a la palestra Japón, de quien no se hablaba hace mucho tiempo y se dice es la segunda potencia mundial, y oh, casualidad, la Toyota está enfrentando un problema.

Se habla de todo pero menos de lo que interesa a los indefensos humanos: la reunión de Copenhaguen fue una farsa grotesca y nadie se comprometió a reducir las emisiones tóxicas, en ningún país se está tocando el tema ecológico seriamente, no se educa ni concientiza a los usuarios de vehículos para reducir su uso a lo necesario, se siguen vendiendo todos los productos imaginables con envases descartables sin exigir a sus productores su recolección y reciclado, se sigue envenenando y empobreciendo la tierra con pesticidas, herbicidas y productos químicos a la par que desaparecen las semillas nativas, y se persigue y amenaza a toda la gente de buena voluntad que trabaja para denunciar y comprobar lo nefasta de estas prácticas.

Los contenidos de los programas educativos actuales son de una pobreza vergonzosa, mi abuelo que sólo hizo tres grados de primaria, yendo a caballo a una escuelita de campo en Argentina, tenía una caligrafía, ortografía y redacción superior a cualquier graduado universitario de los últimos años. El sueño de los actuales graduados es conseguir una beca para Estados Unidos, donde proceden a lavarles el cerebro y enviarlos de vuelta a su país de origen a sustentar los valores que allí les inculcan. La enseñanza sólo incluye constantes exámenes que ya vienen impresos y donde sólo tienen que marcar con una X la respuesta que consideran acertada de entre cuatro opciones (una de las cuales es siempre descabellada), y no se estimula de ninguna manera la libertad de preguntar, de indagar, de discrepar, es decir, se procede metódicamente a atrofiar la inteligencia y la libertad de pensamiento.

Como elemento aleatorio a esta versión orwelliana en que nos vamos sumiendo, las religiones se suman en su actitud absolutamente hipócrita: vemos así a un Papa con un rostro botóxico diciendo en Irlanda que las violaciones por parte de sacerdotes son un pecado muy grave pero nada más, mientras los obispos ricamente vestidos ponen caras de asombro ante las revelaciones. Mientras, los mal llamado “evangelistas”, que cada día proliferan más en Latino América, abren nuevas sucursales con distintos nombres que atraen con música y reuniones informales y prometen jugosas prosperidades para sus seguidores que son instruídos incluso en ideas políticas a seguir o rechazar y en el arte de nombrar al “Señor”, mirando hacia arriba con hipócrita sumisión, en cada frase porque así el “Señor” los registra y les envía la cuota de prosperidad solicitada.

Para cerrar este comentario, haré referencia a la ridículamente llamada “guerra al narcotráfico”, con la que se ha teñido de sangre, dolor y corrupción infinita a los países latinoamericanos, que jamás hubiera existido si no hubiera habido una creciente demanda por parte de los países más poderosos. Aún recuerdo un grito que daban los que cargaban de cocaína los transportes en Colombia: “Ahí va tu veneno, gringo”.

Los medios de comunicación de EE.UU. jamás se refieren al creciente consumo de drogas y medicamentos como antidepresivos y similares por parte de su población, como si eso no fuera un problema de ellos, pero sí señalan a los narcos al sur de su país. Es tal la hipocresía que nunca los oí comentar el problema serio que tendrían si se lograra cerrar el paso de drogas o qué harían con los millones de adictos, con lo que me recuerda la famosa “ley seca” en que se desarrollaron organizaciones mafiosas que producian y traficaban alcohol pero sin mencionar para quién estaba destinado ese producto. La misma hipocresía con respecto al juego, que oh casualidad, sólo era aprobado en el estado de Nevada y que ha llenado países de centro América de casinos, y agencias de apuestas telefónicas donde los clientes todos provienen del norte.

¿No sería hora de llamar a las cosas por su nombre, admitir las propias falencias y dejar de justificar la intromisión en asuntos internos de otros países, culpándolos de todo sin hacer la menor auto-crítica y seguir diciendo en sus billetes que “En Dios confiamos”?

Fuente imagen: Enrique Dans

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El incienso en la vida espiritual del vietnamita

VNA

El vietnamita no espera al Tet (Año Nuevo Lunar) para encender un incienso, pero cada vez que viene esta fiesta tradicional lo prende para evocar a los antepasados con la convicción de que existen conexiones entre los mundos real e imaginativo.
El vietnamita antiguo no consideraba la muerte como un fin. El fallecido poeta nacional Nguyen Du (1765-1820) definió la defunción como una pérdida corporal, ya que el espíritu subsiste permanentemente con los hijos y nietos.
Encender inciensos significa abrir un canal de comunicación con nuestros ancestros y esto es muy interesante, declaró a la VNA el profesor de Historia, Nguyen Minh Tuong, en ocasión de la llegada del Año de Tigre (2010).
Según los autores de la obra “Costumbres de culto en familias vietnamitas” publicada en 1996, el espíritu de los muertos influye notablemente en la vida de los vivos. Muchos, por honrar a sus padres fallecidos, no hacen nada de mal y tratan de pensar dos veces antes de realizar un trabajo.
Hasta la fecha, no ha habido ninguna explicación convincente porqué el vietnamita enciende tres inciensos (o un número siempre impar) para rezar ante un altar.
El profesor Minh Tuong explicó que ese hábito viene de la teoría de ¨Tres objetos valiosos¨, del Budismo. Según el Confucionismo, los tres inciensos representan al cielo, la tierra y el hombre y el número 3 es un signo positivo.
Más allá, Minh Tuong insistió en que se trata de un culto propio del destacado discípulo de Confucio, Tan Tu, quien enseñaba que el que está en poder debe tener precaución ante las muertes, en particular, y las pérdidas, en general, para recordar el mérito de los antepasados. Esto es una tradición de lealtad, indispensable para consolidar el poder.
Los vietnamitas del siglo XX levantaron el altar Nam Giao, donde ofrecen cultos al Cielo y la Tierra durante los primeros días del año nuevo lunar. Hoy día podemos presenciar esta ceremonia en la provincia de Thua Thien-Hue, en el centro del país.

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Música: desde el Tíbet, música para la meditación

ARGENPRESS CULTURAL

Nosotros, occidentales, la persona que está leyendo esta revista por ejemplo, poco o nada sabemos del Tíbet. Tenemos una vaga idea, hollywoodense en buena medida, que asocia esa región con misticismo, con meditación budista y monasterios en la cima del mundo, el lugar donde se encuentran los Montes Himalaya y la mayor elevación del planeta, el Monte Everest. En realidad, eso no está tan alejado de la realidad. El Tíbet es una de las regiones del mundo donde tiene más intensidad la vida espiritual. Una parte considerable de su población practica activamente el budismo.

La realidad político-social de la región es compleja. Contra la voluntad de sus habitantes, grandes poderes de fuera del área utilizan a la región como ariete contra el proyecto político de Pekín, por lo que hoy el Tíbet es especialmente conocido como “resistencia” apoyada por Occidente contra la “dictadura” que –según esa visión– gobierna la República Popular China. De sus tradiciones, de su rica vida cultural, hay una lejana idea. En particular, de la música tibetana poco o nada se sabe.

En realidad, la mayor parte de la música de origen tibetano consiste en manifestaciones sonoras que acompañan los rituales tradicionales dentro de los monasterios budistas. En ese sentido, podemos decir que es música religiosa, música sacra. La intensidad y la profundidad de estos cantos, que a nuestros oídos occidentales nos llegan como una creación extraordinaria con mucho de esotérico, es en cambio un hábito cotidiano en la jornada de cada día en el interior de esos monasterios. Oraciones de primera hora de la mañana, oraciones de los atardeceres, y también cantos dirigidos a los diversos aspectos de la manifestación de los budas, la compasión y el amor universal, la sabiduría, la purificación, la energía, la curación, así como peticiones de larga vida, claridad de pensamiento, entre tantas otras plegarias formuladas con recitaciones de palabras sagradas y mantras.

El origen de la música tibetana se remonta al siglo XII. La tradición de la llamada “Mani Lama” (letras de las canciones que representan parábolas budistas) fue iniciada en aquel entonces por narradores errantes. Esas raíces se mantienen hasta el día de hoy.

Los cantos tibetanos normalmente tienen 4-6 sílabas cada uno en cada una de sus estrofas. Su efecto es verdaderamente relajante, apaciguador. Como parte de toda la ceremonia religiosa, transmiten un clima reverencial y solemne propicio para la meditación.

A modo de ejemplo, aquí presentamos algunos materiales ilustrativos. Esperemos que la selección sea de tu agrado (¡pero de ningún modo estamos invitando a abrazar el budismo ni cosa que se le parezca!)



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La pintura de una Niña de la Guerra Civil Española) Plástica: Iberoamérica y la alegría natural





Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Una alegoría del tiempo en
las culturas de Iberoamérica, con el insoslayable mensaje de que los nuevos modelos de desarrollo tienen que trascender el cerco técnico para dar lugar al aporte de pensadores, artistas, líderes comunitarios y educadores, constituye la muestra pictórica de la catalana Teresa Mestres Planas, La Niña de la Guerra, que la comunidad limeña puede disfrutar en este caluroso verano que la Capital del Perú celebra 475 años de fundación.

Se trata de un acontecimiento cultural, que ya Marta Traba, connotada investigadora del arte en América Latina, escribió “La Historia Natural de la Alegría”, libro en cual advierte que América Latina no usa los elementos de su cultura como instrumentos de revelación: “Somos libres por desprecio ajeno”.

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Sobre la película “Andrés no quiere dormir la siesta” - Cine: El terror tampoco duerme la siesta

Demian Paredes (LA VERDAD OBRERA - PTS)

Aunque lo viene haciendo hace ya bastante tiempo –a poco del regreso al régimen democrático-, el cine argentino continúa revisitando el tema de los ‘60/’70, la dictadura 1976-’83 y sus consecuencias. Trabajos de investigación, documentales y ficciones con intenciones diversas se suceden –y han tenido un revival recientemente, por ejemplo con los aniversarios del Cordobazo y Rosariazo- todos los años.
A Matar a Videla, estrenada recientemente (1), se suma ahora Andrés no quiere dormir la siesta, primer obra del santafesino Daniel Bustamante, que se exhibe en el cine Gaumont y varios más de la ciudad. Esta película ya recibió muchos aplausos en varios países al exhibirse en distintos festivales (2), además de varios reconocimientos, premios y menciones nacionales e internacionales desde 2005, cuando era sólo un guión.
Protagonizada por un niño de 8 años (bien logrado por el debutante Conrado Valenzuela), la trama se desarrolla en un barrio periférico de Santa Fe, a fines de 1977 e inicios de ‘78. Allí la cámara sigue muy de cerca de Andrés, hijo menor de un matrimonio separado. La militancia política de la madre y la fatalidad de su muerte serán el inicio de un desvelamiento del resto del entorno familiar: una tía hipócrita; un padre (Fabio Aste) sólo preocupado por su trabajo y la venta de la casa de su ex mujer; un tío bonachón (Juan Manuel Tenuta) y, finalmente, la abuela –interpretada muy cómodamente por Norma Aleandro (3)-, que se jacta, en una discusión, de poder y deber ser, una respetada “doña Olga” para todo el barrio.
Claro que el barrio en esos años tenía, como muchos entonces, una “característica peculiar”: funciona un centro clandestino de detención –que tiene su “relación” con el barrio-. Andrés no quiere dormir la siesta retrata justamente una familia de clase media que sí “dormía la siesta”, que prefería mirar para otro lado, mientras los militares atacaban feroz y criminalmente toda oposición y disidencia al régimen militar (secuestrando, torturando y desapareciendo/exterminando a decenas de miles).
Al mismo tiempo que se desnuda esta cruel realidad de una familia (4) inmovilizada por el terror militar, el director logró refractarla desde las vivencias de un niño. Y tuvo sus motivos: “Mi elección fue mirar la dictadura con los ojos de un chico. Porque un chico tiene una mirada cruel y piadosa a la vez. Y también, tal como se deduce de la película, esa mirada tiene sus consecuencias cuando el chico se convierte en adulto. Porque el protagonista es parte de la generación que hoy conocemos como la del ‘no te metás’”, dijo (5).
En este caso, la película Andrés no quiere dormir la siesta sí se mete con el tema y propone pensarlo desde la “gente común”. Aunque Bustamante haya dicho que es un “relato no politizado” –y que ha tratado de separar “lo emocional” de “lo político” (6)- los personajes delineados han tomado posiciones políticas (y también afectivas, claro: se habla aquí mucho de la vivencia de núcleos familiares y barriales).
En síntesis es una película interesante, que merece ser vista.
NOTAS:
1) Se puede ver la crítica a esta película en La Verdad Obrera Nº 358 (21/01/10).
2) “El filme (...) provocó gran emoción en el público de Montreal, de Trieste, de La Habana y de Mar del Plata (http://ar.news.yahoo.com/s/01022010/30/entretenimiento-noticias-andres-quiere-dormir-siesta.html).
3) “Después de La historia oficial (1985), Norma Aleandro no había vuelto a hacer otra película que estuviera vinculada con la última dictadura militar. ‘No quise. No me gustaron propuestas de aquí ni de los Estados Unidos. Nunca había recibido otro guión que me conformara para hacer algo tan complejo como describir, aunque sea un segundo, esta historia nuestra bastante reciente y muy trágica. En general, o era demasiada superficial la mirada o eran panfletos imposibles de traducir a algo artístico’, explica en diálogo con Clarín. Pero cuando leyó el guión de Andrés no quiere dormir la siesta supo que quería formar parte del proyecto (“Un retrato de la tiranía cotidiana”, Clarín, 29/01/10).
4) Dijo el director que la película “No habla sobre la dictadura sino que transcurre durante la dictadura (...). Ésta no es una película política, de buenos y malos, o de militares. Es sobre una familia en ese momento histórico, que lo que hace, para lo único que sirve el momento histórico, es para exacerbar las características de esa familia en términos de mandato y de educación” (“‘La gente me mostró que es un film duro’”, Crítica, 4/2/10).
5) Ídem 1.
6) Por estos dichos y lo “moderado” en cuanto a “posición política explícita” se refiere por parte del director, el crítico de Clarín, Pablo Scholz, felizmente tituló su nota “Recordando sin ira” (4/2/10).

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La ciudad frustrada

Pedro Antonio Curto (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El ropaje invernal de la ciudad, sus fríos y lluvias, nos colocan ante una serie de dificultades en las que pasear por sus calles con las manos en los bolsillos, hace azuzar nuestros sentidos y agranda nuestras sensaciones. La imaginación puede crecer ante las dificultades. En la novela “El campesino de París”, Louis Aragón nos habla de un paisaje urbano muy visto por el habitante de la ciudad, tanto que éste no puede verlo. Así el escritor francés recrea la mirada del campesino, una mirada original, capaz del asombro y la maravilla. Son los ojos del extranjero, pero de un extranjero que contempla su propia ciudad, las calles mil veces vistas, los lugares comunes de la monotonía habitual de nuestras vidas. ¿Y que puede ver el ciudadano del siglo XXI? Ante todo la ciudad que no existe, la que no es perceptible a nuestros ojos, lo que modernamente podemos llamar ciudad virtual, que puede ser tanto la que fabricamos a través de nuestra fantasía, como la que nos crean y en la que nos encierran.

La urbe actual es un lugar lleno de espejos, los escaparates y paneles publicitarios nos invitan a entrar en lo que es el oficio fundamental de la ciudadanía: ser consumidor. Porque el ciudadano, el votante, y hasta el que participa socialmente, está realizando un ejercicio simbólico que no va a transformar en lo esencial el paisaje urbano, que se rige por otros parámetros. La ciudadanía moderna tiene en apariencia más soberanía sobre el lugar que habita, pero sólo es una ilusión necesaria, porque el ciudadano actual puede tener mayores derechos, posibilidades económicas, comunicativas, culturales...pero se encuentra con una red depredadora como habito de convivencia. Cuanto más grande es la ciudad, más normal es acostumbrarse a ir con el cuchillo entre los dientes. Porque nos han inundado con la teoría de la “competitividad”, abanderada por el neoliberalismo y el postmodernismo como un elemento de progreso, pero en realidad es una forma de depredación social (el hombre es un lobo para el hombre, de Hobbes) donde el todo vale como uno de los valores predominantes, debilita en la practica la calidad de vida común. Y no deja de ser curioso que la era de las comunicaciones, sea la era de la incomunicación; necesitamos de las redes sociales para hablar no ya con un ciudadano que está a cientos de kilómetros, sino con el que vive al lado de nuestra casa. Además esta comunicación se establece cada vez más a través de los estereotipos, de las formas y temas que nos vienen impuestos por un mundo mediático, especialmente el audiovisual. El analfabeto social hoy en día no es quien ignora a Albert Camus o Cervantes, quien no ha contemplado un cuadro de Picasso o escuchado a Mozart, sino quien no está a la orden de los temas futbolísticos o que “pasa” con la nariz de Belén Esteban (conocido personaje del mundo rosa español). Una ciudad donde proliferan terceros y cuartos mundos a nuestro lado, pero de los que sólo nos damos cuenta cuando los contemplamos en la pantalla televisiva.

La ciudad que una burguesía revolucionaria construyese como modelo de progreso social y humano, avanza hacía un abismo de ciudades fantasma cerradas sobre si mismas, dominada por los miedos, tanto los que produce sus conflictos (pobreza, exclusión social, marginación...) como los que nos meten en el cuerpo sibilinamente. No es extraño que la industria de la seguridad sea una de las más florecientes, pues el miedo es uno de los acompañantes esenciales del ciudadano actual. Miedo al otro, miedo al diferente, miedo al futuro, miedo a ser estafado, robado, miedo de nuestros deseos, miedo a la soledad, miedo al miedo. Y la soledad, columna imprescindible de la reflexión para entender el mundo que nos rodea, se ha pervertido por la necesidad de una comunicación banal o se entrega a una consola de videojuegos; eso sí, nos enseña a ser vencedores.

Dice el escritor Mario Mendoza: “Estamos viviendo en ciudades-cáncer donde prolifera lo enfermo y monstruoso, ciudades-máquina que eliminan derechos humanos como si se tratara de una basura maloliente”. Y lo peor es que ni siquiera nos demos cuenta porque esos lugares han creado el espejismo de una belleza estética que contemplamos con pasmoso y pasivo deleite. Pero la belleza, la otra, quizá esté entre las sombras.

Pedro Curto: Escritor español. Autor de la novela “Los amantes del hotel Tirana”.

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