viernes, 30 de abril de 2010

Por el 1º de mayo. Día internacional de los trabajadores: Preguntas de un obrero que lee

Bertold Brecht

¿Quién construyó Tebas, la de las siete puertas?
En los libros se mencionan los nombres de los reyes.
¿Acaso los reyes acarrearon las piedras?
Y Babilonia, tantas veces destruida,
¿Quién la construyó otras tantas? ¿En que casas
de Lima, la resplandeciente de oro, vivían los albañiles?
¿Adónde fueron sus constructores la noche que terminaron
la Muralla China?
Roma la magna está llena de arcos de triunfo.
¿Quién los construyó?
¿A quienes vencieron los Césares? Bizancio, tan loada,
¿Acaso sólo tenía palacios para sus habitantes?
Hasta en la legendaria Atlántida, la noche que fue devorada
por el mar,
los que se ahogaban clamaban llamando a sus esclavos.
El joven Alejandro conquistó la India.
¿Él sólo?
César venció a los galos;
¿no lo acompañaba siquiera un cocinero?
Felipe de España lloró cuando se hundió su flota,
¿Nadie más lloraría?
Federico Segundo venció en la Guerra de Siete Años, ¿Quién
más venció?
Cada página una victoria
¿Quién guisó el banquete del triunfo?
Cada década un gran personaje.
¿Quién pagaba los gastos?
Tantos informes,
tantas preguntas.

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La copla

Atahualpa Yupanqui

Pescador de mar adentro
Mi amigo siempre cantaba.
Un día volvió su copla
Con el adiós de la barca.

Vi correr sangre minera
Por un pan endurecido.
Junto a la mano crispada
la luna se volvió trigo.

No me dé penas la vida,
Me sobra con la que tengo.
Como el quebracho del monte
Sobre el hachazo florezco.

Trabaja el indio en la piedra
Su socavón de silencio,
Y a su sombra se cobija
Mi corazón cancionero.

Lo siento gemir al viento
Cruzando montes de espinas.
Salgo al camino y le grito
Para servirle de guía.

Allá por el cielo arriba
Va la luna lastimada,
Como una copla perdida
Que ya no tiene guitarra.

Trabaja el indio en la piedra
Su socavón de silencio.
Y a su sombra se cobija
Mi corazón cancionero.

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Pachamama: tierra y poesía

Daniela Saidman (Desde Venezuela. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

La Pachamama es la Madre Tierra, toda la naturaleza es su templo, “Apacheta” es el nombre de sus altares, unos montículos de piedra ubicados a orillas del camino

Tierra, mujer, madre, diosa... esa es la Pachamama. Es la tierra madre en el sentido más profundo, más completo y diverso. Literalmente “Pacha” viene del aymara y quechua y significa tierra y, por extensión “mundo”, “cosmos”. “Mama”: madre -es decir “Madre Tierra”, es la gran deidad entre los pueblos indígenas de los Andes Centrales de América del Sur.

La tradición de los pueblos originarios describe a la Pachamama como una mujer de baja estatura, de grandes pies y sombrero alón. Madre de los cerros y de los hombres. Toda la naturaleza es su templo, “Apacheta” es el nombre de sus altares, unos montículos de piedra ubicados a orillas del camino.

Cuando decimos Pachamama, decimos tierra, espacio, tiempo, universo, decimos en fin, nosotros, todo...

Y aunque los pueblos originarios celebran a la Pachama cada 01 de agosto, aprovechamos la declaratoria de la Unesco del Día Mundial de la Tierra (22-04) para rendir tributo desde la poesía a esa mujer que nos permite la vida.

Porque no están y no estamos solos, porque la tierra es hogar, espacio de miles de millones de seres humanos, casa que sufre y nos sufre, que habitamos y nos habita, que nos respira en lo más luminoso y en todas las sombras que somos. “Somos granos de maíz / de una misma mazorca / Somos una sola raíz / de un mismo camino”, cantan los versos del poema “No están solos,” de Thaayrohyadi, escritor y poeta de la Nación Otomí (México).

Cumbre de la Madre Tierra

No es casual que en Bolivia el presidente Evo Morales, inaugurara el pasado martes la Cumbre Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Tierra. Y es que la Tierra, Pachamama cantora, tiene en Latinoamérica a sus hijos y a sus hijas. En Bolivia se realiza la Cumbre, en Bolivia, tierra ancestral que recién empieza a recuperar su mirada y sus sueños, que recién comienza a hacer posible el futuro.

A propósito de este evento, que se espera culmine con un acuerdo que ratificarán los jefes de Estado y miembros de organizaciones sociales que participan en la Cumbre, el escritor uruguayo Eduardo Galeano escribió que la naturaleza ha sido y es, tratada como mercancía o como obstáculo al progreso. Dice que sí, que sí es cierto que hay algunos y algunas que la vemos con tristeza o con lástima, pero siempre desde afuera. Y afirma que “las culturas indígenas la ven desde adentro. Viéndola, me veo. Lo que contra ella hago, está hecho contra mí. En ella me encuentro, mis piernas son también el camino que las anda. Celebremos, pues, esta Cumbre de la Madre Tierra. Y ojalá los sordos escuchen: los derechos humanos y los derechos de la naturaleza son dos nombres de la misma dignidad”.

Poemas a la Pachamama

Las voces de la tierra son voces de las gentes. Las voces de Nuestra América tienen todo el color, la textura, la tibieza y el sabor... de la mirada y la caricia al mundo que debe ser. La palabra necesaria viene desde siempre, viene desde cerca, desde adentro, para decir y decirnos lo que a veces olvidamos... estos versos dicen quiénes y por qué somos, dónde nos duele la siembra y la sangre, dónde el silencio y el hambre...

“Cuando vengas a nuestra tierra, descansarás bajo la sombra de nuestro respeto. Cuando vengas a nuestra tierra, escucharás nuestra voz, también, en los sonidos del anciano monte. Si llegas a nuestra tierra con tu vida desnuda seremos un poco más felices... y buscaremos agua para esta sed de vida, interminable”. Vitorio Apushana (Wayú – Colombia).

Todas las voces, todas... voces del sur, de la tierra herida, de la adolorida Pachamama que se queja. Que nos pide, que nos dice, que se entrega, que es y que somos. Y es que para los pueblos indígenas la tierra no nos pertenece, nosotros le pertenecemos a ella, porque somos su simiente. Somos ella, somos madre y fuego, canto y sueño, árbol y desierto. Y su dolor es el nuestro.

Por eso canta Graciela Huinao, poeta y profesora de la Nación Mapuche (Chile), que “Se rompe mi alma / en angustiado canto de Pewen / y voces antiguas / acuden a mi puerta / pero sólo yo / entiendo sus lenguas / que frías de miedo / surcan la selva / para morir en ella. / Mientras en mis ojos / se pierden / las últimas estrellas”.

Cada instante de la vida transcurre en la palabra. Son los hijos del sol los que saben del origen y del tiempo, de la mano amorosa con que la Pachamama acaricia y desordena los cabellos y las hojas, el agua y los vientos. Estos son poemas del amor primero, del primigenio vientre que nos nace y nos alumbra. Invocan la tierra, porque nombrándola hacen venir el día y caer la noche.

Morela Maneiro, poeta de la Nación Kari’ña (Venezuela), dice río y dice pueblo... dice agua y dice puerto... “En mi puerto contemplando el río / Pasó el gavilán / Pasó la garza / Pasó el paují. / Pasó la ola ondulando su mirada / y en un minuto de siglos…/ fue narrándome cruzando el río, / cómo los pueblos se han liberado”.

Tiempos

Son estos tiempos de memoria. De recuperar el olor de la tierra mojada al alba, de abrir los ojos al horizonte para contemplar la hechura del mundo. Es la hora de la cosecha y de abonar luego la tierra, para que la Pachamama nos regale con mejores frutos. Es tiempo de volver los ojos, de descubrir en cada pisada la humanidad que anda el mismo camino. Somos también de tierra, de maíz y de estrellas, de sol luminoso y de lluvia fresca, somos lo que hoy hagamos germinar en la tierra. Por eso canto a la Pachamama, Madre primera, madre del Mundo, Madre entre las Madres. Tierra y grito, grito y risa, risa y sueño, sueño y futuro.

“Para que la Madre Tierra / no muera / volvamos a danzar / alrededor del Sol / y de la Luna / la danza del cóndor / la serpiente / el venado / dejemos que nuestros corazones / se desborden en cataclismos / y engendremos el vacío / con nuestras palabras / dialoguemos en círculo, en el día / y en media luna, en la noche”, implora el poeta Ariruma Kowii de la Nación Quechua (Ecuador).

SOBRE SALVAJES

“Los pemones de la Gran Sabana llaman al rocío Chiriké-yeetakuú, / que significa Saliva de las Estrellas; / a las lágrimas Enú-parupué, que quiere decir Guarapo de los Ojos, / y al corazón Yewán-enapué: Semilla del Vientre. / Los waraos del delta del Orinoco dicen Mejo-koji (El Sol del Pecho) / para nombrar al alma. / Para decir amigo dicen Ma-jokaraisa: Mi Otro Corazón. / Y para decir olvidar dicen Emonikitane, que quiere decir Perdonar. / Los muy tontos no saben lo que dicen. / Para decir tierra dicen madre / Para decir madre dicen ternura / Para decir ternura dicen entrega / Tienen tal confusión de sentimientos / que con toda razón / las buenas gentes que somos / les llamamos salvajes.”

Gustavo Pereira, poeta, Premio Nacional de Literatura

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Aceptar la estupidez o profundizar en el sencillo acto de vivir para observar y preguntar (Parte II - Final)

Edgar Borges (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

(Texto de la conferencia ¿Por qué quieren matar a Gutenberg? que el autor pronunció el 19 de abril en el Ateneo Jovellanos de Gijón. España).

Segundo acto: Una historia de secuestros comunicacionales

Desde siempre, al no saber exactamente de dónde viene y dónde se encuentra, el ser humano ha tenido necesidad de comunicarse. Sea por símbolos o señales, en el fondo nos mueve la imperiosa necesidad de ser escuchados. Todos deseamos ser mensajeros de nuestras preguntas; admitámoslo o no, en el fondo lo que tenemos son dudas sobre la existencia. Para cumplir este objetivo y sólo este objetivo, como intermediario entre el mensaje (la duda) y los receptores, es que va surgiendo una y otra estructura mediática. Bastaría revisar los inicios de la prensa escrita, la radio y la televisión para comprobar que el impacto que cualquiera de estos medios provocó en el público, más allá de la innovación, fue la esperanza que se le abría a una nueva representación de la comunicación. Sí, representación de la comunicación. Eso es lo que el receptor percibe cuando se detiene ante la prensa escrita, la radio, la televisión o cualquier otra estructura mediática. Para el receptor, la carta de un lector o el testimonio de un espectador representan una cuota de su propia necesidad de comunicación. De ahí el largo enamoramiento que los receptores mantienen ante cada nueva estructura mediática.

Sin embargo, en el tiempo, las estructuras mediáticas fueron creciendo hasta el punto que dejaron atrás el origen representativo de la comunicación. He ahí cuando ocurre el secuestro de la comunicación pública. La televisión desencadena en una estructura contraria a los intereses de los receptores; la radio, si bien cuenta con un poder participativo que le permite su inmediatez, en lugar de basar su crecimiento en esta fortaleza, se limita a diseñar una programación estática y por lo tanto completamente alejada de los receptores. Y la prensa escrita se subdivide en dos grandes campos de acción. Uno, el que imponen los grandes diarios con un perfil editorial cada vez más ajeno a las expectativas cotidianas de los lectores, y otro, el complejo rumbo de los diarios locales que se debate entre contar la realidad de su localidad o copiar los modelos mediáticos globales, que por acuerdos comerciales, ejecutan los grandes diarios. Y es justamente en la imposición de un formato mediático global cuando se desdibuja la misión originaria de los medios, que no es otra sino representar la realidad cercana, la local. Diría que los medios se volvieron una ficción demasiada subjetiva para ser asumida como verdad colectiva.

Para ficcionar está el arte; para contar la verdad colectiva, deberían estar los medios de comunicación. Aquella máxima que se enseña en las escuelas de periodismo y que asegura que “la noticia es que un hombre muerda a un perro y no que un perro muerda a un hombre”, llegó a extremos dantescos. Ahora la noticia es “destacar cuántos hombres muerden mejor y más rápido a mayor número de personas”. Hoy, y cada vez más, los medios convencionales, entiéndase prensa escrita, radio y televisión, nos cuentan malas ficciones disfrazadas de noticias. Yo me niego a creer que la población de cualquier pueblo o país sea como la definen hoy los medios. Pues, si esto fuera así, el planeta estaría al borde del Apocalipsis. Otra cosa es que las grandes estructuras mediáticas, bajo el formato de copia global, condicionen opiniones y estadísticas. Es ahí donde se inventa la famosa opinión pública. Pero es no es representación de la comunicación sino la invención de una realidad. Y ese, reitero, es un objetivo del arte, no de los medios de los medios de información. Y esta situación la describe muy bien el escritor francés Georges Perec en su libro Lo infraordinario, cuando dice: “Quien nos habla, me da la impresión, es siempre el acontecimiento, lo insólito, lo extraordinario: en portada, grandes titulares.

Los trenes sólo empiezan a existir cuando descarrilan y cuanto más muertos hay, más existen; los aviones solamente acceden a la existencia cuando los secuestran; el único destino de los coches es chocar contra los árboles: cincuenta y dos fines de semana al año, cincuenta y dos balances: ¡Tantos muertos y tanto mejor para las noticias si las cifras no cesan de aumentar! Es necesario que tras cada acontecimiento haya un escándalo, una fisura, un peligro, como si la vida no debiera revelarse nada más que a través de lo espectacular, como si lo elocuente, lo significativo fuese siempre anormal: cataclismos naturales o calamidades históricas, conflictos sociales, escándalos políticos…” Y ante esto, Georges Perec reflexiona: “La prensa diaria habla de todo menos del día a día. La prensa diaria me aburre, no me enseña nada; lo que cuenta no me concierne, no me interroga y ya no responde a las preguntas que formulo o que querría formular”.

En medio de este alejamiento que padecen las estructuras mediáticas convencionales con respecto a su objetivo de difusores del mensaje, surge Internet como fuerza anárquica de la comunicación. Sospecho que aún hoy, los dueños de los grandes medios convencionales (incluyendo la industria editorial del libro), que andan de cabeza buscando la fórmula de negociación que les permita sobrevivir al avasallante crecimiento de Internet, no han asumido que cada día con mayor fuerza los usuarios están partiendo a un medio, que como Internet, les está posibilitando convertirse en emisores de su propio mensaje de vida. Y es ahí donde nos encontramos hoy, en el mercado de las redes sociales, como un mecanismo más de los muchos que va ofreciendo al Red Virtual en su veloz camino hacia la interacción. No obstante, cada quien lanza su mensaje y otra cosa es que sea atendido; si todos pasamos a ser mensajeros, habría que ver cuántos de nosotros estamos dispuestos a ser receptores. Y esa realidad, la del mensaje sin receptor, es una realidad avasallante y brutal que crece en una dirección aparentemente insospechada.
A simple vista se pudiera pensar que el fenómeno participativo de Internet cumple, quizá como ninguna otra estructura mediática anterior, la máxima de la “libre” circulación del mensaje. Pero esta aparente anarquía tiene sus consecuencias. El escritor Jean- Claude Carrière define a loa usuarios de este medio como “Informadores benévolos, más o menos capacitados, más o menos facciosos, que al mimo tiempo son también inventores, creadores de información, imaginándose el mundo cada día. Quizá lleguemos a ello, descubriremos el mundo según nuestros deseos, tomándolos (los deseos) por la realidad…” Y como contrapeso, Carrière expone que “un solo testigo no es suficiente para establecer la verdad. Igual que sucede con un crimen. Se necesita una convergencia de puntos de vista, de testimonios”.
Si con los medios convencionales los testigos del crimen, es decir, los receptores, reciben la sentencia en el diseño del mensaje, en Internet el mensaje se anarquiza en la subjetividad de cada difusor. Nadie atiende el testimonio del otro, no hay intercambio de pruebas, sino sobre exposición de mensajes. En otro extremo, distinto al secuestro mediático convencional, igualmente se diluye el contenido del mensaje.

Ante todo este diagnóstico hay que dar un alto y preguntarse: ¿es casual este aparente caos informativo que nos ofrece Internet o es conducido? Si bien no creo en casualidades, mucho menos creo en ellas cada vez que un gurú de la informática presenta su nuevo programa, su nueva máquina o, mejor, dicho, su nuevo negocio. Sobre el tema Humberto eco y Jean-Claude Carrièrre sostienen un importante diálogo. Dice Eco: “La velocidad con la que la tecnología se renueva nos obliga, en efecto, a un ritmo insostenible de reorganización permanente de nuestras costumbres mentales. Cada dos años habría que cambiar de ordenador porque estas máquinas se han concebido exactamente para eso: para que se vuelvan obsoletas al cabo de un período determinando, cuando arreglarlas sale más caro que comprar una nueva. Cada año habría que cambiar de coche porque el nuevo modelo presenta ventajas en su seguridad, extras electrónicos, etc. Y cada nueva tecnología implica la adquisición de un nuevo sistema de reflejos, que requiere nuevos esfuerzos, y todo ello en términos de tiempo cada vez más breves”. Y se pregunta Carrière: “¿Podemos adaptarnos de verdad a un rimo que está acelerando de forma tan injustificada? Por ejemplo, el montaje cinematográfico. Con los video clips hemos llegado a un rimo tan rápido que ya no podemos correr más. Acabaremos no viendo nada. Pongo este ejemplo para mostrar de qué modo una técnica ha generado su lenguaje específico y cómo el lenguaje, a su vez, ha obligado a la técnica a desarrollarse, de forma cada vez más apresurada, más atropellada. En las películas de acción norteamericanas, o en las supuestas copias que vemos hoy en día, ningún plano debe durar más de tres segundos. Se ha convertido en una especia de regla. Un hombre vuelve a casa, abre la puerta, cuelga el abrigo, sube al primer piso. No sucede nada, no está amenazado por ningún peligro, y la secuencia se articula en dieciocho planos. Como si la técnica creara la acción, como si la acción estuviera en la misma cámara, y no en lo que no muestra”. Mientras tanto, en un foro virtual, un mensajero espera que la muerte de lo que el llama “dinosaurios del conocimiento antiguo”. Y resulta que aquí, en la pretendida uniformidad del conocimiento, es donde radica uno de los principales vacíos de Internet.

El conocimiento, como la misma condición humana, ni es instantáneo ni es lineal. Pretender una y otra cosa es cuanto menos un chantaje. Y lo más sospechoso es que los grandes empresarios de la informática no niegan la pretensión de uniformidad, como si esto fuera una virtud; virtud esta, la de la uniformidad, donde capitalismo y comunismo parecieran ser los dos brazos de un mismo cuerpo: el cuerpo del Gran Hermano que muy bien definió George Orwell en su novela 1984. Una sociedad mundial administrada por un sistema invisible, sofisticadamente totalitario. Por otra parte, los grandes empresarios de las llamadas nuevas tecnologías, ante nuestra pasividad, están constituyendo un circuito que pueda engullir la independencia de todas las otras estructuras mediáticas. Nunca antes, como ahora ocurre con Internet, un invento pretendió aglutinarlo todo; nunca la televisión representó una amenaza real para la existencia de los libros o de la prensa escrita; los siempre minoritarios lectores han seguido leyendo independientemente de los éxitos televisivos o cinematográficos. La industria de la televisión nunca le propuso a la de la radio que cerrara sus puertas para que operara en su frecuencia. Técnicamente, la radio era un circuito de funcionamiento independiente; la televisión era otro circuito de funcionamiento independiente; al igual que el cine y que la industria editora de impresos o de música. Y no es justamente esa independencia lo que nos están proponiendo los grandes empresarios de las llamadas nuevas tecnologías, ellos, lo que nos proponer, es la sistematización de todos los circuitos en un solo gran circuito global: Internet.

Tercer y último acto: El circuito necesita la muerte de la imprenta

Voy a llamar las cosas por su nombre. Un gran monopolio alojado en los Estados Unidos se está engullendo a los otros monopolios locales del mundo. Para ello están instaurando, a paso veloz, un circuito global de contenidos administrado por ellos. Quien quiera sobrevivir a la destrucción de las estructuras mediáticas convencionales, deberá negociar con nosotros: los constructores del nuevo orden mediático mundial. Si esto no es el arrase de todas las culturas, ¿cómo podría denominarse? Si esto no es el control absoluto de toda la independencia informativa de los países, de las localidades y de los individuos, ¿qué otra cosa es? Y dice Umberto Eco: “… no hemos sido capaces, desde la llegada de los primeros ordenadores en 1983, de reciclar constantemente nuestra memoria informática pasando del floppy disk a un disco con formato más pequeño, luego a otro disco y ahora a un pen driver, hemos perdido nuestros datos mil veces, parcial integralmente. Está claro que ningún ordenador puede leer ya posprimeros disquetes que pertenecen a la era prehistórica de la informática”. No hay caso, señoras y señores. Más allá de lo que advierta Eco o quien fuera, los distintos empresarios nacionales así como los receptores de sus mensajes, hemos caído en la avasallante carrera hacia la instauración de un circuito absoluto y global de contenidos. El objetivo de esa colonización planetaria es el adormecimiento de la memoria, pues, como dijera George Orwell, “quien controla el pasado, controla las opciones futuras”.

Un gran monopolio global ha administrado los errores de los monopolios mediáticos nacionales y ahora pretende administrar la salida. No obstante, para la instauración de un circuito global de contenidos, la imprenta es el principal estorbo. A esta estructura que pretende dirigir todos los monopolios mediáticos del mundo, le es muy fácil conectar todos los mecanismos eléctricos al gran circuito de su propiedad. Entiéndase: radio, televisión y cine, la ser circuitos independientes que se conectan a través de la energía, pueden se más fácilmente obligados, por las mismas leyes destructivas del mercado, a la conformación de un exclusivo circuito de contenidos, eso, si desean sobrevivir al Apocalipsis que supone no adecuarse a las llamadas nuevas tecnologías.

El papel, por el contrario, representa el medio más personal, independiente y sensorial de todos. Por su característica imposible de verter en un circuito, el papel se excluye de la hoja de ruta del futuro. Hay que sustituirlo por un soporte que nos posibilite su incorporación al gran circuito. Por ello, en esta inminente batalla que se avecina y que en el fondo, más allá de los maquillajes, lo que está en juego es la imposición de una cultura sobre todas las culturas del mundo, asumo Internet sólo como un instrumento útil para la diversidad del pensamiento y de la acción de vida. Internet me es útil si me permite adquirir un libro de papel, bajo sistema de compra por envío directo; Internet me es útil si me permite comprar los boletos para luego ir, en movimiento, al cine o de viaje; Internet me es útil si me permite invitar a un amigo a tomar un café, en persona, en directo. La observación y la movilidad no las voy a entregar a ningún circuito. El mundo necesita de empresarios creativos que apuesten por una nueva relación entre medios y usuarios; el mundo, por la necesaria interdependencia de las culturas, necesita creativos de las formas y de los fondos. Entre el receptor pasivo y el emisor de mensajes al vacío, habría que convocar al usuario interpretativo. Lo contrario sería ceder, como autómatas inducidos por el llamado de lo “nuevo”, a un chantaje que dice interdependencia cuando en realidad quiere decir secuestro.
Es posible que Umberto Eco haya exagerado cuando aseguró que «internet es uno se los grandes peligros del futuro». Sin embargo, son muchas las interrogantes que debemos plantearnos sobre este cambio de paradigma que nos propone (o impone) «ese algo invisible» que maneja las leyes del mercado. ¿Hacia dónde avanza internet? ¿Estaremos los individuos y los colectivos tendiéndole la alfombra a las grandes corporaciones? ¿Terminará la llamada superautopista de la información convertida en el callejón uniforme del mundo? ¿Qué pasaría si, efectivamente, cediéramos todos los espacios de funcionamiento exterior al sistema virtual? ¿Qué sucederá el día en que a un gurú se le ocurra apagar la luz? ¿En manos de qué gran poder omnipresente estamos dejando la observación, la crítica y el movimiento?

Internet, como otros muchos inventos, puede ser una vía hacia la comprensión de lo humano y sus múltiples realidades o una bifurcación que conduzca al cementerio de las ideas. Ante cada invento se invierte mucho en hacernos creer que tal cosa nos llevará más lejos en el complejo camino del desarrollo humano. No obstante, resulta paradójico que en este instante de veloces medios tecnológicos, mayor sea el nivel de estupidización (y vulgarización) de las masas del mundo. Me parece sospechoso el adormecimiento de las distintas sociedades del planeta; todo parece indicar que avanzamos hacia la forma más peligrosa de dominio que haya conocido la humanidad: la sofisticación de la ignorancia
Ante la pretensión de instaurar un circuito global de contenidos, celebro que entre el papel y mi persona, exista un juego privado, íntimo, donde sólo participan mis sentidos. Y en ese contacto intimista, crítico y único, se germina mi relación con el mundo.

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Novedades editoriales

Pablo E. Chacón (Desde Buenos Aires. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El movimiento feminista. Primeros trazos del feminismo en la Argentina
Elvira López
Ediciones Biblioteca Nacional
La primera tesis sobre feminismo escrita en la Argentina (y también en Sudamérica), fue defendida en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires en 1901. Su autora, Elvira López, una de las primeras mujeres egresadas de esa casa de estudios, la defiende ante un jurado compuesto por ilustres apellidos, esmerándose en el arte de la retórica y en la habilidad de una mensurada argumentación.
Elvira López fue activa animadora del Primer Congreso Feminista de Córdoba, en 1910. Participó también de la elaboración de un petitorio sobre derechos para la mujer, retomado por Alfredo Palacios en 1911 como base de la Ley de Derechos Civiles.
En este trabajo se podrá encontrar un programa político de anticipación que registra tempranamente aquellos dilemas que atravesaron las principales discusiones del movimiento feminista argentino.

Diálogo sobre el poder y el acceso al poderoso
Carl Schmitt
Fondo de Cultura Económica
Este libro analiza la dialéctica que se establece entre los hombres que tienen poder y los carecen de él, mediante un diálogo entre el experimentado Schmitt y un inexperimentado estudiante. El volumen también contiene una selección de la correspondencia del autor con Ernst Junger, que gira en torno al mismo diálogo y a la dinámica del poder en la modernidad.
¿De dónde procede el poder? ¿Por qué los hombres le otorgan su consentimiento? El poder en sí mismo ¿es bueno, malo o neutro? Estas son algunas de las preguntas que Schmitt intenta responder.
El jurista alemán muestra que si el poder ya no proviene de la naturaleza ni de Dios, todo lo concerniente a éste y a su ejercicio sólo se desarrolla entre los hombres. Sostiene que frente a cada espacio de poder directo se forma una antesala de influencias y poderes indirectos -un pasaje a la psique del poderoso- en la cual se produce la lucha por el acceso al reconocimiento.

Descubrimientos. Crónicas inéditas
Clarice Lispector
Adriana Hidalgo Editora
Con este volumen se completa la publicación en castellano de las crónicas que Clarice Lispector (1920-1977) escribió para el Jornal do Brasil entre fines de los años sesenta y principios de los setenta.
Junto con el primer volumen, titulado Revelación de un mundo, se termina de delinear un verdadero laboratorio narrativo y de ideas, para trazar el mapa sobre la región menos explorada de su literatura.
Algunos de los temas que aparecen en estos textos heterogéneos, inclasificables e inesperados, son el amor, el tiempo y la muerte, bajo dimensiones pocas veces visitadas con tanta maestría. En cada línea la autora refleja su personalidad compleja y si bien se habla genéricamente de “crónicas”, Lispector desafía el género y atraviesa sus fronteras.
Son interminables los itinerarios que puden dibujarse a través de estas narraciones sifuiendo el hilo de los temas, de ciertos personajes; de los objetos y situaciones que captan su atención; y de sus preocupaciones técnicas y metafísicas.

El teatro de la memoria
Leonardo Sciascia
Tusquets
La mañana del 10 de marzo de 1926, un hombre que asegura padecer amnesia, es arrestado por robar en un cementerio de Turín. Tras ser declarado en peligro para sí mismo y para los demás, lo ingresan en el manicomio de Collegno.
Al poco, en La Domenica del Corriere se publica una foto del desmemoriado bajo el titular “¿Quién lo conoce?”. Esposa y allegados no tardan en identificarlo: es Giulio Canella, profesor universitario desaparecido en la guerra. Y sin embargo, pruebas irrefutables, entre ellas las huellas dactilares, lo identifican como Mario Bruneri, tipógrafo turinés perseguido por robo y estafa.
¿Quién es en realidad? ¿Acaso finge amnesia para evitar la cárcel? ¿Hasta dónde están dispuestos a llegar sus familiares en la batalla legal que se desata? Sciascia ofrece una reflexión sobre la identidad al tiempo que reconstruye los hechos del juicio Bruneri-Canella, convertido en un teatro de la memoria y de los engaños del recuerdo.

Blues
Edgardo Cozarinsky
Adriana Hidalgo Editora
Deslizándose entre el ensayo y las memorias, la crónica y el relato de viaje, los textos reunidos en este volumen tienen en común el tono de un autor que ha elegido escribir en primera persona.
Estos blues evocan tanto lo público como lo más íntimo: desde una guerra “olvidada” (la de las Malvinas) hasta amigos y episodios de un mundo cultural perdido, próximo pero irrecuperable.
Silvina Ocampo, José Bianco, Carlos Correas, Susan Sontag desfilan entre muchos otros, famosos u oscuros; se relatan las escaramuzas por obtener un premio literario y las traiciones de individuos célebres en tiempos aciagos; resucitan fantasmas de los sixties, hoteles de paso, fiestas y duelos.
Son textos que no pretenden objetividad alguna: tan ajenos a la crítica literaria cuando hablan de libros y autores como a la política cuando comentan la escena pública.

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Cuentos lingüísticos

Gustavo E. Etkin (Desde Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Eleuterio y el significante

Apresado por el significante, Eleuterio corrió largamente.

Había descubierto la estructura y el lugar en cuyo borde se balanceaba para no caer en lo real. Consiguió aceptar que estaba absolutamente determinado. Era un objeto con nombre, una cosa entre dos palabras. Saber que le causaba gozo, porque sabía que sabía (que no sabía, añadía luego con socrática modestia).

Ocupaba, por lo tanto - fugazmente y de manera incompleta, claro - el lugar de la verdad. Por eso, aunque apresado, determinado y ensuciado por aquella posición que lo situaba en gallinera ley, observaba con escéptico regodeo a los que no sabían que no sabían.

Su análisis había terminado y atravesó lo que tenía que atravesar: significante barriga picante que en el culo tiene un brillante. Luego, si brillantemente sustituimos significante por vigilante encontramos que el significante...¡¡vigila!!

Vigila causado por su brillante agalma.

Chocolate por la noticia, claro, pero ¿con eso qué? Porque chocolate puede fragmentarse dando origen a múltiples cadenas (deslizamiento infinito) hasta que se articula y organiza en sus points de capitón, por ejemplo:

clo
CHO

cho

Es decir, un viejo con el choclo chocho (lo cual evidentemente alude a un padre castrado). Así que:

rrer

CO mer

ger

son significantes que nominan el desplazamiento en acto de Eleuterio (que corre) permitiendo completar los anteriores semantemas que así ellos determinan, aunque enfatizando la potencia que después - lectura aprecoup - devendrá en chochera.

LATE

Corazón y pene. Aparentemente, la fálica vida, aunque en éste caso no late (sigue el aprecoup).

Pero también:

LA: artículo femenino
TE: ¿daré o infusión?, es decir ¿te daré té o qué?, todo lo cual puede leerse: PADRE CASTRADO CUYO PENE ESTA MUERTO DESEA DARTE UN TECITO. Pero en LA se abre camino a la sospecha: ¿será un tecito o qué? Y además... QUIEN desea? Obviamente el que lo dijo. Enunciación. En éste caso el que dijo “chocolate por la noticia”, así que tomá, tomá y tomá.

Aunque, como bien se sabe, el sujeto - intersticio decapitonado que se desliza por el deslizamiento infinito de la cadena - huye permanentemente de esa sobredeterminada verdad.

Es inútil, por lo tanto, que intente aferrarse al vacío ojo de Dios (el ojo no tienen manitos), palabra que vanamente intenta obturar el abismal espacio del deseo.

Será por lo tanto Eleuterio quien desde su sabia maratón anunciará de esa forma la verdad, por lo que será denunciado. El que anuncia denuncia (la carencia, el hueco, el agujero) lo cual debe ser reprimido. Porque, ¿quién soporta la denuncia de la ausencia desde una ausencia de denuncia por cuanto el que-portavoz de la verdad-no denuncia nada de si, ya que su misma enunciación parte del reconocimiento de la falta, reconocimiento que obtura el agujero por el solo hecho de nombrarlo ?. Modestia y riesgo del sabio. Socrática modestia - como se oyó -y valiente riesgo del que es reconocido como verdadero enemigo del Orden cuando significante en ristre arremete impoluto (pero varón) contra la masiva retórica de la cotidianeidad, contra la barroca insistencia de la opresión (en todas sus formas).

¿Judas espectador? (ojo: el ojo siempre traiciona). Cristo, que trágicamente sobredeterminado por el Espíritu Santo, representa nuevamente a través de Eleuterio la verdad crucificada y que cada vez más rápido sobre el trineo de los significantes se desliza de articulación en articulación a cumplir con su destino?

El Nombre del Padre: Atila, Moisés, Hitler, Bush, Miami, Islas Falkland. ¿Cual será el lugar que el Otro le tiene reservado para soportar el libre calvario de quien desea seguir siendo libre para ofrecerse como agujero a la verdad, o sea que es Hijo de Dios, Edipo mediante ?.

Una epistemológica (pero no por ello indigna) ansia de verdad lo elevaba, enhiesto como el falo, constituyente de por si. Es por ello que a pié o en trineo recorría - literalmente - muy erguido los vericuetos del ser con una leve sonrisa de alcanzada victoria y un monóculo estreñido (pero no por ello desajustado) del que colgaba con cierta languidez, movido por la brisa del tintineante repicar de los significantes que se le introducían por el intersticio, un pequeño cordón de terciopelo negro rodeado por un filigranado y sincrónico hilo de oro.

En fin, que Eleuterio, vieja lavandera - limpiamocos de pañales y limpiacacas de pañuelos - deseosa de Orden y Reconocimiento, quería ser dotor.


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Hernán y el significado

Sus pasos sonoros y secos, el taco cortaba la vereda, pero Hernán dudaba.

¿Tendría un E.C.R.O., un Esquema Conceptual Referencial Operativo o un Aparato Psíquico? ¿Cómo era su interior, su esencia? ¿Cuál era su más íntima sustancia? Quién era él? Un hombre concreto - asumida síntesis de sus múltiples sobredeterminaciones - o un hombre abstracto, una nada enajenada y enajenante? Tener un E.C.R.O. era saberse dotado de un Esquema Conceptual Referencial y Operativo, operatividad que implicaba la praxis por medio de la cual, como todos saben, uno se des-aliena a través de la síntesis teórico-práctica transformadora del medio social, cambio que también revierte dialécticamente - como se sabe - en el mismo agente de la praxis, E.C.R.O. mediante, lo que permite conductas no disociadas, una personalidad equilibrada y una ética holística integrada en la totalidad.

Sus dudas aumentaban. Masticaba rápidamente el chicle.

¿Y si tenía adentro un Aparato Psíquico, ese maldito invento de la burguesía, como decía don Corderón, el rabino emancipado? En ese caso sería un hombre abstracto, vacío, liviano, “mobile cual piuma al vento”, una simple cosa, un objeto del Ello castigado por el Super-Yo y un Yo sumiso, desgraciado y débil, al servicio del Principio del Placer. Alienado.

Decidió comprar una pipa, y mientras la elegía siguió pensando que eso no sería lo peor. La misma palabra “abstracto” implica que algo fue abstraído, traído de, o sea sacado afuera de un lugar donde estaba. Y cuando eso sucede en ese lugar no queda nada. Un vacío, un agujero, nada. Y si bien todos podemos tener un agujero, tenemos agujeros, finalmente debe reconocerse el problema - y el peligro - es que esos agujeros pueden ser llenados. Por lo tanto, si uno es un hombre abstracto puede ser penetrado por cualquier ideología en general. O por un soldado. O por los marineros.

Hernán apartó con violencia la pipa y transpirando, temblando y buscando aire salió del shopping.

Cuando puso orden se tranquilizó. Para eso lo mejor es clasificar y diferenciar. Así que clasificó y opuso:

LO CONCRETO
Lo Proletario
Lo Vivenciado
Lo Holístico Total
Lo Civil
La Pareja Madura
Lo Genital
Fanon, Laing, Cooper, Pichon Riviere
Lo Natural
Lo Espontáneo
La Exterioridad Solidaria
Lo Social
Lo Democrático
Lo Objetivo

LO ABSTRACTO
Lo Burgués
Lo Intelectualizado
Lo Dividido Incompleto
Lo Militar
La Promiscuidad Inmadura
Lo Perverso
Borges, Freud y Lacan
Lo Artificial
Lo Calculado
El Intimismo Egoísta
Lo Individual
Lo Dictatorial
Lo Subjetivo
Feliz y exaltado, se dio cuenta que no había más velos entre él y la plusvalía. La posición que ocupaba en la estructura de las relaciones de producción no había podido con su lucidez. Sumergido, empastado, interpenetrado, osmotizado, confundido en lo concreto, había vencido la alienación. Hernán chapoteaba en lo concreto. Ya no más disociación, fragmentación, atomización., pulverización, spray, gas, aire, nada. Ahora la mismidad. El mismo asumido en la objetividad, reconocido en la praxis. Él igual a él.

De todas maneras, no estaba conforme. Seguía dudando. Se asumía como concreto, pero no podía dejar de reconocer que para ello necesitaba clasificar y ubicarse, operación que no es tan concreta como lo concreto en sí. Y si bien el fin puede justificar los medios maquiavélicamente, como decía Sartre los medios determinan el fin. Con lo que-en éste caso-el fin, lo concreto, estaba contaminado, contagiado de abstractez. Entonces él era un concreto abstractificado. O sea un concreto a medias. O sea un concreto/abstracto. Pensar en la dialéctica no lo calmaba. ¿Y si en lugar de una contradicción era una incoherencia ?. ¿Y si esa incoherencia era inevitable resultado de un estilo de vida alienado, parcializado, fragmentado y disociado?

El quería, aspiraba a ser un hombre-concreto-en-si (de vuelta de un para-si inevitable y alienado) sin fisuras, sin intersticios, sin vacíos por donde sinuosamente puedan infiltrarse ideologías disociantes.

Lo hablaría con su pareja. Comunicarse. Autenticidad. Emoción. La autenticidad se vivencia en la comunicación porque lo que importa es eso, la comunicación. Sentir y mostrarse auténticamente, como uno es, así, sin vueltas.

Sensible y directo, como la naturaleza y los obreros.

Se dio cuenta entonces que entre él y su aspiración se interponía una palabra. Precisamente, la misma palabra que la designaba: “concreto”.

Escupió el chicle y se apuró. ¿Cosas concretas? ¿Soluciones concretas? ¿Las cosas son soluciones? ¿Las soluciones son cosas? Debía reconocerse que - por ahora - lo concreto era solo una palabra.

Se dio cuenta que lo que volvía abstracta la palabra “concreto” eran las vocales, esos vacíos que seguramente eran culpables de algunas palabras sospechosas. Había entonces que apretarla, sacarle el aire y volverla densa. Era difícil, pero apretando la nariz lo consiguió. El era un hombre cncrt.

Pero fue entonces que, horrorizado, tuvo que admitir que todas las otras palabras tenían vocales.

Durante una semana probó hablar y pensar sin vocales. Cuando por el esfuerzo de tratar de pensar sin vocales se dormía continuamente, y su familia decidió internarlo en la clínica de un psiquiatra progresista, antes de darse por vencido, una noche muy tarde despertó a su maestro Don Corderón para decirle que no podía, que cedía a la tentación y pedirle que lo absuelva.

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El arte

Juan Alonso

El arte es un espacio y un tiempo especial,
que existe pero no es real
que entra en los cuerpos como luz de color
a veces brillante, sereno, o inquietante
y perdura vago por siempre o se derrama en el inconsciente
El arte es un misterio como el mecanismo incontrolado de los sueños

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Música. Desde España: El flamenco

ARGENPRESS CULTURAL

El flamenco es un género español de música y danza que se originó en Andalucía en el siglo XVIII, que tiene como base la música y la danza andaluza y en cuya creación y desarrollo tuvieron un papel fundamental los andaluces de etnia gitana. El cante, el toque y el baile son las principales facetas del flamenco. La palabra “flamenco,” referida al género artístico que se conoce bajo ese nombre, se remonta a mediados del siglo XIX. No hay certeza de su etimología, por lo que se han planteado varias hipótesis:

• Por paralelismo con el ave zancuda del mismo nombre: Algunas hipótesis relacionan el origen del nombre del género flamenco con las aves zancudas del mismo nombre. Una de ellas dice que el flamenco recibe esa denominación porque el aspecto y el lenguaje corporal de sus intérpretes recuerda a dichas aves. Marius Schneider, en cambio, defiende que el origen del término puede estar en el nombre de estas aves, pero no en su parecido con el estilo de los bailaores sino en que el modo de “mi”, que es el predominante en el repertorio flamenco, se relaciona en la simbología medieval, entre otros animales, con el flamenco.
• Por ser la música de los "fellah min gueir ard", los campesinos moriscos sin tierra: Según Blas Infante el término "flamenco" proviene de la expresión hispanoárabe fellah min gueir ard (فلاح من غير أرض), que significa "campesino sin tierra". Según él, muchos moriscos se integraron en las comunidades gitanas, con las que compartían su carácter de minoría étnica al margen de la cultura dominante. Infante supone que en ese caldo de cultivo debió surgir el cante flamenco, como manifestación del dolor que ese pueblo sentía por la aniquilación de su cultura. Sin embargo Blas Infante no aporta fuente histórica documental alguna que avale esta hipótesis y, teniendo en cuenta la férrea defensa que hizo a lo largo de su vida de una reforma agraria en Andalucía, que paliase la mísera situación del jornalero andaluz de su época, esta interpretación parece más ideológica y política que histórica o musicológica. No obstante, el Padre García Barrioso también considera que el origen de la palabra flamenco pudiera estar en la expresión árabe usada en Marruecos fellah-mangu, que significa "los cantos de los campesinos". Asimismo Luis Antonio de Vega aporta las expresiones felahikum y felah-enkum, que tienen el mismo significado.
• Porque su origen está en Flandes: Otro número de hipótesis vinculan el origen del término con Flandes. Según Felipe Pedrell el flamenco llegó a España desde esas tierras en la época de Carlos V, de ahí su nombre. Algunos añaden que en los bailes que se organizaron para dar la bienvenida a dicho monarca se jaleaba con el grito de ¡Báilale al flamenco! Sin embargo el término "flamenco" vinculado a la música y al baile surgió a mediados del siglo XIX, varios siglos después de ese hecho.
• Porque a los gitanos se les conoce también como flamencos: En 1881 Demófilo, en el primer estudio sobre el flamenco, argumentó que este género debe su nombre a que sus principales cultivadores, los gitanos, eran conocidos frecuentemente en Andalucía bajo dicha denominación. En 1841 George Borrow en su libro Los Zíncali: Los gitanos de España ya había recogido esta denominación popular, lo que refuerza la argumentación de Demófilo.

Gitanos o egiptanos es el nombre dado en España tanto en el pasado como en el presente a los que en inglés llamamos gypsies, aunque también se les conoce como "castellanos nuevos", "germanos" y "flamencos"; [...] El nombre de "flamencos", con el que al presente son conocidos en diferentes partes de España,[...].

No se tiene certeza del motivo por el que los gitanos eran llamados "flamencos", sin embargo hay numerosas noticias que apuntan hacia un origen jergal, situando al término "flamenco" dentro del léxico propio de la germanía. Esta teoría sostiene que "flamenco" deriva de flamancia, palabra que proviene de "flama" y que en germanía se refiere al temperamento fogoso de los gitanos. En el mismo sentido el diccionario de la Real Academia Española dice que "flamenco" significa coloquialmente "chulo o insolente", siendo un ejemplo de ello la locución "ponerse flamenco". En un significado similar, el término "flamenco" es usado como sinónimo de "cuchillo" y de "gresca" o "algazara" por Juan Ignacio González del Castillo, en su sainete El soldado fanfarrón (alrededor de 1785). No obstante, Serafín Estébanez Calderón que en sus Escenas andaluzas (1847) aporta las primeras descripciones de situaciones flamencas, no utilizó ese nombre para calificarlas.

Cante jondo

Según el diccionario de la RAE, el "cante jondo" es "el más genuino cante andaluz, de profundo sentimiento". Este diccionario recoge como equivalentes las locuciones "cante jondo" o "cante hondo", lo que avala que el término "jondo" no es más que la forma dialectal andaluza de la palabra "hondo", con su característica aspiración de la h proveniente de f inicial. Sin embargo Máximo José Kahn llegó a sostener que el término "jondo" procede de la locución hebrea "jom-tob" o "yom-tob", desinencia de algunos cantos sinagogales. Según García Matos e Hipólito Rossy, no todo cante flamenco es cante jondo. Manuel de Falla consideraba que el cante jondo era el cante antiguo, mientras que el cante flamenco era el moderno.
Distinción entre flamenco y folclore andaluz

El género flamenco se fue configurando durante el siglo XIX, sobre el sustrato de la música y la danza tradicionales de Andalucía, cuyos orígenes son antiguos y diversos. Sin embargo el flamenco no es el folclore de Andalucía (compuesto por seguidillas, sevillanas, fandangos, verdiales, trovos, el chacarrá, el vito, etc.) sino un género artístico fundamentalmente escénico. El flamenco, aunque está basado principalmente en el folclore andaluz, es un género tan estilizado y complejo que el andaluz medio, aún teniéndose como bien dotado para la música, es incapaz de interpretar correctamente. De hecho, en ningún momento de su historia el flamenco ha pasado de ser una música interpretada por minorías, con mayor o menor difusión. El surgimiento de los cantaores profesionales y la transformación de los cantos populares por parte de los gitanos, hicieron que su estilo se alejara considerablemente de las tonadas tradicionales. El flamenco somete a lo popular a una estilización tan grande que lo lleva hacia lo culto, pero sin perder su sabor popular.

Ofrecemos aquí algunos pasajes de flamenco para ilustrar el género. Y que lo disfruten… ¡olé!




Tomado de WIKIPEDIA

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Extraño efecto

María Cristina Garay Andrade (Desde Monte Grande, Buenos Aires. Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

¿Qué más puedo darte de mi ser que no hayas tomado?
¿Qué néctar te falta de mi cuerpo que no hayas probado?
Desconociendo de mí, concebirme a alguien encadenada
Por esa razón inexplicable del amor estoy acorralada

Extraño efecto, la libertad se entrega muy callada
Sin entender deja que tu voluntad pujante la invada
La necesidad alberga fija tu nombre y tu figura
Mi mente seducida acomoda tu ser con clausura

Infrecuente en mí, extraño tu presencia
Se marcó mi vida con una fortuita providencia
Distraes mis horas que concentrada escribo
Y acabo envuelta en una nebulosa porque me desvivo

Es el amor callado cuando se instala tan profundo
Resguardado por mi cuerpo vive cálido en su mundo
Poco importa si no llegaras a mi algún día
Cobijado quedará de tu desdén y llorando esperaría

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La justicia siempre en contra nuestra

Víctor Ramírez (Desde Canarias. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

De pronto cambiará de asunto abruptamente Azarug. Cambió aunque con el mismo esencial contenido: ese paralizante y corruptor miedo que embarga nuestras almas de colonizados ante la arrogancia intolerante del español invasor.
Y habló de la anunciada huelga por los funcionarios de Justicia aquí, en La Burbuja, huelga que no se llevará a cabo. Nunca olvida él que su campesina abuela materna se volvió loca por culpa de la denuncia de un vecino abusador, y volvió a contarlo.
Ese vecino abusador, como canario mísero codicioso que era, es decir envilecido, se aprovechó de la viudedad de mi abuela para pasarle una tubería por el cachito de tierra de su propiedad. Se la pasaría sin haberle pedido permiso. (Azarug tragó saliva. Noté que procuraba humedecer la boca, para no añusgarse. Y continuaría hablando)
Mi abuela se la rompió con una azada. El vecino abusador la denunciará a los guardias civiles, que sin contemplaciones la condujo al cuartelillo del pueblo: caminando desde tan lejos y solita entre aquellos dos uniformados tan temidísimos por los maúros. (Parecía Azarug ir a dejar el amargo recuerdo, volver al asunto concreto del anuncio y de la convocatoria de huelga judicial. Pero continuó)

Imagine usted, señor Víctor, cómo quedaría la pobrecilla maúra ante gente tan temida, ante gente impunemente poderosa que ocasionaba pánico desde lejos, desde tan simplemente nombrarla. Había sido denunciada por destrozo de propiedad ajena.
Y tuvo la infeliz que ponerse a vender su vaca para pagar al tan lejano y desconocido abogado capitalino que la defendiera. Ese abogado era uno de esos arrogantes fuereños que suelen enriquecerse hasta más allá del hartazgo a costa de los míseros guanches que pueblan los campos.
Por ahí andan los descendientes de ese maldito abogado, ya fallecido y sin haberse podido llevar al más allá la tantísima riqueza adquirida tan abusiva y arteramente. Por ahí andan ufanos e incluso algunos de ellos presumiendo de prístina canariedad -pero más españolistas que el carajo, por supuesto- aprovechándose de los maldecidos frutos de tales expolios.

(La madre de Azarug, hija única, confesó a éste que la vieja todas las tardes rezaba a la Virgen del Pino bendita -que, para colmo, es capitana general del ejército invasor. Rezaba ella pidiéndole que alguien comprare la vaca y así poder pagar las quinientas pesetas de aquellos tiempos al voraz abogado fuereño capitalino.

Aquello ocurrió a principio de los años cuarenta, y no sabe Azarug cómo acabó el tal juicio. Acaso ganara la infeliz. Lo que en verdad sí ocurrió fue que la abuela de Azarug quedaría dañada de mente tras la maldita experiencia policíaca-judicial.

Quedó dañada hasta su muerte, ya bastante anciana. La justicia siempre está en contra nuestra, en contra de los guanches).

*

Por lo leído, señor Víctor, entre las reivindicaciones de los prehuelguistas judiciales está la inmediata dotación de entre 200 y 300 plazas más de funcionarios. Esto es para temblar, señor Víctor. Porque esto significa más españoles invadiéndonos. Esto es lo que significa toda supuesta mejora económica social por aquí.
A nadie notorio parece preocupar cuánto crecen imparables la pobreza y el desánimo entre canarios verdaderos, los canarios que sí descendemos directos de los precoloniales con mayor o menor, más bien menor, mestizaje: ahí están los árboles genealógicos de quienes descendemos de campurrios para confirmar lo que digo, señor Víctor. Y que se acabe la tontería maleva de la españolidad de los apellidos, pues éstos fueron impuestos: ¿no se llamaba, por ejemplo, Pedro Martín Buendía, en 1496, el guanche grancanario que mató cobardemente al heroico Tinguaro en La La-guna?

*

Entonces intervino Akli, joven universitario licenciado en Historia que lo que sabe de Canarias hubo de aprenderlo fuera y a pesar de la Universidad, joven que gana algunas perritas trabajando de camarero o de taxista o de lo que se tercie, menos en la enseñanza -a la que aborrece visceralmente.

Y dijo: Cuando ya hasta se publica sin tapu-jos que hay academias españolas que fletan aviones para que sus alumnos vengan a la colonia a realizar las oposiciones, uno casi acaba deseando que una catástrofe convierta a nuestra Patria en un infierno: a ver si así deja de ser un paraíso, paraíso siempre para los otros, para gentes de fuera, con algunas migajas engañadoras y traidorizantes para algunos que otros canarios, canarios siempre prestos a la sumisión, que para eso criamos alma de esclavos desde más allá de la cuna.

(Había señas inequívocas de prevención en la voz y en los gestos de Akli. Y hablé:

Sabe uno, por experiencia lectora, que el servicio público en el mundo que nos toca vivir ha sido y es, y será, servicio a la casta dominante.

Se sirve a esta casta contra el pueblerío; y, mientras, se aprovecha uno del puesto funcionarial para también medrar económicamente a costa de ese pueblerío).

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Ilustrados y salvajes en América Latina

Jorge Majfud (Desde Estados Unidos. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Ángel Rama nos recordó algo que es básico en cualquier antropología: las represiones son componentes obligados en cualquier cultura (Transculturación). En el caso latinoamericano, por razones históricas, éste factor ha sido fundamental y quizás definitorio.

La Conquista, con su violencia bélica y su violencia moral asentada en el complejo de superioridad de la cultura europea se perpetuó en el rechazo público y sistemático de la clase criolla dominante en las nuevas repúblicas del siglo XIX hacia todo lo amerindio. En literatura, el romanticismo que sirvió como forma de legitimación intelectual del nuevo proceso de consolidación de las nuevas repúblicas con su desesperada búsqueda de identidades definidas, fue otro trasplante de la cultura ilustrada de Europa. Desde el romanticismo de la primera mitad del siglo XIX en el Río de la Plata hasta el de la segunda mitad en la región andina, se trató de una nueva superposición cultural, más que una transculturación o, menos, una recuperación de la cultura vernácula, popular. Ángel Rama recuerda que, “sea cual fuere la valoración que se asigne a la obra de Ricardo Palma, cuya rehabilitación fue abierta por el propio Mariátegui haciendo de él un intérprete del demos limeño, no hay duda de que en 1872, la ‘tradición peruana’ es una solución estética epigonal que todavía se abastece de la literatura española romántica cuando no de los maestros del Siglo de Oro”.

Una y otra vez estamos ante el divorcio y la represión de una de las partes sobre la otra: la “ciudad letrada”, la clase alta y su cultura ilustrada, sobre la mayoritaria sociedad oral de una cultura popular que no podía estar muerta sino ignorada o despreciada por aquella.

No será hasta mediado del siglo XX que este signo se revertirá. Las culturas y las razas antes despreciadas se volverán centro de reivindicación. Hernán Cortés, Domingo F. Sarmiento y el indigenismo del siglo XX podrían considerarse representantes de esos tres momentos. El mismo Ángel Rama define cuatro apariciones del indio como tema en la literatura latinoamericana: (1) en la literatura misionera de la Conquista; (2) en la literatura crítica de la burguesía mercantil del período revolucionario; (3) en el romanticismo como lamentación por su destrucción; y (4) “en pleno siglo XX, bajo la forma de una demanda que presentaba un nuevo sector social, procedente de los bajos estratos de la clase media, blanca o mestiza. Inútil subrayar que en ninguna de esas oportunidades habló el indio, sino que hablaron en su nombre”.

Tampoco el público consumidor de esta literatura fue el pueblo iletrado, lo cual no sólo establece una barrera que separaba un estamento cultural del otro, sino que, por otra parte, debió “preservar” por largos siglos las características y valores de la forma más radical posible. La literatura, aún cuando tenía al indio como tema de reivindicación, era un producto de consumo de las clases ilustradas. Esto había pasado, según Rama, con el Memorial de Las Casas, Siripo de Albarden, Tabaré de Zorrilla de San Martín y Huasipungo de Jorge Icaza. Pero el hecho de que el estamento ilustrado ignorase doblemente (como productor y como consumidor) al estamento popular, no significaba que estuviese muerto.

El mismo Mariátegui creía que lo único que sobrevivía del Tawantinsuyu era el indio como cuerpo biológico, ya que la civilización había perecido.

Por otro lado, como síntoma y fenómeno nuevo del siglo XX, la reivindicación junto con el ascenso de las clases pertenecientes al estamento no ilustrado, encontró formulaciones que al invertir los valores dominantes se encontraron en un extremo igualmente inverosímil de interpretación. Según Rama, las nuevas reinterpretaciones del pasado incluía la imposición de “un nuevo mito que quedó definido en el título de un libro famoso, El imperio socialista de los incas, pero que fue un lugar común del pensamiento político socialista, que vio en la supervivencia del ‘ayllu’ la llave para conectar las estructuras económicas arcaicas con las más modernas en un abrir y cerrar de ojos transitando milenios”.

Podemos pensar que el mismo proceso del humanismo europeo —que revalorizó la cultura popular en Europa y reivindicó la universalidad del individuo como igual y libre aunque deformado por las sociedades verticales compuestas por castas o estamentos y regidas por el prestigio de la autoridad— provocó en la América Latina del siglo XX una reacción contra las clases dominantes, visualizada principalmente por la ideología contestataria del socialismo.

El liberalismo del siglo XIX se continuó “naturalmente” en un pensamiento más radical que luego fue identificado con su contrario: el marxismo. Esta nueva filosofía europea, aunque de una formulación compleja y sólo accesible en su plenitud a los nuevos intelectuales, se acercó a las masas no-letradas del continente y de allí recibió la influencia de una tradición que nunca había muerto sino sólo se había transformado bajo las sombras eternas que proyectaba la cultura ilustrada, principalmente europeísta. Así, al mismo tiempo que los intelectuales se acercaban a un grupo (las emergentes clases bajas) y rechazaban otro (las tradicionales clases oligárquicas), también la cultura popular, oral e iconolástica, disputó a la antigua cultura ilustrada el prestigio del libro. El intelectual se popularizó y el pueblo se intelectualizó.

Así se llega a un fenómeno aparentemente contradictorio en América Latina: los intelectuales comprometidos, casi siempre escritores de izquierda, articularon un discurso racional, el marxismo, al tiempo que se sumergían en un paradigma que lo contradecía: la reivindicación de un mundo mítico, de un regreso al origen antes que un progreso hegeliano de la misma; de un movimiento circular, propio de los mitos, antes que la irreversible linealidad judeocristiana; de la sabiduría de la naturaleza antes que la veneración moderna de la industria; de la emoción antes que de la racionalidad; de la estética y la espiritualización del Cosmos antes que la deshumanización cuantificadora que hoy ya no sufrimos como máquinas productoras sino como máquinas consumidoras.

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