miércoles, 12 de mayo de 2010

Música vasca (Parte II): De la dictadura a la transición

Elena Arnaiz (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La música en Euskal Herria forma parte de la configuración de nuestra identidad étnica y el polémico proceso de nuestra lucha histórica por su defensa.

En los años 60 surgió un movimiento cultural, ez dok amairu, conformado por artistas y especialmente músicos que pasaron a utilizar la música como arma política para revitalizar las expresiones culturales vascas, castigadas y prohibidas por la censura de la dictadura franquista. Estas expresiones socio-políticas estaban influidas por movimientos similares en otras zonas del Estado Español, como Els setze jutges en Cataluña o el Manifiesto canción del Sur, en Andalucía.

Eran los tiempos de la canción protesta; Mikel Laboa, Benito Lertxundi, Imanol Larzabal, Xabier Lete y Lourdes Iriondo entre otros.

Mikel Laboa


Aprovechando la ocasión para hacerle un homenaje póstumo a Mikel Laboa, considerado patriarca de la música contemporánea vasca, uno de los más importantes cantautores en euskera del s.XX. Influido por artistas latinoamericanos como Atahualpa Yupanqui y Violeta Parra, Bertolt Brecht y otros “artistas políticos” catalanes como Joan Manuel Serrat, buscó, con otros artistas vascos, revitalizar diversos ámbitos de la cultura vasca aletargada por la guerra civil y prohibida posteriormente por la dictadura franquista.

En una de las pocas entrevistas de este artista a Oskia Yaben, Mikel Laboa afirma;

“Nada más empezar a tocar, la realidad cultural vasca se encontraba en declive como consecuencia de la guerra civil, y los poetas e intelectuales de aquí estaban en el exilio. Teníamos poca información acerca de la cultura, porque estaba prohibida (….) las canciones tradicionales nos eran desconocidas. (…) Con la censura nos prohibían cantar, y también con las letras de las canciones tuvimos enormes problemas (…) por eso, íbamos a grabar discos a la editorial Goiztiri, de Baiona (Francia). Allí grabé mi primer disco vasco, en 1964. Por aquel entonces no era fácil cantar en euskara… Ésa era la situación en el franquismo y las consecuencias de la censura.”

La música de Mikel Laboa, al estilo de los cantautores de los 60 y 70, es una combinación de poesía, tradición y experimentación, sus canciones y su estilo influyó a generaciones más jóvenes de artistas vascos. Algunas de sus canciones, como Txoria Txori se ha convertido en un clásico popular del folklore vasco;


Con la democracia, la tensión política disminuyó. En los 70, los primeros grupos musicales en cantar en euskera tras la dictadura fueron Oskorri en la versión más Folk que consiguieron desarrollar un estilo propio tras experimenta fusiones con instrumentos tradicionales vascos.


Sin embargo, el panorama musical se dejó influir en los 70 por las nuevas tendencias; el estallido del punk-rock. Aparecieron los primeros grupos que cantaban íntegramente en euskera como Zarama (“basura”) e Itoiz en su versión más roquera, ellos abrieron el camino que una década más tarde formaría el estilo Rock Radikal Vasco.

“los abertzales (militantes independentistas vacos) se nos reían por hacer rock y los rockeros se ofendían por recurrir a tan poco “moderno” idioma (el euskera)” (En LP Zaramaren erdian, 1991)

En el año 83 un mítico festival contra la adhesión de España a la OTAN arrancó el inicio de un movimiento musical, el Rock Radikal Vasco, que recogía grupos y tendencias diversas entre el punk, rock urbano, ska o reggae. Esta etiqueta no fue gusto de todos por sus evidentes conexiones comerciales o por considerar bajo el concepto “vasco” formaciones apátridas. Sin embargo, fue acuñada en pequeñas discográficas locales como Soñua u Ohiuka y medios de la cultura alternativa como: fancines, radios libres y gaztetxes (centro social ocupado autogestionado). Una particularidad del rock radikal vasco es que la etiqueta cultural no ha estado particularmente definida, así se aúna punk, rock, ska e incluso combinaciones de estilos.

El entorno abertzale de ideología nacionalista independentista y militante, tuvo sus expresiones en grupos como el mítico Kortatu, Hertzainak o RIP. Otras expresiones de rock radikal en castellano fueron Barricada, Cicatriz, la Polla Records y las Vulpes.

Escuchar aquí: (vides de Sarri, sarri) http://www.youtube.com/watch?v=Kpljk-ywO-o

* Esta canción es Sarri, sarri de Kortatu, escrita en 1985 y habla de dos presos de ETA (organización armada independentista vasca) que ese año se fugaron de una prisión escondidos en los altavoces tras un concierto de Imanol Larzabal. El grupo Kortatu y Barricada fueron acusados de organizarlo pero fueron puestos en libertad por falta de pruebas.

Disidentes de esta línea fueron los míticos Eskorbuto, punks polémicos “anti-todo”, jóvenes de barrios obreros de zonas industriales y el pop vasco con su máximo exponente,

La furia post-dictadura del rock radikal vasco se fue transformando en los 90 con una oleada de creatividad que habían abierto grupos como Negu Gorriak. De este tiempo son DUT. Y por otra parte otras expresiones en castellano como Inquilino Comunista. En la actualidad la herencia del rock radikal vasco ha sido retomada con bandas de estilos mestizos y orientación nacionalista y por sonidos más metálicos como son Berri Txarrak, Etsaiak, Su ta Gar o Kuraia en euskera y Sociedad Alcohólika en castellano, entre otros muchos grupos.

Esto no es todo, pero sí lo más representativo e insurgente. Cabría mucho más, pero no acabaríamos nunca. Fue un placer.

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Historia de Abdula, el mendigo ciego

Anónimo
Tomado de “Las mil y una noches”

El mendigo ciego que había jurado no recibir ninguna limosna que no estuviera acompañada de una bofetada, refirió al Califa su historia:

-Comendador de los Creyentes, he nacido en Bagdad. Con la herencia de mis padres y con mi trabajo, compré ochenta camellos que alquilaba a los mercaderes de las caravanas que se dirigían a las ciudades y a los confines de tu dilatado imperio.

Una tarde que volvía de Bassorah con mi recua vacía, me detuve para que pastaran los camellos; los vigilaba, sentado a la sombra de un árbol, ante una fuente, cuando llegó un derviche que iba a pie a Bassorah. Nos saludamos, sacamos nuestras provisiones y nos pusimos a comer fraternalmente. El derviche, mirando mis numerosos camellos, me dijo que no lejos de ahí, una montaña recelaba un tesoro tan infinito que aun después de cargar de joyas y de oro los ochenta camellos, no se notaría mengua en él. Arrebatado de gozo me arrojé al cuello del derviche y le rogué que me indicara el sitio, ofreciendo darle en agradecimiento un camello cargado. El derviche entendió que la codicia me hacía perder el buen sentido y me contestó:

-Hermano, debes comprender que tu oferta no guarda proporción con la fineza que esperas de mí. Puedo no hablarte más del tesoro y guardar mi secreto. Pero te quiero bien y te haré una proposición más cabal. Iremos a la montaña del tesoro y cargaremos los ochenta camellos; me darás cuarenta y te quedarás con otros cuarenta, y luego nos separaremos, tomando cada cual su camino.

Esta proposición razonable me pareció durísima, veía como un quebranto la pérdida de los cuarenta camellos y me escandalizaba que el derviche, un hombre harapiento, fuera no menos rico que yo. Accedí, sin embargo, para no arrepentirme hasta la muerte de haber perdido esa ocasión.

Reuní los camellos y nos encaminamos a un valle rodeado de montañas altísimas, en el que entramos por un desfiladero tan estrecho que sólo un camello podía pasar de frente.

El derviche hizo un haz de leña con las ramas secas que recogió en el valle, lo encendió por medio de unos polvos aromáticos, pronunció palabras incomprensibles, y vimos, a través de la humareda, que se abría la montaña y que había un palacio en el centro. Entramos, y lo primero que se ofreció a mi vista deslumbrada fueron unos montones de oro sobre los que se arrojó mi codicia como el águila sobre la presa, y empecé a llenar las bolsas que llevaba.

El derviche hizo otro tanto, noté que prefería las piedras preciosas al oro y resolví copiar su ejemplo. Ya cargados mis ochenta camellos, el derviche, antes de cerrar la montaña, sacó de una jarra de plata una cajita de madera de sándalo que según me hizo ver, contenía una pomada, y la guardó en el seno.

Salimos, la montaña se cerró, nos repartimos los ochenta camellos y valiéndome de las palabras más expresivas le agradecí la fineza que me había hecho, nos abrazamos con sumo alborozo y cada cual tomó su camino.

No había dado cien pasos cuando el numen de la codicia me acometió. Me arrepentí de haber cedido mis cuarenta camellos y su carga preciosa, y resolví quitárselos al derviche, por buenas o por malas. El derviche no necesita esas riquezas -pensé-, conoce el lugar del tesoro; además, está hecho a la indigencia.

Hice parar mis camellos y retrocedí corriendo y gritando para que se detuviera el derviche. Lo alcancé.

-Hermano -le dije-, he reflexionado que eres un hombre acostumbrado a vivir pacíficamente, sólo experto en la oración y en la devoción, y que no podrás nunca dirigir cuarenta camellos. Si quieres creerme, quédate solamente con treinta, aun así te verás en apuros para gobernarlos.

-Tienes razón -me respondió el derviche-. No había pensado en ello. Escoge los diez que más te acomoden, llévatelos y que Dios te guarde.

Aparté diez camellos que incorporé a los míos, pero la misma prontitud con que había cedido el derviche, encendió mi codicia. Volví de nuevo atrás y le repetí el mismo razonamiento, encareciéndole la dificultad que tendría para gobernar los camellos, y me llevé otros diez. Semejante al hidrópico que más sediento se halla cuanto más bebe, mi codicia aumentaba en proporción a la condescendencia del derviche. Logré, a fuerza de besos y de bendiciones, que me devolviera todos los camellos con su carga de oro y de pedrería. Al entregarme el último de todos, me dijo:

-Haz buen uso de estas riquezas y recuerda que Dios, que te las ha dado, puede quitártelas si no socorres a los menesterosos, a quienes la misericordia divina deja en el desamparo para que los ricos ejerciten su caridad y merezcan, así, una recompensa mayor en el Paraíso.

La codicia me había ofuscado de tal modo el entendimiento que, al darle gracias por la cesión de mis camellos, sólo pensaba en la cajita de sándalo que el derviche había guardado con tanto esmero.

Presumiendo que la pomada debía encerrar alguna maravillosa virtud, le rogué que me la diera, diciéndole que un hombre como él, que había renunciado a todas las vanidades del mundo, no necesitaba pomadas.

En mi interior estaba resuelto a quitársela por la fuerza, pero, lejos de rehusármela, el derviche sacó la cajita del seno, y me la entregó.

Cuando la tuve en las manos, la abrí. Mirando la pomada que contenía, le dije:

-Puesto que tu bondad es tan grande, te ruego que me digas cuáles son las virtudes de esta pomada.

-Son prodigiosas -me contestó-. Frotando con ella el ojo izquierdo y cerrando el derecho, se ven distintamente todos los tesoros ocultos en las entrañas de la tierra. Frotando el ojo derecho, se pierde la vista de los dos.

Maravillado, le rogué que me frotase con la pomada el ojo izquierdo.

El derviche accedió. Apenas me hubo frotado el ojo, aparecieron a mi vista tantos y tan diversos tesoros, que volvió a encenderse mi codicia. No me cansaba de contemplar tan infinitas riquezas, pero como me era preciso tener cerrado y cubierto con la mano el ojo derecho, y esto me fatigaba, rogué al derviche que me frotase con la pomada el ojo derecho, para ver más tesoros.

-Ya te dije -me contestó- que si aplicas la pomada al ojo derecho, perderás la vista.

-Hermano -le repliqué sonriendo- es imposible que esta pomada tenga dos cualidades tan contrarias y dos virtudes tan diversas.

Largo rato porfiamos; finalmente, el derviche, tomando a Dios por testigo de que me decía la verdad, cedió a mis instancias. Yo cerré el ojo izquierdo, el derviche me frotó con la pomada el ojo derecho. Cuando los abrí, estaba ciego.

Aunque tarde, conocí que el miserable deseo de riquezas me había perdido y maldije mi desmesurada codicia. Me arrojé a los pies del derviche.

-Hermano -le dije-, tú que siempre me has complacido y que eres tan sabio, devuélveme la vista.

-Desventurado -me respondió-, ¿no te previne de antemano y no hice todos los esfuerzos para preservarte de esta desdicha? Conozco, sí, muchos secretos, como has podido comprobar en el tiempo que hemos estado juntos, pero no conozco el secreto capaz de devolverte la luz. Dios te había colmado de riquezas que eras indigno de poseer, te las ha quitado para castigar tu codicia.

Reunió mis ochenta camellos y prosiguió con ellos su camino, dejándome solo y desamparado, sin atender a mis lágrimas y a mis súplicas. Desesperado, no sé cuántos días erré por esas montañas; unos peregrinos me recogieron.

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Cine: Nykvist en la trasescena

Jesús Dapena Botero (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)


A mi entrañable amigo, el abogado Álvaro Sanín Posada,
ex director del cineclub Ukamau,
quien me hizo saber que Nykvist existía.

Saber que una película era hecha con la cámara de Nykvist, para los cinéfilos, era todo un signo de calidad, siempre deseosos de saber de lo enigmático de su fotografía.

Bien sabíamos de todo lo que había colaborado co el mismísimo Ingmar Bergman, para adentrarnos en los meandros de las almas de los personajes de aquel fascinante maestro de la linterna mágica.

Y un buen día me topé, en la Biblioteca Municipal de Vigo, un documental de Kerstin Eriksdotter, el ayudante de dirección de Sacrificio, filmada en Suecia, en 1986, por Andréi Tarkowski, con la colaboración del famoso fotógrafo de Bergman, quien nos invita a inmiscuirnos en la trasescena de la obra del director ruso, para acercarnos a la intimidad del trabajo de Nykvist y su equipo de colaboradores, lo cual podía acercarme a la revelación del enigma tantos años atrás planteado, para lograr entender como de una manera tan mágica, este fotógrafo nos donaba escenas llenas de naturalidad y sencillez.

Sin duda, el fotógrafo sueco es un hombre de altas dotes intelectuales, con una excelente formación académica, quien había aprendido de su padre, un misionero protestante, acerca del cine y la fotografía, aficiones que fueran bastante estimuladas en el chico por su puritano medio familiar, lo que lo llevaría a perfeccionarse en su arte; desde el vamos, el joven Nykvist dio cuenta de unas dotes extraordinarias, a pesar de que cuando quiso lanzarse al mundo del cine, su familia rechazase esta opción por considerarla un oficio poco digno; sin embargo, el joven no se arredraría y así se convertiría en ayudante de cámara para la Sandrews, camino que lo conduciría a llegar a ser director de fotografía en el cine sueco, con cintas de bajo presupuesto o hacer documentales, en el Congo, sobre tribus primitivas o trabajos fílmicos sobre el benevolente Albert Schweitzer, lo que le acarrearía el beneplácito de su religiosa familia, la cual - ¡al fin! -comprendía que el cine podía estar al servicio de los seres humanos más desfavorecidos, lo cual no era cosa de poca monta.

La perseverancia conduciría a Nykvist a tener la oportunidad de rodar con Ingmar Bergman, en 1953, la película Noche de Circo, con lo que se le abrirían las puertas de una constante relación, como uno de los integrantes definitivos del equipo técnico del gran director, quien prefería trabajar con un grupo fijo y reducido, conformado por personas de su entera confianza. Nykvist encontraría en Ingmar Bergman todo un maestro del cuidado en los detalles más minuciosos, lo cual le haría progresar en grande en su trabajo como fotógrafo, a la par que definiría todo un estilo estético, marcado por un gran realismo y una exquisita sencillez, que lo haría recibir el Óscar por su trabajo fotográfico en Gritos y Susurros en 1972, una llave que le abriría las puertas para poder colaborar con otros grandes maestros del cine como Roman Polansky en El inquilino (1976).

Ahora, entonces, se le abrirían las puertas de un Hollywood donde aprendería la utilización de los últimos avances técnicos en iluminación, sin que, por ello, se apartara nunca de su estilo particularmente austero, con el que lograba imágenes de una belleza sin par.

Fue así que más allá de Bergman y Polansky, trabajaría con directores de la talla de Louis con La luna negra en 1975, de Woody Allen, con quien realizaría varios filmes hasta lograr un nuevo Óscar en 1981, con la nueva película de Bergaman, Fanny y Alexander y hacer con Andréi Tarkovsky a Sacrificio en 1986.

Toda esa experiencia, lo llevaría a hacerse merecedor de la cátedra de fotografía de la Universidad de Arte Dramático de Estocolmo, donde compartiría sus conocimientos con los estudiantes de fotografía sobre su particular tratamiento de la luz y transmitirles el conocimiento adquirido en una larga práctica de toda una vida, dada su dedicación completa a su labor de fotógrafo.


Algo de ello podemos aprovechar en el hermoso documental de Kerstin Eriksdotter, quien nos adentra en el estudio en el que se filma Sacrificio de Tarkovsky paa darnos una bella lección sobre la confección de dramáticas escenas, realizadas con una fotografía impecable, que el director se dispone a ambientar con la delicadeza que lo caracteriza, como las de la toma de un bodegón en una ventana, que casi pareciera ser una obra maestra de la pintura.

Para llevar a cabo su arte, Nykvist se compenetra con el guión, tras una cuidadosísima lectura, para poder así captar bien la atmósfera que debe transmitir y crear lo que él llama un ambiance, algo que había aprendido con Bergman, a través del uso de determinados tipos de luz, que sirven para ambientar una historia con tonos particulares sean éstos oníricos, vívidos, mortecinos, claros, oscuros, nublados, violentos, bruscos, primaverales, pálidos o calmos, pues hay muchas maneras de usar la luz para acompasar la narrativa.

Es algo que se logra perfectamente en Persona, cinta en la que la relativa falta de diálogo hace la narración que tenga que sostenerse desde el ambiente y el clima visuales que se crean, dada la naturaleza etérea de la historia.


Entonces, hay que lanzarse a todo un juego de luces, que permita encontrar cuál ha de ser el correcto para la exposición, para captar tanto como a las sombras, en un equilibrado claroscuro, a partir de una luz que el fotógrafo llama la luz principal, la más potente, la de mayor intensidad, que determina donde han de ir las secundarias, las de relleno, que sirven para borrar un poco las sombras provocadas por la luz principal, ya que, según dicen los colaboradores del gran fotógrafo, Nykvist es alérgico a las sombras y de ahí que prefiera una luz cenital, que se logra desde arriba, por encima de la escena, para que las sombras se proyecten sobre el suelo, tipo de luz muy útil cuando se pretende iluminar una escena general y obtener escenas como ésta, de otro autor pero tan del estilo de las alcanzadas en Persona:


El cuidadoso Nykvist nos explica que no se puede iluminar los fondos sin más, que hay que preparar la escena desde antes, para determinar cuál ha de ser la luz principal y luego incluir a los actores para no tener que trabajar el doble y hacerlo con eficiencia, ya que al hacer una iluminación e intentar arreglarla es como meterse en un berenjenal y muchas veces resulta mejor desmontarlo todo y volver a empezar.

Por ello, se precisa que juntos, el director y el fotógrafo, repasen previamente todas las escenas para lograr un esquema de los movimientos que han de realizarse y trazar las directrices para que luego cada uno vaya a lo suyo.

Así las cosas, Nykvist estudia todos los focos de luz que hay en un ambiente, para después incluir las luces de relleno y saber rodearse de un equipo con gente que sepa hacer muy bien su trabajo, en equipos pequeños que requieren de la estabilidad de los colaboradores.

Con un grupo de esta naturaleza pude lograrse realizar lo que se quiere, así podrá determinarse donde han de morir las luces, si se pretende dar la sensación de estar en un atardecer.

Para ello ha de saberse cuándo ha de usarse un filtro lumínico o qué voltaje, potencia o intensidad debe tener una fuente de luz.

De ahí, que los operadores deban tener que manejar su técnica a la perfección pero no bastan los tecnicismos porque han de ser personas tan sensibles que puedan apreciar profundamente los sentimientos que el guión quiere transmitir para traspasarlos a la fotografía.

Por lo tanto, ha de haber una excelente comunicación entre los miembros del equipo, para lo que se requieren unas excelentes relaciones entre ellos y el director fotográfico, quien ha de ser consciente de que es preciso explicarlo todo, advertir y esclarecer cada detalle, hablar sobre como se sienten las cosas, para así poder conseguir lo que se desea y mostrar lo que verdaderamente interesa al fotógrafo; en fin, es preciso discutir muy bien cada propósito por el camino.

Antes de la experiencia hollywodense, Nykvist trabajaba con focos pequeños, con redheads, lámparas equipadas con luz de tungsteno, y lámparas corrientes con pantalla que ofrecen al ambiente luces difusas y si bien, medía los contrastes entre las luces y las sombras, evitaba el mucho tecnicismo puesto que éste puede llevar a una realización monótona y homogénea, que hace que todas las películas resulten iguales, cuando la virtud más crucial de un director de fotografía es poder adaptarse al estilo de cada filme y de cada director.

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José Emilio Pacheco, fabulador del tiempo

Daniela Saidman (Desde Venezuela. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

Tiempo de otros tiempos, otros horizontes y los mismos sueños. Cargamos en las alforjas el resplandor del mundo. Brillan en los ojos las estrellas que miraron otros cielos, que alumbraron otras noches. Ese es el sabor de la poética de José Emilio Pacheco (Ciudad de México, 30 de junio de 1939), galardonado con el Premio Cervantes de Literatura 2010, que se otorga en el marco del Día Internacional del Libro y del Idioma.

En sus versos habitan todas las voces de México, todas las voces de la América Nuestra, y estallan en él los ecos. Pacheco, fabulador del tiempo, escribe desde el amor y la fe hacia el poder de la palabra. En su obra de décadas convergen todas las formas de la poesía, desde el epigrama y el haikú hasta el extenso poema que lleva el acento de todas las humanas pasiones, la violencia, la tragedia, la fugacidad, el amor, el roce, la maravilla de decir y decirnos la vida.

Testigo del siglo XX, centuria conmovida de guerras y de hambres, el poeta carga con el dolor del mundo, con las abiertas heridas de la violencia y se adueña de la palabra que comparte, para contar y contarnos las derrotas. Camina entre los muertos sabiéndose uno más de ellos, una voz entre las voces, un grito que se levanta y emerge de las cenizas.

“La única antorcha recibida / iluminó el entierro de sus muertos. / Desplazamientos / que por mil noches terminaron en humo. / Crujir de huesos, / rumor de casas incendiadas. / ¿A quién le debo / haber estado a salvo / mirando todo / desde otra orilla? / Gran aventura / es la guerra como espectáculo, / a menos / de que uno lleve como pecado original esta culpa”.
(Jardín de niños, poema 6)

Ese antiguo México, sabio y adolorido, maltratado por los fuegos invasores, por la imposición de otros dioses, vive bajo las cruces, vibra en volcanes, baila en los pasos, suda en la siembra, habita el presente y dice desde antes y desde siempre, el abrazo del mundo.

“Vendrá de lo alto el gran cortejo de lava. / El aire inerte se cubrirá de ceniza. / El mar de fuego lavará la ignominia, / se hará llama la tierra y lumbre el polvo. / Entre la roca brotará una planta. / Cuando florezca volverá la vida / a lo que convertimos en desierto de muerte”.
(Malpaís, fragmento)

Habitada de sus gentes y sus muertos la tierra recrea los llantos, se alimenta de las risas niñas y del fragor de las buenas humedades. Amante madre y amante esposa llora el desconsuelo y se alegra de los imprescindibles tiempos que serán. El poeta es poeta en la dimensión que otorga la palabra, y la suya cubre el papel de reverdecidos anhelos, de fuegos capaces de incendiar las entrañas y extender a lo alto, a lo hondo, una esperanza.

“Mira a los pobres de este mundo. Admira / su infinita paciencia. / Con qué maestría han rodeado todo. / Con cuánta fuerza miden el despejo. / Con qué certeza / saben que estás perdido: / tarde o temprano / ellos en masa heredarán la tierra”.

No hay tiempo sin memoria y viceversa. José Emilio Pacheco, fabulador del tiempo y de la humana divinidad que nos habita, abre rendijas, se asoma y nos asombra, con sus versos, con su palabra que sabe de volcanes y de truenos. Huele a tierra llovida, sabe a maíz la siembra, y la poesía tan poco inocente, se abre entre la tierra y sus gentes.

“Todo lo que has perdido, me dijeron, es tuyo. / Y ninguna memoria recordaba que es cierto./ Todo lo que destruyes, afirmaron, te hiere. / Traza una cicatriz que no lava el olvido. / Todo lo que has amado, sentenciaron, ha muerto. / No quedó ni la sombra, se acabó para siempre. / Todo lo que creíste, repitieron, es falso. / Se hundieron las palabras con que empezó tu tiempo. / Todo lo que has perdido, concluyeron, es tuyo. / Y una luz fugitiva anegará el silencio”.
(Luz y silencio)

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¡Escucha, yanqui!

Julio Herrera (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Escucha, yanqui:
Tú, que solo amas escuchar
la sinfonía del dinero,
el tableteo de tus metrallas
y la explosión de los pueblos-piñatas
bajo el Gran Garrote de tu ciega ambición;
Escucha, yanqui:
tú, que eres sordo a las cataratas de lágrimas
de los pueblos que subyugas,
y que con tu sed de petróleo ajeno
y de sangre proletaria y planetaria
pretendes ignorar la sed de justicia popular,
debes saber que tu petróleo usurpado
se tornará inflamable en tus cofres insaciables,
en tus bancos y consorcios depredadores y rapaces.
Escucha, yanqui:
tú, que crees que escribir LIBERTAD
con la mano izquierda y sin tu permiso
es violar el derecho humano de escribir,
debes saber que ya los pueblos desengañados
no creen en los perros guardianes de tus tribunas falsimedias
ni confían en los perros pastores de tus púlpitos de Judas,
ni temen a tus jaurías marciales de sicarios y mercenarios.
Escucha, yanqui:
tú, que haces tu siesta ahíto de obreros y labriegos
y que oculto en tus garitos o en tus bosques de arsenales
asedias nuestros arados y surcos fecundos
solo porque son trincheras contra el hambre globalizada
debes saber que de una a otra esquina del planeta
hay obreros y labriegos combativos y coléricos
que armados hasta los dientes de verdades prohibidas
ponen los puntos sobre las íes a tus mezquinos evangelios.
Escucha yanqui,
debes saber que en tu planeta privatizado
crecen silvestres las viudas y los huérfanos,
los jóvenes precoces, los ancianos juveniles,
y las mujeres verticales,
victimas de tu vandalismo y tu rapiña infinita,
que hastiados ya de sufrir tu caridad agiotista
llaman las cosas por su nombre libre
clamando justicia a grito herido,
clamando revancha a grito colectivo.
Es tiempo que sepas, yanqui aleve,
que ya no tendrás treguas de paz,
ni tiempos de victorias impunes,
ni de trincheras inmunes,
que nada podrán tus misiles genocidas
contra las conciencias blindadas de coraje;
¡que ya se acerca la aurora de los pueblos
con despertar de disparos deslumbrantes,
con pólvora de corazones indignados!
Escucha, yanqui:
¡Debes saber que de las tumbas de nuestros héroes
que murieron de tus balas sembradas en la espalda,
retoñan clarines del grito de revancha!
Debes saber que en tus anónimas prisiones tenebrosas
hay reclusos libres de tu "libertad", clarividentes del mañana
que con laboriosas esperanzas y cóleras volcánicas
socavan tus prisiones y pedestales, palpitando sus furias telúricas,
desafiando tus guardianes, tus diluvios de metrallas y misiles!
Escucha, yanqui, tahúr de la mentira y la emboscada:
debes saber que aunque hoy sonrías triunfal
tras tu careta compungida o paternal,
mañana no encontrarás tierra de exilio
para tu vergüenza universal!
Escucha yanqui, es hora de hacer tu mea culpa:
tú te hiciste el juez, el gendarme, el verdugo del mundo,
y mañana el mundo liberado te juzgará y condenará!
En tu terrorista omnipotencia te creíste Dios,
te fingiste el redentor del universo por ti usurpado…
y ya por falso y por artero… ya mereces ser crucificado!

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Novedades editoriales

Pablo E. Chacón

Cristo con un fusil al hombro
Ryszard Kapucinski
Anagrama

La contraportada de la primera edición polaca de este libro (de 1975) exhibía un texto escrito por el autor: “Poco después de la muerte del Che Guevara, el pintor revolucionario argentino Carlos Alonso pintó un cuadro que inmediatamente se hizo famoso en toda América Latina y que multiplicado en miles de copias, apareció en forma de cartel en los muros de La Habana y de Caracas, en las aulas universitarias de Lima y de Santiago de Chile, en las viviendas de los obreros brasileños y en las chozas de los campesinos mexicanos. Alonso había pintado una figura de Cristo con un fusil al hombro, figura que por su aspecto y atuendo recordaba la de un guerrillero, fuera éste cubano, boliviano o colombiano. En los países de las dictaduras militares, la policía arrancaba el cartel de los muros; en Paraguay dieron con sus huesos en la cárcel los estudiantes que habían aprovechado la noche para pegarlo en las calles de Asunción. El cuadro de Alonso se ha convertido desde entonces en el símbolo artístico del luchador, del guerrillero, del hombre que arma en mano y en las peores condiciones, combate la violencia y la arbitrariedad en su lucha por un mundo diferente, justo y bueno con los seres humanos”. Para ser rigurosos, no fue Ernesto Guevara sino el sacerdote Camilo Torres, abatido a tiros, quien había hecho de prototipo de la figura de Cristo con un fusil. Sin embargo, sólo la muerte del Che, en vísperas de la revuelta del 68 y en un mundo inmerso en la Guerra Fría, dio comienzo a la leyenda que inspiró a los jóvenes rebeldes de los países del Sur, que se desangraban en silencio bajo la férula de unos regímenes tan atroces y genocidas como impunes. Esta reedición recorre el escenario de esa época de cambios.

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El Guernica de Picasso: el poder de la representación
Andrea Giunta (editora)
Editorial Biblos

Esta no es la historia de un cuadro sino la de algunos de los muchos debates que éste produjo. Una pintura que no concluye en el límite de su superficie sino que se actualiza, adquiere nueva vida, cada vez que se discute sobre ella o que se levanta como una bandera, incrustando nuevamente su historia en el presente. El problema no radica sólo en el estudio de su recepción sino también en la fuerza con que esta imagen se ha incorporado a la vida cotidiana de las personas.
Todos los superlativos que acompañan la simple mención del Guernica de Pablo Picasso se desvanecen cuando los curadores describen el estado actual de su superficie. Desgarros, pérdidas, refuerzos, deformaciones, orificios, suciedades, grietas, repintes, microfisuras, levantamientos, reintegraciones, desgastes, restos: los términos remiten más a una ruina que al icono esplendoroso del siglo XX. El propio autor la definió como “una pintura herida”. Sin embargo, lejos de haber perdido su poder, lo ha acrecentado.

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Rostros. Ensayo de antropología
David Le Breton
Letra Viva

El rostro tiene historias que atraviesan los siglos y son muy diferentes. Le Breton hace una antropología de esa parte del cuerpo que es lugar central de la comunicación. Sin dejar de lado el “cara a cara”, el mal de ojo, las máscaras, las muecas o los identikits, pone en evidencia las paradojas de la envergadura del rostro humano, conduciéndolo sucesivamente por la historia de lo deformado y lo resplandeciente, lo bello y lo feo, lo aceptable y lo insoportable.
El autor relaciona rostro y máscara. “La máscara no es una simple herramienta para asegurarse el incógnito, sino que revela secretos, sorpresas. Suele tomar las riendas apoderándose del hombre, quien creía dominar, orientar su acción. Querer escurrirse de los propios rasgos no es una intención libre de riesgos. Cambiar de rostro es cambiar de existencia… ¿No es acaso el rostro una medida de precaución a través de la cual se dominan todos los impulsos, las tentaciones que pondrían en peligro el orden del lazo social?”.

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Las distancias del olvido
Manuel Rebón
Colihue

Este libro, ganador del concurso Homenaje a Nicolás Casullo, muestra muchas de las nervaduras de un pensamiento que juega con la frase, aplica su cincel artístico y nunca abandona la razón argumentativa. Recreando las modalidades del ensayo que practicaba Casullo, pero sobrevolando autores que no eran sus principales lecturas, “Las distancias …” despliega contingencias y derivaciones propias y nos presenta así a un ensayista visto en un doble aspecto. Por la mirada del crítico. Y evocado también por el arte de otro escritor joven que hablando en su propio lenguaje, consigue el efecto real de decirnos que una veta fundamental de la ensayística de este país no se ha extinguido.

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Cienfuegos: Crisol de razas en Cuba

XINHUA

La sureña ciudad de Cienfuegos declarada patrimonio de la Humanidad por la UNESCO es quizás la mejor expresión del crisol de razas en el que se forjó la nacionalidad cubana.

A 191 años de su fundación en la ciudad de Cienfuegos, 250 kilómetros al sudeste de La Habana, confluyeron por azar histórico raíces españolas, francesas, africanas e indígenas que dieron un toque de singularidad a la villa.

Debido a su privilegiada posición, su excepcional bahía de aguas profundas y boca abrigada y estrecha descubierta por Cristóbal Colón en 1494 en su segundo viaje fue reforzada en 1740, y en los siguientes cinco años con la construcción del Castillo de Jagua como protección contra los piratas. Sin embargo fue hasta el 22 de abril de 1819 cuando la ciudad nació con la llegada de colonos franceses procedentes de la Louisiana.

Los colonos fueron atraídos por la decisión española de favorecer la colonización blanca ante el miedo a una sublevación de negros esclavos similar a la ocurrida en la vecina Puerto Príncipe y después devenida Revolución Haitiana.

Los colonos franceses decidieron bautizar el asentamiento como Fernandina de Jagua que combinaba los blasones reales de Fernando VII cabeza de la monarquía española y la toponimia aborigen de Jagua como se denominaba esa comarca de llanura, ríos, montañas y mar. Su fundador y primer gobernador fue el teniente coronel de los Reales Ejércitos hispanos Luis D'Clouet y Piettre natural de Burdeos, quien tras azarosa y polémica vida política en 1844 recibió el título de Conde de Fernandina de Jagua.

Con sus calles de recto trazado que nacen o mueren en el mar según se mire la ciudad creció durante su primera década de vida hasta que en 1829 recibió el título de villa debido a su prosperidad económica y rápido crecimiento poblacional.

Simultáneamente se sustituyó el nombre de Fernandina de Jagua por el que rinde homenaje al gobernador general de la isla el asturiano José Cienfuegos promotor de la colonización blanca. Convertida en una de las urbes más ricas cultural y financieramente del país en 1880 fue declarada ciudad y comenzó a ser conocida como "La Perla del Sur".

Arropada por la bahía en la que desaguan los ríos Caonao, Salado y Damují, la urbe pasó a ser la localidad más importante de la región central del país durante el Siglo XIX para convertirse en el segundo puerto pesquero y el tercero comercial de la isla.

Las 70 manzanas de su Casco Colonial Cienfuegos están ahora protegidas por la Organización para la Educación la Ciencia y la Cultura de las Naciones Unidas a propuesta del gobierno cubano. Es el único poblado del Caribe hispano-parlante construido por franceses.

También está en la selecta lista de la UNESCO por ser "el primer y excepcional ejemplo de un conjunto arquitectónico representativo de las nuevas ideas de modernidad, higiene y orden en el planeamiento urbano en la América Latina del siglo XIX" y por su buen estado de conservación.

Una de las características que hacen única a esta urbe es su predominante estilo neoclásico evidenciado en el ya trazado de sus calles que muchos comparan con un tablero de ajedrez. Entre sus más espléndidas edificaciones todas construidas alrededor de la antigua Plaza de Armas actual parque José Martí están el Teatro Tomás Ferry, el Colegio San Lorenzo, la Catedral de la Purísima Concepción y el Palacio de Gobierno. En el siglo XX se le añadieron construcciones eclécticas y deudoras del art déco que le infunden una variedad arquitectónica de impactante belleza.

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La contemplación: identidad y dualidad

Javier Farto Graña (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La identidad es uno de los grandes temas clásicos de la literatura, esos que siempre son (re)explorados. Muchos de los grandes autores han trabajado con este tema y nos han proporcionado enfoques nuevos. El problema de la identidad es recurrente en la obra de Edgar Borges. Aparecía claramente en su obra ¿Quién mató a mi madre? así como en ¿Quién mató al doble de Edgar Allan Poe? En La contemplación hay un salto: más allá del argumento aparente se plantea una lucha de contrarios y, de vez en cuando, se nos inmiscuye la pregunta de si esos contrarios lo serán verdaderamente.

Ya Aristóteles abordó el problema de la identidad. La entidad es aquello que es siempre sujeto, nunca predicado. A la entidad se le puede adjudicar como predicado, bien una sustancia segunda, bien un accidente, algo que sea accesorio hasta cierto punto. Así, Don Quijote (entidad o sustancia) es un hombre (sustancia segunda) flaco (accidente). Al final de lo que trata la identidad es de la determinación de la esencia, de aquello que está más próximo al ser. Por eso hay la separación entre hombre, sustancia segunda, y flaco, mero accidente y más alejado de la esencia (aunque quizá, dado el humor cervantino, dudemos sobre si esa extrema delgadez es algo esencial en Don Quijote). Cuando decimos de dos objetos que son iguales, estamos buscando esa esencia común a ambos.

San Agustín, en gran medida, se enfrentó a la lucha de contrarios en el problema del mal. En su época, luchó contra el maniqueísmo, contra la creencia de dos principios opuestos e irreductibles: el bien (La Luz) y el Mal (Las Tinieblas). El cuerpo y la materia forman parte del mal, del demonio. El hombre no tiene ninguna responsabilidad por ello. En el maniqueísmo, al no ser el mal cosa del hombre, este está eximido. Como mucho aspirará a separar Luz y Tinieblas, regresar a un idealista estado original. Pero el obispo de Hipona nos dice que el hombre sí tiene responsabilidad, ya que (y he aquí su concepto básico) es libre para decidir. Y, a diferencia de lo que creían los griegos, la libertad no es algo del raciocinio, sino de la voluntad. De este forma, se puede conocer perfectamente cual es el bien y, sin embargo, hacer el mal.

En La contemplación, aparecen muchos de estos dualismos aparentes: hombre vs. mujer, Lennon vs. McCartney, individuo vs. masa, nacional vs. extranjero, acción vs. Contemplación. En el argumento primero aparecen hombres, mujeres y transexuales. La protagonista principal, con sus problemas de pareja, introduce primeramente un conflicto hombre-mujer, pero esto se extiende a un conflicto masculino-femenino en su propia persona. La música no deja de aparecer, tanto la pareja de la protagonista como uno de sus alumnos aventajados, usan la música como un instrumento de tortura para dicha protagonista, escritora y crítica.

En la novela hay una lucha entre el individuo y la masa. La masa es vista en un sentido orteguiano: es vulgar y se siente orgullosa de serlo, denostando la diferencia. Absorbe y anula al individuo, trata de volverlo como ella, lograr la homogeneidad completa, lo que en cierto sentido desemboca irremediablemente en su deshumanización. La masa no tolera a los seres diferentes, por eso en la novela, esta masa no quiere extranjeros, no quiere transexuales. No quiere lo diferente que es absorbido o eliminado (de ahí los asesinatos descritos en ella).

La masa no quiere la contemplación. La masa está lanzada en una carrera hacia ninguna parte. Se opone a la contemplación, al detenimiento, a saborear detenidamente lo que nuestros sentidos nos ofrecen, En su lugar ofrece una prisa, un recorrerlo todo de forma rápida y repetitiva, cansina. Subyace el conflicto arte (contemplación) vs. acción que tan bien manifestara Thomas Mann en La muerte en venecia o La montaña mágica. En la novela percibo que se presenta el sólo contemplar como una sublevación, más que incluso como disfrute estético. Lo cierto es que en Las puertas de la percepción o Cielo e infierno, Aldous Huxley presentaba ciertas intuiciones biológicas: sin algunos de nuestros filtros químicos veríamos cada objeto como único e independiente, como un objeto maravilloso. Esos filtros químicos nos capacitan para la vida corriente, para la vida no artística. Huxley habla de su experiencia con la mescalina, que puede anular dicho filtrado. El hombre se convierte así en un ser destinado al arte e incapacitado para la vida corriente (Huxley introduce la sospecha de que algunos artistas tenían deficiencias naturales en dicho filtrado, lo que posibilitaba ciertas visiones suyas). La novela de Edgar Borges me sugiere que esa incapacidad no es bien vista por la masa. Ya no entramos en la acción de contemplar como objeto artístico, sino simplemente como un elemento que, obligando al detenimiento, es contrario a la prisa que la masa reivindica. La prisa que evita el extrañamiento, noción que los formalistas rusos consideraban fundamental para que el objeto se convirtiese en arte.

Edgar Borges es un autor que parece nos arrastra a recorrer el camino hacia lo simbólico. En las obras suyas que he citado hay siempre un argumento aparente. En él hay un crimen, varios sospechosos, así como escasez de referencias espaciales y temporales. El espacio y el tiempo son introducidos con morosa frecuencia. El resultado, como en Kafka, es una sensación de desasosiego, de unos personajes que parecen vivir y actuar en escenarios casi vacíos, tal que flotasen. El nudo gordiano de las obras suele estar, no en la acción, ni en la resolución del misterio, ni mucho menos en la descripción de tipos humanos; el nudo suele referirse a nuevos problemas a los que la investigación del crimen inicial nos remite, problemas en los que la masa, manipulada, suele detentar un rol crucial.

Anoto lo que creo un avance en este trabajo de Edgar Borges. En sus obras anteriores, sobre todo al comparar con ésta, creo haber percibido que, cuando el libro va avanzando, el argumento aparente va perdiendo algo de protagonismo en favor de sus sugerencias simbólicas, que nos remiten a otros mundos. En La contemplación el argumento aparente, el que se ve a primera vista es más rico y complejo. Hay más personajes, la introducción de elementos espaciales y temporales, siendo morosa, lo es menos que en obras anteriores, lo que contribuye a darle más densidad. En esta obra el número de espacios es mayor (se pierde ese espacio reducido, casi teatral, que maneja este autor) pero este aumento de espacios, en los que las referencias siguen siendo escasas nos llevan a un cierto vértigo, bien acompañado por algunos diálogos que contribuyen a esa impresión de infinitud, de vastedad.

Creo, en definitiva, que ello contribuye a que el elemento dominante del desasosiego, se quede aquí, en mayor medida que en otras obras, en la narración del primer plano, en el argumento aparente. Es cierto que contribuye a que el libro sea “más difícil de interpretar”, debido a los movimientos entre los diversos espacios. Se ha tachado como libro “difícil” pero, siguiendo a Susan Sontag, la interpretación es, en ocasiones, más una traba que una ventaja. Habrá muchos lectores que creeran haber aprehendido una; otros, percibirán el texto de una forma más inconexa. Pero ¿acaso esto impide percibir el peligro de la masa, la indefensión de los no-homogéneos, el conflicto de la sexualidad y de la dualidad? La recreación de todo esto es mucho más importante que la persecución obsesiva de esa abstracción que denominamos contenido (visto aquí como la obtención de un “resumen”, un “argumento”).

Como se dijo de Faulkner “En ocasiones no sabes muy bien qué está pasando, sólo que está pasando algo terrible”.

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El dueño del circo

Beatriz Paganini (Desde Santa Fe, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Grita, no habla, o habla a los gritos, que es lo mismo. El está en el circo y es el presentador (además de único dueño).

Es un circo donde no hay payasos aunque él se burla igual de los participantes como si lo fueran.

Ahora está frente a la rubia Silvia, exuberante con sus impresionantes pechos. Sobre el izquierdo (siempre hablando de los pechos), tiene, pegado, algo parecido a un botón.

Desde la pantalla del televisor no se puede visualizar bien pero a través de los gritos del dueño del circo que dialoga con la rubia, queda claro que ella se ha puesto la insignia del club de los amores de ambos: San Lorenzo , dando fe a su rendición incondicional al San que de Santo no tiene nada.

Ella le pide que le saque el botón (que sigue pegado en su pecho izquierdo). El intenta pero está muy pegado.

Los presentes gritan (igual que el dueño del circo)

¡Apretá!,
¡está duro,!
¡no te sale!,
¡dale!,
¡otra vez,!

Es el doble sentido soez que tanto divierte al dueño.

Agotado el tema del botón en el seno, el dueño del circo dispone que ella, la rubia, la exuberante, vaya repartiendo besos a quién él lo disponga.

Entonces, la va llevando de la mano y, ante el asalariado elegido (que siempre es un empleado del dueño del circo) la rubia lo debe besar.

El periplo sigue por los pasillos del canal donde el dueño del circo ordena que tal o cual la debe besar y, justo en ese momento la pantalla mostrará al empleado que deja su cámara, su escritorio o lo que sea para ejecutar la orden en medio de los gritos, risas, aplausos y comentarios soeces, genuflexos y ordinarios.

La frutilla del postre es cuando el dueño decide que la exuberante bese al Padrino y entonces el circo se convierte en un escenario digno del mejor gigoló premiado con el Martín Fierro de la televisión argentina.

Antes de cerrar, hasta mañana, la compu, busco si me ha llegado otro correo

¿Podrá creerse que justo recibo el siguiente?:

"TEST PARA LA FAMILIA ARGENTINA"

1) ¿Desea tener un hijo o un nieto violador?

2) ¿Desea que entre 10 y 15 años su hija o su nieta sea abusada?

3) ¿Desea que su hijo menor sea sometido por otros chicos como un juego más?

4) ¿Desea que su hija o nieta juegue a la tele y se pasee o baile desnuda entre sus amigos (los de ella) o los suyos?

5) ¿Desea Ud. y su mujer COMPARTIR ese futuro con sus hijos o nietos?

“SI CONTESTÓ "SÍ" A CUALQUIERA DE ESTAS PREGUNTAS, SIGA VIENDO TINELLI, GRAN HERMANO Y OTROS PROGRAMAS QUE SE LA PASAN MOSTRANDO IMÁGENES Y HABLANDO sin respeto a nada ni a nadie.

OLVIDESE DE SU CONCIENCIA Y AYUDE A FORMAR PERTURBADOS SEXUALES CON SU IRRESPONSABILIDAD PARENTAL

SI CONTESTÓ "NO" A TODAS LAS PREGUNTAS CAMBIE DE CANAL, BOICOTEE LAS EMPRESAS AUSPICIANTES Y RE-ENVIE ESTE EMAIL.

PROTEJA A LOS SUYOS”

Apago la compu y me voy a dormir indignada pero más tranquila: somos varios los que pensamos que algo huele mal en el Riachuelo.

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Creer en algo que no existe

Víctor Ramírez (Desde Canarias. Colaboración especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El viejo Armiche recordaría unas palabras que me oyó pronunciar en un programa de Onda Isleña al que se me había invitado para hablar un poquito sobre Juan Rulfo -el pasado día 12 al mediodía concretamente. Antes de mi participación, conmigo delante, tuvo que intervenir un joven economista canario: explicando él con bastante nitidez didáctica los tremendos problemas que se ciernen sobre nuestra colonizada Patria (a él mismo, nada sospechoso de nacionalista, se le escapó una vez lo de "metrópoli" refiriéndose al gobierno central) en las relaciones económicas -y por ende políticas- con la Unión Europea.
No sé cuántos muchos miles de millones anuales está penada ¿nuestra? economía nada más que con los costes de transporte hacia aquí de lo que consumimos y utilizamos -eso fue lo que al menos dijo el joven economista, llamado José y cuyo apellido no recuerdo. Yo asistía silencioso y muy atento oyéndole tanta denuncia sobre lo mal que se había negociado y se seguía negociando, allá en Bruselas, esos asuntos económicos que tan directamente nos conciernen.
De imprevisto el señor responsable del programa me dio opción a que -como escritor, como intelectual- opinara sobre cuanto opinaba el otro invitado radiofónico. Y dije que el amigo José -el joven y bastante diligente economista canario que tanto parece saber de estos espinosos temas- creía, como tantos compatriotas nuestros, en algo que no existe, en algo que nunca ha existido y que tampoco podrá existir: el respeto del poder metropolitano español hacia los canarios.

“Jamás se ha tenido desde España la mínima consideración con nuestra indefensa Patria; y no se va a tener porque simplemente los poderes españoles están incapacitados para tenerla. Si queremos en verdad negociar o arreglarnos con Europa desde una mínima dignidad colectiva, tendrá que ser por nuestra cuenta, tendrá que ser incluso contra los intereses españoles", aproveché para decir.
El joven economista canario, incomodado, dijo que respetaba mis opiniones aunque no las compartiera, pero que no quería entrar en este tipo de debates -y además tenía él prisa porque ya se le había pasado la hora de una cita. Yo le respondí que no se preocupara por si respetaba o no mis opiniones. Incluso ya casi prefiero que se me diga que no me las respetan. Así, al menos, no tienen por qué mentir innecesariamente.
Y casi lo prefiero -el que no se me respeten las opiniones por los colonialistas más o menos confesos- porque la realidad se encarga implacable de seguir poniendo a la evidencia la permanente maldad colonial española para con nosotros. La seguirá poniendo por mucho que a esa realidad se la embadurne de mentiras piadosas y se la disfrace de falsedades embaucadoras con todas las radios, prensas, televisiones e instituciones docentes de que disponga el casi omnímodo poder español acá.

Tras yo recordar esto, el viejo Armiche puso como patentísimo ejemplo (mucho más grave que esta ristra imparable de desprecios y oprobios que todos los días aparece diáfana en esas relaciones con Europa a través del gobierno borbónico) lo de la negativa de éste a firmar el Tratado de Pelindaba, en Egipto, el 11 de abril del año pasado -Tratado en que, más o menos, se declara al continente africano como zona libre de armas nucleares.
Si las noticias no me engañan, los de Coalición Canaria -pienso, amigos, que con la boca chica de los traidores que venden a su Patria por un envenenado plato de dinero y poder- querían que el gobierno metropolitano español firmara ese Tratado tan trascendente. Como se suele -añadió el viejo Armiche, sonriendo de amargura-, la portavocería española dice que su negativa a firmar responde a factores políticos (¡cómo si no fueran factores políticos los sustentadores de ese Tratado! -interrumpió El Cobra) y no a un desacuerdo de fondo con la desnuclearización de África (¿qué entenderá esa pérfida gente tan cínica por "desacuerdo o acuerdo de fondo"? -interrumpiría de nuevo).

Escrito con letras mayúsculas leí en el periódico que "España no firmará el Tratado de Pelindaba para no vincular a Canarias con África. Asuntos Exteriores considera que suscribirlo sería como aceptar una Africanidad Política de las Islas". Por mucho que lo hayan pretendido y lo continúen pretendiendo, por mucho que sigan mintiendo y embaucando, estamos irreversiblemente ligados a África porque simplemente somos africanos -blancos o mestizos, hablando éste o el otro idioma, con mayor o menor aculturación intoxicadora... pero africanos, por geografía y por génesis y por irreductible destino colectivo -mucho más próximos y ligados a Marruecos, Argelia, Senegal... que Sudáfrica y otros estados africanos (“El mismito Nicolás Estévanez, nacido en Las Palmas de Gran Canaria y criado desde chiquitito cerca de La Laguna hasta los catorce años -cuando fue a España para ser militar- se autoproclamaba africano porque nació aquí y pese a vivir más de sesenta años fuera; la propia escritora gallega Emilia Pardo Bazán llamaba “africanito” al mero Galdós, quien también vivió casi sesenta años fuera de su país nativo” -interrumpió el joven Akli).
Que políticamente hoy seamos españoles, como los gibraltareños políticamente son hoy británicos, no obsta para que la realidad sea que formamos parte del continente africano como lo es que Gibraltar forme parte de la Península Ibérica -¿o se va a negar esto también? Y de igual manera que Gibraltar puede y acaso deba ser española más pronto que tarde, Canarias también será independiente porque nuestras fronteras son el océano y la pertenencia geográfica es al continente africano -diferente al europeo de España.
Y nuestra europeidad podrá ser también política e incluso cultural porque así nos lo propongamos y aunque sigamos siendo geográfica y fraternalmente, solidariamente, africanos. Seguiremos hablando de esto, muchachos, que ahí aparece mi nieta a buscarme.

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La batalla inconclusa de escribir y leer

Juan Alonso (Desde Chile. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Está escrito y publicado
muchos lo leen y están de acuerdo:
hay que simplificar la vida diaria
de todos
para siempre

Llegan muchas páginas más en el tiempo
ahora el consenso es de miles y va a millones

se está ganando la batalla de ideas

Pero hay lectores de textos
no organización
dirección
acción
partido
por tanto siguen realizándose las ideas de la vida presente

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Prefiero la vida al Arte

Guillermo Guzmán (Desde Barcelona, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Supongo que El Arte existe como expresión sociológica, identificado entre el creador y un cierto público, con mil lenguajes que convergen en una comunicación estética.

El arte es representativo de una determinada cultura y la hace trascender. Algunos artistas hacen mucho ruido, esos son precisamente los que menos sirven de base para extraer conclusiones sociológicas; hay un arte para las masas y un arte para las élites; parecieran darse dos grandes tendencias en la manera de concebir el arte, una que tiende a hacer ver las cosas tal como son y, otra que trata de deformar la realidad y dificulta la percepción. No suelo retratarme mucho con ésta última.

La burguesía cultural puja por deshumanizar el arte porque está poseída de una ideología burguesa, antagónica con la ideología popular, que es realista y concreta. De tal manera que, si prevaleciese la tendencia elitista y burguesa de la visión del arte, tenderíamos a la desaparición del arte como expresión del humanismo. Es por lo que impulsar la expresión popular del arte, implica darle un verdadero impulso a la cultura y, ya sabemos todos que la cultura determina la conducta de las personas.

El Capitalismo persigue, acosa e intenta hacer desaparecer la cultura popular. Sí tú eres un pintor, un músico, un artista cualquiera de corte popular y progresista, ten la seguridad de que el capitalista va a boicotear tus obras porque representan el arte realista, que se opone al arte deshumanizado, desfigurado hacia el que tienden los amarrados gustos de la atolondrada oligarquía.

Mira nomás a Noam Chomsky, considerado por muchos como el más brillante intelectual viviente y, sin embargo, ha sido vetado por el capitalismo para evitar que su obra extraordinaria trascienda, porque representa un pensamiento progresista.

El arte debe servirle al pueblo para impulsar sus luchas, de no ser así, entonces ese arte no sirve de nada. Yo supongo que El Arte existe, independientemente de que yo lo sepa o no, puesto que su esencia, oculta para mí, parece estar ahí, siempre.

De alguna manera, lo aparente y lo esencial del arte, da para hablar a muchos entre los cuales no me encuentro, sólo excepcionalmente-tal como ahora- abordo el tema, que desconozco de la “a” a la “z” pero que, acicateado por la cotidianidad, me atrevo a plantear.

Ajeno, ajeno del todo, respecto al tema del arte, no soy. Tuve la fortuna de haber sido-otrora- coleccionista de arte y de haber participado en innumerables exposiciones, aclaro que no me refiero a otra cuestión que a artes de pesca como: el bote, el chinchorrito, el arpón, los anzuelos, la atarraya, la pistola de aire para la pesca submarina y etc.

Abordar un bote y salir a pescar es, francamente, una exposición, tú te expones a que el mar, imponderable, decida en un santiamén, tu suerte. ¡Una verdadera exposición!

Pero, al grano. El caso es que una vez entré al cine y se proyectaba una película francesa: “Un hombre y una mujer”-hace mucho tiempo y no puedo precisar la época-con traducción escrita al castellano. Puesto que yo no estaba a gusto decidí marcharme y ya estaba a punto de irme cuando el siguiente diálogo me llamó la atención.

_”Sí tu casa arde en llamas y tienes que salvar un Rembrandt o un gato ¿Qué prefieres?”

_¡Prefiero la vida al arte!-fue la respuesta.

Y, evoco la referencia porque a estas alturas del camino estimo que el arte en sí es una espléndida manifestación de la vida. A Borges, por ejemplo, le intrigaba definir las fronteras entre la claridad y las tinieblas, tanto como a Rilke le resultaba que “Nada es tan ineficaz como abordar una obra de arte con las palabras de la crítica”.

Y pienso que Borges, igual que Rilke, salvo enfoques distintos, estimaron que el arte es un acontecimiento que no tiene explicación porque la obra de arte tiene vida propia y lenguaje particularmente específico, respecto a cada observador, a más que sobrevive a los factores que la determinan, en una especie de supra-temporalidad.

Parafrasear a Borges viene al caso por eso de precisar la difusa frontera entre la artesanía y el arte, así llamado.

Es que en cada obra de arte supervive su propia realidad, al desaparecer el mundo antiguo, la Pirámide o el templo griego no han perdido su valor artístico, perdieron la función social para la que fueron hechos, pero siguen siendo expresión de un momento que ha desaparecido y a partir de tal obra podemos hacer deducciones que nos permitan reconstruir una realidad desdibujada, se trata de testimonios a través de los cuales podemos ahondar en el conocimiento de la historia, es que el hombre, ya desaparecido, sigue hablando a través de su obra.

La moneda de entonces, perdió su valor de cambio, perdió su realidad y, a menos que la veamos desde el punto de vista de la visión del arte, es poco lo que puede aportarnos para intentar reconstruir su realidad, de tal modo que, a medida que podamos adentrarnos a escudriñar la creación artística del hombre, podríamos adquirir una visión de fondo acerca de su pensamiento, respecto a la naturaleza.

En “La cultura abarca una estructura ideológica” y “Artesanía o arte”-ambos breves ensayos están en el archivo de argenpress cultural-complemento el presente tema.

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