viernes, 28 de mayo de 2010

Fotografía: Desde Venezuela, Alexis Pérez-Luna

ARGENPRESS CULTURAL

Alexis Pérez-Luna (Caracas, 1949) es hoy uno de los más representativos maestros de la fotografía venezolana. Dueño de una técnica exquisita, casi siempre en blanco y negro, ha fotografiado la realidad de su país desde hace años, así como la de numerosos sitios que visitó a lo largo y ancho del mundo. En su carrera como fotógrafo autoral obtuvo numerosos premios, pero nunca vivió de la fotografía artística. Recién ahora, con el proceso de la Revolución Bolivariana, expuso en un museo en su país natal. Sus muestras siempre fueron alternativas, en distintos lugares comunitarios (escuelas, centros barriales, hospitales) y sin mayor pompa. Ha obtenido numerosos reconocimientos en su dilatada carrera artística.
Aquí ofrecemos una pequeña muestra de su obra.


Ortiz, Venezuela (1980)


Managua, Nicaragua (1979)


La Habana, Cuba (1974)


Parapara, Venezuela (1977)


Madrid, España (1971)


Nueva York, Estados Unidos (2001)


Berna, Suiza (1989)


Buenos Aires, Argentina (2004)


París, Francia (1999)


Taguayguay, Venezuela (1985)


Marval, Portugal (2002)


Fint, Marruecos (2002)

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El juguetón

Gustavo E. Etkin (Desde Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Era un día transparente de Mayo. Fresco a la sombra, pero al solcito calentaba. En la plaza, los viejitos. Viejitos jubilados, sentados, fumando negros, leyendo el diario, hablando entre ellos, todos juntitos, con grandes relojes digitales o de bolsillo con cadena gruesa, con zapatones de suela agujereada. Pero todos bien vestiditos, eso sí. Con sus gorras, sus corbatas. Algunos hasta con chaleco, bien arreglados, ellos.

Por ahí de pronto se ponían colorados y se amenazaban con el dedo. Después cada uno se metía en su diario hasta que se alborotaban otra vez, pero más despacio. Entonces llegaba un momento en que cambiaban de tema haciendo una broma algo triste, parecía.

Todo empezaba siempre por una palabra para otro, que entonces apuntaba con el dedo y gritaban: que Evita, que la UES, que las Malvinas, que los milicos, que los políticos, que todo lo que pasó, que como está el mundo, que hoy en día, que la globalización, que los shoppings, que hoy con la internet, que todo es distinto, que hoy, porque hoy en éste fin de siglo, y hoy en día.

Ah, los viejitos. Van llegando de a uno, se saludan con la gorra y hablan de las mujeres de las hemorroides y las várices y el reuma y el colesterol y las comidas naturales y saludables.

Son gnomitos gruñones pero buenos que a uno lo comprenden porque ellos, que han vivido mucho y con la sabiduría que dan los años conocen el fondo de la gente y saben que uno también es bueno.

A mi, por ejemplo, me gusta jugar de pronto con las personas, así nos damos cuenta que aunque parecíamos desconocidos nos conocemos desde mucho mucho antes: todos una gran familia que se sorprenden y se asustan y después se ríen y dicen -”pero éste chico” haciéndose los enojados pero palmeándome la espalda y guiñando el ojo. Y así todos contentos.

Por eso me acerqué cuando vi otra vez a los viejitos, aquella linda mañanita de Mayo. Estaban juntitos y arregladitos como siempre, muy compuestos ellos, hablando de sus cosas.

Me senté al lado de unos que leían el diario. Enfrente otros fumaban los negros y hablaban. Me moví un poco, refregué los zapatos en el pedregullo, ras, ras, tosí, me soné fuerte la nariz. Debían ser medio sordos, por la edad. Los del banco de enfrente seguían hablando al mismo tiempo, pero ya se empezaban a congestionar: uno decía que a la noche no iba a llover porque lo vio en la televisión. El otro le decía que si, que iba a llover porque le dolía la pierna, y la pierna del reuma era segura y los del Servicio Meteorológico siempre se equivocaban que esos satélites ni ellos los entienden.

Entonces yo les grité -”pero se levantó vientito, eh” (porque en realidad había empezado a soplar un poco de brisa).

Los de al lado dejaron de leer y se miraron en silencio. Los de enfrente se callaron y me miraron con cara de yestededondesalió. Yo les sonreí, pero todos seguían mirándome hasta que cada uno volvió a lo suyo.

No puedo aguantar las ganas de hacer bromas y que la gente se ría. Así que primero me quedé quietito, me hice el distraído, que miraba como los nenitos corrían por el pasto y las mamas y las niñeras los cuidaban, y las plantas y el solcito, y de todo un poco, miraba por todas partes, hasta que saqué despacito el encendedor del bolsillo y moviendo apenitas la mano lo encendí debajo del diario que leía el viejito, que no le podía ver ni la cara tan concentrado estaba.

Ah, los viejitos. El diario se empezó a quemar por la punta, primero una llamita chiquita, casi nada. El seguía leyendo. De pronto la llama le apareció por el medio de la página. Entonces pasó lo de siempre, el viejito pegó un salto, tiró el diario, los otros dejaron de hablar, pero nadie se rió. El viejito se puso a gritar asesino, delincuente, degenerado, los demás se acercaron a pegarme, uno me dio un bastonazo que esquivé (en ese momento siempre aparece uno con un bastón o un paraguas mal cerrado) y empezaron todos a gritar policía, policía.

Y otra vez igual. Quise acercarme, sonreírles, tirarles un montoncito de pedregullo, pero nada, seguían gritando y me amenazaban con el bastón. Así que cuando vi a los policías me fui corriendo.

Yo corro muy ligero. Sobre todo cuando quiero evitar malos entendidos. Yo no soy ningún asesino, ni delincuente ni degenerado.

Me puse a espiar el revuelo. Estaba toda la plaza alborotada: los viejitos hablaban al mismo tiempo, movían los brazos y se congestionaban más que nunca. Las niñeras y las mamás apretaban fuerte a sus nenitos. Pero a mi no me importaba. Yo los quiero lo mismo y les voy a hacer muchas bromas.

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Óperas primas del cine colombiano

Martha Ligia Parra (Desde Colombia. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

En la primera película está con frecuencia no sólo la evidencia de una vocación, el deseo creativo expresado en imágenes, sino también la génesis de un estilo y los temas que esperan ser cultivados por un director. Las primeras obras pueden ser piezas que sus creadores no logran igualar, concentran referencias a otros directores o son la promesa de un verdadero talento que se desarrollará a lo largo de una filmografía. En la historia del cine colombiano, por ejemplo, películas imprescindibles como Cóndores no entierran todos los días, o Confesión a Laura ejemplifican el primer caso.

El cine nacional vive un verdadero renacimiento, gracias, en buena medida la Ley del cine 814 del 2003. Es un hecho que la puesta en marcha de esta Ley ha promovido no sólo el aumento de la producción de películas colombianas, con un número significativo de estrenos anuales como en este año, cuando una veintena de películas de ficción ya listas se han ido exhibiendo comercialmente, sino también el debut de nuevos directores y el surgimiento de óperas primas. Del 2003 al 2008, se han estrenado en el país aproximadamente cincuenta largos metrajes, de los cuales un treinta por ciento corresponden al debut de un grupo de realizadores; concentrados la mayoría, en los dos últimos años.

¿Qué caracteriza a las óperas primas colombianas del cine de ficción de los últimos seis años?, ¿son la punta de lanza de una renovación, de un nuevo comienzo o de un desarrollo que logre sostenerse? ¿Puede hablarse de un nuevo cine? ¿Se respira un relevo generacional importante y, por fin, una apuesta por otra forma de ver el cine?

Ahora es nuestra generación la que tiene que responder, expresa el realizador barranquillero Roberto Flores, uno de los nuevos y más interesantes talentos del cine nacional, defensor a ultranza de un cine de periferia en cuanto a su estructura económica, sus historias, su aproximación estética y su visión de país.

Lo primero que llama la atención de las nuevas obras es que hacen parte de uno de los logros del cine colombiano de los últimos años: la reconquista del público, algo que ha sido tan puntual y esquivo para la producción nacional.

Los espectadores han respondido a las campañas, a la promoción, a la imagen a veces acertada, a veces deformada que ven de ellos mismos. Y esto es un factor que genera confianza en los involucrados, aunque obviamente, no es necesariamente un hecho determinante para medir logros artísticos.

Una de las características más visibles del cine del período que nos ocupa es el relevo generacional, especialmente notorio en el caso de los directores: Ciro Guerra, Carlos Moreno, Libia Estela Gómez, Spiros Stathoulopoulos, Andy Baiz, Juan Felipe Orozco, Gloria Nancy Monsalve, Javier Mejía, Roberto Flores, Felipe Martínez, María Camila Lizarazo, entre otros.

Esta nueva generación ha surgido como consecuencia de su propia necesidad de expresión y por el impulso dado con la Ley del cine, los estímulos otorgados, las políticas aplicadas. A los nuevos creadores les ha correspondido una tarea para nada fácil: Revivir el casi extinguido cine nacional, lanzarse en medio de una feroz competencia dentro del mercado audiovisual, conseguir la financiación, lograr presencia y reconocimiento nacional e internacional, recuperar la confianza del público y sobre todo, vencer el escepticismo.

Para Spiros Stathoulopoulos, la mayor dificultad al enfrentarse a su primer largo Pvc-1, no fue la plata, ni las exigencias técnicas que, en su caso, fueron altas: Para mí, expresa, el mayor obstáculo con el que me encontré fue la falta de fe de las personas que inicialmente hicieron parte del proyecto. Estas personas de poca fe fueron cambiadas por otras con valores opuestos y necesarios, en especial para una ópera prima. La falta de fe es como una peste que si no se erradica a tiempo se propaga en todo el equipo de filmación impidiendo el éxito.

Pero al mismo tiempo, esas primeras obras han podido surgir gracias a condiciones que antes no existían. La democratización del video ha permitido la existencia de nuevos realizadores y producciones en todo el mundo.

Películas como PVC-1, La sombra del caminante o Al final del espectro fueron posibles gracias a las pequeñas cámaras digitales. Otra de las condiciones favorables ha sido la proliferación de espacios para el cine: Publicaciones impresas y virtuales, festivales, fondos, concursos, estímulos, escuelas.

Las nuevas películas de ficción han surgido en medio de dificultades, pero también de oportunidades y han disfrutado de la atención del público y de la crítica.

Sobre el perfil de los nuevos directores podemos decir que no están agrupados en ningún movimiento, han surgido individualmente, su formación profesional es, para casi todos, la comunicación social o el cine, tienen una nueva manera de ver la realización, hacen su debut después de tener experiencia en el corto o en la televisión, muchos de ellos se enfrentaron a la dirección de su primer largo antes de los treinta años, siendo el más joven Ciro Guerra, quien realizó La sombra del caminante a los 23 años.

Respecto a las características de las óperas primas se nota en ellas una preocupación por la puesta en escena, en aspectos como la dirección de arte o la factura visual y se han superado problemas técnicos como la calidad del sonido. Los guiones son originales en su mayoría y están escritos desde planteamientos bastante personales, pero a la vez se apoyan en el relato convencional.

Los largos metrajes que no optan por una expresión más personal, apuntan a un tipo de cine que se parece más a la televisión. Los intentos expresivos más radicales o experimentales son excepcionales. Y es una lástima porque cuando se empieza es cuando se puede y se deben tomar más riesgos. Los presupuestos se mueven, en términos generales, entre el bajo y el bajísimo presupuesto.

Casi todas las historias se ubican en espacios urbanos, en la época actual y están ancladas a la realidad, que en nuestro país tiene un peso apabullante. Y cuanto al aspecto temático con el que más se ha polemizado de manera superficial y errónea, estos primeros largos metrajes tratan con los síntomas de la enfermedad de nuestra sociedad: la corrupción, las mafias, el crimen, la angustia, la violencia y la marginación. Llama la atención que sólo dos películas tratan directamente con el conflicto: Heridas de Roberto Flores (que no se ha estrenado) y La primera noche de Luis Alberto Restrepo.

Lo hacen además con una gran honestidad y mostrando la realidad como es, sin deformarla o negarla, sin hacer de ella un espectáculo.

Como dice Senel Paz, nadie puede contar por nosotros nuestras propias historias. El cine colombiano no necesita parecerse al gringo, a ningún otro y menos a la televisión. Para encontrar su identidad, su propia voz, nuestro cine debe dejar hablar a las distintas y a las nuevas voces, debe preocuparse por el contenido, la calidad de sus guiones, las buenas películas y no por filmes mejor acabados o con más presupuesto.

El cine permite observar y aproximarse a la realidad de una manera que ningún otro medio de expresión puede hacerlo. Es nuestra memoria colectiva, una bastante persistente.

Las nuevas películas deben nacer en completa libertad artística y medirse por la calidad de su mirada, por la reflexión que susciten sobre nuestro entorno y por su contribución a la conciencia y a la memoria.

Martha Ligia Parra es crítica de cine, periodista y docente.

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Poetas del mundo se encuentran en Venezuela

Daniela Saidman (Desde Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Fundada está mi casa es el lema de esta edición del Festival que rinde homenaje a la palabra del poeta venezolano William Osuna

Desde el lunes 24 y hasta el 29 de mayo se darán cita en Venezuela poetas de América Latina y el Caribe en la séptima edición del Festival Mundial de la Poesía, en un encuentro en el que mujeres y hombres que han hecho de la palabra una rendija abierta a la construcción del mundo imprescindible, visitan todos los estados del país para compartir el mundo y sus versos.

Voces y miradas que tejerán a través de la poesía un lienzo donde encontrarse y reconocerse en las diferencias, y que en esta oportunidad los reúne la fiesta bicentenaria que signa la primera década del siglo XXI.

Enmarcado en los doscientos años de la gesta emancipadora el lema del VII Festival, “Fundada está mi casa”, es un verso de William Osuna que define el carácter histórico de esta edición, que rinde homenaje al poeta caraqueño quien define con este verso el momento histórico, social y político que se celebra en el país y en toda la América Nuestra. Es por ello que el carácter especial para esta nueva convocatoria, en tributo a la palabra, exalta la participación de los países del Caribe.

El Festival Mundial de la Poesía es puente tendido al encuentro, en el que es posible escuchar las imprescindibles voces que sueñan y construyen un mundo mejor.

Poetas del Mundo

En esta oportunidad serán los poetas procedentes de los países que participaron en la lucha por el nuevo panorama emancipador de la América mayúscula quienes compartirán con las venezolanas y venezolanos amantes de la palabra que sabe decir y decirnos los amores, los sueños, el tiempo...

Marcos Silber (Argentina), Austin C. Clarke (Barbados), Jorge Campero (Bolivia), Floriano Martins (Brasil), Malú Urriola (Chile), Álvaro Miranda (Colombia); Jeanette Amitt (Costa Rica), Sigfredo Ariel (Cuba), Iván Oñate (Ecuador), Pablo Benítez (El Salvador), Bill Herbert (Escocia), Juan Manuel Rodríguez Tobal (España), John Curl (Estados Unidos), Francois Migeot (Francia), Merle Collins (Granada), Rosa Chávez (Guatemala), Arnold Itwaru (Guyana), Marie Celie Agnant (Haití), Oscar Acosta (Honduras), Keith Ellis y Edward Baugh (Jamaica), Micere Mugo (Kenia), Gloria Martínez (México), Ana Ilce Gómez (Nicaragua), Pablo Menacho (Panamá), Jacobo Rauskin (Paraguay), Rocío Silva Santisteban (Perú), Vanessa Droz (Puerto Rico), Rei Berroa (República Dominicana), el Premio Nóbel de Literatura Derek Walcott (Santa Lucía), Roger McTair (Trinidad y Tobago) y Mariella Nigro (Uruguay), serán los poetas internacionales que visitarán cada rincón de la Patria para compartir los sueños del pasado y del futuro, y sobre todo las esperanzas de este presente de siembra.

Actividades del Capítulo Bolívar

El capítulo Bolívar de esta edición del Festival se realizará en la ciudad de Upata y reconocerá el trabajo creador del “poeta guayanés” Rafael González. Además de contar con la participación de los poetas Malú Urriola, de Chile y Juan Manuel Rodríguez del Tolbar, de España.

El miércoles 26 de mayo, a partir de las cinco de la tarde, en Salón Piar del Concejo Municipal, se realizará la actividad central del Festival en su capítulo estadal. Allí se darán cita los poetas Maliú Urriola (Chile) y Juan Manuel González (España), con la compañía de los poetas Eligio González, María Elena Ferrer, Pedro Ostty y Daniela Saidman.

Mientras que en el Municipio Caroní, el 26 de mayo, pero a las dos de la tarde, en la Casa de la Cultura “Héctor Guillermo Villalobos”, que se encuentra en la parroquia Universidad, se bautizará el poemario “Este poeta se empeña” de Jesús Natividad Blanco.

Cada estado del país es centro de una de las actividades más profundas que lleva adelante el Gobierno Bolivariano, porque la palabra hecha verso es capaz de describir y edificar el mundo que será, el tiempo que vendrá, la vida que legaremos a las generaciones que están por venir.

William Osuna: “Fundada está mi casa”

A William Osuna, poeta homenajeado del VIII Festival Mundial de la Poesía, es imposible no imaginárselo corriendo detrás de una pelota de trapo en un baldío de Caracas, volando papagayos o jugando trompo en una calle empinada de una barriada, con las rodillas raspadas como cualquier niño travieso de la Patria, correteando los sueños con la sonrisa cómplice de los que saben que al final serán encontrados. William Osuna (Caracas, 1948) construye con versos las cotidianidades de una Venezuela que fue y que sigue siendo, tierra profundamente contradictoria donde caben todos los sueños del mundo.

Premio Nacional de Literatura 2007, entre sus poemarios se encuentran Estos 81 (1978), Mas si yo fuese poeta, un buen poeta (1978), Antología de la mala calle (1990, 1994, 2002), y San José Blues + Epopeya del Guaire y otros poemas (2003). En sus versos se desdibuja una ciudad que duele en la certeza del amor y viceversa, los tiempos, las calles y los pasos que buscan y muchas veces no encuentran.

Protestatario sin panfletos, haciendo del verso un estandarte capaz de anunciar las siembras y las manos con que se cosecharán los días por venir. Anticipándose a las luchas, consecuente y resurrecto, Osuna edifica, palabra a palabra, la verdad nacida de las memorias, como si en el poema pudieran caber todas las voces del agua y sus gentes, y contener la tierra bañada de llantos centenarios.

"Este diluirse entre los sabios consejos / Frases putrefactas que llevan / A un solo fin. / Este idea con su lento paso de camello / Dormida en su altura de roja arena. / Lugar de gente humillada / Tierra de trampa-jaula por donde vinieron / Reyes, Príncipes y Conde-Duques. Miro los días / Del derrumbe, todo lo que obsequié y no tuve –lajas / quemantes".

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Notas al margen de la autopista

Jorge Majfud (Desde Estados Unidos. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Desde hace unos años tengo por costumbre no leer escritos o comentarios anónimos. Cierta vez, en el foro digital de un importante diario, pegué de forma anónima un texto sobre algunas virtudes del socialismo. No se trataba de un texto especialmente brillante, pero me interesó el experimento.

Una lluvia de respuestas y comentarios insultaron al autor del texto. Abundaban calificaciones como “retardado mental”, “analfabeto”, “idiota” y “pobre frustrado”.

El texto era de un señor llamado Albert Einstein, aquel humilde doctor en física que vivía ahí en frente, en la calle Mercer 112, entre los tupidos bosques de Princeton University.

Las malas lenguas dicen que no era buen esposo, pero nunca nadie confirmó algún tipo de retardo mental, de idiotismo o de frustración personal. Excepto los retardados mentales que a principios del siglo XX demostraron que la teoría de la relatividad era falsa porque se le había ocurrido a un judío.

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El recurrente y sistemático compromiso en las redes sociales son los compromisos menos comprometidos de la historia. Hacer un clic perezoso para mostrar nuestro apoyo o nuestra condena hacia una causa sirve más de alimento a nuestros egos que a la causa. En el mejor de los casos sirve para un lavado clorhídrico de conciencia, para mostrar a los demás y demostrarnos a nosotros mismos todo lo bueno y políticamente correcto que somos o podemos ser.

Pero sin sacrificio no hay compromiso y por eso la sociedad virtual es incapaz de cualquier compromiso más allá del esnobismo, del voyeurismo y, ante todo, de ese narcisismo vacío como una cáscara de huevo llena de emociones prefabricadas que caben en el microscópico jeroglífico de dos puntos y un paréntesis.

Tal vez lo único real de una sociedad virtual es su propia frustración cuando, amparada en el anonimato, afloran las emociones reprimidas en sus formas más autenticas.

En las sociedades virtuales las virtudes son simbólicas, como los individuos, como su democracia y su libertad.

La insistencia sobre la libertad y la autenticidad, el valor prefabricado de ser-uno-mismo del nuevo individuo se parece a la publicidad de un auto pequeño que insiste sobre las virtudes de su gran espacio interior.

Y pese a tanto desencanto, todavía creo que alguna vez el juguete se convertirá en herramienta de acción y liberación.

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Una buen aparte de la generación de la televisión se acostumbró a la propaganda fragmentada. Una buena parte de la generación de la era digital ya no puede vivir sin la microfisura, sin un permanente coitus interruptus.

El habitante de estos luminosos cementerios no puede bucear una hora en un mismo concepto, no puede leer doscientas páginas o cincuenta mil palabras, no puede retener conceptos abstractos. No se siente cómodo si no interrumpe lo que está haciendo con algún clic, algún update.

Sin embargo, el hombre microfragmentado posee un ego de hierro. Famoso por diez segundos, genio por tres palabras y un clic, su dialéctica es el insulto anónimo y los argumentos desarticulados en unos pocos párrafos. Porque solo su ego es más grande que su infinita pereza.

Me incluyo entre las dos generaciones; comparto, sufro y cada día lucho contra esos males que son los míos también. Porque la red luminosa es como un gran agujero negro que chupa todo lo que anda a su alrededor. La naturaleza sustituta comienza chupando el cerebro, luego el cuerpo y finalmente chupa al orgulloso individuo que ha dejado de ser un individuo.

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Los conservadores más reaccionarios siempre estigmatiza todo lo intelectual y a todo intelectual que cuestione su concepto de realidad. Uno de sus placeres principales consiste en pensar y declarar sobre la inferioridad intelectual de los intelectuales. En muchos países suelen encabezar la lista de los diez idiotas más idiotas.

A los reaccionarios que confunden la realidad con lo que ven y lo que ven con lo que piensan que ven los obsesiona la necesidad de poseer una idea realista del universo, casi tan realista como la perspectiva que tienen los caballos y las vacas en el campo.

Como si el concepto de realidad de estos reaccionarios fuese la realidad misma y no una ilusión petrificada que en cerebros calcinados adquiere aspecto de una realidad incuestionable. Incuestionables como la planicie de la Tierra, las inmensas tortugas que sostenían el mundo, las brujas que producían mal tiempo y por lo cual en la vieja Europa se solían torturar hasta la muerte o simplemente quemarlas en la hoguera en nombre de la verdad y en defensa de la realidad.

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Los arengadores radiales, portavoces e incitadores de la derecha norteamericana, se burlan del tono y del estilo de voz de Bill Clinton y de Noam Chomsky. Se ríen y se burlan con el tono y el estilo de voz de los pastores protestantes en plena faena.

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Hace por lo menos diez mil años los mercados eran el centro de la vida de los pueblos. Allí se juntaban los colores y los olores de la experiencia humana, las ideas y las pasiones, el dinero y la plegaria al Supremo, la duda y la certeza.

Hace por lo menos diez mil años las artes y las religiones, las ciencias y las ideas, los idiomas y las historias se traficaban con las alfombras y los dátiles, las pieles y las perlas, la sal y el azúcar, los cuchillos y los espejos.

Ahora los mercados son historia silenciosa o ruidoso recurso de los turistas. Algo queda de lo que fue. Aunque sea una sombra colorida, un rumor bullicioso.

Ahora los mercados bursátiles son el centro donde van a morir las ideas y las pasiones, el dinero y la plegaria al Supremo, los idiomas y las historias, la experiencia humana y su memoria, la duda y la certeza.

Ahora los pueblos, si se pueden llamar pueblos, ahora los individuos, si se pueden llamar individuos, están ligados, enlazados a sus conexiones.

Ahora las redes sociales son los nuevos cementerios de la sociedad.

Sí, de vez en cuando es bueno visitar los cementerios, recordar familiares que ya no están, amigos que ya no son o no son lo que fueron.

Lo triste es quedarse a vivir allí en el cementerio, sin la experiencia humana, sin la vida de carne y hueso de las antiguas ciudades.

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La historia, los pueblos, las masas, la propaganda masiva ha glorificado la guerra, ha honrado a sus soldados, ha venerado a sus héroes, ha premiado a sus administradores, ha agradecido a sus inventores, ha disculpado, ha protegido, ha perdonado a los promotores de crímenes en masa cuando no han tenido éxito ni han sido derrotados del todo, ha endiosado el pragmatismo de los estadistas que tuvieron éxito en perpetuar los peores crímenes contra la humanidad en nombre de alguna causa noble como Dios, la patria, la libertad o el derecho a la defensa propia luego que los enemigos se atrevieron a ejercer su derecho a la defensa propia.

Pero habrá que decirlo de forma más directa y objetiva. La guerra es una perfecta mierda. Y perdón por la palabra. La mierda no se merece semejante comparación. La mierda abona los huertos y las praderas y así produce y reproduce la vida. La guerra, en cambio, solo produce y reproduce muerte y más muerte.

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Música: Desde Estados Unidos, el country

ARGENPRESS CULTURAL

La música llamada “country” (a veces también designada como folk music) es un estilo surgido en los años 20 del pasado siglo en las regiones rurales del sur de los Estados Unidos. Combinó en sus orígenes la música folclórica de algunos países europeos de inmigrantes, principalmente Irlanda, con otras formas musicales ya arraigadas en Estados Unidos, como el blues y la música espiritual y religiosa como el gospel, todas ellas de raíz afroamericana.

El término country comenzó a ser utilizado en los años 50 en detrimento del término hillbilly, que era la forma en que se lo conocía hasta entonces, terminando de consolidarse su uso en los 70.

El country tradicional se tocaba esencialmente con instrumentos de cuerda, como la guitarra, el banjo, el violín sencillo y el contrabajo, aunque también intervenían frecuentemente el acordeón (de ascendencia francesa), y la armónica. En el country moderno se utilizan sobre todo los instrumentos electrónicos, como la guitarra eléctrica, el bajo eléctrico, los teclados, el dobro o la steel guitar.

Si bien se pueden escuchar hoy en día toda clase de variantes del country, el que se combina con el rock, y más recientemente con el pop es el que más éxito tiene ante el gran público.

De esa forma, el término country actualmente es un gran abanico que incluye diferentes géneros musicales: el sonido Nashville (más cercano al pop de los años 60), el bluegrass, la música de westerns de Hollywood, el western swing, el outlaw country, cajún, zydeco, gospel, oldtime (música country anterior a 1930), honky tonk, así como el rockabilly o Country neo-tradicional.

Para quienes no somos especiales conocedores de este estilo (en términos generales: los lectores de esta página), hay algo de común a todas estas variantes. Para ejemplificar algo de este gran campo, dejamos aquí una pequeña muestra de este universo.







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El papa Benedicto IV x IV no es Cristiano ni Messi(as), ni es la mano de Dios

Guillermo Guzmán (Desde Barcelona, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Todo el mundo sabe que Dios es argentino, que juega al futbol y que, por añadidura, mete goles hasta con las manos. Pero, inclusive, la verdad tiene contradicciones, no es de otra manera, la unidad suele ser un agregado de diversidad, y aun cuando se tratare de una unidad suprema, con mayor razón habría de evidenciarse el convergente afloro de la diversidad; sólo que en tal caso, lo diverso comulga con el todo y determina que éste sea algo más que la suma de las partes. La verdad en sí, tiene partes y cuando uno se aferra a solo una de esas partes, se puede decir, de la persona, que ésta está parcializada. Conceder mayor o menor importancia a determinada parte de la realidad, es arbitrario de cada quien.

Mas, nunca falta un impostor que pretenda jugar nada más y nada menos que con la bolita`el mundo, craso error. Dios tiene seguidores y detractores a causa de la virtuosa gambeta y de la efedrina maliciosa. El escritor Eduardo Galeano-pese a que es uruguayo-por ejemplo, dijo que Dios cometió el pecado de ser el mejor. Pero el también escritor italo-argentino Marcelo Colussi, dijo que la efedrina es un disparate; no obstante, a ambos parece seducirles un golazo de taquito o de chilena y, hasta con las manos, eventualmente. ¿Por qué no?

Para Galeano, el gol es el orgasmo del futbol y, para Colussi, el celibato es humanamente imposible. De ahí que sea inferible que un cura no debe golear, aunque juegue al futbol, porque siendo célibe, es que ha renunciado al sexo pero como ello es imposible, lo que se llega es a una aporía.

De sendos ensayos, “La sexualidad de los curas” (Colusssi) y “El futbol a sol y sombra” (Galeano), se desprende que durante la Inquisición, el alto clero fue responsable de cinco millones de crímenes. Colussi pone en evidencia la mala conducta de varios Papas.

Por su parte, Galeano declara expresamente sentirse mendigo del buen futbol, tal como un niño jugaría con la pelota a semejanza de un gato con el ovillo que rueda, jugando sin saber que juega, sin reloj ni juez.

Quiso decir, además, que la profesionalización del futbol prostituyó su ejercicio.

Colussi, por otra parte, precisa que a partir del Siglo V-al igual que sucedió con el futbol moderno-el sacerdocio se profesionalizó y desde entonces la decadencia se acentuó vertiginosamente.

La decadencia del futbol y la decadencia del sacerdocio parecen tener parte de su origen en el mercantilismo. ¡Valga el símil!

Dice Galeano que “A veces el ídolo no cae entero y a veces cuando se rompe, la gente devora sus pedazos”.

Parafrasear a Galeano y a Colussi, nos conduce derechito hacia el ultramontano Papa Benedicto IV x IV y, naturalmente, a todo El Vaticano, que conjuntamente con el emporio militar norteamericano, conforma una temible dupla, enemiga del mundo entero, inclusive, enemiga del propio pueblo norteamericano.

Benedicto se hace la vista gorda ante las tropelías del clero contra los niños del mundo. Sus in-disimuladas cabriolas para tratar de ocultar su culpabilidad, lo ponen en el caso del ídolo que cae hecho pedazos.

La pederastia es peor que un crimen. Salvar al Vaticano es difícil porque se trata de una institución que está amarrada a un submundo pervertido. Es imaginable suponer la cantidad de droga que corre dentro del clero, cuanto dinero mal habido, porque, que yo sepa, El Vaticano no tiene una sola hectárea sembrada de arroz ni de frijoles ni de uvas, se trata de un “Estado Holgazán”, que consume exquisiteces que no produce.

¿Es acaso la hora de derogar a Dios o a los charlatanes que hablan en su nombre? ¿Qué es Dios? ¿Quién lo ha visto? ¿Es Dios un producto social? ¿A dónde vamos a llegar por ese camino? ¿El Dios de las élites o los dioses del pueblo? ¿El Dios de los ilustrados-valga la minoría celestial-es contrapuesto al Dios de los ignorantes-que somos-o no? ¿La verdad única-y la unicidad de Dios- está en sí misma o acaso es un derivado del Dios de los ilustrados? ¿Está la verdad, dentro o fuera de los dioses? ¿O, acaso, dentro o fuera de las cosas concretas, donde anda la verdad? ¿Tiene razón Evo-el del pueblo boliviano-al sugerirle al tal Benedicto, que derogue el celibato ficticio? ¿Es bueno o malo comer pollo de granjas? ¿Es bhueno pheghar Phiphí khon khokhó?-(la “h” es muda)-¿Ah?

Quizás el hombre quiso saber de donde provino él y, hacia donde se dirige y, en esa dicotomía, al no poder hallar respuesta alguna, convincente, se cansó, y para no seguir indagando-puesto que estaba cansado-inventó una justificación a la que puso nombre. Y, se echo a la flojera a la deriva, como a nadar en un océano oscuro.

Y esa idea de un Dios único se convirtió en un negocio muy rentable para muchos zánganos.

La verdad de un Dios, tanto como de otras verdades asumidas como absolutas, no son algo inmutable en la conciencia del hombre, no se trata de algo definitivo y para siempre sino que se trata de algo que suele estar, sempiternamente, en proceso de ser, pero el dogma cerrado en cada religión, obstaculiza la comprensión del mundo y su devenir.

La “Minoría Celestial” vaticana se cuece en su propia entelequia, trata de acaparar a un Dios del que no hay evidencias pero que le sirve a ella, para obtener dinero y poder, es por lo que perece aplastada bajo el peso de sus propias triquiñuelas.

En cambio, el pueblo llano, crea sus propios dioses, dioses a los que deroga de vez en cuando y los va sustituyendo. Esta visión de un Dios tangible es mucho más cercana, al menos.

Colussi-por obvia razón-tiene un pie en Italia y otro en Argentina, por lo que es factible que él sepa de dioses y de papas, por igual; Galeano, por otra parte, es uruguayo, es decir, no argentino pero casi, y sin embargo, de alguna manera se reconoce en los dioses del pueblo, sean éstos de adentro o de afuera del coto propio, luego, es de suponer que éste sepa más de “Dios”-del que anda cerca- que del Papa impostor, que está más lejos.

Y juntando las distintas visiones del pueblo podríamos llegar a un sincretismo perfecto, por útil.

La unicidad de un Dios Supremo ha sido un gran negocio para todas las iglesias, al menos acá en Occidente. Con el descalabro del Vaticano, sus escombros pudieran servir de basamento para, encima de ellos, edificar una moderna visión de dioses cercanos. El alto clero se pavonea como un elenco de modelos de alta costura, en vez de esforzarse en imitar a Jesús, El Cristo.

El Papa Benedicto (4x4) no es Cristiano ni es Messi-as-, tampoco es “La Mano de Dios” pero, quiere jugar con todos, como al futbol. De día y de noche, al sol y a las sombras, conspira contra la pelota grande.

Pero, cuando se oculta, El Sol no deja de alumbrar ni La Tierra deja de girar a su alrededor. Galileo pagó los platos rotos por advertir que era así; otros como Copérnico-antes de Galileo-y Chávez-después, ahora mismo acá en Venezuela-son condenados por el solo hecho de pujar por un mundo que cambia de modelo.

¿Pero, hay diosas también?

¿Diosas de Plaza de Mayo son verdaderas Madres de la Patria Grande? ¿Dios puede ser-no sólo argentino-cubano, o haitiano, por ejemplo?

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A proponer las raíces sin oír a los que interrumpen

Juan Alonso (Desde Chile. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El mensaje urgente del futuro no debe responder a las preguntas de esta civilización,
se enzarzaría en su agónica maraña

Así sordos hay que propagar la imagen de un tiempo venidero
austero, solidario y perdurable;
revelar abstraídos del ramaje que no es posible otra sociedad para el bien de todos

Discutir sus interpelaciones, leyes, ciencias, pragmatismos
es mantener la rapiña sin dar una luz de salida.

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El juego como vía de acceso a lo inconsciente

Jesús María Dapena Botero (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Ya, desde El chiste y su relación con el inconsciente (1905), el viejo Freud nos habla de la lúdica como vía de acceso al inconsciente, claro está, desde el juego de palabras, que permite un reencuentro con lo placentero, en tanto juego de reconocimiento, ya que lo familiar se asocia con lo confortable, que es el juego que ocurre cuando desaparecemos ante el bebé, para volver a reaparecer ante él, unos segundos después, lo que ocasiona su cantarina carcajada. Ya, para el mismo Aristóteles, la alegría del reconocimiento era la base del goce artístico; es como si a la angustia que produce la desaparición, que amenaza la permanencia del vínculo, la reaparición del rostro conocido, permite el contento de poder superar la dificultad, generadora de ansiedad.

Así las rimas, las aliteraciones, los refranes y tantas otras formas de repetición dentro de un discurso o de un texto, se aprovechan de esta forma de placer, la del redescubrimiento de lo consabido.

Ahí detectamos el estrecho vínculo entre el conocer y el recordar, que determina que muchas remembranzas resulten tan placenteras y es, precisamente, en esa revelación de lo ya nombrado, donde tantas veces radica la gracia de un chiste, por obra y gracias de una reactualización de viejas experiencias, tal vez sepultadas en el oscuro mundo de los inconscientes.

También encontramos placer en las chanzas que permiten una repetición de lo semejante, redescubrir lo ya mencionado y rescatarlo del olvido, o en el gusto que producen las homofonías, los cuales muchas veces producen tanto gozo en el adulto como en el niño, que cultiva determinado juego que lo lleva a encontrarse con el significado de las palabras, o en la trabazón de los sintagmas, como cuando se me lengua la traba, que llevan a los pequeños a proseguir el juego sin miramientos motivados por los efectos placenteros, los cuales sólo han de tener un límite ante la crítica de otra racionalidad, que intenta poner un término a dicha actividad lúdica, al reprocharlo como un claro sinsentido, un deleite por lo absurdo.

Las chanzas tienen por objeto abrirse paso hacia el placer del juego pero intentando acallar el veto de la crítica, a través de un entramado de palabras sin sentido para una lógica racional, con la satisfacción del chiste oportuno e ingenioso.

Es de ahí que el propósito del placer sea la búsqueda de una ganancia de placer semejante a la que obtiene el niño que juega pero que en el curso del desarrollo intelectual y cultural fue poniéndoles diques la crítica de la razón.

El chiste y la chanzas surgen de una manera espontánea, automática, sin ningún propósito fijo, desde lo inconsciente, cuya fuente es lo infantil, donde encuentran con facilidad las condiciones de su génesis, donde se dan las condensaciones que el chiste requiere para su formación, de acuerdo con la lógica a-lógica del inconsciente, viejo solar de los juegos de palabras.

Así el pensamiento racional se retrotrae a estadios más pueriles, en busca de la fuente infantil de placer, que hace que como dijera Nietzsche que en todo hombre grande hay un niño que quiere jugar, ya que el chiste es una forma aniñada del trabajo del pensamiento, de tal forma que de lo que nos reímos es de esa especie de “tontería infantil”, que tiene para, nosotros, adultos, un efecto cómico, hechos de la misma textura que los locos delirios y los sueños, los cuales sólo pudiéramos apreciar si no les aplicáramos los requerimientos del pensar consciente, como bien lo señalara el viejo psiquiatra Wilhelm Griesinger, quien, aún antes de Freud hablara de que en los sueños y la psicosis se daban intentos de realización de deseos.

Así, la risa recae en la comparación entre el yo del adulto y el del niño, la concordancia entre la condición adulta y la infantil, del lado de lo cual queda siempre lo cómico, ya que, lo que es cómico, en el adulto, remite a lo que es placentero para el infante, que tal vez, nos haga como personas maduras:

- Así, también, lo he hecho yo de niño.

Lo cómico anuda lo preconsciente con lo infantil, más allá de lo que Bergson pudiera plantear en su obra La risa. Freud nos lleva a admitir que lo que lo cómico convoca al ser infantil y nos lleva a un mundo con menos desarrollo intelectual y ético; es, por ello que el tonto recuerda a un niño torpe y el malo evoca al niño díscolo y travieso; ambos terminan por desenterrar un placer infantil cegado para el adulto.

Se da. en el regocijado emisor o receptor del chiste, un fenómeno de empatía con puntos de vista infantiles, que resultan pertinentes y oportunos, que rememoran al niño desamparado, al infante metido en situaciones embarazosas, dado su defectuoso dominio del cuerpo, cuando se dan repeticiones continuas de preguntas o de relatos, que resultarían inoportunas para el adulto.

La exageración entonces depara placer por su desmesura, por su desenfreno frente a los imperativos de la razón, que nos ha sido transmitido a través de esa aculturación que promueve la educación, encargada de inhibir ciertas mociones naturales y espontáneas de los niños.

La imitación, arte en el que son expertos los niños, mediante los juegos de mimicry, que categorizara Roger Caillois, también tiene para el adulto efectos cómicos, dado el placer que al mimetizar el niño siente de controlar al adulto que imita, para destituirlo de sus roles de autoridad y ponerlo a su nivel, en un ejercicio de puro goce.

Así, lo cómico sería lo que no correspondería con lo adulto. (1)

En La indagatoria forense y el psicoanálisis, de 1906, Freud retoma el tema del juego, en un contexto distinto al del chiste, para remitirnos a los juegos infantiles de asociación de palabras, juego que el propio padre del psicoanálisis seguía al pedirle a sus analizantes que hablaran de todo lo que se les ocurriera, discurso que el seguiría con gran atención, al escucharlos con todas sus ganas, para interrumpirlo, sin censura alguna, en el momento en que tuviera claro algo que aportar al paciente para lograr una mayor conciencia de lo que ocurría en su interior, tal vez apuntalado en los experimentos asociativos de la escuela de Wilhelm Wundt para estudiar las reacciones a palabras-estímulo, lo que permitiría a psicoanalistas como el propio Freud, Bleuler y Jung hacer una aplicación en la clínica, al pie de sus pacientes, para llegar a esos nudos complejos e inconscientes que determinaban el proceso del enfermar de sus pacientes, que al hacerse conscientes de lo inconsciente podían ser curados de sus síntomas, en una tarea casi detectivesca. (2)

Pero sería dos años más tarde, en El creador literario y el fantaseo, donde Freud asimilara la actividad lúdica de los niños con la escritura del literato que logra conmovernos con el impacto estético que producen en el espectador, al tocar la fibra de poetas que todos llevamos dentro, en tanto el niño y el artista crean sus mundos a su antojo, en universos que organizan de acuerdo con su propio orden, en creaciones que se toman muy en serio, en el que ponen grandes montos de afecto, en oposición con la realidad efectiva, para conducirnos por tierras de fantasía, de ahí que las representaciones literarias tomen el nombre de Spiel, la comedia se llame Lustspiel, la tragedia Trauerspiel y el actor teatral se nombre Schauspieler, en paradigmas en los que Spiel también significa juego, ya que, mediante estos juegos, tanto los niños como los escritores nos deparan un goce fantástico, tanto como si nos enfrentaran con realidades que nos ofrecerían un gozo excepcional; así, hasta los dramas más penosos pueden resultarnos placenteros.

El niño, al convertirse en adulto, usualmente, deja de jugar, al renunciar en apariencia a los placeres lúdicos, aunque no hay nada más difícil, para la persona mayor que el renunciar a las placeres que antaño conoció, de ahí que Nietzsche no se equivocara al hablarnos de la vocación de los hombres auténticos de acercarse al mundo lúdico de los infantes, a esa dichosa movilidad del niño que juega, tan traviesa como la temporalidad misma, con su liviandad y su inocencia, que supera con la fuerza de la imaginación, las capas más hostiles de la realidad, de la Ley y del sentimiento de culpa, para intentar llevarnos a una realidad más plena. Así, lo que logramos es transformar unas cosas en otras; de ahí que cuando la persona madura, que deja de jugar, va tras el recurso de la fantasía, para construir ensoñaciones diurnas, que muchas veces oculta por vergüenza, al no hacer tan franco como el niño, a quien no importa jugar ante el mundo adulto, incluso hasta convertirlo en su público.

Pero tanto los juegos como las fantasías están dirigidos por deseos y hasta podemos ver con frecuencia al niño que juega a ser grande, en un juego de mimicry, en el que imita todo aquello que le resulta familiar, sin esconder ese deseo.

El poeta, a la manera del niño, no tiene empacho en divulgar sus sentimientos, sus fantasías, sus penas y sus alegrías. Era por ello que Goethe decía:

Y donde el humano suele enmudecer en su tormento, un dios me concedió el don de decir cuánto sufro.

Todo lo cual redunda en el propio conocimiento del sujeto mismo, al poder reconocer esos deseos que proceden de una falta, de una insatisfacción y contienen la fuerza pulsional, el quantum de afecto, que empuja hacia una meta y un fin satisfactores, que jalonan la vida en busca de su realización, aún a costa de enfermar.

Así muchas veces, vemos brotar la obra poética de recuerdos infantiles, que sirven de materia prima a la creación artística, tanto como a la neurosis o, aún a la psicosis misma, en un ámbito en el que la creación poética y el sueño diurno se continúan, para producirnos un placer sublime, al liberarnos de tensiones interiores, sin remordimiento, sin vergüenza por nuestra propia imaginería. (3)

Los niños representan muchas mociones pulsionales en sus juegos, en los que publican sus teorías sexuales infantiles, que podríamos definir como discursos organizados, erróneos para la lógica racional, que pretenden explicar el funcionamiento de la sexualidad, dentro de las que incluyen la relación entre los padres, en lo que se ha dado en llamar, la fantasía originaria de escena primaria, que pretende dar cuenta de lo que se da en la pareja conyugal o acerca de la desmentida de una diferencia anatómica entre los sexos. Baste para comprenderlo leer la siguiente viñeta clínica de Melanie Klein de cuando esa cimera analista de niños nos relatara su caso Erna:

Durante el curso del juego Erna abrió el grifo del agua, al que solía llamar el grifo de crema batida) después de haber envuelto papel su alrededor.

Cuando el papel estaba empapado y caía dentro de la pileta, ella lo rompía y lo ofrecía a la venta como pescado.

La glotonería compulsiva con que Erna bebía del grifo durante este juego y la forma como mascaba pescado imaginario, señalaban, claramente, la envidia oral que ella había sentido durante la escena primaría y durante sus fantasías primarias.

Esta envidia había afectado profundamente el desarrollo de su carácter y era también un rasgo central de su neurosis. Las equivalencias del pescado con el pene del padre como también con las heces y los niños se hicieron obvias en sus asociaciones.

Erna tenía variados pescados para vender, y entre ellos un Kokelfische o, como ella repentinamente lo llamaba, Kakelfische. Mientras los cortaba tuvo deseos repentinos de defeca y ésto me demostró que los pescados eran equivalentes a las heces, puesto que el cortarlos equivalía al acto de defecar. (4)

Asimismo, la arbitraria Morgana, una criatura de seis años, que fuese llevada a mi consulta, por una arbitrariedad infranqueable de una verdadera zarina, que la ponía en conflicto con el mundo adulto, quien me sometía a un supuesto juego de relgas, en el que ella las cambiaba a su antojo, como si fuera la reina de corazones del País de las Maravillas, para convertirme en uno de aquellos hombres que iban tras la cabeza de medusa y ésta los dejaba paralizados con el fin de sostener el fantasma de una mujer fálica que ella tenía por un claro yo ideal para ella, sin que, para nada, conociera ella, el relato de la mitología griega; ahí tendría yo que ineniármeles para lanzar una interpretación tan certera, que me permitiera devolverle su mirada para poder someterla a la Ley de la castración, a la que estamos sometidos tanto los hombres como las mujeres.

Pero Freud, que hasta ahora ha interpretado el juego desde la perspectiva del principio del placer, dará una vuelta de rosca en Más allá del principio del placer al mirar el fenómeno desde un ángulo distinto, el de la pulsión de muerte. Y es ahí cuando observará a su nietecito, un pequeñín de año y medio, cuyos juegos le resultaban sumamente enigmáticos.

Se trataba de un niño con un desarrollo normal, con un léxico limitado, que usaba ciertos sonidos, cargados de significado, quien solía lanzar sus juguetes debajo de la cama mientras expresaba el vocablo o-o-o-o, con el que aludía a la frase alemana, fort, se fué para luego complejizarlo al sostener un carretel con una cuerdita, al que hacía desaparecer al grito de o-o-o-o para celebrar su reaparición con un jubiloso da, aquí está, con ello se permitía elaborar la ausencia de su madre, sin entrar en pataleos, a pesar de que ésta no le resultara agradable, así la condición de pasividad a la que estaba sometido por el abandono, generador de angustia, era controlada por una actividad lúdica, de donde Freud podría colegir que los niños repiten en el juego aquello que les ocasiona gran impresión en su vida, de tal manera que descargan su intensidad y se adueñan de la situación, lo cual puede suceder después de los exámenes médicos o de intervenciones quirúrgicas, que pueden resultarles espantosas. Así representan también los horrores de la guerra, como se ha visto en Palestina o como sucedía en el proceso psicoanalítico de aquel pequeñín, al que atendí durante las guerras de la mafia en Medellín, en la que había perdido dos de sus parientes más cercanos y en un juego inhibido me citaba a batallar, en unas desalentadas batallas, que se fueron haciendo más vigorosas cuando pude formularle el tabú de la muerte del semejante, para al final, ser abandonadas, ya que tanto el niño como el artista no ahorran al espectador las impresiones más molestas y en cambio la representación lúdica, plástica o dramática puede ocasionarles un elevado goce liberador y catártico. (5) (6)

En el juego, el niño repite la vivencia desiplacentera, para adquirir un dominio sobre una impresión intensa, que fue ocasionada por un acontecimiento que el pequeño vivió de una forma pasiva, por lo cual, el pequeño siente que con cada repetición perfeccionara el control activo sobre la situación; por ello, se muestra infleible en exigir una identidad de percepción; es por eso que los niños piden a los adultos que repitan una y otra vez el mismo cuento o el mismo juego, hasta que el adulto fatigado se rehuse a hacerlo. La repetición pareciera garantizar el reencuentro con lo idéntico, lo que se constituye en sí mismo en una fuente de goce.

Así, el juego de los niños se apuntala en un fragmento de realidad, que le proporciona un significado particular y un sentido secreto, de alguna manera simbólico. (7

Las primeras vivencias placenteras del niño con su madre, son vividas de un modo pasivo, al ser amamantado, limpiado, cargado o vestido y éstas se convierten en puntos de fijación pero el niño vuelve a ellas de una manera activa, por la vía de la retroactivación retroactiva, el après-coup, en el juego, de ahí que proponga a su madre que jueguen a que él es la mamá y ésta el infante o lo hace con las muñecas, que en las niñas es como una especie de despertar de la feminidad, a través de un vínculo y una identificación con la madre. (8)

Para Melanie Klein, la técnica del juego se convierte realmente en el psicoanálisis con niños en una vía de acceso al inconsciente, para conocer la phantasie, la fantasía inconsciente, en niños que tienen mucha más dificultad de verbalizar que los analizantes adultos; el juego substituye en el análisis con niños la asociación libre del adulto.

Klein descubre que el niño juega no sólo para repetir sino para elaborar y simbolizar al desplegar su mundo interno a través de personifaciones que cobran vida; el juego habla de los conflictos del infante y el analista se ve inmerso en él como si se metiera propiamente en un sueño.

Donald Winnicott continuaría en la línea de Melanie Klein, al considerar el juego libre como una herramienta fundamental en el psicoanálisis con niños, con todo lo que el conlleva de orgtanización y voluntad de dominio, lo que lo llevaría a establecer toda una teoría del jugar, en la que mostraría que los bebés juegan espontáneamente como parte de un proceso normal, que en psicoanálisis tendría una dimensión distinta, al dar cuenta de un espacio virtual, que se crea entre el analizante y el analista, a partir de esa capacidad del aparato psíquico sano de jugar, a partir de una zona transicional que se establece entre la madre y su bebé, que abre el camino de la creatividad.

Notas:
1) Freud, S. El chiste y su relación con el inconsciente en Obras Completas (t.VIII). Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1976, pp.
2) Freud, S. La indagatoria forense y el psicoanálisis en Obras Completas (t.IX). Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1976, pp 87-91.
3) Freud, S. El creador literario y el fantaseo en Obras Completas (t.IX). Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1976, pp. 123-135.
4) Klein, M. Una neurosis obsesiva en una niña de 6 años en El psicoanálisis de niños. http://psicopsi.com/El-caso-Erna-Melanie-Klein
5) Dapena, J. El niño, el psicoanalista y nuestras guerras. En: Memoria del IV Congreso Nacional de Salud Mental del Niño y del Adolescente. 1994, pp.
6) Freud, S. Más allá del principio del placer en Obras Completas (t. XVIII). Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1976, pp14-17.
7) Freud, S. La pérdida de realidad en la neurosis y la psicosis en Obras Completas (t.XIX). Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1976, p. 197
8) Freud, S. Sobre la sexualidad femenina en Obras Completas (t.XXI). Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1976, p. 238


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Barón y Cohen

Pablo Chacón (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

En 1996 o 1997 conocí a Jorge Barón Biza en una confitería de la avenida Rivadavia. Esa mañana destemplada yo iba a hacer un reportaje y Barón a responder con cortesía y simulando que sobraba o faltaba tiempo. La excusa era “El desierto y su semilla”, su única novela, que había terminado de leer unas horas antes. Barón Biza era un apellido de lustre. Pero las novelas y los panfletos y la historia política y personal de Raúl Barón Biza, el padre de Jorge, resultó que me interesaron mucho menos que este otro personaje, que me esperaba envuelto en un sobretodo gris y una bufanda, tomando un whisky. Proverbial su amabilidad, salvaje la prosa, entrañables las dos o tres tarjetas que después de aquel encuentro me hizo llegar desde Córdoba. Conversamos sobre literatura, no demasiado, sobre su padre, al que lo unía el amor y el odio (pero el odio persiste tanto que el amor con el tiempo parece un espejismo). Sus ojos claros se borronearon un par de veces. Ese libro era su vida, su alma entera. En esa prosa -porque en rigor poco tenía de novela- se cifraba un periplo existencial y estético que siendo un especialista en artes plásticas, nada le debía a las deconstrucción y al lenguaje de la técnica aplicada. Y no pretendía por eso un reconocimiento. Y esperaba (pero no lo confesó) que no lo consideraran un personaje atrabiliario o conservador. Barón Biza no era un conservador sino una mirada inédita. Y uno de esos casos extraños, pero quizá haya muchos más de los que creo, en que un hijo supera con creces la obra de su padre. Detenerse en su suicidio es una redundancia. Si se piensa que meses después también se suicidó Carlos Correas, uno de los tipos más graciosos que conocí en mi vida, que me hizo reír a carcajadas unas semanas antes de levantar la mano contra sí mismo, la redundancia sería estupidez. Pero detengámonos que estos dos personajes publicaron en editoriales chicas, casi artesanales, libros señeros, “El desierto y su semilla”, como se dijo, y “Operación Masotta”, que si son piedra de toque al momento a mí sólo me recuerdan a “El traductor” de Salvador Benesdra.

“Por dentro todo está permitido”, las reseñas, retratos y ensayos de Jorge Barón Biza que acaba de publicar la editorial Caja Negra, es un volumen para celebrar en silencio o ¿por qué no? a las carcajadas.

Pero ¿por qué Leonard Cohen? Porque ese espíritu modesto pero nada humilde sino soberano es el que puede deletrearse en el fraseo con que pronuncia las letras de sus canciones en un concierto en Londres, en julio de 2008. Sin levantar la voz, como el tipo que pide cantar por el final del amor y esta vez pasar de los partisanos que saldrán a pelear contra el fascismo en sus infinitas variantes pero no podrán con las mujeres porque el mundo es de las mujeres. Ese gesto de Cohen, encerrarse largas temporadas en un monasterio ¿no será hora de entenderlo no como una capitulación sino una acumulación para que la amabilidad -y el juego salvaje del deseo- puedan enfrentarse sin excesivos daños materiales, condenados como están al malentendido, a la reconciliación o a la paz de los consensos? Jorge Barón Biza tampoco entregó su vida a esas decepciones.

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Siempre los ha habido y los habrá

Víctor Ramírez (Desde Canarias. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

"La Patria nos lo agradecerá; la patria que está sedienta del amor de sus hijos; que quiere verlos hermanados y redimidos, y no esclavos y coléricos; que llora, con lloro maternal, las luchas desgarradoras y dolorosas que en su mismo seno tienen vida; aquella patria que, aunque abierta en siete florones sobre la mar, es una y sólo una...".

Estas son palabras escritas en Cuba por un canario palmero a comienzos de siglo, en 1908. Fueron escritas por el intelectual Manuel Fernández Cabrera concretamente, cuando apenas tenía éste veintitrés años. Moriría joven, de tuberculosis, diez años después.

Las encontré de frontispicio en otro de los valiosos libros editados por el Centro de la Cultura Popular Canaria, en el libro Mis patrias y otros escritos -con emotivo prólogo de Pablo Quintana y habiendo sido cuidada la edición por Manuel de Paz-Sánchez. Estas palabras en pro de la Unidad Patria, muchachos, me vienen a la memoria porque no cesan los ultraespañoles insularistas grancanaristas y tinerfeñistas en sus pérfidos empeños de mantener enfrentados a canarios de una y otra islas: grancanaristas-canariones y tinerfeñistas-chicharreros que jamás han pugnado mínimamente por la mejora de sus paisanos isleños frente al continuo expolio propiciado por el poderío metropolitano español –sino todo lo contrario: han colaborado profunda e incesantemente.

***

Entonces pidió la palabra el apellidado Miranda. Dijo que, casualmente, está leyendo otro de los imprescindibles libros que edita el Centro de la Cultura Popular Canaria. "Y también, ¡miren por dónde!, al cuidado del mismo Manuel de Paz-Sánchez". Se refería Miranda al libro Amados Compatriotas: acerca del impacto de la emancipación americana en Canarias".

Y añadió que le gustaría leernos parte de un informe secreto que el nefasto Capitán General de Canarias Francisco Tomás Morales escribió el 10 de diciembre de 1827. Nos preguntó si sabíamos que éste fue regiamente con muchas tierras y algunos cargos esbirriles por su participación sanguinaria contra los independentistas en Venezuela.

Repitamos que, en ese informe -según lo leído en Amados compatriotas- decía el tal Morales:
"Desengáñese V. E.: En Canarias ni las revoluciones políticas de los pueblos de la Península, ni la influencia de los rebeldes de las Américas, ni las doctrinas subversivas del orden social; nada es capaz de alterar la fidelidad de sus habitantes. Su situación topográfica, su pobreza misma, esa imposibilidad física y moral de poder sostenerse interior o exteriormente cualesquiera movimientos de revolución ¿dejarían de ser constantemente poderosos obstáculos para la tentativa de los innovadores?".

Sí, se encuentra esto, amigos, en la página 41 de Amados compatriotas. Y el apodado Pancho pidió a Miranda que, por favor, lo leyese otra vez. Cuando lo hubo oído de nuevo, exclamó:

“¡Maldito sean el Morales ese y los demás como él, los demás que se enriquecieron y enriquecen esbirrilmente contra sus pobres compatriotas! ¡Pues sí que es motivo digno de orgullo para España que la fidelidad del canario se fundamente en la fragmentación geográfica de nuestra Patria Canaria -convirtiendo nuestra islas en siete ratoneras--, en la pertinaz miseria económica y por ende sicológica de la mayoría de los canarios, en la tremenda dificultad de recibir apoyos externos...

A fin de cuentas, sí, es ahí, en nuestras incapacidades, donde sigue sustentándose la cobarde sumisión de tanto y tanto canario, pero no de todos los canarios, por fortuna, pero no de todos. Continúe usted, amigo Miranda".

***

Pero quien tomó la palabra fue el viejo Armiche: Ahora me vinieron a la mente algo que mi nieto Atanausú, según me dijo éste, vio y escuchó en una de esas teles locales tan españolistas y poco o idiotamente canarias -salvo mínimas excepciones. Dijo Atanausú que..., que..., -aquí titubeó el viejo Armiche, como temeroso de pronunciar alguna palabra de mal fario, de mala suerte, alguna palabra gafe-, que el nacionalfelipista Jerónimo S. Acevedo había manifestado que aquí deberían quitarse de los programas de estudios los contenidos canarios. Y deben quitarse para hacer a nuestros estudiantes más competitivos -¡sí!- frente a los fuereños.

A veces pienso si lo de ese individuo nacional-felipista tan nefando es cinismo o absoluta necedad provocada por su impunidad colonizadora en el daño y en el tremendo enriquecimiento extraído de la miseria de sus paisanos. (Acaso sean ambas cosas -interrumpió El Cobra, silencioso por mor de un fuerte flemón que lo tiene a mal traer).

Aquí, precisamente, jamás se han estudiado nuestra historia, nuestra geografía, nuestro arte, nuestras costumbres, nuestra literatura... Y cuando se han estudiado ha sido en mínimas porciones y, siempre, de manera sesgada y alienante, con intenciones colonizadoras. Nunca –salvo poquísimas excepciones, supongo- se han estudiado de manera limpia, profunda, esclarecedora, dignificante.

Mas, a pesar de los tantos y nefastos Franciscos Manueles Morales y Jerónimos S. Acevedo, siempre ha habido y habrá canarios como el palmero Manuel Fernández Cabrera (quien, para dignificarse, hubo de hacerse cubano, como Secundino) siempre ha habido y habrá editoriales como el Centro de la Cultura Canaria... para que no se apague jamás la llamita de la dignidad libertadora. Sí, siempre los ha habido y los habrá.

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En mil pedazos

María Cristina Garay Andrade (Desde Monte Grande, Buenos Aires. Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Y estallaron en mil pedazos convirtiéndose en estrellas
Por cada ilusión impulsada una partícula de ellas
Por cada sueño forjado trizas volaron dibujando estelas
Sin destino perdidos segmentos perfilando sus secuelas

Anhelos de vivir el alma mostrando su templanza
El amor cargó el espacio con su calidez y esperanza
Juntos ofrecieron de sus manos lo mejor de sí mismos
Entregaron le sencillez despojada de egoísmos

Desde mis silencios agonizan ya los mensajes
Lágrimas que pocas quedan regaron espejismos de paisajes
Mis ojos quedaron ciegos de percepciones reales
La noche los convirtió con espinas por dolorosos rosales

En mil pedazos que busco abrigar como encastrar mi vida
Alientos encuentro hecho añicos como lozas rotas de lápida
Mi camino presiento lentamente ocultándose en la arena
La brisa borra la pasar rastros del dolor profundo de mi pena

¿Quién conoce lo que atesora mi vida y me encadena?
¿Quién puede decir que en ella cuanto daño se almacena?
Desde mis silencios viví ese mutismo que me condena
Callar fue mi refugio que me muestra al mundo serena

En mil pedazos se encuentran mis emociones dispersas
Millones de habitantes vivimos en situaciones diversas
Que solo estamos en el mundo a pesar de las creencias
Que falto de todo quedamos a pesar de las presencias

Cómo callar al amor cuando grita debilitado
De soportar la agonía por un poco de calor acrisolado
Todo se vuelve burbujas con deseos de amor dibujados
Detonan en crudas verdades de ideales destrozados

¿Y por dónde seguir ahora me pregunto confundida?
¿De la mano de quién tomarme para compartir la vida?
El Nazareno que me acompaña rezando con el tránsito
La fatiga de fracasos en mochila resignada andando despacito

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Dos relatos

Selva

Tormenta

La quietud de los árboles, en el bochorno del mediodía impío, comenzó a desperezarse y su voz de murmullo pobló la siesta del estío.

De pronto, como un pintor descontento con su obra, el azul del cielo se vistió de gris y las nubes presurosas, montadas en eólico correr, escapan despavoridas del latigazo del relámpago y del ronco rezongo del cielo.

Rompe a llorar la bóveda celeste y el aire se llena del olor de la tierra que, sedienta, bebe presta la lluvia bienhechora.

¡Bendita lluvia que traes frescor y vida! ¡Te desafío viento!, mientras la lluvia empapa mi rostro.

¿Lloro o río? No lo sé, pero tu frescura mitiga la sed que me atormenta. El tamborileo sobre el techo y los cristales ha cesado. Callan de nuevo los árboles y el canto de cristal roto de los pájaros corta el aire, que nuevamente se duerme, envuelto en vahos, sólo unos minutos…

El viento encabritado sacude la copa de los árboles, y los frutos maduros son ofrendas que cubren el suelo. La lluvia ríe y conversa con los raudales. ¿Dónde vas que no me llevas?

Djanet

El sol abrasador calcina los castillos de piedra. El lecho del río seco, flanqueado por esos fantasmagóricos gigantes, es una grieta en la tierra sedienta de lluvia.

Las montañas estallan y el pedregal huye cuesta abajo, protestando airado contra los osados pies que lo despiertan de su larga siesta de siglos.

Sólo los chacales, los zorros, el Fenec, pequeño zorrino orejudo, las serpientes, los roedores y arácnidos, habitan tan majestuoso paisaje.

Otrora allí hubo todo tipo de animales, como lo atestiguan las pinturas y grabados rupestres, inmortalizados por nuestros ancestros que los tiempos, celosos, han resguardado en asombroso estímulo y regalan a nuestra imaginación, que viaja añares bajo ese inimitable cielo de infinito azul.

Buscamos en el suelo, con inocultable ansiedad, algún trocito de historia, como podría ser cáscaras petrificadas de huevos de avestruz o puntas de flechas, pero sin suerte, pues seguramente se nos habían adelantado en siglos hurgadores más tempraneros.

Al fin, para felicidad nuestra, aparecieron rocas y gigantescas piedras pintadas, ¡¡los famosos y milenarios dibujos rupestres!!

Grupos de bóvidos, imperfectos, simples en sus formas, pero con gran vitalidad, nos recibieron, mostrando realidad y frescura seculares que nos transportaron a la vida de mujeres y hombres, piedras, valles y montañas vigorosas y fértiles.

Aquí y allá, cerca de ríos dormidos, algún arbolito acáceo, se aferra aún a la vida. ¡¡Llueve cada diez años o más!! Pero allí, como tocado por varita mágica, surge caprichosa la vida quiescente.

¿Será el destino de nuestro planeta? El desierto avanza que da temor. ¿Qué podría ser la vida, entonces, sin los ríos, el mar, las plantas y los pájaros?

Desvío el pensamiento de ese abismo, porque conozco la respuesta, como tú, Djanet. Indeleble en la memoria, tus imágenes Djanet!!

Desde el frescor de las palmeras de tu oasis, con tus limpísimos hotelitos de chozas de anchas hojas y de piso de cemento rústico, tan cálido como pulcro, tomamos el avión hacia la selva dura, metálica, de tantas soledades entre la muchedumbre, dejando atrás las inmensas catedrales rocallosas, en su recogimiento inmemorial, con mil y una historias atesoradas en su corazón impenetrable.

Cuando íbamos, en una marcha agotadora, excitante, alegre y jadeante, subiendo las montañas por los senderos, procurando adivinar, tuvimos la fortuna de encontrar la ensalada del Tuareg, una matita pequeña, generosa, aliviadora, escondida entre las rocas, fresca y con gusto picante. Un manjar exquisito, inimaginable en medio de tanta aridez.

De vez en cuando, un remansito de arena. Allí quedaron dos huellas de pies, juntitas, la mía y la tuya.

Djanet está ubicado en el extremo sur de Argelia, a dos mil kilómetros de la capital argel, en la región de los tuareg, lindando con el territorio de Chad.

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Anarquistas y socialistas en los orígenes del club Argentinos Juniors

Víctor Oscar García Costa (Desde Buenos Aires. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Todos creen que los socialistas y los anarquistas de Argentina eran ajenos a la práctica de los deportes, en general, y del más popular de los deportes, el fútbol, en particular. Pero no fue así: en el barrio de Villa Crespo, en tanto en el local de un Centro Socialista jóvenes afiliados aficionados al fútbol allí reunidos constituían el Club Chacarita Juniors, en otro lugar jóvenes anarquistas se nucleaban en un pequeño club de fútbol al que llamaron "Los mártires de Chicago", denominación con la que homenajeaban a los militantes obreros que por sus luchas en pro de las 8 horas de labor habían sido falsamente acusados, irregularmente juzgados y vilmente asesinados en los Estados Unidos. Había sido un vulgar crimen, como lo señaló años después el gobernador de Illinois, John Peter Altgeld (1847-1902). Por su parte, un grupo de socialistas había constituido otro club de fútbol denominado "El Sol de la Victoria", seguramente inspirados en un verso del Himno de los Trabajadores, de Filippo Turatti (1857-1932), que dice “splende el sol dell'avenire”, y que cantaban los trabajadores italianos.

El 15 de agosto de 1904, reunidos los miembros de ambos clubes, Los Mártires de Chicago y El Sol de la Victoria, en la esquina de Corrientes y Aráoz decidieron unificarse bajo el nombre de Asociación Atlética y Futbolística Argentinos Unidos de Villa Crespo que, más tarde, redujeron adoptando el nombre de Asociación Atlética Argentinos Juniors.

Ese mismo año, 1904, Alfredo L. Palacios (1878-1965), era elegido primer diputado socialista de América e iniciaba en el Congreso Argentino el Derecho de los Trabajadores.

Otro Club, un año después, el Club Atlético Independiente, era fundado por trabajadores empleados de comercio, mayoritariamente socialistas.

Este año 2010 se han cumplido 120 años de la primera manifestación en la Argentina por las ocho horas de labor, lucha iniciada, entre otros, precisamente, por los Mártires de Chicago a los que recordaban y homenajeaban los jóvenes precursores de Argentinos Juniors. Esa manifestación se realizó el 1º de Mayo de 1890 en el Prado Español, en la calle República, la llamada “calle larga de la Recoleta” -hoy Avenida Quintana- y reunió a tres mil trabajadores de distintas nacionalidades -entre ellos argentinos- bajo una persistente lluvia.

Curiosamente, este año del Bicentenario uno de esos clubes fundado por socialistas en un Centro Socialista -Chacarita Juniors- ha descendido de categoría y el otro, fundado por anarquistas y socialistas, Argentinos Juniors, se ha coronado campeón del Fútbol Argentino.

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Cine. González Iñárritu: “Biutiful” o un nuevo as bajo la manga

Jorge Zavaleta Balarezo (Desde Pittsburgh, Estados Unidos. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Javier Bardem, el actor español más “global” de estos tiempos, acaba de ser premiado en el Festival de Cannes por su papel en “Biutiful”, la nueva película del mexicano Alejandro González Iñárritu, autor de “Amores perros”, “21 gramos” y “Babel”.

Lo que no necesariamente asombra es el hecho de que esta nueva cinta de González Iñárritu sigue lo que parecería ser un proyecto muy meditado por largo tiempo en este cineasta que nos abrió las puertas a un imaginario de violencia y perdición, donde hombres y mujeres sacrifican o arriesgan sus vidas, en escenas que tienen mucho de melodramáticas como de un cine muy posmoderno.



Obviamente, no hemos visto aún “Biutiful”, pero sabemos que se trata de un descenso a los infiernos protagonizado por un hombre, ex drogadicto y perdido, casado con una prostituta bipolar, padre de dos hijos y vinculado a inmigrantes chinos ilegales a quienes ayuda a conseguir trabajo como en un intercambio igual de inseguro. Este antihéroe no necesariamente busca una redención y deambula por unas zonas sórdidas de Barcelona a la manera de un antiapóstol, alguien que se ha alejado del rebaño o que, dicho de otro modo, encontró una manera de extraviarse en la aventura de la vida.

Bardem es quien se pone en la piel de este personaje en un film que lleva aún más allá los límites que ya se habían roto en “Babel”. Ahora es cuando le encontramos más sentido a la secuencia programada de González Iñárritu. La abyección de la ciudad y su mugre nada insólita en “Amores perros” dio paso a una historia más filosófica en “21 gramos”, en la cual las alteraciones extremas del tiempo, gracias a un montaje matemáticamente controlado, daban una idea del vacío y lo fugaz de la existencia.

“Babel” amplió en todos los tonos posibles las arriesgadas apuestas de las dos primeras cintas. Su título ya anunciaba la confusión cultural en una época de globalización, saturada o manipulada por el neoliberalismo. Los temas de la migración, la falta de entendimiento entre Occidente y el resto del mundo, o la terrible soledad y ansiedad de una joven sordomuda en Tokio catapultaban una historia que llevaba a los extremos todos los fantasmas y demonios del autor que hasta entonces trabajó con el guionista Guillermo Arriaga.



Es con “Biutiful” que el proyecto “González Iñárritu” se esfuerza y se esmera en ir aún más bajo y en querer hacernos entender que el paraíso, es verdad, nunca va a estar aquí en la tierra. Un fresco ambicioso, que según unos críticos, encuentra en Javier Bardem, al personaje preciso para esta oscura aventura.

Llega el momento, entonces, de situar tal vez a González Iñárritu en la línea de esos herederos de algunos grandes cineastas de la soledad, el existencialismo y la angustia de vivir como Bergman y Antonioni, aunque él prefiera admitir una influencia más cercana en cineastas como Wong Kar Wai y John Cassavettes, como lo registra el crítico británico John Paul Smith en su libro sobre la primera película del cineasta mexicano.

“Biutiful”, huelga decirlo, encenderá pasiones y generará opiniones optimistas y de las otras hacia un director de por sí complejo, preocupado por los síntomas de una sociedad enferma, por las transgresiones, por las separaciones, por las marginaciones. Ahora es que se puede hablar de un “universo” en el autor que debutó a lo grande abriendo el siglo XXI y que se toma su tiempo para dedicarse a un nuevo proyecto. Cuatro películas en diez años hablan de un cineasta que trabaja con paciencia, que no rehúye la polémica y que critica desde las imágenes turbias de sus obras, aunque algunos sólo digan que su cine es oportunista y hasta “publicitario”.



Con el premio para Bardem en Cannes, el festival de cine más importante del mundo, “Biutiful” se asegura un circuito de distribución masivo, lógicamente más allá de la piratería, y establece aún más a Alejandro González Iñárritu -quien ha confesado que esta es la película con la que siente completamente satisfecho- como un referente obligatorio en esta nueva ola de cine latinoamericano, que gracias a jóvenes talentos y una entusiasta política de coproducciones, nos ha entregado más que un puñado de virtuosas obras firmadas y filmadas por Lucrecia Martel, Walter Salles, Claudia Llosa, Fernando Meirelles, Víctor Gaviria, Adrián Caetano y Pablo Trapero, entre muchos otros.

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Haciendo zapping en una tarde lluviosa

María Etchart (Desde Costa Rica. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Confieso no ser una televidente muy asidua. Prefiero la lectura y la mayoría de las cosas que muestra la televisión sólo consiguen hacerme poner algo nerviosa y desesperanzada. Pero algo me lleva a encender el televisor en un pequeño paréntesis que he decidido hacer en mis múltiples y polifacéticas tareas en esta tarde de lluvia. Así que ahí va: clic.

Sigue manando, silencioso, el petróleo en el océano y los poderosos señores autores de esas perforaciones guardan un ominoso silencio sin que ninguno de los poderosos de la tierra les pregunten el por qué de su fatal error, o cómo evitar que zonas cada vez más extensas estén expuestas y sean dañadas en su ecología.

Si esto hubiera sido producido por un grupo árabe, ya se lo calificaría como un atentado terrorista y miles de tropas de mercenarios estarían invadiendo algún lugar para castigar a los culpables, aunque esto significara que murieran inocentes, niños, civiles o quien tuviera la mala suerte de estar allí presente.

En vano he buscado en la televisión alguien que emitiera alguna reflexión sobre el tema, sólo caras de asombro y fingido susto por parte de los eternos voceros del imperio. Claro, no es cuestión de despacharse ahora contra los muchachos de la British Petroleum, que como todos sabemos pertenece al socio incondicional del Imperio, el mismo que lo ha venido acompañando en sus guerras petroleras (perdón, me equivoqué: en sus guerras para llevar la democracia al atrasado mundo del Medio Oriente).

Un antiguo dicho nos recuerda que: “Entre bueyes no hay cornadas” y así se lo puede ver al presidente Obama y su esposa esta vez luciendo un lujoso vestido rojo, en las escalinatas de la Casa Blanca recibiendo al presidente Calderón. Sonríen, se palmean, no parecen preocupados por el drama que se aproxima a uno de sus estados, Louisiana pero que seguramente seguirá avanzando a otras regiones.

Uno trata de entender que el protocolo de los gobernantes en nada se parece al dolor simple de un ser humano que andaría agobiado por la preocupación y el dolor que están a punto de sufrir tantos pescadores, tantas familias que han visto cómo el venenoso petróleo avanza hacia sus costas. Pero es evidente que esos sentimientos quedan sólo para los que somos simples mortales, y así hemos visto y seguimos viendo cómo los que gobiernan este planeta que, jamás lo repetiré suficientes veces, se supone que es el hogar de todos sus habitantes, jamás pierden la compostura, se ocupan de su vestimenta y aspecto físico y siempre logran sonreir. ¿Será para darnos ánimo, será porque han logrado suprimir la compasión y la empatía de sus cerebros demasiado ocupados por dar una cierta imagen, o porque no se pueden permitir el lujo de sentir como humanos? Tal vez el esfuerzo y los compromisos adquiridos en su ascenso al poder los han mutado, y uno de los precios que deberán pagar es la tensa sonrisa o media sonrisa casi permanente que muestran ante las inquisitivas cámaras.

¿Qué siente un presidente que se decide a mandar grupos de hombres y mujeres que irán lejos de sus afectos a imponer un cierto orden forzado y que no se sabe si regresarán o en qué estado lo harán?

¿Cómo pueden los padres y familiares cercanos de estos jóvenes auto convencerse de que es para su propio bien, o para el bien de lo que se llama patria?

Lo pregunto porque sigo sin entenderlo, tal vez porque soy una descerebrada que me pongo a llorar cuando veo talar innecesariamente un árbol o me angustio cuando sé que están desapareciendo las lombrices de tierra, o las abejas polinizadoras, o que se asesinan tiburones sólo para que algunos imbéciles se deleiten comiendo sus aletas.

Cambio, entonces, de canal y pongo Enlace TBN, y me encuentro con una descarada venta de bendiciones y prosperidades que el señor me mandará, además de la humillación de mis “angustiadores” en un programa llamado “Dios está en el Control”, si sólo marco alguno de los números que indican y suscribo mi ofrenda, todo esto mientras cuatro gorditos señores bailotean y cantan y algunas jóvenes danzan al compás de un son mientras también se ve a muchos operadores que atienden las llamadas y llenan formularios. El programa se transmite desde Dallas,EE.UU. pero con centros de llamada en cada país de Latino América y en España. Los formularios se van depositando sobre una silla donde se producirá el acto de justicia de Dios. Según proclaman sus organizadores el número de llamadas es maratónica, así que seguramente mañana reinará la justicia en esta parte del planeta. ¡Qué alivio!

Mientras se produce el famoso milagro, pongo un canal de Costa Rica y escucho que una de las primeras medidas de los legisladores recientemente elegidos ha sido aumentarse las dietas en casi 50%. Bueno, después de todo es bastante lógico -se defienden-, en vista de los muchísimos compromisos y comidas que tienen que solventar y además con el hecho que parece que no habían calculado al postularse, que deben dedicar tiempo completo a su tarea. Uau! Y yo que pensaba que todos dedicábamos tiempo completo a las nuestras...

Y allá, sigue manando el petróleo, en otro de los mensajes cada vez más frecuentes que la Pachamama nos hace llegar, como una madre preocupada tal vez no por su propia integridad, sino por el futuro de sus hijos a quienes les brindó tanta belleza y armonía y a la que nos hemos empecinado en no prestar oído atento. Ella no sonríe ni se acicala con costosas galas, sino mas bien siento que llora en silencio.

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