viernes, 25 de junio de 2010

La flor más grande del mundo

José Saramago

"La flor más grande del mundo" escrito y narrado por José Saramago

Relato para niños (y adultos) escrito y narrado por José Saramago. Un corto colmado de símbolos y enigmas, destinado a una infancia que crece en un mundo quebrado por el individualismo, la desesperanza y la falta de ideales.

Dirección: Juan Pablo Etcheverry
Guionista: Juan Pablo Etcheverry (adaptada de "A maior flor do mundo" de José Saramago)
Ilustración: Diego Mallo
Producción: Chelo Loureiro
Música: Emilio ARAGÓN


Fuente: Grupo Actoral 80 / Cuadernos y Caminos

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La Libertad es hija de la Verdad

María Luisa Etchart (Desde San José, Costa Rica. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Cuando nos vamos acercando al final más o menos predecible de nuestras vidas en términos de tiempo, parecería que se produce un raro fenómeno: la necesidad de rescatar la verdad, como valor supremo. A esa altura parecería que todos los engaños a que hemos sido sometidos y que, a su vez, hemos esgrimido hacia los demás, dejan de tener justificación. Es como si comprendiéramos que la vida, en realidad, pasó por otro lado distante a nuestros logros, a nuestros afanes de tener, de ser importantes, de erigirnos en ganadores, y sintiéramos la urgente necesidad de revelar lo que en ese momento comprendemos, fue parte de la verdad que tal vez, incluso, nos negamos a nosotros mismos.

La aparentemente casual revelación de Mirtha Legrand sobre un episodio en que estuvo involucrada durante la nefasta dictadura militar y que permitió que su intervención ante criminales uniformados salvara la vida de una sobrina, aunque no la de su pareja, no es en realidad casual. Esa omisión de verdad seguramente la acompañó durante años, en algún recóndito rinconcito pujando por salir a la luz, porque ésa es la naturaleza intrínseca de la verdad, el hacerse patente.

Ahora vendrán los comentaristas, los que tratarán de sacar partido del hecho, los “interpretadores”, los que la defenderán y los que serán sus detractores. En realidad, nada hay para decir al respecto, sólo tal vez ayudarnos a comprender la naturaleza de la verdad y alegrarnos por ella que tuvo el coraje y sabiduría necesarias para comprenderlo así.

Hace poco vi una de las últimas películas de Clint Eastwood, ícono también de una época, que habitualmente encarnó papeles muy representativos del modelo de justiciero a que nos tiene acostumbrados Hollywood. En esta película, de cuyo argumento es también autor, llamada “Gran Torino”, un Clint que no se avergüenza de tener arrugas, expone una especie de “mea culpa” cuando hace referencia a su pasado como soldado en la guerra contra Corea y le explica al personaje de joven chino que tiene por vecino algo que hubiera sido impensable hace unos años: cómo jamás pudo borrar la imagen de algunos rostros de jóvenes que murieron a sus manos y el sentimiento de culpa que no ha podido borrar.

No se hace mención, es claro, a los motivos que lo llevaron a esos actos, pero es fácil deducir que ninguno de los argumentos que su país esgrimió y con los que trataron de influir en su ánimo para que llegara a esa situación, eran realmente verdades ni válidos a la hora de tener que aceptar su participación en los crímenes que constituyen una guerra.

Lo vemos también a ese personaje del típico Americano, con la bandera plagada de estrellitas en la puerta de su casa, descubrir su propia inminente mortalidad y darse cuenta que hay otras culturas, otras formas de ver la vida que no por diferentes son mejores ni peores, y es casi como que por primera vez en su vida su mente se ensancha, así como su corazón, por medio del amor y la compasión.

En otro orden de cosas, el estado de UTA acaba de fusilar a Ronnie Lee Gardner en represalia por un crimen que cometió hace varios años. En un escenario especialmente preparado con una silla a la que lo amarraron y rodeado de bolsas rellenas para absorber los disparos que pudieran haber sido mal dirigidos, encapuchado, y hasta con un auditorio que presenció la escena del homicidio, se le dispararon varios balazos, en un acto que no se ve muy diferente de los que protagonizó Ronnie en su momento.

¿Tiene derecho un hombre a terminar con la vida de otro ser humano en forma violenta, no importa cuál fuera la razón que lo motivara? Lo más hipócrita es que el que dicta la sentencia no ensuciará sus propias manos con el crimen, sino que pagará a empleados del Estado para que lo haga, eso sí, mezclando algunas balas de fogueo con las letales para que ninguno de los ejecutores sepa a ciencia cierta quién fue el asesino, y esperando así diluir sentimientos de culpa y permitir que los ejecutores puedan regresar a sus hogares, besar a sus niños y acariciar a su perro sin tener que sentirse culpables.

Ahí se me representa la imagen de Jesús diciendo “El que esté libre de culpa, que arroje la primera piedra” y nuevamente surge la hipocresía de una sociedad que se llama a sí misma cristiana y que hasta pone el nombre de Dios en sus billetes.

Como noticia final del día, descubro que ha muerto José Saramago, buceador incansable de la verdad, autodidacta de la vida, espíritu generoso que procuró mediante sus escritos llamarnos a la reflexión, a la unión entre los seres humanos, a la compasión y a quien deberíamos agradecer su compromiso con la verdad. Gracias, José.

Imagen: La verdad - Oleo/Lienzo (70x90) de Susanna D'Momo

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La selva masculina de Ismael

Edgar Borges (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

En nuestra sociedad, el varón sabe de sexo mucho menos de lo que parece. Y bien lo sabe Ismael Bernardo de Quiróz, el personaje de la novela Después de todo, la eternidad, de Fausto Antonio Ramírez (Málaga, 1965), cuando dice: En otras palabras, me consideraba un chico normal, de los del montón, pero quizás con mejor corazón que otros muchos de esos tíos que van por ahí seduciendo y exhibiendo musculatura, creyéndose los amos del mundo. En esta frase, el autor nos introduce en la debilidad que mucho hombre padece (y calla) en la adolescencia. Sentirse normal por creerse dueño de un corazón noble es la ley de inferioridad con la que mucho varón baja la cabeza ante las hembras más deseadas. Y pronto aprende (el varón) que sus deseos saben ganar batallas en territorios donde siempre pierde la ética.

En Después de todo, la eternidad (Editorial Manuscritos), Fausto Antonio Ramírez nos revela, con pulso de artesano, muchos de los prejuicios que invaden la sexualidad del hombre. También se podría decir que Ramírez desmonta la pared masculina y nos invita a transitar un espacio (la selva social) donde razón y deseo no comparten la misma cama. Lo que de joven Ismael descubre al abrir la puerta de la habitación de sus padres: Aquella era la primera vez que veía en vivo y en directo cómo los adultos se las arreglaban para fornicar. La imagen de mi padre desnudo sobre aquella mujer, de la que nunca más volví a saber nada, me venía constantemente a la cabeza. Era como si fuese transportado a una edad primitiva, donde la animalidad no sabía de pudores ni vergüenzas. De lo que no tenía ninguna duda, era que la búsqueda del placer sexual no tenía fronteras ni balizas, ni sabía de moral o principios para poder ser retenida, no era la rabia inmediata que le empujaba a despreciar al padre traidor (de una madre aparentemente inocente), sino el vértigo a lo desconocido. ¿Acaso no será Ismael el padre de un futuro abismo?
Fausto Antonio Ramírez asume un tema difícil por los resultados a los que se exponía. Socialmente se considera débil sólo lo femenino; por lo tanto, nunca será tarea fácil dibujar la fragilidad amatoria (y sexual) del varón desde la perspectiva de un narrador que cuenta su aprendizaje involuntario, en primera persona, desnudo, sin otro guía que no sea su instinto animal. Y será mucho lo que tendrá que construir, pero también lo que habrá que dinamitar. Después de todo, la eternidad es un espejo de esa otra masculinidad, la inocente, la que cada uno de nosotros le esconde al mundo por ser demasiado bella para ser vendida como fuerte. Fausto Antonio Ramírez, cual arquitecto de proyectos complejos, sale airoso de su reto de dibujar, con sangre, el universo de la selva masculina.

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Tomo y no obligo... es más barato

Carlos Alberto Parodíz Márquez (Desde Lomas de Zamora, Buenos Aires. Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El "Lawyer" estacionó la cuatro por cuatro oscura, en la no menos oscura sombra del puente carretero. Claypole un curioso y anacrónico sajonismo, es la paradoja social. Angosto, peligroso, sin seguridad ni luz. Una "pinturita". Por debajo, como todo en este "ispa", se negocian soluciones para "vuelos transpolares". La noche aquí no paga peaje. No todos los pasadores son confiables y tampoco todos la terminan bien.

Un paso a nivel vecino, se da la mano con los flancos del pueblo. Un pueblo acorralado, pero por la historia. Alguna vez jugó en esa calle sin futuro, que "moría" contra la ruta. La gente de "laburo" flaquea sobre todo a la hora de viajar. Por eso él esperaba sin apuro, pero vigilante, la pasajera de turno. Un rato después el "bondi" que llegaba muy cerca, era un fuego de artificio. Casi la crónica de un "achaco" anunciado.

Cuando los chicos están "dados vuelta", los dados caen como caen. Para la m... Quisieron darle "maquina" al colectivero que trabaja con máquina. No había "caja chica". Los chicos se "cebaron". Uno se quedó "apretando" al chofer y el otro decidió recorrer el micro, para que los pasajeros colaboren "con la causa". La cosecha era pobre hasta que llegó al penúltimo asiento donde el morocho de pelo cortito le anunció por lo bajo...

-Polícia... entréguense-. El "flaco" creyó que ellos eran los hermanos James, aunque en otro "tren" de atracos. Levantó el brazo y el grito inútil antes que, primero él y luego el otro, fueran "cocinados" a tiros. El partido entre "polis" y ladrones, iba a penales, pensó "el Lawyer", cuando "peló" el celular para llamar a Yon y contarle.

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-"Franz" es un clásico- dijo en tono docto "El Lawyer" haciendo de cómodo anfitrión en esa casa recostada y casi como espiando el cruce de la avenida con Amenedo. Siempre espera gente y el lugar hace cierto aquello de "Dios los cría y el viento los amontona". Adrogué‚ es un código más, en este caso para "gente como uno", pensé‚ frente al plato de anchoas -sólo anchoas- ordenó "El Vasco", para discutir "la seguridad" del sur. Un enigma digno de Tolkien, cuando se busca un anillo.

-¿Por qué‚ San José‚ es un santo para dos pueblos?-

-¿Acaso no le alcanza con uno?-

-¿Porque nadie afloja a la hora de elegir destino?-

Yo permanecí inmutable, arrodillado mentalmente, ante el obelisco de cristal, portador de un Gancia con Fernet, fragante y espumoso, servido con la técnica secreta revelada, alguna vez, por un somellier rebelado.

Yon que no respondió la "tríada" del "Lawyer", pescando una anchoa generosa se puso melancólico.

-Es hora de ir a San José, "pero de este lado", para hablar con "Rambo"-, anticipó. Dueño de la levedad del ser, meciendo el futuro a través de la combinación sepia y olorosa.

Dos inutilidades después partimos en caravana, porque el Alfa gris, era ya una prolongación de "El Vasco". Entrar por el patio trasero a San José "de este lado", es un desafío. Como hacer el mapa del pozo propio. Tal vez porque aumento y crecimiento, es en este rubro donde "se reactiva el pozo productivo". Aquí el reparto sí, es justo. Todos, para los que nada tienen.

Rambo estaba "de civil", montado en su porte germano -pelo corto y rubio-, Detalle que hace menear la cabeza al vasco, cuando se encuentran y en "la todo terreno" negra que para él, es una escarapela de advertencia. Eligió un turbio bodegón con todo el folclore "adentro".

-Hoy no se mezcla- advirtió sin mirarnos, Yon. Con "El Lawyer" si nos miramos. Cada tanto es bueno medirnos. Nos debemos demasiados silencios. Esperamos los aperitivos combinados pero sin ilusiones.

-Voy a necesitar ayuda-. Viniendo de "Rambo" era una "bazukazo". Al vasco no se le movió un músculo. Parecía escuchar "Humo sobre el agua", pero yo no oía a Purple por ningún lado y menos ahí, donde el cuartetómetro, cotiza en decibeles.

-¿Qué pasa?- fue la "catarata" inquisidora de Yon.

-Hay dos barrios "al borde de un ataque de nervios"; unos intrusaron y los otros resisten. "Garay", con "La Gloria", otra guerra de pobres y de memoria- poetizó "Rambo".

-Vos podrías hablar con la gente, no todos quieren escuchar "voces oficiales" y menos las nuestras- agregó mientras yo, desconsolado, pensaba en la elocuencia de Yon, muy parecida al alborozo del monte Everest cuando pasa un alpinista.

El vasco resolvió.

-Andá vos- ordenó al "Lawywer" sin que este replicara, lo que me regaló asombros nuevos. Un espíritu de "retruque" que se iba al "mazo". Me miró. Consentí. Se acomodó la camisa dentro del pantalón, un hábito maquinal como acariciar a su hijo Juan Cruz y salió. Por primera vez en poco tiempo, no supe que hacer.

-La historia de una plaza y una escuela que no están; un piletón que divide las aguas entre intrusos e intrusados que pelean por lo que no tienen y decisiones delicadas, bailotean entre los bandos-, agregó "Rambo" para justificar su nuevo rumbo en la "diplomacia" de la ley. Difícil, pensé, que el chancho vuele y también en como le iría al "Lawyer", mientras juntaba carozos de aceitunas negras, picantes, que pude rescatar de "las ruinas de Pompeya", un buen lugar como otro cualquiera mientras abordaba con fe, el tercer "combinado" climatizado de hielo. El murmullo de los otros dos, me alejó porque nunca hago esfuerzos para oír lo que no me dejan escuchar.

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Es la vida que me alcanza.
Es el cansancio que me alcanza.
Es la esperanza que me alcanza.
Es un tiempo valioso que me alcanza.
Es el resto de confianza que me alcanza.
Es la inconsciencia y la inocencia que ya no me alcanzan.
El rumor de la canción cesó en mi cabeza cuando un aletear de águilas, me puso en picada sobre la mesa. Desperté con el regreso del "Lawyer" y su anuncio.

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-Los vecinos se pusieron de acuerdo y hay tregua por treinta días para arreglar las cosas- dijo, mientras aspiraba ruidoso por la nariz eludiendo su responsabilidad en "la negociación". Yon se miró con orgullo mal disimulado. "Rambo" entrecerró los suyos para evitar brillos delatores.

Nunca lo había visto preocupado a ese extremo. Hombre duro. De decisiones duras y finales; ahí estaba.

-¿Como pueden "guerrear" y que yo tenga que "echarlos" si habría que darles un abrazo y pedirles disculpas por la vida?, rezongó fríamente desesperado.

-Nosotros nos vamos- anunció el profeta de la parquedad.

Salimos al calor que, en la calle, parecía soportable. Subimos al Alfa gris. Yon no parecía cansado.

-"Garganta profunda" nos espera en Lanús. Salimos del San José "brównico" pasamos por el "temperlino" y Pasco "arriba" buscamos ruta.

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"La diva" no es sólo la mujer dorada que me desvela y devela. En el primer piso, casi asomados a la plaza Belgrano, escuchamos el "parte" del día del "feudo". -Allí hay un amo y señor- supo anticipar "Garganta...", alguna vez.

-¿Que pasa ahora?- atacó el vasco al mismo tiempo que regresaban las anchoas, navegando porcelanas bien formadas y solidarias con las copas espumosas de la reiteración. Confieso que el número de "cadáveres de cristal" era ya, lo que el viento se llevó.

-"El uno" de Lanús no da notas, hasta ahora, porque tomó distancias del "Negro" y no quiere quedar "pegado". Es grave. Se ha vuelto amo de sus silencios. El rumbo y las medidas económicas no lo convencen. Cree que hay "un pase" extraño y como buen zorro, ahora parece querer dejar de ser esclavo de sus palabras-, sintetizó "Garganta". Yon lo palmeó confortándolo.

-¿Y entonces?- fue su discurso elocuente.

-¡Que te parece! ... "el negro" y él siempre "jugaron" juntos. ¡En este momento es una decisión muy grave, pero voy a avisarte como sigue este partido; hay mucho ruido a botas ¡"hermano"! ruidos peligrosos pero para todos !te lo juro!. El mercenario Hoare estuvo en Buenos Aires "negociando" con Balza.- se quejó "Garganta..."

-¿"Deathbird"?- el tono de Yon era glacial.

-El mismo. Tiene "un santuario" mercenario del SAS inglés y van con el que "pague mejor" o "la corona indique". ¿Te parece poco que semejante ejemplar ande suelto en Buenos Aires?; ¿viene a entrenar "gurkas" argentinos y para qué?-, "Garganta." era una lágrima.

Yon con la sombra de la guerra de los mundos velando el color celeste, me miró y se economizó hasta la orden. Un gesto de cabeza para indicar la retirada, dejando rastros de congoja en la mesa. Nos fuimos, con las cortesías desacostumbradas, invadidos por un frío del alma, que construye la memoria. Los años de plomo, están a la vuelta de la esquina, pensé y abracé al "Lawyer". Estábamos en el muelle de la bahía, titubeando sin saber qué hacer, ni cuando hacerlo. Ocurre que nadie quiere ser el padre de las despedidas, aunque sea el padre y como siempre, él por un lado y nosotros por otro, nos fuimos, fabricando "Desencuentro".

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Sobre “preocupados” y “resignación canaria” (De José Saramago y demás)

Víctor Ramírez

NOTA DECLARATORIA

Esta reflexión periodística salió en la revista Liberación desde el 9 de octubre del 2000 al 12 de febrero del 2001 en diez entregas. Las razones de mis publicaciones periodísticas en detrimento de mi actividad narrativa –cuando pude aprovechar, pues estuve y sigo estando vetado en los medios de comunicación habituales- pueden encontrarse en este artículo que a continuación expongo como preámbulo. Lo publiqué en el periódico La Tribuna el Domingo 14 de febrero de 1999 y gracias a la oportunidad que me había brindado su director Federico González Ramírez –contra la voluntad de los dueños del periódico, claro. Éstos, pocas semanas después de empezar mi colaboración, le habían ordenado que dejara de publicarme; pero Federico se negó y le seguí enviando semanalmente un artículo bajo el epigrafe EL PARAÍSO PODRIDO -que luego publiqué en libro. Por cierto: el seguramente primer trabajo que, como director sustituyendo a Federico, realizó Martín Marrero fue vetarme el artículo que ya había yo enviado para su publicación, el titulado Tarajano, la Academia, O'shanahan (fechado el 24-julio-2000).

***

Guardar silencio "intelectual" no es despreciar sino apoyar al Poder vigente.

En su libro El sentido de la realidad dijo Isaiah Berlin, refiriéndose a una tesis del alemán Fichte, que "los valores no se descubren sino se construyen". Esto me lleva a reafirmar que política, toda política -incluso la más íntimamente personal-, es la inexorable -sic- planificación del futuro con elementos del presente y enseñanzas del pasado.

En mi prostituida Patria Canaria los elementos del presente están controlados por agentes españoles o canarios al servicio del poder metropolitano, y el pasado lo desconocemos en su casi totalidad o se nos mixtifica con absoluta vesania.

Mas, cuando uno responde públicamente mediante su obra artística -en mi caso literaria-, está haciendo política porque participa, quiera o no, en esa ineludible planificación. Tampoco hay, por tanto, actividad de incidencia social (como radiar un partido de fútbol, por ejemplo) políticamente neutra.

En nuestra Patria Canaria (al habérsenos dificultado violentamente -sic- la construcción de valores emancipadores, al impedírsenos tiránicamente -sic- la construcción de valores dignificantes, forzándosenos a aceptar colonialmente los opresivos valores españoles) lo habitual ha sido, y continúa siendo, la cultura de la evasión, de la elusión, o de la pura mascarada cortesana, cuando no la del ataque frontal –liquidador- al menor atisbo de un arte emancipador –principalmente en la actividad literaria.

Casi nunca ha sido nuestra cultura la del enfrentamiento directo con la tiranía española, enfrentamiento sin perífrasis ni eufemismos. Y ello, al menos para mí, es injustificable, imperdonable. Por eso quiero volver a airear algo leído hace unos pocos meses.

Lo aireo porque es una acusación sin ambages al esbirraje colonial que, ciega o lúcidamente, participa en la pudrición de nuestro pueblo. Ese esbirrismo hace posible que hoy, ciento setenta años después, continúen vigentes las denigradoras razones que aducía el esbirro capitán general Francisco Tomás Morales cuando, a petición del maldito "madrid", elaboró un largo informe, en el que consideraba totalmente infundados los recelos "madrileños" sobre la lealtad isleña.- informe que no me canso de repetir. Fue el 10 de diciembre de 1827 cuando Morales fechó lo siguiente:

"Desengáñese V.E.: En Canarias ni las revoluciones políticas de los pueblos de la Península, ni la influencia de los rebeldes de las Américas, ni las doctrinas subversivas del orden social; nada es capaz de alterar la fidelidad de sus habitantes. Su situación topográfica, su pobreza misma, esa imposibilidad física y moral de poder sostener interior o exteriormente cualesquiera movimientos de revolución ¿dejarían de ser constantemente poderosos obstáculos para las tentativas de los innovadores?"...

En toda esa miseria se continúa sustentado la "españolidad" actual de la mayoría de mis compatriotas. Quienes tenemos la obligación de construir los valores de la salutífera rebeldía somos los más responsables e incluso culpables... pues el silencio no es despreciar sino apoyar al Poder vigente, al denigrante poder colonial español.

* * *

SOBRE "PREOCUPADOS" Y"RESIGNACIÓN CANARIA"

(de José Saramago y demás)

- I -

Entonces interrumpiría el apodado Pancho, con entonación ansiosa:

Me vino a la memoria como relámpago algo que leí por vez primera hace cinco años: justo en la página doce de Notas y recuerdos, libro de Agustín Millares Torres (1826 -1898). También lo recordé porque el tal Francisco Tomás Morales, que vivió entre 1781 y 1847 (ejerciendo de Capitán General entre los años 27 y 36), fue contemporáneo durante veinte años del insigne prócer don Agustín -hombre que hoy, por decente y sabio, sólo podría ser independentista. Dice así:

"La casa del Coronel -en La Oliva de Fuerteventura- es una especie de fortaleza, con cañones y cuerpo de guardia, muebles antiguos, costumbres feudales y riqueza forrada de miseria.

>>El coronel es mirado con la misma veneración que a Dios. Cuando se le descubre en aquellas grandes llanuras que forman horizonte, la gente se descubre y permanece inmóvil hasta que desaparece por la parte opuesta. Hay quien asegura que, al acercarse, se arrodillan".

Tenía sólo veinte años Agustín Millares Torres cuando en 1846, rumbo a España para estudiar música, aprovechó la parada del barco en Puerto de Cabras e indagó cuanto pudo sobre aquellos pobres infelices mahoreros que tantas hambre y humillación habían pasado, pasaban y continuarán pasando. Ahora, cuando por mor del turismo podrían ellos resarcirse de tales penurias físicas y anímicas, resulta que apenas sí pueden decir con verdadera propiedad que Fuerteventura es su tierra -casi toda ella controlada y expoliada por fuereños con la complicidad de los colaboracionistas de siempre y aprovechándose de la indefensión e ignorancia del nativo resignado.

¿Saben en qué pensaba, señores, mientras oía al amigo Pancho? -preguntó con gesto entristecido Amaranto Froilán de Todos los Santos. Pensaba en cuán pobres de alma seguimos siendo -a esta pobreza hay quien la llama ‘resignación canaria’ ("mejor que canaria, ¿por qué no llamarla perraria? –interrumpió fugaz Miranda).
Supe que Ricardo García Luis presentó un libro del entrañable, y ya fallecido, Hermógenes Afonso Hupalupa en el Ateneo de La Laguna y que asistió bastante gente. Es muy típico de nosotros escudarnos tras unos heroicos compatriotas muertos, compatriotas que cuando vivían apenas sí eran mínimamente arropados y estimulados en su lucha libertaria: lucha que hubieron ellos de realizar soportando agobiantes soledades y, sobre todo, soportando muchas ponzoñosas desventuras afectivas causadas por las personas más allegadas y queridas (“además del aseteo constante de injurias y calumnias de los supuestamente correligionarios suyos” –apostilló Pancho).
Seguro estoy de que, si Hermógenes Hupalupa estuviera vivo y presentara ahora su libro (admitiendo que lo hubiese podido publicar tras ímprobas fatigas económicas y morales), apenas sí aparecerían por allí los cuatro indiscutibles de siempre -además del entrañable presentador Ricardo García Luis.
Pero, como ya su palabra viva no molesta ni levanta ampollas (muy especialmente entre los paisanos que, jugando a independentistas, envidiaban y criticaban ponzoñosos su vehemente arrojo patriótico), sino que puede ser manipulada de una u otra forma, entonces vamos y -consecuentes con nuestra psicología de colonizado envilecido-, lo enarbolamos y lo enaltecemos para poder continuar escondiéndonos y rumiando nuestras frustraciones mientras hacemos el vacío e inclusive vituperamos al compatriota vivo que planta cara -casi siempre en solitario- al poderío colonial español.

Así es la vida, señores. De hombres como Hermógenes Hupalupa, Secundino Delgado y unos pocos demás, sólo nos debería interesar seguirles el ejemplo y mostrarles la mayor gratitud mientras estamos vivos: ejemplo y gratitud que principalmente nos animen a seguir la única digna de las luchas aquí, la lucha por la emancipación de la Patria colonizada: y teniendo presente que la Patria no tiene padres, sino hijos -buenos o malos, ingratos o agradecidos, trabajadores o gansos, fieles o traidores, heroicos o cobardes... pero hijos.

Ese ejemplo y esa gratitud, consecuentemente, me impedirán tomar parte en la necrofilia cómodamente idolátrica hacia una buena persona que -si viviera- continuaría siendo crucificada desde todas partes, especialmente por quienes –juguetones- ahora la consideran y proclaman suya, poco menos que de su exclusiva propiedad.

Por eso no debe extrañarnos que, de entre esos admiradores y propulsores actuales del machacado Hermógenes y del no menos lacerado Secundino Delgado, haya quienes despotriquen calumniosos contra -por ejemplo- el periódico Liberación y contra algunos de sus participantes y de otros que dan continua y abiertamente la cara en pro de la soberanía de nuestra sorroballada Patria.

Resulta más llevadero y ostentoso a esos tan patrióticos compatriotas despotricadores ocultarse tras los muertos, sí. ¡Qué tris-teza! Perdonen el desahogo y la interrupción. Continúe usted, joven.

(Pero Pancho se mantuvo silencioso, con la boca abierta, mirando como hipnotizado hacia el llamado Amaranto Froilán de Todos los Santos).

Entonces aprovechará el viejo Armiche para casi susurrar:

Tus palabras, amigo, suenan duras y uno quisiera que no correspondiesen a la realidad, que estuvieran exageradas. Mas temo que no yerras del todo en tus apreciaciones... En fin...

El amigo Pancho mentó a los mahoreros y eso tan contundente de "la riqueza forrada de miseria" y "al control expoliador de fuereños". Quisiera, por ello, recordarles las palabras del tan alabanceado escritor portugués José Saramago, palabras que la prensa colonial publicó hace unos pocos días. Supongo que ustedes las habrán leído.

(Se equivocó de plano el anciano: ninguno de los contertulios las hubo leído. Y, mientras hablaba, extraería del bolsillo superior izquierdo de su sahariana una página de periódico dobladísima y bastante subrayada. Tras haberla desdoblado y extendido sobre la mesa, leyó:)
"José Saramago advierte del deterioro de Canarias con el excesivo monocultivo del turismo. El escritor critica la pasividad de los lanzaroteños ante el deterioro de la Isla". Ése es el titular. La prensa se refería a lo que expuso el escritor portugués en conferencia celebrada en el Club Náutico y organizada por la asociación cultural Achicatande.

Esa Achicatande supongo que será una más de las asociaciones que, pese a su nombre tan aborigen y siguiendo el programa colonial habitual de ellas tan 'canarias', procuran evitar que se oiga la palabra del rebelde, del independentista -intervino El Cobra, enronquecida su voz por otro mal de amores.

Seguro que será una asociación que debe seguir demostrando que ningún canario vale la pena. ¿Cómo habrán tratado y seguirían tratando asociaciones así a personas como el canario lanzaroteño Leandro Perdomo, intelectual y hombre muchísimo más valioso para Lanzarote y Canarias que cuarenta mil Saramagos juntos?
¡Menuda desgracia es ésta, que todo cuanto de cultura por aquí brota acaba siendo purita cizaña anticanaria y por muy de canaria que presuma! Siga usted, señor Armiche.

Pero quien habló sería el joven apodado Pancho, para exclamar: ¡menudo papanatismo rastrero se ha montado aquí entre los culturos con el tal Jaramago, bastante más ruin escribiendo que -además del eximio Leandro Perdomo- nuestros aún vivos Isaac de Vega y Rafa Arozarena! ¡Si hasta una persona tan culta y tan condescendiente como el doctor Rafael Inglott lo califica de bodrio que parece escribir un poquillo mejor últimamente, imagínense cómo será de paquete por mucho celofán mediático con que se le envuelva y propagandee!

Yo mismo soy uno de los que han intentado leerlo -por curiosidad y por no ser injusto en mis apreciaciones- y me atrabanco enseguida de lo tan empalagoso y farfullero que escribe el individuo. Y no me digan que sobre gustos no hay nada escrito; pues, si de algo se ha escrito demasiado, es precisamente sobre gustos, sobre cómo éstos también son producto de interesados adoctrinamientos ideológicos.

El que es bueno es bueno y el que es malo es malo por mucho que procuren engatusarnos con mentiras mediáticas y de las otras. Así lo siento y así lo digo. Discúlpeme el desahogo, señor Armiche. Adelante con su lectura.

Pienso que te has pasado en tus apreciaciones, amigo Pancho, que rayas en la injusticia. Yo he leído al señor José Saramago -no mucho, cierto, pero sí lo suficiente. Y me parece aprovechable: no tanto como bastantes otros, cierto, incluidos los mentados por ti.
Pero puede ser que te sientas dolido porque consideras que admite él, por puro peseterismo o desidia, o por la edad o el exceso de ocupaciones distraidoras, ser utilizado papanata y torticeramente por esos auténticos esbirros culturales que tienen copados todos los espacios docentes, periodísticos, radiofónicos y televisivos: gentes que actúan como inclementes represores colonialistas para ningunear hasta la extinción a nuestros escritores, de los que algunos no resultan peores que el señor Saramago -cierto-, pero no tan mejores como afirmas tú, Pancho, al menos según mi valoración, claro. Bien... Sigamos leyendo lo que tengo aquí subrayado. Creo que merece la pena.

"Defendió Saramago a su vez una conciencia ciudadana colectiva y afirmó que estamos asistiendo a la segunda muerte de César Manrique. La primera fue el cuerpo, la segunda es la muerte del espíritu. Ante un público que debió abrirse paso hasta los propios balcones del salón, Saramago confesó que <>".
Perdone un minuto, señor Armiche -atajó Miranda con cierta brusquedad, inusitada en él: hombre más bien de talante socarrón. Leyendo cosas de éstas, se pregunta uno si individuos tan ensalzados como el señor Saramago en verdad son toletes de liar o listos que se hacen los bobos para seguir mamando del bote, y no importa la edad que se tenga si está bien del coco.
Vamos a ver: ¿por qué no se ha preocupado él, que lleva aquí sus cuantos años, en leer a algunos de nuestros escritores más significativos? Opino que, si los hubiese leído, debería saber que a un pueblo al que se le fuerza a vivir sin memoria -y por ende sin personalidad ni capacidad para aprender, para ilustrarse, para conscienciarse- no se le puede exigir entendimiento para comprender y captar su realidad, ni mucho menos exigirle voluntad capacitada para integrar algo bueno en su alma individual y -mucho menos- en su alma colectiva.

Debería saberlo el insigne escritor. Es su obligación intelectual si se pone a manifestarse en público y, por consiguiente, su obligación ética y, por consiguiente, su obligación política. Nadie es neutral en sus manifestaciones publicadas. Y mucho menos lo es un escritor tan reconocido como él.

9-octubre-2000

* * *

- II -

El Cobra aprovecharía que callara abruptamente Miranda: para participar en el coloquio. Y dirá con voz nítida pese a su ronquera de amores: hace un rato volvió a mentar el amigo Pancho lo de cuánto se ocultan muchos compatriotas presuntos independentistas detrás de los poquitos muertos heroicos nuestros.

Se ocultan -pienso- para acaso engatusar a su mala conciencia, engatusarla en vez de apoyar a los luchadores vivos en la contienda emancipatoria de nuestra Patria, luchando ellos asimismo o no estorbando -al menos- con sus celos y envidias y demás frustraciones narcisistas.

Pero atendiendo a lo que ha leído usted, señor Armiche, caigo en la cuenta de que el mentado señor Saramago (hombre 'preocupado por nosotros', del que Alcorac nos libre y guarde) también recurre hipócrita y torticeramente al muerto, y por ende silencioso, César Manrique.

Recurre, fingiendo dramatismo inclusive, con esa machangada de que el artista lanzaroteño murió dos veces: la primera de cuerpo y la segunda de espíritu. ¡Pues sí que manda cataplines la tal patujada, señores míos! ¡Lo que hay que hacer comunistamente para promocionar capitalistamente tus libros y para que se te invite a espectaculares conferencias o a ser entrevistado izquierdosamente colonizador!

Que yo sepa, el mismito César andaba por ahí presumiendo propagandístico de su obra artística y ecológica en Lanzarote –obra y propagandeo que yo no tengo por qué valorar negativamente, pero que sus buenitos dinerones y suculentitas prebendonas le proporcionaron. Exaltaba él por ahí, sobremanera y eufórico de orgullo por su labor, los encantos de su isla.

Los exaltaba César publicitariamente como el totorota ingenuo que exalta la hermosura y pureza de su jovencita hermana, niña simplona y pobre e indefensa, ante proxenetas mafiosos sin escrúpulos. Éstos, desde que pueden, se apropian de ella y la prostituyen al máximo e inmisericordemente -como así ha ocurrido y ocurre con nuestra indefensa Patria, y como seguirá ocurriendo hasta su consunción si no nos emancipamos cuanto antes del maldito poderío español.

César Manrique mercadeó con su obra como cualesquiera de los otros artistas: sin reparos éticos (aunque él se creyera, con razón discutible, un ángel de la guarda ecológico, ángel que no le hacía fos al dinero ni a la vanidad publicista, ni al compincheo político) y sin conciencia patriótica. Se enriqueció él dinerariamente, ostentó su riqueza e incluso doblaría la cerviz -pletórico de cortesanía- ante el merito Borbón y Borbón, directo heredero del dictador Franco y actual Jefe del Estado que tan policialmente nos mantiene aherrojados e ignorantes.

Si mal no recuerdo, el político lanzaroteño que al principio lo apoyaría en ese negocio tan lindo que montó (y que en Patria independiente acaso hubiera valido la pena; pero que en Patria totalmente sometida se limita a aumentar inexorable el aherrojamiento y, a la larga, el irreversible deterioro) acabaría suicidado. ¿Por qué se suicidó ese tal político si también era bastante rico y dícese que muy respetado? Según oí, no estaba enfermo irreversible o cosa parecida.

Y volviendo a eso que usted nos ha leído, señor Armiche, me sigo preguntando si no le da vergüenza al colonialmente y colonizadoramente alabanceado Saramago pronunciar tales tonterías tan dañinas; si no le da cierto repelús -tras muchas veces declararse comunista- prestarse a juegos tan capitalistamente coloniales.

¿Es que a su lado no tiene a alguien que le asesore un poquito con decencia y cierta sabiduría? ¿Es que quienes le rodean únicamente son simples garrapatas cortejadoras o es él tan soberbio que todo se lo sabe y no admite consejos, simples insinuaciones, alguna opinión que sea verdaderamente progresista, que sea verdaderamente humanitaria, opinión que en nuestra Patria sólo puede ser antiimperialista, sólo puede ser independentista?

¡Alcorac bendito que estás en los cielos!: ¿es que nunca vendrá un intelectual extranjero, de los reconocidos publicitadamente, a echar una mano a este chusmerío en que el maldito poder colonial español tanto empeño ha puesto en convertirnos?

¿Es que todos los intelectuales que por acá recalan sólo pueden acabar siendo, con su complicidad, invasores colonialistas, y por mucho que presuman de progresía y de cosmopolitismos, que presuman de universalistas y de internacionalistas, cuando en realidad se comportan ellos como el más puro reaccionario y nacionalista español -y por muy portugués anticatólico e internacionalista que se declare ostentoso?

Y digo esto último, señores, porque Saramago -según leí- estuvo también entre los que firmaron el ultraespañolísimo -y por ende borbónico borbónico- manifiesto politico Basta ya: esa muy bien manipulada y nada pacifista presión callejera en favor de la Constitución y del Estatuto de Autonomía (Constitución y Estatuto muy reaccionarios y ultranacionalistas españoles, auténtica continuación del más duro franquismo antirrepublicano, del más puro espíritu impuesto por el llamado Movimiento convertido hoy en Monarquía Absoluta) y con la única finalidad de anular o aniquilar al republicano independentismo vasco. Siga con su lectura, señor Armiche, aunque me hierva la sangre tener que oír tales agravios sin poder defenderme.

Mas quien habló sería el joven Pancho:

¡Espere un momento!, que al pronto recuerdo ahora algo que leyera usted, señor Armiche -eso de que el público debió abrirse paso hasta los propios balcones del salón. Aquí bastante hemos ya mencionado que el paisanaje canario tan autoproclamado progresista necesita lavarse la mala conciencia del que no se rebela abiertamente contra el poder metropolitano. Necesita lavársela escuchando, extasiado, las prédicas y los sermones de fuereños famosos e 'izquierdistas' de salón al servicio mercenario del poderío español.

Ese paisanaje jamás se atreverá a escuchar o leer palabras que de verdad sean dignificantes por aquí, palabras que estimulen verdaderamente la rebeldía libertaria, jamás. El señor Jaramago no iba a ser una excepción en esto de servir mercenariamente al poder colonizador -aunque sea profesionalmente a través de una editorial.
Pero si, por una casualidad, se le hubiera ocurrido preocuparse por nosotros mínimamente (estudiando -por ejemplo- nuestra historia y leyendo algo de nuestros escritores menos dóciles y más lúcidos, además de pasear por los lugares donde subexisten nuestros compatriotas guanches actuales) y luego hubiera pretendido dar pública y honestamente sus pareceres, sabría entonces que no hay lugar desde donde pudiera pretender darlos.
Y si lograra dar sus sinceros pareceres, sería por poco tiempo. Inclusive se le acabaría el chollo de mono de feria intelectual que tantos dividendos, por lo visto, le proporciona.

Por eso pienso que debe el señor Jaramago enterarse (para que supiere que no exagero) de que aquí, el amigo Ramírez -y me señaló-, acaba de ser echado del periódico La Tribuna -periódico donde gratuitamente colaboraba- tras el cambio de director (pues el anterior, Federico González Ramírez, se enfrentó a los dueños y lo mantuvo de colaborador hasta su marcha) luego de también haber sido echado del Diario de Las Palmas, y de que está vetado en los demás periódicos. Simplemente: no puede publicar en los periódicos comerciales de su Patria, ni siquiera gratuitamente.

¡Carajo con el amigo Pancho! -intervino nuevamente el llamado Amaranto Froilán de Todos los Santos. Oyéndolo tan exaltado, recordé lo que seguía en ese subrayado suyo, señor Armiche. Me refiero a lo de que el señor Saramago confesó que había encontrado <> -¿se acuerdan ustedes?
(Asentimos con la cabeza, aunque con el gesto algo dubitativo, imperceptible, de que no lo recordábamos muy bien).

Luego, teatralmente, añadiría el señor nobeleado que César tenía <>.

Insistiendo en lo que acaba de proponer el joven Pancho, el portugués debe saber que los lanzaroteños -como consecuentes canarios que son- sólo tienen, salvo excepciones muy sufridas por lúcidas, la obsesiva idea de sobrevivir como sea -aunque fuere animalitamente, aunque fuere sin mínima autoconsciencia, aunque fuere colaborando en la plena degradación de su Patria.

Debe también saber él que -obligados por el poderío nacionalista católico español a no tener memoria colectiva, es decir, <>- desconocen su pasado. Al desconocer su pasado, están incapacitados para comprender el presente y además carecen de fructífera energía para luchar por prepararse el futuro.

Incluso aconsejaría al señor Saramago –sabiendo que no me hará caso, claro, si me escuchara- que leyera algo del ya fallecido Leandro Perdomo Spínola (del que, de paso, podría aprender bastantes bondades en todos los aspectos, principalmente en la construcción de las frases). Síga con su lectura, señor Armiche.

El anciano, tras ajustarse los espejuelos y toser algo forzadamente, leerá con su voz más pausada:

"¿Qué es lo que Lanzarote, Canarias, tiene que proponer a los habitantes para vivir <>? ¿quiere hacer una especie de <>, algo así como una estancia del turismo?". Y detendrá la lectura, como invitando a que alguien de los contertulios opinara.

Hablaría quien menos yo esperaba, el llamado Amaranto Froilán de Todos los Santos, diciendo pausadamente:

Opino que ya se dijo casi todo lo por decir sobre ese individuo Saramago, que se pone en plan Padrediós Bendito Bajado del Cielo aprovechándose trajinero de nuestra tremenda ignorantación y de nuestro irredento proverbial papanatismo tan rastrero. Sí: el nota tiene que ser un tolete o un cínico para decir eso sin haberse dado cuenta de que ni Lanzarote en particular ni Canarias en general pueden proponer nada a nadie.

Eso es como pretender que un aguililla con las alas cortadas y enjaulada se ponga libremente a volar. Y si él no se ha percatado de que somos igual que esa aguililla sin alas y enjaulada, repito que es tolete o malvado hipócrita.

Además: ni siquiera, aunque lo pretendiéremos, podríamos hacer una república bananera, pues ya el poderío español se encarga de hacer un caciquerío bananero -peor todavía, un burdel bananero- a través de sus tantos esbirros coloniales -y tras habernos cortado las alas y enjaulado.

Insisto: si en verdad quiere ayudarnos el señor Saramago, entonces le recomiendo que ayude a los canarios a reavivar el alma colectiva de su Patria, encarándose al inmisericordemente dañino poderío español. Si él así no lo hace, habremos de señalar sin tapujos que es un invasor más, invasor de lujo: sí y por muy afamado que sea y muy de izquierdas que comercialmente se pregone ante las baboserías de turno –baboserías a que son muy aficionados casi todos nuestros hombres de la cultura y de la política ante los fuereños con publicitado relumbrón... ¡Qué asco, Madrita mía del Pino Guanche!

CONTINUARÁ…

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La Ley General de Información, Comunicación y Control (Parte III - Final)

Ricardo San Esteban (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El enfoque funcional

El enfoque funcional goza de gran popularidad entre las grandes patronales, pues les permite la selección de personal al indagar acerca de las capacidades individuales de un colectivo de trabajo. Pero no sólo allí, pues el funcionalismo (Mass Communication Research) caracterizado por el utilitarismo otorgado a las acciones que deben sostener el orden establecido en las sociedades, es una corriente teórica surgida en Inglaterra en los años 1930 en las ciencias sociales, especialmente en sociología y también en antropología social. La teoría está asociada a Emile Durkheim (12) y, más recientemente, a Talcott Parsons además de a otros autores como Herbert Spencer y Robert Merton y su objetivo primordial ha sido el de hallar las formas para superexplotar a los trabajadores y“estabilizar”a los díscolos dentro del sistema capitalista, pero la actual crisis global ha demostrado que ese enfoque funcional ha fracasado, hasta llegar a los suicidios registrados entre el personal de las grandes compañías (France Telecom., Foxconn y muchas más).

El funcionalismo se caracteriza por un enfoque empirista que preconiza las ventajas del trabajo de campo. En este sentido, los teóricos funcionalistas identifican en sus textos la comunicación con comunicación de masas porque esa es la realidad de la sociedad moderna. Hasta el siglo XIX, la mayoría de las labores se realizaban en un gabinete, mediante relatos sesgados de viajeros. El funcionalismo abrió el camino de la antropología científica, desarrollándose luego con gran éxito en Estados Unidos y en los demás países capitalistas. La corriente funcionalista es la escuela más extendida; se ha llegado a naturalizar y se estudia como el paradigma de las ciencias de la comunicación. Esta circunstancia se ha entendido como lógica porque es la perspectiva que mejor se identifica con la dinámica y los intereses de clase dentro del sistema audiovisual.

La escuela propone una serie de teorías concretas con continuidad basadas en distintas disciplinas: la teoría hipodérmica, la teoría de los efectos limitados, la teoría matemática de la comunicación y otros enfoques más particulares. Son esquemas de acción cuyo objetivo es construir un proyecto integrador que aporte conocimientos sobre cómo funciona la comunicación social y cómo debe funcionar bajo la hegemonía de la burguesía.

En esta mirada, las instituciones sociales serían medios colectivamente desarrollados para la satisfacción de las necesidades biológicas y culturales; definidos por el cumplimiento de una función social, y no —como se hacía generalmente— por las circunstancias históricas de su desarrollo. Enfatiza, por lo tanto, en las medidas que las instituciones toman para alcanzar los fines socialmente valorados. En la escuela funcionalista norteamericana, basada sobre todo en la obra de Talcott Parsons, se pone un énfasis particular en la gobernabilidad o el mantenimiento de la estabilidad social. En el contexto estadounidense, ayudaba a pensar que EE.UU. era una nación que todavía estaba construyéndose a partir de inmigrantes de distintas procedencias (melting pot) y que, por ello, se hacía necesaria la integración política dentro del país como presupuesto para consolidar su liderazgo mundial..Es claro que los muros detrás del Río Grande y las leyes xenófobas de Arizona muestran hasta qué punto tuvieron éxito.

En lo que hace a su aplicación como disciplina rectora del campo económico ha demostrado que las conclusiones de Chicago o Harvard resultaron equivocadas, como ya hemos analizado en otros trabajos.

Pero el campo de investigación del funcionalismo o método funcional es vastísimo aunque no siempre se utilice en forma pura, pues habitualmente se combina con la modelación, la formalización, el enfoque algorítmico y los métodos probabilístico-estadísticos de investigación. Incluso, se complementa con los métodos estructurales que han mostrado su empleo en la neuropsicología sistémica.

En esta ciencia, su utilización alcanzó importantes resultados en el estudio del comportamiento del organismo como un todo en sus relaciones con los diferentes sistemas de estructuras de neuronas que componen el cerebro. De allí que la neurología sistémica se convierta en un eslabón que enlaza la neurofisiología -análisis químico y eléctrico del funcionamiento de las células nerviosas- con el estudio de las funciones del individuo.

Y en al campo de las computadoras, su funcionamiento se basa en el principio de isofuncionalidad, es decir, de funciones obtenidas en la salida del circuito electrónico de la máquina, análogas a las funciones buscadas para la tarea, en la que ésta carece de relación directa con los procesos en los circuitos eléctricos.

En definitiva, la utilización de las ideas funcionales en los diferentes campos del conocimiento muestra un reforzamiento de las tendencias generalizadoras, la difusión de la cibernética y de las ideas cibernéticas para la investigación de fenómenos complejos. En relación con el análisis de las condiciones lógico-metodológicas de la cibernetización del conocimiento se verifica que su campo de acción crece exponencialmente.

Las investigaciones de las redes funcionales se hallan condicionadas por la forma abstracta del enunciado de los problemas, por la utilización del procesamiento matemático a partir de la técnica electrónica y los medios de optimización.

Las direcciones principales en el crecimiento de las representaciones teóricas en la ciencia se hallan ligadas con la matematización del conocimiento; ello constituye un rasgo de las ciencias desarrolladas con ayuda de formalismos matemáticos que se realizan en la axiomatización y formalización de las teorías, en la creación de modelos e hipótesis matemáticas.

Es, realmente, el carácter abstracto de las redes funcionales el que permite estudiar objetos de diversas clases, lo que hace al método flexible. El aparato lógico-matemático conduce a una comprensión más profunda del nexo interno entre los diferentes elementos de la teoría científica, revela sus estructuras y establece pronósticos bastante cercanos. La ciencia teórica surge allí donde se elaboran conceptualizaciones que permiten trabajarlas como objetos idealizados, y por lo mismo ofrecen la posibilidad de desplegar su contenido teórico.

Caja Negra o Black Box

El término Caja Negra puede hacer referencia a varios conceptos: en teoría de sistemas, se denomina caja negra a aquel elemento que es estudiado desde el punto de vista de las entradas que recibe y las salidas o respuestas que produce, sin tener en cuenta su funcionamiento interno. En aviación o navegación, la caja negra es un dispositivo que registra la actividad de los instrumentos y las conversaciones en la cabina. En sicología, caja negra hace referencia a un concepto abstracto.

Las conocidas ideas acerca de la caja negra o black box generalizadas a todas las ciencias no son sino un complejo axiomático, por lo cual la tarea investigativa consiste en elaborar un sistema de axiomas que abarquen los estados observables de entradas y salidas. Requiere, naturalmente, una formalización o descripción rigurosa de esos posibles estados de entradas y salidas, y los resultados obtenidos se consideran como determinados efectos. Posteriormente, se trata de hallar un sistema de axiomas y unas reglas deductivas con las cuales se puedan obtener aquellos efectos. Si se halla ese sistema de axiomas y reglas deductivas, la estructura de la caja negra será considerada como la interpretación del sistema axiomático dado. En tal caso, los axiomas del sistema pueden tratarse como enunciados relativos a la estructura del objeto.

No obstante, debe realizarse la salvedad de que el sistema de axiomas posee no uno sino toda una serie de modelos. Estos pueden ser o no isomorfos entre sí y por lo tanto el sistema de axiomas que es satisfecho con el modelo investigado no indica unívocamente la estructura del objeto. En ello se manifiesta cierta limitación del modelo axiomático, compensada en parte por la ventaja de poder investigar inmediatamente toda una clase de fenómenos.

Debido a que diferentes sistemas de acciones producen las mismas consecuencias, el sistema escogido -al que satisfaga el comportamiento observado en la caja negra- no puede ser considerado como la descripción única de la organización interior de dicha caja negra. Tal descripción sólo debe considerarse como una hipótesis, más o menos probable. Por cierto, no se trata de algo mágico o sobrenatural.

La cibernetización del conocimiento posee, también, diferentes niveles. Uno de ellos consiste en la elaboración de métodos y técnicas de medición y de preparación de experimentos, principalmente en relación con las computadoras y la automatización. Otro de los niveles se vincula con la adopción de modos concretos para la edificación del conocimiento teórico.

De la aplicación de los métodos cibernéticos a diferentes tareas investigativas -donde el objeto de estudio lo constituyen sistemas de control y de información complejas- se desprende que con su ayuda se lleva a cabo la formación de un nuevo conocimiento en una esfera bastante amplia de problemas cognoscitivos.

La experiencia del desarrollo de la cibernética expresa la tendencia a una aplicación cada vez más amplia de sus ideas y métodos, y se considera que ésta es un medio universal de teorización en las ciencias naturales y sociales. El enfoque cibernético se halla tan difundido en la noción actual de cultura que algunos hablan de la cibernetización de la visión del mundo.

Pero un efecto no deseado por el capitalismo fue la aceleración de una crisis sin precedentes. Es verdad que se han conocido crisis parecidas, como la que se produjo en el siglo XVIII al introducirse el telar mecánico, o a fines del siglo XIX con las máquinas a vapor, provocando en ambos casos una gran desocupación. Pero en aquellas épocas, el avance de la técnica no ponía en juego el fundamento del sistema, y ahora en cambio sí. El citado Norbert Wiener profetizó allá por 1950 que con la aparición de las nuevas herramientas, la depresión de los años treinta, parecerá una broma simpática.

Realidades Virtuales y Verdades Virtuales

Realidad virtual es un sistema tecnológico, basado en el empleo de ordenadores y otros dispositivos, cuyo fin es producir una apariencia de realidad que permita al usuario tener la sensación de estar presente en ella. Se consigue mediante la generación por ordenador de un conjunto de imágenes que son contempladas por el usuario a través de un casco provisto de un visor especial. Algunos equipos se completan con trajes y guantes equipados con sensores diseñados para simular la percepción de diferentes estímulos, que intensifican la sensación de realidad. Su aplicación, aunque centrada inicialmente en el terreno de los videojuegos, se ha extendido a otros muchos campos, como la medicina, simuladores de vuelo, estrategias de guerra, revoluciones, comportamientos sociales.

Como viéramos más arriba, la teoría de la información se basó en una investigación de características rigurosas entre la verdad, la información y la probabilidad.

El surgimiento de esta teoría provocó, a su vez, un desarrollo intensivo de las teorías del ser y del conocimiento, a raíz del desarrollo específico de la teoría de las probabilidades. De acuerdo con ello, se amplió considerablemente el campo de las aplicaciones concretas de lo probabilístico en torno al problema de la verdad.

La teoría de la información puede ser dividida en tres grandes niveles. Por una parte, el estudio de una clase de mensaje que ha de trasmitirse. Por la otra, la clase de señales -desde el punto de vista físico- portadoras. Y por la otra, los canales de comunicación por donde se trasmiten los flujos de mensajes.

Hay que señalar que en este caso, la teoría se abstrae del aspecto semántico de los mensajes, que hemos visto por separado cuando analizábamos el tema de la producción espiritual.

Al caracterizar los flujos -conjuntos- de mensajes se parte de que estos conjuntos poseen una estructura estadística, probabilística.

Como ya se sabe, en la teoría de las probabilidades existe un rasgo principal consistente en las distribuciones de las probabilidades. No obstante, pese al rol central de las distribuciones, su análisis resulta individual, insuficiente, y por ello mismo debió recurrirse a la comparación de unas distribuciones con otras y de unas estructuras probabilísticas con otras.

Se estudia el tipo de distribución de señales -es decir, la estructura de su fuente objetiva- y ello determina su correspondencia con la veracidad o efectividad de la clase de mensajes dada.

La elaboración de rigurosos medios matemáticos para la ponderación de las distribuciones ha sido una premisa para la solución de estas tareas, para las cuales han sido creados conceptos como entropía y cantidad de información.

Al comparar las distribuciones entre sí, es sencillo conocer que una de ellas sobresale de las otras, ante todo por el número de valores que pueden adoptar las correspondientes magnitudes casuales.

Además, cuando el número de valores posibles de una magnitud es igual, las distribuciones pueden diferenciarse por los valores de las probabilidades que se comparan con cada uno de estos valores de la magnitud casual.

Por cierto, el criterio general con que se permite ponderar las distribuciones debe reflejar las diferencias entre ellas. Estas consideraciones, así como otras de orden físico o matemático, han conducido a un criterio general, abstracto, de la verdad, que permite comparar cuantitativamente unas distribuciones con otras.

Allí se utiliza la teoría de la entropía de las distribuciones (entropía de su sistema probabilístico, entropía de la magnitud casual o entropía de la experiencia para medir la magnitud casual correspondiente).

Como es sabido, la entropía se caracteriza por una serie de propiedades que condicionan su aplicación a la investigación. Ante todo, se convierte en cero cuando no existe diversidad, es decir, cuando está ausente la formulación teórico-probabilística de la tarea. La magnitud casual parece caracterizarse por un valor posible.

Además, al aumentar el número de valores posibles de la magnitud casual de la entropía, aumenta, y en condiciones del número dado de valores posibles alcanza un máximo si se confrontan probabilidades iguales con cada valor de la magnitud.

Resulta esencial que la entropía posea la propiedad de la aditividad, es decir, que cuando se unifican los sistemas probabilísticos en una solo, sus respectivas entropías puedan sumarse.

Obviamente, la teoría de la información tiene amplia aplicación en el ciberespacio, en los medios, manejados por los sectores dominantes de los países centrales.

Las RV's (realidades virtuales) y los nuevos medios holográficos y de TV proyectiva (sistema láser que permite proyectar imágenes en el aire, en tridimensión y con formas cuasi palpables) pueden crear la idea o parecerían indicar que todas las mediaciones tecnológicas nos llevarán a una especie de onanismo mental (la autosatisfacción) pues niegan o pretenden negar la condición del hombre como ser social y en definitiva obedecen al mercado.

Pero existe una contradicción muy profunda entre el ciberespacio y el mercado, o entre intereses y necesidad, aunque por ahora tal cosa no se vea muy claramente. Como ya hemos analizado, la contradicción fundamental entre el desarrollo de las fuerzas productivas y el carácter y nivel de las relaciones de producción ha ingresado en un nuevo escalón.

Recordamos que Kerckhove (13) actualizó la Teoría de las Inteligencias Colectivas de Pierre Levy para adaptarla al contexto tecnológico de las redes, centrándose en el acercamiento y el encuentro sinérgico de los sujetos singulares para la consecución de un objetivo, en el ámbito de la conexión de las inteligencias. Tal conectividad refuerza y, simultáneamente, se opone a la idea de colectividad propuesta por Levy, añadiéndole a ésta la unidad fragmentada de las potencialidades de los elementos de la red. Pero no sólo se centra en la comunicabilidad de los elementos singulares, caracterizada por los nuevos medios, sino también en la posibilidad de poder crear un objeto multimedia o un artefacto cognitivo.

Kerckhove sostenía que la creación técnica comenzaba a tender hacia la fusión del pensamiento y la acción ¿No se saldaría así la discontinuidad, pero por medio del cilicio, que es naturaleza? De esa manera, el pensamiento y su subsecuente acción pasarían a ser propiedad de las cosas. ¿Tendrían razón los hilozoístas? En ese caso, el homo sapiens ya no intentaría desentrañar sino imitar a la naturaleza. ¿Como el antropoide?

Heidegger escribía que la era de la técnica ya había destruido la posibilidad de la emancipación total. Simone Weil, contrariamente a lo que pensaba Marx, no creía que la humanidad pudiera liberarse de su esclavitud laboral y tampoco creía que un sistema de reformas “un capitalismo con rostro humano” como pregonan algunos, pudiera acabar con la maldición que Marx profetizaba iría a desaparecer en una sociedad sin clases. Para Weil, el trabajo es esclavismo. Su pensamiento quizá podría compararse con el Althusser que en los primeros sesenta pensó un marxismo estructural, operado por sujetos trágicos, escindidos entre lo real y lo ideal, y cuyo sacrificio político era inevitable.

Nada de eso. El hombre está comenzando a resolver su discontinuidad con la naturaleza, a través del ciberespacio.

El grado de inserción de lo maquinal en la contemplación y transformación del mundo conduce a muchos interrogantes, y algunos autores acuden al tremendismo y al Apocalipsis. El mismo Norbert Wiener pronosticaba que sería ilusorio pensar en un mundo donde el ser humano, acostado en una hamaca, sería servido por un robot.

¿A qué le tememos? Si bien el actual ser humano no puede conocer enteramente la realidad, su propia existencia muestra que se ajusta bastante a ella, y tiene una ventaja en el sentido de que puede acudir a sus conocimientos, su fantasía e intuición, las que desde tiempos inmemoriales le permitieron avanzar en el conocimiento de la realidad. Posee ahora los mecanismos para producir realidades virtuales e inclusive acaba de asistir al descubrimiento de un ciberespacio que no se hallaba -al menos de esta manera- en la realidad anterior.

Por cierto que ese espacio, en este momento, es propiedad privada y que las máquinas por sí solas no nos liberarán. Deberemos luchar para que esa tecnología y el discurso legitimador pertenezcan al pueblo.

No se entienda como que las realidades virtuales obran o pueden obrar -en esencia- arbitrariamente, de acuerdo al antojo o los deseos de los seres humanos individuales. Tampoco se confunda la incertidumbre que surge de la ignorancia, de aquella otra que emerge de la propia naturaleza. Tanto la incertidumbre como las verdades virtuales que resultan de su paso por el razonamiento, responden a leyes, constituyen regularidades cuya infracción conduce a gruesos errores. Como planteaba Engels, la necesidad se abre paso a través de infinitas casualidades, pero hay que añadir que dicha necesidad se abrirá paso por medio de nosotros, los seres humanos.

La verdad incierta no puede ser asimilada o interpretada como lo que en lógica se denomina falacia o quebrantamiento de la recta razón, sino que debe entendérsela -en última instancia- como un mayor acercamiento a un modo de organización complejo y a un comportamiento probable de la propia naturaleza.

Las discontinuidades son por lo menos de tres clases: aquellas que obedecen al grado de abstracción de los nexos fundamentales -en la realidad objetiva, y en la conciencia-, las que son propias del sistema social y aquellas que obedecen a la visión del mundo, al corte de la realidad que nos es.

Precisamente, el conocimiento progresivo de las leyes y regularidades que expresa, va conduciendo a una profundización del saber y al dominio cada vez mayor de la naturaleza.

Todos los que adscribieron o adscriben al monismo neutral niegan la posibilidad de acceder al conocimiento directo de esa realidad objetiva. Pero es evidente que si renunciamos a la verdad objetiva o a la recta razón trasmitida a través del conocimiento empírico, renunciamos en primer lugar a la clasificación, precisión y constatación de los conceptos. Debe comprenderse que dicho conocimiento empírico es indispensable para vivir y operar con las ideas, conceptos y razonamientos que tienen la particularidad de acusar los nexos inmediatos entre los elementos y de estos con el sistema y su entorno.

Al negar este primer peldaño entre el mundo objetivo y el proceso de idealización, cerramos los portones por donde debemos ingresar hacia el conocimiento teórico, las realidades virtuales y la idealización en sus niveles más avanzados. Pero principalmente cerramos la instancia en la cual el hombre es absolutamente imprescindible. Así, entonces, sin puerta de entrada, sólo nos restaría pensar en alguna causa primigenia, ajena a los procesos de desarrollo y situada fuera del sistema y su entorno.

Sin embargo, y como ya dijimos, se observa que el surgimiento y desarrollo de espacios artificiales y la constatación de la existencia de realidades virtuales y verdades virtuales sujetas a leyes amplía enormemente nuestro campo de acción.

La Verdad Incierta

Conviene no confundir, como es obvio, la metodología de investigación con la cosa investigada. De igual forma, debe alertarse acerca de las diferencias entre el objeto de la metodología de investigación de la ciencia, con el de la ciencia misma. La teoría cuántica, por caso, estudia ciertas conexiones puramente microfísicas del universo. Por ello, tomarla como una universalidad constituye un craso error, aunque no el más grave. A mi juicio, el peor de todos es confundir la metodología de investigación de la ciencia, y en particular de la física, con la antropología o filosofía del hombre. Sin negar los puntos de contacto, que son cada vez mayores, sería intentar aplicar la física como un lecho de Procusto.

El pensamiento humano posee un discurrir que, en última instancia, resulta un consecuente del comportamiento social sistémico y del propio entorno o naturaleza. Por otra parte, también cabe reconocer su forma específica, sus particularidades. Ocuparse de la “forma de las formas” del pensamiento es tema difícil, sobre todo en estos momentos en que los fariseos se han refinado, y sacan inciertos conejos de sus desgastadas galeras.

La incertidumbre de la verdad es una para el abordaje del sistema, otra para la forma de las formas del pensamiento, otra para la sociedad en su comportamiento real, sistémico, otra para cada nivel del mundo y muy otra para el mundo de las llamadas micropartículas, cuyo componente idealizado es aún enorme.

Como hemos visto, el modo de organización de la propia materia tiene ínsito un principio de incertidumbre que parte de su composición y también de los grados de libertad con los cuales sus elementos logran la elasticidad necesaria para el desarrollo individual y global. Un desarrollo a modo de innumerables acertijos, que a partir de su resolución desencadena la fuerza para el posterior curso de los acontecimientos.

Pero la verdad, igualmente, posee muchos niveles que incluyen, en ciertos casos, a las falacias. Los niveles que son reflejo de la propia materia, los de la abstracción existente en toda la naturaleza, y los que son inherentes a la teoría del conocimiento, gnoseología (o si se quiere, a lo que se denomina ingeniería del conocimiento). Es, asimismo, objetiva y subjetiva, paradójica o virtual.

El ángulo de incidencia es igual al ángulo de reflexión, la distancia más corta entre dos puntos es la línea recta. Cuando los profesores comenzaban a explicarnos la verdad, daban ejemplos así, pues resultaba más fácil hallarlos en lo formal. Pero lo formal es lo menos verosímil.

Durante muchísimo tiempo se vio a la verdad como eterna e inmutable, llegada desde afuera y anterior a los tiempos. La filosofía epicúrea, por ejemplo, pensó en ella como la serenidad que se identificaba con la separación entre el hombre y el mundo.

Los dioses vivían en el intermundo o Cielo, en una dimensión de la realidad donde la estructura de la materia era igualmente rígida y eterna, aun cuando regulada por leyes que al hombre le resultaban extrañas e insondables. Este sólo podía entenderse con verdades aparentes propias de la inevitabilidad fenomenológica del movimiento, y las imágenes (Idola y Simulacra) constituían reflejo condicionado propio del ser pensante.

Es decir, que el cambio tenía cualidades de verdad abstracta, pero ello se contradecía con la idea socrática de ordenarlo todo a través de la veracidad de la recta razón, aún admitiendo la contradicción y el cambio en el pensamiento y en la naturaleza, pero subordinándolo a la verdad acartonada.

El escolasticismo llegó al cenit de ese afán de ordenamiento, pero la realidad objetiva presentaba una tendencia al desorden -natural en las cosas, siempre hacia el estado aparentemente caótico- que no encajaba con la verdad inmutable y eterna.

La explicación de la verdad encerraba así una insoluble contradicción, pues justamente durante largo tiempo se puso el acento en las cosas aun cuando algunos pensadores –Berkeley and otros.- las negaran o reclamaran su incognoscibilidad, sin tener en cuenta mayormente la teoría sistémica, su carácter problemático, sus conexiones, sus virtualidades y sus tendencias.

Werner Heisenberg (14) no dijo nada nuevo cuando afirmó que en la física moderna no se ha dividido al mundo en diferentes grupos de objetos, sino en grupos diferentes de conexiones. Lo visible es la clase de conexiones que importan dentro de un determinado fenómeno, y que en el ámbito general (tales conexiones) son como una maraña de sucesos que determinan la textura del conjunto.

En mecánica cuántica, la relación de indeterminación de Heisenberg o principio de incertidumbre afirma que no se puede determinar, simultáneamente y con precisión arbitraria, ciertos pares de variables físicas, como son, por ejemplo, la posición y el momento lineal (cantidad de movimiento) de un objeto dado. En otras palabras, cuanta mayor certeza se busca en determinar la posición de una partícula, menos se conoce su cantidad de movimiento lineal y, por tanto, su velocidad. Esto implica que las partículas, en su movimiento, no tienen asociada una trayectoria bien definida. Este principio fue enunciado por Werner Heisenberg en 1927, pero resulta que la información portada en esas partículas tiene una dirección, un objetivo, un target e inclusive una economía.

Las realidades virtuales son tan viejas como el mundo, pero este fin de milenio ha colocado en primer plano a lo inmaterial de otra manera, sobre todo a través de los descubrimientos científicos, conducidos por las fibras ópticas y las maquinaciones informáticas. La teoría de los fractales y la de los conjuntos borrosos avalan el comportamiento incierto de la realidad.

Todas las herramientas que a partir del homo habilis fuimos construyendo -desde aquel famoso palo con el cual el homínido alcanzó la fruta del árbol- nos han ido modificando en tanto nosotros modificábamos al mundo. Como ya dijimos, la disyuntiva era o imitar o desentrañar la naturaleza, y nosotros optamos por esta segunda vía. Nuestro pensamiento así fue “cosificándose” en bienes, y la naturaleza fue abstraída para su mejor modificación. Una causalidad mutua hizo que naturaleza, ser humano y herramienta fueran resultando una sola cosa (sistema y entorno). Las herramientas hachelenses acabaron siendo máquinas cada vez más complejas, y finalmente la ciencia se hizo -a través de ellas- fuerza productiva directa. Las máquinas participaron de una nueva organización del trabajo y de la producción, realizando trabajo necesario no sólo para reproducir al operario sino también nuevas y más sofisticadas máquinas, que al parecer cambian más rápidamente que el propio homo sapiens.

El hombre ha desarrollado máquinas que, ahora se entiende mejor, comienzan -en cierto sentido- con una aceleración sin precedentes a sobrepasar el espacio y el tiempo antiguos. Una nueva y vieja causalidad mutua impulsan al homo sapiens más allá de sus verdades, y el sujeto histórico -ocupando la base de la producción y capaz de analizar al universo con su sola razón- parecería ser, en este nuevo escenario, el socio menor cuando no el desplazado.

La máquina, ese molesto socio del que hablábamos, va contribuyendo a determinar algunas verdades que parecen diferentes a las puramente humanas, mucho más inciertas y aparentemente caóticas. En primer lugar, porque al observar por medio de ella las intimidades de la materia, ésta se perturba.

Penetra, asimismo y cada vez más, en la organización de la producción y con ella en sus necesidades y hambre, distintas a las del ser humano. Implica un tipo de estructura productiva y social que origina una organización con jerarquías y desigualdades nuevas entre los humanos, permitiendo que una elite la usufructúe (aunque si algún miembro de esa elite se equivoca, es dejado de lado por la propia máquina). Sin embargo, las máquinas no gozan de absolutidad, y no veo la posibilidad de una civilización de máquinas.

La marginalidad y el pauperismo asisten a una sociedad dividida en clases que se precipita hacia oscuros abismos Recuérdese aquella plebe holgazana que rodeaba a la antigua Roma, aunque ahora la marginalidad adquiere otros ribetes, ya no es sólo territorial o determinada por la posesión de bienes materiales, sino que además, alcanza a todos los que no se imbriquen en los teclados y monitores, quienes resultan así analfabetos tecnológicos y excomulgados del sistema.

Los gastos improductivos y los fenómenos de contraproductividad social generalizada arrojan a la periferia o a la marginalidad a hemisferios enteros y a sectores sociales cada vez más amplios, quienes a su vez crean una economía y una cultura contestatarias o en negro, violentas y falsas, de mucha más baja productividad pero también crecientes. ¿Los marginales serían la nueva facie de los recolectores, e inclusive, el llamado tercer mundo, el recolector de la humanidad? Pero hete aquí que ahora la marginalidad se extiende a enormes contingentes de los países desarrollados. ¿Están expresando una nueva ley de población?

Se sabe que toda conexión necesaria es, a la vez, una discontinuidad. Que toda relación esencial es, a la vez, conectiva y conflictiva. De manera que cuando se habla de discontinuidades hay que pensar que en este extraño mundo, como diría Einstein, toda identidad conlleva una contradicción fundamental.

Las verdades de la máquina se corresponden sólo hasta cierto punto con las verdades del hombre, y el panorama se complica aún más por la relación continuidad/discontinuidad -que aparentemente se ahonda- entre el humano y los elementos que emergen en su cultura.

Pero la discontinuidad no es solamente una idea, o por mejor decir es una idea que responde, en última instancia, a la no-linealidad del sistema, a la verdad problemática, al principio de incertidumbre propias de la estructura. Como señalaba Prigogine, los procesos irreversibles ponen en juego las nociones de estructura, función, historia. En esta nueva perspectiva, la irreversibilidad es fuente de un nuevo orden y creadora de organización.

En este contexto, la verdad puede definirse como de un nivel por vez, en un marco espacio temporal, en un significado y en un sentido, en una constancia fehaciente. La constancia ha de ser aquélla que reúna las condiciones bajo las cuales transcurren los fenómenos o se hacen los experimentos, es decir, una constancia de la cual podamos decir que las condiciones de realización de dos o más sucesos o experimentos son iguales sólo cuando no podemos establecer su diferencia.

Las verdades pueden, asimismo, ser abstractas o concreto-mentales, formales o de contenido, siendo, asimismo, objetivas y subjetivas, paradójicas o virtuales.. Las cosas -como ya dijimos- no pueden ser verdaderas o falsas porque existen objetivamente en un contexto sistémico real. Francisco Romero enseñaba que la verdad final (o la intuición que todo lo esclarece) brota, no como resultado, sino como un desenlace. La verdad o la falacia no se hallan en las cosas y procesos, sino en nuestra interpretación, puesto que los hechos son siempre verdaderos.

Toda la filosofía contemplativa puso el acento en las verdades del alma, sin ver mayormente el carácter problemático, las transconexiones, la urdimbre de la verdad, sus virtualidades y tendencias, su existencia real en los procesos. A la postre, estos últimos resultaron ser más verdaderos que el Cielo.

Cada elemento transcuántico y cada macroelemento conectan entre sí y con la materia a todo nivel -incluido el sistémico y el medio en que éste existe- en infinitos nexos que no pueden reducirse a mediciones cuantitativas de orden métrico o geométrico, sino que cada elemento y cada conexión actúan en forma determinista y a la vez creativa -con diversos grados de libertad- y aquello que en un enfoque es nexo en otro puede ser elemento.

Esos elementos, nexos e interacciones no se circunscriben a existir o a no existir, a ocupar un lugar o a no ocuparlo, a desplazarse o no desplazarse, a tener aristas constantes y variables. En efecto, además de ello van más hondo, se ubican dentro de lo que es la estrategia del sistema moviéndose a través de formas casuales de materia y siendo portadores de un determinado orden, aun cuando aparezcan como caóticos.

Sin estas formas casuales, participar del espacio-tiempo puede ser un dato para conocer si un objeto existe o no existe a macronivel, pero no cuál es su cometido, cuál su sentido y significado. Un sentido y significado que se expresan en el ámbito estadístico, necesario.

Es decir, lo que significa la función de cada nivel de organización de la materia desde el punto de vista físico, químico, biológico, cibernético, social., en su especificidad y en sus conexiones a todo nivel.

Como sabemos, el sistema materia no se compone solamente de elementos físicos sino que existe una funcionalidad y un complejo enlace de las formas casuales de la materia y de su transformación recíproca merced a leyes sistémicas.

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Ver también:


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