viernes, 9 de julio de 2010

El ciber amor

Susana Signorelli (desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La revolución que produjo Internet trajo sin dudas, nuevos modos de comunicación humana.

El tiempo, que inexorablemente todo lo transforma (por decirlo de un modo delicado que no hiera nuestra sensibilidad) avanza a tal velocidad que rápidamente dejamos atrás, lo que hasta hace días no más, era nuestro modo de vida más cotidiano. Y si no estamos a la altura de los tiempos somos irremediablemente caducos. Sin embargo, algo no ha podido corromper el tiempo: el amor. La necesidad del hombre de encontrarse con otro ser en la dimensión del amor ha quedado incólume. Pero ¿cómo es el amor en esta época, cómo se presenta, qué modos de comunicación profunda logramos y a través de qué medios? Esto ya es otra historia.

¿Dónde quedaron las cartas de amor en papel perfumado, las distancias eternas, los días de encuentro reglados o las citas a escondidas? ¿Dónde quedaron los poemas de amor? ¿Dónde quedaron los matrimonios hasta que la muerte los separe?

Y así, sin pensarlo, el amor fue cambiando sus formas, las otroras largas charlas telefónicas se convirtieron en escuetos mensajes de texto.

Aparece una nueva figura a través de Internet, bajo la forma del anonimato, redes sociales, páginas de Chat mostrando un perfil, nadie se conoce, pero la propuesta es buscar amigos, pareja, o encuentros de todo tipo, ¿tan solos estamos? Necesitamos de una máquina para encontrarnos con alguien. Y se descubren grandes amores, grandes ilusiones, diálogos intensos, profundos, a veces mentirosos, a veces ciertos pero en definitiva, poco creíbles porque a la hora del encuentro muchos son los que huyen o los que no pueden sostener al ser que apareció en la pantalla de otro ser, otros siguen con sus pantallas del ser y pretenden dar calidez al propio desatino de la soledad, sin saltar la barrera de la propia pantalla. Es la era del ciber amor. Y hasta los teléfonos celulares dieron lugar a los ciber celos que a su vez dieron lugar a que se crearan empresas que se dedican a rastrear los mensajes de texto de infieles parejas. El historial de la PC también permite esos desatinos, ni que hablar de hackear la dirección de correo e inmiscuirse en la intimidad del otro, todo bajo secreto, como si esa actitud no fuera también una traición.

Sin embargo, todos los canales están abiertos para favorecer la comunicación, pero no nos equivoquemos, estos canales son hasta ahora sólo tecnológicos, ya que el ser humano mucho no ha cambiado, salir de su mismidad para encontrarse con el otro en la intimidad de dos, siempre ha sido difícil y como decía Pablo Rispo, es posibilidad de muchos pero privilegio de pocos.

¿Qué necesita entonces el hombre? ¿Acaso más tecnología? Siendo un ser incompleto como es y teniendo el mundo tan a la mano, mientras no vea que sus propias posibilidades están en el encuentro auténtico con otros, sentirá irremediablemente esa soledad, que más que soledad es aislamiento y recién ahí, cuando se atreva al encuentro, descubrirá los propios aspectos desconocidos de su mismidad. Sólo el otro me dice quien soy, (Sartre) si no hay un tú, no hay un yo (Rispo).

El ciber amor es una alternativa válida para quien quiera salirse de la pantalla, y no ocultarse tras ella, dar el salto hacia el otro implica un riesgo pero qué mayor pesar que haber sido sólo un ser anónimo envuelto en las propias capas del ocultamiento del ser, para cuando llegue la muerte.

En la época en que el delibery nos trae la comida hasta nuestra casa, tal vez pensamos que el amor que antes nos esperaba a la vuelta de cualquier esquina, ahora lo puede traer navegar con la PC. Y el amor se da gracias a este ciber amor y parece que alcanzamos el nirvana.

Detrás de la pantalla tal vez sólo escuchemos lo que deseamos escuchar. Cuánto de mí hay en esa esperanza de otro. Pero ese otro puede ser la versión moderna de Cirano de Bergerac. Se me ocurre, entonces, que la búsqueda de otro podrá tomar cualquier forma que la sociedad ponga a nuestro alcance. En una y otra época, el salto al otro siempre será un acontecimiento que estremezca al ser más íntimo.

Y como la poesía es una caricia del alma que en los tiempos de los tiempos eternamente nos acompaña, les abro la mía a los cibernavegantes.

Cuanto quebranto
Cuanto desdén
Hay en mi alma
Porque no te alcanzo a ver

No te vayas que aún hay tiempo
Para las caricias
Para los encuentros
Mientras yo esté

Mis manos recorren
Tu cuerpo anterior
Pero al volver a verlas
Descubro que se apagó el sol

Otro ser habita
Mis oscuros rincones
Que ni yo conocía
Entonces, quién soy
En esta nueva madrugada

Irreverente muerte
Que todo lo arrebatas
Hacia dónde me llevan
Estos caminos
Que nunca pensé transitar…

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Marx y la muerte

Marcos Winocur (Desde México. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El siglo XIX se abre con Bonaparte en la acción y Hegel en el pensamiento. Y cuando callan las palabras y la espada descansa, la música también abre el siglo XIX con Beethoven. Que se cierra con unas vísperas, los tiempos están maduros para recibir a Einstein y su teoría de la relatividad. Consolidadas las revoluciones burguesas, el boom científico y tecnológico va de la mano del boom industrial, renovando la teoría física, haciendo de la biología tierra de descubrimientos sin par y de las fábricas la nueva religión. ¿Queda lugar para el arte? Vincent van Gogh, a las puertas de la nueva centuria, se suicida. Su pintura, rechazada en el XIX, pega el salto al XX, donde es clamorosamente recibida.

Bonaparte, Hegel, Beethoven, Einstein, van Gogh... casi nada el muestrario: la estrategia militar y la política, el pensamiento abstracto, el arte, la ciencia, representados a los más altos niveles. Y todavía nos faltan dos imposibles de ignorar: Marx y Darwin, al promediar el siglo XIX. Unos a la apertura, otros al cierre, los terceros a mitad de camino. Es un nuevo mundo en Europa occidental. Las preguntas de siempre tienen replanteo. Histórico, no metafísico. ¿De dónde venimos? Darwin se hará cargo del pasado: somos, entre tantas especies animales, una más, la selección natural nos ha modelado: de ella venimos. Y la pregunta complementaria. ¿A dónde vamos? Marx se hará cargo del futuro: al socialismo y al comunismo. Ya casi no se discute a Darwin ni a Marx. El primero casi ha sido aceptado, el segundo casi pasó al olvido. Pues... lo traeremos de regreso, algo quedó sin decirnos o lo dijo y no supimos escucharlo.

Y tal vez ni él mismo se supo escuchar. Me refiero a la cuestión de la muerte. Los revolucionarios de los siglos XIX y XX la han orillado declarando que ellos están por la vida. Los regímenes de ultra derecha, al hacer de la muerte su catecismo, parecieron darles razón. Es conocida la anécdota del falangista español que en el recinto universitario gritó: ¡viva la muerte! ¡Muera la inteligencia! mientras en la calle los partidarios de Franco asesinaban a miles luego de ocupar militarmente España. ¿Y qué evidencia mayor que los campos de exterminio del nazismo? Esto, en el siglo XX. Pero ya antes, en vida de Marx, cuando la Comuna de París, los fusilamientos de los prisioneros estuvieron a la orden del día. La muerte, por decirlo así, quedó en manos del enemigo, la vida y su defensa en manos de los revolucionarios. Esto hizo que nuestro carácter de seres mortales inconformes, que no hablamos de la muerte pero que la vivimos sin pausa en las religiones, en la cultura, haya quedado fuera como leprosa. Es decir, el hecho político no dejó ver el fenómeno psicosociológico, ese anhelo de inmortalidad de los mortales que tanto pesa en sus decisiones.

Así, Marx. Pero la muerte, expulsada por la puerta, no tarda en colarse por la ventana. Y en este caso, la ventana es un capítulo de su obra más trascendente, “El Capital”. Marx le dedicó años y años de trabajo guiado por su propósito de desmontar los mecanismos del sistema capitalista partiendo de la crítica de la economía política. Es una obra árida, frecuente uso de tecnicismos, destinada más bien a los estudiosos del tema. Aparentemente, nada tiene que hacer ahí la muerte... pero ¿hay algo con lo cual ella no tenga que ver? Y bien ¿cuál es el capítulo en cuestión, donde la muerte se ha colado por la ventana? Se titula “Capital constante y capital variable”. Estoy seguro que su sola mención traerá recuerdos de horas que fueron de apasionado estudio, de discusiones interminables.

Pero vamos a lo nuestro.

Marx viene hablando de los medios de trabajo, a saber: máquinas, edificios, herramientas, utensilios varios (FCE, I, 153). Conservan su forma, agrega Marx, tanto en vida durante el proceso de trabajo como después, ya agotados. Y el autor los llama “cadáveres”, dando una idea de los procesos de envejecimiento y muerte que sufren. Y líneas más abajo, insiste: “A los medios de trabajo les ocurre como a los hombres. Todo hombre muere 24 horas al cabo del día. Sin embargo, el aspecto de una persona no nos dice nunca con exactitud cuántos días de vida le va restando ya la muerte.” (FCE, I, 153)

Y bien: “Todo hombre muere 24 horas al cabo del día”. Lo primero que llama la atención es la tautología. Es como decir: “Todo hombre muere un día al cabo del día.” Por lo demás, Marx era cuidadoso al escribir, no dudaba en rehacer el texto en bien de la claridad, reclamo de Engels al leer los manuscritos de “El Capital”. Más si se trata del tomo I, destinado a adelantar una imagen positiva de toda la obra.

Luego, llama la atención el contenido de la frase. Donde caben vida y muerte, el referente de comparación es sólo la segunda. Los medios de trabajo y los hombres hacia la muerte se dirigen pero no de brazos cruzados. Unos rinden su utilidad hasta el desgaste completo o la obsolescencia. Los otros, formulándose planes y ejecutándolos, entre ellos, la revolución. De modo que, en exacta correspondencia, vivir es morir tanto como morir es vivir. Los medios de trabajo rinden de entrada su capacidad plena, los hombres pasan por edades que son fases de aprendizaje. Como a todo en este mundo, ambos ven llegar su fin, ambos, ciertamente, un día serán cadáver.

En ese sentido, la frase pudo ser: “Todo hombre vive y muere 24 horas al cabo del día.” Para quitarle el sesgo tautológico y volverla más elegante, se propone: “Un día más de vida es un día menos de vida.” Tiene además un aire dialéctico. Es de papá Hegel en efecto la fórmula del hombre ser-para-la-muerte, se encuentra en su Ciencia de la Lógica de 1812. De ahí la tomó Heidegger más de un siglo después.

La idea no es nueva. Con toda claridad, madame de Sévigné en 1689 expresa: “avanzamos sin cesar hacia nuestro fin y cada vez estamos más muertos que vivos.” Y viene a colación la sentencia latina: “vulnerat omnes, ultima mecat.” Es decir, refiriéndose a las horas: “todas hieren, la última mata.” Y esta idea no podía estar ausente de la novelística del siglo XIX, tales “La piel de zapa” de Balzac y “El retrato de Dorian Gray” de Oscar Wilde. En la actualidad, la encontramos con frecuencia. El poeta Jaime Sabines: “me muero todos los días sin darme cuenta.” Frase que ha sido incorporada a una canción de Lila Downs que retoma al poeta: “Mi corazón me recuerda”. Por su parte, el novelista del post boom latinoamericano Fernando Vallejo: “Día con día nos estamos muriendo todos de a poquito. Vivir es morirse. Y morirse, en mi modesta opinión, no es más que acabar de morir.” Por su parte, el pensamiento existencialista ha valorado el hecho de la muerte, despertando rechazo más no la necesaria polémica. Otras corrientes, notoriamente el empirismo lógico y el marxismo, se han desentendido, salvo alguno que otro autor. Y han hecho mal, esta permanente carga del hombre se ha dado incluso a nivel de idioma. Me refiero al inglés, donde no se pregunta por la edad, sino ¿qué tan viejo? Así, acaba de nacer Peter. Tiene unos segundos de vida extrauterina, están apenas cortándole el cordón umbilical, y la pregunta es: how old is Peter? Vivir es envejecer, envejecer es morir, tal la ecuación del sabio idioma de William Shakespeare.

Por su parte, Giovanni Papini en su El libro negro, le hace decir al existencialista Sören Kierkegard a propósito de la vida: “es la agonía que más o menos se prolonga entre la salida de la Nada y el regreso a la Nada.”

No queremos abrumar la lector con citas. El hecho es que la pluma de quien escribió “El Capital” se detuvo ante el tema de la muerte. Pero Marx era un humano que, ignorándola o no, la llevaba puesta. Como todos. Engels, su amigo y colaborador, tuvo más que ver intelectualmente con la muerte. Tal vez por la índole de los temas que abordó, de aproximación filosófica. Así, la cuestión del fin del mundo en términos astronómicos, desarrollada por Engels en el prólogo a su “Dialéctica de la Naturaleza”. En cambio, la referencia contenida en “El Capital” que hemos comentado, aparece como una suerte de lapsus en sentido freudiano, una mención comparativa donde sin quererlo se privilegia la muerte sobre la vida. No tiene otra trascendencia. Que no cunda el pánico en la izquierda: no se ha descubierto que Marx, con disimulo, haya trocado el materialismo dialéctico por el existencialismo. Pero tampoco se trata de sólo una curiosidad: el autor no ha podido impedir que la muerte entrara a “El Capital” y le sacara la lengua, doña NOOjos no respeta candados.

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Ernesto Guevara: Presente en la memoria de América

Daniela Saidman (Desde Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La imagen del hombre se repite en muchas paredes, una y otra vez su mirada convoca a la ternura. Ese Guevara infinito que vive y sufre la América contradictoria, es y será siempre una llamarada de esperanza.

En su cumpleaños 81 releemos sus versos para traerlo y vivirlo en esta orilla del mundo. Presente en la memoria de sus días, de sus ires y venires, Ernesto Che Guevara (Rosario 1928 – Bolivia 1967) está más vivo que nunca, más vivo que siempre. Mito y realidad, al Che trataron de convertirlo en suvenir, afiche o panfleto… tal vez porque esa era la única forma de asesinarlo, pero su imagen es para muchas y muchos una verdad a prueba del tiempo, y su ejemplo renace una y otra vez en los sueños libertarios de los pueblos. Médico, guerrillero, ministro, trabajador, el Che también fue poeta. “El mar me llama con su amistosa mano. / Mi prado –un continente- / se desenrosca suave e indeleble / como una campanada en el crepúsculo”.

(El mar me llama con su amistosa mano, fragmento).

Voz de los silenciados, de los olvidados, de los nadies, el Che supo temprano de los dolores humanos, del hambre centenaria y así, su palabra se hizo estandarte para acompañar y acompañarnos en todas las luchas y en todos los sueños de hoy y mañana. Guevara es el imprescindible Quijote latinoamericano, el que nos ha enseñado a endurecernos “sin perder jamás la ternura”. El Che es palabra y ejemplo, hombre que ha trascendido las geografías y los tiempos, para ser siempre presente.

“De una joven nación de raíces de hierba
(raíces que niegan la rabia de América)
vengo a ustedes, hermanos norteños.
Cargado de gritos, de desaliento y de fe,
vengo a ustedes, hermanos norteños”.
(Autorretrato oscuro, fragmento).

La América india, negra, pobre, saqueada… se dibuja en las manos del Che, extiende sus alas y vuela sobre las ganas y las utopías necesariamente realizables. En sus versos convergen la tierra y el color de Nuestra América, como un amasijo de cantos, llantos, resurrecciones, rebeldías y truenos. Él es la tierra sembrada de esperanzas, hijo nacido del vientre de todas las mujeres que sueñan otros mañanas.

"Soy mestizo, grita un pintor de paleta encendida,
soy mestizo, me gritan los animales perseguidos,
soy mestizo claman los poetas peregrinos,
soy mestizo resume el hombre que me encuentra
en el diario dolor de cada esquina".
(Y aquí, fragmento).

Con sus ojos cruzados de paisajes, anduvo el Che poeta los recuerdos y los afectos. Avanzaron sin piedad sus pasos por la geografía del silencio impuesto. Irrumpió en la memoria de los jóvenes que eran, de los jóvenes que somos. Una estrella tiritando de frío en la sombra, descubierta en las voces que recitan en susurros su nombre de héroe sin misterio, de hermano y compañero.

“Un día, aunque mi recuerdo sea una vela
más allá del horizonte
y tu recuerdo sea una nave
encallada en mi memoria,
se asomará la aurora a gritar con asombro
viendo a los rojos, hermanos del horizonte
marchando alegres hacia el porvenir”.
(Despedida a Tomás, fragmento).

La mirada del Che está y estará en las selvas, en los desiertos, en los mares y los ríos, en todos los continentes, cuando su voz estalle la noche. El Che vive y vivirá siempre en la mirada niña y en los pies descalzos y sin escuelas, vive como viven todos los que construyen rebeldías y libertades. Porque no ha de morir nunca el que hace de su vida una fértil semilla de sueños.

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50 años de canallas en África

José María Amigo Zamorano (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

1960 fue un año de esperanza para África que pronto el capital imperialista ayudado por dirigentes canallas se encargó de matarla.

El año que vamos pasando es el 50 aniversario de la independencia de numerosos países africanos (Benín, Camerún, Togo, Madagascar, los dos Congos, Somalia, Níger, Burkina Fasso, Chad, Costa de Marfil, República Centroafricana, Gabón, Nigeria, Mali, Mauritania, Senegal) de las potencias coloniales. Y por el mundo se lo recuerda celebrando recitales, congresos, simposium, conferencias... eventos de todo tipo... por el mundo.

Efectivamente, en 1960 del siglo pasado el poder político pasó a manos de los naturales, de los aborígenes de esos países (Antes ya eran independientes Etiopía -primero imperio desde el siglo X a.C., y república desde 1974- que nunca fue colonia; Liberia - creada por esclavos libertos en 1847- que tampoco fue colonizada; la Unión Sudafricana -fundada en 1910- aunque hasta 1991 estuvo bajo el régimen del apartheid; Ghana, con Kwame Nkrumah independizada en 1957, y Guinea, con Sekou Touré que logró su independencia en 1958) Pero... ¿en verdad se independizaron?... ¿Cambió la política?... ¿Cambió la economía?... ¿Fue una revolución?... ¿O solo varió el color de la piel de los protagonistas?

Dice Mauricio David Idrimi: "Pasaron 50 años y los sueños de independencia real y digna parecen haberse esfumado para seguir esclavizando a la patria de la humanidad. Porque África es cuna de la historia humana, todos los seres humanos de este planeta castigado son hijos de África. Todos somos africanos." Esto escribe en un artículo reciente.

Y nosotros que, por el hecho de ser humanos, también nos consideramos un poco africanos, queremos ver de cerca lo que representó para los pueblos africanos esas independencias. De modo que hemos sido convidados de honor releyendo la novela de Nadine Gordimer 'Convidado de honor', escrita en 1970. Con el amplio conocimiento que dan 10 años de independencia de todos esos países. Y también con la limitación que proporciona esos pocos años.

La premio Nobel sudafricana, muy ligada a los movimientos independentistas de Sudáfrica y muy atenta a la evolución de esos países, nos muestra en esta novela una independencia típica, el inicio de esa independencia, en las observaciones de un blanco que, habiéndose comprometido con el movimiento de liberación de ese país y expulsado del mismo por su militancia anticolonial, regresa, como convidado de honor, y, claro, con derecho propio, a los festejos de su independencia y algo más: a involucrarse en el desarrollo de la misma.

Es el propio presidente, del que había sido camarada de partido y amigo personal, quien le empuja a unirse al pueblo y permanecer en el país como uno más.

La novela consta de seis partes en las que la novelista va mostrándole al personaje aspectos parciales de una realidad de la que va sacando conclusiones. Tras la bambalina alegre, heterogénea, ruidosa y multicolor de fiestas, discursos, ágapes y fuegos de artificio, se resalta, desde el principio, la ausencia de un alto dirigente del partido de la independencia (muy conocido por el personaje) entre los asistentes a las francachelas y en la nómina de futuros ministros. Algunos otros detalles se van poniendo en el tablero de la realidad frente a la mirada del convidado: cambios de chaqueta de furibundos colonialistas, cargos concedidos 'a cualquier pomposo borrico del bosque que llenaba su pipa con las cuotas de la rama local del Partido' (lo que le lleva a afirmar a la autora que 'el juego sucio de los negros no es más limpio que el de los blancos'), negros luciendo sus ropas, relojes y gemelos impecables para distinguirse del común, niños blancos montados en coches y tímidos infantes negros mirando desde las aceras, o el hecho, significativo, de la construcción de un edificio ministerial y luego levantar otro para que esté en la misma zona que los demás ministerios.... El final de esta parte se cierra con la entrevista del personaje con el presidente de gobierno en la cual se muestran al desnudo las diferencias entre los dirigentes citados. Por cierto, a la llegada a la residencia de su camarada y amigo el presidente lo recibe 'un negro con uniforme, guantes blancos y fez rojo, que era uniforme de los domésticos en las residencias coloniales'; luego otro negro joven y corpulento, con traje azul de rayas y un clavel blanco en la solapa; y, como quien no quiere la cosa, Nadine Gordimer añade que 'había también un joven blanco que rondaba por allí con la naturalidad
de un ayudante de campo...: se trataba de un ex funcionario de relaciones públicas en la compañía minera más importante'.

A partir de ahí la novela va ascendiendo paulatinamente en intensidad con la marcha del personaje a una región del país para hacer un estudio sobre el terreno con el fin de elaborar un plan de educación.

La realidad se le va mostrando meridianamente clara: miseria, pobreza, bajos salarios, explotación, corrupción, detenciones, torturas, diferencias tribales que se alimentan, dependencia de las empresas extranjeras; africanización de cuadros, si, pero la misma política en beneficio del capital imperialista, es decir: una élite africana enriquecida imitando los usos del amo colonizador sirviendo al capital foráneo; capital que, ante las huelgas de los trabajadores, se defiende articulando un ejército de mercenarios con el que aplastar a obreros y campesinos; tropa que ofrece, sin recato, al gobierno del nuevo estado para casos de necesidad.

El personaje observa como, ante esa realidad, no se reacciona sino que se hace caso omiso; de modo que, inquieto por todo lo que ve, se entrevista con el dirigente que no ha acudido a las celebraciones y, poco a poco, se va decantando por su posición política que, estima, más acorde con una independencia real y no ficticia o formal como la que representa el actual presidente.

Por fin, tras la celebración del congreso del partido gubernamental en el que las ponencias más combativas son derrotadas y se aprueba la designación del secretario general de los sindicatos por el presidente y la consiguiente transformación de estos en herramientas gubernamentales, casi como fuerzas fascistas, comienza un periodo de protestas de los trabajadores enfrentándose con la policía, el ejército, las juventudes del partido (casi hitlerianas) y las tropas mercenarias de las empresas, el levantamiento de barricadas, ataques racistas a hindúes, muertes, quemas de casas..., el personaje es asesinado y el presidente del gobierno pide socorro solicitando tropas a la antigua potencia colonial.

Si hacemos un repaso de la historia de esas independencias vemos que algo parecido a la trama de esta novela fue lo que ocurrió. Veamos: el 24 de febrero de 1966 fue derrocado Nkrumah por un golpe militar, el gobierno de Benín duró tres años, el Togo otros tres, a Lumumba lo asesinaron al año, el Congo-Brazzaville permaneció el gobierno tres años, Somalia duró hasta 1969, Níger se mantuvo hasta el 74 apoyado por Francia, Burkina Fasso hasta el 66, el Chad no tuvo más que conflictos, República Centroafricana con apoyo francés permaneció hasta el 65, Gabón hasta el 64, en el 66 los militares liquidaron el gobierno de Nigeria, cosa que en Mali no le tocó hasta el 68; y en el resto de países, dicho así de una manera general y salvo excepciones, los gobiernos se mantuvieron más estables mediante un partido único (o sea una dictadura) y con el apoyo de la antigua potencia colonial.

Naturalmente la escritora intercala todo esto magistralmente (consejo de líderes o intelectuales africanos como Franz Fanon, Nkrumah, Seku Ture, Nyerere... política, ideología, táctica sindical, congresos, discursos...) con el discurrir cotidiano del trabajo, labores de casa, amoríos, fiestas, bailes, caza, pesca, cotilleos, árboles, insectos, lluvias, sequias, incomprensión de generaciones, sexo... Porque, claro está, es una novela que quiere abarcar toda la realidad y no solo una parte.

Al terminar las más de 500 páginas creemos haber sido testigos de excepción, desde dentro, del devenir de 50 años de independencia. De todo lo que se debió hacer desde una óptica revolucionaria y no se hizo, unas veces porque no hubo voluntad política y otras porque los dirigentes independentistas fueron derrocados a la fuerza por el capital imperialista, antes de poner en práctica siquiera unas mínimas medidas revolucionarias.

Hemos sido testigos, decimos, desde dentro de África. Esa África de la que dice, el ya citado más arriba, Mauricio David Idrimi: "Junto al hambre, las guerras civiles, los genocidios, los conflictos internos y étnicos, las dictaduras pretorianas, el empobrecimiento, las desigualdades socioeconómicas dentro de los países, del saqueo de los recursos naturales por las multinacionales, los niños soldados, el SIDA, la deuda externa también es un flagelo para África." Deuda que ya reconoce hasta el presidente, camarada y amigo de nuestro personaje, cuando declara: 'El único sobrante que poseen los Estados africanos es un excedente de deudas y necesidades'. Y es que los presidentes canallas son así de cínicos en el reconocimiento de la realidad... que ellos no sufren.

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Una boda y cuatro funerales...

Carlos Alberto Parodíz Márquez (Desde Lomas de Zamora, Buenos Aires. Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El casamiento de un Ángel no ocurre todos los días, pensó Reuben, el "Fernandito", un experto en calamidades. Si en la quiniela juega un número, le sale letra.

Ella era la inminente mujer de su amigo, se dijo retándose -es un culposo profesional-, mientras guardaba la tarjeta perfumada que no miró y le entregara primorosa, junto con la invitación.

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La historia se detuvo en Turdera. Algo fatigada y decidida a dejar marcas. Bueno, si no fuera así, no estaríamos aquí. Un mercado histórico y después, a uno se le caen las nostalgias. A Yon, no. Es algo que erradicó de su vida. Parece ser un mapa del presente, empecinado en que lo acompañe en cada recorrida. En cualquier momento me planto a decirle, no.

Es que Turdera merece un capítulo preciso. Un pueblo que tuvo tranvía, no es cualquier pueblo. Una vez se quedó sin cura y acuñó la frase que pasó a la inmortalidad de la liturgia del suburbio.
El espíritu del antiguo mercado pareció resistir. Tuvo otros usos, pero nada parece superar su esplendor, cuando ser "mayorista" era de rango, casi un abolengo.

Los puesteros de entonces miraban por encima de los anteojos, si los llevaban y si no por sobre el hombro, según la altura de la circunstancia. Más que vender, te hacían un favor. Cuestiones de la Argentina indiscreta, que pintó Vaca.

Ahora sigue, entre otras cosas, teniendo ilustres vecinos como el "Taba" Gómez Laborde quien, de dotes, esgrime ser el "padre de Diógenes" y nosotros los linyeras. En esos avatares del dibujo, Juan Luis Ribas, fue otro "testigo en peligro".

El puente de Turdera es un atalaya histórico. Mirando al norte y a su izquierda, según se vuelve, galopan orgullosos, fantasmas de los Iberra, con quienes guardo una tenue línea de sangre y que desvelaron mal, al ciego de las letras, toda una paradoja.

Al frente y sobre la estación, de ambas márgenes, la marca de mi abuelo Nicasio fue borrada por un retruco o un vale cuatro, vaya uno a saber y "allí" se fueron las tierras, rápidas a la hora de pagar apuestas, sobre todo cuando la palabra valía más.

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La fiesta pintaba bien para todos menos para Reuben. Salió temprano de su hangar de Banfield, porque la ceremonia para él tenía doble precio. Decidió que las cosas había que hacerlas bien o no hacerlas.

Pese a las premonitorias indicaciones, se empecinó en hacerlas. Es que el día o alguien, avisa temprano como se va a dar la mano, sucede que uno se "emperra" y así le va.

Reuben es todo corazón. Por lo menos más alto -su corazón-, aunque si se lo mira bien, en rigor de verdad, no se necesita mucho para esta medición.

Ansioso. Ciclotímico, como buen geminiano. Pasa de las tormentas a la placidez, con velocidad tropical, pero globalizada.

Ese día se estudió en el espejo, para ver mejoras en su producción. Echó otra mirada a la foto de Huracán '73. Una lágrima rebelde se le escapó de cara ante aquel Menotti, que soñaba con hacer las cosas bien.

Es “fana” del "globo", entre otras imperfecciones confesables, con lo que tiene bastante cruz para llevar y nada podía salir mal, pensó.

La fiesta del casamiento del Ángel sería una fiesta, se prometió.

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Reuben había dedicado tiempo y esfuerzo para colaborar en el menú. Produjo para el acopio, sus panqueques de manzana, famosos hasta en Banfield -que no es poco, basados en la manteca, con resolución de masa a mano -que no es lo mismo que las manos en la masa- y el secreto toque salino.

También variedad de formas -algo que sugiere cierto perfeccionismo escultórico- en sus pollos a los cuatro quesos y matambres tiernizados con leche -puntillosamente prensados y aplastados por el peso de la espera-, que mostraban prolijidad sospechosamente teutona.

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Nosotros, el Vasco Yon, "Marce" y "Robert" (este con t), "el trenzado", más conocidos -en el diario- como los "rotativos" y yo, matábamos el tiempo; algo inofensivos hoy, a la hora de matar.

La oferta disponible era errática. Tuvimos al alcance de los dientes, algunas alternativas de jamón serrano sin una mota de grasa. Las perfectas y olorosas aceitunas negras, en platos separados, las rellenas -con hilachas de rojos ajíes "bolivarianos" que pueden convertir en dragón al primer mordisco-, de las otras.

A uno de los tres se le ocurrió que el pan de maíz era pertinente. Como siempre acepté‚ sin chistar, total nadie sabrá quién paga. Además el aperitivo francés anisado y convenientemente helado, generaba conflictos fronterizos, a paladares sólidos y también, a los recatados.

Lo lamentable era que el stock de "la oficina" dejaba mucho que desear y la tercer botella, acorraló la heladera.

Nos controlamos con la plaza Grigera, cuando las luces parpadeaban, guiñando cómplices a posibles compensaciones que la fiesta aprestaba. El Alfa gris estaba reluciente; con seguridad la dueña se ocupó de ponerlo en condiciones.

Ella es solidaria, también. En esa concesión estaba, cuando apareció Reuben con el 505, verde aceituna, para no variar.

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Salimos en caravana, casi un tren de la vida. La avenida reluce. No todo lo que reluce es oro. Al llegar a Colombres, lo cruzamos a "Chaco Chico" -el remisero sobreviviente, amigo de Yon-. Algo no debería andar bien, porque el Duna gris marchaba, orondo, por la vereda.

"Chaco", parecía buscar algo en el piso. Apenas lo veía. Al que sí vi, fue al "chabón" parado con las piernas abiertas y afirmado, en la posición de "las diez y diez", con la muñeca izquierda asegurada por mano derecha y una reluciente pistola, que recibía y rebotaba destellos, además del trepidar tartamudo.

Eso sí no sé a quién le tiraba, pero vi al que trastabillaba, mientras "perdía", la bicicleta.

Seguimos, como pudimos, porque casamiento en estos tiempos, es casi una extravagancia. Y la vagancia tenía mucho que ver con los pasajeros de este viaje peregrino.

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"El puente de Turdera", sigue siendo propietario del leve zigzag tramposo. Sobre todo si uno decide mirar la estación que yace debajo. Esa curva imperceptible cuando se va "para allá", fue "enderezada" por muchos.

Reuben, naturalmente fue uno más. El 505 se llevó el cartel de oferta, prolijamente atado con alambre, la mitad del árbol, las señalizaciones que anunciaron, después, el camino equivocado.

No perdió el auto pero "picaron" todos, como pelotas de paddle, el deporte que él, mejor juega. En el camino había quedado una "anciana" de cuarenta, acorralada por "la parca".

-¡Uy!, creí que no la agarraba-, lo escuché al "Marce", lamentarse. Es malo y le gusta serlo. Las contusiones camino de los que buscábamos, fueron resueltas antes de llegar al hospital Meléndez. Por "la anciana", no pregunten.

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Cuatro transversales después del Mercado, tropezamos el lugar. Iluminado. Una perfecta fiesta de barrio. En un sitio que no era de barrio. Los vecinos, sin embargo, mantenían costumbres de barrio. Chusmeaban.

El descontrol había ganado por nock-out. Lo que se puede contar es lo que no se probó: gaseosas.

Una música generosa provocó a los bailarines. Los bailarines, de a poco se provocaban entre sí. El lugar y las situaciones, provocaban sed. Calor. Sudor. Aromas que mutaban y después mataban. La perfecta cronología de alegrías flamantes, que se celebraba copiosamente.

Los casados, "El Ángel" y su flamante, saludaban entusiasmados, cada vez que alguien partía. Ellos se quedaron rompiendo, otra vez, las reglas, quizás hasta que la muerte los separe.

La retirada debía ocurrir raya antes de la guarda roja del sol en el horizonte.

Reuben cargaba a uno de sus pasajeros sobre el hombro -como lo iba a dejar tirado-, sin advertir que este, cabeza abajo, regaba su espalda vaciando lo que le quedaba en el estomago.

"Dos cadáveres" más para el portaequipaje, pero sin las botellas. Las llevaban puestas. El sacudió la cabeza, comprensivo. Claro, si toma agua mineral. Un asco.

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Los regresos suelen ser sin gloria. Este también. Abandonamos al "Robert" y al "Marce", en algún lugar de la avenida, confieso que no sé cual.

Si sé que no estaban, porque Yon y yo seguíamos las luces de lo que quedaba del 505 y las paradas para dejar la carga, haciéndole de cortejo a Reuben. Yon me habló por primera vez en la noche y tal vez en el día.

-No me olvido que tenemos que encontrar a los argentinos que quieren canjear territorio por deuda externa. Ya hubo presentaciones. Lástima que las hizo un "boga" con apellido de bodega. Un desperdicio, pero hoy nos debíamos un recreo-, dictaminó, dueño de nuestros destinos. Sigo sin rebelarme. Cualquier día de estos...

Se nos cruzaron dos autos encarnizados en la persecución.

-Los tiempos están duros. Este delito lo auspicia...- fue el comentario del vasco, mientras los autos "se mimaban" casi en la curva de Turdera, pero de regreso. Del de atrás se bajaron dos y atraparon otros dos.

En el de adelante, dos que no eran de bastos, parecían dormir. Por supuesto, los vimos cuando nos pasaron y cuando los pasamos. De parar ni se habló.

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Cuando llegamos a Banfield Reuben, en la puerta del hangar, y demorado debajo del farolito esmerilado color caramelo, estudiaba fijamente la tarjeta.

Miró perplejo y me la entregó. Leí. La tarjeta satinada y de primera calidad, debajo del nombre biselado, sólo decía "servicio de acompañante" Hotel "Baubuien", o algo parecido.

Lo palmeamos esperando que cerrara la boca. San Blas acompaña cuando se tose, este había pagado el peaje del asombro.

-¿Tomamos un café?-; la diplomacia, el Vasco, seguro no la aprendió en el Vaticano...

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Hablando de Argentina: El auge del mestizaje

Rodolfo Bassarsky (Desde Arenys de Mar, Barcelona. España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Hace poco leí que el auge del mestizaje en la América Latina poco después de la colonización se debió entre otras cosas al éxito sexual de los machos españoles. Los indígenas - según esta teoría - practicaban un sexo animal, desprovisto de contenidos afectivos. Y vinieron los ibéricos a acariciar a las indias antes y también después del coito. Los arrumacos postcoitales convertían a estos hombres en virtuosos altruistas, muy diferentes de los primitivos egoístas que según propone esta teoría “hacían uso” y muy probablemente abuso. Los besos hispánicos cautivaron a las "salvajes" que experimentaron una sensación nueva tan estimulante que les cambió la vida. Sin condones ni píldoras, los mestizos comenzaron a ensanchar la base de la pirámide demográfica de nuestras tierras. La cruza seguramente derivó en un tipo nuevo que en muchos casos mejoraba las condiciones de cada uno de sus progenitores: gente menos salvaje por una parte y menos delincuente por la otra, por decirlo de alguna manera. Porque los que se fueron a América al principio eran los de baja calaña, delincuentes, zaparrastrosos o harapientos, enfermos crónicos, marginados.

Quizás si los pasajeros de las carabelas de los descubridores hubieran sido personas cultas y de las clases privilegiadas, la unión seguramente hubiera tenido otras características, probablemente hubiera sido menos masiva y el machismo tradicional español, más nocivo. Un tema interesante que tiene interés sociológico e histórico. La cosa se complicó en nuestro país mucho más tarde con los gringos, los rusitos, los "turquitos". Porque sin duda cada grupo inmigratorio tendría sus características amatorias, coitales y una idiosincrasia más o menos machista que condicionaría en buena medida a las sucesivas generaciones de argentinos.

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Música: Gene Krupa y la batería

ARGENPRESS CULTURAL

El baterista, Gene Krupa (1909-1973), poseía un sentido innato del espectáculo, y eso en la era del swing, vendía muy bien. Con una audiencia totalmente entregada y enfervorizada en los míticos salones de baile, por la forma de tocar de Krupa, este extraordinario músico fue uno de los grandes instrumentistas de la era del swing, y desde luego el primer batería de renombre en la historia de esta música.

Su primera sesión de grabación fue en 1927 con la Mckenzie-Condon Chicagoans, una bigband con quien grabó varios temas hasta bien entrada la década de los treinta. En 1934 se enrola en la gran banda del clarinetista, Benny Goodman, con quien escribiría los mejores años de su carrera musical. En el seno de la orquesta de Goodman, Gene Krupa, puso en práctica todos sus recursos de excelente baterista y era espectacular verle en acción. Su participación con Benny Goodman no se limitó al seno de la gran orquesta de swing, sino que junto a músicos enormes como el vibrafonista Lionel Hampton, o el pianista Teddy Wilson, participó en las famosísimas sesiones del clarinetista a trío o cuarteto que la radio americana difundía por toda Norteamérica.

Su fama creció como la espuma y después de dejar a Goodman -con quien grabó el famoso concierto del Carnegie Hall en 1938- formó su propio grupo con la presencia estelar del trompetista, Roy Eldridge y la cantante blanca, Anita O'Day. Gene Krupa contribuyó enormemente a popularizar la batería en el mundo del jazz, llegando incluso a protagonizar una película titulada "Ball of Fire" del director, Howard Hawks, en la que se le vio interpretando un solo de batería con una caja de cerillas y un par de fósforos...increíble, pero cierto.
Gene Krupa fue grande incluso fuera de época. En 1956, el productor Norman Granz, a la sazón, dueño del sello Verve, reunió en estudio a figuras legendarias del swing y le encargó a Krupa que liderara el proyecto. Aquella superproducción musical, reunió a figuras como Jay Jay Johnson al trombón, Roy Eldridge a la trompeta y Anita O'Day en el canto. El disco resultante fue editado por Verve bajo el título de "Drummer Man" y su swing relajado, pero intenso, alcanzan un gran nivel. Krupa continuó con la organización de Norman Granz bajo el circuito del JATP durante toda la década de los cincuenta e incluso los primeros años sesenta.
Columbia, en 1959, hizo la película "The Gene Krupa Story" sobre la biografía del fenomenal baterista. El papel de Gene Krupa lo interpretó el artista Sal Mineo. Gene Krupa, quien anteriormente tuvo problemas con la policía por consumo de droga, fue arrestado y condenado levemente. Falleció en Octubre de 1973.

Tomado: Apolo y Baco

Dejamos aquí algunos pasajes de su música.




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Las claves de un epílogo

Edgar Borges (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

“Mirar en retrospectiva escritos de hace treinta años o más, no es un ejercicio saludable. Mi energía como escritora me impulsa a mirar hacia delante, a sentir que aún estoy empezando, en verdad empezando, ahora, lo que hace difícil contener mi impaciencia ante aquella escritora incipiente que una vez fui en el sentido literal”. Así comienza el epílogo (o prólogo) que Susan Sontag (1933-2004) escribió para una nueva traducción al español de su clásico libro “Contra la interpretación y otros ensayos”. En todo el texto se asoma el final (epílogo) y el comienzo (prólogo) como paradojas que nos dejan claves para descifrar el viaje mundano. Sontag, al analizar con rigor la vigencia de su obra, invita al lector a dejar la ruta circular y enrumbarse en un análisis ascendente.

El epílogo de Susan Sontag coloca en la balanza del tiempo la importancia de una obra literaria, pero también ubica en el juego del equilibrio las distintas realidades sociopolíticas. “Cómo sería deseable que hubiera sobrevivido parte de su atrevimiento, su desdén por el comercio. Los dos polos del sentimiento peculiarmente moderno son la nostalgia y la utopía. Quizá la característica más interesante de la época hoy rotulada los años sesenta era que existía muy poca nostalgia. En ese sentido, fue sin duda un momento utópico”. Sontag hace un repaso de las épocas para saber si sus ensayos de ayer pueden apuntar al centro de los dilemas de su hoy. Y sin piedad se responde “El mundo en que escribí estos ensayos ya no existe. En vez de un momento utópico, vivimos en una época que se vive como en el fin-más precisamente, como justo después del fin-de todo ideal (Y por lo tanto de la cultura: no hay posibilidad de una verdadera cultura sin altruismo”).

En el epílogo de “Contra la interpretación” la autora le pide al lector agudizar la mirada para no valorar los ensayos desde la nostalgia sino desde la comprensión de los tiempos (“No es solo que se hayan repudiado los años sesenta, y se haya sofocado el espíritu disidente, y convertido en objeto de intensa nostalgia”); pero también le invita a olfatear en qué momento de la carrera lo humano quedó descolocado (“Los valores del capitalismo consumista cada vez más triunfantes promueven-de hecho, imponen-las mezclas culturales y la insolencia y la defensa del placer que yo respaldaba por razones bastante distintas”). Desde la observación del presente, Sontag confiesa sentirse satisfecha de la mayoría de sus escritos; y los relee con la ironía de quien sabe que el juego macabro de la injusticia lo han maquillado de legalidad planetaria (la vida que no es vida). La escritora le exige al lector que aborde su trabajo desde la imaginación (“supongo que no es un error que se lea ahora Contra la interpretación, o se relea, como un documento influyente, pionero, de una época pasada. Pero no es como yo lo leo, o-tambaleándome de la nostalgia a la utopía-deseo que se lea”). Y destaca que “Mi expectativa es que su actual reedición, con la adquisición de nuevos lectores, pueda contribuir a la tarea quijotesca de reforzar los valores a partir de los cuales se escribieron estos ensayos y reseñas”. Susan Sontag sospechaba que la sociedad humana había entrado en una trampa muy compleja. El presente, con la automatización (e imposición) de la burocracia en forma de “Estado global invisible”, confirma su idea. Habría que despojar a la vista de tanta nostalgia engañosa y pensar en movimiento la forma cómo reinventar el instantáneo (y desaforado) presente.

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El laberinto distrital del Perú

Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

“Los poblados del Perú suman 61,405 con 693 mil personas y un promedio de 11 personas”. “En el 2002 habían 1828 distritos y ahora suman 1834. Es una peligrosa balcanización del país”.

La unión de las repúblicas que usted, general Simón Bolívar, viene promoviendo, inclusive librando heroicas batallas, en la práctica están produciendo la desmembración de la Gran Colombia, comentó el lugarteniente Antonio de Sucre. Y el Libertador no esperó que terminara frase tan cruda y certera, y respondió “aunque sea cierta, carajo, no se atreva a repetirla jamás”, escribe Gabriel García Márquez, en el “General y su laberinto”, como una premonitoria condena a los intentos anti unitarios de los Andes Americanos, tan similares a la trágica historia de Los Balcanes del Viejo Mundo. En el Perú, persiste una silenciosa balcanización con los distritos, fragmentación o división del territorio, que constituye una trampa contra el desarrollo, una instancia para distraer fondos públicos, para obras fantasmas o que nunca se terminan. Y cuando el conflicto llega a la instancia judicial, todo intento de solución queda en el silencio.

La propia Ley 27795, de diciembre del 2007, que precisamente crea estímulos para la fusión de distritos, es un instrumento de promesas, escasamente conocido, porque va en perjuicio de la voluntad vecinal, porque abre antiguas heridas de forzadas desmembraciones.


La fusión de muchos distritos permitiría un mejor aprovechamiento de los recursos naturales, económicos y humanos. Los distritos y poblados no escuchan a sus viejos comuneros ni a sus pobladores más esclarecidos. Los proyectos vienen digitados por los partidos políticos, por caudillos locales y regionales. La corrupción fuera de Lima es dantesca.

De acuerdo a la Ley 27795, los gobiernos regionales deben establecer incentivos del 10% del total del Foncomun a favor de los distritos que se fusionan, y el distrito matriz debería recibir durante 15 años un porcentaje mayor de ese fondo municipal. La fusión rige para los que tienen menos de dos mil habitantes.

200 Años de Independencia

El Plan Perú 2021, siendo una apreciable propuesta de un plan estratégico de desarrollo nacional, demanda una amplia discusión desde la “Tribu Perdida”, según Douglas J. Cardinal, autor de “la arquitectura como un proceso viviente”.

La Ley de Bases de la Descentralización, debería superar los problemas de escala de los actuales departamentos, provincias y distritos; articular las localidades con sus respectivas capitales y abordar los límites mal establecidos, imprecisos o inexistentes. Sin embargo, el proceso no es fácil. La herencia colonial y republicana conserva los estragos de la antigua primacía de los Andes y de la marginación de la Amazonía. Hay registros de elevadas densidades de población que fueron las rutas del comercio en los siglos XVI, XVII y XVIII. Durante la época republicana se dejaron de lado varias de las minas, ciudades y caminos coloniales, y se reforzó la supremacía de Lima. Al nacer la república, las intendencias del Virreinato fueron convertidas en departamentos, que a su vez se subdividieron en 56 provincias y 439 distritos. En 1821, el Perú contaba con siete departamentos. En marzo de 2002, el territorio peruano contaba con 24 departamentos, 194 provincias y 1828 distritos. Y según el Censo Nacional del 2007 tenemos 98,011 poblados con un promedio de 280 habitantes. Los poblados con más de 500 mil habitantes son 2, con un promedio de 739 mil personas. De 55 a 99 habitantes hay 12,206 centros poblados con 881 habitantes y un promedio de 72. Y los poblados de 50 habitantes suman 61,405 (62%) con 693 mil personas y un promedio de 11 personas. En 1990 el gobierno de Alan García decretó la creación de regiones, proceso que produjo problemas administrativos y limítrofes, que abortaron en la dictadura fujimorista, a través de los Consejos Transitorios de Administración Regional (CTAR), instancias en la que se incubaron formas de corrupción descentralizada. A fines del 2002, el gobierno de Alejandro Toledo, promulgó la Ley Orgánica de Gobiernos Regionales, previendo futuras fusiones entre departamentos vecinos. Pero el primer referéndum en octubre del 2005 no tuvo eco. Arequipa, fue el único lugar que ganó la propuesta por la regionalización. Ahora Departamento es sinónimo de Región. El territorio del 2010

Existen numerosos pueblos que aún no resuelto los dominios de las comunidades, que antes fueron rechazados por el gamonalismo y reivindicados por la reforma agraria de los años 70. La cantidad de distritos se ha incrementado con la reciente creación de Manantay (Ucayali) y Canoas de Punta Sal (Tumbes) y la delimitación (y separación) de La Peca y cercado de Bagua (Amazonas), con lo que se suma 1834 distritos. Sólo se ha concluido el saneamiento de una provincia, Coronel Portillo en Ucayali, con lo cual existirían 177 provincias pendientes.

Entre otras normas, la Ley y el Reglamento de Demarcación y Organización Territorial establece como tarea prioritaria la demarcación progresiva entre el 2002 – 2007, provincia por provincia. Pero en la praxis ninguna conformación de Regiones tendrá solidez si no se resuelven los procesos de fraccionamiento o de fusión de provincias y distritos que se hayan conformado en el referéndum anterior.

En 2006, el 80% de distritos y el 91% de provincias tenían mal definidos sus límites, y 50% de los distritos no cumple con los niveles mínimos de población establecidos por ley para ser considerados como tales.

Las ventajas de la unidad son diversas. La adecuada demarcación facilitará la distribución más equitativa en las transferencias por canon, regalías o Focam. Además, todos los gobiernos participarían de los recursos de los fondos de compensación (regional y local) que se distribuyen con criterios de población y pobreza.

Las cordilleras blanca y negra también se dividen

Ancash con 20 provincias y 166 distritos es la región más fragmentada del Perú. Y fue allí, donde el primer gobierno aprista, casi al terminar su administración, creó un distrito más - Santo Toribio por Ley 25205, del 19 de junio del año 1990 – dejando un complejo problema, de consecuencias imprevisibles para el normal desarrollo turístico de los pueblos más importantes de la provincia de Huaylas, ubicada en las Cordilleras Blanca y Negra.

Ambas Cordilleras, conforman hermosos valles en el Callejón de Huaylas, uno de los lugares más visitados, después del Cusco. La cadena de nevados, las numerosas lagunas y lagunillas, riachuelos y el caudaloso Santa, que atiende a la irrigación Chao, Virú, Moche y a la ciudad de Trujillo, más la hidroeléctrica del Cañón del Pato, interconectada al sistema nacional de energía, son argumentos para fortalecer la unidad entre el Callejón de Huaylas y el Callejón de Conchucos, la vinculación con el Pacífico y la Amazonía.

Este deslumbrante espacio de la naturaleza de permanente clima templado, pero también castigado por periódicos sismos, tiene también abundante producción frutícola y maderera y está articulado a los centros preincas de Huari, Sechín y Caral (Barranca). Además, la minería y la fácil ruta de acceso a Huánuco por la ciudad Chacas, son otros elementos concurrentes para incentivar la integración.

Una tarea preventiva de conflictos en cierne, antes de avanzar en la demarcación territorial, es hacer realidad el circuito de Huallanca - Huaylas - Santo Toribio, tres de los diez distritos de la provincia de Huaylas. Esos distritos, con poca población, después del terremoto del 70, han quedado aislados. En estos distritos sobran maestros por ausencia de alumnos, teniendo recursos y capacidad para convertirse en eje de un turismo vivencial, conectado al resto de la Región.

Las cordilleras Blanca y Negra albergan también a pueblos como Huari, que ha logrado el concurso de diversas universidades europeas y la reciente creación de una Facultad de Arqueología en la universidad Antúnez de Mayolo de Huaraz. Con el trabajo cohesionado de los gobiernos locales del Callejón de Conchucos se ha facilitado la exploración y puesta en valor de diversos hallazgos. Chacas, se ha convertido en los últimos treinta años en centro de producción de finos tallados en madera, fruto de la educación y la honradez, promovida ejemplarmente por la Fundación Matto Grosso e Italia.

Prevenir el conflicto

Huaylas y Santo Toribio, dos pequeños distritos de la provincia de Huaylas, gracias a la migración y la educación local, ofrecen condiciones para resolver la errada desmembración.

Los antiguos pobladores cuando regresan a sus fiestas patronales, especialmente el 8 de Julio, se encuentran con sorpresas. Los hoteles, restaurantes, transportes y otros negocios, pertenecen a forasteros. La pequeña capital distrital, ya no puede ejercer aquel viejo dominio sobre la vida rural.

Los habitantes de las campiñas, que antes eran vistos como afuerinos y sin representación democrática en los municipios, hoy tienen mejor preparación profesional en muchos casos. Los recursos fiscales que antes eran usados para embellecer la plaza de armas y las calles principales, son fiscalizados para ser derivados a otros servicios básicos. En los proyectos de mejoramiento de la ganadería, la forestación y la fruticultura, compiten en territorios vecinos. La acelerada migración del poblado al distrito, luego a la capital provincial, la capital departamental, ya no termina en Lima. Tiene nuevos componentes. Al finalizar el siglo XX los peruanos en el exterior constituyen una segunda república con más de tres millones, cuyas remesas son más altas para las provincias que para Lima.

No hay argumento para postergar las iniciativas de unir Huallanca-Huaylas – Santo Toribio. El primero es o fue sede de la estación de la vía férrea o puerta de entrada al Callejón de Huaylas, atravesando 37 túneles de roca viva. Huaylas y Santo Toribio son una unidad geográfica que nunca debió dividirse. Desde Lima, corresponde a los dirigentes del Club Unión, que congrega en su mayor parte a hijos del Callejón de Huyalas, a reivindicar ese equivocado respaldo que en décadas pasadas dieron a la creación de Santo Toribio, afectando la cohesión social de la Cordillera Negra.

Cabe rescatar lecciones unitarias recientes. El concejo provincial de Huaylas y la Región Ancash, han recuperado la Laguna de Parón en Caraz - la más grande del Parque del Huascarán - de manos de la transnacional Duke-Edelnor. La administración de la laguna ya está en manos de una Junta de Regantes, gracias a la concertación entre más de tres mil comuneros, el municipio y las empresas agrícolas, movimiento que fue liderado por el actual alcalde provincial, médico huaylino, que ha preferido servir a su tierra natal antes que continuar laborando en un cómodo hospital de EEEU.

Aportes de migrantes

Es evidente que las decisiones más acertadas provienen ahora de las federaciones de pueblos, de pequeñas asociaciones de ex alumnos, y de las colonias de Patterson, Los Ángeles, Maryland, Virginia, Barcelona, Milán o Tokio, cuya identidad con su país se fortalece cada vez más.

El mensaje más sereno viene de quienes pueden comparar su historia local con la de otros países. No cabe duda, por ejemplo, que el desarrollo de los EEUU fue por la fuerte influencia del modelo inglés, cuyos primeros migrantes instituyeron la nación tomando como base el municipio y la autoridad local, a diferencia del sur del Rio Bravo, donde se instaló el sistema republicano, gobierno unitario, presidencialista y centralista, para superar el virreinato o la monarquía.

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El hombre nuevo en la crítica moderna

Jorge Majfud (Desde Estados Unidos. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La idea del nacimiento de la conciencia, primero individual y luego colectiva, era central en todo el pensamiento revolucionario. Estos elementos no son nuevos para la tradición marxista —la conciencia de clase y la falsa conciencia— ni para el humanismo en general, pero tampoco lo eran para la tradición amerindia. Quetzalcóatl representado como Dios de los Vientos, con una serpiente atravesada por una flecha (códice Borgia) simboliza el hombre atravesado por la flecha luminosa de la conciencia.

Pero si Saint Simon afirmaba que antes del cambio de la sociedad era necesario un cambio interior del individuo, el paradigma de los revolucionarios y de los intelectuales comprometidos de América Latina no podía sino entender lo contrario: el hombre nuevo debe nacer en una nueva sociedad, libre de la moral enferma de sus predecesores, sean éstos revolucionarios o no. El revolucionario, el individuo o la elite de vanguardia, se representaba a sí mismo como alguien que no puede deshacerse del peso de su tradición moral, pero ha alcanzado la conciencia de sus defectos y de los defectos de la sociedad que debe cambiar: la moral que reproduce la relación de opresor-oprimido, la moral del hombre lobo del hombre, propia de un mundo materialista, la moral del hombre del Renacimiento, del conquistador movido por la codicia y la deshumanización del capitalismo legitimada por la nueva tradición cristiana del calvinismo.

Para la cosmovisión amerindia, el problema central en este cuadrante era la desacralización del Cosmos por la caída del espíritu en el mundo material, y su causa histórica será la ambición del oro. El desprecio a este tipo de riqueza que impactó en los europeos lectores de Américo Vespucio y dio nuevo impulso al sueño utópico de los humanistas: una sociedad no organizada por la codicia de los bienes materiales, por los conflictos de intereses sino por la igualdad de sus integrantes y por la equitativa/justa distribución de los bienes comunitarios. Al decir del mismo Vespucio, un mundo epicúreo, no estoico. Para la cosmovisión humanista del siglo XX, y particularmente para la tradición marxista, el problema será la alienación del individuo, apartado del propósito de su acción social por el imperio del capital y las leyes del mercado.

La crítica al presente es una tradición que ya se encontraba en su plenitud con los filósofos ilustrados de la Era Moderna, pero era una crítica optimista que, con el positivismo del siglo XIX pasó a ser sólo optimista y con el arte y la filosofía del siglo XX terminó siendo sólo crítica. En Ariel (1900) J. E. Rodó retomó parte de la crítica aristocrática de Ernest Renán: “ni [con] la acumulación de muchos espíritus vulgares se obtendrá jamás el equivalente del cerebro de un genio”. Aunque Rodó defenderá el sistema democrático tal como lo entendía y practicaba él mismo, subscribe la objeción a la cultura moderna de sufrir la “tiranía insoportable del número”. El número, la cuantificación, serán representantes del diabólico mundo material, centro de la crítica y la visión cosmológica de Ernesto Sábato, medio siglo más tarde. En Borges, será un ejercicio más de su elegante ironía y de su perspectiva de clase (“la democracia es el abuso de las estadísticas”).

Pero la reacción contra la democratización como un mero proceso de vulgarización (vulgo, pueblo) era común en todo el siglo XIX. desde Karl Marx y Friederich Nietzsche hasta la reacción aristocraticista y arrogante de José Ortega y Gasset.

La primera parte de esta crítica, la crítica a los paradigmas fundamentales de la Era Moderna, de la cultura occidental, será retomada por Ernesto Sábato principalmente en Hombres y engranajes (1951). Coincidente con las observaciones de Nicolai Berdiaeff, Sábato entiende que el Renacimiento produjo en el siglo XX tres paradojas fundamentales: “[1] Fue un movimiento individualista que terminó en la masificación. [2] Fue un movimiento naturalista que terminó en la máquina. [3] Fue un movimiento humanista que terminó en la deshumanización”. Estas tres paradojas, en realidad, se derivan de “una sola y gigantesca paradoja: La deshumanización de la humanidad”.

El origen del mal: el dinero y la mecanización. El hombre concreto ha dejado lugar al hombre-masa, “ese extraño ser todavía con aspecto humano, con ojos y llanto, voz y emociones, pero en verdad engranaje de una gigantesca maquinaria anónima”. En concordancia con el espíritu del Ariel de Rodó, Sábato veía este tipo de sociedad, cuyo modelo era Estados Unidos, como el resultado de la desacralización de la existencia por una mentalidad utilitaria que todo lo cuantifica (ver Modern Times, Ch. Chaplin, 1936; La isla desierta, R. Arlt, 1937). “En una sociedad en que el simple transcurso del tiempo multiplica los ducados, en que ‘el tiempo es oro’, es natural que se lo mida, y que se lo mida minuciosamente”. La sangre se ha convertido en mercancía. “No sólo se ha llegado a medir los colores y olores sino los sentimientos y emociones. Y esas medidas, convenientemente tabuladas, han sido puestas al servicio de las empresas mercantiles”. Esta cultura de la cuantificación produjo una “sociedad fantasmal, compuesta de hombres-cosas, despojados de sus elementos concretos, de todos los atributos individuales que puedan perjudicar el funcionamiento de la Gran Maquinaria”. Sábato atribuye a los mass media la tarea de completar la creación de este tipo deshumanizado, quien “al huir de las fábricas en que son esclavos de la máquina, entrarán en el reino ilusorio creado por otras máquinas: por rotativas, radios y proyectores”. “Hasta que estalla la guerra, que el hombre-cosa espera con ansiedad, porque imagina la gran liberación de la rutina. Pero una vez más serán juguetes de una horrenda paradoja, porque la guerra moderna es otra empresa mecanizada. […] Y cuando [el soldado] muere por obra de una bala anónima es enterrado en un cementerio geométrico. Uno de entre todos es llevado a una tumba simbólica que recibe el significativo nombre de Tumba del Soldado Desconocido. Que es como decir: Tumba del Hombre-Cosa”.

El aforismo sobre el tiempo mecánico criticado por Sábato como prueba de nuestro tiempo de la barbarie (“antes, cuando se sentía hambre se echaba una mirada al reloj para ver qué hora era; ahora se lo consulta para saber si tenemos hambre”) es el inverso del observado por Américo Vespucio en 1504 cuando anotó que los habitantes del Nuevo Mundo eran bárbaros porque comían cuando tenían gana y no cuando era la hora de comer (Lettera).

Este fue también un elemento constante en la crítica de los escritores comprometidos con las diversas utopías en América Latina: la desacralización del mundo, la pérdida del espíritu, la muerte de la materia, las emociones calculadas para el mercado pero muertas en el individuo alienado, la risa artificial, el placer hedonista —no epicúreo— que termina en el suicidio intrascendente.

Pero ya sabemos que las utopías alternativas han fracasado. No porque fuesen malas o peores sino, simplemente, porque fracasaron. Como en los torneos medievales, el vencedor ha impuesto su verdad y hasta se la ha creído.

Para los críticos que antes de la Segunda Guerra reaccionaron contra los valores de la Modernidad, la corrupción de la masa era producto de una progresiva pérdida de referencias (míticas, religiosas o jerárquicas) que había comenzado con el Renacimiento, que es casi decir con el Humanismo. Se olvidaron voces como las del catalán Pi i Margall que un siglo antes, en la conservadora España, había contestado que la violencia y la vulgaridad del pueblo no se debía al incremento sino a la insuficiencia de su libertad (Reacción, 1854).

Refiriéndose al proyecto de educación universal del siglo XIX de “educar al soberano” y a la estatización del siglo XX (una liberal y la otra comunista) Sábato observaba en 1951 que en ambas alternativas “la Opinión Pública sigue siendo quien impone gobiernos, pero resulta que estos gobiernos son los que crean la Opinión Pública” (Engranajes). En este punto muchos estarían de acuerdo con Ortega y Gasset: “la masa es lo que no actúa por sí misma” (Masas, 101).

Esa “opinión pública” fue menospreciada por los conservadores que solía heredar los privilegios de clase y también será atacada por los intelectuales de izquierda, como el célebre italiano Antonio Gramsci y muchos otros en América Latina. El “hombre común” no es producto de la naturaleza ni sus acciones son espontáneas sino producidas, deformadas por su propia alienación. De la misma forma, su conciencia no es suya sino una poderosa “falsa conciencia” que impide su liberación (como ejemplo didáctico, recordemos los esclavos agradeciendo los azotes que les enseñaban a ser “buenos negros”, “buenos indios” o “buenos pobres”).

Para el cubano Nicolás Guillén, por ejemplo, el hombre común es una abstracción, producto de la deformación de los mass media (Tengo). También Mario Benedetti insistirá en la artificialidad de esta espontaneidad, de los gustos populares, como creaciones de la maquinaria publicitaria (Revolución) y aplicará este descubrimiento gramsciano a la tradicional elite intelectual. En el terreno estricto de la literatura, acusará a la “crítica comprometida” de estar compuesta por “ideólogos que promocionan la soledad como el hábitat del escritor”. La complicidad del lector con el autor, repetidas veces elogiada como virtud literaria, se transforma, desde este punto de vista, en mortal defecto de sofisticación y celebración de la alienación: “El cómplice verifica y consolida la alianza de un reducido clan, contra una mayoría […] Simplemente significa que la soledad del escritor es cómplice de la soledad del lector; cómplice, no solidaria”.

Es decir, para esta perspectiva, el individuo se encuentra alienado por una cultura y una estructura productiva basada en el capital y el beneficio. Esta percepción del individuo alienado como fuente de la corrupción moral e ideológica, había sido percibida de otra forma por Ernesto Guevara en Chile, durante su primer gran viaje por el continente. En el momento de asistir a una anciana asmática, reconoce que la medicina no podía hacer gran cosa para salvarla. El problema no radica, entonces, en la enfermedad del individuo sino en una enfermedad social. “En estos casos es cuando el médico consciente de su total inferioridad frente al medio, desea un cambio de cosas, algo que suprima la injusticia que supone que la pobre vieja hubiera estado sirviendo hasta hacía un mes para ganarse el sustento, hipando y penando” (Diario, 103).

Desde una posición ideológica opuesta pero coincidente con esta crítica, Octavio Paz se rindió al precepto marxista: “En lugar de interrogarnos a nosotros mismos, ¿no sería mejor crear, obrar sobre una realidad que no se entrega al que la contempla, sino al que es capaz de sumergirse en ella? […] los norteamericanos no desean conocer la realidad sino utilizarla” (Laberinto). Pero Paz también señala un elemento de cambio que es radical y significativo: con la introducción del catolicismo en América, “el sacrificio y la idea de salvación, que antes eran colectivos, se vuelven personales”. Paz sintetiza dos actitudes opuestas que han sido confirmadas por la teología católica y la historia Moderna, especialmente la historia del humanismo liberal y del antihumanismo capitalista: la virtud y el pecado son responsabilidades individuales. Por lo tanto, “la redención es obra personal”. Habrá que esperar al surgimiento de la Teología de la liberación, un movimiento propiamente latinoamericano, para problematizar la idea de “pecado social” y, de forma menos explícita, la idea de “liberación colectiva”.

En el siglo XX, el mundo de la clausura política se representa por la idea de alienación del individuo y en la literatura se encarna en su radicalización, la clausura existencial. De ahí la subjetividad del yo, náufrago en un mundo absurdo, el protagonista del siglo XX que, en palabras de Nietzsche podríamos llamar el “héroe dialéctico”, el individuo escéptico que construye su crítica desde la impotencia y el rechazo a su propia sociedad. Según Cascardi, el héroe épico de la novela debe ser instruido en el arte de lo posible dentro de los límites de un mundo desencantado. Al mismo tiempo, el héroe novelístico permanece en la convicción de los valores de sus propios actos que resisten el acomodo a una realidad que es percibida como corrupta o decadente (Subject).

En el otro extremo estético-ideológico, la misma reacción crítica se articulará según la oposición oro/espíritu, materialismo/moral, calvinismo/epicureísmo, opresión/liberación. No hay clausura existencial —su leitmotiv no es la angustia sino la alegría— y la clausura política es sólo esporádica, cíclica, vulnerable. Tanto la primera tradición cristiana —el Jesús expulsando a los mercaderes del templo o cuestionando al joven rico por no desprenderse de sus bienes— como la concepción amerindia de un Cosmos vivo pero en peligro de ser vaciado en su espíritu, son constantes en este pensamiento que, no sin paradoja, basaba su ideología en el materialismo dialéctico. La visión materialista, desacralizada del Cosmos es compartida por el comunismo soviético tanto como el capitalismo euroamericano. Los paradigmas culturales que establecen categorías como Primer, Segundo y Tercer mundo son cuestionados después de la Segunda Guerra y rápidamente toman lugar en el pensamiento latinoamericano. Gustavo Gutiérrez dice, en Teología de la liberación (1973) que el signo de los tiempos, “sobre todo en los países subdesarrollados y oprimidos, es la lucha por construir una sociedad justa y fraterna, donde todos puedan vivir con dignidad y ser agentes de su propio destino. Consideramos que el término ‘desarrollo’ no expresa bien esas aspiraciones profundas; ‘liberación’ parece, en cambio, significarlas mejor”.

En Radical Humanism (1952) un marxista como el indio M. N. Roy reconocía que “la libertad es real sólo como libertad individual” (36). No obstante hoy, a medida que los instrumentos democráticos se multiplican, el objetivo central, la liberación de los individuos (en sociedad), es decir el Hombre Nuevo, sigue entre dos rígidos signos de interrogación. Si no entre irónicas comillas.

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