jueves, 22 de julio de 2010

La mirada

Gustavo E. Etkin (Desde Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

¿Por qué mirás así, eh porquería? Qué te quedas ahí parado mirando y mirando, eh. ¿Qué mirás? Pedazo de bestia. Y cuando te ponés así te babeas más todavía, te caen babas que es un asco.

Limpiate un poco, haceme el favor. Bah, que te limpies, que digo, vení que te limpio. ¿Cuándo vas a quedarte tranquilo, sin molestar, sin ensuciarte, como cualquier chico? Ves, los demás se portan bien y no hacen renegar como vos. Si, ya sé, mamá, mamá, estás contento eh, te gusta que te limpie, pero ya sos grande sonsote, otros chicos a tu edad ya están en la facultad y mirate vos, eh, a ver, date vuelta. ¡¡Otra vez te hiciste!! Siempre el mismo olor. Ay que castigo, Dios mío. Vení, vamos al baño. ¡Aaaaah…! Eso te gusta ¿eh? Pícarón.

A ver, decime, ¿cuantos calzoncillos te cambiaste hoy?, que digo te cambiaste, te cambiaron. No, si lo que es vos...a ver, sacate, así, te gusta eh, te gusta que te lave, es lindo, ¿no?, es lindo estar limpio, limpito ¿eh? Así, ves que es lindo, alguna vez vas a tener que empezar a afeitarte ¿sabés?, ya sos grande, sos grande nene, nenito, eh nenito la querés mucho a tu mamita, ¿si? Bueno, bueno, todo limpito, a ver, póngase esto, así, así, muy bien. ¡No!, no me toques ahí, ¡ahí no se puede nene!, que hacés. No, salí, sacame. Pero mirá la baba, me estás ensuciando toda. Salí, querés. Que asco. Bueno, vamos afuera. Ya está.

Tengo tanto que hacer. Tengo que hacer la limpieza. Hay tanto que limpiar. Aunque no sé para qué, si después viene el roñoso de tu padre y ensucia todo otra vez. No hace nada y encima es sucio. Siempre igual. Como si no tuviera suficiente con vos. No, si de tal palo… Bueno, basta, andá a jugar. Pero no te vayas lejos. Pero, ¿y qué te quedas ahí parado otra vez mirándome? ¿Qué mirás, eh, pedazo de bestia?

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Capítulo XIII del libro “De Úbeda a Santa Fe”: Cuando Santa Fe se inundó

Beatriz Paganini (Desde Santa Fe, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

En Clase

PERIODISMO SANTAFESINO: 29-A.

_El libro 29-A de los periodistas: Claudia Moreno, Pablo Benito y Luis Moro- comenta Ladi- trata la inundación que sufriera Santa Fe denunciando objetiva y documentadamente las omisiones que incurrió el gobierno y que motivaron la tragedia de las muertes evitables, que los santafesinos, aún en el 2006, no hemos superado por ser un genocidio provocado por la irresponsabilidad de los que detentaban cargos en el gobierno. ¿Qué les parece si vamos comentando y leyendo algunos capítulos?

_ Yo leo primero, Seño.

-¡No, yo!

_ Iremos por filas, tenemos un solo libro y luego pondremos en la carpeta algunas estratificaciones de los capítulos- expresa Ladi- puede comenzar Norma dado que está en la primer fila ¿De acuerdo?

“NUNCA MÁS. CAP. I- EL CRIMEN”

“¿Estaba advertido el gobierno provincial y “municipal de la desmesurada crecida del Río “Salado? ¿Podrían haber evitado el desastre los “500 metros faltantes? ¿Tuvo tiempo el Estado “para ordenar la evacuación anticipada?

“¿El entonces Intendente Álvarez y su Secretario “de Gobierno, Alejandro Rossi, podrían haberse “puesto al hombro la situación en las horas en “que la decisión política podría haber evitado, al “menos tamaña cantidad de víctimas?

“La respuesta, para cada una de las preguntas es “sí”.

“Este sí, hace responsables a los dirigentes “políticos y burócratas de un crimen sin “precedentes en la historia de nuestro país. Un “crimen cuyo efecto no se puede medir ni en “números ni en tiempo.

“La explosión de muertes causada por una de las peores inundaciones previsibles de la historia argentina, la destrucción de casi un tercio de la ciudad capital de la provincia de Santa Fe, transformando la geografía humana y urbana en un tétrico paisaje; el dolor y la crueldad que soportan y deberán soportar miles de personas como huella imborrable en su memoria; son hechos, imágenes y sensaciones que definen, que resumen, con inobjetable exactitud la perversa racionalidad política simbolizada, durante más de una década de saqueo estructural en Santa fe, en la figura de Carlos Alberto Reutemann.

Pag.19.

LAS VÍCTIMAS. Cap. II.

Finalmente quedó en 23 el número oficial de fallecidos por la catástrofe, sin embargo, a medida que fueron pasando los meses, la Casa de los Derechos Humanos junto a diversos organismos no gubernamentales realizaron varios relevamientos por la cantidad de testimonios de familiares de personas que fallecieron a raíz de de diversas complicaciones psicofísicas que sucedieron una vez que el agua se retiró de la ciudad. Los suicidios, el empeoramiento de enfermedades que derivaron en muerte, entre otros casos, fueron denunciados post catástrofe” Cada vez que llueve, siento un pánico terrible. La semana pasada, que llovió bastante me agarró una crisis nerviosa” contó a Página/12 Graciela Ledesma. Tiene 43 años. Un año atrás, el agua del Salado llegó a 2 metros noventa en la casa que compartía con su marido, José Félix Leguiza, en el barrio Moscón, a dos cuadras del nuevo hospital de Niños que quedó sepultado por la correntada.”Salimos con lo puesto”, recordó acongojada.

Como tantos otros, perdieron todo. También sus dos hijos, de 25 y 29 años, cada cual con su familia, y sus padres y sus suegros. Todos se inundaron.” José entró en estado depresivo, no quería luchar. Decía que había perdido todos los años de sacrificio que había hecho para tener nuestra casa. No quería saber nada, lloraba y no paraba de llorar. Si tuviéramos un sueldo, me decía, podríamos sacar un crédito y así ir comprando las cosas de a poco. Pero él hacía changas como chofer de taxi y yo soy empleada doméstica. No quería ir al médico, no quería vivir, no podía soportar tanta pérdida, lloraba y lloraba, así hasta el último día”.

El 1° de setiembre de 2003, cuatro meses después de la voraz crecida del Salado, José Félix Leguiza se ahorcó en la casa que estaban alquilando, porque a la suya todavía no habían podido volver. A su esposa le dejó una nota en la que le explicaba que estaba” cansado de sufrir”.

El caso de José fue uno de los tantos denunciados por la Casa de los Derechos Humanos.

Finalmente, en un documento firmado por varios organismos de derechos humanos, se dio a conocer- a dos años del crimen hídrico - que son 130 las personas muertas por razones indirectas al fenómeno hídrico. Tal lo estima Médicos del Mundo en sus primeros análisis de la gravedad de la situación.

Por otro lado, un dato oficial reveló también que hubo más de 23 muertos por el fenómeno. En ése sentido, en una nota periodística se constató que según las constancias del Registro Civil donde se inscriben las defunciones, hubo un salto promedio de 70 fallecimientos en mayote 2003, en relación con el mismo mes de los años 2000,2001 y 2002. Además, allí se verifica una duplicación y hasta una triplicación de los casos de nacidos muertos….

….Pero en el detalle mensual es donde aparece brutalmente sobre la superficie el drama: el aumento en mayo fue del 68%, mientras que en junio creció un 132%. Más de la mitad de estas personas sufrió infartos…

A 20 meses del ingreso del Río Salado (durante el mes de enero de 2005) el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (MEDH), a través de documentos y relevamientos de datos en torno a la causa abierta por las inundaciones de 2003 en santa fe, denunció al gobierno provincial ante la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos por su responsabilidad en las muertes provocadas por el fenómeno hídrico.

Páginas 98, 99.101. (Cap. II) del libro: 29-A. autores.
Claudia Moreno, Pablo Benito y Luis Moro.

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El canto rural del Perú: ¿Para qué tractores sin violines?

Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Desde los más lejanos pueblos del Perú comienza a llegar a las grandes urbes la Chuscada o Huayno “chusco”, género musical representativo de la cultura andina, especialmente de la zona norte, interpretado con inconfundible peculiaridad mediante instrumentos autóctonos como el pincullo, la chisca, la quena, el rayan y caja. Los músicos conforman los equipos de Chirocos, Rayanes, Roncadoras o Tinticajas. Otros intérpretes son las Bandas de Músicos que asimilan instrumentos de vientos y percusión y los Conjuntos Musicales, formados por guitarras, acordeón, arpa, violines, mandolinas, quenas, concertinas y saxofones, asimilados desde la conquista. Estos músicos, que son la alegría de los pueblos en medio de la soledad y la tristeza, se ven forzados a abandonar el campo provocados por los apocalípticos pronósticos de los ecologistas. El cambio climático, que incide en la escasez de agua, lluvias torrenciales, destrucción de la biodiversidad y de la vida en general, acelera la economía política y cultural de la sociedad andina. Publicaciones científicas comentan que los plazos de la desaparición de los nevados se van acortando, tragedia que acabará con la luminosidad natural del paisaje, pero que ya surgen propuestas comerciales para cubrir de blanco las rocas grises de las montañas con modernas y costosas pinturas. En este siglo, las antiguas urbes serranas ya no conservan evocaciones con el sello del Viejo Mundo como el Zéjel, la Mazurka, la Jota, el Minuet, Vals, Pespié, la Gavota, la Polka, la Cuadrilla, la Contradanza, las Boleras, etc. Los citadinos de este siglo asumen la “Chuscada” o Huayno “chusco” – un equivalente del tondero a la marinera - que convive con el Vals norteño, el Vals andino, el Bolero cantinero, la Chicha, el Rock-folk, la Cumbia y otros géneros internacionales en boga. El Canto del Cuculí Encendido, reciente antología del Huayno, del profesor, escritor y músico Efraín Rosales Alvarado, tiene el gran mérito de abordar los distintos matices de la música andina, dando énfasis al Huayno, género de origen preinca, enriquecido con la historia virreinal y republicana. Analiza diversas temáticas sociales desde los compadrazgos como puente del campesino con la ciudad, las levas militares hasta la resistencia juvenil a los desfiles “cívicos” y mas bien la preferencia por los pasacalles. Melodías del silencio

La investigación de Rosales Alvarado, complementada con sus Melodías desde el Silencio, y los trabajos de Carlos Vinatea, Blas Torres y Delia Figueroa, sobre historia y poesía de Carhuaz, nos acercan a la Región Ancash y a otras regiones, especialmente del sur andino, que cuentan con más investigaciones de Música y su correlato con otros aspectos de la Historia. Los estudios sobre la música abren compuestas para conocer las conductas provocadas por el fraccionamiento de los pueblos en función del sello de origen, ya sea por Real Cédula o el sistema de Reducciones, la incidencia del latifundio y el gamonalismo, la explotación de las minas y el trabajo en los socavones, las dictaduras militares y fenómenos naturales como los dantescos terremotos de Huaraz en 1970, Cusco en 1950 y Huancavelica – Pisco en el 2007. Más cerca de la memoria colectiva de los ancashinos también está la lucha de las comunidades organizadas de Rupash y Ecash que en los años setenta, reclamaban sus propiedades, ignorando incluso los límites citadinos de Carhuaz. Este acontecimiento, entre otros, produjo el miedo y la destrucción del “abolengo” o vida sosegada y tradicional de las minorías andinas, frente a campesinos vigilantes de las autoridades moralmente deslucidas y corruptas. La Antología del Huayno que comentamos no es solo una rigurosa lista de cantantes, conjuntos, compositores, retazos y fragmentos musicales populares. Plantea interrogantes para indagar más en torno a los efectos de la subversión y el terrorismo de Sendero, el Emerretismo, la represión militar y la creciente corrupción. En diversos huaynos está el alma de sus habitantes con acento poético discursivo, aceptando, no siempre con ponderación, la melancolía y la angustia, sin abandonar el mensaje recreativo e irónico. En el Huayno, en los intérpretes de la Chuscada, está el mensaje de transformación de las instituciones y programas de enseñanza musical de acuerdo a las necesidades del desarrollo musical, sin olvidar la música del siglo pasado y la que está fermentando. El Huayno, como se sabe trascendió los Andes cuando se sumó al repertorio de los grupos como Inti Illimani, Quilapayun, Illapu, de Chile. En Perú, Alturas, Vientos Del Pueblo, Tiempos Nuevos, Illarec Chaska, Puka Soncco, Los Uros Del Titicaca, Los Incas, Yahuarina. En Bolivia, Kjarkas, Savia Andina, Payas, Zulma Yugar, Rumi Llacta, Bolivia Manta. En Ecuador, Ñanda Mañachi, Altiplano, Los Cuatro Del Altiplano, Imbayacuna. En Argentina, Los Calchakis, Laikas. El periodo de los golpes militares en Chile, Argentina y Perú, aceleró la evolución de la música andina, así como la migración sudamericana hacia Europa y EEUU. Los ritmos andinos ya son interpretados con instrumentos modernos y tradicionales: Charango, Quena, Sikus, Bombo o Wankara, Chakchas, Mandolina, Violines, Guitarra acústica, etc. El resultado final de esta promoción musical fue revelar al mundo una maravillosa tradición y la aparición de algunos indicios sociales y políticos para enrumbar la nacionalidad multicultural, buscando puntos de coincidencia hacia la unidad emocional, dentro de un universo polarizado. La música andina redime la esencia serrana, y aporta elementos para la construcción de una comunidad regional, pero también ha creado una confusión entre las clases medias que no comprenden los cambios de la globalización, más aún con la creciente oferta universitaria que deja a la “espontaneidad” el fenómeno cultural en marcha. Hace unos veinte años que gobiernos democráticos como el de Bolivia y Méjico junto con la Orquesta Sinfónica de Londres unieron esfuerzos para promover lo mejor de la música del Altiplano y del resto de América Latina. La respuesta de Europa fue positiva, porque también cumplieron el rol promotor de los miles de jóvenes en el exilio que encontraron en la música de los andes los soportes emocionales para sus quebrantadas raíces telúricas. Con esa y muchas otras iniciativas, en lo que va del siglo, el Carnaval de Oruro, festividad mágico religiosa de la vida y la muerte en el socavón, sale de su ámbito nacional, para seguir la experiencia de las Escuelas de Zamba del Brasil y el gran Carnaval de Río de Janeiro. En el Perú, con más de 40 familias etnolingüísticas, es obvio que se registran diversas manifestaciones musicales. Ayacucho lidera actualmente un movimiento musical renovado. Después de la barbarie senderista, en ese rincón de muertos, su juventud expresa vigorosas propuestas musicales y artísticas. Las chuscadas

Los huaynos, que en Ancash son conocidos como “chuscadas” - entre otras regiones de Puno, Cusco, Apurímac, Huancayo, Cerro de Pasco, Cajamarca, La Libertad, Cajabamba, Huánuco y en ciudades de la costa, criollos - se distinguen diversas manifestaciones musicales con mayor peso rural, con mayor riqueza afectiva, coreográfica y cultural. Claro que los promotores de las industrias culturales, desde el discurso de funcionarios gubernamentales y empresarios rentistas, poco visionarios, todavía ven de soslayo el emergente valor musical de los andes. El fenómeno migratorio ha invertido la composición poblacional rural a urbana de los años 30, con predominio del español como lengua de intercambio. El Canto Rural del Perú no solo magnifica el paisaje andino si no que aprovecha ese peso telúrico para presentar el drama de un Perú fraccionado, sin mayor futuro para las mayorías. Para conocer mejor Ancash, su música es un elemento clave. En el Huayno está la perennidad de las hazañas épicas de aquellos obreros que construyeron la central Hidroeléctrica del Cañón del Pato, en los años 50. Releyendo el drama Collacocha, de Swayne, es una ironía que aún existan pueblos cercanos al caudaloso Santa, que aún siguen sin energía eléctrica. Con ese mismo sello hay otros hechos épicos como la vida y obra de Luis Pardo, de Atusparia, y otros que faltan develarlos a las generaciones venideras, remarca Efraín Rosales y explica que el fervor por la música serrana y andina, especialmente en los años 50, dio lugar a la aparición de recopiladores de cantos, que en algunos casos se apropiaron de la creación intelectual, con aval de registradores del poder local. La Chuscada, una variante del huayno regional ancashino, necesita ser estudiada con más ahínco y vitalidad. En las zonas rurales de Ancash, la Chuscada es la manifestación típica por excelencia de todos los géneros que se expresan, confrontando denominaciones despectivas de los que viven en las ciudades. Como indios,”tunacos”, o “chacrakuna”. Pese a ello en las urbes serranas, la alegría y el jolgorio de esta chuscada invade irreverentemente a la par que otros géneros. Su denominación viene del adjetivo “chusco”, que equivale a designar algo rústico, anormal y hasta grosero. Las fiestas constituyen el marco real para animar el fervor popular. Como el huayno, la chuscada, la cashua, el chimaychi, la danza, la marinera, el triste, el canto religioso, pasacalle, vals, pasodoble y otros géneros tropicales ya están en las urbes de mayor concentración. En el Cusco y Puno, las zampoñas ofrecen sonidos esenciales y distintos para la música clásica europea, espectáculos que deleitan al turista extranjero y también nacional. Queda muy claro que el sur andino ha experimentado un notable cambio en su mirada y conservación de sus valores autóctonos. No sucede tanto en el norte. Por ello, constituye un acontecimiento cultural que la Asociación de Escritores y Poetas de Ancash, que ahora cumple treinta años, con renovados esfuerzos de integración. Para José María Arguedas (1938) el huayno indígena es “épico y sencillo y cantado en quechua, mientras que el huayno mestizo melancólico y suave, es generalmente vertido en castellano. Los poemas cuya composición albergan versos en quechua denotan humor, sátira y picardía amatoria, propias del idioma en el cual no existen términos lapidarios como en el español. Alberto Flores Galindo gravitó sobre el tema andino de una manera como ningún otro historiador peruano lo ha hecho. Es hora de repensar la organización de nuestras instituciones y transformar los programas de enseñanza musical de acuerdo a las necesidades del desarrollo musical, sostiene Armando Sánchez Málaga, desde Centro de Estudios e Investigaciones de la Música Latinoamericana. El profesor de aula debería convertirse en el primer educador musical. La profesora peruana - huaylina, Angela Torres de Fernández Dávila, con su metodología de la educación y el canto, ha obtenido resultados notables. Igualmente, en la “Lira Huaylina”, grupo de los Hermanos Flores Vásquez, está el mensaje de la unidad de las Cordilleras Blanca y Negra. La educación musical en América

Fuera del Perú hay experiencias educativas en el campo musical que deben tomarse en cuenta. Centros especializados el Instituto Interamericano de Educación Musical (INTEM) en Chile, el Foro Latinoamericano de Educación (FLADEM) con filiales en la Argentina y otros países. En Brasil existe una larga tradición en el campo de la educación musical escolar. Chile fue pionero gracias a la labor de personalidades como Cora Bindhof, Elisa Gayán y Brunilda Cartes. Sería ideal aspirar que en el siglo XXI todos los jóvenes canten y toquen por lo menos un instrumento. América Latina logró transformaciones importantes en las últimas décadas modernizando sus conservatorios y escuelas de música, abriendo nuevos espacios en las universidades y buscando respuestas originales como la del Instituto Di Tela de Buenos Aires que en la década del 60 formó a las figuras más importantes del siglo XX. El Movimiento de Orquestas Juveniles de Venezuela creado por el maestro José Antonio Abreu ha revolucionado la vida musical venezolana. El 'Plan Batuta' que se extiende por todo Colombia y uno similar recientemente creado en México. En el campo de la ejecución instrumental es un modelo de desarrollo musical el Programa Juvenil de la Orquesta Sinfónica de Costa Rica, creado en 1972 bajo el lema '¿Para qué tractores sin violines?'

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Sociedad en transición

Edgar Borges (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Quiero pensar que la sociedad actual, parida del vacío de los años 80 del siglo XX, es una transición hacia un mundo mejor. En lo humano, en lo educativo, en lo comprensivo y en lo evolutivo en general.

En las primeras siete décadas del siglo XX (aparte de las valoraciones positivas, que las tiene), la bestia (histórica que traemos desde los inicios) impuso grandes tragedias. Sin embargo, a partir de los 80, una vez caído el bloque soviético, se le hizo creer a la humanidad que un nuevo rumbo de paz nacía; el camino de la tolerancia (permitir a distancia aquello que no aceptamos) se celebraba. Y se celebra. Al respecto me quedo con la definición de José Saramago: “Si la intolerancia es mala, la tolerancia puede no ser mucho mejor. Siempre tiene una connotación de benevolencia, de generosidad regalada y graciosa por parte de uno al otro. Yo prefiero el convencimiento de que hay que respetar a los demás y la sabiduría de que nadie es más ni menos”.

Hoy, al final de la primera década del siglo XXI, se insiste en dibujar los dramas de las primeros 70 años del siglo anterior (cosa que está bien para la memoria) sin enfrentar agudamente la compleja situación que se ha desencadenado durante los últimos 30 años. En éste período el mundo ha caído en un sótano de paz maquillada. Es mucho lo que se puede discutir sobre la supuesta evolución de este momento. ¿El desarrollo humano (incluyendo a los llamados países del primer mundo) es equiparable al avance tecnológico? ¿Quién comienza la discusión de fondo sobre la nueva forma de dictadura global que representan las grandes corporaciones?

El punto anterior, entre muchos otros, nos deja algo fácil de comprobar. El individuo actual (uniforme como lo manda la ley del mercado) es el robot característico de la ciencia ficción. Invito a establecer comparaciones, eliminemos de la mente la forma del robot y pensemos sólo en sus actuaciones. El resultado es el individuo (existencialmente) vacío que responde a las indicaciones de un mando central (trabaja; aplaude; sonría; calle, duerma; despierte). El conocimiento y la reflexión, entre otros retos, no son objetivos del robot de los 30 años de la barbarie invisible. O acaso, ¿podemos darle otro calificativo a un tiempo donde se está despojando a lo humano de la memoria y de su vínculo social? En nombre de un supuesto adelanto se están escondiendo debajo de la alfombra todos los dramas del planeta. Mientras bajo el amparo de la ley el mercado invisible (del consumo) se engulle al resto de los poderes. En este nuevo “orden” el individuo queda desnudo ante la muralla corporativa. Y, por primera vez en la cíclica batalla por las reivindicaciones sociales, los jefes de la dictadura son invisibles (el poder económico). ¿Habrá existido dictadura más poderosa y desigual?

No obstante, como fiel convencido del proceso de evolución, quiero creer -sobre todo cuando pienso en otros procesos históricos representativos de lo humano- que la sociedad actual es una transición hacia un mundo mejor.

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El imperdonable doctor Talcahuano

Eduardo Pérsico (Desde Lanús, Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Las manos se animarían a recónditos sitios, y al destrabar breteles y desechar encajes llegaron enlazadas al insondable milagro de algarabía, se dijeron más tarde.

Acaso por vivir su niñez entre tías de llevarlo a misa los domingos y otras desechadas costumbres, aunque fuera un especialista en asuntos de familia al doctor Talcahuano las mujeres le alteraban el ánimo. Exitoso profesional que al ir engrosando sus ingresos como abogado y ya casado con Silvia, contrató de secretaria a Lorena, divorciada de treinta y cuatro que de tan segura y eficiente, no admitió encamarse con él en la hora del almuerzo. ‘¿Pero cómo? Esa habitualidad es de rigor entre nosotros’ le anunciaría un colega, pero también por cosas habituales su esposa y Lorena, su empleada, cada tarde más charlarían por teléfono y según los códigos mujeriles fueron ganando espacio, sin aviso las dos decidieron juntarse a tomar un té.

Ya en el primer encuentro que repetirían cada tanto, hablaron de amoríos, desencantos, arrimes en lugares imprevistos y al pasar, Lorena deslizó su amistad con otra adolescente cuando viviera pupila en el Sagrado Corazón. Un renglón que sin esperarlo entusiasmó a Silvia, 'contame más, eso debe ser apasionante', siguieron confesiones que cambiarían la inicial formalidad y al despedirse admitieron, entretenidas en mirarse, compartir el anuncio de un secreto. 'Somos tan pacatas que vivimos ocultando', se animaría Silvia; Lorena la miró humedeciendo los labios 'depende de la otra persona' y se despidieron postergando palabras. Unos días más tarde en el mismo bar, se distrajeron en rozarse las manos al juntarse. Silvia pidió un whisky y Lorena una copa de vino blanco; la charla andaría nuevos carriles y el mozo por un rato ausentaría su mirada. Acaso cuando alguna de las dos repitiera 'me gusta estar con vos' convinieron reunirse más tranquilas y secreto decretado.

En el pequeño departamento de Lorena anduvieron al desgaire y luego de preparar café, se acercaron a ver decaer la tarde, sin hablarse. Los pocillos en la mesita baja se irían enfriando, el venidero paso no era fácil y al arrimarse Lorena se recogió el pelo con las dos manos. 'Estoy algo nerviosa' alcanzó a pronunciar Silvia y un beso temeroso las conmocionó; ya el temblor de las anunciaciones se adueñaría en tanto afuera ya el atardecer era un fulgor opaco. Las manos se animarían a recónditos sitios, y al destrabar breteles y desechar encajes llegaron enlazadas al insondable milagro de algarabía, se dijeron más tarde.

¿Qué pasiones postergadas las enamoraron para que ‘estas dos locas se fueran a vivir juntas’?, - se preguntaría el abogado Talcahuano uno meses más tarde cuando su esposa Silvia le dijera ‘lo nuestro se acabó, Facu. Aquí termina’. Aunque acaso para él la desdicha mayor que su derrota catedrática, - no hallar jurisprudencia adecuada, como abandono preterintencional o tesis parecida- fue la bestial vindicta varonil de sus colegas. 'Pero doctor, ¿cómo dejó que las dos minas lo cornearan en un solo acto y al mismo tiempo?. Eso no es profesional y nos hace quedar muy mal a todos'. Pero claro, al doctor Talcahuano las mujeres solían alterarle el ánimo…

Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.

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Sustentación del libro: “Naturaleza, clinamen y causalidad en Epicuro y Lucrecio”

Guillermo Henao (Desde Medellín, Colombia. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Con este trabajo se ha pretendido ahondar en la interpretación que Epicuro elabora sobre la naturaleza y explorar los alcances de su fisiología. Nuestro interés en su propuesta viene de tiempo atrás. El ejercicio de una profesión eminentemente empírica, la medicina, y tan relacionada con lo más importante que hay, que es el vivir, nos planteó muchas preguntas que empezaron a encontrar vías de solución en la concepción de Epicuro, en la cual se establece como criterio de verdad la experiencia razonada. Su estudio nos originó muchos interrogantes comunes con los de otros profesores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia y de algunos amigos. Conformamos un grupo para el estudio de la génesis y el desarrollo del método científico utilizado en las ciencias empíricas en general y en la Medicina en particular. Hemos conservado la expectativa de que podamos fundamentar así nuestras vivencias profesionales y explorar nuevas perspectivas que permitan mejorar el ejercicio de la medicina y ante todo aprender el buen vivir.

La ética es la parte más conocida y estudiada de la obra de Epicuro y todavía permite desarrollar nuevas investigaciones. Sin embargo, la experiencia vital se inicia con el contacto con las cosas del mundo externo y por ello nos ha parecido oportuno empezar por el estudio de su concepción de la naturaleza, ya que sin ella no es posible comprender cabalmente su ética. La mayor parte de los escritos de Epicuro, incluyendo su magna obra , confirman que éste era su interés primario y prioritario. No obstante, las investigaciones al respecto son más escasas, incluso en nuestro país.

A pesar de la poca extensión de los escritos que quedan de él, cada uno de sus párrafos permite extenderse en amplias consideraciones. Este trabajo es apenas un comienzo. Aunque se intentó reducirlo a unos pocos temas, las afinidades o conexiones encontradas entre diversos tópicos fueron dando una extensión no planeada, lo que muestra la gran riqueza de contenidos y de posibilidades de discusión que contienen. Entre ellos se encuentran los principios elementales de la física, la cosmología, los seres vivientes, el lenguaje, loa métodos de investigación, la teoría del conocimiento. Es posible que todas estas vetas de exploración nos hayan conducido a tocar diversos campos de reflexión sin la suficiente profundidad o a que no se captaran los alcances que algunos de ellos pudieran tener si se hubiesen desarrollado adecuadamente.

Al final de la Carta a Pitocles (parágrafo 116) hay una recomendación esclarecedora:

Dedícate sobre todo a la ciencia de los primeros principios y del infinito, y a las teorías sobre fenómenos afines, así como a las que se ocupan de los criterios de la verdad y de los sentimientos, y reflexiona sobre cuál es la finalidad de todos nuestros razonamientos.

Es necesario, entonces, precisar el origen y la demostración de los primeros principios que Epicuro extrajo de la observación de la Fisis y de la reflexión sobre lo observado. Y por ello esta defensa se centra en consideraciones sobre ellos. Se escogieron los conceptos de clinamen y causalidad como título del trabajo, a pesar de ser los más conocidos y estudiados, porque son las conclusiones principales del desarrollo de su fisiología. Sólo que aquí se ha pretendido desplegarlos a un número de fenómenos más amplio de lo que se encontró en la literatura consultada y sin desatender su conexión con los primeros principios que los fundamentan.

La física de Epicuro tiene una estrecha relación con las precedentes, entre ellas por supuesto con las de los atomistas, y principalmente con la Física de Aristóteles. La recepción de estos antecedentes en Epicuro es de por sí un tema suficiente para otras investigaciones, así como su relación con los pensadores presocráticos. Era ineludible mencionar algunos conceptos aristotélicos y sus similitudes y diferencias con los de Epicuro. Se procuró mantener el ámbito de las reflexiones dentro del marco de su pensamiento y evitar comparaciones con pensamientos posteriores o con posibles desarrollos futuros de sus doctrinas. Por ello en la Introducción sólo se mencionan algunos aspectos de su recepción en la época moderna, en especial la necesidad de rescatar el concepto de átomo. No se mencionaron pensadores de la Edad Media, porque su interés estuvo centrado en sus concepciones éticas.

Lucrecio de por sí es fuente de numerosas investigaciones y es pertinente precisar tanto sus afinidades como sus diferencias con Epicuro. Sin embargo, la opinión más aceptada es que De rerum natura, salvo algunos aportes puntuales, en su mayor parte es una paráfrasis o traslado a lengua latina de varios de los temas del Peri Fiseos. Por ello se recurrió a él para ampliar o reforzar algunos argumentos, tomándolos casi indistintamente de uno o de otro como de una sola doctrina.

Las referencias a Marx, Serres y otros se trataron de limitar a lo que ellos pudieran aportar para una mejor compresión del tema, pero no con la intención de modernizar el pensamiento de Epicuro. Son válidas las propuestas de estudiarlo desde la perspectiva de las ciencias modernas –biología en general, teoría de la evolución, físicas atómica y subatómica, lingüística y epistemología-, pero estos son trabajos diferentes. Por eso en el Apéndice se hizo una lista de algunos posibles. En otras palabras, se intentó mantener la reflexión dentro de los límites del pensamiento mismo de Epicuro, sin extrapolarlo más allá de sus fronteras. Con lo anterior no se pretende justificar las deficiencias y fallas del trabajo, si bien ello pudiera explicar en parte el que nos hayamos quedado cortos en el estudio de algunos temas expuestos.

Los principios que fundamentan la fisiología de Epicuro pueden deducirse de la reflexión originada en la experiencia. Son de carácter abstracto, como todo principio, teoría, concepto y lenguaje; pero en este caso son comprobables, de manera directa o indirecta, en su confrontación con la experiencia sensible.

Para percibirnos a nosotros mismos y para percibir parte del mundo exterior contamos con los sentidos, nos engañen o no. Son el primer paso obligado para construir nuestra concepción de los fenómenos. Fundamentan la evidencia como medio necesario de conocimiento. El que estamos vivos es evidente de por sí y no necesita demostración porque no es un concepto ni una teoría sino una realidad que nadie puede eludir o desconocer, so pena de perecer. Si me reconozco como vivo, tengo que reconocer que hay otros objetos o seres por fuera de mí mismo. La existencia de los cuerpos es real, no es un concepto ni una teoría, y su evidencia se erige como verdad incuestionable, como verdad absoluta que nadie puede poner en duda ni en discusión porque arriesgaría la propia supervivencia. Se la puede llamar un dogma, en el mejor de los sentidos de verdad demostrada, pero no demostrada con argumentos lógicos sino en tanto que comprobada con el ejercicio diario del vivir.

De ahí en adelante el proceso de razonamiento permite a cada persona inferir unos principios que le servirán de guía y que pueden y deben ser sometidos a contrastación con los de otras personas. Epicuro postula cuatro fundamentales: nada nace de lo que no existe ni nada de lo que existe se diluye en el no ser ; el universo (el Todo) está compuesto únicamente de cuerpos y de vacío ; el universo es infinito , y la materia (los cuerpos) no es divisible al infinito .
De la demostración del primero puede deducirse la de los demás. Con el presupuesto de que los cuerpos existen, Epicuro, aún joven, se pregunta por su origen. La respuesta que recibe sostiene que todas las cosas provienen del caos, pero no es satisfactoria. Si el caos es anterior a los cuerpos, queda sin conocerse su origen y naturaleza. Si carece de contenido, es equivalente a la nada, pero el no ser no es, como lo había dicho Parménides. Si tiene contenido ha de ser los mismos cuerpos, en cuyo caso estos no serían posteriores a él y por tanto él no los puede crear. Entonces, el caos sólo es una de las formas de comportarse los cuerpos y habría que seguir indagando de dónde provienen estos.

La división indefinida de los cuerpos tiene un límite tanto real como mental. De imaginarse lo contrario, terminarían en la nada. La velocidad del proceso de destrucción es mayor que la del proceso de construcción y por tanto ya todas las cosas habrían desaparecido sin que hubiera habido tiempo para su reaparición bajo otras formas. En ese caso, lo único que ahora existiría sería la nada. Pero lo que experimentamos es lo contrario: los cuerpos existen, muchos de ellos desde antes de nosotros y permanecen después de que muramos, y al mismo tiempo percibimos cambio, generación y corrupción. Esta experiencia incuestionable sugiere la existencia necesaria de semillas; semillas perecederas para cuerpos perecederos y semillas imperecederas que generan los demás. Es decir, la imposibilidad real y conceptual de que la nada produzca algo y de que todo se disuelva en la nada explica y sustenta la existencia de cuerpos simples, imperecederos, que dan origen a los corruptibles. No pueden ser perceptibles porque tienen que contener cantidades mínimas de materia no divisible para poder ser eternos . Pero son reales, no conceptos o teorías, porque están hechos de la misma naturaleza de los cuerpos perceptibles, que tampoco son conceptos o teorías. Claro está que nosotros elaboramos estos a partir de lo que percibimos y con ellos elaboramos juicios que suelen ser parciales o interesados y que en un momento dado pueden ser falsos; pero ello no invalida la existencia de los cuerpos. Aunque cambien las teorías sobre ellos, ellos están ahí.

Los cuerpos perceptibles son todos compuestos y por tanto corruptibles. Nuestros sentidos no alcanzan a comprobar la existencia de todos ellos, pero sí inferirla a partir de los que son sensibles y perceptibles. Se llama universo al conjunto de todos y del vacío. Tiene existencia y no es posible dudar de ella. Es una verdad absoluta demostrable por inferencia a partir de los cuerpos sensibles perceptibles, si bien pueden variar los conceptos que sobre sus propiedades se formen diferentes personas. Para Epicuro es infinito, increado, eterno, inmóvil e ingrávido. Infinito, porque si tuviera límite habría algo más allá y ese algo sería de otra naturaleza completamente diferente. En este caso no sería posible establecer dicho límite ni explicar cómo se realizaría ese supuesto paso de una naturaleza a otra. Increado y eterno, porque no puede surgir de la nada ni regresar a ella, ya que la nada no existe y por tanto no tiene contenidos. No tiene figura, porque ella implica un límite. Es inmóvil, porque por dondequiera que se moviere, estaría él mismo. Y no tiene peso, porque éste, así como el movimiento y el tiempo, sólo es relación con otros seres, y no hay otro ser fuera del universo.

Los cuerpos simples son increados, incausados y eternos, igual que el universo y por las mismas razones. Pero además poseen forma, peso, tamaño y movimiento, propiedades comunes a los cuerpos compuestos. Como dice Epicuro:

Los átomos no retienen ninguna cualidad de los objetos sensibles, excepto la forma, el peso y el tamaño, y todo lo que naturalmente va unido a la forma .

No es posible pensar que falte alguna de dichas propiedades porque no se formarían los cuerpos compuestos. Su movimiento ha de ser autónomo y eterno –“no existe un comienzo de este movimiento”, dice Epicuro en Carta a Herodoto, 44-, pues de lo contrario requerirían impulso y lo único exterior a ellos es el vacío o espacio, cuya única propiedad es permitir su desplazamiento. La principal expresión de su autonomía es la desviación espontánea y azarosa de la línea recta. Lucrecio muestra que hay fenómenos sensibles que sustentan la existencia real del clinamen cuando se observan los rayos del sol en la penumbra, se mezclan “de mil modos una multitud de corpúsculos. Y agrega:

Allí verás, en efecto, muchas partículas agitadas por imperceptibles golpes, cambiar de dirección y retroceder rechazadas, ora acá, ora allá, en todos sentidos.”

Como el movimiento es propio de ellos, excluye la necesidad de un primer motor, el cual sería anterior a los cuerpos simples, caso en el cual estos serían estáticos hasta cuando aquel les confiriera su impulso. De manera que ellos son su mismo motor, lo cual no contradice que también estén expuestos a movimientos originados en otros cuerpos similares.

No hay nacimiento ni muerte del movimiento, salvo del originado por choques entre cuerpos simples o el de todos los cuerpos compuestos y por tanto no hay tendencia natural al reposo. Éste no existe. Algunos cuerpos compuestos dan esa apariencia, por su relación con cuerpos vecinos. Pero no lo están en relación con otros más lejanos y con ellos mismos, ya que los cuerpos simples que los constituyen continúan en permanente movimiento. Hay, pues, movimiento natural, intrínseco a todo cuerpo simple y movimiento relacional de unos simples con otros y de todos los compuestos con los demás.

Tampoco hay nacimiento ni muerte del tiempo. Éste es una relación entre diversos movimientos de diversos cuerpos. Ha existido siempre como relación entre los movimientos de los cuerpos simples. Y cuando nacen cuerpos compuestos, nace el tiempo para ellos, por la relación de sus movimientos con los de otros; y desaparece cuando ellos se transforman en otros mayores o menores. La percepción del cambio nos lleva a formarnos la noción de tiempo y la apariencia de su existencia independiente, lo cual es imposible, pues no es una sustancia, no tiene existencia propia, ni anterior ni posterior ni exterior ni independiente de los cuerpos, y sólo es una relación entre propiedades de ellos. De ahí que Epicuro lo considere sólo como un accidente de accidentes. En palabras suyas:

Este fenómeno no necesita una demostración, sino tan solo una reflexión sobre el hecho de que nosotros lo relacionamos con los días y las noches, y con las divisiones de estos, al igual que con la presencia o la ausencia de nuestros sentimientos, con el movimiento y el reposo, y que consideramos como un accidente particular que depende de todas estas cosas, aquello a lo cual nos referimos cuando hablamos de .

Como el universo y sus cuerpos simples son increados, incausados, no hay una causa primera, y mucho menos externa, que origine todo lo demás. Ellos son causa de todo lo demás y, como son múltiples, no hay causa única sino múltiple. No ocurre así con los cuerpos compuestos, perceptibles o no. Todos son creados y corruptibles. El que estos evidentemente sean así, no permite deducir que también lo sea el universo. Éste permanece porque permanecen los cuerpos simples y en número infinito. Así como se destruyen cuerpos compuestos incesantemente, también incesantemente se crean otros y por esto hay destrucción y creación permanente de numerosos mundos. Recuérdese que para Epicuro mundo y universo no son sinónimos:

Un mundo es una parte limitada del cielo que comprende los astros, la Tierra y todos los fenómenos celestes .

Cada cuerpo es único, diferente y también sus propiedades, no contenidas en cuerpos anteriores o posteriores. Pueden ser parecidos, pero nunca iguales. Estos procesos que ocurren en los cuerpos compuestos nos crean el concepto de causalidad. Cuando se piensa en causalidad es común imaginarse una sucesión de fenómenos, al menos de dos de ellos. Pero no es meramente sucesión de fenómenos. En tal caso no habría emergencia de propiedades nuevas, generación y corrupción, composición y descomposición . La sucesión no genera nada, sólo es yuxtaposición y por tanto no es causa. Su mejor modelo es el concepto de serie lineal. La serie A, B, C, D, Z hace pensar en una causalidad determinística, necesaria. Dada una causa, habrá un efecto. Dado un efecto, hubo una causa. Ahora bien, éste es un modelo completamente teórico –es decir, sin referencia directa a la realidad-, elaborado por los hombres y con el cual se pretende explicar la naturaleza. Pero ésta no contiene series y menos aún de tipo lineal. Para poder aplicar un modelo de este tipo a algunos fenómenos, estos tienen que ser en número limitado y hay que extraerlos de su comportamiento natural, el cual es de múltiples relaciones. De otra parte, jamás es aplicable un concepto de serie lineal infinita, ya que ésta no existe en la naturaleza porque la desviación espontánea la interrumpe de continuo.

No hay, pues, causalidad lineal, salvo con excepciones muy precisas y en fenómenos de corta ocurrencia, como lanzar o caer un objeto. Los sucesos presuntamente lineales se entrecruzan de manera diversa, algunas fugazmente predecibles, las más impredecibles y al azar. En estas condiciones lo que en un momento puede llamarse causa es efecto de otro fenómeno y lo que es efecto no sólo es causa de otros sino incluso de sí mismo. Lo común son las causas múltiples, no únicas, porque los cuerpos simples son en número infinito. Lo que parece tener una causa única suele tener más; sólo que en ese momento no son reconocibles. Por ello Epicuro advierte:

Quienes aceptan una única explicación adoptan una actitud no acorde con la experiencia y se equivocan respecto de las posibilidades del pensamiento humano .

Por tanto, lo que en un momento dado parece ser conocimiento seguro y definitivo, en realidad es transitorio y relativo. Sin embargo, los principios no pueden ser relativos porque de serlo no estarían expresando la existencia evidente y segura de los cuerpos. Si todos los principios enunciados por diversas personas fuesen por ello relativos, sería indiferente asumir unos u otros y quedaríamos inmovilizados tanto para conocer como para actuar. El relativismo expresado por Epicuro se refiere no a los principios sino a que los cuerpos sobrepasan en complejidad, cambiante además, la capacidad humana de estudiar y comprender.

El convencimiento de que los fenómenos que se presentan en los cuerpos compuestos son por lo común multicausados exige mirar con reservas toda teoría sobre la naturaleza y someterla a crítica permanente, ya que no hay un conocimiento de ella completamente acabado. Y aunque algunos fenómenos estén aparentemente predeterminados, no son predecibles ni a mediano ni a largo plazo. Nadie puede saber con seguridad el día de su muerte. No hay vaticinios ni profecías. En los fenómenos cuyas semillas compuestas tienen alguna estabilidad y que duran más que la existencia promedio de los humanos, no es de extrañar que la osadía de proferir predicciones salga triunfante. Pero la consideración de fenómenos de más corta duración cuestiona la validez de las predicciones. La multicausalidad impide sostener que los fenómenos están destinados a fines predeterminados. Si se nace se muere, es una verdad absoluta e incuestionable que es intrínseca a la naturaleza de todos los cuerpos compuestos en los términos más generales de generación y corrupción. Si eso se llama destino, corresponde a las condiciones intrínsecas de un cuerpo en cuestión, pero no a la existencia previa de planes predeterminados desde fuera de los mismos cuerpos y que los dirijan hacia un fin concebible de antemano. De hecho, la mayoría de las cosas que ocurren desde el nacimiento hasta la muerte son de tipo aleatorio.

Las diferencias encontradas entre las propiedades del universo, las de los cuerpos simples y las de los compuestos originan conceptos opuestos, contradictorios y antinómicos. No hay por qué extrañarse, entonces, si se encuentran contradicciones al observar diversos fenómenos ni tampoco en las explicaciones que de ellos se dan, máxime cuando se sabe que la observación siempre es incompleta, no agota o no capta los fenómenos; y aunque los captara, estos cambian tan rápida e inesperadamente que fácilmente la observación queda invalidada. En este sentido es importante la carta a Pitocles. Aparentemente incompleta y superficial, puntualiza aspectos fundamentales del pensamiento de Epicuro. La causalidad múltiple, la posibilidad de enunciar diversas explicaciones de los fenómenos, siempre y cuando están acordes con la experiencia, la indeterminación presente en muchos de ellos, la evidente participación del azar en la génesis y corrupción de muchos cuerpos, la dificultad para encasillar en una o pocas explicaciones fenómenos tan complejos como el fuego, los vientos, las lluvias, las tormentas, los huracanes, los ciclones, y muchos otros. Esta cosmología aparentemente simple e ingenua deja la gran enseñanza de que hay que recurrir a todos los métodos posibles de conocimiento, sin limitarse a uno en particular, y aplicarlos según los fenómenos que se quieran investigar. Con ello no se invita a desestimar el estudio de la ciencia sino todo lo contrario; permite ahondar en ella ampliando las perspectivas de la investigación. El ejemplo más notorio de ello es el estudio de los cuerpos líquidos, de los aires, de los cuerpos compuestos invisibles y de los simples. Son retos al pensamiento, exigen salirse de la unicausalidad y del determinismo, así como modificar y enriquecer las metodologías, las lógicas y las categorías tradicionales de pensamiento.

Los cuerpos compuestos llamados vivos adquirieron por emergencia cualidades poco o nada presentes en los seres llamados inertes. En palabras de Lucrecio:

En la generación de los seres, conviene que los elementos aporten cualidades secretas e imperceptibles, para que nada en ellos sobresalga que repugne al conjunto e impida que toda cosa creada posea su propio carácter.

Entre ellas se destacan la reproducción, entendida como la formación de modelos parecidos que conservan propiedades similares incluyendo la misma reproducción; el automovimiento, entendido como la capacidad de transformar sustancias incorporadas en funciones de locomoción voluntaria; la autopercepción y la autoconciencia . Aunque es notoria la reproducción de modelos semejantes, ello no sustenta que haya una elaboración previa desde antes de que aparecieran semillas estables. Esto es válido tanto para el individuo como tal como para sus órganos. De ahí que no existan con anterioridad las propiedades que le permiten permanecer por un tiempo hasta cuando desaparezcan necesariamente, ya que en ninguna parte hay propiedades independientes de los cuerpos. Pero sí existen semillas invisibles que contienen un mínimo necesario para que se constituya un organismo determinado, siempre y cuando haya el concurso de otros cuerpos y fenómenos para que aparezcan las condiciones adecuadas. Las llamadas semillas no lo contienen todo. De ser así, no se necesitaría ningún proceso de asimilación y desasimilación y no aparecerían los órganos sino que estarían desarrollados desde un comienzo. Y si las funciones (o propiedades) existieran desde antes de los órganos, estos tampoco se necesitarían y no sería necesario ningún proceso de formación. De manera que las funciones no son anteriores a los órganos sino que van apareciendo conjuntamente con ellos. En palabras de Lucrecio:

No existió la visión antes de que nacieran los ojos, ni la palabra antes de ser creada la lengua; más bien el origen de la lengua precedió con mucho a la palabra, y las orejas fueron creadas mucho antes que se oyera un sonido, y, en fin, todos los miembros, a mi parecer, son anteriores al uso que de ellos se hace. No pudieron, por tanto, ser creados con vistas a su utilidad .
A manera de conclusión, pensamos que el propósito principal de los escritos de Epicuro es dejar claro y bien sustentado que el estudio fundamental consiste en establecer con solidez inconmovible la validez de los primeros principios o principios fundamentales. De ellos debe partir toda investigación en cualquier campo del pensar y del actuar, siempre y cuando concuerden con la experiencia. Si logramos aplicarlos, el resultado será una comprensión más racional de la naturaleza, lo cual nos permitirá sobrevivir mejor en concordancia con nosotros mismos y con los demás, ya que el vivir es lo único que tenemos y nada importa por fuera de él.

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Novedades editoriales (comentadas)

Pablo E. Chacón (Desde Buenos Aires. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Una recorrida por los estantes de las novedades editoriales de los últimos días es una oportunidad para despertar la curiosidad por autores o temáticas que no siempre se conocen tan bien. La cuestión (y proliferación) de las comunidades virtuales puede ser una ocasión. Para eso, una introducción pertinente y algo más resulta adecuado “Tribus urbanas. Manual para comprender las nuevas subculturas juveniles” (Kier) de Ignacio Molina, también novelista, que desde la contratapa recomienda empezar por el principio: “Si usted, estimado lector adulto, no sabe cómo sobrevivir a las convulsiones diarias que las grandes ciudades nos plantean, ¿cómo espera que lo sepan los adolescentes? No los juzgue mal. Conózcalos. Las subculturas juveniles son parte del paisaje urbano en el que nos toca vivir, una trinchera en la que miles y miles de adolescentes buscan un amparo ante los excesos y el ruido informativo que nos aturde cada día. Flogger, emos, punks, cumbieros, rolingas…

Artificialidad e ideología; adaptación y rechazo. Este libro intenta acercarnos a todos ellos. Porque acercarnos a las problemáticas que los atraviesan, es una manera de aceptar nuestra propia confusión frente al mundo que hemos ayudado a crear”. En esa deriva por el mundo, los protagonistas de “Los amantes de Estocolmo” (Grupo editorial Norma), la última novela del chileno Roberto Ampuero, pivotea sobre una confusión que nunca se sabe si es tal. Cristóbal Pasos es un escritor de novelas policiales que vive junto a su esposa en la capital sueca. Por casualidad, encuentra en el maletín de Marcela una bolsa con lencería erótica, que nunca vistió para él. El hecho desencadena sus celos, sigue a su mujer y sin proponérselo se ve envuelto, junto a ella, en un crimen, tal cual el argumento de alguna de sus ficciones. Su vecino, Markus Eliasson, encuentra a su esposa muerta, víctima de una sobredosis de barbitúricos. Boryena, la criada de la casa, conoce los secretos de Markus y comparte sus sospechas con Pasos, pero al poco tiempo también aparece asesinada.

Esa trama quizá comparta algún rasgo de suspenso con “Piedra infernal” (Tusquets), de Malcolm Lowry, la historia de un pianista de jazz borracho, fanático de Melville y apasionado por los barcos. Plantagenet llega a Nueva York y descubre que todo en su vida han sido pérdidas y naufragios. Su peregrinación por las tabernas del puerto culmina en un psiquiátrico, donde compartirá su tiempo con marineros, otros alcohólicos, pobres de solemnidad, personajes desesperados como el viejo Kalowsky. Mientras contempla desde las ventanas del hospital el paso de los buques por el East River, el protagonista entiende que el doctor Claggart, el psiquiatra que lo atiende, jamás podrá curar su alma enferma. “De Poe a Mallarmé. Ensayos de poética y estética” (Cuenco de Plata) de Paul Valéry, es una selección arbitraria que no es un muestrario de la diversidad de temas confrontados por el movimiento reflexivo de su autor sino un testimonio de su unidad poético-filosófica. De ahí que la elección de textos se haya pensado por el costado de la estética los efectos de una reflexión sobre la materia del mundo, y que entonces el conjunto haya adquirido su “variedad”.

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Fontanarrosa, una lectura necesaria

Daniela Saidman (Desde Venezuela. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

Inodoro Pereyra era un personaje obligado en las lecturas de los diarios. Con suerte y llegando a la hora justa era posible encontrarse con su autor en la mesa de siempre, con los amigos de siempre, en el Café El Cairo, al que muchos años después volví, pero con la mesa del Negro vacía, aunque servida. Roberto Fontanarrosa (Rosario, Argentina 1944 - 2007) es uno de esos escritores que consiguió “noquear” en la primera línea, porque aunque fue un maravilloso dibujante de historietas, fue también un narrador de primera entrada y primer golpe. Con él la cotidianidad encontró la voz para decirse siempre, para reírse de sí mismo y de los tropiezos con que la vida nos toma por asalto. El Negro Fontanarrosa es ícono de esa Rosario de mi infancia y por eso me permito meterme en estas Voces del Sur que lo evocan. Todo en él fue y será siempre, saber de las calles y de los bares, de los amigos y las canchas de fútbol, de la vida que es y de la que tal vez nunca sea, en fin, el Negro fue de esos tipos que andan encendiendo transeúntes en las calles y en las hojas de sus libros. Por eso decía que “de mí se dirá posiblemente que soy un escritor cómico, a lo sumo. Y será cierto. No me interesa demasiado la definición que se haga de mí. No aspiro al Nobel de Literatura. Yo me doy por muy bien pagado cuando alguien se me acerca y me dice: me cagué de risa con tu libro”. Y sí, sus libros son pare reírse, pero no con esa risa histérica nacida del miedo o del nervio, sino con esa que emerge de la constatación de lo que somos, rara especie animal que anda junta aunque se asuste de los otros. El Negro fue un hombre que escribía y dibujaba con la sencilla convicción, con la certeza, de que podía hablarles a sus lectores de igual a igual, de codo a codo, como a seres capaces de reflexionar y reírse con las mismas cosas que él. El fútbol encontró Fontanarrosa un apasionado escribidor de goles. Muchos de sus cuentos se centran en las canchas, en las profesionales y en las de los barrios que juegan con pelotas hechas de medias. En 2004, Roberto Fontanarrosa fue invitado al III Congreso de la Lengua, que con todo rigor y pompa literaria se llevó adelante, precisamente en Rosario. Rodeado de catedráticos de la más alta alcurnia, la disertación del Negro fue tal vez una de las más recordadas del evento. Por atrevido lo recordamos, por su defensa de un lenguaje que nos nombre nombrando, que nos permita darle expresión al sentimiento. “Voy cerrando, después de este aporte medular que he hecho al lenguaje y al Congreso, lo que yo pido es que atendamos a esta condición terapéutica de las malas palabras. Mi psicoanalista dice que es imprescindible para descargarse, para dejar de lado el estrés y todo ese tipo de cosas. Lo único que yo pediría (no quiero hacer una teoría) es reconsiderar la situación de estas palabras. Pido una amnistía para la mayoría de ellas. Vivamos una navidad sin malas palabras e integrémoslas al lenguaje, que las vamos a necesitar”. Ante ese mismo Congreso que reunió a académicos y escritores de toda Hispanoamérica, Fontanarrosa quien tuvo el privilegio de cerrar el encuentro, concluyó su intervención recordando al tanguero Alberto Castillo, que en un programa radial decía algo como “Yo soy parte de mi pueblo y le debo lo que soy; hablo con su mismo verbo; canto; canto con su misma voz”. Y esa es la voz con que nos dice presente, para siempre, el Negro Roberto Fontanarrosa.

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Pensar la violencia política desde la literatura peruana: El barco ebrio

Alfredo Herrera Flores (Desde Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Uno de los mayores aciertos editoriales de la historia de la literatura peruana ha sido titular la obra cuentística de Julio Ramón Ribeyro como “La palabra del mudo”. Nadie como el autor de “Silvio en el Rosedal” para ilustrar, a través de la literatura, el espíritu de una sociedad marginal en pleno proceso de integración a una comunidad que a su vez buscaba, y busca, su propia identidad. Ribeyro terminó dándoles a esos excluidos la voz que no tenían y que tampoco la asumió la política, o la sociología.

Es cierto que otros escritores notables también hicieron lo propio, dieron voz a través de sus obras literarias a diferentes sectores de la población que han sufrido, y sufren, la marginación que por siglos ha ejercido sobre ellos el centralismo y los regímenes políticos que, más preocupados en sus propios intereses que en los de la población de todo el país, no han podido mirar más allá de sus narices o más abajo de su ombligo. José María Arguedas, Ciro Alegría, Gamaliel Churata, César Vallejo, Manuel Scorza, Izquierdo Ríos, Galvez Ronceros, Alejandro Romualdo y un largo etcétera, no solo son nombres de la retórica académica sobre representantes de la literatura peruana, sino que son un ejemplo del interés y la necesidad de reflejar una realidad específica que han vivido de forma directa. La obra reunida de todos ellos bien podría resumirse en el título de Ribeyro.

Sin embargo, en algunos casos, como el de Arguedas y el del propio Ribeyro, el conflicto que se produce entre reflejar una realidad e interpretarla, conlleva a desencuentros con resultados fatales. El escritor no siempre presenta un análisis de una situación social, política o cultural en su obra, sino que la representa, la retrata, la simboliza y la convierte en un signo, un discurso, que le corresponde interpretar al lector, o al crítico, o el científico social, que previamente tiene su propio punto de vista del hecho al que se refiere el artista, y que no siempre son coincidentes. Esto no quiere decir que el escritor no analice su entorno o la realidad sobre la que va a crear, por el contrario, conoce tan bien esa realidad que no le es ajena ni difícil de recrear artísticamente, tal vez el problema esté en el sujeto que interpreta esa literatura, o expresión artística.

Esta hipótesis se ve claramente en “Sasachakuy tiempo, memoria y pervivencia, ensayos sobre la literatura de la violencia política en el Perú” (editorial Pasacalle, Lima, 2010, 160 pp.), último libro de Mark R. Cox, conocido profesor universitario estadounidense que se ha especializado en el análisis de la literatura peruana con contenido o expresiones sobre la violencia política que ha vivido el Perú en las últimas tres décadas. El libro recoge ensayos sobre este tema escritos desde tres perspectivas claramente definidas: la de los escritores andinos, la de los denominados ex insurgentes y la de los académicos.

En el primer grupo los escritores que han publicado obras, cuentos o novelas, desde su experiencia en la sierra peruana, escenario primigenio de la guerra emprendida por Sendero Luminoso en 1980, defienden su condición de testigos de muchos de los sucesos violentos y critican la actitud impostada y mal informada de los escritores que desde su experiencia citadina también abordan el tema de la violencia. Los escritores andinos son, sin embargo, más analíticos respecto al proceso de la guerra interna, y así lo demuestran en sus ensayos, que no son más que extensiones críticas de sus obras artísticas, sus ficciones.

En el caso del segundo grupo, los autores son actores directos o protagonistas de los hechos que narran en sus historias. Son doblemente testigos, tanto del contexto social como de los hechos de violencia. Tal vez por ello es que se les ve más alejados del aporte artístico y sus obras terminan siendo discursos dogmáticos envueltos en ficciones pobres. Julio Ramón Ribeyro, por ejemplo, no necesitó de discursos políticos para denunciar injusticias sociales como las que cuenta en su notable relato “Al pie del acantilado”, que es, como toda su producción narrativa, una obra de ficción salida de un hecho real. Corresponde, sea dicho una vez más, al lector o al científico social, sacar las conclusiones políticas o sociológicas que encierra esta obra maestra de la narrativa ribeyrana.

Precisamente en el tercer grupo de los textos recopilados por Cox se reúnen ensayos escritos desde la perspectiva de la teoría literaria, o si se quiere, desde el academicismo. Estos ensayos son más objetivos, se centran en la calidad de las obras y desde los hechos y personajes que allí se representan, analizan en qué medida reflejan la violencia vivida por el país y cuánto pueden influir con su mensaje en la conciencia del lector o de la sociedad.

Como es de esperar, hay posiciones encontradas en los tres grupos propuestos por Mark R. Cox. Sin embargo quiero referirme brevísimamente al análisis que hace Dante Castro sobre la premiada novela de Santiago Roncagliolo, “Abril rojo”, en la que encuentra tantos errores, desfases e incongruencias que hace dudar de la capacidad del jurado internacional que ha visto en esta historia una buena novela y ratifica el interés comercial de un tema que puede sorprender a lectores de otros países y no a nosotros.

Este es otro fenómeno que destaca a lo largo del libro de Cox. El interés por el tema de la violencia es temprano y no posterior al periodo de mayor violencia, como creen autores como el propio Roncagliolo, Alonso Cueto o Ivan Thais, que abordan el tema desde hace dos o tres años. Ya Mario Vargas Llosa tiene un intento fallido con “Historia de Mayta” (1984) y otro en “Lituma en los andes”, que también es una novela premiada internacionalmente, obviamente por el anzuelo económico que significa el nombre del arequipeño, pues ninguna de ellas alcanza niveles de alta calidad como otros de sus títulos harto conocidos. Antes de 1985 ya se premiaron y publicaron en el Perú historias con contenidos políticos y específicamente referidos a la guerra interna que empezaba a alcanzar niveles insospechados para la ciudadanía y cínicamente negados por los políticos y gobernantes.

Es, entonces, oportuna la pregunta sobre cuántos textos más habrá que traten el tema de la violencia y que no son conocidos o no han salido de los pequeños círculos que se forman en las ciudades del interior del país, ya que los referentes mencionados son “famosos” gracias a los premios internacionales. A Mark R. Cox le debemos un paciente estudio recopilatorio sobre este asunto. El 2008 tenía registrados 306 cuentos y 68 novelas por 165 escritores, más 30 novelas en inglés y 16 películas en español e inglés, pero esta cifra, reconoce, debe ser mucho mayor, pues es sabido que gran parte de la literatura que se produce en la sierra o selva no se conoce en Lima o en las principales ciudades del país.

Es importante el nuevo aporte de este profesor universitario, pues más que darnos una visión más amplia de las diferentes perspectivas literarias sobre el dramático periodo de violencia que ha vivido el Perú, nos hace reconocer que se deben tomar en cuenta otros documentos para aprender lecciones y evitar los errores que derivaron en tanta violencia y muerte. El informe final de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación es uno de ellos, en él no hay ficción, a pesar de que el horror que provoca supera a todas las historias de famosos y anónimos escritores, y a todas las historias que aún se cuentan en tertulias y sobremesas, en las que se lamentablemente comprobamos que ningún peruano ha sido ajeno a tanto horror.

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George Groddeck

Jesús Dapena Botero (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Groddeck a los pacientes que llegaban a su consulta les preguntaba, ¿por qué se ha hecho usted esto a sí mismo?, con lo cual ponía en juego la responsabilidad del ser humano en el cuidado de sí, sin embargo, fue considerado uno de los disidentes del freudismo, al que, sin embargo, Freud nunca dejaría de reconocer como su discípulo.

En 1910, a raíz de una crisis personal descubriría la obra freudiana, que lo llevaría a intentar un autoanálisis.

El primer contacto entre ambos se había dado por el año 1912, después de que Groddeck publicara una seria crítica contra el psicoanálisis, en un momento en el cual no conocía muy bien aún la obra freudiana, la cual empezaría a leer hacia 1913 y luego reestablecerían contactos ambos personajes.

Freud tomaría prestado el concepto de ello de Groddeck aunque le haría algunas modificaciones. Para éste, el ello sería una fuerza desconocida que controla a la gente y que es fuente de enfermedades, para Freud se convertiría en la fuente de las pulsiones.

Para Groddeck, el ello era una entidad proteica, en el sentido de cambiante y multiforme, la cual estaba escindida de la conciencia, era egoísta y, por tanto, no tendría consideración por lo que los otros pudieran experimentar; incluso podía ser cruel y destructiva.

La comunicación epistolar entre Freud y Groddeck empezaría en 1917 y estos personajes tendrían un reencuentro personal en 1920, en el congreso de la Haya y en ese mismo año el alemán pasaría a engrosar las filas de la Deutsche Psycoanalytische Gessellsaft, aunque nunca se integraría completamente a ella.

A lo largo de su vida estaría envuelto en un continuo activismo sociopolítico, que lo llevaría a oponerse radicalmente al nazismo, por lo que habría de salir huyendo hacia Suiza.

Groddeck asistiría a congresos y reuniones psicoanalíticos y en alguno de ellos se definiría a si mismo como un analista silvestre; sin embargo, Ferenczi quedaría muy impresionado por las ideas de este autor, con quien discutiría sus ideario sobre las técnicas del análisis activo.

Groddeck había nacido en 1866 en Alemania, diez años después de Freud y moriría en Suiza en 1934, después de huir de la Gestapo, perseguido por haber mandado un telegrama obsceno a Hitler.

Era un médico general demasiado independiente en su pensamiento, con múltiples intereses tanto filosóficos como literarios.

El doctor Groddeck había sido alumno de Schweninger, el médico personal de Bismarck, quien concebía al médico como un mero catalizador en el proceso terapéutico.

Para Groddeck, una de las grandes tareas que había de realizar el médico era discriminar en cada enfermedad que de somático y de mental podía haber en ella, para lo que había de acceder por todos los medios al ello del paciente, de tal manera que éste pudiera ser influenciado por el proceso terapéutico, en el cual incluía dietas, masajes e interpretación de los símbolos, de la resistencias a la cura y la transferencia, aunque nunca quedaría plenamente satisfecho con una respuesta diera cabal cuenta de los mecanismos íntimos que operan en el proceso curativo.

La historia de Groddeck podemos conocerla a través de sus escritos autobiográficos.

Había estudiado en la misma escuela que lo hicieran Otto Rank y Federico Nietzsche, de quien sería un gran admirador al igual que lo fuera de Johann Wolfang von Goethe, autor que tendría tanta influencia en la medicina de la época, un contexto cultural en que se privilegiaba la naturephilosophie, con toda su carga de romanticismo, la cual basaba el arte del médico en la comprensión de la experiencia.

Cuando Freud escribiera El yo y el ello para introducir su teoría estructural, no dejaría de dar créditos a Groddeck, pero siempre se cuidaría de dar a tal instancia connotaciones filosóficas o místicas.

El libro del ello del médico alemán fue considerado por el padre del psicoanálisis como una obra rica en ejemplos de lo que son fantasías inconscientes universales que aparecen en la infancia, a las que podía accederse gracias al método de la asociación libre, el reconocimiento de los símbolos y la interpretación de los sueños, ya que el sueño es la vía regia para acceder al inconsciente así éste esté destinado sólo a ser medio comprendido.

Groddeck era un hombre con una personalidad superior y llegaría a ser reconocido en toda Europa, de tal forma que pacientes de todos los países iban a consultarle tanto por sus conocimientos psicosomáticos como somáticos propiamente dichos; de ello nos hablaría en su texto La determinación psíquica y el tratamiento psicoanalítico de las enfermedades orgánicas, donde incluye ejemplos y viñetas de su práctica clínica tanto como de su autoanálisis, para dar testimonio de sus descubrimientos en torno a la relación entre enfermedades somáticas y los procesos inconscientes. Por ello, podría considerárselo un pionero de la medicina psicosomática, con base en una amplia experiencia clínica aunque su técnica en el manejo de estos pacientes se considerara poco racional y poco rigurosa, lo cual no ha dejado de generar controversias; sin embargo, su obra da cuenta de la manera como Groddeck abordaba el proceso primario, más desde la práctica, que desde una estricta formalización teórica mientras subvertía el paradigma cartesiano, con la frase: Ello piensa en mi más allá de lo que pudiera postular Descartes con su cogito; de esa manera el autor de El libro del Ello se hacía un fuerte crítico de la filosofía de la conciencia.

Así las cosas, el médico alemán reconocería la importancia de la regresión, de los deseos preedípicos, de la transferencia materna y tendría una enorme influencia en su amigo Sándor Ferenczi, Ernest Simmel, Frieda Frormm-Reichmann, Michael Balint, Jean-Bertrand Pontalis y Octave Mannoni además de influir en escritores de la talla de Lawrence Durrell, el autor de El cuarterto de Alejandría, quien pensaba que el Ello no es una cosa en sí, sino una fuente de conocimiento, una instancia en la que hierve la vida misma de los seres humanos, desde donde puede generarse la ilusión de devenir persona, de constituirse un yo.

En 1921, escribiría El investigador del alma: una novela psicoanalítica, un relato humorístico de las aventuras psicoanalíticas de Don Quijote de la Mancha, que tanto Groddeck como Freud considerarían su mejor trabajo aunque muchos lo creyeran indecente y pseudocientífico.

Con la publicación de El libro del Ello entre 1923 y 1928, Groddeck llegaría a la fama, a pesar de ser un libro sumamente personal pero orientado hacia una clínica muy espontánea y para nada convencional.

No puede dejar de desconocerse la importancia de su capacidad intuitiva, en la que usaría su propio inconsciente como un órgano perceptivo, a la manera de Theodor Reik, lo cual permite que lo inconsciente brote libremente en el proceso analítico, por lo cual, para lograrlo Groddeck aconsejaba abandonar posiciones intelectuales y todo tiempo de censura lógica, en tanto y en cuanto, era de ese tipo de analista que construye puentes para acceder a lo desconocido.

Inicialmente acudía a la hidroterapia, a dietas y masajes para irse abriendo cada vez más a una psicoterapia sugestiva, basada en la autoridad del doctor, posición que iría abandonando para ir refinando su enfoque dirigido más hacia la cura psicoanalítica de las enfermedades psicosomáticas.

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Hemingway en Cuba

Luz Marina Fornieles (Servicio Especial de la AIN. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

“Uno vive en esta isla porque en el/fresco de la mañana se trabaja/mejor y con más comodidad que/en cualquier otro sitio”.
De seguir entre nosotros, este 21 de julio Ernest Miller Hemingway (1899-1961) arribaría a los 111 años de una vida, caracterizada por una dinámica increíble y con pinceladas aventureras que casi rozan la leyenda.
Por su decisión personal él mismo interrumpió violentamente su existencia un domingo, justo 19 días antes de cumplir los 62 años, en 1961. Es así que dejó de existir un dos de julio, en Ketchum, Idaho, y en ese propio mes había nacido, pero en 1899, en Oak Park, Illinois.
Hay quien diga que su amor por la Isla no fue a primera vista y tal criterio obedece probablemente a que su incursión pionera por estos lares ocurrió en abril de 1928 y únicamente por 48 horas, cuando vino abordo del barco Anita, en tránsito hacia Cayo Hueso y contando entonces con solo 28 años.
Después retornaría una y otra vez a partir de 1932, cuando vino de pesquería, pasión que lo devoraría al igual que su afán por las cacerías en África y las corridas de toros en la península ibérica.
Sobre la pesca versó en 1933 la inicial de sus crónicas en torno a la Antilla Mayor, por la cual sintió desde entonces una simpatía que no osó eludir y mucho menos ocultar hasta el final de sus días.
En 1960 estuvo por última vez en Cuba, su residencia oficial por más de dos décadas, y país adonde él siempre regresaba y transcurrió casi la mitad de sus años útiles como escritor, oficio que le valió los Premios Pulitzer (1953) y Nobel de Literatura (1954).
Muchas de sus obras están íntimamente vinculadas a la ínsula. Unas porque fueron escritas en La Habana y otras porque muchos de sus personajes estaban sacados de la realidad cubana.
Tal fue su relación con este terruño, que en la que fuera su Finca Vigía, en San Francisco de Paula, después de su muerte, quedó instaurado un museo muy visitado hoy nacionales y extranjeros.
Desde entonces todo permanece allí, tal cual lo dejó su afamado morador. Esta nación le sirvió de sitio para crear y de escenario a alguno de sus principales textos como "Tener y no tener" 1937), "¿Por quién doblan las campanas?" (1940), "El viejo y el mar" (1952) --por la que más elogios mereció-- e "Islas en el golfo", editada póstumamente.
“Yo siempre tuve buena suerte escribiendo en Cuba”, admitió Hemingway, cuyo conocido periplo habanero lo llevó primero a radicar en el hotel Ambos Mundos, en La Habana Vieja, un buen sitio para escribir, según él, y luego a su Finca Vigía, en las afueras de la capital.
Una vez establecido en la Isla, no dejó de ser un habitual en el restaurante-bar El Floridita, donde sostuvo una estrecha e íntima relación con los cócteles cubanos a base de ron nacional. En su barra de madera dura devoraba la prensa del día y se deleitaba con el Daiquirí que el barman Constante le preparaba.
Ahora, precisamente, en el sitio donde solía ubicarse, lo recuerda perennemente una estatua suya, a tamaño natural y de alto nivel de detalles.
Sus pasos enrumbaron también hacia Cojímar, en cuyo restaurante La Terraza se hizo figura imprescindible y más que popular. Por allá conoció a Anselmo, su Santiago de “El viejo y el mar”, y por supuesto estuvo casi por siempre junto a Gregorio Fuentes, el pilar de su yate El Pilar.
Ese poblado costero, al Este de La Habana, fue mencionado en innumerables ocasiones en la obra del insigne escritor y periodista y allí mismo existe una plaza con un busto que le recuerda.
Todavía hoy no es difícil imaginarlo deambulando por sus avenidas, en unión de ese su inseparable Gregorio.
A pesar de que biografías posteriores no hagan énfasis en el tema, no hay dudas de que el paso de Hemingway por Cuba no fue de ninguna manera efímero, sino más bien inolvidable.

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