viernes, 20 de agosto de 2010

Convocatoria: “El arte del siglo XXI”

ARGENPRESS CULTURAL

Estimadas/os lectoras/es:

La presente nota no es el llamado a un concurso. No, en absoluto. Aquí no hay premios en juego, de ninguna clase. Existe, en todo caso, la oferta de verse publicado en Argenpress Cultural (no queremos decir que eso sea, sin más, un premio). Existe esa posibilidad, y quien lo desee, puede concretarlo. ¿Premio o castigo?


Bueno, como sea: la convocatoria es la siguiente. Como vemos que tenemos un número siempre creciente de colaboradoras/es que nos escriben para hacernos llegar exquisitos materiales, gracias a los cuales se hace la publicación, pensamos que podríamos concentrarnos en un tema específico para hacer un número especial.


A partir de la propuesta de un colaborador fijo y buen amigo, llamamos a quien desee participar a hacernos llegar materiales sobre la siguiente temática: “El arte del siglo XXI”.
Eso, por supuesto, es amplísimo, da para mucho.


Pues bien: así lo queremos plantear. Todo quien tenga algo que decir al respecto y quiera verse publicado en la página, puede hacernos llegar sus materiales: ¿qué es el arte de nuestro siglo?, ¿para dónde va?, ¿hay nuevas formas artísticas o no?, ¿hay una nueva estética?, etc., etc.

Quienes desearan enviarnos algo al respecto, hágalo en documentos de texto de no más de 10 páginas, hasta el día miércoles 1 de septiembre. Como dijo Julio Valle-Castillo: “Todos somos poetas hasta que se demuestre lo contrario”. Esperamos los aportes, y ¡muchas gracias desde ya!

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Manuela y Simón: “un conjuro contra la idiotez”

Daniela Saidman (Desde Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Estos dos que se amaron incendiando y encendiendo la historia de Nuestra América son espejo y reflejo del tiempo que fue y del que haremos nacer. La historia de Manuela y Simón fue durante mucho tiempo acallada por la historiografía oficial o abordada tangencialmente, sin la dimensión humana que hoy estamos redescubriendo en ellos.

Por eso, la periodista Marialcira Matute, fundadora de la Librería Mediática y TV Lecturas, integrante del Movimiento por el Periodismo Necesario, comenta entorno a la figura de estos imprescindibles de nuestra historia que “el amor de Manuela y Simón era incómodo y lo es aún para una sociedad pacata, falsa y resistente al cambio. El juntarlos es un conjuro contra la idiotez, un homenaje a la inteligencia prodigiosa de ambos que los reveló no sólo como profundos ideólogos de la americanidad sino como escritores apasionados. Su reunión material es la celebración de la valentía y el arrojo y un paso adelante en la unión amorosa de toda Nuestra América”.

Y es que ese Bolívar Libertador, padre de Patrias y hacedor de sueños, era para Manuela Sáenz, el hombre cotidiano que desvelaba sus días y también viceversa, así da fe la profunda y cálida correspondencia que durante años llevaron adelante.

Los restos simbólicos de Manuelita llegaron, provenientes de Ecuador, para entrar al Panteón Nacional acompañados de pueblo. Se trata, de reivindicar la vida de una mujer que representa un punto de inflexión en la historia independentista de toda América Latina.

El Presidente de Ecuador, Rafael Correa, orador de orden de los actos conmemorativos del 05 de julio, subrayó al referirse a los restos simbólicos de Manuela Sáenz, que “no se trata de átomos o partículas que regatean su autenticidad por un certificado forense, ¡no! La generala vive en cada ecuatoriana y ecuatoriano, en cada venezolana y venezolano amantes de la Patria que ella contribuyó a liberar y construir, igual que vive en cada panameño, colombiano, peruano, boliviano, en cada latinoamericano, en el corazón de todas y todos quienes amamos esta Patria inmensa que celebra el bicentenario de las declaraciones libertarias”.

Manuelita

Manuela Sáenz, la Libertadora del Libertador, nació en Quito, Ecuador, el 27 de diciembre de 1797 y falleció en Paita, Perú, el 23 de noviembre de 1856. Su vocación por la causa patriota y la liberación americana la llevaron desde temprano a ser ejemplo y heroína de estas tierras y todos los tiempos.

Combatiente en la Batalla de Pichincha a su regreso del Perú, recibió el grado de Teniente de Húsares del Ejército Libertador. Expuso también su vida en la Batalla de Ayacucho, bajo las órdenes del mariscal Antonio José de Sucre, participación que le valió su ascenso a coronela. El 22 de mayo de 2007, en el marco de la conmemoración de la Batalla de Pichincha el Presidente Correa le concedió a Sáenz el grado de Generala de Honor de la República de Ecuador. Y en los actos de conmemoración del 199 aniversario de la Firma del Acta de Independencia de Venezuela, se le concedió póstumamente el ascenso a Generala de División del Ejército Nacional Bolivariano de Venezuela, por su participación y actuación en la gesta independentista. Y es precisamente en este sentido, que la profesora y periodista, Ana María Hernández, indica que “la historiografía machista, en casi dos siglos no ha permitido conocer a una Manuela heroína que se ganó los títulos militares en batalla. Siempre nos presentaron la versión de ser la amante del Libertador y por eso es que lo pudo salvar de los atentados, como si el amor en plena guerra fuera sólo caricias y no acciones, ideas, compromiso de vida”.

Amorosas voces

Convocados por la pasión libertaria y amorosa de estos dos grandes de la América Mayúscula, el pueblo venezolano reconoce en el amor de Manuela y Simón la brisa que vuelve y vuela en estas tierras que guardan los ecos y los roces de la vida sembrada de esperanzas.

La entrada de Manuela Sáenz al Panteón Nacional es sin duda un acto de rebelde ternura, una manifestación más de que éstos son tiempos de cambio, en el que las viejas establecidas verdades se contraponen finalmente a las voces no menos ciertas de los pueblos silenciados durante centurias.

Por eso, el escritor y profesor de la Universidad Bolivariana del Zulia, José León, refiriendo una frase del filósofo Walter Benjamin, que dice que “ni los muertos estarán a salvo si vence el enemigo”, señalaba que al Panteón Nacional “sólo entraba la memoria, como sabemos, oficial, es decir, la que le recordaba a la Oligarquía que sus reales (sus asientos reales, quiero decir) estaban a buen resguardo. Con la llegada de Manuela (y no importa que sus restos sean declarativamente simbólicos, porque todos los "restos" lo son) se sigue abonando la tierra sagrada de la memoria”.

Memorias

Definitivamente a Manuela no podemos dejar de amarla, porque ella reivindica a la mujer, a todas las mujeres. Ella demostró con su vida las pasiones, los miedos, los cantos y esperanzas que nos habitan. Siempre será un estandarte libertario esa Manuela que ha dejado de ser el exilio eterno que esperaba, porque ahora es luz iluminando la sonrisa enamorada.

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Un siglo formando arquitectos en Perú

Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La arquitectura data de tiempos remotos. Al hablar del primer siglo de arquitectura en el Perú, sin duda encontramos valiosos antecedentes en ciudades preincas e incas, cuyos sistemáticos hallazgos siguen cautivando el interés del turismo cultural interno e internacional.

La reciente publicación del Colegio de Arquitectos, resultado de un foro de especialistas con asistencia de numeroso público, permitió ampliar el conocimiento sobre la creación y desarrollo del Primer Centenario del Centro de Estudio Superiores (1910 – 2010) como parte de la Universidad Nacional de Ingeniería.
Ese repaso y análisis posibilitó recoger antecedentes, vivencias, propuestas y los retos actuales y futuros de la Arquitectura. En efecto, el sistema universitario peruano cuenta actualmente con 36 públicas vs 35 privadas y el número de matrícula es 241 033 versus 257 083. No obstante el aumento de la oferta de universidades existe una tasa de exclusión del 77%, lo que revela un mercado potencial para nuevas universidades, y, dentro de las existentes, de nuevas carreras profesionales.

Desde la perspectiva del género, el Perú marcha aceleradamente hacia la igualdad en la matrícula, observándose que la mujer supera al hombre en eficiencia, aumenta su participación en el ingreso y el acceso al mercado laboral.

Estos y otras enfoques, pueden ser apreciados a través de esta iniciativa editorial del Comité Ejecutivo Nacional de Arquitectura, en la cual participan los prestigiados arquitectos Miguel Cruchaga, Adolfo Córdova, Oswaldo Núñez, Juan Günther, Luis Delgado Galimberti, Santiago Agurto y el Decano Javier Sota Nadal, con lapresentación de Guillermo Benvenuto.

Ellos proponen varias iniciativas desde el mejoramiento de la calidad de la formación académica, involucrando al estudiante en las ciencias humanas para hacer de la arquitectura, el arte y el urbanismo una actividad más compenetrada con el bienestar de las personas y de la sociedad.

Publicación: 100 años formando arquitectos del Perú. Código Biblioteca Nacional del Perú: 2010 - 08922. Diagramación: Juan Solano Carátula, Oswaldo Núñez. Editor Responsable: Jorge Zavaleta Alegre.


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El dos y yo, Malena

Beatriz Paganini (Desde Santa Fe, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

De chica, contadas veces iba en tranvía. Para mi era un paseo, no sólo porque en Rincón no había tranvías sino porque tener dinero para pagar el boleto y cruzar la ciudad de Santa Fe, era sino imposible, para mi, casi.
El dos, el tres, el cuatro, el cinco y el seis. Así se les nombraba a las cinco líneas que recorrían la ciudad uniendo los barrios.
Un boleto comprendía un viaje directo en la misma línea y el mismo tranvía.
También los había en “combinación”. Estos costaban unas monedas más pero se podían tomar dos líneas que unían distintas zonas barriales.
Sólo una vez tomamos el dos en combinación con el seis, en oportunidad de ir a un velatorio que se efectuaba en el local que la Municipalidad tenía entre las calles Primera Junta y San José, justo en la esquina.
Allí llegamos con todo el grado, la maestra y una portera. Despedíamos a Lautaro, nuestro compañero de quinto que había fallecido.
En un solo día participé de dos ceremonias:
La ceremonia del tranvía con el boleto combinado y, la ceremonia de la última despedida antes de cerrar el ataúd.
¿En que consistieron?
a) El “combinado”, nos llevó con el Dos por calle Salta y, al llegar a Avenida Freyre, debimos bajar y subirnos al SEIS que ya nos estaba esperando, detenido, sobre el ancho paseo central de la avenida.
Recorrió cuatro calles hasta llegar a Rioja y allí dobló hacia el oeste hasta llegar a San José, donde volvió a doblar y nos bajamos en Primera Junta.
b) El cierre del ataúd fue muy impactante para nuestros diez u once años de edad. Lloramos al ver como la mamá besaba y acariciaba a Lautaro.
Fue una escena tan triste como inesperadamente cruel.
Salimos del salón con la cruda realidad aún lastimándonos los ojos.
Cruzamos la esquina y vimos que el SEIS venía por la misma calle y la misma vía.
¡Pero en sentido contrario!
Es decir, llegamos al velatorio recorriendo calle San José de norte a sur y, volvimos por calle San José de sur a norte.
Luego, otra vez Rioja y, doblando, tomó Avenida Freyre y nos dejó en la misma esquina donde lo habíamos tomado al bajar del DOS.
Esa vez, tuvimos que esperar aunque no fue en vano.
Vimos otra ceremonia, ahora con la explicación de la maestra quien nos dijo el nombre de la imponente vara de metal terminada en una rueda que debía enganchar en el ancho cable de energía eléctrica que alimentaba el movimiento del tranvía, se llamaba troley y, el motorman lo cambiaba de lugar con un mágico paso de atrás a adelante o de adelante a atrás, según fuera el viaje a seguir.
Pasaron tres o cuatro años y, el DOS, volvió a formar parte de mi vida diaria.
Ingresé en la Escuela Normal que estaba en calle Saavedra entre Moreno y Buenos Aires (ahora calle Monseñor Zaspe).
¡Cómo iba a imaginar, que años después, allí ejercería como profesora de francés!
Diariamente, de lunes a viernes, subía en la parada de la costanera. Así se le decía a la terminación del recorrido. Al volver por Boulevard Gálvez, indefectiblemente pasaba frente al chalet de los Quintana.
En una oportunidad escuché decir a unos alumnos del Normal, que dicho chalet, era como un palacio por dentro por los lujos que tenía. El dueño era padre de siete hijos y cada uno tenía un sirviente que lo atendía.
_ ¿Sirvientes? ¡No sean brutos!- opinó uno que parecía de cuarto año- son niñeras que están a cargo de la ropa y del cuidado de cada hijo.
_ ¿A si? ¿Y vos porqué estás tan seguro?- preguntó otro del grupo.

_ Porque un compañero de quinto, es vecino, lo dijo en una oportunidad. A cada uno lo cuida una niñera o mucama y también tienen instructores particulares.
El silencio duró más o menos una cuadra del recorrido, quizás el tiempo que le llevó al bullicioso grupo asimilar el inusitado relato.
Más de una vez, cuando pasaba frente al chalet, yo miraba tratando de identificar a algunos de los niños ricos o a las mucamas, pero nunca vi nada en particular.

Páginas de la novela:”El chalet de los Quintana” de Beatriz Paganini.

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Diálogos de viajes en un café italiano

Edgar Borges (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Gijón. Noche de verano. Tiempo de paseos; vecinos y turistas van y vienen. Andamos por la plazuela de San Miguel; Alicia me propone entrar a un café italiano y yo acepto comprendiendo su pasión por asociar los locales (por su forma o identidad) con los libros que estudio. Por estos días desarrollo un trabajo sobre la obra “El infinito viajar” del escritor italiano Claudio Magris.

El negocio, como la zona, tiene muchos visitantes; no es fácil conseguir mesa. La camarera nos invita a esperar un poco; una pareja de chicas (parecen italianas o comienzo a multiplicar la intención de Alicia) nos ofrece compartir su mesa; aceptamos; donde caben dos caben cuatro; las mesas del local son cómodas para darle espacio a cuatro sillas. Sonrisas y cada quien atiende a su pareja. Alicia me pregunta por mi trabajo; yo le digo que el libro de Magris recopila una serie de textos de viaje; el autor revisa la odisea circular de Ulises y la travesía moderna que desde Nietzsche propone una línea titubeante hacia la nada. No obstante, agrego, me llama la atención una idea que se asoma en distintas páginas del libro: “…se parte de casa, se atraviesa el mundo y se vuelve a casa, si bien a una casa muy diferente de la que se dejó, porque ha adquirido significado gracias a la partida, a la escisión originaria. Ulises vuelve a Ítaca, pero Ítaca no sería tal si él no la hubiera abandonado para ir a la guerra de Troya, si no hubiese quebrado los vínculos entrañables e inmediatos con ella para poderla reencontrar con mayor autenticidad”. Silencio (también en la pareja vecina), creo que hablé demasiado; Alicia observa la calle. Poco después dice que en cierta forma todos nos volvemos extranjeros la primera vez que salimos de casa, o del vientre, puntualiza la chica que está sentada a mi lado (efectivamente, es italiana) y pide disculpas por la intromisión. Muy cierto lo que dices, asegura Alicia, al salir al mundo ya nos hacemos extranjeros. Y, en su proceso de contemplación, Alicia se pregunta ¿qué cambiará más cuando todos los visitantes partan de la región, Gijón o la casa de ellos? La segunda de las jóvenes incorpora una tercera posibilidad: o quizá quienes cambien sean ellos (Escribe Claudio Magris que “Lo conocido y lo familiar continuamente redescubiertos y enriquecidos, son la premisa del encuentro, la seducción y la aventura; la vigésima o centésima vez que se habla con un amigo o se hace el amor con una persona amada son infinitamente más intensas que la primera. Esto vale también para los lugares; el viaje más fascinador es un regreso, una odisea, y los lugares del recorrido acostumbrado, los microcosmos cotidianos atravesados durante años y años, son un desafío ulisiano”).

Entre expressos italianos (la crema llama) y cervezas, las tres mujeres lanzan palabras al laberinto abierto por Alicia, mientras yo pienso en lo que cuenta Magris sobre la perspectiva del viajero. “Dante decía que bebiendo el agua del Amo había aprendido a querer con fuerza a Florencia, pero que para nosotros la patria es el mundo como para los peces el mar… Viajar enseña el desarraigo, a sentirse siempre extranjeros en la vida, incluso en casa, pero sentirse extranjero entre extranjeros acaso sea la única manera de ser verdaderamente hermanos”. Ahora soy yo quien observa la calle; en la plazuela de San Miguel un cuarteto interpreta jazz. Una “energía de mundo” recorre las aceras, entra al local y baila con el verbo de mis tres compañeras de mesa. “¿Dónde está la frontera?”, pregunta Saramago en el confín entre España y Portugal a los peces que, en el mismo río, según se deslicen por una orilla u otra nadan ora en el Duero, ora en el Douro.

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Diles no

Erasmo Magoulas (Desde Canadá. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

A mi hermano Pirucho Duizeide

Cuando los americanos te brinden su ayuda
Diles no
Con esa ayuda vendrá
El veneno de un animal desconocido
El odio
La delación
La muerte
El soborno
La traición
El hambre y la sed
La tortura de precisión quirúrgica
El desprecio
El olvido y la desaparición
No te acordarás de tus hijos
Y tus padres no te reconocerán
Traerán el racismo crudo del sur de los Apalaches
O el enmascarado
En el solemne discurso de la academia bostoniana
Su superioridad moral
La mentira y toda su gama
De artificios para el engaño
Los idiomas todos
Serán envenenados
No te asesinarán
Tu cuerpo será contabilizado
Como otro daño colateral
El animal americano
Diles no
Vendrán a ayudarte con la 82 División aerotransportada
Y entonces sabrás de qué se trata su ayuda
Cuando estés razonablemente ayudado
Vendrán a ofrecerte soporte técnico-financiero
Unos hombres vestidos con la sonrisa de la Coca-Cola
Diles no
Traerán en sus portafolios los vericuetos jurídicos
Para el fraude y la estafa
En tan sólo horas verás tus ríos secarse
Y tus pájaros no podrán volar
Por el aciago arsénico que trae el progreso que te ofrecen
Diles no
Las abejas obreras dejarán de trabajar
Exhaustas por la niebla americana del 2-4-5 T y el Round Up
Comprenderás que el sol aún puro y noble como tu hermano
No es suficiente y no podrá ayudarte
El agua
La tierra
El aire
Ya se doblegaron
Y entonces vendrá el hambre
La desesperación y la huida a ninguna parte
En tu calamidad estarán presentes los americanos
Para brindarte más ayuda
Diles no
Si te rebelas ante la adversidad
Te volverán a ayudar con la 82 aerotransportada
Diles no
Porque esta vez como en la primera
Vendrán arrastrando la sangre y el dolor
Que el abuelo Custer y su Séptimo de Caballería
Les arrancaron al cheyenee Black Kettle y a todo su pueblo
Y tú serás el próximo Black Kettle
Diles no
Vendrán con sus manos
Levantando las cabezas cercenadas de los tagalos
Colgando como racimos violáceos
Sus trofeos
Vendrán los nietos de Arthur MacArthur
El gran cosechador de cabezas filipinas
Cualquier mínima dosis de lógica
Te indicará
Que ahora vienen por la tuya
Diles no
Vendrán a instruirte con sus historias de la Seguridad Nacional
A salvarte de posibles intromisiones extranjeras
A protegerte de la barbarie del colectivismo
A sugerirte que la violencia es mala consejera
A refrescarte el concepto de libertad
Y a que no te olvides que a Mamá Yunai
O como la llaman ellos The United Fruit Company
No se la toca
Diles no
Vendrán los hermanos Dulles casta de criminales
Para borrar de la faz de tu tierra
Cualquier vestigio de primavera
Diles no
Vienen con el látigo escondido
Para señalarte el camino de las plantaciones
La próxima espalda marcada podría ser la tuya
Diles no
Vienen con planes preparados en el Salón Oval
Cuando respirabas libre el aire puro de tus Andes
Y tus niños disfrutaban la copa de leche en sus escuelas
Sus planes hablaban de libertad
La libertad que les habías arrebatado
De empujarte nuevamente al socavón
Diles no
Vienen para una cacería
Vienen a emular a sus ídolos del terror
Vienen a reconcentrar en campos de exterminio
Al hermoso Victor hijo de tu Patria
Diles no
Vienen Kissinger y Friedman
Que no saben de canciones o de copas de leche
Y tu pequeño hijo (ese que acaricia la guitarra)
Puede ser el de las próximas manos cercenadas
Diles no
Cuando sus embajadores te quieran aconsejar
Diles no
Cuando algún compatriota les preste su oído
No cuentes con él
Diles no
Cuando te hablen de orden y armonía social
Prepárate para la defensa
Sincroniza la organización
Haz inquebrantable la unidad
Vendrán como una jauría
No contemplarán fronteras
Las callecitas de tu gran ciudad
Dejarán de tener ese misterio desconcertante
Para convertirse en pasillos
Donde un vecino y un compañero de trabajo
Ayer desaparecieron
Esta noche pueden venir por ti
Diles no
Vienen por la Quinta Frontera
Para arrestar a su antiguo colaborador
En negocios de armas y cocaína
Diles no
Vienen presurosos a salvarte del tirano
Te traen deseos de Merry Christmas
En medio de sus fuegos arficiales
Pregúntales a los fantasmas del Chorrillo
Esos que se esconden tras cartones y hojalatas
Los beneficios del navideño showbizz americano
Diles no
Si todavía tienes alguna intención
De no volverte una mancha oscura
Vaporizada sobre una pared
Diles no
Ahora te explicaré como es eso de decirles no
Mira tienes que conjurar en ese no
La resistencia de varias generaciones
De nada vale un no solitario
El ilusionismo y las apariencias juegan a favor de los americanos
Ellos son grandes maestros de la magia
De un lustroso sombrero de copa
Sacan las irrefutables pruebas
Los mapas
La brújula
El sextante
Un conejo peligroso para la paz mundial
La audiencia repite
“Un conejo peligroso para la paz mundial”
Diles no
Su compañía de espectáculos
Tiene hechiceros negros
Y taumaturgos orientales
Magos e ilusionistas caucásicos
Transformistas
Equilibristas
Y saltimbanquis
Diles no
Por ejemplo el no vietnamita los humilló hasta vencerlos
Ese no rotundo de 200 kilos se cargó en bicicletas chinas
Fue un no de millones de toneladas
Un no que cruzó ciénagas
Partió montañas
Acarició selvas con la ternura obstinada
De las hormigas
Caravana de milicias indestructibles
Debe ser el no de Nguyen Van Troi
Un no visceral que termine
Con la pretensión americana de ayudarte
Déjame darte otro ejemplo
No quiero que luego digas
Que te la pongo difícil
Ese no también puede ser escrito
Hay una tinta numerosa
Hay una tinta indeleble
Hay una tinta que grita entre los escombros
Para salvar la Patria y la salva
La metralla no da tiempo
Debes ser conciso
Un discurso que resuma todas las batallas
Un no que aniquile todas las dudas
Agigantado con la sangre
Vertical y poderoso
Una clave
Un nombre
Que salga de tu costado ametrallado
En los días de Girón
El no del miliciano Eduardo García Delgado
Fidel

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A propósito del libro “Teoría y práctica del pensamiento Latinoamericano”, del filósofo Arturo Roig. (F.C.E., México, 1981)

Rudy Catoni

En el mismo párrafo inicial de la Introducción al texto de Arturo Roig, se encuentra una de las claves para iniciar la senda que nos conducirá a un nuevo modo de entender lo filosófico, desde una perspectiva Suramericana. Afirma Roig: “La filosofía se caracteriza por ser un tipo de pensamiento que se cuestiona a sí mismo…”. “En cuanto crítica, la filosofía supone además una filosofía de la filosofía”. Y es justamente en este punto donde Roig comienza el giro conceptual, pues lo crítico es entendido no sólo desde una perspectiva epistemológica, es decir, no nos quedamos sólo a nivel del conocimiento, sino que también se tiene en cuenta al “sujeto” que conoce. Para sostener este argumento, Roig rescata dos enunciados kantianos, un dice que “es necesario evitar todo juicio trascendente de la razón pura”, pero el otro aconseja “elevarnos hasta conceptos que estén dados fuera del uso empírico de la razón”. El primer enunciado refiere a los juicios sintéticos a priori, que como sabemos, son del tipo formal lógico o epistemológico, el segundo enunciado supone otro tipo de a priori, distinto, de carácter antropológico.
Por otra parte, la filosofía es entendida como una práctica y el hecho que sea práctica surge de la presencia del a priori antropológico, entendiendo así a la filosofía como “saber de vida” más que como “saber científico”. Es aquí cuando Roig enlaza estos enunciados kantianos con el pensamiento de Hegel, donde éste en su “Introducción a la Historia de la Filosofía” plantea que la filosofía tiene su comienzo concreto, es decir, histórico, cuando el sujeto que filosofa se tenga a sí mismo como valioso absolutamente, y esto no implica caer en la mera subjetividad, ya que el sujeto lo es en la medida que se reconoce a sí mismo en lo universal, y además porque necesita de la forma concreta de un pueblo.
Más claro aún, este sujeto que se afirma como valioso, no es un sujeto singular sino plural, pues las categorías de “mundo” y de “pueblo” refieren en él, es decir, en este sujeto, a una universalidad sólo posible desde una pluralidad. De allí que Roig interpreta el a priori antropológico en Hegel como un no sólo “querernos a nosotros mismos como valiosos”, sino también un “tener como valioso el conocernos a nosotros mismos”.
Así entendido este comienzo concreto de la filosofía para Hegel, deja de ser un dato meramente histórico para plantearnos más bien las condiciones para dicho comienzo, y éste resultaría mejor expresado, un re-comienzo, donde fundamentalmente nos remite al a priori antropológico. Quiere decir que el a priori antropológico es el acto de un sujeto empírico que lo diferencia, como dijimos, del a priori formal-lógico de tipo kantiano y que nos lleva al concepto del filosofar como función de la vida, en tanto que la vida humana no es algo dado, sino algo por hacerse, por parte de quien va viviendo.
Entonces, este a priori no supone un sujeto puro de conocimiento, sino de otra comprensión de la sujetividad, que dará la forma que hemos de darnos para poder realizar la vida y ejercer la filosofía en otros términos, es decir, para constituirnos como sujetos filosofantes y este filosofar entendido en su naturaleza de saber histórico, enraizado en una sujetividad cuya categoría básica es la temporalidad en cuanto historicidad.
Otro aspecto para destacar en la crítica al concepto tradicional de la filosofía por parte de Roig, es el hecho que este modo diferente de pensamiento entiende a la filosofía como un saber auroral y no como el saber vespertino del pensamiento clásico, o sea, de un saber de lo acontecido. En cambio este otro filosofar como matutino o auroral, da al sujeto una participación creadora, lo coloca en una actitud de denuncia de un presente y de anuncio de un futuro. Desde este punto de vista hay que entender el historicismo en Roig, es decir, reconocer al hombre como actor y autor de su propia historia.

De la afirmación de Hegel, de ponernos a nosotros mismos como valiosos, partimos, en otros términos, que no hay comienzo de la filosofía sin la constitución de un sujeto. Ahora bien, este sujeto pensante no es un sujeto pensante puro al estilo del “yo” cartesiano, sino un sujeto empírico. Esta empiricidad se explica por el hecho de que todo hombre se define por su historicidad y esto implica la existencia de una conciencia histórica, dicho de otro modo, de una experiencia de sí mismo, que es posible si se da primero una potencia o capacidad de experiencia, no en el sentido de haber elaborado cierta experiencia sino que es capaz de hacerlo. Es así que el valor concreto, o empírico, se manifiesta en el hecho de que el acto originario de autoafirmación, a partir del cual el hombre se constituye como sujeto, es básicamente valorativo, es decir, aquí lo axiológico se antepone a lo gnoseológico, o mejor aún, lo posibilita, por cuanto el hombre como sujeto constituido hace nacer al mundo como objeto. Si esto no fuera así, el no existir la sujetividad, significaría que el hombre estaría sumergido en una realidad que lo absorbe y que le impediría poder verla “desde fuera”.
Merece una aclaración puntual el tema del sujeto empírico, ya que esta empiricidad de la cual habla Roig, no confunde sujetividad con subjetividad, fundamentalmente porque cuando anteriormente decíamos que la filosofía tiene su inicio concreto con la constitución del sujeto y que este sujeto filosofante “exige un pueblo”, ambos términos son equivalentes, es decir, nos estamos refiriendo a un sujeto integrado a una totalidad social, por eso dijimos también que no es un “yo” sino un “nosotros”, y esto “supone un principio fáctico de universalidad”(…) “Dicho en otros términos, así como no hay objetividad sin sujetividad, tampoco hay individualidad sin universalidad”.
Nuestra tesis, con respecto a los distintos conceptos que desarrolla Roig para elaborar su teoría del pensamiento Suramericano, es que la noción de sujetividad es la que mejor define este sujeto social-histórico, que se torna autoconciente y en acto de comunicación con otro, generando un “nosotros” que lo comunica con una pretensión de universalidad, de tal modo que nos lleva a considerarla como una categoría fundante, pues es a partir del sujeto empírico donde se planteará el “comienzo” del filosofar, y esta filosofía que surge es la de un sujeto que “no quiere “hacer” filosofía, sino “su” filosofía, o mejor “nuestra filosofía”….
Instalado en la Introducción de Hegel a sus Lecciones de Historia de la filosofía, y también en la Fenomenología del Espíritu, Roig rescatará del filósofo alemán, justamente esta idea del “comienzo” alrededor de la noción de sujeto. Si bien es amplio y detallado el análisis que Roig hace del pensamiento de Hegel, nosotros nos centraremos en el punto de las etapas de concientización del hombre, pues siguiendo nuestra tesis, allí se encuentra otro elemento nodal para el fundamento de la idea de sujetividad, en este caso, recurriendo a los aportes recuperados del pensamiento hegeliano.
Esas etapas o momentos en la historia de la conciencia, según Hegel, son, el de la conciencia o del “en sí”, el de la autoconciencia o del “para sí” y el de razón o del “en sí y para sí”, siendo esta última la que reúne dialécticamente a las dos anteriores. No vamos a especificar cada una de estas etapas en Hegel, que Roig realiza muy claramente, sino que vamos a focalizar la crítica que nuestro autor señala al ontologismo de Hegel con lo cual, según su razonar, echa por la borda todo el esfuerzo realizando antes para introducir al hombre en la historia y que se desvía en la instancia final absorbido por el Espíritu Universal (o etapa de la razón).
Vamos a intentar ser más claros en este punto: Roig se sitúa en el momento anterior a la razón, es decir, en el de la autoconciencia, donde el hombre se descubre a sí mismo como sujeto, y por ende, en oposición al mundo, o mejor aún, donde ubica a la naturaleza como objeto y le permite incorporarla en lo histórico. Ahora bien, según Hegel, la autoconciencia sólo alcanza su satisfacción en otra autoconciencia, por lo tanto, la etapa de la conciencia del “para sí” implica necesariamente una relación con “otro”, y es este “otro” el que permite el acto del reconocimiento sin el cual no hay autoconciencia posible.

De aquí partirá Hegel luego para explicitar su teoría de la dialéctica de la historia, pasando por la contraposición del señor y el siervo, o el amo y el esclavo, o el acto de dominio a través del concepto de trabajo, y que Roig marcará el punto final de este proceso -que es el que nos interesa para nuestro análisis-, en el hecho de que estos conceptos fecundos terminarán siendo desplazados de un sujeto a otro, diríamos aquí del “siervo o el esclavo” al “Espíritu Absoluto”, de tal modo que la causa ontologizante termina siempre transmutando el tan fértil significado de estos términos.

Para una teoría sobre el filosofar Suramericano, lo grave de este planteo es que la noción de Espíritu implica previamente considerar la noción de potencia que es ya a su vez acto, y esto referido al hombre occidental, es decir, al hombre europeo, pero referido en particular al hombre africano o al hombre americano esta potencia se resuelve en impotencia, pues estos hombres no tienen, según Hegel, acceso al soplo mítico del Espíritu. Como culminación de esta problemática, Roig marcará “las dos tendencias constantes del pensar hegeliano: una de ellas, la exigencia de tener en cuenta de modo permanente lo social-histórico, y la otra, la de encontrar una fundamentación de ese primer nivel en lo ontológico”.
Con respecto a las etapas o momentos de la afirmación de la conciencia, le sirven a Hegel, según nuestro autor, para determinar que la filosofía no tiene un “comienzo” sino que deberíamos hablar de re-comienzos, es decir, la filosofía entendida como un continuo hacerse, donde es imposible concebir el filosofar fuera de la condición social del hombre, por eso considerando a la filosofía como “sujeto”, es éste sujeto el que “exige un pueblo”. Pero aquí Roig marca la diferencia con el pensar hegeliano, pues del sujeto que nosotros hablamos es un sujeto que no está considerado como mediación de otro sujeto, tesis fundamental en la explicación del proceso dialéctico y ontologizante, a través del concepto de Espíritu Universal planteado por Hegel, y que niega la posibilidad del sujeto real-histórico-social-político.
Dijimos anteriormente que la sujetividad no se resuelve en subjetividad, y no solamente eso, sino que la misma es origen de la objetividad, y aquella no es sin ésta. De allí la importancia de comprender que el hecho de la conformación del hombre como sujeto debe ser interpretado como anterior a toda función del filosofar, por lo cual, el a priori antropológico tiene su raíz en la conciencia histórica, es decir, en la experiencia propia del hombre en cuanto tal, y que esto lo podemos especificar en todas las etapas históricas y en todas las culturas.
Este es un punto central del pensamiento de Roig, pues de esta relación sujeto-objeto y de la elaboración de esta objetividad, va a depender que el discurso que se formule nos llevará a una visión del mundo con un sentido opresor –“filosofía de la conciencia”, del “cogito”, del “sujeto trascendental” kantiano, del “Espíritu Universal” hegeliano-, en síntesis, la visión del pensamiento euroéntrico, o con un sentido liberador –“filosofía de la denuncia” (o de “sospecha”), apertura a la filosofía entendida no como filosofía de la libertad (Hegel) sino como “filosofía para la liberación”- que será el punto de apoyo para diferenciar aquellas dicotomías que surgen entre la sujetividad y la objetividad, entre el mundo objetivo y la realidad, entre lo discursivo y lo extradiscursivo, entre el espíritu y el cuerpo, entre el ser y el tener.
No obstante podríamos insinuar, en este vasto desarrollo, pero medianamente hilvanado del filósofo argentino, dos aspectos, planteados a modo de interrogantes más que como crítica. El primero hace a la cuestión de la línea histórico-conceptual que marca con respecto a los que él llama los filósofos de la “denuncia”, y que encuadra en las figuras de Nietsche, Marx y Freud, y a quien nosotros creemos ha obviado a Heidegger, en cuanto éste representa justamente un pensamiento medular y crítico con respecto a la filosofía anclada en la metafísica, entendida ésta como lo expone Enrique Dussel como “pensamiento de la totalidad” y esta totalidad ensambla sugestivamente con lo que Roig llama filosofía de la “conciencia”.
El segundo aspecto se refiere a la crítica que nuestro autor hace a los procesos de ruptura, que al entender hegeliano, da origen a nueva etapa del Espíritu, o mejor expresado, al inicio de una nueva etapa histórica interpretada por la filosofía como saber de lo acontecido. Desde aquí surgirá esta nueva visión de la filosofía como saber auroral –saber del presente y anuncio de un futuro- adelantada por Roig. Nosotros pensamos que la ruptura también se produce en el estadio de lo auroral, pues paradójicamente la filosofía de la liberación, como expresión más prístina del filosofar Suramericano, surge como -y representa- un pensamiento de ruptura con la tradición del saber colonizado. Si bien no necesariamente caemos envueltos en el vaivén dialéctico, pero sí no nos escapamos de la historicidad, a la que apunta Roig, y es esta historicidad, la del sujeto social-político, la que nos está marcando un proceso de quiebre, de una sociedad decadente y dominada, al paso de una sociedad conciente de sí y liberada, pero la ruptura, como hecho, como facticidad, repetimos, se nos presenta como un fenómeno insoslayable.
Con lo expuesto hasta aquí, podemos afirmar entonces, que las ideas fundamentales, a nuestro criterio, que nos sirven de guía para entender el pensar roigeano, son como punto de partida el a priori antropológico, esta idea a su vez nos lleva a la de sujeto y en tanto que este sujeto es un sujeto plural a la noción de sujetividad como categoría fundante de un nuevo modo de entender la filosofía, y esta sujetividad nos da la apertura a la comprensión del nosotros, por cuanto el “ponernos para nosotros” (el “para sí” rescatado de Hegel) nos permite valer simplemente para nosotros.
Así entendido, este sujeto que ha tomado conciencia histórica, como lo expusimos con Hegel, cuando nos referimos al paso del “en sí” al “para sí”, es decir, el sujeto autoconciente, le permite poder ingresar a la historia, ser parte de la historia. Por eso hablamos de un re-comienzo de la filosofía, que a partir de un saber situado, de un sujeto que no es singular sino plural, por lo cual necesita de un pueblo, y como tal “podría significar la apertura hacia una filosofía verdaderamente mundial de la liberación”.

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El agosto de Cesare Pavese

Pedro Antonio Curto (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Un sábado de agosto de 1950 el escritor italiano Cesare Pavese entraba en una habitación del hotel Roma de Turín para acudir a una cita esperada y abrazar a una de sus amantes más fieles; se quitaba la vida con seis sobres de somníferos. Una idea, la del suicidio, que se repite en sus diarios y esta presente en alguna de sus obras, así se suicida uno de los protagonistas de su novela “Entre mujeres solas”. Es un parte más del concepto de “destino” que él tenía. La mitología del suceso cuenta que llamó a tres mujeres antes de dar el paso, aunque como dicen unos versos de Leopoldo María Panero quizás no llamó a nadie pues a nadie había a quien llamar. Porque la soledad más profunda y dura es la conciencia de estar solo, en la cual Pavese buceaba en los mares más ocultos. Y es que la soledad era uno de sus temas literarios y vitales, una soledad que no llegó a dominar o no quiso aventurarse a luchar contra ella, su obra, como él mismo confiesa, no es más que el esfuerzo continuo por quebrar esa soledad y lograr la comunicación intensa y profunda con los demás. En esa búsqueda crea su teoría del mito, su poética y su estilo, llegando a lo que llama “realidad simbólica”.

Acaba de publicarse por primera vez traducida al castellano la novela “Camino de sangre”, libro póstumo que aporta nuevas visiones a la obra pavesiana. Escrito a cuatro manos con la autora y psicoterapeuta italiana Blanca Garufi, se trata de un curioso experimento literario. Basada en dos personajes, Giovanni y Silvia, nos relatan desde un monologo interior una misma historia, pero construida a partir de las sensaciones y cosmovisiones que cada autor aporta al personaje que de alguna forma encarna. Autor y personaje se fusionan en una conciencia del ser que sirve para ir construyendo sus sensaciones y sentimientos, sus valores, al mismo tiempo que discurre la narración. Sin obviar la parte autobiográfica, no tanto en lo concreto, como en lo simbólico.

Estamos ante un juego de espejos, donde descubrimos al Giovanni visto por sí mismo y al Giovanni visto por ella, de a la misma forma que a la Silvia vista por sí misma y a la Silvia vista por él. Se muestran dos de los mitos que son parte fundamental en su creación: el yo como personaje, la búsqueda de la identidad propia y el mito de la mujer. En su obra la mujer tiene un papel principal, y la presencia de su fuerza está sobre todo en un poder oculto, en lo que tiene de enigma y extrañamiento ante la mirada masculina. Así Pavese crea mujeres lejanas e indiferentes que se parecen bastante a sí mismas y en ellas el misterio es más fuerte e intangible. En “Camino de sangre” Giovanni nos va dibujando a una Silvia concreta pero que trasciende de la propia Silvia: “Porque desde muchacho supe siempre que encontraría una Silvia y que lloraría y me pelearía con ella. Ahora me parecía imposible que alguna vez hubiese podido creer en otra mirada y en otra boca, aunque ya en los días más sangrantes de aquel verano advertí que aquellas que la habían antecedido no habían hecho sino anunciarla. (...)Y la Silvia que había extirpado de mí y ahora era realidad, con toda su aparente emancipación, una cosa salvaje, hecha de sangre y sexo.” Aquí la presencia de Blanca Garufi ejerce de contrapeso a la visión pavesiana, es una mujer que adquiere una personalidad e identidad propia: “Y de repente supe cómo era, lo supe en aquel trastorno, como una ciega en un mundo que ve, supe lo que nunca había sido, en qué me diferenciaba.” A través de la confrontación entre los personajes nos adentramos en unos mundos masculinos y femeninos que buscan lograr la comprensión y la comunicación con el “mito” de los demás, y así, la universalidad. Uno de los aspectos que más interesantes y trascendentales de la obra pavesiana.

Unos meses antes de quitarse la vida, Cesare Pavese recibía el premio Strega, uno de los más valorados de las letras italianas. He observado una fotografía donde se le hace entrega de ese premio; con las gafas ligeramente caídas por su nariz afilada y las cejas arqueadas en un gesto de ironía o escepticismo, con una media sonrisa que no llega a hacerse plena frente a la alegría que muestra la mujer que le entrega el galardón. Quizás porque la literatura, para el escritor italiano, iba más allá que esos galardones, incluso son contradictorios con la habitación oscura y solitaria donde la creación se produce. Es significativo ese gesto en la cumbre del éxito, pues como dijo mucho después el escritor holandés Cees Nooteboom: “La victoria no es nada. La victoria no deja huella, es una satisfacción pasajera. La vida es derrota.” Eso lo sabía Pavese pues la llevaba en su interior desde muy pronto, con una parte de ella estaba construida su obra, donde la saludó muchas veces: “Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.”

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¿Fernando González filósofo?

Alberto Restrepo González

A 105 años de su nacimiento y a 36 de su muerte, entre rechazos enconados, adhesiones incondicionales y crítica inteligente y profundizadora, se sigue discutiendo si Fernando González fue un auténtico filósofo y su obra una verdadera filosofía.

Para unos, González no pasa de ser un repentista sonreído, que por su abierto desenfado, su originalidad expresiva y su entrañable vinculación al terruño nativo debe ser situado entre los humoristas terrígenos, al lado de Arango Villegas y Luis Donoso.

Para otros, es un hipócrita que encubre las fuentes de donde copia lo que hace pasar por pensamiento propio, tal como, según alguno de ellos, sucede con Mauricio Barrés, jefe de la Acción Francesa y autor de La trilogía del yo, a quien González detestó siempre.

Frecuentemente se lo califica de resentido sin causa que, poseído de un desequilibrio inconsciente, probablemente de origen edípico, todo lo critica irresponsablemente, hasta convertirse en un panfletario desequilibrado, injusto e inmoral.

Para los gacetilleros políticos, nunca pasó de ser un mal político o un político frustrado, cuya obra se agota en la lucha contra el establecimiento oficial liberal-conservador, al que detesta y por el que es detestado absolutamente.

Para muchos esnobistas extranjerizantes, no pasó de ser un personaje provinciano, sin vuelo ni altura: un brujo de trópico, el brujo de Otraparte, embelesado con sus mitos y ensalmos, magnificados como filosofía por el fanatismo de sus epígonos.

Para algunos críticos literarios, se trata de un creador de caracteres, como el maestro Manjarrés, el abogado don Mirócletes y el tragicómico Padre Elías, que logra páginas de alto mérito estilístico, como los himnos de El Remordimiento, y la invocación a los padres indígenas, en Mi Compadre.

Para no pocos, es un psicólogo introspectivo, dotado de un poder no común entre nosotros para el autoanálisis, a lo que, a fin de cuentas, se reduce su obra, búsqueda sincera de sí a través de sí mismo y de los fenómenos.

Muchos de sus críticos y analistas ven en su vida y en su obra la aventura y el testimonio, sinceros y profundos, de una auténtica experiencia mística, vivencia suya fundamental, donde radica su ruptura con el universo filosófico, estrictamente racional.

Los dómines de la filosofía racional-conceptual cartesiana y postcartesiana lo califican de intuicionista, carente de rigor conceptual, analítico y dialéctico, que no pasa de expresar simbólicamente un universo intimista, emocional y vivencial, absolutamente ajeno a la naturaleza del auténtico quehacer filosófico.

Un puñado de gente, que en lugar de darse a opinar sobre lo que no conoce ni entiende se ha entregado a estudiar seria y sistemáticamente la obra de González, piensa que ésta no se agota en la filosofía, pero es filosóficamente válida.

Este repaso de la amplia gama de opiniones contradictorias induce una elemental conclusión: generalmente mirada y juzgada desde el apasionamiento despertado por un acercamiento preconcebido, fragmentario o superficial, la obra de Fernando González está por conocerse y estudiarse.

La respuesta a la pregunta por el carácter filosófico de la obra de Fernando González debe estar precedida por una concatenación de proposiciones condicionales:

Si la filosofía de la intuición es inválida, González no hizo filosofía. Si la filosofía de la intuición es válida, la obra de González constituye una auténtica filosofía de la intuición.

Si la lógica de la filosofía tiene que ser racional-conceptual, enunciable a través de juicios, y reductible a lógica matemática, evidentemente González no realizó obra filosófica alguna. Si la lógica vital, es decir, el ritmo vital que preside los dinamismos de la vida, es lógica filosófica válida, ciertamente González desarrolló una filosofía vivencial, desde la lógica del ritmo vital.

Si el esfuerzo por patentizar las raíces instintivas y pasionales del pensamiento y la experiencia de la realidad trascendental es filosóficamente inválido, González no filosofó. Si la filosofía integra la vida, la instintividad, el drama existencial y las exigencias axiológicas y místicas, la filosofía gonzaliana de Los viajes o de las presencias, constituye una filosofía seria.

Si la búsqueda filosófica se reduce a reflexionar sobre el universo fenoménico o a establecer la validez lógica del lenguaje, es claro que González no hizo filosofía. Si la búsqueda filosófica es el empeño por trascender lo fenoménico hasta llegar a lo metafísico, esencial o nouménico, que decía Kant, la obra de González es auténticamente filosófica.

Si la dialéctica de las vivencias pasionales, conceptuales y espirituales, es filosóficamente inválida, no hay duda posible de que González jamás hizo filosofía. Si la dialéctica realizada como viaje pasional - viaje mental - viaje espiritual es filosóficamente válida, la obra de Fernando González es radicalmente filosófica.

Si la experiencia religiosa y mística es incompatible con la experiencia filosófica, González jamás fue filósofo. Si filosofía, religión y mística constituyen un todo indisoluble, de manera que, según la concepción hindú o índica, la separación entre filosofía, religión y mística es imposible, González siempre hizo filosofía.

Si la actividad filosófica tiene que realizarse como metafísica conceptual, González, sin duda alguna, no hizo filosofía. Si la filosofía, como superación de la metafísica racional-conceptual, puede realizarse como metafísica de las vivencias, Fernando González es un renovador de la filosofía universal.

Planteadas las disyuntivas sobre la naturaleza del quehacer filosófico, parece posible enunciar en fórmulas breves cómo y por qué, más allá de la filosofía medieval y de la filosofía moderna, en plena Postmodernidad, Fernando González nos legó una filosofía viva, hermosa, integral y original, cimentada en la convivencia con el medio, los fenómenos, los hombres, la historia y la sabiduría latinoamericanos:

Más allá de la filosofía medieval de la Substancia Primera y las sustancias segundas, y de la filosofía moderna de los fenómenos, Fernando González hizo filosofía de las presencias, o sea, filosofía de la Presencia patentizándose o deviniendo fenoménicamente en las presencias.

Más allá de la filosofía medieval del ser, regida por la lógica teológica y de la filosofía moderna de la razón y sus límites, regida por la lógica racional-conceptual, elaboró una filosofía de las vivencias, regida por la lógica vital.

Más allá de la filosofía medieval sobre la realidad de los universales y de la filosofía moderna sobre el “ser-del-ente”, trabajó la filosofía del Ser como Presencia en las representaciones y los seres como presencias en ausencia o existentes siendo-entendiendo-amando.

Más allá de la filosofía medieval de la esencia, quid racional, y de la filosofía moderna, negación de la esencia, hizo una filosofía del amor, esencia que deviene en las formas.

Más allá de la filosofía medieval de la oposición de los contrarios y de la filosofía moderna de la dialéctica de los contrarios, hizo una filosofía de las coordenadas de los contrarios y de la reconciliación de éstos.

Más allá de la filosofía greco-occidental, regida por los principios de identidad y contradicción, elaboró una filosofía de la libertad o de la liberación, regida por el principio de unificación y superación de los contrarios.

Más allá de la filosofía moral medieval, fundada en principios racionales absolutos y de la filosofía moral moderna, fundada sobre la voluntad de tener y poder, trabajó una filosofía moral del amor que, en la categoría de eternidad, supera la dicotomía de los contrarios.

Más allá de la antropología medieval del hombre ahistórico y de la filosofía moderna del hombre dicotómico o mecanicista o racionalista: “cosa que piensa”, al decir de Descartes, trabajó una antropología del hombre amando-entendiendo-siendo, en situación y en angustia.

Para González la filosofía es la patentización de la vida, por lo que, citando la picaresca española, afirma que la vida picaral y la filosófica son una misma.

La casa-museo de Otraparte, poblada de camastros vacíos, mesas sin comensales y diplomas firmados por presidentes y reyes muertos y ahora refaccionada, que no restaurada, gracias al interés del doctor Héctor Londoño, alcalde de Envigado, debería convertirse en un templo vivo de la filosofía, en donde maestros sabios y amorosos, a pequeños grupos de estudiantes inteligentes, les ayudaran a entender, comprender y aplicar la filosofía viva de Fernando González y el hermoso, dinámico y múltiple pensamiento de los grandes pensadores antioqueños, alma de nuestro pueblo.

Fuente: Periódico EL COLOMBIANO, domingo 16 de abril de 2000.

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El día que le vi la cara a Dios

Carlos Alberto Parodíz Márquez (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

A Yon a veces tengo que anticiparlo.

Su impaciencia es impertinente, tanto como viajar sin sobresaltos de Temperley a Constitución, para responder a su llamado. Tomé el tren, esa mañana, con la irresponsabilidad con que desayuné un Ballantine sin hielo, residuo tóxico olvidado por el Vasco, una noche de tribulaciones mutuas.

El paisaje suburbano sigue siendo, pese al tiempo, un testimonio visual insobornable de la crueldad humana.

Al aire libre, alineadas a lo largo de los muros que cierran el recinto vecino a la estación, unas mujeres han extendido sobre esteras, su arco iris de verduras y especias y sentadas, entre ellas, sostienen sus ociosas balanzas, como otras tantas figuras apiñadas de justicia mercantil, con los penetrantes ojos sin vendar. Son zíngaras venidas a menos que venden, cobran y miran pasar la vida y como se les va la vida.

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Brasil "nou tem samba" sobre todo en jurisdicción de la 16. Tal vez "las chicas que fuman", con piel de ébano, guarden legitimidad.

Respiré aliviado cuando topé con el Alfa gris, siempre reluciente y su tripulante amigo.

-Brasil "nou tem tristeza"-. Fue el saludo de Yon. Miré la calle Brasil y la tristeza multiplicó el futuro. -Vamos a comer algo- dijo, una noticia que me sobresaltó, pero guardé la compostura.

El Sorthon, conserva la flema inglesa. Las voces suenan asordinadas por la acústica del lugar. Lo seguí en silencio. Nunca intimidado, ni por los lustrosos apellidos, ni por las lustrosas y lujosas vestimentas de hombres y mujeres, sí, por la imponencia de la bodega y de las bodegas privadas de los asistentes.

El menú según el vasco exigía del lugar probar la mejor carne argentina en una casa de rancio origen... inglés, por supuesto. Los bifes de chorizo que llegaron, luego de la orden discreta, parecieron majestuosos y sangrientos; servidos en otros recipientes con decoración Aberdeen, lucían su esplendor el puré de manzanas, las ensaladas de radicheta y ciruelas y una espartana de lechuga criolla, detalle típico y apropiado.

El vasco, como quien no quiere la cosa, 'aparcó' el sobre oficio, marrón impermeable que contenga el dossier yanqui heredado del "Nene".

-Te voy a dar dos datos, nada más-, me tranquilizó y supe que la sombra de las Torres Gemelas llegarían después del postre, para sumar misterios. Decidí, como dije, anticiparlo.

-.¿Te puedo contar cuando le vi la cara a Dios?-, la carcajada silenciosa del vasco, navegó su mirada celeste. Volvió a mirarme y puso la sonrisa en el freezer. -Contá, dale- fue su parco consentimiento.

-No lo recuerdo bien- comencé.

-Ponte las prendas del pudor- dijo El. Busqué a mi alrededor, sin suerte. No las encontré. Tal vez nunca existieron, por lo menos para mí.

El cura "Manolo" estaba muy enojado.

-Vos andás bien con Dios y con el Diablo- me dijo para empezar a gastar la mañana temperlina.

Cuando se marchó, le pregunte a Dios si había obrado juiciosamente.

-Juiciosamente y bien- dijo El. Y se rió. Le gustan los chistes. ¿Si Dios no es feliz nunca, ¨que posibilidad de felicidad tenemos nosotros?, me pregunté. Esas caras largas, dolorosas que ponemos. Nunca una sonrisa cuando oramos.
¨
Cómo se puede soportar la idea de la eternidad si en el cielo está prohibido reír?
O si por el contrario nos preguntamos, ¿está permitido llorar?

¿- No es, acaso, nuestra capacidad de reír y llorar la medida de nuestra humanidad?

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El Vasco miró fijo y la duda era sólida como los diez segundos anteriores a la fisura del Glaciar Perito Moreno. El mismo silencio previo. Sólo salvé la imagen, porque me conoce. Pero no le había dicho el origen de esa cuenta devenida en charla. Insistí - esto no es todo- Yon con señales de intolerancia me avanzó -¿Y que te falta?-

-¿Porque van vestidas así­ las Hermanas? - yo tenía seis años, cuando se lo pregunté a mi madre al ver pasar a las monjas, le conté.

-Porque son las prendas del recato que Dios les ha ordenado que se pongan- me contó.
Un día pasaron delante nuestro y mi madre les dijo -aquí tienen algo para ayudar- mi madre había ganado a la quiniela. Pero ellas siguieron andando.

-¡Esta semana tuve suerte!-, fue su explicación gritada.

-¡No somos todos criaturas del azar!- les dijo.

-¿Hay una moneda más corrupta que otra?-, les pregunté y se preguntó.

Con ese dinero mi madre me compró golosinas. La observé pagando con las monedas corrompidas. Las golosinas me dieron miedo, porque habían sido compradas con el dinero que las monjas rechazaron y era lo mismo que dinero rechazado por Dios, porque yo pensaba que ellas estaban en comunicación directa con EL.

Yo no sabía el significado del dinero corrompido, pero si estaba contaminado, entonces las golosinas se habrían contaminado y llegado hasta mis manos. Pero lo peor era la sensación que Dios no quería saber nada con nosotros. Había usado a las Hermanas -sus instrumentos especiales- para darnos la espalda.

Después creí descubrir la verdad. La entendí. ¡Que enojado debería estar El, con ellas! las Hermanas-, por haber rechazado nuestro dinero. No estaba seguro que era el recato, pero si que hubo un momento que El no tuvo más remedio que ordenarles que llevaran esa ropa. ¿No había sido una señal más de castigo que de gracia?

¿No era también la ropa de la penitencia?

¿Que hicieron para que las obligaran a ponérsela? ¿Que ropa m s horrible, aún, les mandaría Dios que se pusieran ahora, como nuevo castigo? Habían rechazado el dinero para ayudar a personas a quienes El, decía, que había que ayudar.

Aferré la mano de mi madre. Le dije -mamá ¿qué va a hacerles El? Ella me miró sin comprender. Le repetí -¿qué hará? ¿Qué les hará Dios a las monjas?- Ella no respondió, pero echó a andar apretando mi mano firmemente.

Pasamos delante de una mendiga. Me quedé atrás.

-Tenemos que darle parte de las golosinas- le dije. Mi madre se rió. Me dio una moneda. La deposité en la mano sucia y agrietada de la mujer. Ella deslizó -Dios te bendiga-.

Yo estaba bien vestido y abrigado, pero asustado. Tenía un abrigo caliente, la bendición de Dios y le habíamos resuelto la mala acción de las monjas. Le pregunté a mi madre.

-¿Este es nuestro año de suerte?- Por primera vez sentí que sabía lo que significaba la suerte. Era un calor en el corazón. Sin darme cuenta descubrí que estaba sonriendo y no recordabas porque. Yo había visto muchas veces esa clase de sonrisa en labios de mi madre Emma.

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El vasco balanceó su cabeza, resignado. No hizo comentarios. Mejor. Además, para qué. Las moralejas, como las mollejas se secaron con los fuegos. Volvió a la carga. Me dispuse a enterarme de las noticias del exterior, de hoy. La cuota parte de misterio. Que nunca está acorralado y no tiene límites, sobre todo si se piensa, nocivo ejercicio este. Yon, tomó dos hojas, elegidas, del informe y me las extendió en silencio. Comencé a leer y la incredulidad se llevó todos los premios.

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"Los atentados del 11 de septiembre pasado obligan a dos preguntas:

¿Quién? y ¿Por qué?

Informaciones procedentes de Nueva York, dos días después de los atentados sostenían que los montos totales de seguros a pagar como consecuencia de los ataques a los Torres Gemelas podrían llegar a los 30 mil millones de dólares, lo que significaría un verdadero "crac" para el sector. Por consiguiente, cualquier inversor en papeles del rubro seguros hubiese querido retirarse antes de los ataques del 11 de septiembre y si las acciones de la aseguradora y de las reaseguradoras más grande cayeron, en un 15 por ciento como promedio, ello sólo pudo ser posible si alguna fuente calificada avisó con tiempo suficiente, para poner a los inversores en guardia, que algo catastrófico estaba por suceder.

Y esas filtraciones de información solamente pueden tener lugar en los escritorios más importantes del mercado bursátil internacional, es decir entre las grandes agencias especializadas y entre los grandes bancos de inversión, los mismos que manejan la suerte de las economías de los países subdesarrollados, eufemísticamente llamados mercados emergentes.

La humanidad esta siendo testigo de un nuevo tipo de guerra, en la que los verdaderos protagonistas son los principales agentes del capitalismo corporativo financiero del siglo XXI, lo que equivale a decir que son los dueños del poder mundial que trabajan en las penumbras de grandes discursos políticos e ideológicos. Mientras las acciones de las aseguradoras bajaban inexplicablemente, las de las petroleras trepaban en una misma proporción, y siguieron trepando a una semana de los atentados. En ese mismo sentido cabe recordar que a los pocos minutos de ser golpeadas las Torres Gemelas, el precio del barril de crudo llegaba a un precio impensable veinticuatro horas antes: a los 30 dólares por unidad.

A la vez que recomendaban vender papeles del sector seguros, los mismos agentes bursátiles y los bancos de inversión sugerían comprar acciones del sector petrolero. Así todo el mundo contento, los inversores porque ganaron millones en cuestión de días y los asesores (es decir los agentes bursátiles y la banca de inversión) porque vieron aumentar sus comisiones. Y todo porque en las mesas del gran poder financiero global sabían lo que iba a suceder y si sabían lo que iba a suceder por que no pensar que también pueden ser capaces de hacer que ello suceda. El paso de la complicidad necesaria, a la autoría es muy breve, muy estrecho.

Cuando los informantes desde el Wall Street anunciaron el lunes 17 que la bolsa de Nueva York reabrió con la peor caída de su historia, no estaban haciendo otra cosa que mentir o por lo menos tergiversando lo hechos, pues cayeron todas las acciones no pertenecientes a los sectores que integran la economía del complejo industrial-militar de los Estados Unidos.

En el resto de las grandes bolsas del mundo sucedió algo parecido; repuntaron los papeles de las empresas directa o indirectamente vinculadas al negocio de la guerra.

Llegaríamos así a una conclusión aterradora: los salvajes atentados del 11 de septiembre pudieron haber sido sólo simples aunque macabras operaciones de los mercados financieros y bursátiles internacionales.

Los aviones de pasajeros, como misiles estratégicos son las nuevas armas creadas a la perfección para este nuevo tipo de guerra terrorista.

Las conflagraciones mundiales que se registraron en el siglo XX eran visibles, se trataban de ocupaciones y defensas de territorios y de recursos tangibles; esta nueva guerra que más que generales necesita de expertos en finanzas, requiere asimismo del sigilo y del disimulo del terrorismo como técnica militar, con tropas no identificadas, escurridizas y mimetizables entre la población civil. Por eso, en vez de misiles, en esta guerra se usan aviones de pasajeros en pleno vuelo... ".

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Devolví las hojas en silencio. Pedí un cocktail de paltas, apio y alcauciles, para levantar la autoestima. Yon iba por su postre consistente en roscas de chocolate. El mío podía esperar, como la muerte. Era hora de regar el servicio y las cuatro copas agregaron dudas a la elección, pero esa es otra historia, sobre todo porque se viene setiembre, con la vida -primavera- y aquel once que es "barraca".

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