viernes, 3 de septiembre de 2010

65 años de historia: Hiroshima, mil grullas por la paz

Daniela Saidman (Desde Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El 06 de agosto de 1945 el gobierno estadounidense de Harry Truman dejó caer sobre Hiroshima una bomba atómica, Little Boy se llamaba.

Seiscientas cuarenta y cuatro grullas alcanzó a hacer Sadako Sasaki antes de mirar la vida por última vez. Ella, una niña japonesa, de once años, internada en un hospital de Japón trató de burlar a la muerte aferrándose a la tradición de su país que cuenta que haciendo mil grullas de origami, los deseos se cumplen. Sadako no terminó sus aves de papel, pero ella, aunque tal vez no lo sepa, sigue viviendo.

Esa niña japonesa que murió de leucemia ocasionada por la exposición a las radiaciones de la Little Boy, la bomba atómica que Estados Unidos arrojó sobre Hiroshima, el 06 de agosto de 1945, es una llamarada de conciencia, un fueguito que sigue diciendo y diciéndonos, que la paz es el único camino posible de transitar hacia el futuro.

“Éste es nuestro grito, ésta es nuestra plegaria: paz en el mundo”, dice la inscripción en la Plaza de la Paz de Hiroshima, justo debajo de un monumento desde donde la imagen de Sadako, con una grulla entre las manos alzada en vuelo, contempla el porvenir. Esa misma plaza, cada 06 de agosto, se puebla de papeles rojos y blancos, doblados, volando con el viento y recordando, recordándonos lo que los seres humanos somos capaces de hacer.

Hiroshima

Hace sesenta y cinco años, la mañana del 06 de agosto de 1945, en Hiroshima, Japón, un niño contemplaba su rostro en el espejo por última vez. Y por última vez una anciana servía el té. Una madre veía el rostro de su hijo, mientras le cantaba una canción de cuna. Un poeta escribía el primer verso de un haikú. Una niña se trenzaba los largos cabellos negros. Un hombre leía un libro. Una abuela contaba un cuento. No sabían, no sabían que ese sería su último aliento.

El reloj de la ciudad quedó detenido en las 8:15 de la mañana, la hora exacta en que el bombardero militar estadounidense “Enola Gay”, arrojó una bomba atómica en el corazón de Hiroshima.

Con sus 4 toneladas de peso, la bomba de uranio enriquecido, fue detonada a 600 metros de altura sobre la ciudad, estallando con una fuerza equivalente a la de 12.500 toneladas de explosivo. Hiroshima quedó prácticamente reducida a escombros. Se estima que 200 mil habitantes fallecieron en el acto. Pero peor aún resulta imaginar que pese a la desolación causada por el gobierno de Harry Truman, apenas tres días después otra bomba nuclear, pero de plutonio, bautizada como “Fat Man”, fue arrojada sobre Nagasaki.

Sombras, a eso se redujeron los miles de habitantes de Hiroshima y Nagasaki. Sombras como dibujadas sobre las calles y sobre los muros. Lo que fue un hombre, una mujer o un niño, apenas quedó como una mancha impregnada sobre la piedra inerte.

Aquellos que no se convirtieron en polvo ardieron por los 5.000ºC de temperatura, y los pocos que alcanzaron a sobrevivir sólo lo hicieron por unos días más.

Sombras

Resulta que además de los efectos inmediatos de la bomba atómica, pronto aparecieron otras alteraciones de la salud en aquellas personas que aparentaban haber resultado ilesas, así como pasó con Sadako.

“Hibakusha” se llaman los sobrevivientes de Hiroshima y Nagasaki, muchos de ellos están afectados por aquellas explosiones cuyos efectos sufren todavía en forma de anemia, leucemia y tumores malignos, además de la extensa lista de trastornos psíquicos y emocionales. Aún hoy cientos de miles de personas siguen necesitando tratamiento médico.

No existe la certeza del por qué el gobierno estadounidense decidió arrojar una y otra bomba. La Segunda Guerra Mundial ya la habían ganado los aliados, los japoneses no podían seguir combatiendo, así que para qué. Algunos investigadores afirman que los bombardeos fueron experimentos nucleares que permitieron demostrar el predominio militar de Estados Unidos en la realidad que emergía tras la conflagración que dividió en dos al mundo.

Lo que sí demostraron es que son capaces de asesinar, destruir y aniquilar. Lo que dejaron de manifiesto es lo peor de los seres humanos, la posibilidad de suprimir al otro que se encuentra indefenso. Pero también, nos legaron no ellos, sino los pueblos y las gentes, así como Sadako, la fuerza que nace del dolor más hondo. Ojalá hayamos aprendido a guardar la memoria como una ofrenda, como una grulla, como mil grullas, capaces de surcar el infinito cielo de todas nuestras esperanzas.

Semba-Tsuru, mil grullas

Es una creencia popular japonesa, que asegura que haciendo mil de esas aves –según enseña a realizarlo el origami (nombre del sistema de plegado de papel)– se logra alcanzar larga vida y felicidad, y también cumplir deseos.

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Dos perros

Gustavo E. Etkin (Desde Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Era un perro muy grande para un balcón tan chico.

Y ladraba muy fuerte. Lo sentía del otro lado, enfrente, desde mi noveno piso.

A veces hablaba por teléfono y no podía escuchar porque ladraba. Otras veces, de noche me despertaba. O en los momentos más lindos con algunas mujeres, sus cuerpos calentitos, sus tetas grandes y suaves (las que me gustan), sus sagrados culos, él ladraba. Eran golpes duros que secaban y enfriaban todo. Y cuando escribía escuchando esa voz que los que escriben conocen, la voz paraba. Silencio.

Entonces recordé cuando vivía en Pasaje Seaver, aquella cortada colonial que la 9 de Julio aplastó. Un segundo piso. Frente a mi ventana la copa de un árbol. Todas las mañanas se llenaba de pajaritos. Medio dormido los oía cantar. Era lindo. O sino agarraba de nuevo ese cuerpito que estaba conmigo y metía despacito y a fondo, así, también medio dormido. Era lindo.

Pero un día me despertó el grito seco, fuerte y destemplado de un pájaro gigante. ¿Será un águila enferma que paró en aquel árbol? ¿O un enorme y monstruoso loro moribundo? Me asomé. No había nadie entre las hojas pero abajo, en el patiecito de al lado, había un tero.

Así varias madrugadas hasta que procedí. En esa época yo estudiaba psicología. Entonces: Acción Psicológica.

Los buenos vecinos – una parejita – recibieron un aviso:

“Apreciamos que amen la naturaleza, las plantas, los animales y los pajaritos. Pero el sonido que emite ese tero perturba nuestro sueño. Somos honrados trabajadores próximos a la jubilación, toda una vida de trabajo, que tenemos derecho al descanso por nuestro esfuerzo cotidiano. Por eso nos vemos obligados a enviarles éste único aviso: si dentro de 48 horas ese tero continúa perturbando, actuaremos”. Firmado: “Los Vecinos”.

Cuestión que el tero desapareció. La Psicología es eficaz, pensé con alegría.

Volví a escuchar los pajaritos, pero tres o cuatro días después me despertó un ladrido fuerte y salvaje. En lugar del tero, un perro. No muy grande, pero ladraba alto. Muy fuerte. Una metáfora violenta.

Basta de palabras, entonces. Llegó el momento del acto.

Ya que la psicología había fallado le pregunté a mi amigo Ernesto, que era químico, cual podría ser un veneno eficaz para matarlo. Nada de dolor innecesario, contorsiones, agonías inarmónicas. No soy cruel.

– Zelio, me dijo. Es un veneno para ratas. Lo mezclas con carne picada y a los dos días está muerto. Los riñones se van tapando despacito con el talio (un metaloide). Y se va quedando dormido. Tranquilo. Ni se da cuenta.

Zelio, entonces. Es una gelatina azul. Transparente. Lindo color. Compré carne picada, lo mezclé, revolví, hice una pasta. Bolitas de carne. Las bañé en harina para que no se me pegoteen. Albondiguitas.
Y a la mañana, bien temprano, hice puntería y las fui tirando al patio aquel, una por una. Creo que fueron ocho. Una dio contra la pared y se deshizo antes de caer. Quedaron pegoteados pedazos de carne que el perrito lamió contento.

Al día siguiente lo vi echado. Parecía medio dormido. Al otro día vi la correa colgando suelta de la pared. La dueña se acercó despacio y tristemente - me pareció que lloraba - se la llevó.

Nunca más aparecieron ahí animalitos ruidosos.

Así que recordando al otro perro decidí lo que tenía que hacer con éste. Aunque no era exactamente una repetición. No había posibilidad de cartitas de advertencia (tenían portero eléctrico) y no era una planta baja sino un último piso, un noveno, como el mío.

Compré el Zelio, la carne picada, hice las albondiguitas. Dejé todo preparado porque tenía que ser de madrugada, igual que la otra vez, cuando todos duermen pero hay luz para hacer puntería.

Fui a una fiesta y volví de mañana. Solo, claro, porque, qué le podría decir a una mina?

– “Esperá un momento que tengo que darle éstas albondiguitas a un perro

– ¿A ésta hora? ¿Y por qué te pones guantes de plástico para eso?”

Porque tienen Zelio que es peligroso y es tóxico no podría responderle, claro. Porque ahí tendría que decirle que antes de cogerla tengo que matar a un perro, y tal vez no entienda. No todas las mujeres son comprensivas.

Cuestión que esa vez volví solo. Y como ya tenía las albondiguitas preparadas, todo listo, salí al balcón (lo mínimo necesario, claro) e hice puntería. Era una mezcla de bowling con bochas y basket. Había que embocar en el balcón de enfrente. Por suerte la calle no era muy ancha. Conseguí encajar unos seis. Esta vez no vi al perrito comiendo contento, tal vez porque estaba durmiendo en su casilla, que era linda, amarilla con tonos verdes, toda pintadita.

De todas maneras, al día siguiente me pareció verlo echado, como durmiendo, igual que el otro. Y después, no estaba más. Acabó el barullo.

Los perros mojan con el hocico o con la lengua, sus ladridos siempre son antiestéticos y por más que los bañen tienen un repugnante olor dulzón (tan diferente del dulce olor de algunas mujeres que cuando menos se bañan, mejor). Y cuando los paseadores profesionales los llevan amontonados por la calle, o de a uno las solteronas resentidas y las divorciadas rabiosas, siempre cagan. Hay algunas calles en que hay que ir a los saltos, esquivando soretes. Da ganas de dejar unas albondiguitas por ahí.

Pensando bien, no me gustan los perros.

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La lectura como arma defensiva

Francisco Vélez Nieto (Desde España. Especial para Argenpress Cultural)

“Los gobiernos se agotan en una baja propaganda verbal”
Thomas Bernhard

Los cambios, políticos y sociales, logrados con la Transición española tras la muerte natural, arropada con santas bendiciones, del dictador “Francisco Franco Caudillo de España por la Gracia de Dios”, dentro de las muchas dificultades y amenazas, consiguió una temblorosa democracia tras cuarenta años de dictadura y nacionalcatolicismo. Pero con los años se ha venido produciendo un justificado desencanto en un importante sector de la sociedad española, que observa como una izquierda, despersonalizada y ambivalente, se aleja cada vez más de aquella esperada ilusión socialdemócrata.

Y si oteamos el horizonte, podemos, sin gran esfuerzo, observar como en la acera de enfrente, una derecha incapaz de tocar el piano democráticamente, empapada de tardofranquismo, continúa atada a su pasado, esclava de sus propias circunstancias. Con este panorama, crece la mediocridad, la ambigüedad y la cháchara. Las diferencias sociales se acentúan, por lo que el neoconservadurismo crece triunfalista y gozoso, disfrazado de populismo redentor “centrista”, con guarnición de nostalgia franquista y cínico clero.

La fiebre político-mediática cada vez más desenfrenada, en manos de una partitocracia, arracimada en el culto de los personalismos de incultura voluntaria, ofrece sin rubor una realidad desdibujada, “lluvia” pertinaz de sequía mental, tromba de vaguedades y charlatanería, exhibicionismo y espejismo cultural de supermercado, que va despojándonos del rico lenguaje que nos enseñaron nuestros mayores. Por lo que cada día quedan más lejanos los proyectos que realmente deberían ser abordados sin eufemismos por una política responsable. Incluida la cultura del libro la lectura y la palabra transparente.
Ante este descolorido y alarmante horizonte, cada persona que ame el libro, debe ser consciente que la fortuna de leer es un bien común. Por lo que es necesario echar un pulso en favor de la cultura escrita, intentar crear más lectores y lectoras conscientes por medios pacíficos, al objeto de mostrar la visión real de nuestra sociedad paras enjuiciar por propio análisis el estado de alienación en que vivimos sometidos. Asumiendo así el deber objetivo y comunitario en defensa de la cultura, la democracia, la ética y la estética.
El compromiso por el libro y la lectura siempre obedece a un proceso de lucha transparente y tolerante, que redunde en un aumento sólido de la capacidad de análisis crítico, ser y estar. Lograr la construcción de un arma protectora frente al insistente peligro de sumisión y consumismo teledirigido. El buen lector no debe vivir indiferente, de espaldas ante tan desmesurada manipulación del Gran Hermano que desorienta y se burla de una gran parte de nuestra sociedad. Aceptar este estado de degradación, nos puede convertir en cómplices de la deformación mental, del absurdo, pan, circo, masa adicta a un consumo especulativo. Nuevo modelo de dictadura con derecho a griterío, vulgaridad y verborrea.

Merece la pena, pues, este pulso como un deber ciudadano, cuyo esfuerzo individual y colectivo no es otro que salvar los valores sociales y culturares del asedio de enajenación que nos aprisiona. Intentemos combatirlo con persuasión, transparencia y estilo, nada de una “revolución” con banderas y gritos arcaicos al viento o plagado de chocante “modernidad” cada día más desfigurada, cansina y maloliente.
La cultura escrita es la mejor arma para enfrentarse al adocenamiento y la deformación mental. El insecticida contra ese virus con el que nos intentan asfixiar insistentemente los prebostes de los poderes mediáticos y sus acólitos distribuidores. Lograr lectores libres es defender las libertades y la capacidad de crítica propia que todo pueblo necesita para no dormitar en la oscura caverna de espaldas a las libertades.

Nunca debemos de olvidar, que toda dictadura, junto con las religiones (sean del palo que sean), ponen el punto de mira en los libros con una férrea censura. Eso cuando no los queman: Ya lo señaló el poeta judío-alemán Heinrich Heine (1797-1856) “Quien quema un libro también quema a un ser humano”.

Francisco Vélez Nieto es poeta y comentarista literario.

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México y yo

Edgar Borges (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Hace mucho tiempo le dije a mi madre que el mundo se había vuelto egoísta el día en que ante el primer asesinato ocurrido en la cuadra todos dimos la espalda y cerramos la puerta. Aquella fue la visión de un niño. Hoy, según la perspectiva que me ha permitido la travesía, sigo pensando que todos los grandes egoísmos tienen algo (o mucho) que ver con los pequeños egoísmos. Los Zetas, uno de los cárteles que se devoran a México, fusilan a 72 personas. El mundo sigue andando (¿hacia dónde?). Ya sé que ningún individuo puede detener a los criminales, pero, ¿tiene sentido horrorizarse de las consecuencias que ofenden el todo y no de las causas que desangran las partes? ¿Qué tanto cada quién, desde su vida cotidiana, forma parte de las pesadillas del planeta? ¿De qué tamaño será la alfombra donde se esconderán las miserias del siglo XXI?

Llevo días pensando en México. Incluso, una noche soñé que México era un vecino. Y ante la masacre todos los vecinos nos habíamos sublevado. No hay más mundo hasta que no salvemos a México, exigimos. Llevo días pensando que México es un inquilino que sobrevive en el mismo edificio donde a mi me alquilan los sueños. Y me pregunto, ¿qué tendrá que ver con la tragedia de México el político que en la televisión dicta clase pública de xenofobia?; ¿se sentirá ajeno a México el vecino que grita que los de América del sur somos sudacas y los del norte los dioses del olimpo postmoderno?; ¿existirá alguna relación entre la mafia que en México fusila personas y la mujer que la otra tarde en el parque amenazó a su niño con partirle la cara si no la obedecía?; ¿se creerán responsables de tanta grosería el político y el empresario que en reunión secreta imponen la ley de sobrevivencia? ¿Y el sacerdote que en tiempos de fe le pedía resignación a los miserables del mundo? ¿Qué vínculo silencioso existirá entre los muertos de México y las otras muchas verdades que yo me callo?

México, como el vecindario, hoy vale mucho menos que los automóviles (y todas las máquinas) que ocupan la Madre Tierra. México, como el niño de la curiosidad o el de la amenaza, hoy se pregunta, con la mirada contenida, si lo que está detrás de las mafias no será la violación que segundo a segundo se comete contra la palabra y la sensibilidad humanas.

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El niño dijo, “quiero pintar la luz”. Y Dios quedó perplejo

Eduardo Dermardirossian (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Una escalera, un espejo y un pincel. Estas cosas recogió Iván esa mañana, nada más. Esperó a que asomara el sol y enderezó sus pasos hacia Oriente. Caminó y caminó y pronto llegó hasta donde estaba el sol, brillante, con destellos rojizos todavía. Lo encontró apoyado sobre la tierra luciendo su redondez y multiplicándose en las infinitas gotas de rocío.

Puso el espejo de espaldas al sol, con el pincel tomó un poco de su luz y la aplicó sobre la superficie brillante del cristal. Repitió la operación una y otra vez. Y otra vez más… Y cada vez tenía que levantar más su brazo porque el sol se elevaba en el cielo hasta quedar fuera de su alcance.

Entonces tomó la escalera, la abrió en caballete, subió y otra vez alcanzó al sol con su pincel. Siguió pintando con la luz sin cubrir toda la superficie del espejo. Y a medida que el sol se elevaba el niño subía: ahora un peldaño, luego otro, más tarde otro más. Se apresuraba a pintar para terminar la obra antes que la escalera agotara su estatura y el astro quedara fuera de su alcance.

El sol se elevaba y se elevaba y el niño subía y subía para recoger la luz con su pincel. La obra de luces avanzaba, las figuras nacían de la imaginación del pequeño arista y se plasmaban en el espejo sin quitarle su virtud, sin impedirle duplicar las cosas. El sol alcanzó el cenit y el niño, que todavía no había concluido su obra de luces, vio que la escalera, cuyos peldaños podía contar con los dedos de sus manos, lo había elevado hasta lo más alto del cielo. Entonces supo que esa escalera tenía tantos peldaños cuantos anhelos guardaba en su corazón.

Iván volvió su mirada sobre el espejo, examinó cuidadosamente la obra de sus manos y quiso contrastar las luces con algunas sombras, para que las imágenes se corporizaran y deambularan entre los hombres. Y como en ese momento el sol iniciaba su camino hacia el Poniente, hacia el país de las sombras, creyó que así como su pincel había recogido la luz del ascenso, ahora podría recoger las sombras del descenso. Y cuando lo levantó para tomar algunas sombras, le dijo el sol que no las tenía, que las sombras no eran su atributo, que podía darle algunos matices de su ocaso para que el niño cumpliera su deseo, pero que esos matices también eran de luz.

Así, cuando el sol se ocultó, cuando el niño concluyó su obra y la escalera recobró su estatura original, la luz no se ausentó en ese país porque el cuadro iluminó ese lado del mundo como no había ocurrido desde los días de la Creación. Fue por eso que cuando el niño dijo “quiero pintar la luz”, Dios quedó perplejo.

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Nietzsche tenía razón: De verdad que la verdad no existe

José Manuel Rodríguez (Desde Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

No es Nietzsche, por su ilimitado individualismo, un pensador que me entusiasme pero, escuchando las cosas que dicen los “escuálidos”, tengo que reconocer la certeza de aquella sentencia suya: “verdad es, esa clase de error sin el cual no podría vivir una determinada clase de vivientes”. Y sin pretender meterme a filósofo, tarea que me queda grande, no veo tan alejada esta sentencia de la visión marxista de la verdad que la concibe no como un asunto del pensamiento, sino como un problema práctico. Decía Marx: “si el pensamiento está alejado de la práctica es sólo interés de los escolásticos”. Y son precisamente ellos, fundamentalmente griegos y hebreos, los que han perfilado el asunto de la verdad en Occidente. De esa manera para los pensadores griegos la verdad es algo que es, mientras que para los hebreos es algo que hay que sostener para que no caiga, es decir, el amén.

Discúlpenme esta entreverada manera de comenzar a hablar de un asunto tan cotidiano y necio como es la santurronería “escuálida”. Admitan mi circunloquio para dejar al descubierto la mentira, en la cual, sin poseer el don del nado los “escuálidos” se han sumergido. Perdonen mi impertinencia innecesaria al repetir ese lugar común de decir que lo que han aprendido, los más adelantados de ellos, es a falsificar la realidad. Y le hago todos estos pedimentos porque juzgo importante decirles, a los angustiados electorales, que esa actitud escuálida, por su profunda torpeza, más que embaucar inocentes, ha terminado por hacerles perder el entendimiento a los que la practican. La falta de concordancia entre el pensamiento y la cosa convierte en inútil el teológico así es.

Hay muchísimos ejemplos de esto, pero sólo me voy a detener en dos de ellos, de signos opuestos: uno angustioso, referido a la manera como presentan el asunto de la violencia y otro, exquisito, referido al asunto de cómo ellos promueven la cultura. Y tomo estos dos porque, al revisarse el discurso “escuálido” en el escenario de estas dos representaciones, comprobamos que siempre terminan, y sin darse cuenta, haciendo un papelucho. Veámoslo.

El tratamiento que los “escuálidos” le dan al asunto de la violencia, como es mediático, está dedicado a demostrar que la violencia (que ha sido tan endémica en Venezuela como la miseria), es de origen reciente pues se ha desarrollado por la irresponsabilidad populista del chavismo, y por lo que de allí se deduce, su complacencia con los violentos, que son los patas en el suelo. Así, llevados por esa intención falsificadora de la realidad, hacen lo indecible para convertir a Caracas en la ciudad más insegura del mundo.

Y lo hacen sin considerar que de los cinco alcaldes de la ciudad que cuentan con cuerpos policiales, cuatro son de la oposición. Por el contrario, hemos visto titulares en la prensa escrita que habla de los grandes logros de esas autoridades en la lucha contra la delincuencia: “Primero Justicia activa campaña contra la delincuencia” (El Nacional, 09/01/10), “Primero Justicia trabaja en ley de soporte para victimas del hampa” (El Nacional, 07/12/2009), “Alcaldía Metropolitana donó 30 motos y 20 patrullas a PoliHatillo” (2001, 13/12/09), “Carlos Ocariz, asegura que su gestión bajó en 25% los homicidios durante el 2009” (Globovisión, 23/12/09), en el Municipio Chacao “el alcalde Grateron y Polichacao… incrementaron en un 36% la efectividad en la frustración de delitos” (El Universal; 30/12/09), “Baruta y El Hatillo… se han caracterizado históricamente por ser municipios modelos y con seguridad…” (El Universal, en varias fechas).

Según esto no hay forma que Caracas pueda ser la ciudad más violenta del mundo, o en todo caso la violencia debe está concentrada sólo en el oeste de la ciudad, que para el caso es lo mismo: Caracas, gracias a los alcaldes opositores, es una ciudad modelo. Eso mismo dijeron de Medellín y hasta trajeron invitado a su alcalde para aprender de él, un uribista sostenido por los paramilitares que tienen bajo su asesina voluntad el control de los barrios.

El otro asunto, el referido a la cultura, se liga con lo delincuencial gracias a esa manera que tienen los “escuálidos” de sumergirse en el estercolero. Lo que sucede es que, en este caso, los delincuentes son de cuello blanco y las víctimas gente sencilla del pueblo que para ellos no existen. No voy a tratar aquí el asunto de Globovisión con Mezherane y Zuloaga, dos pillos de postín que están bien lejos de la cultura. Ni siquiera me voy a referir a los mecenas de Econinvest, que, siendo estafadores más allá de cualquier duda, son efectivamente mecenas. Me voy a referir a “cómo tomaron la cosa” aquellos que se beneficiaron del mecenazgo.

La flor y nata de la intelectualidad “escualida”, que no los voy a nombrar para no hacer esto más latoso, recibió, de diversas maneras, dinero de esta empresa. Tanto que uno de ellos: Joaquín Marta Sosa, no tuvo el menor empacho de reconocer que Econoinvest no se redujo a cultivar su jardín (…), decidió invertir en el patrocinio… Y a continuación, más de un centenar de intelectuales firmaron un documento en defensa de la Fundación de la Cultura Urbana, que es una empresa creada por Econinvest.

Pudiera escribirse un ensayo sobre como vivir del cuento y parecer honrado con los argumentos que se esgrimen en ese remitido, dirigidos todos a descalificar las acusaciones por provenir del gobierno. Sin embargo, no voy a hacerles perder tiempo con algo tan ramplón, teniendo a la mano el argumento de un joven músico llamado Petrusco, que hace por Internet una confesión tan ingenua como penosa: No conozco a los directivos de Econoinvest, es más, no conozco a nadie de los que trabajan allí. De ninguno de ellos puedo decir si es buena o mala persona, si es honesto o no (…) Pero sí conozco a mis amigos músicos, artistas y productores, particularmente de la Movida Acústica Urbana quienes se han visto apoyados en forma firme y desinteresada por Econoinvest y por la Fundación de la Cultura Urbana... Es decir, una cosa es que esos financista de la cosa urbana sean ladrones y otra es que los beneficiarios, con la parte del dinero que les toca, puedan editar libros, producir música o hacer el nuevo periodismo iberoamericano.

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Adiós, Dios

Marcos Winocur (Desde México. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

I

Dios nos hizo a su imagen y semejanza, así está escrito ¿Fue un buen punto de partida? No, si estamos a lo que vino después. Por nuestra mala conducta, Dios nos castigó más de una vez. Con el diluvio universal cuando Noé, con una lluvia de fuego cuando Sodoma y Gomorra, sin olvidar la torre de Babel, cuando Dios hizo que las lenguas se confundieran, obligándonos a dejar la torre y poblar el planeta.

Finalmente, Dios se cansó. Ni la mano dura enseña al hombre y Dios partió, diciendo por lo bajo:

--- Le entregué la energía nuclear, miren lo que hizo, la bomba atómica; le entregué la materia animada, miren lo que hizo, la bomba biológica, el ántrax asesino. ¿Para eso doté al hombre de libre albedrío? ¿Para que eligiera las guerras, los campos de exterminio, Hiroshima? Siempre la destrucción, así sea de su propia obra… Y bien, que el hombre quede librado a su suerte, no merece que me ocupe más de él, no habrá juicio final ¿para qué? El hombre es su propia condena, genera de vez en cuando ridículos hitleres con manos libres para el genocidio…

Unos pocos fuimos a despedir al Altísimo, nos corrían las lágrimas, bajamos las cabezas como sintiendo sobre los hombros el peso de una confusa culpabilidad, los mariachis tocaban “Las golondrinas”. Fue bien triste, quedábamos huérfanos. Agitamos las manos:

---Adiós, Dios, adiós, Dios.

II

Fruto de la sabiduría popular, he aquí un dicho que exalta la prudencia: Más vale malo conocido que bueno por conocer. Y es “contradicho” por estos otros dos: Escoba nueva barre bien (me lo dijo una bruja joven) y El que no arriesga no gana (me lo dijo un jugador). Así que hay para todos los gustos. Viene en apoyo del primero, un cuarto dicho: Más vale pájaro en mano que cien volando. De modo que tenemos dos contra dos.

Para zanjar un partido tan disputado, propongo: Más vale bueno conocido que malo por conocer. Creo que así todos estaremos de acuerdo.

Ciertamente, los dichos, de boca en boca, son expresión de la sabiduría de los pueblos. Al que madruga, Dios lo ayuda. Pero eso no es suficiente. Entonces, la sabiduría de los pueblos fija límites en otro dicho: No por mucho madrugar se amanece más temprano. De modo que se puede tener la voluntad del mundo, pero si no se han creado mínimas condiciones favorables para la acción de que se trate, ni modo. Madrugas y madrugas y no pasa nada en tu proyecto, sea individual o colectivo. Otro dicho alude al resultado de una rivalidad o competencia. El que ríe último ríe mejor. De modo que te guardas unas cuantas galletas para el final que definirá las cosas… Está bien lo que bien termina. Y además, no pienses sólo en el final, también es importante el comienzo: el que pega primero, pega dos veces.

En fin, los dichos populares tienen una gran riqueza, hay para elegir. Y no digo más porque en boca cerrada no entran moscas.

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Propuesta popular contra la hegemonía del Sistema de Orquestas clásicas en Venenzuela

Xavier Padilla (Desde Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Lo que sigue es un manifiesto de principios relativos a la cultura popular, al tiempo que una propuesta cultural: la creación de una Red de Espacios Musicales Alternativos (REMA) para el desarrollo comunal de la MÚSICA POPULAR, entre cuyos objetivos se encuentra el de contrarrestar la hegemonía ejercida por el Sistema de Orquestas Infantiles y Juveniles de Venezuela, organización expansionista que hace del discurso de la inclusión social un pretexto para imponer su tácita predilección por la música clásica, a la cual le reserva de facto el lugar preeminente de la actividad musical presupuestada por la nación, quedando así excluido el diverso y verdaderamente mayoritario talento musical del pueblo venezolano en sus múltiples formas de expresión popular (salsa, joropo, rock, jazz, fusión, canción, parranda, tambor y un largo etcétera).

Nota preliminar

La presente propuesta trata exclusivamente del arte musical popular y de su medio natural: la comunidad. Siendo venezolano, músico, y con una experiencia internacional extensiva a más de 40 países, fue la intensa actividad comunal desempeñada durante una década en un barrio de Caracas (Sarría, 1977-1987) lo que dio origen a mi propio desarrollo. Este proyecto está fundamentado, por lo tanto, en una experiencia concreta y no en una especulación idealista acerca de las condiciones comunales necesarias para el desarrollo del arte musical popular.

I. Del arte musical popular

Por arte musical popular entendemos todas las formas musicales desarrolladas fuera del ámbito académico clásico, originadas en el talento expresivo del pueblo y cultivadas mediante sus propios métodos y formas de aprendizaje. Estas formas musicales se renuevan constantemente y suelen mezclarse unas con otras para formar nuevos estilos y géneros, creando y recreando los códigos vivos de una interacción permanente, gracias a la cual el pueblo aporta de continuo una versión genuina y actualizada de su expresión, y reafirma por ende su libertad.

Es necesario señalar que al hablar de “música popular” no nos referimos a la música folclórica. El adjetivo “popular” nos remite a un amplio conjunto de géneros y estilos musicales cuyo origen no se limita a la música folclórica, de carácter patrimonial y originada en tradiciones ancestrales. Por supuesto, la música folclórica es también considerada “música popular”, pues tiene su origen en el pueblo, pero en la misma no puede resumirse el amplio espectro que comprende lo popular. La música popular engloba, antes bien, todas las formas musicales aparecidas en la sociedad tanto en el pasado como en el presente, ya que el significado del adjetivo “popular” no se agota en lo patrimonial, en lo tradicional sino que se extiende a lo que pertenece al pueblo en todo momento (pasado, presente y futuro); lo popular constituye, pues, una expresión viva, directa, cuyo origen no es el medio clásico, ni su vocación la academia. Históricamente, la academia y el repertorio clásico son también patrimonios, tradiciones de una cultura bien específica, pero éstos no tienen precisamente un origen popular.

La música popular es un elemento representativo de la absoluta espontaneidad y libertad creativa del pueblo en su autodeterminación identitaria, y se origina invariablemente en las comunidades. El Estado venezolano, por lo tanto, debe, tal como se menciona en el Artículo 100 de la Constitución Nacional, reconocerla, respetarla y promoverla bajo el “principio de igualdad de las culturas”. Tiene la obligación de darle un apoyo al menos equivalente al que le da actualmente a la música clásica a través de nuestro celebrado sistema de orquestas.

II. Origen comunal de la expresión artística popular

1. La comunidad como fuente y destino. Nuestras comunidades, aun siendo ricas en manifestaciones culturales diversas, a menudo no llegan a desarrollarlas y devienen, por decirlo así, verdaderas canteras de desperdicio artístico. Pero no es el desperdicio del potencial artístico del individuo como objeto de valor comercial lo que nos preocupa en nuestro proceso de cambios hacia una sociedad socialista. No nos interesa la profesionalización del artista en tanto que futuro vendedor de su talento. Nos interesa, en cambio, el desarrollo y la optimización de sus capacidades dentro del ámbito de una integración social, no de una integración comercial.

Una sociedad socialista, entendida en forma integral, reivindica la interdependencia entre el individuo y su entorno, y considera los beneficios individuales como propios del colectivo. La sociedad deviene una extensión del individuo y no una instancia diferenciada contra la cual lucha y a la cual tiene que vencer. Contrariamente a esto, la sociedad capitalista, de cuya esencia surge la falsa concepción de un antagonismo necesario entre individuo y sociedad, niega e impide deliberadamente que la expresión artística del individuo sea también expresión de un colectivo, que tenga dicha doble pertenencia. Pero la expresión artística popular, sin su elemento comunal de origen, es apenas una imitación de sí misma.

2. El hábitat ético-estético de la expresión popular. El arte, desde un punto de vista comunal, dista mucho de la concepción burguesa según la cual la expresión artística es un acto individual y un fin en sí misma, independiente de todo contexto original colectivo. Cuando hablamos del arte desde una perspectiva comunal, nos referimos a la sola forma de arte que consideramos éticamente posible: la del arte en tanto que acto integral, contextual, surgido de una realidad que delata en el individuo-artista su pertenencia a un colectivo. La comuna donde vive el artista se expresa virtualmente en sus obras, no sólo su propia persona. Contrariamente a lo postulado por el capitalismo, el innato potencial artístico del individuo no basta para generar una expresión artística que refleje la realidad; no puede faltar en la obra la influencia directa de las condiciones de vida comunales del artista (esto es, sus condiciones de vida reales), las cuales constituyen aquello que, en retrospectiva, confiere legitimidad a la realidad de su expresión.

En el modelo capitalista, la sociedad cosifica la expresión artística en un hecho abstracto, subjetivo y exclusivamente personal. La creación deviene entonces un fenómeno “individual”, “independiente”, adscrito a una figura jurídica acomodaticia que permite su pronta conversión en producto mercantil. Quedan así el artista y su obra separados del contexto comunal inicial, cual bienes de consumo expropiados a la comunidad. Y ésta, al ir perdiendo a sus artistas, quienes son extraídos de su seno hacia un mercado donde terminan a menudo cultural y moralmente desangrados, se convierte en un lugar desierto, sin alma propia, o bien en un espacio meramente geográfico, donde el arte y la presencia de manifestaciones culturales no sólo son un fenómeno cada vez más raro, sino disociado. ¿Cómo podría ser de otra manera en comunidades sometidas al rompimiento de su ciclo natural de expresión identitaria, o lo que podríamos llamar una alteración de su hábitat ético-estético?

3. Vulnerabilidad, mimetismo y dependencia cultural. La comunidad, desprovista de su propia cosecha, y viéndose limitada a nutrirse exclusivamente del exterior, no sólo termina padeciendo un empobrecimiento de su propio potencial artístico, de su fertilidad ético-estética, de sus defensas identitarias naturales, sino que deviene más vulnerable y propensa a la enajenación cultural. Dentro de un contexto de vacío cultural propio, toda información recibida termina por convertirse en un instrumento de transculturización y por ende de alienación.

La incidencia de contenidos estéticos foráneos produce en la comunidad debilitada un efecto contrario al de las creaciones propias de una cultura local sólida: desmiembra, separa, individualiza, rompe continuidades generacionales e introduce en el individuo espejismos e ilusiones irrealizables. Es así como terminan por aparecer en los miembros de una comunidad desmembrada (membra disjecta) los signos evidentes de una conducta imitativa, acomplejada, compulsivamente reproductora de lo foráneo, devenida exógeno-dependiente y endógeno-repulsiva. Una conducta visceral y persistente en su negación de lo próximo, propia de individuos auto-confinados a dimensiones ficticias y cuyo aislamiento de la realidad objetiva culmina en una disociación que los condena al auto desprecio.

4. Liberación creativa. Las únicas defensas reales que tienen las comunidades —y por ende la sociedad entera— frente a un peligro constante de sub-culturización son, pues, el cultivo y práctica de actividades artísticas propias, sin lo cual todo cuanto detentan de potencialmente positivo para su armonía y equilibrio se lo lleva el capitalismo.

Con objeto de evitar esto, las comunidades deben ser dotadas —por un Estado socialista, anticapitalista y antiimperialista— de medios para su propia defensa. Defensa que constituye una necesidad de primer orden y que implica la implementación de un proyecto de envergadura. Es indispensable la creación de bases estructurales eficientes con las cuales poner en práctica el desarrollo de la expresión artística libre, intuitiva, espontánea, sin la imposición de modelos ni referencias acabadas de otras culturas. Posibilitar la liberación creativa —a través de medios artísticos universales tales que el teatro, la danza, la pintura, la fotografía, la poesía, la escultura, la música y otros— es una prioridad impostergable.

III. Aspecto contextual del presente proyecto

La música ha sido siempre una de las expresiones artísticas más relevantes del pueblo venezolano, pero también una cuyo potencial de integración comunal ha sido altamente subestimado. Podría pensarse que esta afirmación, en un país como Venezuela, cuna del mundialmente celebrado Sistema de Orquestas Infantiles y Juveniles (SOIJ), constituye un signo de mala fe. Sin embargo, hay razones para afirmarlo, y ello sin negar en absoluto la importancia ni los méritos de dicho sistema.

Si observamos bien, no es precisamente el potencial comunal lo que el mismo promueve. En su acercamiento —no obstante meritorio— a los más recónditos sectores de la población venezolana, el “sistema” colecta talentos que luego son instruidos en la ejecución de un repertorio musical europeo (incluidas sus estructuras formales correspondientes), y no de repertorios locales, populares, actuales ni autóctonos. Éstos siguen quedando en manos de la radio y la televisión…

La orquesta clásica, que es la estructura nominal del “sistema de orquestas”, simplemente no puede —a pesar de sus eventuales esfuerzos— abordar con propiedad, con adecuación, con pertinencia, con solvencia ni con autoridad las diversas sonoridades de la música popular contemporánea (en buena parte basada en instrumentos eléctricos, sintéticos, etc.), ni aun de la música folclórica (repertorio afrodescendiente, indoamericano, etc.). Estas formas musicales disponen de sus propios instrumentos, técnicas y métodos. En cuanto al medio ambiente práctico y real del “sistema”, éste es el conservatorio, la academia, no la comunidad.

Es así como gracias al filtro cultural inmanente a la música clásica (el cual es desafortunadamente reminiscente de nuestra histórica condición colonial), un amplio abanico de formas musicales vivas y populares queda automáticamente excluido. Se trata de formas a veces autóctonas, otras simplemente propias de las tendencias de vida locales de nuestras clases populares. A las cuales diversos —y muy cuestionables— intentos de adaptación clásica no logran en modo alguno “honrar”, sino apenas reutilizar y descontextualizar, sin llegar a retribuir a las fuentes originales un aporte artístico proporcionalmente válido.

Es por lo tanto difícil no advertir en el mencionado “sistema” la existencia manifiesta de una clara tendencia culturizante sobre lo popular. En este sentido, aun al aportar elementos y medios artísticos a una población en descuido, el “sistema” emplea sutiles procedimientos coloniales de "substitución cultural", lo cual lleva a cabo reclutando talentos y luego "culturizando" allí donde supuestamente no hay aún cultura, sino "potencial artístico bruto".

Aun teniendo dicho “sistema” el mérito incuestionable de contribuir al desarrollo y continuidad de la cultura europea en nuestras tierras (mérito que celebramos, pues no pretendemos negar en lo absoluto el valor de dicha cultura), la captación por parte del Sistema de Orquestas Infantiles y Juveniles de jóvenes en situación de exclusión social no justifica un reemplazo del “tronco” principal de nuestras raíces, ni una sub-valoración (por omisión) de la variedad, universalidad y complejidad de la cultura musical popular a la cual la comunidad, como célula esencial de la cultura, nos remite de continuo.

Vale señalar que la mencionada intencionalidad culturizante de dicho “sistema” no es un hecho puntual ni accidental. Se trata más bien de la naturaleza misma expansionista de la cultura a la cual el mismo representa, convencida históricamente de su superioridad y por regla general acostumbrada a imponerse allí donde se encuentre.

No obstante, el éxito que el “sistema” ha tenido en nuestra nación se debe, a parte de dicho expansionismo, también a dos factores concretos: la legendaria perseverancia de su fundador, el maestro José Antonio Abreu, y la forzosa ausencia de una iniciativa similar o comparable por parte de los sectores populares de nuestra cultura.

Claro que sería vano —y hasta cruel— comparar la desigualdad de oportunidades que prevalece entre ambos actores: por un lado tenemos al emblemático maestro clásico, culto, fundador de academias, benefactor altruista —con influencia política transgubernamental—, y por el otro tenemos a los músicos autodidactas, no académicos, dichos “de calle”… Es una comparación tan inútil como cualquier apología que intentaran hacer los pobres frente a su proverbial desventaja. Los músicos populares ya han hecho bastante con lograr afinar sus raídos instrumentos y entonar sus cantos sublimes, llenos de optimismo, en medio de una marginación consistente, sistemática.

No es un secreto que la música clásica siempre ha tenido la exclusiva bendición de la clase dominante en nuestro país, a diferencia de la música popular. De esta última siempre ha habido una percepción degradante por parte de los miembros de la clase dominante, quienes, sin poder llegar a ser considerados realmente “cultos” ellos mismos, han sembrado no obstante en el inconsciente colectivo de nuestro pueblo una axiología cultural pro-europea, elitista y antipopular.

Por esta razón, la creación de un sistema defensivo con el cual las comunidades puedan preservar los contenidos propios de su expresión artística es a todas luces necesaria. Se trata de uno de los aspectos cruciales de nuestra lucha de clases (su parte cultural), la cual pasa por una reivindicación pragmática de los fundamentos comunales originales de la expresión artística.

La expresión musical popular —hay que señalarlo— tiene objetivamente y desde todo punto de vista una dimensión universal; otra cosa es que haya sido “vuelta” marginal. Constituye una multitud de formas musicales, tanto actuales como autóctonas de las más diversas culturas del mundo, y ha evolucionado siempre al margen del capitalismo; ha sido históricamente prohibida o arrancada de su contexto original, el comunal, y por lo tanto su singular destino ha sido y continúa siendo el de la resistencia.

La confrontación es, pues, histórica e inevitable, y la razón por la cual se ha dicho que la revolución tiene que ser cultural, es que la cultura no constituye un elemento accesorio de los pueblos, sino un aspecto esencial de los mismos: el de su identidad. En tal sentido, los modos y formas expresivos de las clases históricamente dominantes no pueden ser los mismos con que se expresa el pueblo, ya que los elementos de su expresión (o estética) no pueden serle suministrados por su opresor. El pueblo no puede expresarse a través de ellos ni hacerlos suyos sin traicionarse a sí mismo. Es obvio que todo propósito de identidad comienza por el factor ético, y que a éste está indisolublemente vinculado el estético.

Si la ética de la clase dominante no se corresponde con la ética de las clases populares, la estética de aquélla no puede corresponder con la estética de éstas. La creación y la expresión artística dicen mucho de la verdadera soberanía de una sociedad: la cultural. Ésta es la identidad misma de los pueblos.

En un proceso revolucionario de cambios sociales como el nuestro, no podemos olvidar la vigencia de esta dialéctica de dominación histórica, la cual trasciende hasta nuestra mal llamada era “post-colonial”. Por ello nunca enfatizaremos demasiado la responsabilidad que tienen las actuales instituciones revolucionarias en devenir instrumentos para un verdadero cambio de paradigma cultural.

IV. Necesidad de un “sistema” popular paralelo

El presente proyecto propone crear estructuras que proporcionen a la música popular oportunidades de desarrollo similares o equivalentes a las que tiene la música clásica en nuestro país, y ello haciendo énfasis en el carácter integral, comunitario, no académico del entorno comunal que le es propio. Es un hecho que las formas naturales de estudio y evolución de la música popular no corresponden a las de la academia, debido a que las técnicas de composición e interpretación son aprendidas y desarrolladas en forma diferente que en el conservatorio.

La formación del músico popular es expresión directa de un hecho comunal espontáneo y tan natural como la música misma que interpreta. El flujo de conocimientos transmitidos y asimilados deviene un fenómeno orgánico en la intimidad convivial del entorno comunal.

La formación de músicos profesionales en el medio clásico tiene, en cambio, la particularidad de crear en cierta forma funcionarios de orquesta. El músico en el mundo clásico se encuentra en un contexto donde su talento puede ser concebido y catalogado en función de una jerarquía piramidal, cuantificable. Tal vez sea la única forma de mantener y desarrollar el trabajo específico que dicha música demanda, pero de cualquier manera el medio académico crea en fin de cuentas una comunidad a parte de la comunidad misma.

V. Los Centros Comunales de Integración Musical

La Red Espacios Musicales Alternativos (REMA), que consiste básicamente en un sistema de Centros Comunales de Integración Musical, está concebida en función de un cambio radical de paradigma cultural y responde a una necesidad profunda de transformación social. Entre otras cosas, esta red provee una estructura que es crítica, en sí misma, de cualquier utilitarismo cultural, como aquel que ve en la actividad artística popular un simple instrumento de prevención delictiva, o bien un dispositivo complementario antidrogas. Tal concepción, propia de un panfletarismo pseudo-socialista, intrascendente, reformista y superficial reduce la importancia del arte a una actividad de relleno social, y, lo que es aun más grave, no ve inconveniente en que el talento comunal sea utilizado en detrimento de su propia identidad cultural, poniéndolo en manos de una estética culturizante, eurocentrista y hegemónica como la impuesta, de forma inconsulta, por el Sistema en su predilección por la música clásica.

Los Centros Comunales de Integración Musical comenzarían a ser instalados en las comunidades de forma experimental mediante módulos "pilotos", los cuales luego se extenderían progresivamente por todo el territorio nacional. Para ponerlos en funcionamiento, los mismos requieren de facilitadores o facilitadoras, los o las cuales NO necesitan haber egresado de escuelas tradicionales de música (conservatorios, academias musicales, etc.). Éstos sólo deben dar constancia de una actividad musical confirmada en tanto que músicos en ejercicio. Los facilitadores obtendrán, eso sí, una adecuada formación acerca de los lineamientos generales del proyecto y sus bases conceptuales, así como sobre la particularidad de su condición de facilitadores-motivadores (FM) de la iniciativa musical comunal, y NO en tanto que dirigentes de ésta.

VI. Concepto del trabajo musical en los Centros

La línea musical del trabajo realizado en estos Centros será sólo definida por los participantes comunales mismos, en modo alguno por los Centros. La libertad en este sentido es total y el rol de los FM es puramente asistencial. Estos núcleos tendrán, por ello mismo, el deber de informar y orientar respecto de la diversidad de legados y corrientes musicales actuales existentes en el mundo, haciendo énfasis en las expresiones de tipo autóctonas y populares de la región. Para ello se organizarán charlas periódicas con otro tipo de facilitadores, los facilitadores itinerantes (FI), cuya función específica es la de visitar los Centros donde sea propicia la temática particular de su dominio. La organización general de este tipo de actividades, como la de todas las demás actividades del proyecto, está llevada a cabo a partir de una oficina central llamada Dirección General de Centros Comunales de Integración Musical (DGCCIM), responsable máximo de la gestión de Centros, y debe depender del Ministerio del Poder Popular para la Cultura o de cualquier otra instancia pertinente disponible para la recepción y sostén del proyecto. Los costos están por definirse, pero en comparación con el Sistema de orquestas, al cual se afecta aproximadamente el 40 % del presupuesto nacional para la cultura—, puede estimarse que la puesta en marcha este proyecto y su gradual desarrollo no supondrán, por su simpleza, un presupuesto oneroso.

VII. Objetivo de los Centros

Los Centros Comunales de Integración Musical (CCIM) vendrían a cubrir una importante laguna en el sector cultural musical de nuestro país, ayudando entre otras cosas a erradicar de la psicología de nuestro pueblo la errada óptica predominante —impuesta por el modelo capitalista— que promueve o profesa la "producción" de talentos. A ello se responderá con hechos concretos y mediante la prueba práctica de que la comunidad, ante todo, es el órgano principal de la sociedad y que la música —como tantas otras formas de expresión artística— es uno de sus elementos propios: que es en la comunidad donde se genera, donde “vive”, donde se cultiva y donde mejor se expresa.

Sin música la comunidad enmudece, se “seca”, empobrece su alma. No podemos decir que la música sea el alma toda de la comunidad, pero es incuestionable que siempre ha sido un elemento importante de la misma; uno de cohesión, de integración, con un gran potencial identitario y unificador. Y como se ha dicho infinidad de veces, la música es también un lenguaje universal; pero uno que fertiliza colectivos, que inventa sus modos propios comunales. Así como nos identifica, la música ayuda a crear al mismo tiempo nuestras identidades.

También se probará y pondrá en práctica en estos centros que la música no pertenece a los músicos, sino a todos los seres humanos, tanto a quienes la hacen como a quienes la escuchan o la bailan; y que todos integramos su fenómeno, el cual imprime nuestra huella cultural en el tiempo y en el espacio. Tomemos como ejemplo a los gitanos, y veamos la importancia que tiene la música en el seno de esas comunidades errantes de la historia, segregadas, excluidas, marginadas y perseguidas. La música fue siempre su fuerza de cohesión, su forma de vida, su resistencia, su impermeabilidad y hasta su subsistencia. La influencia que luego su música tuvo y sigue teniendo sobre tantas otras músicas del mundo, incluyendo las músicas llamadas "cultas", es no sólo incalculable sino la prueba misma del poder comunal inherente de la música.

Este poder es a menudo un aspecto suyo muy subestimado. Miremos alrededor, en nuestra propia geografía: ¡cómo abundan similares ejemplos! Si bien es cierto que el poder popular de la cultura se manifiesta principalmente a nivel de la comunidad, no hay dudas que entonces históricamente la comunidad tiene a uno de sus mejores aliados en la música.

La Red de Espacios Musicales Alternativos y sus Centros Comunales de Integración Musical son el reconocimiento mismo de la música en tanto que expresión, parte y derecho de la comunidad; su creación e implantación en el panorama cultural de la nación constituye, por lo tanto, una sentida respuesta institucional-revolucionaria en protección de este derecho.

VIII. Nota ideológica final

Una sociedad socialista debe formar individuos para el aporte a la sociedad, y es sólo mediante este aporte que reviene a ellos cualquier satisfacción personal en forma de calidad de vida. En ella la satisfacción de los propósitos individuales sólo puede ser alcanzada a través de propósitos meta-individuales, los cuales constituyen el único orgullo moralmente válido dentro del socialismo. Estos propósitos sociales son la forma más elevada de proyección del individuo: en ellos él mismo ya no es considerado como un fin en sí, sino como parte de una realidad integral, supra-membral. Dejan superado el egoísmo fomentado por el capitalismo y fundan una revolución cultural que comienza en las comunidades, donde todos los individuos forjan una identidad colectiva superior a la suma de sus partes. Identidad cuyo carácter natural confiere a la cultura local la solidez suficiente para hacerse impenetrable y defenderse sola, y que representa la máxima expresión de los pueblos. Identidad, en definitiva, que más allá de toda satisfacción individual produce lo que, con toda razón y pertinencia social, gustamos en llamar «SATISFACCIÓN PATRIA».

Fernando Xavier Padilla Delgado es músico venezolano residente en París, Francia.

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El aborto inducido

Rodolfo Bassarsky

Argenpress Cultural:

Acabo de leer el artículo de Susana Yappert en el que refiere la posición de la jueza Carmen Argibay sobre el aborto provocado. Me trajo a la memoria un corto artículo que escribí hace casi 30 años en Cutral Có, en medio de un contexto social muy distinto al actual.

Lo envío por si interesa como testimonio de que en aquel tiempo habían voces que con más o menos coraje se atrevían a cuestionar la rigidez de principios impuestos dogmáticamente por la iglesia católica y el pensamiento de los sectores más conservadores de la intelectualidad argentina. Expresar una opinión que se opusiera, era temerario. Este texto corto es una exposición básica reseñada de algunas ideas y su objetivo fue estimular un debate amplio sobre el problema.

Quiero aclarar que hoy -a la luz de 30 años de experiencia- diría algo parecido, con matices, aunque no exactamente lo mismo. De todas maneras lo escrito en 1982 coincide en lo esencial con la posición de la jueza: el aborto debe ser legalizado.

Un saludo cordial.

Rodolfo Bassarsky

___________

El aborto inducido

Dr. Rodolfo Bassarsky
Cutral-Có, 1982

I

El tema del aborto inducido o provocado debe ser abordado desde distintas disciplinas y con disímiles perspectivas para entenderlo en profundidad. Es un debate que la sociedad argentina rehuye. Creo que por las implicancias socio-económicas que tiene debemos trabajar para alentar y promover discusiones que sirvan para informar, enriquecer ideas y pensamientos y para buscar soluciones a los problemas que se suscitan antes, durante y después de que ocurre.
La religión, la moral, las ciencias sociales, la biología, la medicina, la psicología, la tecnología, etc., están involucrados en el estudio a fondo de la problemática que se crea en torno del aborto provocado.
A modo de acicate para contribuir a la polémica y al posible debate, expongo en forma muy breve una reseña de ideas y datos que desarrollados podrían constituir una tesis sobre algunos aspectos del tema.

II

. El aborto inducido cuya regulación reconoce diversos grados de restricción, está penalizado en sólo una cuarta parte del mundo. En las tres cuartas partes restantes está legalizado de manera más o menos permisiva.

. Una inmensa mayoría de pensadores de la más diversa extracción opina que el aborto inducido es una práctica agresiva, no deseable y que debiera evitarse.

. La práctica del aborto no se evita con su ilegalidad. Por el contrario parecería coincidir su penalización con un aumento relativo de su prevalencia.

. Este posible aumento de la tasa de abortos ilegales en los países con legislación restrictiva debe vincularse más bien con que generalmente en ellos son pobres las campañas de educación sobre la sexualidad y escasos los servicios de planificación familiar.

. Un porcentaje significativo de personas que recurren al aborto -legal o clandestino- profesan religiones que se oponen a su práctica.

. La legalización del aborto no supone de ninguna manera estimular ni aconsejar ni promover su práctica.

. El aborto clandestino es la causa de múltiples y graves consecuencias para la sociedad en su conjunto a la que afecta en su salud y en su economía.

. Legalizar el aborto significaría disminuir drásticamente muchas de sus consecuencias perniciosas.

. Ser partidarios de la legalización del aborto no significa ser partidarios del aborto. Esto no es una paradoja. Simplemente expresa la idea de que la legislación es una herramienta al servicio del bienestar social y no un fin en sí misma.

. La despenalización del aborto en nuestro país con una reglamentación cuidadosa que ponga límites razonables, junto con la promoción intensa de campañas oficiales y privadas de educación sexual y planificación familiar, nos liberaría del flagelo social que constituye el aborto clandestino y nos colocaría del lado de países desarrollados incluyendo algunos en donde prevalecen religiones que se oponen a su legalización.

III

Expuse lo esencial del pensamiento de un sector de la sociedad. Muchas personas que opinan de esta manera no se atreven a exponer sus ideas por el desprestigio moral al que están condenadas por quienes se oponen tenazmente a despenalizar el aborto en Argentina. Médicos que temen ser tildados de “aborteros”, políticos que temen enemistarse con la Iglesia y con ciertos sectores del pensamiento conservador, trabajadores sociales y de la educación que temen ser señalados o discriminados laboralmente, etc.

COLOFÓN: La práctica del aborto inducido supone siempre un grado variable de daño individual y una injuria social. La práctica del aborto inducido es difícilmente controlable y en todo caso inevitable. El aborto provocado clandestino es más pernicioso, costoso e inmoral que la práctica del aborto legal.

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Música: Las marchas militares

ARGENPRESS CULTURAL

Como todas las actividades humanas, también la guerra está tocada por la expresión musical. Ir a la guerra, ir a matar a otro o a dejarse matar por otro, no es algo que se haga de tan buen humor. No es fácil lograr que otro ser humano se embarque en tamaña empresa sin un profundo trabajo político-ideológico-cultural previo. Son los grupos de poder –los únicos que se benefician de las guerras– los que se las ingenian para lograr que las grandes masas (en general varones jóvenes) estén dispuestos, o no tengan más alternativas, que ir a matar o morir en las guerras. En esa preparación, la música tiene mucho que aportar. Ahí están, por ejemplo, las marchas militares.

¿Para qué hay marchas militares? Para levantar la moral, para crear climas que favorezcan que jóvenes puedan estar dispuestos a ir a dar su vida en nombre de la defensa de valores, principios y riquezas que no les son propias. La música, en ese sentido, juega un importante papel. ¿Quién no se emociona cuando escucha marcial un aire militar?

Durante largos siglos, aparte de los tambores y algún otro medio apropiado para señalar ritmos bien determinados, la música militar no tuvo ningún repertorio ni grupo instrumental. En la primera parte podían golpear o soplar en algún instrumento posible. Los toques de corneta comenzaron a reglamentarse en los siglos XIV y XV. En todo caso, alrededor del siglo XVI habían ya toques de cornetas y trompetas y tambores, que utilizó ampliamente Jannequin en sus famosas fantasía vocal sobre “La batalla”, y que vuelven a encontrarse en parte, en los tiempos de Luis XIII. En la época de Luis XIV, el ítalo-frances Jean Baptiste Lully da el primer modelo de marchas militares, escritas a varias partes para pífanos, oboes o trompetas, formando la base de un repertorio que la colección Philidor nos ha conservado y que permaneció en uso durante la mayor parte del siglo XVIII. Los timbales eran ampliamente empleados en caballería, especialmente como instrumentos de percusión. Fue en 1762, cuando se formó, por deseo del mariscal de Byron, entonces coronel de la Guardia francesa, el primer cuerpo de música militar propiamente dicho; comprendía solamente cuatro oboes, cuatro clarinetes, cuatro trompas y cuatro fagotes. En 1788, esta banda había pasado a veinticuatro componentes, y a treinta y dos al año siguiente. El regimiento de Guardia suizos había seguido idéntico movimiento.

Desde 1777, los conciertos públicos de música militar se efectuaron alternativamente por los dos grupos, primero en Versalles y después en París, en pleno boulevard, principal lugar de paseo en aquella época. Se señala en 1783, la participación por primera vez de estas bandas militares en una ceremonia pública, en el te deum cantado en Notre Dame por la independencia de los Estados Unidos de Norteamérica. En Inglaterra y en Alemania, tuvo lugar un movimiento análogo, y la organización de las músicas militares, de su repertorio y de sus funciones se basaron en el mismo plan, pero con una gran parte bajo la influencia de lo que entonces se denominó música turca. En 1790, la organización de una escuela de música militar por Sarrette, fue el núcleo de los cuerpos musicales que bien pronto tomaron parte en las grandes ejecuciones públicas.

El músico Gossec fue el principal organizador de estas bandas y el compositor titular de su repertorio, en el que la marcha, la obertura y el pasodoble se confundieron con las piezas patrióticas. Al propio tiempo, Gossee utilizaba sus músicos en las obras con coros. En 1791, la fiesta de la federación le dio oportunidad para interpretar su Te Deum con un número imponente de ejecutantes, sin dejar de aumentarlos en las solemnidades ulteriores, hasta llegar a contar varios centenares de intérpretes en la ceremonia del 14 de julio de 1764. A mediados del siglo XIX, la invención de los instrumentos de metal del tipo Sax, aplicada a otros instrumentos de pistón, dio lugar a introducirlos rápidamente en las bandas militares y a crear el género especial de sonoridad típica de estas agrupaciones en las que tales instrumentos constituyeron desde entonces la base, aparte de los cuerpos de cornetas, trompetas y tambores encargados de los toques y llamadas reglamentarias. Las músicas militares desarrolladas en el curso del mismo siglo, sirvieron de modelo para la creación de numerosas sociedades, bandas y charangas con el mismo repertorio. En España, la música militar, con muy poca diferencia, y como en otras naciones, tuvo su aparición en los principios del siglo XVI con pequeñas agrupaciones formadas por instrumentos de viento (metal y madera) y percusión.

El esquema de marcha militar, europeo de origen, se extendió por todo el mundo, y al día de hoy cualquier obra que se encuadre en esa categoría más o menos presenta la misma fisonomía. Para demostrarlo presentamos aquí tres marchas militares, todas marciales, con marcado ritmo binario anacrúsico (típico de esta especie musical) de tres territorios muy lejanos: Alemania, México y China.




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Por haberte conocido

María Cristina Garay Andrade (Buenos Aires, Monte Grande. Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

En el sendero incierto de mi destino
El alma plena por primera vez
Pronuncia tu nombre por el camino
En canto eterno de palpitante fe
Qué dicha saber que estas ahí
A la espera de mi previsible llegada
Por la noche, en el atardecer o en la madrugada
Seguro que en el día habrá de darse así
La vida acaricia con dulzura mi sensible corazón
Con aroma de azares bautiza mi figura
El sol cálido me rodea con muchísima ternura
su luz me baña de energía y fascinación
Subiendo la colina buscando apagar mi sed
un pan de amor se presenta a mi merced
El final cercano me tiende la mano
y en mí brota espontánea la palabra hermano
Recorro mis pasos intensamente vividos
Algunos dolores yacen semidormidos en el olvido
itinerario de huellas que firme he transitado
Persistiendo reviven solo evocando el pasado
Giro la mirada desde lo alto sin sobresaltos
Observo la pradera sembrada de cruces en madera
Soledades de almas que pasaron por mi historia
Quedaron eternas grabadas en mi memoria
¡Con qué retiro solitario se llega al final del sol!
Voy buscando su albor como un enamorado girasol
Encanecida percibo en viaje la travesía final positiva
Avanza mi energía con maestría en su cuenta regresiva

Desafiándole al temor de la partida sin cobardía
Dejo sembrada una flor de amor por cada día
Para que tú las recojas y tal vez intrigada digas
Alguien que por aquí pasó y las dejó de amistad mendigas
Mientras lentamente se va ocultando el sol generador
Con misión casi cumplida mi figura hacia él erguida camina
y se anima a llevarse grabado consigo el exquisito sabor
de haberte besado el alma con total devoción y estima

De la luz divina con que Dios siempre me ilumina
Mi mano tendida en solidaridad y lealtad
Recoge los frutos que me enseñó su doctrina
De crear con mi prójimo una sublime amistad
Junto a esa paz atemporal que permanente me incita
a la entrega incondicional en universal humanidad
en mi corazón conmovido se instaló y habita
con plenitud por haberte conocido el amor y la felicidad

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