sábado, 11 de septiembre de 2010

Libro virtual: "El narcotráfico: Un arma del imperio"


El narcotráfico: Un arma del imperio
Autor: COLUSSI, MARCELO
Editorial: ARGENPRESS
ISBN: 9789872296919
Formato: DIGITAL (PDF)
71 páginas - 687 KB
Precio: $(ar) 28.- / U$S 7.-

El narcotráfico es una herramienta del imperialismo estadounidense en su estrategia de hegemonía global con el que controla los países y sociedades que necesita. Por su intermedio, además de manejar enormes cantidades de recursos económicos que oxigenan la economía capitalista mundial, se controla: 1) política y culturalmente a determinados colectivos, los más "molestos" para la lógica de los poderes: jóvenes, sectores marginales, y 2) militarmente a grandes poblaciones, utilizándolo como coartada que permite invadir y/o tener presencia para, al menos en forma oficial, "combatir" ese flagelo.

Se muestra lo hipócrita de ese discurso, pues mientras se declara que la preocupación de fondo es un problema de salud pública (el aumento de consumidores de drogas ilícitas), lo único que hace la geoestrategia imperial es mantener esas sustancias como ilegales, aprovechando eso para intervenir por la fuerza amparándose en un fin supuestamente noble. El supuesto combate al narcotráfico no sólo no terminó con el problema sino que lo agravó. El consumo de drogas sigue aumentando.

La única posibilidad real de, si bien no terminar con el consumo pero al menos limitarlo en forma considerable, es legalizar las drogas. La otra opción para terminar con estas estrategias de control global es trabajar políticamente para cambiar las relaciones de poder establecidas en el mundo, o sea: construir una sociedad nueva.

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Convocatoria: El arte del siglo XXI

ARGENPRESS CULTURAL

Estimadas/os lectoras/es:

La presente entrega de ARGENPRESS CULTURAL está dedicada especialmente a la reflexión sobre el arte del siglo XXI. Como sabrán, algunas semanas atrás hicimos la convocatoria invitando a reflexionar sobre el tema; todo lo que hoy presentamos son colaboraciones enviadas por ustedes respondiendo a la invitación.

Comenzamos con este interesante video que nos hiciera llegar un lector, y les agradecemos infinitamente a todos quienes enviaron colaboraciones.




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Presencia del cuerpo y percepción de lo digital. Algunas reflexiones sobre "Ciberdanza"

Margarita Schultz (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La creatividad teórica reflexiva ha ido de la mano con la creatividad artística, desde que se han instalado los discursos sobre arte, al menos en Occidente. Sin embargo, debería decir que normalmente ‘ha ido a la zaga de la creatividad artística’.

Las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC’s) representan hoy una etapa más en esa secuencia (creación-reflexión), tanto en lo relativo a la creatividad artística como respecto de la reflexión sobre sus productos.

La ciberdanza es entendida como resultado de la articulación entre las computadoras como máquinas y el arte de la danza, una modalidad de movimiento corporal de carácter estético generada en concordancia con las posibilidades que ofrecen las TIC’s.

A partir de la articulación referida surgen variadas experiencias. Se trata de modos sui géneris de percepción, tanto del entorno como del propio cuerpo del bailarín en tanto entidad creadora. Son enlaces de la tecnología con el arte, manifestaciones inesperadas para la tecnología misma.
Step - Compañía de danza tecnológica

1. Umbral

La creatividad teórica reflexiva ha ido de la mano con la creatividad artística, desde que se han instalado los discursos sobre arte, al menos en Occidente. Sin embargo, debería decir que normalmente la creatividad teórica ‘ha ido a la zaga de la creatividad artística’. Las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC’s) representan hoy una etapa más en esa secuencia histórica (creación-reflexión), tanto en lo atinente a la creatividad artística como respecto de la reflexión sobre sus productos.
En el contexto de las TIC’s, la ciberdanza es entendida como resultado de la articulación entre las computadoras como máquinas y el arte de la danza, una modalidad de movimiento corporal de carácter estético generada en concordancia con las posibilidades que ofrecen las tecnologías de la información. Las siguientes reflexiones están motivadas por la presencia de esa manifestación actual de la danza, un fenómeno en desarrollo y enriquecimiento continuos (1).

2. Acerca de la percepción del movimiento

Es preciso recordar que la percepción del movimiento corporal en la danza se establece sobre un trasfondo insoslayable: la percepción cotidiana de la relación tiempo-espacio. Eso es así para cualquiera de las manifestaciones culturales de la danza (considerada en sus dos grandes categorías: artística y ritual, con sus variables étnicas). Ver un cuerpo humano en movimiento es percibirlo como un desplazamiento simultáneo en el espacio que lo contiene y en el tiempo que ‘lo contiene’. Esto es claramente sensible en el ámbito de referencia de la danza artística en la medida en que prioriza el movimiento significativo y expresivo. La danza artística elabora el espacio donde ocurre y el tiempo en que ocurre. Lo que sucede de manera diferente, trátese de la danza tradicional narrativo-literaria, (la que representa un argumento), o de la danza moderna y contemporánea (más próximas a la abstracción de la música que a la literatura). Las danzas de finalidad o motivación ritual no están alejadas de la elaboración del movimiento. Basta con pensar en la contundencia del valor simbólico-religioso de cada gesto de los danzantes en representaciones de fenómenos como la fertilidad, los dioses-animales, el congraciarse con los demonios, la muerte… (2)

Esa percepción del movimiento dancístico como objeto en una articulación espacio-temporal conlleva otras percepciones, no subalternas en su trascendencia pero sí dependientes de la primera. Son importantes en ese sentido la expresión de lo centrífugo y lo centrípeto, así como las articulaciones entre lo convexo y lo cóncavo, diferencias que el cuerpo humano (en la acción dancística) puede comunicar con énfasis. Se trata de manifestaciones sutiles de la expansión y la contracción, vectores de subjetividad que actúan como símil de las manifestaciones cardíacas y los procesos emocionales.

El hilo conceptual invita a revisar ahora uno de los ejemplos emblemáticos de danza narrativa, casi un sinónimo de ‘ballet’. Me refiero a Swan Lake (El lago de los cisnes) de Piotr Ilich Tchaikovsky -1877- y a la urdimbre de amor y drama entre Sigfrido (un humano) y Odette (una bella joven convertida en cisne por un ‘hechizo’) (3).

En los ejemplos de danza argumental, que puede ser designada como literaria siguiendo la idea de la pintura literaria, el cuerpo del bailarín asume, significativamente, el carácter de signo de ‘lo otro’, donde ‘lo otro’ alude a los hitos argumentales expresados en la coreografía. Aun en los casos de excelencia dancística superlativa (Plisetskaya, Nureyev, Bocca…) y dominio físico admirables, el cuerpo humano señala algo más allá de su propio dominio, expresividad dancística y estética de los movimientos. El movimiento apunta a lo que pasa, lo que sucede, el ‘plot’ que debería ser comprendido por el público a partir de los movimientos de los bailarines.

Corresponde introducir aquí la conocida diferencia entre las nociones de representación figurativa y representación abstracta en las artes visuales, leídas desde la plataforma de danza literaria y danza abstracta (no-literaria). Para la danza no-literaria los movimientos de la expresividad del bailarín se generan en su intimidad, aunque no motivados allí por argumentos literarios. El movimiento corporal devela entonces acciones que permanecen como significados vinculados al paradigma de los grandes hitos de la emocionalidad humana, como sucede, asimismo, con la música en el tiempo (salvo contadas excepciones de música figurativa). Me refiero a cualidades como serenidad, exaltación, incremento, decrecimiento, entre otros conceptos de la riqueza inagotable de la emocionalidad.

Esa diferencia de conceptos, figurativo-abstracto, cuya legitimidad está en parte sancionada por el uso y no es momento de debatir, cobra nueva importancia con la articulación actual entre cuerpo humano en movimiento y TIC’s. La síntesis entre ambos fenómenos está plasmada en el término ‘ciberdanza’ (4).

No es excéntrica esa búsqueda de información acerca de las posibilidades actuales del movimiento corporal traducidas mediante interfaces diversas a soportes para la visualidad, como telones, paredes, etc. El punto en que se encuentran hoy las ciencias del conocimiento instala en el centro de la reflexión -o muy cerca del centro- el aporte de la corporalidad como un todo en los procesos cognitivos. Es lo que se conoce como cognición corporizada. Esta integridad fue destacada por el filósofo Merleau-Ponty (5) en el sentido de que la percepción cognitiva del mundo no puede prescindir del cuerpo, integrado al mundo y en el mundo (6). En verdad, sucede que el individuo, en sus actividades cognitivas, no prescinde del cuerpo. Más todavía: no hay cognición sin intervención integrada de la corporalidad. Por el cuerpo estamos ‘situados’ en el conocimiento.

Escribe uno de los seguidores de Merleau-Ponty, Andy Clark (7):

“Tratar a la cognición como una pura resolución de problemas nos induce a abstraernos del cuerpo verdadero y del mundo verdadero en el cual han evolucionado nuestros cerebros para guiarnos”. “Treating cognition as pure problem solving invites us to abstract away from the very body and the very world in which our brains evolved to guide us”. www.econ.iastate.edu/classes/econ308/tesfatsion/AClarkch1.pdf -xii- (Clark, Andy. (1997), Being There: Putting Brain, Body, and World Together Again).

Por otra parte, la danza no narrativa ni literaria, emerge como un antecedente de las experiencias híbridas (8) de las cuales da indicio el concepto de ‘ciberdanza’. La transformación del fenómeno de movimiento corporal expresivo, introducida por Merce Cunningham (9) (1919. Centralia, EE.UU.), tuvo influencia decisiva para las manifestaciones ‘híbridas’, posteriores.

3. Las derivas de las TIC’s en el horizonte de la ‘ciberdanza’

Quiero destacar ahora algunas proyecciones de las TIC’s (Tecnologías de la información y la comunicación) y su presencia en la ciberdanza:

• La ‘hibridez’, refiere aquí a la articulación estética del cuerpo humano-orgánico con la máquina-inorgánica (10).

• La mediación de las máquinas, aludida en preguntas complementarias como ¿qué resta esa mediación a la reconocida creatividad de la danza? ¿qué aporta, en cambio, a la expresividad artística y al descubrimiento de nuevos espacio-movimientos en ese ámbito? (11)

• El tema de la ‘gravedad’ de los cuerpos en la danza tradicional (12) y su vector tecnológico actual: en los fenómenos de danza híbrida el sujeto se abre fuera de los límites de su propio cuerpo en las imágenes proyectadas, su imagen flota…con una cualidad de ingravidez. Ficticia, sí, pero actualizada y perceptible para el observador (son los efectos de la interfase).

• Finalmente, en esta enumeración incompleta, la coreografía casual: una variante de las coreografías híbridas. Es la incitación al movimiento corporal desde obras digitales interactivas que promueven una suerte de ‘danza’, en el usuario-espectador. La búsqueda de efectos en esas obras genera la exploración de movimientos corporales. Se trata de formas impensadas -no impensables- de creatividad para un cuerpo normalmente pasivo, en ese aspecto.

Sobre la re-interpretación del cuerpo humano en lo relativo a las experiencias híbridas escribe la artista bailarina y coreógrafa Ivani Santana (13), de Sao Paulo, Brasil en su texto ‘Corpos Abertos’ (14).

“El cuerpo es visto, entonces, como materia-prima fundamental para los artistas del arte contemporáneo. … Los artistas de la era digital se vuelven hacia esta otra posibilidad de entender y actuar como ‘nuestra existencia’. Se trata de una re-visitación a la naturaleza (del cuerpo).”

La conceptuación de Ivani Santana, compartida por otros creadores del área de la danza ‘híbrida’, es que el cuerpo humano por la mediación de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC’s) se encuentra abierto al mundo, lo que permite otro tipo de comunicación. Se trata de redescubrir el cuerpo humano (re-visitarlo) en un feedback que envuelve cuerpo-arte-tecnología.

4. Proyecciones actuales de la noción de ‘apertura’

Notemos, a partir de lo anterior, que la apertura tiene matices: Ante todo alude a la ‘salida’ del movimiento dancístico hacia pantallas, monitores, techos, paredes, el suelo, agua, humo…; la salida atañe también a la producción eventual de sonidos generados a partir de esos movimientos coreográficos (mediante programas específicos).

El movimiento corporal abierto entra en connivencia con el fenómeno del azar, en tanto se independiza de la narrativa coreográfica predeterminada -tan propia del ballet tradicional. La percepción de su cuerpo por el bailarín en la danza híbrida le permite alcanzar un multi-perspectivismo de sus movimientos. Esto sucede cuando cámaras grabadoras (situadas en diferentes puntos del espacio donde ocurre la danza) le muestran ángulos plurales de su cuerpo que normalmente no percibe (una suerte de cubismo coreográfico, si corresponde la denominación).

En el ballet tradicional, aun en la danza contemporánea, el cuerpo humano que danza se percibe como una figura destacada de un fondo (escenográfico o de cámara negra…). La proyección de imágenes del cuerpo en la ciberdanza crea situaciones en las cuales las imágenes del cuerpo proyectado pueden aparecer como fondo de ese sí mismo del cuerpo del bailarín, en un dubitativo juego figura-fondo. En esas circunstancias, la relación contrastante figura-fondo desdibuja el perfil de ese contraste y hasta es imaginable pensar que se invierten los términos.

Las asociaciones que se elaboran en esa simbiosis van asimismo a tomar elementos de otros paradigmas, tales como textos (proyectados), otras imágenes fuera de las producidas por el cuerpo del bailarín (también proyectadas sobre superficies diversas).

Sumado a eso está la ‘salida a la Red’, posible por el enlace del cuerpo y su movimiento con computadores (mediante la técnica de sensores multifacéticos). Son innúmeros hoy los ejemplos de obras de creación artística en las cuales intervienen usuarios de diferentes puntos del planeta desde sus computadores. Se trata de una pluralidad de modos de intervención por manipulación de software, asunto sobre lo que no es necesario insistir.

Un tercer efecto de la relación danza-computadores en las manifestaciones ‘híbridas’ tiene que ver con la posibilidad expresiva que el cuerpo humano les ofrece a las máquinas. Sí, porque al mismo tiempo que el cuerpo humano en su actividad dancística se beneficia de su relación con las TIC’s, al estar vinculado a la tecnología digital le permite ’a la tecnología misma’ manifestarse. Mostrarse más allá de los programas configurados, trascender los códigos y sus predeterminaciones. El arte dancístico -el caso que me ocupa- hace partícipe a la tecnología de la improvisación y la creatividad humanas. Esto, dicho sin actitud ‘animista’.

5. “Cuerpos abiertos” y otras aperturas

Es sencillo reconocer que la apertura del cuerpo en la danza de interfase digital se corresponde, en su concepción y puesta en práctica, con otras aperturas, asumidas por el pensamiento contemporáneo. Son ejemplos de ello, entre otras, la apertura de los intercambios entre los organismos y los medios en una transformación dinámica, la de los intercambios constantes entre los signos (donde se generan campos semánticos cuyos bordes son a la vez flexibles y de crecimiento continuo), la que se da entre la mente y los fenómenos a que apuntan los signos…

Un organismo abierto puede vencer el proceso entrópico creciente (proceso que no ocurre, en cambio, en un sistema cerrado). Un organismo abierto puede generar, entonces, neguentropía… (entropía negativa (15)), es decir, emergencia creativa.

Por eso es importante desarrollar la capacidad ‘conectiva’ de los fenómenos, sean éstos signos, procesos, objetos digitales, personas, organismos, obras, cuerpos en la experiencia híbrida de la ciberdanza…

La vitalidad del arte está en su permanente creación de caminos laterales. Su mejor pregunta es: ¿Por qué no?

Este artículo fue publicado en el mes de Agosto 2010 en la revista Cibertronic. Último número: Tecnologías Expandidas. http://www.untref.edu.ar/cibertronic

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Contracultura y revolución

Carlos Duque (Desde Caracas, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Vivir o no vivir: saber si algún destino
vale que nos juguemos la vida toda entera!
Ludovico Silva

Si hay alguien que creyó en el poder de la palabra y en las dimensiones que ésta puede alcanzar en el alma humana fue Ludovico Silva. Este gran pensador dejó “para las nuevas generaciones” un problema planteado: la contracultura. Hoy, cuando se vaticinan momentos duros para la humanidad, se hace cada vez más urgente analizarlo a fondo.

El estudioso incansable de la obra de Marx, que supo recoger su esencia y de-velar las patrañas y falsas interpretaciones que muchos estudiosos y teóricos hicieron del autor de El capital, llegó a tener en sus manos de alquimista del pensamiento una buena aproximación de esa materia pura que aún no se ha bien empleado, el marxismo. A partir de una ardua tarea que le llevó gran parte de su vida a hurgar en lo más recóndito de este planteamiento, logró analizar el pasado y el presente del mundo que le rodeó, y dejar un sendero abierto pleno de herramientas para continuar abriendo el camino hacia un socialismo con otra mirada que lograra combatir el modo capitalista que, como él mismo decía: “tiene más muertes que un gato”.

Hoy cuando se avizora una nueva reorganización de fuerzas en el mundo y se escuchan voces que hablan de la caída del imperio más grande que ha existido sobre la faz de la tierra, o de al menos otra muerte más que debemos procurar sea la definitiva, se hace de suma importancia el enfoque marxista de Ludovico.

Este imperio se ha mantenido no sólo por su gigantesco despliegue tecnológico-armamentista, sino también por su perfeccionamiento sistemático de arrollamiento y arropamiento cultural, o contra-cultural para usar el término de Ludovico que aclara: “La única cultura auténtica que se produce, y que casi nunca llega al pueblo, es forzosamente una contra-cultura, compuesta de anti-valores y totalmente enfrentada al sistema social.” Todos estos anti-valores son disparados, de manera implacable, segundo a segundo, mediante sus cañones de propaganda ideológica: cine, televisión, libros y revistas, publicidad, modas, entre otros, llegando a aniquilar costumbres, tradiciones y manifestaciones humanas por completo.

Una fotografía que podría ilustrar esto es el devastamiento entero que dejan las industrias transnacionales cuando pasan por selvas y bosques; así parece quedar el espíritu de los pueblos cuando pasa la maquinaria contra-cultural: arrasados, como los árboles que tardaron siglos en echar sus fuertes raíces y que de un momento a otro pasan a formar parte de un cuadro desolador.

Los laboratorios de alienación cultural van a la par de los últimos avances en armas de guerra que cada semana se exhiben en Discovery Channel, al mismo tiempo que se fabrica un nuevo avión, como última “pieza artística de guerra” indetectable por ningún radar ni dispositivo de rastreo, se fabrican también nuevas estrategias para idiotizar a los pueblos con finos instrumentos de dominio que atraviesan las fronteras, los hogares y las mentes sin que puedan ser percibidos.

Todo esto dictado y avalado por un “Dios” pervertido en infinidades de religiones y llevado al mundo terrenal por sus gobernantes. En La otra historia de los Estados Unidos, Howard Zinn refiere que, entre las disputas que se suscitaron sobre tomar Filipinas o no, hubo “…una anécdota del presidente McKinley sobre cómo contó su toma de decisión a un grupo de ministros que visitaban la Casa Blanca:

Solía caminar por la Casa Blanca, noche tras noche, hasta la media noche; y no me avergüenza decirles, caballeros, que más de una noche me arrodillé y recé a Dios Todopoderoso para que me iluminara y guiara. Una noche –era tarde ya– me vino de la siguiente forma; no sé cómo sucedió pero me vino:

Que no podíamos devolverlas a España –eso sería cobarde y deshonroso.

Que no podíamos dejarles solos. No estaban preparados para la autodeterminación y pronto caerían en la anarquía y en un gobierno peor que el que les había dado España.

Que sólo cabía hacer una cosa: hacernos cargo de todos los filipinos y educarlos, elevarlos, civilizarlos, cristianizarlos y por la Gracia de Dios, hacer todo lo posible por estos nuestros semejantes…

Y Eduardo Galeano nos cuenta en su libro Espejos, que en el año 1900 el senador de los Estados Unidos, Albert Beveridge revelaba que “Dios Todopoderoso nos ha señalado como su pueblo elegido para conducir, desde ahora en adelante, la regeneración del mundo.” Ese mismo senador republicano afirmaría ante sus colegas en la sesión del 9 de enero de ese mismo año, en cuanto a la ocupación yanqui de las Filipinas que “La declaración de la Independencia no nos prohíbe cumplir con nuestro papel de redimir al mundo.”

El descaro de estos gobernantes es insólito y lo más terrible es que lo han dicho de forma abierta y lo han llevado a cabo a lo largo y ancho de nuestro planeta, no sólo porque creen que es su derecho, sino porque el mismísimo Dios se lo manda. Así vimos a George Bush como un “buen samaritano” invadir Afganistán e Irak en nombre de la libertad y de ese misterioso ser que tanto invocan para sembrar terror.

Pero detrás de los políticos está también un buen número de teóricos e intelectuales que han venido armando el libreto donde se desenvuelven estos emisarios de la muerte, y estructuran un flanco ideológico de avance por donde se pasea la superestructura de poder. Esta ideología, que ha sido impuesta a todas las sociedades existentes por las clases dominantes y que Ludovico Silva la definió –a partir de la obra de Marx– como:

…una región específica de la superestructura social, compuesta por un sistema de valores, creencias y representaciones, que tiene lugar en todas las sociedades en cuya base material exista la explotación, y que está destinada, por el mismo sistema, a preservar, justificar y ocultar idealmente –en las cabezas mismas de los explotados– la explotación que tiene lugar en la estructura material de la sociedad…”

Es, sin lugar a dudas, la misma ideología ocultadora que Bolívar –sin ser marxista– veía ya en los fundadores de la sociedad norteamericana cuando lanzaba tan certera profecía: Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miseria en nombre de la libertad.

El intelectual norteamericano Noam Chomski, en una entrevista realizada por Atilio Borón, devela claramente el descaro del imperialismo al poner en evidencia a uno de los fundadores de la ciencia política de su país, Harold Laswell, quien en su artículo sobre “opinión pública” afirmó:

…que las minorías inteligentes deben reconocer la “estupidez y la ignorancia de las masas” y no sucumbir ante ningún dogmatismo democrático. Las masas deben ser controladas, por su propio bien, y en las sociedades democráticas, donde la aplicación de la fuerza es más improbable, los gerentes deben recurrir “a una nueva técnica de control, especialmente mediante la propaganda”.

Este principio o fundamento es impuesto en primer lugar a la sociedad norteamericana, allí fue, y es, ensayada y perfeccionada sobre sus ciudadanos; todo el dolor y el terror que le imprimen al mundo sus gobernantes es visto como una “promesa patriótica” en el universo mental de gran parte de ese pueblo estupidizado, hasta el punto en que la idiotez se vuelve peligrosa y letal para la vida en este planeta.

De esta manera el capitalismo se ha convertido en una máquina brutal que va triturando la sensibilidad de las almas, fabrica ilusiones, vende sueños, crea espejismos, que llevan al individuo a estrellar sus narices como ciegos contra las vitrinas y las pantallas. “La cultura –como dice Galeano– se está reduciendo al entretenimiento, y el entretenimiento se convierte en brillante negocio universal; la vida se está reduciendo al espectáculo, y el espectáculo se convierte en fuente de poder económico y político; la información se está reduciendo a la publicidad, y la publicidad manda”. Tal como lo titula su obra, vivimos en La escuela del mundo al revés.

La cultura de los pueblos no se expresa, por decir algo, en los museos, la casas de poesías, en las fiestas tradicionales o en la gastronomía propia; se ha generado una desraización de la cultura expresada hoy en las grandes multitudes de gente que va de shopping, ni siquiera a comprar, sino, a postrarse ante el Dios mercado. Lo vemos a diario, tal es la distracción de nuestros pueblos. Basta pararse el fin de semana en la estación del metro aledaña a cualquier centro comercial para ver las procesiones de parejas y familias enteras, que van a al gran templo a adorar sus vitrinas y sus santos de plástico que visten sus túnicas Hugo Boss, Nike, Adidas… y que en la mayoría de los casos no pueden adquirir, porque una sola pieza puede triplicar el salario de un mes de cualquier obrero latinoamericano.

Esto conlleva a que después de doscientos años de independencia nos mantengamos desarticulados como pueblos y nos desconozcamos como naciones fraternas, ya que la imposición de esa contra-cultura es tan implacable que cualquier niña o niño (y adultos también) pueden decir con certeza los colores de la bandera de los Estados Unidos de América, pero muchos serían incapaces de describir la bandera de Bolivia, Perú, Panamá, por no decir de nuestros países vecinos. Como dice Fidel: “Es más fácil dominar a los siete enanitos que dominar a un boxeador, digamos, aunque sea de peso ligero. Ellos han querido conservarnos como vecinos enanos y divididos para mantenernos dominados.”

¿Cuántos ciudadanos de Nuestra América conocen a los cantores y cantoras como Alí Primera, Silvio Rodríguez, Chico Buarque, Mercedes Sosa, Lilia Vera? Pero si hiciéramos una encuesta para comparar, nos encontraríamos con que buena parte del porcentaje sí conoce a Michael Jackson, Britney Spears, Backstreet Boys y demás “artistas” enlatados. Así como ocurre con los escritores y artistas que venden su alma al diablo capitalista, que parecieran estar presente en la voz de Ludovico en su poema Cáncer del mundo: venid, venid a ver a este hombrecito/ que no sabe cantar/ venid, venid a oír sus palabritas/ sus pendejadas y ridiculeces.

Ante esta triste visión a escala mundial es que reluce el pensamiento de Ludovico como al final del oscuro túnel –el del capitalismo–, cuando plantea que:

…en el supuesto caso de que la humanidad llegase a una etapa socialista mundial uno de sus signos obligados sería la uniformización cultural, entendiendo por ello, no la negación de variedades regionales (que enriquecen la cultura), sino la existencia de una cultura accesible a todos, basada en los valores humanos, y de la cual puedan todos los pueblos participar por igual.

Es aquí donde entra en juego el papel de la cultura en las trasformaciones que el mundo exige, o más bien lo que Ludovico denomina como contracultura capitalista, es decir: …el modo específico de ser cultural de la sociedad capitalista moderna y que se enfrenta a la cultura ideológica, o a la ideología a secas. La contracultura es la lucha contra el imperio universal de los valores de cambio, en tanto la ideología es la lucha por mantener idealmente el statu quo de la sociedad basada en los valores de cambio.

En este sentido, Luis Britto García afirma que: “La cultura es la mediación que el hombre crea para cubrir con símbolos la distancia que lo separa de la naturaleza. Así, desde el principio y por esencia la cultura fue una contracultura. Una disruptiva facturación de símbolos, artefactos y conductas, progresivamente diferenciada de, y con frecuencia opuesta a, la normativa natural del instinto.”

Partiendo del mito de Prometeo, Britto sostiene que “La cultura de occidente sanciona sus códigos con la combinación mítica de la constricción y del fuego infernales, nueva metáfora de las llamas encadenadas.” Y dice que:

Las contraculturas, por el contrario, recurren a la metáfora del fuego desencadenado. La quema de dinero en la Bolsa de Nueva York, la incineración de las tarjetas del servicio militar por los pacifistas, la quema de sostenes por las feministas, el incendio de los ghettos por los afronorteamericanos y el combate callejero con molotovs, constituyen ritos de purificación opuestos al fuego cautivo de los cilindros del motor y de la carga de los proyectiles. El fuego desencadenado, por lo mismo que simboliza el tiempo inmediato y eternamente presente en la naturaleza, se opone al tiempo de la civilización, estructurado y prolongado hacia el pasado y el futuro por las cadenas de la casualidad. El desencadenamiento del fuego busca así clausurar un orden perimido, para sustituirlo por un tiempo nuevo y purificado.

Si la contracultura es la insurgencia del orden cultural, el arte está llamado a propiciar esa ruptura. Por tanto, la función del artista en la actualidad ha de ser la de convertirse en un ente contracultural, es decir, un firme combatiente de la cultura capitalista dominante, de esa “ideología a secas”, ante la cual Ludovico se llegó a preguntar valientemente ¿por qué, si Marx habló tan claramente acerca del peligro de la ideología, como región contrapuesta a la cultura y a la conciencia de clase, todavía se sigue sosteniendo, dentro de los círculos marxistas, la vaga idea de que hay, al lado de una “ideología burguesa”, una “ideología proletaria, revolucionaria?

Ludovico sostenía con amplia firmeza, –y esto le llevó a tener detractores–, que: No hay cosa tal como una “ideología revolucionaria”, puesto que la ideología, por definición, está al servicio de las clases dominantes y explotadoras. Lo único que puede oponerse a esa ideología es la conciencia de clases que asuman las clases explotadas. Por tanto la fortaleza de una contracultura propia de nuestra época, debe estar enfocada a la destrucción del capital material que está alimentado por eso que Ludovico llamó plusvalía ideológica, que no es más que la ideología que se transmite en los medios de comunicación junto a toda la parafernalia neoliberal que se reafirma en el “inconciente colectivo” (Freud) desde la escuela, la iglesia y demás mecanismos de alienación universal.

En este sentido, el único campo de lucha donde se le pueden terminar de doblar las rodillas a ese Goliat que se encuentra hoy en plena crisis mundial, es en el de la contracultura, que es también, en cierto sentido, la “batalla de las ideas” de la que Fidel ha venido pregonando al mundo y que repercute en nuestro país, en particular. Sólo a través de ésta se logrará dar el paso certero hacia el camino de la igualdad, no ya de la igualdad material sino de la igualdad espiritual, a la que cada uno de nosotros tenga acceso y pueda definir el verdadero sentido de la vida.

Bien dijo Freud, en El malestar en la cultura, que…el destino de la especie humana será decidido por la circunstancia de si -y hasta qué punto- el desarrollo cultural logrará hacer frente a las perturbaciones de la vida colectiva emanadas del instinto de agresión y de autodestrucción.

El maravilloso poeta Federico García Lorca en su “Alocución al pueblo de Fuente Vaqueros” cuando hablaba del “anhelo de alegría” y “el afán artístico, amor a la belleza y a la cultura”, que había en su querida Granada; este ser hermoso, artista en el verdadero sentido de la palabra, ponía el valor del arte por sobre todas las cosas:

Yo he visto a muchos hombres de otros campos volver del trabajo a sus hogares, y llenos de cansancio, se han sentado quietos, como estatuas, a esperar otro día y otro y otro, con el mismo ritmo, sin que por su alma cruce un anhelo de saber. Hombres esclavos de la muerte sin haber vislumbrado siquiera las luces y la hermosura a que llega el espíritu humano. Porque en el mundo no hay más que vida y muerte y existen millones de hombres que hablan, miran, comen, pero están muertos. Más muertos que las piedras y más muertos que los verdaderos muertos que duermen su sueño bajo la tierra, porque tienen el alma muerta. Muerta como un molino que no muele, muerta porque no tiene amor, ni un germen de idea, ni una fe, ni un ansia de liberación, imprescindible en todos los hombres para poderse llamar así.

[…]
Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. «Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre», piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento,…por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.

Lorca describió ese encierro que vive el hombre moderno al estar sometido a la máquina demoledora del capitalismo. A esos millones de hombres y mujeres que viven hoy la debacle económica que ha desencadenado el sistema brutal imperante, que tienen que trabajar muchas veces más de 14 horas para poder sobrevivir –si es que a eso se le puede llamar vida– el día a día.

Pero Lorca habla también del “supremo bien de la belleza que es la vida” cuando el hombre puede gozar del arte y la cultura, de ese despertar del aletargamiento del trabajo mecánico de autoaniquilamiento del hombre; no se refiere a la cultura idealista o elitista, sino a la cultura como una “fiesta de cualquier índole” y él sí que supo rescatar las raíces verdaderas del pueblo español, tanto en su obra escrita como en la puesta en escena de sus piezas teatrales.

Uno de los mayores poetas del cine como lo fue Andrei Tarkovski, que vivió parte de esa terrible perversión en que degeneró el sueño de la Unión Soviética, sostenía que …uno de los más desoladores aspectos de nuestra época es la total destrucción en la conciencia de las personas de todo lo que está ligado a una percepción consciente de lo bello. La cultura moderna de masas está dirigida al “consumidor”, la civilización de la prótesis, está mutilando las almas de las personas, creando barreras entre el hombre y las cuestiones fundamentales de su existencia, entre el hombre y la conciencia de sí mismo, en cuanto ser espiritual. El artista, por ello, no puede hacerce sordo al llamado de la belleza; solo ella puede definir y organizar su voluntad creadora, permitiéndole, entonces, transmitir a los otros su fe. Un artista sin fe es como un pintor que hubiese nacido ciego.

El artista debe ser el primero en sentirse llamado a estirar la honda contra el gigante, y en contraponerse a la cultura dominante. En nuestros tiempos, —decía Ludovico— un poeta que se limite a hacer versos es un pobre poeta. Ludovico como poeta también supo poner su fuerza en esta batalla y resultan sorprendentes sus palabras en la introducción de su libro de poesía Cuaderno de la noche (1968):

La cultura ha llegado a producirme asco. Lo que antes fue para mí el sentido máximo de la existencia, la puerta de oro después de la cual estaba el cielo de los elegidos, la montaña en cuyas alturas estaban lo bello y lo bueno con gran desdén hacia las nimiedades de la vida corriente, todo eso ha explotado de pronto ante mis ojos y me he quedado sin nada y ando con los pies cansados, cansados, sin suelo donde apoyarlos; flojo en la inseguridad de quien ya no tiene otro ideal que el odio hacia todos los que viven engañados; y nado en el desprecio, como un perro arrojado de pronto al mar.

Este dolor que brota desde lo más profundo del alma de Ludovico es la comprobación del desprecio por esa “cultura ideologizada” y rancia que debió respirar para ese momento de su vida; es ese sentimiento que él mismo cuenta en su obra Contracultura, invadió a Edgar Allan Poe, Baudelaire, Rimbaud y todos aquellos que se han enfrentado a la cultura imperante.

Ludovico, en su ensayo “Al rescate de la poesía” analizaba desde su perspectiva la manera como se tendía a ver a los poetas en la sociedad venezolana

…como unos seres extraviados, sumidos en una bohemia infecunda, cuando no afectados malamente del cerebro: especie de parásitos sociales que se comen las migajas de la burocracia cultural, y que no participan para nada en el desarrollo del país. Desgraciadamente, los poetas nuestros no saben responder a este reto que les plantea la sociedad. Entre nosotros jamás se alza una voz digna y fuerte que sepa dar el tono y enfrentar de una vez por todas el filisteísmo reinante. Los poetas se quedan callados, haciendo sus versos y lamentándose de que la sociedad sea injusta con ellos. Nuestros poetas ignoran que es preciso luchar, en guerra a muerte y sin cuartel, para defender el lugar y sitio preeminente que tiene la poesía dentro de la sociedad. Se dejan vencer, no dicen nada. No escriben su protesta. Todos los grandes poetas, por el contrario, han sido seres que han entrado en conflicto con su sociedad, de una manera u otra.

Y más adelante afirma que

…el poeta, que en nuestras sociedades modernas es un hombre que vive en perpetua guerra contra las grandes ciudades capitalistas, tiene que aprender racionalmente qué es el capitalismo, y es más: tiene que denunciarlo. Tiene que estar en guerra, porque la sociedad está en guerra con él.”

¿En qué sentido el arte es revolucionario? se pregunta Ludovico quien padeciera ese malestar cultural, y responde: En el sentido en que contribuye a la expansión y la liberación de la conciencia y la sensibilidad humanas.

Para que exista una verdadera transformación, una revolución en pleno sentido de la palabra, debe haber una batalla de la contracultura que rompa los viejos esquemas. Así como no hay Revolución sin cultura revolucionaria, —nos dice Luis Britto García— toda verdadera Revolución es Cultural. Piensa, y vencerás.

La nueva geometría mundial que se plantea la humanidad requiere una amplia revolución cultural. Hoy, para bien de la sociedad venezolana, han despertado innumerables voces poéticas (y artísticas en general) que van ampliando el panorama. Sin duda alguna está bullendo y ha de surgir un movimiento poético que transforme esa cruda realidad que vivió Ludovico. Vemos que a lo largo y ancho del país surgen pequeños “fueguitos” —como diría Galeano— que hacen arder la palabra, de lo que se vislumbra una buena hoguera. Las condiciones sociales cada vez se abren paso aceleradamente y las condiciones poéticas parecen resurgir de una época que escondía sus brasas bajo las cenizas del individualismo.

Sin lugar a dudas se auguran nuevos tiempos para el arte y la cultura, y los artistas están entrando cada vez más en sintonía con la realidad, asumiendo el reto. Todo proceso verdaderamente revolucionario —nos dice Ludovico—, debe tender a la transformación de la sensibilidad del hombre. Y refiriéndose al Che afirmaba que “…si bien la misión de la revolución es transformar la sensibilidad y la conciencia, para que se inicie el proceso revolucionario es preciso que haya unos cuantos hombres que hayan realizado en sí mismos esa transformación, es decir, que sean previamente hombres nuevos.”

Nuestro gran poeta Gustavo Pereira en el recibimiento del Premio Nacional de Cultura 2006, dijo como parte de su discurso que:

Por la cultura pertenecemos a un país, nos miramos en las fuentes de nuestro ser social. Por ella aprendimos a defender espíritu y tierra ante todo invasor, por ella enfrentamos las pretensiones hegemónicas de los imperios, las degradaciones del atraso y el estancamiento, las carencias o los abismos de nuestras resoluciones e irresoluciones. Por ella accedemos a los cauces vivos de nuestra identidad, pero por ella también aprendemos a reconocernos en el otro, a ver en el otro el complemento que nos falta. Por ella, sólo por ella, podremos superar el subdesarrollo y la pobreza.

Estas palabras deben llevar a plantearnos la cultura desde otra perspectiva distinta a la hora de enfocar el rumbo político de Nuestra América y de todos los pobres de la tierra que padecen los embates de este monstruo de mil cabezas. Y decir como el gran escritor norteamericano Henry Miller, en su libro El coloso de Marusi:

El mundo debe hacerse pequeño de nuevo, como lo era el mundo griego; lo bastante pequeño para que quepamos todos nosotros. Hasta que no sea incluido el último de los hombres, no habrá una verdadera sociedad humana. Mi inteligencia me dice que tal modo de vida tardará mucho tiempo en llegar, pero me dice también que nada que no sea eso satisfará nunca al hombre.

En este momento histórico, la humanidad asoma vestigios de aproximación para que ese fin supremo de la felicidad se logre. El rumbo que empieza tomar nuestro país en la apropiación y conducción de su propio destino vaticina nuevos tiempos en que el ser humano vaya hacia ese sueño del Che, hombre nuevo por excelencia y paradigma a seguir, para concretar la premisa o no, de Ludovico cuando decía:

Porque una cosa sí creemos: que el pensamiento de Marx tendrá que realizarse algún día, si la humanidad, por supuesto, no da el “salto” hacia la nada.

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Con ojos de televisión

Edgar Borges (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Realizar una aproximación a lo que nos presenta el arte en lo que va del siglo XXI es una tarea terriblemente crítica. Por lo menos en lo que se refiere a lo público, a lo notorio (que es lo que cuenta en este tiempo), percibo una mediocridad descomunal. Ya no se trata de la vieja discusión entre alta cultura y cultura popular (que de hecho ha sido usada desde distintos ángulos del chantaje), en el actual esquema la relativización de los gustos ha tapizado (por ahora) los rigores artísticos. Se confunde belleza con fealdad, fugacidad con trascendencia y farándula con arte. Relativismo serio (originado de la duda científica y filosófica) con relativización chantajista (surgida de la ignorancia). Considero que la causa del caos relativista es la respuesta de una sociedad (inculta) parida desde la entrañas de la televisión.
A menos que nos dediquemos a investigar (cosa necesaria) en los suburbios artísticos (la marginalidad creativa que el mercado esconde), poca cosa no surgida de la industria televisiva vamos a encontrar. El asunto es que la sociedad actual mira el mundo con los ojos de la televisión. Sonreír, llorar, caminar, insultar, amar, odiar, sufrir, destruir, según la televisión. Y bajo esa cultura (que ya tiene hijos y nietos muy creciditos) se ha establecido la ley de la porquería; lo que antes llamamos arte ahora es entretenimiento. E insisto, no tengo la pretensión de resucitar viejas discusiones, pues sólo deseo expresar que el arte (hasta ahora) ha sido devorado por el apetitivo insaciable de la vulgaridad. Resulta lamentable ver cómo en distintos foros de Internet han sido atacados intelectuales como Umberto Eco y Alberto Manguel por denunciar la creciente estupidización de la humanidad. Sin embargo, tales atrevimientos no deben extrañarnos. Mientras la izquierda internacional ha (medio) vivido dormida entre los pedacitos del muro de Berlín, la derecha (desde su invisible aparato cultural) ha cumplido muy bien su papel de formar un ejército masivo de idiotas.

Habría que apostar a un arte que, surgido desde el abismo, envuelva en la estética del fuego la banalidad del presente.

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Una mirada al arte del siglo XXI

Javier Farto (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El paso del siglo XIX al XX supuso la proliferación de los -ismos: impresionismo, expresionismo, cubismo, dadaísmo, futurismo,... Esto es una caterva de neologismos que, entre otras cosas, asusta a los profanos. Ellos ya no saben donde mirar cuando acuden a un museo cuyos contenidos transpasen los mediados del siglo XIX (y ya no digamos si estamos en un museo de arte contemporáneo con las últimas tendencias). Los que siguen la moda dirán que es estupendo, que no trates de entender sino sólo de sentir; los que tienen en su mente a pintores como Velázquez argumentarán que esto es una mamarrachada, que aquellos sí que eran cuadros. Si hiciésemos unas preguntas livianas a muchos de los representantes de cada grupo, veríamos que sus justificaciones, a poco de rascar, se desvanecen como humo.

Sigamos en el mundo de la pintura, que me parece muy representativo (el de la literatura se quedó más atrasado con respecto a estas innovaciones). El visitante de museos más clásico, quiere ver nuevos ejemplos de La rendición de Breda de Velázquez o, aunque sea antieclesiástico, al menos un Cristo de Zurbarán. Palidece ante La vaca amarilla de Franz Marc y ya no digamos ante alguna obra colorista de Pollock o Kandinski. "¿Qué es eso?, no es nada real" repetirá como una cantinela.

No obstante, dudo que sea ese el problema principal. En los museos de arte contemporáneo el visitante podrá paladear obras muy reales (de hecho muchas son del movimiento conocido como hiperrealismo): quizá unas botas, una hoz y unas habas; un tiburón en formol o el inodoro dadaísta de Marcel Duchamp. Casi ninguno de estos visitantes clásicos podrá dudar del realismo de estas obras; sin embargo, casi todos cuestionarán sonoramente sus cualidades artísticas.

En su obra La revolución del arte moderno, de 1955, Hans Sedlmayr manifiesta que una de las premisas fundamentales del nuevo arte es el afán de pureza. Se trata de liberar a un arte concreto de la influencia de otras artes y de otros elementos ajenos (filosofía, historia, ciencia, etc). Considera dicho autor que así se conseguiría un arte absoluto, pero no puro, ya que la aportación de diferentes disciplinas enriquece la creación. La pintura no figurativa, por ejemplo, siempre representa algo, tenga significado o no. Si no lo tiene, la obra pierde valor absoluto y queda simplemente el efecto estético. Y la obra necesita este valor absoluto, lo ansía. En la nueva búsqueda de él, éste será impuesto, claramente de forma externa y, se perderán ciertos valores artísticos. He aquí que Sedlmayr manifiesta que la obra de arte no puede renunciar al hombre: sus intentos de pureza, de contenerse dentro de unos límites muy precisos, fallarán siempre. Parece que, además, la obra tampoco podrá renunciar a la representación y, con ella, a una búsqueda de significado, a una interpretación.

En este afán de pureza, el arte es sometido a otras disciplinas. Conocida es la admiración enfermiza en los primeros años del siglo XX por la geometría pura, casi como un Deus ex machina que explica de forma externa a lo que se somete; en este afán de pureza, el arte acaba convertido en puro esteticismo. Y un arte puramente estético, según Schlegel, buscará cada vez más lo picante y lo chocante como medio para generar estímulos más fuertes e intensos. Esto es un síntoma claro que muestra su degeneración, el hecho de estar ya al final del camino, próxima a su ocaso y a desaparecer.

Pero, ¿qué ocurre con el hiperrealismo, dónde encaja? Ya Kant como precursor y Hegel, fundamentalmente, diluyeron las diferencias entre observador y observado. Hasta ellos las disputas sobre si los objetos que pintamos en nuestra mente son creados por nosotros o impuestos por la realidad externa, habían sido materia para el debate entre racionalismo y empirismo. Hegel manifiesta que siempre el que mira pone algo de sí al objeto que observa. Nunca ve el objeto puro. Es decir, siempre existe una cantidad de fantasía en la realidad que nosotros vemos. Otra cosa es que esta fantasía pueda ser demasiada.

En alguno de los artículos de La estrategia de una ilusión, Umberto Eco explica que, en esos objetos tomados de la vida, en esas obras que muestran un objeto tal cual era hace cincuenta o cien años, hay, en cierto modo, otra búsqueda de pureza. Esos son el ideal, el objeto puro, el bueno. En ese afán, muchos perciben un intento artístico explícito de eliminar la ficción que necesitamos como parte de la realidad, por lo que dicha obra es también rechazada.

Con un sentido casi contrario al de Sedlmayr, Susan Sontag, en su ensayo Contra la interpretación, deplora la interpretación excesiva aplicada al cine y, sobre todo, a la literatura. El origen de todo, dice, se encuentra en el platonismo y su separación entre forma y fondo, entre realidad y apariencia, en definitiva. Cuando un texto (por ejemplo La Biblia) se considera imprescindible pero ya no puede ser leído literalmente, es reinterpretado: aparece en ocasiones la temida coletilla de lo que el autor quiso decir aquí es. Sontag no carga contra toda reinterpretación: le parece que algunas, como las bíblicas, son enriquecedoras, complementarias; sin embargo, otras son temibles ya que tratan de sustituir el texto original por el interpretado (entre estas últimas incluye las escuelas marxista y psicoanalista). Según ella, Kafka es uno de los autores cuya cohorte de intérpretes es más numerosa. Ante Kafka y las interpretaciones religiosas de su obra, Jorge Luis Borges manifestó laconicamente que eran muy interesantes, pero que no las necesitaba.

Sontag cree que el cine tiene una cura más sencilla. Es un arte más joven y, además, necesita de una jerga, de un vocabulario propio para hablar de sí mismo. El cine, a diferencia de la novela (y cito textualmente) posee un vocabulario de las formas: la explícita, compleja y discutible tecnología de los movimientos de cámara, de los cortes y de la composición de planos implicados en la realización de una película.

Se necesita, según Sontag, una mayor atención a la forma en el arte. Si la excesiva atención al contenido provoca una arrogancia de la interpretación, la descripción más extensa y concienzuda de la forma la silenciará. Es preciso un vocabulario de las formas. La mejor crítica, y no es frecuente, procede a disolver las consideraciones sobre el contenido en consideraciones sobre la forma.

Leyendo a Sedlmayr y Sontag, lo que parece inevitable en ambos autores es el pensamiento del hombre acerca de la obra que contempla. Los espectadores avanzados dispondrán de un conocimiento acerca de dicha obra y su inclusión dentro de la trayectoria del propio autor o (en el grado máximo) la inclusión del propio trabajo dentro de la historia del arte; dispondrán de un vocabulario de las formas, que les permitirá discutir acerca de la importancia del color en la obra de Kandinski y en la obra de los expresionistas (por citar un ejemplo). Evitarán así la tentación de interpretar el contenido. Mientras este conocimiento no deje de ser coto de especialistas y absorbido por una cultura más popular, la mayoría de los espectadores, menos duchos, no dejarán de tratar de buscar paralelismos con su propia "realidad". Intentarán interpretar, de forma vana en este caso y, como consecuencia, sentirán frustración ante el acto de contemplar el arte.

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El arte en la época de la muerte de la imaginación

Pedro Antonio Curto (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

En un artículo publicado en plena guerra civil española (hay que ascender las artes hacia donde ordena la guerra) el poeta Miguel Hernández escribía: “Los hombres de la pintura, la escultura, la poesía, las artes en general, se ven hoy en España impelidos hacia la realización de una obra profundamente humana que no han comenzado a realizar todavía. Yo veo a los pintores, los escultores, los poetas de España empeñados en una labor de fáciles resoluciones, sin el reflejo mejor de los problemas que la situación de este tiempo ha planteado”. Con este artículo y el poema “Llamo a los poetas” planteaba una crítica a los artistas por lo que consideraba una actitud poco comprometida por lo que se dilucidaba en el conflicto bélico, la necesidad de vencer al fascismo. Pues mientras él participaba en primera línea, realizando recitales en el frente y hasta ayudando materialmente, creía que la actitud de los que se quedaban en la retaguardia tenía poco de combativa. Si tenemos en cuenta que la gran mayoría de intelectuales y artistas apoyaban la causa republicana, incluso de fuera de España, que se celebró un Congreso de Intelectuales Antifascistas con tal causa como bandera, que pensaría Miguel Hernández de la situación que hoy se produce, con un arte dominado por la mercadotecnia a todos sus niveles.

Desde que en los años sesenta las vanguardias sociales y artísticas empezaron a retroceder, en que la industria se ha ido haciendo con el monopolio casi total de los diversos campos creativos, la entrada en el siglo XXI por parte del mundo artístico está dominado por la falta de ideas, la incapacidad de transgresión y el servio a un público adocenado. Las vanguardias ahora son modas efímeras que buscan pronto el cobijo de los dos refugios fundamentales que hoy se dan: El de papa-estado por un lado, el de la industria comercial por el otro. En ambos casos el dominio del posmodernismo los conduce a un mismo fin: adecuarse a un discurso acomodaticio con la realidad existente, no perturbar, no hacerse preguntas, vivir en un placido limbo aunque sea vestidos de “malditos”. Porque lo cierto es que hay manga ancha, que la capacidad de asimilación es más sibilina que nunca. Hasta los grafiteros y raperos, artes emergentes y casi clandestinas, se les pone alfombra roja. Vivimos en una sociedad en crisis de valores sociales, políticos, culturales, personales... con el vacío como mayor emblema, en un cruce de muros caídos y muros invisibles, donde el caos lo domina todo, pero ese caos es ordenado en las pantallas de los tecnócratas que saben de el mucho más que los artistas. No en vano son ellos quienes dominan el discurso y las ideas. Son los dueños del producto y de cómo se produce, de cómo se distribuye, de quien lo escucha y como lo escucha, los que moldean el gusto para ver como se lee un libro o ve una película.

En el pasado los burgueses pagaban con un algún espíritu filantrópico a los artistas y hasta cierto punto se dejaban influir por sus ideas. Hoy pagan para que hagan lo mismo, pero son ellos los que dan las ideas y a veces hasta crean al artista. El Miguel Ángel actual no impone sus pinturas a la curia eclesiástica, sino que debe acomodarse a lo que los sistemas modernos le imponen en un croquis del que no pueden salirse. Y si no lo hace siempre existe otro Miguel Ángel a la cola. Ante esto, ¿cuál es el futuro del arte? Debo reconocer que soy escéptico o pesimista, el arte subversivo, ni siquiera el crítico, gozan de buena salud. El capitalismo ha sabido crear una maquinaria de hacer chorizos y venderla como industria cultural. Lo peor del caso es que compramos chorizos como arte de vanguardia y ni siquiera nos enteramos. En una época donde más personas y sectores sociales tienen acceso a la cultura y el arte, mayor conocimiento, posibilidades inimaginables, hemos retrocedido hacia la vanalización y la estupidez. La “democratización” del arte está siendo demoledora. La masificación del producto creativo mediante el consumo o incluso con la moda de las votaciones, está haciendo florecer los productos más nauseabundos. Se podrá echar la culpa a las campañas publicitarias y la televisión, pero eso se ha terminado convirtiendo en un discurso fácil aunque lleve parte de razón. De la imaginación al poder hemos pasado a la muerte de la imaginación, al menos como se entendía escrita en aquellos muros. Es cierto que su valor sigue existiendo en mayor o menor medida, la pulsión creativa, pero no deja de ser una gota de agua en el inmenso océano de la producción capitalista. No sé cual es la alternativa, cuales son los caminos, si es que existen, sólo que militar en la belleza, quizás sea la única forma de que el arte del siglo XXI no sea un producto de consumo más en un mundo adocenado.

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Concebir la cultura como un producto social, antes que sólo como un adorno

Guillermo Guzmán (Desde Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Antes que sólo un adorno, un hecho aislado, la cultura es un producto social.

Mucho de lo hecho por el hombre, es cultura y, mucho de lo por hacer, va a ser cultura.

Los actos culturales, de seguro, han tenido que estar primero en la cabeza del artista y, luego, concretados. Mas, sin desmedro del creador y de su intencionalidad, lo vital parece ser el para que, el para quien, el etc.

Mientras Obama Bin Laden -Nobel de paz y novio de la madrina- rece la misa, repique las campanas y tire los cohetes, “la cultura” andará “viento en popa”-estará a salvo-; mas, si al susodicho se le ocurriese tirarse un peo, es decir, lanzar tan sólo una de sus decenas de miles de ojivas nucleares, contra cualquier inocente pueblo de este planeta, va a acabarse el pan de piquito.

Las realidades evolucionan para bien o para mal y, asumir el arte como una identificación con esa realidad cambiante, tiene que generar consecuencias obvias.

La noción de arte ha sido y sigue siendo para mí una irresoluta inquietud. Otrora, yo circunscribí una percepción al respecto pero, dadas las dinámicas circunstancias del quehacer cotidiano, tuve que replantearme el concepto, y hoy, al respecto, me declaro incompetente para definir lo que es arte.

Es evidente que en un pueblo en revolución, la realidad evoluciona de modo significativo y de manera permanente. Sí el arte es una imitación de la realidad, luego, ello implica necesariamente la evolución del arte.

En los pueblos sometidos, el arte no evoluciona sino que se posterga.

Hay pueblos que no andan en revolución, como Venezuela, e igual, sus artes son más que extraordinarios, tremendos testimonios de que el arte es una fuerza imparable cuando quienes lo sustentan y empujan, abren boquetes mucho más amplios que los cañones, contra las barreras que oprimen a los pueblos, pero en esas circunstancias, se aletarga, valga que el arte latente se vuelve explosivo con la revolución.

¿Es la energía artística el potencial de promover cambios?

¿Admite el arte formas alternativas?

¿Hay más de seis mil millones de artistas?

¿Las migraciones humanas determinan el cruce de culturas, acarrean conflictos culturales?

¿Cuándo entran en conflictos las culturas diferentes y, por qué?

¿Cuándo es apacible y cuándo es subversiva la cultura?

¿Sí La Tierra tiene más de cuatro mil millones de años, qué de cambios han ocurrido, desde entonces, respecto al arte?

¿Qué diversidad abarrota o desabarrota al arte?

¿Son acoplables o lo contrario, las diversas expresiones del arte mundial?

¿Cuánto está aislado o conexionado el arte de un pueblo respeto de otro pueblo cercano a lejano?

¿Asumir tal aislamiento o cuál interconexión, es esencial para comprender acerca del arte como tema a discutir?

¡Todo se mueve, nada deja de moverse! Pero, ¿Es el arte la excepción?

¿El calor, el frío, la presión atmosférica, la humedad, resquebrajan cierta expresión del arte o la derogan?

¿Si el estremecimiento de La Tierra activase los volcanes y las cenizas de éstos cubriesen todo, de qué serviría el arte, ah?

¿Llueve en el Sol, podríamos llevar las obras de arte hasta el Sol, para curarlas, ah, adonde llevarlas, acaso a la Luna?

El mundo está hecho de partes que de vez en cuando se desdibujan, he ahí los lindos casquetes de hielo ¿Son éstos, arte de Madre Natura? Y, así, las montañas, colinas mesetas, ríos, llanos y… ¡Siga!

¿Acaso hay mucho arte escondido en el fondo del océano, en la profundidad de la Tierra, inclusive, y no sólo arte natural sino arte creado por el hombre y también por la mujer?

¿Las huellas de las manos de un “Picasso”-sobre un lienzo- o el impacto de un asteroide sobre la superficie de la Tierra, son formas de arte?

¿Los arrecifes coralinos y mil vainas más, son expresiones de arte?

Es difícil para mí, asimilar algunos conceptos y, el de arte-entre otros-estuvo un cierto tiempo en mi cabeza, como en un formato restringido pero, ahora lo he sustituido como un concepto inacabado en su definición. Por caso, estimo que existe un arte urbano y existe también un arte rural; un arte diurno y un arte nocturno; un arte barato y un caro arte.

Hacia donde se muevan las multitudes hacia allá va el arte y denota su connotación. ¿El arte migratorio hace más compleja su interpretación? ¿La babel del mundo es un obstáculo para profundizar el conocimiento del arte?

Ya las religiones no acaparan tanto, determinadas manifestaciones del arte, para sus fines exclusivos, para apuntalar sus ideologías. Tal vez suceda que éste ha inundado todos los espacios y se ha vuelto inacaparable. El vertiginoso desarrollo de las comunicaciones ha potenciado el arte en virtud de hacerlo más accesible. Vale entonces preguntar sí lo hace más influenciable o más influenciador.

¿Y, cuanto influirá o viceversa sobre el medio ambiente?

¿Cuánto puede influenciar o viceversa-el arte-sobre la paz o sobre la guerra?

¿Cuánto es ficción y cuanto es realidad?

¿Cuál es su destino? ¿Cuánto es de ayer y cuanto es de hoy? ¿Dónde es más denso el arte, en sí mismo? ¿Cuáles son sus repercusiones? ¿Cuál es su punto de partida y cuál es su punto de llegada? ¿Cuánto cerca o lejos de tal punto está el arte? ¿Quién ejerce su control si es que cabe controlar? ¿Cuáles son sus vías? ¿Cuánta proporción es arte humano y cuanto es no humano? ¿Dónde reside y donde está a salvo de los marines de Obama? ¿Cuánto del arte es visible y cuanto es invisible?

¿Dónde, cuando y cómo están de relieve con más énfasis las huellas, las secuelas del arte? ¿Cómo se interconecta el arte con el arte?

¿Su confrontación, sus réplicas, sus conflictos, su morfología, su ayer, su hoy, su mañana, su origen, su punto crítico, su destino, es solución de algo?

¿La dinamita, la turbina, el magnetismo, las erupciones volcánicas, los terremotos, el automóvil, la bicicleta, el Guernica de Pablo, el Esopo de Velásquez, La Piedad de Rubens, la de Miguel, la íd Córdoba, la Bomba atómica, la íd de Puerto Rico, la Tongolele, el Zeppelín y el avión, la bicicleta, el Hombre de Vitruvio, la atarraya de su íd ¿? (después de la quemazón), el Vairumati de Gauguin, Itaca de Kavafís, Una mujer desnuda y en lo oscuro de Benedetti, el relámpago del Catatumbo, Einstein, Jesucristo, los girasoles de Van Gogh, la Gioconda de Da Vinci, la Maja desnuda de Goya, Don Quijote de Cervantes, Ficciones de Borges, Mujeres en el Jardín de Monet, La Estrella de Degas, Baco de Caravaggio, de Hemingway El Viejo y el mar, la metamorfosis de Kafka, La Música de Matisse, el jinete azul de Kandinsky, La Galarina-que exhibe una teta, tan bueno-de Dalí, Torso al Sol de Renoir, Maternidad de Joan Miró, etc. (y, déle que no viene carro) son acaso arte?

¿Gabo, Flaubert, Dickens, Shakespeare, Colussi, Cortazar, Galeano, Andrés Eloy Blanco, Jesús Soto, Mateo Manaure, Nicolás Guillén, Neruda, Ali Primera, Benedetti, son artistas? ¿Sí el arte preexiste como idea en la cabezota del creador, como bosquejo, y es cualidad de todo bosquejo el ser incompleto, cuando se completa la obra, qué característica se le añade al concretarse, o acaso ninguna obra de arte llega a ser completa?

¡A mí, que me registren, yo no fui y, además el paso de luna me afecta!

No sólo hemos de llegar a una verdad por la vía de lo que justifica su autenticidad, también podemos llegar a esa verdad tratando de buscar lo que pueda negarlo.

¿Qué no es arte?

Para la élite burguesa, el arte adquirió una connotación restrictiva y de lujo exclusivo, nada eficaz, puesto que sí consideramos que el arte sensibiliza al ser humano frente a la realidad social, en tanto que producto social por excelencia, para ese fin, y a la vez evaluamos el comportamiento de esa clase avara, acaparadora, explotadora del pueblo trabajador, se pondrá en evidencia su insensatez, su insensibilidad social. Luego, ¿Para que acaparar el arte, de qué les ha servido si cada vez son más desgraciados?

¿Contribuye el debate de hoy, a reformular las tendencias del arte porvenir y, de qué manera?

¿Te dije que es preferible comprender las preguntas, antes que saber las respuestas?

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Arte y vida a principios de siglo XXI

Jon Juanma (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

En esta década que llevamos de siglo muchos analistas y teóricos vienen preguntándose cuál es el futuro del arte en nuestras sociedades, qué nuevas corrientes surgirán y cuáles serán las principales tendencias. Muchos de estos autores aún operan con la idea de “arte” como aquel conjunto de obras que se encuentra dentro de las galerías, los museos y la mayoría de libros de texto, esto es: pinturas, esculturas y arquitecturas. A lo sumo, y después de la época de la postvanguardia1 incluyen también la performance, las instalaciones y los happenings. Sin embargo, esta concepción nos parece caduca y errónea, a la par que excesivamente dependiente de aquello que los poderes dominantes quieren bendecir dentro de la sagrada aureola del concepto de “arte”.

Nosotros, como Suzi Gablick, entenderemos lo que es arte sólo si atendemos y diferenciamos su función o funciones dentro de una sociedad determinada. El arte no baja como regalo del Olimpo fruto de la gracia del hijo de Zeus y Leto,2 sino que es fruto directo de los hombres que interactúan y con/mal/viven en sociedad.

Si deseamos entender y delimitar qué entendemos por “arte” en la actualidad, deberemos analizar primero lo que mayoritariamente se entiende como tal. En ese sentido observemos una definición propuesta que nos parece clave, ya que es parte de la concepción dominante, se trata de la propia de la Real Academia de la Lengua Española que lo comprende como la:

Manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros.3

Estaríamos totalmente de acuerdo con esta definición propuesta por la RAE sino fuera por el “desinteresada” que bebe del concepto idealista kantiano de obra de arte y fruición estética. Si tuviésemos que analizar las obras que normalmente se incluyen en los libros de Historia del Arte, siguiendo la condición de “desinteresadas” propuesta por la RAE, deberíamos eliminar la práctica totalidad de las mismas. Nos veríamos en la tesitura de suprimir más del 99% de lo que se incluye y generalmente aceptamos dentro de la categoría de “arte”. Atendiendo a la criba de “desinteresadas”, no tendríamos más remedio que eliminar del catálogo de lo artístico la Capilla Sixtina de Miguel Ángel, realizada con el dinero y para mayor gloria de la Iglesia Católica Apostólica y Romana; el Taj Mahal, realizada con el dinero y para mayor gloria del emperador Shah Jahan4 y su Imperio mogol;5 o la “Estatua de la libertad” de Bartholdi, donada por el Estado francés para agasajo de la potencia incipiente de los Estados Unidos del siglo XIX, que por aquellos días celebraban el centenario de su Declaración de Independencia. Y decimos nada más que unos pocos ejemplos, porque la lista sería interminable.

No conocemos ninguna actividad humana que sea realizada sin un interés, entendiéndolo como motivación, sea egoísta o altruista. Pero es que además en la Historia del Arte son mayoritarias las motivaciones egoístas, y muy notorias, que financiaron cualquier obra considerada o no, maestra. El arte siempre anduvo de la mano de las clases poseedoras y dirigentes, es por tanto sumamente hipócrita decir que expresa una visión “desinteresada”. No hay nada más interesado que el arte, desde los versos que el anónimo poeta recita para conquistar a su amada hasta los murales mexicanos con mensajes patriota-marxistas de Diego Rivera, pasando por la pirámide de Guiza, construida por el faraón Keops, buscando asentar su dominio teocrático en el imperio-mundo del Antiguo Egipto.6

Lo que sucede es que el poder necesita ser invisible y ocultar su verdadero proceder, ya que no hay sociedad de clases más perfecta que aquella donde los explotados no distinguen la figura de los explotadores. Ésta muchas veces ha sido la misión del arte: ocultar, dulcificar o justificar a los poderosos y sus verdaderos móviles. Así cuando la RAE afirma que el arte es una actividad humana “desinteresada” no podemos más que oponernos a tal definición mistificadora y falsificadora de las relaciones de poder que subyacen en muchas obras históricas.

Dicho esto podemos y debemos diferenciar qué es Arte en nuestras sociedades, y en oposición a la RAE, donde ésta escribía “desinteresada” deberemos colocar “interesada” y así tendremos una definición válida para cualquier arte, desde la que poder preguntarnos cuál es su papel en nuestro joven siglo XXI, veamos como quedaría finalmente:

Manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal e interesada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros.

Partiendo de esta definición ya podemos observar a nuestro alrededor y constatar diversas tendencias del arte en nuestro precoz siglo. Debido a la especialización y a la consiguiente limitación de quien les escribe, acotaremos la reflexión con especial hincapié en los “recursos plásticos”, dejando para mentes más cultivadas en las respectivas materias, las manifestaciones lingüísticas y sonoras.

En los albores de la presente centuria nos hallamos inmersos, posiblemente, como ninguna civilización ni sistema social anterior, en una cultura crecientemente mundializada y dominada por las imágenes que los hombres generan del propio mundo donde habitan, lo que llamamos la “representación del arte”. Nuestro sistema-mundo capitalista contemporáneo ha hipertrofiado nuestra capacidad de mirar, que no de aprender o entender, debido a la saturación de imágenes con las que convivimos día a día en nuestra iconosfera global, al ametrallamiento de estímulos visuales a los que nos vemos expuestos desde que salimos de casa o en nuestro propio hogar hasta llegar a la cama.

El capitalismo necesita de esta hipertrofia del mundo de las imágenes como método de seducción para la reproducción de la plusvalía mediante el consumismo de una parte de la humanidad basado en la destrucción de la humanidad entera, con especial énfasis en aquella que no tiene el poder adquisitivo para ejercer el consumo. Además, necesita de esta perfección en el uso y arte de la manipulación de imágenes7 para mantener alienada y entretenida a la población popular que vive en casi cualquier parte del sistema-mundo, para degradar su sistema de responsabilidad e identificación colectiva junto a su potencial de lucha política.

Es así como podemos afirmar que el arte que permanece en los museos y galerías, es realmente el arte más defenestrado y enterrado socialmente hablando. Debemos ver a estos espacios como mausoleos artísticos de disciplinas que en algún momento tuvieron una importancia social destacada, pero que ya no la tienen. Actualmente, mucho más que la Escultura, la Pintura o la Arquitectura; son el Cine, los Videojuegos, la Televisión o los Videoclips las disciplinas artísticas visuales que sirven al poder y enmascaran las verdaderas relaciones socioeconómicas de nuestro sistema-mundo capitalista contemporáneo. Unas disciplinas se encuentran principalmente en los cementerios artísticos mientras otras lo hacen en nuestras vidas, a cada paso que damos, en cada lugar de la urbe donde distraemos la mirada, después de cada clic en el teclado de nuestro ordenador, confundiéndose en sueños con los recuerdos de lo realmente vivido.

Aprenderemos más del papel social del arte analizando los videoclips “latinos” de Shakira, las películas de Hollywood (o Bollywood) y los videojuegos de la saga del “Guitar Hero” (Josh Randall, 2005) que escudriñando las (muchas veces decandentes) ideas de los artistas consagrados por la “Biennale di Venezia” y el MOMA de Nueva York. Sabremos más de las últimas tendencias artísticas y el desarrollo estético del arte en nuestras sociedades estudiando películas internacionalmente populares como “Pearl Harbor” (Michael Bay, 2001) y “Avatar” (James Cameron, 2009) o los videoclips de Pitbull o Lady Gaga, con sus similitudes y diferencias, que analizando las cargas matéricas de pintores santificados por el sistema como Julian Schnabel o Miquel Barceló.8


Es prioritario analizar nuestra iconosfera global, desde las figuras icónicas del Facebook hasta la propaganda electoral de Obama, desde la estética porno dominante hasta los éxitos cinematográficos anime orientales. Es allí donde están los mejores artistas internacionales al servicio de los poderosos, como antes estuvo Leonardo Da Vinci con los Medicci, Caravaggio con el cardenal Franceso María del Monte9 o Tatsuno Kingo con los industriales y banqueros japoneses de finales del XIX, principios del siguiente.

¿Y qué decir de las aportaciones visuales del deporte convertido en espectáculo y negocio por el sistema?

No nos podemos olvidar para analizar las tendencias artísticas de nuestro tiempo, de la estética de las espectaculares jugadas repetidas por la moviola en los partidos de fútbol, beisbol, baloncesto o cualquier otro deporte-espectáculo trasnacional de masas. Esa es una contribución a la estética internacional actual imposible de obviar en nuestro sistema-mundo: la de la cámara lenta.

Esta estética de la ralentización ultrarrealista muestra la necesidad de la recreación en el momento, la urgencia de alargar lo instantáneo y recrearnos en la seguridad de lo conocido, la fruición que nos provoca la ralentización aprensiva de ese gol que a duras penas apreciamos a tiempo real, de esa canasta que casi ni pudimos intuir en directo. En un mundo inseguro, que hace de la velocidad una constante que nos impide situarnos en el mapa de nuestras propias vidas, la ralentización es el ancla que nos lleva a esa poesía encantadora de lo reconocido repetido una y otra vez en alta resolución. Por tanto, deceleración en un mundo de aceleración, como acercamiento a un paraíso anhelado y perdido con la industrialidad capitalista y la orgía financiera neoliberal. Continua estética fruto de esa dialéctica entre máxima aceleración y máxima deceleración, tesis y antítesis respectivas para la síntesis final de una sociedad neurótica. Goles, explosiones degustados en segundos alargados, mísiles que caen desde un avión occidental y explotan en algún lugar de la otredad periférica a a velocidades tres veces inferiores a una realidad tres veces más veloz que nuestra capacidad de raciocinio y asimilación. En definitiva, sedantes antropológicos ofrecidos por la misma maquinaria tecnológica avanzada al servicio de la continua reproducción de capital y devastación social. El anhelo preciado de un derecho proscrito, el de poder parar, detenernos, reflexionar...convertido en nueva mercancía.

Enlazando con lo anterior, también es interesante constatar como tendencia artística que no hacen sino aumentar, la poesía de la violencia y la guerra, “la estetización de la política” que advertía Walter Benjamin en los años treinta del pasado siglo,10 elevada a su máxima potencia en películas como “Rambo III” (Peter McDonald, 1988) e intensificadas en títulos más recientes como “La Jungla 4.0” (Live Free or Die Hard de Len Wiseman, 2007)”. Aunque sin duda, esta estetización de la violencia, o la figura del joven lumpen que se hace magnate de la mafia como método de promoción social, tiene su quinta esencia en el mundo de los videojuegos con títulos como “Grand Theft Auto” (Dave Jones, 1997) y todas sus secuelas (Dan Houser y Sam Houser a partir del tercer título, 2003) o videoclips reguetoneros como “Gangsta Zone” de Daddy Yankee y Snoop Dogg (Carlos Pérez y Jessy Terrero, 2006).

Hay diversas tendencias artísticas que analizar y relacionar hoy día, pero dadas las humildes dimensiones de este artículo, tamaña tarea la postergaremos para siguientes incursiones en el tema. Tampoco aquí nos referimos a la categoría de “obras maestras” lo que nos llevaría a un debate mucho más extenso. Nos limitaremos a señalar aquí parte de la génesis y el marco conceptual sobre el que, creemos, sería interesante trabajar en el futuro en busca de una aproximación y un entendimiento del hacer artístico del siglo XXI.

Igual que el arte del pasado fue dominado por faraones, mercaderes, sogunes, papas cristianos, sacerdotes mayas o emperadores de cualquier latitud, el de nuestro tiempo, se halla controlado por la clase en el poder trasnacional: la capitalista hegemónica compuesta de industriales, terratenientes y banqueros. Los cuales mediante el control de las redes de producción y difusión de las Industrias Culturales (IICC), intentan que las clases populares del sistema-mundo, a través de la seducción y el encantamiento estandarizado, se alineen con sus objetivos de clase. Es algo parecido a aquello que hace ya tiempo designé de forma embrionaria como “CAU” (Cultura de Alineación Universal).11 Nos referimos al arte mayoritariamente consumido por las clases populares del sistema-mundo. Por supuesto hay de otros tipos, apreciado o consumido por minorías culturales, subculturales, contraculturales o de diferentes estratos socioeconómicos, unas veces más excelso y otras más mediocre que el arte emanado de la CAU, en todo caso diferente, pero siempre minoritario.

Sin embargo, con Internet y las nuevas tecnologías, se abren nuevas redes de difusión que los movimientos sociales y los productores independientes de izquierda pueden aprovechar y en parte están ya aprovechando. Es por ello que la Red, como indican entre otros Manuel Castells, será escenario de poderosas batallas en el futuro: entre la humanidad consciente, que la defenderá como conquista pública frente a los poderosos, y éstos últimos, que intentarán colonizar el nuevo espacio comunicacional con el fin de explotarlo y amarrar con sus tentáculos cualquier expresión artística amiga de los oprimidos, que nazca con la sana intención de ampliar la familia revolucionaria.

Dicen que “la música amansa a las fieras”, lo mismo podríamos decir de cualquier arte visual en general, pero con una modificación: amansa a los condenados de la tierra. Sin embargo, del mismo modo que puede adormecerlos también es capaz de despertarlos. Y se escucharán la dulce nana de la destrucción o el cantar del gallo revolucionario, desde los ranchitos venezolanos hasta las favelas brasileñas, desde los suburbios de Nueva Delhi hasta el madrileño barrio de Vallecas,12 sonaran o callaran, pero nada permanecerá igual. Todo dependerá del tempo y el interés de las obras artísticas, de las personas que las sostengan humana y económicamente, junto a su nivel de conciencia y talento.

En estos días difíciles de crisis económica, energética, social y ecológica en nuestro sistema-mundo, desearíamos escuchar, leer y contemplar cientos de bellas sinfonías de rayos y truenos con la que por fin despertáramos todos de este sueño genocida tras el que nos tienen presos. Para de este modo poder pincelar, construir o cincelar una realidad desde la que alcanzar un arte verdaderamente libre. Desde la que convivir sin cadenas y poder, no ya realizar un arte desinteresado, cosa imposible como explicamos anteriormente; sino crearlo sin el interés envenenado de supeditar a nadie a nuestra voluntad dominadora, explotadora.

Es una meta que nos interesa a todos, pero que estamos seguros, no todos buscarán.

Nadie dijo que fuera fácil.

Jon Juanma es el seudónimo artístico y activista de Jon Emanuel Illescas Martínez, licenciado en Bellas Artes, artista plástico creador del Sociorreproduccionismo Prepictórico, investigador, escritor y teórico del socialismo democrático.

Notas:
1) La postvanguardia se refiere a la época artística que se desarrolla después de la II Guerra Mundial.
2) Nos referimos a Apolo, polifacético dios griego, considerado también procurador de las artes.
3) Ver en: http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=arte (consultado el 10/09/2010)
4) Que lo hizo a gloria de su segunda esposa Mumtza Mahal (“joya de palacio” en castellano) con la que tuvo más de una docena de hijos.
5) El Imperio mogol no debe confundirse con el Imperio mongol. El primero tuvo lugar en el subcontinente indio entre 1526 y 1857 y fue donde se construyó una de las Siete Maravillas del mundo moderno de la que hablamos; mientras que el segundo fue el imperio de tierras continuas más extenso que ha conocido la Historia y tuvo lugar en gran parte de los territorios ocupados en la actualidad por China, Irán, Iraq y otros países indoeuropeos entre 12006 y 1368.
6) Utilizamos adrede la acepción wallersteniana de imperio-mundo en: Wallerstein, Immanuel (1979): El moderno sistema mundial I: La agricultura capitalista y los orígenes de la economía-mundo europea en el siglo XVI. Madrid: Siglo XXI [1974]. p. 490.
7) La cual ya venía perfeccionándose desde antaño con el avance técnico de la Historia de la Pintura, de la que después bebieron la Fotografía y el Cine.
8) Indudablemente interesantes para los profesionales de la psicología, pero no para los historiadores honrados, que entiendan el arte, no como aquello que los poderes santifican como tal, sino como aquello que los poderes usan para mantener su dominación por medio de la creatividad y el conocimiento heredado tanto en plásticas, música como en letras.
9) Que a punto estuvo de ser nombrado Papa como varios miembros de su familia: http://www.catholicresearch.net/Author/Home?author=Del%20Monte,%20Francesco%20Maria%201549-1626 (consultado el 09/09/2010).
10) En contraposición de la “politización del arte” que propugnaba cómo proceder para el movimiento comunista mundial.
11) Ver el artículo datado en 2007 en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=55968 (consultado el 10/09/2010)
12) He seguido la denominación oficial, pero la popular de los propios habitantes del barrio es “Vallekas” lo que transluce el carácter abierto, popular y reivindicativo mundialmente reconocido de sus pobladores.

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El arte desde el rock. Reflexiones

Mario Castañeda (Desde Guatemala. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Sugerente invitación a dialogar la que se ha propuesto desde el entramado humano-cibernético de Argenpress Cultural. Pues bien, atendiendo al mismo, trataré de aproximarme a una interpretación bastante personal sobre el “Arte en el siglo XXI”. Para ello, me centraré en el rock como, en palabras de Walter Benjamin, una constelación que permita abrir algunos puntos de reflexión, pues, primero, no soy artista ni tengo estudios en arte, segundo, esta expresión humana, creo, permite avizorar rupturas pero también formas lineales de reproducir el orden y el sistema desde el arte.

Además, el título provocador encierra un universo de posibilidades de abordaje, sin embargo y sin tratar de negar la totalidad como marco referencial general, luce imperativo aproximarse a hechos y momentos concretos. Posibilidades emergentes del pasado que no está muerto sino vivo pero en una aparente congelación que le invisibiliza de la historia como proceso.

Por ello, más allá de las conmociones que en diferentes momentos han causado las distintas corrientes de rock en el mundo, cabe ponerle atención a varios aspectos. Primero, su característico alejamiento de las convenciones sociales en momentos precisos. Segundo, su energía como catalizadora de expresiones juveniles enmarcadas en construcciones constantes de identidades. Tercero, que no está exento del intento de absorción por la industria para suavizar o manipular comercialmente su contenido. Cuarto, la diversidad que le han inyectado las necesidades concretas de cada sociedad. Quinto, su diferenciación de otras expresiones artísticas, y, sexto, la posibilidad de expresar sus propias contradicciones en la forma mundo.

El primer punto nos remite a la frescura que trajo en sus primeros años de vida el rock´n´roll. Un baile más libre, salido de normas de acercamiento corporal, y, sobre todo, un estilo de música realizado por y para jóvenes, esto, sumado a los elementos culturales que se fusionaron en contradicción bajo el contexto histórico que implicó para Estados Unidos la segregación.

Por otro lado, las discursivas entablaron un nuevo referente comunicacional. Un lenguaje que permitía comprenderse más allá del abecedario. Formas y figuras que sustentaron a través de lo estético un nuevo entendimiento de las relaciones juveniles y de las relaciones entre generaciones.

En el segundo punto, verse reflejado a través del cine tuvo un impacto sorprendente. La recreación de personajes transgresores representados por jóvenes, como lo haría James Dean en Rebelde sin causa, sentaron precedentes del nuevo rol juvenil. Ver películas en el cine donde el baile tenía una función de concretar no solamente la alegría sino de vincular el espíritu en huída hacia una parte no identificada, como en Semilla de la maldad, cumplió su función motivadora para sentir lo que le pasaba al joven.

Hasta este punto podríamos hablar de que todo fue maravilloso en el rock y un tanto idealizado. Sin embargo, conforme han pasado las décadas, el rock y sus transformaciones nos han llevado por los vericuetos de las contradicciones propias del sistema capitalista. Por eso, el tercer elemento que importa en esta reflexión, su absorción por el mercado, si bien ha sido importante, no ha totalizado su objetivo de cooptar toda expresión de rock y sus derivados.

Precisamente, fue en esos años en que el rock´n´roll fue mediatizado por la industria disquera, sin ocultar el racismo contradictorio con los discursos de la “american way of life” estadounidense y de su expansión imperialista posterior a la Segunda Guerra Mundial bajo el supuesto de la democracia para el mundo. Artistas edulcorados cantando melodías delicadas para el auditorio y sus suaves oídos, mientras el origen de aquel estilo musical había emergido de los barrios de negros donde lo mundano era la principal inspiración.

Los adultos veían amenazado su poder, su control y el orden que la familia imponía para la niñez y la juventud. La industria debía salir al rescate y obtener ganancias. Sin embargo, el contexto político internacional sustentado en la dominación económica y la bipolaridad de la Guerra Fría, desnudó, para variar, desde la juventud, la hipocresía de la política y la resistencia desde el arte, particularmente desde el rock.

Basta recordar a Bob Dylan, a la generación beat y el gran impacto que causó en el mundo la onda hippie. El uso de drogas y el amor libre como alternativa ante las guerras como la de Vietnam pero también como resistencia a esa industria que quería callar cambios profundos a favor del mundo.

El paso del rock´n´roll a rock, es fundamental en esa definición de resistencia. En principio porque deja de ser dulce, colorido, manipulable y presentando frente a la televisión como recurso novedoso de transmisión ideológica y propagandística. Luego, porque el rock se endurece, precisamente, como una roca. Su solidez implica ir de frente, no andar por las ramas y posicionarse políticamente a la vez que va absorbiendo, contradictoriamente, insumos del capitalismo para definirse. Entre muchas otras, la tecnología musical de grabación, las definiciones estéticas que tendrían mucha relación con las motos, las chumpas de cuero, etc.

Esto nos conduce a relacionar el cuarto elemento. Es decir, las necesidades concretas de cada sociedad y su creación o apropiación del rock como forma de expresión social y resistencia.

En Guatemala, por ejemplo, esa ruptura con el rock edulcorado tuvo su auge por el año de 1965, época donde ya la represión después del derrocamiento del Coronel Jacobo Árbenz por la derecha retrógrada guatemalteca en complicidad con la CIA y otros actores latinoamericanos, había comenzado a ahondar sus raíces.

Pasó de canciones de amor a fumar marihuana, a vestirse con colores que transgredían el gris opaco de los valores familiares. Los repasos o fiestas de quince años comenzaron a incluir conjuntos de rock que anunciaban los desmanes sexuales y alcohólicos. Era un reto abierto frente a la policía y el ejército de decir “soy de pelo largo y camino fláccido” como rebeldía a el corte de pelo al estilo militar y la ropa bien planchada. Las mujeres usaban minifaldas y eran abusadas por la policía poniéndoles sellos en las piernas, después, claro, de ser ultrajadas física y psicológicamente. A los hombres se les rapaba la cabeza, especialmente en la época de Arana Osorio, entre 1970 y 1974.

Las letras de las canciones comenzaron a hablar de esa vida cotidiana, del desempleo, de la represión, de la búsqueda de paz y relación con el cosmos. Medios alternativos emergieron hasta llegar a copar, incluso, espacios en medios de circulación masiva.

Es decir, la relación internacional del rock como arte, como expresión humana, cobró la magnitud no pensada porque llegó a jóvenes que buscaban un mundo propio y no el construido por los demás.

Así, entre guerras y auge del capitalismo desarrollista, el rock fue construyendo no uno sino muchos sentidos de pertenencia. Su definición frente a otras expresiones artísticas fue más que puntual. Asumió la postura de dar la cara, incluso, hasta el punto de no ser visto como arte sino como una expresión de gente vaga, drogadicta, que no tiene nada que hacer, algo que hasta la fecha se sigue pensando en sociedades como las latinoamericanas.

Y ese es el quinto punto que nos encausa a sus contradicciones, es decir, el sexto punto propuesto.

Precisamente, parte de sus contradicciones van de la mano con el contexto mundial y el desarrollo histórico tecnológico. Cómo la industria ha intentado de manejar económicamente estas expresiones bajo el lema de algo diferente o nuevo, pero que no es analizado desde la lógica de la producción, creación, intención, circulación y consumo.

Y en ese punto es donde yo buscaría plantear, más que definir una posición, interrogantes que abran la discusión sobre qué representa el arte como expresión humana. Si bien no tiene la obligación de ser emisario de un ideal político, tampoco puede estar desvinculado de su momento histórico. Ello conlleva repensar el arte para qué, especialmente cuando la era neoliberal asume como todo acabado y lo nuevo se reduce a la posibilidad de consumir sin juicio crítico, más allá de lo necesario, de lo que los satisfactores pueden ser creados y no apropiados mecánicamente mediante un oferente de servicios que inunda la cabeza con marcas y “necesidades” que no lo son.

En ese sentido, el rock en general se enfrenta a disyuntivas de sobrevivencia pero también a resistir la embestida mediante sus temáticas líricas, formas de producción, circulación y consumo de su creación en el contexto determinado. Por ejemplo, la gente que hace rock en Irán debe luchar no solamente contra la incapacidad de acceder a tecnología, estudio de grabación y circulación de su música, sino contra el estamento religioso que no permite creaciones “diabólicas” de occidente. En Guatemala, el rock subterráneo, el metal, todavía no tiene ni siquiera un lugar dónde realizar conciertos propios de su estilo, pues todos son cerrados porque los propietarios no quieren que gente de negro que bebe y fuma dé un mal aspecto en la calle o porque se consideran satánicos.

O sea, el conservadurismo que podemos encontrar en oriente y occidente desde una lógica cultural, permite también, de manera contradictoria, que estas expresiones tengan elementos simbólicos y materiales concretos de resistencia. De expresar su arte en contradicción en la añoranza de llegar a vivir de ello pero también de tener un sentido de pertenencia colectivo diferenciado.

Finalmente, dejando inquietudes para la reflexión, me pregunto: ¿hacia dónde va la creación artística frente al bombardeo audiovisual (que le ha quitado peso a la lectura y el análisis) y sus mensajes sobre la relativización posmoderna del arte?

¿En qué medida el rock está siendo absorbido y naturalizado como una expresión más cosificada por el sistema?

¿Puede el rock y las otras expresiones segmentadas por el mercado pero también autoreferenciables y defendibles por los sujetos y sus contextos, plantear más allá de la denuncia, transformaciones importantes en lo social?

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