jueves, 30 de septiembre de 2010

Oda al bicentenario

Eduardo Palma Moreno (Desde Neuquén, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Gran celebridad y luces en las calles:
el carnaval de los 200 años
emergiendo ovacionado -mediático-
en la oscuridad de los rostros tristes
de los oprimidos, de los marginados,
de los excluidos.

Sonia, dime, ¿Qué dirán nuestros padres de la patria?
¿Qué dirán:
José de San Martín
Simón Bolívar
José Artigas?
¿Qué dirán:
Bernardo O’Higgins
Solano López
José Martí?
¿Qué dirán?

Caminarán -seguro- como sombras invisibles,
frustrados, amargados por la ruta perdida.
Ellos, que lucharon entre heridos y muertos.
Ellos que nos alertaron acerca de los yanquis
y de sus parientes corsarios del Atlántico.
Ellos que nos advirtieron del imperialismo salvaje
que frustrarían los sueños del Paraíso Perdido.

Gran celebridad y luces en las calles:
el Carnaval de los 200 años.

Y tú y yo acá -solos junto a la ventana-
viendo pasar a los obreros
en busca de una mañana nueva,
enfrentando solsticios equivocados,
máquinas monstruosas,
computadoras fantasmas,
y montacargas space.

Nada ha cambiado en esta historia, es cierto:
los administradores multiplican sus riquezas,
los ejecutores multiplican sus pobrezas.
Y el mundo sigue igual:
los 33 mineros de San José,
¿no son los mismos que fallecieron
en la mina de Lota
en junio de 1864?
¿no son los mismos que desaparecieron en Potosí
en busca de toneladas de plata
durante el período colonial
y que ahora están extrayendo-muriendo
estaño
plomo
antinomio
y volframio?

Sonia, dime, ¿qué estamos celebrando?
¿el enriquecimiento ilícito de los vampiros de siempre?
¿la corrupción instituida de nuestros propios jueces?
Por favor, dime, ¿qué estamos ensalzando?
¿la agonía silenciosa de los 34 mapuches
que luchan por su historia y por su tierra indómita?

Te hablo desde la Memoria.
De la transparencia de la lana
y del huso
que gira
gira
hasta la madrugada.


Te hablo desde la lluvia.
Desde mis hermanos que lloran
lloran
lloran
y de los cercos de púa.

Te hablo, mi amor, del bicentenario.
De estos 200 años que estamos recordando.

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Humano ecológica

Haroldo Salazar Rossi (Desde Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Los pueblos indígenas del mundo, y en especial de los trópicos húmedos como es el caso del Perú y los pueblos indígenas de la amazonia peruana, tienen presente su cosmovisión integradora entre la sociedad y la biodiversidad integral con equidad.

La cosmovisión indígena

Los pueblos indígenas de la amazonia peruana tienen como principio ancestral el respeto a la naturaleza y a las diferentes divinidades que hay en el espacio, lo ven como un gran familia a los astros, sol, luna, estrellas, el cielo y las nubes que divisan en el espacio en donde se desenvuelven con una ritualidad, que se identifican en diversas formas de seres espirituales sean malos o buenos.

Los indígenas valoran mucho el tiempo, que esta simbolizado en los segundos, minutos, hora, día, semanas, meses, año, el día y la noche son de vital importancia por el rol que cumplen con sus seres de la biodiversidad los que se mueven en el día y duermen en la noche y los que se despiertan en la noche para cumplir sus respectivos roles de transformación constante de la vida amazónica.


Los montes y sus bosques y todos los seres vivos y no vivos se manejan con las leyes naturales y en reciprocidad con todas las especies de plantas y los indígenas los ven como una gran familia de arboles, sus guardianes que son los insectos juegan un rol muy importante ello son los que cuidan la grande diversificación, que existen en los bosques, y la diversidad de epifitas helechos, hongos musgos.

Los indígenas amazónicos conocen de cerca cómo interactúan de acuerdo a los colores del suelo con las plantas y las plantas cómo interactúan con los insectos, con las aves, los animales, reptiles y el agua, que se desplazan por todos los diferentes estratos que tienen los montes vírgenes y en reciprocidad.

El indígena o los lugareños de la amazonia conocen bien como cada variedad de plantas tienen sus nombres en sus respectivos idiomas de los pueblos indígenas y sus respectivas especies de insectos, de aves, de animales, reptiles, larvas, batracios, epifitas, helechos, orquídeas etc.

Frente a la gran diversidad en los bosques tropicales es de vital importancias el agua que están en el espacio en forma gaseosa con grandes masas de nube que son el efecto de los puquios, ojos de agua, los riachuelos, las quebradas, los ríos, las cochas, con las plantas acuáticas, los animales, los insectos, los peces, los animales y los árboles frutales de las diferentes variedades, las palmeras de diferentes variedades que son la fuente integradora del agua y arboles, animales, aves, insectos y muchos más.

El indígena tienen en cuenta con su sabiduría ancestral que cada clase de agua que existen en la amazonia son muy diferentes con toda su biodiversidad ya que cada color de agua tienen sus preferencias de vida de los diferentes peces, caracoles, insectos, plantas acuáticas, arboles reptiles, porque los que viven en agua cristalina no pueden vivir en agua turbia o negra , marrón o amarillenta, cada ser vivo tienen su lugar y dentro de los estratos de los ríos o en las cochas, los peces tienen su lugar, unos a nivel del suelo, a nivel del medio del agua y otros están en lo superficial de acuerdo a las diferentes formas de sus hocicos (trompas)de los peces


En los bosques en los ríos y en las cochas están pobladas de muchas especies de animales, aves, insectos, reptiles, peces, unos son nocturnos y otros diurnos es por eso que nada es para el indígena estático, lo ven en constantes cambios.

Dentro de la hermosura de los montes o los bosques tropicales, allí está integrado el ser humano de las familias lingüística indígenas en donde el ser humano es parte de esa gran masa viviente de la biodiversidad tropical amazónica, en donde el humano es el guardián o los adanes del trópicos, que viven en constante protección y en la reciprocidad natural.

Los pueblos indígenas tienen en sus respectivos idiomas la gran mayoría de los nombres de arboles, Peces, reptiles, insectos, aves, animales, serpientes hongos, plantas medicinales nombres de los ríos, trasmitidos por sus respectivos ancestros, las enseñanzas del respeto y la cultura ecológica porque dentro de la gran biodiversidad están las divinidades, espíritus buenos y malos que no hay ningún ser vivo que no tenga sus dueños o sus divinidades ni machos ni hembras ni hermafroditas pues a todos los respetan y tienen la conciencia de la equidad, porque dentro de ella nada está por demás o en sobre producción porque la naturaleza es equitativa, la naturaleza les enseño a los pueblos indígenas a usufructuar en reciprocidad en el uso y manejo entre la naturaleza y el ser humano por que la amazonia y su población humano ecológica es poderosa, transformadora, es una fuerza brutal es encantadora, es riqueza a todo nivel tiene una poderosa transformación instantáneas pero es delicada y sensible cuando se atenta cuando se rompe el equilibrio natural y no se respeta a las reglas y a las leyes de la naturaleza, todo lo comentado y vamos interpretamos esa integración sostenida en una frase llamada, humanoecologica.

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La sal de la tierra (Memorias de mi Infancia)

María Luisa Etchart (Desde San José, Costa Rica. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Pertenezco a una generación en que, además de estar unidos a través de la escuela pública a la que concurrían niños de todo nivel económico o intelectual, los niños teníamos todo tipo de vivencias enriquecedoras porque nos comunicábamos con todo tipo de personas, personajes algunos extrañísimos, y se oía hablar de todos los temas porque todo interesaba. Teníamos aportes de emigrantes de todas partes del mundo que se integraban a la comunidad y gustaban de hablar de sus tierras, sus costumbres, cantar alguna que otra canción en su idioma natal, o convidarnos con alguna comida típica.
Mi abuela francesa tenía en su casona de pueblo una mesa bajo un árbol destinada a cualquiera que pasara por allí en busca de trabajo o procurando ganarse aunque más no fuera una comida. Generalmente, ella se disculpaba por no poder darles empleo pero invariablemente los hacía sentar bajo el árbol (o en un galponcito si llovía) y les servía una comida sabrosa, un vaso de vino casero, se sentaba a conversar luego que hubieran comido y terminaba envolviéndoles algún pan con jamón casero para que tuvieran para el viaje. En esos frecuentes episodios conocí y escuché anécdotas, tristes historias, teorías políticas revolucionarias y contemplé rostros barbados, manos callosas, ropas gastadas, calzados deteriorados y, sobre todo, ojos, a veces tristes, otras llenos de fuego, en los que yo creía adivinar una extraña fuerza que hacía que sus portadores no se dieran por vencidos. Yo me sentía importante de acompañarlos con mi abuela hasta la puerta y hacerles un gesto de despedida con la mano, mientras les gritábamos: “¡Buena suerte y buen viaje!”. Tras recorrer el pueblo, seguramente se treparían nuevamente en algún tren carguero que los llevaría hasta otro lugar, casi seguramente desconocido para ellos, donde volverían a intentar ganarse el pan, cosa difícil en esa época de grave depresión.

A los siete años, nos fuimos a vivir a la ciudad. Con el dinero de una herencia de un tío, mi papá compró la llave de un negocio de almacén y fiambrería en San Telmo, que había sido propiedad de una pareja de ancianos asturianos y que ya no podían atender por su avanzada edad. En la calle Venezuela 744, cuadra de múltiples etnias, comencé mi contacto con otras nacionalidades. Dos familias árabes (Murat y Haidar), comerciantes en telas, con cuyos hijos jugaba en la vereda y que me invitaban a sus reuniones familiares en las que todo me atraía: la música, el narguil que fumaban los hombres, las deliciosas empanadas y panes árabes, las golosinas dulcísimas y el poder entrever a través de una cortina puesta para la ocasión, la ceremonia de circuncisión de Omar, uno de los hijos. En una sola cuadra estaba representado el mundo. Enfrente, había una pensión alemana que se decía se comunicaban con radio con otros nazis y que contaba con pensionistas numerosos que entraban y salían sin hablar con nadie. Casi todas las casas eran grandes inquilinatos, donde vivían familias enteras en una habitación con una cocina de chapa frente a cada pieza y que daban a uno o dos grandes patios compartidos, llenos de plantas en macetas. El negocio que rentábamos tenía su propio departamento con dos salidas: una por el negocio y la otra a un pasillo que comunicaba al resto del inquilinato donde paradójicamente vivía un matrimonio ruso judío (los Fainman) que tenía dos hijos y dos marineros alemanes procedentes del Graff Spee, submarino que encalló cerca de Buenos Aires, que no hablaban para nada Castellano y pasaban horas ejercitándose en lucha en el patio. Faerman venía todas las mañanas a pedirnos prestado el teléfono y hacía llamadas a posibles clientes para acordar citas. Ignoro qué vendía pero se los veía, como a casi el resto de los habitantes de los inquilinatos, con penurias económicas. El hijo mayor, Natalio, iba al colegio industrial y a veces me pedía prestado el diccionario, era muy serio y estudioso, el menor era gordito y sufría de anemia , por lo que debían darle unas inyecciones, que le aplicaba el farmacéutico de la esquina. El me había tomado mucho cariño porque yo le cantaba una canción que se llamaba “Juancito, el Vendedor” y lo hacía reír y la mamá me pedía los acompañara hasta la farmacia porque así él se dejaba dar la inyección mientras yo le cantaba. Como era costumbre entonces, una vez terminada la aplicación, el farmacéutico nos regalaba un sobrecito de confites a cada uno y, de vez en cuando, un pequeño librito para sombrear.
En otro de los inquilinatos vivía un primo hermano de Dante Quinterno, autor de Patoruzú, sumamente inteligente y afectuoso, que me hacía dibujos de Patoruzú pues él había trabajado con su primo, que aparentemente luego lo había dejado sin empleo. Su rasgo más sobresaliente, aparte de la estatura, era su frente amplísima También estaba Emilio, el Rojo, lustrador de muebles, apodado así por sus convicciones políticas. Recuerdo sus manos de dedos anchos, impregnados de tintes, su barba hirsuta y descuidada y su vozarrón que profería conceptos marxistas no bien se daba la ocasión.

Montaner Re, de familia adinerada, de aspecto hindú, había abandonado su medio y vivía en un pequeñísimo cuarto y se dedicaba a la pintura de casas. El me habló por primera vez de “karma”, reencarnación, de la India y sus creencias. De vez en cuando alguna de sus hermanas venía a tratar de convencerlo de que abandonara esa vida de extrema pobreza pero cada vez se negaba e insistía en que estaba buscando su sendero. Una mañana de invierno salía yo para la escuela y vi una ambulancia parada en el edificio donde él vivía y con asombro un par de enfermeros que lo sacaban con un chaleco de fuerza. Jamás olvidaré que, resistiéndose, giró un momento la cabeza y me vio y en un instante me transmitió su dolor, con una fuerza que no he logrado borrar de mi retina. Dicen que hacía varios días que no salía de su cuartucho, se había quitado la ropa y, sentado como un yoga, entonaba mantras, lo que provocó llamaran al manicomio y se lo llevaran a pedido de vecinos y familiares para tratar de “curarlo”. No sé por qué él siempre me había hablado de cosas que sentía eran importantes y realmente lo amé, y lo que sentí en ese momento fue único, solamente igualado por lo que sentí, algunos años después, mientras escuchaba por la radio, que Mahatma Gandhi había sido detenido y estaba al borde de la muerte por sus huelgas de hambre.

En la misma cuadra, en claro contraste con el promedio, se levantó por ese entonces un edificio de departamentos de lujo en el que vivía el Ingeniero Cipolletti, Dora Nogaró, hija del dueño del famoso Hotel, recién casada con Paul Bardin, hijo del dueño de la farmacia Franco-Inglesa, la más importante de Buenos Aires. No eran épocas de celulares ni había abundancia de teléfonos, así que todos ellos desfilaron en algún momento por nuestro negocio pidiendo se les dejara hacer alguna llamada. En realidad, el teléfono del negocio, el 33-1441, era usado por gran parte del barrio y jamás se le negaba su uso a nadie, ni se les cobraba por la llamada.

También en la misma vereda, en dirección a la calle Piedras había una lujosísima residencia de la familia Marcó del Pont, con portero de librea, cinco sirvientes y, según podía ver cuando el portal estaba abierto, con un hermosísimo jardín andaluz de bellísimas mayólicas y una fuente en el centro. El cocinero de esa casa venía seguido al almacén a comprar algún ingrediente faltante. Era bajito, amanerado, y vivía en una habitación de una casa de departamentos al final de la cuadra, edificio adonde yo iba dos tardes por semana a tomar lecciones de inglés. Un día, al llegar, encontré el edificio con un cordón policial. El cocinero había sido asesinado de 14 puñaladas y yacía junto a la puerta cancel, aparentemente atacado por varios muchachos con quienes había tenido relaciones homosexuales.

No puedo omitir la Academia de Bailes Dopazo, que funcionaba en un primer piso a metros de mi casa. Las muchachas que trabajaban allí provenían casi todas de barrios suburbanos, usaban pollera negra y camisa blanca de satín, zapatos de tacos altos y a cambio de boletos que costaban 5 centavos cada uno, bailaban con los clientes que llenaban el salón todas las noches, teniendo también que enseñarles a los neófitos, todo al ritmo de las dos orquestas (una típica y otra de jazz) que tocaban en turnos de media hora cada una. El salón funcionaba a partir de las 6 de la tarde hasta aproximadamente las 12 de la noche. A partir de las 9, las chicas se turnaban para venir a nuestro almacén para que mi papá les preparara un sándwich de jamón o mortadela, con que paliar el hambre que tanto ejercicio seguramente les despertaba. A ellas se les pagaba 1 centavo por cada boleto recogido durante la función.

En la calle Chacabuco al 400, que cortaba a Venezuela, había dos inquilinatos enormes. En ellos se apiñaban familias extranjeras y gente de las provincias, todas pugnando por ganarse el sustento, de muchas maneras. Había bordadoras, costureras, peones de albañil, dibujantes, cocineras, y con grados de estudio y cultura disímiles pero hermanados por la necesidad de una época de vacas flacas.

A dos cuadras vivía un matrimonio compuesto por un francés y una hija de italianos, ambos pintores exquisitos, que alquilaban una bohardilla que no tendría más de 2,50 por 4 con una ventana que daba a la terraza. Su buen gusto había hecho posible que resultara un lugar encantador, en el que vivían, pintaban y soñaban. Yo iba dos tardes por semana a que me enseñaran a dibujar, a cambio de las provisiones que mi padre les llevaba en su enorme canasta y que les permitía al menos alimentarse. También a veces me llevaban caminando hasta el Balneario Municipal, donde disfrutábamos de la entonces encantadora costa del Río de la Plata y una vez incluso fui con ellos un 1° de Mayo a cantar La Marsellesa en la vieja Plaza de Mayo y festejar el Día del Trabajo, lo que resultó casi en una protesta popular que, como fue y es costumbre en mis latitudes, terminó con la policía a caballo corriéndonos cuando todos levantando el puño cerrado pretendieron cantar La Internacional.
Mi padre prácticamente fundió el negocio por su espíritu solidario. Esperaba la hora de la siesta, en que mi madre se acostaba a descansar, y llenaba la canasta de comestibles y salía a repartir por los conventillos. Me parece verlo, flaco, con un aire de dignidad extrema y unos increíbles ojos celestes, con un eterno cigarrillo encendido, volviendo de sus giras altruistas sonriendo silenciosamente. También yo lo acompañaba al Centro Republicano Español donde trabajaba una noche por semana como voluntario, preparando paquetes para mandar a los que allá luchaban contra el franquismo que amenazaba con concluir con el intento maravilloso y valiente que fue la instauración de una república y que, finalmente, al revés de los cuentos de hadas, fue vencida..

Cuando llegamos a vivir a Buenos Aires, yo estaba por cumplir 7 años, edad que se exigía para anotarse en la escuela primaria pero ya hacía casi tres años que sabía leer, escribir y hacer cuentas, gracias a mi tía Sarita, hermana menor de mi madre a quien debo agradecer ese don impagable de la alfabetización. No bien cumplí los esperados 7, mi madre me llevó a la escuela más próxima, la “Mariquita Sánchez de Thompson” donde duré 15 días en 1° inferior, 2 meses en 1° superior y terminé finalmente en 2° grado, ya que cuando las maestras comprobaron mis capacidades, me iban pasando al grado inmediato superior. Allí terminé mis estudios primarios, siempre como “mejor alumna” porque realmente me encantaba aprender y eran épocas en que las maestras dedicaban lo mejor de sí y hacían que todos los alumnos participaran activamente de la clase, hasta que todos llegaban a comprender cada tema.

Yo era la más pequeña del grado, por lo que siempre debía sentarme en la primera hilera de bancos y era la primera de la fila cuando debíamos marchar. También me gustaba mucho actuar y cantar y hasta llegué a escribir algunas comedias para representar en las fiestas que se hacían y siempre recibí mucho afecto de mis compañeras, con las que nos reuníamos en casa de una u otra a jugar, como era costumbre. La escuela pública unía, nadie hacía distingos sociales o de nacionalidad. Tuve compañeras que vivían en hermosas casas y otras que vivían en inquilinatos, en cuyo caso, no habiendo mucho espacio para la diversión, nos íbamos a la plaza más próxima a jugar a la figurita, a la rayuela, la mancha, las escondidas, las estatuas o el “pisa-pisuela, color de ciruela”. Recordando los apellidos, veo que las había de todos los orígenes: griego, árabe, alemán, italiano, francés, judío, español, portugués, japonés, chino, ucraniano, ruso, checo, polaco, lituano, pero entonces no lo sabía.

Dejaré aquí este racconto que sólo ha tenido por objeto ubicar en su justa importancia ese espíritu de convivencia, ese alimento precioso que todos recibíamos de todos, esa falta de prejuicio. A lo largo de la vida, todas las personas que conocimos nos dieron algo, nos enriquecieron de una u otra manera y todas contribuyeron a hacer de cada uno de nosotros lo que somos, lo que me hace sentir que el ser humano, como especie, es un tejido permeable y enriquecedor, que las divisiones cada vez más agravadas nos han ido haciendo perder sensibilidad, posibilidad de comprensión, facilidad para mirarnos a los ojos y sentirnos como parte de un todo y han permitido que numéricamente los menos hayan fomentado esta desconfianza y separatismo para lograr acumular poder y riquezas, en detrimento de los más, que esperan un abrazo y una palabra de amor o, aunque más no sea, el reconocimiento de que todos tenemos la misma esencia e idéntica condición, la de humanos y que el planeta donde vivimos es nuestro hogar común.

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Muestra del pintor Antonio Berni: Hablándole a los ojos

Demian Paredes (La Verdad Obrera-PTS. Desde Buenos Aires. Colaboración para Argenpress Cultural)

“El artista está obligado a vivir con los ojos abiertos. Y en ese momento la dictadura (de 1930), la desocupación, la miseria, las huelgas, las luchas obreras, el hambre, las ollas populares, eran una tremenda realidad que rompía los ojos.”
Antonio Berni

Por tercera vez desde su muerte(1) el Museo Nacional de Bellas Artes realiza una muestra de Antonio Berni, pintor reconocido nacional e internacionalmente. La selección de 31 obras, realizada por Roberto Amigo y Martha Nanni, se titula Narrativas argentinas y propone, desde una selección no cronológica, un recorrido por algunas “áreas temáticas” de los intereses estéticos y políticos de Berni. La fuerza y expresividad (vitalidad) de sus colores en la sección “autobiográfica”; el “realismo” de las décadas de 1930-’50 y sus dos personajes emblemáticos, Juanito Laguna y Ramona Montiel, son algunas de las obras que están en exhibición (junto a un grabado y dos “robots” -provenientes de las pesadillas de Ramona-). También está Pesadilla de los injustos (1961), un gigantesco cuadro recientemente adquirido por el museo.
Un artista comprometido


Nacido en 1905 en Rosario, Berni comenzó su acercamiento al arte como aprendiz en el vitreaux; y pintó su primer cuadro, Álamos, a los 17 años.


En 1925 viaja a Europa (Madrid, París), aún convulsionada por los efectos de la Primea Guerra Mundial y la Revolución Rusa, y se relaciona con diferentes referentes de escuelas artísticas, filosóficas y políticas de vanguardia: desde la Scuola Metafísica, pasando por el surrealismo y el marxismo (de la mano de Henri Lefevbre, quien además lo acercó a la obra de Freud).


De regreso a la Argentina, Berni, alejándose de los motivos surrealistas tomará partido por los humillados y ofendidos, desde el arte y desde la política. Como relata el historiador Hernán Camarero, “durante los primeros años treinta, el PC contó en sus filas, o tuvo como firmes simpatizantes, a destacados representantes de la plástica argentina”(2). Berni fue uno de ellos.


Son los momentos donde produce sus conocidos Manifestación y Desocupados, ambos de 1934.

Sin embargo Berni no suscribirá al “realismo socialista” como estilo ordenado por la burocracia stalinista (desde Moscú a todo el mundo) y, luego de colaborar con el muralista mexicano Siqueiros, polemizará contra esta directiva, proponiendo su “Nuevo Realismo”. Dice Camarero que, para los artistas -que en su mayoría no adoptaron el “realismo socialista”, “acercarse al PC constituía una posibilidad de vincularse a la lucha obrera y a una causa, la del comunismo, que despertaba una profunda atracción en ciertos estratos”(3). Berni seguirá con su labor, viajando al interior del país y a otros países de Latinoamérica, documentándose y fotografiando para seguir pintando.


Luego vendrán, en las décadas de 1960 y ’70, sus personajes Juanito (un chico de la villa) y Ramona (una prostituta), realizados en técnicas diversas; desde grabados hasta ingeniosos collages realizados con basura, desperdicios y materiales desechados.

Su último cuadro, de 1981, quedó sin terminar (y sin título), y está en esta muestra.

Las (amargas) “ironías” del arte bajo el capitalismo.


Si bien muchos de los cuadros en exhibición son propiedad del museo, otros no: por ejemplo, Manifestación, es propiedad del empresario Eduardo Constantini, dueño del MALBA. Según dijo a un periodista, ese “cuadro machazo”(!?) ha sido visto, desde que abrió su museo en el año 2000, por casi un millón de personas. Lo compró en 1991 por 150.000 dólares. “Dice que no se equivocó: ‘Ahora vale, por lo menos, dos millones’”(4).


Así como en todo el mundo el sector de las finanzas encontraron un nicho especulativo para acrecentar sus ganancias, las obras de Berni -en este caso producidas con un profundo sentimiento artístico y político-social, con materiales como telas de arpilleras y latas oxidadas- valen decenas y cientos de miles de dólares. Desocupados fue vendida, en 1995, en 800.000 dólares y está en una “sala de espera del directorio de una empresa farmacéutica”(5).

¡Estos empresarios, como los Fortabat y Blaquier, que amasan fortunas con la explotación y desocupación obreras, dedican luego millones a comprar y vender para su (malganado) ocio!(6) Con el caso de Berni, con varias series de obras que son explícita imagen de los males a que nos llevan los mismos capitalistas, no se puede dejar de notar esta macabra paradoja.

Notas:
1) La primera fue en 1984, donde además se expusieron fotografías tomadas por Berni. La segunda fue en 1997, con más de 100 obras expuestas cronológicamente, donde por el MNBA pasaron unas 330.000 personas.
2) A la conquista de la clase obrera. Los comunistas y el mundo del trabajo en la Argentina, 1920-1935, Bs. As., Siglo XXI, 2007, p. 277.
3) Ídem., p. 279.
4) Fernando García: Los ojos. Vida y pasión de Antonio Berni, Bs. As., Booket, 2009 (ed. original 2004), p. 112.
5) Ídem., p. 134. “Salió unos meses en 1997 para la retrospectiva de Bellas Artes y volvió” (ídem.).
6) Según Forbes, la colección de arte de Blaquier está valuada en ¡400 millones de dólares!

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Marxismo: ¿Se salvó algo del diluvio? (Parte II - Final)

Marcos Winocur (Desde México. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

4. San Marx y San Lenin que estáis en los cielos...
“Yo no soy marxista” -la frase se atribuye a Marx. Como dicen los italianos, “se non è vero, è bene trovato”. Si no es cierto, merece serlo. Cuenta en esto una tendencia a la sacralización dentro de las organizaciones comunistas, donde “El Capital”, a pesar de poco leído, deviene con el tiempo artículo de fe, una suerte de Biblia teórica en la cual se podía confiar a ciegas. Había una sola lectura de los textos, la oficial. Lo cual tuvo por resultado multiplicar heterodoxias y herejías. El pensamiento marxista que no se dejaba florecer al interior de la URSS, China y otros países, en la periferia, por gracia de las compensaciones, se desbordó, resultando, en muchos casos, un aporte a la confusión general que prevalecía en Occidente. Uno no sabía qué resultaba peor, si el sectarismo autoritario o el “non sense”.

Es en general el peligro de los “ismos”. Trazan la raya maniquea y del otro lado queda lo maligno y lo “no existente”, a saber: si sucede algo que contradice mi discurso ¡al destierro! Quien piensa distinto de mí, está equivocado. Y lo que no entiendo, no existe. ¿Para mí no existe? Muy bien. Entonces, si soy Stalin, para nadie existe.

Un ejemplo elocuente del autoritarismo en el razonar se dio en vísperas de la invasión de Alemania a la URSS, cuando la II Guerra Mundial. Informes confidenciales y confiables llegan a Stalin indicando inminente ataque, y al mismo tiempo se confirma la noticia de una gran concentración de tropas alemanas a lo largo de la frontera... y Stalin diagnostica: no puede ser, Hitler no va a abrir un segundo frente cuando no ha acabado con Inglaterra, no creo que concentre tropas con fines ofensivos. Y bien, la URSS fue invadida dos días después, Hitler no pensaba como Stalin: supuso que Inglaterra, si bien país beligerante, había quedado neutralizada, y que en seis semanas conquistaría a la URSS tras un ataque sorpresa.

Otro caso resulta de la concepción cerrada sobre lo que dio en llamarse “imperialismo”, según el conocido libro de Lenin, quien toma el término de los escritos de Hilferding, y de éste y de Hobson, el enfoque general, ambos economistas de la época. Hoy, el concepto de “imperialismo” se corresponde aproximadamente con la expresión de “unipolar”, concentración de riqueza y poder. A pesar del peso que significa detentar el Estado, las ideas no se ponen automáticamente de su lado, ni se dejan esterilizar, defienden su autonomía a derecha y a izquierda. Naturalmente, la creatividad del pensamiento necesita oxígeno, que la sociedad preserve las libertades democráticas. En las organizaciones marxistas siempre se habló del tema y de la necesidad de revalorar un concepto asociado, el de superestructura, pero no se dio el paso necesario: reconocer la autonomía del pensamiento, incluso si nacido en el campo adversario y a su abrigo.

No digo “independencia” pues las condiciones materiales existentes dan origen al pensamiento, pero éste las reinterpreta en sucesivas lecturas, no se ata a la realidad que le ha dado origen. Y los seculares dos bandos se forman, conservadores y radicales, en actitud de sostener o de negar la correspondencia original entre realidad y pensamiento. A éste pronto le crecen alas y remonta vuelo tomando decisiones “por sus pistolas”. Pienso pues que es autónomo aun cuando no independiente. Esto significa que pueden haber variado las condiciones materiales que fueron cuna de un pensamiento (y de una ulterior estructura mental) sin que éste se de por aludido, o al revés: se adelanten a una realidad y proclamen hipótesis “subversivas”. En una palabra, realidad y pensamiento desarrollan velocidades distintas. Como alguien dijo: “cuando me supe todas las respuestas, habían cambiado todas las preguntas”.

Esto es particularmente cierto en el arte y en las ciencias. La física en la primera mitad del siglo XX y la biología y la cibernética en la segunda mitad, fueron resultados de una empiria y de una reflexión profunda como nunca vistas en la Historia. Y se dieron en países de Europa occidental y en Estados Unidos, no en contra de los gobiernos sino a su amparo, en una especie de neutralidad apolítica asumida por los científicos. A partir de la II Guerra Mundial, Estados Unidos fue monopolizando a los hombres de ciencia. Einstein, que se sepa, no fue ciudadano soviético. Y no solamente estoy hablando del teórico sin par de la física, sino del hombre que en carta personal decidió al Presidente Roosevelt a fabricar la bomba. Ni tampoco Plank o Heisenberg, Fermi u Oppenheimer. No nacieron en tierra rusa, que podía parir grandes escritores como Tolstoi o Dostoievski, pero no un laboratorio, con la conocida excepción del destinado a los experimentos de Pavlov.

Tal era el atraso vivido bajo el zarismo y legado a la URSS, que décadas de socialismo no lograron hacerla científica y tecnológicamente competitiva. ¿No tuvieron tiempo los soviéticos, dedicados a sobrevivir? ¿O no se dio prioridad suficiente a una política de impulso a la investigación científica y tecnológica, especialmente en áreas estratégicas? Ciertamente, no supieron crear o aprovechar los propios cuadros ni atraer los de fuera, como masivamente lo lograra Estados Unidos.

Vamos a un caso. Ciolkovsky (1857/1935) nacido en Rusia y que vivió en su país, profesor y estudioso, “resolvió --informa el Diccionario Enciclopédico Salvat-- los principales problemas matemáticos sobre las trayectorias de naves espaciales, investigó mezclas combustibles para la propulsión de cohetes y sugirió su utilización en varias etapas (...) diseñó un vehículo capaz de deslizarse sobre un colchón de aire.” ¡Y esto por los años treinta o antes! Fue un pionero, adelantándose a los investigadores de Occidente.

Ciolkovsky es hoy conocido como el padre de la cosmonáutica. ¿Quién en la URSS le dio su lugar y luego continuidad? Nadie en forma efectiva, con el apoyo del Estado, que se sepa. En cambio, un alemán, von Braun, retomó el hilo y fabricó para los nazis los cohetes explosivos que cayeron sobre Londres en la II Guerra Mundial, y ya experimentaba un misil de alcance intercontinental. El atraso científico y tecnológico de la Rusia zarista fue superado por la URSS pero no en medida suficiente en relación con los países competidores, y eso era lo que importaba.

Bajo Stalin, el esfuerzo productivo estuvo centrado en los planes quinquenales. El cumplimiento de las metas económicas allí fijadas se consideró prioritario, y ponía a prueba a la industria soviética estatal y planificada, como así a la colectivización en el campo, el cual debía ser velozmente mecanizado. La URSS buscaba ser capaz de proveer al consumo interno y a un tiempo dar una imagen de éxitos a los ojos del mundo. La obsesión de los planes quinquenales y de su cumplimiento fue insensiblemente dejando de lado el espíritu creativo y los proyectos de investigación tecnológica. En cambio, en Estados Unidos y en Europa occidental éstos fueron tradicionalmente alentados. En una palabra, en la URSS dominaba la fiebre cuantitativa: más trigo, más bicicletas, más vodka. Por el contrario, en la patria de Thomas Alva Edison y de Henry Ford se dio un equilibrio entre los volúmenes de producción y la productividad, entre lo cuantitativo y lo cualitativo.

De pronto un tornillo cambiado de lugar, una modificación en la cadena de montaje, hacía que en el mismo número de horas trabajadas se fabricara el doble de bienes de consumo. No faltaron en la URSS operarios que sobre el terreno advirtieron pequeñas modificaciones para grandes efectos, y fueron aceptadas. Nacían espontáneamente, sin responder a estímulos, se temía que del espíritu creativo se pasara a la crítica y de ésta a la oposición y al complot. Mejor, se consideraba en aquellos años, la uniformidad: que cada uno cumpliera su cuota en el plan quinquenal, y ya.

En EU una cobertura jurídica protegía al autor del hallazgo, una simple inscripción en el registro de patentes y el autor de la innovación podía dirigirse a los bancos para que financiaran su proyecto y, si las cosas marchaban bien, hacerse rico, que en Estados Unidos es sinónimo de importante: “tanto tienes, tanto vales”. Del self-made-man, se hizo una leyenda rosa. Sin embargo, el espíritu creativo tuvo su lugar en ese periodo del capitalismo y se conservó a medida que el siglo XX avanzaba... “personal computer”, genoma, telefonía celular, dan color a sus dos últimas décadas.

En ese sentido, cuando arreció la competencia con los soviéticos en los años de la guerra fría, los norteamericanos habían reforzado su experiencia de la etapa que venían de pasar, la II Guerra Mundial. Decididos en 1943 a abrir un nuevo frente de combate desembarcando en el continente europeo a partir de Inglaterra, ésta debía ser abastecida de todo el material necesario para tamaña empresa, máxime cuando los alemanes estaban fortificando todo el litoral marítimo desde Noruega a España. Además, éstos echaron mano de su flota submarina para impedir la llegada de los barcos norteamericanos a Inglaterra y también a la URSS, a la cual se había acordado ayudar.

Fue la batalla tecnológica de quién ganaba la virtud de hacerse invisible para el enemigo. Por naturaleza, lo era el submarino hasta que los ingleses inventaron el radar, detectando al enemigo bajo el agua cuando éste no había siquiera divisado barcos a través del periscopio. Pero los alemanes idearon un aparato que daba cuenta de la presencia de un radar operando, y rápidamente cambiaban de posición. Entonces los angloamericanos, trabajando ya en laboratorios con equipos técnicos y humanos de primera prioridad, emplearon longitudes de onda que quedaban invisibles para el aparato alemán. Y desde el aire cumplieron la tarea destructiva que habían sufrido a mano de los submarinos. Fue una batalla donde la mejor tecnología llevaba las cartas del triunfo militar.

Y sin embargo, la URSS había tenido el acierto de un construir un gigantesco tanque de guerra, el T-34, que asombró a los alemanes cuando la invadieron en l941. Pero ¿qué significaba en los términos de nuestra problemática? Una vez más, un avance cuantitativo, se aumentaban las funciones comunes a cualquier tanque: mayor potencia de fuego, mayor blindaje, buena velocidad de desplazamiento. Pero nada nuevo se le agregaba, no se trataba en rigor de un avance tecnológico, como en los casos del radar o de la bomba atómica, uno el vencedor de lo invisible, otra el Apocalipsis a partir de una nueva fuente de energía, desconocida hasta entonces en su aplicación práctica.

Y en la guerra como en la paz. Para librar con éxito la batalla por los mercados, la empresa que logre un avance tecnológico capaz de desalojar a los competidores, dejándolos con las bodegas llenas de mercancía obsoleta invendible, ésa se lleva el triunfo. De nada vale producir mucho si hay quien produce mejor, tal ha sido una lección para la URSS, a cuyo atraso secular vinieron a sumarse políticas erróneas.

A la par de las tecnologías, las ciencias conocieron en el siglo XX un impulso como nunca dado. La nueva física nos abrió los ojos ante las fuerzas “comprimidas” en el microcosmos al igual que el genio encerrado en la botella y, como a éste, dejadas en libertad por obra del hombre contra quien se vuelven. ¿De qué manera? Por primera vez en la Historia, la humanidad adquiere los poderes suficientes para suicidarse aportando el elemento clave para la correlación internacional de fuerzas: la energía nuclear hecha bomba, alumbrada por el proyecto Manhattan de Estados Unidos. Vino entonces Hiroshima. Si tras la II Guerra Mundial surgió un mundo bipolar, cuyo supuesto era el equilibrio del terror atómico, ocupar uno de esos dos polos no fue mérito de los dirigentes soviéticos ni de sus laboratorios de fisión nuclear, sino gracias a los servicios de espionaje de la URSS, a la voluntad de algunos científicos que le pasaron información convencidos que el monopolio nuclear era inaceptable y finalmente a un soviético, Andrej Sájarov, quien, aprovechando la información obtenida por esas vías, dio un paso adelante y fabricó la bomba de hidrógeno.
El equilibrio bipolar, mal que bien, se mantuvo sorteando los peligros de la guerra fría pero, poco a poco, Estados Unidos compensó con creces el desgajamiento de los países que se liberaban de su tutela a partir de la posguerra: resultó en definitiva ganadora de la carrera espacial, lo que tiene consecuencias en el campo militar donde los misiles, certeros como son los disparos de los satélites artificiales, juegan un rol de primera fila. Y finalmente, Estados Unidos, después de vacilar, queda en condiciones de plantearse el proyecto “Guerra de las galaxias” o de los misiles antimisiles. Persisten algunas dudas en cuanto a su eficacia y una certidumbre: ni la URSS ayer ni la Rusia actual estuvo ni está en condiciones de correr con los costos que implica un tal proyecto. Así, al carecer de una buena carta para jugar como réplica a la “Guerra de las galaxias”, Rusia se ve reducida a una posición pasiva: rezar para que los cielos premien su abandono del comunismo con un fracaso americano en los planes de blindar su espacio aéreo.

Así estamos. La correlación de fuerzas dicta sus órdenes a la coyuntura internacional. Y es cuando el hombre de hoy más quisiera cerrar los ojos para no ver un mundo que no se resigna a aceptar y se le antoja en camino del futuro pintado en la novela “Fahrenheit 451” de Ray Bradbury. Las utopías se ponen entonces a la orden del día, se hacen contenido del imaginario colectivo. No logro transformar la realidad, el colosal intento del socialismo marxista vean cómo acabó. Pero nadie me puede quitar mis sueños. Y hay utopías del color que se quiera, desde las religiones tradicionales a las que predican el suicidio colectivo como vía para abordar el ovni que nos llevará a la estrella de la felicidad del tercer milenio.
Paradójicamente, se descubre un cierto “entrenamiento utópico” recogido desde las filas de las organizaciones comunistas mismas. Pues sí: dentro de ciertos límites, “estaba permitido” soñar con el futuro luminoso del comunismo. Más: ¡Lenin lo aconsejaba! Más: ¡lo dejó escrito en el libro donde preconiza un partido a la manera militar, el “¿Qué hacer?”! En esas páginas, Lenin hace suyas las expresiones de Písarev quien reivindica el soñar del hombre con “el cuadro totalmente acabado de la obra que bosqueja entre sus manos” como insustituible móvil para la acción. ¡Qué ironía! ¡Finalmente vino a resultar que el militante disciplinado y soñador no anticipaba golosamente la meta por la cual se batía, sino que ésta era imposible de alcanzar, esfumada al derrumbe de la URSS! Tal, el borroso rostro de la utopía.

Como decía Hegel y recordaba Marx, se trata de la ironía, la astucia de la Historia. Que tiene sus propios fines y no los revela antes de tiempo. ¿Es divinizar la Historia? En cierto sentido, sí. Como si ésta, misericordiosa, dejara fluir las utopías, bálsamo sobre las heridas que causan las realidades. Y envolviera el imaginario colectivo bajo la consigna de las Cruzadas, al rescate del Santo Sepulcro. O bien a la toma de la Bastilla creyendo inaugurar el reino de la “libertad, igualdad, fraternidad”, o del Palacio de Invierno en Rusia en nombre del comunismo, o al asalto del cielo cuando los comuneros en París, sin olvidar a Espartaco y a la rebelión de los esclavos bajo Roma. Esta última, es en particular elocuente. Dueños de la situación los rebeldes, pasaron a reorganizar la producción en amplias zonas devastadas por la guerra. Uno tiende a pensar que el nuevo marco social sería el de una asociación de hombres libres... pues, no: ¡resucitaron el esclavismo!

Así, el pasado. Pero el hombre no puede dejarse de futuribles -futuros posibles-. Y tampoco puede vacunarse contra las utopías ni está en sus manos adivinar en qué medida su imaginario ha sido contaminado, aun encontrándose de acuerdo con Calderón de la Barca: “y los sueños... sueños son.” Por eso, el hombre busca las lecciones de la Historia y con sorpresas se da: esto no salió como yo lo pensaba, esto otro salió justo al revés de cuanto la gente creía. “La Historia, esa pesadilla de la cual no logro despertar”, se dice en el “Ulises”, la novela señera de las letras contemporáneas, cuyo autor es James Joyce.

Durante los primeros años (1914-1917) de la Gran Guerra, Lenin se encontraba en el exilio madurando su tesis de convertir a ésta en revolución social, de donde escribe materiales de índole política. A la vez, hay horas en que poco resta por hacer en el exilio y Lenin no era persona de quedarse inactivo, escuchando los cañones a lo lejos. Decidió entonces ponerse al día en sus estudios filosóficos, leyendo y anotando a autores como Hegel, a quien, al parecer, sólo conocía a través de Marx y Engels. De ahí nacen los que más tarde serán editados bajo el nombre algo pomposo de “Cuadernos filosóficos”, consistentes en extractos y resúmenes de libros, agregando Lenin notas marginales. Una de la citas, perteneciente a Hegel, contiene esta idea: “los pueblos y los gobiernos jamás han aprendido nada de la Historia (...) cada periodo es demasiado singular para eso.”

Y Lenin apunta a un costado: “¡muy inteligente!”. Así, esta idea ya se manejaba entonces. La cuestión era saber cómo y cuándo aplicarla. La gran ruptura había tenido lugar en Rusia a la caída del ancien régime, zarista y feudal, sustituido en el acto por el proyecto socialista. ¿Dentro de este último, cesan de manifestarse las rupturas? Bien que de otra índole, se hacen presentes y son las propias de la época. Cada golpe dado por el boom tecnológico da de lleno en las fuerzas productivas, modifica su desarrollo en cuanto hace a la economía al interior del país e internacionalmente opera modificaciones dentro de la correlación de fuerzas.

A una época de la ciencia calzada con las botas de las siete leguas, de acumulación grandiosa del saber, se siguen décadas de aplicación y aprovechamiento de los conocimientos científicos. Édison resulta consecuencia de Faraday y Maxwell. Develada la naturaleza del electromagnetismo, quedó a punto para lo que se ofreciera: mover máquinas, iluminar el planeta, grabar el sonido.

Así estamos. ¿Y Marx? Bien que en su obra la “parte profética” anunciando la llegada del comunismo, ocupa un reducido lugar, sobre ella se fundamentó la gran esperanza. Una asociación de hombres libres donde ya no se polarizarán capital y dirección por un lado y por el otro, trabajo. Cada individuo combinará el quehacer manual con el intelectual, se borrarán las diferencias entre campo y ciudad, el Estado se extinguirá como órgano de poder, conservándose en tanto administrador. Una sociedad futura que escribirá en sus banderas: “De cada uno según sus capacidades, a cada uno según su necesidad”. Hace acordar al libro de Aldous Huxley titulado “Un mundo feliz”. Una humanidad así, superadas sus contradicciones internas, una “humanidad unificada”, para decirlo con las palabras de Gramsci, no tendrá otro trabajo que mirarse al espejo. Es cierto que el pleito con Mamacita Naturaleza puede seguir vigente quién sabe cuánto tiempo más, y así justificar la sobrevivencia de la humanidad o, al menos, de una minoría ilustrada: equipos de investigadores, expedicionarios, pobladores del sistema solar. Siempre un horizonte a superar en el macro y en el microcosmos. Y ello dar lugar a contradicciones dadas en un más alto nivel, sin necesidad la humanidad de vivir desangrándose a sí misma... “orita vemos”.

De todos modos, de no estar convencido, de no creer con fe religiosa en la próxima venida del comunismo, difícilmente se justifica el combate y el exigir el empleo óptimo de las fuerzas de cada comunista, como creía Lenin. Pienso que el “hombre de la calle” se automedica la utopía como fruto de la necesidad de construir dentro de su cabeza lo que siente no podrá hacer fuera de ella, en el mundo. Y en el caso del militante, la realidad es también el punto de partida de su prédica en un sentido opuesto, activo: transformarla, escribió Marx y los comunistas lo citábamos con frecuencia. ¿De qué se trata entonces? La utopía, soñar con ella, soporte del ánimo y, además, la manera de aventar toda duda: el futuro, lo hemos desentrañado y nos pertenece, camarada.

El fenómeno de las rupturas bajo el socialismo fue asimilado por Lenin en el plano económico como en el político. Ya los comunistas en el poder, es revelador comparar su discurso de los años 1919-1920 con el de 1922-1923. Tomemos el primer periodo señalado. Todavía entonces, Lenin, dirigiéndose al congreso de juventudes de toda Rusia, daba por un hecho:

“la generación que tiene hoy quince años y que de aquí a diez o veinte vivirá en una sociedad comunista.”

Así, la profecía calendarizada y alentadora: no se van a morir sin verlo y disfrutarlo -aseguraba Lenin a los jóvenes. Tal cual Jesucristo anunciando que “no pasará esta generación” sin que ocurra la venida del reino. De modo que, comunismo a la vista y calendarizado, utopía uno. Y utopía dos, otra vez en la palabra de Lenin:

“Hoy que el poder soviético se extiende por el mundo entero” -decía en un texto. Y en otro: “(...) hacia la victoria total de la revolución mundial.”

Así, utopía dos, la revolución mundial. Son citas que corresponden a 1919/1920, años todavía de euforia, bien que gastada, tanto en la URSS como fuera de ella. Pero las utopías comunistas se irán desgranando conforme se sucedan los fracasos, ningún movimiento marxista triunfó entonces más allá de las fronteras soviéticas, el país de Lenin quedó solo. La consigna, consecuentemente, fue reemplazada. En lugar de “revolución mundial” se adoptó la contraria de “revolución en un solo país”, y la llegada del comunismo a la URSS dejó de calendarizarse... hasta llegar a Kruschev, quien en 1960 la profetizó para 1980. Pero ésta es otra historia.

Cuando los años treinta, ya los nazis en el poder en Alemania, un tercer aspecto se resolvió por su contrario: la táctica a seguir por los movimientos comunistas en Europa. En lugar de “clase contra clase” se pasó a “frente popular”. Estos casos, que ilustran, más: que encuadran la aplicación práctica del marxismo entre los años veinte y treinta, significaron una revaloración de las propias fuerzas frente a los enemigos, concluyendo en el pase a una actitud defensiva. La URSS se las tendrá que arreglar sola, trabajar más y soñar menos... cuando mal no hubiera venido dirigir la imaginación no solamente hacia el futuro “luminoso” del comunismo sino tras los pasos de Ciolkovsky. Suyos fueron sueños que, vimos, tanto iban a incidir en la correlación internacional de fuerzas. Por su parte, el movimiento comunista mundial se dio a la tarea de buscar aliados en cada país, pues aislado iba a ser puesto fuera de combate, como ocurrió en la Alemania nazi y en otros países.

Y bien, buscando improbables y problemáticas analogías del hoy con el ayer, me he detenido en los últimos días de Lenin lúcido, allá por 1922-1923, antes que la enfermedad lo redujera al silencio. Es decir, cuando de desplegar las banderas se ha pasado a recogerlas. Precisamente, se trata de los documentos conocidos y que integran el testamento político de Lenin. No sólo en cuanto se refiere a su sucesor sino a la continuidad de los planes de gobierno, en particular la NEP (Nueva política económica). Ésta había sido puesta en marcha, y no se acallaban las polémicas suscitadas al seno mismo de los bolcheviques. La iniciativa había partido de Lenin, quien la defendía ardorosamente. ¿En qué consistía la NEP? Dicho en dos palabras, se trataba de un retroceso profundo: se suspendían los planes de colectivización en el campo, no tocar a los kulaks, campesinos ricos que acaparaban buena parte de las mejores tierras; y también se suspendían las expropiaciones en la industria, por el contrario, se llamaba a capitales extranjeros a invertir en Rusia soviética, incluso ofreciendo concesiones del subsuelo para la explotación minera.

Cuestión de vida o muerte, clamaba Lenin. Para él, en la coyuntura de posguerra que por entonces se vivía, la alternativa planteada ya no era entre socialismo y capitalismo, sino sobrevivir a como diera lugar. No había nada que pudiera anteponerse a esto: comer y no morir de hambre en el invierno para el pueblo; reconstruir la infraestructura de un país -el más extenso del mundo- al cual ni medios de transporte le habían quedado; y por nada del mundo perder los bolcheviques la confianza de las masas, las campesinas en especial. Así, la NEP ponía entre paréntesis al socialismo mientras durara la emergencia... o tal vez para siempre. ¿Quién podía asegurar una u otra cosa en esos momentos? Éste es el Lenin de 1922/1923. Además, tal tipo de medidas tendría sus efectos en lo internacional: iba a calmar en alguna medida a los capitalistas y sus gobiernos europeos, lanzados a la gran cruzada antisoviética. El entendimiento, la coexistencia, daban la impresión de reemplazar las esperanzas de otras revoluciones proletarias en Europa. En todo caso, el joven Estado soviético parecía, en las palabras de Lenin -líder indiscutido-, más bien inclinarse por un frío recuento de la correlación de fuerzas antes que la ideología. Tanto al interior de la URSS, como para guiar su política exterior.

En este punto me detengo, mi atención ha sido atraída por la referencia que el 23.01.23 hace el líder soviético a los “nepman”, los hombres de la NEP, sus directamente beneficiarios, “es decir -son palabras de Lenin-, la burguesía.” Y viene a resultar que los “nepman” son llamados a integrarse al “orden social de nuestra República Soviética” junto a quienes son sus dos columnas sostenedoras, los obreros y los campesinos. Ahora se sumaban los burgueses. De surgir serias divergencias entre estas clases, “la escisión sería inevitable”, concluye Lenin. Y ella era la sombra negra de los comunistas, la “funesta” amenaza. En ese sentido, los destinos del país soviético están en manos de las masas campesinas, según “marchen unidas con la clase obrera, fieles a su alianza, o permitan que los “nepman” los desunan, los separen.” Así, siempre en palabras de Lenin, la incorporación de la burguesía al “orden social” es una necesidad dentro el marco de la NEP y a la vez un peligro contra el cual previene Lenin al XII congreso del PCUS, al cual está dirigido el documento que venimos comentando (OC, 521, T 36, Akal, Mx, 1978). El hecho es incorporar los nuevos burgueses al “orden social”. Creo que, llamando las cosas por su nombre, es más adecuado decirlo así: a los organismos del Estado, a influenciar en las decisiones sobre los caminos que habrá de recorrer la NEP y en general la nación soviética. Esto es de una novedad absoluta, inédita para el pensamiento revolucionario de la época y que dejó a no pocos bolcheviques con la boca abierta.

Trotsky, en libro publicado en 1924, poco después de la muerte de Lenin, recuerda significativamente la opinión de éste unos años antes: “si no nos apoderamos así de la burguesía (con toda dureza, de tal manera que no le quede ni una rendija por donde escapar) lo vamos a pasar muy mal”. Palabras que, dichas en el congreso de los soviets en vísperas de la revolución, son una muestra del lenguaje corriente en esos días, sin excluir una dosis de demagogia. Ahora bien, producida la revolución, es cierto que, por más concesiones que se hicieran, el poder continuaba en manos comunistas. Pero donde Lenin se manifestaba dialéctico, Stalin no lo siguió. Para éste, se trataba de continuidad, no de rupturas. Cumplir con las metas del plan quinquenal en curso. Fue así cómo la URSS se industrializó en tiempo récord, logro difícilmente parangonable en la Historia. Pero el proceso tuvo su talón de Aquiles. El boom tecnológico tuvo la gentileza de esperar a que la URSS arreglara cuentas con el nazismo, y sólo después de la guerra entró en aceleración decretando la obsolescencia de numerosas ramas de la industria de preguerra.

Así, la URSS ganó la gran batalla militar por la sobrevivencia, pero perdió en el rearme industrial de posguerra. Y pagó caro por ese retraso, pagó con su piel.

¿Qué se puede decir hoy? Un mundo unipolar ha llenado el vacío dejado por la caída de la URSS. Por más que EU tenga a su frente a Rusia, no es lo mismo. Ésta ha dejado de ser respaldo de otras naciones para devenir capitalista... si puede. Sin contar que la Rusia de hoy quedará en desventaja frente a EU si el proyecto antimisiles, llamado “Guerra de las galaxias”, tiene mediano éxito en los próximos años en su intento de blindar el espacio aéreo de EU. Si el legado de Lenin hace ochenta años fue el de retroceder ante una situación extremadamente adversa, marcando los movimientos para una retirada con la menor pérdida posible, el legado de Gorbachov hace algo más de diez años fue el de ¡sálvese quien pueda! Tal vez contra su voluntad, tal vez las circunstancias lo rebasaron. No importa. El hecho es que hoy nadie sabe cómo ni hasta dónde retroceder, deteniéndose por lo menos un grado antes de la rendición incondicional. Muchos, por lo demás, se han adelantado a practicarla dando todo por perdido. Y en el otro extremo hay quienes prefieren acabar batallando, de pie, sin esperanzas o los ojos puestos en un milagro. Entre ambos extremos media una variante de concesiones, como el renunciar a una política de expropiación y puesta en manos del Estado de los resortes claves de la economía. Las posiciones intermedias son calco de programas de la socialdemocracia o de los partidos liberales de centro, y además ellos lo hacen mucho mejor que los arrepentidos de la izquierda. Entre la URSS del último Lenin (1922/l923) y la ausencia de la URSS que vivimos desde hace más de una década, media un abismo infranqueable donde las analogías son improbables y problemáticas. ¿O no?

¿Dónde está la NEP del siglo XXI? Tal vez se pueda dar con sus huellas en Cuba, China, Vietnam. Pero eso es válido nacionalmente. Ningún otro país cubre en el mundo el vacío dejado por la URSS, ninguno posee la varita mágica o la piedra filosofal para trasmutar lo unipolar en un nuevo equilibrio bipolar o multipolar. Pueden hacerse analogías entre retrocesos. Pero lo específico de la actual coyuntura internacional, es decir, la medida de retroceso que hoy se impone, puede ilustrarse en un sentido general, a saber: que no es pecado si las circunstancias históricas lo justifican. Pero no se deducirá ni por asomo de aquella URSS donde tronaba la voz de Lenin. Mientras la izquierda lo averigua, no estará de más apegarse a la defensa de la democracia, la lucha contra el hambre, la asistencia a la infancia, la sana ecología y otras consignas que otrora parecían sólo dignas de la caridad cristiana o de la herejía socialdemócrata.

El pragmatismo comparte el espacio con las utopías, la necesidad de sobrevivir está por encima de toda otra consideración. Se había vivido una borrachera, sonaba la hora de la cruda. Lenin todavía tuvo tiempo de escribir “El izquierdismo, enfermedad infantil de los comunistas”, cuyo título lo dice todo, mientras veía alzarse los fantasmas de las hambrunas, el sabotaje de clase, la guerra civil. Ese retroceso con los años llegó mucho más lejos de cuanto pudieran haber previsto los bolcheviques. El estalinismo primero, y después el repudio popular a lo que quedaba de la utopía socialista en manos de Gorby, cerraron el ciclo. Compitiendo con Estados Unidos, país desde hacía por lo menos dos siglos que disfrutaba de la revolución industrial; en jaque permanente, apuñaleada por los nazis y desangrada, la cifra de sus muertos en la guerra que se maneja hasta hoy es la de veinte millones; no habiendo logrado superar sus contradicciones internas, la URSS resistió a lo largo de setenta y cuatro años.
¿Qué nos queda? Mientras se averigua hasta dónde debe retroceder la izquierda en el mundo de los unipolares, nos queda rezar a nuestros San Marx y San Lenin que estáis en los cielos y en los corazones de los revolucionarios, benditos sean vuestros nombres, hágase vuestra voluntad así en la tierra como en el espacio exterior, dadnos nuestro sueño utópico de cada día, perdonad nuestras actitudes sectarias como nosotros perdonamos a socialdemócratas y liberales su anticomunismo, y haced que la correlación internacional de fuerzas algún día nos sea favorable, venga a nosotros el reino comunista, y no nos dejéis caer en las tentaciones de los capitalistas, mas libradnos de toda especie de fascismo. Amén.

5. CONCLUSIONES

Pero llega un momento en que la ironía caduca, la razón se niega a cerrar este escrito con la palabra de esa gran corrosiva. Usar de ella sin que domine la pluma, y menos si viene asociada al humor. Éste ayuda a sobrevivir pero raramente indica los caminos. Y de eso se trata. Y un dicho viene a colación: “A Dios rezando y con el mazo dando”.

Y entonces, en lugar de la ironía, otra gran corrosiva toma el relevo: la duda. Y ella interroga: ¿De qué estás hablando, a qué viene ese dicho, qué tiene que ver, cuál mazo, dónde está? ¿En los aviones que dieron a las Torres Gemelas...? Claro que no, los dioses nos libren de usar el mazo con tales fines, el terrorismo sólo sirve para hacer daño, en primer lugar a la causa que dice defender. ¿Dónde está entonces el mazo? En muchos lugares y en cada uno con su variante respecto del poder. En Seattle, como primer eslabón de una cadena de manifestaciones callejeras, donde los verdes marchan junto a la revolución punk, los desempleados junto a la guerrilla naturista, allí se levanta la protesta contra el poder. En los zapatistas de la montaña mexicana, los indígenas, los olvidados, los hijos de la tierra que declaran, por boca del “sub” Marcos, no estar interesados en el poder sino en un futuro donde todos plantemos árboles. En las ONG, que trabajan al margen del poder, y su arma consiste en la presión institucional sobre éste. En Cuba, que detenta el poder. En el movimiento de las madres de plaza de Mayo en Buenos Aires, ya devenidas abuelas tras cuarto de siglo de protesta pacífica contra el poder. Y en tantos otros lugares...

Pero ¿qué ocurre? Así todos los movimientos se sumen, no constituyen un mazo, apenas si un martillo de uso doméstico para poner un clavo en la pared y colgar el retrato de los abuelos. Con eso, enfrentar a los unipolares. Y entonces la duda pregunta, cerrando el escrito: ¿Llegará algún día el martillo a convertirse en mazo, en martiana honda de David? ¿O simplemente no existirán más los mazos, sólo martillos familiares? ¿O no habrá quiénes los empuñen? ¿O sí...? O si millones de brazos con pancartas en alto: “¡se nos hizo la utopía!”.

Mientras hay vida, hay esperanza.

Y me viene a la cabeza un viejo cuento, siempre invocado por un compa a quien decíamos “El Pibe”. Un condenado a muerte pidió al rey una última gracia. Le concediera un año y haría que en ese plazo un caballo volara. No pierdo nada, se dijo el rey, que ese día estaba de buenas, y le concedió la gracia. Te ganaste un año, le dijo un amigo al reo. Más que eso, contestó el aludido. En un año, pueden suceder muchas cosas. Puede morir el rey, e imploraré piedad al sucesor. Puedo morir yo, y entonces no me habrán quitado nada de mi vida. Pueden suceder muchas cosas... ¿y quién te dice que el caballo no vuele?

Que se escuche su galope en los cielos y en la tierra, brindo para que así sea.

La esperanza es lo último que se pierde.

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Poema

Guillermo Henao (Desde Colombia. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Nos sentimos desprotegidos
cuando recordamos con nostalgia a quienes admiramos pero ya no existen.
Y no es que todo muerto haya sido “bueno”, qué significa bueno,
-lo será en lo inmediato, y con ello hacemos un tributo al difunto
y también al vivir-,
sino que en verdad hubo grandes hombres que nos transformaron
aun desde siglos antes. En mi caso
lo digo por un poeta anónimo
que vivió hace 43 siglos.

Ojalá vivieras todavía hoy
cuando hay graves problemas
pero ningún artista tan grande como tú,
decía de alguien un pensador.
Nosotros, los del adaptable y resignado montón,
prorrumpimos también en llantos similares
y no sólo por nuestros parientes.
Empero, nos sentimos solos.
Y ni suspirar nos queda por quienes pudieron ayudarnos mas murieron.
¡Ni siquiera invocarlos nos conviene!
Quizás descubrir lo que de ellos tenemos
-y lo que de ellos tenemos no es ellos mismos-
pues aun sin olvidarlos se desvanecen los rostros:
el eterno movimiento no retiene lo esfumado
y es inútil soñar con retrotraer lo que ya desapareció.

Estamos solos con nosotros mismos.
Nadie ni nada -esto es, cuanto está por fuera del gran todo que somos todos nosotros-.
Nadie del pasado y menos del futuro nos puede acompañar.
Quizás podamos decir que hubo quiénes iluminaron más allá de su tiempo
-nunca lo supieron, aun cuando hubiesen iluminado el suyo propio-,
y hasta allí penetra el interrogante,
que no es el de saberse en lo que se es
o el tan conocido de la “gloria”, que tantos persiguen.

Tal vez hubo alguien más grande que cualquiera de nuestros grandes,
vivos o muertos,
pero ese no es nuestro problema ni soluciona los que nos entraban.
Para ello
tendremos nuestros hombres
y nuestras soluciones.

Y es aquí cuando empieza nuestra parte activa en la historia,
es decir, nuestra lucha.

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Música: Agustín Lara, un clásico de la canción popular

ARGENPRESS CULTURAL

Agustín Lara fue el nombre artístico de Ángel Agustín María Carlos Fausto Mariano Alfonso Rojas Canela del Sagrado Corazón de Jesús Lara y Aguirre del Pino, famoso músico de la canción popular del siglo XX.

Nació en Tlacotalpán, México, en 1897, falleciendo en Ciudad de México en 1970.

Por su formación autodidacta, su prolífica producción y su incontestable éxito, Agustín Lara ha sido considerado en numerosas ocasiones como el Irving Berlin de la canción mexicana. Conocido como el “Flaco de Oro”, son incontables las canciones compuestas por este músico que han conquistado una fama imperecedera: Granada –inmortalizada por el tenor Mario Lanza, cantada luego por otros igualmente reconocidos exponentes del bel canto–, el chotis Madrid, Noche criolla, La Cumbancha, Noche de ronda, Solamente una vez, Palmera o María bonita –escrita para su esposa, la actriz María Félix–, son sólo algunas de las más célebres.

Adaptadas a numerosos idiomas y cantadas en los más diferentes estilos, su éxito tanto en Europa como en América Latina procuró a su autor los mayores honores y el reconocimiento general.

Junto con la canción melódica, Lara también sobresalió en la composición de música para cine; suya es, por ejemplo, la partitura de Santa, una de las primeras películas sonoras realizadas en México.

Aquí presentamos algunos de sus más connotados éxitos. Que los disfruten…




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La Edad de la modestia vuelve

Juan Alonso

El supremo Inca se iluminaba con fuego
se vestía con lana
caminaba por la piedra
Los filósofos mediterráneos sabían la hora por los gallos,
la brisa de la mañana, la ruta del sol,
tenían en la mesa aceitunas y vino mientras pensaban obras que no murieron
Los occidentales desprecian que se pueda vivir como inca o filósofo,
no sospechan que sus hijos serán obligados a una existencia simple
El hombre antiguo martilló el cobre, manipuló el bronce, desenterró el hierro
el homo por nacer apenas tendrá metal, petróleo, tierra para el ganado y la semilla,
pero volverá feliz a los recursos que renuevan las estaciones

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Entrevista a Javier Lajo, dirigente indígena de Perú: “El Qhapaq Ñan es la escuela de conocimiento más antigua del planeta…”

Revista QHAPAQ ÑAN

(Entrevista del 5 de noviembre del 2009, publicada en la N° 2, Año 1, Editada en enero del 2010, en La Paz, Bolivia)

QÑ: ¿Por qué ha aceptado intervenir como Asesor de nuestra Revista “Qhapaq Ñan”?

Javier Lajo (JL). Tengo muchas razones, pero la principal es que en el Perú ya salió también el N° 1 de una revista-periódico titulada igual “Qhapaq Ñan …es el camino”, y sabemos que se va a editar otra en el Ecuador; al parecer hay una huella muy profunda en nuestros pueblos, que esta tratando de aflorar, como una “escuela de pensamiento” que nos da el gran camino Inka. Entonces pronto tendremos una Revista tri-nacional, llamada Qhapaq Ñan.

QÑ: ¿Es una Escuela Andino-amazónica de pensamiento propio del continente?

JL. Claro, es la escuela de conocimiento mas antigua del Planeta, que tendría la edad de Tiwanaku, es decir 15, 000 año de antigüedad, de la que estamos dando testimonio, recordando su sistema o “estructura de pensamiento”, es la conciencia colectiva de nuestros antepasados que resurge como un conjunto de propuestas antiquísimas, pero renovadas por las necesidades históricas actuales. El “Camino de los Justos” es su sistema empotrado en la Región Centro-Andina de Ecuador. Perú y Bolivia, y quién sabe que mas contenidos de sabiduría seguirán apareciendo en las investigaciones que se realicen a lo largo del Qhapaq Ñan.

QÑ: El Gran Camino Inka o Qhapaq Ñan es o aparece ahora en su propuesta como un “método de pensamiento”. ¿Podría explicarnos un poco esto?

JL. Todos los pueblos y civilizaciones del mundo han creado para su crecimiento civilizatorio un “método de conocimiento”, esto siempre lo han simbolizado como un camino, pero en definitiva ha sido un “método teórico”; solamente la civilización Inka, como conquista máxima de los pueblos andino-amazónicos, han construido un “camino físico” de sabiduría, como línea o recta geodésica (a 45° al eje norte-sur) sobre el cual están construidos los principales templos ceremoniales y astronómicos, que es el Qhapaq Ñan, inserto también como “camino de pie” en los Andes, camino que une lo sagrado y lo profano a lo largo de nuestras serranías.

QÑ: ¿Y cuál es su mensaje actual de ese método o forma de pensamiento y sabiduría?

JL. El mensaje que nos parece mas importante difundir en los tiempos actuales es el siguiente: Un sistema o estructura de pensamiento, debe aprenderse-enseñarse bien, de una manera completa y correcta y sobre todo contextualizada, la gente que piratea partes especificas y cree que difundiendo estas partes hace bien, lo único que logran es hacer daño, confundiendo a nuestros pueblos, pues predican trocitos de nuestra sabiduría y lo tergiversan todo, al final es una ventaja que le dan a nuestros contrarios colonizadores, pues se ríen de todos nosotros y nos señalan como folklóricos o “románticos”, pero en definitiva esto les sirve para señalarnos antes nuestros jóvenes como ignorantes y esotéricos. Durante la segunda quincena del mes de noviembre estuve en La Paz y he escuchado algunos improperios en boca de importantes teóricos andinos, por ejemplo al tratar de entender y explicar lo que hemos titulado como la primera ley del pensamiento andino o ley de la Paridad (Yanantin), dicen “que hasta las piedras tendrían sexo”, y esto si que ya es una barbaridad que hace reír a los colonizadores actuales y antiguos. Es fácilmente entendible que si bien el concepto de la “paridad” se expresa a nivel de los seres vivos animales y hasta vegetales como “sexualidad” para su reproducción, esta relación no se puede invertir y creer que “toda paridad” se puede o se debe “sexualizar”. Estos errores y ocurrencias son corrientes en personajes que no tienen una formación filosófica basta, pero también la cometen filósofos de mayor formación académica, que no conocen de origen nuestra cultura, y hablan por ejemplo de “sexualidad” de las cosas.

QÑ: ¿Y cual sería la diferencia del pensamiento “paritario” con el pensamiento “dialéctico”, mas precisamente con el marxismo?

JL. Bueno, ese es otro punto crucial de nuestro mensaje actual. La llamada “dialéctica” como método ha sido desde la Grecia arcaica, el método fundamental de la cultura occidental lo inicia Sócrates, luego lo perfeccionan Platón y Aristóteles como el método que usa la “razón” y la “lógica”, y lo complementan con la teoría del “vivir bien” o mas precisamente el “vivir para el bien” que es diferente de nuestro “vivir bien andino”, por supuesto, (esto lo iremos aclarando en esta misma publicación, a la luz de la crítica y la reflexión) este camino o “método” de los griegos y después extendido a la cultura occidental, fue modificado sustancialmente por Hegel (1770-1831), pero definitivamente este no cambia la estructura “monista” o “monomaniaca” de su estructura, es decir que su paradigma principal es la “unidad” de su cosmogénesis, luego Marx toma el mismo método hegeliano, pero “voltea” la unidad de origen, situándola en “la materia”, dado que para Hegel era la “idea o espíritu” la que crea la materia. Sin embargo esta voltereta, no cambia lo sustancial: el monismo, “unitarismo” o monomanía del método dialéctico u occidental.

QÑ: Finalmente: Ud. en uno de sus textos habla del pensamiento “tetramétrico” de los Inkas, ¿Es lo mismo que el pensamiento “tetraléctico?

JL. No, no se debe confundir “tetramétrico” con “tetraléctico”, aquel nos habla de un método de medición y partición cuantitativa, en cambio la “tetraléctica” habla de una “léctica” o “lectura” de la realidad, que para mi entender no se diferencia de la “dialéctica”, incluso aristotélica, ni siquiera marxista, pues parten de diferenciarse de la polaridad VERDADERO-FALSO, y aumentan otra polaridad: “podría” ser verdadero vs “podría” ser falso, dicen: "es la existencia de cuatro estados en nuestro entorno: lo cierto, lo falso, lo posiblemente cierto y lo posiblemente falso". En el fondo, (tal como lo sostengo en mi libro y lo que proponemos como el principio fundamental del pensamiento Andino-Amazónico o principio del YANATINKUY) no “hay” cuatro “estados”, ni dos, ni seis, ni ocho; lo Andino, es la lógica de lo PAR (o Yanantin) en contraposición a la lógica de lo IMPAR (lo Ch’ulla). Tampoco nadie puede decir tramposamente que yo sostengo la “trinidad” de los tres Pachas, pues en mi libro reiterativamente digo que son DOS PACHAS y que es su “cruce” o TINKUY lo que crea el tiempo y el espacio o KAY PACHA) esto es lo que se reflexiona profundamente en mi libro “Qhapaq Ñan, la Ruta Inka de Sabiduría”, es decir, la imparidad más simple que es “la unidad”, es lo que ha imperado como “monomanía” en occidente hasta la actualidad, la “dialéctica” y cualquier tipo de “léctica”, en realidad, hacen eco de la “unidad” que (según la filosofía occidental) es “lo verdadero”, pues lo falso “no existe”, sería un mal entender de la conciencia humana. En resumen, la “unidad”, para occidente es lo verdadero, el bien, el origen, Dios, etc. En cambio en LA PARIDAD andina, esos términos se relativizan pues en toda polaridad (en ambos) hay algo de verdadero y algo de falso, en una dinámica natural que no excluye a ninguna de las partes, sino que las complementa y las proporcionaliza. Toda “paridad”: Chacha-Warmi, hombre-mujer, calor-frio, alcalino-acido, mayor-menor, luz-oscuridad, etc; es complemento y proporción, no se puede decir que uno “es verdadero” y el “otro falso”, y que además hay otros dos “estados” donde uno es “posiblemente cierto” y el otro “posiblemente falso”, con estos “quizás”, además de que perpetúan la polarización monomaniaca de occidente, los autodenominados “tetralécticos”, caen en el más claro diversionismo.

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Sueños

Mallela V. Pérez Palomino (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Si regresaras, ¡Dios mío!
Sería dichosa talvez…
Retornaras lo tornado
Y escribieras una esquela.
Si desandaras lo andado
Y pisaras mi vereda.

*

Si una poderosa mano
Borrara el dolor de ausencia.
Y el olvido declarara
Que es amor la indiferencia.
Me sabría correspondida
En olvido e indolencia,
Interpretación de amor
Que es el dolor y la ausencia.

*

Y ante el debut que figure
humildad y desconsuelo
Observaría al visitante
Desde el zapato hasta el pelo…
Y quizás, no estoy segura,
Renunciara yo al orgullo
De las noches sin abrigo
De los días sin sosiego,
Despertares sin arrullo,
aciagos atardeceres,
mañanas en el hastío,
y transcurrir sin quereres…

Simulacros romanceros
Libertinaje cerrero,
Nostalgia telegrafiada
Por un beso en madrugada.

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Culpa del hombre invisible

Eduardo Pérsico (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Una memoria amable y compartida sobre aquel refugio de aventura adolescente, del cómo recorrer los siete kilómetros y entrar por el monte.

Cuando la empresa ferroviaria cerró el empalme con enlace a Córdoba, durante años por ahí se aquietó el paisaje pueblerino. Lejos del caserío quedó un surco de tierra apisonada y olvidado entre yuyales un depósito vacío con paredes de mampostería y doble techo de zinc. Sin trenes se depreció la región pero los comisionistas, tenderos y gente de oficio que iría llegando produjo que además de tractores, cosechas y rumores se hablaran otros temas.
Así, los viejos amigos de juntarse en el bar los fines de semana solían debatir cuestiones con cierto vuelo: como que ‘las matanzas la disponían quienes también culpaban de cualquier crimen al hombre invisible’.

- Un invento de usar a voluntad - les ironizó el dueño yendo y viniendo del mostrador. El médico setentón que fuera Comisionado Regional dos veces, un agente de viajes que los viernes al atardecer volvía de Buenos Aires ‘a mi lugar en el mundo’, al primer ingeniero electrónico de la región y un locuaz comerciante de campos y haciendas eran los cuatro infaltables al encuentro, con más a rachas el patrón del negocio.

Y una vez rodeando un incierto debate previo, enhebraron al galpón del ferrocarril ‘abandonado por el años veinte y ninguno de nosotros había nacido’. Una memoria amable y compartida sobre aquel refugio de aventura adolescente, del cómo recorrer los siete kilómetros y entrar por el monte, la técnica en abrir sus candados y encender un fogón en el invierno o el desafiarse por deporte bajo el techo de dos chapas ardientes algún mediodía. Entreverando esos renglones con pesadas oraciones de trasnoche a ‘los Privilegiados’, los cuatro aportarían a un plan trabajoso sólo con suponerlo a incomodar la indiferencia de esa gente.

Entre ellos el entusiasmo crecería en certezas y quizá, imaginaron que un mediodía de verano al galpón vacío llegaron unas cuarenta personas de distinto idioma a proseguir el Turismo de Aventura por la región del gaucho en la Argentina, un exótico país. Un elegido grupo de mujeres hermosas y hombres pudientes tan felices de gustar el famoso asado con cuero en la lejanía pampeana; inquietante propuesta que de entrada desecharía el brutal calor de febrero y la inutilidad del teléfono portátil. A ninguno alarmó el resonar de dos portones al cerrarse, el zumbido del ómnibus al irse ni el reseco piso de tierra, aunque el hábito de viajes les advirtió la falta de baños, el espontáneo retiro de los asistentes más lo irracional de un posible encierro. Y luego del primer comentario en grupo todos se irían desmadejando; habría renglones inusuales en el libreto de cada personaje que reventaron en un aullido de puteadas en diferente lengua. A todos algún párrafo animal le fijaría el mismo registro de cualquier condenado ante la flojera de ser sólo una persona, y ya nadie lució bien sin el habitual estilo de aula y de familia que los hacía distintos ante el mundo y sin ninguna culpa. Al anochecer cada apremio de mear y cagar arrinconados más los convertiría en Multitud y cuarenta Indiferentes sin fiesta gauchesca ni cabalgata, fueron la turba miserable que naufraga del hambre a la inmundicia, y agonizan en el sórdido mundo de esa especie que repudian los indiferentes. ‘Ustedes han de vivir una experiencia irrepetible’, quizá le concertaron en la Tourims Agency bien lejana de aquel galpón vacío en medio de la pampa...

- Vamos, que al Poder no le hace ni cosquillas. Ya imaginarán algo invisible a culpar por todo eso y listo – se volvió el dueño al mostrador y los cuatro se miraron...
Naturalmente y a su tiempo, ninguno pisaría más por el café donde los creían unos viejos delirantes. Aunque nunca se sabe.

Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.

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Avión

Gustavo Etkin (Desde Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Qué extraña forma de viajar.

Entrar en un tubo, arriba azul, abajo blanco, y más abajo dibujitos, puntos de colores, rayitas.

Un ruido continuo - menos mal - unas voces que dicen lo que hay que hacer en caso de, donde estamos, saludan, avisan. Y de repente cambian los ruidos, hay sacudones, y todo para. Y salgo a otro lugar donde se habla otro idioma.

Pero siempre todos sonríen y saludan.

A eso le llaman viajar en avión.

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El sello de tu boca

María Cristina Garay Andrade (Desde Monte Grande, Buenos Aires. Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Imposible borrar tus labios que en visible sello
Por íntimos momentos marcaron mi cuello
En crónico roce que se acentúa por evocarte
Siento grabada tu boca debo confesarte
Maestría de besos como caricias esparcidos
Sensiblemente recibo de tu corazón sus latidos
Entre débiles luces nocturnas enamoradas horas
Gimiendo el placer encendió palpitantes auroras
En que tramo de la noche la pasión quedó truncada
En que delirio la ternura de tu voz quedó callada
El dolor físico por tus manos mí piel en ruego
Soporta el sufrimiento mental del desapego

Tu amor sobrevive dibujado en mi memoria
Cabalgando insaciable con toda su euforia
Descalzo marcando sobre mis formas andariego
El sello viajero de tu boca grabándome a fuego

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Verde, ya no te quiero verde

Liberto Asudem Ibaraden (Desde Artevejez, Canarias. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

["Cuando varios señores vestidos de verde nos ordenaron detener el coche, la primera reacción que tuvimos fue sonreírnos.-Tere dijo que seguro k sería una broma de una cámara oculta. Cinco minutos más tarde la alegría desenfadada, el sentimiento gozoso dio paso a un llanto irreprimible, a una historia tan increíble como absurda...

Esta demostración de poder de una minoría "militarizada a la que en ves de su nombre de pila se le sustituye por NUMERO... (en las siete islas hay aproximadamente dos mil NÚMEROS...) -- cuyo principal objetivo, su papel fundamental es ser personas dedicadas a PREVENIR a los ciudadanos, de robos, extorciones, secuestros, asesinatos, y demás ilegalidades , como agresiones, alteración del orden público o la vigilancia de una correcta y fluida conducción...---

CUANDO el color que por EXCELENCIA, por tener la capacidad de convertir una de las sustancias químicas más venenosas de la NATURALEZA....en fuente de vida; y de pronto, nada más intuirlo, nos provoca rechazo, algo GRAVE OCURRIÓ....

Evidentemente, a ese color me refiero, al VERDE, el color de cada una de las siete mil estrellas que iluminan de manera especial nuestra bandera nacional canaria... --siete mil estrellas que iluminaran las calles, las casas, los rostros de las personas que estaremos el próximo 23 de octubre de 2010 en la isla hermana de AÑAZA, EN AGUERE..... al VERDE LIMON, AL VERDE INTENSO DE LOS CAMPOS DE MILLO CUANDO SUS RAICES SON BIEN MIMADAS, O EL VERDE, VERDE, QUE TE QUIERO VERDE, QUE NOS TRANSMITEN LAS HOJAS DE LAS HIGUERAS VERDES..."a la que tienes delante de ti la llamo ´la cagona`... tan pequeña y tan arrestá...." nos contaba con una delicadeza, una elegancia, hablando como si susurrara, como si estuviera contándoselo a el mismo...y a poco que lo pensaras no estabas muy errado en tu observación....y no lo estabas porque esa forma de expresarse parecía más de personas que han pasado por la vida, de una manera muy peculiar debido a que han sido más las horas vividas consigo mismo, con los suaves, sutiles, casi inaudibles sonidos de la naturaleza y lejos,, muy lejos de la indiscreta mirada, de los altos sonidos que utilizamos por lo general las personas que convivimos colectivamente, como si al levantar la voz y forzar las cuerdas vocales te concediera la verdad absoluta, total...cuando de sobras sabes y te lo repites en el silencio de la noche, que no tiene más razón aquel que más alto hable, sino el que lo haga con mayor elegancia y convicción....el que logre la perfecta tonalidad entre lo que dice, y cómo lo dice....aunque no sea del todo verdad.... ¡Con qué facilidad abandono un tema y me sumerjo de manera espontanea, natural en otro que también me exige ATENCIÓN....! ¡...yo soy el primero en asombrarme de manera maravillosa, fantástica...! Pero es el VERDE..el que hoy llama mezquinamente nuestra ATENCIÓN....hoy, con INDIGNADA REPUGNANCIA, CON MALDITA RABIA e IMPOTENCIA es el COLOR más MALDECIDO, MÁS odiado, MÁS DESPRECIADO....Y PODRIAN PENSAR QUE ES INJUSTO, PERO ESTE SENMTIMIOENTO, ESTA ASQUEANTE SENSACIÓN PERDURARÁ EN LA MAYORIA DEL PUEBLO ALDEANO, HASTA QUE NO SE RESTABLERZACA EL HONOR QUE TANTO SUFRIMIENTO HA OCASIONADO EN SENCILLAZ PERSONAS....EN PERSONAS SIEMPRE DE A PIE...NUNCA EN LAS MAS PODEROSAS....pero esta vez no....esta vez no....podremos considerar a este color que siempre ha representado LA VIDA, LA ESPERANZA, LA FE, , EN EL COLOR DE LÑA VIDA, LA LIBERTAD Y EL RESPETO,, SINO EN EL COLOR DEL TEMOR, DEL MIEDO, EL COLOR QUE REPRESENTA LA SEGURIDAD DE LOS PODEROSOS, Y LA INDEFECCIÓN DEL PÙEBLO, LA PLENA TRANJQUILIDAD DE LOS SEÑORITOS, Y LA INTRANQUILIDAD Y EL DESASOSIEGO DE LOS DESPOSEIDOS.... ¡¡¿ACASO NO SIEMPRE LO HEMOS SENTIDO ASÍ?!! ¡¡¿CUÁNDO ---Y DE VERDAD QUE ME DUELE EXPRESAR ESTE SENTIMIENTO0 QUE ES EL ECO QUE ESCUCHO CUANDO LLEGO EN SILENCIO A CASA--- LAS PERSONAS QUE REPRESENTAN, QUE SON LOS CUERPOS Y FUERZAS DE SEGURIDAD DEL ESTADO HAN DEFENDIDO AL PUEBLO DE CACIQUES, TERRATENIENTES, AGUATENIENTES, DELCLERO, DE LOS ENVILECIDOS Y PARASITOS ARISTOCRATAS DE SANGRE AZUL....??? ¡¡SEÑORES, SEÑORAS, YO SERIA EL PRIMERO EN EXIGIR UN SERVICIO PUBLICO LAS 24 HORAS DEL DIA ONCE DE SEPTIEMBRE PARA EVITAR ESTOS INDESEABLES DESENCUENTROS ENTRE LA GUARDIA CIVIL Y UN PUEBLO QUE TIENE TODO EL DERTECHO DE CELEBRAR UN DIA AL AÑO A ASUS MS VALEROSOS ANTEPASDADOS Y NO DEBERIA PERMITIR EL PUEBLO QUE NADA NI NADIE VENGA A DECIRLE LOQUE TIENE QUE HACER Y COMO LO TIENE QUE HACER.... Y YA PUESTOS A VER QUIEN DEMUESTRA NO SOILO TENER LA RAZOIN SINO LA FUERZA QUE SE OIBTIENE DE LA MAYORIA DEKL PUEBLO...SE ME OCURRE PEDIR FIRMAS OARA QUE EN DIAS TAN SEÑALADOS LA GUARDIA CIVIL, LA POLICIA Y DEMAS FORME PARTE DEL JOLJORIO Y NO, COMO SI FUERAMOS UNOS NIÑOS IRRESPOSABLEES QUE TIENEN QUE ORDENAR A VERADEROS FORZUDOS A VIGILARNOS PARA QUE NOS PORTEMOS BIEN.... ¡¡¡ESTO NO ES SOLO EL CLARO EJUEMPLO DE QUE CVAMOS CADA VEZ MAS HACIA UYN ESTADO POLICIAL....Y NOSOTROS, EL PUEBLO, SOMOS LA MASA,M EL REBAÑO A DIRIGIR Y CONTROLAR YT ORDENAR Y ENVCERRAR Y MULTAR!!!! ¿¿¿ESA QUE TODAVIA MUVH@S NO HAN LLEGADO AL SIGLO XXI Y PERMANECEN AUN EN LA EDAD MEDIA??? CUANDOI LLEGUEN A SU CASA, CADA UN@ REFLEXIONE SOBRE EL TEMA....- Y ES MAS SERI DE LO QUE MUCHOS CREEN........MUCHO MAS SERIO Y A ESCALA PLNAETARIA.....

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