viernes, 8 de octubre de 2010

El doctor Jekyll y mister Hyde en la secta nobel

Juan Gaudenzi (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

¿Se puede ser cómplice de asesinos, torturadores y espías internacionales y ganar un Premio Nobel?
No existe ningún impedimento para ello. Para la secta Nobel esa complicidad es un detalle insignificante comparada, por ejemplo, con el arte de escribir.
Y nadie puede acusarla de incoherencia o traición a sus principios. Con sus inventos (nitroglicerina, dinamita, pólvora sin humo), su fundador, Alfred Nobel, envió al mas allá a millones de millones de seres humanos en todo el mundo, lo cual no le impidió instituir el Premio de la Paz que lleva su nombre.
Es decir que dentro del semi-clandestino universo Nobel se puede ser doctor Jekyll y mister Hyde sin ninguna dificultad y resultar galardonado por ello.
Si en 1973 el Parlamento Noruego le otorgó el Nobel de la Paz a Henry Kissinger, “el mayor criminal de guerra que anda suelto por el mundo”, según la acertada definición de Gore Vidal, ¿por qué no podría hacer otro tanto, en materia literaria, la Academia Sueca de la Lengua, con un famoso agente del Imperio?
El 26 de abril de 1998 los integrantes del Estado Mayor Presidencial (EMP) del entonces mandatario guatemalteco Álvaro Arzú asesinaron a Juan Gerardi, obispo y coordinador de la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala (ODHA), según el resultado del proceso judicial seguido contra algunos de ellos y todos los indicios y sospechas que apuntan hacia el resto.
Dos días antes la ODHA había presentado un voluminoso informe que documentaba las masivas y sistemáticas violaciones a los Derechos Humanos cometidas por el Ejército de Guatemala durante el conflicto armado interno y, siempre bajo la dirección de Gerardi, se preparaba para iniciar una nueva investigación, esta vez orientada a identificar y denunciar, con nombre y apellido, a los autores intelectuales de tales violaciones.
Para tratar de burlar a la justicia el EMP realizó todo tipo de operaciones de inteligencia y contrainteligencia, engaño, desinformación y propaganda, entre ellas contratar a un reconocido espía internacional –el francés Bertrand de La Granje– quien opera con cobertura periodística, y su pareja, la española Maite Rico.

En agosto del 2001 estos escribieron un artículo en la revista méxico-española “Letras Libres”, en el criticaron a la fiscalía y defendieron a los militares acusados.

Posteriormente, en noviembre del 2003 publicaron un libro (“¿Quién mató al obispo? Autopsia de un crimen político”) destinado a desviar las investigaciones hacia las hipótesis mas inverosímiles como, por ejemplo, que el culpable del asesinato había sido…un perro.
En febrero del 2004, con uno de sus artículos de opinión publicados por “El País”, de Madrid, y reproducidos por casi todos los grandes medios gráficos de América Latina, Mario Vargas Llosa, el flamante Premio Nobel, se sumó a esta infamia, como lo ha venido haciendo desde la década de los 80´s en contra de todas las causas progresistas, populares, humanitarias y nacionales.
Con el libro en cuestión como única fuente y sin haberse interesado nunca por el genocidio en Guatemala, “uno de los más importantes novelistas y ensayistas contemporáneos en lengua española”, escribió: “A través de sus rigurosas investigaciones (consistentes en tomar nota de lo que los asesinos les dictaron), incansables cotejos y escrupulosos análisis, los autores de “¿Quién mato al obispo?” desenmascararon un plan siniestro en el meollo del caso Gerardo para encubrir a los verdaderos culpables, sacrificar a inocentes (los miembros del EMP) y entronizar una monumental distorsión de la verdad, operación de la que un puñado de bribonzuelos, oportunistas y policastros (los integrantes de la ODHA, que actuaron como querellantes) sacaron excelente provecho personal”.
Además, en su artículo Vargas Llosa hizo suya la hipótesis del perro asesino y siguiendo los pasos de La Granje y Rico descalificó a testigos e inventó que el fiscal que había comenzado a seguir seriamente la pista canina tuvo que huir del país debido a las amenazas recibidas, algo que nunca ocurrió.
Para la secta Nobel la mentira es otro detalle insignificante comparada con el arte de escribir.

Juan Gaudenzi es argentino residente en México.

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El nobel, a un tipo

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS CULTURAL)

No extrañe que a este tipo le hayan otorgado el Nobel de Literatura. Lo mismo hubiera podido ser el de la Paz. ¿Por qué no? Éste se ha concedido a quien ha hecho todo lo posible por la guerra sucia… Recuérdese a Kissinger y el golpe de Estado contra Allende en Chile a cargo de Pinochet.

El Nobel lo concede una Academia que entiende la realidad de cualquier manera menos en clave progresista y colectivista. Es pues ordinariamente conservadora, y éste y los demás premios los entrega un rey que, como institución, la monárquica, es el colmo de la reacción.

Y si no, véase qué reza en el acta de concesión del premio: “el galardonado ha sido reconocido por su cartografía de las estructuras del poder y sus aceradas imágenes de la resistencia, la rebelión y la derrota del individuo”. Javier Cercas, de El País, termina la descripción del avatar diciendo que tiene la impresión de que premiando a este tipo (el calificativo lo pongo yo), la Academia sueca se premia a sí misma. Y así es. Pero no por la injusticia de no habérselo concedido antes, como él dice, sino porque el tipo forma parte estrechísima de la estructura del poder neoliberal mundial. Y no se atreva nadie a aducir que nada tiene qué ver la literatura con la política. Nada tiene que ver, cuando la literatura no es rubricada por separado, personalmente, por el literato, como ha hecho él, con los ataques más furibundos a todo lo que ama la izquierda del mundo.

En un ensayo de 1999 el tipo dice: “me considero liberal y conozco a muchas personas que lo son y a otras muchísimas más que no lo son. Pero, a lo largo de una trayectoria que comienza a ser larga, no he conocido todavía a un solo neoliberal”. Este tipo no ha conocido a ningún neoliberal, como yo no he conocido a nadie que me haya dicho: “soy un fascista”. Y el neoliberalismo es (parece mentira que a un literato no se le haya ocurrido esto) la apariencia que toma el poder omnímodo agrupado en uno resultado de la convergencia del económico, del militar, del político y del religioso en el siglo XXI, como el fascismo fue la culminación de lo mismo en el siglo XX.

Las ideas son inmortales, y más cuando están reforzadas por los poderes citados. Lo que pasa es que van adoptando distintas apariencias y diferentes denominaciones. Los ensayistas norteamericanos dan a luz al neoliberalismo, que no es otra cosa que fascismo maquillado, que a su vez no es más que el ejercicio del poder hasta sus límites. Las dos invasiones asiáticas a cargo de las legiones del imperio, y las medidas drásticas contraterroristas que va imponiendo poco a poco en Europa y en Estados Unidos ese poder, aseguran la vida regalada de las grandes, medianas y pequeñas fortunas. Esto es lo que defiende este espécimen recién galardonado.

"El proyecto de expansión del Socialismo del XXI, promovido por Chávez, es la mayor amenaza para libertad y la democracia en la historia de América Latina", es su perla principal ideológica. Él, como todos los prepotentes y bien situados, no tiene empacho en blasonar que defiende la libertad de “todos” sabiendo, como sabe, que la libertad de los millones y millones en el mundo que pasan hambre, no reciben asistencia médica, no tienen techo y viven sobre la punta de una espada es prácticamente nula. Él sabe que, para que puñados de individuos vivan en cada país en mansiones de oro y en medio del despilfarro, justo el individuo pintado en “aceradas imágenes de su resistencia, rebelión y derrota” es el individuo que sacrifica el neoliberalismo, antes fascismo, antes absolutismo, antes tenebrismo… por los que lucha este tipejo enfermizo que se ha hecho la ablación del hemisferio del cerebro que conecta con la colectividad; es decir, que, como tantos en el Olimpo de la riqueza, carece de conciencia social.

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Vargas Llosa: tres miradas personales

Alfredo Herrera Flores (especial para ARGENPRESS CULTURAL)

1
Que Mario Vargas Llosa haya obtenido el Premio Nobel de Literatura es una noticia que a todos alegra y por muchas razones. Y no está mal que, ahora que la fama puede salpicar a muchos, todos digan, también por muchas y particulares razones, que son amigos del autor de “La ciudad y los perros”, como el presidente chileno, el rey de España, los hinchas de Universitario o yo.
Sabido es que incluso el propio Vargas Llosa había perdido la esperanza de obtener el premio luego de que estuviera en las listas de favoritos por más de veinte años. Allá por 1993 o 1994, poco después de que se premiara al mexicano Octavio Paz (1990), era inminente que se lo darían a nuestro compatriota, y hasta se habían preparado algunas celebraciones; entonces, mi amigo Hugo Yuén, poeta, abogado, periodista e infatigable peregrino nocturno, y yo le escribimos una carta a Mario, dos o tres días antes de que se anunciara la noticia del premio, felicitándolo por haberlo ganado. Obviamente no ganó, pero unos días después recibimos la respuesta en fino papel membretado con el nombre de MVLL agradeciéndonos la deferencia y contándonos que le había emocionado nuestra carta. Tal vez esa haya sido la primera felicitación formal que recibió Vargas Llosa por haber ganado, dos décadas después, el esquivo premio.
Lo interesante es que a pesar de la fama y sus ocupaciones, Vargas Llosa no descuidaba responder a conocidos y desconocidos. Otro amigo arequipeño llevaba en la billetera una carta, ya descolorida y gastada, que el autor de la “Casa verde” le escribió luego de haber leído un cuento suyo. Luego de conocerse lo del premio, otro amigo recordaba el momento en que, treinta y cinco años después el intelectual peruano lo reconoció en una conferencia; él había ido a escuchar la conferencia del literato sin imaginar que éste recordaría que en su etapa universitaria habían recorrido juntos bares y prostíbulos de una ciudad del sur.
Tal vez fue al año 2000 cuando Vargas Llosa volvió a Arequipa para dictar conferencias y recibir homenajes y yo cumplía labores periodísticas. Siempre vi al escritor como alguien difícil de acceder, pero como tenía que cumplir el encargo reporteril lo seguí en una camioneta repleta de periodistas que tenían el mismo objetivo. Él iba en otro vehículo que, inexplicablemente, lo dejó solo en la puerta de la facultad de Enfermería de la universidad San Agustín de Arequipa, todos los demás lo esperarían en una sala de conferencias, lejos de allí. Me acerqué a él, lo saludé y caminamos y conversamos por más de una hora, de todo menos de literatura, hasta llegar a la sala donde lo esperaban, desordenados y apretados como siempre, decenas de periodistas. Entramos juntos, nos fotografiaron, y antes de despedirme saqué de mi maletín un ejemplar de “La guerra del fin del mundo” para que lo firmase y yo le firmé ejemplares de mis libros de poesía, y nos dimos un fuerte abrazo.
No nos volvimos a ver ni a comunicar. Yo me desencanté de la figura mítica de Vargas Llosa, perdí la emoción de admirarlo, preferí no haber hablado nunca con él. Entonces pensé que esta anécdota la podría contar después de conocer la noticia de su muerte, pero preferí adelantarla para esta vez, en que más bien se deben alzar las copas para celebrarlo, es una inmejorable ocasión, porque además soy su amigo.

2
A Mario Vargas Llosa solo le faltaba que le den el premio de la policía canina o la medalla de honor de la tienda de la esquina. Ya lo había ganado todo y hasta el escurridizo Premio Nobel parecía esquivo con él. La mayoría dice que esta vez la Academia Sueca, encargada de otorgar este fabuloso premio, ha actuado con justicia, lo que es a su vez injusticia para autores como el novelista Ernesto Sabato o el poeta Juan Gelman y como lo fue para Jorge Luis Borges.
El peruano se había convertido, hace ya varios años, en un referente obligatorio en el proceso de la literatura universal gracias a su aporte en la renovación formal de la novela latinoamericana. De acuerdo al escueto comunicado de los organizadores y promotores del Nobel, el premio se le otorga en reconocimiento a la integridad de su obra, "por su cartografía de las estructuras del poder y sus mordaces imágenes sobre la resistencia, la revuelta y la derrota individual". Si bien esto es muy cierto, creo que esta mirada se puede apreciar mejor en su labor de periodista, y no precisamente en su obra narrativa, donde la ficción, la estética y el drama humano se han visto envueltos en una revolución artística promovida por él mismo y aprendida de otros genios como Flaubert, Faulkner u Onetti.
Paralelamente a la escritura y publicación de sus novelas, en las que recrea los ángulos más oscuros del poder, la violencia y el drama del hombre derrotado pero a la vez aferrado a sus esperanzas, Mario Vargas Llosa ha ejercido el periodismo con una lucidez envidiable. No se ha guardado nada. Se ha enfrentado a quienes tenía que enfrentarse y se ha aliado con quienes creía debería hacerlo. Su errático camino por la política, en el que ha ido del comunismo al liberalismo, y por lo que ha recibido las más fuertes y agrias críticas de sus detractores, ha resultado siendo, más bien, un ejemplo de trabajo ético, de consecuencia con lo que se piensa más allá de anclarse en un dogma, pensando en primer lugar en la condición humana, en las libertades y los derechos humanos.
Su trabajo periodístico, en el que se inició antes de cumplir los quince años, le enseñó a saber mirar la realidad, no sólo la peruana, sino la de una sociedad global heterogénea y siempre convulsionada, y al mismo tiempo a plantear ideas de cambio, renovación y transformación social. Probablemente sea el periodismo el oficio intelectual que más se vea beneficiado con la obra del autor de “Contra viento y marea” y “Sables y utopías” después de la narrativa. Sea oportunidad para repasar sus artículos periodísticos, sus crónicas respecto a sociedades y países convulsionados, sus entrevistas a escritores y líderes políticos, sus intervenciones en los foros intelectuales y sus discursos por los premios recibidos. Pero sobre todo sea oportunidad para aprender y practicar el buen periodismo.

3
A Vargas Llosa lo odia medio mundo. Una estudiante de periodismo me decía que lo odiaba a muerte porque no entendía sus novelas, y esa opinión también vale. Unos intelectuales puneños decían que había que quemar sus libros porque siempre ponía al altiplano como zona de castigo de sus personajes, que mostraba a la sierra como el peor lugar del mundo; claro, era mala propaganda, y otros decían que nunca había revalorado las culturas quechua o aymara. Evo Morales y Hugo Chávez lo odian y hasta lo han expulsado de sus países. En Arequipa una estudiante lo odia luego de que no le quiso firmar su libro porque era pirata. Los cubanos lo odian, los chilenos le gritaron de todo cuando se apareció en la campaña presidencial de Piñera. Lo odian los que aman a Arguedas. Y hasta García Márquez lo odió luego de que le puso el ojo morado de un derechazo. La lista podría crecer, pero no se trata de eso.
Un intelectual siempre genera odios y fraternidades, y esos odios y esas fraternidades provienen de las ideas. Vargas Llosa fue atrevido desde su temprana juventud, revolucionó la narrativa; defendió las novelas de caballería a riesgo de terminar como el autor y personaje más notables de este género, Cervantes y Don Quijote; criticó las dictaduras y el abuso de poder, retratándolos en sus novelas, reprochándolas en sus artículos periodísticos y combatiéndolas en sus ensayos. Se equivocó muchas veces, como en su informe sobre el caso Uchuraccay, que investigó la muerte de ocho periodistas en Ayacucho, como en su floja visión del terrorismo en su novela “Historia de Mayta”, o como en su mal cálculo político al postular a la presidencia del Perú. Y por eso también lo odian.
Precisamente esa relación de amor – odio que generan los artistas e intelectuales en la gente, especialmente en la gente común y corriente y los pobres de espíritu, es la que los termina por valorar. Y ahora estamos celebrando, incluidos ese medio mundo que lo odia, el resultado y el valor de las ideas. A seguir celebrando mientras repasamos algunas de las más memorable páginas del autor de “Conversación en La Catedral”, “La tía Julia y el escribidor”, “Los cachorros”, “Los cuadernos de Don Rigoberto”, “El hablador”, “El paraíso en la otra esquina”, “La señorita de Tacna”, “La fiesta del chivo” y un largo etcétera.

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Con motivo del día de la “Hispanidad”: Carta Abierta al Rey de Hespaña Tras la firma del Acuerdo de Asociación Unión Europea-Centroamérica

Andrés Cabanas

Su Majestad y Sólo Suya

No lo conozco personalmente, pero me informan que bajo su Apariencia Nobiliaria y Su Áureo Rostro oculta Usted una personalidad muy humana, común y corriente: practica deporte, fuma, padece enfermedades derivadas, representa intereses económicos españoles en Latinoamérica, disfruta de una plácida y holgada existencia valorada en ocho millones de euros al año, presupuesto de la Casa Real Hespañola. Es decir, lo que hace todo Monarca que se precie. Lo que yo misma haría si Monarca fuera. Probablemente su modestia le lleve a rechazar cualquier signo de ostentación al que tiene Real Derecho.

Tampoco conozco el Reyno de Hespaña, apenas en fotografías y el Canal Internacional de Televisión. Mas sin embargo coméntase que no aparenta ser Reyno: carece de Carrozas que circulen en Fastuosas Avenidas o Empedradas Calles.

Dicen que Usted consume azúcar y café e, imitando su sano ejemplo, las cafeterías del Reyno (allá les dicen bares) se llenan desde primera hora de la mañana de súbditos ruidosos, gritones, aparentemente satisfechos (o no visiblemente insatisfechos) de su situación, condición y posición. Cuando el café se acaba los súbditos susodichos continúan consumiendo otros productos menos agradables al paladar, como whisky, coñac, vino, mosto, sidra, pacharán, ron, calimocho, clara, vinito, champagne, orujo, cava, fino, sangría, brandy, cerveza, anís, tinto de verano, zurracapote, chinchón y un largo etcétera.

2

Mas no quiero hablarle de esto. Quiero contarle de mi país, que –pienso- Su Realeza nunca ha visitado. Quiero explicarle de Goathemala, eterna y hoy recalentadamente primaveral, turbulenta e inestable, donde una no tiene tiempo para aburrirse: una inundación por acá, un calentamiento global por allá, un complot antidemócrata por este lado, un banco en quiebra por el otro, 16 asesinatos diarios, 700 mujeres cada año. Goathemala, donde las campañas electorales duran 24 meses y la vida –o la muerte- se cotiza a 300 quetzales si sós piloto de camioneta, o 50,000 (con regateo incluido) si sós comerciante, si empresario.

Hablo de Goathemala, Banana Republic Corporativa o para ser precisa, Caña Republic, porque la caña y el azúcar mueven en la actualidad la economía de este pedazo de tierra, quien sabe si el azúcar que Usted consume, por lo menos parte del combustible que proviene de la palma africana y la caña: lo que ustedes llaman biocombustibles y para nosotras es destrucción del equilibrio de la vida y priorización de la ganancia sobre la existencia. Es decir, muerte-combustibles.

3

En fin, no pretendo aburrirle con detalles sin importancia, disculpe que me ponga nerviosa y me agarre la chachalaca. Regreso al tema que nos ocupa.

Mi país es muy diferente al suyo, Usted y su Regio Entendimiento no lo comprendería. Es un lugar de sobresaltos, terremotos, sequías prolongadas, crecidas intempestivas de ríos. Pero Goathemala es volcánica no solo en su conformación geográfica sino en su carácter, siempre al borde de la ebullición, exaltada, polarizada.

Mi país no tiene nada que ver con el Magnificente Reyno que Usted administra con Diestra Mano, donde incluso los Reyes son gente sencilla, dueños o copropietarios de empresas transnacionales, como podría serlo cualquier ciudadano. Y donde todo sucede tranquilamente, en paz y orden democrático, ¡¡¡qué envidia!!!

Tranquilamente las empresas españolas obtienen la mayoría de sus beneficios en el extranjero. Tranquilamente aplican cobros que en su lugar de origen no están permitidos, como el Impuesto fijo de distribución de la energía eléctrica de Unión Fenosa e Iberdrola. Tranquilamente pagan peores salarios a los extranjeros que a los hispanos, fervor patriótico que acostumbra por ejemplo el grupo Inditex. Nunca pierden la compostura y el traje/corbata, menos a esta hora de almuerzo, cuando los bares se llenan de súbditos ruidosos, gritones, aparentemente satisfechos (o no visiblemente insatisfechos) de su situación, condición y posición.
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Discúlpeme Su Eminente y Naturalísima Majestad, de nuevo me desvío del tema. Afortunadamente la comunicación no se dificulta porque compartimos un lenguaje que proviene de una historia común.

El lenguaje nos une, con apenas localismos, diferentes maneras de pronunciar, palabras que aquí significan una cosa y allá otra, a veces dan risa las equivocaciones pero es cuestión de acostumbrarnos. Por ejemplo cuando Ustedes dicen coche nosotras decimos carro. El coche de aquí es el cerdo allá y si no limpian el coche, su coche, les escriben en el limpiaparabrisas o simplemente parabrisas, “lava el coche, cerdo”. Ustedes lo entienden pero si me lo dijeran a mí, inmediatamente pensaría: “valga la redundancia”.

Aunque bien pensado: compartimos un lenguaje pero intercambiar, dialogar y hablar en el sentido de comunicarnos, no siempre lo logramos. Sucedió con la negociación del Acuerdo de Asociación, donde se dijeron muchas palabras, se escribieron la mayoría, pero en el fondo nada va a cambiar o todo va a ir a peor: nos venderán más de lo que compran, nos pagarán menos de lo que vale, nos dirán exactamente qué, cuándo, cuánto y cómo podemos vender y por tanto podemos producir (de nuevo los muerte-combustibles).

Eso sí, nos van a hacer creer que todo esto nos favorece, y la cooperación y bla bla bla, y el diálogo político y bla bla, que para eso sirve el lenguaje, para encandilarnos, con ese acento tan bonito que Ustedes tienen, aunque nunca le he escuchado pronunciar una palabra, Majestad.

Quiero hablar, Su Prístina Majestad, de neoimperialismo, autoritarismo, neodictaduras, represión, transferencia de riqueza. Quiero hablar de cómo nuestro empobrecimiento, nuestra violencia, nuestra deforestación, nuestro racismo, nuestro machismo, son funcionales a un modelo global de acumulación, a un modelo de consumo y a un modelo cómodo de vida, el de Ustedes: minoritario, individualizado y aislado, pero cómodo.

¿Será que solamente nosotras soñamos, queremos, anhelamos, deseamos, solicitamos, trabajamos, pedimos, exigimos, debatimos, pensamos, consensuamos? No nos aburrimos, aunque no triunfamos. ¿Se aburren ustedes? ¿Tenemos desafíos comunes? ¿Comparten nuestras quimeras más allá de Brasil o Hespaña en el Mundial de Futbol, el Real Madrid y el Barcelona, Julio Iglesias y Roberto Carlos, la poesía de Serrat, la música de García Lorca?

Tanto da, lo importante es que, oficialmente, la historia y el lenguaje nos vinculan y podemos comunicarnos con fluidez. Ya no digamos las canciones de Julio Iglesias, las películas en blanco y negro de Joselito, las paellas de la Mezquita, los churros de la Séptima Avenida esquina Novena, y las obras completas de Alejandro Casona.

5

Su Majestad Imperial (no Imperialista) se me acaba el tiempo y ya no pude decirle lo importante que me habían encomendado. Antes de despedirme quiero darle las gracias por ayudarnos a reescribir la historia. Me cuentan que hace algunos años Ustedes lograron rebautizar la conquista de América como Encuentro entre dos Mundos. Me dicen que hoy nuestra independencia ya no es fruto de luchas y voluntades sociales, sino logro de las fuerzas progresistas de la metrópoli: ergo, concesión democrática.

Gracias su Divinificencia por aclararme que cuando hablamos de Extracción de Recursos en realidad no vemos la otra cara de Su Generosa Moneda, es decir la Generación de Desarrollo. Donde necesitamos y proclamamos el Buen Vivir y los Derechos de la Naturaleza, ustedes favorecen el Crecimiento, que sabemos es la única forma de que algún día los pobres abandonemos la Barbarie. Al reclamar relación de Socios, nos responden con que somos y, conformémonos, Población Beneficiaria. Cuando percibimos Explotación, estamos desconociendo el mérito de su Empresarial Audacia. Eso sí, nos lo dicen con su sonrisa encantadora y otra vez ese acento y la manera perfecta de pronunciar el castellano. ¡¡¡Ay!!! no como una.

Todavía tengo mucho que aprender. Por ejemplo, que ustedes deben disponer de su propia justicia y aplicarla donde quieran: la justicia universal, pero no la de la memoria histórica y persecución de delitos de lesa humanidad, sino la del comercio, aplicable en el CIADI, Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones, dependiente del Banco Mundial y con sede en Washington, un lugar donde no hay Reyes ni Reyno (tan sólo en apariencia). La Justicia Universal del Reyno de las Empresas permite por ejemplo que la transnacional Iberdrola demande al Estado de Guatemala por 700 millones de dólares, a raíz de una diferencia de entendimiento en el cálculo de la tarifa eléctrica.

6

En fin, Su Majestad Marmórea, no lo abrumo más. Acá es media tarde, me imagino que en su Reyno, un Reyno normal donde nunca pasa nada, es casi de noche: los bares están llenos de súbditos ruidosos, gritones, aparentemente satisfechos (o no visiblemente insatisfechos) de su situación, condición y posición.

En mi país llueve o recién finalizó la lluvia, torrencial para variar. Me tengo que ir: la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres acaba de anunciar el paso de una nueva tormenta tropical, con consecuencias devastadoras. Dicen que ocurrió hace seis horas y dejó una estela de muerte y destrucción, por lo que en los próximos días se decretará una alerta roja institucional y se sugerirá a la población que tome precauciones para salvar su existencia (si quieren, porque en este sistema se respeta la libertad individual y no se obliga a nadie, ni siquiera a la opción de sobrevivir).

Su Blanca Majestad: ha sido un gusto comunicarme con usted y recibir respuestas tan sinceras a mis interrogantes directas.

Posdata

Se me olvidaba comentarle que en mi país no existe Rey, sino que deciden diez familias, quince ingenios, 20 partidos políticos, cuatro poderes paralelos, tres mega iglesias evangélicas y un programa de televisión a la hora diez, de la noche (disculpen si alguien se siente excluido). Debe de tener ciertas ventajas esto de que un Rey tome las decisiones por una.

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Con motivo del día de la “Hispanidad”: ¡Exijo una explicación!

Hindu Anderi (Desde Venezuela. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

Quisiera saber ¿quién le dio el derecho a usted de explorarnos? Y ¿quién le autorizó para traer consigo tanto ladrón, malhechor y violador?

Contésteme usted ¿con qué moral vino a decirnos en qué dioses creer y que templos adorar?

Dígame usted ¿por qué razón nos impuso su gastronomía y hasta el modo de caminar?

Explíqueme ¿con qué moral nos vistió con sus ropajes absurdos y nos obligó a arrodillarnos ante su majestad?

¿Por qué nos contagió sus enfermedades, nos impuso una lengua y nos cambió hasta el nombre?

Y expóngame ¿en base a qué principio de la moral cristiana se apoyó para quemarnos en su hoguera?

Hable usted y diga ¿porqué nos robó nuestro oro y ocupó nuestros suelos y se quedó en nuestra tierra y asesinó a nuestra gente?

Usted es quien tiene que aclarar mucho. Usted, señor España, aún nos debe una explicación.

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Música: su producción en las culturas prehispánicas

ARGENPRESS CULTURAL

A su llegada a tierra americana los conquistadores españoles encontraron portentosas culturales, desarrolladas, robustas. En muchos aspectos, incluso, esas culturas superaban a la civilización europea. Por qué se impusieron los europeos finalmente es otro asunto. Eso, sin dudas, creó condiciones para que la historia del mundo tomara derroteros impensados anteriormente. Puede decirse que la globalización comienza en ese momento, más allá de la marea que nos la presenta como un fenómeno actual: el capitalismo en ascenso, desde el Renacimiento europeo en adelante, es un proceso planetario, es global.

Lo cierto es que esas culturas desarrolladas en América tenían grados de evolución enorme; en modo alguno eran “atrasadas, primitivas o salvajes”, tal como el racismo eurocéntrico necesitó esgrimir para justificar su campaña de exterminio de los pueblos originarios y de rapiña de los recursos con que se encontró en estas latitudes. Desarrolladas como eran estos pueblos, la música era parte de ese refinamiento cultural.

En las tres grandes civilizaciones prehispánicas: la inca y la azteca –vivas a la llegada de los españoles– y la maya –que ya había pasado su mayor momento de florecimiento– se encuentran interesantes formaciones musicales.

Con el ánimo de evidenciar algo de esa enorme universo musical hoy, en el marco de otro 12 de octubre que evoca el “encontronazo” de esos dos mundos (decir “encuentro” sería demasiado benigno) queremos presentar una breve muestra del universo sonoro americano original.

Las tres grandes culturas a las que hacemos mención construyeron una diversidad de instrumentos musicales; se destacan los de percusión y viento, con los que lograban establecer una comunicación y equilibrio con los elementos de la naturaleza.

Aztecas

Sus composiciones eran interpretadas en una cámara llamada Mixcoacalli; en ella intervenía un grupo de ejecutantes y cantantes llamado Cuya-Picque. Los principales instrumentos utilizados eran:

El Huéhuetl. Tambor construido con un tronco de árbol ahuecado, con ranuras en la parte inferior que dan forma a la base del instrumento y una piel de tigre tensada en la parte superior.

El Teponaztli. Tronco de árbol ahuecado dispuesto horizontalmente y con los extremos cerrados. En la parte superior lleva dos lengüetas formadas por angostas incisiones, que al ser golpeadas producen interesantes sonidos.

El Tlapitzalli. Toda una diversidad de flautas que producían sonidos muy agudos, similares a los que produce el piccolo occidental.

La Ocarina. Pequeño instrumento de aliento, construido con barro; tiene dos, tres, cuatro y hasta cinco orificios que producen de dos a quince sonidos diferentes. Para controlar su afinación, se le hacen dos orificios adicionales.

El Tzicahastrli. Raspador construido con un fémur humano, dotado de una serie de ranuras, que eran frotadas con una concha.

El Atecocolli. Caracol marino utilizado como instrumento de aliento. Con un corte en el vértice, se hace la boquilla; el sonido es producido por una fuerte emisión de aire que hace vibrar la punta de los labios.

Mayas

En esta gran cultura florecida al sureste de la actual república mexicana y parte de América Central, el canto y la música fueron utilizados como importantes medios de educación estética, por lo cual se les daba una atención especial.

Entre los principales instrumentos musicales destacan: el zacatán y el tunkul, caracoles, ocarinas, tambores, sonajas, flautas de caña y de hueso.

Entre los pueblos mesoamericanos los mayas alcanzaron un alto grado de desarrollo artístico que se manifiesta en todas sus realizaciones y formas. Dentro de las prácticas religiosas, el ejercicio musical fue desarrollándose conjuntamente con la religión. El uso jerarquizado de la música se estableció desde los inicios de la historia maya, y pasó a formar parte de un concepto divino.

Incas

La música inca cultivada mayormente durante su época de oro, cuando el florecimiento del Tahuantinsuyo, a la par con la danza, desempeñaba un papel importante en distintas ocasiones. Se sabe que había música amorosa, guerrera, fúnebre y agrícola.

La música inca se componía de 5 notas musicales, y no de 7 como la occidental.

Los incas contaron con varios instrumentos musicales de viento y percusión La mayoría de ellos estaban hechos de arcilla, hueso y/o madera; se pueden mencionar:

La quena y en pinkullo. Son flautas construidas con huesos humanos o de animal.
La antara. Es un instrumento de aliento construido con una serie de cañas de varios tamaños dispuestas en serie.
El fotuto. Caracol marino gigante con una boquilla en el vértice, utilizado como instrumento de aliento.

Tinya. Pequeño tambor que se construye templando pieles, ya sea de oveja, llama o venado. En uno de los parches, lleva templadas dos cuerdas para dar ajuste al sonido.
Wankar. Tambor de mayor tamaño al anterior. Dice una leyenda que se construía con pieles de enemigos derrotados.

Estudios realizados sobre este arte consideran que no toda la música inca era "pentafónica", (do, re, fa, sol, la), como lo señalaron en un principio los D’Harcourt. André Sas demostró que los Nazcas (mil años antes de los Incas) poseían antaras cromáticas, como se puede observar y constatar en los museos de Nazca, del Perú y del resto del mundo, además de investigaciones de distinguidos musicólogos.

La música era ritual en múltiples expresiones, manifestándose especialmente en la danza. Esta expresión artística era sumamente sentimental y melancólica.

Aquí presentamos una breve selección de obras reconstruidas, para formarnos una idea de cómo sonaba esta música, muy antigua por cierto.




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Dramaturgia latinoamericana: El Surrealismo de Maritza Núñez

Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

América Latina vive un momento mágico. Mientras el llamado primer mundo sufre su crisis existencial, esta parte del planeta, secularmente, colonizada y marginal, atrae la atención no solo por su inmensa riqueza amazónica y minera sino por la volcánica expresión cultural, incentivada desde el exilio voluntario o forzado de sus mejores talentos.

En este contexto, México, que sufrió la desmembración violenta de su territorio, es una fuente constante de rebeldía. Al sur del Río Bravo, la Guerra Civil Española, la Segunda Guerra Mundial y otros conflictos no han cesado de provocar hasta ahora en América diversas convulsiones sociales y manifestaciones artísticas de trascendencia universal.

Una expresión de esa realidad, constituye la bella historia de amor a través de la pieza teatral, inspirada hace una década, en el apasionado amor entre Diego Rivera y Frida Calo, involucrando a David Alfaro Siqueiros, la fotógrafa italiana Tina Modotti, André Breton, fundador del surrealismo y al ruso León Trotsky. Sueños de una tarde dominical en la Alameda Central, nombre de una pintura de Rivera, es la hermosa obra de la escritora peruana Maritza Núñez.

“Sueños…“tiene el reconocimiento del público de varias capitales de Europa y Estados Unidos, desde febrero del 2001, que fue estrenada en el Teatro Municipal de Turku, Finlandia.

Este mes de octubre, Lima, donde se aprecia la emergencia de diversos grupos de teatro, tendrá la oportunidad de admirar la obra de Maritza Núñez, sin duda, con otra visión, porque el arte, hoy más que nunca, ha roto las fronteras y los esquemas de las aldeas convencionales.

Maritza Núñez (Lima, 1958), autora de varios poemarios, libros de relatos, obras de teatro y números textos para presentaciones vocales y corales, traducidos a varios idiomas, obtuvo el grado de Master of Arts en el Instituto Musical Guesín de Moscú. Ha seguido estudios teatrales en la Escuelas Superiores de Teatro de Finlandia y Málaga, en la Universidad de Helsinki y ha recibido otros galardones de centros académicos y de la televisión del Viejo Mundo.

Sueños de una tarde…., en cuatro actos, ostenta el prestigiado Premio María Teresa León 1999, distinción compartida por críticos especializados de Helsinki, California, Venezuela y de otras urbes: Se trata de una obra maestra del teatro contemporáneo, en la que se conjugan de manera natural y coherente lo poético, lo irreal, lo simbólico, lo surrealista.

La poeta peruana Marita Troiano, Editora de Carpe Diem, señala, con acierto, que publicar “Los sueños…”, por su calidad y trascendencia, ha significado una especial dedicación para cuidar cada detalle, cada signo, cada textura que ornamente la frondosa imaginación de la autora, que sobrepasa lo real por medio de lo imaginario y racional y con preocupación moral y estética.

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El vuelo de la serpiente en el pensamiento latinoamericano

Jorge Majfud (Desde Jacksonville University, Estados Unidos. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

En la mitología mexicana, el agave o maguey es central. Esta planta florece una sola vez en la vida y muere. Pero de esta forma esparce sus semillas y se multiplica. Florece para morir y muere para dar vida.

La recurrencia mitológica de “morir para florecer” atraviesa el continente y su historia reprimida, desde México hasta Perú, desde el Popol Vuh hasta los mitos del Incarrí y Tupac Amaru. Ernesto Che Guevara es quizás el último representante de esta tradición. Su muerte señala el fin y la confirmación del ciclo de liberación según la cosmología amerindia. Francisco Urondo, anticipándose a su propio destino, reconocía que si el Che había muerto de esa forma, “nosotros, hombres de su generación, también terminaremos de mala manera, derrotados o con un balazo trapero y los ojos abiertos para llegar a mirar, como los gatos, en plena noche, en plena violencia, los primeros pasos del único mundo que admitimos” (Urondo, 75).

Aquí la clausura política aún no se había producido. La muerte todavía era un anticipo y el precio de la utopía. En octubre de 1967, Mario Benedetti dejaba una crónica subjetiva de este preciso momento: Che, “eres nuestra conciencia acribillada […] dicen que te incineraron / toda tu vocación / menos un dedo / basta para mostrarnos el camino / para acusar al monstruo y sus tizones / para apretar de nuevo los gatillos” (Aquí, 25). Y luego confirma esa especie de cielo secular, que es el cielo del humanismo prometeico y es el cosmos amerindio: “aprovecha por fin / a respirar tranquilo / a llenarte de cielo los pulmones […] será una pena que Dios no exista / pero habrá otros / claro que habrá otros / dignos de recibirte / comandante” (26).

Pero en los años setenta ya se percibe el fracaso de la utopía que había iniciado Sir Thomas More en 1516, otro escritor político, impresionado por el descubrimiento del Nuevo Mundo y de gente sin codicia. Ahora la distopía se ha radicalizado. La sangre del héroe ha sido desacralizada por el oro del conquistador. Razón por la cual su muerte y su renacimiento serán dobles. En el poema “Che 1997”, Benedetti acusa que “lo han transformado en pieza de consumo / en memoria trivial / en ayer sin retorno / en rabia embalsamada” (Inventario, 81). Queda la conciencia histórica y la promesa de redención, porque no hay fracasos absolutos. El final del ciclo, el necesario fracaso de la utopía y el deshacer del héroe son resistidos en algún momento, no por mucho tiempo. Pero esta literatura se refiere más a la resistencia de una distopía consolidada que a la conmoción de una revolución movida por la utopía.

Según Laurete Séroujé, el “visitador de los infiernos” —Quetzalcóatl, el hombre-dios— que se encuentra “solo entre las sombras, no es más que un ser desnudo, invadido por el pánico provocado por el abandono súbito de su fe en el acto creador” (Pensamiento, 158). El hombre-dios, el redentor, el rey de Tollan, refiere que “después de la muerte a las cosas de este mundo, y en el umbral de una realidad todavía oculta, se siente naufragar miserablemente a los bordes mismos de la nada” (158).

En al mitohistoira latinoamericana la derrota es provisoria y provee de nueva energía revolucionaria: es el movimiento del cosmos indoamericano y también es el movimiento progresivo de la historia, según el humanismo europeo. La retirada es parte de la confirmación del regreso de Quetzalcóatl: “me iré otra vez inoportuno / y apostaré por el que pierde / y volveré cuando ninguno / me necesite ni me recuerde” (Benedetti, Canciones, 103). En otro momento, en otro poema, el mismo Benedetti lo confirma: “y la muerte es el motivo / de nacer y continuar” (106). Cuando murió Quetzalcóatl, desapareció cuatro días donde estuvo entre los muertos (mictlan). En ese tiempo, según los Anales de Cuauhtitlan, el hombre-dios se proveyó de flechas y luego reapareció como el lucero, es decir, la gran estrella del alba y que llevaba su nombre, Quetzalcóatl. El período en que esta estrella desaparece —Xolotl— “no es otro que el germen del espíritu encerrado en esa sombría comarca de la muerte que es la materia” (Séroujé, 159).

Pero esta fe, propia de los escritores comprometidos, y la historia revolucionaria latinoamericana se cierra antes de alcanzar la liberación —la utopía final— para ingresar nuevamente al Primer Cuadrante, el cuadrante del escepticismo existencialista, del esteticismo y el sensualismo en el arte, de la alienación social del individuo, del solipsismo.

Un ejemplo de esa vuelta al escepticismo en la distopía podemos tomarlo de Cristina Peri Rossi, una escritora que con anterioridad compartió el carácter de los escritores comprometidos. En los años ochenta escribe “El mártir”, donde realiza una parodia desacralizada del héroe revolucionario. Una organización clandestina decide hacerse de un mártir de una forma calculada en base a un análisis frívolo sobre semántica. “Hay mártires de nombres imposibles de pronunciar por el pueblo llano, y esto los hace caer pronto en el olvido. Decidimos, pues, que nuestro mártir debía tener un nombre sin diptongos complicados, sin letras mudas ni consonantes dobles” (Cosmoagonías, 67). La carta-comunicado que recibe el futuro mártir, explica las razones de la elección. “Por fin, analizamos la cuestión más difícil, es decir, el sacrificio. Pensamos que lo mejor sería que nuestro mártir fuera asesinado por la policía en el curso de una manifestación, de carácter pacífico, y celebrada con asistencia de todos nuestros militantes” (68).

Involuntaria o no, hay una alusión al conocido estudiante Liber Arce, que murió desangrado en un enfrentamiento con las fuerzas policiales en Montevideo y se convirtió en mártir popular, marcado por la simbología de su nombre, liberarse. El sacrificio, la sangre del héroe revolucionario se ha desacralizado hasta la parodia de una supuesta intrascendencia. El cuento fue reproducido en diarios de la derecha conservadora de su país, Uruguay, como El País.

La poesía de Peri Rossi, como la de la mayoría de aquellos escritores que en años anteriores habían sido identificados con la revolución, la resistencia optimista y la alegría de la utopía popular, volverán al espacio distopico. La apertura se convierte primero en clausura política y más tarde en clausura existencial. En “El tiempo” (1987), Peri Rossi reconoce: “Mi melancolía y yo hemos decidido / vivir en el pasado” (Poesía, 449). Casi diez años más tarde, en “Aquella noche” (1996), observa en un personaje aludido, de forma más explícita: “De joven quería cambiar / el mundo. Se hizo guerrillera […] Ahora, se limita a cambiar / el canal de televisión” (Poesía, 673).

Si la “poesía del compromiso” de la primera mitad del siglo XX, como en Pablo Neruda, gira de la intimidad del amor romántico, individual y triste, a la alegría del descubrimiento de la lucha colectiva, a finales del siglo se opera el movimiento inverso. La utopía permanece en el discurso como un recuerdo y como conciencia del fracaso o la derrota, pero ha muerto como proyecto, lo que se demuestra con la recurrencia al amor íntimo.

Esta regresión a la intimidad como refugio es propia de otros autores como Mario Benedetti: “¿Cómo voy a creer / dijo el fulano / que la utopía ya no existe / si vos/ mengana dulce / osada/ eterna / si vos/ sos mi utopía” (Soledades). El amor sensual es, otra vez, el refugio y el sustituto de la utopía derrotada. Hay una vuelta al intimismo: el individuo ya no necesita el Cosmos social ni quiere actuar en él para cambiarlo y cambiarse a sí mismo. En la poesía de Peri Rossi es un lugar casi común: “Para que nos amáramos, en fin / ocurrieron todas las cosas de este mundo / y desde que no nos amamos / sólo existe un gran desorden” (Poesía).

El mundo es, otra vez, caos y amenaza.

En una clara alusión al tango y la filosofía popular de tono gardeliano —diatópico—, Juan Gelman titula uno de sus poemas “Mi Buenos Aires querido” y no ve otra salida que la ciega, persistente y desarticulada resistencia de Ernesto Sábato: “Hay que aprender a resistir / ni irse ni quedarse / a resistir” (Sur). Su hijo desaparecido, a quien muchos poemas antes había comprado un arma como juguete para hacer la revolución, es frustrado por la desaparición y la derrota, por la clausura política. “Hijo que no acabó de vivir / ¿acabó de morir?” (Sur). Y luego, en “Carta abierta” (1980), dedicada a su hijo, se pregunta con infinito dolor: “¿paró tu deshacer en algún lado?”.

En los ’80, lo que llamo “clausura política” ya se ha convertido en “clausura existencial”, como el purgatorio cristiano o una especie de infierno, donde eternamente se experimenta el dolor. En este caso, el deshacer no sólo es la reversión del hacer revolucionario, el destino de la historia, sino es el deshacer de Tupac-Amaru, de Ernesto Che Guevara, del rebelde que se hace pedazos para confundirse en cuerpo y alma al pueblo que lo trasciende, ya no en la utopía sino en la distopía, ya no en el triunfo de la justicia sino en la trascendencia de la derrota.

La idea de resistencia no es sólo política sino histórica y cultural: ni el nuevo hombre ni la nueva sociedad se han logrado. El éxito de la resistencia es todo el éxito que se puede aspirar en una sociedad alienada, destruida o estancada. En “Tríptico del plebiscito”, Mario Benedetti alude al triunfo del “No”, la opción que en el referéndum más importante de la historia uruguaya negó a los militares la retención del poder. “Por razones obvias / no fue / exactamente / una forma de conciencia / colectiva / sino apenas la suma / de seiscientas mil / tomas de conciencia / individuales” (Exilio). La conciencia social, el individuo transformado en la acción colectiva, ha sido abortada por la dictadura, por la reacción de la distopía, y sólo queda la acción del individuo anterior, alienado, aislado. La salida de la dictadura no significa una salida de la distopía sino, precisamente, lo contrario. En “Somos la catástrofe”, Benedetti reconstruye en pocos versos la clausura política que amenaza con transformarse en clausura existencial: “desde Paco Pizarro y Hernán Cortés / hasta los ávidos de hogaño / nos han acostumbrado a la derrota / pero de la flaqueza habrá que sacar fuerzas / a fin de no humillarnos/ no humillarnos / más de lo que permite el evangelio / que ya es bastante” (Soledades).

Ahora esa esperanza ya no se refiere a la construcción de un futuro luminoso sino a la salvación de un presente oscuro. En un poema posterior ya no hay dudas: “¿Qué les queda por probar a los jóvenes / en este mundo de impaciencia y asco? / ¿sólo graffiti? ¿rock? ¿escepticismo? / también les queda no decir amen / no dejar que les maten el amor / recuperar el habla y la utopía” (Paréntesis). La reivindicación de la palabra y la utopía son un pálido reflejo del pasado que persiste aún en medio de la desesperanza y el escepticismo del mismo poeta que los condena: “ya sabemos cómo es sin las respuestas / mas ¿cómo será el mundo sin las preguntas?” (Exilio). Los temas centrales de La vida ese paréntesis (1997) son, especialmente en sus páginas centrales, los temas recurrentes del romanticismo del siglo XIX y el existencialismo de la primera mitad del siglo XX: el yo y la muerte.

Como vimos, la otra salida a la clausura, política y existencial, consiste en el regreso al origen amerindio. Eduardo Galeano, quizás el escritor más representativo de este camino en la primera página del primer libro de su trilogía Memoria del fuego (1982-1986) inicia con un mito cosmogónico de los maquiritare, tribu de la cuenca del río Orinoco. Como el título de este primer libro, Los nacimientos, el mito alude al nacimiento múltiple; no a la reencarnación. Dios —que soñaba el mundo y era soñado por la humanidad— había decidido que la mujer y el hombre “nacerán y volverán a morir y otra vez nacerán. Y nunca dejarán de nacer, porque la muerte es mentira”. La derrota, el desangrado de la utopía, ha clausurado otra vez el horizonte utópico, pero se convierte en una derrota necesaria para el ejemplo histórico. Es un triunfo moral que al producir conciencia se convertirá en un triunfo político y existencial en los tiempos por venir, ese tiempo sin lugar y ese lugar sin tiempo que nunca veremos.

La palabra vuelve, pero ya no es arma de combate sino instrumento de la memoria, que es resistencia al tiempo y a la injusticia de la historia. Incluso a veces sólo es una memoria est ubi: Stat Roma pristina nomine, nomina nuda tenemus. Desde las profundidades de la historia mitológica americana, dice el poeta Ernesto Cardenal que dijo el poeta Coyote Hambriento: “nosotros nos vamos, mas quedarán los cantos” (Antología).

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A mi madre

Luis Viú

Por las mañanas
Mi madre se levantaba
Con gran premura;
Más temprano
Que el alba y el sol.
Sus pies,
Ligeros como saetas,
Volaban de la cama
A la tierra.
Sus labores empezaban.
Toda ella
Volaba con premura
A su sitio de labranza:
La cocina de la casa.
Como una abeja obrera
Sus manos iban y venían,
Una y otra vez,
Del universo del jabón
Untado en los platillos
Al universo transparente
Del agua en la canilla.
Pequeña obrera.
Grande obrera.
No devengabas sueldo,
Sólo el afecto de tus hijos;
Y es que así precisamente
Son las madres.
Madre:
Nunca tuviste reposo
En tu cuerpo y en tu alma.
Fuiste incansable
En tus labores de madre,
Madre.
Con tus manos laboriosas
Hiciste mis calzones
Y cosiste mis camisas.
Madre:
En tu corazón
Siempre albergabas
La inquietud de las cosas malas
Cuando tus hijos se encontraban
Ausentes,
Y sólo recobrabas la paz
Y el sosiego
Cuando todos regresábamos a ti.
Pero un día
En la madrugada
Dios te permitió dormir
El más grande de los sueños
Y por vez primera
Te vi ociosa
En tu lecho de descanso.

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Tertulias de locos discretos en Lautrec café

Edgar Borges (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Entrar a un café con un amigo poeta, observador de su propia locura. Y de la mía. Pedir cerveza y con un acuerdo silencioso ingresar en el refugio de la vida pequeña. Vivir, como un equilibrista, de espalda a la uniformidad de las mayorías. Llegar a la otra orilla y establecer vínculos de individuo a individuo, de mesa a mesa. Entre cuatro paredes, podemos alcanzar la libertad que nos impide la calle como espejo de una doctrina global. Reconocer el rostro de Toulouse-Lautrec que desde un autorretrato nos da la bienvenida. Y saludarle, simplemente porque nos da la gana saludar al arte de siempre. Y con una sonrisa reafirmarle al amigo que nos sentimos parte de la locura discreta y silenciosa que vive alejada de la otra locura, la que grita cordura a los cuatro vientos del mundo. El amigo es César Seco, poeta, cuentista y ensayista venezolano; el café es el Lautrec de la calle Capua 5 de Gijón. Es otoño; muy cerca está la playa de San Lorenzo. El otoño me recuerda la inestabilidad de la mente humana; hay belleza y hay furia, todo en estado contenido. Hay dudas que se calman con un silencio oportuno. Y luego regresan en forma de grito. Pienso en la Loca Luz Caraballo que inmortalizó Andrés Eloy Blanco (otro gran poeta venezolano). La madre que quiebra los hilos de la cordura tras las huellas de los hijos extraviados.

El Lautrec café-pub parece un templo levantado en homenaje al pintor y cartelista francés Toulouse-Lautrec. En las paredes, entre la piedra y la madera, nos llaman reproducciones de pinturas y carteles de Lautrec. Y por Lautrec, en todos los refugios del mundo, payasos, prostitutas y bailarinas posan para la gran pintura de la vida. El enorme Lautrec, el artista que en una ocasión le cayó a tiros a las paredes de su casa creyendo ver una invasión de arañas. Eso, y su creciente alcoholismo, le valieron otro encierro en un sanatorio mental. Y allí, en su constante impulso creativo, realizó sus pinturas sobre el circo.

¿Es el arte un circo?, le pregunto a César. Él, tras un trago de cerveza, responde que “el arte es el circo estético que representa (en juego) las realidades de la vida. No obstante, ahora, en la era del exhibicionismo, el circo (el horrible circo) ha pasado a ser la sociedad del ruido y de la figuración”. Callo, tomo cerveza y quiero ver que en la mesa de al lado Robert Walser acompaña a una pareja de enamorados; el escritor de los “Microgramos” toma vino tinto (“El escritor que tiene más posibilidades de cosechar éxito es aquel que se empequeñece al máximo, tanto ante los contemporáneos como ante la posteridad”). Y Walser vivió fiel a su palabra, escondido entre las líneas, detrás del lápiz (su material de trabajo) y de la vida. Y pasó los últimos veintitrés años de existencia refugiado en Herisau, un sanatorio mental de su natal Suiza; sólo salía para cumplir su necesidad diaria de paseo (“Declaro que una hermosa mañana, ya no sé exactamente a qué hora, como me vino en gana dar un paseo, me planté el sombrero en la cabeza, abandoné el cuarto de los escritos o de los espíritus, y bajé la escalera para salir a buen paso a la calle”. Razón de vida con la que se inicia “El paseo”, la novela que Walser escribió para celebrar los pequeños descubrimientos que nos ofrece el andar). Y César ríe a carcajada suelta, ante mí, pero observando de reojo la mesa vecina. Y, sin darme tiempo a que especule alguna intención de burla, me advierte que él también se ha dado cuenta de la presencia de Walser (quizá he estado narrando mis visiones en voz alta). No conforme, toma otro trago y me dice que hace poco Horacio Quiroga pasó directo al baño, pero, resistiendo su imperiosa necesidad fisiológica, se detuvo a contemplar el enorme cartel de Moulin Rouge. ¿Será que las pinturas que sobre el circo realizó Lautrec sostienen la arquitectura invisible del café?, me pregunto, esta vez sí en pensamiento.

Le digo a César que en medio del ruido actual de los “exhibicionistas de la idiotez” he aprendido a respetar la discreción de los locos silenciosos. Él afirma (con la segunda ronda de cervezas que deja la camarera) que “la locura es lo otro. Es estar del lado donde no hay nadie, es habitar una fisura, una grieta, un hoyo en el cielo de la cabeza. La locura es la cordura de la nada, el abismo sustancial de los abismos (Por cada calle que voy otra me llega buscando / Por cada calle que sigo otra regresa al contrario / Por cada calle que ando otra me sale al paso / Por cada calle que cruzo otra sigo de largo…” Observación poética de César Seco, de “La nave de los locos”). Y cuenta mi amigo que Hólderlin, cuando el rayo fulminante de la locura lo alcanza y, humildemente se asume Scardanelli, señala: “Efectivamente los mortales llegan antes / al abismo. Por lo tanto el eco cambia / con ellos. Largo es el tiempo / pero lo verdadero sale a la luz…”

Y, pretendiendo ignorar la risa bonita de la pareja de jóvenes que comparte mesa con Walser, le digo a César que la locura es una introspección silenciosa que anda reconstruyendo vivencias. El loco es un viajero silencioso de su mundo interior que, como el niño, le teme a la cordura de los adultos (y dijo Foucault: “Pero lo que hay en la risa del loco es que se ríe por delante de la risa de la muerte; y el insensato, al presagiar lo macabro, lo ha desarmado”). César sube su vaso y enfrenta la cerveza entre mi afirmación (o la de Foucault) y su silencio (o el mío). Y mi amigo sigue cantando un poema por “La nave de los locos”: “Por cada esquina un globo pinchado a lo lejos / Por cada esquina que duermo en otra despierto / Por cada palabra que callo otra estoy escribiendo / Por cada palabra que digo otra me estoy tragando…Por cada voz que escucho otra me está llevando…” Y sospecho que César sabe que hoy los locos introspectivos no tienen espacio en la superficie. Y por ello huyen los Rimbaud, los Vallejo, los Ramos Sucre, los Poe, los Walser, los Hólderlin, los Quiroga, los Artaud y el resto de invisibles que no encuentran lugar entre su niebla interior y la luz de neón (que como si fuese una alarma continua) imposibilita la tragicomedia de la lucidez colectiva (Hay una cordura feroz que anda aplastando a los locos silenciosos). César considera que Lautrec café-pub ha abierto sus puertas para que los locos del mundo puedan festejar su otoño interior. Yo también lo creo. Y lo celebro.

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Crítica literaria De Joseph Ramoneda: “Contra la indiferencia”

Francisco Vélez Nieto (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Galaxia Gutenberg
Círculo de Lectores
La enjundia en este libro de ensayos de Joseph Ramoneda plantea como tema central señalar el acuciante peligro, que vive la sociedad actual bajo el insistente azote de los poderes mediáticos y su ambicioso deseo de lograr la alienación total de la persona. Un afanoso y aniquilador proyecto contra todo individuo capaz de pensar y decidir por sí mismo. La persona que acepte las ideas emitidas por el Poder engullendo una historia desfigurada, está condenada a convertirse en un alienado y perfecto esclavo del sistema

Todo es iniciar la lectura Contra la indiferencia, cuando en el Aviso a modo de prólogo leemos una breve frase de Emil Cioran que advierte: “no hay nada más peligroso que la voluntad de no ser engañado” En nuestra comunidad a medida que aumenta la indiferencia, ésta se encuentra más aprisionada ferozmente por los poderes absolutos. Solo le queda al ciudadano que desea poseer y expresar criterios propios, tanto sociales como culturales, utilizar como escudo de defensa y ataque la voluntad y entereza intelectual de pensar por si mismo siendo consciente de poder ser considerado un individuo “políticamente incorrecto”

A medida que crece la indiferencia da la sociedad ante la pérdida de calidad de las clases políticas y democráticas, con la falsedad premeditada de las ideas de un falso progreso comunitario, el poder conservador avanza de forma amenazadora. Aquí, el grave peligro que señala y analiza Ramoneda ante esta “cultura de la indiferencia” que día tras día se extiende de forma más alarmante.:”La cultura .de la indiferencia hace estragos en Europa y está cristalizando en una verdadera cultura del miedo, debidamente alimentada desde el poder político” Situación que en España dada la ambivalencia política de la izquierda y su alarmante pérdida de identidad y capacidad intelectual, viene acelerando el mortífero virus mental de la indiferencia.

Luego nos encontramos, entre el desafío de pensar por si mismo o dejarse dominar por medio de la indolencia y el consumo teledirigido a “forzar a los hombres a pensar colectivamente, es decir, a no pensar” Con lo segundo, nos situamos al borde del abismo al aceptar lo que se denomina “políticamente correcto”, fabricado desde una gran fuerza todopoderosa. Si esos poderes son conservadores se pueden considerar “normal y tradicionales”. Si por el contrario emanan de una izquierda desmemoriada que ha derrochado su legado y riqueza cultural, la situación es bien triste, pues voluntaria o involuntariamente la necesidad de recuperar la Ilustración resulta extremadamente difícil.

Todo es visto desde arriba ”normal” y justificado, para llegar al poder manipulando la teoría de Maquiavelo con la denominación maquiavelismo, que no tiene que ver con Maquiavelo y su verdadero origen y propósito de entender: “La política como el arte de distribuir las personas, de ordenar e institucionalizar la comunidad” La condena es una manipulación de la Iglesia contra el autor del Príncipe por “osar arrancar la política de las manos de Dios” Luego debemos de ser conscientes que el mal tiene dos caras “el abuso del poder y la servidumbre voluntaria”

En el capítulo dedicado a Jorge Semprúm el escritor señala que, “No hay nada más a la izquierda que la libertad” Dicho aviso es el fruto de una experiencia que dejó marcada su vida y obra literaria, pero también le dio clarividencia y capacidad de análisis para entender que: “La vida no es el fin, el fin es la libertad” vivir aprisionado en la red de lo “políticamente correcto” es vivir sin libertad.

Luego el desafío exige perder el miedo a pensar por si mismo. Escuchar con espíritu crítico aquellas voces con “nómina oficial” que pregonan insistentemente sin temor al ridículo el “paraíso” de la mediocridad. Como señala Elias Canetti: “La humanidad sólo está indefensa donde carece de experiencia y de memoria” Contra este destino se rebela la razón crítica de estos ensayos.

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Cómo te extraño, Chaplin

María Luisa Etchart (Desde San José, Costa Rica. Especial para Argenpress Cultural)

Era la década del 60. Yo trabajaba para una compañía estadounidense recién instalada en Argentina como secretaria de Gerencia de la Planta y frecuentemente atendía y acompañaba a ejecutivos procedentes de USA por mi dominio del idioma inglés.

Sus comentarios a veces me asombraban, casi no podía creer el grado de ignorancia que ostentaban hacia el resto del mundo, su arrogancia se me hacía difícil de digerir. Recuerdo una vez que me atreví a preguntarle a uno de ellos si no creía que las películas provenientes de su país mostraban demasiado escenas de violencia, de armas, de choques de vehículos, de corrupción, de sectores de la población marginados, y escaso contenido humano y filosófico. Me miró de arriba abajo, como midiendo si valía la pena contestarme, a mí, una “nativa”, y me respondió que sus películas no reflejaban en absoluto su modo de vivir, sino que las hacían porque eso era lo que gustaba en otras partes del mundo.

Han pasado casi 50 años de eso y el grado de violencia, crueldad, arrogancia, y falta de contenido ha ido aumentando progresivamente, hasta el punto en que se hace difícil encontrar alguna película de esa procedencia que realmente valga la pena ver. En todos estos años millones de niños y jóvenes de ese país y del resto del mundo han sido sometidos a ese tipo de espectáculo, hasta terminar por aceptar que es válido sacar un arma y matar a nuestro antojo a otro ser humano, que es lógico violar las leyes de tránsito y subir a las aceras, atropellar a los que se pongan en el camino del que se siente omnipotente detrás de un volante, que la corrupción existe en todos los niveles, que el envío de tropas es siempre justificado, que los “marines” siempre tienen razón y son los “buenos” de la película, que las personas,,,, y especialmente las mujeres, no es aceptable que tengan marcas de expresión ni arrugas en el rostro, que lo “normal” es que cada persona que ingresa a su casa vaya directo adonde están las botellas y se sirva un trago de alcohol. Esto último es gracioso después de haber insistido de 1911 a 1933 en la famosa Ley Seca, origen de la mafia que prosperó gracias a destilar bebidas y venderlas a los “ciudadanos respetuosos de la ley” clandestinamente.

Tampoco nos privan de mostrarnos cómo se drogan aunque, por otra parte, fingen disgusto por la proliferación del narcotráfico en Latinoamérica y pretenden mandarnos tropas para ayudar a combatirlo como si la mayor parte no tuviera lugar de destino su mundo perfecto.

Ni qué hablar de la perpetua alusión en algún momento de la película al mantra “million dollars”, para cuya obtención se considerará casi justificable los inhumanos actos que perpetrará alguno o varios de los personajes, y para probar que todos somos sensibles a su encanto, nos mostrarán en algún momento de la película los fajos de papelitos verdes como para hacernos desear.

Debo reconocer que extraño las películas del genial Chaplin que mostraban los comienzos de esta pesadilla y su maravillosa “Tiempos Modernos” donde predecía que las máquinas terminarían por triturar a los humanos, y no puedo menos de recordar con ira cómo fue señalado y obligado a exiliarse como si por sus ideas se tratara de un ser peligroso.

Es hora de cambiar de paradigmas, no es bueno para nuestros descendientes estar sometidos a tanta imagen asesina, a tanta hipocresía, a tanto mensaje equívoco sobre lo que es ético como si proviniera de una civilización superior, ya que día a día queda demostrado que no lo es, y que está llevando a la humanidad a una verdadera encrucijada.

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El lenguaje o las lenguas

Ernesto Martinchuk (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Nuestra lengua tiene diversas manifestaciones, no sólo de la región que se trate, sino también a que grupo social pertenezca el hablante y en que situación comunicativa empleemos el lenguaje.
La lengua nos permite pensar y actuar fuera de los espacios cerrados de las ideologías políticas o de los gobiernos despóticos.
Escribimos como decimos y decimos como escribimos. La tierra existiría sin nosotros porque es una realidad física, pero el mundo no seria mundo sin palabras.
La literatura defiende la individualidad, lo concreto de las cosas, los colores, los sentimientos, lo sensible contra lo falsamente universal que agarrota y desnivela a los hombres contra la abstracción que los esteriliza frente a la historia que pretende encarnar realizar lo universal.
El dominio absoluto del colonizador se produce cuando el discurso del opresor pasa a ser la argumentación del oprimido que inconscientemente lo adopta como de su propia elaboración. Sólo hay una actitud peor que la del colonizador: la del colonizado que lo defiende porque cree que puede ser un día como uno de ellos y llevarse por delante a sus vecinos. Por eso es necesario decir todas estas cosas aunque parezca una prédica en el desierto, en medio de tanta confusión. Como dice Eduardo Galeano: "En tiempos de crisis, tiempos de definición, la ambigüedad se puede parecer demasiado a la mentira".

UN POCO DE HISTORIA
El descubrimiento de América es un acontecimiento único dentro de la historia de la humanidad: dos grandes masas de población viven en la ignorancia mutua y de pronto, se enteran de su existencia.
Luego de las expediciones del iletrado Francisco Pizarro a Perú (hacia 1550) la conquista del continente Americano queda, por parte de España, prácticamente concluida. Por avidez y superioridad técnica se triunfó y a diferencia de la América anglosajona, donde la colonización precedió a la conquista, en la América ibérica, la conquista fue primero.
La organización burocrática, así como la estructura familiar y educativa que se impuso tuvo su fundamento, el mismo con el que se abona la expansión de la religión de los conquistadores: el trabajo lingüístico.
Las órdenes religiosas de franciscanos, dominicos y agustinos hicieron un esfuerzo de comprensión y traducción para afianzar su obra, como luego harán los jesuitas.
El historiador Carlo Ginzburg, en su libro "Ojazos de Madera" comenta:
Comprender menos, ser ingenuos, quedarse estupefactos, son reacciones que pueden llevarnos a ver más, a alcanzar algo más profundo, más cercano a la naturaleza".
Esta mirada diferente provoca, si es atendida, tensiones cognitivas que revelan dimensiones imprevistamente extrañas de un objeto familiar. Una mirada opaca distante, puede transformar las rutinas en gestos insensatos, absurdos y hasta ridículos.
¿Pero no eran bárbaros los habitantes de la América prehispana?
"Cada uno llama barbarie a lo que no pertenece a su costumbre". Moctezuma profetiza: "todos seremos matados por estos dioses y los sobrevivientes se convertirán en esclavos y vasallos suyos".
Los españoles aparecen ante los aborígenes como seres simbólicamente pobres que saben apenas hablar e ignoran las dimensiones sociales y rituales de la vida.
AUSENCIA DE ESCRITURA
La ausencia de una escritura fonética será una razón de superioridad. A diferencia de la china la escritura fonética registra con un signo cada sonido con que hablamos. Recuerdo que mientras recolectábamos información para un el documental "Los quilmes: la última resistencia",(2005) una aborigen que estaba aprendiendo a leer y escribir -una anciana en cuyo rostro y manos se registraban las huellas del paso del tiempo- me decía "...me cuesta hacer que las letras puedan hablar..."
Según Hegel, "la escritura alfabética es en sí y para sí la más inteligente", pero para la lingüística no existe un modo categórico de establecer que luna forma de escritura sea superior a otra.
Rafael Lapresa expresa en su libro "Historia de la lengua Española" d"... la propagación del castellano obedeció en gran parte a la presión uniformadora ejercida por los órganos del poder estatal",aunque la Iglesia contribuyó a la conservación de las lenguas indígenas por porque las necesitaba para la evangelización de los indios.
El humanista Antonio de Nebrija advirtió que siempre la lengua fue compañera del Imperio. Mientras que muchas lenguas desaparecen, otras invaden, conquistan tierras y se instalan. Las grandes lenguas siempre han ocupado territorios a la par de sus ejércitos y el comercio. Escribimos en lenguas invasoras y escribir significa sobrevivir. No es exagerado afirmar que una lengua sin Estado es una lengua en peligro.
En 1770 -con los jesuitas expulsados- Carlos III impone el español. No obstante las lenguas indígenas aportan términos como canoa, cacique, maíz, batata, tabaco, tiburón, caimán, caníbal, loro, cacao, chocolate, papa, cóndor, ombú, choclo, tucán, y entre otros, malón.
Además del poderío económico y militar de una nación hoy, el número de publicaciones y su producción simbólica son variables tan importantes para medir la fuerza de un idioma como cuantas personas la hablan.
Se considera que una lengua esta amenazada cuando un 30% de los niños de la comunidad no la aprende. La muerte de las lenguas se ha acelerado en los últimos siglos y el continente americano ha sido uno de los más afectados.
Según algunas fuentes habría en América entre 250 y 300 lenguas amerindias en peligro de extinción. En cuanto a la Argentina somos el español que hablamos en una amplia mayoría sin embargo podríamos ser también el aymara, el guaraní, el mocoví, el quechua, el tehuelche, el toba o el wichi. Todos ellos hablados con las marcas que le dejaron la conquista y la inmigración.
La lengua mocoví es hablado hoy por cerca de 4.000 personas y el toba por 15.000 aproximadamente. Recordemos que los aborígenes constituyen el 2%de la población del país.
Cada lengua supone una particular visión del mundo. Si la patria es la lengua, hay patrias dentro de la patria, con lenguas que se tocan, aparean y también se matan lo mueren.
En un mundo globalizado en el que las cadenas de televisión trascienden las fronteras, adquiere importancia el concepto de neutralidad del idioma, con la finalidad de comercializar sus producciones.
ESPAÑOL NEUTRO
Según la ley argentina el “español neutro” (1986) consiste en el hablar puro… conocido y aceptado por todo el público hispano-parlante, libre de modismos y expresiones idiomáticas de sectores. Pero ¿dónde podemos encontrar el español neutro?. En algunos doblajes y subtitulados como en las traducciones de textos de ficción y ficción, a veces también en la redacción de guiones de programas exportables.
No se habla igual en la casa que en una entrevista laboral. A una persona que acabamos de conocer o a un profesor en la Universidad. En cada área hay una variedad donde se entrecruzan el espacio, lo social, lo profesional, y el momento comunicativo.
El español neutro desconoce esto e intenta sacar un común denominador en cuanto a sonidos, entonación, gramática y vocabulario, que pueda entenderse en todo el mundo hispánico, como ejemplo tenemos la cadena informativa estadounidense CNN y algunas telenovelas.
Es por esto que en Rosario durante 2006 se planteo un Congreso de la Lengua Española, y otro paralelo de LaS lenguaS. Las “S” en el final y con mayúsculas buscan subrayar la pluralidad del debate oficial.
El eje de la participación se organizó con integrantes de las comunidades de las comunidades aborígenes argentinas y las comunidades autónomas de España. Allí participaron wichis, vascos, mapuches y catalanes, kollas y gallegos que no le conceden ninguna autoridad lingüística a la Real Academia Española.
Lo de “Real” de la Academia –dicen- no se debe a la relación Académicos-Realidad, sino al vínculo Académico-realiza. No por nada pasaron por estas tierras los Reyes de España.
Ayer la conquista fue a través de las armas, hoy intentan una nueva dominación a través del lenguaje, la televisión, los documentales de Discovery Channel, History Channel e Internet.
No es lo mismo decir piscina, que pileta de natación, auto que carro, cerillas que fósforos, acera que vereda, fregadero que pileta de la cocina, grifo que canilla, lavabo que lavatorio, balacera que tiroteo.
De esta forma llegamos a un lenguaje estereotipado y artificial que no habla en ninguna parte pero que es difícil de reemplazar porque la gente va incorporando el habla del doblaje.
RESITENCIA: acción o efecto de resistir. Fuerza que se opone a un movimiento. Acción de propiedad de un cuerpo que se resiste. Conjunto de personas que se oponen con violencia a una dictadura o a invasores.
COLONIZACION PEDAGÓGICA
En “Los Condenados de la Tierra" el prólogo de Jean Paul Sastre es fuente de análisis y su párrafo referencial era aquel que decía: "El colono si quiere liberarse, tiene que matar al colonizador. Al disparar su arma mata dos pájaros: suprime a un opresor y a un oprimido. Nace un hombre libre (el colonizado que mató) queda un hombre muerto (el colonizador que murió). Hay que matar"
El dominio absoluto del colonizador se produce cuando el discurso del opresor pasa a ser la argumentación del oprimido que inconscientemente lo adopta como de su propia elaboración.
La Presidenta de la Nación, Cristina Fernández, (2008) manifestó en Naciones Unidas, “Los días que corren testimonian que aquellas cuestiones, aquellas posiciones, no eran producto de un sesgo ideológico o de cerrados dogmas, sino de la observación puntual y objetiva sobre las cosas que estaban sucediendo. Hoy ya no pueden hablar del efecto caipirinha o del efecto tequila, del efecto arroz, o del efecto que siempre denotaba que la crisis venía de los países emergentes hacia el centro. Hoy, si tuviéramos que ponerle un nombre, deberíamos decir tal vez el efecto jazz, el efecto que va desde el centro de la primera economía del mundo y se expande hacia todo el mundo. No nos pone contentos ni alegres esta situación, por el contrario, la consideramos también una oportunidad histórica para poder revisar comportamientos y políticas, porque se nos dijo a los países de la región de la América del Sur, durante la vigencia del Consenso de Washington, que el mercado todo lo solucionaba, que el Estado no era necesario, que el intervencionismo estatal era nostalgias de grupos que no habían comprendido cómo había evolucionado la economía. Sin embargo, señoras y señores jefes de Estado, y jefes y jefas de delegación, se produce la intervención estatal más formidable de la que se tenga memoria precisamente desde el lugar donde nos habían dicho que el Estado no era necesario, en el marco además de un fenomenal déficit fiscal y comercial."
Inmediatamente oyentes de las principales radios, los medios y periodistas del establishment y funcionales al poder, pusieron el grito en el cielo. ¿Como la presidenta de un país marginal que concretó el default más grande de la historia,( un quinto apenas del monto de la quiebra actual de Lehman Brothers) podía alzar la voz en territorio del imperio? ¿Que terribles consecuencias podrían caer sobre nosotros por la imprudencia presidencial? Estos críticos abominan hoy las relaciones carnales pero inconscientemente la añoran con la peregrina idea de ser una colonia próspera. De sentirse protegidos arrodillados frente al gigante, inmediatamente ejemplifican con otros presidentes que de ninguna manera cometerían estas imprudencias. Recurren a las figuras de Lula y Bachelet. Ellos son políticos serios que de ninguna manera provocarían las furias y las represalias del imperio.
Son mentes penetradas por los medios del establishment, en un bombardeo sistemático de colonización pedagógica que en su momento desenmascaró Arturo Jauretche, quien escribió: "Se confundió civilización con cultura, como en la escuela se sigue confundiendo instrucción con educación. La idea no fue desarrollar América según América, incorporando los elementos de la civilización moderna; enriquecer la cultura propia con el aporte externo asimilado, como quién abona el terreno donde crece el árbol. Se intentó crear Europa en América, trasplantando el árbol y destruyendo al indígena que podía ser un obstáculo al mismo para su crecimiento según Europa, y no según América…. Por eso es imprescindible el conocimiento de la 'colonización pedagógica'. Somos al fin y al cabo, hijos de ella". (Los Profetas del Odio y la Yapa. La colonización pedagógica. A. Peña Lillo Editor. Marzo 1975.)
Así que los cerebros colonizados prefirieron mirar para otro lado cuando pocos días después Lula declaró: "¿Dónde se metió ahora el FMI? Cuando se trataba de Brasil o de Argentina, el Fondo hizo pronósticos y dictó que hacer y que no hacer. En épocas de vacas flacas nadie nos venía a ayudar. Ahora que tienen perjuicios, ellos quieren socializarlos con nosotros. Todas las semanas aparecía un equipo del FMI y decía: "Hagan esto o aquello" y el pobre Brasil quebraba" Nosotros no queremos socializar la miseria, queremos socializar la bonanza. (Clarín, 8-10-2008 Página 29)
A su vez Michelle Bachelet, el 7 de octubre declaraba a Página 12 ( página 10): " Que ironías de la vida, por años los países ricos nos quisieron enseñar a modernizar nuestros mercados…Vemos que los países ricos, por falta de regulación, entran en crisis. Nosotros hemos creído en el Estado"
La forma impúdica que el imperio domestica a sus súbditos, está descaradamente expresado en un cable de AP del 6-10-2008: "Los EEUU pidieron a Latinoamérica que no cierren sus mercados. El secretario de Comercio, Carlos Gutiérrez, dijo que los países de la región "deben entender que no es un momento para políticas aislacionistas", aunque admitió que los EEUU podrían limitar sus importaciones" Ahora más que nunca es importante que los mercados del mundo se mantengan abiertos, que los países continúen trabajando para atraer inversiones extranjeras, que continuemos el comercio recíproco, que continuemos insistiendo en un buen acuerdo de Doha y continuemos impulsado la apertura", dijo Gutiérrez.
En estas afirmaciones de Gutiérrez está expresado el espíritu del ALCA, que los gurúes de la City, Carlos Menem, y otros cipayos publicitados nos vendían como panacea
Los tiempos han cambiado. Pero la colonización pedagógica se mantiene inalterable.
Por eso convendría redefinir la frase de Jean Paul Sartre: "El colonizado que quiere liberarse tiene que matar al colonizador que lleva adentro. Al dar vuelta lo que pensó hasta ayer, mata dos pájaros de un tiro. Nace un hombre libre ( el colonizado que abrió los ojos), queda un hombre simbólicamente muerto ( el hombre que fue hasta ayer repetidor del discurso de los medios mayoritarios)"
ESCUCHAR
El gran pianista y compositor ruso Igor Stravinsky (1882-1971) dijo alguna vez:”Escuchar es un esfuerzo; oír no tiene ningún mérito. También oyen los patos”. Es distinto oír que escuchar. El sentido del oído nos permite captar los sonidos. Escuchar es la acción de discriminarlos, decodificarlos, distinguir una onda sonora de otra, captar lo que una palabra significa, registrar las inflexiones de una voz, la melodía en la música, como el susurro del viento, o el rugido del mar.
Escuchar es lo que nos permite advertir la alegría o la aflicción con que alguien habla, su ira o su esperanza.
El pensador alemán Erich Fromm (El arte de amar) sostenía que escuchar se convierte en arte cuando podemos hacerlo sin miedo, con simpatía y amor. Escuchar es abrirnos a la palabra del otro, nos abrimos a los silencios (que también están cargados de sentido y necesitan ser escuchados. Durante el proceso de escuchar, la palabra del otro es siempre nueva (aunque diga cosas que ya hemos oído) y así es recibida y celebrada.
“Escuchar –decía el sacerdote holandés Henrri Nouwen (1933-1996)- es una forma de hospitalidad espiritual. Los escuchados empiezan a sentirse aceptados”.
Quién no escucha no se escucha. Sólo se rodea de estruendo, de bullicio, de ruido. Zenón de Elea, filósofo griego anterior a Sócrates, manifestaba en sus reuniones que nos habían dado dos orejas y una boca para que escuchar el doble de lo que hablamos.
Cuando un hombre puede evadirse de lo material, de sus logros, de sus problemas y de todo aquello por lo que luchó durante toda su vida, comprende que sólo le queda su esencia, es decir, la palabra, el razonamiento, el discurso fundamental e íntimo, recursos y cualidades personales que ignoraba poseer.
LAS LENGUAS DEL MUNDO
Todas las lenguas del mundo deben contribuir, y así lo hacen, a la hermandad del género humano. Contrariamente a lo que muchos creían, una lengua no es sólo estructura gramatical, palabras engarzadas de acuerdo con un código sintáctico, sino también, creación de significado a partir de nuestros sentidos.
Imperio y lengua imperial van siempre juntos y son, por definición depredadores. Rechazan la alteridad. Toda lengua imperial se constituye en sujeto de la Historia, narra ésta desde su punto de vista y aniquila d(o trata de aniquilar) el de las lenguas que considera inferiores. La historia oficial de un imperio no es nunca inocente, sino que está motivada por el afán de justificar hoy sus acatos del ayer para proyectar hacia mañana su propia versión.
No es malo que exista una lengua franca que facilite el conocimiento mutuo en estos tiempos de globalización, pero sí lo es que ésta transmita la ideología de superioridad que la caracteriza, la cual, consciente o inconscientemente, exhibe su desprecio por las otras lenguas..
El complejo de superioridad que acompaña siempre a una lengua imperial es tan consustancial a su esencia que hoy se observa incluso entre los activistas anglófonos implicados en la lucha por un mundo mejor: sus medios de comunicación son una prueba tangible de que los escritos que publican traducidos de lenguas “subalternas” constituyen sólo un porcentaje insignificantes de su contenido. Las traducciones desde el inglés a otras lenguas son abrumadoramente superiores a las de sentido inverso y todos somos culpables de haber aceptado hasta ahora tal desigualdad.
LA PALABRA

Cristina Castello

La palabra— ese silencio extraviado
Esa hilera de hormigas que hoja a hoja
Modela el follaje corpóreo de la voz

La palabra— ese bálsamo promisorio
Esas manos ofrecidas a la ausencia
Ese tiempo transversal al llanto

Esa costura desatada, esa confianza
Ese pan, esa sedición del alfabeto
Esa cópula del verbo, esa memoria

Ese gentío fusionado en un son
Esa pupila abierta a todo albor
La palabra— esa metralla de lirio
Ese erotismo de Dios.

Ernesto Martinchuk es Periodista, docente, investigador y documentalista.

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Como droga

María Cristina Garay Andrade (Desde Monte Grande, Buenos Aires. Argentina. Especial para Argenpress Cultural)

Como droga demandante filtrada en la sangre acelera
Al pulso palpitante que por desearte en gemido desespera
Tu mirada traviesa penetrando sutilmente agazapada
Es hechizo de amor y en cautiverio caigo atrapada

Ambición desmedida de tu piel recostada sobre la mía
Reclama tu ser por un jadeante instante de cercanía
Bajas defensas presagian síndrome de abstinencia
Si no te tengo conmigo te pienso con insistencia

¿En que poro acariciado se detiene el vibrar peregrino?...
La dulzura de tus destrezas lo motiva andando un sólo camino
Saboreando el néctar de tu boca se convierte en vicioso
Perdiéndome con tus labios en elevación de éxtasis glorioso

Bañada la alcoba con música apacible cantando enamorada
Una y otra vez insiste con hacer el amor la trasnochada
Y sin poder negarme a la entrega de incondicional amante
Termino abrazando tu cuerpo como droga demandante

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