jueves, 21 de octubre de 2010

Un reality show que les sale barato

Ricardo San Esteban

El capitalismo en toda su obscenidad, en Chile, hasta con los conflictos íntimos, como es el caso de un tal Johnny, su esposa y su amante. La jauría de los paparazzi internacionales detrás de cualquier boludez, pero ocultando el verdadero rostro del drama

Anton Hraste, ex director del Sernageomin (Servicio Nacional de Geología y Minería) de Atacama, dijo tajante: “no debe abrirse nunca más, el sector ya está bastante agrietado, una consultora altamente especializada certificó que era una explosión de roca y me convencí de que esta mina, que es muy antigua y con sectores abandonados, tenía una tecnología muy deficiente, que no daba ningún grado de seguridad”. Pero el estudio se reformuló bajo presiones y la mina volvió a operar. Los dueños actuales dicen ahora que la tragedia (el colapso de sus cinco niveles) no tiene relación con las fallas que gatillaron el cierre de la mina en 2007 y hacen un “mea culpa” por el tardío aviso a los familiares (demoraron ¡un día! en avisar a las familias de los 33 mineros atrapados).

Marcelo Kemeny y Alejandro Bohn son los dueños (40% y 60%, respectivamente) de la minera San Esteban, la firma responsable del yacimiento San José. La mina funcionaba irregularmente, no había completado las recomendaciones de conformidad técnica (sin salidas de escape posible), no tenían seguro contratado para los mineros… Pero las responsabilidades no se detienen ahí: Patricio Leiva, el funcionario del Servicio de Minería que firmó la autorización para la reapertura de la mina San José en 2008, dijo ante una comisión del Congreso que tomó la medida de esa manera porque confió en el criterio de sus superiores. “Tiene que cerrarse esa mina de una vez y hacerse una auditoría general en todas las minas de Chile”, reclama Ramón López, presidente de la Federación de Trabajadores de CIMM (empresa asociada al metal rojo de la administración estatal). Y añade: “a los empresarios no les importa la vida de los trabajadores. El abuso es tan mayúsculo, que los propietarios del sector no dudan en hacernos laborar en condiciones pésimas. Los que no mueren o no son mutilados, viven en altísimas situaciones de estrés.

Por eso exigimos a la justicia y al Gobierno que meta en la cárcel a Marcelo Kemeny y Alejandro Bohn, dueños de la mina. Y que renuncie la ministra del Trabajo (Camila Merino) porque ya sabemos que la Dirección de esa repartición tenía antecedentes de que el yacimiento estaba en tan malas condiciones que debía cerrarse. Y también existe una responsabilidad directa del ministro de Minería (Laurence Golborne) debido a que Sernageomin depende de él”.

Ante lo fantástico del caso (a comienzos de agosto, el Gobierno de Chile dio por muertos a los mineros), incluso la Iglesia Católica tuvo que salir al frente para desmentir el milagro. El obispo Gaspar Quintana –máxima autoridad eclesiástica de la Región de Atacama– desmintió en el diario La Tercera la posibilidad que ha estado en boca de toda la prensa chilena e internacional: “No ha sido un milagro y tampoco llevaré a cabo ninguna formalidad ante el Vaticano para que se le reconociera como tal, si me pongo exquisito, teológicamente hablando, esto no es un milagro, pues los requisitos son mucho más estrictos. Es un evangelio, una buena nueva, pero no un milagro, un miraculum”.

Con milagro o no, los mineros han sobrevivido, de momento, a los codiciosos de las minas. Y la palabra del Dios católico pone los puntos sobre las íes: “Debemos entender que no somos los tigres del Asia, tampoco los pumas. No puede ser que porque paguen más, la gente termine arriesgando su vida. Me he cuidado mucho de no decir cosas que no corresponden, pero claro que ha existido abuso por parte de los empresarios. Hay explotación y maltrato. Deben entender que el trabajo no es un saco de papas y que los mineros tampoco son unas bestias de carga”, añade el Obispo. Quien habla, dice, no es Gaspar Quintana, obispo. “Es la doctrina social de la Iglesia”, dice.

Chile: 373 mineros muertos en diez años

Un total de 31 mineros han muerto en Chile este año, en 28 accidentes laborales. No tuvieron canales de televisión en directo, no recibieron la visita del Presidente, ni siquiera donaciones de millonarios apenados. Los periódicos no hablaron de ellos. Y son ya 373 trabajadores de la mina muertos en su puesto laboral en los últimos diez años, según datos del Servicio General de Geología y Minería (Sernageomin). Chile, país minero, donde la muerte sigue acechando en la mina.

Los ocho mineros muertos sólo en enero (en la Región de Atacama, Antofagasta y Coquimbo, norte del país, donde se concentra la mayor parte de la industria minera) tampoco tienen nombre ni apellidos.

En la última década, en Chile, el año 2008 fue el más mortal, con 43 muertos, seguido de 2007 (40), de 2000 y 2001 (ambos con 36 muertos), y de 2009 (35).

Pero las malas noticias desde todas las minas del mundo llegan demasiado a menudo a los periódicos desde Colombia a Rusia, de China a Ucrania, pasando por Estados Unidos. Nadie se salva debido a las condiciones de extrema explotación y escasas garantías de trabajo en la extracción de carbón, oro, cobre, estaño, plata, zinc, plomo… y sangre minera.

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Y después del rescate,… ¿qué?

Andrea Dufournel (Desde Temuco- Chile. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

La eficiencia del Estado , tantas veces cuestionado por los que quieren privatizar toda empresa estatal bajo el argumento de que el Estado no es capaz de administrar ni menos ser eficiente, por lo tanto hay que entregarle todo a los privados, ha quedado demostrada con el magnífico rescate de los 33 mineros coordinado por Codelco a través de André Sougarret hemos visto que: el Estado sí puede realizar un trabajo de excelencia a diferencia de la empresa privada responsable del “accidente”, responsable de no respetar las leyes laborales y no proteger la vida de los trabajadores por encima de los intereses económicos, por lo que no podemos olvidar que los mineros, junto con ser considerados héroes, también se debe recordar que son víctimas, víctimas de un sistema brutal e inhumano en que la vida de los trabajadores chilenos están muy por debajo del capital económico, porque los gobiernos, hasta hoy, no ponen en práctica el convenio 176 de la OIT suscrito por Chile en 1995, convenio que establece las condiciones laborales y de salud que deben primar en labores tan riesgosas como es la minería.

Lo han manifestado los mineros rescatados, las declaraciones realizadas por ellos han sido retiradas de la televisión, dando paso sólo a lo que enaltece la participación de Piñera como verdadero maestro de ceremonia antes, durante, y después del rescate.

Lo denunciaron los dirigentes sindicales, organizaciones sociales y parlamentarios.

El discurso oficial, ahora, es que las condiciones laborales de los trabajadores chilenos va a cambiar sustancialmente, pero ¿qué han hecho en ese sentido durante estos 70 días de ocurrida la tragedia?, o ¿el discurso es parte de la exposición mediática y de la euforia del presidente?. La ratificación del Convenio 176 no figura de momento en el paquete de iniciativas anunciadas por el gobierno de Sebastián Piñera en respuesta al grave accidente minero el pasado 5 de agosto, en la comisión formada por el gobierno para estos efectos no hay presencia de dirigentes sindicales ni actores sociales.

El compromiso de Piñera, por lo menos de palabra no ha considerado su apoyo al Convenio 176 y sería la mejor forma de comprobar si es efectivo o no el renovado interés de los dirigentes políticos por mejorar las condiciones de trabajo en el interior de los yacimientos.

Una vez que todo esto haya pasado, que los mineros comiencen de a poco a retomar sus vidas, que ya no sean atractivos para la prensa, una vez que se den a conocer las encuestas post rescate podrán exigirle al gobierno que cumpla su palabra.

Durante estos largos días en la mina San José, días en que los mineros y sus familias bailaron con la muerte en cada suspiro, cada lágrima derramada por la angustia y el temor a perderlos para siempre, encomendándose a cuanto santo y creencia posible, ha germinado el deseo de luchar para que nunca más en Chile haya que vivir con la angustia de que algunos de nuestros hermanos muera o sea, nuevamente, víctima de la irresponsabilidad de la empresa privada.

No te preocupes por mí, mi turno ha terminado y uno nuevo está a punto de empezar, el turno de exigir derechos laborales para todos los trabajadores…

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Algo de cine: La mirada impasible

Demian Paredes (LA VERDAD OBRERA-PTS)

Entrar por “otro lugar” a la última dictadura argentina; usar el “Proceso” militar como “contexto”, fue lo que hizo el director Diego Lerman, aprovechando que el escritor Martín Kohan (Dos veces Junio, Museo de la revolución, Cuentas pendientes(1)) lo hizo primero en la novela Ciencias morales(2).

“Siento que todavía hay mucho discurso por generar. Desde las instituciones, los sistemas, los lugares, los engranajes que armaron el sistema represivo”, explicó el director(3).


Así tenemos la historia del Colegio Nacional Buenos Aires, en 1982, donde María Teresa, una joven preceptora de 23 años, debe vigilar (y castigar) a los estudiantes. Modales, vestimenta, apariencia (el largo del pelo), son las tareas que cumple “Marita” –llamada así en su casa, y luego por el jefe de preceptores, el “señor Biasutto”-. ¿Quién es este personaje? La novela lo explica: "El señor Biasutto (…) cuenta con gran prestigio en el colegio porque es sabido que, hace unos años, fue el responsable principal de la confección de listas. (…) es una especie de héroe entre las autoridades del colegio; él hizo listas y ese mérito, aunque rumoreado, a nadie se le escapa”(4). Marita tratará de congraciarse cuando, a la búsqueda de “efectividad” en su “trabajo”, decida ir a fondo en su pesquisa: ingresa al baño de varones, para tratar de descubrir a los que (supuestamente) fuman.
El clima cerrado, monacal, oscuro, queda claramente marcado, muy bien logrado. Sin embargo la riqueza expresiva, en cuanto a la ideología que contienen los pocos personajes de la novela, se pierde, (tal vez) al confiarse mucho en las imágenes.

La instrumentalización, el dominio sobre la juventud, queda mejor expresada en algunas líneas de la novela que el guión no contempla(5). La película de tan cerrado clima obtura la posibilidad de entender los “engranajes” del mecanismo: nos muestra algo del mecanismo mismo en funcionamiento. Por ello la escena donde se anuncia a los preceptores que los alumnos a la salida de una jornada se retirarán por otra puerta, por “disturbios” en Plaza de Mayo, pierde discursos como este: “Tengan presente, señores preceptores, que el adolescente es un ser humano curioso por naturaleza y rebelde por naturaleza. Adviertan a los alumnos que no pueden acercarse a la Plaza de Mayo de ninguna manera, pero tengan cuidado y no vayan a dejarlos intrigados por eso. Lo que tienen que transmitirles no es curiosidad, sino miedo. Háganles saber que es peligroso acercarse a la Plaza de Mayo en estos momentos”(6).

Lo mismo ocurre con un encuentro fuera del colegio entre Biasutto y Marita: “Biasutto ha concebido una comparación: la subversión, le explica, a ella que es novata, es como un cáncer, un cáncer que primero toma un órgano, supongamos la juventud, y la infecta de violencia y de ideas extrañas; pero luego ese cáncer hace además sus ramificaciones, que se llaman metástasis, y a esas ramificaciones, que parecen menos graves, hay que combatirlas de todas maneras, porque en ellas el germen del cáncer late todavía, y un cáncer no se acaba hasta tanto se lo extirpa por completo. El señor Biasutto desliza un dedo lento por su bigote oscuro, en actitud de recuerdo. Ya pasó la etapa, dice, en que teníamos que perseguir actividades ilegales y secuestrar materiales de alta peligrosidad (algún día, le dice confidente, bajando el tono y hablando al oído de María Teresa, le haré ver esos materiales, que conservo en un archivo de penetración ideológica). El colegio, y el país, han podido salir airosos de ese período, pero de qué serviría haber atacado el cáncer si vamos a despreocuparnos de sus ramificaciones”. “Otra comparación nace al instante de la inspiración del señor Biasutto: la subversión es un cuerpo, pero también es un espíritu. Porque el espíritu sobrevive y alguna vez bien puede reencarnar en un nuevo cuerpo”(7).

Para Biasutto, que los chicos fumen “es el espíritu de la subversión que nos amenaza”. Mientras que en la película dice simplemente que fumar en el colegio es el cáncer mismo…


Sutilezas de guión aparte, Lerman (Tan de repente, Mientras tanto) ya llevó otras obras literarias a la pantalla, como La guerra de los gimnasios de César Aira, en un corto homónimo de media hora. Con La mirada invisible el resultado ha sido dispar, al igual que la crítica. Hay quien dijo que la película es mejor que la novela(8). Se dijo –más “equilibradamente”- que el hecho de “traicionar” la novela logró cosas destacables y otras malas(9).

El final, que es completamente diferente al de la novela, fue justificado así por Lerman: “Necesitaba que María Teresa reaccionara, no que sólo padeciera. Que fuera capaz de tomar una decisión y ponerla en acción. (…) tenía que empezar la película siendo una y terminarla siendo otra”(10).

Y esto es justamente lo peor de la película: a la correcta actuación de Osmar Nuñez como Biasutto (“el lado carismático del demonio”, en palabras de la protagonista) se suma la de una demasiado bucólica Julieta Zylberberg. El personaje “original” de la preceptora tiene más “acción”, cambios repentinos, decisiones que tomar.
Se puede decir entonces que, La mirada invisible, no sirve mucho como puente, acercamiento, a (la mejor) Ciencias morales.

Notas:
1) Ver la reseña de Cuentas pendientes en http://pts.org.ar/spip.php?article15968
2) Martín Kohan, Ciencias morales, Bs. As., Anagrama, 2010 (ed. original 2007).
3) http://tiempo.elargentino.com/notas/dictadura-los-pasillos-del-colegio
4) Ídem. 2., pp. 25 y 31.
5) “El señor Biasutto tiene más años vividos que María Teresa y por lo tanto también otra sabiduría. Los chicos del presente son más buenos y más dóciles, pero no por eso dejan de estar a merced del daño de las ideas foráneas, o del daño que produce la ebullición hormonal. Aquellos peligros, siendo mayores, eran también más evidentes. Estos otros progresan bajo la forma del trabajo de hormiga y exigen una vigilancia tanto más puntillosa y continua.
-Lea la historia, María Teresa: es de lo más edificante. Cada vez que se gana una guerra, lo que sigue es la persecución de los últimos focos de resistencia del que perdió. Francotiradores, piquetes perdidos, los desesperados. Más se parece a una limpieza que a una batalla; ¡pero cuidado! Todavía forma parte de la guerra” (ídem. 2, p. 151).
6) Ídem. 2, p. 32.
7) Ídem. 2, pp. 48 y 49.
8) http://www.ambito.com/diario/noticia.asp?id=538224
9) http://www.otroscines.com/criticas_detalle.php?idnota=4528
10) http://www.clarin.com/espectaculos/cine/Vigilar-castigar_0_319768174.html

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Vicisitudes del astronauta de la catedral:Que Salamanca le dé, lo que barbarie le quita

Jesús María Dapena Botero (Desde Vigo, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Sin duda las catedrales tienen sus misterios.

Recuerdo cuando por allá en 1981 visité a Alemania y me traje conmigo el libro El Misterio de las catedrales, el cual terminó por aburrirme, de tal forma que me deshice de él, para entregarme a esa emoción estética que produce el mero hecho de entrar en alguna de esas monumentales iglesias, que llevan en sus muros, toda una historia a cuestas.

Es un sitio en el que aunque seas agnóstico te conmueve el encuentro con lo sagrado. Eso es lo que me sucede cuando voy a Santiago de Compostela y se celebra el ritual del botafumeiro, que vuela, como un acróbata de circo, hasta los techos del ala horizontal de esa cruz latina que hace a los cruceros de esos templos cristianos que tienen la forma de ese signo de Jesús, que se ofreciera a Constantino como garantía de la victoria, supuestamente para que las oraciones de los fieles sean, con el humo del incienso, transportadas y encumbradas al cielo para pedir mercedes a la deidad, al elevar el corazón, como bien nos lo enseñaba el padre Gaspar Astete.

Es como si allí uno entrara en el conocimiento de lo sagrado, como una isla en un universo profano, donde podemos tener la experiencia de la hierofanía, en la que lo sagrado se nos muestra y hace su epifanía

Es toda una vivencia que embarga nuestra existencia, como si entráramos en un mundo distinto, entrelazado con lo cósmico, que se recoge en el santuario, como lugar consagrado por la cultura, en el templo como lugar santo por excelencia, el cual, según Mircea Eliade, representa al mundo y lo contiene, para redimir, purificar y santificar la totalidad del universo, supuestamente al abrigo de la corrupción terrestre, ya que no podemos idealizar una institución tan humana como es la Iglesia misma, en la que pueden personajes como el archidiácono Frollo, quien no duda en mortificar la bondad de Quasimodo y Esmeralda, en la hermosa novela de Víctor Hugo, Nuestra señora de París o personajes como el padre Manolo de La mala educación de Pedro Almodóvar, para recurrir solamente a la ficción, que más bien introducen lo profano y lo corrupto en el ámbito sacro.

Pero cuando recibí una presentación, sobre un astronauta ubicado en la puerta de la Nueva Catedral de Salamanca, construida entre 1513 y 1773, en plenos siglos XVI, XVII y XVIII, el misterio no podía ser mayor; sin duda, para algunos una prueba irrefutable de capacidades proféticas, del retorno de los brujos o la presencia de extraterrestres, con todos los mitos esotéricos que podían entretejer para explicar esa inquietante presencia en un portal de la catedral salmantina.

Sí; el hombrecito estaba allí íntegro, con su nariz incluida, como una evidencia irrefutable, antes de que la barbarie se cebara sobre él.

Pero como soy un escéptico que no cree ni en lo que se come o hasta que pone el dedo en la llaga, a la manera de Santo Tomás, me puse a investigar cual podría ser la verdadera historia de esa realidad tan palpable y evidente, lo que me sirvió incluso para hacer pasar por inocentes a algunos amigos, como suele hacerse los veintiocho de diciembre, para luego revelarles la siguiente historieta.

Resulta que la imagen del astronauta fue incorporada a los relieves en piedra de la Puerta de Ramos en 1992, para la celebración al año siguiente de Las Edades del Hombre, por los canteros Miguel Romero y Juan Iglesias, quienes quisieron dejar su firma como lo hacían sus colegas del siglo XVI e introducir elementos de la era contemporánea.

Pero poco después, como si fuera un Pinocho malherido, el pobre astronauta fue desnarigado y no precisamente por mentiroso, sino por efecto del vandalismo contra la cultura, una de esas nuevas enfermedades del alma.

Mas no contentos con el daño, la barbarie ha vuelto al ataque para romperle un brazo y dejarlo, francamente, como para ir al viejo hospital de los muñecos, como el Pinocho atacado por un espantapájaros bandido.

Lo que no deja de ser una vaina, como decimos los colombianos, que el pobre astronauta se convierta sin acciones heroicas de su parte, en un equivalente del Manco de Lepanto, como producto del salvajismo vandálico, una plaga que se extiende en la postmodernidad, por los edificios históricos de Salamanca. El pobre mocho está entonces a la espera de una cirugía plástica, ejecutada por uno de sus propios creadores, el salmantino Miguel Romero, quien piensa ponerle un brazo protésico, con un trozo de piedra y pegarlo con masilla de arena y cemento blanco, aunque bien sabemos que remiendo es remiendo, sin que las instituciones se pronuncien para auspiciar la reparación, por lo cual esperamos que se muevan los salmantinos o España entera para que lo que el vandalismo quita, Salamanca sí lo preste, como respuesta de un Estado de Cultura a ese Estado de Naturaleza destructor que es el vandalismo contra las bellas artes, como forma de delincuencia contra el patrimonio cultural, que no expresa sino la brutalidad de algunas gentes, tal vez a la manera de los flashmobs, que intentan salir de la rutina en ataques relámpago, cargados de violencia, como pura descarga de pulsiones tanáticas, productoras de una enorme satisfacción narcisista, al sentirse como “Yo, el destructor”, como una suerte de villano Terminator, algo que, en realidad, debería preocuparnos a quienes amamos las manifestaciones artísticas.

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Silvia's Blues y "los buenos muchachos"

Carlos Alberto Parodiz Márquez (Desde Lomas de Zamora, Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

En estas habitaciones el pensamiento corre el mismo peligro que correría un canario escapado, revoloteando cada vez más arriba, girando, aleteando en zonas de sombra y en grietas vírgenes del contacto de una mano humana. Lo pienso de ojos abiertos, entre otras ausencias, por las dos semanas de silencio, mejor dicho en blanco. Es que el escenario se mueve.

La tensión en el cuello no es menos aguda que la que ejercen sobre los sentidos, otros años superpuestos sobre el presente.

Siempre reina, en cualquier caso, una sensación arrulladora de inmediatez en estas habitaciones de la planta baja, pues el presente se "estaciona" en los niveles inferiores, como la bruma de un día joven, en huecos antiguos.

El cuarto de baño es largo y estrecho. Azulejos vidriados de color verde actúan sobre las paredes, desde el suelo hasta el hombro, como espejos sombreados que reflejan el contenido y mi ocupación. La bañera de porcelana es grande como un lago artificial. Me relajo y observo.

En el extremo opuesto del cuarto, a algunos pasos de pies descalzos, sobre el mosaico tibio ligeramente desigual, que provoca en las plantas la sensación de caminar sobre el panal de una especie olvidada hace tiempo de abeja gigante, hay un lavatorio antiguo, coronado de mármol y con un espejo de oro molido, arriba, jaboneras sencillas de loza blanca y un frasco, también blanco, sobre la losa, que huele leve.

Hay leones de cara y melena doradas y cada uno retiene en sus fauces de oro, un extremo del brazo que sostiene el rollo de papel amarillo ante, con austeridad de astilla. Producen el efecto de dos grandes gatos que enseñan los dientes al cumplir la sencilla tarea de mantener, siempre dispuestos, algo necesario para una felina.

¿Van a preguntarme que hago aquí? Mejor no. Salgamos a la historia.

José es un "remi", compañero de "Chaco Chico" a quien encontré después de salir. Otro hombre ocupado y preocupado. Cuando Yon no está, mi alcancía con ideas, desaparece por múltiples razones; la agito, pero el silencio suena ominoso. La cuestión es que me busca, como la abeja a la flor para rondarme con informes que, sabe, "Chaco" me cuenta, con su irresponsabilidad flamante, ¿total a quien le importa la verdad?

Esa mañana manejó m s lento que de costumbre. El hombre pensaba en como contarme su historia. Puse mi mejor cara de resignación.

-Silvia es directora de un Jardín de Infantes en Banfield.

Como toda docente que se precie, vive contando los días, para saber cuando cobran ella y sus maestras "jardineras", que no quitan el cuerpo al trabajo.

Ese mediodía de viernes, recogió los cheques de todas por el sueldo, naturalmente atrasado que esperaban, para pagar por lo menos, sus cuentas atrasadas; crónica de un país arrasado.

Iba confiada. El Banco Nación siempre fue seguro, en Lomas.

Además, "la peatonal" reúne mucha gente, por lo menos en el horario de una City de segunda, para ser benévolo. Claro que también hay gente de la otra.

En su cartera, a la salida, iban las esperanzas propias y ajenas, parafraseando a Atahualpa. Cuando bajó a Laprida algo, en realidad alguien, le regaló sombra sobre la cara.

Levantó la cabeza para tropezar con la mirada y todo el grandote desconocido, detrás. Casi como la canción de Patxi Andión.

El primer "derechazo" que recibió en la cara podría poner knock out a cualquiera, de hecho Lewis si lo hizo con Tyson, pero Silvia aguantó.

Al caer hacia atrás, se aferró a la esperanza de cuero, recuerdo de mejores tiempos. La sombra volvió a interponerse con la luz, simbolizando la oscuridad y otra trompada llegó para despertar dormidos entusiasmos; enseguida hubo patadas a gusto y placer, que precedieron al forcejeo por la cartera, único tema del engendro.

Silvia, todavía, resistió.

El hombre -¿vale dudar que lo sea?- vaciló cuando algunos detuvieron su camino. Aunque nadie intervino. Radiografía de una argentina indiferente, insolidaria.

Llegó el "compinche motorizado". Subió a una "Kawa" con el tripulante listo y tan listos se mostraron y se fueron, como quien les pudo advertir que Silvia llevaba dinero importante.

Maltrecha pero feliz, se derrumbó en un remís próximo; el conductor impávido, que presenció el ataque, permaneció en silencio. Ella indicó el camino y suspiró.

-¿Como puede ser que nadie se haya metido para intervenir?, en realidad se preguntó. El hombre sin inmutarse y en tono compasivo, a través del espejo retrovisor, casi monocorde, se explicó.

-Señora, nosotros vemos cada cosa, todos los días... –

Silvia cerró los ojos para que se deslizaran dos lágrimas leales-.

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Todo emite ecos armoniosos, de reconocimiento, cuando la fotografía de Yon, inserta en un marco bañado de plata, es levantada por primera vez de su sitio, sobre el tocador, donde ella (Georgina, su hermana) se sentaba para peinarse los rizos aparentes de sus cortos cabellos color sepia.

-¿Que sabés del vasco?

-Está llegando te encuentra en "la oficina", parece que es el arranque y "el agite" de ustedes- se quejó. La saludé efusivo y me fuí para la Plaza Grigera.

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La palabra se deja aprender y traducir, pero nunca aprehender y trasponer del todo. En eso pensaba cuando apareció Yon. Algo más bronceado. La sospecha de una "gira" insondable merodeó el encuentro.

-Vamos a comer a "Clo" y te cuento- dijo sin palmadas ni euforias.

Subimos al Alfa gris reluciente y la Plaza pasó a ser un retazo verde. Antes de estacionar en ese sitio que sobrevive y de mirar la línea del río, sentí la comezón de la rampa ascendente, donde te reciben y estacionan. La penumbra acogedora del lugar y los grandes ventanales hacen suponer idílicas realidades que, por supuesto, se desvanecen cuando se abandona el norte.

-Hoy haremos una comida de ayuno-, me anunció, olvidando mi condición famélica. Llegaron en patota el maitre, el somellier y la azafata, para recibir la orden y saludarlo con deferencias llegadas de otro universo.

-Abanico de sardinas; emparedados de espinaca; huevos fritos con anchoas y ensalada de apio con manzana. Y de postre frutas glace, todo humedecido por un Riesling helado de la Selva Negra-, ordenó; se me cayó la mandíbula, por varias razones.

La longitud del discurso. La elección del lugar. El menú y, por supuesto, la adrenalina que supone no saber quien paga. Me dispuse a escucharlo. El es el dueño de los contrastes.

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-Ha comenzado la ejecución del plan final de la desaparición del primer Estado Nacional de América del Sur: ARGENTINA- me anunció como Macaya al equipo de Corea.
-Esto se conoce desde el 29 de marzo del 2002. Los que lo cuentan no son recomendables, pero los datos de la realidad coinciden- siguió, mientras rociaba tostadas con salsa tártara, hábito que lo persigue en todos lados.

-Las reuniones de civiles y militares con funcionarios de la Embajada de los EE.UU. lo prueban-, añadió.

-Avanzan sobre los detalles del operativo tendiente a reemplazar al gobierno. Las FF.AA. Argentinas siguen en una anacrónica división entre nacionalistas y liberales. La táctica para dar el golpe final en la Argentina, es darle apariencia de ayuda humanitaria, para que no parezca un golpe de estado- se explicó a medida que me desorbitaba.

-Los grupos de civiles que están en el asunto mantienen fluido contacto con la embajada de los EE.UU. que apoya el golpe, participa de las propuestas y mantiene informado al Departamento de Estado-, tragué saliva.

¿Alguna hipótesis?

-Varias, te doy una: El FMI no asiste financieramente a este gobierno. Si lo acaba de hacer con Uruguay, Paraguay y Brasil, además de ofrecerle lo que quiera a Chile. "Argentina puede esperar". Con esto se provoca un nuevo colapso, el gobierno cae y el país entra en anarquía-, se explicó casi compasivo.

¿Y?- , mi pregunta es ociosa.

-Luego, en un operativo 'DE AYUDA HUMANITARIA' llegan los 'Cascos Azules', en cuyos cuadros habrá efectivos de las fuerzas armadas nuestras y se establece un gobierno de emergencia de las Naciones Unidas-.

-¿No parece peligroso para la región?- atiné a dudar.

-No. Desaparece el primer Estado Nación de América Latina. La Argentina es el plan piloto. Los demás países quedan a merced, por el efecto dominó. El gobierno a instalarse en Argentina reportará en apariencia a la ONU y en realidad al Departamento de Estado de los Estados Unidos, quién gobernará políticamente a la Argentina, manteniendo al tope de las decisiones económicas al FMI. Todo esto con la excusa de que los argentinos 'no han podido gobernarse a s¡ mismos'. Hay quienes se oponen completamente a que suceda de esta manera. Empezando por el mismo pueblo argentino y muchos oficiales en actividad o no. Pero, los militares que se oponen a que la Argentina deje de ser nación soberana, no pueden hacer nada, porque ya ni siquiera tienen armas ni municiones. No podrán oponerse militarmente a la ONU. Están indefensos. Hay otros planes alternativos, pero con este te alcanza- me declaró impávido. Sin admitir continuación.

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Alelado estaba, cuando sonó el despertador y regresé tembloroso de las brumas del sueño. No obstante me quedé pensando. Sobre todo en las coincidencias y las casualidades, después del "agite". Una gira nocturna con sobresaltos.

Somos, a veces, la obcecada formulación de las esencias, pensé; la cosa es situarlas en la existencia. La percepción, por ejemplo. ¿Será necesaria? ¿Después de la pesadilla?

Para encontrarme la vuelta, entonces, pondría en mi equipo (para un mundial "distinto") a: Marx, Nietzsche y Freud en el medio, adelante a Hegel, J. Wahl y Kirkegaard; Husserl de enlace y Heidegger al arco; total, si la cosa es descriptiva, porque me voy a privar: Descartes, Kant y San Agustín, en la línea de fondo -hay que saber cuidarse- ya que la fenomenología es laboriosa, como la obra de Balzac. Mientras lloramos por ti, Argentina.

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El diario de los otros

Edgar Borges (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Llego a Avilés con la idea de Fernando Pessoa en la mente (y en los pasos): ¡Viajar! ¡Perder países! ¡Ser otro constantemente...!" Los países, como las ciudades y los pueblos, se recorren de muchas formas. A mí me gusta recorrer mundos a la manera de Pessoa: en mutación constante, de salto en salto. Voy camino a la calle La Cámara; en el nº 36 está Cafetería Eva, el local que me recomendó Yolanda De Luis; ella, como periodista, sabe de bares y de cafés; las palabras y las noticias se dan bien con estos sitios. En la mano izquierda llevo un libro, "El peso del mundo", un diario que a modo de pequeñas crónicas escribió Peter Handke. En principio deseo estar solo y observar la soledad de los otros.
Entro a Cafetería Eva y siento que el local es una prolongación de Avilés. En el lugar, como en la ciudad, se respira aire sereno, de tradición; aire que se resiste al huracán del desarrollismo. Aire que me recuerda a las calles de Puerto La Cruz (Venezuela) o a las de Queens (Nueva York). Siempre he creído que un mundo es una réplica de todos los mundos, por muy distinto que uno parezca de los otros. Las mesas de Cafetería Eva, unas con sillas, otras con sofás, llaman a la calma. En la barra un camarero va de un lado a otro sin perder ese ritmo que parece decir "deja el traje de paso atropellado y respira tranquilo, a tu tiempo, a tu existencia". Y me doy tiempo para descubrir los detalles; en la pared de la izquierda destaca la carta del té. Un camarero con "sonrisa de viejo conocido" me invita a tomar asiento; le pido un Té Rojo (con naranja y limón) y busco puesto en el sofá del fondo, al lado de una segunda puerta y de frente a todo el espacio. Dejo caer el libro sobre la mesa, me siento y me dedico a contemplar la rutina de los demás (quizá ya para entonces alguien observa la mía).
El discurso de Peter Handke abre puertas, salta el abismo del desgaste conceptual y nos comunica con la esencia, con la idea. En "El peso del mundo" escribe: "Insistir en la contemplación, aplazar la opinión hasta que nazca la gravedad de una sensación vital". Y en eso me encuentro hoy, el local me lo permite, quiero contemplar, sin opinar, el ir y venir de los otros. El camarero me trae el Té Rojo; desde otra mesa le llaman "Juan, cuando puedas consígueme un Té Verde con Hierbabuena". Y le pido que, por favor, antes de irse, me diga cuánto tiempo tiene funcionando la cafetería. "Cincuenta años", afirma, "esta cafetería es un templo para los avilesinos". Dicho esto, Juan se disculpa y parte hacia el interior del negocio; algo en la mirada de aquel hombre me hace creer que su "sonrisa de viejo conocido" es la puerta que comunica con su idea de vida (su religión personal). Pruebo el té y leo lo que en la introducción Handke dice de su libro: "Me ejercité para reaccionar súbitamente por medio del lenguaje ante todo lo que se topaba conmigo y me di cuenta de cómo, durante la vivencia, también la lengua cobraba vida en esa inmediatez y se volvía transmisible. Este libro podría ser, en consecuencia, una crónica. No es una narración consciente sino una crónica inmediata de las percepciones, fijada simultáneamente. La crónica de una conciencia individual, publicada en forma de libro". Y la reflexión de Handke me hace sentir que cada persona que, al igual que yo, esta tarde decidió estar sola en la cafetería, es un diario aún por escribir. ¿Qué pasillo de su memoria andará recorriendo la señora que toma café muy cerca de mi mesa? ¿Alguien esperará al hombre que en la barra demora su cerveza? ¿El cuaderno que trae en mano la chica que recién entra contendrá las notas de sus experiencias? ¿Cuántos otros, en los últimos cincuenta años, escribieron su paso por éste café? Unos individuos llaman a las puertas de la memoria; otros, en cambio, dialogan las crónicas del día. Un espacio y muchos tiempos transitados en paralelo.
El escritor mexicano Juan Villoro sostiene que "La trayectoria de Peter Handke ha sido una progresiva investigación de misterios mínimos. Para poner a prueba su perspectiva, ha emprendido una curiosa tarea de escritor errante, sin domicilio definido o con domicilios en periferias ajenas a la vida codificada de las ciudades...no viaja para conocer otras culturas sino para desconocerse en ellas: Espero pacientemente pensamientos que no quiero. Esos son los que cuentan, escribe en El peso del mundo". El poeta asturiano Xuan Bello, otro viajero de Pessoa y de la belleza portuguesa, considera que "mientras se tenga vida y juventud hay tiempo para abrirse a nuevas identidades". Y de nuevo, como quien insiste en llamar a la misma puerta, el transito (y la observación) me lleva a la idea inicial: "¡Viajar! ¡Perder países!" Hay en "El peso del mundo" una característica de diario (diferente a lo normal) muy similar a la vida misma; es éste un diario salpicado de situaciones dispersas que giran alrededor del centro (el Ser). Cualquier página, abierta al azar, es equivalente a las escenas que me rodean: "El hombre a la mujer: ¿Es la sexualidad tan importante para ti? La mujer: Las palabras solas no me dan suficiente sosiego". Y la vecina de mesa continúa tomando café a sorbo lento (como si cada trago despertara diez recuerdos); el hombre de la barra sigue extraviado en la estación de su último trago. Y quizá, desde algún rincón, un curioso hace de mi rutina la creación (o la fotografía) de “el hombre que tomaba té viendo la vida ajena”. Dice Handke que "El único problema de este diario es que no puede tener final; así las cosas, debe interrumpirse. Sin embargo, un final meramente declarado habría significado a su vez permitir con excesiva impasibilidad que actuara el olvido, de por sí eterno".

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¡Inmortalidad o muerte! ¡Venceremos!

Marcos Winocur (Desde México. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Doña NOOjos, así llamo a la muerte, visitó el hogar de mi amigo cuando menos se la esperaba. Y se llevó a su hija de catorce años, por eso nos dirigíamos al cementerio. ¿Quiénes...? Pues, dos generaciones: los padres y los hijos. Unos más o menos sesentistas y nostálgicos. Los otros, los jóvenes compañeros de secundaria, sus pupilas dilatadas: entonces doña NOOjos es más que un nombre inventado, ella frecuenta a los viejos pero no se olvida de los jóvenes.

Todos fuimos a dar el adiós. Todos fuimos, allá, entre las tumbas y las flores marchitas, rumbo al crematorio, todos fuimos a pedir perdón a la joven de catorce años. Perdón por no haber sabido cómo hacer de este planeta algo más habitable, algo más vivible, algo más digno de figurar en el universo. Pero la reunión luctuosa tomó otro giro, acabó en protesta, sí, mitin contra la muerte, en su propia casa, en el cementerio.

Voy a decirles algo. El mundo se divide en dos: los de dentro mío, y los de fuera que son todos los demás. ¿Ven lo que yo veo? Los de fuera han quitado la flor de la boca del fusil sesentista y ahora lo empuñan, apuntándome. También ese virus que mató a la joven en tres días, también pertenece a los de fuera y ahora, en lugar de la música que ella amaba, se desató el llanto. Y si la muerte de cualquiera resulta injusta porque siempre nos queda algo por hacer en el mundo de los vivos, ésta, la de una joven de catorce años, lucía infinitamente más injusta, una violación a la regla del abuelo de los historiadores, el griego Herodoto: en la paz los hijos entierran a sus padres, en la guerra los padres entierran a sus hijos.

¿O en realidad estamos viviendo tiempos de guerra y no nos hemos dado cuenta?

No sé, pero allí, en el cementerio, ante el enemigo común, nadie de nosotros quedó fuera. Las dos generaciones fuimos multitud, era la comunión de quienes habíamos pasado de la resignación a la protesta contra la muerte. Debo consignar un hecho, a riesgo que el lector piense: este mitin carece de espontaneidad, seguro ya fue copado por organizaciones políticas. Lo cierto es que a la entrada, los Grupos de Acción Utópica se habían puesto a repartir volantes agitando los lemas de “¡Muerte a la muerte!” y de “¡Nunca más la muerte!” Pero la gente poco caso les hacía, ocupado cada uno en encontrar un lugar en el camino del cortejo.

Y así, bajo un sol blanco de calcinante, se formaron dos filas desde la puerta del cementerio al edificio de cremación, y entre ellas pasó el cortejo. Al llegar a destino, hubo un grito, como si el dolor se reabriera ante una segunda muerte. Habíamos acompañado a la joven en el velatorio considerándola dormida, tal vez enferma, de ahí su palidez, y hablado en voz baja para no despertarla; y ahora, su cuerpo, sus venas y médula ¡al fuego! La muerte recobraba lo suyo por segunda y definitiva vez. Fue cuando un grito voló por encima de las cabezas, y nos preguntamos:

- ¿Quién? ¿Es la madre, el padre, son los dos, también la hermana?

Alguna vez los hijos fueron el bien y nosotros, necios, seguimos sintiéndolo así, claro, nosotros, los venidos de los viejos y extinguidos Clubes de Alucinados, promociones sesenta y setenta, huérfanos después del gran derrumbe. Y por otro lado, no nos llevamos del todo bien con Dios. ¿A quién, entonces, a quién aferrarnos sino a los hijos?

Y así, con la joven de catorce años, cada uno sintió ese mediodía su propia muerte, llorábamos por ella y por nosotros, la condición humana en entredicho: somos mortales y frágiles, un virus, a pesar de toda la ciencia, puede apagar la música y desatar el llanto. Un fusil cuya boca ya no sea cubierta por la flor, puede herirnos. Y además, en la fugaz vida que nos ha tocado a cada uno, las cosas, digo, no nos han salido bien, nada bien.

Y lo sentimos así: cada fracaso es una pequeña muerte y la muerte es El Gran Fracaso, El Gran Fracaso Final, así lo sentimos.

Y más aquel día en el cementerio cuando el grito vino a calcinarnos como el sol y como éste a darnos en los ojos. Y bajamos las cabezas. Y espantados nos abrazamos a los hijos, a la pareja, a los amigos. Y con el contacto de los cuerpos recobramos la fuerza. Y levantamos las cabezas y el sol nos dio en los ojos. Y todos éramos multitud, la protesta, como pasando de un sueño a otro: allá arriba, trepado al edificio de cremación, alguien se dirigía a nosotros, era un joven valido de un megáfono, su voz rebotaba entre las tumbas.

- Compañeros -Oh, cuánto hace que no escucho esa palabra-, compañeros, por favor, guarden silencio.

Los murmullos cesaron, todos dirigimos las miradas hacia el orador.

- Nos hemos decidido a hacer un mitin contra la muerte, contra doña NOOjos -dijo-, cansados de sus arbitrariedades, ella es una caprichuda, les voy a leer una proclama de los Grupos de Acción Utópica: "Compañeros ¿sabían ustedes que las carpas, esos peces idiotas, viven vigorosas más de doscientos años mientras que el hombre, vanguardia de la evolución, muere mucho antes? ¿Que la cocodrila sigue poniendo huevos a los trescientos...? Y bien, compañeros: ¿vamos a continuar permitiendo esas injusticias? ¡Claro que no, compañeros, vamos a cambiar ese absurdo plan de Mamacita Naturaleza y, para dejarnos de medias tintas y asumir una posición revolucionaria, decretamos la inmortalidad! ¡Nunca más la muerte! Sí, compañeros, seremos como dioses. Y los cementerios serán cosa del pasado, todo convertido en parque de eterno verde.
¡Inmortalidad o muerte! ¡Venceremos!

Leída que fue la proclama, bajó el orador sin mediar más palabra, había concluido el mitin en el cementerio, lentamente nos fuimos retirando tomados de la mano, de la cintura, de los hombros. Viejas fraternidades despertaban y nadie quería quedarse a solas porque doña NOOjos iría de ronda por su cabeza.

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Música: The Beatles, un símbolo del siglo XX

ARGENPRESS CULTURAL

Habitualmente no publicamos notas musicales sobre las “vacas sagradas”, sobre los íconos hiper conocidos, porque no consideramos que sea necesario difundir algo sobre su obra, dado que, justamente, son tan famosos. Pero considerando un comentario que nos hiciera llegar una lectora, nos pareció oportuno presentar esta biografía y algunas de sus canciones para dar lugar, si fuera el caso, al debate.

Nuestra lectora (suponemos que es pseudónimo) Zoila Lechuga nos hizo llegar una breve nota sobre el grupo de música popular sin dudas más famoso del siglo XX: The Beatles. Fue ello lo que nos animó a presentar este material. Antes de su carta, entonces, una breve introducción (tomada literalmente de Wikipedia), y tres de sus clásicos, para luego el comentario que nos hiciera llegar nuestra amiga.
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The Beatles fue una banda inglesa de rock que se formó en Liverpool en 1960. Durante su carrera se convirtieron en una de las más exitosas y críticamente aclamadas en la historia de la música popular. Desde 1962 estuvo integrada por John Lennon (guitarra rítmica, vocalista), Paul McCartney (bajo, vocalista), George Harrison (guitarra solista, vocalista) y Ringo Starr (batería, vocalista). Aunque en sus inicios tocaban skiffle y rock and roll de los años cincuenta, a lo largo de su carrera trabajaron con distintos géneros musicales, interpretando desde el folk rock hasta el rock psicodélico. La naturaleza de su enorme popularidad, que fue denominada por primera vez como la "Beatlemanía", transformó sus composiciones, al tiempo que las mismas crecieron en complejidad. Llegaron a ser percibidos como la encarnación de los ideales progresistas, extendiendo su influencia en las revoluciones sociales y culturales de la década de 1960.

Con una formación inicial de cinco elementos que incluía a Lennon, McCartney, Harrison, Stuart Sutcliffe (bajo) y Pete Best (batería), construyeron su reputación en los clubes de Liverpool y Hamburgo en un período de tres años a partir de 1960. Sutcliffe abandonó la formación en 1961, y Best fue reemplazado por Starr al año siguiente. Establecidos como grupo profesional después de que Brian Epstein les ofreciera ser su mánager, y con su potencial musical mejorado por la creatividad del productor George Martin, lograron éxito comercial en el Reino Unido a finales de 1962 con su primer sencillo, Love Me Do. A partir de ahí, fueron adquiriendo popularidad internacional a lo largo de los siguientes años, en los cuales hicieron un extenso número de giras hasta 1966, año en que cesaron la actividad en vivo para dedicarse únicamente al estudio de grabación hasta su disolución en 1970. Después, todos sus integrantes se embarcaron en exitosas carreras independientes. McCartney y Starr permanecen activos, Lennon fue asesinado a tiros en 1980, y Harrison murió de cáncer en 2001.

Durante sus años de estudio crearon algunos de sus mejores materiales, incluyendo el Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band (1967), considerado por muchos como una obra maestra. Cuatro décadas después de su separación, la música que crearon continúa siendo popular. Se mantienen como el grupo con más números uno en las listas británicas, situando más álbumes en esta posición que cualquier otra agrupación musical. De acuerdo con las certificaciones de la RIAA, han vendido más discos en los Estados Unidos que cualquier otro artista. En 2008, la revista Billboard publicó una lista de los artistas más exitosos de todos los tiempos en el Hot 100 con motivo del 50 aniversario de la lista de éxitos, y The Beatles fueron colocados en el número uno. Fueron galardonados con siete premios Grammy, y recibieron quince premios Ivor Novello de la Academia Británica de Compositores y Cantautores. En 2004, la revista Rolling Stone los clasificó en el número uno en su lista de los "50 artistas más grandes de todos los tiempos". De acuerdo con la misma publicación, la música innovadora de The Beatles y su impacto cultural ayudaron a definir los años sesenta.
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Sobre The Beatles

Zoila Lechuga

Como pasa con muchos ídolos de la música popular, se habla de ellos sin ninguna consideración crítica. Su obra llega a valer simplemente porque son famosos, pero jamás se la cuestiona. Sin embargo, tanto desde un punto de vista estético como sociológico, considero que es oportuno abrirse estos cuestionamientos.

Veamos, por ejemplo, el caso de The Beatles. Sin lugar a dudas es una de las bandas de música popular más famosas de la historia. Tan es así que hasta pudieron compararse con Jesús. Más allá de la sarcástica humorada de Lennon, lo que está en juego es real: The Beatles llegaron a ser tan, pero tan famosos que debe haber habido pocos mortales que no hubieran sabido de su existencia.

Pero hay que ver las cosas desde todos los ángulos, no dejarse llevar sólo por las apariencias. El conjunto británico no aportó nada realmente nuevo en términos musicales. Su producción, definitivamente vasta, no pasa de una propuesta de música complaciente, sin vuelo, nunca ofensiva. No se compara con los jazzistas anteriores, ni con las propuestas de rock pesado que le siguieron. Sus canciones tienen letras superficiales, ridículas en algunos casos, y musicalmente no se salen de esquemas clásicos de tonadillas baratas. Si hay algunos pocos intentos de ir más allá, son eso: sólo unos pocos intentos. Musicalmente no dejaron nada realmente de peso.

Si quedan en la historia es por su valor sociológico. Me atrevería a decir: más bien político. El grupo pasó a ser una estrategia de penetración cultural del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte. Si los nombraros “sir” a cada uno de sus integrantes, fue porque eso significó algo muy importante para la corona. Significó la intención de reposicionar al alicaído ex imperio en un sitial de honor del que fue destronado luego de la Segunda Guerra Mundial. La forma en que la derecha británica implementó la fama del grupo es un indicador del proyecto político en juego: levantar la popularidad del reino, que venía cayendo en picada luego que su ex colonia al otro lado del Atlántico la destronara como potencia mundial.

En la producción de The Beatles no hay nunca una propuesta de transformación, de denuncia, de incomodidad. Lo más que llegaron a hacer es realizar un panegírico de la droga. Pero eso no significa una propuesta verdaderamente contundente contra el sistema, sino sólo la apología del escapismo. Sus canciones, en definitiva, son banales.

Como fue la primer banda en hacer lo que hizo, en aparecer con el pelo largo y gritando sobre un escenario, teniendo en cuenta todo el mercadeo que se movió a su alrededor, se hicieron tan famosos. Como dice el refrán: “el que pega primero pega dos veces”. Hoy hay miles de grupos mucho más sofisticados que The Beatles. Si actuaran el día de hoy no pasarían de ser una banda más, incluso no de las mejores. Sus canciones son algo tontillas, música para bailar, sin profundidad. Pero no podemos remar contra la corriente, así que tendremos que seguir escuchándolos y endiosándolos todavía por un buen tiempo, mientras el imperio británico siga siendo una de las potencias que nos marca el ritmo en el mundo.




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El corrido de Rosendo

Juan Gaudenzi (Desde México. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Tal vez sentado a la diestra de Xochipilli Macuilxochitl, el dios azteca de la música, Rosendo Radilla Pacheco, al compás de su guitarra, este componiendo otro “corrido”, esa tradicional manifestación musical y literaria del pueblo mexicano para difundir y perpetuar acontecimientos de la vida cotidiana.
Su compromiso con las luchas sociales en su estado natal, Guerrero, donde nació el 20 de marzo de 1914, y su vocación por difundirlas en forma de corridos, fueron los “delitos” por los que el Ejercito mexicano lo hizo desaparecer en 1974.

El de hoy no es un corrido amargo y de derrota, sino uno alegre y de triunfo: la victoria de un humilde agricultor sobre el poderoso Estado mexicano.

Después de décadas de resistencia de los poderes públicos, el presidente de la Republica, Felipe Calderón acaba de enviar una iniciativa de ley al Senado para modificar el Código de Justicia Militar, poniendo a salvo de la jurisdicción castrense los delitos de desaparición forzada de personas, la tortura y la violación.

Se trata del cumplimiento de una sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, de diciembre del 2009, a favor precisamente de Rosendo Pacheco y condenatoria del Estado mexicano.

Años de “guerra sucia”. Con la sucesión presidencial de 1970 como telón de fondo, cientos de activistas pasaron a la clandestinidad como paso previo a la formación de pequeñas organizaciones guerrilleras como la Liga Comunista 23 de Setiembre, el Partido de los Pobres, dirigida por el profesor Lucio Cabañas, y la Asociación Cívica Nacional Revolucionaria, comandada por el también profesor Genaro Vásquez Rojas.

Contra esos grupos, sus bases de apoyo, simpatizantes o simples sospechosos se desato una campaña de represión y terror prácticamente sin limitaciones, a cargo del Ejército, los organismos de Seguridad y bandas paramilitares como la “Brigada Blanca”, organizada por la Dirección Federal de Seguridad.

Las detenciones ilegales, las torturas, las desapariciones forzadas y ejecuciones extralegales se convirtieron en moneda corriente.

Rosendo formó parte de la Unidad Agraria de la Sierra Cafetalera de Atoyac de Álvarez; entre junio del 55 y agosto del 56 fue presidente del Consejo de ese municipio; entre 1956 y 1960 fue secretario general del Comité Regional Campesino y en 1965 participo en la fundación de la Liga Agraria del Sur “Emiliano Zapata”.

Pero, al parecer ninguna de esas actividades lo convirtió en un “subversivo peligroso” más que el hecho de propagandizar las luchas agrarias y denunciar los abusos de la contrainsurgencia a través de sus “corridos”.

Al menos ese fue la explicación que le dieron los soldados que lo detuvieron en un reten, el 25 de agosto de 1974, cuando a bordo de un autobús y en compañía de su hijo de 11 años, se trasladaba de Atoyac a Chilpancingo, la capital de Guerrero.

Rosendo les dijo que eso no era ningún delito. “Pos ya te chingaste”, le respondieron, tras acceder a dejar al menor en libertad.

Los últimos que lo vieron con vida en el cuartel militar de Atoyac atestiguaron que tenía los ojos vendados y señales de haber sido torturado, “pero cantaba a todo pulmón”.

Tita Radilla, una de sus hijas, espero hasta el 14 de mayo de 1999 para presentar una denuncia formal por la desaparición de su padre. “Tuvimos que desaparecer de la región”, explicó. “Si lo hubiésemos hecho en esa época nos hubieran detenido”.

De las investigaciones que esa denuncia produjo, la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) concluyo que “las instancias de gobierno que constitucionalmente tenían la obligación de procurar justicia y resguardar los derechos de los ciudadanos, mostraron su incapacidad y negativa para investigar y sancionar los hechos, así como brindar el auxilio necesario a las personas que se interesaban por establecer el paradero de las victimas de detenciones arbitrarias y desapariciones forzadas”.

Por recomendación de la CNDH el Ejecutivo instruyo al procurador general de la Republica para que designara un fiscal especial para tales casos.

En el 2002 esta Fiscalía Especial examino 532 expedientes tramitados los CNDH y recibió denuncias entre ese año y el 2006.

El resultado: un “Informe Histórico a la Sociedad Mexicana” en el que se refirió a la existencia, en la época en que fue detenido Rosendo Radilla Pacheco, de un patrón de detenciones, torturas y desapariciones forzadas de personas militantes de la guerrilla o identificados como sus simpatizantes.

En el mismo indico que: “En el lapso de un año –del 22 de noviembre de 1973 al 19 de noviembre de 1974- encontramos en los reportes de la Secretaría de Defensa Nacional, el registro de 207 detenidos por el Ejército reportados como ‘paquetes’. Todas esas detenciones fueron ilegales. Los detenidos fueron interrogados, torturados, y muchos de ellos forzados a ser delatores. No fueron entregados a la autoridad competente. Se les mantuvo en cárceles militares y centros de detención clandestinos, durante periodos muy largos y, muchos de ellos continúan desaparecidos”.

“El objetivo explícito de la tortura a los detenidos era conseguir información. Los métodos no importaban. Debido a que el preso no era nunca puesto a disposición de la autoridad competente, se le podría aplicar todo tipo de tortura, incluyendo, desfiguraciones en el rostro, quemaduras de tercer grado, darles de tomar gasolina, romperles los huesos del cuerpo, cortarles o rebanarles la planta de los pies, darles toques eléctricos en diferentes partes del cuerpo, amarrarlos por los testículos y colgarlos, introducir botellas de vidrio en la vagina de las mujeres y someterlas a vejación, introducir mangueras por el ano para llenarlos de agua y luego golpearlos”.
Sin embargo, desde entonces ningún militar ha sido procesado por tales delitos.
El denominado “fuero militar” ha sido el principal obstáculo para ello.
“Este ha resistido los embates del liberalismo mexicano que fue, desde un principio, antagónico a los fueros de todo tipo, ya que la igualdad ante la ley implicaba para esa ideología política la homogeneidad de tribunales y leyes y repudiaba la existencia de tribunales especiales, según se deriva del propio articulo 13 constitucional”, escribió el magistrado Manuel González Oropeza.
Tal articulo indica que “Nadie puede ser juzgado por leyes privativas ni por tribunales especiales. Ninguna persona o corporación puede tener fuero, ni gozar mas emolumentos que los que sean compensación de servicios públicos y estén fijados por ley. Subsiste el fuero de guerra para los delitos y faltas contra la disciplina militar, pero los tribunales militares en ningún caso y por ningún motivo, podrán extender su jurisdicción sobre personas que no pertenezcan al ejercito. Cuando en un delito o falta del orden militar estuviese complicado un paisano conocerá del caso la autoridad civil que corresponda”.
Por su parte, en el caso Rosendo Radilla Pacheco, el Tribunal de la Corte Interamericana de Derechos Humanos señaló que la actuación de la justicia penal militar constituye una violación de los artículos 8 y 25 de la Convención Americana, ya que no cumple con los estándares del sistema interamericano respecto a casos que involucran violaciones a derechos humanos, principalmente por lo que se refiere al principio de tribunal competente.

“El Tribunal considera pertinente señalar que reiteradamente ha establecido que la jurisdicción penal militar en los Estados democráticos, en tiempos de paz, ha tendido a reducirse e incluso a desaparecer, por lo cual, en caso de que un Estado la conserve, su utilización debe ser mínima, según sea estrictamente necesario, y debe encontrarse inspirada en los principios y garantías que rigen el derecho penal moderno. En un Estado democrático de derecho, la jurisdicción penal militar ha de tener un alcance restrictivo y excepcional y estar encaminada a la protección de intereses jurídicos especiales, vinculados a las funciones propias de las fuerzas militares. Por ello, el Tribunal ha señalado anteriormente que en el fuero militar sólo se debe juzgar a militares activos por la comisión de delitos o faltas que por su propia naturaleza atenten contra bienes jurídicos propios del orden militar”.
Años de guerra contra el narcotráfico
Queda por ver que impacto tendrá de ahora en más la iniciativa de reforma del Código de Justicia Militar enviado por Calderón al Senado.

Durante su administración, hasta el 25 de agosto de este año, se han presentado ante la CNDH 4,167 quejas por presuntas violaciones cometidas por personal militar. De ellas se han desprendido 62 recomendaciones. Como consecuencia de estas la Justicia Militar ha investigado a 227 uniformados (ningún general, 21 jefes, 37 oficiales y 169 elementos de tropa). De ellos solo proceso a 42 y sentencio únicamente a 7. El resto, 178 militares, solo tienen la calificación de indiciados en los procesos aún en proceso de investigación.

Fin

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Cruz del Norte, pueblito querido

Beatriz Paganini (Desde Santa Fe, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

- ¡Che!, abajen un poco la radio, me estoy quedando sorda, me estoy!

No la escuchan, tienen el gesto de transportados como si estuvieran en la cancha.

- Y bué, me voy pal fondo, total, el asado el Blá lo hace allá, a la final ¿de qué me quejo? Tengo dos hijos re-buenos y una hija flor de piba. A la final están en las casas y no fumando o vendiendo el paco que los mata.

Casi llegando a la puerta mosquera que separa la cocina del asador (el nombre pretencioso que le dio Blas, porque solamente es un tejido de alambre sobre dos soportes de ladrillos huecos en un piso de tierra), Luisa se vuelve y dice casi gritando:
- ¡Seba, en acabando el primer tiempo te tengo un mandado! ¿Sabé?

- Si mamá.

- Si mamá y no sabé lo que quiero- retruca Luisa.

- ¡Ché! ¿Se quieren callar? Ahí viene, ahí viene el gol!

Por unos segundos: silencio de radio y… ¡Gooooolllll, goooolllll!

Resignada Luisa se va al patio.

Se sienta a la sombra de la higuera y rememora cuando el Blas, el domingo pasado, le dijera, casi gritándole:

- ¡No Luisa! Dejate de joder. ¡El Seba no va a ir a Buenos Aires a esa marcha! Se burlan de todos los pobres, están demostrando que los compran. ¿Pero no te das cuenta? ¡Estoy podrido, estoy!

La tensión en el rostro de Blas se evidenciaba en las venas del cuello y, en el de Luisa por su palidez.

El silencio señoreaba amenazador, separándolos.

Luisa se corrió hacia la pileta pretextando lavar cualquier cosa y Blas se puso a cortar la leña con hachazos furiosos y tan consecutivos que parece una máquina.

Pero en realidad, Luisa ni siquiera abrió la canilla, quedó parada mirando sin ver, sólo pensando lo que le dijo, enojado, su marido: ¡Estoy podrido, estoy!

Apenada, abrió la puerta mosquera y entró a la cocina.

A los diez minutos volvió con el mate:

- Viejo ¿Queré unos mates de mientras hacé el fuego?

- Bueno - fué la respuesta lacónica.

Pero ella se le acercó conciliadora alcanzándole el mate y, a su vez diciéndole:

- Vos tenés razón Blas, pero yo lo pensaba por el otro lado ¿Sabé?

- ¿Qué otro lado? Por trescientos pesos y conocer Buenos Aires el muchacho queda marcado por el puntero que le hace el negocio sucio al intendente. Además, si va menos gente, no estarán tan seguros de seguir pisándonos porque somos pobres.

- Mirá viejo, no quiero peliar con vo. Endespués no duermo bien y me vienen las pesadiyas. Lo que pasa es como su amigo el Guille va me pareció que un viaje más o menos no era tan grave. ¿Viste? Pero si vos no querés, está bien, vos sos el padre ¡vamo aflojá! Vení, dame un beso y vamos los dos a decirle que su papá y su mamá prefieren que se quede en las casas y no se meta con punteros.

Luisa sonríe recordando el episodio. Por suerte, siempre o casi siempre están de acuerdo.

Llegó el sábado.

Hoy es un hermoso día de diciembre, como son casi todos los días en Cruz del Norte. Soleados, luminosos.

Luisa entra en el comedor de sus patrones llevando el postre.

El señor Máximo, a la vez que mira la pantalla del televisor, está diciendo:

- Por lo torpe e imprudente bien puede ser uno de los negritos de aquí
La señora Lucila, advierte la entrada de Luisa y dice:

- Viejo ¿Vas a comer postre? Luisa ¿Que traés en la bandeja?

Todos se dan cuenta, el patrón, la señora Lucila, la niña KarIna y Luisa:

Alguien hace una pregunta cualquiera para hacer notar la presencia del personal de servicio.

- Se creen que no me doy cuenta - piensa Luisa - semulan pero semulan mal.

- ¡Mirá, mirá! ¡Otra vez repiten la noticia!-interrumpe gritando Karina, la hija menor de los patrones.

En la pantalla se ve gente rodeando al periodista que, micrófono en mano explica:

- Aquí cayó el joven de aproximadamente dieciocho años que venía con la delegación del norte del país.

Ahora la cámara muestra el extremo de una farola, donde cuelga un estandarte de tela retorcido sobre sí mismo, dado que pende de un solo extremo, haciendo imposible la lectura de sus letras.

-Si ustedes se fijan - continúa diciendo el periodista - (la cámara muestra que se ha caído una parte de la farola que era de tres cuerpos) ha sido el peso del estandarte sumado al del muchacho, que se había trepado en el extremo, lo que originó la desgracia .En consecuencia debemos lamentar un fallecimiento.

- No amigo, corrige uno del público- el muchacho estaba junto al poste pero no arriba, lo que pasó es que el estandarte era muy pesado para ponerlo colgado de las luces se rompió, se cayó y le partió la cabeza al pobre.

Luisa se retira consternada.

- ¡Dios mío! ¡Menos mal que el Seba no viajó!

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Festival Mundo Viñeta: De los Andes a los Alpes

Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Las industrias culturales ofrecen oportunidades de desarrollo socioeconómico para América Latina. La producción musical, televisiva, cinematográfica e informática adquiere importancia decisiva. En comparación al pasado reciente, hablar de bienes a través de libros, pinturas y música clásica o autóctona, se consideraba un propósito suntuario.

El III Festival Internacional “Mundo Viñeta”, busca, precisamente, acercar el cómic europeo y asiático al a los peruanos, con la colaboración de las principales instituciones culturales de Europa, Japón y China, con sede en Lima.

En esta tercera convocatoria, con las exposiciones “Centenario del Cruce de los Alpes” y “Suiza país de comics o tebeos”, son las que más cautivan el interés público, porque permiten comparar la cuna de Jorge Chávez, cuya hazaña comprometió al mundo, empezando por Suiza, cuya nave partió de Briga (800metros de altitud) en un avión francés Bleriot para aterrizar en Domodósola, Italia.

La Fuerza Aeronáutica Peruana, tiene también una muestra fotográfica - con más de un millón de imágenes de la agreste geografía nacional - que corrobora la riqueza, exportable al mundo industrializado, pero aún con mínima transformación.

La realidad de la pequeña Suiza es otra. La hazaña de Jorge Chávez coincide también con los 100 años de su aviación civil y el camino del desarrollo que tuvo que escoger al no tener materia prima como el Perú. Su desarrollo tiene su esencia en otros elementos, como tecnología e investigación, con productos de mucha calidad, nuevos, diferentes, premiados, solicitados, exportados y vendidos.

“Cada nación tiene sus fortalezas”, en palabras de Line Marie León-Pernet, consejera de su Embajada, residente en el Perú hace 25 años. El secreto de Suiza para volar alto, “es su fuerza, su trabajo, confianza en sí mismo, calidad de sus productos, y buena dosis de fe en poder alcanzar nuestros objetivos”, agrega.

Coincidiendo con los académicos y gobernantes más prestigiados, refrendados por la realidad cree que “la educación es básica, siempre y cuando sea creativa, de mejor calidad”. Los recursos que el Estado suizo asigna para la investigación y desarrollo, que es una manera de medirlo es del 1% del PBI, “y el aporte para la investigación de la empresa privada, es casi un tercio de sus beneficios”.

Suiza está presente en el Perú hace 50 años y anuncia una renovada cooperación, porque observa un desarrollo local mucho más marcado. En consecuencia, el apoyo será a nivel de los instrumentos económicos, junto con el Banco Mundial y FMI, y con énfasis en gobernabilidad.

El apoyo incidirá a las empresas alimentarias como Nestlé, Estrata minera, Sica construcción, Roche y Química Suiza, y a nivel de gobierno con cooperación para agua, medio ambiente, turismo y otros campos. Para los que vivimos nuestra infancia en el Callejón de Huaylas, escuchábamos de los turistas de aventura comparaciones entre los bellos Alpes suizos y los parecidos con nuestras cordilleras blancas y negras”, pero “muy agrestes y con poblados muy olvidados”.

“PAIS DE COMICS”

Con participación de centros universitarios, la exposición de “País de comics” ha convocado a doce artistas suizos, entre los cuales se encuentran Matthías Gnehm, Mix y Remix, Noyau, Tomas Ott, Wazem y Zep, quienes elaboraron una sola historieta de una página sobre el Tiempo.

En esa viñeta se examina el pasado y el presente de la creación de tebeos, en Suiza, país que no debido a su tamaña reducido posee una escena variada y atractiva”, explica Ana Llosa.

Además la muestra tiene una serie de representaciones estereotipadas sobre Suiza y expone diversas fases de la creación del cómic como el desarrollo del guión, el coloreado sobre el monitor y eldibujo, elementos que permiten denotar la complejidad del proceso de este arte.

De los expositores peruanos, destaca el homenaje a Ricardo Fujita Kokubun (Lima 1932), quien es el nisei que destaca en el periodismo gráfico nacional y por sus historietas publicadas en “Historia Gráfica del Perú”, “Cosas Policiales”, “Festividades Nativas Peruanas”. También la critica le reconoce sus relatos precolombinos.

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Cubanos conservan con cuidado antiguos automóviles

XINHUA

Más de un centenar de viejos automóviles, algunos verdaderas reliquias, conforman en La Habana un club de propietarios que desde hace siete años mantiene rodando esos autos por las calles de la capital cubana.

Fundada el 4 de octubre de 2003, la Escudería de autos clásicos y antiguos "A lo cubano" agrupa ahora a 117 cuidados autos, construidos en fecha tan remota como 1928 o un poco más cercana como 1974. El grupo es un fiel reflejo del ingenio de los cubanos quienes con escasos recursos se empeñan en mantener funcionando esas reliquias automotores cuyas edades sobrepasan en algunos casos los 80 años.

En increíble desafío al paso de los años, esos autos, en su mayoría de fabricación estadounidense, son en muchos casos las joyas más preciadas de sus propietarios, quienes hacen maravillas para mantenerlos en funcionamiento. "Mantenerlo cuesta mucho, pero es una satisfacción ver como la gente lo admira", dice a Xinhua Alberto González, un electricista de 54 años y propietario de un Oldsmobile que parece acabado de salir de la fábrica.

El 85 por ciento de los carros del Club son de fabricación norteamericana y el resto son europeos, pero Chevrolet, con el 45 por ciento, y Ford, con el 20, son las marcas dominantes en el grupo. El 70 por ciento de esos autos son considerados como originales pues tienen en perfecto estado las carrocerías, motores, cajas de velocidad y diferenciales que se les colocaron en las fábricas, mientras que el siete por ciento están modernizados y un 23 tienen adaptaciones.

El auto más antiguo del Club es de un Ford modelo A-150 rural que data de 1928. Muchos de esos autos, aquí llamados "almendrones" por la forma generalmente ovalada de sus carrocerías que recuerdan una almendra, son utilizados por sus dueños como autos de alquiler y recorren a diario largas distancias de una punta a otra de la ciudad. Sin dar muestras de fatiga, esos vetustos taxis alivian la dura situación del transporte y dan un toque pintoresco y abigarrado al panorama vial habanero.

La cuidada presencia y la excelencia mecánica hacen que esos automóviles sean valorados en varios miles de dólares, pero por lo general sus dueños no se deshacen de esos vehículos que constituyen además un motivo de orgullo familiar. Al menos una vez al mes, los miembros de "Añlo cubano" se reúnen en puntos diferentes de la ciudad para exhibir sus autos, hacer alguna carrera, escoger al mejor conservado o simplemente conversar sobre los cuidados necesarios para sus vehículos.

Cada convocatoria pública atrae a cientos de personas, especialmente visitantes extranjeros admirados de la cuidada presencia de los carros, cuya historia también puede apreciarse en el Museo del Automóvil, enclavado en la parte colonial de La Habana. Esa institución, que es muy visitada, cuenta con un patrimonio de más de 30 vehículos fabricados entre 1905 y 1989.

Aunque la mayoría fueron producidos en Estados Unidos, también se exhiben ejemplares argentinos, españoles, ingleses, italianos y franceses como un Citroën de 1977, propiedad de Celia Sánchez, asistente personal del ex presidente Fidel Castro desde la época de la guerrilla en la Sierra Maestra. Entre las reliquias expuestas en la instalación destacan un Cadillac V16 de 1930 que perteneció a Alfredo Zayas, el cuarto presidente cubano; un MG modelo TD de 1953 que conducía Benny Moré, el mayor sonero de la isla; y un Chevrolet modelo Bel Air de 1960 asignado a Ernesto Che Guevara cuando ocupaba el puesto de Ministro de Industrias.

No obstante, el verdadero museo está al alcance de todos en La Habana, esta centenaria ciudad por cuyas calles circuló el primer auto llegado a Cuba en 1898 salido de la planta francesa Le Parisien y convertidas hoy en una exposición, rodante y a cielo abierto, de la industria automovilística mundial.

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Poemas para no olvidar

Francisco Vélez Nieto (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Cuatro variaciones del libro inédito
A la puerta de la casa
Nos han robado tantas anheladas ilusiones,
tantos deseos, riesgos, utopías tronchadas,
aunque la idea no desfallece, si la creencia,
pues ya poco importa esta comedia
si tanto dolor tatuado yace en los costados.
.
Solo palpitamos intimidades selladas
improntas impresas en la memoria.
Permanecemos mudos, como lejanos abuelos
sentados a la puerta de la casa. Espectadores
incrédulos, contemplamos actuar la farsa
gesticulante, pordiosera, cínica y ahíta,
mendigando la caridad de voto sin castidad,
beatífico rezo, vergonzante avaricia
Por fortuna, son sólo unos días cada ciertos
inviernos y primaveras rotas dichas visitas
buscando avales para sus insaciables vientres.
Alivio, tan desabrido jolgorio termina pronto.
La plaza, solitaria y sucia queda en silencio
y las escobas, obedientes, inician su labor.
El color del hombre blanco
A la memoria de Darwin
“Uno es la máxima de Tucídides de que los fuertes hacen lo
Que quieren mientras que los débiles sufren como deben”
Noam Chomsky
El hombre blanco tiene un signo algo oscuro:
su dominio sobre los hombres de otros colores.
Los hombres negros parece que quieren
sacudirse la carga de los hombres blancos.
También los hombres amarillos levantan cabeza
y sudan por descabalgar a los blancos de sus espaldas.
Y todos los hombres de inferiores colores del mundo
sueñan con librarse de tan púdico y superior jinete.
Cuando todos ellos se vean libres y con cabalgaduras propias
en el Arco Iris. Continuarán los hombres devorándose
Mejor dicho: los grandes cabalgaran sobre los pequeños
que pingarán como esos monos de circo que divierten.
Desde mis cenizas en la crátera, serán mirados con pena,
mientras Darwin puede que sonría meciéndose su barba.
Paz en la guerra
Cuando la angustia ahoga en la soledad del alba
Y el mudo campanario contempla al ciprés que se mece
dueño de esa mansedumbre de siglos que lo elevan,
suelo meditar silencioso, mano a mano con mis adentros.
y apoyado en la confianza que nos une le pregunto:
¿Quién talló en rico mármol la palabra Paz?
¿Quién por envidia grabó debajo la de Guerra?
Paz en la Guerra. Guerra en la paz. Epigrafía del dolor
desgarro inmisericorde de todos los pueblos
Meditando por ese laberinto de interiores, sospecho,
que han podido ser idénticas manos, la misma gente,
pues si se observa, unos y otros juegan con dados marcados.
Se visten y desvisten como en cuentos de hadas para sordos
y algo se alarman cuando la sangre derramada al pisar salpica.
Conspiran, calculan, pactan y, sacan de la chistera una paloma.
Luego, hablan de Picasso, como si el luto no existiera
Oteando el foro
La lluvia de mentiras apenas humedece la masa,
rancio pan de cada día antes de entrar en el horno.
Vocifera, el gentío que reboza el foro, se expande;
mas nadie escucha a los prebostes, es jerga que no atrapa;
sea invierno o verano, otoño triste, susurrante primavera:
Todo es puro trajín, fiasco de larga y tortuosa mentira,
sainete vergonzante, cacofónicos sonidos sin pentagrama.
Mas de ese foro de inapariencia, pueden brotar escuadrones
tatuados, temblorosos poetas observando inquietos el bramido
de los bárbaros danzando entre las trepidantes hogueras.
Y los bardos, intentarán salvar algunas obras del Farenheit.
Una vez más todo puede ser un acto de ingenua libertad ficticia.
Me siento temeroso, exiliado sobre húmedos sueños temblorosos
como gotas de rocío en una hoja. Medito, más nada me calma.
Tengan cuidado, todos aquellos que posean saber y corazón.

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El sargento Piguave


Hugo Mas (Desde Quito, Ecuador. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Mi sargento Piguave es una especie de líder de la tropa policial.

Lleva más de 20 años como policía nacional y es hombre que ama su uniforme.

En realidad, el mismo nunca supo ni cómo ni cuándo su destino era el ser policía. Simple y llanamente era un vago que apenas había terminado la escuela y que formaba parte de la jorga del barrio rural donde nació y creció.

Sus padres, que eran muy católicos, no sabían qué hacer con él. En su momento, cuando cumplió los 18 años, quisieron mandarle de conscripto, para ver si se componía; pero el José supo esconderse a tiempo y no fue llevado al cuartel. Pero estuvo a punto.

Un día, que ya no recuerda, su amigo Juan le propuso: ¡Oye José, qué tal si nos vamos y nos alistamos de chapas!

¿Cómo, de chapas? De policías querrás decir.

Bueno, lo que sea. Dicen que es duro, por la disciplina, pero que uno puede hacer “buenos negocios”.

¿Buenos negocios?

¡Qué, eres tarado o qué! Buenos negocios, pues, ya que la paga no es ni buena ni mala. Es así no más.

¿Entonces?

A mi hermano Manuel le aceptaron como policía, sin mucho cuento. En realidad, aquí, en la provincia, el ser chapita de barrio no es gran cosa. Pero si sales a Quito o Guayaquil, o Cuenca, o Manabí, pues en esas plazas si que el ser policía urbano si representa buenas oportunidades.

¿Policía urbano? ¿Buenas oportunidades?

Pero José, si que eres bruto. Policía urbano viene de urbe y quiere decir que eres urbano.

¡Ah! Con esa aclaración si que ya entendí. Pero, ¿eso de hacer buenos negocios?

Pues eso se va dando con el tiempo. Uno aprende. Para no decirte sino algo que he oído al Manuel. Si uno actúa en un caso, por ejemplo, de pelea callejera, en lugar de estar llevando a los pleitistas a los calabozos y redactando el parte, que a lo mejor ni puedes, pues si arreglas entre los bronquistas, es posible que entre todos pongan, que se yo, unos 15, unos 20 dólares, para las colas. Y entonces les dejas ir en paz, no haces el parte y has sacado unos veinte dolaritos para la casa.

¿Para la casa? Si yo no tengo casa propia. Vivo con mis padres que me están diciendo que busque dónde irme si no quiero seguir de vago.

Bueno, así dicen. Y según le he oído al Manuel, el sueldo de policía es de hambre; pero, si uno se las agencia, el sueldo queda para los cigarrillos y el bus. A veces, ni para eso.

¿Y como cuánto ganará un chapita?

Pues, como sueldo, no llega ni a doscientos cincuenta mensuales. Y de ahí te descuentan para el seguro, para el impuesto a la renta, para los uniformes, para el rancho. Antes dizque pagaban para esas cosas; pero desde que llegó el desgraciado del Mahuad, nos quitaron todos esos beneficios.


Y así fue como el José, igual que el Juan, un buen día decidieron irse a Quito, a correr suerte.

Fueron a verle al capitán ya retirado de la Policía, don Aristarco, que era medio primo de su papá y le hablaron:

Oiga don, yo soy hijo de su primo Anselmo, que le manda muchos saludos

¡Ah si! Y cómo está el Anselmo, tiempos que no le veo.

Pues el está así-así no más. Usted sabe, a la vejez –a pesar de que mi papá recién va por los 60- no se puede decir que esté bien.

¿Y en qué les puedo servir, jóvenes?

Pues verá, don Aristarco. Los dos venimos a Quito porque queremos entrar a la policía.

¿A la escuela de policía o a la tropa?

Pues usted dirá.

Bueno, entrar a la escuela de policía, ustedes tienen que tener título de bachiller, dar una prueba, someterse a exámenes y por los menos unos cinco mil, cada uno.

Los dos aspirantes no pueden contener una risa, media sardónica.

Vea, don Aristarco, ni somos bachilleres de nada, ni tenemos ni para el almuerzo. Apenas si podríamos reunir en la familia unos 500 o 600 dólares. Queremos ser policías.

¡Ah, ya! Ustedes quieren entrar como policías rasos, a la tropa.

Si, si usted nos ayuda. Fuimos al Regimiento Quito y ahí nos dijeron que debemos llevar el certificado de nacimiento, el certificado de haber terminado la escuela y esperar a que nos llamen. Por eso hemos venido a hablar con usted, don Anselmo, para que nos ayude.

Encantado, en lo que pueda ayudarles. Pero no olviden que hace años que salí de la policía, que estoy en servicio pasivo, y que me quedan pocos amigos. De todas maneras, algo puedo hacer. Pero, para gastos menores, ustedes ¿me pueden dar unos 300 cada uno?

Tendríamos que regresar al pueblo, a ver si conseguimos.

Cuando tengan esa plata y los certificados que les han pedido, vénganme a verme.

Así fue como se inició el proceso de enrolamiento en la policía.

Ni dos meses después de este encuentro con el primo Aristarco les salió el alta. El Juan fue destinado a un destacamento en el oriente; y el José, que era el más pintón, fue escogido para el escuadrón especial del propio Regimiento Quito.

En este regimiento, el José comenzó a destacarse porque era callado, sumiso con los jefes y cumplidor de sus obligaciones. Siempre era puntual, no bebía como los otros, les compraba regalitos a los jefes, de vez en cuando, y se enamoró de la Rosa; una simpática doméstica de casa grande que le sacaba, a escondidas, unos ricos platos de retazos de pavo o de vaca holstein, que dejaban los señores.

El José y la Rosa terminaron por aparejarse, sin casamiento ni nada. Aunque para ir a visitar a los viejos, cuando ya llegó el primer crío, tuvieron que casarse al apuro en una tenencia política, previo el pago de 100 al secretario; y otros 100 al sacristán de la parroquia donde había nacido. Para el matrimonio eclesiástico, estuvieron los padres, la familia, los conocidos. Fue una fiesta en grande.

Pero el policía Piguave metió la pata. Un día, le mandaron a que actúe en una casa elegante. El desgraciado del marido le estaba pegando a su esposa porque pensaba que se había ido con otro. José salió a favor de la mujer, que ya tenía un moretón en el ojo derecho y cojeaba al tratar de correr de su agresor. Y hasta pretendió apresar al agresor; pero este se resistió y se metió en la casa. El José trató de sacarlo a viva fuerza, apoyado por la mujer y algún vecino: pero el ricachón, le dijo, gritándole:

¡Ve, chapa desgraciado, yo te voy a seguir un juicio por allanamiento. Mejor lárgate!

Pero el José atinó a responderle: Qué allanamiento pues, si usted está golpeando a su mujer en la casa y de aquí llamaron a la policía, para que le auxilien.

El hombre se puso serio, se calmó, y le preguntó:

¿Cómo te llamas?

José Piguave

José Piguave, José Piguave, repitió el ricachón.

¿De qué regimiento eres?

Del Regimiento Quito, señor.

Ah, bien, lárgate este rato a tu cuartel. Ya voy a hablar con el Jefe del Regimiento, el coronel Arcentales, que es mi amigo.

El policía Piguave trató de detener al agresor pero, como este se metió en su cuarto, no le quedó más remedio que volver a su cuartel para hacer el parte. La mujer, sollozaba y amenazaba a su marido, ¡desgraciado, hijo de puta, me has pegado otra vez, yo también voy a hablar con el Faustito para que te den tu merecido!

Y, dirigiéndose al policía, la señora le dijo: ¡Vea señor, váyase. Si después yo debo dar mi declaración, cíteme. Pero váyase, porque este desgraciado, efectivamente, es amigo de los jefes de la policía, y hasta puede hacerle que le den de baja.

Así fue como, a pocos días, sin que nadie le dé una razón, el José Piguave fue a parar en Loja, con el pase al cuartel policial de Loja.

Su experiencia en Loja fue de lo más cursi. En realidad, en Loja no hay mucho qué hacer y las oportunidades son escasas. Y ahí, los ricachones, son todos amigos entre si; y si uno mete la pata, pues los riesgos son mayores.

Así que estuvo feliz cuando le dieron el pase a Nueva Loja, en el oriente, en donde las papas queman.

En Nueva Loja, esos desgraciados de los colombianos si que no se andan con pendejadas. Entre ellos se matan. Todos los días hay que estar levantando cadáveres de quién sabe ni siquiera cómo se llaman. Dicen los más antiguos que son víctimas del narcotráfico. Si quieren darse de vivos, o no pagan lo que venden, o son chivatos de los servicios de inteligencia, lo más común es que amanezcan en cualquier camino, degollados. Y punto. Ahí no hay quién reclame nada. Y uno tampoco puede meterse a redentor o a guardián del orden, como dicen que somos. Además, yo ya me hice en Loja de otro compromiso, con la guapa María, en quien tengo dos hijas: una de siete años y otra de cuatro. Más los tres que tengo donde la Rosa, en total, son cinco. Y como buen padre que soy, a todos debo dar lo que puedo. Además, en Nueva Loja hay que tener plata para las pillas, que son unas colombianas guapísimas pero que cobran caro. Así que me aproveché de mi mayor Jaramillo, que estuvo por Nueva Loja, haciendo unas averiguaciones por un ataque que los colombianos habían hecho a un sitio llamado Angostura, para palanquearme mi regreso a Quito. Mi mayor, que es muy buena persona, me dijo:

Verás Piguave, yo te voy a palanquear tu pase al Regimiento a Quito, pero para el próximo año ya que en este, no hay más pases. Pero me tienes que prometer buena conducta.
Y así fue como el ya entonces cabo Piguave, regresó a su Regimiento Quito, en donde había comenzado su carrera policial.

El policía Piguave, con los años, llegó a ser sargento segundo; y luchaba por llegar a suboficial de la policía. Los suboficiales son mejores que los oficiales y por eso no nos dejan ascender más. Antes si dicen que admitían que un suboficial pase a subteniente y llegue hasta mayor. Pero ahora, nos exigen que vayamos a la escuela de la policía; y ya viejos como estamos, aun cuando yo estoy recién sobre los cuarenta, eso no es posible. Además tendríamos que renunciar a nuestros grados y eso no es posible, cuando ya estamos pensando en el retiro. Pero eso si, los huevones de los oficiales, especialmente los que recién salen del huevo, tienen que valerse de nosotros para muchas cosas. Nosotros somos los que, a la final, somos el alma de la policía.

Ese era el pensamiento del sargento Piguave quien había desarrollado un sexto sentido para sacarle tajada a la profesión; y un odio casi irrefrenable contra las manifestaciones de los vagos a los que la gente les decían chinos, especialmente cuando le insultaban a la madre y decían “Policía/escucha/tu hijo está en la lucha” Y era cierto. El primer hijo de la Rosa ya estaba en los 17 años y conversaba en casa que unos dirigentes de la FESE le estaban conchabando para que se afilie a esa organización que, según decía el coronel Tapia, eran unos comunistas malvados, que le quitaban la casa y los guaguas a los padres y eran enemigos de la democracia. Y el coronel Tapia hizo un curso en Estados Unidos y él sabe de eso.

Para el sargento Piguave, lo que debía hacerse en cada manifestación, era disparar al cuerpo contra estos desgraciados; y se acabó; como habían hecho en Chile.

Por eso, cuando les comunicaron los jefes y unos desconocidos que se hacían pasar por exjefes, que el desgraciado del Correa quería quitarles una parte del sueldo y las condecoraciones, para comprarse un nuevo avión, más grande que el que ahora tiene, para sus viajes y paseos, pues entonces fue de los primeros que se cuadró ante el coronel jefe y le dijo “A sus órdenes mi coronel. Yo y mi unidad, estamos listos para lo que usted mande”.

En realidad, el odio contra el Presidente Correa venía dándose desde hace rato. En el interior de los cuarteles, los coroneles, los tenientes coroneles, los mayores y los retirados, decían que este desgraciado del Correa estaba llevando el país al comunismo, sin que nadie diga nada. Además, a título de no sé qué cosa de los derechos humanos, les obligaba a los policías a ir a las manifestaciones contra los indios y contra los chinos, solo armados de bombas lacrimógenas, sin armas de fuego, lo que era un crimen contra ellos.

El coronel Mesías se quejaba de “hasta cuándo vamos a aguantar a este mono desgraciado” que, si bien es verdad les había les había aumentado los sueldos, dado carros y unas pistolas lindas y otros equipos, no es menos cierto que pretendía ponerles bajo el mando de los militares; y los militares siempre han sido enemigos de los policías. Pero, lo peor, habían cerrado las oficinas de investigación e inteligencia que eran dirigidas y pagadas por los mismísimos agentes del FBI, de la Embajada de los Estados Unidos, que era donde se habían formado la mayor parte de policías de investigación. Y el sargento Piguave pensaba que algún rato a él también debían mandarle a un cursito anti motines, en Estados Unidos. Pensaba inclusive hablar con el contacto que tenía con la embajada. Pero, mientras esté este mamarracho del Correa, esto se ponía más y más difícil. Esto le decían los jefes, en esos ratos de amistad y compañerismo que se daban, de vez en cuando, con la tropa.

Así que para el sargento Piguave, ese miércoles, cuando les llamaron para una reunión de emergencia con el mayor Santos y el teniente coronel Villegas, fue como que le anunciaran que se iba a ganar la lotería. Les dijeron que había que cortar a estos desgraciados de la Asamblea, que pretendían quitarles una serie de beneficios, que habían tenido, por años, y hasta rebajarles el sueldo. Les dijeron que la policía debía, al siguiente día, declararse en huelga en sus cuarteles y que lo mismo iban a hacer los militares. Que ese era el principio de un movimiento que, quién sabe, puede terminar con la salida del Correa del Gobierno y la clausura de la Asamblea, que está peor que el antiguo Congreso.

Para el sargento Piguave fue como anunciarle que le iban a dar terno nuevo. Pensaba y repensaba ¡cómo organizarse y respaldar el movimiento!, al siguiente día.

El siguiente día cayó un jueves. Muy temprano, ese día, ya estaban formados, esperando instrucciones. El teniente Vélez (el Siete Mocos) les dio las últimas instrucciones:

Piguave y tu escuadrón, vigilarán los exteriores del Regimiento y el Hospital. Deben salir armados y equipados. Los fusiles van con cartucheras y tiros de verdad. Lleven sus cascos y sus máscaras antigases, por si acaso haya que utilizar contra manifestantes, ya que este mono de mierda tiene popularidad. Pero, como el movimiento es nacional y ya están avisados y comprometidos, no solo los cuarteles y servicios policiales, sino los militares también, pues esperamos que el paro no dure más de un día. Ya nos han ofrecido su respaldo los políticos, especialmente los del coronel Lucio, que ellos se van a encargar de los canales de televisión y de radios. También nos han dicho que saldrán en camionetas, manifestantes, a respaldar el movimiento. Van a salir los llamados chinos, así que, por esta vez, no hay que dispararles gases sino, más bien, darles cobertura. Lo mismo, si aparecen indios de la CONAIE o de Pachakutik. Según mi coronel, ellos también están comprometidos. Pero no hay que dejar pasar a nadie, sin permiso de mi coronel, remató el capitán: “Lo que si puedo decirles es que queda prohibido el miedo. Mañana, a los tiempos, ustedes están autorizados a dispararles a quién sea, a insultarle a la madre, a quitarle lo que sea. Pero no pueden dejar pasar a nadie sin permiso de mi coronel. Mañana es el gran día de la reivindicación policial. Viva la Policía. Abajo el comunista de Correa”.

El sargento Piguave y los suyos estuvieron formados y equipados, minutos antes de las 6 de la mañana de ese jueves 30, listos para el combate. En realidad, él y sus sargentos amigos, pensaban que no iba a haber combate porque estaban seguros que el Correa, como todo maricón que llega a Presidente, no iba a atreverse a ir al cuartel, a obligarles a que depongan el paro. De todas maneras, con su escuadrón listo, tomó posición por los alrededores del cuartel, para estar atento.

Comenzaban a aburrirse cuando, de pronto, un par de carros de la presidencia aparecieron por la Mariana de Jesús. De no creer, pero era el mismísimo Presidente Correa que llegaba, acompañado de dos o tres guardaespaldas, de algunos amigos y un pelotón del GIR, que era un pelotón de la misma policía. Cuando los amotinados vieron que era el mismísimo Correa que se bajaba del carro, medio cojeando, apoyado en una muleta, le recibieron como se merecía: con bombas lacrimógenas, insultos y gritos. Uno de los policías jóvenes no pudo contenerse y le lanzó una bomba lacrimógena. Otro, trató de patearlo y un tercero pretendió darle un toletazo en la pierna que estaba recién operada. Para sorpresa de todos, el mono Correa no solo que no trató de salir corriendo sino que, medio asfixiándose, pretendió explicarles que no había nada en la nueva ley de los servidores públicos, contra nadie, peor contra la policía.

Como en esas manifestaciones callejeras, cuando intervienen los desgraciados de los chinos y sus garroteros, los policías dieron rienda suelta a su odio al dictador. Le dijeron de todo: desde hijueputa hasta ladrón. Es que para el sargento Piguave y sus muchachos, la cosa era contra este desgraciado y su gobierno de comunistas. Y no había ni que oírle.

Y hete aquí que este mono arrecho, se afloja la corbata y se afloja la camisa, y les dice “Si quieren matar al Presidente, pues mátenme”.

Esta actitud fue total y completamente inesperada. Ni los oficiales comprometidos ni los políticos que merodeaban por ahí ni los propios sublevados, sabían cómo reaccionar. Se escucharon voces:”lárgate mono desgraciado, renuncia, deroga la ley”.

Y por si fuera poco, el Presidente y los pocos que le acompañaban, se subieron al primer piso alto del regimiento; y, desde ahí, volvió a tratar de convencerlos y de desafiarlos.

El sargento Piguave no podía más. Lleno de odio y rencor por ni él mismo sabía por qué, ganas tuvo de utilizar su arma y despacharle al “mono desgraciado” pero algo le dijo que no, que espere un momento.

Y ese momento, el doctor jefe del hospital policial, le auxilió al Correa y le llevó hospital adentro, para atenderlo, ya que casi no podía tenerse en pie, tanto por la acción de los gases como porque no podía más con su pierna operada.

Así que el sargento Piguave y los suyos, salieron con más rabia a dispersar a unos cuantos curiosos que habían comenzado a llegar por la Mariana de Jesús. Ordenó, sin titubear: “dispersen a esos desgraciados y no duden en utilizar sus armas, si se resisten”.

El ambiente comenzó a saturarse. Las radios y los canales de televisión hablaban y hablaban: unos pocos a favor del Correa y los más en contra.

Lo más importante, los insubordinados comenzaron a sentir que los militares, una vez más, estaban reculando. Al principio, los de la FAE se habían tomado el aeropuerto y los marinos habían salido a las calles, en Guayaquil, y se había producido un remolino de gente en la Recoleta, en donde está el Ministerio de Defensa. Y hasta los ladrones habían comenzado a asaltar almacenes y bancos en Manabí y Guayaquil. Pero, poco a poco, como que el movimiento iba diluyéndose. Y la policía se quedaba sola.

Pero el glorioso Regimiento Quito ya estaba lanzado y no podía dar marcha atrás. Peor si, como decían, el mono Correa estaba secuestrado en el hospital policial. En realidad, a partir de las diez de la mañana, había mucha confusión y muy poco mando. Nadie sabía qué hacer; y si ya estaban sublevados, no les quedaba más remedio que resistir, como machos. Iban a demostrar que, con la policía no se juega.

En verdad, para el sargento Piguave y sus hombres, la tarde fue un poco movida pero nada más. Había mucha gente que subía a ver qué es lo que estaba pasando; otros, que querían rescatar al mono Correa, a lo que contestaban los uniformados, pero si nadie le está atajando. Vayan no más al hospital que el señor puede salir cuando le dé la gana. Pero nosotros estamos aquí para defender nuestro cuartel, ya que nos han dicho que los militares quieren tomarse el regimiento para desalojarnos, para matarnos. Y eso no lo vamos a permitir, nos cueste lo que nos cueste.

En realidad, el sargento Piguave y su escuadrón, lo que tenían era hambre y unas ganas locas de que esto termine. Para el hambre, como a las dos de la tarde, les dieron un sánduche frío, con más hierbas que queso o jamón y una cola. Pero el quería estar con su María y las guaguas, bien mimado, como de vez en cuando –cuando llegaba temprano- le mimaban, aunque siempre querían plata y más plata.

Inesperadamente, como a las 7 de la noche, corrió la voz entre los uniformados que defendían el sector. ¡Vienen los militares a sacarle al Correa por la fuerza!. Para eso tienen que matarnos primero, carajo. El Correa no sale de aquí sin firmar los papeles: la derogatoria de la ley que nos perjudicaba; y el decreto anunciando amnistía para todos nosotros. El coronel Zapata había dicho que si el Correa pidió de amnistía para el ladrón del Dahik, por qué no nos va a dar a nosotros, si solo hemos protestado con bombitas lacrimógenas, por lo de las condecoraciones y los bonos que nos quitaban.

El sargento Piguave, armado y equipado, recibió la consigna de vigilar la Mariana de Jesús, por el lado del hospital; por el Metropolitano y el consultorio de los médicos, y el puente peatonal cubierto ese, para los peatones.

El rato menos pensado comenzó una balacera de película. Se escuchaban disparos de arma ligera por todos lados, especialmente desde la azotea del Regimiento Quito y el Hospital. Lo mismo desde la morgue que está al frente. En la penumbra de la noche se veía gente armada, correr, de un lado a otro. Mientras, la televisión enfocaba a un lado y a otro y el locutor decía que estaba tendido en un pasillo del hospital policial, muy cerca de donde estaba el propio Correa.

La versión era que el paro policial solo se mantenía en Quito. Que una muchedumbre marchaba desde el Palacio de Gobierno hacia el hospital policial a rescatar al Correa y este daba hasta entrevistas a radios y decía que estaba secuestrado por los policías amotinados. Por la red de la radio de la policía, se escuchaban en cambio desde arengas y consignas: ¡Maten a ese hijueputa del Correa, maten al que se resista! No le dejen salir si no firma nuestra amnistía.

¿Por dónde se metieron estos desgraciados de los militares si todo estaba cubierto? Esta era una de las preguntas del sargento Piguave y su gente, si ellos cubrían la Mariana de Jesús y no dejaban pasar a nadie. Pero, como no son expertos en estas materias de estrategias y tácticas, ocurrió que un comando del GIR, que ocupa un local, en lo alto del Regimiento Quito, más algunos del GOE, se habían metido al hospital y habían empezado a dar protección al Correa. En un momento, un escuadrón de élite del ejército, apareció muy cerca del hospital y se proponía tomarlo.

Fueron minutos de alta tensión, hasta que aparecieron dos carros protegidos por uniformados a pie que blandían unas corazas plásticas. La gente decía que en uno de esos carros le sacaban al Correa pero una lluvia de balas de grueso calibre trataba de detenerlos. Nunca el sargento Piguave había estado en una balacera como esa. Y él también, que se había retirado hacia el frente del cuartel, en un descampado que hay ahí, disparaba sin cesar al frente. En realidad no sabía si había matado a alguien o si él se había librado de un tiro.

Como a las diez de la noche, todo se tranquilizó por el sector mientras la televisión transmitía que al desgraciado de Correa le recibían como héroe en Carondelet. El sargento Piguave pudo, al fin, volver al cuartel, medio agobiado, muy preocupado: ¿Y ahora qué pasará? ¿Qué les sucederá? Vio que oficiales y tropa estaban como perdidos; que nadie sabía a ciencia cierta cuál era la situación y qué debían hacer.

Hasta que llegó el capitán Morales (el Flaco) y, sin la pose de órdenes, les dijo al Piguave y su tropa: Por hoy, váyanse tranquilos a casa. Dejen sus armas y uniformes en el rastrillo del cuartel y váyanse. Mañana les indicaremos por teléfono lo que se ha decidido.

El sargento Piguave tenía la sensación de que volvía a casa con el rabo entre las piernas, derrotado. Le llevaron en un carro policial hasta las cercanías del barrio, donde tiene su pequeño departamento, porque el todavía no tiene casa propia, aunque el Correa les había prometido que les daría una. Pero –pensaba- con esto lo que nos van a dar es yuca. Qué brutos, habernos confiado de estos militares y de estos pelucones. Pero el sargento Piguave no pensaba en correr. Esperaba que sus hombres no le denuncien como uno de los que estaba disparando a los civiles. Pensaba que si no aparece entre los más belicosos, no habría problema. Que esto pasará, que volverán al servicio de todos los días, y que más pronto que tarde, habrá cómo cobrarle al Correa y a los traidores del GOE y del Gir, por haberlos traicionado.

No durmió bien. Tenía unas pesadillas feas, como nunca había tenido. Repetidas veces se despertó gritando porque soñaba que un militar, bayoneta en mano, quería matarlo. Y tampoco se le iba esa escena que transmitió la televisión, cuando uno de los que corría junto a los carros se desplomó en el parterre de la Mariana de Jesús. Y se murió.

En realidad, a pesar del cansancio y las emociones, José Piguave no durmió bien. Y se despertó del todo como a las 5:30 de la mañana, pero del viernes, cuando el sargento primero Pillahuasi le despertó de un telefonazo:

¿José Piguave? Si, ¿con quién hablo? Con Manuel Pillahuasi, cojudo, ¿no me reconoces? Ah, sí, ¿qué sabes? Bueno te estoy llamando por eso mismo. No dejes de presentarte a la hora de costumbre, en el cuartel. Dales la misma consigna a tus hombres, a los que puedas. ¿En el cuartel? Pero, ¿si nos cogen presos? No seas pendejo. Hazte como que no has hecho nada, como que no sabes nada. ¿Y si me preguntan? Diles que tu solo recibiste órdenes del mayor, que hablen con él, que vos no puedes decir nada más. ¿Y si alguien me ha denunciado? Vos sabes que en la Policía también hay soplones. Diles que vos cumpliste con tu deber, tú saliste al servicio para cuidar el sector del Regimiento. Que luego se dio lo que se dio y que todo el mundo lo sabe porque eso transmitieron los periodistas como si fuera un partido de fútbol. Pero que vos, de acuerdo a las órdenes recibidas, solo lanzaste bombas lacrimógenas a unos manifestantes que trataban de tomarse el cuartel. Y nada más.

Dicho y hecho. El sargento José Piguave se vistió con el uniforme del diario, se puso su gorra y se fue al cuartel. Llegó cuando todo el mundo preguntaba a todo el mundo ¿y ahora, qué hacemos? Por ahí alguien dijo que el mismo desgraciado del Correa había dicho que no habrá perdón ni olvido; y todos comenzaron a decir, ¡pero yo no he hecho nada!, yo solo he actuado de acuerdo con las órdenes que nos dieron los jefes.

Y todos caminaban por los patios del cuartel, leían periódicos, comentaban. Algunos se dedicaron al voley o a jugar naipes. A la espera de lo que los jefes decidan. A los que hicieron de francotiradores y se opusieron a los militares, comenzaron a llamarles por lo nombres y les llevaron a la escuela de perros, como detenidos, para investigaciones.

Pero el sargento Piguave y sus hombres salieron de servicio, a patrullar la ciudad y a esperar. Advirtieron que la ciudadanía ya no les tenía respeto, y les miraban con desprecio.

Al siguiente día del siguiente día, José Piguave fue notificado de que le habían dado el pase, pero a Zamora, por allá, por el sur oriente. Y qué más podía hacer, sino irse. Se despidió de todos, cogió una vieja maleta, puso unas camisas, un par de pantalones, unas medias viejas ya surcidas y unos pañuelos. Y se fue a su nuevo destino, sin chistar.

Hasta que logre, nuevamente, volver a Quito y palanquearse que le asciendan a suboficial segundo. Que entonces ya podrá retirarse de la policía para ser taxista ya que con lo que le paguen podrá salir a la plaza de Quito o de Cuenca. Veremos.

Hugo Mas (es un viejo seudónimo del periodista Alberto Maldonado).
(Nota del autor del ensayo: los nombres, las fechas, los lugares de este ensayo, son todos inventados, aunque puede ser que en este relato haya alguna similitud con lo ocurrido)

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