jueves, 4 de noviembre de 2010

Un obrero ha caído

Ricardo Luis Plaul (Desde buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Una gota de sangre cayó en la tierra del trabajo,
Mariano Ferreyra era su nombre
y militaba en la fe de la Revolución.
Temprano tocaron la campana
Y partió en el tren de sus sueños libertarios,
Un abrazo de hermanos lo acompaña
en la morada de la lucha, en el vagón
de la utopía inconclusa.
Su camino se ensancha ya en las calles,
mil voces corean sus consignas,
hay un sudor de libertad en sus rostros,
un pliegue de justicia en sus puños.
Un obrero ha caído y un solo grito
lo recuerda , lo levanta, lo fragua
en el bronce fraterno de la lucha
que embellece la vida, que dignifica al Hombre,
que arrebata palabras y las lanza
a los vientos y llanuras de la América toda.
Acompaña mi verso Compañero:
Hoy, ha caído un obrero.


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Miguel Hernández: Poesía que no cesa

Alfredo Herrera Flores (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Es innegable la influencia que ha ejercido la poesía española en la literatura latinoamericana, especialmente en los primeros años del siglo veinte, cuando el modernismo impulsado por Rubén Darío renovaba el lenguaje poético en castellano, se despercudía del simbolismo francés, alcanzaba expresiones superlativas como la poesía de César Vallejo, Jorge Luis Borges o el joven Pablo Neruda y se extendía y abría paso entre las letras universales, en medio, todavía, del vanguardismo, el surrealismo y de otras formas menores de expresión y estilos.

Esa influencia innegable y fortalecedora en un continente lingüístico, que se debatía entre los azares del indigenismo y revaloraciones de una identidad más viva de lo que se pensaba, y por ende más influyente en la concepción de la cultura, la política, la filosofía y las ciencias sociales, se hizo, sin embargo, débil frente al torrente avasallador de nuevas concepciones poéticas, nacidas ya en territorio latinoamericano.

Pero en la década de los años treinta, cuando ya Vallejo había publicado Trilce, Neruda sus veinte poemas de amor, por ejemplo, el indigenismo recorría América desde Puno y Cusco, y Octavio Paz se incorporaba al complejo esquema poético latinoamericano, en España aparece, fulgurante, como el título de uno de sus libros (El rayo que no cesa) un poeta que habría de vivir lo suficiente como para iluminar la poesía en castellano, Miguel Hernández.

Como la de muchos poetas iluminados, la vida de Hernández fue un tormento. Nacido un 30 de octubre de hace cien años en un pueblito llamado Orihuela, murió 31 años después en un sanatorio de Alicante, mientras sufría prisión por defender la República. A esta breve biografía deberíamos añadir que en solo diez años publicó cuatro libros de poesía y teatro, se casó y tuvo dos hijos, uno de ellos murió aún siendo bebe; se alistó en las milicias que el dictador Franco venció y después de apresarlo lo condenó a muerte. Al conmutársele la pena fue la tuberculosis la que no entendió razones.

La poesía de Miguel Hernández no solo renovó el lenguaje y la estética que los españoles de la denominada Generación del 27 acababan de fundar, sino que resultó ser la más influyente en las nuevas miradas poéticas que se forjaban al rayarla primera mitad del siglo. Poetas como Ernesto Cardenal o Mario Benedetti habrían de reconocer luego la enorme deuda que contrajeron con la poesía de Hernández. Incluso, pasando el tiempo, trovadores y poetas ya de las décadas del sesenta y setenta, reflejarían en sus cantos y poemas ese espíritu juvenil, revolucionario y lírico que transmite la obra del miliciano.

Hijo de una familia humilde dedicada al pastoreo y crianza de animales, tuvo la suerte de acceder a una educación básica donde descubrió, desde muy temprano, la lectura de los clásicos. Intenta en un primer viaje a Madrid conseguir trabajo y trabar amistades, no lo logra, sino en su segunda visita, cuando conoce a Vicente Aleixandre y Pablo Neruda, se reúne con los miembros de la Generación del 27, pero tiene que volver a su ciudad natal, donde conserva un amor de juventud. Publica en 1933 “Perito en lunas” con prólogo de su entrañable amigo de infancia Ramón Sijé, quien sería protagonista de otro momento doloroso del poeta, ya que muere en 1935.

Sin embargo esta muerte le inspiraría el poema “Elegía” e inmediatamente después despertaría elogios de Juan Ramón Jiménez. Publica en 1936 “El rayo que no cesa”, obra que debido a la corta vida del autor se convertiría en la mayor expresión de su poesía. Demuestra su dominio del soneto, la sutiliza del tema amoroso, expresa su compromiso político y ensaya un lenguaje con el que dejaba atrás las características de la famosa generación española para dar el paso a la nueva poesía de la media centuria, que se funda precisamente con la Generación del 36.

Estalla la Guerra Civil Española y sin pensarlo mucho Hernández se alista en las filas de los defensores de la República, ocupa varios cargos y se desplaza por varios frentes. Aprovecha para volver a Orihuela y casarse con Josefina Manresa, vuelve a los campos de batalla. Al terminar el conflicto es apresado y gracias a la intervención de amigos es liberado, tiene dos hijos, publica “Viento del pueblo, poesía en la guerra”, pero vuelve a ser detenido y condenado a muerte.

El resto es historia conocida. Pero lo importante de esta historia es la poesía de Hernández. Su aparición y súbita muerte parecen ser solo una justificación. Miguel Hernández ha prestado sus palabras para causas infinitas. No cabe confundir sus poemas revolucionarios con panfletarios; aquellos son expresión viva de su emoción, esperanza y experiencia y éstos suelen ser solo palabras subidas de tono: “Llegaron a las trincheras/ y dijeron firmemente:/ ¡Aquí echaremos raíces/ antes que nadie nos eche!/ Y la muerte se sintió/ orgullosa de tenerles”.

Pero también dijo: “¡Lunas! Como gobiernas, como bronces,/ siempre en mudanza, siempre dando vueltas./ Cuando me voy a la vereda, entonces/ las veo desfilar, libres, esbeltas./ Domesticando van mimbres, con ronces,/ mas con las bridas de los ojos sueltas,/ estas lunas que esgrimen, siempre a oscuras,/ las armas blancas de las dentaduras”.

Así, la poesía de Miguel Hernández cubre un universo personal y al mismo tiempo comunitario, abarca espacios y tiempos que no se limitan al que él experimenta, aunque de su vivencia del amor, la muerte, la soledad, la injusticia y la amistad se nutre cada palabra que instala en sus poemas. Su palabra es como su existencia, un rayo, una luz efímera que no deja de alumbrar.

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Vuelo

Miguel Hernández

Sólo quien ama vuela. Pero, ¿quién ama tanto
que sea como el pájaro más leve y fugitivo?
Hundiendo va este odio reinante todo cuanto
quisiera remontarse directamente vivo.

Amar... Pero, ¿quién ama? Volar... Pero, ¿quién vuela?
Conquistaré el azul ávido de plumaje,
pero el amor, abajo siempre, se desconsuela
de no encontrar las alas que da cierto coraje.

Un ser ardiente, claro de deseos, alado,
quiso ascender, tener la libertad por nido.
Quiso olvidar que el hombre se aleja encadenado.
Donde faltaban plumas puso valor y olvido.

Iba tan alto a veces, que le resplandecía
sobre la piel el cielo, bajo la piel el ave.
Ser que te confundiste con una alondra un día,
te desplomaste otro como el granizo grave.

Ya sabes que las vidas de los demás son losas
con que tapiarte: cárceles con que tragar la tuya.
Pasa, vida, entre cuerpos, entre rejas hermosas.
A través de las rejas, libre la sangre afluya.

Triste instrumento alegre de vestir; apremiante
tubo de apetecer y respirar el fuego.
Espada devorada por el uso constante.
Cuerpo en cuyo horizonte cerrado me despliego.

No volarás. No puedes volar, cuerpo que vagas
por estas galerías donde el aire es mi nudo.
Por más que te debatas en ascender, naufragas.
No clamarás. El campo sigue desierto y mudo.

Los brazos no aletean. Son acaso una cola
que el corazón quisiera lanzar al firmamento.
La sangre se entristece de debatirse sola.
Los ojos vuelven tristes de mal conocimiento.

Cada ciudad, dormida, despierta loca, exhala
un silencio de cárcel, de sueño que arde y llueve
como un élitro ronco de no poder ser ala.
El hombre yace. EL cielo se eleva. El aire mueve.

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Atrae a miles la “Marcha para restablecer la cordura” en Estados Unidos

Beatriz Andino (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Decenas de miles de estadunidenses, en su mayoría jóvenes y anglosajones, acudieron en esta capital a la “Marcha para restablecer la cordura” que organizaron Jon Stewart y Stephen Colbert, conductores del programa satírico Daily Show. El mitin ocurre dos meses después de la concentración religiosa “Restaurando el honor”, organizada por el conductor conservador Glen Beck, que reunió también a una gran cantidad de personas.

A tres días de los comicios intermedios, la marcha busca “corregir” lo que los organizadores ven como el extremismo y deshonestidad que ha infectado el sistema político estadunidense, en especial entre los conservadores, a quienes acusan de inyectar miedo en el público. Aunque la cita fue al mediodía, desde temprana hora, numerosas personas avanzaban por las calles aledañas al Mall de Washington, para acudir a la cita.

En el escenario, instalado desde hace días, Colbert hizo su aparición enfundado en un traje de superhéroe y emergiendo de una cápsula con la leyenda El Fénix, similar a la usada para rescatar a los mineros chilenos. El conductor salió coreando la porra “Chi, Chi, Chi, le, le, le”, que se hiciera conocida en todo el mundo a raíz del rescate de los mineros. “Este es un muestreo demográfico perfecto de Estados Unidos, porque si hay demasiados blancos, entonces su causa es racista, pero si hay muchas personas de color entonces están exigiendo algo: derechos especiales (...) cosa que como sociedad no estamos preparados a otorgar”, sostuvo por su parte Stewart. El conductor destacó que entre los asistentes había “72 por ciento de blancos, 14 por ciento de gente de color y el resto de los otros”. “De esto se trata Estados Unidos, jóvenes, gente mayor, gente de color, todos juntos”, señaló Kevin Curtis, con un traje de los patriotas estadunidenses del siglo XVIII con una bolsa de té cruzada en el pecho, indumentaria adoptada por seguidores del Partido del Té. Stewart aclaró que la concentración no tenía como objetivo ridiculizar la religión de ningún estadunidense, la “sanidad está y estará siempre en el ojo de quien mira”, subrayó. Una de las consignas del evento era: “No tengo miedo de musulmanes y cristianos; inmigrantes y gays o socialistas y gente del Partido de Té”. Los asistentes presenciaron un espectáculo que durante tres horas satirizó la división de creencias y posturas políticas entre los estadunidenses.

Un gran número de jóvenes acudieron vestidos con disfraces típicos de la fiesta de Halloween, que se celebra el 31 de octubre en Estados Unidos. Uno de los disfraces más populares entre los asistentes fue el de bruja, con el que jóvenes parodiaron a la candidata republicana al Senado, Christine O’Donnell, quien causara controversia al reconocer que habría asistido a ritos de brujería cuando era adolescente. Otros que llevaban trajes de personajes de la Guerra de las Galaxias sostenían pancartas con la leyenda: “el miedo lleva al lado oscuro”. Asimismo, había numerosos mensajes contra los conservadores, como: “Por favor, no bebas el té” haciendo referencia al movimiento del Partido del Té, “Glen Beck enséñanos tu diploma de preparatoria” y “Los poderes mágicos no son una opción”, en alusión a O’Donnell.

En la marcha, que Stewart y Colbert insistieron en calificar como un evento no político, participó un gran número de organizaciones progresistas. Según reportes de prensa, organizaciones demócratas pagaron el trasporte y alojamiento de algunos participantes a cambio de que hagan trabajo voluntario a favor de sus candidatos en los días que restan antes de la elección. Al cierre de la concentración, el cantante Tony Benett interpretó “América la hermosa”, conocida como el segundo himno nacional estadunidense.

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El nacimiento del humanismo moderno

Jorge Majfud (Desde Jacksonville University, Estados Unidos. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Resulta extraño que en los estudios sobre el origen del humanismo moderno habitualmente no se considere la cultura del sur de España que, mucho antes que los humanistas italianos, en un ambiente de remarcable diversidad practicaron el mismo hábito de la erudición sobre textos antiguos -griegos, hebreos, árabes y latinos- además del cultivo de las ciencias exactas y de facto. Charles Lohr observa que la especulación filosófica del medioevo estuvo dominada por el neoplatonismo islámico, especialmente por Averroes. Siglos más tarde, tanto Copérnico como Galileo reconocieron de forma explícita la influencia de los griegos en sus visiones geométricas del Universo que los llevó a aceptar modelos más simples como el heliocéntrico y las fórmulas matemáticas que estaban detrás de sus movimientos. Gran parte de los textos griegos eran consultados por los mismos científicos y humanistas italianos en sus traducciones al árabe, disponibles en España.

En el siglo que sigue a la caída de Constantinopla en 1453, momento de inicio de una importante emigración de los eruditos griegos a Italia, casi todo el corpus de comentarios griegos a Aristóteles estaba disponible ya en ediciones griegas y en traducciones al latín.

En el siglo XV, más del treinta por ciento de los humanistas italianos habían sido profesores en algún momento de sus carreras. Es probable que Vergerio haya sido uno de los primeros modernos en considerar la historia como fuente de conocimiento -además de la lógica- y a la filosofía moral como guía de conducta. Según Vergerio, la historia provee de la luz de la experiencia, un conocimiento acumulativo que nos sirve para complementar la fuerza de la razón y la retórica. Benjamín Kohl entiende que fue Vergerio quien separó, por primera vez, el estudio de los clásicos de la tradicional visión cristiana del Medioevo.

Más tarde, la dicotomía humanismo-religión se convirtió en una de las formas más comunes para definir cada uno de los pares que se oponen. Luego de recordar la diferencia entre el pecado original de los semitas y el robo del fuego a los dioses por parte de Prometeo en beneficio de la humanidad, Nietzsche concluye: “Y de ese modo el primer problema filosófico establece inmediatamente una contradicción penosa e insoluble entre hombre y dios, y coloca esa contradicción como un peñasco a la puerta de toda cultura”. Sin embargo, en muchos momentos de su evolución o transformación, el humanismo estuvo asociado y sostenido por religiosos desde las mismas iglesias tradicionales de Europa. Por otra parte, al mismo tiempo que los humanistas entraban en el terreno teológico, tuvieron que compatibilizar la literatura y la filosofía con la teología en curso. Ese “puente” fue la filosofía moral. Más aún: los padres de la iglesia, griegos y latinos, recurrieron a los humanistas porque ellos encarnaban aquellos valores que los escolásticos habían rechazado. Los padres eran parte de la literatura antigua y los humanistas estaban en el proceso reescribirlo.

Sin embargo el redescubrimiento de la literatura clásica en Italia se remonta aún antes. La enseñanza de gramática y literatura griega es introducida a la península por el diplomático Manuel Chrysoloras, quien enseñó en Florencia desde 1397 hasta 1400. Tanto el conocimiento como la fuerza de expresión se constituyeron en las dos aristas principales de la educación. La nueva educación en universidades como Padua, continuó siendo un reducto predominantemente masculino y restringido a la aristocracia.

A diferencia de la filosofía griega de la antigüedad, de otras disciplinas medievales como la escolástica, o de los primeros filósofos modernos, los humanistas comienzan a pensar en términos individuales y según la experiencia; no sobre mentes incorpóreas ni sobre la razón pura. Montaigne es un ejemplo de esta reflexión individual por la cual podríamos entender la existencia de una conexión entre el humanismo renacentista y el existencialismo moderno. Podemos agregar a su antecesor, Antonio de Guevara, quizás menos conocido por los lectores contemporáneos pero leído por el mismo ensayista francés. Les epistres -Epístolas familiares (1539-43)- había sido lectura predilecta del padre de Montaigne, aunque éste no las apreció de la misma forma. En España, aparte de Antonio de Guevara, muchos humanistas como Alfonso de Valdés y su hermano Juan participaron de esta corriente de pensamiento que, además, se expresó como una corriente estética. El estilo del diálogo y la epístola eran propios de un género literario fronterizo entre la narrativa y el ensayo. Dice Luca Bianchini que la preferencia de los humanistas por el género del diálogo reflejaba sus propias ideas acerca de la conquista compartida de la verdad, su confianza en el poder de la palabra, la relación necesaria entre dialéctica y retórica (¿entre socratismo y sofismo?), la confianza del aprendizaje como un intercambio de ideas entre hombres libres y, finalmente, el deseo de imitar a los antiguos. En los hechos, como en Diálogo de las cosas ocurridas en Roma (1527) de Alfonso de Valdés, el diálogo es una suerte de monólogo a dos voces donde uno de los personajes, el alter ego del autor, lleva siempre la razón, mientras que el otro sirve de motivador y es, generalmente, un débil contendiente dialéctico.

No debemos olvidar otro rasgo de los humanistas: su interés por la cultura popular. De ahí el estudio de los refranes o de la lengua vulgar. En Diálogo de la lengua (1535), de Juan Valdés, se aprecia la exposición de temas gramaticales sobre castellano oral y escrito, en forma de diálogo. Esta mirada hacia lo popular como fuente de conocimiento permanecerá en la cultura posterior, pero progresivamente el pueblo pasará de ser considerado objeto de estudio a convertirse en sujeto. Al menos en la teoría revolucionaria de los dos últimos siglos.

Es probable que este rasgo, que también distinguió el idealismo del arte heleno del realismo del arte romano, proceda de la antigua Roma. Donald Kelley recuerda una frase de Cicerón: “sin la historia uno permanecería siempre como un niño”. Un poco antes, el mismo Kelley, citando la reconocida retórica de Petrarca -“¿Qué otra cosa es la historia sino una alabanza de Roma?”- había referido la herencia intelectual del poeta italiano.
Kelley observa que Petrarca no solo creó una tradición académica sino además una leyenda sobre cómo interpretar la historia. De forma más explícita, el petrarquista Coluccio Salutati continuó el énfasis sobre el rol central que jugaba la historia tanto en la política como en la ética.

Esta nueva dimensión de lo particular y transitorio, de lo individual y lo colectivo, del cuestionamiento a la inmutabilidad y universalidad de la experiencia particular, tiene una relación cercana con la conciencia de la política en la escritura de la historia. Lo cual no niega una condición humana que trasciende las edades. La confirma.

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La gran rebelión de Tupac Amaru

Marta Denis (Desde La Habana, Cuba. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

La voz profunda del inca Tupac Amaru II estremeció a Suramérica, 30 años antes de sus luchas independentistas, al decir basta a la explotación colonial y levantar en armas a miles de pobladores originarios.

La gran rebelión estalló en noviembre de 1780, en Tinta, Virreinato del Perú, y tuvo repercusión largo tiempo al extenderse a otras regiones andinas aunque el líder rebelde resultó capturado y ejecutado salvajemente, junto a sus familiares y colaboradores más cercanos, en mayo de 1781.

Se afirma que le siguieron de 20 mil a 60 mil hombres, mujeres y niños, hartos de los abusos de las autoridades, molestos debido a los tributos impuestos por el sistema colonial.

La rebelión llegó, además, al Alto Perú (hoy Bolivia) y el norte argentino; influyó también en el Virreinato de Nueva Granada, donde ocurrió en 1781 la Insurrección de los Comuneros.

Eran los tiempos del reinado en Madrid de Carlos III, rodeado de sus ministros llamados ilustrados y envuelto en una nueva guerra con Inglaterra que demandaba más fondos para recuperar las dos Floridas (occidental y oriental) y apoderarse de Menorca.

Respecto a las colonias, el llamado Despotismo Ilustrado concibió asegurar un mejor y más directo control, así como el mejoramiento de la recaudación tributaria mediante las recomendaciones de visitadores extraordinarios.

En el caso del Perú, el visitador general José Antonio de Areche logró elevar los ingresos de la Real Hacienda, en 1779, pero su actuación tuvo una reprobación general.

Carlos III había designado a Areche, en 1776, intendente militar, miembro del Consejo de Indias y visitador del Virreinato del Perú, encargado de organizar, en primer término, la creación de intendencias de hacienda.

Por el alegado derecho de conquista, santificado por el Papa Alejandro VI de la Iglesia Católica, España se convirtió desde el siglo XVI en una de las principales potencias coloniales del mundo.

Así se apoderó de la tierra y las riquezas de la mayor parte del llamado Nuevo Mundo (América).

Fueron aniquilados los pobladores de las Antillas y destruidas las formas anteriores de organización en los otrora florecientes imperios existentes en los pueblos continentales originarios, a los que se impuso pesadas cargas tributarias, prácticamente de vasallaje.

Nacido en una localidad de la provincia de Tinta, el 19 de marzo de 1738, el Cacique de Surimana, Tungasuca y Pampamarca, José Gabriel Condorcanqui Noguera, descendía de la nobleza incaica.

Era bisnieto de Juana Pilco-Huaco, hija del último monarca inca Tupac Amaru -ejecutado por los españoles en 1572-, de quien tomó el nombre.

Huérfano en la niñez y educado en El Cuzco (1753-1759) en el colegio jesuita de San Francisco de Borja para hijos de caciques principales, se le inculcó la fe cristiana y la obediencia al orden colonial.

En 1760 contrajo matrimonio con Micaela Bastidas (1744-1780), su fiel compañera y lugarteniente hasta la muerte.

Además de instruido -conocedor del latín, el español y el quechua-, disponía de buena situación económica en negocios comerciales.

Antes de alzarse en armas, probó su legitimidad y defendió por vías legales a su pueblo.

Hacia 1770 comenzó sus gestiones para el reconocimiento por la Audiencia de Lima de su descendencia legítima del último Inca.

Tupac Amaruc asumió, en representación de los caciques de su provincia, la demanda contra la prestación de la Mita de Potosí, servicio obligatorio de trabajo, a la que eran sometidos los pobladores naturales.

El 4 de octubre de 1776 presentó un poder al respecto ante el escribano de El Cuzco José Palacios, y un extenso y documentado escrito al virrey Manuel de Guirior, el 18 de diciembre de 1777.

A sus gestiones, primero en El Cuzco y después en Lima, Areche dispuso se le respondiera por escrito que no trae la instrucción necesaria para hacer tal recurso y que se retire a sus Pueblos, en espera de la providencia del Superintendente de la Mita.

Aunque abolidas las encomiendas de indios, muchos años antes, en Perú prevalecieron formas que distorsionaron la Mita, la autoridad y el derecho que tenía el Inca de pedir mano de obra y disponer de ella, a cambio de bienes y fiestas repartidas en las comunidades participantes.

A finales de 1778 regresó a su provincia para preparar la sublevación, que estalló el 4 de noviembre de 1780 y el día 18 tuvo su primera victoria en Sangarará; de inmediato ordenó suprimir mitas y otras prestaciones.

En un bando del 16 de noviembre, denominado antiesclavista por sus biógrafos, llamó a los pobladores a que le prestaran su apoyo aunque fueran esclavos, con la promesa de quedar libres de la servidumbre y esclavitud.

Marta Denis es historiadora, periodista y colaboradora de Prensa Latina.

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Del último maldito al primer estúpido

Edgar Borges (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

En estos días la curiosidad me hizo ver un programa de televisión titulado “Roberto Bolaño, el último maldito”. En todo el documental, como en el título, había un aire de epílogo que me provocó cierta incomodidad. ¿Qué significa el último maldito? ¿Qué representa el malditismo según la lógica televisiva? ¿Será la forma de vida del autor o la complejidad de su obra?

El programa (por ingenuidad o repetición) se suma a la idea de defunción que la industria mercantilista le quiere atribuir a la literatura compleja. Mucho se festeja la libertad de expresión, pero lo que no se admite es la libertad de contenidos (“La política en una obra literaria es un pistoletazo en medio de un concierto, una cosa grosera y a la que, sin embargo, no se puede negar atención…nos vemos obligados a abordar acontecimientos que entran en nuestros terreno, puesto que tienen por terreno el corazón de los personajes”. Stendhal). Para nadie es un secreto que en el entramado comunicacional el pensamiento crítico está prohibido (aunque de vez en cuando se cuele alguna idea); pero muy poco se menciona la creciente imposición de los gustos literarios. La literatura seria (no porque no ría) está viviendo un momento difícil. A mí, por ejemplo, no me gusta la escritura del señor Ken Follett; sus libros y su retórica me saben a nada. Desconfío de la realidad que el sistema capitalista nos impone en clave de sonrisa forzada. Opto por las realidades abismales, las que van al centro del fuego. Y a cada paso que doy el señor mercado me vende al señor Follett (“Odio los héroes vulgares y los sentimientos moderados”. Gustave Flaubert). Esto no fuera problema (y quedaría a criterio de cada quien) si también me permitieran encontrar con la misma facilidad los libros de literatura compleja (la que encierra juego, inventiva; la que dibuja lo bestia y lo sublime de cada ser, de cada perspectiva, y deja posibilidades de participación al lector). Ni hablar si publicaran las obras de tanto escritor que se ve obligado a engavetar sus proyectos o a distribuirlos en Internet (“Al amanecer, armados de una ardiente paciencia, entraremos a las espléndidas ciudades”. Arthur Rimbaud).

Alberto Manguel, en su libro “La ciudad de las palabras”, dice que “Las cadenas de librerías venden el espacio de sus escaparates y mesas al mejor postor, de forma que lo que ve el público es aquello que la editorial paga para que se vea. En consecuencia, pilas de libros que anunciados como best sellers ocupan la mayor parte del espacio físico de la librería y todos ellos, como las salchichas, llevan una fecha de caducidad implícita que garantiza una producción constante”. ¿Se puede considerar demócrata la lógica que describe Manguel? La selva editorial está expulsando de la superficie a la literatura poderosa, reflexiva, incómoda. Como si alguna ley universal hubiese indicado que de la complejidad pasáramos a la resignación (¡la vida es bella aunque el capitalismo nos lo niegue todo!); el mundo se está banalizando tanto que ya existen programas de literatura de autoayuda (y les da miedo hablar de “La metamorfosis”). De seguir así pronto editarán manuales escritos por Paulo Coelho para leer “El Quijote”, “Los Miserables”, “Crimen y Castigo”, “Pedro Páramo” y “Rayuela” (El horror representado en las fotografías y el miedo provocan la pérdida de la conciencia -por eso están como sonámbulos- y de la capacidad intelectiva-están como idiotas”. Roberto Bolaño). Ya sabemos que la pretensión es convencernos (con medio sueldo a cuestas y la historia familiar endeudada) de que vivimos en una sociedad feliz (¡Buenos días mister Follett!), de ahí que no convenga la literatura que mete el dedo en las llagas de la realidad. Pero por favor señores magos del libre mercado, así como decretan el nombre del último maldito, revelen quién fue el primer estúpido que asesinó de conservadurismo la literatura.

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Música: Duke Ellington y la época dorada del jazz

ARGENPRESS CULTURAL

Edward Kennedy "Duke" Ellington, nació en el seno de una familia que nunca pasó necesidades económicas ya que su padre era mayordomo de una casa de gente adinerada y su madre procedía de una familia negra acomodada. Recibió además de una excelente educación burguesa un porte de elegancia aristocrática que llevaría durante toda su vida, de ahí el apodo de "Duke" (Duque) que le pusieron sus amigos. Su educación musical empezó con el piano de su madre y aunque recibe clases de dos profesores, todavía tardaría bastante tiempo en aprender a leer música. En 1919 abandona los estudios de diseño y decoración, decide casarse con una amiga de la infancia y busca en la música su profesión.

Es en 1921 cuando Duke Ellington forma su primer y propio grupo con músicos locales al que llamaría "The Duke's Serenaders" primero, y luego los famosos "The Washingtonians" con Elmer Snowden, como responsable de la banda. En 1923 deciden dar el salto a New York y la experiencia no es muy positiva pero logran tocar durante algunas semanas en la banda de Wilbur Sweatman, que actuaba en el "Lafayette Theatre". Tras algunas idas y venidas de Washington a la Gran Manzana, consiguen un contrato en el club "Hollywood", donde una noche los escucha tocar Bix Beiderbecke quien observa con gran atención el sonido de la sordina "wa-wa" que producen el trompetista, Bubber Miley y el trombonista, Charlie Irvis. Ese particular sonido sería decisivo en la elaboración del discurso musical de Duke Ellington.

En 1924, con los conocimientos musicales muy perfeccionados, la WHN, una emisora de radio local transmite el show desde el Hollywood club que ahora ha cambiado de nombre y se llama "Kentucky Club". La banda comienza a ser conocida y empiezan a salirle contratos en otras ciudades cercanas a New York. Entre 1924 y 1926 se incorporan a la banda músicos decisivos en la orquesta de Ellington, entre ellos, temporalmente el clarinetista, Sidney Bechet y el saxo barítono, Harry Carney, el primer gran especialista de ese instrumento en la historia del jazz y que permanecerá con Ellington toda su vida. Esta es la orquesta que en 1927, con una sólida formación, bien rodada y con sonido propio, daría el gran salto a la fama cuando fueron contratados para tocar en el "Cotton Club" de Harlem, un local regentado por el gangster Owney Madden, desde 1923 y que se había puesto de moda en New York hasta el punto que era frecuentado por público exclusivamente blanco, gente de dinero y de la alta sociedad neoyorquina. Allí estuvo cuatro años y cuando salió en 1931, estaba recubierto de gloria.
Entre 1927 y 1945, después de crear para el jazz el "jungle style" Duke Ellington y su orquesta alcanzan en este período la cumbre de su madurez artística y creativa. La orquesta de Duke Ellington en los años cuarenta era sin duda la que poseía los mejores solistas y los instrumentistas más virtuosos de la época y la revista Down Beat le situó en varias ocasiones por refrendo popular por encima incluso de la de Benny Goodman. Tras el declive de las bigbands, Ellington fue el único líder de orquesta que nunca disolvió la suya. A falta de contratos pagaba a sus músicos con los dineros ingresados por sus derechos de autor y utilizaba su orquesta para componer con ella y oír su música. Pero algunos de sus solistas se marcharon entre finales de la década de los cuarenta y principios de los cincuenta para iniciar sus carreras en solitario. A la marcha de Ben Webster, Barney Bigard, Tizol y otros, se unió una definitiva en 1951, la de su amigo, Johnny Hodges. La prensa que antes no le escatimaba elogios, anunciaba casi a diario la desaparición de la orquesta.
En 1955 vuelve a la banda Johnny Hodges y Ellington respira aliviado y entran en nómina una serie de músicos que darían todavía mucho juego al sonido Ellington. Entre las incorporaciones más sonadas, están los saxofonistas, Paul Gonsalves y Jimmy Hamilton, el clarinetista, Russell Procope, el trombonista, Quenti Jackson, y los trompetistas, Cat Anderson y Clark Terry. Con estos músicos y cierto escepticismo, Ellington es invitado a actuar en el Festival de Jazz de Newport de 1956. Lo que pasó aquella noche está escrito en los anales del jazz. Duke Ellington, sacó de su chistera creativa dos temas compuestos en 1937, "Diminuendo in Blue" y "Crescendo in blue" y decidió encima del escenario servirlos unidos, separándolos simplemente con un interludio a cargo de Gonsalves. Y ahí se produjo el milagro. Los arrolladores veintisiete "chorus" seguidos de jazz puro y duro que improvisó el saxofonista, empujado por una rítmica ejemplar le dieron la vuelta a la historia. Las sillas volaban por encima de las cabezas de los atónitos y rugientes espectadores y a la mañana siguiente toda la prensa anunciaba en grandes titulares "Ellington ha vuelto".
A partir de ahí comenzaron las giras, los conciertos por todo el mundo, los discos grabados y en los últimos diez años de su vida se dedicó a componer suites y conciertos sacros y su vida se apagó cuando el 24 de mayo de 1974 un cáncer terminó con su vida. Ellington ocupa para siempre el trono de los más grandes creadores del jazz junto a Louis Armstrong y Charlie Parker, y es sin duda alguna uno de los más grandes compositores del Siglo XX, cualquiera que sea la música que se considere y su legado es una herencia cultural que permanecerá siempre entre nosotros.




Fuente: http://www.apoloybaco.com/dukeellingtonbiografia.htm

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Poema

Guillermo Henao (Desde Medellín, Colombia. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

¡Es bueno comenzar!
Aunque todo adelante,
es bueno
con el ánimo al cubo
re-iniciarse.

¡Profundidad! Con todos, de qué modo,
o es que entonces nos hienden
y la sección en cuáles magnitudes.

A nuestras palabras responden siempre con todo lo demás.
Aunque finjan callarse, no se de-tendrán
-pues temen que lo hagas-.
Sin embargo adelante,
vencido y adelante.

Comencemos mejor.
Porque sólo hay aquí, en este aquí que nos dejan,
un adelante donde todo
está para hacer
para
todos.

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Un viejoven

Gustavo E. Etkin (Desde Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Elástico, gimnástico y fantástico, taco, taco y taco por la Plaza San Martín. Sol brilla y pega en ojo. Dia lindo carajo, mujeres pasan se mueven lindas. Autos, bocinas, ruidos vereda blanca plaza verde, respirar bien hasta el fondo y caminar, ganas, patovica loco. Elástico, gimnástico y fantástico el día de mi onomástico. Veinte años, carajo, pa todo el mundo, pago yo. Okey. Primero yo. A papá ?.......pobre de ellos. Manga de perros rabiosos, al Mastín de Baskerville en la Plaza San Martín lo reviento de un patadín, te chupo toda nena, camisa abierta, brazos al aire, bien quemadito por el sol pa las mujeres soy un amol, yo te daré, te daré, cruzar la calle aguita flotando en el aire ojos de viejito, me mira a mí..... ¿Lo cruzo abuelo........? (vejete tembleque tiene joroba está reventado).

Si me hace el favor......

¿Qué hace ?.......deja el bastón y se me apoya!?

.....con cuidado, despacio con el cordón....

¿Qué hace ?.....tiene la mano metida en una media de lana, la mano o que carajo, es como una U chiquita dentro de la media, debe tener solo dos deditos, te voy a vomitar encima viejo asqueroso, con éste calor ponerse una media en la mano, debe tener la mano podrida, dos huesitos debe tener, uyyyyy como aprieta, tenacita, viejo puto.....

.....hay que aprovechar ahora que hay luz verde.....

Sí, sí, claro, yo hago lo que puedo, usted yá vé, uno hace lo que puede, asi son las cosas.

Y dígame, abuelo, siempre tuvo eso?

¿Qué?

Eso

Ah, la coleosis. No, siempre no, me enfermé de la columna más o menos cuando tenía tu edad, pero antes no, no, yo estaba bien, yo tenía sueños, sueños de pibe, mamita, mamita seré un triunfador decía, quería ser jugador de Alumni, pero eran otros tiempos, tiempos bravos, si señor, tiempos bravos en que le negaban un pedazo de pan a un pobre obrero mientras los magnates con sus locas tentaciones iban a la milonga.

¿Qué milonga, abuelo?

Y.....lo de Hansen, Armenonville, el Tambo, el Tabarís, el Chantecler, el Palais de Glace, eran otros hombres mas hombres los nuestros los muchachos de antes no usaban gomina.

Pero viejito, ahora tampoco.

No los de antes. Los de antes de los de antes. Yo soy de antes, pero antes estaban los de antes. Ahora, marihuana y cocaína.

Y su familia, abuelo, su mujer, sus hijos, usted no está solito, no?

Mi mujer me abandonó en lo mejor de mi vida, la acuné en mi pecho frío, la lámpara del cuarto, los frasquitos adornados con moñitos todos de un mismo color, pero ella.....

Me aprieta con la tenacita.

.....volvió una noche....

- Abuelo, mejor trate de apurarse porque nos van a pisar los autos. Están todos tocando bocina.

.....no la esperaba, había en sus ojos tanto dolor. Me dijo humilde si la perdonaba, y la perdoné. Y tuvimos un nidito de amor.

¿Tiene hijos, abuelo?

- Cuando el músculo duerme la ambición trabaja, tengo hijos médicos, ingenieros, abogados, arquitectos, empresarios, antropólogos, pero cuando voy a sus casas no me dejan entrar y me ponen la comida en la puerta. Uno me confió que les da vergüenza por los vecinos, que vean que tienen un padre jorobado, por la colosis, sabe.

Que malos hijos, abuelo, que desagradecidos.

- Y, así son los hijos de un zapatero inmigrante y trabajador, que va a hacer, uno los cría y después echan alas, es la ley de la vida, y si después ven un pobre mendigo harapiento le dan vuelta la cara, la vida es como una vieja recova, tiene sus rinconadas pero uno aprende, eso sí, la vida enseña, sí señor, yo volví vencido a la casita de mis viejos, cada frase era un consejo que se agitaba en mi memoria, pero yo estaba cambiado, había en mi frente tantos inviernos que tan solo por la coleosis me reconocieron.

....tocan bocina, tocan bocina abuelo......

- Hoy la gente vive apurada, todo es un cambalache, da lo mismo ser cura que ladrón o bailarín.

Ese del taxi se nos tira encima.

.....pero apurate notredame y la-puta-que-te-parió...!!!!

Hoy se falta el respeto, se atropella la razón, cualquiera es un señor, pero antes.....

Abuelo, hace media hora que estamos dando vueltas en medio de la calle, tenemos que llegar a la vereda, nos van a pisar los autos.

- Mary, Peggy, July, rubias de Niú York, esas eran mujeres y la paica Rita que me dio su amor, criaturas deliciosas perfumadas me daban el beso de sus boquitas pintadas, muñecas bravas bien cotizadas pero al final, porque un hombre debe sentar cabeza y formar un hogar, me casé con Estercita y la saqué de la milonga.

- ¿Y la coleosis no era impedimento para las mujeres?

- Al contrario. Todas me la tocaban. Decian que traía suerte. Por eso los de la patota me decían el rey del bailongo.

- ¿Así que era patotero, abuelo?

Yo en mi vida tuve muchas muchas mujeres, pero ninguna mina. Ah, sí. Yo respetaba mucho, sí señor, y eso que me gritaban feo cuando iba camino del taller, pero siempre respeté, nunca tiré manises a nadie, así como me ve yo también tuve mis pobres y comía en mantel de puro hilo.

Abuelo, abuelo.....

.....y tenía mi smokin....

-.....no podemos seguir más así.....

- Cuantas mujeres lloraron en su solapa.....

- Abuelo, eh! abuelo, tengo las rodillas lastimadas, esto es asfalto, cemento, no lo puedo llevar más a caballito y seguir dando vueltas, eh abuelito !, sea bueno.

-.....pero no tenía fama de gigoló, no señor, yo respetaba: más aún, le confiaré un secreto, jovencito.

Está arriba mío y todavía me sigue apretando con la tenacita de la media. Tendrá miedo de caerse, pobre viejito. Tiene mal aliento.

......yo quería hallar el olvido cambiando tanta mujer. Allá por las madrugadas, cuando dejaba la farra, sentía oprimido mi pecho por un recuerdo querido y me ponía a llorar.....
- Pobre abuelo, que vida, como sufrió.

.....hico, hico.....vamos, vamos.....yo soy del treinta, sí señor, del treinta, cuando a Irigoyen lo embalurdaron.....hico, hico.....

Yá estamos llegando a la vereda, abuelo, falta poco, tenga paciencia.

.....paciencia canejo, fuerza y no llore, que un hombre macho no debe llorar.

Abuelo, abuelo, me está cagando, no puede aguantar hasta que lleguemos a la vereda ?. Me está ensuciando todo.

Hico, hico, vamos, vamos......y saludar a los forasteros que quieren llegar.....hico, hico caballito se me está parando el pito.

¡No abuelo! ¿Qué va a hacer ?!!!. Aquí, delante de todos no, nos pueden ver, nos van a ver desde las casas, pasa gente, los autos nos pisan.....

- .....mi mocosita no me dejés morir.....hico hico caballito.....huija, huija Isidorito.....

¡Ay ay ay..... !!!!

- .....toda la calle Florida me vió con mi polaina galera y bastón, bas-tón, bas-tón, bas-tón, bas-tón, ba-tón, bas-tón, bas-tón, bas-tón,bas-tón, bas-tón,bas-tón,bas-tón,bas-tón,bas-tón.....mi Buenos Aires queriiiiidddooooo........!!!!!!!! Me hubiera gustado verte, pero tenerte añoso......

Yo quiero morir conmigo, sin confesión, pero respetando las canas.

Usted me entra sin fallar, abuelo. Por eso nunca le voy a entrar a fallar.

Así me gusta m’hijo, por eso lo digo: si le hace falta un consejo, una ayuda.....lo que sea.....

Pobre mi abuelo querido, yo nunca le voy a dar disgustos.

Este mocoso me va a salir bueno.

A ver, a ver, límpiese esas lágrimas usted, que lleno de esperanzas busca el camino.

Llegamos, abuelo, llegamos y dejamos la calzada con su loca algarabía.

A éste pendejo de mierda le falta tomar mucha sopa todavía.

Claro m’hijo, claro. Bueno, gracias por todo, y si alguna deuda chica.....

Faltaba más, abuelo que da consejos, es un amigo. La experiencia no se paga con nada.

-Así me gusta m’hijo. Que Dios lo bendiga.

Igualmente, abuelo. Y adiós.

Adiós, m’hijo.

Ahí se va. Con paso elástico y gimnástico. ¡Fantástico!. Quien tuviera veinte años.

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In memoriam de Irena Sendler

Jesús María Dapena Botero (Desde Vigo, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Es increíble que heroínas de la calidad de Irena Sendler pasen largo tiempo en las sombras del olvido y que una vez redescubiertos no sé les den premios del tipo del premio Nobel de la Paz, después de haber salvado cerca de dos mil quinientos niños judíos, al conducirlos por las cloacas hacia la libertad.

Es sorprendente dejar de lado a una mujer, como Violeta Parra, siempre preocupada de los otros. ¿Cómo echar en saco roto y hacer anónima para la historia a una mujer, quien en la trató de reencontrarles a los niños que había rescatado del horror de la guerra, a sus padres, quienes en su mayoría, habían muerto bajo las cámaras de gas del ominoso nazismo? Esta buena señora, les buscaría refugio y muchos de estos niños serían adoptados.

Sin embargo, el Nobel de la Paz se lo dan a un hombre que se hace continua propaganda, que tiene el oro y el moro, por más de su buena acción, al alertarnos sobre el calentamiento global, un hombre relativamente, quien bien pudiera haber esperado un año para recibir el reconocimiento, lo cual hace que ese fallo de la Academia sea imperdonable.

Una señora, madre de familia, esposa amante y trabajadora y tenaz, me escribía acerca de esta heroína: Esta vida es quizás la que hubiera querido tener… me saben llegar al alma, la inmensidad del dolor y la bondad, cuando éstas van juntas. Te comparto esta presentación porque quiero entregarte un poco de mis sueños, esos que aún no se han hecho realidad.

Pequeña comunicación a la que yo le respondía:

Realmente esta matrona fue un valor humano increíble… ya la conocía pero es lindo volver a verla. Lo curioso es que un día se lo mandé a una amiga de mi mujer y yo, quien se puso furiosa porque le mandáramos cosas tan horrorosas. Pero hay gente así. ¿Qué le vamos a hacer?

Efectivamente hay gente que, por una razón u otra, sólo quisieran vivencias placenteras y olvidarse del dolor del mundo, ni siquiera para que las calamidades no se repitan, tal vez sea una forma de defenderse.

Yo recuerdo el profundo impacto que sentí alguna vez que, de niño, entré con mi mamá a una tienda y la señora que nos atendía, tenía unos números tatuados en la parte anterior del antebrazo, cosa que me llamaría profundamente la atención, para después ver a mi madre, una mujer muy católica, muy consternada, con las lágrimas en los ojos, que me respondía cuando le pregunté por los números en la piel de la dueña de esa salsamentaria.

- M’hijito; esa señora estuvo en un campo de concentración alemán. – ahora creo que la impronta que marcara ese hecho, me acompañaría para toda la vida y que esa angustia infantil me lanzaría en el proyecto de convertirme en un defensor de los Derechos Humanos, pues es cierto, lo que me escribía un colega, un psicoanalista aventajado, cuando al hablarme de Irena Sandler me enunciara lo siguiente:

Los que niegan; no sólo borran seis millones de víctimas judías sino veinte millones de rusos y diez de cristianos.

Y el doctor Bernardo Arensburg, otro destacado psicoanalista, nos comentaba que Hitler, además hizo que murieran millares de alemanes, que muchas veces no tenemos en cuenta, en sein Kampf, su arrogante lucha a muerte y su afán de dominio, sembradora de muerte por doquier.

Y es que la magnitud de los crímenes nazis fue horripilante. Con lo cual no creo estar descubriendo el agua tibia.

Definitivamente, el premio no se lo lleva siempre el que más se lo merece, es como si se ignorara, que esta señora Irena Sendler, una enfermera del Departamento de Bienestar Social de Varsovia, durante la Segunda Guerra Mundial, consiguiera un permiso para trabajar en el ghettto de Varsovia, como especialista en alcantarillados y tuberías, con unos planes que trascendían el mero oficio al que se adscribía puesto que, al darse cuenta de cuáles eran los planes de los nazis contra los judíos, a pesar de ser una ciudadana alemana, reaccionaría como una mujer rebelde, en el mejor sentido camusiano, opuesta al régimen que se imponía, de tal forma que no dudaría de sacar a los niños judíos de allí, escondidos en cajas de herramientas, tarros de basura, cargamentos de mercancías, sacos de papas y hasta en ataúdes y llevarlos en la parte trasera de su camioneta, con la sola compañía de un fiero can, el cual ladraba a la soldadesca nazi, al salir del Ghetto y entrar en él, para asustarla mientras, los ladridos del perro interferían con el ruido que pudieran hacer los chiquillos, hasta que la capturaron y fue sometida a tortura y malos tratos, de tal forma que fueron taladrados y quebrantados su brazos y sus piernas, mientras era azotada cruelmente pero, al finalizar el horror de aquella inmunda guerra, Irena, quien conservaba el registro de los nombre de los niños, con el de sus respectivos padres, sacó de la tierra, aquel listado, que había guardado como si fuera un verdadero tesoro, en un frasco de vidrio, enterrado bajo un manzano de su jardín, con el fin de localizar a los padres sobrevivientes, para que los niños tuvieran la dicha de reunirse con sus familias, recuperar sus nombres, sus identidades y sus historias.

Pero esta “conspiradora”, que entra, para mí, en la categoría de las almas bellas, no fue seleccionada por la Academia Sueca para recibir el premio que se había ingeniado, Alfred Nobel, como si los cultos y sabios señores que se reúnen para otorgarlo, fueran incapaces de conmoverse ante una mujer que hizo gala de su libertad conciencia, su independencia de criterio y su gran humanismo, pero no era tan poderosa como un Al Gore, quien se llevaron el premio cuando aún se le pudiera haber dado a Frau Sandler, antes de su muerte.

Ese reconociendo se le negaría a una persona amorosa, de quien pudiéramos decir que es la madre de los niños del Holocausto, una mujer de la talla del industrial alemán, Óscar Schindler.

Lamentamos que su memoria para el mundo haya sido enterrada como su frasco de vidrio por el oscurantismo comunista y agradecemos a los estudiantes de Kansas, en los Estados Unidos de América, quienes recuperaron su nombre para la historia.

¿Cómo puede borrar de la memoria a esta enfermera, dedicada a la labor social, quien en 1942, sacudida por las condiciones que vivía el pueblo judío, oprimido por el Poder nazi, se unió al Consejo de Ayuda a esta gente, de tal forma que aprovechando el temor que los nazis tenían al desencadenamiento de una epidemia de tifus, se valió de las identificaciones de la oficina sanitaria, encargada del control de enfermedades infecciosas, para contactar a las familias de niños y niñas hebreos para convencerlas de que participaran de una osada labor, sin garantía alguna, pero, quizás como el único intento de salvarlos de un sufrimiento y una muerte próxima en los campos de exterminio implantado por los seguidores de Hitler, a los que fueron a parar indefectiblemente muchos de sus padres, movida por el sabio y generoso consejo de su padre médico, quien le sugiriera el siguiente imperativo:

Ayuda siempre al que se está ahogando,
sin importarte su religión o su nacionalidad;
ayuda cada día a alguien que te necesite y
haz que esto sea una necesidad de tu corazón.

Hago este artículo, in memoriam de esa maravillosa mujer, quien falleció el 12 de mayo del 2008, quien realmente fue un ángel en el ghetto de Varsovia, convencido de que una persona no muere hasta que no muera el último que la recuerde; no puedo más que sentir profunda reverencia hacia una mujer que soportó quedar encadenada a una silla de ruedas, por el quebrantamiento de sus piernas como secuela de las torturas perpetradas por los nazis, sin que su gesto de humanidad fuera suficientemente reconocido.

Pero me alegra profundamente que John Kent Harrison, se haya animado en los Estados Unidos de América, a realizar la película para la televisión, Los niños de Irena Sendler, protagonizada por Anna Paquin, la actriz neozelandesa que hace de niña en la famosa cinta de Jane Champio, El piano, para mostrarnos el coraje y el valor de esta mujer olvidada, cuyo rodaje fue llevado a cabo en el casco viejo de Riga, en Letonia, un filme en la línea de La lista de Schindler de Steven Spilberg, como testimonio de que otras personas, más allá del industrial alemán también protagonizaron nobles acciones durante la persecución al pueblo judío por el régimen hitleriano. Al igual que las conspiradoras, unas monjas que protagonizan la cinta inglesa de Ralph Thomas, Conspiracy of hearts de 1960, quienes con un sentido ecuménico, albergan a niños hebreos en su convento, e incluso les permiten la celebración de sus ritos religiosos. Sin duda, estas son historias que merecen ser contadas.

Irena Sendler, hizo honor al significado de su nombre, que en griego quiere decir Paz, al ser una mujer valiente, osada y atrevida, que evitó que muchos niños padecieran el horror de los campos de la muerte.

Si los hombres nos olvidamos de este tipo de personas, tendríamos que escuchar el versículo de Isaías que reza:

Y yo les daré en mi Casa y dentro de mis muros
un monumento y un nombre…
perpetuo que nunca se borrará. (Isaías, 56, 5)

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Un poco de humor

LES LUTHIERS


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“Al sur de la frontera”: meditaciones de Oliver Stone sobre la “nueva izquierda” latinoamericana

Jorge Zavaleta Balarezo (Desde Pittsburgh, Estados Unidos. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Hace unas semanas, Oliver Stone presentó su nuevo filme, “Wall Street: el dinero nunca duerme”, más de veinte años después de la versión original en la cual Michael Douglas era el negociante más inmoral del mundo capitalista. De vuelta a esta aventura, y ahora en un mundo globalizado y con el capitalismo sobreviviendo a una crisis de consecuencias quizá inesperadas, Stone se enfrasca en contarnos cuánto de ternura e inocencia puede reflejar una familia norteamericana cuando las cosas marchan bien. Ergo, el final de la película. Pero para llegar a ese “happy end” hemos reencontrado a Michael Douglas y a su personaje, Gordon Gekko, esta vez saliendo de la cárcel tras una larga temporada y dispuesto a “reinsertarse” -un término al uso- en el modelo del cual formó parte y que nunca dudó en impulsar. Sólo que este mismo esquema lo traicionó y lo envió al infierno tras las rejas. En la versión de 1987 el aprendiz era Charlie Sheen, quien hace un “cameo” aquí, mientras en esta nueva entrega el joven aventurero es encarnado por Shia LaBeouf. Como fuera, la película original mostraba el interés “socialista” de Oliver Stone, en un entorno que rechaza permanente y tradicionalmente esa opción ideológica. En aquella versión de fines de los 80, Martin Sheen, padre de Charlie, era un sindicalista traicionado por los leoninos intereses de los mismos personajes que, con otras caras aunque con similar discurso, reaparecen en la versión de este año.


¿Qué ha pasado, pues, ciertamente, en los 23 años que separan la primera de la segunda “Wall Street”? A fines de los 80, Fredric Jameson, el más prestigioso pensador marxista de Occidente contemporáneo publicaba su célebre texto “Posmodernismo, o la lógica cultural del capitalismo avanzado”. Basándose en análisis cinematográficos y de otras artes, Jameson hallaba en el funcionamiento de la sociedad de hoy, interconectada pero con grandes fisuras, la expresión más acabada de un sistema que, originado hace cientos de años, alcanzaba ahora su cúspide. El capitalismo “avanzado” o “tardío” respondía al modus vivendi que se extendió al resto del mundo tras la caída del muro de Berlín. Los años 90, lo sabemos, significaron la expansión y consagración del modelo neoliberal, planteado ya por los “Chicago Boys” en los siniestros años de la dictadura de Pinochet y al cual un académico como David Harvey ha diseccionado encontrando sus más caras desventajas.

La nueva versión de “Wall Street”, entonces, responde al interés de Stone por tomarle el pulso a un mundo que, luego de saborear las mieles e imponer su estilo, se vino abajo. Pero parece que todo no era tan grave. Por eso es que la película de Oliver Stone, matizada con la simpática música de David Byrne, líder de los Talking Heads, y Brian Eno, tampoco se presenta ni se autorrepresenta como el necesario ajuste de cuentas. Las tomas de una Nueva York que parece brillar y deslumbrar quizá nos ayuden a descifrar las intenciones de una cinta que rinde tributo a ciertos “outsiders”, entre los cuales se encuentra, esta vez sí y no por error, el propio Gordon Gekko.

Stone siempre está preocupado por la vida política de un país que ha hecho de la democracia un símbolo y un síntoma de gobernabilidad a la vez que busca más allá de sus fronteras escenarios donde desplegar su poder. De ello da cuenta un libro de lectura necesaria, “Empire”, de Michael Hardt y Antonio Negri. Si antes se invocaba el Apocalipsis, no sólo en términos religiosos, ahora vivimos tiempos de una fría y mecánica individualización que tiene como meta satisfacer casi únicamente necesidades materiales, olvidando cualquier reflexión sobre brechas sociales o desposeídos del sistema. Ahora, más que nunca, los ídolos del dinero y el mercado, se niegan a bajar la cabeza. Y de eso nos habla Stone, permitiéndose, porque sabe que no puede hacer otra cosa, un final “consensuado” para su película.


En “South of the Border”, el documental que el propio Stone ha realizado sobre el renacimiento de la izquierda en América Latina, encontramos elementos complementarios, y quizá también contradictorios, que son como traspasar la sola visión de “Wall Street”. Stone vuela hacia América Latina con el olfato de un sesudo periodista, el interés de un intelectual, el talento demostrado de un cineasta. Hace unos años hizo un retrato de Fidel Castro, el más fiel representante del socialismo en Latinoamérica en otro documental, titulado “Comandante” (2003). “South of the Border” se abre no con los primeros planos de los líderes neoizquierdistas al sur del río Grande, sino con los exaltados y furiosos comentarios de los presentadores ultraconservadores de Fox News o CNN, denunciando el avance de la “revolución bolivariana”, así como de otros “escandalosos” brotes que anuncian el resurgimiento de una ideología, la cual habiendo estado alguna vez representada por el Che Guevara y su propio legado, ahora gobierna a más de una nación. El primer personaje al que se muestra es, cómo no, el propio Hugo Chávez. Stone entronca tres líneas de enfoque a la vez: una histórica y documentada que narra cómo el actual presidente de Venezuela llegó al poder, y para ello recurre a material de archivo, transmisiones de noticieros de televisión. Una segunda mirada, más personal, es el encuentro con Chávez, traductor de por medio. Stone permite que Chávez Frías tome el escenario, entonces explica las razones de su fervoroso proyecto, como él lo define, y sustenta que el socialismo es la “opción” para América Latina. El tercer acercamiento se produce cuando Stone, quien acaba de registrar a Chávez en su hogar de la infancia, abre la puerta para los otros protagonistas de su documental. Viaja a Bolivia y conversa con Evo Morales, como lo hará con Lula en Brasil, Lugo en Paraguay, Correa en Ecuador y Cristina Fernández de Kirchner en Argentina.

Morales invita al cineasta a chacchar coca. Lugo y Correa parecen despojarse de ceremonialismos, mientras Lula manifiesta su cordial entusiasmo. La presidenta de Argentina argumenta sin necesidad de teorías complejas y evidenciando un carisma que le desconocíamos. Su esposo, el apenas fallecido Néstor Kirchner también brinda su testimonio, argumentando el por qué del giro que significa lo que John Beverley, profesor de Literatura Latinoamericana y Estudios Culturales en la Universidad de Pittsburgh, define como la “marea rosada”. Raúl Castro, que es como el hermano mayor de todos estos líderes, y en realidad el hermano menor del líder máximo -el Fidel Castro satanizado por la derecha, el anticomunismo y los pedidos de libertad bien calculados-, se suma al encuentro y esboza su propio discurso.


La principal crítica que se puede hacer a un trabajo de esta naturaleza es que Oliver Stone estaría siendo demasiado elemental, queriendo ser global donde hay que buscar la profundidad. En realidad, se trata de un valioso documental que destierra los mitos sobre el socialismo presentado como una especie de maldición, y en el cual, por boca de los propios líderes de la región, nos enteramos que esta nueva izquierda le debe a sus antecesores pero se ha sabido modernizar. Stone es plural y sintetiza en breves conversaciones el sentir de la corriente que ahora atrae a la mayoría de pueblos del continente, si pensamos asimismo en Nicaragua y Uruguay.

Con el rostro preocupado, a veces cansado, el propio Stone se convierte, él mismo, en protagonista de este viaje al Sur Global, hecho que quizá abone en los cuestionamientos que siempre se la han hecho acerca de su megalomanía. La visión de Stone es pragmática, no concesiva. Es informativa y abre los ojos sobre una realidad que diariamente es distorsionada por los medios de comunicación que responden a intereses creados y grandes cantidades de dinero. ¿Por qué la derecha o la llamada “democracia” tendrían que monopolizar el espacio político en América Latina? ¿Por qué el llamar la atención sobre el rol del Estado y la garantía de ofrecer servicios de salud, educación y vivienda tiene que ser cuestionado cuando vivimos en un mundo que nos tiene acostumbrados a los éxitos de la privatización y al dominio del “pensamiento único”?

Sabemos bien que el neoliberalismo se definió a sí mismo como la panacea para todos los males del continente y del planeta, y que los gobiernos que con mayor fuerza lo aplicaron en la región no sólo fueron altamente corruptos y autoritarios: Menem, Fujimori, Collor de Mello, Uribe. Oliver Stone brinda la oportunidad de ver y escuchar ese otro lado que a muchos les aterra pero que, definido como un socialismo posmoderno, ha hallado arraigo en el siglo 21 al sur de la frontera norteamericana.

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Para Tito Messiez, allí donde se encuentre

Ricardo San Esteban (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Antaño, en la provincia de Tucumán, el Partido Comunista Argentino participaba en la dirección de la Unión de Cañeros Independientes (UCIT) y en la Federación de Obreros Azucareros (FOTIA) que eran organizaciones muy combativas. Teníamos mártires como el obrero Aguirre y tantos otros.

Apenas había triunfado la Revolución Cubana, aparecieron por todo el país unas pintadas que decían “Tucumán arde” y sus cañaverales resultaron un incentivo, influenciados todos por el triunfo de Fidel y el Che en una geografía bastante parecida, y en los cultivos cañeros de la Isla.

Hubo guerrillas, pues, como las de Taco Ralo con el comandante Uturunco a la cabeza, guerrillas éstas de cuño peronista revolucionario, pero además, todos los militantes de izquierda participábamos en la lucha de una u otra manera.

También la dictadura de Onganía había tomado nota de la aparente similitud entre la estructura socioeconómica de Tucumán y la de Cuba, y a raíz de ello, con el desguace de su economía, el éxodo de miles de familias, la destrucción de los gremios y el asesinato de sus dirigentes, produciría un desastre.

Ayudado por mi memoria y por el relato de otros compañeros, pude reconstruir este episodio y nombrar a algunos de sus protagonistas, hoy en día casi todos fallecidos.

A la sazón, se hacía una reunión del Partido Comunista, precisamente, en Tucumán, a la que concurrieron Florindo Moretti –entonces secretario del Partido en la provincia de Santa Fe y miembro del Comité Central- y Tito Messiez, quien conducía el vehículo. Viajaban en un automóvil propiedad de un amigo y mientras se realizaba la reunión -por cierto, clandestina- Tito salió para cumplir con una diligencia. No puedo precisar bien la fecha, pero fue, precisamente, en plena dictadura de Onganía: feroz represión; el ejército controlando todo y ocurrió que una patrulla policial halló a Tito dentro del auto y se lo llevaron.

Inmediatamente, el partido me envió con la misión de rescatarlo a él y al automóvil, estuvieren donde estuvieren. Por aquel entonces yo militaba en el PC, comité provincial de Santa Fe, partido al cual dejé de pertenecer posteriormente

El automóvil a rescatar era de un amigo del partido que ocupaba, él y su esposa, puestos clave dentro de la provincia de Santa Fe. Por suerte el vehículo no había sido aún transferido por lo que sus papeles figuraban a nombre del dueño anterior, pero era evidente que a corto plazo averiguarían la identidad del nuevo dueño.

Quien esto escribe, en ese tiempo había pasado a militar en el frente agrario, conocía muy bien a Tucumán por participar en una organización que se denominaba UPARA (Unión de Productores Agropecuarios de la República Argentina) a la que estaba adherida la Unión de Cañeros Independientes de Tucumán. Asistía, por ello, a muchas asambleas y luchas. Tan es así que posteriormente, en la reunión continental de cañeros realizada en La Habana (1975), concurrí como delegado en nombre de la UCIT. De hecho, mi conocimiento del terreno fue una de las causas por las cuales sería enviado allá. Tito Messiez, por su parte, militaba en el aparato provincial de propaganda.

Los militares no tenían claro quién era Messiez pero al ver que manejaba un auto lujoso y no ser de la provincia lo llevaron detenido, lo interrogaron, revisaron sus objetos personales y trataron de apretarlo con amenazas y golpes. En tanto, el partido Comunista de Tucumán, al conocer su detención buscó un abogado amigo que era miembro del partido Radical, quien intervino gestionando su libertad. La policía ya había pedido antecedentes a Rosario y así supieron a quien tenían.

La presencia de un abogado de renombre y el hecho de que éste tuviera conocimiento de la detención, constituía para ellos un escollo, pero no estaban dispuestos a permitir que se les escapara. De modo que ese día realizaron los trámites formales para su libertad, pero demorándolo hasta que anocheciera. Insistieron ante aquel abogado para que se retirara tranquilo pues no habría problemas.

Tito pidió al abogado que no se ausentara, sobre todo teniendo en cuenta que lo habían golpeado y que la actitud de la policía no era de fiar. En realidad sabía que la policía no es de fiar nunca. El abogado consideraba exagerado denunciar torturas por “algunas trompadas” y dio por finalizado el trámite diciéndole “quédese tranquilo, en cuanto terminen con los papeles firma la libertad y se va”.

La policía lo retuvo y cuando lo trasladaban a otra oficina, observó que había dos personas sentadas, ante las cuales el policía dijo en voz alta, para que estos escuchasen; “¿usted es Rubén Messiez?, bien, tiene que firmar la libertad porque se va”.

Pese a firmar la constancia de su liberación, lo demoraron y ya oscurecía cuando lo hicieron. Aquí Tito observó que al pasar, uno de los policías hizo un gesto, marcándoselo a otros tipos. El flaco iba procesando a la luz de su experiencia toda esta situación y se dio cuenta que el objetivo final era secuestrarlo. Comprendía que ellos tenían en claro su condición de hombre de la actividad orgánica interna del partido y querían averiguar lo que él sabía.

Efectivamente, ceremoniosamente abrieron el portón y allí comenzó una verdadera carrera por evadir lo que fue un intento de cacería. En ese momento pasaba un colectivo, y en marcha, ascendió a él. Se ubicó en el último lugar y a poco andar observó que un automóvil lo seguía. Aprovechando una calle oscura y con árboles, entrevió la oportunidad de escapar y logró esconderse detrás de un árbol. Vio pasar al coche con tres hombres. Tomó un taxi. Le pidió al taxista que le indicara donde hallar a un abogado. El conductor lo llevó hasta una calle donde había muchos estudios, aunque sabía que ya era noche y por lo mismo, un poco tarde para hallar a alguien, cosa que el taxista mismo observó.

Preocupado, giró la cabeza para vigilar si lo seguían y en ese momento vio nuevamente el auto policial, detrás del taxi. Bajó y penetró rápidamente, existía un largo pasillo. Solo encontró una oficina con luz, golpeó y en efecto, era la de un abogado quien resultó ser miembro de un partido trotskista, que por supuesto conocía a los dirigentes del partido comunista. Así, pues, esa misma noche se reencontró con el camarada Aráoz, de la dirección local.

Tito se consideraba a salvo pero aquí comenzó otra lucha. El abogado radical que había gestionado su libertad se reunió con los compañeros de la dirección partidaria de Tucumán, contando también con mi presencia, pues como dije, había sido enviado desde Rosario.

El abogado informó que Tito debía ir personalmente a la Jefatura a retirar el coche, coche que había sido retenido. Él se negó, pues consideraba que escondía una maniobra. El abogado volvió a hablar con la policía, ésta insistió en que no pasaba nada. “Que el muchacho tiene demasiada imaginación con eso del intento de secuestro”. Que no hubo torturas:”usted sabe, puede ser alguna trompada, pero no es para tanto”. “El automóvil podemos entregarlo únicamente a él”.

El abogado convenció a los compañeros y se reunieron con Tito y quien esto escribe para considerar el tema. Por fin Tito planteó: “no estoy de acuerdo, es seguro que quieren atraparme. El riesgo lo voy a correr yo y sólo yo. Pero si la dirección del partido decide que debo ir, voy. Ustedes camaradas serán por supuesto, los responsables”.

Hablé telefónicamente en varias oportunidades con Hugo Ojeda, que era miembro del secretariado de Santa Fe, quien insistió en que Tito debía ir a retirar el vehículo ya que estaba en juego la integridad de su dueño, un amigo del partido.

La dirección del lugar acató y quedamos en minoría Tito y yo. Así pues, Messiez se disponía para ir. En ese momento llegó un mensaje de un camarada encubierto que trabajaba dentro de la Jefatura Policial, quien dijo que “la policía estaba furiosa porque se les escapó la presa, digo, el preso”. “Lo quieren como sea. Lo están buscando por todos partes y reparten su foto para identificarlo. Hay retenes policiales en las salidas de la ciudad”.

¿Cómo sacarlo a Tito de Tucumán y recuperar el vehículo? Pedí a Rosario un duplicado de la llave del auto, la que me llegó en una encomienda por ómnibus. El automóvil se hallaba estacionado en la playa frente a la Jefatura, y según informaciones, no tenía custodia, sólo había guardia en el portal de la jefatura, a unos cincuenta metros.

Caminé, pues, disimuladamente hasta él, abrí, coloqué la llave y por suerte arrancó de inmediato. Salí despacio pero cuando doblaba la esquina oí un silbato y luego algunos balazos que impactaron en la carrocería. La idea era poner a salvo el vehículo en la finca de un compañero, el Turco Sidán -que en aquellos tiempos era dirigente de UCIT- quien poseía su finca en la zona rural, pero ello no fue posible. Tomé por una calle transversal mientras los milicos corrían hasta una de sus unidades y por fortuna, a dos cuadras existía un depósito cuyo portón se cerraba en aquel momento. Esquivé una de sus hojas, penetré y estacioné, un encargado se acercó sorprendido y le dije que me sentía descompuesto, que me dejara ir al baño, a lo cual accedió. “Yo sé lo que son esos apuros” me dijo solidariamente. El encargado del depósito quería retirarse y por suerte la sirena policial sonaba ya muy lejos. Me permitió dejar allí el coche hasta el día siguiente, ya que no me sentía bien ¡en parte era cierto! y fui hasta donde me alojaba.

Al día siguiente salí con el auto y lo despaché en un vagón de carga del ferrocarril. Ya había perdido todo contacto con la dirección local del partido y además la cosa no estaba como para jugar a las visitas, pero sí sabía donde se alojaba Tito, en una casa humilde de unos compañeros de apellido Heredia, no muy lejos de la estación de cargas del ferrocarril.

Fui a buscarlo, nos prestaron unos gorros para disimular y un revólver Rubí calibre 22 “¿para qué queremos esta cáscara de nuez? Únicamente para balearnos en un rincón” dijo Tito. Tomamos un colectivo suburbano que iba hasta Yerbabuena, donde yo tenía un amigo de apellido Pereyra, peronista acérrimo apodado “El Gaucho” y que muchas veces me había invitado a pasar alguna vacación. Dos días después, en bicicleta y cuidando de no toparnos con algún retén, fuimos hasta el campo del Turco Sidán. Ahí dejamos nuestras ropas -el Turco nos consiguió unas de cortadores de caña, que accedieron al trueque alegremente, y al día siguiente, en un acoplado, con Tito escondido debajo de una montaña de malhoja, pasamos el control militar, luego viajamos con otros obreros rurales hasta la localidad de Simoca, hablábamos en tucumano, los controles no prestaban demasiada atención a un grupo de trabajadores rotosos.

En Simoca tenía su finca Gaspar Lasalle, entonces presidente de la UCIT, y lugar de concentración del grueso de los cañeros más combativos. Recuerdo que cuando Tito se sacudió las ropas lo hizo a las puteadas, había sido atacado por osapucas -una especie de bichos colorados- llenándolo de ronchas. En esa casa vivimos unos días y luego, Gaspar y los amigos nos sacaron hasta Catamarca y por fin a Rosario.

Tito Messiez había salvado varias veces su vida, como lo fue en otra oportunidad, en Rosario, en la que con su familia se descolgó desde una ventana de su departamento anudando unas sábanas, o la que he relatado. Lamentablemente, en la última no pudo escapar y murió torturado, sin delatar a ningún compañero. Su cadáver aun no ha aparecido, pero su combatividad y su entrega siempre estarán de cuerpo presente. Un héroe al que le rindo mi más hondo homenaje, esté donde esté.

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No existen las ciencias sociales

Juan Alonso (Colaboración especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Hay algunos que tienen más datos que otros,
más libros leídos, años en escritorios, palabras raras,
títulos, relaciones
se reúnen, discuten, hacen afirmaciones, publican
Pero no es posible saber si acertarán sus predicciones;
lo suyo son opiniones a veces hiperbólicas a menudo vendidas
y el prestigio que les rodea proviene de sus beneficiados
Creyendo que comprenden de raíz las amenazas, los errores y las soluciones humanas
muchos esperan que produzcan explicaciones universales sobre hoy, ayer y mañana;
una equivocación porque sus ojos tuertos siempre abarcan un solo lado
son militares, economistas, religiosos o ecologistas
que ni siquiera conocen todas las hojas de sus propias ramas
Mejor es oír a los que de buena fe y sin gran remuneración semillan hechos e ideas
invitando a construir posibilidades sostenibles;
los que no ocultan que también se pueden hundir en las inseguridades,
pero dicen con honestidad que la azarosa decisión del cambio debe estar en manos de los pobres y sus amigos

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Museo de Cerámica Contemporánea, todo un lujo

Octavio Borges (Servicio Especial de la AIN. La Habana, Cuba. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

El destacado crítico de arte y director del Museo Nacional de Cerámica Contemporánea Alejandro G. Alonso, afirma que contar con una institución como esa es un lujo que nos damos los pobres.
Según sus investigaciones, en el mundo sólo existe algo similar en los Estados Unidos y parece que no por mucho tiempo, porque su junta directiva está analizando la posibilidad de diversificarlo con otras manifestaciones del arte, con lo cual perdería su exclusividad uno de los quehaceres más antiguos del hombre.
Recién mudado de su anterior ubicación en el histórico Castillo de La Real Fuerza hacia la acogedora Casa Aguilera, en la concurrida intersección de las calles Mercaderes y Amargura, en plena Habana Vieja, el museo adquirió nueva vida y especiales atracciones para la exhibición del patrimonio de alrededor de 750 piezas.
La joya de sus colecciones es muestra cronológica de la cerámica artística cubana desde su surgimiento, a finales de los años 40 del siglo XX, hasta la actualidad.
Recorrer el sitio depara la sorpresa de encontrar obras de grandes maestros de la vanguardia cubana, quienes ocasionalmente asumieron la cerámica como vía de expresión, tales son los casos de Amelia Peláez, René Portocarrero o Wifredo Lam.
También ofrece el incentivo de observar originales de los pioneros de este avatar de la cerámica en la Isla, en aquel taller fundador de Santiago de Las Vegas, como Juan Miguel Rodríguez, Marta Arjona o Mirta García Bush
Pero, sobre todo, el placer radica en constatar cómo evoluciona el quehacer desde sus primeros vahídos a la desbocada imaginación de sus más actuales cultivadores.
Desde la desnuda terracota, con esa impronta rojiza de materia elemental, hasta el uso de las técnicas orientales del raku, con su acabado iridiscente de metales preciosos y apariencia de haber llegado de otros mundos; el tránsito por esta exhibición depara verdaderos momentos de pleno goce estético.
Casa Aguilera, con su acogedora arquitectura múdejar de los siglos XVII y XVIII tiene obvias ventajas como las de ofrecer una nueva concepción museológica, permitir el empleo de las paredes para la exhibición de piezas y dar cabida a nuevas vitrinas, además de contar con carteles informativos que enriquecen la muestra y el programa interactivo de computación para acceder a otros datos que precise el visitante.
Entre otras de las facilidades que cita el director figura la de poder renovar cada tres meses las exposiciones y contar con una sala especialmente dedicada a la vasija, esa tradicional modalidad que desde los alfareros -solo usaban sus manos para modelar- hasta las más recientes técnicas, nunca dejará de atraer la atención por su belleza y utilidad, ya sea decorativa o eminentemente práctica.
Otro foco de atención resulta, sin dudas, la muestra de macetas en el patio central de la edificación, que a las usuales formas añade imaginativas y hasta humorísticas soluciones.
Como valor añadido en esta etapa inaugural, después de casi un lustro cerrado al público, se ofrece la exposición La abstracción, corriente que libera la imaginación creadora de los artistas de innombrables maneras.
Sorprende, por ejemplo, encontrar piezas de Alfredo Sosabravo, ese juvenil octogenario, en las cuales renuncia a su personal colorido a favor de la poesía y la imaginación.

Pero el Museo Nacional de Cerámica Contemporánea no solo proporciona ese sano disfrute de poder apreciar lo bello, sino que también es inyección de vitalidad y provocación.
Atesora piezas que por su nivel de ironía, humor, maestría técnica y artística, así como frescura y originalidad de soluciones, son todo un reto y bendición para el espíritu porque hacen chispear la imaginación por la cantidad de referentes que citan o sus inusitadas propuestas, que algunas veces alcanzan verdaderas cotas filosóficas.
Resulta provocación permanente ese predio de Mercaderes y Amargura, porque de seguro, nadie que entre a sus ámbitos va a salir indiferente.

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