jueves, 2 de diciembre de 2010

El realismo mágico de la macroeconomía

Jorge Majfud (Desde Jacksonville University, Estados Unidos. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Mi padre, además de carpintero y profesor de secundaria, tenía una modesta farmacia de pueblo a la que llegaban curiosos personajes de día y de noche. De adolescente trabajé allí con mi hermano repartiendo pedidos en bicicleta, cobrando en la caja, atendiendo al público o lavando de mala gana la vereda. Mucho antes, cuando niño, cada vez que decíamos que estábamos aburridos mi padre nos daba una escoba. Cómo odiábamos esta sabia solución…

Con frecuencia teníamos que descifrar el lenguaje por señas de algún trabajador rural que nos llamaba hacia un rincón del local porque quería comprar condones y no sabía cómo decirlo sin que nadie se enterase. Y porque la picaresca formaba parte también de nuestra juventud, nos hacíamos los tontos y le pasábamos el pedido en voz alta a alguna empleada de forma que el gaucho se escondía debajo del sombrero. Con frecuencia los chistosos hacían pedidos por teléfono y nos mandaban por calles oscuras y a veces bajo lluvia a direcciones inexistentes o a casas de familia que luego resultaban prostíbulos.

Recuerdo una larga lista de casos extraños: una señora que se enojaba con mi padre porque no quería venderle antibióticos para su niño, a pesar de que por entonces eran de venta libre; un señor que compraba supositorios a toda hora; el frecuente timbre de la casa a las dos de la madrugada porque alguien necesitaba de urgencia algún remedio y no tenía dinero para comprarlo en otro lado; la clásica frase “don Majfud siempre da a los pobres”; parejas a las cuatro de la mañana llamando histéricos para pedir por favor que le abran la farmacia abajo porque necesitaban de urgencia la pastilla del día después, ella llorando y él riéndose como si fuese algo gracioso.

Pero estos breves recuerdos vienen por otra razón. Solo espero que en mi próximo viaje a Uruguay no me crucifiquen por la infidencia. No daré nombres. Tampoco importa, porque el punto central se refiere a un problema más abstracto.

En el pueblo había un señor, muy conocido de la casa, que se quejaba de impotencia sexual. Mi padre, como era la norma, le dijo:

“Vaya con el doctor Alejandro. Dígale que va de mi parte. No le va a cobrar”.

El doctor Alejandro era muy popular en el pueblo. Tenía la costumbre de no cobrarle a la gente más pobre hasta que quebró y la gente empezó a decir: “el turco Alejandro se volvió loco; le está cobrando a todo el mundo”. Murió poco después de su ruina.

“Ya fui a todos los médicos habidos y por haber y sigo con el mismo problema”, más o menos fue la respuesta de don X.

“Vamos a probar con un nuevo medicamento que todavía está en fase de experimentación, si estás de acuerdo”, dijo mi padre

Por entonces no existía nada parecido como el Viagra. Mi padre le dio unas pastillitas y don X se fue con la seria intención de probar el producto.

Al poco tiempo volvió con una sonrisa de oreja a oreja.

“Ese producto es milagroso -dijo don X-; necesito más”.

Así, don X volvió por varios meses, maravillado de los progresos de la ciencia.

Un día, don X volvió a deshora buscando sus pastillitas mágicas y mi padre le dijo:

“Mirá, es hora de que sepas la verdad. Vos tenés un problema psicológico. Las pastillitas que has estado tomando no son más que azúcar. No tienen nada más”.

No sé el resto de la historia y no importa.

Cada vez que leo y escucho sobre la inyección de dólares a la economía para que se recupere me acuerdo de esta anécdota del vecino impotente que pudo tener erecciones gracias a una superstición científica.

Si el dinero ha sido siempre una abstracción, un juego de símbolos, hoy en día lo es en una forma dramática. La lógica clásica dice que aumentando la liquidez se aumenta la inflación y se disminuye el valor internacional de la moneda, dos factores necesarios, por ejemplo, para la economía de Estados Unidos que debe competir con la devaluación de la moneda china y con los riesgos domésticos de deflación.

Pero aun cuando no existían estos riesgos, muchos años atrás se había comenzado a aplicar el curioso recurso de regalarle a la gente dinero para que lo gaste. Como casi todos los productos manufacturados son importados, ese dinero se iba en autos japoneses o en baratijas chinas. Como en Estados Unidos la FED mantiene las tasas de interés en casi cero, y en países como Brasil con cierto riesgo de inflación las han subido, los inversores siguen enviando esos “capitales” al exterior.

Pero en primera y última instancia, el efecto principal de estimular la economía aumentando la masa de símbolos (monetarios) es psicológico. Si los inversores tienen miedo, si están desconfiados, no invierten, los precios bajan, las ganancias también, los consumidores se abstienen (el ahorro es la base de la recesión) y los precios siguen cayendo junto con la producción y el empleo. Etc.

La actual fase del capitalismo global es sobre todo una guerra de símbolos y estímulos. Una guerra más psicológica que ideológica. Como en tiempos de los últimos neandertales, del Genghis Khan o de Hernán Cortés, la fuerza estará del lado de quien delire más, del lado del menos realista. No habrá cura ni salvación para quien no tenga fe en el sistema.

Yo no creo en el realismo. Primero, porque los realistas fantasean con la realidad. Segundo, porque la realidad nunca fue muy realista. Por el contrario, ha sido siempre el producto del delirio colectivo cuando no del delirio de algún Führer, dictador o salvador de turno.

Caminar sonámbulo tiene sus riesgos. Pero más riesgoso, parece ser, despertar abruptamente un día. Razón por la cual los médicos y los hechiceros no recomiendan despertar a un sonámbulo ni contradecir a un loco.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Alerta peruanos frente a las próximas elecciones presidenciales: Nuestra soberanía en peligro de muerte

Javier Lajo (Desde Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Escuché a Luis. E. Valcárcel en una de sus últimas arengas que nos diera desde su lecho de enfermo, poco antes de su muerte: “Que habían Peruanos con mayúscula y otros, los ‘peruanitos’ que eran los mayores enemigos del Perú…”. De a pocos he ido entendiendo a quiénes el Amauta se refería tan despectivamente. Actualmente los políticos, los analistas políticos, los formadores de la opinión pública y la opinión pública en general, encasillan las propuestas económicas de los candidatos, polarizándolas maniqueamente como: Populistas o Neoliberales, es decir: Los malos y los buenos respectivamente, que es un reflejo de la antigua polarización Izquierda-Derecha. Esta dicotomía hoy en día está superada por la presencia del NACIONALISMO como fuerza política electoral, ya que polariza el juego democrático entre anti-patria vs peruanidad.
Por eso es preciso redefinir un modelo económico que se libere de estos falsos parámetros en los que se quiere pre-determinar todas las propuestas políticas. Si los ANTI-PATRIA siguen motejando a los nacionalistas como ANTI-SISTEMA, es claro que se trata de la lucha de los ANTI-SISTEMA COLONIA; ya que como bien lo están tratando de superar nuestros hermanos y vecinos países andinos, con sus flamantes nuevas Constituciones de Ecuador y Bolivia, intentan dejar atrás y superar los SISTEMAS DE COLONIALISMO CRIOLLO INTERNO, que sufrimos hasta la actualidad.

Por eso mismo las FUERZAS NACIONALISTAS EN EL PERÚ deben postular una ruptura con las propuestas anti-patria o neoliberales por ser pro-foráneas, culturalmente “occidentaloides” e ineficientes económicamente hablando para el interés nacional, ya que se trata del dispendio y saqueo de nuestras riquezas naturales y de nuestra fuerza laboral y dejar a los Peruanos como sirvientes y ciudadanos que quinta categoría, y a los capitales Peruanos sumidos ante el dilema de la subordinación bajo el capital extranjero o la extinción. Los Nacionalistas debemos levantar ya un Modelo Andino para el crecimiento económico y el bienestar de todos los Peruanos; pero ¿Cuáles serían las características y políticas principales de esta propuesta? Ensayaremos aquí explicar algunas:

1. En primer lugar es el uso de la IDENTIDAD como herramienta para la conquista del bienestar y el crecimiento con re-distribución de la riqueza y el ingreso nacional (Que en nuestra periferia andina, llámese Ecuador y Bolivia ya se plantean como el “horizonte Sumak Kawsay” que sirve como soporte ideológico de sus nuevas Constituciones), modelo que hasta hoy nadie ha postulado en el Perú, salvo un atisbo en el gobierno de Juan Velasco Alvarado (por esto la Derecha cavernaria y criolla, odia al General sin miedo), con la atingencia que Velasco lo planteo de manera deficiente, muy limitada y parcial. Se necesita de un GOBIERNO NACIONALISTA Y CON IDENTIDAD ANDINA BIEN DEFINIDA Y EXPLÍCITA, de lo contrario carecerá de soberanía subjetiva y tenderá a traicionar los intereses de la Nación. Esto parte de la premisa que el estado-nación peruano no existe plenamente, lo que existe es una débil institucionalidad estatal criolla, (la de los peruanitos) con apariencia de legalidad formalizada, con fuerte tendencia a la corrupción generalizada y sin legitimidad de nuestra base social andina-amazónica que junto al mestizaje urbano y la criollidad anticolonial, juntos son los que conforman la nación peruana: una plurinación, la de los Peruanos, nuestra nación plural recipiente de la enorme diversidad cultural existente en el Perú, pero que actualmente se reprime, debido al colonialismo criollo interno (de los peruanitos), que convierte a los mayoritarios Peruanos en marginales de la “informalidad”.

2. La recuperación y defensa irrestricta de la soberanía nacional es el punto principal de una propuesta económica para el desarrollo pleno del país. Pero los conceptos de soberanía y territorio, en una etapa mundial de globalización, nos obligan a tener un contenido más amplio y menos restringido de “soberanía y territorio”. En la década de los 90 la defensa nacional y territorial cayó en grave deterioro, por esta grave deficiencia de muchos de los políticos y militares de carecer de “soberanía subjetiva”, lo que ha puesto en serio peligro el proyecto histórico de la nación peruana. y esto lejos de significar el aumento en los presupuestos para comprar armas, o el simple armamentismo, significa mayor conciencia y mayor amplitud en los conceptos de soberanía y defensa de las fronteras. Esta grave deficiencia en el análisis de la “soberanía en tiempos de globalización” de nuestros políticos criollos, ha hecho que por ejemplo, las “fronteras económicas” de Chile se expandan peligrosamente dentro de nuestro país; que las “Fronteras culturales y económicas” ayer japonesas (gobierno Kenya y proyecto de Keiko) y luego judío-chilenas (con Toledo–Karp), y hoy de la anti-patria pro-norteamericana (Alanismo) estén dentro del mismo palacio de gobierno, dentro de nuestros mismos “aparatos de inteligencia”, los cuales han sido asaltados hasta por mafias sin banderas del narcotráfico.

3. El Concepto de defensa de las fronteras, debe ser ampliado y extendido desde el criterio territorial a un concepto más amplio de fronteras económicas, sociales y culturales, principalmente. Es decir hoy en día se debe redefinir lo que es soberanía y territorio. El análisis en los términos tradicionales de la defensa de nuestras fronteras ha quedado totalmente obsoleta para este tiempo de globalización, pues se deben introducir los conceptos de “fronteras económicas, sociales y culturales”; las naciones hoy en día luchan ya no solamente por territorios y fronteras internas u objetivas, sino que (tal como hemos visto en el caso de Irak, los EEUU han desarrollado una guerra de ampliación de sus fronteras económicas y culturales e igual sucede en la ocupación rusa de Chechenia y en otras muchas “guerras”) se usan ahora criterios totalmente “externos y subjetivos”.

4. Esta “externalidad de la soberanía” (ojo que en el Perú más bien existe una “internalidad” del colonialismo o anti-patria) necesariamente se complementa y solamente tiene sentido a través de criterios subjetivos como por ejemplo, el de la “identidad cultural” de nuestros capitales de inversión en el extranjero o simplemente de nuestros migrantes en el exterior. Es muy importante entonces el concepto de identidad, como soberanía subjetiva dentro del proceso de globalización, porque con esto se demarcan “nuevas fronteras nacionales”; sobre todo para países como el Perú, que tienen no solamente “fronteras nacionales” sino también “fronteras de civilización”. La carencia de la que adolecen muchos criollos peruanitos (empresarios y políticos en su mayoría) es de ausencia de estos criterios “subjetivos y externos”, lo que les impide ver, considerar y rechazar (o negociar dignamente, sin coimas ni “echadas”) la invasión de capitales extranjeros y trans-nacionales, imperialistas o intervencionistas; a la par de invasión de marketing con mensajes culturales de “proyectos foráneos” (por ejemplo el proyecto “Nipón”, el proyecto “Chileno”, el proyecto “Judío-marrano” o el proyecto “EEUU”; los ejemplos sobre el intervencionismo de c/u en nuestro país sobran), que es nata y parte del racismo anti-peruano, que es tan común que hasta funge de invisible.

5. Por otro lado, “nuestros criollos” (“mis amados criollos” les llamaba José Gabriel Tupac Amaru) no “perciben” ni aprecian nuestra identidad y cultura andina, porque la desprecian, no saben que la civilización andina como cuerpo nacional material y espiritual (territorio y pueblo ancestral) es nuestra (de los auténticos Peruanos de los que hablaba Luis E. Valcárcel) principal ventaja competitiva para el desarrollo sostenible, y sobre todo para la defensa de nuestras fronteras territoriales, económicas, sociales y culturales, para la defensa de nuestra soberanía tan deteriorada en las últimas décadas. Pero todo el potencial de la civilización y pueblo andino, todavía está por ser “descubierto” por los “peruanitos” que monopolizan los capitales y la política en el Perú. Recién después del violentismo de Sendero (fenómeno anti-peruano que “ha vacunado” a nuestro país contra el socialismo), la “sociedad limeña” está “descubriendo”, la cocina “peruana”, el turismo “interno”, los súper-alimentos “andinos”, la medicina “tradicional”, etc. (El gran Chef Gastón Acurio es un buen ejemplo de un criollo que “rescata” nuestros valores culinarios andinos). Los Peruanos “con P de Patria”, debemos negociar con los capitales extranjeros buscando “socios y no patrones”, al estilo del boliviano Evo Morales, es decir: No con “las piernas abiertas” (recordando la sentencia de Pablo Macera), que es el estilo del fuji-toledo-alanismo, misma anti-patria, fiel estilo de todos los hijos de Pizarro.

6. En este tipo de análisis “reformulado”, por ejemplo, la defensa de nuestras fronteras económicas, debemos plantearlas en la defensa, construcción y recuperación de nuestros mercados y capitales peruanos y el fortalecimiento o re-educación de la SOBERANÍA SUBJETIVA o identidad de nuestros “amados criollos”, capitalistas o “inversionistas Peruanos” en el extranjero y sobre todo dentro de nuestro querido país.

7. Para lograrlo debemos empezar a desarrollar políticas de Estado como las siguientes:

• Reforzamiento y recuperación de nuestros capitales nacionales. Se debe renegociar la deuda externa y renegociar los contratos de venta de las empresas públicas, y otras acciones reivindicativas.
• Privilegiar a nuestros productores nacionales, empresarios y trabajadores (políticas proteccionistas, arancelarias, franjas de precios, impuestos selectivos, tasa de interés preferenciales, exoneraciones, etc.). Abandonar las políticas de Estado absurdas de proteger a la producción y productores extranjeros en perjuicio de los nacionales. Los EEUU e Inglaterra son proteccionistas de sus capitales y mercados, pero aconsejan neoliberalmente que países como el Perú, “no lo hagan”.
• Dar poder de compra al grueso de nuestras poblaciones más pobres, lo cual tiene como consecuencia darles carta de ciudadanía a los excluidos. (aumentar la demanda agregada es hacer crecer impetuosamente nuestra economía).
• Re-negociar en el comercio exterior (especialmente el TLC-USA del entreguista Toledo) usando nuestras fortalezas o las dos ventajas competitivas mayores del mundo andino: La Biodiversidad y el Germoplasma, las cuales deben ser protegidas y ampliadas con políticas de Estado especiales.
• Conquistar la soberanía alimentaria y energética, como armas estratégicas para la defensa y el desarrollo nacional y
• Dar a la minería un desarrollo selectivo y sentido ecológico, priorizando el desarrollo agropecuario y turístico alternativo.

8. La defensa de nuestra “frontera económica”, significa también Revalorizar nuestra tecnología y capitales, nativos, o propios.

9. Nuestro principal capital nacional es nuestro capital humano (aunque a algunos no les guste este término) el “cholo barato” y el “cholo regalado”, deben convertirse en nuestro principal “producto de bandera” ¿Cómo? De “cholo barato” debemos convertir a los Peruanos en “cobrizos exitosos y competitivos” (los ejemplos saltan a la vista), dándole mayor valor agregado a nuestra gente a través de dos procesos insustituibles:

• recuperar la identidad – autoestima - fuerza productiva propia. el lema del “si se puede” es el lema de los incapaces, de los enfermos o impotentes, los Peruanos auténticos “siempre podemos”. (Los que “ya no pueden” son esa élite o burbuja de políticos criollos que detentan el Estado-criollo corrupto).
• recuperar la iniciativa con mayor educación-capacitación de nuestros compatriotas andino-amazónicos. Esto revalorizará nuestro capital humano, que es siempre la principal fortaleza de todo país.

10. en nuestro comercio exterior debemos eliminar las distorsiones del mercado provocado por el proteccionismo de las grandes potencias a sus productos de intercambio. Negociar en condiciones de igualdad y no de rodillas, tal como lo hacen todos los gobiernos criollos desde la creación de esta su república caduca.

11. Debemos LIBERAR LAS FUERZAS PRODUCTIVAS ANDINAS. Convirtiendo al bastión de la resistencia andina al colonialismo interno: Nuestras más de 10,000 Comunidades Indígenas Andino-amazónicas (ya que estas son propietarias de más del 70% de las tierras con potencial agrícola del Perú y el 90% del potencial minero) en unidades agro-industriales de ocupación real, efectiva y eficiente del agro y la minería peruana, (el modelo chino de las “Comunas populares” o el modelo israelí de los “Kibutz” han copiado alegremente imitando al Ayllu-Inka). Esto también significa usar las tecnologías andino-amazónicas imbatibles hasta HOY, para la solución del hambre, de la pobreza y extrema pobreza, que se da principalmente en el campo.

12. finalmente: Debemos priorizar la solución del hambre de los peruanos tanto o más que el crecimiento de las cifras macroeconómicas. Pero ¿Cómo hacer esto sin ocasionar desequilibrio fiscal y crisis inflacionaria?. La solución es muy simple: debemos renegociar equitativamente la deuda externa y canjear la deuda por desarrollo selectivo por sectores (de la agricultura y la industria tradicionales, o del sector turismo, por ejemplo). Bolivia hace poco ha demostrado como lograr HASTA LA MORATORIA DE LA DEUDA, pero para esto se precisa que los peruanos estemos conscientes, organizados y movilizados, dispuestos a renegociar todos los contratos entreguistas hasta las últimas consecuencias, y seguir negociando de pie, con el capital y la inversión externa, pero sin mercantilismos, sin piratería y con el corazón en nuestra tierra.

En resumen, si queremos resolver la actual crisis de pérdida de soberanía, DEBEMOS FRENAR EL SAQUEO propiciado por el colonialismo interno y dar paso a una economía de acumulación interna de capitales nacionales y de creación de mercados sólidos que favorezcan un desarrollo sostenible para todos los pueblos del Perú. En las próximas elecciones presidenciales los Peruanos y Peruanas debemos apostar por un gobierno NACIONALISTA, de acumulación interna de capitales propios y competitivos con la inversión extranjera, que ponga fin a la “vendimia” de la patria, y que mande al tacho de la basura esta Constitución fuji-toledo-alanista de “piernas abiertas” y que recupere la dignidad para todos los peruanos, convocando al poder constituyente de todos los pueblos para refundar un Perú Quechua-Aymara-Amazónico-Mestizo-Criollo y de toda la diversidad Peruana.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

So what? (el escaso atractivo de la obviedad)

Juan Gaudenzi (Desde México. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El gobierno de los Estados Unidos y los principales medios de comunicación gráfica del mundo vuelven a tratarnos a los ciudadanos comunes y corrientes como si fuésemos estúpidos.

Aprovechando la imagen de “enemigo número uno” del imperialismo norteamericano (detrás de Al Qaeda, se entiende) lograda por un site de Internet llamado “Wikileaks” y su responsable, un tal Julian Assange, gracias a la difusión de documentos clasificados sobre la guerra en Afganistán, estos dueños y señores de la opinión pública montaron una gigantesca campaña publicitaria con el slogan “y van a ver lo que se viene…”

La humanidad contuvo el aliento. Si las pruebas de torturas y asesinatos de civiles a cargo de soldados estadounidenses fueron tan sólo un adelanto, lo que cabía esperar era, algo así como un video del momento en que George W. Bush decidió la invasión a Irak en la peor de sus borracheras.

Decir que de nada valieron ni las exhortaciones ni las amenazas de Washington a Assange y sus “cómplices”, sería un despropósito.

¡Por supuesto que sirvieron para elevar las expectativas a un nivel de paroxismo!

Y como lo prometido es deuda….chan, chan, chan, ¡aquí les van nada menos que 251.287 documentos secretos del Departamento de Estado y todo su andamiaje diplomático mundial!

“La mayor filtración de la historia”, la calificó “El País” de España, uno de los cinco medios gráficos encargados de la maniobra, junto con “The Guardian”, de Gran Bretaña; “The New York Times”, de Estados Unidos; “Le Monde”, de Francia y “Der Spiegel”, de Alemania.

Y de inmediato, de la segunda línea a la última de todos los medios de prensa del mundo (si alguno no dice algo sobre “Wikileaks” no existe) hicieron de caja de resonancia.

¿Y cuál es el contenido de la “mayor filtración de la historia”?

A ver. Como se trata de un hecho inefable, permítanme recurrir a un ejemplo burdo: si en medio de un ambiente de gran misterio y enorme interés, yo les digo: “y ahora, pese a todo y contra todo, les voy a mostrar lo que se oculta en ese tambo, sin importarme las consecuencias”, ¿ustedes que se imaginan? El más inocente piensa: “tal vez se trata de un prostíbulo donde las mujeres han sido reemplazadas por vacas”.

¡Pues, no señores! “¡En este tambo se manipulan las ubres de las vacas para extraerles su leche!”

Lo que revelan los 251.287 documentos secretos del Departamento de Estado es lo mismo; simple y sencillamente, lo que cualquier Ministerio de Relaciones Exteriores hace o debería hacer: su trabajo. Nos guste o no.

No nos gusta, por supuesto, pero ¿qué otra cosa podía esperarse de la única super-potencia?

¿O el gobierno de Estados Unidos, ese señor Assange y los medios “comparsa” pensaron que son muchos los idiotas que creen que la diplomacia es sólo una cuestión de obtener el beneplácito, presentar credenciales y a partir de ahí dedicarse a comer y beber en interminables recepciones?

Y que, por lo tanto, la opinión publica mundial iba a entrar en estado de shock al enterarse que los empleados del Departamento de Estado de los Estados Unidos de Norteamérica hacen lo mismo (solo que a mayor escala y con muchísimos más recursos) que absolutamente todos los funcionarios diplomáticos de absolutamente todas las embajadas de absolutamente todos los países: dedicarse a reunir y enviar información a sus sedes, sobre todo la relacionada con los intereses de sus respectivos Estados. Información que, en el 99 por ciento de los casos, no sirve absolutamente para nada, porque ya tomó estado público de una u otra manera.

Un verdadero hit de la diplomacia norteamericana y de los “enemigos” de su secretividad hubiese sido descubrir, por ejemplo, que Putin gusta de los hombres. “Concluir que tiene tendencias machistas y autoritarias es una obviedad. O que Joe Biden negocia bajo la mesa con Ahmadineyad; o que Chávez cuenta con un poderoso lobby en el Capitolio.

Pero si tiene tiempo y ganas como para leer los más de 250 mil documentos no espere encontrar nada de eso. Todos se encuentran en la franja de clasificación que va de lo “confidencial” a lo “secreto” (un “secreto” puede ser preguntar por el estado de salud mental de la presidente de Argentina, por ejemplo) y no hay ni un solo “Top Secret”.

Cabría preguntarse por qué. Una de dos: él o los proveedores de información de “Wikileaks” no tuvieron acceso a ellos; o el Departamento de Estado, pese a su magnitud y alcance global, nunca obtuvo alguna información que mereciera tal categoría. De ser así, el mayor daño para la seguridad nacional de los Estados Unidos causado por esta filtración sería mostrarlos como unos perfectos inútiles.

Esta payasada que de espionaje no tiene nada, porque el verdadero espionaje lo hacen otros organismos y otros “señores” sin visa diplomática y, casi siempre, ubicados en altos cargos privados o gubernamentales de sus propios países, me recuerda una anécdota personal que viene al caso.

En los años 80´s trabajaba como corresponsal en Centroamérica de una importante agencia internacional de noticias. Encontrándome en El Salvador, más precisamente en una carretera que corre muy cerca del heroico cerro de Guazapa, tuve una de esas oportunidades que no se le presentan todos los días a un periodista: otra de las tantas operaciones que el ejército gubernamental lanzó contra ese bastión guerrillero acababa de fracasar y los soldados bajaban en desbandada, entre ellos un joven capitán que accedió a contarme, con lujo de detalles, el desarrollo de la batalla.

Al día siguiente, el relato -con fuente plenamente identificada con nombre, rango y unidad a la que pertenecía- fue publicado por una gran cantidad de medios de todo el mundo y, por supuesto, el ingenuo capitán resultó severamente castigado….(y yo amenazado por el entonces jefe del Estado Mayor).

Me lo encontré tiempo después y como “al toro hay que tomarlo por las astas”, le dije: “permítame una recomendación: si en otra ocasión se le acerca un periodista que se identifica como tal y toma notas de sus declaraciones, no tenga la menor duda de que serán publicadas, salvo que usted pida lo contrario”.

Lo mismo pasa con cualquier diplomático de cualquier país: si usted le cuenta a un embajador extranjero, por ejemplo, que conoció a una de las amantes del presidente de la república, no tenga la menor duda que ese mismo día o al siguiente su confidencia será redactada, criptografiada y enviada a la Cancillería correspondiente. Carecerá de algún valor estratégico pero a ese funcionario le pagan por hacer eso. Como al que ordeña, por extraer leche de las ubres de las vacas.

Durante la guerra de las Malvinas -ahora recuerdo el comentario que bastante tiempo después me hizo un funcionario retirado del “Foreing Office”- los agentes británicos en Buenos Aires no necesitaban ordeñar. La leche (información) les llegaba sola; por “gravedad”, eufemismo que uso para referirme a traición a la Patria, “en tanta cantidad que no sabíamos que hacer con ella”.

Después de conocerse el contenido de “la mayor filtración de la historia” hay dos hipótesis con respeto al griterío de Washington: a) Una cortina de humo para proteger los verdaderos secretos de Estado que, tal vez, se encuentran amenazados. b) Un intento por evitar el ridículo y ocultarle a los contribuyentes como se derrocha su dinero. ¿Para qué puede servirle al Imperio conocer los detalles del iris del presidente de Paraguay?

En Italia, al tiempo que el partido oficial “El Pueblo de la Libertad” ponía el grito en el cielo, sosteniendo que este tipo de información es una nueva forma de terrorismo, Berlusconi fue, hasta ahora, el único en estar a la altura de las circunstancias. Como uno de los “secretos” revelados por estos nuevos “terroristas” se refiere a sus “festicholas” -ampliamente conocidas y comentadas no solo en Italia-, el primer ministro reaccionó con una sonora carcajada.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Unidad básica y jefes de manzana

Beatriz Paganini (Desde Santa Fe, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Cuando mis padres se separaron, yo iba sólo de vez en cuando al chalet de los abuelos porque papá trabajaba en Rosario y venía una vez al mes a Santa Fe.
A veces les decía a mis primas que le pidiéramos todas juntas a la abuela Cristine el permiso para bajar y jugar en el sótano. Pero ellas me dijeron que ya la abuela les había dicho que eso se había acabado, el sótano estaba prohibido para siempre.
Después mi padre se fue a vivir de Rosario a Córdoba y mis visitas de espaciadas pasaron a ser inexistentes.
También cambiamos de casa y nos mudamos al sur de la ciudad.
Me iba caminando a la escuela Normal.
Recuerdo que… a mis quince años, cuando vivíamos sólo del sueldo de mi vieja y tenía que alcanzar para los tres: ella, mi hermana y yo.
El invierno era cruel para mis pulmones asmáticos, pero estufas no teníamos, en aquella época no se distribuía el gas por las cañerías domiciliarias, sólo contábamos con una garrafa de gas para la cocina, y, tener calefacción eléctrica era impensable. Recuerdo que una noche fría y muy tarde tocaron el timbre en mi casa. Era una tía solterona, la catolicona le decíamos con mi hermana por su fanatismo (al final terminó siendo monja).
Yo le abrí la puerta y la hice pasar. Tenía todo el susto reflejado en sus ojos que, ya de por sí, eran saltones.
Temblaba tanto que su boca abierta no articulaba palabra alguna.
Mi madre, la tomó de una mano, la guió hasta la cocina y la hizo sentar.
Con la reacción rápida y justa que siempre solucionaba ante un imprevisto, mamá le dijo a mi hermana:
_ Querida, dale un vaso de agua.
Mi tía tomó el vaso con las dos manos, temblaba tanto que, al beber se salpicaba la cara y la ropa.
_ ¡Nos persiguen! ¡Me quieren matar!

Categórica, mi hermana le preguntó:
_ ¿Podés decirnos que te pasó?
_ Iba…yo iba en el ómnibus y una de la Unidad Básica subió y me miró y cuando me vio la insignia de la Acción Católica me gritó: ¡Ya se les va a acabar a ustedes los Contreras, los católicos, al paredón!
Se entrecortaba, balbuceaba, lloraba y, a medida que ella iba hablando mi madre palidecía.
En un momento de la frase le puso una mano en la boca y con la otra señalaba la pared de la cocina que daba al norte.
Las cuatro nos dimos cuenta: esa pared era la medianera que daba al vecino: el informante del Partido, don Abel (Caín le decía mi hermana) el jubilado municipal que se había tomado con mucha responsabilidad ser el espía de nuestra cuadra, mejor dicho de las cuatro cuadras que formaban la manzana y que tenía un original cargo: Jefe de Manzana.
Digamos que lo que le gritó la de la Unidad Básica a mi tía, fue después del discurso de Perón cuando dijo que por cada peronista había que matar a cinco contreras. Fue el famoso discurso del “cinco por uno”.
Después vino la afiliación obligatoria, de la cual nadie nos salvamos, aunque ahora, algunos, digan lo contrario.
Y de la radio uruguaya que mi hermana, mamá y yo, escuchábamos con el volumen muy bajo para que Caín, perdón don Abel, no nos denunciara. Porque era la única forma de saber lo que pasaba en el país en que vivíamos.
Y del velatorio con sucursales.
Y del luto obligatorio en la solapa del saco, el vestido o el guardapolvo.
Y del discurso partidario todas las mañanas en las escuelas, después de izada la bandera
¿Y de qué me acuerdo ahora, en este momento?
De mi primer reemplazo como maestra en una escuelita de barrio.
Resulta que el director era radical y juró que la insignia de su partido no se la sacaría nunca. Todas las mañanas aparecía con su símbolo en la solapa, del luto minga.
Pero, además, cada día uno del personal tenía que decir su discurso político frente a los alumnos y la enseña Patria.
¿Cómo se solucionaba el problema?
Se solucionaba con la vicedirectora. La seño Susana, democrática y auténtica persona. Ella era peronista, militaba en una Unidad Básica, el director era radical y no abjuraría en su determinación. Que además tenía cinco hijos y su esposa padecía de un cáncer terminal y que si los de la C.G.T. se enteraban, no se irían con chiquitas.
Entonces, la seño Susana leía el discurso el día que le correspondía a ella y, cuando le tocaba al director, lo escribía y leía también ella.
Todos queríamos a la seño Susana.
Sonrío. Parece una redacción de quinto grado, pero fue real.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

El traje del emperador (El imperio al desnudo)

Edgar Borges (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Como en el relato "El traje nuevo del emperador" de Hans Cristian Andersen, las filtraciones de Wikileaks están mostrándole al mundo el verdadero traje de la política exterior del país más poderoso de la tierra. Como en el famoso cuento, todos (a nivel mundial) en realidad sabíamos (calladamente) que el emperador estaba desnudo, es decir, en el fondo (en las esquinas, en los bares) era un "secreto público" la forma de hacer política exterior de las diversas embajadas estadounidenses. ¿Quién no sospechaba que los servidores del Departamento de Estado se comportaban en el extranjero de manera autoritaria, pretendiendo dictar las pautas de las diversas políticas nacionales? Sin embargo, tuvo que venir Wikileaks, interpretando el papel del niño que no se muerde la lengua ante las verdades, a gritar a toda voz que "el señor emperador estaba desnudo". Pero, a diferencia del relato, aquí nadie había estafado al emperador. Al contrario, el emperador nos había estafado a todos (El nuevo traje tenía el viejo diseño del imperio). La estafa había sido cometida (consecutivamente) a los distintos ciudadanos del mundo. La estafa radicaba (y radica) en que hace mucho tiempo que la política nacional se decide a puertas cerradas y en inglés.

El caso de Wikileaks necesita múltiples lecturas, importantes discusiones. Semejante escándalo debería ser una oportunidad para sincerar las relaciones diplomáticas entre una nación (Estados Unidos) y el resto de naciones. O somos un asunto global de intercambios diversos o somos colonias de un centro llamado USA. El problema del necesario análisis radica en la saturación de la información, muy de moda en estos tiempos. No será fácil detenerse a discutir todo cuanto "estamos descubriendo" (y lo que falta) en el camino, cuando es escasa la ocasión que nos dan de reflexión. ¿Cómo enderezar el rumbo de una sociedad uniforme a la que se le ha cambiado la interpretación del tiempo?

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Poema

Guillermo Henao (Desde Medellín, Colombia. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Después de lo ocurrido,
uno puede pensar en retro-ceder.
Entonces quisiera arrepentirme, pues nunca lo logré.
Pero como uno, solo, no se de-termina,
alegre saborea los pequeños triunfos.
Y entra
y saluda los compañeros
y todos lo comentan
con entusiasmo o con amable indiferencia,
aplauden estos logros como definitivos.
“Ya ves hermano, en quienes te emplean si hay bondad”.
Y puedes retractarte de todo, hasta de ti
cuando estás entre ellos,
o quedarte con lo que has sido, si lo creen conveniente.
Concluye entonces: luchar es amargo.
¿Y nada más?

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Freud y el psicoanálisis con niños

Jesús María Dapena Botero (Desde Vigo, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)


Composición personal a partir de una caricatura registrada en: http://3.bp.blogspot.com/_lup7fJfTLuc/Sez1bQgXoOI/AAAAAAAAAH0/5kQ-f_9mmcM/s1600-h/unconscious-freud-v-jung.jpg

Freud, quien se resistía a instalara un dispositivo psicoanalítico para los niños, inició una casuística, siempre preguntándose por su eficacia, desde la perspectiva del investigador que era; era un hombre, quien nunca sostuvo su clínica sobre la base de meras especulaciones, ya que siempre recurrió a la constatación clínica de sus supuestos teórico, con una rigurosa evaluación de sus resultados; bien sabemos el interés que el padre del psicoanálisis tuvo de inscribir a éste en el contexto cultural de su tiempo y darle un estatuto científico, para sacarlo del terreno de la pura teorización, siempre poseído por una pasión K, de conocimiento, como la que señalara W. R. Bion, una pasión por aprender, la cual es bien propia del científico, según los señalamientos de Charles S. Peirce, el lógico y científico pragmático estadounidense. (1) (2)

Pero amén de esta cualidad, Freud era también un tipo imaginativo, otra de las cualidades de esas que, para Peirce, son necesarias para un espíritu científico.

Además, el padre del psicoanálisis siempre se propuso una delimitación de su objeto de estudio: el inconsciente, con toda la conciencia de que el camino de la ciencia es lento, tambaleante y exige de una labor continua, cosa que tenemos bien claro que se da en todo proceso psicoanalítico, tras una sucesión de acontecimientos, en el que se plantean hipótesis, que se refrendan o descalifican, un poco a la manera que lo sugiere ese enemigo del psicoanálisis que era Karl Popper, al confrontarlas con la observación clínica, en una permanente dialéctica, en la que se va de la teoría a la clínica y de esta a la teoría, sin acostar al paciente en el lecho de Procusto de una formulación teórica, en tanto y en cuanto, las hipótesis son meras construcciones auxiliares que están por probarse o desecharse, cuando no se corroboran en la realidad.

Una labor de esta naturaleza requiere de mucha paciencia, de la superación de dogmatismos y posturas narcisistas, para saber renunciar a ciertas convicciones, cuando la realidad se encarga de desmentírnoslas, para lo cual tenemos que seguir al mismo Freud, quien nos plantea que el psicoanálisis no es un Weltanschauung, una cosmovisión del mundo, que no es un pensamiento único, ni una doctrina inmodificable. (3)

Bien, sabemos que Herr Professor, como llamaban sus discípulos a Freud partiría de las neurosis de los adultos para luego dirigirse a los niños, para desentrañar el enigma de las neurosis infantiles in status nascendii.

Vemos pues como el padre del psicoanálisis se encuentra desde muy temprano, con los fenómenos psíquicos de la infancia, y ya en la Interpretación de los sueños encontramos un capítulo relacionado con la vida onírica de los niños, como se ocupa del juego de éstos y de la asociación de ideas de una niña de cuatro años. (4)(5)(5)

Para el Freud de la Traumdeutung, el sueño de los niños pequeños eran simples cumplimientos de deseos, por lo que carecerían por su evidencia y obviedad del interés que producía el análisis de los sueños de los adultos, en tanto, no planteaban enigmas atractivos, pero sí que servían para demostrar la hipótesis de que el sueño es el intento de una realización de deseos.

Además señalaba que tales sueños no sufrían deformación onírica alguna, ya que la censura no operaba de la misma manera que lo hacía en las personas mayores, aunque más adelante, en 1916, nos diría que dicha deformación se instala desde muy temprano y se registran sueños de niños entre los cinco y los ocho años, quienes presentan sueños tan complejos como los de los adultos. (7)

Sin embargo, a pesar de esos hallazgos, el hombre se resistía a hacer una aplicación a los niños pequeños, al no tener claro el límite de la escisión en ellos entre lo preconsciente y lo inconsciente y además desconfiaba de la capacidad intelectual para que los pequeños tuvieran la suficiente comprensión para hacer insight y aprovecharse de los beneficios clínicos del psicoanálisis.

Pero estos prejuicios los iría sorteando para pasar de la contraindicación casi absoluta a la formulación de ciertas condiciones de aplicación.

Así, Melanie Klein comenzará su Psicoanálisis de niños con la siguiente aseveración: Los comienzos del análisis de niños se remontan a más de dos décadas, cuando Freud mismo realizó el análisis de Juanito. Este primer análisis fue de gran importancia teórica desde dos puntos de vista. El éxito obtenido en el caso de un niño menor de cinco años mostró que el psicoanálisis podía ser aplicados a los niños pequeños, y, lo que es más importante aún, se pudo demostrar ampliamente, por medio del contacto directo con el niño, la existencia de aquellas tendencias instintivas infantiles que Freud había descubierto en el adulto. (8)

Sin lugar a dudas, el análisis de la zoofobia de un niño de cinco años, el pequeño Hans, abrió el camino del análisis con niños, al tratar el problema del chico como una verdadera neurosis y demostrar la eficacia del tratamiento, no sólo en el hecho de que el síntoma cesara por completo, sino en la aventura lograda de la aplicación del método psicoanalítico a un infante, con lo que Freud comprobaba, en la práctica, su teoría sobre la sexualidad infantil, los complejos de Edipo y de castración, de donde lo que se tenía en cuenta, para tales análisis, era la existencia de ese concepto fundamental del psicoanálisis que es la pulsión, como elemento primordial, en la génesis de las neurosis.

A partir del paradigmático caso de Juanito, otros seguidores de Freud, como Sándor Ferenczi aplicarían el método freudiano a otros casos como el de Arpád (9), o el del caso de una fobia a las abejas presentado por Abraham, o los trabajos realizados por esa pionera del análisis con infantes, Hermine von Hug-Hellmuth (10), a quien Freud le confiara la sección dedicada al psicoanálisis con niños en la revista Imago para dar cuenta de su técnica de la aplicación de la terapéutica freudiana a los infantes, mediante actividades lúdicas y dibujos, dentro del marco de una ortodoxia impecable, sin que sus colegas se percataran que aplicaba dicho método a su sobrino, al que hacía interpretaciones salvajes del siguiente tipo:

Cuando el chico le contara que había matado cinco avispas hincando su bastón en un nido, su tía le interpretaría de una forma estereotipada: [Ello] nos revela una buena parte de su curiosidad sexual y su sadismo, que se expresa en el acto de perforar el nido… y… revela el deseo que le suscita la madre mientras su espíritu se retuerce.

Este muchacho, quien era hijo natural de su hermana, cuando ésta murió fue puesto a cargo de una nodriza y había cambiado dieciocho veces de domicilio, además de haber tenido cuatro tutores distintos, lo que lo llevaría a sentir tal odio por su tía-analista que, en 1924, intentaría robarle dinero y para evitar el escándalo que su víctima iniciaba con su gritería, la estrangularía mientras y hundía la mordaza en su garganta, para después de salir de la cárcel, exigir a la Sociedad Psicoanalítica de Viena, una indemnización por haber sido un ratón de laboratorio para la aplicación del método psicoanalítico. (11)

Tal hecho hizo que algunos personajes de la talla de William Stern, Alfred Adler y Wilhelm Stekel, sin mirar las fallas técnicas que la pionera del psicoanálisis tuvieran levantaran su voz de protesta contra el análisis con niños en general para concluir que esta terapéutica no era adecuada para niños pequeños. (12)
Afortunadamente otros casos verificaban la inocuidad del psicoanálisis con niños en la producción de iatrogenia.

Para retomar el caso Juanito, el único análisis de niños en que el padre del psicoanálisis interviniera más directamente, es claro que las observaciones del pequeño las hacía más bien el padre del pequeño Max Graf, quien miraba cotidianamente las conductas del pequeño Herbert (el pequeño Hans). Lo que Freud sí hizo fue orientar el plan del tratamiento del chiquillo e incluso intervenir una vez, en forma directa con el muchachito pero quien, realmente, llevaba el caso era su discípulo Max, quien como padre podía aproximarse al infante, con un tierno interés además del científico. (13)

Así, Herbert Graf comentará a su padre y éste a Freud, sus teorías sexuales infantiles, con lo que demostraría que el embarazo y el nacimiento de un hermanito, no pasaba por la mente de un niño como un rayo de luz por un cristal, sin romperlo ni mancharlo, con lo cual confirmaba las teorías que Freud había ido exponiendo en su Traumdeutung y en Tres ensayos de teoría sexual, acerca de la sexualidad que se mueve en el triángulo edípico, las angustias de castración frente al padre, surgidas por fantasías parricidas, por temor a la retaliación de éste.

Así las cosas, Juanito deviene en caso paradigmático, para el análisis de lógica de la formación del síntoma, que va de la angustia generada por un conflicto a una solución de compromiso, a través de las defensas del niño contra la ansiedad, al operar como una suerte de bisagra, entre la angustia y la inhibición, para defenderse del peligro de la amenaza de castración.

Ahí, Freud cuestionaría las intenciones pedagógicas dentro del psicoanálisis, ya que él no pretendería hacer uso de la sugestión ni sobre el padre ni sobre el niño por interpósita persona.

Tampoco quería que se lo juzgara desde el punto de vista de que los enunciados de los niños eran arbitrarios e inciertos, ante lo cual argüiría que tal arbitrariedad no existe en el campo del psiquismo y que la incertidumbre podía darse por el gran poder de la fantasía infantil, aunque también las dudas en relación con ellas podían estar dadas por el efecto de los prejuicios del mundo adulto.

De hecho es conocido el dicho de que los borrachos y los niños son los que dicen más frecuentemente la verdad de su realidad psíquica, de tal modo que era preciso creerle al pequeño Hans.

Lo que sí quedaba claro era que en el síntoma se operaba una deformación, con el desplazamiento del temor al padre al temor al caballo, como mecanismo defensivo auxiliar de la represión de las representaciones generadoras de angustia, en el contexto del juego pulsional que se da en el marco del complejo de Edipo.

En lo que Freud sí insistirá es la necesidad de una asistencia al infante con una particular intensidad, con miras a establecer las conexiones que Max Graf logró descubrir en su hijo cuando, a través del diálogo analítico pudo ver que la fobia al caballo, tenía que ver con el juego de caballitos, en el que el padre, mediante un juego dramático de mimicry, servía de corcel a su pequeño vástago, lo cual conduciría a un cese completo del síntoma, en la medida en que el niño tomaría conciencia del conflicto, propiciador de la formación de compromiso sintomática, sin que el análisis tuviera efectos colaterales adversos para el pequeño, ya que el levantamiento de la represión no lo condujo al desenfreno pulsional sino que, por el contrario, puso en el niño un límite al sufrimiento, con una desaparición de la fobia, a la vez que sirviera de preparación para asimilar adecuadamente otras dificultades de la vida, como la ulterior separación conyugal de sus padres.

Este caso llevaría a posteriores desarrollos del análisis de las zoofobias infantiles, tanto como de los miedos y los terrores nocturnos, a partir de la comprensión del animal totémico como representante del padre muerto, descubrimiento que permitió el análisis de la fobia a los perros del doctor Wulff (14), el miedo a los gallos de Arpad y el de la fobia a las abejas de Abraham, a los que ya habíamos aludido.

La teorización de Tótem y Tabú permitiría asimilar el pensamiento infantil con el de los seres humanos primitivos. (15)

Lo que llama poderosamente la atención en el caso Arpád, es la identificación del niño con el objeto fobígeno, en la medida en que el niño entra en un mutismo para reproducir el canto del gallo mientras sus dibujos y sus intereses se centran en el mundo del gallinero, pues si Juanito se torna evitativo ante los caballos, representantes del padre, Arpád padece de una compulsión en relación con el objeto, hasta transgredir la prohibición de dañarlo, quien busca matar a estas aves.
A partir de Juanito, Freud hará uso de un método inductivo para de lo particular ir hacia lo general y constatar que tras de la ambivalencia hacia la figura paterna aparece el temor al padre, en el que se colocan aspectos odiosos, que devienen persecutorios, pero su papá, a diferencia del padre-lobo de Sergei Pankejeff, sólo intentará sacrificar la parte, el dedo, otro desplazamiento del pene de abajo a arriba, y no el todo como el lobo que se devora y anula al sujeto.

Y si Freud ve, en Juanito, una fobia, en Arpád verá lo que él llama una perversión del gallinero. (16)

Pero si en 1918, al publicar su trabajo sobre la neurosis infantil del Hombre de los Lobos, aún duda de la riqueza del contenido del análisis con niños, por el hecho de que el analista ha de insuflar y prestar al pequeño tantas palabras y pensamientos; en su prólogo a la obra de Aichhorn, La juventud descarriada, pese al impasse producido por el asesinato de Hermine von Hug-Hellmut, Freud empieza a reconocer la importancia del trabajo directo con los niños desde la perspectiva del psicoanálisis, así reconozca su poca experiencia directa con ellos, pero esta línea puede ser uno de esos caminos futuros para el desarrollo de la ciencia del inconsciente, aunque piensa todavía que se trataría de otra cosa que requeriría de ciertos cambios técnicos para acceder a ciertas estructuras y de una particular actitud del analista, en dichas situaciones terapéuticas, ya que el dispositivo puro, creado hasta ese momento no sería para nada aplicable. De hecho, no podríamos imaginarnos niños acostados en diván. (17)(18)
Lo que Freud sí le reconoce a Aichhorn es su capacidad empática con los niños, gracias a una genial capacidad intuitiva, para reconocer las necesidades de los pequeños.

Ahí, el padre del psicoanálisis se plantea que si el pedagogo ha aprendido del análisis a partir de su propia experiencia como analizante, se capacita para apoyar a los niños e incluso para analizarlos, sin que una estrechez de miras impida tal desarrollo, con lo cual vemos a un Freud siempre abierto a cuestionar sus prejuicios, a vencer dificultades, para trabajar con ellas mismas, aunque ello implique modificaciones técnicas, cosa que vemos aún más corroborada cuando defiende a Oscar Pfister en ¿Pueden los legos ejercer el análisis? (19)

Ahí, no duda en corroborar que el análisis con niños da muy buen resultado, en tanto y en cuanto, más que ser el niño un sujeto deficitario en lo intelectual, nos sorprende con sus capacidades, aún a los cuatro o los cinco años, dada su inquietud, su curiosidad y el desarrollo de la inteligencia que van obteniendo, así el período de latencia los inhiba, por efectos de la represión.

Ahora Freud sabía que Herbert Graf se había convertido en un joven sano y productivo, a pesar de haber sufrido grandes problemas en su infancia y que había pasado indemne por el período puberal.

Ahora con respecto al análisis con niños, pareciera que su visión es más clara y alcanza a ver en el desarrollo del análisis de niños todo un campo preventivo de las ulteriores enfermedades del adulto, tanto en el terreno de la neurosis como de las caracteropatías en proceso de constitución, aunque reconoce que es preciso una modificación de la técnica, ya que el niño es distinto al adulto, de donde el niño no será muy afín a la asociación libre que se sugiere a las personas mayores y se da el doble juego de que la transferencia coexiste con la presencia de los padres en el mundo familiar; entonces, no dudará en recomendar la inclusión de los padres en el proceso analítico, ya que muchas veces son los portadores de la resistencia, aunque advierte que es preciso que a esa versatilidad técnica, se asocie una rigurosidad conceptual, para abordar la clínica con niños. (20)

Desde el punto de vista de la técnica psicoanalítica, fue el mismo Freud, quien habló primero de la situación analítica para hablar del espacio en el que se desarrolla el proceso analítico.

Sin embargo, a partir de la extensión y el desarrollo del psicoanálisis con niños se han dado toda una serie de polémicas en torno a la constancia y variación del encuadre, en tanto y en cuanto, distintas estrategias se ponen en juego en la práctica clínica con los infantes, tanto en la instauración del setting, en los distintos momentos del tratamiento, de acuerdo con la edad y la psicopatología del (de la) pequeñ@, el papel que juega la familia en ella, la experiencia clínica del analista y los marcos teóricos de referncia. (21)(22)
Si leemos con atención el caso de Juanito, vemos que el encuadre que Freud establece es fundamentalmente con el padre, quien se constituiría en intérprete del niño, pero Herr Professor no tiene inconveniente en romperlo cuando juzga necesario entrevistarse directamente con el pequeño Hans e incluso analiza algunos de los dibujos del infante, como si el padre del psicoanálisis intuyera que en el análisis con niños rigen otras condiciones de encuadre, con modificaciones que transgreden los cánones de un encuadre ortodoxo, ya que tal vez el médico vienés vislumbraba que tanto la familia como Herbert Graf (Juanito) podían ser capaces de utilizar bien la situación analítica y hacer uso del analista.

Freud escucha la demanda del padre y la del niño a éste a través de sus síntomas y se dispone al acto analítico con ellos con una clara flexibilidad, en relación con los cánones estándares, para lograr dar continencia al padre y su vástago, a la par que permitía el desarrollo de todo un proceso psicoanalítico, pleno de buenas consecuencias para el pequeño.

Lo verdaderamente importante fue que Freud fue capaz de reconocer, en el pequeño Hans, un sujeto capaz de elaborar su conflictiva psíquica, de tal forma que con el desarrollo del caso se pudo ver el funcionamiento asociativo del infante, se pudo acceder a sus fantasías inconscientes, a las teorías sexuales infantiles, a la escena primaria, a las ansiedades de castración y la problemática edípica, para articular una pequeña historia, como una versión comunicada de las ansiedades del niño, de su dolor, de sus fantasías, de sus defensas.

Bien sabemos que la fantasía de enfermedad y la conciencia de ella eran claras en Juanito, quien era egodistónico con sus miedos, con sus fobias, a las que llamaba la tontería, por considerarlas absurdas de alguna manera y el pequeño establecería una clara transferencia con el profesor que ayudaba a su padre. Nada más ni nada menos que este señor:


Figura que debía resultar patriarcal para el pequeño Hans, hacia quien el chiquillo estaba bastante agradecido por su disposición de satisfacer su demanda de ser comprendido, ya que, de alguna manera, debía intuir que Freud se lanzaba a una nueva estrategia para ayudarle a que sus fobias cesaran por completo.

Vemos muy claro en la exposición del análisis de una fobia en un niño de cinco años, como la relación del médico vienés con su padre, le permitía al mismo papá, pensar en lo obvio, en la vida cotidiana, con un gran sentido de observación, ya que Max Graf, como progenitor, registraba las dificultades de su hijo, historizaba el drama del pequeño, siempre dispuesto y siempre sensible a aceptar la existencia de lo inconsciente, de la sexualidad infantil y del sufrimiento intrapsíquico de su vástago.

La comprensión que el padre de Juanito adquiría en su diálogo con Freud de estos aspectos de la vida del pequeño, de sus conflictos, generaba un movimiento de apertura, de cambio de posiciones, cosa que tal vez, no lograra Frau Graf, quien lamentablemente no fue atendida, a pesar de sus propias fantasías de mujer fálica, cuando le dice al niño que ella también tiene un hace-pipí.

Tal vez, ese haya sido uno de los errores de un Freud, quien apenas se abría a la aplicación de su teoría al tratamiento de un niño, ya que cómo no mediaba una evaluación completa de la situación familiar del pequeño, se desconocieron los límites de su madre y la historia de ella.

Aunque es claro que el padre del psicoanálisis tomó desde el principio en el caso, un rol activo, en el que sus intervenciones hacían parte de la observación y evaluación de la situación, siempre dispuesto de ir al encuentro de una dinámica abierta a lo insólito y a lo desconocido.

Notas:
1) Bion, W. R. Elementos de psicoanálisis. Paidós, Buenos Aires, 1966, p. 31.
2) Peirce, Ch. S. Escritos filosóficos, El Colegio de Michoacán, México 1997, pp. 47-76.
3) Freud, S. 35ª Conferencia: En torno de una cosmovisión en Obras Completas (t. XXII). Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1976, pp. 146-169.
4) Freud, S. La interpretación de los sueños en Obras Completas (t. IV). Amorrortu Editores, Buenos Aires, pp. 146-150.
5) Freud, S. El creador literario y fantasía en Obras Completas (t. IX). Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1976, pp. 123-136
6) Freud, S. Asociación de ideas de una niña de cuatro años en Obras Completas (t. XVIII). Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1976, pp. 261-262.
7) Freud, S. 8ª Conferencia. Sueños de niños". En Obras Completas. (t. XV) Amorrortu Editores, Buenos Aires. 1976, p. 115.
8) Klein, M.: El psicoanálisis de niños en Obras Completas. (t, 2), Paidós, 1990, Buenos Aires. 1990, p. 19.
9) Ferenczi, S. El pequeño Arpád. www.psi.uba.ar/academica/carrerasdegrado/.../659.../arpad.rtf
10) La vida y la obra de Hermine Hugh-Hellmuth pasó relativamente desapercibida para la historia del psicoanálisis con niños casi durante medio siglo, apenas mencionada de paso por Anna Freud, Melanie Klein y Helen Deutsch hasta que Colette Chiland tradujo su libro sobre técnica de análisis infantil y escribió un artículo sobre ella, a pesar de que su historia entronca con los comienzo del psicoanálisis de niños. Su primer trabajo psicoalítico fue El análisis de un sueño de un niño de cinco años y medio. En 1913, publicaría su obra más importante, una monografía titulada La vida mental del niño: Un estudio Psicoanalítico, cuyo objetivo era ilustrar las teorías freudianas de la sexualidad infantil, los complejos de Edipo y de castración, la masturbación y los sentimientos de culpa, el erotismo cutáneo y muscular, como formas primitivas de la sexualidad, a través de casos clínicos, a partir de observaciones hechas en niños, en las que usa bastante material acerca de su sobrino. También señalaría cómo la represión y las pulsiones están ligadas al progreso emocional e intelectual, en una línea desarrollista y la importancia del juego en la vida infantil, el cual utilizaba en sus tratamientos, según señala Elizabeth Young-Bruehl en su libro: Anna Freud, una biografía, el cual expuso en el Congreso Psicoanalítico de 1920, en el cual reportaba cómo hacía dichas sesiones lúdicas usualmente en las propias casas de los pequeños, aunque dicho método, vendrían a desarrollarlo propiamente Melanie Klein y Anna Freud. Sin embargo, La vida mental del niño: Un estudio Psicoanalítico más que ser un trabajo sobre la terapia a través del juego, es un conjunto de observaciones de juegos de los chicos, aunque Hug-Hellmuth desarrollaría, a partir de 1920, una teoría del psicoanálisis con niños sin mencionar sus métodos, a pesar de haber hablado de la terapia lúdica. [Geissmann-Chambon, C. y P, Geissmann. A history of child psichoanalysis. Routledge, London, 1998, pp. 33-60.
http://books.google.es/books?id=n8mTNz4oO4AC&pg=PA33&lpg=PA33&dq=Hermine+von+Hug-Hellmuth&source=bl&ots=DPJ3vODOc3&sig=CeL8uyRvHdiMN8eQxIPxmvm5bfs&hl=es&ei=kezmTIzrBYjQhAf_w420Dg&sa=X&oi=book_result&ct=result&resnum=16&ved=0CFkQ6AEwDw#v=onepage&q=Hermine%20von%20Hug-Hellmuth&f=false ]
11) Roudinesco, E. y M. Plon. Diccionario de Psicoanálisis. Paidós, Buenos Aires, 1998, pp. 493- 495.
12) Wikipedia. http://es.wikipedia.org/wiki/Hermine_von_Hug-Hellmuth
13) Freud, Sigmund: Análisis de la fobia de un niño de cinco años en Obras Completas (t. X) Amorrortu Editores, Buenos. Aires, 1991, pp. 1-118
14) Abraham, K: Psicoanálisis clínico. Buenos Aires. Hormé, Buenos Aires, 1980, p.128.
15) Freud, S. Tótem y tabú en Obras Completas (t. XIII). Amorrortu Editores, Buenos. Aires, 1991, pp. 1-164
16) Ídem., p. 134
17) Freud, S. De la historia de una neurosis infantil (El “Hombre de los Lobos” en Obras Completas (t. XVII). Amorrortu Editores, Buenos. Aires, 1991, p. 10.
18) Freud, S. Prólogo a Auguste Aichhorn, Verwahrloste Jugend en Obras Completas (t. XIX). Amorrortu Editores, Buenos. Aires, 1991, pp. 296-298
19) Freud, S. ¿Pueden los legos ejercer el análisis? Diálogos con un juez imparcial en Obras Completas (t. XX). Amorrortu Editores, Buenos. Aires, 1991, pp. 163-287.
20) Luján, L. Casuística y eficacia: dos pilares básicos en el viraje freudiano hacia la aplicación del método psicoanalítico en las neurosis de la infancia. Anuario de Investigaciones de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, 14, enero-diciembre del 2007.
21) Decobert, S. Note sur la notion de cadre, Journal de la psychanalyse de l’enfant 2: 33-41, 1986.
22) Ulriksen de Viñar, M. Construcción del encuadre en psicoanálisis de niños. http://www.apuruguay.org/revista_pdf/rup96/rup96-ulriksen.pdf

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Tropezón con la bondad

Mallela V. Pérez Palomino (Desde Panamá. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Desfallecí contigo en el discurso triste,
Me bañé en tus palabras de lágrimas mojadas,
Sin levantar un dedo siquiera, engullí tus ansias que llevaban
Dentro pedazos del alma.
Adolorido espíritu a traspiés camina,
Tratando mostrar dignidad supina:
La pena, el dolor que el pecho purifica,
Limpia, reconforta, humaniza.
Invasión de vibraciones de humildad, de encanto
Y se obnubila el llanto con una sonrisa,
Arco iris nacido después de la tormenta
Coloreando el cielo ayer enlutado.
Tu sonrisa, ¡Oh, Dios, qué regalo!
Imagen en mi mente para evocar sin prisa.
Toda la noche soñando con tu mirada limpia,
No haces nada: sólo me miras.
Me envuelves con dulzura, sin razones:
Ternura que fluye de tus pupilas prístinas.
Tu semblante laxo, tu rictus, amable
Y esa mirada posada en mi boca
¡Dios del verbo! ¿Qué he hecho para merecerla?
Y de paso ser blanco de tus bendiciones.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Viajes prescindibles

María Luisa Etchart (Desde San José, Costa Rica. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Cada vez que un presidente o algún miembro auto-titulado “importante” emprende un viaje a tierras distantes con el supuesto intento de arreglar el mundo, utiliza aviones que contribuirán durante su recorrido a arrojar a la exhausta atmósfera toneladas de CO2.

De estos viajes jamás sale ninguna solución o propuesta coherente con los dramáticos problemas que el mundo está hoy enfrentando y sólo les sirve a los viajeros para lucir sonrisas, vestimenta y pronunciar huequísimos discursos y, en la mayoría de los casos, si alguien hubiera presentado algún proyecto que intentara paliar verdaderamente los incontables problemas que nos aquejan, seguramente uno o más de los viajeros interpondrá su poder de “veto”, con lo cual la costosa reunión perderá totalmente su razón de ser y nos mostrará una vez más que nuestro planeta está regido por unos pocos pero poderosísimos intereses y las mayorías “son de palo”.

El primer viaje de Obama como presidente fue a México, supuestamente para demostrar la buena voluntad del país protagonista en el consumo de drogas hacia el país que está siendo devastado por los grupos que se dedican a suministrárselas. Salvo por la creación de la famosa “gripe porcina” devenida luego en H1N1 y la venta masiva de vacunas que aparentemente ya estaban siendo preparadas para la ocasión, nada salió de ese viaje para liberar al pueblo mexicano del drama en que lo han sumido. Estados Unidos siguen con su hipócrita actitud de no asumir la mayor responsabilidad sobre el tema, y, como en los años de la famosa “Ley seca” , sólo nos hablan de los traficantes, pero siguen ignorando a los consumidores como fuente del problema.

La reunión de Copenhaguen fue otro fiasco total, como ahora la famosa reunión de G20 en Seúl, habiendose sólo ocasionado un confuso episodio violento por parte de las Coreas que el Imperio contribuyó a dividir en su momento y donde aún se mantienen cuantiosas tropas estadounidense “por las dudas, ¿vió?”, cosa que la atención bien documentada por los famosos “medios” se centró en ese entredicho y jamás nos enteramos de los resultados de la famosa reunión.

También tuvimos el entredicho entre Costa Rica y Nicaragua, al que se le prestó mucha cobertura, prolongadas reuniones de la OEA, viajecitos a ver el lugar, resoluciones, acusaciones casi ridículas de “nos arrojaron lodo en una superficie de 2.500 metros cuadrados (un cuarto de manzana) “ y se trató de magnificar el tema, mientras nadie habla ya de los 7.000 marines apostados en el puerto costarricense de Limón enviados para, supuestamente, ayudar a combatir el famoso narcotráfico.

La buena noticia es que, mientras esto seguía su ridículo curso, grupos ambientalistas de Costa Rica, incluídos estudiantes universitarios y activistas ecológicos, lograron que se anulara el decreto por el que se autorizaba a una compañía foránea a hacer minería de oro a cielo abierto. A esto seguirá seguramente apelaciones, pedido de indemnizaciones y todo el circo que siempre viene de la mano de las beneméritas corporaciones, apoyándose en el famoso Tratado de Libre Comercio, pero al menos se sentó un precedente de dignidad.

Para completar esta ronda, hemos tenido la suerte de poder presenciar por televisión (los que no fuimos lo suficientemente afortunados de verlo personalmente), el famosísimo desfile de Macy en Nueva York, con sus infantiles globos con personajes tan importantes en nuestras realidades como el Hombre Araña y otros super-héroes, y con Juanes emocionadísimo porque este año, por primera vez, un latino fue invitado a participar en forma activa. Todo esto mientras aún no queda claro cuál será el futuro de los inmigrantes latinos, ni del sistema de salud, etc. etc.

Si mal no recuerdo, el Día de Acción de Gracias fue iniciado por algunos Peregrinos para festejar la buena cosecha que lograron recoger en territorio americano, gracias a la cooperación e instrucciones de los indígenas nativos que algo sabían del tema, y que como todos los rituales fue tornándose en comerse un pavo, ver algunos desfiles y proceder a iniciar las famosas compras navideñas que, por supuesto, nada tienen que ver con el Jesús desgreñado que vociferaba en la puerta del templo tratando de azotar a los mercaderes, y que proclamó “bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados” y que, según se cuenta, pagó con su vida semejantes conceptos subversivos.

En cuanto al temido cambio climático, contaminación de océanos, tierras y fuentes de agua dulce por productos químicos, proliferación de medicamentos perjudiciales para la salud, invasión de envases descartables , sustitución de semillas naturales por “genéticamente modificadas” y todos esos avances científicos con que el sistema nos premia, es obvio que no lograrán ser combatidos y eliminados por los actuales gobiernos que no parecen tener como prioridad la conservación de los recursos naturales, y el justo reparto de lo que los humildes sin voz de este mundo producen, sino que se pierden en crear ministerios y secretarías donde se asilarán los eunucos a quienes el sistema comprará o silenciará, con la ayuda de los cómplices de turno.

De vez en cuando, se seguirán publicando “Memorias” de algún famoso como para distraernos un ratito más, junto con los nauseantes programas televisivos destinados a atrofiar cerebros y corazones, y las nuevas generaciones no llegarán a conocer jamás tantas voces que ha habido y hay en el mundo que los podrían ayudar a pensar y descubrir verdades cada vez más ocultas porque han sido cuidadosamente eliminadas de los “programas de estudio” .

Por favor, si usted ama a sus hijos, llévelos a una biblioteca y ayúdelos a descubrir tantos tesoros ocultos que podrían ayudarlos a torcer el camino por donde se los está guiando hacia un fin predecible. No sea cosa que se tengan que lamentar, como el otro día lo hizo un reconocido economista en USA, quien dijo que ya Marx había previsto estas crisis que el sistema capitalista traería al mundo, pero que él, como había estudiado en Harvard, jamás había leído a Marx y recién acababa de descubrirlo.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Música: Uña Ramos y la quena

ARGENPRESS CULTURAL

Mariano Uña Ramos nació en 1933 Argentina, cerca de la frontera con Bolivia, en la Quebrada de Humahuaca. Allí donde la quena, la antara, todas las flautas de los Andes cobran vida. Mientras las oímos, rápidamente descubrimos que las estuvimos escuchando por miles de años bajo todos los cielos. UÑA RAMOS es universal. A través de él se expresa el verdadero espíritu de la flauta. La relación de UÑA con la flauta es una muy remota evocación del folklore del Altiplano indio. La quena fue el primer regalo que le pidió a su padre a la edad de cuatro años. Desde entonces, cada flauta que toca está hecha por sus manos, íntegramente afinada para interpretar sonidos suaves como la seda, para que los oídos puedan imaginar melodías celestiales y en un perfecto balance de proporciones musicales. Luego, la música, la complicidad entre UÑA y su instrumento es perfecta; la flauta en sus manos tiene la armonía de las obras clásicas. UÑA es sin duda, antes que nada, un gran clásico. Fue un niño prodigio enseñando música en el conservatorio en Argentina a los once años, demostrando un don excepcional para la interpretación. Profesionales alrededor de él, sintieron que en este joven había algo diferente, que tenía algo para decir y para enseñar a los demás, el poder de cambiar el mundo, a través de una música con la que cada hombre de cualquier cultura podría identificarse.

Una obra compuesta por UÑA, así como cualquier obra clásica, desafía al tiempo y al espacio. Desde Francia, donde ha estado viviendo desde hace más de veinte años, UÑA le brindó al mundo entero sus ritmos y sus notas. En todas partes del mundo se lo considera un genio de la flauta. En Japón siempre es recibido de pie, con una gran ovación. En los Estados Unidos, en Alemania, en Francia, en Italia, a lo largo de toda Europa; compositores de todos estos países, cautivados, se ofrecieron a acompañarlo en la interpretación de sus obras. Sentimientos de amistad, amor, nombres de hombres y mujeres, visiones de nuestro alrededor, están plasmadas en sus obras: "Una Flauta en la Noche", "Eve", "Puente de Madera", que le valió el gran premio de la academia Charles Cros; "Don Pablo", dedicado a Neruda; "La Princesa del Mar", donde surge la muerte en un canto a capella. Esta música carnal y muy bien construida, es rica en espiritualidad, brillo y movimiento. En la magia de su quena, está preservado el genio de UÑA RAMOS, único, original, en el presente, en el pasado y en el futuro.




Fuente: EL VIGIA

Perros

Pedro Aponte Vázquez (Desde Puerto Rico. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Sin saber que dos hombres han venido siguiéndolo en una cacharra, Iraldo entra tranquilamente al colmado Gaza en el sector capitalino de Capetillo, abarrotado de víveres y olor a café, y espera a que el dueño termine de atender a un cliente mientras un empleado atiende a otra persona y otros esperan su turno. Yasir, de quien cualquiera creería por sus características físicas -mas no por su habla- que es un boricua más, se desocupa y, con un leve movimiento de la cabeza, lo invita a ir a la trastienda. Ambos se dirigen hacia allá, cada uno por un lado del mostrador, Yasir abre la puerta con llave, entra seguido de Iraldo, la cierra, le pone dos seguros y busca trabajosamente un paquete escondido entre los géneros. Lo abre, le muestra a Iraldo un conjunto de piezas y se lo entrega.

-¿Sabe que es esto?

Iraldo lo toma entusiasmado, sonríe y examina cada pieza con la autoridad de un experto.

-Claro que sí. Es una Micro UZI, lo último en la avenida en defensa personal.

-Con nuestra solidaridad y agradecimiento -le dice Yasir con orgullo.

-Gracias, compañero. La patria lo agradecerá.

Iraldo, de unos 24 años, casi recién salido del servicio militar, alto, robusto, de tez oscura, cabello ondulado y estudiante novato del recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, la toma en peso y se la devuelve con gesto de aprobación. Yasir vuelve a empacarla con aún más satisfacción y se la entrega envuelta en papel de estraza. Él la toma, se despide con un fuerte apretón de manos, sale del colmado, mira alrededor y hacia el interior de su carro, lo aborda y acomoda el paquete debajo de su asiento. Arranca con cautela, baja despacio por la calle Padres Capuchinos, en la que hay vehículos estacionados a ambos lados, hasta la avenida Barbosa; toma la avenida Regimiento 65 de Infantería y acelera con cuidado de no exceder el límite de velocidad; continúa por la carretera 181 con igual precaución y luego se desplaza serpenteando lentamente por una carretera secundaria adornada por encendidos flamboyanes rojos que con su característica arrogancia exhiben sus ramilletes de flores.

Llega al nítido batey de la casa de su padre, bordeado por diversas plantas, muchas florecidas; se detiene, baja del carro y va a paso lento, pensativo, hacia la casa verde de madera con ventanas Miami, techada con planchas rojas de zinc. Sale a recibirlo Antulio, de unos 46 años, menos alto que él, delgado, de cabello corto y negro salpicado de hebras blancas y rayas en su rostro que atestiguan una larga jornada de amarguras y descuidos. Se abrazan, conversan brevemente, van hacia la casa despacio y entran, todavía conversando. Poco después, Iraldo sale seguido de Antulio, quien le ayuda a llevar un pequeño armario de libros que acomodan, no sin dificultad, en la parte de atrás del pequeño vehículo.

Yendo y viniendo, sin asomo alguno de prisa, Iraldo lleva hacia el carro cajas de libros, ropa en ganchos y bultos de distintos tipos y tamaños mientras Antulio se sienta a descansar en el balcón y contempla a su hijo con evidente frustración al tiempo que lleva humo de tabaco a sus resentidos pulmones. Luego tira la colilla, entra en la casa y sale cargando dos sacos medio vacíos de tipo militar: un duffel bag y un laundry bag, los que lleva al carro. Se fatiga y coge aire. Se recuesta del vehículo y finalmente padre e hijo se detienen a conversar brevemente, tras lo cual se despiden en el batey con un fuerte y prolongado abrazo. Iraldo se aleja en el carro mientras su padre observa el vehículo hasta verlo desaparecer. Los dos hombres que lo habían seguido y lo esperaban, continúan tras él.

Con cuidado de que su esposo no la viera, Crisanta, cinco años menor que Antulio y más pesada de lo que se considera saludable, se había asomado discretamente a observarlos desde una ventana del dormitorio donde espontáneamente había optado por permanecer. Él se vuelve y se dirige con paso rápido hacia su casa. Ella, de cabellera larga y negra, más alta que el promedio y con bata larga y chancletas, se retira bruscamente de la ventana, se sienta en la sala en la orilla del sofá, la espalda erguida y los brazos cruzados. Antulio, agitado, entra, se le acerca, de pie se inclina hacia ella y le pregunta a la cara con sarcasmo:

-¿Satisfecha, doña Crisanta?

-No es cuestión de satisfacción, Antulio, sino de evitarme problemas.

Antulio se retira unos pasos y se vuelve hacia ella.

-¿Evitarte problemas? ¡Qué bonito! Evitarse problemas. Lo que ella quiere es evitarse problemas...

Crisanta se levanta y se aleja aún más pasos de él. Se vuelve y responde:
-Sí, eso mismo. Evitarnos problemas. He oído a Iraldo decir que ya no piensa como antes; que ahora ve el mundo de otro modo; que está en contra de las guerras.
Va a la cocina, se detiene en la entrada y mira a Antulio.

- Abrase visto. Todo un militar en contra de las guerras. Es como que un médico esté en contra de las enfermedades -dice y entra en la cocina.

-Pero ya él no es militar.

Crisanta regresa a la sala con un vaso de agua, se sienta y toma.

-Pues peor todavía, Antulio. Si ya no es militar, ¿por qué estar contra las guerras?

-¡Qué disparatera eres! Lo que pasa es que él no es como tú. ¿Qué es lo que debe ser, un autómata?

-Sé que siempre ha sido un muchacho ejemplar, pero está cambiando. Va por mal camino con eso de la política y las posibles consecuencias no lo afectan sólo a él; me afectan a mí también, que vivo aquí. Hasta podrían deportarme.

-¡Qué, deportarte, ni deportarte! -responde Antulio y va al balcón mientras se soba suavemente el lado izquierdo del pecho.

Crisanta lo observa preocupada. Se levanta, va hacia el balcón y se detiene en la puerta.

-Está bien, no te agites, que te va dar un patatús -le advierte.

Anochece y los coquíes cantan mientras se escuchan ladridos a lo lejos. Antulio regresa del balcón a la sala y le pasa por el lado a su esposa rozándola, casi tropezando con ella.

-A cualquiera le da un infarto con tanta majadería. Ya aquí no se puede ni hablar.

-¿Aquí dónde?

-Aquí en esta casa y aquí en este país. Estoy jarto. No hay quien pueda.

-Es que estás ajeno a lo que ocurre... -responde Crisanta mientras va hacia la cocina con el vaso vacío.


Los individuos siguen a Iraldo aburridos hasta su nuevo lugar de residencia y se ubican cerca de su casa. Tan pronto él llega procede a llevar sus pertenencias rápidamente hacia el interior y cuando termina, busca y abre el paquete de la UZI, la monta, la acaricia, la desmonta, la pone de nuevo en la caja, la que envuelve y coloca dentro del duffel bag. Después pone los sacos militares debajo de la cama, los empuja hacia la pared y comienza el proceso de colocar sus libros sistemáticamente en el armario que trajo. Deja El Quijote sobre una silla con un marcador que sobresale, busca su pequeño radio-reloj, lo enchufa y pone el reloj en hora. Programa el despertador y trata de hacer funcionar el radio, pero no lo logra. Lo sacude y lo golpea con las manos, primero levemente, luego más fuerte. El radio no suena y desiste por el momento. Termina de colocar los libros y va a la sala, donde hay ropa en ganchos sobre el espaldar de una butaca reclinable además de varias bolsas plásticas y cajas pequeñas de cartón que contienen ropa, la que coloca en un gavetero, en el dormitorio, así como sábanas y misceláneas que coloca en un armario.

Su nueva residencia no es nueva para él, pues fue en su niñez la de sus abuelos maternos y, muy a su pesar, le pertenece por herencia. La casa estaba antes en lo que fue una zona verdaderamente rural, aislada en una enorme finca sin carreteras primarias cercanas. La adornaban por el frente frondosas trinitarias de varios colores que brotaban del batey y se enmarañaban a su antojo sobre el balcón. Había árboles frutales dispersos; matas de guineos, plátanos y gandules; vacas, caballos; gallinas, gallos, guineas; pitirres, reinitas, zorzales, ruiseñores; riachuelos y caminos de tierra, bordeados de flores. Allí jugó y nadó en una fría y apacible charca sombreada y delicadamente abanicada por bambúes que le impartían una apariencia verdosa, mas ya no existe. El urbanismo se la engulló con flora y fauna.

Hoy la casa sigue aislada -aunque en menor grado-, pero sin siquiera aves y con solo muestras tímidas de flora, a orillas de una discreta calle marginal relativamente corta y paralela a una de las avenidas más bulliciosas del país. Se adueñan de la avenida y de sus vías transversales numerosos vehículos de motor de interminable variedad que no cesan de fluir en direcciones opuestas, ni de contaminar indiferentes el ambiente con ruidos y emisiones tóxicas. En lugar de pitirres, reinitas y ruiseñores, ahora solo se escuchan perros en el contorno.


En el proceso de poner su casa en orden, Iraldo va de un lugar a otro y constantemente regresa a la sala, donde ha amontonado todos los bártulos, guarda unos pocos trastes y cubiertos, termina de limpiar el baño y se baña. Se cambia de ropa, sale al balcón y se sienta en la escalera a reanudar su lectura de El Quijote. Minutos después, el radio se prende por propia iniciativa en un noticiario, por lo que se levanta y cuando comienza a caminar hacia el interior de la casa, libro en mano, cesa la transmisión. Entonces se detiene, regresa, se sienta y continúa leyendo. Los individuos se alejan lentamente del lugar.


Iraldo descubrió la lectura cuando apenas tenía tres años y comenzó con ella una íntima relación devota e inquebrantable. Prontamente vislumbró que el proceso de leer era un medio por el cual podía satisfacer una curiosidad insaciable y tan firme que la escolarización tradicional con su caduco enfoque bancario nunca logró menoscabarla.

Ese afán por la búsqueda del saber vino complementado por una memoria que capturaba y retenía lo que leía del modo que, según los astrónomos, capturan y retienen la luz los denominados agujeros negros. Tendría unos ocho cuando, enfermo en cama, un primo le preguntó qué deseaba que le trajera para entretenerse. Sin pensarlo dos veces respondió que quería un periódico. Es que ya venía formando el hábito que siempre mantuvo de leer, además de libros, periódicos y revistas, lecturas que siempre hacía con sentido crítico.

Conocer las características geográficas, sociales, culturales y económicas no sólo de su tierra, sino también de otros países, era uno de sus pasatiempos predilectos. En su niñez retaba a los mayores con preguntas como, ¿qué islas hay en el Pacífico?; o ¿cuál es la capital? de tal o cual país. Una de sus tías, bibliotecaria de profesión, le advertía que dejaría de visitar su casa si no dejaba de hacerle pasar tantas vergüenzas con tan difíciles preguntas.

Perder a su madre a muy temprana edad por una larga enfermedad seguramente marcó indeleblemente algún lugar recóndito de su personalidad, pero no causó disminución alguna en su deseo de conocer más y más por medio de la lectura, así como a través del contacto personal y de sus incisivos análisis.

Cumplidos los diecisiete años, ingresó voluntariamente en el ejército de la metrópoli ante el vacío que significó la ausencia de su madre y con ello comenzó en su vida una inesperada transformación. Allí, por supuesto, le enseñaron a manejar armas de fuego de distintos tipos y se convirtió en experto tirador, pero su participación forzada en la invasión de una nación vecina le hizo pensar que no era en el ejército su lugar.

Sus experiencias en aquel ejército que un siglo atrás había invadido a su patria es lo que lo hace encauzar su hábito de la lectura hacia el conocimiento a fondo de la historia de su país y de las relaciones políticas, económicas, sociales y culturales que el invasor le impuso con las armas a la ya centenaria colonia. A través de los libros empieza a conocer a los próceres de la nación. Se percata del misterio que rodea la muerte del legendario Albizu, se entera de la existencia de numerosos hombres y mujeres que dedicaron vida y hacienda a la lucha por la independencia de la ultrajada isla caribeña y conoce personalmente a muchos otros patriotas contemporáneos. Cuando todavía estaba en el ejército les escribía a los ex presos políticos boricuas que eran torturados física y psicológicamente en cárceles de Estados Unidos.


El día después de Iraldo mudarse de la casa de su padre a la que fue de sus abuelos maternos, Crisanta, su larga cabellera recogida en un moño, prendas, traje descotado y tacos altos, va al cuartel de la Policía y allí conversa con un joven detective acicalado, con camisa de yuntas y corbata, quien la escucha con evidente interés, ambos sentados con una mesa rectangular de por medio.

-Las informaciones que nos proveen los ciudadanos siempre son bienvenidas, pues sin la cooperación ciudadana es más difícil proveerle al público la protección que merece-le dice el agente-. Ahora bien -agrega-, es mi deber advertirle que en los casos como este conviene que los ciudadanos ejerzan mucha cautela. Estos elementos subversivos suelen estar armados y son peligrosos. No es juego.

-Oh, pero bueno, yo sé que no es juego, pero no me meta miedo...

-Mi deber es orientarla debidamente, señora. En adelante no venga aquí. Comuníquese por teléfono por ese número que le di. Recuerde nunca mencionar a la persona por su nombre. Diga siempre: el objetivo y tenga mucho cuidado.

Se pusieron de pie y ella contestó:

-Le garantizo que tendré mucho cuidado; de eso puede estar seguro.

No se imaginó Crisanta que la División de espionaje político de la Policía, oficialmente denominada de Inteligencia, ya había fichado a Iraldo.


Observando, preguntando, escuchando, analizando, e interpretando se encontraba Iraldo cuando conoció en el valle de Coabey, en el pueblo de Jayuya, al profesor autor de algunos de los libros que había leído. Venía de participar en una asamblea de una organización patriótica y, con el resto de los que participaron, salió del lugar de la reunión. Unos entraron a la barra y otros al área del restaurante y comenzaron a ocupar asientos. Allí, al momento del grupo llegar, un hombre y una mujer hablaban discretamente en una mesa apartada y miraban disimuladamente a cada uno de los que llegaban. Iraldo vio entre los presentes en la barra al profesor, se sentó a su lado y se presentó:

-Compañero, mi nombre es Iraldo. Lo conozco hace tiempo por sus libros.

-¡Qué bien! Hiraldo, como el patriota mártir del ataque a La Fortaleza -responde el autor y se dan la mano.

-Sí, aunque es Iraldo, sin la ache. Mi mamá quería que llevara ese nombre, pero como era un apellido, le quitó la ache para diferenciarlo.

-Felicita a tu mamá en mi nombre por ese gesto.

-Ella nunca fue de una ideología en el sentido de identificarse como ser seguidora de un sector ideológico específico. Más bien siempre fue amante de la equidad y la justicia. Por eso le dolió mucho saber que la Policía le disparó a Domingo Hiraldo después que estaba herido, pidiendo agua mientras su sangre fluía entre los adoquines de La Fortaleza.

-Mi mamá y tu mamá tenían mucho en común.

-No supe la razón por la que insistió en llamarme Iraldo hasta después de su muerte, cuando me metí al ejército del invasor huyéndole a su ausencia.

-Sé lo que es eso.

-Mi papá no quería ponerme ese nombre, pero no era porque siempre tendía a apoyar al Gobierno.

-¿Por qué fue? Si se puede saber.

-Porque como Hiraldo murió acribillado a tiros...

-¿Supersticioso?

-Algo de eso; y espiritista. Allá en el ejército fue que leí sus libros. Desde que los leí no he dejado de estudiar la historia de Puerto Rico.

-Yo estuve en la fuerza aérea en mi juventud. ¿Cómo te fue a ti?

-Mal. Lo que se dice mal, pero al menos soy francotirador y me adiestraron en diferentes armas y en demoliciones.

-Francotirador y experto en explosivos... Eso es interesante, pero debes estar alerta porque, combinado con tu ideología, lo es también para el enemigo. A mí en la fuerza aérea me fue peor. Lo que se dice peor. Empecé a sentir el racismo desde antes de llegar a Texas, donde recibí el adiestramiento básico. De ahí en adelante lo viví el resto del tiempo. En cuanto a armas, sólo llegué a disparar con carabina y con mala puntería.

-Entre paréntesis y hablando del enemigo, ¿se ha fijado en los que están allá en aquella mesa en la esquina? Como que no pertenecen a este ambiente. En vez de estar hablando yo creo que lo que están es parando las orejas.

El escritor miró hacia la mesa a la que aludió Iraldo.

-Eso parece -comentó-. La verdad es que abundan. ¿Te tomas una cerveza?

-No, no, gracias. No bebo. Ni bebo ni fumo.

-¿Pero tiras piedras?

-Sí, si hay que tirarlas.

-Muy bien.

-Volviendo al tema, profesor, yo también confronté el racismo, tal cual mi mamá me lo advertía cuando desde niño le decía que quería ser militar. Yo me veía a mí mismo como un valiente soldado con el pecho cubierto de medallas; disciplinado como los de plomo, y como combatiente feroz, algo así como un John Wayne.

-¿Y por qué no como un soldado boricua, como un Juan Pérez del 65 de Infantería?

-Lo que pasa es que estoy hablando de lo que pensaba en otra época, cuando todavía no conocía nuestra historia. Allá lo que más me disgustó fue tomar parte en la invasión de Granada. Eso no estaba en mi agenda cuando me enlisté.

-Iraldo, en el servicio militar, uno nunca puede ejecutar la agenda que ingenuamente lleva.

-En el ejército fue que empecé a cuestionar la práctica del gobierno de Estados Unidos de intervenir en otras naciones. Desde entonces empecé a aprender, además de historia de Puerto Rico, la de Estados Unidos.

-Eso es muy importante. Hay que conocerlas ambas, la nuestra y la de ellos más la de nuestra América. Aquí mismo encontramos racismo, aunque no es tan evidente como allá, y en el resto de nuestra América también lo hay, desde Ciudad Juárez hasta Tierra del Fuego y los recovecos entremedio.

-Lo sé. Valga la aclaración. Eso también lo aprendí de mi mamá. Ella era de ascendencia principalmente africana y mi papá de antepasados canarios. Por eso me considero un poco guanche además de taíno y afro caribeño, por supuesto. Profesor, la conversación está interesante, pero tengo un compromiso en mi pueblo y debo irme, no sea que llegue tarde. Espero volver a verlo pronto sin prisa.

-Cuando gustes, llévate número de teléfono y dirección y garantízame que no te perderás.
El profesor escribió los datos y se los dio.

-No me perderé. Nos veremos pronto. Ya lo verá.

Iraldo salió y de paso le echó un vistazo a la pareja de la mesa apartada. El individuo de la mesa y su acompañante lo miraron también.


Iraldo y el autor volvieron a encontrarse días después y comenzaron una relación estrecha en la cual este, con 34 años más, empezó a percatarse de que los años habían estado pasándole por el lado y por encima, pues ya le parecía que tenía con aquel compatriota una relación paterno-filial. El vínculo entre ambos se fortaleció por el hecho de que Iraldo apoyaba sin ataduras -gracias a que, como el autor, no tenía afiliación política alguna- a cualquier organización patriótica de su nación y de cualquier país que estuviese luchando por lograr o conservar su soberanía nacional, así como a los pueblos necesitados en momentos de desastres naturales. En su ayuda al prójimo hacía con entusiasmo cualquier tarea que se le encomendara y espontáneamente tenía esmerados cuidados y atenciones para con un patriota y compueblano que por décadas sufrió, hasta su muerte pasado más de medio siglo, las consecuencias de los disparos que recibió en combate en el viejo San Juan durante la insurrección armada de 1950.

Continuó sus conversaciones y análisis con el autor y, como colaborador en sus investigaciones históricas, fue una de las pocas personas que tuvo acceso directo e ilimitado a sus cajas de correspondencia y documentos.

Debido a ese vínculo de confianza personal, le comentó una tarde, de modo confidencial, que parecía haberse convertido en objeto de interés para el FBI luego de llamar por teléfono a una base naval desde el hotel en la capital donde trabajaba a jornada parcial y decirle a su interlocutor que ya era tiempo de que todos se largaran del país o los sacarían a patadas. Un agente de esa agencia represiva lo invitó por vía telefónica días después a comparecer a su oficina para investigación y él optó por no ir luego de consultar con un contacto de los Macheteros, organización clandestina a la que le había donado la UZI. Poco después supo que dos agentes del FBI, un hombre y una mujer, andaban por los alrededores de su anterior residencia en su pueblo natal haciendo preguntas sobre él a familiares y anteriores vecinos. Lo que no supo, pero lo sospechó, fue que se trataba de la pareja que había estado parando la oreja en el restaurante en Coabey.

Esos agentes federales se sumaron a los individuos que habían estado siguiéndolo discretamente a todos sitios hasta que comenzaron a hacerlo abiertamente. Una mañana, al salir de su casa notó que lo seguían dos hombres en un vehículo, se le arrimaban, lo miraban, se reían con burlas y seguían la marcha. No obstante, como por arte de magia, cuando regresaba a su casa aparecía nuevamente el mismo vehículo con los mismos dos individuos. Iraldo sospechó acertadamente que eran agentes encubiertos de la Policía y seguía su camino sin dejarse provocar. Entraba en la calle marginal, pero seguía de largo, regresaba y cuando entraba al patio veía en el espejo retrovisor que el carro pasaba lentamente. A veces los veía cuando llegaba a cerrar el portón después de dejar su carro bajo el cobertizo. Sucedía con tal frecuencia que, cuando comenzaron a transcurrir días y noches sin verlos, le pareció muy extraño y recordó que a Víctor Carrasquillo Santos, el barbero de Albizu, lo asesinó en su propia finca rústica un arrimado luego de la Policía cesar la vigilancia que agentes llamados entonces de Seguridad Interna le mantenían las 24 horas del día.

Una noche le envía por correo electrónico al escritor desde una librería una reseña que encuentra en la internet sobre uno de sus libros. Aproximadamente dos horas después sale de allí despreocupado, en la creencia de que ya nadie lo acecha. Llega tranquilo a los predios oscuros y solitarios de aquel lugar en el que había disfrutado tantos felices días en su niñez y entra. Cruza el patio en su carro, lo deja bajo el cobertizo y sereno, confiado, con paso firme, camina hacia la entrada a cerrar el portón, donde se topa con dos individuos estrafalarios que aparecen súbitamente como brotados del pavimento. Su memoria fotográfica le revela que son los dos individuos que lo seguían. A estos, sin saberlo él, los espera otro del mismo aspecto en un vehículo con el motor en marcha a poca distancia de su residencia en un extremo de la marginal. El hombre y la mujer que le parecieron fuera de lugar en Coabey observan impávidos con pequeños anteojos desde otro vehículo más distante en el extremo opuesto.

No hay intercambio de palabras. Una tronada de disparos se confunde con los ruidos rutinarios del trajín vehicular del ambiente urbano al amparo de la complicidad oscura de la noche. Los sicarios corren satisfechos. Varios perros ladran conturbados, otros responden alarmados desde lejos; dos vehículos arrancan y emprenden la marcha, sin prisa, en direcciones opuestas, mientras Iraldo se desangra acribillado, como Hiraldo sobre los adoquines de La Fortaleza.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.