viernes, 18 de marzo de 2011

Antonio Gómez Rufo ante la crisis mundial: “La solución es el rearme ciudadano, ideológico y formativo”

Edgar Borges (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

En diálogo sostenido con el escritor español, contó algunos detalles de su nueva novela “La abadía de los crímenes” y fijo posición sobre el nacionalismo como “forma de ambición de la burguesía para aumentar su poder económico”, la desintegración del colectivo, la política del miedo, la hipocresía social ante los valores, la superficialidad generalizada, el cambio climático y la ley del mercado. Palabras cargadas de fuerza justo en momentos cuando se pretende descomprometer la voz del escritor ante la instauración de una globalidad estupidizada.

P: ¿Qué cuenta “La abadía de los crímenes”?

R: Es la historia de una investigación criminal en un convento femenino en el año 1229 a cargo del rey don Jaime I, acompañado por una simpática monja navarra muy aguda y divertida, muy suelta: Constanza. Esa es la trama principal. Pero también es un triángulo amoroso entre el rey, su esposa doña Leonor de Castilla y la que será su futura esposa, Violante de Hungría. Y, además, de pasada, un repaso a la nobleza catalana de la época. En fin, una divertida novela policíaca en clave histórica.

P: ¿Tu novela es una puerta al universo femenino?

R: La mujer es el motor que mueve el mundo; los hombres, el mecanismo que hasta ahora lo ha hecho girar. Pero sin ellas la maquinaria se hubiera parado hace mucho tiempo. En La abadía de los crímenes las mujeres representan el amor, el poder, la inteligencia y hasta el crimen. Es un escenario femenino en el que el hombre, el Rey, es sólo una manera de retratar o representar nuestras contradicciones. Por otra parte, Constanza, la monja investigadora que acompaña al rey, es el personaje más entrañable de la novela. Me enamoró al escribirla y estoy seguro de que enamorará a los lectores.

P: Observas con atención el complejo mundo de la mujer, como un espacio más diverso que el masculino. Sin embargo, ¿no te parece que determinados mensajes de característica uniforme están dibujando a la mujer como si para conquistar la “igualdad” tuviera que asumir el errado liderazgo (machista) que hasta ahora ha tenido el patrón del hombre?

R: En los ámbitos domésticos la mujer ha tenido siempre un gran protagonismo, en cuanto al orden y a la educación y cuidado de la prole. No creo que tenga ahora que asumir ningún liderazgo: basta con que se la considere lo mismo que al hombre, ni más ni menos.
P: En tu novela hay una referencia al nacionalismo. ¿Qué tan distinto es el nacionalismo que narras al que acontece en la España actual?

R: Son nacionalismos muy diferentes. Y sin embargo, del actual, no deja de sorprenderme el protagonismo de un problema que sólo existe en la cabeza de algunos políticos. Al fin y al cabo, el nacionalismo es una aspiración de la derecha política que, por ignorancia ideológica, algunos sectores de la izquierda han asumido como propia. Los nacionalismos son la ambición de la burguesía para aumentar su poder económico y en esa trampa han caído los sectores menos lúcidos de la izquierda. Porque la izquierda de verdad siempre fue internacionalista. En mi novela el rey Jaime I representa la vocación de crear un reino fuerte y unido. Y ya en 1229 una parte de la nobleza catalana buscaba la manera de independizarse de la Corona de Aragón. Pero el separatismo es políticamente caro, culturalmente empobrecedor, socialmente injusto, internacionalmente debilitador y económicamente suicida. Además, como explica Magris en relación a Serbia y los albaneses de Kosovo, cuando una minoría se convierte en Estado, de inmediato se convierte en una mayoría que oprime a otras minorías. Deberíamos aprender algo de lo que ha sucedido en la antigua Yugoslavia.

P: Se ha comparado tu novela con “El nombre de la rosa”, entiendo que eres admirador de Umberto Eco. ¿Asumes su influencia?

R: Nunca pensé en esa novela mientras escribía La Abadía de los Crímenes. Después me lo hicieron notar (por acontecer la acción en un convento y con unos crímenes en su interior), pero son novelas radicalmente diferentes. Me halaga la comparación, pero creo que se equivocan. Tengo más influencias de Dostoievski, García Márquez y, en esta novela, de Art Paassillina, sobre todo por el sentido del humor que tiene la novela, que en general es muy divertida.

P: Estableciendo puntos de revisión entre la época de “La abadía de los crímenes” y la actual, ¿cómo ves la democracia? ¿Estamos en un proceso de transición que nos llevará a una nueva forma de democracia o un sistema de otra índole?

R: Hoy todo el mundo habla de salidas y no de soluciones. Se gobierna y se legisla para hoy, para llegar en buenas condiciones a las citas electorales inmediatas, con salidas-parche, y no se buscan soluciones para el futuro de España, de Europa, del mundo. Las crisis económicas, el cambio climático, la conversión del individuo en un ser temeroso asediado por el miedo, el poder de los mercados y tantas otras cosas crean un modelo de sociedad en la que ya no se respetan los valores colectivos sino las salidas individuales. El miedo obliga al individuo a cambiar libertad por seguridad. Goethe decía “prefiero la injusticia al desorden” y parece que el goethismo se ha adueñado de todas las ideologías. El recorte de libertades y derechos va en ese camino. Y no se apuesta por la educación, la formación, la defensa de los valores éticos, el esfuerzo ni la solidaridad. Lo estamos viendo en casos tan simbólicos como el crecimiento del Estado-padre y la consideración de que un creador no es un trabajador y, por tanto, no merece ser remunerado por su trabajo. Son sólo síntomas, quizás ejemplos periféricos, pero la realidad es que la cultura del todo-fácil y del todo-gratis ha impregnado la sociedad. Y lo peor de todo es que no sé si hay soluciones. Para mí, la solución es el rearme ciudadano, ideológico y formativo. Volver a construir una jerarquía de valores que no sea una pura hipocresía, porque los valores que dicen ser respetados hoy (el trabajo, la educación, la moral, la solidaridad…) en realidad no son respetados por nadie. Hoy prima el egoísmo y la banalidad, se da categoría a lo que es superficialidad, escaparate. Una sociedad ilustrada, conocedora de sus derechos y deberes, no necesita ser tutelada por el gobierno de turno. Pero construir esa sociedad no interesa a los políticos porque a más libertad ciudadana, menos poder para los partidos gobernantes y para las trampas del mercado.

P: ¿Consideras que en el futuro el libro impreso será compatible con el electrónico?

R: Habrá un nuevo modelo de negocio en la industria editorial en breve. Las nuevas tecnologías (los lectores electrónicos, los portales de descargas de libros, el pirateo informático) lo ocuparán todo o casi todo. Al igual que devoraron las industrias discográfica y cinematográfica, el siguiente bocado lo darán al mundo del libro. En la Comisión de Nuevas Tecnologías de la ACE, que presido, estamos comprobando que todavía nadie se está preparando para ese futuro, ni los editores ni la mayoría de los escritores. Creen que el momento es muy lejano, pero yo opino que estamos en un horizonte de dos o tres años, nada más. Habrá espacio para toda clase de libros, también en papel, naturalmente, pero minoritario. Hay que replantearse el futuro si queremos que sigan surgiendo nuevos creadores en todos los campos.

Biografía: Antonio Gómez Rufo nació en Madrid (España). Entre sus novelas cabe destacar La abadía de los crímenes, La noche del tamarindo, El manantial de los silencios, El secreto del rey cautivo (Premio Fernando Lara, 2005), Adiós a los hombres, Los mares del miedo, El alma de los peces; Balada triste en Madrid; La leyenda del falso traidor; Las lágrimas de Henan y Si tú supieras. Ha sido traducido al alemán, holandés, francés, portugués, polaco, griego, rumano y búlgaro. Colabora habitualmente en distintos medios literarios y periodísticos. Es vicepresidente de la Asociación Colegial de Escritores de España (ACE). Su reciente novela es “La abadía de los crímenes” (2011).

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