miércoles, 23 de marzo de 2011

¿Bienvenido Obama?

Andrea Dufournel (Desde Temuco, Chile. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Parece extraño, surrealista, raro… el lunes 21 de marzo de 2011 nos visita Obama, Presidente de Estados Unidos y Premio Nobel de la Paz, un personaje que, para muchos, representó la esperanza de cambios radicales en la política exterior de los Estados Unidos de América, que prometió terminar con la invasión a Irak y Afganistán, pero hoy presenciamos además una nueva invasión, esta vez se trata de Libia, podemos estar o no de acuerdo con quien detenta el poder allí, pero ¿era necesario la invasión?. Una vez más la intervención armada a un país soberano so pretexto de preservar la paz y la seguridad de sus habitantes. No es novedad, salvo que esta invasión es encabezada por un premio Nobel de la Paz.

Cuando Obama desembarque en Chile, seguramente será agasajado con lo mejor de la cocina chilena, veremos a nuestras autoridades extasiadas, realizando múltiples genuflexiones a tan ilustre personaje, era que no, si es como recibir a algún pariente lejano, millonario, poderoso, al cual se le debe servir la porción más grande de la torta, seguramente se reunirá con los poderosos criollos, mientras la vida de los santiaguinos se verá alterada de tal manera que los carabineros, personajes de verde, se multiplicarán por cientos, cual prado en primavera y se mezclarán con los agentes de seguridad que acompañan a Obama y familia. Traerán sus propias armas, combustible, helicóptero, ¿qué puede temer un hombre que se siente el más poderoso del mundo, y que por ética debería predicar con el ejemplo de lucha y vida por la paz mundial?, o ¿es que estamos viviendo en el mundo al revés?

Dentro del paquete de atenciones ostentosas, reverencias y multiplicidad de personajes con bisagras en la cintura, habrá acuerdos que se firmarán, acuerdos que, por supuesto, sólo beneficiarán a la visita que se ha dignado mirar al patio trasero de su país que, por cierto, es poseedor de grandes recursos que abren el apetito imperialista.

¿Podremos esperar, los chilenos, que tan ilustre personaje pida perdón por la intervención de su país en el golpe de estado de 1973, que tanto dolor y muerte sembró en Chile? Aún las heridas no pueden sanar, a pesar de los intentos de los gobiernos posteriores al dictador y que han pretendido generar una reconciliación nacional por decreto, maquillando la constitución para hacerla parecer democrática.

Seguramente veremos a Piñera sonriente, obvio, extasiado, hiperventilado, le calzará un hermoso poncho de huaso… ¿le comentará que él tiene un hermano al que le dicen el “negro”? Lo llevará a algún barrio popular, en donde sus habitantes no podrán desplazarse libremente por sus calles, hay que cuidar al personaje, se dirá que los pobres escogidos para el espectáculo son privilegiados por contar con tan ilustre visita, aunque no tengan mucha idea de quién es. Se han pintado los juegos infantiles, le llevarán por las pocas calles pavimentadas, sus habitantes se multiplicarán por la presencia de los que protegen al visitante, no vaya a ser que alguien tenga la osadía de gritarle “Yankee go home”.

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